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Constitución del sujeto psíquico según Freud

1) Freud propuso la teoría del aparato psíquico para explicar los fenómenos mentales de una manera distinta al enfoque neurológico de su época. 2) El aparato psíquico permitió entender los trastornos emocionales más allá de las estructuras cerebrales. 3) Freud desarrolló su teoría del aparato psíquico a lo largo de su carrera, proponiendo diferentes modelos estructurales como un aparato del lenguaje, de memoria y el modelo de la primera y segunda t

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Constitución del sujeto psíquico según Freud

1) Freud propuso la teoría del aparato psíquico para explicar los fenómenos mentales de una manera distinta al enfoque neurológico de su época. 2) El aparato psíquico permitió entender los trastornos emocionales más allá de las estructuras cerebrales. 3) Freud desarrolló su teoría del aparato psíquico a lo largo de su carrera, proponiendo diferentes modelos estructurales como un aparato del lenguaje, de memoria y el modelo de la primera y segunda t

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1

La constitución del aparato psíquico 1

Dr. Juan Vives R.

Pensamos que una de las contribuciones centrales de Sigmund Freud a


la comprensión del psiquismo humano tuvo que ver con el establecimiento de
una teoría sobre un aparato que diera cuenta de la función mental. Una forma
de pensar el psiquismo desde un vértice distinto del que ofrecía la
neuroanatomía y neurofisiología de su tiempo, significó una revolución de gran
trascendencia para el entendimiento de los trastornos emocionales. Lejos del
encorsetamiento que representó el enfoque localizacionista cerebral, poder
pensar en un aparato mental propició un dramático y notable avance en
nuestra comprensión de los fenómenos psíquicos y de la patología mental.
En esta forma, el establecimiento de una hipótesis sobre un aparato
psíquico, vino a ser uno de los empeños nucleares que Freud se propuso
desde el mero inicio de su trabajo con pacientes aquejados de trastornos
mentales. Convencido de que los enfoques organicistas de los más
renombrados neurólogos y neurofisiólogos de su tiempo no daban cuenta de
los problemas que aquejaban a sus pacientes histéricas, tuvo que instrumentar
una nueva forma de pensar sobre lo mental, disociada de su sustento neural,
más allá de las estructuras del sistema nervioso central que, más que orientar o
explicar, ofrecían un escollo epistemológico para el establecimiento de una
hipótesis que diera cuenta de un espacio de lo mental distinto del marcado por
las estructuras neurofisiológicas, un espacio virtual en el cual alojó lo que poco
a poco fue tomando el nombre de aparato psíquico.
Gracias a este aparato psíquico, el sujeto puede dar cuenta de las
relaciones que guarda con su propio cuerpo y con el entorno que le rodea. De
esta manera, se trata de una instancia que estará en condiciones de recibir
información no sólo del mundo externo sino también del propio mundo interno,
del cuerpo, su estado y sus funciones. Es desde allí como podemos
comprender como, desde la perspectiva del aparato psíquico mismo, el cuerpo
forma parte de ese afuera. Por lo tanto, las percepciones con la que se

1
Trabajo leído en Tegucigalpa, Honduras el 25 de mayo del 2007.
2

constituyen las representaciones del aparato psíquico provienen de los


estímulos tanto exteroceptivos, como interoceptivos y propioceptivos. Como
podemos ver, en el psiquismo tuvo que establecerse una función para poder
establecer una clara distinción entre el afuera en el sentido del ámbito del otro,
y el afuera desde la perspectiva de lo corporal, donde ya empieza la sensación
subjetiva del no-Yo; en forma similar, también pudo comenzar a distinguirse
entre lo que es una percepción y un recuerdo, es decir, entre un estímulo que
parte de un objeto externo y otro que parte de una representación del mundo
mental.
Como se desprende de lo anterior, dicho concepto de aparato psíquico
no nació definido de una vez por todas sino que, como toda contribución
sustantiva, fue tomando forma poco a poco en el curso de las investigaciones
clínicas de Freud con sus pacientes y, por tanto, atravesó por distintos
momentos conceptuales metapsicológicos.
Como sabemos, es la metapsicología la que legitima al psicoanálisis
como una disciplina dedicada al estudio del mundo inconsciente, a la
“psicología de las profundidades”, como alguna vez le llamó Freud. Es
importante hacer notar, desde este momento, que las aportaciones de la
metapsicología están fuertemente ancladas en la clínica; Freud comenzó a
estructurar sus postulados desde las observaciones que iba haciendo en la
clínica de sus pacientes histéricas. Como bien dice Assoun, “la metapsicología
es fundamentalmente posescritura, algo que se ha notificado en la escucha
clínica (Neurótica).”2
En un momento de su teorización, Freud tuvo que plantearse dos
aspectos esenciales al pensar en dicho aparato psíquico: en primero lugar, los
elementos estructurales con los que dicho aparato estaba conformado desde
una perspectiva funcional; y, segundo, poder determinar el elemento energético
con el que dicho aparato se ponía en funcionamiento. Este tipo de pensamiento
dio pie a los puntos de vista topográfico, dinámico y económico de la
metapsicología freudiana.

-I-

2
Assoun, P.-L. (1993): Introducción a la metapsicología freudiana, trad. de Irene Agoff, Ed. Paidós,
Buenos Aires, 1994, p. 13
3

En relación a los elementos estructurales del aparto psíquico, estos


fueron tomando forma en diversos escritos y momentos de la evolución teórica
de Freud, etapas a las que, tentativamente, dividiremos en cinco postulaciones
distintas: 1.- Un aparato del lenguaje; 2.- Un aparato neuronal; 3.- Un aparato
de memoria; 4.- Un aparato psíquico (primera tópica); y 5.- Un aparato psíquico
tripartita (segunda tópica).

1.- Una primera aproximación, que consistió en un aparato del lenguaje,


quedó establecido en sus partes más importantes en una monografía primeriza
de 1891 sobre Las afasias3, que resultó una aportación fundamental no sólo
por haber echado por tierra las teorías localizacionistas puestas en boga desde
los trabajos de Gall y actualizados por la publicación, en 1861, del caso de
Broca, gracias al cual comenzó a hablarse del centro motor del habla, trabajo
luego continuado por Wernicke y el descubrimiento de un centro sensorial del
lenguaje; sino que resultó una teoría básica para el entendimiento de las
dificultades del habla de las pacientes histéricas como Anna O., Cecilia M. y
Emmy von N., para quienes el tratamiento pudo llevarse a cabo al focalizarse
en la búsqueda de la palabra que diera pie a la descarga de un intenso afecto
estrangulado. Más que un tratamiento por la palabra, como le bautizó Bertha
Pappenheim, la famosa paciente de Breuer, el psicoanálisis nació como un
tratamiento a la búsqueda de la palabra. En este estadío de sus
investigaciones Freud ya distinguía con toda claridad entre una lesión
anatómica del cerebro y la lesión de una idea dentro del psiquismo. También
dejó establecida la fundamental distinción entre las representaciones-cosa,
abiertas casi al infinito a futuras asociaciones, y las representaciones-palabra,
limitadas y acotadas por las leyes del lenguaje.
Aunque la monografía titulada La afasia apareció e 1891, ello no quiere decir
que se tratara de un tema nuevo para Freud, ya que desde 1886 había ofrecido
una conferencia sobre el mismo tema en el Club de Fisiología de Viena 4, tema
3
Freud, S. (1891): La afasia, trad. de Ramón Alcalde, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1973
4
En una nota a pie de página de La afasia, Freud se deslinda de toda posibilidad de plagio en relación a
los conceptos que Nothnagel y Naunyn presentaron en 1887, pués como aclara con toda oportunidad,
“presenté los principales contenidos de este estudio en un trabajo leído en el Wiener Pshysiologischer
Club ya en 1886” (p. 80), con lo que deja claramente establecido que sus ideas habían precedido en un
año a la presentación de los autores anteriores. También es cierto que reconoce abiertamente la influencia
que tuvieron las investigaciones realizadas anteriormente por dos de sus más cercanos amigos: Exner y
Josef Paneth, ambos colaboradores en el laboratorio de Brucke.
4

que repitió en la Universidad al año siguiente y que constituyó parte del


material empleado en dos artículos de la Enciclopedia de Villaret que, aunque
aparecieron sin firma, salieron -según dejó consignado Jones- de la pluma de
Freud. La afasia fue publicada por Freud a los 35 años de edad y dedicada a
Joseph Breuer, su amigo y mentor, apoyo incondicional en épocas difíciles, y
luego colaborador en su primera aproximación al estudio de la histeria. Según
Jones, “este libro representa el más valioso de sus trabajos en neurología.” 5
En una carta del 2 de mayo de 1891, luego de notificarle a Fliess que en
breve le enviará su libro sobre las afasias, le comenta la importancia que este
texto ha tenido para él, agregando “en él me muestro muy osado, mido aceros
con su amigo Wernicke, con Lichtheim, Grashey y hasta meso las barbas al
ídolo de elevado sitial Meynert.”6 Como veremos, se trata de una crítica formal
a la doctrina localizacionista de las afasias, propugnada principalmente por
Wernicke y Lichtheim, y refutada con una perspectiva de tipo funcionalista
basada, en lo esencial, en los postulados de Hughlings Jackson.
Edwin Stengel, traductor de esta obra al inglés, opina que este es el
primer trabajo de Freud dedicado al estudio de las actividades mentales, pero
que lejos de ser un texto puramente neurológico, sin nada que ver con el
ulterior campo del psicoanálisis, ambas obras -la neurológica y la
psicoanalítica- forman un continuum, por lo que La afasia “constituye un nexo
entre los dos periodos aparentemente separados que integran su vida de
trabajo.”7 Más allá del contenido del escrito y su actitud crítica hacia las teorías
de su tiempo, este estudio contiene ya la noción de un aparato del lenguaje,
claro precursor de lo que será luego -a partir del Proyecto…- el aparato
psíquico. Además, para Stengel, este escrito contiene ya ciertos adelantos de
algunos importantes conceptos psicoanalíticos, como cuando habla de la
proyección, del problema de la representación, y del concepto de la
sobredeterminación. Asimismo, nos dice, es clara la influencia de Hughlings
Jackson sobre Freud y la postulación, por parte del primero, de un sistema

5
Jones, E. (1953): Vida y obra de Sigmund Freud I: Infancia y juventud. El autoanálisis. La
interpretación de los sueños (1856-1900), trad. de Mario Carlisky, Ed. Hormé, 2ª ed., Buenos Aires,
1979, p. 224
6
Freud, S. (1891): Carta 9 del 2 de mayo de 1891, en: Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), trad. de
José Luis Etcheverry, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1994, p. 14
7
Stengel, E. (1953): Introducción, en Freud, S.: La afasia, trad. de Ramón Alcalde, Ed. Nueva Visión,
Buenos Aires, 1973, p. 8
5

nervioso jerarquizado de tal suerte que en caso de lesión o disfunción, el


sistema como un todo pasa a funcionar, por retrogresión, en el nivel inmediato
anterior en su evolución ontogénica; tesis que no podía pasar por alto aquel
Freud que escuchó con atención como sus pacientes histéricas, ante un evento
de tipo traumático, regresaban en su funcionamiento mental a la seguridad de
los puntos de fijación -anteriores en su evolución. También es evidente la
influencia de William Hamilton y, por su mediación, del filósofo Herbert
Spencer, así como la del mismísimo Charles Darwin.
Para John Forrester el libro La afasia de Freud constituyó, en su momento, el
punto de convergencia de cuatro distintas disciplinas: la medicina, la filosofía, la
psicología y la lingüística. Pero, además, le da un peso mucho más importante
en función de que este libro es una clave fundamental para entender el
surgimiento de la teoría psicoanalítica.
Por otra parte, aunque el neurofisiólogo Freud aún no renunciaba a la
perspectiva fisicalista que aún modulaba muchas de sus concepciones del
Proyecto…, este trabajo de 1891 es ya un alegato en contra y una renuncia al
organicismo imperante en las teorías sobre la mente. Entre otras cosas, Freud
se opuso a ver la función del cerebro desde el modelo clásico del ‘arco reflejo’,
modelo que imperaba en la neurología y neurofisiología de su tiempo.
En esa época de terminación del siglo XIX, predominaban dos
tendencias en el campo de la neurofisiología: la tendencia localizacionista y la
tendencia asociacionista. La primera estaba sustentada en el gran
descubrimiento de Broca, en 1861, quien demostró que la afasia motora era
debida a la lesión de una pequeña zona en la tercera circunvolución frontal
izquierda, lo que dio un gran auge y fama al localizacionismo ya postulado
desde antes por Gall; y todo ello a pesar de que, desde fechas tan tempranas
como 1864, el mismo Broca tuvo que admitir otros casos en los que el estudio
de la autopsia no confirmaba sus hallazgos iniciales.
Para poner un ejemplo de la trascendencia de esta contribución de
Freud, tenemos que recordar que uno de los aspectos más importantes de sus
aportaciones tiene que ver con la sustitución del viejo concepto de la
proyección del cuerpo “punto por punto” en la corteza cerebral, concepto
defendido por Wernicke, por la nueva concepción en la que el cuerpo está
representado en la corteza, dado que las fibras que conducen información
6

desde el cuerpo, cambian su mensaje en varias ocasiones en relación a las


fibras asociativas que se les unen en cada uno de los relevos de sustancia gris,
lo que provoca una tamización del mensaje que asciende y, cuando finalmente
llega a la corteza, constituye una representación (Vorstellung) del cuerpo. Esto
quiere decir que toda percepción es inseparable de las asociaciones que
suscita; percepción y asociación son hechos neurológicos inseparables -lo “que
equivale a sostener que todas las representaciones se codifican como si fueran
una lengua.”8 De ahí que Freud luego pase a sostener que todas las afasias
son trastornos de la asociación; en contra de las teorías localizacionistas,
Freud pensaba que las lesiones actuaban “limitando el funcionamiento general
del aparato del habla, más que eliminando ciertas funciones asiladas…” 9
Como podemos advertir, Freud no sólo provoca la demolición de la
teoría de la proyección cortical del cuerpo, sino que nos adelanta lo que, años
despues, en la carta 52, va a establecer: que en cada relevo -o estrato- del
sistema nervioso (en términos de La afasia) o del aparato psíquico (en el
nuevo lenguaje del psicoanálisis), se realiza una nueva transcripción del
material en virtud de las nuevas asociaciones con las que dicho material es
significado. Además, dirá más adelante en la famosa carta, cada estrato tiene
leyes de funcionamiento distintas del estrato precedente (lo que adelanta la
futura hipótesis de instancias con modos primario y secundario de
funcionamiento, según se trate del inconsciente o de la conciencia). Son las
fibras asociativas con las que “el estímulo ascendente” se interconecta, las que
determinan los sucesivos niveles de significación. Dado que Freud utiliza,
desde esta monografía sobre las afasias, el término de representación,
podemos advertir, como ya nos había recordado Forrester, la importancia de
este trabajo como eslabón-puente entre los conceptos anclados en una teoría
del sistema nervioso central hasta una teoría de un aparato psíquico desligado
de su sustrato neural.
Como podemos advertir, Freud no sólo provoca la demolición de la
teoría de la proyección cortical del cuerpo, sino que nos adelanta lo que, años
despues, en la carta 52, va a establecer: que en cada relevo -o estrato- del
sistema nervioso (en términos de La afasia) o del aparato psíquico (en el
8
Forrester, J. (1980): El lenguaje y los orígenes del psicoanálisis, trad. de Beatriz E. Álvarez Klein,
Fondo de Cultura Económica, México, 1989, p. 43
9
Op.cit., p. 45
7

nuevo lenguaje del psicoanálisis), se realiza una nueva transcripción del


material en virtud de las nuevas asociaciones con las que dicho material es
significado. Además, dirá más adelante en la famosa carta, cada estrato tiene
leyes de funcionamiento distintas del estrato precedente (lo que adelanta la
futura hipótesis de instancias con modos primario y secundario de
funcionamiento, según se trate del inconsciente o de la conciencia). Son las
fibras asociativas con las que “el estímulo ascendente” se interconecta, las que
determinan los sucesivos niveles de significación. Dado que Freud utiliza,
desde esta monografía sobre las afasias, el término de representación,
podemos advertir, como ya nos había recordado Forrester, la importancia de
este trabajo como eslabón-puente entre los conceptos anclados en una teoría
del sistema nervioso central hasta una teoría de un aparato psíquico desligado
de su sustrato neural.
Como sabemos, el caso de Anna O. le fue relatado a Freud en 1883 por su
amigo y mentor Breuer con quien comenzó una firme amistad desde 1880. El
fue quien le contó de las extrañas peculiaridades de su paciente, quien, entre
otros síntomas, presentaba problemas con el lenguaje descritos por Breuer
como una desorganización funcional del discurso, así como la pérdida del
sentido gramatical y sintáctico del habla, y la pérdida de las formas verbales
que la orillaron a solo usarlos en su forma infinitiva. Incluso, en un tiempo, llegó
a quedar totalmente imposibilitada para proferir palabra alguna.
Paradójicamente, fue justamente Anna O. la que empezó hablando del
tratamiento de Breuer como de una talking cure, curación por la palabra. De
esta forma, Freud quedó literalmente atrapado por la convicción del poder que
tienen las palabras sobre el psiquismo humano y explica que su monografía La
afasia haya sido dedicada a su amigo.
Por su parte, Emmy von N., quien consultó a Freud por primera vez el 1°
de mayo de 1889 tenía una neurosis histérica cuyos principales síntomas
tenían que ver con unos movimientos incontrolables en los dedos, tics faciales
y en el cuello y trastornos en el habla -entre otros, el peculiar chasquido que
emergía en medio de su discurso por el que ha pasado a la memoria de los
lectores de Freud. Se trata de una paciente que en un par de ocasiones, a los
15 y 19 años, había quedado con una afasia fisiológica durante algunas horas.
Quizás por ello no es casual que fuese Emmy von N. quien le pidiera a Freud
8

de dejara de hacerle preguntas y recomendaciones y que escuchara lo que ella


tenía que decir; en otras palabras, esta fue la paciente que hizo que Freud
cambiara su técnica, comenzara a cuestionar el método hipnótico y dejara atrás
la terapia basada en la sugestión. “Fue Frau Emmy von N quien le dijo a Freud
que ella tenía algo que necesitaba ser dicho espontáneamente y no como
contestaciones a sus preguntas. Su trabajo consistía en escuchar dado que ella
lo que necesitaba era hablar.” 10 Esto fue lo que hizo que Freud prestara
atención creciente al discurso espontáneo, lo que le llevó a postular la
existencia de un aparato del lenguaje organizado como un aparato en el que se
dabas asociaciones de las representaciones de palabra y muy alejado de las
concepciones neurofisiológicas de su tiempo. A partir de estos conceptos,
Freud estableció que las representaciones-cosa no eran entidades sino, por el
contrario, procesos activos de ligadura entre las representaciones con sus
propias leyes asociativas. Gracias al vínculo de las representaciones-cosa con
las representaciones-palabra estas últimas adquieren un sentido De esta
manera, Freud se vio enfrentado a una paradoja: la curación por la palabra era
el tratamiento de elección para aquellos padecimientos en los que había una
particular dificultad para poner en palabras ciertas experiencias de la vida. De
la ahí la importancia de entender esas muy particulares “afasias funcionales”
representadas por la histeria y otras neurosis. La conclusión a la que llega esta
autora es que la monografía La afasia fue escrita para demoler los conceptos
que se daban alrededor de los “centros del lenguaje” y para establecer el
modelo de un aparato del lenguaje que ofrecía, simultáneamente, una
explicación para la afasias causadas por una lesión orgánica, para entender la
patología funciona del habla en los pacientes neuróticos, para dar cuenta del
poder curativo de la palabra y para explicar la función normal de un aparato del
lenguaje.
Incluso, según Rizzuto, es muy probable que Freud escribiera su
monografía sobre las afasias en la casa de Emmy o inmediatamente después
de haberla visitado. Sin embargo, en ocasiones se ha puesto en duda el
diagnóstico de Freud y ha habido psicoanalistas que piensan que Emmy von N
padecía la enfermedad de los tics, en decir la efermedad de Gilles de la

10
Op.cit., p. 113
9

Tourette. A pesar de que Else Pappenheim 11 cree que el padecimiento de


Emmy tenía que ver con esta última entidad, la verdad es que hasta el día de
hoy aún está en discusión el diagnóstico diferencial entre la enfermedad de
Gilles de la Tourette y la histeria, suponiendo, sin conceder, que en relación al
primer padecimiento estamos hablando de una entidad nosológica bien
definida, lo cual está lejos de ser cierto, pues hay casos más orgánicos y otros
de claro predominio psicógeno). El hecho es que se trata de una paciente con
un discurso coherente que presentaba, por momentos, la imposibilidad de
articular palabra.
Gracias a las investiaciones de O. Anderson sabemos que Emmy von N.
estuvo en tratamiento con Freud por primera vez en mayo y junio de 1889 -y no
alrededor de marzo o abril de 1891, como menciona Ellemberg. 12 Tanto Forel,
que vio a la paciente posteriormente, como Wetterstrand, quién trató a Emmy
por recomendación de Forel en el invierno de 1893-1894, coinciden con el
diagnóstico de histeria. Pero hay algunos datos que es necesario rectificar en
relación al historial que nos dejó Freud. Emmy von N. era, como ya advirtiera
Freud, una mujer admirada y respetada por su carácter e inteligencia, aunque
se le consideraba un tanto excéntrica. A los 23 años se había casado con un
hombre viudo inmensamente rico, cuarenta años mayor que ella. Incluso los
hijos de este hombre eran mayores que Emmy. El matrimonio se vio rodeado
de grandes escándalos, que persistieron durante toda su vida. Incluso, luego
de la muerte de su marido, los hijos de éste la acusaron de haberlo
envenenado, pese a lo cual, la exhumación y estudio del cadaver la liberó de
toda culpa. Pese a que a su muerte este hombre dividió su fortuna entre su
viuda y los hijos de su matrimonio anterior, con la parte que le tocó Emmy pasó
a ser una de las mujeres más ricas de Europa, por lo que vivió como una
aristócrata. En 1887 se compró un castillo en Suiza, donde la visitó Freud.
También tuvo una larga lista de amantes, incluyendo a sus médicos personales
que, con frecuencia, vivían en su casa. Desde estos nuevos datos, es claro que
tenemos que hacer una rectificación de la historia relatada por Freud ya que
éste hablaba del problema derivado de la abstinencia sexual. Aunque Emmy
trató de ser discreta, el hecho es que esto se conocía en el medio social,
11
Pappenheim, E. (1980): Freud and Gilles de la Tourette. Diagnostic speculations on ‘Frau Emmy Von
N.’, Int.Rev.Psycho-Anal., 7 (3): 265-277
12
Ellemberg, : El descubrimiento del inconsciente, trad. de
10

incluso sus hijos estaban al tanto de sus romances. Antes y después del
tratamiento con Freud, Emmy solía pasar largas temporadas del año en
balnearios frecuentados por los aristócratas, y busó tratamiento con distintos
médicos en múltiples ocasiones. Aunque siempre se mostró muy orgullosa de
la belleza e inteligencia de su hija mayor, se rehusó a darle educación superior,
mientras que a su hija menor siempre la trató de fea y estúpida. Este tipo de
trastorno de personalidad es el que hace que Pappenheim piense que se
trataba de una depresión psicótica.
Por lo que toca a Caecilie M., se trata de una paciente por la que Freud
se vio llevado a concluir que la histeria es una psiconeurosis que puede
aparecer en una persona que conserva, paralelamente, sus elevadas dotes
intelectuales y la riqueza de su pensamiento. Esta paciente que elaboraba
delicados y sensibles poemas, se permitía, en palabras del propio Freud,
ciertas libertades con el lenguaje.
En esta monografía Freud caracteriza al aparato del lenguaje como un sistema
que organiza las asociaciones.13 Este complicado proceso asociativo se
establece gracias a una combinación de elementos visuales, acústicos y
kinestésicos. De esta forma, las representaciones de objeto (no confundir con
las representaciones-cosa de las que habla en el capítulo VII de La
interpretación de los sueños) son un complejo asociativo en el que
intervienen representaciones visuales, auditivas, tactiles, kinestésicas y otras.
[[[ Las representaciones de objeto aparecen como no cerradas y dificilmente
cerrables, mientras que las representaciones-palabra aparecen como cerradas
13
Es importante advertir, que esta definición del aparato del lenguaje como un “aparato constituido por
asociaciones”, tiene originalmente un sentido anatomo-fisiológico en el que se destaca que la región del
lenguaje esta formada por un entramado de fibras nerviosas que asocian elementos cerebrales de tipo
visual, acústico y motor (kinestésico); sin embargo, podemos notar que desde esta monografía de La
afasia, Freud incluye también otra perspectiva que tiene que ver con el terreno de lo psíquico, pues
comienza a hablar de estas asociaciones en términos de asociaciones de representaciones. A partir de esta
noción ya no podrá separa el asociar del proceso de representación. Esta forma de entender el proceso del
lenguaje dará pie a conceptos psicoanalíticos posteriores como los de sobredeterminación, determinación
múltiple, regresión y -desde la técnica- la justificación de la regla fundamental de la libre asociación,
dado que Freud descubrió que dentro del proceso del pensamiento, no asociaciamos lo que queremos,
sino que tenemos que seguir ciertas vías determinadas. Estos patrones están formados por dos complejos
asociativos: el primero es el que agrupa a las representaciones de objeto; en el segundo está el complejo
de las representaciones de palabra. De hecho, cada asociación puede estimular a otros componentes
representacionales del aparato del lenguaje, por lo que el flujo del lenguaje siempre parte de la
estimulación de las representaciones de objeto -en las que la memoria visual juega el papel más
importante. La disponibilidad de las diversas vías asociativas estará determinada por el uso que se haga de
ellas -lo que nos lleva al concepto de facilitación que más tarde, en el Proyecto…, usará Freud para
explicar las razones por las que un impulso transita una vía en vez de otra. Rizzuto, A.-M. (1990): A
Proto-Dictionary of Psychoanalysis, Int.J.Psycho-Anal., 71 (2): 261-270
11

aunque susceptibles de expansión ==== copiar literal de La afasia]]]. En Freud,


las representacioines de objeto y las representaciones de palabra no son
entidades sino procesos activos. Es gracias a su ligadura con las
representaciones de objeto que las palabras adquieren su significado. De ahí
que “el elemento acústico del aparato sea esencial para Freud con el fin de
explicar la función del lenguaje” [[(Freud: La afasia)]]. El aparato del lenguaje es
un constructo de Freud que tiene como objetivo tratar de contestar las
interrogantes acerca de los elementos volitivos que promueven el lenguaje, de
saber cómo es que éste se origina. Dado que lo que lleva al lenguaje son los
aspectos volitivos del sujeto, el discurso no puede explicarse por
razonamientos de tipo neurológico. Se trata de un asunto de carácter
claramente psicológico y por tanto responde a un modelo de tipo funcionalista y
no anatómico-fisiológico.
Es claro que desde estas tempranas épocas, los esfuerzos de Freud
estaban dirigidos a entender algún tipo de modelo de la mente (el aparato del
lenguaje de La afasia) con el fin de poder dar cuenta de cómo se establece el
lenguaje normal, pero también necesitaba de una teoría que le permitiera
explicar el poder curativo que la palabra tenía en sus pacientes histéricas. En
forma semejante, el modelo ideado en esta monografía le permitía explicar
también aquellos trastornos funcionales que se dan en lo que luego llamó la
psicopatología de la vida cotidiana, principalmente cuando hay algún tipo de
fatiga o de atención dividida.14 Lejos de las explicaciones localizacionistas, al
establecer la distinción entre las representaciones de objeto y las
representaciones-palabra, sentó las bases para comprender el concepto de
símbolo: una palabra plena susceptible de ofrecer un significado. De hecho,
esta palabra es el resultado final de un proceso muy complejo en el que su
significado no proviene del sonido realizado y escuchado, sino de la conexión
interna que se establece entre dicho sonido y la representación de objeto.
“La representación de palabra no está ligada a la representacion de
objeto mediante todos sus componentes, sino solo a través de su imagen
acústica. Entre las asociaciones de objeto, las asociaciones visuales son las
14
Recordemos también, que el conpto de atención dividida ya aparece en La afasia, a propósito de las
distintas maneras que tenemos de leer. Este concepto derivará, luego, en la noción de la capacidad de
auto-observación del Yo, pero parte de la clínica de la histeria al advertir que, en ocasiones, las pacientes
no pueden entender cabalmente lo que ellas mismas están diciendo, como ocurría claramente en el caso
de Emmy von N. Rizzuto, A.-M., Op.cit.
12

que representan al objeto de la misma manera que la imagen acústica


representa a la palabra.” [[[VER cita en AFASIA]]]
Al conceptualizar dichas representaciones de objeto, Freud se apoya en
John Stuart Mill para quien “las representaciones de objeto no contienen nada
más que la apariencia de la cosa” (Freud: La afasia). De ahí la necesidad de
establecer una clara distinción entre la “cosa” -el objeto material existente en el
mundo real, descrito con claridad desde la filosofía kantiana- y su
representación, la forma como dicha cosa se representa en la mente. Esta
representación de la cosa es una construcción plenamente mental y pertenece,
por derecho propio, al campo de los fenómenos psíquicos. A partir de aquí,
Freud establece que no puede haber percepción sin que dicha sensación
quede asociada a otras representaciones mentales; por ello, para Freud
sensación y asociación son un proceso único e indivisible. “No podemos tener
una sensación sin inmediatamente asociarla a algo” -dice Freud copn toda
claridad [[[VER cita en AFASIA]]].
Como bien ha sido consignado por Basch 15, para Freud las neurosis eran una
suerte de “afasias funcionales” en las que la represión está al servicio de
escindir la ligadura entre la percepción y el lenguaje, como ocurre en el caso de
pacientes con lesión cerebral.
El hecho es que La afasia constituye, en épocas tan tempranas como
1891, un texto fundamental para entender la importancia que la palabra tendrá
dentro de la doctrina psicoanalítica. Buscar la palabra que pueda dar cuenta de
los contenidos del inconsciente será desde el principio y hasta ahora, una de
las metas del psicoanálisis. Solo gracias a la unión con una representación-
palabra es como una representación-cosa inconsciente puede llegar a ser
consciente y, por tanto, quedar sujeta a las leyes del proceso secundario.

2.- Subsiguientemente, Freud ideó una primera sistematización global de


las funciones mentales, aunque aún influido por sus lealtades con Brücke y
Meynert y su estancia en el laboratorio de neurofisiología del primero y en la
clínica del segundo, por lo que apareció como un aparato neuronal, intuiciones
que tomaron forma en un trabajo escrito en 1895, que la posteriodad tituló

15
Basch, M.F. (1975): Perception, Consciousness, and Freud’s ‘Project’, The Annual of Psychoanalysis,
III: 3-19
13

como Proyecto de una psicología para neurólogos 16, escrito febrilmente y


bajo una inspiración de un algo que sólo podemos equiparar con el viejo
daimón socrático, y nunca publicado por Freud. En él, Freud estableció un
aparato mental en el que distinguió tres tipos de neuronas: neuronas “fi”,
responsables de la percepción de los estímulos y permeables, por lo que su
tendencia era a la descarga inmediata, según un principio de inercia neuronal
(luego principio de Nirvana o tendencia al cero, de la pulsión de muerte);
neuronas “psi”, que son impermeables, por lo que inhiben la descarga y son
responsables de que los estímulos dejen un rastro en la forma de huellas
mnémicas, elementos con los que se construyen las representaciones y base
de la memoria y el proceso del pensamiento; estas neuronas se rigen por el
principio de constancia, dado que retienen una energía no descargada, lo que
derivará en el principio del displacer-placer; y, finalmente, las neuronas
“omega”, que son las responsables de establecer la cualidad dentro de las
representaciones. Este aparato neuronal en el que Freud distinguía una función
neuronal primaria (sujeta al principio de inercia neuronal) y una función
neuronal secundaria (sujeta al principio de constancia), podía dar cuenta
también del funcionamiento de la segunda a partir de lo que denominó Proceso
primario y secundario, según su tarea tuviera en cuenta el Principio de placer o
el Principio de la realidad, según sus representaciones-cosa fueran
predominantemente visuales en la zona del inconsciente o las representacines-
palabra con las que se rige el proceso secundario.
El Proyecto… es una obra escrita febrilmente por Freud como respuesta a uno
de los congresos tenidos con su amigo e interlocutor W. Fliess. La primera y
escueta mención a este importante escrito, nunca publicado, nos remite a la
carta del 28 de marzo de 1895, donde comenta: “La psicología me abruma
mucho.”17 Quizás no sea del todo casual helecho de que la transferencia con
Fliess esté en un punto particularmente alto, sobre todo si tenemos en cuenta
la necesidad de Freud de disculpar a su amigo cuando el episodio con Emma
Eckstein aún era comentado en su correspondencia y Freud apenas se estaba
recuperando de la angustia que dicho evento traumático le provocó. Al mismo
16
Freud, S. (1895): Proyecto de una psicología para neurólogos, en: Obras completas, trad. de
Luis López-Ballesteros, Biblioteca Nueva, 3ª ed., Madrid, Vol. I: 209-276
17
Freud, S. (1895): Carta del 28 de marzo de 1895, en: Cartas a Wilhelm Fliess 1887-1904, ed. de
Jeffrey M. Mason, trad. De José Luis Etcheverri, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1994, p. 125
14

tiempo, en la siguiente carta a la citada con anterioridad, le comunica a su


amigo que “el libro con Breuer avanza, lo tendré listo ante mi quizás en tres
semanas.”18
 Siguiendo la tradición de sus maestros: la neurofisiología Brücke y
la clínica de Meynert, Freud intentó una teorización del aparato psíquico
con los elementos que le brindaba la neuroanatomía de su tiempo.

 De esta forma escribió su Proyecto de neurología para psicólogos en


1895, nunca publicado pero sometido a discusión con Fliess, su
transferencial amigo de esos tiempos tan importantes para el
descubrimiento de la nueva disciplina psicoanalítica.
.-.-.—
 El aparato neuronal estaba compuesto por tres clases de neuronas:
 Las neuronas perceptuales o phi, permeables, que reciben los
estímulos del afuera, incluyendo los propioceptivos, y obedecen al
principio de inercia (luego Principio de Nirvana o tendencia al
cero), es decir a la necesidad de descargar lo más pronto posible
el estímulo recibido.
 Las neuronas psi, impermeables, capaces de guardar el estímulo
en forma de huellas mnémicas (que obedecen a un principio de
constancia, luego nombrado como Principio del displacer-placer),
que son la base de la memoria y de la construcción de la
representaciones.
 Las neuronas omega, destinadas a proporcionar distinciones de
tipo cualitativo entre los estímulos recibidos.
.-.-.-.—

 ¿Cómo fue que Freud postuló como primera tesis básica una
concepción cuantitativa del psiquismo?
 Al parecer estas hipótesis derivaron de la observación clínica, de los
fenómenos denominados como representaciones hiperintensas, estados
observados tanto en las histerias como en las neurosis obsesivas.
18
Freud, (1895): Carta del 11 de abril de 1895, en: Op.cit., pp. 126-7
15

 En otros sitios, Freud describió a los recuerdos encubridores y a


los recuerdos hiperintensos, base de su teoría cuantitativa.
 El concepto de trauma, centro de las primeras postulaciones
freudianas, es una perspectiva claramente cuantitativa
 También intuidos por los procesos de estimulación, sustitución,
conversión y descarga en las neurosis que le hicieron concebir a la
excitación neuronal como una corriente fluente de energía.
 En otras palabras, lo que primero trató de explicarse Freud fue lo que,
andando el tiempo, sería el punto de vista económico de la
metapsicología.
.-.-.-.-
 De esta manera postuló un primer principio, denominado Principio de
inercia neuronal que decía que las neuronas tenían la tendencia a
descargar todo incremento de excitación que ingresara al sistema.
 A partir del Principio de inercia, Freud necesitó describir dos tipos de
neuronas: motrices y sensitivas. Este dispositivo le aseguraba la
descarga de toda cantidad a la manera del arco reflejo -que fue el
modelo del que partió. Esta era la función primaria del aparato neuronal,
con el fin de mantenerse libre de estímulos.
 Freud incluye luego una función secundaria, que implica cierta
preferencia y conservación por aquellos métodos que implican una
cesación de toda estimulación: la llamada fuga del estímulo.
 Se trata entonces, de un aparato que no sólo descarga todo estímulo
que ingrese al sistema, sino que procura que no ingresen dichos
estímulos al sistema.
.-.-.-.-.
 Sin embargo, esta condición regulada por el Principio de inercia se ve
trastornada por el hecho de que el sistema también recibe estímulos
desde el adentro -los estímulos endógenos- que también requieren ser
descargados.
 Los estímulos endógenos “se originan en las células del organismo y
dan lugar a las grandes necesidades [fisiológicas]: hambre, respiración,
sexualidad” (p. 213).
16

 La peculiaridad de este tipo de estímulos es que el sujeto no puede


escapar de ellos como lo hace con los estímulos externos. Este será
postulado más adelante como un criterio del juicio de realidad, ya que si
el sujeto puede escapar de un estímulo esto quiere decir que está afuera
de sí mismo; por el contrario si no puede escapar quiere decir que el
estímulo está adentro de él mismo.
 Los estímulos endógenos constituyen lo que conocemos como apremio
de la vida.
 Para que dichos estímulos internos cesen se necesita de cierta “acción
específica”.
.-.-.-.-.-.—
 Son estos estímulos endógenos los que obligan al aparato neuronal a
abandonar el Principio de inercia -o tendencia a la tensión cero- y a
tolerar cierto nivel de tensión.
 A partir de esto, el aparato se esfuerza por mantener a la cantidad (Qn)
en el nivel más bajo posible y defenderse en contra de cualquier
incremento de dicha tensión.
 El Principio de inercia neuronal o la tendencia a mantener la excitación
en el nivel cero es lo que luego conoceremos como Principio de Nirvana
y servirá de base de sustentación del instinto de muerte en la última
formulación de la teoría freudiana de las pulsiones.
 A su vez, el Principio de constancia será el que dará paso al Principio
del displacer-placer, dinámica característica del Proceso primario.
.-.-.-.—
 La segunda tesis básica del Proyecto… combina la teoría de la cantidad
con el concepto de neurona.
 Las neuronas son entidades discretas “que contactan entre sí a través
de una sustancia intermedia extraña” (p. 213) [donde Freud nos adelanta
el ulterior concepto de sinapsis] y que tienen preestablecidas
determinadas direcciones de conducción del estímulo, desde las
dendritas a los axones.
 El Principio de inercia es el que determina que la corriente de excitación
vaya desde las dendritas hasta descargarse a través del cilindroeje (el
axón).
17

 Dado que la función secundaria exige una acumulación de cantidad


dentro del sistema, Freud se ayuda de la noción de unas barreras de
contacto que impiden o retardan la descarga.
.-.-.-.-.-
 Las barreras de contacto hacen posible que Freud establezca una teoría
de la memoria sin la cual no se puede avanzar en la hipótesis de un
aparato psíquico.
 Para explicar tanto la disponibilidad para la conducción como la
memoria, Freud tuvo que recurrir a la hipótesis de dos tipos de
neuronas: las primeras, permeables, que descargarían la excitación de
inmediato quedando disponibles para una nueva excitación, serán las
neuronas phi; y las segundas, impermeables, que retendrían la
excitación transformándola en huellas mnémicas y en memoria, serán
las neuronas psi.
 A las primeras les llamó “células perceptivas” mientras que a las
segundas las denominó como “células mnemónicas”.
 Como bien dice Freud, “toda teoría psicológica digna de alguna
consideración habrá de ofrecer una explicación de la <memoria>” (p.
214).
.-.-.-.-.-.-
 Las barreras de contacto son, desde la perspectiva de Freud, lo que
explica como en unas células la excitación pasa libremente, mientras
que en otras, las barreras de contacto ofrecen resistencia al paso por lo
que las neuronas “pueden quedar, después de cada excitación, en un
estado distinto al anterior, o sea, que ofrecen una posibilidad de
representar la memoria.”
 Para admitir una teoría de la memoria debemos entender que hay
neuronas capaces de quedar permanentemente alteradas por el paso de
la excitación.
 Las barreras de contacto pueden hacerse más o menos permeables
dependiendo del grado de facilitación existente en las neuronas. “La
memoria está representada por las diferencias de facilitación entre las
neuronas.” (p. 216)
.-.-.-.-.-.-
18

 Por su parte, el grado de facilitación neuronal dependerá de la cantidad


-la “magnitud” de la impresión- así como de la frecuencia con la que
dicha impresión se repite.
 De esta forma tenemos que, aunque la tendencia originaria del sistema
nervioso es a descargar todo montante de energía, el apremio de la vida
obliga al sistema a conservar cierta reserva de cantidad; sin embargo, el
sistema se asegura que dicha cantidad no exceda ciertos límites (su
repleción) por medio de las facilitaciones. Así la facilitación sirve a la
función primaria -evitar la sobrecarga.
 La facilitación en las barreras de contacto es lo que determinará la
permeabilidad de una neurona en un momento dado.
.-.-.-.-.-
 Al tratar de explicar el sistema neuronal propuesto desde la perspectiva
biológica, Freud agrega un pequeño giro en su teorización, pero de gran
importancia: postula que el sistema neuronal tuvo, desde sus
comienzos, dos funciones: recibir estímulos del exterior y descargar la
excitación de origen endógeno.
 ¿Cuál sería el fundamento de la necesidad de recibir estímulos del
exterior, si se decía que era un sistema que tendía a la quietud del cero
o, por lo menos, a un nivel mínimo dado por el principio de constancia?
 Los estímulos del exterior son “la base de información” que hará posible
la descarga -y gratificación- de los estímulos endógenos, aquellos que
constituyen el apremio de la vida, las grandes necesidades de las que
Freud habló.
.-.-.--.-
 Es claro que Freud se adelanta a su tiempo -y a sus propios conceptos
fisicalistas clásicos- y bajo el rubro un tanto ambiguo del “apremio de la
vida”, lo que nos está mostrando es que se trata de un sistema que
necesita de la información del exterior para poder subsistir. El estímulo
externo no sólo no es algo que hay que descargar de inmediato, sino
que se retiene porque es el único medio de obtener información sobre
esas condiciones del afuera a las que hay que adaptarse para poder
sobrevivir.
19

 El afuera será, desde siempre, absolutamente necesario en la forma de


la “acción específica” que permitirá descargar los montantes de
excitación interna, es decir, de los estímulos endógenos -término que es
el padre de los conceptos que ulteriormente distinguirán entre necesidad
y deseo, base desde donde se construirá la noción de instinto o pulsión.
.-.-.-.-.—
 De esta forma, el sistema phi es el encargado de recibir estímulos del
exterior, mientras que el sistema psi recibe los estímulos endógenos.
 El sistema phi, entonces, es el encargado de recibir las grandes
cantidades de energía que provienen del exterior, es decir Q; mientras
que el sistema psi sólo manejaría las cantidades discretas internas, o
sea, Qn.
 El sistema psi recibe cantidades del sistema phi -que ha transformado
las grandes cantidades (Q) del afuera en Qn- y de los estímulos del
adentro, endógenos. Sea cual fuera el origen, en el sistema psi circulan
cantidades Qn de energía.
 El sistema phi actúa como una suerte de transformador a través de sus
terminaciones teleneuronales. Estas terminaciones transforman las
grandes magnitudes del afuera (Q) en cantidades discretas (Qn), que
son las que maneja el sistema psi.
.-.-.-.-.-.-
 Los aparatos teleneuronales son, entonces, lo que evitan que las
grandes magnitudes del exterior penetren al sistema -por eso, dice
Freud, las terminaciones del interior del cuerpo son terminaciones libres,
sin necesitar los aparatos teleneuronales, ya que no los necesitan al
manejar sólo cantidades internas de energía (Qn).
 Cuando el sistema falla e ingresan al sistema cantidades de energía
mayores de lo que el sistema puede manejar, entonces se da el
fenómeno del dolor.
 Es el dolor el que nos explica mejor aquella tendencia del aparato
neuronal a descargar todo aumento de tensión. Dichos incrementos
amenazan, de hacerse intensos, con provocar graves trastornos en el
sistema.
.-.-.-.-.-
20

 El dolor puede surgir, o bien por la entrada al sistema de grandes


magnitudes de energía, o bien por la irrupción de pequeñas cantidades
asociadas a una solución de continuidad, es decir, cuando las
magnitudes Q del afuera ingresan al sistema sin mediar su
transformación por los aparatos teleneuronales.
 Los estímulos dolorosos tienen la particularidad de barrer con todas las
barreras de contacto por lo que dejan facilitaciones permanentes en
ambos sistemas.
 Mención aparte son los estímulos discretos, con magnitudes Qn
manejables por el sistema psi, pero cuya cualidad los hace dolorosos.
Pero dejaremos de momento, la perspectiva cualitativa para centrarnos
en el problema de la energía psíquica y su naturaleza.
.-.-.-.-.-

Otra de las publicaciones en torno del Proyecto… es el estudio que


hace Basch en torno de la percepción y la conciencia. Este autor se pregunta
en relación al hecho de que los mecanismos de defensa se establecen no en
contra de la percepción de una situación ideseada, sino lo que se bloquea es
que dicha percepción llegue a darse -lo cual no se limita a situación
psicopatológicas, sino a situaciones de la vida cotidiana, como se demuestra
en los fenómenos de la llamada percepción subliminal. Desde su perspectiva,
el hecho de que el cerebro pueda registrar y utilizar estímulos del medio
externo que nunca llegan a ser conscientes, problematiza los postulados de la
Metapsicología freudiana, que iguala la percepción como sinónimo de
conciencia y que hace de dicha identidad la base para la prueba de realidad.
Aunque su comprensión de lo que significó la postulación de una
Metapsicología es claramente errónea, Basch se propuso ampliar los
descubrimientos freudianos en relación a aquellas áreas de la percepción que
no son conscientes.
Luego de hacer una somera revisión del Proyecto… donde pese a
haber afirmado que Freud había construido su Metapsicología sin ninguna
apoyatura clínica, ahora comienza su versión sintética de este trabajo diciendo
que “fueron las observaciones clínicas las que convencieron a Freud que la
actividad mental variaba en intensidad, lo que expresó en términos de
21

cantidades en movimiento.” De esta forma pasa revista a la hipótesis de un


aparato mental cuya meta es mantenerse libre de energía (Principio de inercia)
en relación a las cantidades recibidas desde el mundo externo. Como dicho
aparato también recibe estímulos desde el adentro del organismo, estímulos
endógenos (respiración, hambre, sexo) de los que no puede escapar ya que se
producen de manera continua, no sólo no puede descargar dichos montantes
energéticos sin más, sino que requiere de la gratificación de los mismos a
través de la ayuda del mundo externo. Luego describe el sistema de neuronas
psi, phi y omega, hace referencia al problema de las celulas permeables de la
percepción, de la necesidad de las neuronas impermeables que posibiliten el
proceso de la memoria, y del sistema neuronal que capta el periodo de los
estímulos que da acceso a la cualidad -de quien da cuenta la conciencia. Sin
embargo, en una carta a Fliess del de 18 (Carta N° 39), Freud concluye
que las neuronas omega (el sistema de la consciencia) están emplazadas entre
el sistema perceptual (las neuronas phi) y el sistema en donde se inscriben los
trazos mnémicos (neuronas psi); el sistema omega de a conciencia es el que
estimula el “interés” del sistema psi que, de esta forma, determina la
mobilización de una cantidad de energía libre llamada catexia de atención,
gracias a la cual puede registrarse la cualidad emergida del sistema omega. Es
el paso de dicha catexia de atención a través de las neuronas impermeables
psi lo que crea la posibilidd de su registro en los trazos mnémicos. A partir de la
construcción de este aparato psíquico, Freud intenta dar cuenta de los
procesos de pensamiento y de sus componentes emocionales. Las presiones
instintivas internas -por ejemplo, el hambre- promueven tensión que se
manifiesta en el llanto que sirve de aviso a la madre para que alimente al bebé.
Esto crea la huella mnémica de la gratificacion en las neuronas psi, la huella
mnémica de la actividad de succión del propio bebé, pero también una serie de
facilitaciones entre estas dos representaciones mentales. Esto último crea una
disminución de la resistencia neuronal al paso de futuras cantidades de energía
psíquica, lo que determina que futuros estados de displacer activen
rápidamente las dos representaciones anteriores involucradas en la experiencia
de satisfacción -esta será la base de funcionamiento del proceso primario de
descarga y de gratificación alucinatoria del deseo. El juicio de realidad se
instaura en la posibilidad de distinguir entre la representación de la satisfacción
22

y el objeto satisfactor del mundo externo -aunque, como puntualiza Basch,


Freud no aclara cómo es el mecanismo que hace posible dicha distinción entre
la representación mental y el objeto externo. Cuando se establece la identidad
de percepción entre la primera y el segundo, estamos ya en presencia de una
forma de funcionamiento del proceso secundario.
Freud enfatiza que toda sensopercepción que provenga del afuera y sea
transmitida por los órganos sensoriales es registrada en el sistema psi. Aunque
es cierto que la barrera protectora de estímulos de los órganos sensoriales
guarnece al sistema del ingreso de intensidades grandes, no existe en dicho
sistema sensorial alguna forma de selección en el contenido de dichos
estímulos; esto sólo puede llevarse a cabo posteriormente a través de la
catexia de atención. La única manera de establecer un filtro en relación a todos
los estímulos que ingresan desde el mundo externo es a partir de un
mecanismo de defensa. De hecho, Freud no resolvió como es que el
mecanismo defensivo opera antes de que lo percibido entre en el campo de lo
percibido por la conciencia -problema que, desde la perspectiva de Basch,
Freud no resolvió hasta su trabajo sobre La negación de 1927. Por lo que toca
a los estímulos endógenos (fuerzas instintivas), se postuló desde el comienzo
el mecanismo de la represión que evita la entrada a la conciencia de las
pulsiones instintivas y sus derivados.
Como hemos visto, para Freud la capacidad de conciencia deriva de
sensaciones cualitativas y es transitoria. De ahí que la conciencia se comporte
como un órgano perceptual en su permeabilidad, capacidad de recuperación
para la nueva recepción, y ausencia de memoria. Aunque se puntualiza que el
sistema omega transforma la frecuencia o “periodo” en cualidad, este
mecanismo difiere de lo que constituye la capacidad de advertencia subjetiva
del que Freud no nos dice como se lleva a cabo. Pese a ello, en el Proyecto…
percepción y conciencia son fenómenos que se dan simultáneamente,
implicandose mutuamente. De hecho, para Freud la conciencia siempre implica
autoconciencia o advertencia subjetiva de una cualidad sensorial. Con esto,
nos dice Basch, Freud eliminó la distinción de Leibniz entre percepción y
conciencia de percepción (apercepción). Con el fin de explicar el mecanismo
del juicio de realidad que distingue entre el percepto del mundo externo y la
representación en el mundo interno, Freud recurrió a la función de las neuronas
23

omega estimulada por toda percepción sensorial, que da origen no solo a la


sensación de advertencia subjetiva de la conciencia, sino también provee de
una descarga que le indica al sistema psi que la percepción registrada proviene
del mundo externo. De hecho, aquí Freud recurre a lo ya mencionado en Las
afasias de 1891, donde habla de un criterio diferencial en donde lo vívido de
las percepciones contrasta con la relativa palidez de la memoria -lo que se
repite en 1893-95 en los Estudios sobre la histeria de Breuer y Freud.
Muchos autores basan aún sus definiciones de subjetivo y objetivo en esta
distinción. Esto deja sin explicar el hecho de que los sueños y las alucinaciones
puedan ser vividos con un monto de “realidad” y “viveza” indistinguible de los
perceptos de la realidad externa. Para Basch, todas las percepciones son, en
primera instancia, iguales; y que la falta de viveza de las memorias y las ideas
son el resultado de una inhibición. Desde esta perspectiva, la viveza de las
imágenes de las alucinaciones, los sueños y de los productos de la actividad
creativa en artistas son el producto de una falla o retiro de dicha inhibición.

3.- Una tercera aproximación, en realidad un derivado de su trabajo


vertido en el Proyecto…, dio pie a un aparato de memoria, cuya primera
aproximación aparece en la celebérrima carta 52 19 a Wilhelm Fliess, pero que
complementó muchos años después en el trabajo sobre El block
maravilloso20 de 1925. Hemos querido resaltar la importancia de este
momento en la evolucion del pensamiento freudiano, porque en este escrito
epistolar es donde establece su teoría de la estratificación psíquica -extraída de
las enseñanzas de John Hughlings Jackson- gracias a la cual la memoria se
inscribe en códigos distintos dependiendo del estrato en el que están
guardados los rastros mnémicos. Pienso que este concepto, junto con el de la
sucesiva e interminable resignificación de las representaciones en el psiquismo
humano, es uno de los aspectos más revolucionarios e innovadores del
pensamiento freudinano.

19
Freud, S. (1896): Carta del 6 de diciembre de 1896 [Carta 52] (Orígenes del psicoanálisis),
en: Obras completas, trad. de Luis López-Ballesteros, Biblioteca Nueva, 3ª ed., Madrid, 1973,
Tomo III, p. 3551
20
Freud, S. (1925): El “block” maravilloso, en: Obras completas, trad. de Luis López-
Ballesteros, Biblioteca Nueva, 3ª ed., Madrid, Vol. III: 2808-2811
24

Entendemos a través de la correspondencia con Fliess que, aunque Freud se


desdijo de su trabajo del Proyecto…, lo que dejó ver palmariamente al negarse
a darle formalización a su trabajo en algún tipo de publicación, y llegó a pensar
que había sido gestado en un arrebato de sinsentido, no por ello dejó de
pensar en sus teorizaciones subsiguientes en términos muy semejantes a los
allí esbozados. Es por ello que nos encontramos escritos como la famosa carta
a Fliess del 6 de diciembre de 1896 -la que ha pasado a conocerse como carta
52 pese a que, al publicarse la correspondencia completa Freud/Fliess, el
documento perdió esa numeración con la que era conocida en el mundo
psicoanalítico. En esta carta Freud esboza una nueva génesis del aparato
psíquico al que describe como originándose en un proceso de estratificación,
ya que el material mental -bajo la forma de rastros mnémicos- experimenta de
vez en cuando “reordenamientos de acuerdo con nuevas relaciones, en cierto
modo una transcripción. Así lo esencialmente nuevo en mi teoría -nos dice- es
la afirmación de que la memoria no se encuentra en una versión única, sino en
varias, o sea, que se halla transcrita en distintas clases de ‘signos’.
Hace algún tiempo (Afasias) ya afirmé un reordenamiento similar para
las vías aferentes de la periferia.” 21 También en aquel escrito Freud dejó
plasmada la idea de que la percepción es indistinguible de la asociación, por lo
que todo proceso de captación del afuera (afuera en el que está incluido el
cuerpo) es inmediatamente asociado con otras representaciones -es decir, en
alguna medida es distorsionado.
Ahora vemos cómo, en cada relevo neuronal, el estímulo que viene
desde la percepción recibe el aporte de nuevas asociaciones, reordena el
significado de aquello que cada vez se aleja más de lo que podría ser la
percepción pura y se acerca más a lo que entendemos como integración de la
información. Esta estratificación -basada evidentemente de los conceptos de
John Hughlings Jackson e inspirada en la arquitectura del sistema nervioso
central- tiene la implicación de que el material psíquico es guardado desde
sistema distintos de codificación, desde formas relativamente simples, hasta
formas muy complejas en virtud del material asociativo que se ha venido
sumando en cada uno de los relevos del sistema neuronal.

21
Freud, S. (1896): Carta del 6 de diciembre de 1896 [Carta 52] (Orígenes del psicoanálisis), en: Obras
completas, trad. de Luis López-Ballesteros, Biblioteca Nueva, 3ª ed., Madrid, 1973, Tomo III, p. 3551
25

Es interesante constatar como estos conceptos fueron de alguna manera


ratificados por las investigaciones modernas de algunos neurocientíficos tan
prestigiosos como Damasio y Solms, quienes han quedado estupefactos ante
las coincidencias de los descubrimientos contemporáneos de las neurociencias
con las intuiciones de Freud desde hace más de cien años, incluyendo el
supuesto de que serían seguramente más de tres los relevos en los que el
material psíquico es reordenado.
De ahí que la memoria, los rastros que las percepciones dejan en las
neuronas, sean concebidas como el origen y la condición sine qua non para el
desarrollo de un aparato mental.
En esta carta, Freud establece la posibilidad de que haya
reordenamientos a nivel de la percepción, en los ‘signos de la percepcion’, en
el inconsciente, en el preconsciente y en la conciencia. Por tanto, desde esta
carta 52 Freud está postulando un lenguaje distinto para cada una de las
instancias psíquicas. De esta suerte, el lenguaje del inconsciente,
predominantemente establecido a través de representaciones-cosa, es
completamente distinto del lenguaje del Pre-consciente, donde a estas últimas
representaciones se les ha adicionado las representaciones-palabra sin las
cuales no es posible el acceso a la conciencia. Por ello, no sólo el código sino
las reglas bajo las cuales se almacenan las huellas mnémicas obedecen a
normas distintas, las del proceso primario para las representaciones-cosa del
Inconsciente, y las del proceso secundario para las representaciones-palabra
del Pre-consciente y la Conciencia.
Es obvio que a Freud le preocupaba mucho el problema de la memoria,
ya que sin un registro, sin una energía que permaneciera en el sistema y dejara
un rastro luego utilizable como huella mnémica, memoria y conservación de la
experiencia y las representaciones mentales de la misma, no era posible
concebir un aparato psíquico. Por ello en esta carta vuelva a afirmar (como ya
lo había hecho en el Proyecto… al oponer las neuronas ‘fi’ o permeables a las
‘psi’ o impermeables) que el sistema percepción-conciencia y la memoria se
excluyen mutuamente. Pero desde el momento mismo en que los estímulos
engendrados por las percepciones entran al sistema, los llamados ‘signos de
percepción’ son inmediatamente asociados dejando un primer registro -que es
completamente inconsciente. Un poco más adelante, en un segundo relevo, el
26

del inconsciente, otras asociaciones, que Freud piensa tienen que ver con
aspectos causales, promueven un segundo registro o transcripción del anterior
en un código distinto -que tampoco resulta accesible a la conciencia.
Posteriormente, en el tercer relevo del preconsciente, se opera una nueva
transcripción del estímulo, ahora con la característica de que se liga a
imágenes verbales, es decir, con representaciones-palabra, lo que las hace
potencialmente accesibles a la conciencia. Este último nivel, dice Freud en
1896, es el que representa al Yo oficial, y la conciencia cogitativa a la que da
lugar resulta cronológicamente posterior a la activación alucinatoria de las
imágenes verbales.
Como podemos ver, se trata de una reformulación, desde una
terminología que nos deja ver un ángulo distinto, de los sistemas de operación
del psiquismo que conocemos como Procesos primario y secundario.
De alguna manera nos hace ver que el material psíquico puede no solo
pertenecer a estratos distintos dentro del psiquismo -que en la primera tópica
tienen que ver con un atributo o cualidad de las representaciones, que pueden
estar en un estado inconsciente, pre-consciente o consciente- sino que en cada
estrato dichas representaciones están guardadas bajo códigos distintos,
particulares.
Por otra parte, Freud nos advierte que el estudio de dicho proceso de
reordenamiento y transcripción distinta tiene que ver con la ontogenia, ya que
su descubrimiento sería una forma de tener la evidencia del desarrollo del
psiquismo a lo largo de las distintas épocas de la vida. Aquí Freud está
introduciendo otra dimensión, distinta de la anterior, en relación a los relevos,
ya que, ahora, en vez de los relevos a nivel de la estratificación del sistema
nervioso -o del aparato psíquico- comienza a hablar de las distintas etapas de
la vida como dichos relevos. Ha pasado de un criterio que tiene que ver con la
estratificación de un aparato, a un criterio longitudinal, ontogénico, en el que la
evolución del sujeto deja un rastro perfectamente reconstruible por la
exploración del psiquismo. No es difícil entender que se está refiriendo a ciertas
etapas críticas, como la pubertad, el embarazo o el climaterio y menopausia, en
las que el material psíquico es reordenado como resultado del trabajo psíquico
de dicha época crítica. Obviamente, todo periodo crítico implica un riesgo: si el
sujeto puede remontarlo, entonces hablamos de una crisis de crecimiento o
27

madurativa; en el caso contrario, ya Freud sabía que es en dichos momentos


cuando el sujeto puede quedar atrapado, ya que podemos decir que el origen
de algunas de “las psiconeurosis [se debe] a la falta de traducción de ciertos
materiales que llevaría a determinadas consecuencias.” 22 Es claro que cada
nueva retranscripción opera inhibiendo a la anterior, pero cuando ésto no se
logra, el sujeto permanece fijado al reordenamiento anterior y enfrenta los
conflictos desde los recursos habidos en ese estrato del psiquismo (“las leyes
psicológicas vigentes en el periodo psíquico anterior”) y las operantes en esa
época del desarrollo. Esto es lo que da a la neurosis su aspecto de una
formación anacrónica, de resto arcaico.
Aquí también Freud nos da una de sus definiciones de represión: la falta
de traducción. Una representación que no es traducida en los términos del
código del siguiente estrato, puede afirmarse que está reprimida. ¿Por qué
opera dicha represión? En virtud de que la nueva retranscripción produce
displacer que, a su vez provoca un trastorno en el pensamiento que, también
impide el proceso de traducción. De lo anterior se colige que todo cambio de
código, toda transcripción opera en contra de una resistencia -resistencia que
trata de impedir el displacer o dolor que dicho proceso conlleva.
Tenemos que preguntarnos el motivo por el que Freud piensa dicho
proceso como doloroso o displacentero, lo que lo hace sujeto de una
resistencia que trata de impedir dicho desprendimiento de displacer. Como
podemos ver, Freud invoca un tipo de causalidad circular, donde no se
transcribe debido al displacer que esto produce, falla que produce un trastorno
del pensamiento que impide la misma transcripción de la que se habló al inicio
de esta secuencia.
De esta suerte, dice Freud, “dentro de una y la misma fase psíquica y
entre transcripciones de una y la misma especie, actúa un tipo normal de
defensa contra la generación del displacer. La defensa patológica, en cambio,
se dirige únicamente contra los rastros mnemónicos de una fase anterior que
aún no han sido traducidos” 23 De nueva cuenta, al distinguir entre una represión
normal y una patológica, Freud sostiene que la segunda tiene que ver con lo no

22
Op.cit., p. 3552
23
Ibidem
28

traducido o lo que no pudo ser trasladado a un nivel superior de integración y


significación.
Desde otra perspectiva, añade, el éxito de dicha defensa para promover
la represión no depende de factores cuantitativos en relación al displacer
provocado, según se desprende de la observación clínica. ¿Cómo opera dicha
actividad defensiva? Freud postula que cuando un evento traumático o
displacentero en su momento, es registrado como tal, conserva la memoria el
montante de sufrimiento habido, pero cuando ese suceso es transcrito en un
primer o incluso un segundo relevo, entonces la evocación de dicha
transcripción ya no conllevará la rememoración del dolor o displacer sufrido en
el momento original. Y mientras más se recurra a la evocación de estos relevos
segundo o tercero, más se evitará la reaparición del displacer originario. Sin
embargo, en el caso de que los eventos originarios hayan sido traumas
sexuales, el mecanismo protector no opera en virtud de que el estímulo sexual
se incrementa con el tiempo por el desarrollo de la sexualidad; en este caso, la
evocación del recuerdo llevará aparejada la rememoración del displacer
experimentado -lo que, de paso, nos da una de las definiciones específicas de
trauma sexual, cualitativamente distinto de cualquier otro tipo de evento
traumático o displacentero.
Esto explica el porque los sucesos actuales acaecidos en una
deteminada fase de la ontogenia, en fases subsiguientes tienen un efecto como
si siguiesen siendo eventos actuales, no sujetos a ningún tipo de inhibición. De
aquí desprende Freud que “la condición determinante de la defensa patológica
(es decir, de la represión) es, por tanto, la índole sexual del suceso y su
ocurrencia en una fase anterior.”24
En otro orden de ideas, dado que la gran mayoría de las experiencias de
tipo sexual son productoras de placer al que no se puede ni se desea inhibir, de
ahí se desprende una tendencia -siguiendo esta vía facilitada, diríamos
nosotros siguiendo el lenguaje empleado en el Proyecto…- a su repetición, es
decir, una compulsión. Por lo tanto Freud concluye que cuando una experiencia
de tipo sexual de tipo placentera es recordada en una fase distinta, el resultado
será una compulsión; mientras que si la experiencia sexual fue displacentera,
entonces se instalará una represión. El problema es que, en ambas
24
Op.cit., p. 3553
29

condiciones, hay un impedimento para que la experiencia sea traducida o


transcrita al código de la siguiente etapa dentro de la estratificación del
psiquismo o a otra fase ontogénica del desarrollo del sujeto -aunque un signo
de interrogación muy estratégicamente puesto por Freud nos hace pensar que
esto bien pudiera no corresponder a la realidad de los hechos.
Tratando de ejemplificar clínicamente los conceptos anteriores, Freud
recurre a los casos de histeria, neurosis obsesiva y paranoia. Recordemos que
en estos momentos, Freud piensa que la elección del tipo de neurosis está
determinado por la fecha cronológica en que ocurrió el trauma sexual -opinión
que luego modificará en más de una ocasión. Así, en esta carta dice que en el
caso de la histeria, lo reprimido es algo acaecido entre el año y medio y los
cuatro años de edad; en la neurosis obsesiva, entre los cuatro y los ocho; y, en
el caso de la paranoia, entre los ocho y los catorce años. Es interesante
advertir como, en esta época de su teorización, una psicosis como la paranoia
es provocada -según él- por eventos muy posteriores, evolutivamente
hablando, a los que desencadenan las psiconeurosis. Al mismo tiempo, ya
desde aquí podemos advertir que las perversiones son entendidas por Freud
como cuadros en los que no ha habido represión, por lo que son la expresión
directa de las pulsiones; sin embargo, por aquellos tiempos, estando tan
influido por Fliess pensaba que la elección de una perversión o de una
psiconeurosis estaba determinado por “la bisexualidad universal del ser
humano”, sin aclarar aquello a lo que concretamente se estaba refiriendo. Hay
un párrafo particularmente confuso en el que establece que un ser “puramente
masculino” producirá un exceso de descarga masculina en ambos límites
sexuales, generándose, en consecuencia, placer; mientras que en un ser
“puramente femenino” habría un exceso de “sustancia displacentera” también
en ambos extremos. El hecho es que esta perspectiva le permite afirmar que
las mujeres auténticas tienden hacia lo placentero y los hombres hacia lo
intelectual.
Ya que se ha puesto a hablar de las teorías de Fliess (la bisexualidad),
no pierde la oportunidad para establecer la hipótesis de que la distinción entre
neurastenia y neurosis de angustia seguramente reside en los ritmos de 23 y
28 días respectivamente.
30

Pero volviendo al caso de la histeria, Freud está convencido de que ésta


se debe a la acción de un perverso que ha fungido como seductor, de ahí que
invoque un mecanismo de herencia cultural cuando dice que “la herencia se
presenta cada vez más como una seducción por el padre.” 25 De ahí que la
transmisión transgeneracional intercalaría, en la primera generación a un
seductor, y luego, en la generación siguiente, una histeria; aunque no descarta
la idea de que esto pueda suceder en un mismo individuo en distintas épocas
de su vida: primero, en la plenitud de sus fuerzas, el seductor; luego a partir de
un periodo de angustia, una histeria. De esta forma la histeria no resulta del
repudio de la sexualidad sino del repudio de una perversión.
Como a la pasada, al estar hablando de distintas fases madurativas,
Freud habla de zonas erógenas abandonadas, que en vez de promover la
descarga de placer ya sólo serían zonas productoras de angustia -según un
ritmo fliessiano de 28 días. Sin embargo, las limitaciones a esta sexualidad
arcaica sería la génesis del proceso que da lugar a la cultura y la ética, tanto
del sujeto como de la sociedad.
Desde la perspectiva de los síntomas psiconeuróticos, los ataques
histéricos pueden ser vistos como una forma de acción y, como tal, una manera
de acceder al placer y reproducirlo; pero también explica la necesidad
compulsiva de repetir, una y otra vez, el síntoma histérico. De ahí la afirmación
a lo largo de toda la obra freudiana de que el síntoma implica una cierta
descarga y, por tanto, conlleva lo que conocemos como una ganancia primaria
de la enfermedad. Al mismo tiempo, el ataque histérico conserva su función de
llamado, de señal, a ese otro del mundo externo sin el cual no puede cumplirse
la acción específica, “pero sobre todo a ese otro prehistórico e inolvidable que
nunca pudo llegar a ser igualado.”26 En esta frase se alude a la búsqueda
infructuosa del objeto originario, prehistórico (es decir, su dimensión preverbal,
anterior a la representación-palabra del mismo), aquel que ya nunca puede ser
alcanzado por lo que, desde siempre, se habla del objeto perdido.

4.- El cuarto momento, en plena madurez de un pensamiento al que ya


podemos entender como propiamente psicoanalítico, apareció en 1900 en la

25
Op.cit., p. 3555
26
Ibidem
31

obra cumbre del psicoanálisis -La interpretación de los sueños 27- en cuyo
séptimo capítulo expone, desde la métafora de los aparatos ópticos, la
constitución de un aparato psíquico, ya purificado de todo lenguaje neurológico
u organicista; será el aparato psíquico de la llamada primera tópica, que divide
su estructura en tres grandes regiones: la conciencia, el preconsciente y el
inconsciente, cada una de las cuales es regida por leyes propias y regulada por
principios distintos. La primera instancia o Percepción-Conciencia, así como el
Pre-Consciente, están regidos por las leyes del proceso secundario y, por
tanto, sujetos a la lógica, la sintaxis del lenguaje, al tiempo y la causalidad, y al
principio de no contradicción; por el contrario, el Inconsciente se basa en las
leyes del proceso primario, la movilidad de las catexias, y donde no opera ni la
lógica, ni el tiempo, ni las leyes de la sintaxis o la causalidad, sino otros
principio a los que Freud dio el nombre de condensación, desplazamiento y
figurabilidad por medio de imágenes visuales.
5.- Un quinto momento teórico, cuyo inicio podemos fechar en 1923 con
la publicación de El Yo y el Ello28, es aquel en el que Freud resuelve una serie
de contradicciones internas de sus concepciones anteriores, al postular un
aparato psíquico esctructurado a partir de tres instrancias a las que denominó
como Ello, Yo y Superyó. Ahora sólo el Ello es totalmente inconsciente,
mientras que el Yo y el Superyó tienen tanto partes conscientes como
inconscientes. Entre otras cosas, este nuevo esquema permitía dar cuenta del
funcionamiento yóico de los llamados mecanismos de defensa -por definición
inconscientes. También fue la época en la que situó en una posición muy
relevante la importancia de los procesos de identificación, así como la
preeminencia del objeto en el proceso de la constitución del sujeto y su
psiquismo.

Antecedentes

27
Freud, S. (1900): La interpretación de los sueños, en: Obras completas, trad. de Luis López-
Ballesteros, Biblioteca Nueva, 3ª ed., Madrid, Vol. I: 343-720

28
Freud, S. (1923): El Yo y el Ello, en: Obras completas, trad. de Luis López-Ballesteros,
Biblioteca Nueva, 3ª ed., Madrid, Vol. III: 2701-2728
32

 Para entender las formulaciones contenidas en la llamada “segunda


tópica” o, para algunos, punto de vista estructural de la metapsicología,
tendremos que repasar algunos trabajos previos:

 Introducción al narcisismo de 1914


 la Lección XXVI de Lecciones introductorias al psicoanálisis
 Lo siniestro de 1919
 Psicología de las masas y análisis del yo de 1921
.-.-.-
Introducción al narcisismo (1914)

 El concepto de narcisismo no es nuevo en Freud.

 Desde 1909, Freud definió al narcisismo como un estadio intermedio


entre el autoerotismo y el amor objetal -noción que integró a los Tres
ensayos… en una nota a pie de página de 1910, donde, en relación a
los “invertidos” Freud habla de cómo se identifican con la madre y luego
se toman a sí mismos como fin sexual; “esto es, buscan partiendo de
una posición narcisista”. (p. 1178)
.-.-.-
 También en 1910, en su estudio sobre Leonardo de Vinci, hace una
amplia descripción del narcisismo a propósito de la homosexualidad
latente del genio florentino. También en relación con los homosexuales,
Freud menciona cómo en ellos se “pasa al autoerotismo, dado que los
niños objeto de su amor no son sino personas sustitutivas y
reproducciones de su propia persona infantil, a las que ama como su
madre le amó a él en sus primeros años. Decimos entonces que
encuentra sus objetos eróticos por el caminos del narcisismo”. (p. 1599)
.-.-.-.-
 En el estudio sobre el caso Schreber (1911), también tenemos un
antecedente del concepto de narcisismo, en relación a la retracción
libidinal que ocurre en el psicótico. “Investigaciones recientes -dice
Freud- han atraído nuestra atención sobre un estadio de la evolución de
la libido, intermedio entre el autoerotismo y el amor objetal. Tal estadio
33

ha sido designado con el nombre de narcisismo, y consiste en que el


individuo … toma a su propio cuerpo como objeto amoroso…” (pp. 1516-
17).

 La fijación a esta etapa del desarrollo puede dar lugar a la


homosexualidad, pero también constituye el sustrato de “los instintos
sociales” y constituye “la aportación del erotismo a la amistad, a la
camaradería, a la sociabilidad y al amor general a la Humanidad”. (p.
1517)
.-.-.-.-
 Otro antecedente inmediato anterior lo constituyen algunas referencias
contenidas en Tótem y tabú de 1912-13), en donde establece cómo las
pulsiones sexuales, al comienzo de la vida se satisfacen primero en el
propio cuerpo, son autoeróticas, y luego se dirigen hacia los objetos.
Pero en medio de las dos coloca una etapa intermedia: “…hemos dado a
esta nueva fase el nombre de narcisismo. El sujetos se comporta como
si estuviese enamorado de sí mismo…” (p. 1803). A este narcisismo
atribuye Freud la tendencia del primitivoo y del neurótico hacia la
omnipotencia de las ideas.
.-.-.-.-
Introducción al narcisismo (1914)

 Se trata de un artículo de transición, especialmente rico en conceptos


nuevos que ponen en cuestionamiento algunas teorías anteriores y
representa un antecedente fundamental para la compresión de
desarrollos ulteriores.

 1. Hay un cuestionamiento de la teoría instintiva previa que diferenciaba


a los instintos sexuales (el deseo) de los instintos de autoconservación o
del Yo (la necesidad).
 2. Se establece que la libido puede ser narcisista u objetal.
 3. Se adelantan nociones fundamentales sobre los conceptos del Yo y
del Ideal del Yo -es un trabajo donde se adelanta ya el futuro esquema
tripartita del aparato psíquico: Yo, Ello Y Superyó.
34

.-.-.-
 4. Se puede distinguir entre el narcisismo primario, que tiene que ver con
el Yo Ideal, y el narcisismo secundario que inviste al Ideal del Yo.
 5. Sienta las bases para una teoría del amor y del enamoramiento.
 6. Se concede una importancia creciente al concepto de identificación.
 7. Se establecen con mayor base de sustentación las relaciones entre el
narcisismo y la homosexualidad.
 8. Avanza en una teoría sobre la psicosis como una forma de retracción
narcisista de la libido. Otra forma es el proceso del dormir.
.-.-.-
 Freud toma de Paul Näcke el término de narcisismo para definir a los
individuos que se toman a su propio cuerpo como objeto sexual -lo que
constituye una perversión.
 También se basa en la dinámica de la problemática homosexual, pero
para señalar la sospecha de que la localización narcisista de la libido
constituye una fase común del desarrollo.
 En este último sentido, el narcisismo sería el complemento libidinoso del
egoísmo del instinto de conservación.
 Un tercer punto en el que basa sus observaciones tiene que ver
aspectos técnicos, ya que fuertes fijaciones de tipo narcisista en
pacientes neuróticos limitan la eficacia del tratamiento psicoanalítico.
.-.-.-
 En el estudio de las psicosis esquizofrénicas y la paranoia, cuyas
características centrales son los delirios de grandeza y su falta de
interés por el mundo exterior, advirtió que los pacientes han retirado la
libido del mundo exterior -sin conservar dichas relaciones en la fantasía,
como hace el neurótico- y la han depositado en el propio Yo, que
deviene grandioso.

 Como ya había adelantado en Tótem y tabú, el estudio de los pueblos


primitivos y de los niños, con su tendencia a hipervalorar sus deseos y
sus pensamientos -lo que se conoce como “omnipotencia del
pensamiento”- a la vez que suelen conceder un poder mágico a las
palabras y a ciertos ritos -que son los que definen a la magia- son
35

también datos que nos acercan al concepto de narcisismo como una


investidura del Yo como energía libidinal.
.-.-.-
 Freud establece entonces, que la libido puede investir al Yo o al objeto.
A la primera le llamará libido narcisista y, a la segunda, libido objetal.
 La libido objetal tiene su máxima expresión en el amor.

 En este trabajo, Freud propone que las energías psíquicas al principio


están estrechamente unidas y sólo en el curso del desarrollo se
diferencian en la forma de una energía sexual -la libido- y otro tipo de
energía en los instintos del Yo.
.-.-.-
 Para Freud, el neonato no cuenta con una estructura yóica: el Yo “tiene
que ser desarrollado”.
 Al inicio, lo instintos de autoconservación son primordiales.
 Para constituirse el narcisismo, algo se tiene que agregar al
autoerotismo inicial.
 Freud se basa en argumentos biológicos para postular los dos grandes
grupos de instintos fundamentales basados en el hambre y el amor, y
definir, así, los instintos del Yo y los instintos sexuales, respectivamente.
 Los instintos del Yo están al servicio de la preservación del individuo,
mientras que los sexuales sirven a la preservación de la especie, para
perpetuar “el plasma germinativo” dando a cambio, una cierta prima de
placer.
.-.-.-
 Desde cierta perspectiva, la preservación del individuo también está a
servicio de la especie, ya que el código genético determina que los
individuo pueden (deben) morir una vez se han reproducido.
 Es claro que el fundamento de la teoría freudiana de los instintos tiene
un sustrato mucho más anclado en la biología (en este caso, en el
evolucionismo darwiniano) que en la psicología.

 A Freud le preocupó mucho el hecho de constatar que tanto la energía


que inviste al Yo (instintos de autoconservación) como la que inviste al
36

objeto (instintos sexuales) es energía libidinal, es decir, sexual. Esto lo


acercaba peligrosamente al monismo propuesto por C.G. Jung -con
quien ya se había distanciado por haber propuesto una “energía
psíquica indiferenciada”.
.-.-.-.-
 Introducción al narcisismo (1914) II

 Para Freud, así como las vicisitudes de la libido objetal fue la piedra de
toque para la compresión de las neurosis, las psicosis (esquizofrenia,
paranoia), caracterizadas por la retracción narcisista de la libido, serán
de importancia central para el entendimiento de “la psicología del Yo”.

 Otros caminos para el estudio del narcisismo lo constituyen las


enfermedades orgánicas, la hipocondría, el amor normal y los
fenómenos del enamoramiento.
.-.-.-
 Siguiendo la ruta señalada por Ferenczi, Freud advirtió que, durante la
enfermedad orgánica, el sujeto retira sus investiduras depositadas sobre
los objetos y las retrae hacia el Yo, concretamente hasta su Yo corporal.
El sujeto que sufre deja de amar.
 También durante el sueño retraemos la libido del mundo externo para
transformarla en libido narcisista. Ante el deseo de dormir, nos hacemos
egoistas.
 Asimismo en la hipocondría existe una retracción de la libido desde el
mundo exterior para depositarla en el cuerpo (en la representación del
cuerpo); la distinción entre la enfermedad orgánica y la hipocondría
reside en que, en la primera, la libido inviste al cuerpo en función de un
dolor, mientras que en la hipocondría no está presente este factor.
.-.-.-.-
 Basado en el concepto de las zonas erógenas y en la disponibilidad de
prácticamente toda la superficie corporal de comportarse como una zona
erógena, Freud piensa que la carga libidinal del Yo -en este caso del Yo
corporal- puede ser el sustrato donde se instala la hipocondría.
37

 Una pregunta fundamental de Freud es: ¿por qué el estancamiento de


libido en el Yo -como ocurre en la retracción narcisista- es vivido como
displacentero?
 Aunque todo incremento de tensión es, en sí mismo, displacentero
(como ocurre con el incremento de libido en el Yo), resulta, sin embargo,
poco factible que ello explique dicho displacer. Para ello, recurre a decir
que el displacer dependerá de una “cierta función específica de esa
magnitud absoluta”.
.-.-.-.-.
 Freud piensa que cuando la cantidad rebasa en el Yo ciertos límites,
entonces se hace imperativo derivarla hacia los objetos. Si bien es cierto
que un egoísmo intenso protege en contra de la enfermedad, en un
momento dado sólo amando evitamos caer en la enfermedad.
 El aparato psíquico está diseñado, justamente, para evitar excitaciones
que pudieran provocar displacer o que provoquen enfermedad.
 El trabajo de elaboración psíquica es uno de los principales mecanismos
destinados a derivar internamente los montantes de excitación que no
pueden ser descargados; sin embargo, dicha elaboración no tiene la
capacidad para distinguir entre objetos reales e imaginarios. Por tanto, la
orientación libidinal hacia objetos irreales (introversión) puede provocar
su estancamiento. La enfermedad sería el intento de curación que se
hace ante dicha estasis libidinal.
.-.-.-.-
 Para Freud la diferencia fundamental entre las neurosis y las psicosis
deriva del hecho de que en las primeras la libido objetal frustrada
permite una derivación hasta las fantasías y que se hagan
transferencias, mientras que en las segundas la libido al retraerse al Yo
y hacerse narcisista impide dicho fenómeno sobre la figura del analista
y, por tanto, las hace inaccesibles al psicoanálisis.

 La angustia de las neurosis de transferencia promueve un trabajo de


elaboración psíquica, ya sea a través de mecanismos conversivos, por
formaciones reactivas o por la constitución de dispositivos protectores
(fobias).
38

.-.-.-.-
 En la parafrenia (demencia precoz o esquizofrenia), el desligamiento
parcial de la libido de sus objetos provoca tres grupos de fenómenos:

 1.- Los que quedan en un estado de normalidad o de neurosis


(fenómenos residuales)
 2.- Los del proceso patológico (la desinvestidura de los objetos, la
megalomanía, la perturbación afectiva, la hipocondría, todo tipo
de regresiones)
 3.- Los de restitución (que vuelven a investir a los objetos, a la
manera de la histeria -en la forma de una demencia precoz- o de
la neurosis obsesiva -en la forma de una paranoia).
.-.-.-.-
 Un tercer acceso al estudio del narcisismo lo constituye la vida erótica
de los seres humanos.

 Sabemos que las primeras gratificaciones sexuales autoeróticas derivan


de la satisfacción de necesidades de autoconservación; de ahí que
Freud postule que los instintos sexuales se apoyan en los del Yo y que,
sólo más adelante, se independizan de estos.
 Las personas con conducta maternal hacia el bebé se constituyen en
sus primeros objetos sexuales, objetos que luego se instauran en el
prototipo de la libido objetal, de apoyo o anaclítica.
 A este tipo de elección, se opone la llamada elección narcisista de
relación objetal que ocurre cuando ha habido alguna perturbación en el
desarrollo libidinal.

.-.-.-.-.—
 Existen diferencias fundamentales entre hombre y mujeres en la
elección de objeto.

 En el hombre es característica la elección de objeto conforme al


tipo de apoyo o anaclítico. En los estados de enamoramiento
39

converge la hiperestimación del objeto con un empobrecimiento


de la libido yóica.
 En la mujer es frecuente que se dé un incremento del narcisismo
primitivo derivado de la pubertad y de la aparición de los
caracteres sexuales secundarios. Por tanto, sólo se aman a sí
mismas; no necesitan amar, sino ser amadas.
 Entre otras cosas, Freud las compara, por su apariencia de
autosuficiencia y de inaccesibilidad, con el narcisismo de los
niños, de los gatos y las grandes fieras. También es el tipo de
narcisismo que encontramos en los humoristas y los criminales.
.-.-.-.—
 Claro, las mujeres también pueden amar de una forma
“masculina”; son las que se han sentido masculinas desde antes
de la pubertad y han seguido en su desarrollo una parte de la
trayectoria masculina. Luego que esta aspiración masculina
queda rota con la madurez conservan, sin embargo, la manera
masculina de amar.
 También puede suceder que la mujer narcisista encuentre el
camino del amor objetal a través del hijo, que es una parte de su
propio cuerpo aunque puesto en el afuera. Así, pueden
consagrarse a un amor objetal sin abandonar por eso el
narcisismo.
.-.-.-.—
 En resumen, se ama:
 1° Conforme al tipo narcisista
 a) Lo que uno es (a sí mismo)
 b) Lo que uno fue
 c) Lo que uno quisiera ser
 d) A la persona que fue una parte de uno mismo

 2° Conforme al tipo de apoyo o anaclítico


 a) A la mujer nutriz
 b) Al hombre protector
.-.--.-
40

 En relación al narcisismo primario del niño, lo que Freud apunta es la


sobrevaloración a la que el bebé es sometido por sus padres, pues este
representa una revivencia y reproducción de su propio narcisismo.
 Los padres niegan en sus hijos la existencia de la enfermedad y la
muerte, así como la necesidad de renunciar a ciertos placeres y la
limitación de la voluntad propia; para ellos no rigen ni ciertas leyes de la
naturaleza ni de la sociedad.
 His Majesty the Baby, será el centro y nódulo de la creación. Deberá
realizar los deseos incumplidos de sus progenitores: ser un gran
hombre, un héroe, o una bella mujer y casarse con el príncipe del
cuento.
 Los padres se aferran a la fantasía de inmortalidad a través de su
“continuación” en los hijos.
.,-.-.-.—
Introducción al narcisismo (1914) III

 El narcisismo primitivo infantil está sujeto a diversas amenazas, entre


ellas, la que deriva del llamado “complejo de castración”: la amenaza de
pérdida del pene en el niño y la envidia del pene en la niña.
 Sin embargo, al polemizar con A. Adler y su énfasis en la “protesta
masculina”, Freud puntualiza: “para mi resulta completamente imposible
fundar la génesis de la neurosis sobre la estrecha base del complejo de
castración, por muy poderosamente que el mismo se manifieste también
en los hombres bajo la acción de las resistencias opuestas a la
curación.” (Intr. al narc., p. 2028)
.-.-.-
 Dado que en el adulto vemos muy disminuida la megalomanía infantil y
su narcisismo, ¿qué es lo que ha sucedido con la libido del Yo?
 Freud contesta diciéndonos que la libido ha sucumbido a la represión
patógena cuando entra en conflicto con las representaciones éticas y
culturales del individuo.
 Dicha represión parte de la “autoestima del Yo”: el sujeto ha construido
un ideal con el cual compara los rendimientos de su Yo. La formación de
este ideal sería, entonces, la condición de la represión.
41

 “A este Yo ideal se consagra el amor ególatra de que en la niñez era


objeto el Yo verdadero” -dice Freud- por lo que el narcisismo se
desplaza sobre este Yo ideal. Lo proyectado ante sí como su ideal es la
sustitución del perdido narcisismo infantil.
.-.-.-
 Al comparar este Ideal del Yo con la sublimación, lo que a veces algunos
confunden, Freud deja claro que el primero tiene que ver con un
engrandecimiento del objeto, mientras que la segunda tiene que ver con
el instinto que se orienta sobre un fin distinto y alejado de la gratificación
sexual.

 Aquí hay que aclarar que Freud, en este trabajo pionero, aún nombra
indistintamente Yo ideal e Ideal del Yo, haciéndolos sinónimos. Sin
embargo hay que distinguirlos, ya que:
 El Yo ideal se refiere al narcisismo primario; es decir, al Yo
hedónico o Yo placer.
 El Ideal del Yo es el depositario del narcisismo secundario, es
heredero del Edipo negativo y se alimenta de la libido homosexual
de esa etapa de idealización del padre.
.-.---
 La acción de este Ideal del Yo habitualmente eleva las exigencias al Yo
y, por tanto, favorece el proceso de represión.
 De alguna manera, esta instancia psíquica cumpliría las funciones de
una suerte de “conciencia moral” -lo que constituye un claro antecedente
del concepto de Superyó que establecerá en 1923 en El Yo y el Ello.
 Pero desde este trabajo define a esta función (Ideal del Yo) como un
poder que observa, advierte y critica las acciones del sujeto -instancia
psíquica que también relaciona con ciertos delirios de ser observados o
de pensamiento sonoro que vemos en los paranoicos.
 Es claro que este Ideal del Yo se formó como la interiorización de la
influencia crítica de los padres, educadores, maestros, opinión pública,
etc.
.-.-.-.-
42

 Esta conciencia crítica también esta al servicio de la introspección


-donde Freud equipara a los sistemas filosóficos con sistemas delirantes
de los paranoicos. Sin embargo, aquí Freud desliza el concepto de Yo
observador como sinónimo de Ideal del Yo, confusión que luego será
deslindada en desarrollos posteriores del psicoanálisis. De ahí que se
refiera a los fenómenos de autoobservación señalados por Silberer en
los sueños.
 Autoobservación es distinto de autocrítica, pero Freud está en lo cierto
cuando equipara a la censura de los sueños con el Ideal del Yo descrito
por primara vez en este trabajo.
 A través de la interiorización de esta instancia crítica, Freud establece un
mecanismos de transmisión transgeneracional de normas y leyes
morales, por lo que el Ideal del Yo viene a ser una suerte de “historia
evolutiva de las conciencias regresivamente reproducidas.”
.-.-.-..-
 Partiendo de este concepto de Ideal del Yo, Freud estudia la autoestima
tanto en el normal como en el neurótico.

 Relaciona la autoestima con la libido narcisista, de ahí que un


empobrecimiento libidinal del Yo sea una de las principales causas de su
disminución.

 Si hay algo que disminuye la autoestima es la percepción de una


impotencia para amar -ya sea por perturbaciones físicas o mentales.
Esta disminución puede llegar a promover un doloroso sentimiento de
inferioridad.
.-.-.-.-
 La relación de la autoestima con el erotismo sigue las siguientes
fórmulas:

 a) Cuando las cargas de libido son ego-sintónicas, el amor es


estimado como cualquier actividad del Yo. El amor, en sí mismo,
disminuye la autoestima, mientras que el ser amado la incrementa
43

 b) Cuando la libido ha sido reprimida, en cuyo caso la vivencia es


de un grave vaciamiento del Yo, hay una imposibilidad de que el
amor sea satisfecho, por lo que el enriquecimiento del Yo sólo
puede hacerse retrayendo de los objetos las cargas libidinales
que los investían y poniéndolas de nueva cuenta en el Yo.
.-.-.-.-
 El Yo evoluciona alejándose del narcisismo primario, desplaza la libido
sobre un Ideal del Yo (incorporado desde un modelo del exterior) y se
gratifica dando cumplimiento a dicho Ideal.
 Una parte de la autoestima es primaria: es el residuo del narcisismo
primario infantil; otra parte procede del cumplimiento del ideal; una
tercera parte viene de la satisfacción de la libido objetal.
 Cuando no se forma dicho Ideal del Yo, la satisfacción libidinal toma la
forma de una perversión; es decir, cuando la libido no se sujeta a una
represión por parte del Yo.
 El enamoramiento, al levantar las represiones puede actualizar cierta
tendencia a las perversiones.
.-.-.-.-
 Este Ideal del Yo abre un camino para la comprensión de los fenómenos
observados en la psicología colectiva -que Freud desarrollará en 1921
en Psicología de las masas y análisis del Yo donde analizará el papel
que juega la depositación del Ideal del Yo en el líder de la masa.
 También nos adelanta la noción de que el incumplimiento de las normas
dictadas por el Ideal del Yo se paga con sentimientos de culpa -que
derivan del miedo a ser castigado o de perder el amor de los padres.
 La noción de incorporación de los ideales parentales, abre el camino a la
creciente importancia de la noción de identificación, de valor central para
entender los conceptos de Yo y de Ideal del Yo -que en este trabajo ya
se esbozan claramente como instancias psíquicas.
.-.-.-.-
 Resumiendo, Introducción al narcisismo es un trabajo en el que Freud
adelanta, entre otros muchos conceptos importantes, la llamada teoría
estructural o segunda tópica, ya que comienza a hablar del Yo como una
instancia psíquica (y no como sinónimo de sujeto o persona, como lo
44

había hecho antes) y adelanta el concepto del Superyó -a través de este


precursor denominado Ideal del Yo- al que adjudica funciones de Ideal,
pero también de autoobservación y de instancia crítica.
 La distinción entre Yo ideal e Ideal del Yo, aún amalgamada en este
trabajo, sólo se hará mucho tiempo después.
.-.-.-.-
 Lecciones introductorias al psicoanálisis (1915-1917)
Lección 26: La teoría de la libido y el narcisismo.

 En esta lección 26, Freud repite muchos de los conceptos vertidos en


Introducción al narcisismo, aunque, como ocurre con frecuencia en
los escritos freudianos, no dejan de ser importantes ciertos detalles y
puntualizaciones al tiempo que también introduce algún adelanto teórico.
.-.-.-.-.-
 Los instintos sexuales pueden entrar en conflicto con los instintos del Yo.
 Cada grupo instintivo sigue caminos distintos tanto en su desarrollo
como en relación con el principio de realidad.
 Los instintos sexuales tienen más que ver con los afectos de angustia.
 Freud se pregunta: estos dos grupos instintivos, ¿son diferentes o
pertenecen al mismo grupo?
 La sexualidad enlaza al individuo con los dictados de la especie.
 El conflicto en las neurosis de transferencia se establece entre el Yo
como ser individual e independiente y el Yo como eslabón en la cadena
de las generaciones.
.-.-.-.-.-
 Habitualmente se denomina “libido” a la energía derivada de los instintos
sexuales, mientras que hablamos de “intereses” cuando están en juego
los instintos de autoconservación.
 Aunque la libido suele estar adherida a los objetos, puede retraerse e
investir al Yo; es decir, hacerse narcisista.
 Originalmente la libido es narcisista, sólo ulteriormente surge el amor a
los objetos.
45

 Los instintos sexuales son originalmente autoeróticos, es decir, se


satisfacen en el propio cuerpo. Este autoerotismo es la actividad sexual
de la fase narcisista de la libido.
 Freud recurre a la metáfora de la amiba y sus pseudópodos para
explicar la dinámica de la libido objetal y la libido narcisista.
.-.-.-.-
 Vuelve a recurrir a los ejemplos del enamoramiento, la enfermedad
orgánica y el reposo nocturno para ejemplificar la retracción narcisista de
la libido.
 El dormir es un ejemplo típico de una retracción normal de la libido a un
estado de narcisismo absoluto.
 El egoísmo es lo que es útil para el individuo, mientras que al hablar de
narcisismo incluimos la satisfacción libidinal.
 Lo contrario del egoísmo es el altruismo en el que se renuncia a todo
deseo de satisfacción libidinal.
 En la enfermedad orgánica, la libido se desprende de sus objetos y
retorna al Yo -específicamente, al Yo corporal- como una investidura
hacia el órgano enfermo.
.-.-.-.-
 De la misma manera, en la hipocondría la libido regresa desde el objeto
al cuerpo pero sin mediar enfermedad orgánica alguna.

 Sólo al examinar los conflictos de los que nacen las neurosis de


transferencia se ha podido distinguir entre libido e interés; es decir, entre
instintos sexuales e instintos del Yo.
 Las neurosis narcisistas son las que nos han ayudado a entender cómo
la libido objetal puede transformarse en libido narcisista.
 La retracción libidinal al Yo no es directamente patógena (ocurre
normalmente durante el dormir); sin embargo, cuando ocurre que la
libido narcisista ya no puede encontrar el camino que de nuevo conduce
a los objetos, entonces disminuye su movilidad, se estanca. Es un
proceso al que Freud otorga un gran parecido con la represión.
.-.-.-.-
46

 Es un hecho de observación que en las neurosis narcisistas los puntos


de fijación libidinal corresponden a fases mucho más precoces que en
las neurosis histérica y obsesiva.
 Los síntomas de la demencia precoz sólo en parte derivan del
desligamiento de la libido de sus objetos y de su acumulación como
libido narcisista; también tienen que ver con los intentos de la libido para
volver a investir a los objetos, como una forma de restablecimiento o
curación.
 Sin embargo, la libido no logra investir a los objetos sino sólo a las
imágenes verbales que les corresponden.
 El estudio de las psicosis le permite a Freud profundizar sobre el estudio
del Yo como instancia psíquica. Se inicia la investigación de lo que él
mismo llamó la “psicología del Yo”.
.-.-.-.-.-
 La manía de grandeza de los parafrénicos (esquizofrénicos y
paranoicos) deriva de la investidura libidinal del Yo, en la forma de un
narcisismo secundario, con los montantes de energía retirada de los
objetos.
 De ahí que la elección homosexual de objeto se halle más próxima al
narcisismo que la elección heterosexual.
 Las elecciones objetales que se dan luego de superada la etapa
narcisista pueden evolucionar de dos maneras distintas:
 Según la modalidad narcisista en donde el Yo del sujeto queda
reemplazado por otro objeto muy semejante a sí mismo.
 Según la modalidad de apoyo o anaclítica en donde el objeto es
elegido siguiendo el modelo de las figuras parentales que le
brindaron cuidado durante la infancia.
.-.-.-.-.-
 En la melancolía vemos un caso de elección narcisista de objeto ya que,
cuando se pierde al objeto, el sujeto lo vive como una pérdida de una
parte de su propio Yo -dado el proceso de identificación con el objeto
perdido. Esta identificación explica que los reproches con los que los
melancólicos de torturan son, en realidad, reproches dirigidos hacia el
47

objeto perdido en virtud de su ambivalencia hacia el mismo. El sujeto


cobra venganza del objeto perdido agrediéndose a sí mismo.

 Al lado de la identificación narcisista -prototípica de la melancolía-


también están las formas histéricas de identificación.
.-.-.-.-.-
 Gracias al estudio de las problemáticas narcisistas, Freud ahonda en el
estudio de la instancia yóica. De esta manera advierte que dentro del
propio Yo, existe:
 Una instancia que observa, critica y compara de manera continua
al propio Yo, al que se lo opone.
 La construcción de esta instancia denominada Yo ideal se lleva a
cabo durante el desarrollo y su gratificación restablece el estado
del narcisismo primario infantil
 La instancia autoobservadora nos remite a aquel concepto de
censura o conciencia moral, ya conocido desde La
interpretación de los sueños.
 Freud ya habla en esta conferencia del mecanismo de la identificación
como del sustrato causal gracias al cual se establecen estas estructuras
dentro del Yo.
.-.-.-.-
 Como podemos ver, Freud funde -y confunde- en esta etapa de su
teorización una serie de conceptos, todos ellos derivados de la
investigación de la estructura del Yo.
 No sólo persiste la indistinción entre el Yo ideal (Yo hedónico del
narcisismo primario) y el Ideal del Yo (depositario del narcisismo
secundario), sino que engloba bajo términos casi sinónimos, estructuras
yóicas luego diferenciadas.
 De esta manera, hay que distinguir dentro del Yo:
 A un Yo observador.
 A una instancia crítica -luego denominada Superyó.
 A un Ideal del Yo.
 A un Yo ideal.
.-.-.-.—
48

 Pese a la noción de que la energía de los instintos sexuales y la de los


instintos de autoconservación (o instintos del Yo) es la libido sexualis,
Freud conserva, sin embargo, la noción de conflicto entre unos y otros,
entre los imperativos de la especie -los instintos sexuales- y los del
individuo -los instintos del Yo.

 De ahí que, al final de esta Lección 26, aún sostenga: “¿No sabemos
acaso que lo que caracteriza a la libido es su negativa a someterse a la
realidad cósmica a Ananké?
.-.-.-.-
 Como podemos ver, la revolucionaria concepción de libido objetal y
libido narcisista, derivada de Introducción al narcisismo y ratificada en
esta lección, que implicaba que ambos grupos instintuales estaban
regidos por el mismo tipo de energía, no invalidó, sin embargo, la noción
de conflicto entre uno y otro tipo de instintos, pese a la dificultad teórica
que implicaba el seguir sosteniendo dicha concepción.
 De hecho, los descubrimientos freudianos hasta este momento
implicaban, en estricto sentido, la noción teórica de un solo instinto que
podía aplicarse tanto a la conservación del individuo como a la
conservación de la especie.
.-.-.-.-.-
 Esto tenía dos importantes implicaciones: una de tipo político y otra de
orden teórico.
 Desde la perspectiva política, la noción de libido objetal y libido
narcisista, es decir, la identidad energética entre ambos grupos de
instintos, tendía a que Freud hubiese tenido que darle la razón a C.G.
Jung quien siempre pugnó por el reconocimiento de una sola fuerza
instintiva en los seres humanos.
 En lo teórico, la postulación de una sola fuerza instintiva derivaba en la
dificultad para sostener la teoría del conflicto, al menos tal como la había
sostenido Freud para explicar a las neurosis.
.-.-.-.-.-
49

 De ahí la importancia y los esfuerzos de Freud para poder restablecer la


teoría del conflicto entre fuerzas instintivas.

 Esta situación sólo pudo lograrse en 1920, cuando Freud postuló la


existencia de dos fuerzas en pugna: los instintos de vida y los instintos
de muerte, en su memorable artículo de 1920, Más allá del principio
del placer.

 Estas dos fuerzas pronto rebasaron su dimensión humana para


transformarse en fuerzas cósmicas, a la manera como siglos antes
había postulado Empédocles de Agrigento.
.-.-.-.-
 Pero antes de pasar a las consecuencias que se desprenden de los
desarrollos teóricos de Freud en el campo de la teoría de las pulsiones,
es necesario ahondar en su teoría de la identificación.

 Con este fin deberemos de pasar revista a dos importantes trabajos, el


primero de ellos -titulado Lo siniestro, de 1919- como una suerte de
preparación al tema, y el segundo -Psicología de las masas y análisis
del Yo, de 1921- que contiene el pleno desarrollo de una teoría de la
identificación.
.-.-.-
Lo siniestro (1919)

 Se trata de un trabajo freudiano que preludia gran parte de los


desarrollos posteriores, principalmente aquellos -como el concepto de
compulsión a la repetición- que aparecerán en Más allá del principio
del placer del año siguiente.
 Aunque se origina con una discusión acerca de la estética, pronto Freud
aborda el tema de aquello que, no esperando el sujeto que surja,
emerge de repente a la conciencia, dando la sensación de lo siniestro.
 Lo siniestro, de esta manera, viene a ser aquello que pese a ser muy
familiar resulta a la vez desconocido; cuando el sujeto vuelve a tomar
50

contacto con aquello conocido pero hasta entonces exitosamente


reprimido, emerge la desagradable sensación de lo siniestro.
.-.-.-.
 Heimlich viene a ser lo familiar, lo íntimo, de confianza; mientras que
unheimlich es -siguiendo a Schelling- todo aquello que, “debiendo
permanecer secreto, oculto… no obstante, se ha manifestado” (p. 2487),
en otras palabras la sensación de lo siniestro emerge cuando hay una
falla en la represión o la desrepresión de un contenido hasta entonces
sepultado en el inconsciente.
 Una de las formas usadas en la literatura para que se de el sentimiento
de lo siniestro es presentar al lector la duda acerca de si un personaje es
una persona o un autómata.
Ernst Theodor Amadeus Hoffman (1776-1822), escritor y compositor
alemán, una de las figuras más representativas del romanticismo alemán.
Nació en Königsberg, Prusia Oriental, el 24 de enero de 1776; era hijo de un
abogado. Su tercer nombre era originalmente Wilhelm, pero más tarde decidió
cambiarlo por el de Amadeus como tributo de admiración y en honor del
compositor Wolfgang Amadeus Mozart. Hoffmann estudió Derecho en la
Universidad de Königsberg pero sólo lo ejerció un corto periodo antes de
dedicarse a la pintura, la crítica musical y la composición. Desde 1814 estuvo
en la Administración civil prusiana en Berlín. Pero Hoffmann es conocido sobre
todo como un gran escritor dado que en sus obras de ficción supo combinar lo
grotesco con lo sobrenatural, así como plasmar un intenso realismo
psicológico. Estos cuentos fantásticos son en los que Offenbach basó su
célebre ópera Los Cuentos de Hoffmann (1880) y, Léo Delibes basó su no
menos famoso ballet Coppélia (1870) en un cuento de Hoffman titulado El
hombre de arena. De la misma manera, el personaje del Kapellmeister Kreisler
también inspiró la obra para piano Kreisleriana del compositor alemán Robert
Schumann. Pero sin lugar a duda la más famosa de las obras musicales
basadas en las historias de Hoffmann es la que inspiró a Tchaikovski uno de
los ballets más famosos del mundo. El cuento tiene el título de Cascanueces y
el Rey de los Ratones e inspiró al gran compositor ruso esta gran obra musical.
Lamentablemente los problemas laborales de Hoffman, así como su
alcoholismo, le harían sufrir de muchas dificultades económicas, además de
51

afectar su salud. Hoffmann falleció prematuramente en Berlín el 25 de junio de


1822, a causa de una parálisis progresiva
Pero es especialmente en una de sus obras -la examinada por Freud en
este trabajo- donde se logra este cometido de lo siniestro dotando de vida a
una autómata. Se trata de El hombre de arena, aunque Freud tambien
examina, pese a que lo hace de manera muy escueta, otra obra titulada Los
elíxires del diablo, en donde el sentimiento de lo siniestro emergiendo en
relación a la figura del doble (doppelgänger). Animado por la lectura y el éxito
de El Monje (CD 4) (GOT 3) de Matthew G. Lewis, Hoffmann madura la idea de
Los elixires del diablo, para poner sobre el papel en poco más de un mes -en
una suerte de trance al borde de la locura- la espeluznante historia, contada en
primera persona, de la vida del monje Medardo, que viene al mundo marcado
por el estigma de una simiente maldita, cuyo origen se remonta a un horrible e
inconfesable crimen cometido por uno de sus antepasados. Pero, a pesar de
que su atormentada conciencia le conduce poco a poco hacia el laberinto de la
locura, su futuro no está totalmente sellado, ya que siempre queda un resquicio
de libertad que, con ayuda de la gracia divina, le permite luchar para alcanzar
su salvación.

Es extraño que Freud no se haya referido a un aspecto de la obra escrita de


E.T.A. Hoffman y es la referencia a la presencia del mal o de lo maligno
impregnando a sus cuentos de una atmósfera nocturna, de terror y de
perversidad. Si tenemos en cuenta que Lo siniestro de Freud es una obra que
merece ser descrita como el preludio de la postulación de una pulsión de
muerte en Más allá del principio del placer escrita sólo apenas un año después,
es notoria la ausencia de referencias a esta característica tan central en la obra
del cuentista alemán –característica que, por otra parte, no dejó de ejercer su
poderosa influencia en autores tan destacados como Charles Baudelaire, Hans
Christian Andersen y Edgar Allan Poe.

.-.-.-.-
52

 Freud hace un análisis del Hombre de arena con el fin de destacar


ciertos aspectos confusionales en Nathaniel, quien perseguido por una
intensa ansiedad de castración no puede distinguir entre el Hombre de
arena y el abogado Coppelius. Luego piensa que su perseguidor es el
óptico Giuseppe Coppola.
 Con un largavista que compra al óptico, Nathaniel se dedica a espiar la
casa de Spalanzani, de cuya hija Olimpia se ha enamorado, sin advertir
que la inmóvil mujer es, en realidad un autómata.
 Es interesante anotar todas las conexiones referidas a los ojos: el
hombre de arena saca los ojos a los niños que no se duermen, Coppola
es un óptico, Nathaniel mismo es un voyeurista que espía sin ser visto a
Olimpia y, cuando se suicida, su última palabra es para decir: “bellos
ojos”.
.-.-.-.-
 También hay que destacar que Nathaniel se enamora de una muñeca
-Olimpia- inmóvil e inerte, es decir, muerta; situación que coincide con el
hecho de que cuando finalmente se compromete con su novia y va a
casarse con ella, su locura le hace estar a punto de matarla.
 Por tanto, el tema de la muerte en forma de homicidio o de suicidio
resulta muy central en la obra.
.-.-.-.-.-
 Para Freud, sin haber leído a M. Klein, la imagen del padre se halla
escindida entre un padre malo que amenaza con sacarle los ojos al niño
y uno bueno que lo protege e intercede por él.
 En Los elíxires del diablo, Hoffman logra el efecto de lo siniestro gracias
al manejo del fenómeno del doble como una forma del retorno de lo
reprimido.
 Freud nos recuerda que ya Rank había relacionado el fenómeno del
doble con los conceptos de alma y con el significado que se da a la
propia sombra -lo cual está íntimamente vinculado con el miedo a la
muerte, ya que el doble -por ejemplo, en el mito del alma- es una forma
de negar la inescapable presencia de la muerte.
.-.-.-.-.
53

 Otra de las formas del fenómeno del doble es la siniestra constatación


de que hay un “otro” dentro de nosotros mismos que determina nuestra
conducta aunque no tengamos advertencia de ello: es el caso del mundo
del inconsciente, como lo ejemplifica Freud al relatar un episodio en
donde por tres veces consecutivas trata de apartarse de una calle de
prostitutas, sin lograrlo.
 Toda repetición no deliberada nos conecta con esa sensación del doble
-el inconsciente- y de lo siniestro.
 Otras formas de lo siniestro tienen que ver con el mundo de la muerte,
los cadáveres y el retorno de los muertos; también se ve en el animismo,
la magia, la compulsión a la repetición y en el sentimiento de
omnipotencia del pensamiento. Finalmente en fenómenos como la
locura y la epilepsia, donde el sujeto pierde la posibilidad del control.
.-.-.-.-.-
 No hay que olvidar que Otto Rank había escrito, desde 1914, una bella
monografía dedicada al tema de el doble, escrito en el que basa Freud
algunos de los conceptos vertidos en Lo siniestro.
 En este trabajo Rank pasa revista a una serie de obras de la literatura
que abordan el tema del doble (el alma, la sombra, la imagen en el
espejo, el gemelo idéntico, etc.) y su relación con el narcisismo y con los
instintos de autoconservación.
 Distingue entre otros, el doble alucinatorio, el doble gemelar, el doble
fraterno (como en el mito de Narciso) y el amor al doble de distinto sexo.
.-.-.-.-
Psicología de las masas y análisis del Yo (1921)

 Obra fundamental para entender la evolución del pensamiento freudiano


hasta desembocar en la segunda tópica o teoría estructural de la mente.
 Aunque poco tiene que ver con Más allá del principio del placer,
publicada apenas un año antes es, sin embargo, el antecedente
inmediato de El Yo y el Ello de 1923 dada la importancia prestada a la
teoría de la identificación y al concepto de Ideal de Yo cuya definición
encuentra una mejor formulación en esta obra.
54

 Continuación de muchas de las nociones esbozadas en Tótem y tabú de


1913 y de Introducción al narcisismo de 1914, Psicología de las masas y
análisis del Yo avanza un paso más en nuestro conocimiento de la
anatomía estructural del psiquismo.
.-.-.-
I. Introducción

 Desde el comienzo de este escrito, Freud establece una suerte de


ecuación de igualdad entre la psicología individual y la social. “En la vida
anímica individual aparece integrado siempre ‘el otro’, como modelo,
objeto, auxiliar o adversario…” (p. 2563).
 Freud opone los fenómenos sociales como una especie de antípoda del
narcisismo.
 Al mismo tiempo, nos introduce a la importancia creciente de la noción
de vínculo como fenómeno de ligadura, así como la idea de una fuerza
que cohesiona al Yo. Se va perfilando la definición de instinto de vida
como algo diferente, desde le perspectiva conceptual, de los instintos
sexuales.
 El sujeto es parte de un linaje, de un pueblo, de una casta; deriva de una
tradición.
.-.-.-.-
II. El alma colectiva, según Le Bon

Con base en la Psicología


de las multitudes de Gustave
Le Bon, discute los fenómenos
regresivos que se dan en las
Masas.

Nuevamente, aborda el problema


del vínculo que cohesiona a los
integrantes de la masa. Poco a
poco se va delineando lo que
luego será una característica
55

central del instinto de vida.


.-.-.-.-.-
 Cuando Freud afirma que “nuestros actos conscientes se derivan de un
sustrato inconsciente formado, en su mayor parte, por influencias
hereditarias” (p. 2565), está afirmando que la vida colectiva ancestral es
la que determina buena parte de nuestra conducta.
 En la masa, el primer efecto que notamos es la desaparición de la
conciencia moral -lo que luego será el Superyó- por lo que suele dar
rienda suelta a los instintos, de lo que deriva un gran sentimiento de
poder y omnipotencia. Como si se liberara el Yo hedónico.
 También -nos advierte- esto da pie a que aparezca todo lo malo que
alberga el alma humana, dado que lo que conocemos como conciencia
moral no es más que angustia social.
.-.-.-.-
 Lo segundo notorio en el comportamiento de las masas es la tendencia
al contagio, muy ligado al tercer factor, que es la sugestibilidad.
 Por tanto, la masa promueve -según G. Le Bon:
 Un estado regresivo que da pie a una sensación de poder
ilimitado por la liberación de los instintos sádicos y crueles,
aunque también pueden despertarse sentimientos altruistas.
 El fenómeno del contagio psíquico entre sus integrantes.
 Un alto grado de sugestibilidad.
 Una clara disminución de la actividad intelectual.
 Incremento correlativo de la impulsividad, la irritabilidad y la
obediencia a los dictados del inconsciente.
 Incremento de la credulidad con una disminución del sentido
crítico, de ahí que aparezcan contradicciones sin conflicto.
 El pensamiento tiende a realizarse a través de imágenes, es
decir, obedece a las leyes del proceso primario.
.-.-.—
Finalmente, las multitudes son muy
susceptibles al influjo mágico de la palabra.
56

Tampoco tienen aprecio por la


noción de verdad, prefieren vivir de
ilusiones.

Lógicamente, en la masa no se da
una distinción entre lo real y lo
irreal; predomina la realidad psíquica
sobre la “realidad objetiva”.

Por tanto, las multitudes necesitan


de un jefe o guía de prestigio que
determine y conduzca sus acciones.
.-.-.-.-
III. Otras concepciones de la vida anímica colectiva

 Ya Sighele había adelantado que en las masas se da una inhibición de


la función intelectual y un incremento de la afectividad; sin embargo,
agrega Freud, aunque la creatividad se da en solitario, hay que
reconocer que debemos a las masas la creación del lenguaje, las
canciones populares, el folclore, los mitos, etc.

 Un breve repaso a la obra del libro The Group mind, de William


McDougall introduce el tema de las masas organizadas (group) y su
distinción de las desorganizadas o multitudes (crowd).
.-.—
 Los individuos de las masas
organizadas tienen en común:

 Una comunidad de intereses y


afectos.
 Un incremento de la afectividad.
 Contagio de afectos.
 Sensación de omnipotencia.
57

 Sugestibilidad.
.-.-.-.-
 Además, McDougall describe como la masa incrementa la sintonía
emocional entre sus componentes, dándose una suerte de sintonía
emocional o inducción recíproca.
 Este autor enumera cinco condiciones que son propias de las masas
organizadas:

 Una continuidad temporal y una permanencia en ciertos roles.


 Que se hayan creado vínculos afectivos entre sus integrantes.
 La relación con otros grupos organizados, enemigos incluidos.
 Que la masa desarrolle usos y costumbres propios, es decir, una
cultura que la individualice.
 Una articulación de roles especializados dentro de la masa.

 En otros términos, las masas organizadas son grupos con altos grados
de secundarización.
.-.-.-.-
IV. Sugestión y libido.

 Partiendo de la base de que el individuo inserto en la masa experimenta


una modificación de su actividad psíquica consistente en una gran
intensificación de su vida afectiva y una disminución de su rendimiento
intelectual, Le Bon basa dichos cambios en dos fenómenos: la sugestión
y el prestigio del líder.
 Es claro que los seres humanos tienden a sentir aquellos afectos que
observan en otros como una especie de imitación.
 Pero todos estos factores, sugiere Freud, dependen en estricto sentido
de la sugestión o sugestibilidad.
 Para explicar los vínculos que mantienen unidos a los individuos en la
masa, Freud recurre al factor de la libido, entendida esta como la
energía del instinto sexual, la misma que invoca Platón para hablar del
Eros universal.
.-.-.-.-
58

 Sería interesante analizar este cambio de terminología, iniciado en Más


allá del principio del placer, el año anterior, ya que pensamos existe una
considerable distancia entre los llamados instintos sexuales y el instinto
de vida o Eros.
 Freud mismo nos dice que “se empieza por ceder en las palabras y se
acaba a veces por ceder en las cosas” (p. 2577) lo que puede aplicarse
a éste cambio, ya que el fin último de los instintos sexuales era la
descarga, mientras que en el Eros vemos a una fuerza que promueve la
unión, la vinculación y la formación de conglomerados cada vez más
complejos. ¿Se ha llegado con esto a dulcificar aquel concepto original
de instinto sexual?
 La cohesión de la masa se debe a Eros, o sea, al amor.
.-.-.—
V. Dos masas artificiales: la iglesia y el ejército.

 Las masas artificiales como la iglesia (católica) y el ejército se basan en


un atributo común: la ilusión de la presencia (visible o invisible) de un
jefe (Cristo o el general en jefe) que ama por igual a todos los miembros
de la colectividad.
 En estos dos grupos, el vínculo es doble: hacia el jefe o líder y hacia los
compañeros de religión o de armas.
 Cuando dichos vínculos libidinales se rompen, la masa puede entrar en
fenómenos de pánico, como ocurre con la muerte del jefe de la tropa en
el ejército y con la situación ficticia descrita en la novela When it was
dark donde la puesta en entredicho de la resurrección de Cristo
ocasiona el derrumbe de la Iglesia.
 Este ejemplo parecería sugerir que los vínculos libidinales, además de
unir a la gente, neutralizan a los componentes hostiles y destructivos,
que aparecen bruscamente cuando se rompen dichos vínculos
libidiinales.
.-.-.-
 La angustia que invade a las masas organizadas tiene que ver, primero,
con el peligro y, segundo, con la pérdida de las ligaduras afectivas.
59

 Si hay algo que explica el pánico en las masas es el proceso de


identificación -incluyendo la comunicación corporal de sus componentes-
que es lo que nos advierte que corremos un peligro.
 Por lo tanto, podemos decir que el pánico es el producto de la
identificación, mientras que la desorganización de las masas es el
resultado de una regresión.
.-.-.-.
 Es claro que una masa puede cohesionarse en virtud de un odio o
animadversión hacia un exogrupo.
 De cualquier modo los factores vinculares de tipo libidinal obedecen a la
ley que rige la parábola de los puerco espines de Shopenhauer: el de la
distancia óptima.
 En todo tipo de vínculos, junto al amor hay un componente de hostilidad
infaltable, es decir, todo vínculo es más o menos ambivalente.
 Pero -dice Freud- esta ambivalencia desaparece en la masa, incluso
comienza a esbozar una característica que luego desarrollará con mayor
amplitud: la noción de consideración por el objeto.
.-.-.—
VI. Otros problemas y orientaciones.

 De hecho, el amor se perfila como el factor principal en el desarrollo de


la Humanidad y como determinante de la cultura al favorecer el paso del
egoísmo al altruismo.
 Se trata de la presencia de instintos eróticos que han sido desviados de
su fin sexual, se trata de amor desexualizado hacia la mujer y de amor
homosexual sublimado hacia los hombres.
 Uno de los aspectos más importantes en la génesis de los vínculos
dentro de las masas tiene que ver con otro tipo de enlaces afectivos, se
trata de las identificaciones.
.-.-.-.-
VII. La identificación.
60

 “La identificación es conocida en el psicoanálisis como la manifestación


más temprana de un enlace afectivo con otra persona…” (p. 2585), y
deriva de la fase oral de la organización de la libido -el mecanismo de la
incorporación.
 En la primera fase del complejo de Edipo, es gracias al mecanismo de la
identificación que el niño se acerca a su padre, idealizándolo: quisiera
ser como él y reemplazarlo en todo.
 Al identificarse con su padre, el hijo se hace varón lo que determina que
haga una elección heterosexual de objeto, en primer término a la figura
de su madre. Como vemos, la identificación precede a la elección de
objeto.
 Dado que el padre es un impedimento para llegarse hasta la madre,
emerge la hostilidad en contra de el.
.-.-.-.
 Puede ocurrir que en el proceso de identificación ocurra una inversion.
 En virtud de esta vicisitud, hay que distinguir claramente entre
identificación con el objeto (lo que se quiere ser), del objeto de elección
(lo que se quiere tener).
 El Yo toma como modelo al otro para ser como el.
 Ya conocíamos el mecanismo de la identificación en el síntoma histérico:
la hija se identifica con la tos de la madre para, así, ser la madre y
(fantasmáticamente) sentir que la sustituye. Es la identificación hostil.
 La identificación histérica también puede obedecer a determinantes
amorosos, como cuando Dora imita la tos de su padre, por lo que la
“identificación ha ocupado el lugar de la elección del objeto,
transformándose ésta, por regresión, en una identificación.” (p. 2586)
.-.-.-.-
 A veces ocurre que una elección de objeto deviene en una identificación,
por lo que el Yo absorbe las cualidades del objeto -independientemente
de que el objeto sea el amado o el odiado.
 La identificación siempre es un proceso parcial y toma un solo rasgo de
la persona-objeto.
 Una tercera forma de identificación, no guarda relación con la actitud
libidinosa hacia el objeto sino con un síntoma: si una jovencita recibe
61

una carta de amor y, por celos, tiene un ataque histérico, la identificación


con este tipo de ataque de una parte del Yo de sus compañeras implica
que las demás también tienen (en su fantasía) un amor -a lo que
agregan el sufrimiento o justo castigo por dicha licencia.
.-.-.-.-
 La identificación, entonces:

 1.- Es la forma más primitiva de enlace afectivo con un objeto.

 2.- En virtud de la regresión, puede convertirse en la sustitución


de un enlace afectivo con un objeto, con la introyección de dicho
objeto en el Yo.

 3.- Puede surgir cuando el sujeto descubre en sí mismo un rasgo


común con otra persona que no es objeto de sus instintos
sexuales.
.-.-.-.—
 Freud ejemplifica algunas vicisitudes de la identificación mencionando la
homosexualidad, en donde el niño apegado a su madre no hace el
cambio en la pubertad y se identifica con ella, transformándose en ella y
buscando objetos que reemplazan a su propio Yo para amarlos y
cuidarlos como su madre hizo con él. En estos casos, lo que llama la
atención en la amplitud de la identificación.
 La sustitución del objeto perdido por una identificación con él en el Yo es
transparente en los casos de duelo normal y de melancolía: “la sombra
del objeto cae sobre el Yo”.
 Los casos de melancolía sirven para ejemplificar cierta disociación del
Yo: una parte critica a la otra y la humilla (la conciencia moral a la que
Freud aún llama Ideal del Yo) que somete a la otra parte que se ha
identificado con el objeto perdido.
.--.-.-.-
 A este Ideal del Yo, heredero del narcisismo primitivo, Freud le da
funciones de:
 Autoobservación -en patología, el delirio de observación.
62

 Conciencia moral
 Censura onírica
 Influencia central para ejercer la represión

 Gracias a los procesos de identificación o “proyección simpática” somos


capaces de comprender el Yo de otras personas. La empatía emerge de
la identificación.
 En las masas, el enlace recíproco está dado por procesos de
identificación. Esta identificación también opera inhibiendo la agresión
entre los componentes del grupo.
.-.-.-.-.-
VIII. Enamoramiento e hipnosis.

 Aunque el enamoramiento no es sino un revestimiento del objeto por


parte de los instintos sexuales con el fin de procurarse la gratificación,
no tardó en constatarse que dicho deseo renace al cabo de un tiempo,
por lo que surgió la necesidad de que dicho revestimiento persistiera.
 Aunque el primer objeto de amor es la madre (o el padre en la niña), la
necesidad de reprimir los componentes sexuales de dicha ligazón y
coartarlos en sus fines dio paso al desarrollo de la ternura.
 La disociación del apetito sexual de la ternura puede llevar a que un
sujeto pueda no integrar en un solo objeto la satisfacción de ambos
componentes.
.-.-.-.-.-
 Habitualmente el enamoramiento está sostenido por la idealización del
objeto amado, es decir basado en libido narcisista que se ha depositado
en el objeto como si fuese el propio Yo. “Puede decirse que el objeto ha
devorado al Yo.” (p. 2590)
 La situación de enamoramiento puede describirse diciendo que “el
objeto ha ocupado el lugar del Ideal del Yo.”
 Lo mismo ocurre en la hipnosis, el hipnotizador ha pasado a ocupar el
lugar del Ideal del Yo, que es lo que ocurre en las masas donde el
caudillo es el que ocupa ese lugar.
63

 El hecho de tratarse de una libido coartada en su fin, le asegura su


permanencia, siendo lo que crea los lazos entre los individuos de la
masa.
 Por su parte -dice Freud- el amor sensual está destinado a extinguirse
en la satisfacción.
.-.-.-.-.-.-
 Las masas, entonces son
organizaciones en las que sus
individuos integrantes “han
reemplazado su Ideal del Yo
por un mismo objeto, a
consecuencia de lo cual se ha
establecido entre ellos una
general y recíproca
identificación del Yo.”
.-.-.-.—
IX. El instinto gregario.

 Ahora Freud se apoya en la obra


de Wilfred Trotter: Instincts of the
Herd in peace and war, quien habla
de un instinto gregario innato en el
hombre. Se trata de una manifes-
tación de la libido que mueve al
hombre a conformar unidades cada
vez más amplias.
Trotter considera primarios los
Instinto de conservación y nutrición,
el instinto sexual y el gregario.
.-.-.-
Para Trotter el lenguaje surgió como una necesidad
de comunicación dentro del rebaño.
El hombre como zoon politicon (animal
político) emerge de su instinto gregario.
64

Para Trotter el instinto gregario deriva


de la sugestibilidad.
.-.-.-.-
 Para Freud, por el contrario, el sentimiento de solidaridad de las masas
emerge desde la infancia, cuando el niño pequeño tiene que hacer una
formación reactiva ante los celos y envidia que le despiertan el nuevo
hermanito. Este ‘pacto de no agresión’ es otro factor de cohesión de los
grupos.
 Es claro que la envidia es la raíz de la ulterior reivindicación de igualdad,
de la conciencia social y del sentimiento del deber de los grupos.
 Así todos los individuos se declaran iguales ante la superioridad de su
jefe o líder. Así Freud corrige a Trotter y concluye que el hombre más
que un animal gregario es un animal de horda.
.-.---.-
X. La masa y la horda primitiva.

 Freud, siguiendo a Darwin, retoma el tema central de Tótem y tabú en


relación a la horda primitiva con el fin de caracterizar el funcionamiento
de las masas: una multitud de iguales que se someten, regresivamente,
al poder absoluto de un jefe.
 Por tanto, la psicología colectiva es la psicología humana más antigua;
de hecho la psicología individual deriva de la ‘presencia’ de los otros
dentro del psiquismo.
 El padre primitivo, por el contrario, profundamente narcisista hasta llegar
a su divinización, venía a ser una suerte de superhombre -siguiendo la
vieja terminología de Nietzsche.
.-.-.-.-.-
 Al traer de nueva cuenta el problema de la hipnosis y la sugestión, Freud
establece que “el carácter inquietante y coercitivo de las formaciones
colectivas, que se manifiesta en sus fenómenos de sugestión, puede ser
atribuido a la afinidad de la masa con la horda primitiva, de la cual
desciende” (p. 2599): el caudillo viene a ser como la reencarnación del
temido padre de la horda -ahora el Ideal de la colectividad- y la masa
65

desea ser dominada por su poder ilimitado, pues sus individuos le han
proyectado su Ideal del Yo.
.--.-.
XI. Una fase del Yo.

 En este capítulo, Freud habla ya con toda propiedad del Yo y del Ideal
del Yo como ‘instancias psíquicas’: da inicio a las formulaciones de la
llamada segunda tópica, el quinto y último esquema del aparato
psíquico.
 También habla, en relación al proceso onírico de un Yo consciente y un
Yo inconsciente que trata de expresarse.
 A partir de ahora, el Yo puede ser visto como un objeto por el Ideal del
Yo.
 El Ideal del Yo impone, casi siempre, una norma de conducta al
individuo, una moral; pero de vez en cuando, el Yo anula la acción del
Ideal del Yo, se libera y conecta con el Yo hedónico: son las saturnales
romanas o nuestro moderno carnaval durante el cual se violan todas las
normas y reglamentos sagrados.
.-.-.-.
 Los cuadros de melancolía y manía le sirven a Freud de ejemplificación
de la tensión existente entre las dos instancias en la primera, dado que
en el melancólico el Ideal del Yo somete y castiga al Yo; mientras que en
la manía hay una suerte de fusión del Ideal del Yo con el Yo, lo que
redunda en la abolición de todas las prohibiciones y la posibilidad de que
se exprese el Yo más primitivo -el Yo placer o hedónico.
.-.-.-.-.-
 XII. Consideraciones suplementarias.

 Retomando sus pasos anteriores Freud vuelve a plantear:


 a) La distinción entre la identificación del Yo y la sustitución del Ideal del
Yo por el objeto, que puede verse con especial claridad en las masas
organizadas como el Ejército y la Iglesia.
 b) La noción de que a partir de la psicología colectiva se pudo establecer
la psicología individual. El asesinato del padre de la horda primitiva se
66

siguió de la internalización de la ley (es decir, la identificación con las


normas dictadas por el padre). El mito del héroe, quien logra destronar al
padre, da voz a un suceso ancestral colectivo que inicia la instancia
individual denominada aún como Ideal del Yo -la luego devendrá como
Superyó).
.-.-.-.-.—
 c) Se estableció la distinción entre instintos sexuales directos e instintos
sexuales coartados en su fin. El principal ejemplo de los segundos, son
los instintos sexuales que son reprimidos en la pubertad, quedando sólo
los sentimientos de ternura hacia los padres. Dicha represión, empero,
no anula la sexualidad de dichos instintos. Los instintos sublimados son
particularmente útiles para formar lazos duraderos. Los vínculos que se
forman en la masa son del tipo de los coartados en su fin.
 d) La sexualidad directa es desfavorable para la formación de la masa.
De hecho, el parricidio derivó en la institución de la exogamia, gracias a
lo cual se separaron los sentimientos eróticos, sexuales, de los
sentimientos tiernos. Los lazos colectivos utilizan libido homosexual
sublimada.
.-.-.-.-.-.-
 e) Cuadro comparativo de los diversos estados de la libido:
 El enamoramiento en el que se dan, simultáneamente, tendencias
sexuales directas y las coartadas en su fin.
 La hipnosis que reposa completamente en tendencias sexuales
coartadas en su fin y coloca al objeto en el lugar del Yo.
 La masa que multiplica el efecto de la hipnosis, pero agrega los
procesos de identificación con los otros.
 La neurosis comparte con la hipnosis y la masa la necesidad de la
regresión -que no se da en el enamoramiento. Implica un conflicto
entre los instintos del Yo y los instintos sexuales directos, entre el
Yo y el Ideal del Yo, y entre el Yo y el objeto.
.-.-.-.-.-.--
.--.--.-.---
El Yo y el Ello (1923)
67

 Freud escribe este trabajo como una continuación de Más allá del
principio del placer de 1920, pero con la particularidad de que ahora se
aleja de la biología para hacer una exposición estrictamente
psicoanalítica.
.-.-.-.-
I. Lo consciente y lo inconsciente.

 Una de las premisas fundamentales del psicoanálisis sigue siendo la


división de los procesos psíquicos en conscientes e inconscientes.
 Lo consciente no es sino una mínima parte del suceder psíquico.
 La conciencia implica un término descriptivo, como la percepción, por
tanto se trata de un fenómeno relativamente efímero.
 Más allá de lo consciente, existen “procesos o representaciones
anímicas de gran energía”, que no siendo conscientes determinan, sin
embargo, buena parte de nuestros procesos psíquicos: pensamiento,
afectos, conducta.
 Dichas representaciones se mantienen fuera de la conciencia gracias a
una fuerza que les impide manifestarse, se trata de la represión.
.-.-.-
 Dicha represión representa un considerable gasto de energía psíquica.

 Hay dos clases de inconsciente: lo inconsciente latente, capaz de


conciencia o Preconsciente y lo inconsciente reprimido o Inc.
 Así, el psiquismo consta desde la perspectiva dinámica de tres estratos:
 Cc.
 Prec.
 Inc.

 Pero esta clasificación ya resulta insuficiente para entender ciertos


aspectos de la clínica psicoanalítica.
.-.-.-.-
68

 Existe “en todo individuo una organización coherente de sus procesos


psíquicos, a la que consideramos como su Yo.” (p. 2703)
 Este Yo integra a la conciencia y tiene el control sobre la motilidad y, a
través de ella, de los procesos de descarga hacia el mundo externo, así
como de la censura que ejerce incluso cuando el sujeto está dormido.
Del Yo parten del procesos de represión para mantener fuera de la
conciencia las representaciones indeseables.
 Esta función de represión es la fuente de muchas de las resistencias que
se oponen a la terapia psicoanalítica.
 Como las resistencias se sustentan en la represión, que es un
mecanismo inconsciente, pero que depende del Yo, habrá que admitir
que dentro del Yo existe una parte que es inconsciente.
.-.-.-..-
 Por tanto, en vez de afirmar que las neurosis se deben a un conflicto
entre la conciencia y lo inconsciente, habrá que modificar este criterio y
decir que el conflicto se establece “entre el Yo coherente y lo reprimido
disociado de él.”
 Freud advierto que no todo lo inconsciente tiene que ver con lo
reprimido, si bien es cierto que todo lo reprimido es inconsciente.
 Al admitir que una parte del Yo es también inconsciente, se creó una
gran confusión, pues entonces existirían tres tipos de inconsciente, lo
que constituía una complejización innecesaria y poco útil.
.-.-.-.-
II. El “Yo” y el “Ello”.

 En la investigación de la instancia yóica, Freud parte de los aspectos


que tienen que ver con la superficie perceptual.
 Tanto las percepciones provenientes del mundo externo (sensoriales)
como las que se reciben desde el interior, como son las sensaciones y
los sentimientos o afectos, son conscientes.
 Desde lo expuesto en la llamada primera tópica, la distinción entre una
representación inconsciente y una consciente es que a la segunda se le
ha agregado una representación verbal: gracias a esto puede acceder a
lo preconsciente.
69

 Estas representaciones-palabra son restos mnémicos de percepciones


acústicas y un día fueron conscientes.
.-.-.—
 Sin embargo, las representaciones palabra también pueden provenir de
elementos visuales, como lo que leemos, o de elementos motores, como
los movimientos laríngeos que se dan en el habla.
 Por eso nos advierte no olvidar los elementos ópticos de las
percepciones -las representaciones-cosa- pues estos constituyen una
forma visual de pensamiento, anterior tanto ontogénica como
“filogénicamente” al universo de la palabra y más cercanos al
inconsciente.
 Freud puntualiza en este lugar que sólo puede devenir consciente un
material psíquico del Inc. que antes fue consciente, es decir, lo
reprimido.
.-.-.--.-
 Para hacer (pre)consciente lo reprimido se recurre a interpolar
representaciones intermedias preconscientes; de esta manera ni la
conciencia abandona su lugar ni el Inc. asciende hasta ella.
 La relación del Yo con la percepción externa es auto-evidente, no así
con la percepción de lo interno.
 La percepción interna informa sobre procesos que se desarrollan en
diversos estratos del psiquismo, incluyendo lo más profundos.
 La serie displacer-placer es un buen ejemplo de este tipo de
sensaciones primitivas, que pueden emerger aún en estados de
disminución de la conciencia. El placer no implica ningún tipo de
urgencia, mientras que las sensaciones displacenteras aspiran a
liberarse de una tensión, es decir, a una descarga -de ahí que se
interprete al displacer como una elevación y al placer como una
disminución de la carga de energía psíquica.
.--.-.-
 Lo que emerge a la conciencia como placer o displacer es algo
cuantitativa y cualitativamente especial. Al parecer, para que esto
ocurra, este algo debe ser llevado al sistema Percepción venciendo
algún tipo de resistencia.
70

 Mientras ese “algo” permanece inconsciente, ejerce su acción en virtud


de la energía con el que está investido; por tanto, también las
sensaciones y los sentimientos deben llegar al sistema Percepción para
poder acceder a la conciencia. De esta manera, podemos denominar a
estas -un tanto paradójicamente- como “sensaciones inconscientes”.
 Las sensaciones y sentimientos, a diferencia de las representaciones-
cosa, pueden devenir conscientes sin que para ello necesiten de la
representación-palabra correspondiente: su acceso es directo.
.-.--.-
 Gracias a las representaciones-palabra, las percepciones internas
pueden devenir conscientes: el aparato psíquico funciona como si todo
conocimiento proviniera del exterior.
 El Yo se forma a partir del sistema Percepción y comprende
originalmente al Prec., cercano a los restos mnémicos.
 Pero este Yo, más que vivir, es “vivido por poderes ignotos e
invencibles”.
 Siguiendo la sugerencia de G. Groddeck, Freud propone llamar Yo a
todo lo emanado del sistema Percepción y que primero es
preconsciente, y Ello al resto del mundo psíquico que proviene del
mundo inconsciente.
.--.-.-
 El individuo es, por tanto, “un Ello psíquico desconocido e inconsciente,
en cuya superficie aparece el Yo que se ha desarrollado partiendo del
sistema P., su nódulo” (pp. 2707-08).

 El Yo no envuelve completamente al Ello; sólo ocupa una parte de su


superficie, la de su extremo perceptual, pero tampoco está separado de
él pues se tocan en su extremo inferior.

 De esta suerte, lo reprimido no es sino una parte del Ello, pero está
separado del Yo por las fuerzas de la represión.
.-.-.-.-.-
 En el esquema adyacente el Yo lleva, siguiendo el paralelo de los
esquemas anatómicos, un “aparato acústico” en uno de sus lados.
71

 De esta manera, el Yo es una parte del Ello que ha sido modificada por
influencias del mundo externo.
 Sus esfuerzos están destinados a transmitir al Ello las condiciones del
mundo externo y aspira a sustituir el Principio del placer por el Principio
de realidad.
.-.-.-.-
 La percepción es para el Yo lo que el instinto para el Ello.
 El Yo representa la razón mientras que el Ello obedece a las pasiones.
 El Yo es quien tiene acceso a la motilidad.
 El Ello opera con energías propias, mientras que el Yo funciona con
energías prestadas.
 En el origen del Yo, aparte de la influencia de la realidad y del sistema
Percepción, influye el cuerpo -específicamente, la superficie corporal- de
donde parten sensaciones tanto del adentro como del afuera. Otra
fuente fundamental de sensaciones corporales tiene que ver con el
dolor.
 El Yo es, por tanto, un ser corpóreo, la proyección de una superficie a la
manera del homúnculo de los anatomistas.
.-.-.-.—
 En lo inherente a las relaciones del Yo con la conciencia, hay que
advertir que muchas de las funciones intelectuales de la instancia yóica
pueden llevarse a cabo de manera preconsciente -incluso durante el
proceso del dormir, en el fenómeno onírico.
 Pero también la autocrítica y la conciencia moral son funciones que
pueden ejercerse de manera totalmente inconsciente produciendo, sin
embargo, notables efectos.
 De esta forma, tenemos que enfrentar una nueva paradoja al admitir que
pueden existir sentimientos inconsciente de culpa -sentimientos que
desempeñan un papel preponderante en las resistencias a la curación
en buen número de neuróticos.
 Por tanto, puede decirse que no sólo las pasiones más bajas, sino los
más altos ideales pueden permanecer inconscientes.
.-.--.-.-
III. El “Yo” y el “Superyó” (Ideal del Yo).
72

 Freud advierte que al principio de la vida, cuando predomina la fase oral


del desarrollo libidinal y la identificación es la forma más primitiva de
relación con los objetos (es decir, con su investidura energética), en el
caso de que un objeto tenga que ser abandonado existe la tendencia a
reconstruirlo en el Yo (como ocurre luego en la melancolía), por lo que
concluye que “el carácter del Yo es un residuo de las cargas de objeto
abandonadas y contiene la historia de tales elecciones de objeto.” (p.
2711)
.-.-.-.—
 Hay motivos para suponer que
dentro del Yo existe una parte
especializada a la que se da el
nombre de Superyó o Ideal del Yo,
cuya conexión con la conciencia
no es muy firme.

 Con base en el estudio de lo que sucede en la melancolía,


donde una pérdida objetal es seguida por una reconstrucción
del objeto perdido mediante una identificación con él, Freud
advierte que lo que conocemos como carácter del Yo está
basado en este tipo de identificaciones.
.-.-.-.-.-
 Esta forma de cambiar una relación de objeto por una modificación del
Yo puede servir, también, para tratar de manejar de manera más
adecuada al Ello y relacionarse con él, al precio de cierta docilidad frente
al Ello.
 De esta forma, al haberse identificado con el objeto perdido, el Yo se
ofrece al Ello como objeto de amor -con lo que se produce una
transformación de la libido objetal en libido narcisista, con la
desexualización o sublimación consecutiva. También puede ocurrir que
dicho proceso implique una disociación de los instintos fundidos unos
con otros.
73

 ¿Será este el camino general de la sublimación? -se pregunta Freud.


.-.-.-.-.-
 Cuando las identificaciones del Yo son muy numerosas, intensas e
incompatibles, puede provocar un resultado patológico promoviendo una
disociación del Yo gracias la cual las identificaciones se excluyen entre
sí en función de intensas resistencias: sería el caso de los fenómenos de
“doble personalidad”.
 Como podemos ver. Freud ya está planteando la posibilidad de explicar
ciertos cuadros gracias a una “escisión vertical” del Yo -lo que nos
acerca al entendimiento de ciertas perversiones y los cuadros de
patología limítrofe tan en boca actualmente.
 Puede haber, empero, disociaciones no patológicas, “fisiológicas” por
decirlo así, que son las que nos explican la génesis del Ideal del Yo.
.-.-.-.-.-
 Sabemos que las primeras identificaciones son siempre las más
profundas y duraderas.
 De ahí que la génesis del Ideal del Yo nos lleve a “la primera y más
importante identificación del individuo, o sea, la identificación con el
padre” (pp. 2711-12).
 Aquí Freud parecería hacer gala de falocentrismo, dado que es mucho
más plausible entender que la primer figura de identificación, tanto en
niños como en niñas, sea la figura de la madre.
 De cualquier manera, las cargas objetales del primer periodo sexual
recaen sobre el padre y la madre, intensificando así la identificación
primaria.
 La complejidad de estas identificaciones tiene que ver con dos factores:
el las vicisitudes del complejo de Edipo y con la bisexualidad
constitucional de los seres humanos.
.-.-.-.-.-.-
 Hay que admitir que, en el caso del niño, Freud acepta la elección
temprana de la figura de la madre, mientras que con el padre ocurre una
identificación.
 (Si tenemos en cuenta que el propio Freud había establecido que la más
temprana relación con el objeto es por medio del mecanismo de la
74

identificación, no cabe la distinción que aquí hace entre la elección


objetal, que recae sobre la madre, y la identificación que es sobre el
padre. Por necesidad la relación con la madre -la carga energética o
investidura de que ésta es objeto- implica a fortiori una identificación con
ella).
 De hecho, como ya había explicado con anterioridad al hablar de la
génesis del Ideal del Yo, la identificación del niño con el padre es un
proceso mucho más tardío y posibilita su entrada al complejo de Edipo,
ya que determina la orientación psicosexual en sus elecciones de objeto.
Sólo después, en el Edipo positivo, el padre representa un obstáculo y,
entonces, la relación se vuelve ambivalente.
.-.-.-.-.-
 Con la “destrucción del Edipo” el niño renuncia a la madre quedando
reforzada la identificación con el padre -o con la madre en casos de
patología.
 El desenlace del Edipo por identificaciones con el padre o la madre
dependerá también, en parte, a la energía relativa de las dos
disposiciones sexuales, es decir, en virtud de las cargas determinadas
por la bisexualidad.
 El complejo de Edipo completo siempre es doble: negativo y positivo -en
función de esta bisexualidad.
 El niño no sólo ama a su madre y odia a su padre (Edipo positivo);
también ama a su padre y odia a su madre (Edipo negativo).
 Por tanto, es posible que la ambivalencia dependiera de la bisexualidad
constitucional.
.-.-.-.-.-
 Será la intensidad de tales identificaciones con la madre o con el padre,
en ambos sexos, lo que determinará las diversas disposiciones
sexuales.
 Por lo tanto, el destino del complejo de Edipo es la existencia en el Yo
de “residuos” consistentes en dichas identificaciones enlazadas entre sí.
 Esta modificación del Yo conserva su significación especial y se opone
al resto del Yo como Superyó o Ideal del Yo.
75

 Dicho Superyó no es sólo un residuo de esas primera elecciones


objetales del Ello, sino también una enérgica oposición a ellas.
 El mandato es doble: debes ser como tu padre (Ideal del Yo), es decir,
ser un varón; y no debes ser como tu padre (Superyó), pues no debes
aspirar a poseer a tu madre.
.-.-.—
 Dicho Superyó conservará, por tanto, el carácter del padre y mientras
mayor haya sido la intensidad del Edipo y la intensidad de la represión
del mismo (influencia en donde interviene la autoridad, la religión, la
enseñanza y las lecturas), más severamente impondrá sus dictados al
Yo como prohibiciones o como consciencia inconsciente de culpa.

 Por tanto, en el origen del Superyó intervienen dos tipos de factores: uno
biológico, histórico el otro.

 El factor biológico tiene que ver con la larga indefensión con la que nace
el ser humano y su dependencia; mientras que el histórico tiene que ver
con las vicisitudes de su complejo de Edipo, así como el hecho de que la
sexualidad humana se da en dos fases divididas por el periodo de
latencia.
.-.----.-
 Por otra parte el Superyó garantiza la continuidad de los
factores que hicieron posible la civilización y la
cultura, es decir, es un representante de la herencia
ancestral de la especie humana.
.-.-.—
 Como consecuencia, el Superyó o Ideal de Yo es el heredero del
complejo de Edipo.
 (Posteriormente, hemos llegado a puntualizar que el Superyó es el
heredero del Edipo positivo, mientras que el Ideal del Yo es el heredero
del Edipo negativo, está investido con libido homosexual y es el
depositario del narcisismo secundario).
76

 El Superyó sería “el abogado del mundo interior, o sea, del Ello, se
opone al Yo, verdadero representante del mundo exterior o de la
realidad” (p. ).
 De esta forma, los conflictos entre el Yo y el Ideal del Yo representan lo
que ocurren entre lo real y lo psíquico. Por eso el Ideal del Yo representa
la herencia filogénica del género humano y satisface a las exigencias
más elevadas -por lo que contiene las premisas de las que han partido
todas las religiones.
.-.-.-.-.-
 La religión, la moral y el sentimiento social originalmente eran una
misma cosa. Según ya se dejó consignado el Tótem y tabú, la religión y
la moral derivaron del sojuzgamiento del complejo de Edipo, mientras
que el sentimiento social es el producto del pacto entre hermanos para
vencer la rivalidad resultante a la muerte de padre, ya que resultaba
imposible satisfacer los sentimientos de hostiidad.

 La tensión existente entre el Yo y el Ideal del Yo es percibida como


sentimiento de culpa.

 Con el fin de demostrar estas instancias psíquicas, Freud acude de


nueva cuenta a la biología, pues muestra como en organismos inferiores
ya se da esta distinción entre el Yo y el Ello, en virtud de la influencia del
mundo exterior -además de que el Yo es sólo una parte especializada
del Ello.
.-.-.-.--.
 Para Freud, los sucesos acaecidos en el Yo y repetidos
consistentemente por muchas generaciones, pueden llegar a formar
parte del Ello y, así, transmitirse de generación en generación.
 En relación al origen del Superyó, su cercanía con el Ello explica que
gran parte del mismo pueda mantenerse inconsciente e inaccesible al
Yo.
 De hecho, los viejos conflictos entre el Yo y las elecciones objetales del
Ello, se transforman en “conflictos con el Superyó, heredero del Ello”.
.-.-.-.-.-
77

IV. Las dos clases de instintos.

 Freud inicia repitiendo que las percepciones son para el Yo lo que los
instintos son para el Ello. Sin embargo, el Yo también está sujeto a la
acción de los instintos pues no es sino Ello modificado.
 Siguiendo la nueva clasificación de los instintos propuesta en Más allá
del principio del placer (19120), Freud propone dos clases de fuerzas
instintivas:
 “Los instintos sexuales o Eros”, que integra a los instintos
coartados en su fin (sublimados) y al
“instinto de conservación” que se adscribe al Yo.
 “Un instinto de muerte”, basado en consideraciones biológicas.
 La vida podría ser vista como un combate entre el Eros y el instinto de
muerte.
.-.-.-.-.-.-
 Cada instinto se hallaría subordinado a un proceso fisiológico especial:
creación en Eros y destrucción en el instinto de muerte.
 Sin embargo, los instintos se hallan mezclados, como ocurre con el
componente sádico del instinto sexual -pero también podrían disociarse
completamente y el sadismo independizarse.
 El instinto de muerte ha logrado deflexionarse hacia el afuera como
instinto de destrucción gracias a un órgano efector: el sistema muscular.
 Habitualmente, el instinto de destrucción entra al servicio de Eros.
.-.-.-.—
 Quizás la esencia de una regresión de la libido (desde la genitalidad a
una fase sádico-anal, como ocurre en la neurosis obsesiva) se deba a
una disociación de los instintos; mientras que la evolución desde una
fase a la siguiente puede estar determinada por los factores eróticos.
 ¿Qué clase de relaciones existen entre las tres instancias psíquicas
-Ello, Yo y Superyó- con los dos tipos de instintos -de vida y de muerte?
 Al hablar de la polarización del amor y del odio, Freud advierte que
ambos componentes están, realmente, muy cercanos en las relaciones
objetales que son, por definición, ambivalentes. Es un hecho constatable
la transformación del amor en odio y viceversa.
78

.-.—
 Desde la perspectiva anterior, Freud se pregunta si no ha descubierto
una energía desplazable, indiferente en sí misma, pero susceptible de
agregarse a un impulso erótico o destructor. Y, ¿cuál sería el origen de
este tipo de energía neutra?
 Es claro que el problema de la cualidad de los impulsos instintivos y de
sus destinos es uno de los temas que aún permanecen en la oscuridad.
 Una observación clínica muestra cómo los instintos parciales se
comunican entre sí y cederse sus cargas respectivas; de la misma
forma, la satisfacción de un instinto parcial puede ser sustituida por la
gratificación de otro instinto parcial distinto.
.-.---
 Para Freud, el origen de este tipo de energía desplazable e indiferente
proviene de la libido narcisista, es decir, de Eros desexualizado -ya que
los instintos eróticos son más plásticos y maleables que los destructivos.
 Esta libido desplazable está al servicio del Principio del placer y facilita la
descarga del instinto.
 Este proceso es característico de los procesos de carga que ocurren en
el Ello.
 Esta energía desplazable es libido desexualizada y es prototípica de los
procesos de pensamiento.
 Este tipo de desexualización o neutralización es un proceso que lleva a
cabo el Yo. La libido yóica será, entonces, energía libidinal
desexualizada.
.-.-.-.-.-
 De esta forma, “apoderándose en la forma descrita de la libido de las
cargas de objeto, ofreciéndose como único objeto erótico y
desexualizando o sublimando la libido del Ello, labora en contra de los
propósitos del Eros y se sitúa al servicio de los sentimientos instintivos
contrarios.” (p. 2720)
 Como podemos ver, gracias a lo formulado en el párrafo anterior, ya
están puestas las condiciones para entender una teoría de los
mecanismos de defensa del Yo, en particular, y de cualquier formulación
generalizada en torno a una teoría de las contracatexias.
79

 Esto implica que Freud modifique cierta perspectiva anterior y asuma


que el depósito original de la libido narcisista es el Ello -y no el Yo, como
había dicho antes. El narcisismo yóico es, siempre, secundario.
.-.-.-.-.-
 El instinto de muerte no se manifiesta, es mudo; “todo el fragor de la vida
parte principalmente del Eros.”

 Freud menciona aquí que “el Principio de la constancia” -tal como lo


concibe Fechner- rige la vida, que consiste en un ir hacia la muerte, por
lo que es la influencia del Eros (los instintos sexuales) el que opera en
contra de esta tendencia.
 [Resulta interesante que, ahora, Freud establece un Principio de
constancia que promueve una dirección hacia la muerte, cuando desde
el Proyecto… esta tendencia era atribuida al Principio de inercia, luego
Principio de Nirvana o tendencia al cero].
.-.-.-.—
V. Las servidumbres del “Yo”.

 Repitiendo conceptos ya establecidos, Freud menciona que el Yo deriva


de identificaciones sustitutivas de cargas abandonadas del Ello, y que
las primeras de esas identificaciones se conducen como una instancia
especial: se trata del Superyó. El Superyó es, entonces, la primera
identificación; al mismo tiempo, es el heredero del complejo de Edipo,
por lo que suele oponerse al Yo y someterlo.
 El Yo, por tanto, se halla sometido a los imperativos del Superyó.
 El Superyó es el que puede determinar, durante el curso de un
tratamiento psicoanalítico, la emergencia de una reacción terapéutica
negativa. Se trata de una clara oposición a la curación en virtud de la
necesidad de permanecer enfermos.
.-.--.-
 De esta manera, la enfermedad representa el justo castigo que el
paciente cree merecer en función de una sensación de culpa y la
concomitante necesidad de castigo.
80

 Sin embargo, esta culpa permanece inconsciente, ya que el paciente no


sabe nada de ella, de ahí su poder paralizante.
 La dinámica de sometimiento del Yo al Superyó (Freud le llama en este
momento Ideal del Yo) puede verse con toda claridad en la neurosis
obsesiva y en la melancolía. En estos casos, aunque la conciencia no
sabe nada de la culpabilidad del paciente, el Superyó -en contacto con el
inconsciente- sabe del Ello lo que el Yo desconoce.
 Si bien en la neurosis obsesiva se advierte el conflicto entre el Yo y el
Superyó, en la melancolía el Yo se reconoce culpable y, simplemente,
se somete al castigo.
.---.-.-
 Pero también en la histeria el Yo se defiende en contra de la percepción
penosa que le amenaza por la crítica ejercida por su Superyó.
 Depende del Yo que el sentimiento de culpa permanezca o no
inconsciente -dice Freud.
 En la histeria el Yo suele reprimir ciertas representaciones al servicio del
Superyó; mientras que en las neurosis obsesivas predomina el
mecanismo de la formación reactiva.
 También encontramos este sentimiento inconsciente de culpa como
motivación en ciertos casos delictivos.
.----.—
 En todos los casos anteriores podemos observar como el Superyó opera
con independencia del Yo consciente, mostrando por el contrario,
relaciones más íntimas con el Ello inconsciente.
 Aquí introduce Freud una distinción importante, pues el Superyó, pese a
ser mayoritariamente inconsciente, suele manejarse a través de
representaciones-palabra, pues su origen está íntimamente ligado a lo
auditivo. Estas representaciones están investidas con energía del Ello.
 En función de la crueldad y sadismo que despliega el Superyó,
principalmente en los casos de melancolía, Freud concluye que la
energía que lo alimenta proviene del instinto de muerte.
.-.-.-.-.--
 Así como en el melancólico, el poder del Superyó investido de instinto de
muerte puede llevar al sujeto al suicidio, en la neurosis obsesiva la
81

conservación del objeto le inmuniza en contra de la autodestrucción. Los


ataque del obsesivo para destruir al objeto están sujetos a formaciones
reactivas, con lo que se mantiene la destrucción en el Ello, lejos del Yo.
 En estos casos, es el Yo quien asume la responsabilidad de los ataques
al objeto dado un mecanismo de sustitución del amor por odio. Cuando
el objeto no es accesible para maltratarle, entonces el Yo acomete
contra sí mismo en reproches y auto-tormentos.
.-.-.-.-
 El instinto de muerte puede ser manejado de distintas maneras:
 una parte de su intensidad queda neutralizada gracias a la mezcla
con instintos eróticos;
 una parte es derivada hacia el exterior en forma de agresión;
 otra parte permanece en el interior del sujeto actuando
internamente.

 Desde la perspectiva de la restricción de los instintos, cada instancia se


comporta de distinta manera: el Ello es amoral, el Yo intenta ser moral y
en Superyó es hipermoral.
.----.—
 Freud nuevamente concibe como vasos comunicantes la dinámica del
instinto de muerte: mientras más inhibe su expresión en el exterior, más
severo se hace su Superyó y viceversa.
 El Superyó nace de una identificación paterna, es decir, de libido
desexualizada. [La madre, ¿no aporta un precursor fundamental, dado
que es la primera que impone prohibiciones en el curso del desarrollo?]
 Esta dinámica provoca una disociación instintiva, quedando la libido
sublimada en incapacidad para neutralizar la fuerza de la destrucción.
.-.-.-.-.-
 Las funciones que, en este momento, adjudica Freud al Yo son las
siguientes:
 Por su relación con el sistema de percepción es el que determina
el orden temporal de los procesos psíquicos, es decir, el que
determina el sentido del tiempo subjetivo.
 Se encarga del examen de la realidad.
82

 Es el encargado del pensamiento con el fin de posponer la


descarga motora, por tanto, es el que abre las compuertas de la
motilidad.
 El Yo es quien se aprovecha de la experiencia del mundo externo.
 Intenta ejercer un dominio sobre el Ello.
 Es el encargado en trasformar las cargas de objeto (la energía de
las investiduras) en estructura yóica.
.-.-.-.-
 El Ello, por su parte, puede pasar sus contenidos al Yo por dos vías
distintas:
 Una es directamente al Yo. El Yo va evolucionando desde la
percepción de los instintos hasta su dominio y desde la
obediencia a los mismos hasta su coerción.
 Otra es a través del Ideal del Yo o Superyó, que puede auxiliar al
Yo en la doma de los instintos.
 De esta forma, vemos al Yo sometido a tres tipos de servidumbres y
amenazado por tres tipos de peligros que provienen del mundo externo,
de la libido del Yo y de la severidad de Superyó.
 A cada uno de estos peligros corresponde un tipo de angustia.
.-.-.-
 El Yo no es imparcial en relación a los instintos. Gracias a la
identificación y sublimación auxilia a los instintos de muerte del Ello para
neutralizar a la libido, aunque siempre corre cierto peligro ante la
posibilidad de auto-destrucción.
 El Yo es donde reside la angustia.
 Amenazado ante tres peligros, el Yo desarrolla el reflejo de fuga, gracias
al retiro de la investidura a la percepción amenazante o a la pulsión
peligrosa, transformándola en angustia.
 Ante el Superyó, el Yo teme a la conciencia moral, derivado de la
angustia de castración.
 La angustia ante la muerte también se desarrolla entre el Yo y el
Superyó.
.-.-.-.-
 En el Ello combaten los instintos de vida y los de muerte.
83

 De alguna manera, podemos pensar que el Ello se encuentra bajo el


dominio del instinto de muerte, mudo pero efectivo, que desea obtener
una paz de la que le priva el Eros ruidoso y perturbador.
.-.-.-.-
.----.—
 Neurosis y psicosis (1924)

 Este pequeño trabajo es una continuación directa del último capítulo de


El Yo y el Ello, comenzando sobre las múltiples servidumbres del Yo y
su situación intermedia entre el Ello y el mundo externo, así como su
tendencia a tratar de servir a todos sus amos.

 Freud puntualiza que la neurosis sería el resultado de un conflicto entre


el Yo en el Ello, mientras que la psicosis lo sería entre el Yo y la realidad
externa.

 El Yo se defiende de las demandas del Ello a través de la represión; sin


embargo, lo reprimido no queda estático, por el contrario procura su
retorno por caminos indirectos a través del síntoma -una forma de
satisfacción sustitutiva.
.-.-..-
 Habitualmente el Yo tiene que reprimir a los impulsos del Ello
obedeciendo a los imperativos que le impone el Superyó -cuya génesis
obedece a los mandatos exigidos por el mundo externo.

 En las llamadas Neurosis de transferencia, el Yo entra en conflicto con el


Ello al servicio del Superyó y de la realidad.

 En las psicosis la perturbación es entre el Yo y la realidad. Freud


menciona que por lo común el mundo externo domina al Yo mediante
dos caminos:
 a) mediante las percepciones actuales, y
 b) gracias al acervo mnémico de percepciones anteriores -que
son el “mundo interior”, patrimonio del Yo.
84

.-.-.-.-
 En las psicosis (Freud menciona la amencia), el Yo construye un nuevo
mundo, tanto interno como externo; mundo construido desde los deseos
del Ello.

 La necesidad de construirse un mundo nuevo deriva de las frustraciones


impuestas por la realidad que el Yo considera intolerables. Los delirios,
por tanto, surgen justamente en los sitios en los que el Yo ha tenido una
ruptura con el mundo externo.

 Pero lo importante es que, tanto en las neurosis como en las psicosis, el


punto de conflicto tiene que ver con frustraciones impuestas por la
realidad del mundo externo, debido a la imposibilidad de dar satisfacción
a deseos infantiles nunca del todo abandonados.
.-.-.-
 La diferencia es que en las neurosis el Yo permanece fiel a su
dependencia del mundo externo e intensa acallar al Ello; mientras que
en las psicosis el Yo se deja avasallar por el Ello y sacrifica a la realidad.

 Entre las condiciones en las que el conflicto está entre el Yo y el


Superyó, Freud menciona a la melancolía, a la que califica como de
neurosis narcisista.

 Ahora ya tenemos el esquema completo:


 Las neurosis implican un conflicto entre el Yo y el Ello
 Las neurosis narcisistas un conflicto entre el Yo y el Superyó
 Las psicosis conllevan un conflicto entre el Yo y la realidad
externa.
.-.--.-.-
 Obviamente, el desenlace que determinará si en un momento dado se
presentará una neurosis de transferencia, una neurosis narcisista o una
psicosis dependerá de circunstancias económicas (es decir, de los
montos energéticos puestos en juego en cada una de las instancias
psíquicas).
85

 Finalmente, el Yo posee también el recurso de evitar un desenlace


perjudicial, deformándose a sí mismo, tolerando daños en su unidad,
incluso promoviendo escisiones en su propia estructura.
.-.-.-.-
 La perdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis (1924)

 El segundo artículo de esta serie, Freud aborda el tema de las


relaciones de las neurosis y las psicosis en su manejo de la realidad.

 Aunque según la definición ostentada en el artículo anterior, es la


psicosis la que implica un conflicto del Yo con la realidad externa, aquí
Freud nos hace ver que también en las neurosis se ve perturbada la
relación con la realidad de la que se retrae.

 Con el fin de ejemplificar lo anterior, Freud nos hace ver que tanto en las
neurosis como en las psicosis existen dos tiempos en la eclosión de los
correspondientes cuadros clínicos.
.-.-.-
 En la neurosis, en un primer tiempo, el Yo se circunscribe a reprimir a la
tendencia instintiva obedeciendo los dictados de la realidad; pero en un
segundo tiempo hay una reacción en contra de dicha represión,
haciéndola fracasar. De esta suerte, la neurosis tiene que ver con dicho
fracaso de la represión, lo que implica una relajación en su relación con
la realidad.

 Freud ejemplifica los dos tiempos de la neurosis, recordándonos uno de


los casos publicados en sus Estudios sobre la histeria (1895): el caso de
Elizabeth von R.
.-.-.-.-
 En las psicosis, en el primer tiempo es cuando el Yo se arranca de la
realidad, mientras que en el segundo tiempo es cuando trata de reparar
esa situación restableciendo la realidad desde la perspectiva del Ello. El
86

segundo tiempo es, entonces, el de la reparación de la realidad a través


de la creación de una nueva realidad que no frustra los deseos del Ello.

 Como podemos ver, tanto en las neurosis como en la psicosis, se


compromete la relación con la realidad; en la primera se evita un trozo
de la realidad, huyendo de ella. Ese trozo de realidad es el que en las
psicosis es construido desde las necesidades del Ello.
.-.-.—
 En otras palabras, el neurótico no niega la realidad, se limita a no querer
saber nada de la realidad; mientras que el psicótico niega la realidad y la
sustituye.

 Existen otro tipo de procesos -”normales” o “sanos”- que combinan


ambas soluciones, en donde, como el neurótico, no se niega la realidad;
pero, como el psicótico, se intenta transformarla. En estos casos, el
sujeto no se contenta con modificaciones internas -de tipo autoplástico-
sino que intenta modificar el afuera -gracias a cambios de tipo
aloplástico.
.-.-.-.-
 Tanto en las neurosis como en las psicosis, la pugna persiste en cierta
medida. En las neurosis, el Ello trata de manifestarse siempre, lo que
provoca angustia en el Yo; en las psicosis, también la realidad externa
trata de imponer su imperio.

 En ambos casos hay un fracaso parcial en el segundo tiempo, pues ni el


instinto reprimido puede procurarse una sustitución completa en las
neurosis; ni la representación de la realidad permite fundirse
satisfactoriamente en las psicosis.
.-.-.-.-
 Es interesante que aún en las neurosis no deja de llevarse a cabo un
intento de sustituir a la realidad externa por otra acorde con los deseos
del Ello: se trata de una realización a través del mundo de la fantasía
gracias a la cual se da una suerte de “atenuación” de las exigencias de
la vida.
87

 Freud concluye que, de hecho, tanto en las neurosis como en las


psicosis se dan ambos fenómenos: tanto una pérdida de la realidad,
como una sustitución de la misma.
.-.-.-.-

- II -

En relación a los elementos energéticos que hacen posible el


funcionamiento del aparato psíquico, también son el producto de una larga
evolución conceptual que ha pasado por diversos momentos teóricos,
plasmados en los escritos a todo lo largo de la obra freudiana; desde los
denominacos estímulos endógenos -término con el que se les designó en un
primer momento en el Proyecto…- que pronto derivaron a la postulación de los
controvertidos instintos sexuales y de autoconservación, términos un tanto
fuertes para las pretensiones no animales de los seres humanos, por lo que se
ha preferido en menos agresivo -para nuestro narcisismo- término de
pulsiones. La energía de los instintos sexuales fue denominada por Freud
como libido. De esta suerte, los instintos o pulsiones transitaron por al menos
tres distintas fases bien definidas:
a) En un primer momento y como ya se mencionó, Freud distinguió entre
las pulsiones sexuales y las pulsiones de autoconservación. Desde una
perspectiva darwiniana, las primeras estarían destinadas a la preservación de
la especie y las segundas a la preservación del individuo. Pero pronto se vio
que estas pulsiones obedecían al llamado Principio del placer por lo que habían
trascendido ampliamente sus orígenes biológicos: por ejemplo, cuando el bebé
se chupa el dedo, ya no busca el alimento que sacie su hambre, sino un placer
derivado del chupeteo mismo. Esta primera postulación luego se vio
ligeramente modificada al preferir los términos de pulsiones sexuales, por un
88

lado, y pulsiones del Yo, por el otro. Estos instintos o pulsiones se nutrían de
una fuente orgánica, tenían una determinada fuerza y su objetivo último era la
descarga de la energía a través de un objeto -que era el elemento más variable
de la pulsión. Tanto en su primera forma como en la segunda denominación, el
conflicto psíquico se establecía al entrar en colisión los intereses sexuales con
los de autoconservación o intereses del Yo.
b) En un segundo momento y gracias a su investigación clínica alrededor
del problema del narcisismo, al darse cuenta de que dicha energía libidinal
podía investir, indistintamente, al objeto externo o al propio Yo del sujeto, tuvo
que admitir que se trataba de un solo y único elemento energético: la libido. La
energía sexual podía desplazarse, en virtud de un sistema semejante al de los
vasos comunicantes hacia uno u otro sitio; de ahí que en el estado de
enamoramiento, el Yo del sujeto se empoblece, mientras que en el egoísmo la
capacidad de amar se ve considerablemente menguada. Pero tanto si ésta
energía investía a los objetos externos como si investía al Yo, no por ello
dejaba de ser energía libidinal; en consecuencia, Freud se vio en el
predicamento de tener que admitir que ambos instintos eran, en última
instancia, sexuales y, por tanto, operaban con una misma energía en ambos
casos. Pronto se dio cuenta que este monismo energético implicaba un
cuestionamiento formal y el derrumbamiento del concepto de conflicto
interpulsional, base de su teoría de las neurosis.
c) El tercer momento tiene que ver con la restauración de la noción de
conflicto, ahora con una nueva teoría instintiva que postulaba la existencia de
dos instintos fundamentales: las pulsiones sexuales o eróticas, elevadas a la
categoría de un Eros universal, energía que pugnaba por la reunión cada vez
mayor de las partes, y una pulsion de muerte que opéraba en el sentido
opuesto, es decir en el sentido de la desligadura, la desintegración y
destrucción, primordialmente, la auto-destrucción. En este tercer momento
teórico, el objeto pasó a un puesto de gran importancia: lejos de ser lo más
variable del impulso, ahora se le vio como ejerciendo una función de primera
importancia en el desarrollo del propio psiquismo; de la misma forma, la
pérdida del objeto o del amor del objeto pudieron ser justipreciados desde un
ángulo de mira distinto y de mayor riqueza conceptual. Por su parte, la
postulación de un instinto de muerte vino a modificar una serie de conceptos
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previos: desde la necesidad de hablar del masoquismo como algo primario -en
vez de secundario como se le teorizaba en la primera teoría instintiva- hasta la
revisión del concepto de transferencia, de compulsión a la repetición, de
reacción terapéutica negativa y muchos otros aspectos de la clínica y la
metapsicología freudiana.

Como podemos ver, la constitución del aparato psíquico fue el elemento


central sin el cual no hubiese sido posible establecer los postulados de la
doctrina psicoanalítica, la dimensión metapsicológica del funcionamiento de la
mente, ni la comprensión del más radical de los descubrimientos freudianos: la
existencia de un inconsciente dinámico, que no por desconocido deja de ser el
que determina nuestros deseos más elementales, así como nuestras
decisiones y conducta.
Lo interesante del caso es que, luego de más de un siglo, las actuales
investigaciones en neurociencias (Kandell, 1999 29; Damasio, 199430, 199931,
200332; Solms y Turnbull, 200233; por sólo mencionar a tres de los
investigadores más relevantes) han venido a demostrar la exactitud de una
serie de postulados freudianos sobre la percepción, la memoria, las
representaciones, la capacidad simbólica, el proceso del pensamiento y la
dinámica de los afectos; pero sobre todo, han venido a corroborar la
importancia central de la vida mental inconsciente.

29
Kandell, E.R. (1999): Biology and the future of psychoanalysis: A new iuntellectual framework
for psychiatry revisited, American Journal of Psychiatry, 156:505-524
30
Damasio, A. R. (1994): El error de Descartes, trad. de Joandomènec Ros, Ed. Crítica,
Barcelona, 2003
31
Damasio, A. (1999): The feeling of what happens, Harvest Book, San Diego, Cal.
32
Damasio, A. (2003): Looking for Spinoza, Harvest Book, Orlando, Fl.
33
Solms, M. y Turnbull, O. (2002): El cerebro y el mundo interior, trad. de Dora Jaramillo,
Fondo de Cultura Económica, México, 2005

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