VALIDEZ ESPACIAL DE LA LEY PENAL
El artículo 3 del Código Penal venezolano vigente, establece “Todo el que cometa
un delito o una falta en el espacio geográfico de la República, será penado con arreglo a
la ley venezolana”; a esta máxima se le conoce como el principio de la territorialidad, que
no es más que el reconocimiento de la soberanía nacional en el poder punitivo del Estado
respecto a su territorio. El contenido de este artículo concuerda con la Constitución en sus
artículos 10 al 15, 49.4 y 131, con el artículo 8 del Código Civil, artículos 55 y 56 del
Código Orgánico Procesal Penal y artículo 6 ejusdem; todos ellos hacen referencia a la
aplicación del imperio de la ley en el espacio geográfico internacionalmente delimitado y
reconocido por los demás sujetos de derecho internacional como Venezuela.
Es importante destacar que el artículo in comento generaliza y no individualiza a
quién o quiénes serán enjuiciados con la ley penal nacional, cuando establece “todo aquel
que cometa…” es decir, no establece la nacionalidad, sexo o edad del sujeto activo
justiciable; razón por la cual, el principio de la territorialidad de la ley penal, que es
fundamental, debe perfeccionarse con otros principios que le son complementarios, que son
el principio de la nacionalidad o de la personalidad, el principio real, de la defensa o de la
protección y el principio de la administración de justicia mundial o principio cosmopolita.
EL PRINCIPIO DE TERRITORIALIDAD DE LA LEY PENAL EN VENEZUELA
Según lo que hemos comentado, la ley penal de cada Estado se aplica a quienes
hayan perpetrado el, o los delitos dentro del ámbito territorial de ese Estado, cualquiera sea
la nacionalidad de aquellos y la de la víctima relativa. Si aplicamos esta enunciación a
Venezuela, resultaría que: la ley penal nacional se aplica a los autores de los delitos
cometidos dentro del territorio nacional, cualesquiera sea la nacionalidad del delincuente y
del agraviado en cada caso.
Según Grisanti (2017) el principio de la territorialidad se sustenta en tres
fundamentos básicos; uno en razón de orden político: entendiendo la función penal como
una expresión de la soberanía; por tanto, la sanción penal sólo puede ejercerse, en principio,
dentro del ámbito territorial, dentro de sus límites; la segunda en razón del orden
represivo: es necesario que la sociedad a quien va dirigida la generalidad de la norma, crea
en el sistema penal venezolano, tanto en el impartir justicia como el de la fuerza de
coerción de la norma penal positiva; es así como, si en el mismo lugar – aspecto geográfico
– donde se cometió el delito, se enjuicia y castiga al autor del hecho, se afianza tanto la
tranquilidad del colectivo, con la no aceptación por parte del Estado de la impunidad de los
delitos y al mismo tiempo queda la fuerza represiva de la ley en evidencia, instando así los
integrantes de la colectividad de que los delitos no han de quedar exentos de castigo. Así la
pena ejercerá su función intimidante y preventiva; por último, en razón del orden
procesal: en razón también de la economía procesal, en el lugar donde se cometió el hecho
punible es donde pueden llevarse a cabo las investigaciones y experticias criminalistas,
forenses o especiales que sean necesarias, para establecer la responsabilidad del autor del
hecho. Además si ha habido testigos, estos originalmente vivirán o frecuentarán en ese
lugar o sus alrededores y también habitaran en aquella zona tanto el delincuente como su
víctima.
PRINCIPIOS COMPLEMENTARIOS AL TERRITORIAL
No obstante, lo fundamental del principio de territorialidad, en cuanto al valor de la
aplicación espacial de la ley penal, no es exclusivo, pues de ser así podría, este principio
pétreo devenir en situaciones injustas de consecuencias nefastas, que serían la impunidad
de muchos delitos y delincuentes. Si este principio se aplicara exclusivamente los Estados
deberían entonces, castigar únicamente a quienes haya cometido delitos exclusivamente en
su territorio. Es por ellos, que como antes se mencionó el principio de la territorialidad se
complementa de otros que le son accesorios y, por qué no, hasta necesarios para que el
aparato jurisdiccional pueda, ejercer el ius puniendi del Estado de manera más efectiva.
Principio de la nacionalidad o de la personalidad. Este principio atiende al hecho
de que cada Estado, tiene la potestad de aplicar su ley penal a los delitos cometidos por sus
nacionales, sin tomar en cuenta la nacionalidad de la víctima y el lugar de la perpetración
del delito. Sin embargo, este principio al ser complementario del de la territorialidad,
tampoco puede aplicarse exclusivamente, en virtud de que sería excluyente, pues entonces
dejaría fuera a los extranjeros que en un momento determinado, cometieran actos delictivos
en el territorio de un Estado.
Este principio atiende al orden represivo nacional, visto desde dos vertientes, el
Estado ejerce su soberanía sobre sus nacionales en cualquier lugar del planeta en el que
estén, para castigar el acto delictivo, el hecho punible, pero también para proteger a sus
nacionales de órdenes represivos más severos que el propio. Por ejemplo, cuando un
venezolano comete un homicidio en un Estado que contemple penas mayores a la
establecida en el Código Penal e incluso la pena máxima; puede el país solicitar la
extradición de ese nacional a territorio venezolano donde será juzgado por sus jueces
naturales y según los procedimientos judiciales establecidos en la Constitución y la Ley o
Leyes de las que trate la conducta antijurídica que se impute al sujeto activo.
Las condiciones de aplicación de este principio son dos: en primer lugar el nacional
que cometió el acto delictivo debe estar en territorio nacional – incluso si se trata de una
embajada en el extranjero, o en una aeronave o embarcación de bandera nacional – y, que
no haya sido juzgado y castigado en el lugar donde haya sido cometido el delito, para
garantizar el cumplimiento de la máxima non bis in ídem, que garantiza que nadie deberá
ser juzgado y castigado dos veces por el mismo delito.
Principio real, de la defensa o de protección. Grisanti (2017) lo formula así “La
ley penal se aplica a los delitos cometidos contra los intereses fundamentales del Estado,
así como a los delitos perpetrados contra los nacionales de ese Estado, cualesquiera sean
la nacionalidad del delincuente y el lugar de perpetración de aquel.” En el entendido de
este enunciado, lo que va a interesar aquí el que el sujeto pasivo del delito serán el propio
Estado o alguno de sus nacionales, sin importar la nacionalidad del sujeto activo.
Este principio refuerza el orden político y represivo del principio de la
territorialidad, en virtud de que cada Estado tiene el derecho de ejercer su soberanía sobre
sus nacionales y sobre sí mismo, para defender y proteger así como lo tiene para castigar a
quienes lo ofendan. También será complementario del principio en estudio, en virtud de
que si se aplicase por sí solo, quedaría excluido del orden general, el derecho a castigar los
delitos cometidos contra extranjeros dentro de territorio nacional.
La condición de aplicación de este principio se asemejan al anterior, primero es
importante que el delincuente no haya sido juzgado y castigado por el delito cometido,
contra un Estado y/o sus nacionales, pues iría en contra de la máxima antes dicha, pero
también es importante que, de ser juzgado por ese Estado, se encuentre en los límites de su
territorio soberano.
Principio de la administración de justicia mundial o principio cosmopolita. Este
principio es netamente utópico, pues según lo que preceptúa, la justicia penal debe ser
impartida a quien cometa un delito, sin importar su nacionalidad, la nacionalidad de la
víctima o el lugar de perpetración del delito.
Lo utópico del principio deriva de la violación a la soberanía de los Estados y la
autodeterminación a la que tienen derecho según el orden mundial, pues, una actividad que
en un cierto Estado pueda ser permitida en otros puede, no sólo no ser permitida, sino hasta
penada y con la máxima de castigo. Por ejemplo, en los Estados árabes se permite la
bigamia, el que un hombre se case legítimamente con varias mujeres, en Venezuela, no y,
además es una conducta tipificada en el artículo 400 del Código Penal vigente; incluso si se
fuese a castigar a alguien que haya cometido delito en un lugar remoto, sería problemático
y económicamente arduo, el traer las pruebas, levantar experticias etc., que permitan
establecer la culpabilidad del delincuente.
No obstante lo antes dicho, la existencia de este principio como complementario del
principio de territorialidad radica en cuanto al cometimiento de delitos establecidos en
acuerdos internacionales como los denominado delitos contra la humanidad, atroces o de
lesa humanidad, puesto que en lo concerniente a ellos, no existen inconvenientes con
respecto a la diversidad legislativa, pues dichos delitos lo son en todos los países del
mundo: la piratería, la trata de blancas, el tráfico de esclavos, el tráfico de órganos, la
destrucción de vías internacionales o cables submarinos, etc.
Ahora bien, todo lo concerniente a éstos principios complementarios, no son sólo
referencias doctrinarias para el estudio del derecho penal, sino que se admiten activamente
en el cuerpo normativo vigente; el Código Penal venezolano, prevé lo atinente al Principio
de la nacionalidad en el artículo 4, ordinal 4°, “Están sujetos a enjuiciamiento en Venezuela
y se castigarán de conformidad con la ley penal venezolana: … 4° Los venezolanos que, en
país extranjero infrinjan las leyes relativas al estado civil y capacidad de los venezolanos.”
Lo pertinente al Principio real, de la defensa o protección se establece en el mismo
artículo 4, ordinal “… 2° Los súbditos o ciudadanos extranjeros que en país extranjero
cometan algún delito contra la seguridad de la República o contra alguno de sus
nacionales…”
Finalmente lo referido al Principio de la administración de justicia en el orden
mundial, lo consagra el ordinal “9°. Los venezolanos o extranjeros venidos a la República
que, en alta mar, cometan actos de piratería u otros delitos de los que el Derecho
Internacional califica como atroces y contra la humanidad;…”
LA EXTRADICIÓN COMO PRINCIPIO DE
EXTRATERRITORIALIDAD EN VENEZUELA
La extraterritorialidad es para Cabanellas (2006) la “ficción jurídica que considera ciertas
personas y cosas (como los representantes diplomáticos y consulares, los edificios que
ocupan y los barcos de guerra) como pertenecientes al territorio de la nación que
representan, y sometidos a sus leyes.”; tomando en cuenta este concepto, podemos concluir
que, con la consagración de los principios complementarios al territorial – ya analizados –
en la norma sustantiva venezolana, se entiende configurado y aceptado el principio de la
extraterritorialidad por el Estado.
Ahora bien, más allá de lo que hemos dicho sobre la soberanía que Venezuela ejerce sobre
sí misma y sus nacionales, cuanto a su defensa o posibilidad de castigo, el Estado ha
adoptado históricamente el sentido de reciprocidad internacional, en el alcance de las
normas penales de sus homólogos en territorio nacional, a través de la figura de la
extradición, que según Grisanti (2017) “es un acto mediante el cual se actualiza la
cooperación que se prestan entre sí los Estados, para asegurar, en la medida de lo posible,
el imperio internacional de la justicia punitiva.”; Cabanellas (2006) lo conceptualiza como
la “Entrega que un país hace a otro, cuando éste así lo reclama, del acusado de ciertos
delitos, para ser juzgado donde se suponen cometidos.”
Cabe destacar que la extradición no es un juicio o proceso judicial, que busca establecer la
culpabilidad o inocencia de alguien, de quien se tiene certeza se encuentra en territorio
Venezolano y es solicitado por algún otro Estado; es un proceso jurídico-político que busca
trasladar a un ciudadano extranjero que en un momento determinado sea requerido por otro
Estado con fines al cumplimiento de un acto de juicio que castigue o absuelva de los actos
que le son imputados.
Por norma, Venezuela no extradita a sus nacionales y así lo establece el artículo 6 del
Código Penal “Articulo 6. La extradición de un venezolano no podrá concederse por
ningún motivo;…” sin embargo, esto no priva el orden de administración de justicia
mundial ya estudiando, pues el articulo comentado también establece la posibilidad de
enjuiciamiento en territorio venezolano, cuando el delito que se le impute sea considerado
como tal en Venezuela y mereciere pena por tal.
Únicamente a través de tratados internacionales que versen sobre extradición, firmados
entre sujetos de derecho internacional sui generis, es que los Estados estarán más o menos,
obligados a concederla cuando le fuere requerido. En tal sentido, cuando entre dos o más
Estados se firmara un tratado sobre extradición, en el cual se acuerden el modo y los delitos
por los cuales ésta procedería, estaremos frente a una clase de extradición llamada
necesaria u obligatoria, en virtud del acuerdo antes dicho. Para los casos en que,
existiendo o no el acuerdo, y, de existir, en él no se haya tipificado el delito que se imputare
a una persona que fuere requerida, el Estado a quien se solicitara la entrega puede
concederla o no, por no estar obligado a ella, esto en ejercicio de un acto de soberanía, en
dicho caso la extracción se clasifica como facultativa o potestativa.
Por tratarse de un proceso largo, de trámites que exigen asertividad y de compleja carga,
existen ciertas condiciones para que en Venezuela proceda el acuerdo de extradición de un
extranjero solicitado. Si se trata de una extradición necesaria u obligatoria, es imperante
que en el tratado firmado entre Venezuela y el estado requirente se haya tipificado el delito
del que se acuse al sujeto solicitado, sino como acto de soberanía – como antes se dijo –
Venezuela puede, o no, concederla. Otras condiciones de forma, que son necesarias, es la
tramitación de documentos que individualicen al sujeto activo penalmente hablando, con el
fin de demostrar que se trata de la persona indicada, tales como documentos de nacimiento
y/o de identidad, con el fin de establecer nexos nacionales con el Estado requirente y demás
filiaciones que los identifiquen plenamente.
Jurídicamente hablando, también es necesario que haya paridad o identidad de normas
penales, esto quiere decir que, sin importar diferencias gramaticales en razón del uso del
lenguaje escrito en un idioma o en otro, la norma penal interna vigente del estado requirente
y la del Estado requerido debe tipificar como delito el hecho punible que se impute al sujeto
solicitado. Cuando nos referimos a esta paridad en la norma, nos referimos a la identidad
del objeto típico antijurídico y sus consecuencias en el sujeto pasivo o víctima, y no de la
sanción que se imponga en una u otra legislación, pues ésta puede variar por razones de
cultura o historia de cada Estado.
Unido a lo antes dicho, el acto delictivo de que se trate la solicitud de extradición, debe ser
un delito considerado grave que amerite una sanción, a fin de que no quede impune y se
devuelva a la sociedad respectiva el orden infringido, por aquello de que la ley penal de
cada Estado sanciona pero también protege a sus nacionales. Además no debe tratarse de un
delito que en el país requirente o requerido se considere delito político; pues si lo fuese – al
menos en Venezuela – ya se concedería, sino que en virtud de lo que preceptúa el segundo
aparte del artículo 6 del Código Penal, se otorgaría asilo político a esta clase de
“delincuente”. Fundamenta esta decisión en el orden mundial, que el llamado delincuente
político, obra impulsado por razones altruistas y en aras de un ideal social.
APÉNDICE
TRATADOS SUSCRITOS POR VENEZUELA
EN MATERIA DE EXTRADICIÓN QUE ESTÁN VIGENTES
Convenio de Extradición entre el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y
el Gobierno de la República Francesa. [G.O. N°40.805 - 08/12/2015]
Tratado de Extradición entre el Reino de España y la República Bolivariana de
Venezuela. Caracas 4 de enero de 1989. G.O. N° 34.476 – 28/05/1990
Tratado de Extradición entre Venezuela y Bolivia. 21/09/1883. Sustituido por el
Acuerdo del Congreso de Boliviano el 18/07/1911.
Tratado de Extradición entre Venezuela y Bélgica. 05/02/1885.
Tratado de Extradición entre Venezuela y Cuba. 24/01/1913
Tratado de Extradición entre Venezuela y Chile. 30/10/1964.
Acuerdo sobre Extradición entre Venezuela, Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia.
18/07/1911. Ratificado por Venezuela el 19/12/1914.
Tratado de Extradición entre Venezuela y Estados Unidos de América. 14/04/1923.
Tratado de Extradición y Asistencia judicial en Materia Penal, entre Venezuela e Italia.
04/03/1932.
Tratado de Extradición entre Venezuela y Brasil. 14/02/1940
ACUERDOS SUSCRITOS Y RATIFICADOS POR EL ESTADO VENEZOLANO
SOBRE ASISTENCIA MUTUA EN MATERIA PENAL
BILATERALES
Acuerdo de Cooperación y Asistencia Judicial en Materia Penal entre el Gobierno de la
República de Venezuela y el Gobierno de la República de Colombia.
Suscrito en Caracas, el 20 de febrero de 1998.Publicación en Gaceta Oficial N° 5.506
Extraordinario del 13 de diciembre de 2000.
Tratado de Cooperación entre el Gobierno de la República de Venezuela y el Gobierno de
los Estados Unidos Mexicanos sobre Asistencia Jurídica Mutua en Materia Penal.
Suscrito en Ciudad de México, el 6 de febrero de 1997. Publicación en Gaceta Oficial N°
5.241 Extraordinario del 6 de julio de 1998.
Convenio entre la República de Venezuela y la República Dominicana sobre Asistencia
Mutua en Materia Penal.
Suscrito en Caracas, el 31 de enero de 1997. Publicación en Gaceta Oficial N° 5.274 de
fecha 12 de noviembre de 1998.
Acuerdo entre la República de Venezuela y la República de Paraguay sobre Asistencia
Judicial en Materia Penal.
Suscrito en Caracas, el 5 de septiembre de 1996. Publicada en Gaceta Oficial N° 5.274
Extraordinario del 5 de agosto de 1998.
Convenio entre el Gobierno de la República de Venezuela y el Gobierno de los Estados
Unidos de América sobre Asistencia Legal Mutua en Materia Penal.
Suscrito en Caracas, el 12 de octubre de 1997. Publicado en Gaceta Oficial N° 37.884, de
fecha 20 de febrero de 2004.
Convenio entre el Gobierno de la República de Venezuela y el Gobierno de Cuba sobre
Asistencia Jurídica en Materia Penal. Publicado en Gaceta Oficial N° 38.092 de fecha 22
de diciembre de 2004.
MULTILATERALES
Organización de Estados Americanos
Convención Interamericana sobre Exhortos o Cartas Rogatorias. Suscrito en Panamá, el 30
de enero de 1975. Publicada en Gaceta Oficial N° 33.033 de fecha 3 de agosto de 1984.
(Ratificada por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador,
U.S.A., Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela).
Protocolo Adicional a la Convención Interamericana sobre Exhortos o Cartas Rogatorias.
Suscrito en Montevideo, República de Uruguay, el 8 de mayo de 1979. Publicado en
Gaceta Oficial N° 33.171, de fecha 25 de febrero de 1985. (Ratificada por Argentina,
Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, U.S.A, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú,
Uruguay y Venezuela).
Convención sobre Recepción de Pruebas en el Extranjero. Suscrita en Panamá, el 30 de
enero de 1975. Publicada en Gaceta Oficial Nº 33.170, de fecha 22 de febrero de 1985.
(Ratificada por Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala,
Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y
Venezuela).
Protocolo Adicional a la Convención Interamericana sobre Recepción de Pruebas en el
Extranjero. Adoptado en la Paz, República de Bolivia, el 24 de mayo de 1984. Publicado en
Gaceta Oficial N° 4.580 Extraordinario, de fecha 21 de mayo de 1993. (Ratificada por
Argentina, Ecuador, México y Venezuela).
Convención Interamericana contra la Corrupción. Adoptada en Caracas, el 29 de marzo de
1996. Gaceta Oficial N° 36.211, de fecha 22 de mayo de 1997. (Ratificada por Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador,
Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Estados Unidos de América,
Uruguay y Venezuela).
Convención Interamericana sobre Asistencia Legal Mutua en Materia Penal. Suscrita en
Washington, el 27 de agosto de 1992. Publicado en Gaceta Oficial Nº 4.999, de fecha 03 de
noviembre de 1995. (Ratificada por Canadá, USA, Perú y Venezuela).
Convención Interamericana Contra el Terrorismo. Suscrita en Bridgetown, el 3 de junio de
2002. Publicado en Gaceta Oficial Nº 37.841, de fecha 17 de diciembre de 2003.
(Ratificada por Antigua y Barbuda, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Dominica, El
Salvador, Estados Unidos, Grenada, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá,
Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago y Venezuela).
Organización de las Naciones Unidas
Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y
Sustancias Sicotrópicas. Adoptada en Viena, Austria, el 20 de diciembre de 1988.
Publicada en Gaceta Oficial N° 34.741 de fecha 21 de junio de 1991.
Convención de la Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional.
Adoptada en Palermo, República de Italia, el 15 de diciembre de 2000. Publicada en Gaceta
Oficial N° 37.357 del 4 de enero de 2002.
LEGISLACIÓN VENEZOLANA VIGENTE CON DISPOSICIONES
EN MATERIA DE EXTRADICIÓN
Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y del Adolescente. Publicada en Gaceta
Oficial Nº 6.185, del 8 de Junio de 2.015.
Decreto con Rango, Valor y Fuerza de ley del Código Orgánico Procesal Penal. Publicado
en Gaceta Oficial Nº 6.078 Extraordinario, de fecha 12 de Junio de 2012.
Código Penal. Publicada en Gaceta Oficial Nº 5.763, de fecha 16 de Marzo de 2005.
Ley Orgánica Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo.
Publicada en Gaceta Oficial Nº 39.912, de fecha 30 de Abril de 2012.
Ley contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas.
Publicada en Gaceta Oficial Nº 38.337, de fecha 16 de Diciembre de 2005.
DOS CASOS DE EXTRADICIÓN EN VENEZUELA
Como país requerido y en virtud de los acuerdo suscritos, el 19 de Julio de 2001 se
concretó la extradición de Venezuela a Colombia de José María Ballestas Tirado, alias
"Yiyo" es un guerrillero colombiano, miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN)
que participó en el secuestro de un avión Fokker 50, durante el vuelo 9463 de Avianca que
cubría la ruta Bucaramanga-Bogotá, el 12 de abril de 1999.
Como país requirente el 15 de Diciembre de 2015, la justicia Suiza negó la
extradición a Venezuela de Rafael Esquivel, expresidente de la Federación Venezolana de
Fútbol (FVF), y se ordenó su traslado a Estados Unidos, pues ambos países mantienen un
tratado de extradición.
EXTRACTO DE LA LEY DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
TÍTULO VII: DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA
Capítulo I: De la Jurisdicción Especial Indígena
Del derecho propio
Artículo 130. El Estado reconoce el derecho propio de los pueblos indígenas, en virtud de
lo cual tienen la potestad de aplicar instancias de justicia dentro de su hábitat y tierras por
sus autoridades legítimas y que sólo afecten a sus integrantes, de acuerdo con su cultura y
necesidades sociales, siempre que no sea incompatible con los derechos humanos
establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, los tratados,
pactos y convenciones internacionales suscritos y ratificados por la República,
interculturalmente interpretados y con lo previsto en la presente Ley.
Del derecho indígena
Artículo 131. El derecho indígena está constituido por el conjunto de normas, principios,
valores, prácticas, instituciones, usos y costumbres, que cada pueblo indígena considere
legítimo y obligatorio, que les permite regular la vida social y política, autogobernarse,
organizar, garantizar el orden público interno, establecer derechos y deberes, resolver
conflictos y tomar decisiones en el ámbito interno.
De la jurisdicción especial indígena
Artículo 132. La jurisdicción especial indígena consiste en la potestad que tienen los
pueblos y comunidades indígenas, a través de sus autoridades legítimas, de tomar
decisiones de acuerdo con su derecho propio y conforme con los procedimientos
tradicionales, para solucionar de forma autónoma y definitiva las controversias que se
susciten entre sus integrantes, dentro de su hábitat y tierras. La jurisdicción especial
indígena comprende la facultad de conocer, investigar, decidir y ejecutar las decisiones, en
los asuntos sometidos a su competencia y la potestad de avalar acuerdos reparatorios como
medida de solución de conflictos. Las autoridades indígenas resolverán los conflictos sobre
la base de la vía conciliatoria, el diálogo, la medición, la compensación y la reparación del
daño, con la finalidad de reestablecer la armonía y la paz social. En los procedimientos
participarán tanto el ofensor como la víctima, la familia y la comunidad. Las decisiones
constituyen cosa juzgada en el ámbito nacional; en consecuencia, las partes, el Estado y los
terceros están obligados a respetarlas y acatarlas, siempre que no sean incompatibles con
los derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, los tratados, pactos y convenciones internacionales suscritos y ratificados por la
República y de conformidad con la presente Ley.
Parágrafo Único: A los efectos de este Capítulo, se entenderá por integrante toda persona
indígena que forme parte de una comunidad indígena. También se considera como
integrante toda persona no indígena integrada por vínculos familiares o por cualquier otro
nexo a la comunidad indígena, siempre que resida en la misma.
De la competencia de la jurisdicción especial indígena
Artículo 133. La competencia de la jurisdicción especial indígena estará determinada por
los siguientes criterios:
1. Competencia Territorial: Las autoridades legítimas tendrán competencia para conocer
de cualquier incidencia o conflicto surgido dentro del hábitat y tierras de los pueblos y
comunidades indígenas respectivos.
2. Competencia Extraterritorial: Las autoridades legítimas tendrán competencia
extraterritorial respecto de controversias sometidas a su conocimiento, surgidas fuera del
hábitat y tierras indígenas, cuando las mismas sean entre integrantes de pueblos y
comunidades indígenas, no revistan carácter penal y no afecten derechos de terceros no
indígenas. En este caso, la autoridad legítima decidirá según las normas, usos y costumbres
del pueblo o comunidad indígena y lo dispuesto en el presente artículo, si conoce o no de la
controversia y, en caso negativo, informará a los solicitantes y remitirá el caso a la
jurisdicción ordinaria cuando corresponda.
3. Competencia Material: Las autoridades legítimas tendrán competencia para conocer y
decidir sobre cualquier conflicto o solicitud, independientemente de la materia de que se
trate. Se exceptúan de esta competencia material, los delitos contra la seguridad e
integridad de la Nación, delitos de corrupción o contra el patrimonio público, ilícitos
aduaneros, tráfico ilícito de sustancias psicotrópicas y estupefacientes y tráfico ilícito de
armas de fuego, delitos cometidos con el concierto o concurrencia de manera organizada de
varias personas y los crímenes internacionales: el genocidio, lesa humanidad, crímenes de
guerra y crímenes de agresión.
4. Competencia Personal: La jurisdicción especial indígena tendrá competencia para
conocer de solicitudes o conflictos que involucren a cualquier integrante del pueblo o
comunidad indígena. Las personas que no siendo integrantes de la comunidad pero que
encontrándose dentro del hábitat y tierras indígenas cometan algún delito previsto en la
legislación ordinaria, podrán ser detenidas preventivamente por las autoridades legítimas,
las cuales deberán poner al detenido a la orden de la jurisdicción ordinaria conforme a lo
dispuesto en el Código Orgánico Procesal Penal.
De la coordinación entre la jurisdicción especial indígena y la ordinaria
Artículo 134. Las relaciones entre la jurisdicción especial indígena y la jurisdicción
ordinaria se rigen por las siguientes reglas:
1. Reserva de la jurisdicción especial indígena: las decisiones tomadas por las autoridades
indígenas legítimas sólo serán revisadas por la jurisdicción ordinaria cuando sean
incompatibles con los derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, los tratados, pactos y convenciones internacionales
suscritos y ratificados por la República.
2. Relaciones de coordinación: La jurisdicción especial indígena y la jurisdicción ordinaria
establecerán relaciones de coordinación y colaboración, a los fines de prestarse el apoyo
requerido para la investigación, juzgamiento o ejecución de sus decisiones.
3. Conflicto de jurisdicción: De los conflictos entre la jurisdicción especial indígena y la
jurisdicción ordinaria conocerá el Tribunal Supremo de Justicia, mediante el procedimiento
respectivo establecido en la ley que regula la materia.
4. Protección del derecho a la jurisdicción especial indígena: Cuando la jurisdicción
ordinaria conozca de casos que correspondan a la jurisdicción especial indígena, debe
remitir las actuaciones a esta última.
De los procedimientos para resolver conflictos de derechos humanos.
Artículo 135. Contra toda decisión emanada de la jurisdicción especial indígena, violatoria
de derechos fundamentales, se podrá interponer la acción de Amparo Constitucional ante la
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, la cual se tramitará conforme al
procedimiento previsto en la ley respectiva y estará orientada según las reglas de equidad,
garantizando la interpretación intercultural de los hechos y el derecho, tomando en cuenta
el derecho propio de los pueblos y comunidades indígenas involucrados.
Del fortalecimiento del derecho indígena y jurisdicción especial indígena.
Artículo 136. El Estado garantiza, entre otros, los siguientes mecanismos para facilitar la
aplicación del derecho indígena y el desarrollo de la jurisdicción especial indígena:
1. Promoción y difusión: El ente ejecutor de la política indígena del país creará una
instancia mixta interinstitucional con participación de representantes de los pueblos y
comunidades indígenas y sus organizaciones, para el diseño y ejecución de políticas
públicas que promuevan la difusión y el respeto del derecho indígena y la jurisdicción
especial indígena.
2. Programas: El ente ejecutor de la política indígena del país o los pueblos, comunidades y
sus organizaciones indígenas, podrán diseñar y ejecutar, conjunta o separadamente,
programas o proyectos de capacitación y formación en el pluralismo legal, dirigidos a las
autoridades indígenas y a los operadores de justicia, para facilitar la aplicación del derecho
indígena y la coordinación con la jurisdicción ordinaria.
3. De la enseñanza del derecho indígena: En la enseñanza del derecho y carreras afines, las
instituciones educativas y de formación judicial, de conformidad con las normas aplicables,
incorporarán materias referidas a la multiculturalidad, pluralismo legal y el derecho
indígena, el Estado proveerá los medios necesarios para la capacitación en materia indígena
a los operadores de justicia, abogados y funcionarios encargados de aplicar la ley en zonas
con predominancia indígena.
Capítulo II: De los Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas y sus
Integrantes ante la Jurisdicción Ordinaria.
De los derechos en la jurisdicción ordinaria.
Artículo 137. Los pueblos y comunidades indígenas, y cualquier persona indígena que sea
parte en procesos judiciales, tendrán derecho a conocer su contenido, efectos y recursos,
contar con defensa profesional idónea, el uso de su propio idioma y el respeto de su cultura
durante todas las fases del proceso. El Estado establecerá los mecanismos que permitan
superar las dificultades inherentes a las diferencias culturales y lingüísticas para facilitar a
los indígenas la plena comprensión de estos procesos. Lo dispuesto en este artículo se
aplicará a los indígenas que estén sometidos o participen en procedimientos administrativos
o especiales, en tanto sean aplicables.
Del derecho a la defensa.
Artículo 138. A los fines de garantizar el derecho a la defensa de los indígenas, se crea la
Defensa Pública Indígena, dentro del sistema de Defensa Pública del Tribunal Supremo de
Justicia. Para el nombramiento de defensores públicos de indígenas se exigirá que los
mismos sean abogados y conozcan la cultura y derechos de los pueblos y comunidades
indígenas. Los defensores públicos de indígenas son competentes para ejercer la
representación y defensa de los indígenas en toda materia y ante toda instancia
administrativa y judicial, nacional e internacional.
Del derecho a intérprete público.
Artículo 139. El Estado garantiza a los indígenas el uso de sus idiomas originarios en todo
proceso administrativo o judicial. Se requerirá del nombramiento de un intérprete, a los
fines de prestar testimonios, declaraciones o cualquier otro acto del proceso. Los actos que
hayan sido efectuados sin la presencia del intérprete serán nulos.
De los informes periciales.
Artículo 140. En los procesos judiciales en que sean parte los pueblos y comunidades
indígenas o sus miembros, el órgano judicial respectivo deberá contar con un informe
socio-antropológico y un informe de la autoridad indígena o la organización indígena
representativa, que ilustre sobre la cultura y el derecho indígena. El informe socio-
antropológico estará a cargo del ente ejecutor de la política indígena del país o profesional
idóneo.
Del juzgamiento penal.
Artículo 141. En los procesos penales que involucren indígenas se respetarán las siguientes
reglas:
1. No se perseguirá penalmente a indígenas por hechos tipificados como delitos, cuando en
su cultura y derecho estos actos sean permitidos, siempre que no sean incompatibles con los
derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, los tratados, pactos y convenciones internacionales suscritos y ratificados por la
República.
2. Los jueces, al momento de dictar sentencia definitiva o cualquier medida preventiva,
deberán considerar las condiciones socioeconómicas y culturales de los indígenas, y decidir
conforme a los principios de justicia y equidad. En todo caso, éstos procurarán establecer
penas distintas al encarcelamiento que permitan la reinserción del indígena a su medio
sociocultural.
3. El Estado dispondrá en los establecimientos penales en los estados con población
indígena, de espacios especiales de reclusión para los indígenas, así como del personal con
conocimientos en materia indígena para su atención.
LA JUSTICIA INDIGENA EN VENEZUELA COMO CONSECUENCIA DE LA
ENTRADA EN VIGENCIA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1999
¿Se reconoce extraterritorialidad de leyes penales dentro del territorio venezolano?
Antes de la constitucionalización de los derechos de los pueblos y las comunidades
indígenas en Venezuela, históricamente, los indígenas venezolanos a través de sus derechos
consuetudinarios, habían logrado mantener su propio sistema de aplicación de la justicia.
Aquellos miembros de las comunidades indígenas, que salieron de su hábitat por
razones de familia, comercio, salud o simplemente por el cambio acelerado de la sociedad
que les circundaba, se vieron en la necesidad de encuadrar sus actividades diarias al orden
jurídico venezolano. No obstante, los lazos familiares les mantenía unidos y la mezcla de
leyes ancestrales con el orden jurídico venezolano se tradujo en la violación a los derechos
de los indígenas de convivir de la forma en que lo venían haciendo, forzando de este modo,
una nueva “colonización”; en este caso ideológica, contra los nativos de esta nación.
Se anexa en esta investigación, la tesis de la 1 [Anexo 1], quien a la luz del nuevo
texto constitucional compara el caso más emblemático entre los miembros de la comunidad
Wuayuu hasta hoy día, con la ausencia de una legislación especial que regulara el proceder
penal de los pueblos indígenas en Venezuela de la manera en que desde siempre lo venían
practicando.
Como consecuencia del reconocimiento de la organización política de los pueblos y
comunidades indígenas, así como sus usos y costumbres, la Constitución regula y consagra
en el capítulo del Poder Judicial y del Sistema de Justicia, el derecho de los pueblos
indígenas a la aplicación de sus propias instancias de justicia.
En este sentido, las autoridades legítimas de los pueblos indígenas pueden aplicar en
su hábitat instancia de justicia con base en sus tradiciones ancestrales y que sólo afecten a
sus integrantes, según sus propias normas y procedimientos, siempre que no sean contrarios
a la Constitución, a la ley o el orden público. La ley debe determinar la forma de
coordinación de esta jurisdicción especial con el sistema judicial nacional, artículo 260
C.N.
Cabe destacar que en Venezuela apenas el dos por ciento (2%) de la población es
indígena, que la Ley de Pueblos Indígenas en sus artículos 130 al 141 establecen los
derechos que tienen a ejercer jurisdicción sobre los actos delictivos ocurridos en su hábitat,
por y en contra de sus integrantes, aplicando las leyes que consuetudinariamente venían
ejerciendo, siempre que no contravengan los derechos consagrados en la Constitución de la
República.
Más adelante, anexo el caso en el cual la Sala de Casación Penal del Tribunal
Supremo de Justicia por medio del análisis de las declaraciones brindadas por juristas
especialistas y antropólogos, revocó una sentencia de la etnia Warao que sentenció a 20
años de cárcel a un adolescente de 14 años por cometer homicidio [Anexo 2].
Todo este estudio comparado del derecho penal venezolano vigente, a la luz de la
constitución de 1999 y de la Ley de los pueblos indígenas, no tiene otro propósito más que
el demostrar, que de alguna manera vaga, casi hipócrita, por el reconocimiento de los
derechos a esta parte de la población venezolana, se deja entrever la aceptación del pago de
indemnizaciones en casos de homicidio – tal como se evidencia en el caso de estudio de la
Profesora Segovia – cómo de manera intrínseca se relaja el principio de territorialidad de la
ley penal ordinaria frente a la ley de los pueblos indígenas (ver artículo 133.2)
Y, finalmente cómo colisionan las normas cuando en el artículo 141.1 de la ley se
establece que “No se perseguirá penalmente a indígenas por hechos tipificados como
delitos, cuando en su cultura y derecho estos actos sean permitidos…” [Demuestra el
estudio antropológico de la etnia Wayuu por ejemplo, que el pago de indemnizaciones o
reparo de daños, es casi siempre la forma – por no decir que la única – que el grupo familiar
de un agresor tiene para garantizar la recuperación de la inestabilidad y desequilibrio
abierto a partir de la agresión]; con la forma “… siempre que no sean incompatibles con los
derechos fundamentales establecidos en la Constitución…”, ¿permite la Constitución y/o el
Código Penal, el pago de indemnizaciones a los familiares de la víctima por parte del
agresor, como único pago para reestablecer la situación jurídica infringida?.
Conclusión. Considero que hace falta un análisis mucho más profundo y un interés
no meramente político, que permita el desarrollo de leyes coherentes que puedan realmente
integrar a los pueblos y comunidades indígenas con sus costumbres y formas ancestrales de
solución de conflictos, que sean un puente hacia la responsabilidad jurídica de Venezuela
frente a sus ciudadanos originarios y que signifiquen un acercamiento de éstos hacia la
formalización de un dialogo intercultural que les perita, sin dejar de lado sus usanzas, entrar
en el mundo moderno donde puedan coexistir ambas culturas.
Anexo también un avance del proyecto de investigación de Ricardo Colmenares
Olívar, sobre el “Sistema de Justicia Penal Formal y el derecho Consuetudinario Wayuu”
publicado en abril de 2006, pero infiero por su contenido que no había sido derogado el
Código de Enjuiciamiento Criminal [Anexo 3]; espero que dicha tesis sirva de apoyo a mi
conclusión.
ANEXO 2
JUAN FRANCISCO ALONSO | EL UNIVERSAL
Lunes 12 de marzo de 2012 12:00 AM
Nada ni nadie está por encima de la Constitución, ni siquiera los ancestrales pueblos
indígenas. Así lo dejó en claro el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), organismo que
confirmó que dichas comunidades tienen, de acuerdo con el artículo 260 de la Carta Magna,
el derecho a resolver las controversias que surjan en su seno según sus costumbres y
tradiciones, pero les dejó en claro que las soluciones que apliquen deben ajustarse a la letra
y espíritu del texto fundamental.
La afirmación la realizó la Sala Constitucional en su sentencia número dos de este año, en
la cual declaró con lugar un amparo que el defensor público del estado Delta Amacuro,
Clarense Daniel Russián, interpuso contra la decisión que el 23 de noviembre de 2009
adoptó un juzgado especial warao, el cual condenó a 20 años de prisión a un niño de esa
etnia por dar muerte a un adulto de la misma comunidad (Lucio Romero).
En el fallo redactado por la magistrada Carmen Zuleta de Merchán, se ordenó también la
inmediata liberación del adolescente, el cual se encontraba en una casa de formación para
varones en Tucupita, por considerar que le fueron violados sus derechos fundamentales a la
defensa y a ser juzgado por su juez natural.
La intérprete de la Carta Magna constató que el joven no fue procesado por los "aidamos"
(máximas autoridades de los waraos), por medio de una "monikata" (asamblea de ancianos
y de la comunidad que busca resolver los conflictos que se presenten en el grupo), sino por
14 caciques y 12 "dibatus" (agentes rurales indígenas) de otras poblaciones adyacentes.
Asimismo la Sala verificó, con ayuda de distintos expertos que convocó a una audiencia
oral y pública que realizó a mediados de 2011 para analizar el asunto, que los waraos no
tienen previsto en su derecho la sanción de privación de la libertad para castigar ninguna
infracción.
Por el contrario, antropólogos como Werner Wilber explicaron que los castigos que
tradicionalmente utilizan estos indígenas para penalizar los delitos son la humillación
pública o el exilio de la comunidad.
Pese a que no se refirió expresamente a la dureza de la condena anulada, el máximo
juzgado dejó entrever que la consideraba excesiva, debido a que la Ley Orgánica de
Protección del Niño y Adolescente (Lopna) establece que por este tipo de hechos los
menores de edad no pueden estar más de dos años entre rejas.
La Sala, en su dictamen, cuestionó también la actuación del Tribunal 2 de Control de la
Sección Penal de Adolescentes de Delta Amacuro por no haber detectado ninguna de estas
fallas, por haber confirmado sin más la sentencia del juzgado indígena.
"El derecho originario o consuetudinario de los pueblos y comunidades indígenas se
encuentra integrado al ordenamiento constitucional vigente, y por ende, no puede ser
contrario, a las normas, reglas y principios establecidos en la Constitución", dejó en claro el
Tribunal Supremo de Justicia en su decisión, cuyo contenido es vinculante para todos y
cada uno de los jueces de la República.
Nota Bibliográfica. “Sala de Casación Penal pone un freno a la etnia Warao”. (2012).
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ANEXO 3
Frónesis vol.13 no.1 Caracas Apr. 2006
Sistema de Justicia Penal Formal y el Derecho Consuetudinario Wayuu*
Ricardo Colmenares Olívar
Sección de Antropología Jurídica Instituto de Filosofía del Derecho “Dr. J. M. Delgado
Ocando” Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas Universidad del Zulia. Telefax: +58-
261-7596657
* Avance Proyecto de Investigación financiado por el CONDES de LUZ, intitulado
“Aporte Ideológico de la Cultura Wayuu al Derecho Penal Moderno”.
Resumen
El presente trabajo determina algunos lineamientos sobre la función y las relaciones del
Sistema de Justicia Penal Formal con el Derecho Consuetudinario Wayuu (Ley Guajira),
como realidad social concreta. El pueblo wayuu tiene su propio derecho consuetudinario
reconocido históricamente, que forma parte del derecho colectivo a la cultura: se trata de la
ley wayuu (guajira) y su concepción de justicia criminal, cuyos principios se desarrollan de
la siguiente manera: con la producción de un conflicto de tipo criminológico (pütchi) que
cause un daño material a una víctima (asiruu), nace el pago de una indemnización
(maünnaa), mediante una ley de compensación y cuya resolución pacífica se deja
generalmente en manos de intermediarios, llamados los pütchipü ü o “palabreros guajiros”
que pertenecen a los diferentes grupos o clanes, para evitar actos de venganza inmediatas.
Palabras clave: Justicia Penal Formal, Derecho Consuetudinario Wayuu, pluralismo legal.
The System of Formal Penal Justice and the Wayuu Consuetudinary Law
Abstract
This paper determines certain guidelines as to the function and relations between the formal
Judicial Penal Reform System and the Wayuu consuetudinary law (Guajira law) as a
concrete social reality. The Wayuu people have their own consuetudinary law which is
historically recognized , and which forms part of the collective rights of their culture: it is
called wayuu (guajira) law and its conception of criminal justice. The principles of guajira
criminal justice is developed in the following manner: when a criminological
(putchi)conflict is produced that causes material damage to a victim (asiruu), the payment
of an indemnification (maunnaa) occurs, and by means of compensation and its peaceful
resolution, it is generally left in the hands of an intermediary, called a putchipuu or
guajiro speaker who belongs to a different group or clan, in order to avoid immediate acts
of vengeance.
Key words: Formal penal justice, Wayuu consuetudinary law, legal pluralism.
Recibido: 08-03-2005 · Aceptado: 20-09-2005
Introducción
El presente trabajo determina algunos lineamientos sobre la función y las relaciones del
Sistema de Justicia Penal Formal con el Derecho Consuetudinario Wayuu (Ley Guajira),
como realidad social concreta de estudio y desde la perspectiva de un operador del derecho
(juez penal); en el marco del Proyecto de Investigación financiado por el CONDES de
LUZ, intitulado “Aporte Ideológico de la Cultura Wayuu al Derecho Penal Moderno”, cuyo
objetivo principal es analizar el contenido ideológico y cultural de las normas del derecho
consuetudinario del pueblo wayuu relativas a la resolución de conflictos que puedan incidir
positivamente en la justicia penal formal venezolana, estableciendo fórmulas que permitan
la pacificación de los conflictos a nivel criminológico, que conlleven formas de
compensación y restitución frente a la víctima (indígena o no) y que generan una resistencia
a la violencia producida por la pena restrictiva de la libertad.
Esta iniciativa abre un gran espacio de discusión y diálogo entre los sistemas informales
que se derivan del derecho consuetudinario indígena y el sistema jurídico formal. De allí
que vemos la necesidad de incorporar estas costumbres jurídicas -como parte del derecho a
la cultura- al sistema de justicia formal, para garantizar la identidad étnica de nuestros
pueblos indígenas.
1. El Sistema de Justicia Penal Venezolano
Podemos afirmar que el sistema de justicia penal venezolano se encuentra “colapsado”,
motivado fundamentalmente por la crisis económica y política que afecta en forma directa a
los sectores marginales de la población. Esto a su vez ha generado un incremento en los
índices de criminalidad y, en consecuencia, ha aumentado el clima de inseguridad hacia la
ciudadanía. Además existe un retardo procesal en todas las instancias formales (tribunales,
fiscalías, etc.) grandes niveles de corrupción, constantes abusos y atropellos por parte de los
cuerpos de seguridad del Estado e innumerables violaciones a los derechos humanos dentro
de los recintos penitenciarios.
La Criminología Crítica ha restado el contrasentido del sistema de administración de
justicia penal venezolana, como instancia de control social punitivo, el cual “confisca” el
conflicto a las personas involucradas en él, etiquetándolos como “delincuentes-víctimas” y
suprimiendo o anulando la participación de éste último en el manejo y solución del
problema, por el sagrado respeto al “orden público” y al ius puniendi del Estado. En
síntesis, puede afirmarse que el sistema penal ocasiona un daño social, por cuanto impone
un sólo tipo de reacción formal ante los conflictos (el punitivo) y no resuelve realmente los
problemas.
Podríamos resumir las críticas que hace esta Criminología al sistema penal con los
siguientes postulados:
a) La manera de percibir la violencia como problema social es “parcial”; los
acontecimientos no son tratados como han sucedido sino como fueron artificialmente
registrados y transmitidos por el sistema técnico-jurídico;
b) La “criminalidad” creada por el sistema es netamente selectiva; la acción punitiva recae
sobre grupos sociales marginales, como por ejemplo, sobre las poblaciones indígenas;
c) El sistema punitivo opera como sistema de violencia institucional; como el control penal
no es preventivo, las consecuencias de la violencia sólo se eliminan simbólicamente
mediante la pena. Por ello sus efectos inciden negativamente sobre los individuos y en la
sociedad, reproduciendo relaciones desiguales de propiedad y poder, a la vez reprime
necesidades reales (violencia institucional).
Como bien sabemos, el tema central de discusión de la Criminología Crítica ha sido la
desaparición del sistema penal y la búsqueda de alternativas de solución de los conflictos.
En su afán por construir una teoría crítica del Control Social, le ha permitido tomar en
cuenta otras formas de control social “no formales”, entre las cuales se encuentran las
utilizadas durante siglos por los pueblos indígenas como mecanismos de control (pacíficos
y armónicos) sobre sus miembros. De igual modo esta Criminología analiza las fuerzas
ideológicas y/o motivaciones que se derivan del control social en una amplia
heterogeneidad cultural que permite construir una verdadera representatividad y
participación a favor de los miembros de los diferentes grupos étnicos y que también
forman parte del conglomerado social.
La Criminología Crítica también ha pregonado que el Estado debe ser un garante no sólo de
los derechos individuales (civiles y políticos) sino esencialmente de los intereses sociales o
colectivos. Es por ello que el nuevo procedimiento penal debe buscar mecanismos alternos
de resolución de conflictos que permitan reducir los costos administrativos de la justicia,
pérdida de tiempo, y dinero para las partes,...en fin, promover soluciones adecuadas a las
necesidades de las partes involucradas en el proceso y aumentar la tasa de cumplimiento
voluntario.
Además, es necesario ofrecer a los sectores de bajos recursos económicos, particularmente
aquellos que no pueden acceder fácilmente a la justicia del Estado -entre ellos, la mayoría
de nuestros indígenas- la utilización de procedimientos tales como la conciliación, la
mediación y el arbitraje, al estilo de los juicios civiles, que excluyan de alguna manera la
arbitrariedad y el autoritarismo.
En este sentido, el nuevo Proyecto de Ley Orgánica Procesal Penal incluye dentro del
Procedimiento Ordinario (Libro Segundo), un capítulo relativo a los Medios de
Autocomposición (Capítulo III, Sección Segunda). Ellos implican la suspensión del
proceso cuando el delito castigado no exceda de tres (3) años. Entre otros requisitos se
establece ...cuando el imputado convenga en la reparación de los daños causados a la
víctima en la medida que fije equitativamente el Tribunal....
2. El Derecho Consuetudinario Wayuu
La Recopilación de Indias, como cuerpo legislativo que pretendía atenuar los efectos de la
conquista, permitiendo que los indios mantuvieran sus usos y costumbres, siempre que no
fueran injustas en el trato con el blanco, ordenó en 1542 al Tribunal o Audiencia de Indias,
lo siguiente: “...no den lugar a que en los pleitos entre indios, o con ellos, se hagan procesos
ordinarios, ni hayan largas, como suele acontecer por la malicia de algunos abogados y
procuradores, sino que sumariamente sean determinados, guardando sus usos y costumbres
no siendo claramente injustos...”
Pues bien, el derecho consuetudinario o costumbre jurídica para otros, no es más que un
conjunto de normas de tipo tradicional con valor cultural, no escritas ni codificadas, que
están perpetradas en el tiempo y que son transmitidas oralmente a los miembros de la
comunidad para luego ser compartidas y aplicadas al grupo social, como es el caso de los
pueblos indígenas. Es tan esencial a los mismos que si se destierra se pierde su identidad
como pueblo. A diferencia del derecho positivo, el derecho consuetudinario opera sin
Estado, mientras que las normas del derecho positivo emanan de una autoridad política
constituida y son ejecutadas por órganos del Estado (Cfr.Stavenhagen, 1990).
El pueblo wayuu tiene su propio derecho consuetudinario reconocido históricamente, que
forma parte del derecho colectivo a la cultura: se trata de la ley wayuu (guajira) y su
concepción de justicia criminal, cuyos principios se desarrollan de la siguiente manera: con
la producción de un conflicto de tipo criminológico (pütchi) que cause un daño material a
una víctima (asiruu), nace el pago de una indemnización (maünnaa), mediante una ley de
compensación y cuya resolución pacífica se deja generalmente en manos de intermediarios,
llamados los pütchipü ü o “palabreros guajiros” que pertenecen a los diferentes grupos o
clanes, para evitar actos de venganza inmediatas (Colmenares, 1993).
La ley guajira se respeta y se cumple a cabalidad sin necesidad de existir tribunales ni
cárceles, en ella no existe individualización de la pena y la sanción sólo tiene una
repercusión patrimonial.
Por mera coincidencia, en la ley Wayuu convergen la despenalización de la Criminología
Crítica, la compensación como forma o medida restitutoria pregonada por los abolicionistas
y la reducción de mecanismos represivos como principio del Minimalismo.
El derecho consuetudinario Wayuu puede surgir a partir de tres niveles: el social, el
familiar y el personal. Así tenemos que desde el punto de vista de la estructura social,
Labarca Prieto explica que el pueblo wayuu coordina sus acciones intersubjetivas
especialmente a través de la “tapushirúa” (familia), ya que carece de un poder central y de
instituciones representativas que mantengan el orden público y la seguridad del grupo
(1979:109).
Esta misma sociedad ha ido creando un conjunto de normas que se enseñan a sus miembros
desde que nacen, y que descansan en la conciencia de cada uno de ellos (nivel personal).
Las informaciones orales y la tradición misma nos dicen que el wayuu desea vivir en paz;
tal como lo refiere de viva voz Noelí Pocaterra, las abuelas, las madres y las tías
acostumbran a decir: “todo problema debe arreglarse porque es muy bueno andar con
seguridad y tranquilidad por los caminos. Es bueno no tener problemas con nadie; puedes
andar libremente, dormir en el monte, andar detrás de los animales, cazar, pastorear,
trabajar en cualquier cosa sin temor de tener enemigos”
Cuando hay una falta o se transgrede el orden social establecido, la sanción va desde el
reclamo, luego la amonestación y por último, la indemnización en especie, que inicialmente
era en ganado y collares y luego en dinero. En este sentido, una investigación de campo
realizada sobre el perfil de la vida intracarcelaria de algunos guajiros, destacó que, en su
afán de autoidentificación, los mismos mantienen relaciones armónicas, no conflictivas y
definidas por patrones culturales propios (Jiménez, 1976: 142). Por ello el lema “el guajiro
es, por naturaleza, un hombre demasiado violento”, no es más que un mito.
Además, el pueblo wayuu tiene unos dignos representantes que, como jueces de equidad,
aplican este derecho consuetudinario: los Pütchipü ü de los diferentes grupos o clanes,
grandes conocedores de sus costumbres y ritos, y que con su sabiduría han contribuido
calladamente al restablecimiento del orden y la paz social de este pueblo.
La potencialidad cultural específica de los pueblos indígenas genera, frente al sistema de
justicia de la cultura dominante, dos niveles de violencia de tipo individual, tal como se
constató en un trabajo de campo realizado por María Angélica Jiménez en la Cárcel
Nacional de Maracaibo, a saber: a) la existencia de conductas prohibidas que para la cultura
guajira no constituyen hecho reprochable (delitos); b) al existir doble normatividad (un
derecho consuetudinario y uno positivo) existe para el wayuu una doble sanción, es decir, la
que le impone su grupo étnico y la impuesta por el control punitivo Estatal (Jiménez,
1976:138).
Igualmente esta situación puede constatarse con los innumerables casos de indígenas a
otros grupos étnicos (Barí y Yukpas) que se encuentra recluidos en el mismo centro
penitenciario del Zulia, que no hablan el idioma oficial (castellano) y que han sido
procesados y aún condenados sin respetárseles el derecho a expresarse en su propia lengua,
lo que conlleva así mismo a la violencia del derecho a la defensa que tiene todo individuo.
Existe un reconocimiento implícito de este derecho consuetudinario en los múltiples
arreglos levantados mediante actas por parte de la Oficina Regional de Asuntos Indígenas
del Zulia (O.R.A.I.Z) y la Confederación de Indígenas de Venezuela, en los cuales a través
de las partes, se ha puesto fin a innumerables casos por vía pacífica.
Del reconocimiento del derecho consuetudinario wayuu se puede llegar a entender una
categoría sociológica que se ha dado por llamar pluralismo jurídico, y que nace en tanto que
co-existan dos o más sistemas normativos dentro de un mismo espacio social (Peña, 1994:
11). Tal pluralismo puede implicar, entre otras cosas, un verdadero camino hacia la
descentralización, una auténtica democracia participativa y mayor auge a la gestión del
poder local. Así como también la “desjuridización” en la medida en que se tiende a
desmontar parte de la estructura jurídica-penal que existía con anterioridad.
3. La importancia del Convenio 107 y del Convenio 169 de la O.I.T en esta materia
El gobierno de Venezuela, en fecha 3 de agosto de 1983 (G.O Ext.No.3.253) ratificó el
Convenio 107 de la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T) que trata sobre los
Derechos de las Poblaciones Indígenas, Tribuales y Semitribuales en los Países
Independientes y que formalmente otorga una protección igual a los indígenas en las leyes
nacionales, prohibiendo todo tipo de discriminación.
En este sentido, el convenio establece expresamente en su artículo 7 que se deberá tener en
consideración el derecho consuetudinario de esas poblaciones y que podrán mantener sus
propias costumbres e instituciones cuando éstas no sean incompatibles con el ordenamiento
jurídico nacional; así mismo se establece en el artículo 8 la posibilidad de emplear los
métodos de control social propios de las poblaciones en cuestión cuando sean sus miembros
quienes cometan delitos. En nuestro caso, puede dársele cabida a la “ley de compensación”
ínsita en la justicia wayuu, como vía alterna a la función punitiva.
Por último, señala el artículo 10 del Convenio un régimen de protección especial a las
personas pertenecientes a grupos étnicos. Indicando que se deberá tener en cuenta el grado
cultural de dichas poblaciones al momento de la imposición de las penas y de emplear
“métodos de readaptación de preferencia al encarcelamiento”.
Como se puede advertir, son las únicas normas internacionales en materia indígena que han
sido ratificadas por Venezuela y que, sin embargo, en la práctica no se aplican tal vez por el
desconocimiento de su contenido o bien por su carácter “integracionista” o de asimilación.
No obstante, esto no implica que se pueda utilizar como instrumento legal para reclamar y
amparar los derechos consagrados en éste a favor de los indígenas, pues se trata de una Ley
con normas de rango constitucional que tienen plena vigencia en el territorio venezolano.
El 27 de junio de 1989, la Conferencia Internacional del Trabajo aprobó una versión
revisada del Convenio 107 conocida como el Convenio 169, que elimina las actitudes
paternalistas y asimilacionistas frente a las poblaciones indígenas. En los artículos 8.1 y 8.2
de este Convenio se deja expresado que al aplicar la legislación nacional a los pueblos
interesados, deberán tomarse en consideración sus costumbres o su derecho
consuetudinario; dichos pueblos tendrán derecho a conservar sus costumbre e instituciones,
“...siempre que no sean incompatibles con los derechos humanos internacionalmente
conocidos...”
Todo ello viene a significar que aun cuando no se haya ratificado el Convenio 169 de la
O.I.T, el cual también reconoce el derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que
tradicionalmente han ocupado los pueblos indígenas (art.14), el régimen de excepción para
las comunidades indígenas establecido en el citado artículo 77 de la Carta Magna deja de
ser una norma de programa de acción del Estado (“programática”) que impida el
cumplimiento de dichas obligaciones hasta tanto no sean reglamentadas.
Han olvidado los representantes del gobierno que la obligación de extender la protección
especial a los pueblos indígenas forma parte del derecho consuetudinario internacional,
obligatorio para todos los países. Si acudimos a la doctrina internacional encontramos que
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, haciendo interpretación del artículo 27
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, subrayó que la aplicación de esta
norma no depende de la solución adoptada por el sistema jurídico interno de un país sino
que éstos tienen que adaptarse a las obligaciones internacionales, y no a la inversa
(Naciones Unidas, 1992: 102).
Igualmente la misma Comisión Interamericana consideró que la especial protección de los
indígenas no se circunscribe a los Estados Partes del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, expresando que: “el Derecho Internacional en su estado actual y tal
como se encuentra cristalizado en el artículo 27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos, reconoce a los grupos étnicos el derecho a una protección especial para el uso
de su idioma, el ejercicio de su religión, y en general todas aquellas características
necesarias para la preservación de su identidad cultural” (CIDH, 1984: 85,31).
A manera de conclusión
No podemos seguir legislando a espaldas de nuestra realidad histórica y cultural: se debe
entender que el Estado -a través de sus normas constitucionales y ordinarias- no es el único
productor de Derecho en una sociedad sino que también lo producen los “sistemas jurídicos
paralelos”, como es el caso del derecho consuetudinario del pueblo wayuu, que además es
capaz de dirimir conflictos.
Ante la pronta reforma del Código de Enjuiciamiento Criminal por el nuevo Código
Orgánico Procesal Penal, urge incluir dentro de los medios de autocomposición previstos
en la Ley, lo relativo a la aplicación del derecho consuetudinario de los pueblos indígenas,
cuando por la vía de la compensación, pongan fin a un conflicto cualquiera y tengan todos
sus efectos legales ante la instancia formal (tribunal). Por ello sugiero la siguiente
redacción: “El Juez también tendrá en cuenta el derecho consuetudinario de los pueblos
indígenas y su modo de dirimir los conflictos, como un modo de terminación del proceso”.
Igualmente, consideramos que en aquellos casos criminales donde se encuentren
involucrados indígenas no integrados, puedan formar parte del tribunal, como Legos, los
dirigentes indígenas o palabreros wayuu (Putchipü) pues son los concedores de las
costumbres y demás patrones culturales específicos y que pueden incidir en la decisión
definitiva. El juez penal no indígena debe entender que las normas consuetudinarias o
costumbres son practicadas a conciencia por los indígenas y llegan a tener un carácter
obligatorio entre ellos, justamente por la repetición de estos actos en el tiempo.
Por último, en nombre y representación del Pueblo Wayuu solicito un apoyo institucional
para que estas propuestas concretas sean tomadas en cuenta al momento de sancionar el
Código Orgánico Procesal Penal y de esta manera pueda constituir un mecanismo eficaz y
no simbólico en la protección y defensa de los derechos individuales y colectivos propios
de nuestros pueblos originarios.
BIBLIOGRAFÍA
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UNIVERSIDAD ARTURO MICHELENA
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y POLÍTICAS
ESCUELA DE DERECHO
CÁTEDRA: DERECHO PENAL GENERAL
PROFESOR: ABG. MONSALVE, ORLANDO
LA VALIDEZ ESPACIAL DE LA LEY PENAL
PRINCIPIO DE LA TERRITORIALIDAD
INTEGRANTES
Guillén Georyeliz V-27.144.354
Hernández Génesis V-24.647.552
Palacios Esteban V-7.148.257
Pineda Iraima V-27.102.635
Tovar E. Yndira V-12.523.558
SAN DIEGO, ABRIL 2017
ANEXO 1
Profesora Yanet Segovia, titulado “Jorge Luis Ipuana: Un Preso Inocente.”