ADMINISTRACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALEZ
APROVECHAMEINTO FORESTAL
En Panamá, la Ley Forestal (Ley 1 de 3 de febrero de 2004) establece tres
categorías de bosques, de acuerdo a la función que cada uno de ellos cumple: producción,
protección y especiales; los bosques de producción son los que tradicionalmente
abastecen a la industria forestal nacional, a excepción de algunas industrias como la de
papel y cartón que importan su materia prima. Así pues, en Panamá la materia prima
proveniente de bosques cultivados es todavía incipiente en cuanto a producción y
consumo nacional.
De acuerdo con la Ley Forestal, los bosques de producción son aquellos que
pueden ser aprovechados en forma masiva, con rendimientos sostenidos de productos
forestales de valor comercial. Estos bosques se localizan en terrenos de inclinación
moderada, donde las operaciones de extracción de manejo no causen serios problemas de
desestabilización del terreno. En Panamá se estima en aproximadamente 3,500 Km2, la
superficie de bosques de producción. Estos bosques se localizan principalmente en las
provincias de Darién y en la Vertiente del Caribe. En la provincia de Darién, con la mayor
superficie, presenta 1,500 Km2. En la provincia de Panamá, principalmente en la cuenca
del río Bayano, se localizan 600 Km2. En las provincias de Colón, Veraguas y Bocas del Toro
se localizan los 1,400 Km2 restantes. En la actualidad sólo 126.7 Km2 están siendo objeto
de aprovechamiento; lo que representa apenas el 3.6% de la superficie total del bosque
de producción del país.
El aprovechamiento de los bosques de producción se realiza a través de permisos
comunitarios que se otorgan a comunidades indígenas, concesiones forestales, permisos
especiales y permisos de finca privada.
Los bosques de protección son importantes para la regulación de los caudales de fuentes
de agua (ríos), para estabilizar los suelos de ladera y evitar las avenidas extremas y los
consecuentes daños por inundaciones. Los bosques de protección abarcan una superficie
aproximada de 19,000 Km2 y se localizan principalmente en las partes altas de las cordilleras del
país (Cordillera Central, Cordillera de San Blas, Serranía de Darién, Serranía de Pirre y Serranía del
Sapo). Los bosques de protección y los especiales forman un mismo complejo, ya que la mayoría
de los primeros se encuentran dentro de las áreas protegidas. El Sistema Nacional de Áreas
Protegidas (SINAP) abarca una superficie de 24,541.25 Km2, incluyendo diferentes categorías, lo
que representa el 32.5% de la superficie total del país.
En el caso de las reservas forestales, definidas por la Resolución Nº JD - 09 - 94 "áreas de
uso múltiple en donde el manejo adecuado conlleva el aprovechamiento racional programado de
los recursos forestales contenidos", ocupan una superficie de 3,464.14 Km2 y se constituyen en
una alternativa valiosa para conservar los bosques naturales. Es importante anotar aquí, la
existencia de las reservas privadas, una modalidad que actualmente está siendo promovida por la
ANAM.
No obstante, en los últimos años se ha observado un creciente interés por la
utilización de materia prima proveniente de importaciones de madera aserrada, así como
una disminución por la extracción de trozas provenientes de bosques naturales, condición
que posiblemente se ha visto estimulada por: la implementación de las normas de
aprovechamiento establecidas en la Ley 1, la reducción de aranceles a la importación de
madera, la obsolescencia de la industria forestal y el aumento en los costos de extracción,
debido a que los recursos se encuentran cada vez más escasos y distantes, por lo que el
costo de movilización y transporte alcanza el 40-50% del costo de la madera rolliza puesta
en su destino final.
El aprovechamiento forestal se encuentra regulado por la Ley 1 de 3 de febrero de
1994, y se desarrolla bajo las siguientes modalidades: plantaciones forestales, permisos
comunitarios en reservas indígenas, permisos especiales de subsistencia y domésticos, y el
aprovechamiento de bosques naturales ubicados en fincas privadas; además, de los
permisos que se otorgan para la extracción de madera sumergida y la tala necesaria.
Las especies que cuentan con potencial de uso comercial registraron un volumen
de movilización de 8,903.67 m3; siendo once las especies más utilizadas y dentro de las
cuales destacan el espavé, (5,694.58 m3) y el cativo (1,132.30 m3), por presentar los
mayores volúmenes de movilización por especie. Mientras que especies como el berba
(24.16 m3) y el Panamá (51.41 m3) reportaron los volúmenes más bajos de movilización.
En cuanto al porcentaje de madera fina movilizado, tenemos que son seis las
especies de mayor movilización, y son: el cedro espino (25.8%), el cedro amargo (31.6%) y
el bálsamo (15.5%) los de mayor volumen registrado, en contraposición con el laurel
(9.4%) y el caoba (5.6%) que reportaron los menores porcentajes.
Las especies maderables con mayor porcentaje de movilización de madera son cuatro: la
teca con 66 %, melina con 16.6%, el pino con 16.4 %, y eucalipto con 1.1%. Se puede
observar que algunas especies nativas como el espavé y el cedro han sido desplazadas,
debido al auge adquirido por la reforestación con especies exóticas (teca).
La tendencia es a seguir perdiendo los bosques que restan para convertirlos en potreros de poca
productividad, por lo que se hace necesario fortalecer los programas de conservación existentes e
idear nuevos programas que logren un mejor uso de los recursos naturales.
El bajo nivel de ingresos, el aumento de población, la mala distribución de la tierra, la falta de
empleos y la búsqueda de los requerimientos básicos, provocan que las familias campesinas
busquen nuevas tierras para cultivar. Además, el sistema educativo del país (formal e informal) no
ha logrado formar una conciencia en la comunidad que valore el recurso forestal en su justa
medida. En este sentido existe una debilidad en cuanto al uso de tecnología adecuada. En Panamá
existe poca investigación para generar o valorar nuevas técnicas que permitan mejores prácticas
agropecuarias y forestales. La poca información disponible no llega a la mayor parte de los
campesinos, por lo que persisten malas prácticas de uso y manejo del recurso forestal.
El efecto del bosque sobre el clima se refleja en modificaciones a nivel local de las temperaturas y
las lluvias. En esta forma el bosque crea microclimas, que van a influir en el tipo de vegetación que
se desarrolle. En el caso de las lluvias, las copas de los árboles amortiguan la caída de las gotas que
llegan al suelo del bosque y evitan que las plantas pequeñas sean aplastadas por el peso de una
fuerte lluvia. Parte de la lluvia es retenida en las hojas y ramas, donde es almacenada
temporalmente, y de allí puede escurrir por las ramas y tallos y caer al suelo. El agua retenida en
las hojas se evapora, contribuyendo a los niveles de humedad en el área. En caso de lluvias de
poca cantidad, el agua puede quedar retenida totalmente en la copa de los árboles y no caer al
suelo. En el caso de bosques nublados, éstos tienen un papel importante ya que provocan la
condensación del vapor de agua retenido en las nubes al chocar con las hojas, ramas, tallos y
epífitas. Este proceso recibe el nombre de precipitación horizontal, que en algunos lugares puede
representar hasta el 10% de aporte de agua a los ríos. En Panamá, impera el sistema de lluvias
orográficas, por efecto de la Cordillera Central. Sin embargo, los bosques nublados hacen un
aporte significativo por la superficie que ocupan. En grandes superficies de bosque, como en el
Amazona, la transpiración y evaporación desde la copa modifica la humedad del aire provocando
lluvias. Sin embargo, este no parece ser el caso en Panamá.
Los bosques mantienen temperaturas frescas en el suelo, ya que retienen la radiación de los rayos
solares en la copa. Por otro lado, el bosque modifica la velocidad del viento protegiendo a los
organismos que en él habitan. Muchos insectos se benefician, ya que de existir fuertes vientos no
podrían mantenerse en el sitio.