La visión utópica en la
arquitectura
Pablo José Peralta Monroy
#utopía #arquitectura #teoría
Abstract
El presente trabajo de investigación aborda la
arquitectura y el urbanismo utópico como propuestas
teóricas visionarias con un amplio campo de estudio, y
las relaciona con campos no ajenos a la arquitectura
como la política, literatura y el arte en general.
El anhelo de un mundo ideal y perfecto ha sido una
constante en el pensamiento del hombre. Este deseo se
alimenta de la necesidad de solucionar los problemas
más profundos de la sociedad. Su solución más precisa y
efectiva deriva generalmente en visiones utópicas del
mundo que, por su carácter casi fantástico, nunca llegan
a materializarse. Diremos entonces que las utopías en
arquitectura son manifestaciones del pensamiento que se
plasman en proyectos cargados de teoría e innovación
sobre el papel que, sin embargo, son irrealizables en la
realidad en el momento de su concepción (Echeverry,
2015 – 2016).
Para lograr comprender de mejor manera el término
“utopía” creo necesario revisar su origen etimológico. La
palabra es un préstamo de los vocablos griegos οὐ (u)
que significa “no” y τόπος (topos) que significa “lugar”; de
manera que su equivalencia literal es "no lugar", un lugar
que no está en ninguna parte, inexistente (Tapedino,
2014). De ahí que ciertos autores consideran que
relacionar utopía con arquitectura es una paradoja.
Heidegger (como se citó en Tapedino, 2014) plantea que
la arquitectura construye edificaciones que generan
espacios previamente inexistentes. Lo cual significa que
al levantar un proyecto arquitectónico en la realidad, el
concepto de utopía se desvanece. Volvemos así a la idea
previa de que la utopía en el campo de la arquitectura
solo se entiende como tal si se plasma en una
construcción meramente intelectual del proyecto.
Otras interpretaciones menos literales nos muestran que
a lo largo de la historia el hombre ha tratado de
adelantarse al futuro a través de expresiones
arquitectónicas fantásticas e hiperrealistas; así la utopía
se presenta como una posibilidad de soluciones para el
futuro concebidas en una realidad precedente. Se explica
su permanencia como proyecto y su no construcción con
el argumento, de cierta forma optimista, de que en el
momento en que se plantea, los métodos y tecnologías
existentes resultan insuficientes para su desarrollo.
Debo mencionar también que las utopías no están atadas
estricta y exclusivamente al campo de la arquitectura.
Encontramos esta forma de exteriorizar los anhelos
humanos también en otras disciplinas como la literatura,
pintura e incluso la política (esta ultima es tal vez la más
ligada al campo que nos compete). No obstante, el aporte
diferenciador del arquitecto en estas visiones idílicas del
mundo es el natural deseo de ver su obra materializada,
con lo cual sus propuestas tienen una base mucho más
racional.
Tomás Moro en 1516 por medio de la narrativa crea un
mundo completamente utópico, en el que el espacio es
modelador de una sociedad perfeccionada. Moro limita el
espacio físico dentro su obra con la intención de que éste
intensifique los principios que el autor considera
fundamentales para lograr la permanencia en el tiempo y
para fortalecer la vida de una sociedad feliz: la igualdad,
la transparencia, el colectivismo, el trabajo organizado, la
frugalidad, la disciplina social, etc. (Peña, 2001). Con los
años su visión se convertiría probablemente en la más
generalizada de este género.
En las utopías se presupone que hay un gran mal del
cual se derivan todos los demás, en este punto entran las
distintas visiones filosóficas, cada una de ellas define
cual es el nombrado mal mayor. Los más referidos suelen
ser la propiedad privada y el individualismo.
El género utópico derivó en la llamada Utopía Negativa, Figure 1: Tomas Moro
una lectura perversa e irónica de la utopía tradicional.
En las utopías negativas el individualismo o la conciencia
de unicidad son perseguidos y castigados porque atenta
contra la cohesión social y el colectivismo; no se permite
la particularidad o la autorreflexión. Se pretende que los
mundos funcionen como una colmena o un hormiguero.
Cada individuo tiene una única en invariable función
asignada (Peña, 2001).
Es interesante que en este modelo de sociedad utópica
varios conceptos se perciben de forma distinta, la
convicción se remplaza por la fe, el pecado por el delito,
la disciplina y la vigilancia suplantan las instituciones. El
igualitarismo convierte a los seres en objetos
indiferenciados, y por lo tanto intercambiables.
Paradójicamente, hay quienes consideran que estas Figure 2: Isla Utopía de Tomas
sociedades pueden ser gratificantes. Argumentan que Moro
sus miembros tienen asegurada la supervivencia física y
social. El modelo social inalterable crea un sentido de
pertenencia absoluta a un todo mayor, no hay imprevistos
ni conductas desviadas, ni riesgos, además no existen
contradicciones entre costumbres y normas, entre leyes y
mandamientos, ni entre expectativas y deseos.
Había mencionado que la disciplina más ligada con la
arquitectura en el planteamiento utópico es la política. En
los últimos tiempos se ha tergiversado la función de la
política en la depuración de la maldad del ser humano
para convertirlo en un ser completamente bueno. Hay
una concepción cada vez más extendida de que el
racionalismo y la ciencia se pueden aplicar para resolver
conflictos surgidos en todos los ámbitos de la naturaleza
humana, incluso en su comportamiento moral y social.
Bajo esta premisa, en un mundo utópico, se cree que es
posible corregir cualquier acto humano que se realice
fuera de las “leyes de la sociedad”. Uno de los medios
para lograr corregir las impurezas de la sociedad se cree
que es la propia arquitectura. Se pretende que ésta, por
sí misma, condicione el comportamiento individual de la
sociedad, lo cual se lograría con la creación de
instituciones sociales y culturales que sostengan y a la
vez originen dicha sociedad idealizada perfecta. Han
existido proyectos urbanos reales que pretenden, por
ejemplo, eliminar la segregación social por medio del
diseño y la redistribución urbana.
Se cree así que la utopía sería el horizonte en búsqueda
de la optimización de las relaciones humanas para
superar la explotación del hombre por el hombre, además
de lograr una convivencia en armonía con sus
semejantes y con la naturaleza. Esta filosofía toma fuerza
a partir de la Ilustración y la modernización, e impulsó los
movimientos izquierdistas del siglo XX (Tepedino, 2014).
En Francia, por otra parte, la Ilustración concibe a la
política como un medio para convertir al hombre en un Figure 3: Welthauptstadt
ser completamente bueno. Se cree que si la conquista Germania
del conocimiento científico y técnico nos ha permitido
comprender las leyes que rigen el universo, y con ellos
hemos podido transformar cada vez más la realidad,
entonces es lógico pensar que podemos aprehender
también las leyes rectoras de la sociedad y aplicarlas
técnicamente para corregir las desviaciones arraigadas
en ella y eventualmente alcanzar la idílica sociedad sin
clases (Tepedino, 2014).
Teniendo en cuenta este trasfondo político, a través de la
arquitectura se plantearía un diseño espacial de la utopía
sobre la Tierra que sería de relevancia primordial.
Podemos ejemplificar lo descrito con la fantasía de Hitler
de “refundar” una capital (Welthauptstadt Germania) para
su mundo perfecto, que surgiría de las cenizas de la
guerra. Efectivamente, esta ciudad fue proyectada por su
arquitecto Albert Speer (Tapedino, 2014).
Por otro lado, los socialistas ganadores de la guerra
consiguieron realizar el experimento utópico. Algunos
autores consideran que “la máquina para vivir”, con sus
principios funcionalistas supuestamente ideales para
dotar de viviendas dignas a las clases menos
favorecidas, impulsó la construcción de enormes
urbanizaciones de colmenas humanas que, tal vez
involuntariamente, impide el despliegue de cualquier
forma de expresión individual o personal.
La arquitectura utópica, al igual que la arquitectura
desarrollada en base a teorías filosóficas, deviene en
proyecciones más bien absurdas e irrealizables que no
son más que el reflejo de las concepciones del mundo
inherentes a una época específica, o a la visión
idealizada del mismo mundo propia del arquitecto autor.
Sin embargo, la imposibilidad constructiva de estos
proyectos utópicos, muy probablemente se relaciona
también con las numerosas limitaciones tecnológicas,
técnicas, de sistemas constructivos, y demás, que Figure 4: Unité d'Habitation
también hacen parte del momento en que se plantean
(Echeverry, 2015 - 2016). De manera que, desde un
punto de vista distinto, de cierto modo podemos
considerar a la arquitectura utópica como arquitectura
visionaria. Es visionaria si pensamos que sus propuestas
arquitectónicas no responden a necesidades reales en el
momento de su concepción, sino a problemáticas futuras
aún imperceptibles. Convirtiéndose ésta así en material
importante de estudio y teorización; tal vez no en el
aspecto formal, pero sí en cuanto a sus conceptos y
definiciones. Entonces la utopía en arquitectura actúa
como una fuente de información del pasado a la que
siempre podemos volver en busca de datos poco
comunes, en busca de propuestas poco ortodoxas, que
probablemente resuelvan o contribuyan a esclarecer las
complicaciones que se presenten en la creación
arquitectónica.
Referencias:
Echeverry, D. (2015 - 2016). Utopías Arquitectónicas. IES
Infante Don Juan Manuel, 4.
Peña, N. (2001). La Arquitectura de la Utopía y el
Urbanismo. Bitácora Urbano Territorial, 1(5), 46-50.
Tepedino, Nelson. (2014). Arquitectura y utopía. Argos,
31(60-61), 121-127.
Mielgo, D. (2008). Construir ficciones. Madrid, España:
Biblioteca Nueva.