Norbert Elías
Norbert Elías
SOCIOLOGÍA DE LA CONFIGURACIÓN
Norbert Elias nació en lo que alguna vez fue Polonia. Tuvo una larga vida (1897-
1990), pero traumática; en parte por el período en que le tocó transitar su formación
intelectual, hacia la 1° Guerra Mundial tiene 20 años. De origen judío, fue perseguido por
el régimen nazi y sus padres van a morir en los campos de concentraciones nazis. El escapa
y se va a Suiza retomando luego el camino a Inglaterra y Holanda. La guerra genera un
corte de 25/30 años hasta la época en la que estará radicado en Inglaterra donde se hace
más conocido en el ámbito intelectual mundial.
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segunda guerra mundial. Para los años ´60 empieza a publicar en el mundo anglosajón sus
textos sobre tiempo libre y deporte, en colaboración con el sociólogo Eric Dunning.
Cuando hablemos de Elias, estará colocado en una época distinta de los padres de la
sociología. Diferencia en la evolución específica del campo académico en el cual se inserta.
Sociología de segunda generación. Los contenidos son diferentes, los padres de la
sociología tenían un interés más omniabarcativo en temas tales como la economía, la
política y la cultura; el cambio, etc. Luego de que la sociología se consolida, se diversifican
sus ramas, se fragmenta y se especializa y entonces tenemos: sociología urbana, sociología
de los jóvenes, económica y demográfica, etc. La obra de estos autores está orientada a la
revisión con los sociólogos de la primera generación. Elias considera ciertos límites en
estos modelos teóricos.
¿De qué manera lo trata Elias? Es un texto sobre el problema del poder. En la
concepción tradicional de poder se tiende a pensar que el poder es algo materializado en un
conjunto de elementos que algunas personas tienen y de la cual otros carecen (“la lucha por
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el poder”; “accedió al poder”; “disputa por el poder”). Presentado de esta manera, el poder
está sustantivado, hay una sustancia poder, se lo tiene o no se lo tiene. Lo que dice Elias es
que no puedo comprender con esta concepción cómo funciona el poder en la corte. Porque
desde esta visión pareciera que el rey es el poderoso y los cortesanos los sometidos, “yo soy
el Rey y los demás hacen lo que yo quiera”. A partir de documentos, cartas y relatos en
primera persona de cortesanos que cuentan cómo funcionaba y qué decisión y estrategias
usaban, Elias intenta cuestionar esta mirada. Ni el rey podía hacer lo que quería porque
estaba atado a un conjunto de normas, de convenciones, de indicaciones que lo excedían y
que lo obligaban a tomar determinadas decisiones y ocupar determinados lugares y llevar
acabo ciertas acciones, más allá de lo que quisiera. Ni inversamente, los cortesanos estaban
tan subordinados, sujetados, es decir, tenían un determinado grado de maniobrar por su
cuenta (estrategia). Ahora bien, si nosotros pensamos que los cortesanos están sujetos y
subordinados, no podría haber nunca estrategia. Acá entonces hay que pensar en el
problema de la sociedad y el individuo. Porque si pienso al individuo como alguien libre,
“hace lo que quiere” en el sentido weberiano, no puedo entender al rey, que está
condicionado y determinado por la estructura de la que forma parte. Y si pienso a los
cortesanos como dominados, no logro entender como realmente actúan y se mueven por su
cuenta.
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Para evitar utilizar la terminología de sociedad o individuo y, que a su vez los
contemple, es configuración. ¿Qué es? ¿Qué significa? Quiere mostrar cómo puedo
explicar a la relación entre las partes. La intención de esta sociología de segunda
generación de la cual Elias es un exponente, es superar esta antinomia entre sociedad e
individuos. Un término que me pueda explicar el todo, pero sin olvidar a las partes. Que me
permita entender cómo se comportan los individuos no olvidando que están en un
entramado de relación que los excede. La configuración es el todo y las partes al mismo
tiempo. Ejemplo, ¿qué hay en la corte de Luis XIV? Una configuración, el rey y los
cortesanos la forman. Es una palabra que tiene un sentido visual, uno dice “la configuración
que presentan los elementos dispersos en un terreno”.
Este concepto no se agota sólo en la corte de Luis XIV, también es aplicable a otros
casos. En los textos sobre deporte, Elias analiza otro sentido sobre la configuración. ¿Un
partido de fútbol que es? Un conjunto de personas conectadas, entramadas y formando una
totalidad hechas por las partes. ¿El partido de fútbol como se explica? No hay partido si no
hay jugadores, no puedo decir que los jugadores son movidos por el partido (Durkheim).
Pero tampoco puedo decir que cada uno puede hacer lo que quiere. Al jugar los futbolistas
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lo hacen por las reglas del juego, pero también por la relación que tienen con los otros
jugadores.
La diferencia que notamos entre ver un partido por la tv que a ir a la cancha, es que
en cuanto a lo que se observa del partido desde la tv vemos un fragmento. En la cancha
vemos el cuadro entero. Supongamos que se juga un partido en donde le ponemos una
cámara enfocando a cada jugador. Así, sus movimientos no tendrían sentido. El jugador
hace muchos movimientos porque hay otros. Cada pieza tiene una capacidad de agencia, de
acción por su cuenta, pero su libertad está referida a los demás. Hay que tener en cuenta los
movimientos de los otros.
En el partido, entre los jugadores, está en juego una lucha reglamentada, no hacen lo
que quieren, si tiene cuenta los movimientos del otro, es porque lo está teniendo en cuenta y
sabe que hay un conflicto, una tensión. “Me quiere sacar la pelota, yo no voy a dejar que
me la saque”. Esto se traslada a la corte, ¿Qué hay? Poder. Las piezas que están conectadas
están en tensión entre sí por la disputa que conecta a las partes. Toda configuración siempre
está en proceso de cambio (historia) y son siempre dinámicas. Ese movimiento tiene ciertas
pautas. Uno de los elementos del proceso de civilización es el desarrollo del Estado, fruto
de esa lucha entre las partes. El concepto de poder en Elias se tiene que pensar como algo
relacional (no sustantivado en el sentido de total). El poder no es algo, sino que remite a
una relación, son relaciones de poder. No se pude pensar como algo que se tiene o no se
tiene. Si lo queremos pensar espacialmente, en la corte el rey ocupa un lugar central. Es
diferente a decir tiene el poder. Pero ese lugar central también le impone condiciones y
determinados comportamientos. La condición de poder siempre está en disputa, nunca es
acabado.
¿Cuál era la estructura del campo social en cuyo centro pudo plasmarse tal configuración?
Con campo social refiero a lo exterior, al afuera de lo que ocurre en la corte (campesinos,
burgueses, etc). Estos actores son importantes para explicar el comportamiento de los cortesanos.
¿Qué distribución de oportunidades de poder? ¿Qué necesidades cultivadas socialmente? ¿Qué
relaciones de dependencia tuvieron como efecto que en este campo social se encontrasen hombres
reunidos en esta configuración como sociedad cortesana? ¿qué exigencias resultaban de la
estructura de sociedad cortesana para quienes ascendían o querían afirmarse?
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Aparece así el concepto de racionalidad, racionalidad en el sentido de estrategia
(racionalidad con arreglo a fines) como acción explicativa de los sujetos. La pregunta que
se hará Elias es ¿Cuál es la racionalidad del cortesano? ¿Cómo existe? ¿Cómo funciona?
¿Qué explica su forma de operar?
Aquí tenemos una radical diferencia entre lo que Elias llama el ethos cortesano-
aristocrático y el ethos profesional-burgués. Si los juzgáramos a los cortesanos con ojos
empresariales actuales, diríamos que “ellos estaban todos locos”. Esa distinción también
remite a una distinción entre lo público y lo privado. Para el cortesano lo que es es lo que
muestra, se es en la medida que se es percibido. Para el burgués, lo que importa es lo que
tiene en términos de capital. Después si tiene una casa modesta puede ser mejor o no; no es
central. Puede ser un capitalista perfecto y con una capacidad y poder gigantesco y nadie
darse cuenta. Por el contrario, un cortesano no puede ser tal, sino se lo ve, sino se lo percibe
como un poderoso.
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burgués. Sin embargo, hacia atrás, el ethos cortesano se diferencia del ethos noble guerrero.
Este último no es cortesano, o sea, un señor feudal. ¿Cómo acumulaba su poder? Mediante
la guerra, la conquista. ¿Qué cambia con el ethos cortesano? ¿Cómo acumula poder? Al
estar dentro de la corte está sometido al Rey. El que le otorga posiciones es el Rey, no la
guerra. Mejor dicho, otra forma de guerra. Ya no gano posiciones porque le saqué un
territorio al rival, sino porque el Rey me otorgo a mí un favor. Ahora yo no puedo
agresivamente decirle al otro, “no vas a poder sacarme a mí”, sino que por el contrario yo
tengo que muy sutilmente tratar de que el Rey me favorezca a mí y no al otro. ¿Puedo yo
delante del Rey matar a un cortesano rival? No, ya que supondría desconocer la autoridad
del Rey. Hay que pensarlo en posición: la posición de la Corona, es la de alguien que
otorga favores y gracias. Si yo lo sacara por mi cuenta, es como si yo le estuviera diciendo
“no hace falta que vos me lo des. Lo agarro yo”. Trasladen esto al terreno deportivo. Es
como el jugador que hace justicia por mano propia. Le pegaron una piña, ¿el agredido
puede reaccionar? No. Porque quien sanciona es el árbitro, le estaría desconociendo ese
papel.
Lo mismo en la corte, es el rey quien saca poder en la corte a otro cortesano. Para
lograr que el rey lo haga tiene que convencerlo, pero ocultado realmente lo que quiere. Que
ni el Rey ni el otro se den cuenta. ¿Y qué tiene que hacer para eso? Reprimir sus pasiones,
intenciones, deseos, poner una máscara que verdaderamente oculte lo que quiere hacer.
En este abordaje comprensivista, Elias llamará la atención acerca del aspecto coercitivo que
forma ese conjunto, esa red de relaciones sobre la conducta de c/u de ellos.
Entonces, Elias analiza el lugar de la corte en donde las posiciones están siempre
amenazadas por la de los demás. Por lo tanto, para entender el comportamiento del
cortesano, hay que pensarlo siempre como alguien en lucha contra sus pares. Vamos a
señalar algunos pasajes que nos parecen relevantes. Sobre todo la idea de amenaza de la
que venimos haciendo alusión
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posición social y, más todavía, el aumento de la importancia y del éxito está subordinada, a que uno
haga depender los costos de su economía doméstica, de sus consumos y de sus egresos, del rango
social del que uno posee o al que aspira. Quien no puede comportarse de acuerdo con su rango,
pierde el respeto de su sociedad. Va en saga de los participantes en la constante carrera de
competición para lograr las oportunidades de status y prestigios y corre el riesgo de quedarse fuera,
arruinado y tener que marginarse del círculo que corresponde a su grupo (p.92).
Entonces, la clave es entender la idea de amenaza permanente que hace que toda
posición sea precaria y esté contantemente necesitada de validar el rango que se posee y se
quiere seguir poseyendo. Para demostrarlo, el único recurso que tiene el cortesano es
demostrar que se lo posee, es decir, apunta al exterior en el sentido de que la posición no se
define según el capital que tengo en mi haber, sino según lo que se muestra a los demás, de
cómo uno es visto por los otros. Desde el ethos burgués, esto sería visto como un derroche,
un malgastar. Sin embargo, en el criterio que utiliza esta sociedad cortesana, nadie posee un
lugar sino es reconocido por el resto como poseedor de ese lugar. Para lograrlo, hay que
infinitamente demostrarlo.
Una expresión paradigmática de este ethos social se encuentra en la acción del Duque
Richelieu que relata Tonnies. Dio a su hijo un talego (saco) con dinero para que aprendiera a
gastarlo como un gran Señor, y cuando el joven devolvió el dinero arrojó la bolsa por la ventana
ante los ojos de su hijo.
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decir, una posición en relación con otros. Y distinción la es de dos tipos diferentes. Uno es
el específico al interior de la corte, es decir, distinción entre un noble de cierto rango y otro
noble de rango inferior. Hay que buscar demostrar que uno posee un rango que otro noble
no tiene y eso se manifiesta en la capacidad de gasto. Más en general y más significativo
todavía en un sentido colectivo-identitario, la distinción profunda es con el que no es noble.
Esta reacción destemplada del padre arrojando el resto del dinero por la ventana es para
demostrar la diferencia con el burgués; el otro del noble siempre es el burgués que ahorra el
dinero, lo utiliza sabia y productivamente; todos elementos que para nuestro ethos sería lo
racional y, por el contrario, es aquello que más debe rechazar un noble en tanto tal. El
dinero para el no es fruto del trabajo, del esfuerzo, no es algo que haya que ahorrar ni
invertir. Todo esto es comportamiento burgués peyorativamente. Un noble no cuida el
dinero, lo gasta, lo tira. El afuera es clave aquí porque el afuera del burgués es el afuera
también de la corte. Es el afuera de los que no forman parte de ese universo que es la corte
aristocrática de Luis XIV.
En los párrafos siguientes, Elias compara con el consumo suntuario1 con otras
culturas. Acá hay una relación con la antropología. El equivalente que utiliza es el del
Potlatch2, allí el líder guerrero demuestra su posición gastando, arrojando a la hoguera
literalmente sus bienes.
1
Consumo suntuario, lo compondrían «aquellos artículos, objetos o servicios de simple ostentación, recreo,
ornato o lujo, que se consideran consumos superfluos».
2
Potlatch (regalo) es el nombre de una ceremonia practicada por los pueblos aborígenes de la costa del
Pacífico en el noroeste de Norteamérica, tanto en los Estados Unidos como en la provincia de la Columbia
Británica de Canadá.
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Una de las limitaciones más importantes que distingue a la nobleza de espada y la de toga
de la masa del pueblo, es la prohibición legal de tomar parte de empresas comerciales. Los nobles
tienen impedido legalmente actuar comercialmente, es decir, enriquecerse de esa forma.
Montesquieu lo considera un elemento vital para preservar estas posiciones relativa d de c/u de los
sectores, y al mismo tiempo permite mantener el lugar del Rey por arriba de este equilibrio entre
estos sectores. La recompensa de arrendatario de tributos son las riquezas las recompensas de estas
son las riquezas mismas. Fama y honor son la recompensa de aquella nobleza que no conoce, ni ve
ni siente nada más que fama y honor. Respeto y consideración son la recompensa de aquellos
ministros y magistrados que no encuentran en su camino más que trabajo tras trabajo y velan noche
y día por el bienestar del imperio (pp. 93-94).
Es decir, lo que tenemos aquí son diferentes sectores de la sociedad c/u orientando
sus conductas a partir de recompensas distintas. Esto obliga necesariamente a que uno de
estos sectores, o sea la nobleza de espada, termine siempre empobreciéndose. Si lo único
que guía su conducta es la fama y el honor (a la manera en que son percibidos), entonces
necesariamente todas sus riquezas van a terminar consumidas y, eventualmente salvo por la
intervención de otro actor, el noble y su familia perderán su posición. La intervención
exterior que puede salvarlo es el favor real. Entonces, así se ve la dependencia fuerte que
tienen estas figuras de la gracia del rey, que es la única manera que le permita mantener una
fuente de ingresos que le permita mantener su posición y no caer. Al no poder recibir
dinero porque están prohibidos de realizar inversiones productivas y, al mismo tiempo al
gastar todo lo que se tiene, no hay alternativas a su destino: o se empobrece u obtiene algún
tipo de favor real que le permita mantenerse en pie. La idea del favor real y la capacidad
que tiene para intervenir en ese equilibrio de posiciones a favor de uno o en contra de otro,
es algo que explica las características particulares de la posición de Luis XIV en la corte y
al mismo tiempo diferencia lo que pasará posteriormente. Elias intenta hacer un contraste
entre la corte de L. XIV y la de sus sucesores. Y sobre todo plantea que por las
características específicas de la figura de L. XIV de la manera a la que accede al trono, de
su larga infancia bajo la regencia de diferentes cardenales y la capacidad de observación de
las tensiones al interior de la corte. A partir de todas estas características, se explica según
Elias, que el Rey Sol esté constantemente preocupado por evitar cualquier tipo de
autonomía de la corte y estar constantemente el ocupando esa posición central.
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estabilidad, dependiendo del origen nobiliario de las personas. No es lo mismo un noble de
familiar real que uno que no lo sea. No es lo mismo un noble con determinadas
vinculaciones políticas con esa familia real que otras. Pero al mismo tiempo existe todavía
la capacidad del rey de intervenir sobre esas pociones y mejorar el lugar de uno en relación
con el del otro. Hay posiciones rígidas pero también hay un grado de maniobrabilidad de
parte del rey. Y es justamente por ese grado de maniobrabilidad que se explica la
competencia. Si todo el mundo tuviera su lugar rígidamente asignado y no hubiera nada que
se pudiera hacer para cambiarlo, la competencia tiene un lugar más secundario. Si, en
cambio, el favor real puede otorgarle a una figura un status que no debería tener por su
nacimiento, eso hace que esa lucha por el reconocimiento tenga otro tipo de densidad.
Este contraste entre lo que logra Luis XIV y lo que no lograrán sus sucesores, esta figura de
la rutinización de estas luchas, de este entramado, serán claves para nosotros en los siguientes
apartados. La comparación entre L. XIV y L. XVI viene de la mano de esta referencia; lo que L
XIV hizo, ya no lo podrán hacer sus sucesores.
Los reyes y sus representantes tienen la posibilidad de dirigir el ascenso social de familias
según su criterio a favor de sus intereses otorgando títulos nobiliarios a ricas familias burguesas (de
esta manera el burgués se incorpora el burgués a la corte como noble; el burgués en principio está
desprovisto de ese acceso pero el rey puede hacerlo entrar en la medida en que otorgue títulos). El
ascenso social puede ser controlado y dirigido desde la posición regia, así como también el
descenso social en cierto grado. El rey puede a través de su favor personal suavizar o evitar el
empobrecimiento o la ruina de una familia noble, puede ayudarla otorgándole un puesto cortesano,
un puesto militar o diplomático, puede darle acceso a una de las prebendas de las que dispone.
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Puede darle simplemente un regalo en dinero, una pensión. El favor del rey forma parte de las más
importantes oportunidades del que puede gozar una familia de nobleza de espada, para poner
término al círculo diabólico que la coacciona a la representación a costa de su capital.
Cuando uno crece en una sociedad en la cual la posición de un título nobiliario tiene
categoría superior a la propiedad de riquezas adquiridas por el trabajo y la pertenencia a la corte del
rey o el privilegio de acercarse a su persona ocupa un extraordinariamente elevado rango en la
escala de los valores sociales, es difícil escapar a la coacción de orientar los objetivos personales
según estas valoraciones y normas sociales y participar en la lucha competitiva por tales
oportunidades cuando lo permita la posición social de cada familia y la auto-estimación de las
capacidades personales. Lo que se considera digno de empatía de un esfuerzo largo nunca está
enteramente determinado por el aumento de la satisfacción y valor que cada progreso tiene a los
ojos del que se esfuerza, sino también por la expectativa de una aprobación del propio valor o un
incremento de valor por parte de los demás. Hay una interdependencia constitutiva de las actitudes
de valor (p. 103).
¿Cuál es la alternativa a los nobles que no quiere soportar esta presión? ¿Hay una salida?
¿Un afuera de esta competencia que hay en la corte? Sí. Aquel que no quiere puede ir a lugares que
son afueras sociales (monasterios). Es relevante porque habla de cierta conciencia de algunos
miembros de la corte del aspecto coercitivo de esa vida y como supone una cierta imposibilidad de
expresión y de desarrollo pleno de la personalidad para lo cual necesitan escapar.
Capítulo V
Los primeros apartados hacen una descripción física y espacial. Elias nos llama la
atención sobre algo que a veces uno olvida que es la dimensión monstruosa del palacio de
Versalles, la enorme cantidad de personas que se podían alojar, Elias nos dice que como
extremo se llegaba a alrededor de 10.000 personas. Esto incluye el palacio como lugares
aledaños y el personal doméstico. Estamos hablando de casi una ciudad. El mínimo de
personas llegaba de 3.000 a 4.000; aún así sigue siendo una cantidad considerable.
Luego comparará sobre el eje espacial a los tres reyes franceses más relevantes:
Luis XIV, XV y XVI. Es decir, dónde está alojada la corte en Luis XIV y dónde con L.
XVI. Indaga que, después de Luis XIV, la corte se descentraliza y deja de estar
exclusivamente alojada en Versalles y pasa a tener una vida en otros “hoteles” (término que
en francés alude a las residencias utilizadas por nobles). Ese descentramiento supone una
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pérdida de la posición del rey. No deja de ser rey, pero pierde la capacidad de manejar ese
equilibrio (p. 108-9).
Luego Elias hará las descripciones del ceremonial de corte, es decir, qué hacen
exactamente los nobles en la corte regularmente. Por ejemplo las ceremonias del rey al
levantarse y al acostarse. Es todo un rígido ceremonial con su protocolo. El levantarse del
rey implica una determinada secuencia de pasos que algunas figuras pueden presenciar y
otras no. Justamente uno de los elementos de la intervención del rey para romper esas
posiciones rígidas, es permitir un lugar a una figura que por linaje no le corresponde. Es
relevante esto porque muestra por qué se lucha. Por ver quién está presente en el despertar
del rey. ¿Para qué sirve eso? Sirve para que otros sepan que se tiene esa posición y gozar
del favor real. Elias dice que esto funciona como una suerte de “bolsa de valores” donde las
acciones suben o bajan. Justamente aquí las “acciones (capital)” sería la posición de
cercanía o lejanía con la figura real. Porque en la medida que los otros nobles vean que una
figura goza de ese favor van a buscar “comprar valores”, es decir, acercarse a ese noble y
gozar de su favor. Inversamente, cuando se considera que un noble ha perdido el favor real,
que ha caído en desgracia, el resto se lo quiere sacar de encima.
En la conducta que se comentó arriba en relación a las jerarquías de las casas aparecen
todavía más marcadas en relación con el rey. El hecho de que el rey se quitara la camisa de noche y
vistiera la de día, era una función necesaria pero adquiría un sentido distinto en el contexto social.
El rey hacia de ella para los nobles involucrados un privilegio que distinguía a estos sobre los
demás. El gran chambelán3 tenía el privilegio de ayudar en ello pero estaba prescrito con toda
precisión que tal privilegio sólo podía otorgarse a un príncipe. Y con igual exactitud se actuaba
respecto a las autorizaciones y habilitaciones para participar en algunas de las entrée (entrada/s).
Tal participación y autorización no tenía ningún objetivo y utilidad, pero cada acto en el curso de la
ceremonia poseía un valor de prestigio perfectamente escalonado que se comunicaba a los que en él
participaban y en cierto grado se independizaba el valor-prestigio de aquél acto de ponerse la
camisa, de la 1°, 2° y 3° entrada, etc. Se convertía en un fetiche de prestigio. Lo que otorgaba a
estos actos su significación grande, serie y grave, era el valor que dentro de la sociedad cortesana
comunicaban en los que ellos participaban, la relativa posición de poder, el rango y la dignidad que
ponían de manifiesto. La etiqueta y el ceremonial se convirtieron cada vez más en un fantástico
móvil perpetuo4. Las hijas de Luis XV debían asistir al cuarto del rey cuando este se acostaba,
3
Noble de la antigua corte real que se encargaba de acompañar y servir al rey.
4
El móvil perpetuo es una máquina hipotética que sería capaz de continuar funcionando eternamente,
después de un impulso inicial, sin necesidad de energía externa adicional
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cuando este se quitaba las botas precipitadamente se echaban encima del vestido de casa un gran
manto bordado de oro, anudaban a las cinturas las largas colas cortesanas prescritas, ocultaban el
resto bajo una cola de tafetán 5. Corrían después con las damas de corte, los señores de cama y los
lacayos6 por los pasillos del Palacio para no llegar demasiado tarde a la habitación del rey y
regresaban una hora después. Uno sobrellevaba de mala gana la etiqueta, pero no se la podía echar
abajo desde adentro, no solo porque el rey exigía su mantenimiento, sino porque la existencia social
de los mismos hombres implicados en la etiqueta dependía de esto. Cuando María Antonieta
empezó a sacudir las reglas tradicionales de la etiqueta, la primera en protestar fue la alta
aristocracia misma y ello era muy explicable. Pues si por ejemplo hasta entonces era prerrogativa de
una duquesa el poder sentarse en presencia de la reina, las duquesas se sentían profundamente
molestas cuando debían ver que las personas de menor rango también podían sentarse en presencia
de la reina. La presencia de María Antonieta genera la incomodidad y el rechazo en viva voz de los
sectores que ven su posición disminuida por ese favor que M. A. ha concedido a algunos en su
desmedro y esto contrasta con la época de L. XIV. Bajo este último rey, se guardaba silencio, bajo
L. XV uno osaba susurrar y bajo L. XVI uno se expresa en voz alta (pp. 115-19).
En palabras de Saint Simon: el reyo hizo esto porque estaba disgustado pero no quería
demostrarlo. (p.121)
Así, vemos la necesidad de las figuras que forman parte de este juego y,
particularmente del rey, de que sus sentimientos íntimos no aparezcan expresados ante el
resto. En esta referencia de Saint Simon ante el rey otorgándole un favor cuando en realidad
estaba enfrentado con él, se juega con la idea de una especie de “máscara” con la que se
debe contar para jugar el juego de la corte. Que el resto no sepa lo que yo no quiero que
sepa. Siendo central en este tipo de disputa lo que se piensa lo que se quiere de los demás,
evitar que los demás lo sepan es un elemento central. O, en todo caso, que lo sepan cuando
5
Tafetán es un tejido de seda.
6
Es el mozo de espuelas que va delante del señor cuando sale a caballo.
7
Lucha o enfrentamiento.
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uno quiere que lo sepan. En esta referencia es interesante esta idea del rey tratando de no
demostrar algo para mantener él el control. Continúa Saint Simon
El rey estaba disgustado conmigo y no quería demostrarlo, pero esto fue también todo lo
que recibí de él durante tres años. Durante ese tiempo aprovechaba toda ocasión para mostrarme su
disfavor. No hablaba conmigo, sólo me veía como accidentalmente. Tampoco dijo una sola palabra
acerca de mi retirada del ejército.
Elias afirma que, a partir de estas relaciones se aprende a entender el específico tipo de
racionalidad que se forma en el ámbito de la sociedad cortesana. Como todo tipo de racionalidad,
esta se configura en relación con coacciones perfectamente auto-determinadas para el autocontrol
de los afectos. Una configuración social dentro de la cual tiene lugar en un grado relativamente alto
la trasformación de coacciones externas en auto-coacciones, es una constante condición para la
producción de formas de comportamientos cuyos rasgos uno intenta referirse bajo con el concepto
de racionalidad. Cuando hablamos de racionalidad o irracionalidad, nos referimos a la participación
relativa de afectos transitorios y modelos intelectuales permanentes en la dirección individual de la
conducta. Mientras mayor es el peso de éstos últimos en el lábil equilibrio de tensiones entre las
directivas afectivas de la conducta a corto plazo y las orientadas por la realidad a más largo plazo,
tanto más racional es la conducta en el supuesto de que el control de las directivas afectivas no
llegue demasiado lejos. Pues su misma expresión y satisfacción constituyen una parte integral de la
realidad humana. En otras palabras, lo racional o irracional depende de la manera en la cual las
personas incorporan transformándola en propias ciertas coacciones externas (pp. 125).
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consideración que se tenga de ellos. Al ser una competencia, uno tiene que ver qué quiere
hacer el otro para anticiparme. (pp. 140-41).
Nuevamente en palabras de Saint Simon refiriéndose al joven rey L. XIV señala: me doy
cuenta enseguida de que se desanima. Observa atentamente su conducta conmigo para no confundir
lo que pudiera ser accidental en un hombre abrumado por diferentes asuntos de lo que yo haya
sospechado. Mis sospechas llegan a ser evidencia tal que me obligan a apartarme completamente de
él sin disimulo no obstante. Un hombre que domina el juego de la corte es dueño de sus ademanes,
de sus ojos y de sus semblantes 8. Ha de ser profundo, impenetrable. Disimula las malas intenciones.
Sonríe a sus enemigos. Controla su genio, disfraza sus pasiones, contradice a su corazón, habla y
actúa en contra de sus sentimientos. (p. 142)
Aquí toda la estrategia de Saint Simon está guiada por lo que el observa en el comportamiento del
otro cortesano. Al mismo tiempo está la idea del control sobre sí mismo, o lo que es el auto-control. Un noble
en la corte tiene que evitar a toda costa perder el control sobre sí. Si odia a alguien y quiere destruirlo, no debe
permitir que el otro anticipe sus movimientos. Comúnmente a esto se llama intrigas de Palacio. Funcionan a
través de esta capacidad de observar sin ser observado, lo que supone la conformación de una estrategia de
manipular a los demás para evitar ser manipulado por el resto. Esto entonces supone la constitución de una
imagen pública frente al resto que es diferente de la íntima. Una especie de separación y ruptura interna en
dos entre lo que se muestra y lo que se piensa.
Me había propuesto sondearlo respecto de todo aquello que concierne a nuestra dignidad.
Así pues me apliqué en desechar suavemente todos los temas que se apartasen de tal objeto. A
llevar la conversación por los causes deseados y recorrer los diferentes aspectos. Le impresione con
el tema porque me había dado cuenta de cuan delicado resultaba el asunto para él. Le hice recordar
la rara novedad de las pretensiones del lector de Baviera, le forcé a llegar a las naturales reflexiones
acerca del enorme perjuicio que podía suponer para los reyes y su corona tolerar tales abusos. Les
mostré con toda claridad que los peldaños de esa caída también eran los nuestros. Llegué después a
comparar a los grandes de España con los Duques, Pares y aún lo de más alto rango, lo que me
brindó un magnifico campo. Le hice ver sin esfuerzo que tan solo Francia de todos los Estados que
la integran sufre en las personas de los grandes lo que ninguno de los otros jamás hubiera tolerado.
8
Expresión que tienen las facciones de una persona y que revelan su estado de ánimo
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El delfín9 con indudable atención escuchaba mis razonamientos, los terminaba frecuentemente por
mí, admitía la realidad de todas estas verdades.
Lo que plantea aquí es como ese equilibrio de tensiones que funcionaba con el rey Sol, un
siglo después con L. XVI, ha perdido alguna de sus características y ha llevado a sus competidores
(nobles y burgueses) a una situación cuya única solución fue el estallido revolucionario. Esa inercia
con la que se empieza a gozar cada vez más la vida de la corte, con el tiempo va a llevar a que las
posiciones relativas entre los diferentes sectores en pugna terminen inmovilizándose mutuamente. Y
utiliza para explicarlo aquí una figura del boxeo que es el clinch, que es cuando dos boxeadores
están atados/abrazados uno al otro, cuestión que en la pelea requiere la intervención del árbitro.
Trazando una comparación, el árbitro aquí era Luis XIV que podía intervenir moviendo la
secuencia. Sin embargo, ante la ausencia y debilidad de la figura del rey en la época de Luis XVI
ese clinch, solamente se rompió por el estallido revolucionario. Elias lo llamará petrificación 10.
La distribución equilibrada de los pesos de poder entre las elites monopolistas por cuya
conservación Luis XIV se forzaba conscientemente como condición de reforzamiento de su propia
posición de poder y gobernaba por sí sola. Cada parte vigilaba con mil ojos que sus privilegios y
oportunidades de poder no se redujeran. Y puesto que toda reforma del régimen amenazaba
prelaciones y oportunidades existentes de algunas elites respecto a otras, ninguna reforma era
posible. Las elites monopolistas privilegiadas se habían petrificado en el equilibrio de tensiones
consolidados por Luis XIV (…) Mientras que el rey Sol daba forma al uso cortesano y lo dominaba,
ahora el uso domina sobre los hombres de los cuales ninguno está dispuesto a cambiarlo o
desarrollarlo en consonancia con las transformaciones (p. 357-58).
9
Denominación con la que se conoce al sucesor inmediato al trono.
10
Petrificar se refiere a convertir o transformar algo en piedra o algún material duro o endurecerlo.
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Pocos años después Elias escribe una obra que continúa y amplia elementos de esta
obra que vimos. Dicho libro se llamó El proceso de la civilización, psicogenésis y
sociogenésis de la civilización. Este libro tiene un alcance cronológico, pero sobre todo
espaciales. Pretende analizar este hecho civilizatorio como un hecho histórico.
Elias utiliza en este libro, fuentes de diferentes lugares y períodos más extensos que
el anterior. Y lo que aparecen en esas fuentes, es la manera en la que determinadas
conductas empiezan a aparecer reglamentadas y reguladas por los contemporáneos. Los
modales, las formas de comportarse en la mesa, la relación que se tiene que tener con los
alimentos, las actitudes que se tienen frente a las necesidades fisiológicas; el
comportamiento en el dormitorio; los modos de escupir; las transformaciones en la
agresividad de la conducta. Esto lo obtiene Elias de los códigos que aparecen en los siglos
XV-XVI-XVII. Un conjunto de prescripciones, donde se dice cuando estés en la mesa no
tomes la comida con la mano, sino utiliza tal elemento. Cuando tengas necesidades
naturales (descomer), no lo hagas ante los ojos de los demás, sino en un lugar privado. ¿Por
qué esto empieza a aparecer en un momento determinado? A partir de determinada época
histórica empieza a ser un objeto a controlar; el control sobre las conductas de las personas
pasa a ser central para la vida de las personas.
El por qué aparece y cuando aparece corresponde al carácter doble del título
referido con anterioridad. Si por un lado esta idea del control de los comportamientos de los
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individuos, con respecto a sus sentimientos y su cuerpo sería lo que figura bajo el título
investigaciones psico-genéticas, tiene que ver con la psiquis de la persona. Por otro lado
Elias plantea la equivalencia de este desarrollo con el aspecto socio-genético, esto
corresponde al desarrollo de la esfera estatal como forma de coerción social política sobre
la vida de las personas. Ambos procesos se dan simultáneamente. Al mismo tiempo que la
vida social empieza a producir la existencia de una esfera con las competencias de controlar
la vida política del conjunto de las personas (en términos weberianos sería el monopolio de
la violencia), simultáneamente se produce este desarrollo de la esfera del autocontrol de las
personas sobre sí mismas. Acá aparecen conectados control y auto-control, coerción y auto-
coerción. Elias ha encontrado en la Sociedad cortesana, como algo característico de los
nobles, donde el rey sería el Estado (el rey Sol y su célebre frase de “el Estado soy yo”)
ahora aparece traspolado al conjunto de la vida social. A medida que se desenvuelve la
esfera del Estado, se desarrolla el autocontrol de las personas sobre sí mismas. Se controlan
todas las conductas que refieren a la “animalidad humana”. ¿Qué es ser civilizado?
Comportarse como tal. No escupir, no comer del plato común.
Elias llama la atención en algunas figuras incluso físicas que condensan esta idea.
Por ejemplo, el tenedor. La aparición del tenedor como utensilio de cocina, como elemento
vital para la comida es una novedad histórica que corresponde a esta idea, ya que para
comer, uno puede pensar en la necesidad del cuchillo para cortar el alimento, pero el
tenedor no es necesario. Uno puede comer sin tenedor, con la mano. ¿Por qué necesitamos
tenedor? Porque como civilizados tenemos que tener una cierta distancia con respecto a
ciertos comportamientos. El tenedor respeta dicha distancia; no me mancho la mano, como
con un cubierto porque eso es ser civilizado, no porque sea más sencillo comer. Como
civilizado me tengo que distanciar. Esta palabra es clave para Elias en el concepto de
civilziación. El distanciamiento con respecto a determinadas conductas.
¿Cómo se conecta todo esto con el deporte? Dirá que este avance del control sobre
la vida de las personas; el desarrollo civilizatorio supone cada vez más la incorporación de
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controles transformados en auto-controles, ha hecho que se corra el riesgo de que se pierda
un elemento que es vital para el equilibrio orgánico-psicológico de las personas. Una vida
demasiado controlada para Elias, es una vida carente de un elemento vital para el hombre
que es la emoción. Los seres humanos necesitamos orgánicamente emocionarnos, es parte
de nuestra estructura afectiva y psicológica. Esto es un planteo discutible, porque uno
podría plantear que la emotividad es algo históricamente determinado y que la civilización
podría llevar al vaciamiento de emociones, a personas perfectamente saludables y
“normales”. Incidentalmente este es un tópico muy recorrido por la ciencia ficción. El de
pensar a los seres superiores en términos evolutivos, desprovistos de emociones. Es una
figura extrahumana incapaz de comprender la emotividad humana. Para Elias ese no es el
camino, el hombre no puede perder su emotividad para seguir siendo humano. Sugiere que
este desarrollo civilizatorio que ha generado este grado de control sobre la vida de las
personas, le ha quitado emotividad. Por un lado se la ha quitado porque el desarrollo del
Estado, ha impedido o disminuido la posibilidad que existan situaciones que históricamente
generaban emociones, como por ejemplo las guerras. En un mundo donde salir de una casa
e ir a otra implicaba un riesgo de vida, la emoción estaba siempre a flor de piel. La emoción
estaba dada por esta dosis de incertidumbre. En el mundo moderno por el contrario,
tenemos regulada nuestra vida y donde se supone que gozamos por cierto grado de
protección por parte de la esfera estatal, deja de ser esta una fuente de emociones. Por otra
parte, sostendrá que otro elemento que nos quita la posibilidad de emocionarnos es el
control sobre la naturaleza; el control científico técnico. En la medida en que desaparece la
amenaza de, por ejemplo, perder toda fuente de alimentos por una mala cosecha porque el
desarrollo técnico ha permitido al ser humano acopiar alimento, eso tampoco nos brinda
incertidumbre. Por el contrario, tenemos la confianza de que la sociedad gozará de esos
elementos materiales de subsistencia.
Entonces para Elias, una sociedad como esta es una sociedad donde el hombre tiene
sus pasos totalmente pautados, goza de una previsibilidad absoluta. De esta manera, no se
emociona, no puede excitarse. Para Elias esto es un defecto. Históricamente el conjunto
humano según su perspectiva, ha construido espacios que balancean eso que se ha perdido.
Dichos espacios no han sido decididos o elaborados por una previsibilidad/racionalidad de
alguna persona, sino que el propio conjunto lo ha elaborado automáticamente. Son espacios
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donde el conjunto busca imitar las formas, las instancias que los llevaban a la emoción,
pero sin el elemento negativo de esas formas. Por ejemplo, nadie querría tener ahora una
guerra para emocionarnos o divertirnos. No obstante, sí es pertinente tener una especie de
instancia donde podamos recuperar la incertidumbre, la imprevisión, el riesgo que supone
una guerra. Sin su costado negativo que supone la muerte y la violencia física. A estos
espacios Elias los llama espacios miméticos. La mimesis refiere a la imitación de aquello
que ya no existe más De entre esos espacios, un lugar central lo va a tener el deporte. Para
el autor el deporte tiene la función en la vida que es la de generar las condiciones para que
se puedan reproducir las sensaciones, las emociones que anteriormente se producían en
otros espacios como la guerra.
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controladas. Igualmente controladas están las pasiones de los individuos. Las personas que
se dejan llevar por una gran excitación, acabarían en un hospital o en la cárcel. La
organización tanto social como personal para controlar las emociones se ha hecho más
fuerte y eficaz.
II
Unas líneas más adelante, el autor explora la polarización entre ocio y trabajo. Hay
autores que van a plantear que después del trabajo, todo el tiempo restante “es ocio”. El
término “trabajo”, se refiere al que se realiza para ganarse la vida. Sin embargo, Elias
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sostiene que esta interpretación es incorrecta, ya que existen miles de otras actividades de
tiempo libre o para el trabajo que no están destinadas al ocio y que implican una porción
considerable de nuestro tiempo. Tales como la administración familiar, descansar o dormir,
satisfacer necesidades biológicas y sexuales, sociabilidad, entre otros. De este modo, solo
una parte de él se destina a actividades miméticas o de juegos tendientes al ocio.
Polemizando con esta posición y contribuyendo a precisar de mejor manera lo que los seres
humanos realizan después de su obligación laboral, Elias distinguirá en el tiempo libre,
cinco esferas distintas:
3) Satisfacción de las necesidades biológicas: van desde comer, beber, defecar, hasta
cuestiones tales como hacer el amor y dormir. Hacerlo es agradable, estas inquietudes se
calman y vuelven a surgir más tarde.
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sociedad está carente de emoción (es insípida ). Hay un grado de limitación impuesta a las
emociones espontáneas e irreflexivas, tanto en la alegría como en la tristeza, en el odio
como el amor. En consecuencia, en una sociedad en la que han disminuido las inclinaciones
hacia la emoción de tipo serio y amenazador, aumenta la función compensadora de la
emoción lúdica, una excitación placentera de tipo realista y agradable por la que incluso
pagamos, por ejemplo, el teatro.
III
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diferente. En los casos de tensión emocional seria (no mimética), la gente tiende a perder el
control y a convertirse en una amenaza, para sí misma y para las demás. La emoción
mimética, en cambio, no entraña social ni personalmente peligro alguno y puede tener un
efecto catártico. Aristóteles, sostuvo que las tragedias, producían sufrimiento y compasión.
Al frecuentar los teatros se preguntaba cómo es posible que consideremos entretenidas
representaciones que nos hacen sentir miedo, rabia, ira y otros sentimientos de los que, si
pudiéramos, huiríamos en la vida real como si de la peste se tratara.
Es entonces, que el fútbol se presta bastante bien para clarificar algunos problemas
básicos del campo mimético. Es posible estudiar de cerca la difícil correspondencia
existente entre la dinámica del acontecimiento mimético en sí y la dinámica psicológica de
los espectadores. De este modo, si se sigue el juego regularmente se puede aprender a ver
en líneas generales, qué clase de figuración del juego es la que proporciona el máximo
gusto: la de una prolongada batalla sobre el campo del fútbol entre equipos bien
compaginados en habilidad y fuerza. Se trata de un juego que una gran multitud de
espectadores sigue con creciente emoción, la cual es producida no sólo por la batalla misma
sino también por la habilidad que despliegan los jugadores. La tensión del juego se
comunica de manera visible a los espectadores y éstos se la trasladan a los jugadores. Si la
emoción llega al clímax y si luego el equipo favorito marca el gol decisivo, la tensión se
resuelve en la felicidad del triunfo y del regocijo, ése ha sido un gran juego que uno
recordara y hablará durante mucho tiempo. O puede ocurrir que un partido excelente
termine en un empate. Aquí es cuando ya se comienza a entrar en una zona de controversia,
pues la tensión permanece. Es más saludable siempre el desenlace de la derrota o de la
victoria. Los juegos insatisfactorios son aquellos en los que un equipo es tan superior al
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otro que no se produce tensión; de antemano se sabe más o menos quien va a ganar. Casi no
hay sorpresa en el ambiente y sin ella no hay emoción.
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