100% encontró este documento útil (7 votos)
1K vistas357 páginas

Anatomía de La Destructividad Humana (Erich Fromm)

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (7 votos)
1K vistas357 páginas

Anatomía de La Destructividad Humana (Erich Fromm)

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Anatomía De La

Destructividad Humana

Erich Fromm
A medida que pasan las generaciones se vuelven peores. Vendrá un tiempo en
que serán tan malvadas que adorarán el poder; la potencia tendrá razón para ellas, y
dejarán de reverenciar el bien. Finalmente, cuando nadie se indigne ante el mal ni se
avergüence en presencia de un miserable, Zeus los destruirá también. Pero aun
entonces podría hacerse algo si la gente del común se alzara y debelara a los
gobernantes que la oprimen.

Mito griego sobre la Edad del Hierro

Cuando veo la historia, me vuelvo pesimista ... pero cuando veo la prehistoria, soy
optimista,

J. C. SMUTS

Por una parte, el hombre es semejante a muchas especies de animales en que


pelea contra su propia especie. Pero por otra parte, entre los millares de especies
que pelean, es la única en que la lucha es d e s t r u c t o r a . . . El hombre es la única
especie que asesina en masa, el único que no se adapta a su propia sociedad.
N. TINBERGEN
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

PREFACIO

Este estudio es el primer volumen de una amplia obra sobre teoría psicoanalítica.
Empecé por el estudio de la agresión y la agresividad porque, aparte de ser uno de los
problemas teóricos fundamentales del psicoanálisis, la oleada de destructividad que está
anegando el mundo lo convierte también prácticamente en uno de los más importantes.
AI empezar esta obra, hace más de seis años, subestimé las dificultades con que
tropezaría. Pronto comprendí que no podría escribir adecuadamente de la destructividad
humana si me encerraba dentro de los límites del principal campo de mis conocimientos: el
psicoanálisis. Aunque esta investigación tiene la intención de ser ante todo psicoanalítica,
necesitaba también algún pequeño conocimiento de otras materias, en particular la
neurofisiología, la psicología animal, la paleontología y la antropología para no trabajar
dentro de un marco de referencia demasiado angosto y por ende deformador. Tenía que
estar en condiciones al menos de comparar mis conclusiones con los datos más importantes
de otros campos para cerciorarme de que mis hipótesis no los contradecían y determinar si,
como esperaba, ellos confirmaban mis hipótesis.
Como no había obra que comunicara e integrara los descubrimientos sobre la agresión
en todos esos campos, ni siquiera que los resumiera en algún campo específico, tuve
también que realizar el intento yo mismo. Este intento, pensaba, serviría también a mis
lectores al ofrecerles la posibilidad de compartir conmigo un modo de ver globalmente el
problema de la destructividad, y no una opinión partiendo del punto de vista de una sola
disciplina. Claro está que en tal empresa puede haber muchas trampas. Era evidente que yo
no podía adquirir la competencia en todos esos campos, y menos en aquel en que me
aventuraba con pocos conocimientos: las ciencias de los nervios. Pude adquirir algún
conocimiento en este campo no sólo estudiándolo directamente sino también gracias a la
amabilidad de los neurocientíficos, algunos de los cuales me orientaron y me resolvieron
muchas cuestiones, y otros de ellos que leyeron la parte del manuscrito relacionada con su
especialidad. Aunque los especialistas comprendan que no tengo nada nuevo que ofrecerles
en su campo particular, tal vez les parezca bienvenida la oportunidad de tener mejor
conocimiento de datos procedentes de otros campos sobre un asunto de tan central
importancia.
Un problema insoluble es el de las repeticiones y traslapes respecto de otras obras mías.
Llevo más de treinta años de trabajar en los problemas del hombre y en el proceso he
enfocado nuevos territorios al mismo tiempo que ahondaba y ensanchaba mi visión de los
antiguos. No podría escribir de la destructividad humana sin presentar ideas que ya he
expresado anteriormente pero que siguen siendo necesarias para entender los nuevos
conceptos de que trata este libro. He tratado de reducir las repeticiones lo más posible, y he
citado cuanto he podido los estudios más amplios de publicaciones anteriores; pero de
todos modos las repeticiones fueron inevitables. Un problema especial al respecto es The
heart of man, que contiene en forma principal algunos de mis últimos descubrimientos de
necrofilia y biofilia. Mi presentación de estos descubrimientos está muy ampliada en la
presente obra, tanto en la teoría como en lo tocante a ilustración clínica. No traté algunas
diferencias entre las opiniones que expreso aquí y las de escritos anteriores porque eso
hubiera requerido mucho espacio y por otra parte no es de gran interés para la mayoría de
los lectores.
Sólo me queda la agradable tarea de dar las gracias a quienes me ayudaron a hacer
este libro.

Página 2 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Deseo darlas al doctor Jerome Brams, a quien debo mucho por su ayuda en la
aclaración teórica de problemas de conductismo, así como por su infatigable búsqueda de
literatura relevante al respecto.
Tengo una deuda de gratitud para con el doctor Juan de Dios Hernández por su ayuda
en mi estudio de la neurofisiología. En horas de discusión aclaró muchos problemas, me
orientó en la vasta literatura y comentó conmigo aquellas partes de mi original relativas al
problema de la neurofisiología.
Estoy agradecido a los siguientes neurólogos que me ayudaron mediante
conversaciones personales y cartas, a veces bastante prolongadas; al difunto doctor Raúl
Hernández Peón, a los doctores Robert B. Livingston, Robert G. Heath, Heinz von
Foerster y Theodore Melnecliuck, que también leyeron las secciones de neurofisiología
del manuscrito. Estoy también en deuda de gratitud con el doctor Francis O. Schmitt por
concertar para mí una entrevista con miembros del Neurosciences Research Program del
Instituto Tecnológico de Massachussets, en que los miembros discutieron las cuestiones
que yo les había planteado. Agradezco asimismo a Albert Speer, que en conversaciones y
correspondencia me ayudó mucho a perfeccionar mi semblanza de Hitler. También
agradezco a Robert M. W. Kempner por la información que había recogido en calidad de
uno de los fiscales del juicio de Nuremberg.
Agradezco igualmente al doctor David Schecter, al doctor Michael Maccoby y a
Gertrud Hunziker-Fromm su lectura del manuscrito y sus valiosas indicaciones críticas y
constructivas; al doctor Iván Illich y al doctor Ramón Xirau por sus valiosas sugerencias
en materia filosófica; al doctor W.A. Mason por sus comentarios acerca de la psicología
animal; al doctor Helmuth de Terra por sus útiles comentarios sobre paleontología; a Max
Hunziker por sus valiosas sugerencias en relación con el surrealismo y a Heinz Brandt por
su aclaradora información y sus sugerencias en relación con las prácticas del terror nazi.
Agradezco también al doctor Kalinkowitz por el interés activo y alentador que manifestó
en este trabajo. Agradezco igualmente al doctor Illich y la señorita Valentina Boresman su
ayuda en la utilización de los medios bibliográficos del Centro Intercultural de Docu-
mentación de Cuernavaca, México.
Quiero aprovechar esta ocasión para expresar mi calurosa gratitud a la señora Beatrice
H. Mayer, que en los últimos veinte años no sólo ha mecanografiado y remecanografiado
las muchas versiones de cada uno de mis originales, incluso el presente, sino que también
los ha preparado para la imprenta con gran sensibilidad, entendimiento y conciencia en
materia de lenguaje y me ha hecho muchas y valiosas indicaciones.
En los meses que estuve fuera, la señora Joan Hughes cuidó mi original con gran
competencia y constructividad, que reconozco Lleno de agradecimiento.
Sostuvo en parte esta investigación el Public Health Service Grant No. MH 13144-01,
MH 13144-02 del National Institute of Mental Health. Reconozco asimismo una
contribución de la Albert and Mary Lasker Foundation, que me permitió tomar un
ayudante para mi labor.
E. F.
Nueva York, mayo de 1973

TERMINOLOGÍA

El equívoco empleo que se ha venido haciendo de la palabra "agresión" ha ocasionado


gran confusión en la abundante literatura sobre este tema. Se ha aplicado al
comportamiento combativo del hombre que defiende su vida frente a un ataque, al
asaltante que mata a su víctima para conseguir dinero, al sádico que tortura a un

Página 3 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

prisionero. La confusión aún va más allá: se ha empleado la palabra para el impetuoso


acercamiento sexual del varón a la hembra, para los dinámicos impulsos hacia delante de
un alpinista o un agente vendedor y para el campesino que labra briosamente su tierra.
Esta confusión se debe tal vez a la influencia del pensamiento behaviorista o conductista
en la psicología y la psiquiatría. Si uno califica de agresión todos los actos "nocivos" —o
sea todos los que tienen por efecto el daño o la destrucción de un objeto inanimado, una
planta, un animal o una persona humana—, entonces, naturalmente, la cualidad del
impulso que mueve al acto nocivo importa muy poco. Si los actos destinados a destruir,
los actos destinados a proteger y los actos destinados a construir se designan con la
misma palabra, ciertamente no hay esperanza de entender su "causa"; no tienen causa
común porque son fenómenos enteramente diferentes y nos hallamos en una posición
teóricamente desesperada si queremos hallar la causa de la "agresión"1.
Tomemos por ejemplo a Lorenz; su concepto de agresión es originalmente el de un
impulso biológicamente adaptativo, desarrollado por evolución, que sirve para la
supervivencia del individuo y de la especie. Pero como ha aplicado también el nombre de
"agresión" al vehemente anhelo de derramar sangre y la crueldad, la conclusión es que
todas esas pasiones irracionales son también innatas, y dado que se entiende que causa
las guerras el placer de matar, la conclusión ulterior es que las guerras se deben a una
tendencia destructiva innata de la naturaleza humana. La palabra "agresión" sirve de
cómodo puente para comunicar biológicamente la agresión adaptativa (que no es mala)
con la destructividad humana, que ciertamente lo es. El meollo de este tipo de
"
razonamiento" es:
Agresión biológicamente adaptativa = innata.
Destructividad y crueldad = agresión.
Ergo: Destructividad y crueldad = innata. Que es lo que se trataba de
demostrar.

En esta obra he empleado la palabra "agresión " para la agresión defensiva, reactiva,
que he incluido en la "agresión benigna", pero llamo "destructividad" y "crueldad" a la
propensión específicamente humana a destruir y al ansia de poder absoluto ("agresión
maligna"). Siempre que he empleado "agresión" por parecerme útil dentro de determinado
contexto distinto del sentido de agresión defensiva, la he modificado de alguna manera
para evitar malos entendimientos.
Otro problema de semántica plantea la palabra "él" cuando me refiero a los seres
humanos, porque decir a cada paso "é1 o ella " resultaría pesado. Creo que las palabras
son muy importantes, pero que no se debe convertirlas en fetiche e interesarse más en
ellas que en lo que expresan.
En beneficio de la cuidadosa documentación, las citas dentro de esta obra van
acompañadas de la mención del autor y el ano de publicación, con el fin de permitir al
lector hallar la referencia completa en la bibliografía. Por eso no siempre se dan las
fechas, en relación con los datos como en
la cita de Spinoza (1927).

1
Debería observarse sin embargo que Freud no dejaba de darse cuenta de esas diferencias. (Cf. el apéndice.)
Además, en el caso de Freud, el motivo subyacente para su terminología es difícil de hallar en una orientación
conductista; es más probable que se contentara con seguir el uso establecido y además prefiriera emplear los
vocablos más generales con el fin de acomodarlos a sus propias categorías generales, como la del instinto de
muerte.

Página 4 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

INTRODUCCIÓN: LOS INSTINTOS Y LAS PASIONES HUMANAS

El aumento de la violencia y la destructividad en escala nacional y mundial ha


llamado la atención de los profesionales y del público en general hada la averiguación
teórica de la naturaleza y las causas de la agresión. Este interés no es sorprendente; lo
sorprendente es el hecho de que la preocupación haya sido tan reciente, sobre todo
dad') que un investigador de la imponente talla de Freud, revisando su teoría anterior,
que giraba en torno al impulso sexual, había ya en los veintes formulado una nueva
teoría en que la pasión de destruir ("instinto de muerte") era considerada de fuerza
igual a la pasión de amar ("instinto de vida", "sexualidad"). Pero el público siguió
considerando el freudismo principalmente la presentación de la libido como pasión
central del hombre, contrarrestada tan sólo por el instinto de la autoconservación.
Solamente mediados los sesentas cambió esta situación. Una de las razones
probables del cambio fue el hecho de haber pasado de cierto límite el nivel de
violencia y el temor a la guerra en todo el mundo. Pero un factor que contribuyó a
ello fue la publicación de varios libros que trataban de la agresión humana, en
particular Sobre la agresión: el pretendido mal, de Konrad Lorenz (1966). Lorenz,
conocedor descollante del campo del comportamiento animal 2 y en particular del de
peces y aves, decidió aventurarse en un campo en que tenía poca experiencia o
competencia: el del comportamiento humano. Aunque ha sido rechazado por muchos
psicólogos y neurólogos. Sobre la agresión resultó un éxito de librería e hizo profunda
impresión en la mente de un vasto sector de la comunidad culta, muchos de cuyos
componentes aceptaron la opinión de Lorenz como la solución definitiva del
problema.
El éxito popular de las ideas de Lorenz fue reforzado grandemente por la obra
anterior de un autor de género muy diferente: Robert Ardrey (African genesis, 1961 y
The territorial imperative, 1967). No científico sino dramaturgo talentoso, Ardrey
entretejió muchos datos acerca de los comienzos del hombre para formar un resumen
elocuente pero altamente tendencioso destinado a demostrar que la agresividad es
innata en el hombre. Siguieron a estos libros los de otros estudiosos del
comportamiento humano, como El mono desnudo (1967) por Desmond Morris y Amor y
odio (1972) por el discípulo de Lorenz, I. Eibl-Eibesfeldt.
Todas estas obras contienen en' lo fundamental la misma tesis: el comportamiento
agresivo del hombre, manifestado en la guerra, el crimen, los choques personales y
todo género de comportamiento destructivo y sádico se debe a un instinto innato,
programado filogenéticamente, que busca su descarga y espera la ocasión apropiada
para manifestarse.
Tal vez el gran éxito del neoinstintivismo de Lorenz se debiera no a la robustez de
sus argumentos sino a que la gente es muy susceptible a ellos. ¿Qué podía ser más
admisible para gente asustada y que se siente incapaz de modificar el rumbo al
aniquilamiento que una teoría que nos asegura que la violencia arranca de nuestra
índole animal, de un impulso ingobernable hacia la agresión y que lo mejor que
podemos hacer es, como afirma Lorenz, comprender la ley de la evolución que explica
el poder de ese impulso? Esta teoría de la agresividad innata fácilmente se convierte
2
Lorenz dio el nombre de "etología" al estudio del comportamiento animal, y es una terminología peculiar, ya que
etología significa literalmente "la ciencia del comportamiento" (del griego, ethos, " conducta", "norma " ). Para referirse
al estudio del comportamiento animal Lorenz hubiera debido llamarlo ` etología animal". El que dijera etología sin
más implica, naturalmente, su idea de que el comportamiento humano se ha de comprender dentro del comportamiento
animal Es un hecho interesante el de que John Stuart Mill, mucho antes que Lorenz, acuñara el vocablo " etología" para
designar la ciencia del carácter. De querer yo resumir el punto esencial de este libro en pocas palabras diría que trata
de " etología" en el sentido de Mills, no en el de Lorenz.

Página 5 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

en ideología que contribuye a calmar el temor de lo que sucederá y a racionalizar la


sensación de impotencia.
Hay otras razones para preferir esta solución simplista de una teoría instintivista al
estudio serio de las causas de la destructividad, estudio que requiere poner en duda
las premisas básicas de la ideología actual; nos vemos así llevados a analizar la
irracionalidad de nuestro sistema social y a violar los tabúes que se ocultan detrás de
palabras graves, como "defensa", "honor" y "patriotismo ". Nada que no sea un análisis
en profundidad de nuestro sistema social puede revelar las razones de ese incremento
de destructividad o sugerir modos y medios de reducirlo. La teoría instintivista se
ofrece a ahorrarnos la pesada labor de realizar ese análisis. Implica que, aunque todo
deba perecer, podemos al menos hacerlo con la convicción de que nuestra
"naturaleza " nos impuso ese destino fatal y que comprendamos por qué todo tenía que
ocurrir como ocurrió.
Dado el actual alineamiento en el pensamiento psicológico, es de esperar que las
críticas a la teoría lorenziana de la agresión humana encajen dentro de esa otra teoría
dominante en psicología: la del conductismo, A diferencia del instintivismo, la teoría
conductista no se interesa en las fuerzas subjetivas que impulsan al hombre a obrar de
determinado modo; no le preocupa lo que él siente, sino sólo el modo que tiene de
conducirse y el condicionamiento social que configura su comportamiento.
Fue sólo en los veintes cuando cambió radicalmente el enfoque en la psicología y
pasó del sentimiento al comportamiento; en adelante, las pasiones y emociones
quedaban fuera del campo de visión de muchos psicólogos, en calidad de datos que
no hacían al caso, por lo menos desde un punto de vista científico. El objeto de estudio
de la escuela predominante en psicología fue entonces el comportamiento, no el hombre
que se comportaba: la "ciencia de la psique" se transformaba en ciencia de la ingeniería
de la conducta animal y humana. Este fenómeno alcanzó su punto culminante en el
neoconductismo de Skinner, que es hoy la teoría psicológica más ampliamente aceptada
en las universidades de Estados Unidos.
Es fácil hallar la razón de esta transformación de la psicología. Más que ningún otro
científico, el que estudia el hombre sufre la influencia de la atmósfera de su sociedad.
Esto es así no sólo en sus modos de pensar, sus intereses, las cuestiones que plantea, todo
ello en parte determinado socialmente como en las ciencias naturales, pero en su caso la
materia misma objeto de estudio es determinada así. Siempre que un psicólogo habla del
hombre, su modelo es el de las personas que lo rodean .. y sobre todo él mismo. En la
sociedad industrial contemporánea, las personas son de orientación cerebral, sienten
poco, y consideran un lastre inútil las emociones, tanto las de los psicólogos como las de
sus sujetos. La teoría conductista parece muy apropiada para ellas.
La alternativa actual entre instintivismo y conductismo no es favorable al progreso
teórico. Ambas posiciones son "monoexplicativas", dependen de preconcepciones
dogmáticas, y se requiere de los investigadores que hagan encajar los datos dentro de una
u otra explicación. Pero ¿estamos realmente ante la alternativa de aceptar sea la teoría
instintivista, sea la conductista? ¿Estamos obligados a escoger entre Lorenz y Skinner?
¿No hay otras opciones? En este libro se afirma que hay otra, y se estudia cuál es.
Debemos distinguir en el hombre dos tipos de agresión enteramente diferentes. El
primero, que comparte con todos los animales, es un impulso filogenéticamente
programado para atacar (o huir) cuando están amenazados intereses vitales. Esta agresión
"
benigna", defensiva, está al servicio de la supervivencia del individuo y de la especie, es
biológicamente adaptativa y cesa cuando cesa la amenaza. El otro tipo, la agresión
"maligna", o sea la crueldad y destructividad, es específico de la especie humana y se
halla virtualmente ausente en la mayoría de los mamíferos; no está programada

Página 6 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

filogenéticamente y no es biológicamente adaptativa; no tiene ninguna finalidad y su


satisfacción es placentera. Buena parte de la discusión anterior de este asunto estaba
viciada por el hecho de no distinguir entre estos dos géneros de agresión, cada uno de los
cuales tiene diferente origen y diferentes propiedades.
La agresión defensiva es, ciertamente, parte de la naturaleza humana, aunque no sea
un instinto "innato"3, como suele llamársele. En tanto habla de la agresión de defensa,
Lorenz tiene razón al suponer un instinto agresivo (aunque es científicamente
indefendible la teoría acerca de su espontaneidad y de su propiedad autorrenovadora).
Pero Lorenz va más allá. Mediante cierto número de ingeniosos razonamientos considera
toda la agresión humana, incluso la pasión de matar y torturar, resultado de una agresión
biológicamente dada, transformada de fuerza benéfica en destructora debido a cierto
número de factores. Pero son tantos los datos empíricos en contra de su hipótesis que la
hacen virtualmente indefendible. El estudio de los animales muestra que tos mamíferos, y
en especial los primates —si bien poseen bastante agresión defensiva— no son asesinos
ni torturadores. La paleontología, la antropología y la historia presentan abundantes
pruebas contra la tesis instintivista: 1] los grupos humanos difieren de modo tan
fundamental en el grado de destructividad que los hechos difícilmente podrían explicarse
suponiendo que la destructividad y la crueldad son innatas; 2] diversos grados de
destructividad pueden tener correlación con otros factores psíquicos y con diferencias en
las estructuras sociales respectivas, y 3] el grado de destructividad aumenta a medida que
aumenta el desarrollo de la civilización, no lo contrario. Por cierto que el cuadro de la
destructividad innata encaja mucho mejor en la historia que en la prehistoria. Si el
hombre sólo estuviera dotado de la agresión biológicamente adaptativa que comparte con
sus antepasados animales, sería un ente relativamente pacífico; si los chimpancés
tuvieran psicólogos, éstos difícilmente considerarían la agresión un problema inquietante
que ameritara escribir libros en torno suyo.
Pero el hombre difiere del animal por el hecho de ser el único primate que mata y
tortura a miembros de su propia especie sin razón ninguna, biológica ni económica, y
siente satisfacción al hacerlo. Es esta agresión "maligna", biológicamente no adaptativa y
no programada filogenéticamente, la que constituye el verdadero problema y el peligro
para la existencia del hombre como especie, y el fin principal de este libro es analizar la
naturaleza y las condiciones de esta agresión destructiva.
La distinción entre agresión benigna defensiva y agresión maligna destructiva requiere
una distinción ulterior, más fundamental, entre instinto4 y carácter, o dicho con más
precisión, entre los impulsos arraigados en las necesidades fisiológicas (impulsos
orgánicos) y las pasiones específicamente humanas arraigadas en su carácter ("pasiones
radicadas en el carácter o humanas"). La distinción entre instinto y carácter se estudiará
ampliamente más adelante en el texto. Trataré de demostrar que el carácter es la segunda
naturaleza o índole segunda (seconde nature) del hombre, que remplaza a sus instintos,
poco desarrollados; y que las pasiones humanas (como el anhelo de amor, ternura y
libertad, así como el placer de destruir, el sadismo, el masoquismo, el ansia de poder y
poseer) son respuestas a las "necesidades existenciales", radicadas a su vez en las
condiciones mismas de la existencia humana. Para decirlo brevemente, los instintos son
soluciones a las necesidades fisiológicas del hombre, y las pasiones condicionadas por el
carácter, soluciones a sus necesidades existenciales, ,son específicamente humanas. Estas
necesidades existenciales son las mismas para todos los hombres, pero los hombres
difieren en lo relativo a sus pasiones dominantes. Un ejemplo: el hombre puede ser
3
Últimamente, Lorenz ha modificado el concepto de "innato" reconociendo la presencia simultánea del factor
aprendizaje. (K. Lorenz, 1965.)
4
Empleamos aquí provisionalmente la palabra "instinto ", aunque está algo anticuada. Más adelante emplearé en
su lugar "pulsiones " o "impulsos orgánicos ".

Página 7 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

impulsado por e amor o por la pasión de destruir; en uno u otro caso satisface una de sus,
necesidades existenciales: la de "poner por obra" o afectar algo, de "producir un efecto" o
hacer mella en algo. El que la pasión dominante del hombre sea el amor o la destructividad
depende en gran parte de las circunstancias sociales; pero estas circunstancias operan en
relación con la situación existencial biológicamente dada y las necesidades que en ella
tienen su origen, y no con una psique indiferenciada, infinitamente maleable, como supone
la teoría ambientalista.
Mas cuando queremos saber cuáles son las condiciones de la existencia humana, nos
vemos conducidos a otras cuestiones: ¿cuál es la naturaleza del hombre? ; ¿en virtud de qué
es hombre? Innecesario es decir que el clima actual de las ciencias sociales no resulta muy
favorable para la discusión de estos problemas. En general se considera que su estudio
pertenece a la filosofía y la religión; en el pensamiento positivista se las trata como
especulaciones puramente subjetivas sin ningún derecho a pretender validez objetiva. Como
sería inoportuno anticipar aquí la compleja argumentación que más adelante ofrezco basada
en datos, me conformaré por ahora con unas cuantas observaciones. En nuestro intento de
definir la esencia del hombre no nos referimos a una abstracción conseguida por medio de
especulaciones metafísicas como las de Heidegger y Sartre. Nos referimos a las condiciones
reales de la existencia común al hombre qua hombre, de modo que la esencia de cada
individuo es idéntica a la existencia de la especie. Llegamos a este concepto por el análisis
empírico de la estructura anatómica y neurofisiológica y sus correlaciones psíquicas que
caracterizan la especie horno. Hacemos pasar así el principio de explicación humana del
principio fisiológico de Freud a un principio histórico sociobiológico. El punto de vista desde
el cual serán tratados estos problemas aquí es sociobiológico. Puesto que la especie Homo
sapiens puede definirse en términos anatómicos, neurológicos y fisiológicos, debemos
también poderla definir como especie en términos psíquicos. El punto de vista adoptado
aquí para tratar estos problemas puede llamarse existencialista, aunque no en el sentido de
la filosofía existencialista.
Esta base teórica nos abre la posibilidad de discutir detalladamente las diversas formas
de agresión maligna arraigadas en el carácter, en especial el sadismo —pasión de poder
irrestricto sobre otro ser dotado de sentimiento— y la necrofilia —pasión de aniquilar la
vida y atracción hacia todo lo muerto, decadente y puramente mecánico. El entendimiento
de estas estructuras de carácter se facilitará, espero, mediante el análisis del carácter de
cierto número de sádicos y aniquiladores bien conocidos del pasado reciente: Stalin,
Himmler y Hitler.
Habiendo señalado los pasos que seguirá este estudio sería útil indicar, siquiera
brevemente, algunas de las premisas y conclusiones generales que el lector hallará en los
capítulos subsiguientes: 1] no nos interesaremos en el comportamiento separado del
hombre que lo tiene; trataremos de las pulsiones humanas, independientemente de .que
sean o no manifiestas en un comportamiento directamente observable; significa esto, en
relación con el fenómeno de la agresión, que estudiaremos el origen y la intensidad de los
impulsos agresivos y no el comportamiento agresivo independiente de su motivación. 2]
Estos impulsos pueden ser conscientes, pero con mayor frecuencia son inconscientes. 3]
La mayor parte de las veces están integrados en una estructura de carácter relativamente
estable. 4] En una formulación más general, este estudio se basa en la teoría del
psicoanálisis. De ahí se deduce que el método que emplearemos es el método psicoanalí-
tico de descubrir la realidad interna inconsciente mediante la interpretación de los datos
observables, con frecuencia aparentemente insignificantes. Pero la palabra "psicoanálisis"
no se emplea aquí en relación con la teoría clásica sino con cierta revisión de ella. Más
adelante examinaremos los aspectos clave de esta revisión; ahora quisiera decir solamente
que no se trata de un psicoanálisis basado en la teoría de la libido, para evitar los

Página 8 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

conceptos instintivistas que generalmente se entiende son la verdadera esencia de la teoría


de Freud.
Esta identificación de la teoría de Freud con el instintivismo queda empero
grandemente abierta a la duda. Freud fue en realidad el primer psicólogo moderno que, en
contraste con la tendencia dominante, estudió el reino de las pasiones humanas: amor,
odio, ambición, codicia, celos, envidia, pasiones que anteriormente sólo habían tratado los
dramaturgos y novelistas y que con Freud fueron materia de estudio de la exploración
científica5. Esto podría explicar por qué tuvo una acogida mucho más calurosa y
comprensiva entre los artistas que entre los psiquiatras y psicólogos, por lo menos hasta el
tiempo en que su método devino instrumento para satisfacer la creciente demanda de
psicoterapia. Los artistas comprendían que era aquel el primer científico que manejaba su
propia materia, el "alma" del hombre, en sus manifestaciones más secretas y sutiles. El su-
rrealismo mostró con suma claridad este impacto de Freud en el pensamiento artístico. En
contraste con formas de arte más antiguas, rechazaba la "realidad" por intrascendente y no
le interesaba el comportamiento: lo que importaba era la experiencia subjetiva; era lógico
que la interpretación
freudiana de los sueños se convirtiera en una de las influencias más importantes para su
desarrollo.
Freud no podía sino concebir sus descubrimientos con os conceptos la terminología de
su tiempo. No habiéndose liberado nunca del materialismo de sus maestros tenía, y tuvo,
que hallar el modo de disfrazar las pasiones humanas, presentándolas como producto de
un instinto. Y lo realizó a maravilla mediante una hazaña (tour de force) teórica: ensanchó
el concepto de sexualidad (libido) a tal grado que todas las pasiones humanas (aparte de la
propia conservación) podían entenderse como resultado de un instinto. El amor, el odio, la
codicia, la vanidad, la ambición, la avaricia, los celos, la crueldad, la ternura . . . todo hubo
de entrar por fuerza en el corsé de hierro de este esquema y fue tratado teóricamente como
sublimaciones o formaciones de reacción contra las diversas manifestaciones de libido oral,
anal y genital.
Pero en el segundo período de su obra, Freud quiso librarse de este esquema
presentando una nueva teoría, que fue un paso decisivo hacia delante en la comprensión
de la destructividad. Reconocía que la vida no está regida por dos impulsos egoístas, el de
la alimentación y el del sexo, sino por dos pasiones —amor y destrucción— que no sirven a
la supervivencia fisiológica del mismo modo que el hambre y la sexualidad. Limitado
todavía empero por sus premisas teóricas los denominó “instinto de vida” e “instinto de
muerte” y con ello dio a la destructividad humana la categoría de una de las dos pasiones
fundamentales del hombre.
Este estudio libera pasiones como los afanes de amar, de ser libre, así como el impulso
de destruir, de torturar, de mandar y someter de su maridaje forzoso con los instintos. Son
éstos una categoría puramente natural, mientras que las pasiones arraigadas en el carácter
son una categoría sociobiológica e histórica.6 Aunque no sirvan directamente para la
supervivencia física, son tan fuertes como los instintos, y a veces más. Forman la base del
interés del hombre por la vida, de su entusiasmo, su apasionamiento; son la materia de que
están hechos no sólo sus sueños sino, además el arte, la religión, el mito, el teatro . . . todo
cuanto hace la vida digna de vivirse. El hombre no puede vivir como un mero objeto,
5
Muchas psicologías más antiguas, como las de los , escritos budistas, los griegos y la medieval y moderna hasta
Spinoza tratan las pasiones humanas como principal sujeto de estudio mediante un método en que se combinan
la observación atenta (pero sin experimentación) y el pensamiento crítico.
6
Cf. R. B. Livingston (1967) para la cuestión de hasta qué punto están algunos de ellos integrados en el cerebro;
se discute en el capítulo 10.

Página 9 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

como dados arrojados de un cubilete; sufre gravemente cuando se ve reducido al nivel de


una máquina de alimentar o engendrar, aunque tenga todas las seguridades que quiera El
hombre ansía lo dramático y emocionante cuando no puede hallar satisfacción en un nivel
superior, cree para sí el drama de la destrucción.
El clima mental contemporáneo alienta el axioma de que un motivo puede ser intenso
solamente si sirve a una necesidad orgánica —es decir: sólo los instintos tienen un intenso
poder de motivación. Si uno rechaza este punto de vista mecanicista y reduccionista y
parte de una premisa holista empieza a comprender que las pasiones del hombre deben
verse en relación con sus funciones para el proceso vital del organismo entero. Su
intensidad no se debe a necesidades fisiológicas especiales sino a la necesidad que todo el
organismo tiene de sobrevivir ... de desarrollarse física y mentalmente.
Estas pasiones no se hacen poderosas solamente después de haber sido satisfechas las
necesidades fisiológicas. Se hallan en la raíz misma de la existencia humana y no son una
especie de lujo que pueda permitirse uno después de haber satisfecho las necesidades
normales, "inferiores . La gente se suicida a veces por no poder hacer realidad su pasión de
"

amor, de poder, de fama o de desquite. Los casos de suicidio por falta de satisfacción
sexual son virtualmente inexistentes. Esas pasiones no instintivas excitan al hombre, lo
inflaman, le hacen la vida digna de ser vivida. Como dijo una vez Holbach, el filósofo de
la Ilustración francesa, "un homme sans passions et désirs cesserait d'étre un homme (un "

hombre sin pasiones ni deseos dejaría de ser hombre). (P. H. D. d Holbach, 1822.) Son tan
'

intensas precisamente porque el hombre no sería hombre sin ellas.7


Las pasiones humanas transforman al hombre de mero objeto en protagonista, ,en un
ser que a pesar de enormes dificultades trata de hacer que la vida tenga sentido. Necesita
ser su propio creador, transformar su estado de ente inacabado en alguien con finalidades
y propósitos que le permitan cierto grado de integración. Las pasiones del hombre no son
complejos psicológicos triviales que puedan explicarse debidamente como ocasionados por
los traumas de la infancia. Solamente pueden entenderse si uno va más allá de la esfera de
la psicología reduccionista y las reconoce por lo que son: el intento del hombre de hacer
que la vida tenga significado y de sentir el máximo de intensidad y fuerza que pueda (o crea
poder) lograr en las circunstancias dadas. Son su religión, su culto, su ritual, que él ha de
ocultar (incluso a sí mismo) en tanto las desaprueba su grupo. Claro está que por medio
del soborno y el chantaje, o sea por el condicionamiento experto, puede persuadírsele a
que renuncie a su "religión" y a que se convierta al culto general del no-individuo, del
autómata. Pero la cura psíquica le priva de lo mejor que tiene, de ser hombre y no cosa.
La verdad es que todas las pasiones humanas, tanto las "buenas" como las "malas"
pueden entenderse solamente como el intento por una persona de que la vida tenga sentido,
y de trascender la existencia trivial, mera sustentadora de la vida. Sólo es posible el cambio
de personalidad si es capaz el individuo de "convertirse" a un nuevo modo de dar sentido a
la vida movilizando sus pasiones favorecedoras de la vida y sintiendo así una vitalidad e
integración superiores a las que tenía antes. Si no es así, podrá ser domesticado, pero no
curado. Pero si bien las pasiones fomentadoras de la vida conducen a una mayor sensación
de fuerza, alegría, integración y vitalidad que la destructividad y crueldad, éstas son no
7
Esta afirmación de Holbach, naturalmente, hay que entenderla en el contexto del pensamiento filosófico de su
época. La filosofía budista o la spinozista tienen una concepción enteramente diferente de las pasiones; desde
su punto de vista, la descripción de Holbach sería empíricamente cierta para la mayoría de las personas, pero la
posición de Holbach es exactamente lo contrario de lo que ellos consideran ser la finalidad del desarrollo
humano. Con el fin de hacer apreciar la diferencia citaré la distinción entre "pasiones irracionales", como la
ambición o la codicia, y las "pasiones racionales ", como el amor y la solicitud por todos los seres animados (que
examinaremos más adelante). Lo que hace al caso en el texto no es empero esta diferencia sino la idea de que la
vida dedicada principalmente a su propia conservación es inhumana.

Página 10 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

menos que aquéllas una solución al problema de la existencia humana. El hombre más
sádico y, destructor es humano, tan humano como el santo. Podrá decirse de él que es un
hombre enfermo y torcido que no ha podido hallar una solución mejor al problema de
haber nacido humano, y así es; también podría decirse que es un hombre que tomó un
camino equivocado en busca de su salvación.8
Estas consideraciones no implican de ninguna manera que la destructividad y la
crueldad no sean vicios; lo único que significan es que el vicio es humano. Ciertamente,
destruyen la vida, el cuerpo y el espíritu; no sólo destruyen a la víctima sino también al
mismo destructor. Constituyen una paradoja: expresan la vida volviéndose contra sí
misma en el afán de buscar su sentido. Son la única perversión de verdad. Entenderlas
no significa condonarlas. Pero si no las entendemos, no tenemos modo de llegar a conocer
cómo reducirlas ni los factores que tienden a incrementarlas.
Este entendimiento es de particular importancia actualmente, en que la sensibilidad a
lo destructivo y cruel está disminuyendo rápidamente, y la necrofilia, la atracción hacia lo
muerto, decadente, sin vida y puramente mecánico va en aumento por todas partes en
nuestra sociedad industrial y cibernética. El espíritu de necrofilia lo manifestó por primera
vez en forma literaria F. T. Marinetti en su Manifiesto futurista de 1909. La misma
tendencia puede observarse en buena parte del arte y la literatura de las últimas décadas,
donde se hace gala de particular fascinación por todo lo corrupto, inánime, destructor y
mecánico. El grito falangista de “¡Viva la muerte!” amenaza convertirse en principio
secreto de una sociedad en que la conquista de la naturaleza por la máquina forma el
verdadero significado del progreso y en que la persona viviente se convierte en apéndice
de_ la máquina.
En este estudio se intenta aclarar la índole de esta pasión necrófila y de las condiciones
sociales que tienden a fomentarla. La conclusión será que la ayuda en sentido lato sólo
podrá venir por cambios radicales en nuestra estructura social y política que repondrían al
hombre en su papel supremo en la sociedad. El deseo de "justicia y orden" (no de vida y
estructura) y de un castigo más estricto de los criminales, así como la obsesión por la
violencia y la destrucción entre algunos "revolucionarios" son sólo otros ejemplos de la
poderosa atracción que ejerce la necrofilia en el mundo contemporáneo. Tenemos que
crear las condiciones que harían del desarrollo del hombre, ser imperfecto e incompleto —
único en la naturaleza— el objetivo supremo de todos los contratos sociales. La verdadera
libertad y la independencia y el fin de todas las formas de poder explotador son las
condiciones para la movilización del amor a la vida, única fuerza capaz de vencer al amor
a la muerte.

PRIMERA PARTE

INSTINTIVISMO, CONDUCTISMO Y PSICOANÁLISIS

LOS INSTINTIVISTAS

LOS INSTINTIVISTAS ANTIGUOS

8
"Salvación" viene del radical latino sal, la sal (en español ha dado salud). El significado se debe al hecho de
que la sal protege la carne de la descomposición; "salvación" es así lo que protege al hombre de su
descomposición. En este sentido, todo hombre necesita "salvación" o salud (en un sentido no teológico).

Página 11 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

No presentaré aquí una historia de la teoría del instinto, que el lector puede hallar en
muchos textos.9 Esta historia empezó hace mucho en el pensamiento filosófico, pero en lo
concerniente al pensamiento moderno data de la obra de Charles Darwin. Toda la
investigación posdarwiniana de los instintos se ha basado en la teoría de la evolución
expuesta por Darwin.
William James (1890), William McDougall (1913, 1932) y otros han redactado largas
listas en que cada instinto se entendía motivar tipos correspondientes de comportamiento,
como los instintos de imitación, rivalidad, belicosidad, simpatía, caza, temor,
adquisitividad, cleptomanía, constructividad, juego, curiosidad, sociabilidad, secreto,
limpieza, pudor, amor y celos —extraña mezcla de cualidades humanas universales y rasgos
específicos de carácter socialmente condicionados. (J. J. McDermott, ed., 1967.) Aunque
esta lista de instintos parece hoy algo ingenua, la labor de estos instintivistas es muy
compleja, abunda en ideas teóricas e impresiona por la altura de su pensamiento teórico,
que todavía tiene cierta validez. Así, por ejemplo, James tenía perfecto conocimiento del
hecho de que podía haber un elemento de aprendizaje incluso en el primer desempeño de
un instinto, y McDougall no dejaba de comprender la influencia modeladora de las
diferentes experiencias y antecedentes culturales. El instintivismo de este último forma un
puente a la teoría freudiana. Como ha subrayado Fletcher, McDougall no identificaba el
instinto con un "mecanismo motor" y una respuesta motriz rígidamente fija. Para él el
meollo de un instinto era una "propensión", un "ansia", y este núcleo afectivo innato de
cada instinto "parece capaz de funcionar en forma relativamente independiente tanto de la
parte cognitiva como de la motriz de la disposición instintiva total". (W. McDougall,
1932.)
Antes de pasar a estudiar los dos representantes modernos más conocidos de la teoría
instintivista, los "neoinstintivistas" Sigmund Freud y Konrad Lorenz, veamos un aspecto
común a ambos, y además a los instintivistas antiguos: la concepción del modelo
instintivista en términos de mecánica e hidráulica. McDougall se representaba la energía
contenida por "compuertas" y "rebosando" en determinadas condiciones (W. McDougall,
1913). Posteriormente utilizó una analogía en que cada instinto estaba presentado como
una "cámara en que constantemente se está liberando gas". (W. McDougall, 1923.)
Freud, en su concepto de la teoría de la libido siguió también un esquema hidráulico. La
libido aumenta — la tensión se eleva el desplacer aumenta; el acto sexual hace bajar la
tensión, y el desplacer, y después la tensión empieza a subir nuevamente. De modo
semejante, Lorenz consideraba la energía específica de reacción como "un gas que
continuamente se está metiendo con bomba en un recipiente " o como un líquido en un
depósito que puede salir mediante una válvula con resorte situada en el fondo. (K.
Lorenz, 1950.) R. A. Hinde ha señalado que a pesar de varias diferencias, estos y otros
modelos del instinto "comparten la idea de una sustancia capaz de energizar los
comportamientos, contenida en un recipiente y después liberada para la acción". (R. A.
Hinde, 1960.)

LOS NEOINSTINTIVISTAS: SIGMUND FREUD Y KONRAD LORENZ

El concepto de agresión de Freud10

9
Recomiendo en especial la penetrante historia que de esa teoría hace R. Fletcher (1968).
10
En el apéndice se hallará una historia detallada y un análisis del concepto freudiano de agresión.

Página 12 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

El gran paso hacia delante que dio Freud respecto de los instintivistas antiguos, y en
particular McDougall, fue unificar todos los "instintos" en dos categorías: los instintos
sexuales y el instinto de conservación del individuo. La teoría freudiana puede
considerarse así el último paso en el desarrollo de la historia de la teoría de los instintos;
como haré ver más adelante, esta misma unificación de los instintos en uno (a excepción
del instinto del ego) fue también el primer paso para la superación de todo el concepto
instintivista, aunque Freud no se dio cuenta de ello. En adelante trataré sólo del concepto
freudiano de la agresión, ya que su teoría de la libido es bien conocida para muchos
lectores y puede hallarse en otras obras, y mejor que en ninguna en sus Introductory
lectures on psychoanalysis (1915-6, 1916-7 y 1933).
Freud había dedicado relativamente poca atención al fenómeno de la agresión
mientras consideró que la sexualidad (libido) y la conservación del individuo eran las dos
fuerzas que predominaban en el hombre. A partir de los veintes, el cuadro cambió por
completo. En The ego and the id (1923) y en sus obras posteriores postuló una nueva
dicotomía: la de instinto(s) de vida (Eros) e instinto(s) de muerte. Y describía la nueva
fase teórica del modo siguiente: "Partiendo de las especulaciones acerca del comienzo de
la vida y de paralelos biológicos llegué a la conclusión de que además del instinto de
conservar la sustancia viva debía haber otro instinto contrario que trataría de disolver
esas unidades y hacerlas volver a su estado primitivo, inorgánico. Es decir, así como un
Eros, había un instinto de muerte." (S. Freud, 1930.)
El instinto de muerte se dirige contra el mismo organismo, y es por ello una pulsión
autodestructora, o bien se dirige hacia fuera y entonces tiende a destruir a los demás y
no a sí mismo. Cuando se mezcla con la sexualidad, el instinto de muerte se transforma
en impulsos menos dañinos, que se manifiestan por el sadismo o el masoquismo.
Aunque Freud sugirió en diversas ocasiones que podía reducirse el poder del instinto de
muerte (S. Freud, 1927), seguía en pie la idea fundamental: el hombre estaba sometido
al influjo de un impulso de destrucción de sí mismo o de los demás y no podía hacer
gran cosa para escapar a esa trágica alternativa. Luego desde la posición del instinto de
muerte, la agresión no era en lo esencial reacción a los estímulos sino un impulso que
manaba constantemente y tenía sus raíces en la constitución del organismo humano.
La mayoría de los psicoanalistas, aunque siguiendo a Freud en todo lo demás, se
negaron a aceptar la teoría del instinto de muerte; tal vez se debiera esto a que aquella
teoría trascendía el antiguo marco mecanicista y requería un pensamiento biológico
inaceptable para los más, para quienes "biológico" era idéntico a fisiología de los
instintos. De todos modos, no rechazaron totalmente la nueva posición de Freud, sino
que efectuaron una transacción reconociendo un "instinto destructor" como el otro polo
del instinto sexual, y así pudieron aceptar el nuevo énfasis de Freud sobre la agresión sin
someterse a un modo de pensar de género enteramente nuevo.
Había dado Freud un paso importante hacia delante, de un modo de ver puramente
fisiológico y mecanista a otro biológico que considera el organismo como un todo y
analiza las fuentes biológicas del amor y el odio. Pero su teoría adolece de graves
defectos. Se basa en especulaciones bastante abstractas y raramente ofrece pruebas
empíricas convincentes. Además, mientras trata de interpretar, con gran pericia, los
impulsos humanos en función de la nueva teoría, su hipótesis resulta inconsecuente con
el comportamiento animal. Para él, el instinto de muerte es una fuerza biológica en todos
los organismos vivos: esto quiere decir los animales también y se refiere a sus instintos
de muerte contra sí mismos o los demás. De donde resultaría que debíamos hallar más
enfermedades o muerte temprana en los animales menos agresivos con los demás, y
viceversa; pero, naturalmente, no hay datos que sustenten esta idea.

Página 13 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

La agresión y la destructividad no son impulsos dados biológicamente y de fluir


espontáneo, como demostraremos en el capítulo siguiente. Ahora quiero tan sólo añadir
que Freud oscureció mucho el análisis del fenómeno de la agresión al seguir la
costumbre de emplear esa palabra para los más diferentes géneros de agresión, y
facilitó así su intento de explicarlos todos por un solo instinto. Como es evidente que
no tenía propensiones conductistas, podemos suponer que la razón de ello fue su
tendencia general a llegar a un concepto dualista en que dos fuerzas fundamentales se
oponen mutuamente. Esta dicotomía estaba al principio a mitad de camino entre la
autoconservación y la libido, y después entre el instinto de vida y el de muerte. Freud
pagó la elegancia de estos conceptos con la pena de subsumir cada pasión en uno de
los dos polos y por ende, de juntar tendencias que en realidad no tienen nada que ver
unas con otras.

La teoría de la agresión de Lorenz

Aunque la teoría de la agresión de Freud fue (y todavía es) muy prestigiosa, era
compleja y difícil, y nunca llegó a ser muy conocida en el sentido de que la leyera
mucha gente ni impresionara a muchos. En cambio, la obra de Konrad Lorenz Sobre la
agresión es un libro de muy agradable lectura, y lo mismo su anterior obra, El anillo
del rey Salomón (1952), y muy diferente en esto de los pesados tratados de Freud
sobre el instinto de muerte o, para el caso, los artículos y libros del mismo Lorenz
escritos para el especialista. Además, como señalábamos en la introducción, gusta a
mucha gente que hoy prefiere creer que nuestra derivación hacia la violencia y la
guerra nuclear se debe a factores biológicos en que nada podemos, en lugar de abrir
los ojos y ver que las causas son la circunstancias sociales, políticas y económicas
creadas por nosotros mismos.
Para Lorenz 11, como para Freud, la agresividad humana es un instinto alimentado
por una fuente de energía inagotable y no necesariamente resultado de una reacción a
estímulos externos. Sostiene Lorenz que la energía específica para un acto instintivo
se acumula constantemente en los centros nerviosos relacionados con esa pauta de
comportamiento, y si se acumula energía suficiente es probable que se produzca una
explosión aun sin presencia de estímulo. De todos modos, el animal y el hombre
suelen hallar estímulos que descargan la energía acumulada de la pulsión; no tienen
que esperar pasivamente a que aparezca el estímulo apropiado, sino que ellos buscan
y aun producen estímulos. Siguiendo a W. Craig, Lorenz llamó a este comportamiento
"apetitivo" o "de apetencia". El hombre, dice, crea los partidos políticos para hallar
estímulos que le hagan soltar la energía acumulada, y no son los partidos políticos la
causa de la agresión. Pero en los casos en que no puede hallarse ni producirse
estímulo exterior, la energía del impulso agresivo acumulado es tan grande que
reventará y se aplicará in vacuo, o sea "sin estimulación externa demostrable ... la
actividad en el vacío, realizada sin objeto —manifiesta una semejanza
verdaderamente fotográfica con el funcionamiento normal de las acciones motoras de
que se trate . . . Esto demuestra que las pautas de coordinación motora de la norma de
comportamiento instintivo son determinadas por herencia hasta en los menores
detalles ". K. Lorenz, 1970; originalmente en alemán, 1931-42.)12

11
Para una revisión detallada y ahora clásica de los conceptos de Lorenz (y N. Tinbergen) acerca del instinto y para
una crítica general de la posición de Lorenz véase D. S. Lehrman (1953). Además, para una crítica de Sobre , la
agresión véase la reseña de L Berkowitz (1967) y la de K. E. Boulding (1967). Véase también la evaluación crítica
de la teoría de Lorenz por N. Tinbergen (1968), la colección de ensayos críticos de M. L. A. Montagu sobre la teoría
de Lorenz (1968) y la breve y penetrante crítica de 1. Eisenberg (1972).

Página 14 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Para Lorenz, pues, la agresión es ante todo no una reacción a estímulos externos
sino una excitación interna "consustancial" que busca su soltura y hallará expresión
independientemente de que el estímulo externo sea o no adecuado: "Es la
espontaneidad del instinto la que lo hace tan peligroso." (K. Lorenz, 1966, subrayado
por mí.) El modelo de agresión de Lorenz, como el modelo de libido de Freud, ha sido
acertadamente calificado de modelo hidráulico, por analogía con la presión ejercida
por el agua o el vapor acumulados en un recipiente cerrado.
Este concepto hidráulico de la agresión es, efectivamente, uno de los pilares en
que se basa la teoría de Lorenz; se refiere al mecanismo mediante el cual se produce la
agresión. El otro pilar es la idea de que la agresión está al servicio de la vida, de que
sirve para la supervivencia del individuo y de la especie. Hablando en términos
generales, Lorenz supone que la agresión intraespecífica (agresión entre miembros de
la misma especie) tiene la función de favorecer la supervivencia de la especie. Lorenz
propone que la agresión cumple esa función espaciando los individuos de una especie
en el hábitat disponible, seleccionando el "mejor", de importancia en conjunción con
la defensa de la hembra, y estableciendo un orden jerárquico social. (K. Lorenz,
1964.) La agresión puede tener esta función preservativa con eficacia tanto mayor por
cuanto en el proceso de la evolución la agresión mortífera se ha transformado en un
comportamiento compuesto de amenazas simbólicas y rituales que desempeñan. la
misma función sin daño para la especie.
Pero, dice Lorenz, el instinto que servía para la supervivencia del animal se ha
"exagerado grotescamente" en el hombre y se ha "vuelto loco". Así la agresión se ha
hecho una amenaza más que una ayuda para la supervivencia.
Parece como si el mismo Lorenz no hubiera quedado satisfecho con estas
explicaciones de la agresión humana y sintiera la necesidad de añadir otra, que de todos
modos lleva fuera del campo de la etología. Dice así:
Por encima de todo es más que probable el que la intensidad destructora del impulso
agresivo, todavía un mal hereditario de la humanidad, sea la consecuencia de un proceso
de selección intraespecífica que operó en nuestros antepasados durante unos cuarenta mil
anos, aproximadamente, o sea el primer período de la Edad de la Piedra. [Lorenz
probablemente se refiere al último período.] Cuando el hombre hubo llegado a la etapa en
que tenía armas, vestidos y organización social, o sea vencido los peligros de morir de
hambre, de frío o comido por los animales silvestres, y esos peligros cesaron de ser
factores esenciales que influyeran en la selección, debe haberse iniciado una selección
intraespecífica mala. El factor que influía en la selección era entonces la guerra entre
tribus vecinas hostiles. Es probable que entonces se produjera la evolución de una forma
extremada de las llamadas "virtudes guerreras" del hombre, que por desgracia todavía
muchos consideran ideales deseables. (K. Lorenz, 1966. )13
Este cuadro de la guerra constante entre los cazadores recolectores "salvajes" desde la
cabal aparición del Horno sapiens sapiens, 40 o 50 mil años a. C., es un cliché muy
corriente adoptado por Lorenz sin mencionar las investigaciones que tienden a demostrar
que no hay pruebas de que así fuera14. La suposición por Lorenz de cuarenta mil años de
guerra organizada no es sino el antiguo cliché hobbesiano de que la guerra es el estado
natural del hombre, presentado como argumento para probar que la agresividad humana
12
Posteriormente, debido a la influencia de las críticas de cierto número de psicólogos norteamericanos y de N.
Tinbergen, Lorenz modificó este enunciado para dejar margen a la influencia del aprendizaje (K. Lorenz, 1965).
13
Esta cita corresponde solamente en parte a un párrafo de las pp. 269-70 de Sobre la agresión: el pretendido mal, por
Konrad Lorenz, Siglo XXI Editores, 1971. Como se explica en la nota al pie de la p. 260 de la misma ed., hubo cambios
en la ordenación del material, debidos a que el mismo Lorenz lo organizó de modo distinto en sus diferentes ediciones.
Fromm debe haber tenido presente la edición inglesa. FT.]
14
La cuestión de la agresión entre los recolectores y cazadores se estudia ampliamente en el capítulo 8.

Página 15 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

es innata. La lógica de la idea de Lorenz es que el hombre es agresivo porque fue


agresivo, y que fue agresivo porque es agresivo.
Aunque Lorenz tuviera razón en su tesis del continuo guerrear en el paleolítico
posterior, su razonamiento de genética es discutible. Para que cierto rasgo haya de tener
una ventaja en la selección tendrá que ser sobre la base de la creciente producción de
descendientes fértiles de los que tienen ese rasgo. Pero dada la probabilidad de una gran
pérdida de individuos agresivos en las guerras, es dudoso que la selección pueda explicar
el mantenimiento de una alta incidencia de ese rasgo. De hecho, si consideramos esa
pérdida una selección negativa, la frecuencia de los genes debería disminuir 15. En
realidad, la densidad de población en aquella época era en extremo baja, y para muchas
de las tribus humanas después de la cabal aparición del Homo sapiens no había gran
necesidad de competir y pelear por alimento ni espacio.
Lorenz ha combinado dos elementos en su teoría. El primero es que los animales
como los hombres están dotados ínsitamente de agresión, que les sirve para la
supervivencia tanto...del individuo como de la especie. Como señalaré más adelante, los
descubrimientos neurofisiológicos muestran que esta agresión defensiva es una reacción
a las amenazas a los intereses vitales del animal y no emana espontánea y continuamente.
El otro elemento, el carácter hidráulico de la agresión acumulada, lo emplea para explicar
los impulsos asesinos y crueles del hombre, pero presenta pocas pruebas en su apoyo.
Tanto la agresión útil para la vida como la aniquiladora están subsumidas en una sola
categoría, y lo que las relaciona es principalmente una palabra: "agresión ". En contraste
con Lorenz, Tinbergen ha expresado el problema con toda claridad: "Por una parte, el
hombre se asemeja a muchas especies de animales en que pelea contra su propia especie.
Mas por otra parte es, entre los miles de especies que pelean, la única en que esa pelea es
desorganizadora . . . El hombre es la única especie que asesina en masa, el único que no
se adapta a su propia sociedad. ¿A qué se debe eso? " (N. Tinbergen, 1968.)

Freud y Lorenz: semejanzas y diferencias

La relación entre las teorías de Lorenz y las de Freud es complicada. Tienen en


común el concepto hidráulico de la agresión, aunque explican de modo diferente el
origen del impulso. Pero parecen diametralmente opuestos en otro aspecto. Freud expuso
la hipótesis de un instinto destructor, idea que Lorenz declara indefendible por razones
biológicas. Su pulsión agresiva sirve a la vida, y el instinto de muerte de Freud sirve a la
muerte.
Pero esta diferencia pierde bastante importancia en vista de lo que dice Lorenz
acerca de las vicisitudes de la agresión originalmente defensiva y servidora de la vida.
Mediante cierto número de razonamientos complicados, y a menudo cuestionables, se
entiende que la agresión defensiva se transformó en el hombre en un impulso que mana
espontáneamente y se incrementa a sí mismo tratando de crear circunstancias que
faciliten la manifestación agresiva, o que revienta cuando no puede hallar ni crear
estímulos. De ahí que incluso en una sociedad organizada desde un punto de vista
socioeconómico de forma que la mayor agresión no pudiera hallar estímulos apropiados,
la misma exigencia del instinto agresivo obligaría a sus miembros a cambiarlo o de otro
modo, la agresión reventaría aun sin estímulo alguno. Así, la conclusión a que llega
Lorenz, de que mueve al hombre una fuerza innata de destrucción, es prácticamente la
misma de Freud. Pero éste ve opuesta al impulso destructor la fuerza igualmente

15
Debo al profesor Kurt Hirschhorn una comunicación personal en que esboza el problema de genética que
entraña la opinión arriba mencionada.

Página 16 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

poderosa de Eros (la vida, la sexualidad), mientras que para Lorenz, el amor mismo lo
produce un instinto agresivo.
Tanto Freud como Lorenz convienen en que si la agresión no se manifiesta por la
acción es perjudicial para la salud. Freud había postulado en el primer período de su
obra que la represión de la sexualidad podía conducir a enfermedades mentales;
posteriormente aplicó el mismo principio al instinto de muerte y enseñó que la represión
de la agresión dirigida hacia fuera es insana. Lorenz declara que "el hombre civilizado
actual padece de una descarga insuficiente de su impulso agresivo". Ambos llegan por
diferentes caminos al cuadro de un hombre en que continuamente se está produciendo la
energía agresiva y destructiva que a la larga es muy difícil, y aun imposible, de
domeñar. Lo que en los animales se llama maldad se convierte en verdadero mal en el
hombre, aunque según Lorenz su origen no sea malo.
"
Prueba" por analogía. Estas semejanzas entre la teoría de Freud y la de Lorenz en
relación con la agresión no deben sin embargo hacernos olvidar su principal diferencia.
Freud estudiaba el hombre; observaba agudamente su comportamiento manifiesto y las
diversas manifestaciones de su inconsciente. Su teoría del instinto de muerte podría ser
errónea o insuficiente, o apoyarse en escasas pruebas, pero se debe al proceso de observar
constantemente al hombre. Lorenz, por otra parte, es un observador de los animales (y
sobre todo de los animales inferiores), sin duda muy competente en su campo. Pero su
conocimiento del hombre no va más allá del de una persona común y corriente, y no lo
ha perfeccionado mediante la observación sistemática ni el conocimiento suficiente de la
literatura16. Supone ingenuamente que las observaciones sobre sí mismo y sus relaciones
son aplicables a todas las personas. Su método principal sin embargo no es la
observación de sí mismo sino las analogías sacadas del comportamiento de ciertos
animales con el del hombre. Hablando científicamente, esas analogías no prueban nada;
son sugestivas y agradables para el que quiere a los animales. Van de la mano con un
alto grado de antropomorfización que encanta a Lorenz. Precisamente por procurar a una
persona la agradable ilusión de que "comprende" "lo que sienten" los animales se han
hecho muy populares. ¿No nos gustaría acaso tener el anillo de Salomón?
Lorenz basa sus teorías de la índole hidráulica de la agresión en experimentos
realizados con animales, principalmente peces y aves en condiciones de cautividad. Lo
que se trata de saber es esto: ese impulso agresivo que hace matar si no es redirigido —y
que Lorenz ha observado en ciertos peces y aves— ¿opera también en el hombre?
Dado que no hay prueba directa en favor de esta hipótesis en relación con el hombre
y los primates no humanos, Lorenz presenta cierto número de argumentos en apoyo de
su tesis. Su modo principal de abordar el problema es la analogía; descubre semejanzas
entre el comportamiento humano y el de los animales que él ha estudiado y saca la
conclusión de que ambos tipos de comportamiento tienen la misma causa. Muchos
psicólogos han criticado este método; ya en 1948, el eminente colega de Lorenz, N.
Tinbergen comprendía los peligros "inherentes al procedimiento de servirse de las pruebas
fisiológicas de los niveles evolucionarlos y de organización neural inferiores y de las formas
de comportamiento más simples a manera de analogías para sustentar teorías fisiológicas de
mecanismos comportamentales en niveles más elevados y complejos". (N. Tinbergen, 1948.
Subrayado mío.)

16
Lorenz, por lo menos cuando escribía Sobre la agresión, no parece haber tenido un conocimiento directo de la
obra de Freud. No tiene una sola mención directa de sus escritos, y las referencias que hace son relativas a lo
que algún amigo psicoanalista le dijo acerca de la postura de Freud; es una lástima que no siempre sean justas o no
hayan sido entendidas exactamente.

Página 17 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Unos cuantos ejemplos ilustrarán la "prueba por analogía" de Lorenz17. Hablando de


los cíclidos y del pez madreperla del Brasil comunica Lorenz la observación de que si
cada pez puede desahogar su sana cólera con otro del mismo sexo, no ataca a su propia
compañera ("agresión redirigida")18. Y comenta después:
Cosa semejante puede observarse entre los humanos. En el buen tiempo pasado del
Imperio austriaco, en que todavía había criadas, vi en casa de una tía mía que había
enviudado el siguiente comportamiento, regular y predecible: nunca le duraba una criada
más de 8 a 10 meses. Cuando llegaba una nueva, por lo general mi tía estaba encantada,
contaba a quien quería oírla las excelencias de la "perla" que había encontrado al fin. Al
mes, su entusiasmo había decrecido y descubría en la pobre muchacha imperfecciones
mínimas; posteriormente se transformaban éstas en grandes defectos, que hacia el final
del período mencionado eran ya odiosos; y finalmente, con toda regularidad, acababa
por despedirla con un gran escándalo y sin previo aviso. Después de lo cual estaba la
anciana lista para encontrar un ángel de bondad en la nueva criada que se presentase.
No tengo la menor intención de burlarme de mi anciana tía, que ya murió hace
mucho y era por lo demás una excelente persona. He tenido ocasión de observar
exactamente el mismo comportamiento en hombres muy serios y perfectamente capaces
de dominarse, y claro está que en mí también, forzosamente, en cautividad. La llamada
enfermedad polar, cólera de las expediciones o locura del desierto, suele apoderarse de
preferencia de grupos pequeños de hombres que se hallan aislados y dependen
enteramente unos de otros, sin posibilidad de reñir con personas extrañas a su pequeño
círculo de amigos, como por ejemplo entre prisioneros de guerra. Por lo dicho se
comprenderá que la acumulación de la agresión reprimida resulta tanto más peligrosa
cuanto más íntimamente se conocen, entienden y aprecian los miembros del grupo unos
a otros. Puedo por experiencia afirmar que, en tal situación, todos los estímulos
desencadenadores de la agresión y del comportamiento combativo intraespecífico sufren
una fuerte depresión de sus valores liminales. Subjetivamente se expresa esto por el
hecho de que cualquier movimiento expresivo del mejor amigo, como carraspear o
sonarse la nariz, provoca reacciones que serían comprensibles si un animalón tabernario
le hubiera propinado una bofetada descomunal al ofendido. (K. Lorenz, 1966.)

No parece ocurrírsele a Lorenz que las experiencias personales con su tía, sus
compañeros prisioneros de guerra o consigo mismo no significan necesariamente que
esas reacciones sean universales. Tampoco parece darse cuenta de una interpretación
psicológica más compleja que podría darse del comportamiento de su tía, en lugar de
aquella hidráulica en virtud de la cual su potencial agresivo aumentaba cada ocho o diez
meses hasta tal grado que necesariamente tenía que dar un estallido.
Desde un punto de vista psicoanalítico supondríamos que su tía era una mujer muy
narcisista y aprovechada; exigía que la criada le fuera totalmente "abnegada ", que no
tuviera intereses propios y aceptara encantada el papel de criatura feliz de servirla.
Entonces aborda a cada nueva sirvienta con la fantasía de que ésta realizará sus
esperanzas. Después de una breve "luna de miel" en que la fantasía de la tía es todavía
suficientemente efectiva para no dejarle ver el hecho de que esta criada no es "una perla"
—y tal vez contribuyendo el que la criada al principio haga todo cuanto pueda por gustar
a su nueva patrona—, la tía abre los ojos y comprende que la sirvienta no está dispuesta a
vivir el papel que ella le ha asignado. Este proceso de comprensión dura, naturalmente,
17
La tendencia a establecer analogías totalmente ilegítimas entre los fenómenos biológicos y los sociales había
sido ya patentizada por Lorenz en 1940 con un desdichado artículo (K. Lorenz, 1940) en que sostenía que las
leyes del Estado deben remplazar a los principios de la selección natural cuando éstos no atienden debidamente
a las necesidades biológicas de la raza.
18
Término de N. Tinbergen.

Página 18 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

cierto tiempo, hasta que se hace definitivo. En este momento, la tía siente gran decepción
y coraje, como toda persona narcisista y aprovechada cuando se ve frustrada. No
comprendiendo que la causa de su rabia está en sus imposibles exigencias, racionaliza sus
decepciones acusando a la criada. Como no puede renunciar a sus deseos, despide a la
muchacha y espera que la nueva sea la buena. El mismo mecanismo se repite hasta su
muerte o hasta que ya nadie va a servirla. Este fenómeno no se advierte de ninguna
manera solamente en las relaciones entre patronos y empleados. A menudo es idéntica la
historia de los conflictos matrimoniales; pero como es más fácil despedir a una criada
que divorciarse, la consecuencia suele ser un batallar de toda la vida en que cada
miembro de la pareja trata de castigar al otro por agravios que no dejan de acumularse. El
problema que nos encontramos aquí es el de un carácter específicamente humanó, que es
el narcisista aprovechado o explotador (abusivo) y no se trata de una energía instintiva
acumulada.
En un capítulo sobre "Pautas de comportamiento análogas a la moral" declara Lorenz
lo siguiente: "No obstante, el que ahonda efectivamente en lo que estamos tratando no
tiene más remedio que maravillarse cada vez que ve cómo esos mecanismos obligan a los
animales a un comportamiento desinteresado y cuyo único objetivo es el bien de la
comunidad ... el mismo que a nosotros nos impone la ley moral. " (K. Lorenz, 1966.)
¿Cómo se reconoce el comportamiento "desinteresado" en los animales? Lo que
describe Lorenz es una pauta de acción determinada instintivamente. La palabra
"desinteresado" está tomada de la psicología humana y se refiere al hecho de que un ser
humano puede olvidar su propia persona (digamos más correctamente su yo, o ego) en su
deseo de ayudar a los demás. Pero, ¿tienen una oca, un pez o un perro una personalidad
(yo o ego) que puedan olvidar? ¿No depende ese desinterés, ese olvido de sí mismo del
hecho de la conciencia que de sí tiene el ser humano y de la estructura neurofisiológica
en que se basa? Esta misma cuestión se presenta con tantas otras palabras que emplea
Lorenz cuando describe el comportamiento de los animales, como "crueldad", "tristeza",
"perplejidad".
Una de las partes más importantes e interesantes de los datos etológicos de Lorenz es
el "vínculo" que se forma entre los animales (su ejemplo principal son los gansos) en
reacción a las amenazas externas contra el grupo. Pero las analogías que establece para
explicar el comportamiento humano son a veces sorprendentes, como cuando dice que la
agresión discriminatoria contra los extraños y el vínculo que une a los miembros de un
grupo se refuerzan mutuamente. La oposición del "nosotros" y el "ellos" puede unir a
entidades a veces terriblemente contrapuestas. "Frente a la China actual, los Estados
Unidos y la Unión Soviética dan a veces la impresión de sentirse nosotros. El mismo
fenómeno, que entre paréntesis tiene algunas características de la guerra, puede
estudiarse en la ceremonia de redoble y chachareo del ganso silvestre." (K. Lorenz,
1966) ¿Determinan la actitud norteamericanosoviética las pautas instintivas que hemos
heredado del ganso silvestre? ¿Trata el autor de ser más o menos divertido, o tiene
realmente la intención de decirnos algo acerca de la relación que pueda haber entre los
gansos y los dirigentes políticos norteamericanos y soviéticos?
Lorenz va aún más allá en sus analogías entre el comportamiento de los animales (o las
interpretaciones del mismo) y sus ingenuas nociones acerca del comportamiento humano,
como cuando dice que "el vínculo personal, la amistad entre individuos, sólo aparecen en
los animales de agresión intraespecífica muy desarrollada y que de hecho, ese vínculo es
tanto más firme cuanto más agresivos son el animal y su especie. (K. Lorenz, 1966.)
Hasta ahí, bien está; supongamos que las observaciones de Lorenz son acertadas. Pero
de ahí da un salto a la esfera de la psicología humana, y después de afirmar que la
agresión intraespecífica es millones de años más antigua que la amistad personal y el

Página 19 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

amor, deduce que "no hay amor sin agresión" (K. Lorenz, 1966). Esta afirmación
absoluta, sin ninguna prueba en su apoyo en lo relativo al amor humano, pero
contradicha por hechos más observables, va acompañada de otra en que no se trata
de la agresión intraespecífica sino del "odio, feo hermano menor del amor
entrañable. Al contrario que la agresión habitual, el odio va dirigido hacia un
individuo determinado, exactamente igual que el amor, y es lo más probable que
presuponga la existencia de éste (subrayado mío): sólo se puede odiar verdaderamente
cuando primero se ha amado y, aun cuando se niegue, se sigue amando". (K. Lorenz,
1966.) A menudo se ha dicho que el amor a veces se transforma en odio, aunque sería
más acertado decir que no es el amor el que padece esa transformación, sino el
narcisismo herido de la persona amante, o sea que es el desamor el que causa el
odio. Pero decir que uno odia sólo donde amó, es volver una verdadera absurdidad
el elemento de verdad de la declaración. ¿Acaso el oprimido odia al opresor, la
madre del niño a quien lo mató, el torturado al torturador porque una vez lo amó o
todavía lo ama?
Saca otra analogía del fenómeno del "entusiasmo militante", que es una forma
especializada de agresión comunal, claramente distinta de las formas más
primitivas de vulgar agresión individual, pero sin embargo funcionalmente
relacionado con ella. (K. Lorenz, 1966.) Es una costumbre "sagrada" que debe su
poder motivante a las pautas de comportamiento desarrolladas filogenéticamente.
Lorenz afirma que no puede caber la menor duda de que el entusiasmo militante
humano nació de la reacción de defensa en común de nuestros antepasados
prehumanos. (K. Lorenz, 1966.) Es el entusiasmo que comparte el grupo en su
defensa contra el enemigo común.
Cualquier persona capaz de sentir emociones más o menos fuertes conoce por
experiencia la reacción de que estamos tratando. En primer lugar se produce esa
cualidad emocional que llamamos entusiasmo: un estremecimiento "sagrado"
recorre la espalda y, como se ha comprobado mediante observaciones precisas, la
parte externa de los brazos. Uno se siente por encima de todas las obligaciones
cotidianas y está dispuesto a dejarlo todo por acudir al llamado del sagrado deber.
Todos los obstáculos que se atraviesen en el camino de su cumplimiento carecen de
importancia y sentido, y las inhibiciones instintivas que impedían dañar y matar a
sus semejantes pierden desgraciadamente buena parte de su fuerza. Las consi-
deraciones de índole racional, el sentido crítico y las razones que hablan en contra
del comportamiento dictado por el entusiasmo colectivo han de callar, porque una
notable inversión de valores las hace aparecer no solamente indefendibles sino
totalmente despreciables y deshonrosas. Total: como dice un proverbio ucraniano,
"Cuando ondea la bandera, la razón está en la trompeta." (K. Lorenz, 1966.)
Expresa Lorenz una esperanza razonable de que nuestra responsabilidad moral
pueda sobreponerse a la pulsión primigenia, pero dice que nuestra única esperanza
de que así sea se sustenta en el humilde reconocimiento del hecho de que el
entusiasmo militante es una reacción instintiva con un mecanismo desencadenador
determinado filogenéticamente, y que el único punto en que pueda dominar una
vigilancia inteligente y responsable está en el condicionamiento de la reacción a un
objeto que con el escrutinio de la cuestión categórica demuestra ser un valor
genuino. (K. Lorenz, 1966.)
La descripción que hace Lorenz del comportamiento humano normal es bastante
pasmosa. Sin duda muchos hombres saborean el sentimiento de estar absolutamente
en lo justo cuando cometen atrocidades —o, para decirlo de un modo más propio de
la psicología, muchos gozan al cometer atrocidades sin ninguna inhibición moral y

Página 20 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

ningún sentimiento de culpa. Pero es un procedimiento científico indefendible


afirmar, sin siquiera intentar la presentación de una prueba, que se trata de una
reacción humana universal, o de que es propio de la "naturaleza humana" cometer
atrocidades durante la guerra, y basar esa declaración en un instinto supuestamente
análogo al de los peces y las aves.
El caso es que los individuos y los grupos difieren enormemente en su tendencia
a cometer atrocidades cuando se suscita su odio contra otras gentes. En la primera
guerra mundial, la propaganda inglesa hubo de inventar relatos en que soldados
alemanes ensartaban bebés belgas en sus bayonetas, porque en realidad eran muy
pocas las atrocidades cometidas que pudieran alimentar el odio contra el enemigo.
De modo semejante, los alemanes comunicaban pocas atrocidades cometidas por sus
enemigos, por la sencilla razón de que eran muy pocas. Incluso en la segunda guerra
mundial, a pesar de la creciente brutalización del género humano, las atrocidades en
general se limitaron a las formaciones especiales de los nazis. En general, las tropas
regulares de ambos bandos no cometieron crímenes de guerra en la escala que sería
de esperar a juzgar por lo que dice Lorenz. Sus descripciones en cuanto a atrocidades
son el comportamiento sadista o sanguinario; su "entusiasmo militante" es
sencillamente una reacción nacionalista y emocional algo primitiva. Afirmar que
una vez desplegadas las banderas el instinto del género humano es cometer
atrocidades sería la defensa clásica contra la acusación de violar los principios de la
Convención de Ginebra. Aunque estoy seguro de que Lorenz no intenta defender las
atrocidades, su argumento equivale en realidad a hacerlo así. Su enfoque bloquea el
entendimiento de los sistemas de carácter en que están arraigados y las condiciones
individuales y sociales que causan su desarrollo.
Lorenz va incluso más allá y aduce que sin el entusiasmo militante (ese "instinto
autónomo verdadero"), "no habría arte ni ciencia, ni ninguna de las demás grandes
empresas de la humanidad". (K. Lorenz, 1966.) ¿Cómo puede ser así cuando la
primera condición para que se manifieste ese instinto es que "la unidad social con la
que se identifica el sujeto ha de aparecer amenazada por algún peligro externo"? (K.
Lorenz, 1966.) ¿Hay alguna prueba de que el arte y la ciencia florezcan solamente
cuando se presenta algún peligro externo?
Lorenz explica el amor al prójimo, expresado en la disposición a arriesgar su vida
por él, como cosa natural si es nuestro mejor amigo y nos ha salvado la vida cierto
número de veces; uno lo hace sin pensar. (K. Lorenz, 1966.) Casos de tal
"comportamiento decente" se dan fácilmente en ocasiones apuradas siempre que sean
de un tipo que en el paleolítico se produjera con frecuencia suficiente para producir
normas sociales filogenéticamente adaptadas en relación con esa situación. (K.
Lorenz, 1966.)
Este modo de ver el amor al prójimo es una mezcla de instintivismo y utilitarismo.
Uno salva a su amigo porque él salvó nuestra vida cierto número de veces; ¿y si sólo
lo hizo una vez, o ninguna? Además, sólo lo hace uno ¡porque en el paleolítico
sucedió con bastante frecuencia!

Conclusiones acerca de la guerra. Al concluir su análisis de la agresión instintiva en


el hombre, Lorenz se halla en una posición semejante a la de Freud en su carta a
Einstein sobre El porqué de la guerra (1933). Ninguno de ellos se siente feliz por
haber llegado a conclusiones que parecerían indicar que la guerra es inextirpable por
ser consecuencia de un instinto. Pero mientras Freud podría afirmar que era
"pacifista" en un sentido muy amplio, Lorenz difícilmente entraría en esa categoría,
aun comprendiendo bien que la guerra nuclear sería una catástrofe sin precedente.

Página 21 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Trata de hallar medios que ayudarían a la sociedad a evitar los trágicos efectos del
instinto agresivo; y ciertamente, en la era nuclear se ve casi obligado a buscar
posibilidades de paz con el fin de hacer aceptable su teoría de la destructividad innata
del hombre, Algunas de sus propuestas son semejantes a las de Freud, pero hay una
diferencia considerable entre ellas. Las sugerencias de Freud están hechas con
escepticismo y modestia, mientras que Lorenz declara no tener inconvenientes en
reconocer que está en condiciones de enseñar a la humanidad la manera de cambiar
por su bien, y que esa convicción no es tan presuntuosa como podría parecer . . . (K.
Lorenz, 1966.)
Ciertamente, no sería presuntuosa si Lorenz tuviera algo de importancia que
enseñar. Por desgracia, sus sugerencias apenas pasan de ser clichés manidos.
"preceptos simples" contra el peligro de que la sociedad se desintegre del todo por el
mal funcionamiento de las pautas de comportamiento social:
1. Mi primera recomendación . . . es el conócete a ti mismo, o sea "ahondar en el
conocimiento de las concatenaciones causales que determinan nuestro propio
comportamiento ". (K. Lorenz, 1966.) Se trata de las leyes de la evolución. Un
elemento de este conocimiento al que concede un lugar descollante Lorenz es
el estudio etológico objetivo "de las posibilidades de abreacción de la
agresividad en su forma original sobre objetos sustitutivos". (K. Lorenz,
1966.)
2. El estudio psicoanalítico "de lo que se llama sublimación".
3. "Fomentar el conocimiento personal y, si es posible, la amistad entre
individuos miembros de familias o grupos de ideología diferentes."
4. "La cuarta y más importante medida, que debe ser tomada inmediatamente, es
canalizar el entusiasmo militante de un modo inteligente y responsable, o sea
ayudar a las generaciones más recientes ... a hallar en nuestro mundo moderno
causas verdaderamente dignas de ser servidas con entusiasmo."
Veamos este programa punto por punto.
Lorenz hace una aplicación torcida de la noción clásica del conócete a ti mismo, y
no sólo de ella sino también de la de Freud, cuya ciencia entera y cuya terapia del
psicoanálisis están edificadas sobre el conocimiento de sí mismo. Porque el
conocimiento de sí mismo freudiano significa que el hombre tenga conciencia de lo
inconsciente; es éste un proceso sumamente difícil, porque tropieza con la fuerza de
resistencia con que el inconsciente se defiende ante todo intento de hacerlo
consciente. El conocimiento de sí mismo en el sentido freudiano no es solamente un
proceso intelectual sino simultáneamente uno afectivo también, como lo era ya para
Spinoza. No es tan sólo conocimiento por el cerebro, sino también por el corazón.
Conocerse a sí mismo significa penetrar más hondamente, intelectual como
afectivamente, en regiones hasta ahora ocultas de nuestra psique. Es un proceso que
puede durar años en una persona enferma que quiere curarse de sus síntomas y toda
una vida en una persona que de veras quiere ser ella misma. Su efecto es el de una
energía incrementada, porque se libera energía de la tarea de apoyar las represiones;
así cuanto más está en contacto el hombre con su realidad interior, tanto más despier-
to y libre está. Por otra parte, lo que Lorenz da a entender con ese conócete a ti
mismo es algo muy diferente; se trata del conocimiento teórico de la evolución y
concretamente de la índole instintiva de la agresión. Una analogía con la idea
lorenziana del conocerse as í mismo sería el conocimiento teórico de la teoría
freudiana del instinto de muerte. En realidad, según el razonamiento de Lorenz, el
psicoanálisis como terapia consistiría sencillamente en la lectura de las obras
completas de Freud. Recordamos una declaración de Marx en el sentido de que si

Página 22 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

alguien se encuentra en alta mar y no sabe nadar no tendrá más remedio que ahogarse,
aunque conozca las leyes de la gravedad; como dice un sabio chino: "La lectura de las
prescripciones no nos remedia."
Lorenz no insiste en el segundo de sus preceptos: la sublimación; el tercero
("fomentar el conocimiento personal y, si es posible, la amistad entre individuos
miembros de familias o grupos de ideología diferentes") concede Lorenz que es algo
"evidente" ... efectivarnente, hasta las líneas aéreas anuncian los viajes internacionales
como útiles para la causa de la paz; lo malo de este concepto de que el conocimiento
personal tiene una función reductora de la agresión es que no es cierto. Hay de ello
pruebas abundantes. Los ingleses y los alemanes se conocían muy bien antes de 1914,
pero su odio mutuo al estallar la guerra fue feroz. Hay pruebas aún más reveladoras. Es
notorio que ninguna contienda entre naciones provoca tanto odio y crueldad como la
guerra civil, en que no falta el conocimiento mutuo entre los dos bandos beligerantes. Y
el hecho del mutuo conocimiento íntimo ¿disminuye la intensidad del odio entre los
miembros de una familia?
No puede esperarse que el "conocimiento mutuo" y la "amistad" reduzcan la
agresión porque representan un conocimiento superficial acerca de otra persona,
conocimiento de un "objeto" que vemos desde fuera. Es totalmente diferente del
conocimiento penetrante, empático, en que se comprenden las experiencias del otro
movilizando las propias, que son iguales o semejantes. El conocimiento de este tipo
requiere que la mayoría de las represiones dentro de uno mismo se reduzcan de
intensidad hasta un punto en que haya poca resistencia al conocimiento de nuevos
aspectos de nuestra inconsciente. El logro de un entendimiento no juzgador puede
reducir la agresividad o incluso hacerla desaparecer; depende del grado en que una
persona se sobreponga a su propia inseguridad, codicia y narcisismo y no a la cantidad
de información que tenga acerca de los demás19.
El último de los cuatro preceptos de Lorenz es "canalizar el entusiasmo militante";
una de sus recomendaciones especiales es el deporte. Pero la verdad es que los
deportes competitivos estimulan mucha agresión. Hasta qué punto es así pudo verse
últimamente en Latinoamérica, donde los hondos sentimientos despertados por un
match de fútbol internacional ocasionaron una pequeña guerra.
No hay pruebas de que el deporte reduzca la agresión, y al mismo tiempo debemos
decir que no hay pruebas de que el deporte tenga por motivo la agresión. Lo que suele
producir la agresión en los deportes es el carácter de competencia del suceso, cultivado
en un clima social competitivo incrementado por una comercialización general, en que
los fines más atractivos no son ya el orgullo por la proeza sino el dinero y la
publicidad. Muchos observadores atentos de los malhadados juegos olímpicos de Mu-
nich en 1972 han reconocido que en lugar de fomentar la buena voluntad y la paz,
habían fomentado la agresividad competitiva y el orgullo nacionalista20.

19
Es interesante la cuestión de por qué las guerras civiles son efectivamente mucho más terribles y por qué despiertan
impulsos mucho más destructores que las guerras entre naciones. Parece plausible que la razón esté en que por lo
general, al menos en las guerras internacionales modernas, el objetivo no es el aniquilamiento ni la extinción del
enemigo. Su objetivo es limitado: obligar al contrario a aceptar condiciones de paz perjudiciales pero de ningún
modo amenazadoras para la existencia de la población en el país derrotado. (Nada podría ilustrar esto mejor que el caso
de Alemania, que perdió dos guerras mundiales pero después de cada derrota fue más próspera que antes.) Son
excepciones a esta regla las guerras que tienden a la extinción física o el esclavizamiento de toda la población enemiga,
como algunas de las guerras —pero no todas, ni mucho menos— que hicieron los romanos. En la guerra civil los dos
bandos contrarios apuntan, si no a acabar con el otro físicamente, sí a destruirlo económica, social y políticamente. De
ser acertada esta hipótesis, significaría que el grado de destructividad depende de una manera general de la gravedad de la
amenaza.
20
La pobreza de lo que dice Lorenz acerca de la canalización del entusiasmo militante resulta particularmente
evidente si uno lee el clásico artículo de William James, The moral equivalents of war (191 1).

Página 23 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Algunas otras de las declaraciones de Lorenz sobre la guerra y la paz valen la cita
por ser buenos ejemplos de su ambigüedad en este campo:

Supongamos que un hombre, sean cualesquiera sus obligaciones o compromisos


nacionales o políticos, se identifique además con otros ideales que no sean nacionales
ni políticos. Aunque patriota (como lo soy), y aun sintiendo una rotunda hostilidad
contra otro país (que no es mi caso), de todos modos no podría desear de todo corazón
la destrucción de tal país si comprendiera que vivían en él personas que como yo
laboraban con entusiasmo en el campo de las ciencias inductivas, veneradores de
Charles Darwin y celosos propagandistas de la verdad de sus descubrimientos; y que
también había allí gente que compartía mi admiración por Miguel Ángel, por el Fausto
de Goethe o por la belleza de los bancos de coral o por la protección de los animales
silvestres, y así sucesivamente, por toda una serie de entusiasmos secundarios. Me
resultaría imposible odiar sin reservas a un enemigo que compartiera siquiera una de
mis identificaciones con valores culturales y éticos. (K. Lorenz, 1966. Subrayados
míos.)

Lorenz hace ciertas salvedades a la negativa del deseo de destruir a todo un país cuando
dice "de todo corazón" y "sin reservas". Pero ¿qué significa no desear "de todo
corazón" la destrucción, o qué es un odio "con reservas"? Más importante es su
condición para no desear la destrucción de otro país si hay allí gente que comparte sus
propios gustos y entusiasmos particulares (los que reverencian a Darwin sólo parecen
tener derecho si además son celosos propagandistas de sus descubrimientos): no le
basta que sean seres humanos, Es decir: sólo es indeseable el aniquilamiento total de un
enemigo si éste tiene una cultura semejante a la de Lorenz, y precisamente por eso, y
aún más concretamente, si tiene sus propios intereses y valores.
No cambia el carácter de estas declaraciones el que Lorenz pida una "educación
humanista", o sea una que ofrezca un óptimo de ideales comunes con que un individuo se
pueda identificar. Tal era el tipo de educación sólito en las universidades alemanas antes de
la primera contienda mundial, pero la mayoría de los que enseñaban ese humanismo
eran probablemente de mentalidad más belicosa que el alemán común y corriente.
Solamente un humanismo muy diferente y radical, en que la identificación
primordial sea con la vida y con el género humano, puede tener influencia contra la
guerra.
La idolatría de la evolución. La posición de Lorenz no puede entenderse a cabalidad
si uno no conoce su actitud casi religiosa respecto del darwinismo. No es rara esta
actitud, y merece un estudio más detallado por ser un fenómeno sociopsicológico de
la cultura contemporánea. La honda necesidad que el hombre tiene de no sentirse
perdido y solo en el mundo se satisfacía, claro está, anteriormente, con el concepto
de un Dios que había creado este mundo y se preocupaba por todas y cada una de
sus creaturas. Cuando la teoría de la evolución acabó con la idea del Dios creador
supremo, la confianza en Dios como padre todopoderoso del hombre cayó también,
aunque muchos lograron combinar la creencia en Dios con la aceptación de la teoría
darwiniana. Pero para muchos de aquellos cuyo Dios había sido destronado, la
necesidad de una figura divina no desapareció. Algunos proclamaron un nuevo dios,
la Evolución, y adoraron a Darwin como su profeta. Para Lorenz y otros muchos, la
idea de evolución fue el núcleo de todo un sistema de orientación y devoción.
Darwin ha revelado la verdad última en relación con el origen del hombre; todos los
fenómenos humanos que podrían estudiarse y explicarse mediante consideraciones
de orden económico, religioso, ético o político habían de entenderse desde el punto

Página 24 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

de vista de la evolución. Esta actitud casi religiosa respecto del darwinismo se


manifiesta en el uso que hace Lorenz de la denominación "los grandes
constructores" o "los grandes artífices" refiriéndose a la selección y la mutación.
Habla de los métodos y objetivos de los "grandes constructores", en forma muy
parecida a la que emplearía un cristiano para hablar de los actos de Dios. Emplea
incluso el singular, el "gran constructor", acercándose más así a la analogía con
Dios. Tal vez nada exprese el tono idólatra del pensamiento lorenziano más
claramente que los párrafos finales de Sobre la agresión :
Yo no creo que los grandes artífices de la evolución vayan a resolver este
problema de la humanidad acabando "del todo" con la agresión intraespecífica.
Esto no correspondería a los métodos que tienen ya probados. Cuando una pulsión
comienza a hacerse peligrosa en una situación biológica nueva y a causar daños, no
por ello es eliminada totalmente, porque eso significaría renunciar a sus
indispensables funciones. Lo que suele suceder es que se crea un mecanismo
inhibidor especial acomodado a la nueva situación para impedir los efectos nocivos
de la pulsión. En la filogénesis de muchos seres, la agresión fue inhibida para hacer
posible la cooperación pacífica de dos o más individuos, y así surgió el vínculo del
amor y la amistad personales, sobre el cual está edificada también nuestra
organización social. La nueva situación biológica de la humanidad hace
indiscutiblemente necesario un mecanismo inhibitorio que impida la agresión
efectiva no sólo contra nuestros amigos personales sino también contra todos los
humanos, de todos los países e ideologías.
De ahí se deduce la obligación incontrovertible, que es un secreto descubierto
observando a la naturaleza, de amar a todos nuestros hermanos humanos, sin
distinción de persona. Este mandamiento no es nuevo, nuestra razón comprende
bien cuán necesario es y nuestra sensibilidad nos hace apreciar debidamente su
hermosura. Pero tal y como estamos hechos, no podemos obedecerlo. Sólo podemos
sentir la plena y cálida emoción del amor y la amistad por algunos individuos, y con
la mejor voluntad del mundo, y la más fuerte, nos es imposible hacer otra cosa. Pero
los grandes artífices sí pueden. Y yo creo que lo harán, como creo en el poder de la
razón humana, y en el de la selección. Y creo que la razón empujará a la selección
por un camino razonable. Creo asimismo que dará a nuestros descendientes en un
futuro no demasiado lejano la facultad de obedecer al más grande y bello de todos
los mandamientos verdaderamente humanos. (K. Lorenz, 1966. Subrayados míos.)

Los grandes artífices triunfarán donde Dios y el hombre han fracasado. El


mandamiento del amor fraterno no puede ser efectivo, pero los grandes artífices lo
animarán. Esta última parte de su declaración es una verdadera confesión de fe:
creo, creo, creo ...
El darwinismo social y moral predicado por Lorenz es un paganismo romántico,
nacionalista, que tiende a oscurecer el verdadero entendimiento de los factores
biológicos, psicológicos y sociales responsables de la agresión humana. Ahí está la
diferencia fundamental de Lorenz con Freud, a pesar de sus semejanzas en las
opiniones sobre la agresión. Freud fue uno de los últimos representantes de la
filosofía de la Ilustración. Creía genuinamente en que la razón era la única fuerza
que tiene el hombre y la única que puede salvarle de la confusión y la decadencia.
Postulaba firmemente convencido la necesidad de que el hombre se conociera a sí
mismo descubriendo sus apetencias inconscientes. Superó la pérdida de Dios
dirigiéndose a la razón . . . y se sintió dolorosamente débil. Pero no buscó nuevos
ídolos.

Página 25 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

AMBIENTALISTAS Y CONDUCTISTAS

AMBIENTALISMO ILUSTRADO

La posición diametralmente opuesta a la de los instintivistas sería la que defienden


los ambientalistas. Según su pensamiento, el comportamiento del hombre está
modelado exclusivamente por la influencia del medio ambiente, o sea por los
factores sociales y culturales, no los "innatos". Esto es particularmente cierto en in
tocante a la agresión, uno de los principales obstáculos al progreso humano.
En su forma más radical, este modo de ver fue presentado ya por los filósofos de
la Ilustración. Se suponía que el hombre había nacido "bueno" y racional y que
debido a las malas instituciones, la mala educación y el mal ejemplo se habían
formado en él tendencias malas. Algunos negaban que hubiera diferencias físicas
entre los sexos (1'áme n 'a pas de sexe, el alma no tiene sexo) y proponían que
cualesquiera que fueran las diferencias existentes, aparte de las anatómicas, se
debían a la educación y a los sistemas sociales. Pero en contraste con el
conductismo, estos filósofos no se interesaban en los métodos del arte de manejar o
dirigir al hombre sino en el cambio social y político. Creían que la "buena sociedad"
crearía al hombre bueno o mejor dicho, permitirían que se manifestase la bondad
natural del hombre.

CONDUCTISMO

El conductismo lo fundó J. B. Watson (1914); se basaba en la premisa de que "la


materia de la psicología humana es el comportamiento (conducta) o las actividades
del ser humano". Como el positivismo lógico, excluía todos los conceptos
"subjetivos" que no pudieran observarse directamente, como la "sensación,
percepción, imagen, deseo y aun el pensamiento y la emoción, que se definen
subjetivamente " . (J. B. Watson, 1958.)
El conductismo tuvo un notable desarrollo entre las formulaciones menos
complicadas de Watson y el brillante neoconductismo de Skinner. Pero éste
representa ante todo un perfeccionamiento de la tesis original, no una originalidad ni
profundidad muy grandes.

Página 26 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

EL NEOCONDUCTISMO DE B. F. SKINNER

El neoconductismo de Skinner21 se basa en el mismo principio que los conceptos de


Watson: la ciencia de la psicología no necesitaba, ni tenía por qué, ocuparse en los
sentimientos o impulsos ni otros sucesos subjetivos 22 ; desdeña todo intento de
hablar de una "naturaleza" del hombre o construir un modelo del hombre, ni analizar
diversas pasiones humanas que motivan el comportamiento humano. Considerar el
comportamiento humano impelido por intenciones, fines, objetivos o metas sería un
modo precientífico e inútil de estudiarlo. La psicología tiene que estudiar qué
refuerzos tienden a configurar el comportamiento humano y cómo aplicar esos
refuerzos más efectivamente. La "psicología" de Skinner es la ciencia de la técnica o
la ingeniería del comportamiento, y su objetivo es hallar los refuerzos adecuados
para producir el comportamiento deseado.
En lugar del condicionamiento simple de acuerdo con el modelo pavloviano,
Skinner habla de condicionamiento "operante". En resumen, esto significa que el
comportamiento no condicionado, con tal que sea deseable desde el punto de vista
del experimentador, tiene una recompensa, es decir, le sigue placer. (Skinner cree
que el refuerzo recompensatorio es mucho más eficaz que el punitivo.) En
consecuencia, el sujeto acabará por seguirse comportando del modo deseado. Por
ejemplo, a Juanito no le gustan mucho las espinacas; se las come, la madre lo
recompensa con una observación halagadora, una mirada afectuosa o un trozo más
de pastel, lo que sea más reforzador para Juanito, medido por lo que mejores
resultados dé ... es decir, la madre administra "refuerzos positivos". Al final, a
Juanito le gustarán las espinacas, sobre todo si los refuerzos se administran
efectivamente en función de su selección. En centenares de experimentos, Skinner y
otros han creado las técnicas para este condicionamiento operante. Skinner ha
demostrado que con el debido empleo del refuerzo positivo, puede modificarse el
comportamiento de los animales y los humanos en grado sorprendente, aun en
contra de lo que alguien denominaría con cierta vaguedad tendencias "innatas".
El haber señalado esto es sin duda un gran mérito de la obra experimental de
Skinner, y además apoya las opiniones de quienes creen que la estructura social (o
"cultura", según el modo de hablar de muchos antropólogos norteamericanos)
puede conformar al hombre, aunque no necesariamente mediante el
condicionamiento operante. Importa añadir que Skinner no desdeña la dotación
genética. Para definir correctamente su posición deberíamos decir que aparte de la
dotación genética, el refuerzo determina por entero el comportamiento.

21
Como una amplia consideración de los merecimientos de la teoría skinneriana nos apartaría mucho de nuestro
principal problema, me limitaré a la presentación de los principios generales del neoconductismo y a la discusión más
detallada de algunos puntos que parecen de sazón. Para el estudio del sistema de Skinner habría que leer B. F. Skinner
(1953). Para una versión breve véase B. F. Skinner (1963). En su último libro (1971) examina los principios generales
de su sistema yen especial su relación con la cultura. Véase también la breve discusión entre Carl R. Rogers y B. F.
Skinner (1956) y B. F. Skinner (1961). Para una crítica de la posición skinneriana, cf. Noam Chomsky (1959). Véase
también el contraargumento de K. MacCorquodale (1970) y N. Chomsky (1971). Las revisiones de Chomsky son
completas y de mucho alcance, y están expresadas con tal perfección que es innecesario repetirlas. No obstante, las
posiciones psicológicas de Chomsky y las mías están tan alejadas unas de otras que me veo obligado a presentar algunas
críticas en este capítulo.
22
Al contrario de muchos conductistas, Skinner concede incluso que los "sucesos privados" no tienen por qué ser
excluidos totalmente de las consideraciones científicas y añade que "una teoría conductista del conocimiento indica que
el mundo privado, si no enteramente incognoscible, por lo menos no es fácil de conocer bien". (B. F. Skinner, 1963.) Esta
rectificación hace la concesión de Skinner poco más que una atenta inclinación de cabeza a la psique-alma, la materia que
estudia la psicología.

Página 27 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

El refuerzo puede darse de dos modos: como sucede en el proceso cultural


normal o planeado según la doctrina skinneriana, y entonces conduce a un "diseño
para la cultura". (B. F. Skinner, 1961, 1971.)

Objetivos y valores

Los experimentos de Skinner no se ocupan en los objetivos del condicionamiento.


El sujeto animal o el humano se condicionan para que obren de determinado modo.
La decisión del experimentador que plantea los objetivos del condicionamiento
decide para qué serán condicionados. Por lo general, el experimentador en estas
situaciones de laboratorio no se interesa en para qué está condicionando al sujeto
animal o humano sino en el hecho de que puede condicionarlos para el objetivo que
él quiera y en cómo lo logrará mejor. Pero surgen serios problemas cuando
pasamos del laboratorio a la vida real, individual o social. En este caso, lo que más
importa es para qué se condiciona a la gente y quién determina los objetivos.
Parece que cuando Skinner habla de cultura tiene presente todavía su
laboratorio, donde el psicólogo que procede sin juicios de valor puede hacerlo
fácilmente porque el objetivo del condicionamiento importa bien poco. Tal es por
lo menos una explicación de por qué Skinner no se enfrenta a la cuestión de los
objetivos y los valores. Por ejemplo, escribe: "Admiramos a la gente que se
conduce de modos originales o excepcionales, no porque ese comportamiento sea
en sí admirable sino porque no sabemos favorecer el comportamiento original o
excepcional de ningún otro modo." (C. R. Rogers y B. F. Skinner, 1956.) Esto no
pasa de ser un razonamiento tortuoso: admiramos la originalidad porque sólo
podemos condicionarla admirándola.
Mas ¿para qué condicionarla si no es un fin deseable en sí?

Skinner no afronta la cuestión, aunque hubiera podido darle solución con un


poco de análisis sociológico. El grado de originalidad e inventiva deseable en
diversas clases y grupos ocupacionales de una sociedad dada varía. Los científicos
y los altos ejecutivos, por ejemplo, necesitan una fuerte dosis de esas cualidades en
una sociedad burocrática y tecnológica como la nuestra. Mas para los burócratas de
escalones inferiores, ese mismo grado de capacidad creadora sería un lujo . . . o una
amenaza al funcionamiento perfecto de todo el sistema.
No creo yo que este análisis sea una respuesta suficiente a la cuestión del valor
de la originalidad y la capacidad creadora. Hay abundancia de pruebas psicológicas
de que el afán de creación y originalidad son impulsos hondamente arraigados en el
hombre, y hay alguna prueba neurofisiológica que hace suponer que el empeño de
ser original y creador está "integrado" en el sistema del cerebro. (R. B. Livingston,
1967.) Sólo quiero poner de relieve que el callejón sin salida de la posición
skinneriana se debe al hecho de que no dedica atención a tales especulaciones ni a
las de la sociología psicoanalítica, de ahí que crea que si esas cuestiones no tienen
solución conductista, no tienen ninguna.
He aquí otra muestra del borroso pensamiento skinneriano en relación con los
valores:
Muchas personas suscribirían la proposición de que no entra juicio de valor en la
decisión de cómo construir una bomba atómica, pero rechazarían la proposición de
que no entre ninguno en la decisión de construirla. La diferencia más importante
sería aquí tal vez que las prácticas científicas que guían al diseñador de la bomba

Página 28 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

son claras, mientras que las que guían al diseñador de la cultura que hace la bomba
no lo son. No podemos pronosticar el éxito o fracaso de una invención cultural con
la misma precisión con que pronosticamos el de una invención material. Por esta
razón se dice que recurrimos a juicios de valor en el segundo caso. A lo que
recurrimos es a tratar de adivinar. Sólo en este sentido pueden intervenir los juicios
de valor, cuando la ciencia se abstiene. Cuando podamos diseñar pequeñas
interacciones sociales y, tal vez, culturas enteras con la confianza que ponemos en la
tecnología material, las cuestiones de valor no se plantearán. (B. F. Skinner, 1961.)

El principal punto de vista de Skinner es que en realidad no hay diferencia esencial


entre la ausencia de juicio de valor en el problema técnico de diseñar la bomba y la
decisión de hacer una. La única diferencia es que los motivos para hacer la bomba no
están "claros". Tal vez no estén claros para el profesor Skinner, pero sí lo están para
muchos estudiosos de la historia. La verdad es que había más de una razón para
hacer la bomba atómica (y de modo semejante la de hidrógeno): el temor de que la
hiciera Hitler; quizá el deseo de tener un arma superior contra la Unión Soviética en
previsión de conflictos ulteriores (cierto esto sobre todo en el caso de la bomba de
hidrógeno) y la lógica de un sistema que se ve obligado a incrementar su armamento
para apoyar su lucha contra sistemas competidores.
Muy apartada de estas razones militares, estratégicas y políticas hay otra que creo
igualmente importante. Me refiero a la máxima que es una de las normas axiomáticas
de la sociedad cibernética: "supuesto que es técnicamente posible hacer una cosa, hay
que hacerla". Si es posible hacer armas nucleares, hay que hacerlas, aunque puedan
acabar con todos nosotros. Si es posible ir a la luna o los planetas, hay que hacerlo,
siquiera a costa de dejar muchas necesidades insatisfechas acá en la tierra. Este
principio significa la negación de todos los valores humanistas, pero de todos modos
representa un valor, quizá la norma suprema de la sociedad "tecnotrónica"23.
Skinner no se cuida de examinar las razones que hay para hacer la bomba y nos
pide que esperemos a la evolución del conductismo para saber el misterio. En sus
opiniones acerca de los procesos sociales muestra la misma incapacidad para entender
los motivos ocultos, no verbalizados, que en su tratamiento de los procesos psíquicos.
Dado que la mayor parte de lo que dicen las personas acerca de su motivación, en
política como en la vida personal, es notoriamente ficticio, la confianza en lo
verbalizado bloquea el entendimiento de los procesos sociales y psíquicos.
En otros casos, Skinner introduce de contrabando los valores sin parecer darse
cuenta de ello. En el mismo artículo, por ejemplo, dice: "Estoy seguro de que nadie
desea crear nuevas relaciones de amo y esclavo ni someter a la gente a gobernantes
déspotas de maneras nuevas. Esas son normas de poder propias de un mundo sin
ciencia." (B. F. Skinner, 1961.) ¿En qué época vive el profesor Skinner? ¿No hay
acaso sistemas que intentan someter la voluntad de la gente a los dictadores? ¿Esos
sistemas se hallan tan sólo en culturas "sin ciencia"? Skinner parece creer todavía en la
ideología de "progreso" a la antigua: la Edad Media era oscurantista porque no tenía
23
He estudiado esta idea en The revolution of hope (E. Fromm, 1968). Independientemente, H. Ozbekhan ha
formulado el mismo principio en su trabajo, The triumph of technology: "can" implies "ought". (H. Ozbekhan, 1966.)
El doctor Michael Maccoby ha llamado mi atención hacia algunos resultados de su estudio acerca de la gestión de las
industrias altamente desarrolladas, que indica que el principio de que "poder implica deber" es más válido en las
industrias que producen para el establishment militar que para el resto de la industria, más competitivo. Pero aunque
esta argumentación fuera acertada, deben considerarse dos factores: primero, el tamaño de la industria que trabaja directa o
indirectamente para las fuerzas armadas, y segundo, que ese principio ha penetrado en la mente de muchas personas no
directamente relacionadas con la producción industrial. Un buen ejemplo fue el entusiasmo que hubo al principio por los
viajes espaciales; otro ejemplo es la tendencia en medicina a hacer y aplicar cosas independientemente de su verdadera
importancia para un caso determinado.

Página 29 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

ciencia, y la ciencia conduce necesariamente a la libertad del hombre. El caso es que


ningún dirigente ni ningún gobierno declara ya explícitamente su intención de someter
la voluntad de la gente; tienen tendencia a emplear palabras nuevas que parezcan lo
contrario de las antiguas. Ningún dictador dice que es dictador, y todos los sistemas
proclaman representar la voluntad del pueblo. En los países del "mundo libre", por otra
parte, la "autoridad anónima" y la manipulación han remplazado a la autoridad
declarada en la educación, el trabajo y la política.
Los valores de Skinner emergen también en la siguiente declaración: "Si somos
dignos de nuestra herencia democrática deberemos, naturalmente, estar dispuestos a
oponernos a cualquier empleo tiránico de la ciencia para fines inmediatos o egoístas.
Pero si valoramos las conquistas y los objetivos de la democracia no tenemos que
negarnos a aplicar la ciencia al diseño y la creación de normas culturales, aunque nos
hallemos en cierto modo en la posición de contralores." (B. F. Skinner, 1961.
Subrayado mío.) ¿Cuál es la base de esa valoración en la doctrina neoconductista?
¿Qué es eso de los contralores?
La respuesta de Skinner es que "todas las personas controlan y todas son
controladas". (C. R. Rogers y B. F. Skinner, 1956.) Esto parece tranquilizador para una
persona de mentalidad democrática, pero no deja de ser una fórmula vaga y bastante
desprovista de significado, como pronto vemos:
Al observar cómo controla el amo al esclavo o el patrón al trabajador solemos pasar por
alto los efectos recíprocos y, considerando la acción en un solo sentido, nos vemos
inducidos a considerar el control explotación, o por lo menos obtención de una ventaja
unilateral, pero el control es en realidad mutuo. El esclavo controla al amo tan
cabalmente como el amo al esclavo (subrayado mío), en el sentido de que los
procedimientos de castigo empleados por el amo han sido escogidos por el
comportamiento del esclavo al someterse a ellos. Esto no significa que la noción de
explotación no tenga sentido ni que no podamos con propiedad preguntar ¿cui bono?
Mas al hacerlo así vamos más allá de la explicación del episodio social en si (subrayado
mío) y consideramos ciertos efectos de largo plazo claramente relacionados con la
cuestión de los juicios de valor. Una consideración semejante se suscita en el análisis
de cualquier comportamiento que altera una práctica cultural. (B. F. Skinner, 1961.)

Esto me parece indignante; se nos pide que creamos que la relación entre amo y
esclavo es recíproca, aunque la noción de explotación no deje de tener sentido. Para
Skinner la explotación no es parte del episodio social en sí; sólo lo son los
procedimientos de control. Esta es la opinión de un hombre que ve la vida social como
un episodio en su laboratorio, donde todo cuanto importa al experimentador es su
procedimiento . . . y no los "episodios" en sí, puesto que no tiene ninguna importancia
en este mundo artificial el que el cobayo sea pacífico o agresivo. Y por si fuera
poco, Skinner afirma que la idea de la explotación por el amo está "claramente
relacionada " con la cuestión de los juicios de valor. ¿Cree Skinner que la
explotación, o digamos el robo, la tortura y el asesinato no son "hechos" por estar
claramente relacionados con los juicios de valor? Esto significaría por cierto que
todos los fenómenos sociales y psicológicos dejan de ser hechos que pueden
examinarse científicamente si pueden también juzgarse en cuanto a su valor 24 .
Sólo se puede explicar lo que dice Skinner de que esclavo y amo están en
relación de reciprocidad por el ambiguo uso que hace de la palabra "control". En el
sentido en que suele usarse esa palabra, no cabe duda de que el amo controla
24
Con la misma lógica resultaría "recíproca " la relación entre torturador y torturado, porque el torturado, con la
manifestación de su dolor, condiciona al torturador para que emplee los instrumentos de tortura más eficaces.

Página 30 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

(domina, manda) al esclavo, y que no hay nada de "recíproco" en ello, salvo que el
esclavo puede en cierto modo ejercer un mínimo de contracontrol . . . por ejemplo,
mediante la amenaza de rebelión. Pero Skinner no habla de eso. Habla de control en
el sentido abstracto, precisamente, del experimento de laboratorio, en que no
penetra la vida real. Repite efectivamente con toda seriedad lo que ha sólido decirse
en broma, el cuento ese del conejillo de indias que cuenta a otro conejillo cómo ha
condicionado a su experimentador: cada vez que el conejillo toca una palanca, el
experimentador tiene que alimentarlo.
Como el neoconductismo no tiene teoría del hombre, sólo puede ver el
comportamiento y no la persona que se comporta. Sea que alguien me sonría porque
quiera ocultar su hostilidad, o que una vendedora sonría (en las mejores tiendas)
porque le han dado instrucciones de hacerlo así o que un amigo me sonría porque
esté contento de verme, para el conductismo todo es igual, porque "una sonrisa es
una sonrisa". Resulta difícil comprender que al profesor Skinner en tanto que
persona le sea igual, a menos que esté tan enajenado que la realidad de las personas
ya no le importe. Pero si la diferencia importa, ¿cómo podría ser válida una teoría
que no la toma en cuenta?
Tampoco puede el neoconductismo explicar por qué unas cuantas personas
condicionadas para ser perseguidores y torturadores caen enfermas mentalmente a
pesar de la continuación de los "refuerzos positivos". ¿Por qué éstos no impiden que
otros muchos se rebelen, por la fuerza de su razón, de su conciencia o su amor,
cuando todos los condicionamientos operan en sentido contrario? ¿Y por qué
muchas de las personas más adaptadas, que deberían ser testimonio sobresaliente del
éxito del condicionamiento, son profundamente infelices y conturbadas o padecen
de neurosis? Debe haber en el hombre impulsos inherentes que ponen límites al
poder del condicionamiento; y el estudio del fracaso del condicionamiento se antoja
tan importante, científicamente hablando, como su éxito. Ciertamente, puede
condicionarse al hombre para que se conduzca casi de cualquier modo deseado; pero
sólo "casi " . Reacciona en modos diferentes y averiguables a aquellas condiciones
que entran en conflicto con las necesidades humanas básicas. Puede condicionársele
para que sea un esclavo, pero reaccionará con la agresión o un declinar de la
vitalidad. 0 puede condicionársele para que se sienta parte de una máquina, pero
reaccionará con el hastío, la agresión y la infelicidad.
Fundamentalmente, Skinner es un racionalista ingenuo que quiere ignorar las
pasiones del hombre. En contraste con Freud, no le impresiona el poder de las
pasiones y cree que el hombre siempre se comporta como requiere su egoísmo. E
incluso el principio entero del neoconductismo es que el interés del individuo es tan
poderoso que apelando a él —sobre todo en la forma de que el medio recompense al
individuo por obrar en el sentido deseado— puede determinarse cabalmente el
comportamiento del hombre. En definitiva, el neoconductismo se basa en la
quintaesencia de la experiencia burguesa: la primacía del egotismo y del interés
personal sobre todas las demás pasiones humanas.

Razones de la popularidad de Skinner

La extraordinaria popularidad de Skinner puede explicarse por el hecho de que


logró fundir elementos del pensamiento tradicional, optimista y liberal, con la
realidad social y mental de la sociedad cibernética.

Página 31 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Skinner cree que el hombre es maleable, sujeto a las influencias sociales y que
nada de su "naturaleza" puede considerarse obstáculo terminante a la evolución
hacia una sociedad pacífica y justa. Su sistema atrae así a los psicólogos liberales,
que hallan en él un argumento con que defender su optimismo político. Seduce a
quienes creen que los fines sociales deseables, como la paz y la igualdad, no son
ideales sin arraigo, sencillamente, sino que pueden establecerse en realidad. La idea
en general de que uno pueda "diseñar" una sociedad mejor sobre una base científica
interesa a muchos que antes hubieran podido ser socialistas. ¿No quería Marx
también diseñar una sociedad mejor? ¿No llamó "científico" a su socialismo para
distinguirlo del "utópico"? ¿No es particularmente seductor el método de Skinner
en un momento histórico en que la solución política parece haber fracasado y las
esperanzas revolucionarias están gravemente debilitadas?
Pero el optimismo implícito de Skinner por sí solo no hubiera bastado a hacer
sus ideas tan atractivas sin su combinación de las opiniones liberales tradicionales
con su negación misma.
En la era cibernética, el individuo cada vez está más sometido a manipulación.
Su trabajo, su consumo y su ocio se manipulan mediante el anuncio, las ideologías,
lo que Skinner califica de "refuerzos positivos". El individuo pierde su papel activo,
responsable en el proceso social; queda completamente "ajustado" y aprende que
todo comportamiento, acto, pensamiento o sentimiento que no encaje dentro del
plan general lo pone en grave desventaja; de hecho 61 es lo que se entiende que
debe ser. Si se empeña en ser sí mismo pone en riesgo, en los estados policíacos, su
libertad y aun su vida; en algunas democracias, corre el riesgo de no avanzar y en
casos menos frecuentes, de perder su trabajo y, tal vez lo más importante, de sentirse
aislado, privado de comunicación con los demás.
Hay muchas personas que no tienen conciencia clara de su malestar, pero
sienten confusamente el temor a la vida, al futuro, al tedio causado por la
monotonía y la falta de sentido de lo que están haciendo. Sienten que los mismos
ideales en que quieren creer han perdido sus amarras en la realidad social. Qué
alivio puede ser para ellos saber que lo mejor es el condicionamiento, la solución
más progresista y eficaz. Skinner recomienda el infierno del hombre aislado,
manipulado de la era cibernética como el paraíso del progreso. Acalla nuestros
temores de adónde vamos diciéndonos que no tenemos por qué asustarnos, que el
rumbo tomado por los que dirigen el sistema industrial es el mismo que aquel con
que soñaran los grandes humanistas, sólo que científicamente asentado. Además, la
teoría de Skinner parece cierta porque lo es (casi) para el hombre enajenado de la
sociedad cibernética. En resumen, el skinnerismo es la psicología del oportunismo
presentada como un nuevo humanismo científico.
No estoy diciendo que Skinner quiera hacer el papel de apologista de la era
"tecnotrónica". Al contrario, su ingenuidad política y social a veces le hacen
escribir en forma más convincente (y confusa) que si tuviera conciencia de aquello
para lo que está tratando de condicionarnos.

CONDUCTISMO Y AGRESIÓN

El método conductista es tan importante para el problema de la agresión porque la


mayoría de quienes investigan la agresión en los Estados Unidos han escrito con una
orientación conductista. Su razonamiento es, en resumidas cuentas, éste: si Juanito
descubre que siendo agresivo su hermanito (su madre, etc.) le da lo que él quiere,

Página 32 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

se convertirá en una persona con tendencia a comportarse agresivamente; otro tanto


podría decirse del comportamiento sumiso, valiente o afectuoso. La fórmula es que
uno obra, siente y piensa del modo que resulta ser un buen método para obtener lo
que uno quiere. La agresión, como cualquier otro tipo de comportamiento, se
aprende simplemente sobre la base de buscar la ventaja óptima posible para uno.
El modo conductista de ver la agresión lo expuso sucintamente A. H. Buss
cuando definió la agresión como "una reacción que comunica estímulos nocivos a
otro organismo". Y dice:

Hay dos razones para excluir el concepto de intento de la definición de la agresión,


En primer lugar, implica teleología, una acción objetiva dirigida hacia un fin
futuro, y este modo de ver no concuerda con el enfoque conductista de este libro.
El segundo, y más importante, es la dificultad de aplicar este término a los sucesos
conductistas. El intento es un suceso privado que puede o no ser susceptible de
verbalización, que puede o no reflejarse exactamente en una expresión verbal.
Podríamos dejarnos inducir a la aceptación de que el intento es una inferencia de la
historia de los refuerzos del organismo. Si se ha reforzado sistemáticamente una
reacción agresiva por una consecuencia concreta, como la huida de la víctima,
podría decirse que la recurrencia de la reacción agresiva entraña un "intento de
provocar la huida". Pero este tipo de inferencia es superfluo en el análisis del
comportamiento, y es más fructífero examinar directamente la relación entre la
historia de los refuerzos de una reacción agresiva y la situación inmediata que
produce la reacción.
En resumen, el intento es torpe e innecesario en el análisis del comportamiento
agresivo; lo más importante es, antes bien, la naturaleza de las consecuencias
reforzadoras que afectan a] acaecimiento y la fuerza de las reacciones agresivas. Es
decir, lo que importa es saber qué clase de reforzadores afecta al comportamiento
agresivo. (A. H. Buss, 1961.)

Por "intento " entiende Buss el intento consciente. Pero Buss no deja de ser sensible
al enfoque psicoanalítico: "Si el enojo no es el impulsor de la agresión, ¿es útil
tomarlo por un impulso? La posición aquí adoptada es
que no lo es." (A. H. Buss, 1961.)25
Psicólogos conductistas tan descollantes como A. H. Buss y L. Berkowitz son
mucho más sensibles al fenómeno de los sentimientos del hombre que Skinner, pero
el principio básico de éste de que el objeto debido para la investigación científica es
el hecho, no el agente, sigue siendo cierto también en su posición. Por ello no
conceden la debida importancia a los fundamentales descubrimientos de Freud: los
de las fuerzas psíquicas que determinan el comportamiento. el carácter en gran parte
inconsciente de esas fuerzas y el "conocimiento " ("comprensión ") como factor que
puede producir cambios en la carga y la dirección de la energía en esas fuerzas.
Los conductistas afirman que su método es "científico " porque no tratan de lo
visible, o sea el comportamiento declarado. Pero no reconocen que el
"comportamiento " en sí, separado de la persona que se comporta, no puede
describirse adecuadamente. Un hombre dispara un arma y mata a una persona; el
acto conductual en sí—hacer el disparo que mata a la persona— aislado del
"agresor" no significa gran cosa psicológicamente. De hecho, solamente sería

25
L Berkowitz ha adoptado una posición en muchos respectos semejante a l a s d e A. H. B u s s ; no es muy
indiferente a la idea d e las emociones motivantes, piro en lo esencial se atiene al marco de la teoría conductista;
modifica la teoría de la agresión y la frustración, pero no la rechaza. (L. Berkowitz, 1962 y 1 9 6 9 . )

Página 33 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

adecuada una afirmación conductista acerca del arma; en relación con ella, la
motivación del hombre que aprieta el gatillo no hace al caso. Pero su
comportamiento puede sólo entenderse plenamente si conocemos la motivación
consciente e inconsciente que le mueve a apretar el gatillo. No hallamos una sola
causa a su comportamiento, pero podemos descubrir la estructura psíquica en el
interior de este hombre —su carácter— y los muchos factores conscientes e
inconscientes que en cierto momento le hicieron disparar. Descubrimos que
podemos explicar el impulso de disparar, que lo determinan muchos factores de su
sistema de carácter, pero que el acto de disparar es el más contingente de todos los
factores, y el menos predecible. Depende de muchos elementos accidentales de la
situación, como el fácil acceso al arma, la ausencia de otras personas, el grado de
estrés y las condiciones de todo su sistema psicofisiológico en ese momento.
La máxima conductista de que el comportamiento observable es un dato
científico seguro sencillamente no es cierta. El hecho es que el comportamiento en
sí es diferente según el impulso motivante, aunque pueda no ser advertible la
diferencia con una inspección somera.
Un sencillo ejemplo nos lo demostrará: dos padres, cada uno de ellos con
diferente estructura de carácter, dan cada quien una tunda a su hijo porque creen que
el niño necesita esa corrección para su desarrollo normal. Ambos se conducen de
una manera en apariencia idéntica. Golpean al hijo con la mano. Pero si
comparamos el comportamiento de un padre amante y solícito con el de uno sádico
veremos que el comportamiento no es el mismo en realidad. Su modo de agarrar al
chiquillo y de hablarle antes y después del castigo, su expresión facial, hacen el
comportamiento de uno y otro muy diferentes. De modo correspondiente, la
reacción del niño difiere según el comportamiento. El uno siente lo que hay de
destructivo o sádico en el castigo; el otro no tiene razón para dudar del amor de su
padre. Tanto más por cuanto ese ejemplo del comportamiento paterno es tan sólo
uno de muchos casos que el niño ha experimentado antes y que han formado su
imagen del padre y su reacción a éste, El hecho de que ambos padres tengan la
convicción de que están castigando al niño por su propio bien apenas importa, salvo
que esa convicción moralista puede obliterar las inhibiciones que de otro modo
podría tener el padre sádico. Por otra parte, si el padre sádico jamás golpea al hijo,
tal vez por temor a su esposa o por ir contra sus ideas progresistas en materia de
educación, su comportamiento "no violento" producirá la misma reacción, porque
sus ojos comunican al niño el mismo impulso sádico que le comunicaría su mano al
golpearlo. Como los niños son en general más sensibles que los adultos, responden
al impulso del padre y no a un fragmento aislado de comportamiento.
O bien tomemos otro ejemplo: vemos a un hombre gritando y con el rostro
colorado. Describimos su comportamiento diciendo que "está enojado". Si
preguntamos por qué está enojado, la respuesta podría ser "porque está asustado".
"¿Por qué está asustado? " "Porque padece una honda sensación de impotencia." "¿A
qué se debe? " "A que nunca disolvió los lazos con su madre y emocionalmente es
todavía un niño." (Naturalmente, esta serie no es la única posible.) Cada una de las
respuestas es "verdad". La diferencia entre ellas está en que se refieren a niveles de
experiencia cada vez más profundos (y por lo general menos conscientes). Cuanto
más profundo es el nivel a que se refiere la respuesta, más importante es para
entender su comportamiento. No solamente para entender sus motivaciones, sino
para reconocer el comportamiento en cada detalle. En un caso como éste, por
ejemplo, un observador agudo verá la expresión de impotencia espantada en su
rostro y no solamente su rabia. En otro caso, el comportamiento patente de un

Página 34 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

hombre podrá ser el mismo, pero la sagaz conciencia de su rostro mostrará dureza y
una intensa destructividad. Su comportamiento colérico es sólo la expresión
controlada de impulsos destructores. Los dos comportamientos parecidos son en
realidad muy distintos, y aparte de la sensibilidad intuitiva, el modo científico de
comprender las diferencias requiere el conocimiento de la motivación, o sea de las
dos diferentes estructuras de carácter.
No he dado la respuesta acostumbrada de "está enojado porque lo han insultado
—o así se siente—", porque esa explicación pone todo el énfasis en el estímulo
desencadenante, pero no toma en cuenta que la capacidad de estimular del estímulo
depende también de la estructura de carácter de la persona estimulada. Un grupo de
personas reaccionan de diferente modo al mismo estímulo según sus caracteres. A
será atraído por el estímulo, B repelido, C asustado y D no hará caso.
Naturalmente, Buss está en lo cierto cuando dice que el intento es un suceso
privado que puede o no ser susceptible de verbalización. Pero éste es precisamente
el dilema del conductismo: como no tiene método para examinar los datos no
verbalizados, ha de restringir su investigación a los datos que puede manejar, por lo
general demasiado toscos para que se presten a un sutil análisis teórico.

DE LOS EXPERIMENTOS PSICOLÓGICOS


Si un psicólogo se impone la tarea de comprender el comportamiento humano, habrá
de idear métodos de investigación adecuados al estudio de los seres humanos in
vivo, mientras que prácticamente todos los estudios conductistas se realizan in vitro.
(No en el sentido de esta expresión en el laboratorio de fisiología sino en el sentido
equivalente de que el sujeto se observa en condiciones controladas, dispuestas
artificialmente, no en el proceso "real" de la vida.) La psicología parece haber
querido alcanzar la respetabilidad imitando el método de las ciencias naturales, si
bien las de hace cincuenta años, y no con el método "científico" sólito en las ciencias
naturales más avanzadas 26. Además, la falta de significado teórico suele disimularse
con formulaciones matemáticas de aspecto impresionante no relacionadas con los
datos y que no añaden nada a su valor.
Es una empresa difícil idear un método para la observación y el análisis del
comportamiento humano fuera del laboratorio, pero es una condición necesaria para
entender el hombre. En principio, hay dos campos de observación para el estudio del
hombre:
1. La observación directa y detallada de una persona. La situación más perfecta y
fructuosa de este tipo es la psicoanalítica, el "laboratorio psicoanalítico" tal y como lo
concibiera Freud, que permite manifestarse a los impulsos inconscientes del paciente
y facilita el examen de su relación con su comportamiento abierto "normal" y
"neurótico" 27. Menos intensiva, pero también muy fructuosa, es una entrevista —o
mejor una serie de entrevistas— en que si es posible entren también el estudio de
algunos sueños y ciertos tests proyectivos. Pero no debe uno subestimar el
conocimiento profundo que un observador diestro puede lograr con sólo observar
detenidamente a una persona cierto tiempo (en que entran, claro está, sus ademanes,
su voz, su apostura, su expresión facial, sus manos, etc.). Aun sin el conocimiento
personal, los diarios, la correspondencia y una historia detallada de la persona, este

26
CF. el discurso de J. Robert Oppenheinur (1955) y muchas declaraciones análogas de descollantes científicos.
27
Entrecomillo las dos palabras porque con frecuencia se emplean de una manera imprecisa y a veces han llegado a
confundirse con socialmente adaptado e inadaptado, respectivamente.

Página 35 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

tipo de observación puede ser una fuente importante para el entendimiento en


profundidad de su carácter.
2. Otro método para estudiar el hombre in vivo es transformar situaciones dadas
en reales en un "laboratorio natural" en lugar de llevar la vida al laboratorio
psicológico. En lugar de montar una situación social artificial, como hace el
experimentador en su laboratorio psicológico, uno estudia los experimentos que la
vida le ofrece; uno escoge situaciones sociales dadas que sean comparables y las
transforma en el equivalente de experimentos mediante el m é t o d o de estudiarlas.
Manteniendo constantes algunos factores y otros variables, este laboratorio natural
permite también poner a prueba diversas hipótesis. Hay muchas situaciones
comparables, y uno puede comprobar si una hipótesis se mantiene en todas las
situaciones, y si no, si las excepciones pueden explicarse satisfactoriamente sin
modificar la hipótesis. Una de las formas más simples de esos "experimentos
naturales " son las enquétes (con cuestionarios largos y de extremo abierto y/o
entrevistas personales) con representantes seleccionados de ciertos grupos, como
grupos de edades u ocupacionales, prisioneros, personas hospitalizadas, y así
sucesivamente. (El empleo de la batería convencional de pruebas psicológicas no es, a
mi modo de ver, suficiente para entender los estratos más profundos del carácter.)
Verdad es que el empleo de "experimentos naturales" no nos permite la
"precisión" de los experimentos de laboratorio, porque no hay dos constelaciones
sociales idénticas; pero observando no "sujetos" sino personas, no artificios sino la
vida real, no es menester que la supuesta (y con frecuencia dudosa) precisión se
pague con la trivialidad de los resultados del experimento. Creo que la exploración de
la agresión, en el laboratorio de la entrevista psicoanalítica o en un "laboratorio"
socialmente dado es, desde un punto de vista científico, muy preferible a los métodos
del laboratorio psicológico, en lo tocante al análisis del comportamiento; pero
requiere un nivel mucho más elevado de pensamiento teórico complejo que para los
experimentos de laboratorio, incluso muy inteligentes 28.
Para ilustrar lo que acabo de decir veamos el "Behavioral study of obedience", muy
interesante y uno de los experimentos más considerados en el campo de la agresión,
realizado por Stanley Milgram en la Universidad de Yale en su "laboratorio de
interacción" (S. Milgram, 1963)29.

Los sujetos eran 40 varones de edades comprendidas entre 20 y 50 años, de New


Haven y comunidades vecinas. Se consiguieron mediante un anuncio en el periódico y
por solicitación directa por correo. Los que respondieron creían ir a participar en un
estudio sobre memoria y aprendizaje de la Universidad de Yale. En la muestra hay
una amplia gama de ocupaciones. Los sujetos típicos fueron empleados de correos,
profesores de universidad, agentes vendedores, ingenieros y jornaleros. El nivel de
instrucción de los sujetos abarcaba desde los que no habían terminado la primaria
hasta los que se habían doctorado o tenían títulos profesionales. Se les pagaron 4.50
28
He hallado que los “cuestionarios interpretativos” son un instrumento valioso para el estudio de las motivaciones
subyacentes y en gran parte inconscientes de los grupos. Un cuestionario interpretativo analiza el significado no
entendido de una respuesta (a una cuestión franca) e interpreta las respuestas en sentido caracterológico más que en
su valor nominal Apliqué este método por primera vez en 1932 en un estudio del Instituto de Investigación Social
de la Universidad de Frankfurt, y lo volví a emplear en 1960 y tantos en un estudio de carácter social de un pue-
blecito mexicano, Entre los principales colaboradores que tuve en el primer estudio estaban Ernest Schachtel, la
difunta Anna Hartoch-Schachtel y Paul Lazarsfeld (de consultor estadístico). El estudio se acabó mediada la
década de los treintas, pero sólo se publicaron el cuestionario y algunas muestras de las respuestas. (M.
Horkheimer, ed., 1936.) El segundo estudio se publicó. (E. Fromm y M. Maccoby, 1970.) Maccoby y yo hemos
ideado también un cuestionario para determinar los actores que indican el carácter necrófilo, y Maccoby ha
aplicado este cuestionario a diversos grupos, con resultados satisfactorios. (M. Maccoby, 1972a.)
29
Todas las citas que siguen están tomadas de S. Milgram ( 1963).

Página 36 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

dólares por su participación en el experimento. Pero a los sujetos se les dijo que el
pago era sencillamente por acudir al laboratorio y que se les entregaría el dinero
independientemente de lo que sucediera después de su llegada.
En cada experimento había un sujeto ingenuo y una víctima (cómplice del
experimentador). Se había ideado un pretexto que justificaría la administración de
un electroshock por el sujeto ingenuo 30 . Se realizaba efectivamente mediante una
estratagema. Después de una introducción general acerca de la supuesta relación
entre castigo y aprendizaje se les decía a los sujetos:
"Pero en realidad sabemos muy poco del efecto de los castigos en el
aprendizaje, porque casi no se han realizado estudios científicos de él en seres
humanos.
"Por ejemplo, no sabemos qué grado de punición será mejor para el
aprendizaje . . . y no sabemos quién será mejor para administrar el castigo, si el
adulto aprende mejor de una persona más joven que él o de una mayor, y así
sucesivamente.
"Por eso en este estudio juntamos cierto número de adultos de diferentes
edades y ocupaciones. Y pedimos a algunos de ellos que hagan de enseñantes y
a otros de educandos.
"
Sólo queremos averiguar qué efecto producen las diferentes personas en las
demás como enseñantes y educandos, y además qué efecto tendrá el castigo
sobre el aprendizaje en esta situación.
"Por eso pediré a uno de ustedes que sea el maestro aquí esta noche y al otro
que sea el educando.
"¿Tiene alguno de ustedes una preferencia? "
Los sujetos sacaban entonces papeletas de un sombrero para decidir quién sería
el maestro y quién el aprendiz en el experimento. Las suertes estaban arregladas de
tal modo que el sujeto ingenuo era siempre el maestro y el cómplice siempre
resultaba el educando. (Las dos papeletas contenían la palabra "maestro".)
Inmediatamente después de echar a suertes, el maestro y el alumno pasaban a una
sala adyacente, y el alumno era amarrado con correas a un aparato de "silla
eléctrica " .
El experimentador explicaba que las correas eran para impedir el movimiento
excesivo cuando el educando recibía un castigo eléctrico, con el fin de hacerle
imposible la huida de tal situación. Se sujetaba un electrodo a la muñeca del
educando, y se aplicaba una pasta de electrodo "para evitar las ámpulas y
quemaduras ". Se les decía a los sujetos que el electrodo estaba unido al generador
de electroshocks situado en la pieza vecina.
... Se indica al sujeto que debe administrar un "toque" al aprendiz cada vez que
dé una respuesta equivocada. Además —y aquí está la clave de las instrucciones— el
sujeto debía "poner en un nivel más alto el generador de shocks cada vez que el
aprendiz diera una respuesta errónea " . También se le dice que anuncie el nivel del
voltaje antes de administrar el toque. Esto era con el fin de recordar continuamente
a los sujetos la creciente intensidad de los toques que administraban al
educando . . . En todas las condiciones, el aprendiz da una serie predeterminada de
respuestas a la prueba de un par de palabras basada en un plan de aproximadamente
tres respuestas equivocadas por una correcta. En la actual condición experimental
no se oye ninguna reacción vocal ni otra señal de protesta del educando antes de
llegar al nivel de shock 300. Cuando se administra el toque de 300 voltios, el
educando golpea la pared de la pieza en que está sujeto a la silla eléctrica. El sujeto
30
En realidad no se administraban electroshocks, pero este hecho no lo conocían los sujetos enseñantes.

Página 37 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

puede oír los golpes. A partir de este momento, las respuestas del educando ya no
aparecen en el tablero de cuatro vías . . . Si el sujeto indicaba no estar dispuesto a
seguir adelante, el experimentador respondía con una serie de estímulos o
"acicates", y empleaba tantos como era necesario para convencer al sujeto.
Acicate 1 : Continúe, por favor, o Siga, por favor.
Acicate 2: El experimento requiere que continúe.
Acicate 3: Es absolutamente esencial que continúe.
Acicate 4: No hay remedio, tiene usted que seguir.
Los acicates se seguían siempre por orden: sólo si el número 1 fallaba se podía
recurrir al número 2. Si el sujeto se negaba a obedecer al experimentador después
del acicate número 4, el experimento había terminado. El tono de voz del
experimentador era siempre firme, pero no descortés. La serie empezaba de nuevo
cada vez que el sujeto se detenía o se mostraba renuente a obedecer las órdenes.
Acicates especiales. Si los sujetos preguntaban que si el aprendiz podía quedar
físicamente afectado para siempre, el experimentador decía:
"
Aunque los toques pueden ser dolorosos, no hay lesión permanente en los
tejidos, así que por favor, continúe. " (Seguían los acicates 2, 3 y 4 si era necesario.)
Si el sujeto decía que el aprendiz no quería proseguir, el experimentador
replicaba:
"Le guste o no al aprendiz, tiene que continuar hasta que haya aprendido
debidamente todos los pares de palabras. Así que por favor, continúe. " (Seguían los
acicates, 2, 3 y 4 si era necesario.)
¿Cuáles fueron los resultados del experimento? "Muchos sujetos daban señales de
nerviosismo en la situación experimental, y sobre todo al administrar los toques más
fuertes. En gran número de casos, el grado de tensión llegaba a extremos raramente
vistos en los estudios sociopsicológicos de laboratorio." (Subrayado mío.) Se veía a
los sujetos sudar, temblar, balbucir, morderse los labios, gemir y hundirse las uñas
en la carne. Éstas eran reacciones características, más que excepcionales, al
experimento.
Una señal de tensión era la ocurrencia regular de carcajadas nerviosas. Catorce de
los 40 sujetos dieron señales claras de risa y sonrisa nerviosa. Las carcajadas
parecían totalmente fuera de lugar y aun extrañas. Se observaron accesos bien
configurados e incontrolables en 3 sujetos. En una

ocasión observamos uno tan violentamente convulsivo que fue necesario detener el
experimento. El sujeto, vendedor de enciclopedias, de 46 años de edad, estaba
seriamente embarazado por su mal comportamiento, tan incontenible. En las
entrevistas posexperimentales, los sujetos se empeñaban mucho en señalar que no
eran sádicos y que su risa no indicaba que estuvieran gozando cuando propinaban
los toques a su víctima.
En cierto contraste con lo que el experimentador había esperado al principio,
ninguno de los cuarenta sujetos se detuvo antes del nivel de shock 300, en que la
víctima empezaba a patear la pared y ya no respondía a las preguntas de elección
múltiple del maestro. Sólo cinco de los cuarenta sujetos se negaron a obedecer a las
órdenes del experimentador más allá del nivel de 300 voltios; otros cuatro
administraron un toque más, dos se interrumpieron en el nivel de los 330 voltios y
uno en los 345, otro en los 360 y otro más en los 375. Así pues, un total de catorce
sujetos (= 35%) desobedecieron al experimentador. Los sujetos "obedientes " con
frecuencia lo hacían con gran tensión . . . y daban muestras de temo semejantes a
las de quienes desobedecieron al experimentador; pera obedecían.

Página 38 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Después de aplicados los toques máximos y detener el proceso el


experimentador, muchos sujetos obedientes suspiraban con alivio, se enjugaban las
cejas, se frotaban los ojos con los dedos o buscaban nerviosamente un cigarrillo.
Algunos agitaban la cabeza, al parecer arrepentidos. Otros habían estado calmados
durante todo el experimento y dieron señales mínimas de tensión de principio a fin.
Al estudiar el experimento, el autor declara que dio dos resultados sorprendentes:
El primer descubrimiento es la fuerza cabal de las tendencias obedientes que se
manifestó en esta situación. Los sujetos han aprendido desde la infancia que es una
falta fundamental contra la moral dañar a otra persona contra su voluntad. Pero 26
sujetos abandonan ese principio siguiendo las instrucciones de una autoridad que
no tiene ningún poder especial con que poner en vigor sus órdenes... El segundo
efecto no previsto fue la extraordinaria tensión creada por los procedimientos. Uno
podría suponer que un sujeto sencillamente suspendería su intervención o seguiría
con ella según le dictara su conciencia. Pero eso está muy lejos de haber sucedido.
Hubo fuertes reacciones de tensión y de esfuerzo emocional. Relató un observador:
"Vi llegar al laboratorio, sonriente y confiado, a un hombre de negocios,
inicialmente sereno. A los 20 minutos estaba hecho un guiñapo crispado y
balbuciente, que rápidamente se acercaba al colapso nerviosa No dejaba de
tironear el lóbulo de su oreja y se retorcía las manos. Hubo un momento en que se
llevó el puño a la frente y musitó: "¡Dios mío, que acabe esto!" Pero seguía
obedeciendo a cada palabra del experimentador, y así siguió hasta el final."

El experimento es ciertamente muy interesante... como examen no sólo de


obediencia y conformidad, sino también de crueldad y destructividad. Casi parece
simular una situación que ha sucedido en la vida real: la de la culpabilidad de los
milites que se condujeron en forma extremadamente cruel y destructora por órdenes
(o lo que ellos tales creían) de sus superiores, que ejecutaron sin hacer una
pregunta. Es también la historia de los generales alemanes sentenciados en
Nuremberg como criminales de guerra; ¿o tal vez la del teniente Calley y algunos de
sus subordinados en Vietnam?
Creo que este experimento permite cualquier conclusión en relación con muchas
situaciones de la vida real. El psicólogo no era sólo una autoridad a quien se debe
obediencia sino un representante de la ciencia y de una de las instituciones
educativas superiores de mayor prestigio en los Estados Unidos. Tomando en cuenta
que la ciencia suele tenerse por el valor máximo de la sociedad industrial
contemporánea, es muy difícil para la persona común y corriente creer que las
órdenes de la ciencia puedan ser torpes o inmorales. Si el Señor no hubiera dicho a
Abraham que no matara a su hijo, Abraham lo hubiera matado, como millones de
padres que practicaron en la historia el sacrificio de los infantes. Para el creyente, ni
Dios ni su equivalente moderno la Ciencia pueden mandar nada equivocado. Por esta
razón, más otras mencionadas por Milgram, el alto grado de obediencia no es más
sorprendente que el 35% del grupo que en determinado momento se negó a
obedecer; en realidad, esta desobediencia de más de un tercio podría considerarse
más sorprendente . . . y alentadora.
Hay otra sorpresa que parece igualmente injustificada: el que hubiera tanta
tensión. El experimentador esperaba que "un sujeto sencillamente suspendería su
intervención o seguiría con ella según le dictara su conciencia". ¿Es verdaderamente
así como resuelve la gente los conflictos de la vida diaria? ¿No es precisamente
peculiar del modo de funcionar del hombre —y tragedia suya— el que intente no
hacer frente a esos conflictos; es decir, que no escoge conscientemente entre lo que

Página 39 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

ansía hacer —por codicia o miedo— y lo que su conciencia le prohíbe? El caso es


que suprime la conciencia del conflicto mediante la racionalización, y el conflicto
se manifiesta sólo inconscientemente en una mayor tensión fatigosa, síntomas
neuróticos o sentirse culpable por razones erróneas. En esto los sujetos de Milgram
se conducen con toda normalidad.
En este punto se presentan algunas otras cuestiones interesantes. Milgram supone
que sus sujetos están en una situación de conflicto porque se encuentran entre la
espada de la obediencia a la autoridad y la pared de las normas de conducta
aprendidas desde la infancia: no hacer daño a los demás.

¿Es así en verdad? ¿Hemos aprendido realmente a "no hacer daño a los demás"?
Tal vez sea eso lo que les dicen a los niños en el catecismo. Pero en la escuela
realista de la vida, aprenden que deben buscar su propia ventaja aun en detrimento de
los demás. Parece que en eso el conflicto no es tan grave como cree Milgram.
Creo que el descubrimiento más importante del estudio de Milgram es la pujanza
de las reacciones contra el comportamiento cruel. Cierto es que 65% de los sujetos
podrían ser "condicionados " para conducirse cruelmente, pero en la mayoría de ellos
se patentizó una clara reacción de indignación u horror contra ese comportamiento
sádico. Por desgracia, el autor no proporciona datos precisos sobre el número de
"sujetos " que se mantuvieron calmados durante todo el experimento. Sería sumamente
interesante saber más de ellos para comprender el comportamiento humano. Al
parecer, había en ellos poca o ninguna oposición a los crueles actos que estaban
ejecutando. Habría ahora que preguntarse por qué. Una respuesta posible es que
gozaban haciendo sufrir a los demás y no sentía remordimiento al estar su
comportamiento sancionado por la autoridad Otra posibilidad es que fueran personas
tan enajenadas o narcisistas que estaban aisladas respecto de lo que podían sentir las
otras personas: o tal vez fueran "psicópatas ", sin ningún género de reacción moral. En
cuanto a aquellos en que se manifestó el conflicto en diversos síntomas de tensión
fatigante y ansiedad, debe suponerse que eran personas desprovistas de carácter
sádico o destructor. (Si hubiéramos emprendido una entrevista en profundidad,
hubiéramos visto las diferencias de carácter e incluso hubiéramos podido hacer un
docto cálculo acerca de cómo se comportarían las personas.)
El resultado principal del estudio de Milgram parece ser uno en que él no insiste:
la presencia en muchos sujetos de la conciencia, y el dolor cuando la obediencia los
hacía obrar contra su conciencia. Y así, mientras el experimento puede interpretarse
como una prueba más de la fácil deshumanización del hombre, las reacciones de los
sujetos más bien prueban lo contrario: la presencia dentro de ellos de fuerzas
intensas a las que resulta intolerable el comportamiento cruel. Esto señala un
importante modo de enfocar el estudio de la crueldad en la vida real: considerar no
solamente el comportamiento cruel sino también la conciencia de culpabilidad —a
menudo, inconsciente— de quienes obedecen a la autoridad. (Los nazis hubieron de
recurrir a un complicado sistema de enmascaramiento de las atrocidades para
habérselas con la conciencia del hombre común.) El experimento de Milgram es un
buen ejemplo de la diferencia entre los aspectos conscientes e inconscientes del
comportamiento, aunque no se haya empleado para explorar esa diferencia.
Otro experimento es particularmente indicado aquí porque trata directamente el
problema de las causas de la crueldad.
El primer informe de este experimento se publicó en un breve trabajo
(P. G. Zimbardo, 1972) que, como me escribió su autor, es un resumen de un informe
oral presentado ante una subcomisión del Congreso para la reforma de las prisiones.

Página 40 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

A causa de la brevedad del trabajo, el doctor Zimbardo no lo considera una base justa
para una crítica de su obra: atiendo a su deseo, aunque sintiéndolo mucho, ya que hay
algunas discrepancias, que me hubiera gustado señalar, entre él y el trabajo posterior.
(C. Haney, C. Banks y P. Zimbardo, en prensa.) 31. Mencionaré sólo brevemente su
primer trabajo en relación con dos puntos cruciales: a] la actitud de los guardianes y
b], la tesis central de los autores.
El propósito del experimentador era estudiar el comportamiento de las personas
normales en una situación particular: la de desempeñar el papel de presos y el de
guardianes respectivamente en un "simulacro de prisión". La tesis general que creen
los autores demostrada por el experimento es que a muchas personas, quizá la
mayoría, se les puede obligar a hacer casi cualquier cosa por la fuerza de la situación
en que se les ponga, independientemente de su moral, sus convicciones personales y
su escala de valores (P. H. (á. Zimbardo, 1972); más concretamente. que en este
experimento la situación carcelaria transformaba a la mayoría de los sujetos que
hacían el papel de "guardianes" en bestias sádicas v a la mayoría de los que hacían el
papel de presos en personas abyectas, espantadas y sumisas, y que algunos
presentaron síntomas mentales tan graves que hubo de dárseles soltura a los pocos
días. De hecho, las reacciones de ambos grupos fueron tan intensas que el
experimento, que debía haber durado dos semanas, se interrumpió a los seis días.
Dudo de que este experimento probara la tesis de los conductistas y expondré las
razones de mis dudas. Pero primeramente debo dar a conocer a los lectores los
detalles del mismo tal y como se presentan en el segundo informe. Unos estudiantes
se ofrecieron en respuesta a un anuncio en el periódico que pedía voluntarios varones
para participar en un estudio psicológico sobre la vida en las prisiones, a cambio de
un pago de 15.00 dólares diarios.

Se les hizo llenar un extenso cuestionario relativo a sus antecedentes familiares, su


historia sanitaria física y mental, su experiencia anterior y sus propensiones mentales
en relación con las fuentes de la psicopatología (incluso su implicación en algún
delito). Cada respondiente que terminaba el cuestionario sobre los antecedentes era
entrevistado por uno de dos experimentadores. Finalmente, los 24 sujetos que fueron
juzgados más estables (física y mentalmente), más maduros y menos envueltos en
comportamiento antisocial fueron seleccionados para participar en el estudio. Se echó
a suertes, y la mitad de los sujetos recibieron el papel de "guardianes" y la otra mitad
el de "presos".
A los sujetos escogidos "se les administró toda una colección de tests psicológicos el día
antes de iniciarse el simulacro, pero para evitar una deformación selectiva de parte de los
observadores experimentadores, no se tabularon los resultados sino cuando el estudio
estaba completo". Según los autores, habían seleccionado una muestra de individuos que no
se apartaban de la gama normal de la población y no daban muestras de predisposición
sádica ni masoquista.
La "prisión" estaba construida en una sección de 10.5 m de un corredor de los sótanos
en el edificio de psicología de la Universidad de Stanford. Se les dijo a todos los sujetos
que
se les atribuiría el papel de guardián o de preso estrictamente al azar y que todos habían
convenido voluntariamente en desempeñar uno u otro papel por 15.00 dólares diarios hasta
dos semanas. Firmaron un contrato en que se les garantizaba una dieta mínima adecuada,

31
Salvo cuando se apunta otra cosa, las citas siguientes están tomadas del trabajo conjunto, cuyo original tuvo la
amabilidad de enviarme el doctor Zimbardo.

Página 41 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

ropa, alojamiento y atención médica así como remuneración económica en pago de la


"intención" que declaraban de servir en el papel atribuido por la duración del estudio.
Se especificó en el contrato que quienes hubieran recibido el papel de presos deberían
estar vigilados (con poca o ninguna vida privada) y que algunos de sus derechos cívicos
elementales habrían de ser suspendidos durante el encarcelamiento, con excepción de los
malos tratos físicos. No se les dio más información acerca de lo que les esperaba ni
instrucciones para el comportamiento propio de un preso. Los designados para este papel
fueron informados por teléfono de que debían estar disponibles en su residencia habitual
un domingo dado cuando se iniciara el experimento.
Los sujetos designados para hacer de guardianes asistieron a una reunión con el "alcaide"
(ayudante de investigación todavía no graduado) y el "inspector" de la prisión (el principal
investigador). Se les dijo que su tarea consistía en "mantener en la prisión el grado de
orden razonable para su buen funcionamiento".
Conviene mencionar lo que los autores entendían por "prisión". No emplean la palabra
en su sentido genérico, como lugar de internamiento para delincuentes, sino en un sentido
específico que representaba las condiciones reales de ciertas prisiones norteamericanas.
Nuestra intención no era crear un simulacro literal de una prisión norteamericana sino más
bien una representación funcional de una de ésas. Por razones éticas, morales y
pragmáticas no podíamos detener a nuestros sujetos por períodos grandes o indefinidos de
tiempo, no podíamos ejercer la amenaza ni prometer severos castigos físicos, no podíamos
permitir el florecimiento de prácticas homosexuales o racistas, ni podíamos duplicar otros
aspectos específicos de la vida en prisión. No obstante, creíamos poder crear una situación
con suficiente realismo humano para que la participación en el desempeño del papel fuera
más allá de las exigencias superficiales de su función y penetrara en la estructura profunda
de los personajes que representaban. Para ello establecimos equivalentes funcionales de las
actividades y experiencias de la vida carcelaria real, que esperábamos produjeran
reacciones psicológicas cualitativamente semejantes en nuestros sujetos —sensación de
poder y de impotencia, de dominio y opresión, de satisfacción y frustración, de mando
arbitrario y resistencia a la autoridad, de jerarquía y anonimato, de machismo y
emasculación.

Como verá el lector por la descripción de los métodos empleados en la prisión, queda muy
por debajo de la verdad del trato aplicado en el experimento, sólo vagamente insinuado en
las últimas palabras. Los métodos empleados en realidad fueron de humillación y
degradación graves y sistemáticas, no sólo debido al comportamiento de los guardianes
sino también por las reglas de la prisión convenidas por los experimentadores.
Con el empleo de la palabra "prisión" se da a entender que todas las prisiones de los
Estados Unidos por lo menos —y de hecho de cualquier otro país— son de este tipo. Así
se olvida el hecho de que hay otras, como algunas prisiones federales de los Estados
Unidos y sus equivalentes de otros países, que no son tan malas como el simulacro de
prisión de nuestros autores.
¿Qué trato se dio a los "presos"? Se les había dicho que estuvieran listos para el inicio
del experimento.
Con la cooperación del departamento de policía de la ciudad de Palo Alto, todos los
sujetos que debían recibir el tratamiento de presos fueron "arrestados" súbitamente en sus
residencias. Un oficial de policía los acusó de sospecha de robo con escalo o robo a mano
armada, les comunicó cuáles eran sus derechos legales, los esposó, los cateó a fondo (con
frecuencia ante las miradas de los curiosos vecinos) y se los llevó al cuartelillo de policía
en la parte de atrás del coche celular. En el cuartelillo pasaron por los acostumbrados
trámites de toma de huellas digitales, tarjeta de identificación y traslado a una celda de

Página 42 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

detención. A todos los presos se les vendaron los ojos y después uno de los
experimentadores y un sujeto guardián los llevaron a nuestro simulacro de prisión.
Durante todo el procedimiento de la detención, los oficiales de policía participantes
mantuvieron una actitud grave y formal, evitando responder a las preguntas de aclaración
en cuanto a la relación de su "arresto" con el estudio en un simulacro de prisión.
Al llegar a nuestra prisión experimental, se mandó desnudar a todos los presos, se
les roció con un preparado despiojador (un desodorante) y se les hizo estar en pie y
solos, en cueros, durante cierto tiempo en el patio del sótano. Después de darles el
uniforme anteriormente descrito y tomárseles una fotografía de I.D. (para
identificación de sospechosos), se llevó a cada uno a una celda y se le mandó estar
callado.

Habiendo sido ejecutadas las "detenciones" por policías verdaderos (nos


preguntamos hasta qué punto era legal su participación en aquel procedimiento),
para los sujetos las acusaciones eran reales, sobre todo dado que los oficiales no
respondieron a sus preguntas acerca de la posible relación entre el arresto y el
experimento. ¿Qué podían pensar los sujetos? ¿Cómo podían saber que el "arresto"
no era tal, y que la policía se había prestado a aquellas acusaciones falsas y al
empleo de la fuerza para dar más color al experimento, sencillamente?
El uniforme de los presos era peculiar. Se componía de una bata corta de mujer, de
percalina, vagamente ajustada, con un número de identificación delante y detrás.
Debajo de aquélla prenda no llevaban nada. En un tobillo se les puso una cadena
ligera con su cerradura. En los pies llevaban sandalias de hule y se cubrían el
cabello con una media de nylon transformada en gorro ... los uniformes estaban
destinados no sólo a desindividualizar a los presos sino a humillarlos y hacer de
símbolos de su dependencia y subordinación. La cadena del tobillo era un
recordatorio constante (incluso durante el sueño, cuando tocaba el otro tobillo) de lo
opresivo del medio. El gorro de media suprimía toda distinción basada en la
longitud, el color o el corte del cabello (como las cabezas rapadas en algunas
prisiones reales y en el ejército). Los uniformes, mal trazados, hacían torpes los
movimientos, y como los llevaban sin ropa interior, les obligaban a tomar posturas
poco familiares, más parecidas a las de las mujeres: otra parte del proceso
emasculador que era convertirse en preso.
¿Cuáles fueron las reacciones de los presos y los guardianes a esta situación en los
seis días que duró el experimento?
La prueba más impresionante del impacto que esta situación causó en los
participantes se vio en las fuertes reacciones de cinco presos que hubieron de ser
puestos en libertad por depresión emocional extrema, llanto, rabia y ansiedad aguda.
La pauta de los síntomas fue muy semejante en cuatro de los sujetos, y empezó ya
en el segundo día de encarcelamiento. El quinto sujeto fue liberado después de ser
tratado por una erupción psicosomática que le cubrió algunas porciones del cuerpo.
De los demás presos, sólo dos dijeron no estar dispuestos a perder el derecho al
dinero que habían ganado a cambio de su "palabra ". Cuando terminó el experimento
prematuramente al cabo de sólo seis días, todos los demás presos que quedaban
estaban encantados de su inesperada buena suerte .. .
Mientras la reacción de los presos es bastante uniforme y sólo diferente en grado, la
reacción de los guardianes ofrece un cuadro más complejo:
En cambio, la mayoría de los guardianes parecieron entristecerse por la decisión de
suspender el experimento y nos parecieron tan metidos en su papel que ahora

Página 43 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

saboreaban el poder y la autoridad tan grandes que habían ejercido, y a los que de
mala gana renunciaban.
Describen los autores la actitud de los "guardianes":

Ninguno de los guardianes dejó de acudir a su hora al trabajo e incluso en varias


ocasiones trabajaron más tiempo dci convenido sin pedir horas extras ni plantear
ninguna queja.
Las extremadas reacciones patológicas que se manifestaron en ambos grupos de
sujetos dan fe del poder de las fuerzas sociales operantes, pero aun allí había
diferencias individuales, que se manifestaban en el modo de conducirse con la
nueva experiencia y en el mayor o menor éxito de su adaptación a ella. La mitad de
los presos aguantaron la opresiva atmósfera y no todos los guardianes recurrieron a
la hostilidad. Algunos guardianes fueron rudos pero justos ("respetaban las reglas"),
otros se excedieron mucho de su papel y se entregaron a la crueldad y el
hostigamiento novadores, mientras que unos cuantos eran pasivos y raramente
ejercieron poder coercitivo de ningún tipo sobre los presos.

Es una lástima que no se nos proporcione más información exacta que "algunos",
"unos cuantos", "otros", etc. Parece ésta una innecesaria falta de precisión cuando
hubiera sido muy fácil citar números exactos. Todo ello es tanto más sorprendente
por cuanto en la comunicación anterior de Trans-Action se hicieron algunas
declaraciones algo más concretas y sustancialmente diferentes. El porciento de
guardianes activamente sádicos, "muy dotados de inventiva en sus procedimientos
para quebrantar el espíritu de los presos" se calcula haber sido allí de un tercio
aproximadamente. El resto se dividía entre las otras dos categorías: (1) "rudos pero
justos" o bien (2) "buenos guardianes desde el punto de vista de los presos, ya que
hacían pequeños favores y eran amistosos". Este es un modo muy diferente de
presentar a los que "eran pasivos y raramente instigaron poder coercitivo", como
dice el segundo informe.
Estas descripciones indican cierta ausencia de precisión en la formulación de los
datos, cosa tanto más lamentable por cuanto se presenta en relación con la tesis
principal del experimento. Los autores creen que demuestra cómo la situación por sí
sola puede transformar en unos días a personas normales en individuos abyectos y
sumisos o en sádicos despiadados. A mí me parece que si algo prueba el
experimento es más bien lo contrario. A pesar de todo el ambiente de este simulacro
de prisión que según el concepto del experimento estaba destinado a degradar y
humillar (evidentemente, los guardianes deben haber caído rápidamente en la cuenta
de ello), dos tercios de los guardianes no cometieron actos sádicos por gusto
personal, el experimento más bien parece demostrar que uno no puede transformar
tan fácilmente a las personas en seres sádicos proporcionándoles la situación
apropiada.

En este contexto importa mucho la diferencia entre comportamiento, y carácter.


Una cosa es comportarse de acuerdo con las normas sádicas y otra querer que la
gente sea cruel y goce siéndolo. El no haber establecido esta diferencia priva al
experimento de buena parte de su valor, como también afea el de Milgram.
Esta distinción es también de importancia para el otro lado de la tesis, a saber:
que la serie de pruebas había demostrado que no había predisposición al
comportamiento sádico o masoquista entre los sujetos, o sea que las pruebas no
señalaron rasgos de carácter sádicos ni masoquistas. En cuanto a los psicólogos, para

Página 44 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

quienes el dato principal es el comportamiento manifiesto, esta conclusión podría ser


perfectamente correcta para ellos. No obstante, no es muy convincente sobre la b, se
de la experiencia psicoanalítica. Los rasgos de carácter suelen ser enteramente
inconscientes y además, no pueden descubrirse por medio de tests psicológicos
convencionales; en cuanto a los tests proyectivos, como el TAT o el de Rorschach,
sólo los investigadores con bastante experiencia en el estudio de los procesos
inconscientes descubrirán mucho material inconsciente.
Los datos referentes a los "guardianes" son cuestionables también por otra razón.
Estos sujetos fueron seleccionados precisamente por representar individuos más o
menos corrientes y normales, y se vio que no tenían tendencias sádicas. Este
resultado contradice las pruebas empíricas que muestran que el porcentaje de sádicos
inconscientes en una población promedio no es de cero. Algunos estudios (E.
Fromm, 1936; E. Fromm y M. Maccoby, 1970) lo han demostrado, y un observador
diestro puede descubrirlo sin necesidad de cuestionarios ni tests. Pero cualquiera que
sea el porcentaje de caracteres sádicos en una población normal, la ausencia total de
esta categoría no dice mucho en favor de la propiedad de los tests empleados en
relación con este problema.
Algunos de los enigmáticos resultados del experimento se explican
probablemente por otro factor. Los autores declaran que los sujetos no lograban
distinguir bien entre la realidad y el papel que desempeñaban y suponen que esto era
consecuencia de la situación; es así ciertamente, pero los experimentadores
integraron este resultado en el experimento En primer lugar, los "presos" estaban
confundidos por diversas circunstancias. Las condiciones que se les pusieron y que
aceptaron por contrato eran drásticamente diferentes de las que hallaron en realidad.
No podían haber supuesto que se hallarían en una atmósfera tan degradante
humillante. Más importante en la creación de confusión es la cooperación de la
policía. Como es sumamente insólito que las autoridades policíacas se presten a
semejantes juegos experimentales, era muy difícil que los presos apreciaran la
diferencia entre realidad y desempeño de un papel. El informe demuestra cómo ni
siquiera sabían que su detención tuviera algo que ver con el experimento, y los
oficiales se negaron a contestar sus preguntas al respecto ¿No hubiera confundido
esto a cualquier persona común y corriente y la hubiera hecho entrar en el
experimento con una sensación de perplejidad, de haber caído en una trampa y de
estar perdida?
¿Por qué no se fueron inmediatamente o al cabo de uno o dos días? Los autores no
nos dicen claramente las condicio nes que se les pusieron a los "presos" para que los
soltaran de la prisión simulada. Al menos yo no hallo ninguna mención de que se les
hiciera saber que podían renunciar si su estancia allí les resultaba intolerable. De
hecho, algunos intentaron escaparse y los guardianes se lo impidieron por la fuerza.
Según parece, se les dio la impresión de que sólo el tribunal de libertad bajo palabra
podía darles el permiso de irse Pero dicen los autores:

Uno de los incidentes más notables del estudio se presentó durante una sesión del
tribunal de libertad bajo palabra en que a cada uno de cinco presos con derecho a
pedirla le preguntó el autor de más edad si estaría dispuesto a renunciar al dinero que
había ganado estando preso si se le dejaba libre bajo palabra (excluido del estudio).
Tres de los cinco presos dijeron que sí, que estaban dispuestos a hacerlo. Nótese que
el incentivo original para la participación en el estudio había sido la promesa de
dinero y que al cabo de sólo cuatro días estaban dispuestos a renunciar por completo a
aquella suma. Y, cosa aún más sorprendente, cuando se les dijo que esa posibilidad

Página 45 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

habría de discutirse con los miembros del mando antes de tomar una decisión, cada
uno de los presos se levantó calladamente y se dejó acompañar por un guardián otra
vez a la celda. Si se consideraban sencillamente "sujetos " participantes en un
experimento por dinero, ya no tenían ningún incentivo para seguir en el estudio, y
fácilmente podían haber escapado a aquella situación, que tan claramente aborrecible
se había vuelto para ellos, marchándose. Pero era tan fuerte el imperio que la
situación había llegado a adquirir sobre ellos, aquel medio simulado se había hecho
tan real, que no podían ver cómo había desaparecido su único y original motivo para
seguir allí, y volvían a sus celdas a esperar la decisión de "libertad bajo palabra" de
sus captores.

¿Podían haber escapado tan fácilmente a la situación'? ¿Por qué no se les dijo en
aquella entrevista que los que quisieran irse podían hacerlo libremente, con tal que
renunciaran al dinero? Si hubieran seguido todavía después de tal anuncio,
ciertamente hubiera estado justificado lo que dicen los autores acerca de su docilidad.
Pero diciendo que "esa posibilidad habría de discutirse con los miembros del mando
antes de tomar una decisión" se les daba la respuesta burocrática clásica que en el
fondo significaba que los presos no tenían el derecho de irse.
¿"Sabían " realmente los presos que todo aquello era un experimento'' Depende del
sentido que se le dé a "saber " y de los efectos que tenga en los procesos mentales de
los presos si desde el principio se había creado intencionalmente la confusión y ya no
podía "saberse" realmente cuál era la verdad y cuál no.
Aparte de la falta de precisión y de evaluación autocrítica de los resultados, el
experimento adolece de otra cosa: el no comparar s resultados con las situaciones
carcelarias reales del mismo tipo. ¿Son la mayoría de los presos en el peor tipo de
prisión norteamericana servilmente dóciles y la mayoría de los guardianes sádicos? Los
autores citan solamente a un ex convicto y un capellán de prisión en prueba de la tesis
de que los resultados de la prisión simulada corresponden a los que suelen hallarse en
las prisiones de verdad. Como se trataba de una cuestión decisiva para la tesis principal
de los experimentos, hubieran debido establecer más comparaciones —por ejemplo
mediante entrevistas sistemáticas con muchos ex prisioneros. Y también, en lugar de
hablar sencillamente de "prisiones" hubieran debido presentar datos más precisos sobre
el porcentaje de prisiones de los Estados Unidos que corresponden al degradante tipo
de prisión que quisieron reproducir.
El no haber los autores contrastado sus conclusiones con una situación real es
particularmente lamentable, ya que hay bastante material disponible acerca de una
situación carcelaria mucho más brutal que la de la peores prisiones norteamericanas:
los campos de concentración de Hitler.
En cuanto a la crueldad espontánea de los SS, la cuestión no ha sido estudiada
sistemáticamente. En mis propios, limitados esfuerzos para : recabar datos acerca de
la incidencia de sadismo espontáneo de los guardianes —o sea de comportamiento
sádico que sobrepase la rutina prescrita y motivado por el goce sádico individual— he
recibido estimaciones de antiguos prisioneros que van de 10 a 90%, y los cálculos
más bajos suelen proceder de los que fueran presos políticos 3 2 . Para determinar los
hechos sería necesario emprender un estudio a fondo del sadismo de los guardianes
en el sistema de campos de concentración de los nazis; para ese estudio podrían
emplearse diversos modos de enfoque. Por ejemplo:

32
Comunicaciones personales de H. Brandt y el profesor H. Simonson —ambos pasaron muchos años en campos de
concentración en calidad de presos políticos— y de otros que prefirieron no ver mencionado su nombre. Cf. también H.
Brandt (1970).

Página 46 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

1. Entrevistas sistemáticas con ex internados en los campos de concentración —


en relación con sus declaraciones acerca de edad, razón de su arresto, duración del
cautiverio y otros datos pertinentes— y entrevistas semejantes con antiguos
guardianes de esos campos 33.
2. Datos "indirectos", como los siguientes: el sistema empleado, al menos en
1939, para "domar" a los nuevos presos durante el largo viaje en tren hasta el campo
de concentración, como infligirles grave dolor físico (palizas, heridas de bayoneta),
hambre, humillaciones extremas. Los guardianes SS ejecutaban esas sádicas órdenes
sin dar la menor señal de piedad. Pero posteriormente, cuando los prisioneros eran
transportados por tren de un campo a otro, nadie tocaba a aquellos para entonces
"viejos" prisioneros. (B. Bettelheim, 1960.) Si los guardianes hubieran querido
divertirse con un comportamiento sádico, ciertamente hubieran podido hacerlo sin
temor al castigo 34. El que esto no ocurriera frecuentemente podría conducir a ciertas
conclusiones acerca del sadismo personal de los guardianes. En cuanto a la actitud
de los presos, los datos obtenidos de los campos de concentración tienden a refutar
la tesis principal de Haney, Banks y Zimbardo, que postula que los valores, la ética y
las convicciones del individuo no modifican en nada la influencia constriñente del
medio. Por el contrario, las diferencias de actitud, respectivamente, de los presos
apolíticos, los de clase media (judíos en su mayoría) y los de convicciones políticas
o religiosas genuinas, o de unas y otras, demuestran que los valores y convicciones
de los prisioneros presentan efectivamente una diferencia crítica en la reacción a las
condiciones de los campos de concentración comunes a todos ellos.
Bruno Bettelheim ha dado un análisis muy vivo y profundo de esta diferencia:

Los presos no políticos de clase media (grupo minoritario en los campos de


concentración) fueron los que menos pudieron resistir el choque inicial. Eran
manifiestamente incapaces de comprender lo que les sucedía y por qué. Más que
nunca se aferraban a lo que hasta entonces les infundiera respeto de sí mismos.
Incluso mientras los estaban maltratando aseguraban a los SS que nunca se habían
opuesto al nazismo. No podían entender por qué ellos, que siempre habían obedecido
a la ley sin hacer preguntas, eran perseguidos. Aun ahora, aunque injustamente
aprisionados, no se atrevían a oponerse a sus opresores ni siquiera en pensamiento,
aunque eso les hubiera proporcionado la dignidad que tanto necesitaban. Todo cuanto
sabían hacer era implorar, y muchos rebajarse. Como la ley y la policía tenían que
estar por encima de todo reproche, aceptaban como justa cualquier cosa que hiciera la
Gestapo. Su única objeción era que ellos se hubieran convertido en objetos de una
persecución que en sí debía ser justa, puesto que la imponían las autoridades.
Racionalizaban su apuro insistiendo en que todo era un "error ". Los SS se burlaban de
ellos, los maltrataban mucho, pero al mismo tiempo saboreaban con ellos escenas que
subrayaban su posición de superioridad. Este grupo [de prisioneros] en su conjunto se
preocupaba en especial por que se respetara de algún modo su condición de clase
media. Lo que más los trastornaba era que los trataran "como vulgares delincuentes ".
Su comportamiento demostraba cuán poco capaz era la clase media apolítica
alemana de hacer frente al nacionalsocialismo. Ninguna filosofía moral, política o
social consistente protegía su integridad ni les daba fuerza para una resistencia
interna al nazismo. Tenían poco o ningún recurso a que acudir cuando eran
sometidos al choque del aprisionamiento. Su estimación de sí mismos se había

33
Sé por el doctor J. M. Steiner que está preparando un estudio para la prensa basado en tales entrevistas; promete
ser una contribución importante.
34
En aquel tiempo, el guardián sólo tenía obligación de informar por escrito cuando había matado a un prisionero.

Página 47 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

basado en una categoría y un respeto fundados en sus posiciones, dependían de su


puesto, de ser jefes de una familia o de factores externos análogos...
Casi todos perdieron sus deseables características de clase media así como su
sentimiento de propiedad y de dignidad. Se hicieron negligentes y aparecieron en ellos en
grado sumo las características más indeseables de su grupo: mezquindad, pugnacidad y
lástima de sí mismos. Muchos estaban deprimidos y agitados y no dejaban de quejarse.
Otros se dedicaron a engañar y robar a sus compañeros. (Robar o engañar a los SS solía
considerarse tan honorable como robar a los demás presos despreciable.) Parecían
incapaces ya de seguir una norma de vida propia y copiaban las de los demás prisioneros.
Algunos seguían el comportamiento de los criminales. Muy pocos de ellos fueron los que
adoptaron las normas de los prisioneros políticos, por lo general las más deseables de
todas, por sospechosas. Otros trataron de hacer en prisión lo que preferían hacer fuera o sea
someterse sin discusión al grupo dominante. Unos cuantos trataron de adherirse a los
presos de clase superior y emular su comportamiento. Muchos más fueron los que trataron
de someterse servilmente a los SS y algunos incluso se hicieron espías de ellos (cosa que
aparte de estos,., pocos sólo algunos criminales hacían). De nada les sirvió, por cierto,
porque la Gestapo gustaba de la traición pero despreciaba al traidor. (B. Bettelheim, 1960.)
Bettelheim ha dado aquí un análisis penetrante del sentido de identidad y dignidad del
miembro corriente de la clase media: su posición social, su prestigio, su poder de mando
son los sustentáculos de su dignidad. Desaparecidos estos puntales, cae moralmente como
un globo desinflado. Bettelheim muestra por qué aquella gente estaba tan desmoralizada y
por qué muchos de ellos se hicieron abyectos esclavos y aun espías de los SS. Un
elemento importante de las causas de esta transformación debe subrayarse, y es que
aquellos prisioneros no políticos no podían entender la situación, no podían comprender
por qué estaban en el campo de concentración, porque eran víctimas de la convencional
creencia de que sólo se castiga a los "criminales" ... y ellos no eran criminales. Esta falta
de conocimiento y la confusión resultante contribuyeron considerablemente a su
desplome.
Los prisioneros políticos y religiosos reaccionaron de modo por completo diferente a
las mismas condiciones.
Para los presos políticos que habían esperado ser perseguidos por los SS, la prisión fue un
golpe menos grave, ya que estaban psíquicamente preparados para recibirlo. Les dolía su
destino, pero lo aceptaban en cierto modo como algo que cuadraba con su modo de
entender la marcha de los acontecimientos. Se preocupaban, como era lógico y
comprensible, por su futuro y lo que podría ocurrir a sus familias y amigos, pero no veían
por qué habían de sentirse degradados por el hecho de su cautividad, aunque padecieran
tanto como los demás en las condiciones del campo.
Como objetores de conciencia, todos los Testigos de Jehová fueron enviados a los
campos. A ellos los afectó aún menos la cautividad y se mantuvieron íntegros gracias a
rígidas creencias religiosas. Siendo su único delito a los ojos de los SS su negativa a portar
armas, con frecuencia les ofrecían la libertad a cambio del servicio militar. La rechazaron
firmemente.
Los miembros de este grupo solían tener perspectivas y experiencias estrechas y
deseaban hacer conversos, pero eran por otra parte camaradas ejemplares, serviciales,
rectos y de fiar. Discutían y aun se peleaban solamente si alguien cuestionaba sus creencias
religiosas. Debido a sus conscientes hábitos de trabajo, con frecuencia los escogían para
capataces. Pero una vez designados y habiendo aceptado una orden de los SS, insistían en
que los presos trabajaran bien y en el tiempo determinado. Aunque eran el único grupo de
prisioneros que nunca injuriaba ni maltrataba a los demás (por el contrario, solían ser muy
corteses con sus compañeros), los oficiales de SS los preferían para ordenanzas por sus

Página 48 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

hábitos de trabajo, sus conocimientos y sus actitudes modestas. Muy al contrario de la


continua guerra intestina entre los otros grupos de prisioneros, los Testigos de Jehová
nunca hicieron mal uso de su proximidad a los oficiales de SS para conquistar posiciones
privilegiadas en el campo. (B. Bettelheim, 1960.)

Aunque la descripción que hace Bettelheim de los prisioneros políticos es muy


incompleta35, de todos modos hace ver claramente que los internados que tenían una
convicción y una fe reaccionaban a las mismas circunstancias de modo completamente
diferente que los prisioneros desprovistos de esas convicciones. Este hecho contradice la
tesis conductista que Haney y otros trataron de demostrar con su experimento.
No tenemos más remedio que plantear la cuestión acerca del valor que puedan tener
esos experimentos "artificiales", habiendo tanto material para experimentos "naturales".
Esta cuestión es tanto más lógica debido a que los experimentos de ese tipo no sólo no
tienen la exactitud que pretenden tener, que los haría preferibles a los experimentos
naturales, sino también porque el artificial escenario tiende a deformar toda la situación
experimental en comparación con una de la "vida real".
¿,Qué significa aquí eso de la "vida real"'?
Quizá valiera más explicar la palabra con unos cuantos ejemplos que con una definición
formal que suscitaría cuestiones filosóficas y epistemológicas cuya discusión nos llevaría
muy lejos de la línea principal de nuestro pensamiento.
En las maniobras militares se declara "muerto" cierto número de soldados y "destruido"
cierto número de cañones y otras armas. Según las reglas del juego lo son, pero eso no
afecta en realidad a las personas ni las cosas; el soldado "muerto " saborea su breve
descanso, y el cañón "destruido" seguirá sirviendo. Lo peor que podría pasarle al bando
perdedor sería que su general en jefe tuviera dificultades para ascender. Es decir: lo que
sucede en las maniobras no afecta en realidad a la mayoría de los que en ellas intervienen.
Los juegos por dinero son otro caso indicado. La mayoría de los que apuestan a las
cartas, la ruleta o las carreras de caballos tienen perfecta conciencia de la línea que
separa el "juego" de la "realidad", y juegan por cantidades cuya pérdida no pueda
afectar seriamente a su situación económica, o sea que no tenga consecuencias graves.
Una minoría, los "jugadores" de verdad, arriesgarán cantidades cuya pérdida
afectaría ciertamente a su situación económica hasta la ruina. Pero el "jugador" no está
"jugando", sino viviendo de una manera muy realista y a menudo dramática. El mismo
concepto de "realidad y juego" puede aplicarse a un deporte como la esgrima, donde
ninguno de los dos participantes se juega la vida. Y si la situación se dispone de modo
que pueda perderla, decimos que es un duelo, no un deporte36.
Si en los experimentos psicológicos los "sujetos" supieran perfectamente que toda
la situación era nada más un juego, todo sería sencillo. Pero en muchos experimentos,
como en el de Milgram, se les informa mal y se les miente; en cuanto al experimento
de la prisión, estuvo organizado de tal modo que la conciencia de que todo era sólo un
experimento se reducía al mínimo o se perdía. El hecho mismo de que muchos de esos
experimentos, para poderse emprender, tengan que recurrir al engaño pone de
manifiesto su peculiar falta de realidad; el sentido de la realidad de los participantes se
trastorna y su capacidad de juicio crítico se reduce mucho 3 7 .
35
Para una descripción mucho más completa véase 1 .1 . B r a n d t ( 1971).
36
M. Maccoby ha corroborado mi conciencia de la dinámica de la actitud "juego" con sus estudios sobre la importancia
de esa actitud en el carácter social de los norteamericanos. (M. Maccoby, próxima publicación. Cf. también M.
Maccoby, 1972.)
37
Esto nos recuerda un rasgo esencial de los anuncios de TV, en que se crea una atmósfera que hace borrosa la
diferencia entre fantasía y realidad y que se presta a la influencia sugestiva del "mensaje". El televidente "sabe" que el
empleo de cierto jabón no producirá un cambio milagroso en su vida, pero al mismo tiempo, otra parte de él, lo cree. En

Página 49 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

En la "vida real", las personas saben que su comportamiento tendrá consecuencias.


Una persona puede tener la fantasía de matar a alguien, pero raramente pasa de la
fantasía al hecho. Muchos manifiestan esas fantasías en sueños porque en el estado de
sueño las fantasías no tienen consecuencias. Los experimentos en que los sujetos no
tienen el cabal sentido de la realidad pueden ocasionar reacciones que representen
tendencias inconscientes pero no muestren cómo obraría el sujeto en la realidad 38. Es
de importancia decisiva también por otra razón el que un evento sea realidad o juego.
Es bien sabido que un peligro real tiende a movilizar la "energía de emergencia" para
hacerle frente, a menudo en grado tal que la misma persona no hubiera creído tener la
fuerza física, la destreza o la resistencia necesarias. Pero esta energía de emergencia se
moviliza sólo cuando el organismo entero se encuentra frente a un peligro real y por
razones neurofisiológicas potísimas; los peligros con que se sueña despierto no
estimulan el organismo de ese modo y sólo producen temor y preocupación. El mismo
principio es cierto no sólo para las reacciones de emergencia frente al peligro sino
para la diferencia entre fantasía y realidad en muchos otros respectos, como por
ejemplo la movilización de inhibiciones morales y reacciones de conciencia que no se
presentan cuando se siente que la situación no es real.
Además, debe tornarse en cuenta en los experimentos de laboratorio de ese tipo, el
papel del experimentador, que preside una realidad ficticia creada y regida por él. En
cierto modo es él quien representa la realidad para el sujeto y por esa razón su
influencia es hipnoide, afín a la del hipnotizador respecto de su sujeto. El
experimentador exonera al sujeto hasta cierto punto de su responsabilidad y de su
propia voluntad y de ahí que lo tenga mucho más dispuesto a obedecer a las reglas que
en una situación no hipnoide.
Finalmente, la diferencia entre los prisioneros simulados y los reales es tan grande
que resulta virtualmente imposible trazar analogías válidas de la observación de los
primeros. Para un preso que ha sido enviado a la cárcel por cierta acción, la situación
es muy real: conoce las razones (el que el castigo sea o no justo es otro asunto); sabe
que no puede hacer gran cosa y que tiene pocos derechos, así como las probabilidades
que pueda tener de que lo suelten pronto. El que un hombre sepa que deberá estar en
una prisión (aun en las peores condiciones) dos semanas, dos meses o dos años es
evidentemente un factor decisivo, que influye en su actitud. Este factor solo es crítico
para su desesperanza, su desmoralización y a veces (pero excepcionalmente) para la
movilización de nuevas energías . . . con fines benignos o malignos. Además, un
prisionero no es "un prisionero". Los prisioneros son individuos y reaccionan
individualmente según las diferencias de sus respectivas estructuras de carácter. Pero
esto no entraña que su reacción sea solamente una función de su carácter y no del
medio. Es sencillamente ingenuo suponer que debe de ser así o asa. El complejo y
apasionante problema de cada individuo (y cada grupo) está en averiguar cuál es la
interacción específica entre una estructura de carácter dada y una. estructura social
dada. Es en este punto donde empieza la verdadera investigación y sólo la acabaría
el suponer que la situación es el único factor que explica el comportamiento humano.

LA TEORIA DF AGRESIÓN Y FRUSTRACIÓN

lugar de decidir qué es lo real y qué la ficción, sigue pensando en la media luz de la no diferenciación entre ilusión y
realidad.
38
Por esta razón, un sueño asesino ocasional sólo permite la afirmación cualitativa de que se tienen esos impulsos,
pero nada cuantitativo acerca de su intensidad. Sólo su frecuente recurrencia permitiría también un análisis cuanti-
tativo.

Página 50 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Hay otros muchos estudios de la agresión orientados de modo conductista 39, pero
ninguno presenta una teoría general de los orígenes de la agresión y la violencia, a
excepción de la teoría de frustración y agresión expuesta por J. Dollard et al. (1939),
que pretenden haber hallado la causa de toda agresión, y más concretamente, que "la
presencia de comportamiento agresivo siempre presupone la existencia de frustración
y a la inversa; la existencia de frustración siempre conduce a alguna forma de
agresión". (J. Dollard et al., 1939.) Dos años después, uno de los autores, N. F. Miller,
abandonó la segunda parte de la hipótesis y concedió que la frustración podía
provocar cierto número de reacciones de diferentes tipos, de los cuales sólo uno era
agresión. (N. E. Miller, 1941.)
Según Buss, esta teoría la aceptaron prácticamente todos los psicólogos, con unas
pocas excepciones. Buss mismo llega a la conclusión crítica de que "el énfasis en la
frustración ha hecho desdichadamente desatender la otra gran clase de antecedentes
(estímulos nocivos), así como la agresión en tanto que respuesta instrumental. La
frustración es sólo un antecedente de la agresión, y no el más poderoso. (A. H. Buss.
1961.)
Nos es imposible examinar a fondo la teoría de agresión y frustración dentro del
marco de este libro, debido a la extensión de la literatura que sería necesario tratar 40.
En lo que sigue me limitaré a unos cuantos puntos fundamentales.
Afea grandemente la simplicidad de la formulación original de esta teoría la
ambigüedad de lo que se entiende por frustración. Básicamente, la palabra se puede
entender con dos significados: a] la interrupción de una actividad que avanza y se
dirige hacia un objetivo. (Por ejemplo, un niño con la mano metida en el tarro de las
galletas cuando entra la madre y le hace detenerse, o una persona sexualmente
excitada interrumpida en el acto del coito.) h] Frustración en forma de negación de un
deseo –"privación" según Buss. (Por ejemplo, el niño pide a la madre una galleta y
ella se la niega, o un hombre hace proposiciones a una mujer y es rechazado.)
Una de las razones de que la palabra "frustración" resulte ambigua es que Dollard
y sus colaboradores no se expresaron con la debida claridad. Otra razón es
probablemente que la palabra "frustración" suele emplearse en el segundo sentido, y
que el pensamiento psicoanalítico también ha contribuido a ese empleo. (Por ejemplo,
la madre "frustra" el deseo de amor de un hijo.)
Según el significado de la frustración, nos hallamos ante dos teorías enteramente
diferentes. La frustración en el primer sentido sería relativamente rara porque
requiere que la actividad decidida haya empezado ya. No sería suficientemente
frecuente para explicar toda o una parte considerable de la agresión. Al mismo
tiempo, la explicación de la agresión como resultado de interrumpir una actividad tal
vez fuera la única parte sana de la teoría. Para demostrarlo o refutarlo serían de valor
decisivo nuevos datos neurofisiológicos.
Por otra parte, la teoría que se basa en el segundo significado de la frustración no
parece resistir al peso de las pruebas empíricas. Ante todo, podríamos considerar un
hecho fundamental de la vida: que nada importante se logra sin aceptar la frustración.
La idea de que se puede aprender sin esfuerzo, o sea sin frustración, será buena para
anunciar algo, pero ciertamente no es verdad cuando se trata de adquirir
conocimientos importantes. Sin la capacidad de aceptar la frustración, el hombre
apenas hubiera podido progresar. Y ¿no vemos todos los días gente que padece
frustraciones sin reacción agresiva? Lo que puede producir, y con frecuencia produce,
39
Cf. una excelente revisión de los estudios psicológicos sobre la violencia (F. I. Megargec, 1969).
40
Entre los estudios más importantes sobre la teoría de frustración y agresión mencionar, aparte de la obra de
A. II. Buss, está frustration-aggression hypothesis revisited (1969), de L. Berkowitz. Aunque crítica, la obra de
Berkowitz es en su conjunto positiva, y cita cierto número de los experimentos más recientes.

Página 51 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

la agresión es lo que la frustración significa para la persona, y el significado


psicológico de la frustración difiere según la constelación total en que la frustración
ocurre.
Si por ejemplo se le prohíbe a un niño que coma dulces, esta frustración, con tal
que la actitud parental sea genuinamente amorosa y exenta del placer de mandar, no
movilizará agresión; pero si esa prohibición es sólo una de muchas manifestaciones
del deseo parental de mandar, o si por ejemplo se le permite que los coma a algún
hermano, es probable que se produzca bastante enojo. Lo que produce la agresión . no
es la frustración en sí sino la injusticia o el rechazo que entrañe la situación.
El factor más importante para determinar la ocurrencia e intensidad de la
frustración es el carácter de la persona. Una persona muy voraz, por ejemplo,
reaccionará con cólera si no obtiene todo el alimento que quisiera, y una persona
tacaña lo hará si se frustra su deseo de comprar algo barato; la persona narcisista se
siente frustrada cuando no le tributan las alabanzas y el reconocimiento que esperaba.
El carácter de la persona determina en primer lugar lo que la frustrará y en segundo
lugar la intensidad de su reacción a la frustración.
Aunque son valiosos muchos de los estudios psicológicos de orientación conductista
en función de sus propios fines, no han conducido a la formulación de una hipótesis
global acerca de las causas de la agresión violenta. "En pocos de los estudios que
hemos examinado —concluye Megargee en su excelente examen de la literatura
psicológica— se intentó poner a prueba las teorías sobre la violencia humana. Los
estudios empíricos que se dedicaron a la violencia en general no estaban destinados 1
a probar teorías. Las investigaciones enfocadas sobre importantes cuestiones de teoría
por lo general estudiaron el comportamiento agresivo menos fuerte o se aplicaron a
sujetos infrahumanos." (E. I. Megargee, 1969. 1 Subrayado mío.) Tomando en cuenta la
excelencia de los investigadores,' los medios puestos a su disposición y el número de
estudiosos que ansían . sobresalir en la labor científica, estos escasos resultados
parecen confirmar la suposición de que la psicología conductista no se presta a la
creación de una teoría sistemática acerca de las fuentes de la agresión violenta.

INSTINTIVISMO Y CONDUCTISMO: DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS

UN TERRENO COMÚN

El hombre de los instintivistas vive el pasado de la especie, y el de los conductistas vive el


presente de su sistema social. El primero es una máquina que sólo puede producir pautas
heredadas del pasado; el segundo es una máquina41 que sólo puede producir las normas
sociales del presente. Instintivismo y conductismo tienen en común una premisa básica:
que el hombre no tiene psique con estructura y leyes propias.
Para el instintivismo en el sentido de Lorenz vale lo mismo; esto lo ha formulado en
forma muy radical uno de los antiguos discípulos de Lorenz: Paul Leyhausen. Critica éste
a aquellos psicólogos de lo humano (Humanpsychologen) que pretenden que todo lo
psíquico puede explicarse sólo psicológicamente, o sea basándose en los procesos
psicológicos. (El "sólo" es una ligera distorsión de esa posición para argumentar mejor.)
Leyhausen afirma que, por el contrario, "cuando no hallamos con certeza en ninguna parte
41
En H. von Foerster en el sentido de la "máquina trivial" de (1970).

Página 52 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

la explicación de los hechos y la vida de la mente, es que esa explicación está en lo


psíquico propiamente dicho; por la misma razón precisamente que no hallamos la
explicación de la digestión en los procesos digestivos sino en aquellas condiciones
ecológicas que hace cosa de mil millones de años expusieron muchos organismos a una
presión selectiva que, en lugar de seguir con la asimilación sola de las materias nutritivas
inorgánicas, les obligó a incorporarse también las de naturaleza orgánica. Los procesos
psíquicos nacieron asimismo bajo la presión selectiva, tienen un valor de conservación de
la vida y la especie y su explicación está, en todos los respectos, en algo anterior a ellos."
(K. Lorenz, P. Leyhausen, 1968) 4 2 . Dicho con un lenguaje más sencillo, sostiene
Leyhausen que sólo se pueden explicar los datos psicológicos por el proceso de la
evolución. El punto clave es aquí saber lo que él entiende por "explicar". Si, por ejemplo,
uno desea saber cómo es posible el efecto del miedo en tanto que consecuencia de la
evolución del cerebro desde los animales inferiores hasta los superiores, la tarea
corresponde a los científicos que investigan la evolución del cerebro. Pero si queremos
explicar por qué una persona tiene miedo, los datos relativos a la evolución no
aportarán gran cosa a la respuesta; la explicación tiene que ser esencialmente de
índole psicológica. Tal vez amenaza a la persona un enemigo más fuerte, o tiene que
luchar con su propia agresión reprimida, o padece de una sensación de impotencia, o
un elemento paranoide le hace sentirse perseguida, o ... otros muchos factores que
solos o juntos podrían explicar su miedo. Querer explicar el miedo de una persona en
particular por un proceso evolutivo es francamente fútil.
La premisa de Leyhausen, de que el único modo de enfocar el estudio de los
fenómenos humanos es el evolutivo, significa que comprendemos los procesos
psíquicos del hombre exclusivamente sabiendo cómo por el proceso de la evolución
llegó a ser lo que es. Parecidamente indica que los procesos digestivos han de ser
explicados en función de las condiciones reinantes hace millones de años. ¿Podría un
médico dedicado a los trastornos del tubo digestivo aliviar a su paciente
preocupándose por la evolución de la digestión en lugar de estudiar las causas de ese
síntoma particular en ese paciente particular? Para Leyhausen, la única ciencia es la
de la evolución, que absorbe todas las demás ciencias que estudian el hombre. Que yo
sepa, Lorenz jamás formuló este principio de manera tan drástica, pero su teoría se
basa en la misma premisa, y dice que el hombre se comprende a sí mismo sólo y
s u f i c i e n t e m e n t e s i comprende los procesos de la evolución en virtud de los cuales
se hizo lo que hoy es43.
A pesar de las grandes diferencias entre la teoría instintivista y la conductista,
tienen una orientación básica común. Ambas excluyen a la persona, el hombre que se
comporta, del campo de su visión. Sea el hombre producto del condicionamiento, sea
de la evolución animal, lo determinan exclusivamente las condiciones exteriores a él
mismo; no tiene parte en su propia vida, ni responsabilidad, ni siquiera un asomo de
libertad. El hombre es un muñeco, una marioneta movida por hilos: instinto o
condicionamiento.

OPINIONES MÁS RECIENTES

42
El trozo citado por Fromm, se halla en la p. 6 de Biología d e l comportamiento (raíces instintivas d e l a agresión, e l
miedo y l a libertad), por K. Lorenz y P. Leyhausen, Siglo XX1, 1971. [T.]
43
La posición de Lorenz y Leyhausen tiene su paralelo en una forma distorsionada de psicoanálisis según la cual
éste equivale a entender la historia del paciente sin necesidad de entender la dinámica del proceso psíquico tal y como
es en la realidad.

Página 53 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

A pesar —o quizá. a causa— del hecho de que instintivistas y conductistas tengan


ciertas semejanzas en su modo de ver el hombre y en su orientación filosófica, se han
combatido mutuamente con notable fanatismo. "Natura o alimentación", "instinto o
medio ambiente" se hicieron banderas en torno a las cuales se juntaron los de cada
bando, negándose a ver ningún terreno común.
En años recientes ha habido una creciente tendencia a superar las aristadas
alternativas de la guerra entre instintivistas y conductistas. Una solución posible era
cambiar la terminología; algunos propendían a reservar la palabra "instinto" para los
animales inferiores y hablar en cambio de "pulsiones orgánicas" cuando se tratara de
las motivaciones humanas. De este modo algunos idearon formulaciones como la de
que "la mayor parte del comportamiento del hombre es aprendida, mientras la mayor
parte del comportamiento de una ave no es aprendida". (W. C. Alee, H. W. Nissen,
M. F. Nimkoff, 1953.) Esta última formulación es característica de la nueva
tendencia a remplazar la antigua formulación de "esto o esto otro" por una de "más o
menos", tomando así en cuenta el cambio gradual en la importancia de los factores
respectivos. El modelo para este modo de ver es un continuo en uno de cuyos
extremos está la determinación innata (casi) total y en el otro el aprendizaje (casi)
total.
F. A. Beach, destacado contrario de la teoría instintivista, escribe:

Una debilidad quizá más grave en el actual tratamiento psicológico del instinto está
en el supuesto de que es adecuado un sistema de dos clases para clasificar el
comportamiento complejo. La implicación de que todo comportamiento debe ser
determinado por el aprendizaje o la herencia, ambos sólo parcialmente entendidos, es
enteramente injustificada. La forma final de cualquier respuesta es afectada por una
multiplicidad de variables, de las cuales sólo dos son factores genéticos y
experienciales. Es a la identificación y el análisis de todos estos factores a donde
debiera dirigirse la psicología. Con esta tarea debidamente concebida y ejecutada no
habrá necesidad ni razón para conceptos ambiguos del comportamiento instintivo. (F.
A. Beach, 1955.)
Con vena semejante escriben N. R. F. Maier y T. C. Schneirla:
Dado que el aprendizaje desempeña un papel más importante en el comportamiento
de los seres superiores que en el de los inferiores, las pautas de comportamiento
determinadas nativamente de los seres superiores son mucho más modificadas por la
experiencia que las de los seres inferiores. Mediante esta modificación, el animal
puede adaptarse a diferentes medios y librarse de los estrechos lazos que le impone
la condición óptima Por eso, los seres superiores dependen menos para su
supervivencia de las condiciones ambientales específicas externas que las formas
inferiores.
A causa de la acción recíproca de los factores adquiridos y los innatos en el modo de
comportarse es imposible clasificar muchas pautas de comportamiento. Cada tipo de
comportamiento debe investigarse por separado. (N. R. F. Maier y T. C. Schneirla,
1964.)

La posición adoptada en este libro es en algunos respectos parecida a la de los autores


que acabamos de mencionar y otros que se niegan a seguir la pelea bajo la bandera de
los "instintos" o del "aprendizaje". Pero, como veremos en la tercera parte, el
problema más importante desde el punto de vista de este estudio es la diferencia entre
las "pulsiones orgánicas" (alimento, lucha, huida, sexualidad —anteriormente
llamadas "instintos"), cuya función es garantizar la supervivencia del individuo y de

Página 54 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

la especie, y las "pulsiones no orgánicas " (pasiones radicadas en el carácter) 44, no pro-
gramadas filogenéticamente y no comunes a todos los hombres: el deseo de amor y
libertad; la destructividad, el narcisismo, el sadismo, el masoquismo.
Con frecuencia, esas pulsiones no orgánicas que forman la segunda naturaleza del
hombre se confunden con las pulsiones orgánicas. Por ejemplo, en el caso del impulso
sexual. Es una observación psicoanalíticamente bien establecida que a menudo la
intensidad de lo que se siente subjetivamente como deseo sexual (incluso sus
manifestaciones fisiológicas correspondientes) se debe a pasiones no sexuales, como
el narcisismo, el sadismo, el masoquismo, la ambición de poder y aun la ansiedad, la
soledad y el tedio.
Para un varón narcisista, por ejemplo, la vista de una mujer puede ser sexualmente
excitante, porque le excita la posibilidad de probarse a sí mismo cuán atractivo es. O
una persona sádica puede excitarse sexualmente ante la oportunidad de conquistar a
una mujer (o un hombre, como podría ser el caso) y dominarla. Muchas personas
están unidas emocionalmente durante años por ese solo motivo, sobre todo cuando al
sadismo de la una corresponde el masoquismo de la otra. Es bastante conocido que la
fama, el poder y la riqueza hacen a quien los posee sexualmente atractivo si reúne
ciertas condiciones físicas. En todos estos casos movilizan el deseo físico pasiones no
sexuales que así se satisfacen. Podríamos con razón preguntarnos cuántos niños deben
su existencia a la vanidad, el sadismo y el masoquismo en lugar de deberla a una
atracción física genuina, no hablemos ya de amor. Pero la gente, sobre todo los
hombres, prefiere creer que es "archisexuada" y no "archivana" 45.
El mismo fenómeno se ha estudiado con toda detención clínicamente en casos de
comer compulsivo. Este síntoma no es motivado por hambre "fisiológica" sino
"psíquica", engendrada por la sensación de estar deprimido, ansioso, "vacío".
Es mi tesis —a demostrar en los capítulos siguientes— que la destructividad y la
crueldad no son pulsiones instintivas sino pasiones radicadas en la existencia total del
hombre. Son uno de los modos de que la vida tenga sentido, y no podrían hallarse en
el animal porque por su índole misma radican en la "condición humana". El error
principal de Lorenz y otros instintivistas es haber confundido los dos tipos de
pulsión: la que radica en el instinto y la que radica en el carácter. Una persona sádica
que espera la ocasión, como suele suceder, de expresar su sadismo, parece concordar
con el modelo hidráulico del instinto acumulado. Pero sólo las personas de carácter
sádico esperan la ocasión de portarse sádicamente, de igual manera que las personas
de carácter afectuoso esperan la ocasión de manifestar su afecto.

ANTECEDENTES POLITICOS Y SOCIALES DE AMBAS TEORÍAS

Es instructivo examinar con cierto detenimiento los antecedentes sociales y políticos


de la guerra entre ambientalistas y conductistas.
La teoría ambientalista se caracteriza por el espíritu de la revolución política de la
clase media en el siglo XVIII contra los privilegios feudales. El feudalismo se había
basado en el supuesto de que su orden era natural; en la batalla contra este orden
"natural", que la clase media quería derribar, había tendencia a llegar a la teoría de
que la condición de una persona no dependía para nada de factores innatos o naturales
sino enteramente de convenios sociales, cuyo mejoramiento realizaría la revolución.
44
"No orgánicas", naturalmente, no significa que no tengan un subestrato neurofisiológico, sino que no son iniciadas
por las necesidades orgánicas ni les sirven.
45
Esto es particularmente evidente en el fenómeno del machismo, la virtud de la virilidad. (A. Aramoni, 1965: cf.
también F. Fromm y M. Maccoby, 1970.)

Página 55 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Ningún vicio ni estupidez había de explicarse como propio de la misma naturaleza


humana, sino de la mala o defectuosa organización de la sociedad; de ahí que nada se
opusiera a un optimismo absoluto en cuanto al porvenir del hombre.
Mientras la teoría ambientalista o del medio estaba así estrechamente relacionada
con las esperanzas revolucionarias de la clase media naciente en el siglo XVIII, el
movimiento instintivista basado en las enseñanzas de Darwin refleja la asunción
básica del capitalismo decimonónico. El capitalismo, sistema en que la armonía se
crea por la competencia despiadada entre todos los individuos, parecería un orden
natural si se pudiera probar que el hombre, fenómeno el más complejo y notable, es
producto de la despiadada competición entre todos los seres vivos desde que apareció
la vida. La evolución de los seres vivos desde los organismos monocelulares hasta el
hombre sería el ejemplo más estupendo de la libre empresa, en que el mejor ganaba
por la competencia y los no aptos para la supervivencia en el sistema económico en
progreso eran eliminados 46.

Las razones para la victoriosa revolución antiinstintivista acaudillada por K.


Dunlap, Zing Yang Kuo y L. Bernard en la década de 1920-1930 pueden verse en la
diferencia entre el capitalismo del siglo XX y el del XIX. Sólo mencionaré unos
cuantos puntos de diferencia que hacen al caso. El capitalismo del XIX era de feroz
competencia entre los capitalistas y condujo a la eliminación de los más débiles e
ineficientes de ellos. En el capitalismo del siglo XX, el elemento competencia ha
cedido algo en favor de la cooperación entre las grandes empresas. Entonces ya no se
necesitaba la prueba de que la competencia feroz correspondía a una ley de la
naturaleza. Otro punto de diferencia importante está en el cambio de métodos de
mando. En el capitalismo decimonónico, el poder se basaba en gran parte en el
ejercicio de principios patriarcales estrictos, apoyados moralmente por la autoridad de
Dios y del rey. El capitalismo cibernético, con sus empresas centralizadas gigantescas
y su capacidad de dar a los trabajadores pan y entretenimiento, puede dominar por la
manipulación psicológica y la ingeniería humana. Necesita un hombre muy maleable
y fácil de influenciar, no uno cuyos "instintos" se controlen mediante el temor a la
autoridad. Finalmente, la sociedad industrial contemporánea ve el objeto de la vida de
modo diferente que la del siglo pasado. Entonces era el ideal —al menos para la clase
media— la independencia, la iniciativa privada, el "ser yo el capitán de mi barco".
Pero la visión contemporánea es de consumo ilimitado y de poder ilimitado sobre la
naturaleza. Los hombres se inflaman con el sueño de llegar un día a dominar la
naturaleza por completo y ser, pues, como Dios: ¿por qué, entonces, no podrían
dominar totalmente la naturaleza humana?
Pero si el conductismo expresa el talante del industrialismo decimonónico, ¿cómo
explicar el renacer el instintivismo en las obras de Lorenz y su popularidad entre el
público en general? Como he señalado, una de las razones es el sentimiento de temor
y desesperanza que se apodera de mucha gente al ver que los peligros no cesan de
aumentar y que no se hace nada por evitarlos. Muchos que tenían fe en el progreso y
habían esperado que el destino de la humanidad cambiara radicalmente, en lugar de
analizar con todo cuidado los procesos sociales que han causado su decepción se
están refugiando en la explicación de que la responsable de ese fracaso es la
naturaleza del hombre. Finalmente, están también las tendencias personales y
políticas de los autores que se han convertido en portavoces del nuevo instintivismo.

46
Esta interpretación histórica no tiene nada que ver con la validez de la teoría de Darwin, aunque tal vez sí con el
desdén por algunos hechos, como el papel de la cooperación, y con la popularización de la teoría.

Página 56 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Algunos escritores de este campo sólo tienen una vaga idea de las implicaciones
políticas y filosóficas de sus teorías respectivas. Tampoco han merecido mucha
atención de los comentaristas de esas teorías las relaciones de ese tipo. Pero hay
excepciones. N. Pastore (1949) comparaba las opiniones sociopolíticas de
veinticuatro psicólogos, biólogos y sociólogos en relación con el problema de
naturaleza v alimentación. Entre los doce "liberales" o radicales, once eran
ambientalistas y uno hereditarista:
entre los doce "conservadores", once eran hereditaristas y uno ambientalista. Aun
considerando el pequeño número de personas comparadas, el resultado es muy
revelador.
Otros autores tienen conciencia de las implicaciones emocionales, pero casi por lo
general de las hipótesis de sus contrarios exclusivamente. Un buen ejemplo de esta
conciencia parcial es lo que declara uno de los representantes más distinguidos del
psicoanálisis ortodoxo, R. Waelder:
Me refiero a un grupo de críticos que fueron marxistas declarados o por lo menos
pertenecían a esa rama de la tradición liberal occidental de que fue vástago el propio
marxismo, o sea esa escuela de pensamiento que creía apasionadamente que el
hombre es "bueno" por naturaleza y que cualesquiera males y dolencias que se
adviertan en los asuntos humanos, se deben a las instituciones corrompidas . . . quizá
a la institución de la propiedad privada o, en una versión más reciente y moderada, a
la llamada "cultura neurótica" .. .
Pero ya sea evolucionista o revolucionario, moderado o radical, o de vía estrecha,
nadie de los que creen en la bondad del hombre y en la responsabilidad exclusiva de
las causas externas para el sufrimiento humano podía evitar que le conturbara la
teoría de un instinto de destrucción o de muerte. Porque si esta teoría es cierta, las
potencialidades de conflicto y padecimiento son inherentes a las cosas humanas y los
intentos de abolir o mitigar el sufrimiento parecen si no empresas desesperadas, por
lo menos mucho más complicadas de lo que se imaginaran los revolucionarios
sociales. (R. Waelder. 1956.)
Aunque las observaciones de Waelder son penetrantes, es notable el que sólo vea las
deformaciones tendenciosas de los antiinstintivistas y no las de quienes comparten su
propia posición.

EL MODO PSICOANALÍTICO DE COMPRENDER LA AGRESIÓN

¿Ofrece el psicoanálisis un método para entender la agresión que evite los defectos
tanto del modo de ver conductista como del instintivista? A primera vista, parece
como que el psicoanálisis no únicamente ha evitado esos defectos sino que en
realidad está afligido de una combinación de unos y otros. La doctrina psicoanalista
es al mismo tiempo instintivista 47 en sus conceptos teóricos generales y ambientalista
en su orientación terapéutica.
Es demasiado conocido para necesitar justificación el hecho de que la teoría
freudiana 48 es instintivista y explica el comportamiento humano como consecuencia
de la lucha entre el instinto de la autoconservación y el instinto sexual (y en su teoría
47
Freud emplea la palabra Trieb, que suele traducirse por "instinto" y se refiere al instinto en un sentido amplio,
como una pulsión radicada somáticamente, un comportamiento consumatorio impulsor pero no estrictamente
determinante.
48
En el apéndice se hallará un análisis detallado del desarrollo de la teoría freudiana de agresión.

Página 57 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

posterior entre el instinto de vida y el de muerte). También puede reconocerse


fácilmente el sistema ambientalista si se considera que la terapia analítica intenta
explicar la evolución de una persona por medio de la constelación ambiental
específica de la infancia, o sea el influjo de la familia. Pero este aspecto se concilia
con el instintivismo suponiendo que la influencia modificadora del medio ambiente se
produce por medio de la influencia de la estructura libidinosa.
Pero en la práctica los pacientes, el público y con frecuencia los mismos analistas
sólo reconocen de labios afuera las vicisitudes específicas de los instintos sexuales
(muy a menudo estas vicisitudes se reconstituyen sobre la base de "pruebas" que en sí
suelen ser una construcción basada en el sistema de las expectaciones teóricas) y
adoptan una posición totalmente ambientalista. Es su axioma que todo fenómeno
negativo en el paciente ha de entenderse como resultado de influencias dañinas en la
primera infancia. Esto ha llevado a veces a una autoacusación irracional por parte de
los padres, que se sienten culpables de cualquier rasgo patológico o indeseable
aparecido en el niño después del nacimiento, y a una tendencia de las personas en
análisis a echar la culpa de todos sus problemas a los padres y a evitar el
enfrentamiento con el problema de su propia responsabilidad.
A la vista de todo esto parecería legítimo que los psicólogos clasificaran el
psicoanálisis en tanto que teoría en la categoría de las teorías instintivistas, y así su
argumentación contra Lorenz es eo ipso una argumentación contra el psicoanálisis.
Pero aquí se necesita cautela. Se trata de averiguar cómo debe definirse el
psicoanálisis. ¿Es la suma total de las teorías de Freud o podemos distinguir entre las
partes originales y creadoras de su sistema por una parte y las accidentales y
condicionadas por el tiempo por la otra, distinción que puede hacerse en la obra de
todos los grandes pioneros del pensamiento? Si es legítima esta distinción, debemos
preguntarnos si la teoría de la libido pertenece al meollo de la obra freudiana o si es
sólo la forma en que organizó sus nuevas ideas, porque no había otro modo de pensar
y expresar sus fundamentales descubrimientos, dado su medio filosófico y científico.
(E. Fromm, 1970a.)
Freud nunca dijo que la teoría de la libido fuera una certidumbre científica. La
llamaba "nuestra mitología" y la remplazó por la teoría de los "instintos" de Eros y de
muerte. Es igualmente significativo que definiera el psicoanálisis como una teoría
basada en la resistencia y la transferencia —y por omisión, no en la teoría de la
libido.
Pero tal vez más importante que las propias declaraciones de Freud sea tener
presente lo que dio a sus descubrimientos su singular importancia histórica.
Seguramente no pudo haber sido la teoría instintivista en sí. porque las teorías del
instinto habían sido ya muy conocidas desde el siglo XIX. El que él aislara el instinto
sexual como fuente de todas las pasiones (aparte del instinto de autoconservación) era,
naturalmente, nuevo y revolucionario en una época todavía regida por la moral de la
clase media victoriana. Pero incluso esta versión especial de la teoría de los instintos
probablemente no hubiera producido un impacto tan fuerte y duradero. Yo creo que lo
que dio a Freud su importancia histórica fue el descubrimiento de los procesos
inconscientes, no filosófica ni especulativa sino empíricamente, como lo demostró en
algunas de sus historias de casos y sobre todo en su obra fundamental, La
interpretación de los sueños (1900). Si puede demostrarse, por ejemplo, que un hombre
concienzudo y conscientemente pacífico tiene potentes impulsos de matar, es una
cuestión secundaria el que uno explique esos impulsos como derivados de su odio
"edípico" contra el padre, como una manifestación del instinto de muerte, como
consecuencia de su narcisismo herido, o por otras razones. La revolución de Freud fue

Página 58 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

hacernos reconocer los aspectos inconscientes de la mente humana y la energía que


emplea en reprimir la conciencia de deseos indeseables. Hizo ver que los buenos
deseos no significan nada si encubren intenciones inconscientes; desenmascaró la
deshonestidad "honesta" demostrando que no basta haber tenido conscientemente una
"buena intención". Fue el primer hombre de ciencia que exploró las profundidades, los
abismos del hombre, y a eso se debe que sus ideas impresionaran tanto a los escritores
y artistas de una época en que la mayoría de los psiquiatras todavía se negaban a
tomar en serio sus teorías.
Pero Freud fue aún más allá. No sólo señaló que en el hombre operan fuerzas de
que no tiene conciencia y que las racionalizaciones le protegen de ese conocimiento;
también explicó que esas fuerzas inconscientes estaban integradas en un sistema al
que dio el nombre de "carácter" con un sentido nuevo y dinámico 49.
Freud empezó a desarrollar este concepto en su primer trabajo sobre el "carácter
anal". (S. Freud, 1908.) Señalaba en él que algunos rasgos de la conducta, como la
testarudez, el orden v la parsimonia, se solían encontrar juntos en forma de síndrome
de rasgos. Además, siempre que existía el síndrome, se podían hallar peculiaridades
en la esfera de la enseñanza de la higiene relativa al excusado y en las vicisitudes del
control del esfínter, así como en ciertos rasgos comportamentales relacionados con el
movimiento de los intestinos y las heces fecales. El primer paso de Freud consistió,
pues, en descubrir un síndrome de rasgos de comportamiento y relacionarlos con el
modo de obrar el nido (en parte en reacción a ciertas exigencias de quienes lo
educaban) en el campo de los movimientos intestinales. Su magnífico paso creador
fue a continuación relacionar esas dos series de pautas de comportamiento mediante
una consideración teórica basada en un supuesto previo acerca de la evolución de la
libido. Este supuesto consistía en que durante una fase temprana del desarrollo
infantil, después de haber dejado la boca de ser el principal órgano de satisfacción y
placer, el ano se convierte en una importante zona erógena y muchos deseos
libidinales giran en torno al proceso de retención y evacuación de los excrementos. Su
conclusión fue explicar el síndrome de rasgos comportamentales como sublimación
de, o formación de reacción contra. la satisfacción libidinosa o la frustración de la
analidad. Se entendía que la testarudez v la parsimonia eran la sublimación de la
negativa primera a renunciar al placer de retener las heces; y el orden era la
formación de reacción contra el deseo original del infante de evacuar siempre que le
viniera en gana. Freud demostró que los tres rasgos originales del síndrome, que hasta
entonces parecían no tener ninguna relación entre sí, formaban parte de una estructura
o sistema porque todos tenían su origen en la misma fuente de la libido anal que se
manifiesta en esos rasgos, sea directamente, sea por formación de reacción o por
sublimación. De este modo, Freud pudo explicar por qué esos rasgos están cargados
de energía y son, efectivamente, muy resistentes al cambio50.
Una de las adiciones más importantes fue el concepto del carácter "oral-sádico"
(que yo llamo carácter aprovechado o explotador). Hay otros conceptos de la
formación de carácter, que dependen de los aspectos que uno desea poner de relieve,
49
La teoría freudiana del carácter puede entenderse más fácilmente sobre la base de la "teoría sistémica'", que
empezó a idear en 1920 y tantos y que ha hecho adelantar el pensamiento en algunas ciencias naturales, como la
biología y la neurofisiología y algunos aspectos de la sociología. El no comprender el pensamiento sistémico bien
pudiera ser la causa de que no se entienda la caracterología de Freud, así como la sociología de Marx, que se basa en
ver la sociedad corto un sistema P . Weiss presentó una teoría sistémica general del comportamiento animal (P.
Weiss. 1925). En dos trabajos recientes ha presentado un cuadro breve y sucinto de su modo de ver la naturaleza del
sistema, que es la mejor introducción que yo conozca al terna. (P. Weiss, 1967. 197(1) Cf. también L. von
Bertalanffy (1968) y C. W. Churchman ( 1 9 68).
50
Rasgos añadidos posteriormente al síndrome original son la limpieza y puntualidad exageradas, que también
han de entenderse corno formaciones de reacción a los impulsos anales originales.

Página 59 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

como el carácter autoritario 51 o despótico (sadomasoquista), el rebelde y


revolucionario, el narcisista y el incestuoso. Estos últimos conceptos, muchos de los
cuales no forman parte del pensamiento psicoanalítico clásico, están relacionados
entre sí y se recubren parcialmente; combinándolos se puede lograr una descripción
aún más completa de determinado carácter.
La explicación teórica de Freud para la estructura del carácter fue la noción de
que la libido (oral, anal, genital) era la fuente que proporcionaba energía a los
diversos rasgos de carácter. Pero aunque descontemos la teoría de la libido, su
descubrimiento no pierde nada de su importancia para la observación clínica de los
síndromes, y el hecho de que los alimenta una fuente común de energía sigue
igualmente cierto. He tratado de demostrar que los síndromes de carácter están
radicados y se alimentan en las formas particulares de relación del individuo con el
resto del mundo v consigo mismo; además, que en tanto el grupo social comparte una
estructura de carácter común ("carácter social"), las condiciones socio-económicas
compartidas por todos los miembros de un grupo moldean el carácter social. (E.
Fromm, 1932, 1936, 1941, 1947, 1970; E. Fromm y M. Maccoby, 1970.)52
La extraordinaria importancia del concepto de carácter está en que trasciende la
antigua dicotomía de instinto y medio. El instinto sexual en el sistema freudiano
debía ser muy maleable y en gran parte lo moldeaban las influencias ambientales. Se
entendía así que el carácter era el resultado de la acción recíproca entre instinto y
medio. Esta nueva posición era posible sólo porque Freud había subsumido todos los
instintos en uno: la sexualidad (aparte del instinto de la propia conservación). Los
muchos instintos que hallamos en las listas de los instintivistas más antiguos eran
relativamente fijos, porque cada motivo de comportamiento se atribuía a un tipo
especial de pulsión innata. Pero en el esquema de Freud, las diferencias entre
diversas fuerzas motivantes se explicaban como consecuencia de la influencia
ambiental sobre la libido. Paradójicamente entonces la ampliación del concepto de
sexualidad permitió a Freud abrir la puerta a la aceptación de las influencias del
medio mucho más allá de lo que era posible para la teoría prefreudiana del instinto.
El amor, la ternura, el sadismo, el masoquismo, la ambición, la curiosidad, la
ansiedad, la, rivalidad y tantos otros impulsos no se atribuían ya cada uno a un
instinto especial sino a la influencia del ambiente (sobre todo a las personas
importantes en la primera infancia), por medio de la libido. Freud siguió
conscientemente leal a la filosofía de sus maestros, pero por medio del supuesto de
un superinstinto trascendió su propio punto de vista instintivista. Verdad es que
todavía puso trabas a su pensamiento con el predominio de la teoría de la libido, y es
hora ya de abandonar para siempre este bagaje instintivo. Lo que quiero subrayar
ahora es que el "instintivismo" de Freud era muy diferente del instintivismo
tradicional, y de hecho era el inicio de su superación.
La descripción dada hasta ahora indica que "el carácter determina el
comportamiento", que el rasgo de carácter, amoroso o destructor, mueve al hombre a
comportarse de cierto modo y que el hombre se siente satisfecho al obrar de acuerdo
51
Creé este concepto en un estudio acerca de los obreros y empleados alemanes II. Fromm, 1936), véase nota al
pie de la p.61; véase también E. Fromm ( 1932. 1941, 1970). T. W. Adorno et al. (1950) trataron en algunos
respectos el tema del estudio anterior sobre el carácter autoritario de obrero; y empleados, pero sin su enfoque
psicoanalítico y el concepto dinámico de carácter.
52
Erik H. Frikson (1964) llegó en la posterior evolución de su teoría a un punto de
vista semejante en forma de "modos" sin subrayar tan fuertemente la diferencia con Freud.
Demostró en relación con los indios yurok que no son las fijaciones libidinales las que
determinan el carácter, y rechaza una parte esencial de la teoría de hi libido en aras de
los factores sociales.

Página 60 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

con su carácter. Ciertamente, el rasgo de carácter nos dice cómo le gustaría obrar a
una persona. Pero debemos añadir una importante modificación: si pudiera.
¿Qué significa este "si pudiera"?
Debemos volver aquí a una de las nociones más fundamentales de Freud: el
concepto del "principio de realidad", basado en el instinto de conservación de sí
mismo, frente al "principio de placer", basado en el instinto sexual. Sea que nos
mueva el instinto sexual o una pasión no sexual en que esté radicado un rasgo de
carácter, el conflicto entre lo que nos gustaría hacer y las necesidades de la propia
conservación sigue siendo crucial. No siempre podemos comportarnos de acuerdo
con la impulsión de nuestras pasiones, porque debemos modificar hasta cierto punto
nuestro comportamiento para conservar la vida. La persona media halla un término
medio entre lo que su carácter le haría desear y lo que tiene que hacer para no
padecer consecuencias más o menos peligrosas. Naturalmente, el grado en que una
persona sigue los dictados de su propia conservación (interés del ego) varía. En un
extremo, los intereses del ego equivalen a cero, como en el mártir o en el matador
fanático. En el otro extremo está el "oportunista", para quien su propio interés
incluye todo cuanto podría hacerle más venturoso, conocido o acomodado. Entre
estos dos extremos se pueden poner todas las personas, caracterizadas por una
mezcla específica de interés propio y de pasiones radicadas en el carácter.
El punto hasta donde una persona reprime sus pasiones depende no sólo de los
factores que lleva dentro sino también de la situación; si ésta cambia, los deseos
reprimidos se hacen conscientes y se ponen por obra. Es así, por ejemplo, para la
persona de carácter sadomasoquista. Todo el mundo conoce esa clase de personas
sumisas ante el patrón y que dominan sádicamente a su esposa y sus hijos. Otro caso
es el cambio de carácter que se produce al cambiar totalmente la situación. El
individuo sádico que tal vez se hiciera pasar por dócil y aun amistoso se convierte en
un demonio en una sociedad terrorista en que el sadismo es más estimado que
deplorado. Otro tal vez reprima el comportamiento sádico en todas las acciones
visibles y lo manifieste en un matiz de expresión del rostro o en alguna observación al
parecer inocente y marginal.
La represión de los rasgos de carácter se produce también en relación con los
más nobles impulsos. A pesar del hecho de que las enseñanzas de Jesús todavía
forman parte de nuestra ideología moral, el hombre que obra de acuerdo con ellas
suele ser considerado tonto o "neurótico": de ahí que muchas personas racionalicen
todavía sus impulsos generosos como si fueran motivados por un interés egoísta.
Estas consideraciones demuestran que en el poder motivante de los rasgos de
carácter influye en grados diversos el interés propio. Implican que el carácter
constituye la principal motivación del comportamiento humano, pero restringida y
modificada por las exigencias del interés propio en las diversas condiciones. La gran
conquista de Freud no es sólo haber descubierto los rasgos de carácter subyacentes en
el comportamiento sino además haber ideado los medios para estudiarlos, como la
interpretación de los sueños, la asociación libre y los lapsus linguae.
Aquí está la diferencia fundamental entre la caracterología conductista y la
psicoanalítica. El condicionamiento opera mediante su atractivo para el interés
egoísta, como el deseo de alimento, seguridad, alabanza, evitación del dolor. En los
animales, el interés del individuo resulta tan fuerte que mediante refuerzos repetidos
y espaciados óptimamente, el interés propio demuestra ser más fuerte que los demás
instintos, como el sexual o la agresión. Naturalmente, el hombre también se conduce
de acuerdo con su interés personal; pero no siempre, y no necesariamente de ese
modo. Con frecuencia actúa de acuerdo con sus pasiones, las más bajas y las más

Página 61 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

nobles, y suele estar dispuesto —y en condiciones de hacerlo— a arriesgar su propio


interés, su fortuna, su libertad y su vida en busca del amor, la verdad y la integridad .
. . o por odio, ambición, sadismo o destructividad. En esta diferencia exactamente
está la razón de que el condicionamiento no pueda ser explicación suficiente del
comportamiento humano.

Resumiendo. Lo que hizo época en los descubrimientos de Freud fue que halló la clave
para entender las fuerzas que componen el sistema del carácter del hombre y sus
contradicciones internas. El descubrimiento de procesos inconscientes y del concepto
dinámico del carácter era radical porque llegaba a las raíces del comportamiento
humano; y era inquietante porque ya nadie podría esconderse detrás de sus buenas
intenciones: y peligroso, porque si todo el mundo supiera todo cuanto pudiera saber de
sí mismo v los demás, la sociedad retemblaría hasta en sus mismos cimientos.
Cuando el psicoanálisis triunfó y se hizo respetable. olvidó su esencia radical y
ostentó lo generalmente aceptable. Conservó aquella parte de lo inconsciente que
Freud había puesto de relieve: las apetencias sexuales. La sociedad de consumo se
deshizo de muchos tabúes victorianos (no por influencia del psicoanálisis sino por
cierto número de razones inherentes a su estructura ). Ya no fue desquiciante el
descubrir uno sus propios deseos incestuosos, el "miedo a la castración " o la "envidia
del pene ". Pero descubrir rasgos de carácter reprimidos como el narcisismo, el
sadismo. la omnipotencia. la sumisión, la enajenación, la indiferencia, la traición
inconsciente a la propia integridad, la índole ilusoria del propio concepto de realidad,
el descubrir todo eso en uno mismo, en la trama social. en los dirigentes que uno
sigue . . . eso es sin duda "dinamita social". Freud sólo trató con un ello instintivo;
esto era perfectamente satisfactorio en un tiempo en que no veía otro modo de
explicar las pasiones humanas sino en términos de instintos. Pero lo que entonces era
revolucionario hoy es convencional. La teoría de los instintos. en lugar de ser
considerada una hipótesis, necesaria en cierto período, se convirtió en corsé de hierro
de la teoría psicoanalítica ortodoxa y entorpeció el ulterior desarrollo de la
comprensión de las pasiones humanas, que había sido el principal interés de Freud.
Por estas razones propongo yo que la clasificación del psicoanálisis corno teoría
"instintivista", correcta en sentido formal, no lo es en relación con la sustancia del
psicoanálisis, que es esencialmente la teoría de los afanes inconscientes, de la
resistencia. la falsificación de la realidad según las propias necesidades y
expectaciones subjetivas ("transferencia "), del carácter y de los conflictos entre
apetencias pasionales incorporadas en rasgos de carácter y las necesidades de la
propia conservación. En este sentido revisado (si bien basado en el meollo de los
descubrimientos freudianos), el enfoque de este libro en materia de agresión y
destructividad humana es psicoanalítico, no instintivista ni conductista.
Un número creciente de psicoanalistas ha abandonado la teoría de la libido freudiana
pero es frecuente que no la hayan remplazado por otro sistema teórico igualmente preciso
y sistemático: los "impulsos" o "pulsiones" que emplean no tienen suficiente agarre ni en la
fisiología, ni en las condiciones de la existencia humana ni en un concepto adecuado de la
sociedad. Con frecuencia se sirven de categorías algo superficiales —por ejemplo la
"competición" de Karen Hornee— no muy diferentes de las "normas culturales" de la
antropología norteamericana. En contraste, cierto número de psicoanalistas —la mayoría
de ellos con influencia de Adolf Meyer— han abandonado la teoría freudiana de la libido
y han ideado lo que me parece uno de los perfeccionamientos más prometedores y
originales del psicoanálisis. Basándose principalmente en su estudio de pacientes
esquizofrénicos llegaron a calar cada vez más hondo en los procesos inconscientes que se

Página 62 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

desarrollan en las relaciones interpersonales. Libres de la influencia restrictiva de la teoría


de la libido, y en particular de los conceptos de id, ego y superego, pueden describir
cabalmente lo que se produce en la relación entre dos personas y dentro de cada una de
ellas en su papel de participante. Entre los representantes descollantes de esta escuela —
además de Adolf Meyer— están. Harry Stack Sullivan, Frieda Fromm-Reichmann y
Theodore Lidz. A mi modo de ver, R. D. Laing ha logrado realizar los análisis más
penetrantes, no sólo porque ha sondeado radicalmente los factores personales y subjetivos
sino porque su estudio de la situación social es igualmente radical y libre de la aceptación
sin crítica de la sociedad actual como algo sano. Aparte de los que he mencionado están
Winnicot, Fairbairn, Balint y Guntrip, entre otros, que representan la evolución del
psicoanálisis y su paso de una teoría y terapia de la frustración y el dominio de los
instintos a "una teoría y terapia que favorezcan el renacer y el desarrollo de una
personalidad auténtica dentro de una relación auténtica". (H. Guntrip, 1971.) En cambio,
la labor de algunos "existencialistas", como L. Binswanger, no tiene descripciones precisas
de los procesos interpersonales, y en lugar de datos clínicos precisos, sólo nociones
filosóficas algo vagas.

SEGUNDA PARTE

Pruebas contra la tesis instintivista

LA NEUROFISIOLOGÍA

El fin que persiguen los capítulos de esta parte es mostrar datos importantes de
neurofisiología, psicología animal, paleontología y antropología que no sustentan la
hipótesis de que el hombre nace dotado de un instinto agresivo espontáneo y
automático.

LA RELACIÓN DE LA PSICOLOGÍA CON LA NEUROFISIOLOGÍA

Antes de entrar en la discusión de los datos neurofisiológicos, es necesario decir


unas cuantas palabras acerca de la relación existente entre la psicología, la ciencia
de la mente, y las neurociencias, las ciencias del cerebro.
Cada ciencia tiene su propia materia de estudio, sus métodos, y la dirección que
toma la determina la aplicabilidad de sus métodos a sus datos. No puede esperarse
que el neurofisiólogo proceda de la manera que sería más deseable para el psicólogo,
o viceversa. Pero sí es de esperar que ambas ciencias estén en estrecho contacto y se

Página 63 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

ayuden mutuamente; esto es posible tan sólo si por ambas partes hay algún
conocimiento elemental que permita al menos a cada una entender el lenguaje de la
otra y apreciar sus descubrimientos fundamentales. Si los estudiosos de ambas
ciencias estuvieran en tan estrecho contacto descubrirían algunos terrenos en que los
descubrimientos de la una pueden relacionarse con los de la otra; tal es el caso, por
ejemplo, en relación con el problema de la agresión defensiva.
No obstante, en la mayoría de los casos, las investigaciones psicológicas y
neurofisiológicas y sus respectivos marcos estructurales están muy aparte y el
neurocientífico no puede actualmente dar satisfacción al deseo del psicólogo de
obtener información referente a cuestiones como la del equivalente neurofisiológico
de pasiones como la destructividad, el sadismo, el masoquismo o el narcisismo 53 , ni
el psicólogo puede ser de gran ayuda al neurofisiólogo. Parece como si cada una de
esas ciencias debiera seguir su propio camino y resolver sus problemas por sí sola hasta
que un día uno tuviera que dar por supuesto que ambas habían adelantado hi suficiente
para poder abordar los mismos problemas con sus diferentes métodos e interrelacionar
sus descubrimientos. Sería seguramente absurdo que cada una de ellas esperara a que la
otra hubiera presentado pruebas positivas o negativas a las hipótesis por ella
formuladas. Mientras una prueba neurofisiológica clara no contradiga la teoría
psicológica, el psicólogo sólo debe tener respecto de sus descubrimientos la cautela
científica normal, con tal que estén basados en la debida observación e interpretación
de los datos.
R. B. Livingston hace las siguientes observaciones a propósito de las relaciones
entre ambas ciencias:

Se establecerá una verdadera unión entre la psicología y la neurofisiología cuando


gran número de científicos sean buenos conocedores de ambas disciplinas. Queda por
ver cuán segura y fructífera será la unión lograda. No obstante, han aparecido nuevos
campos a investigar donde los estudiosos del comportamiento pueden manipular el
cerebro además del medio ambiente y donde los estudiosos del cerebro pueden
aprovechar los conceptos y técnicas conductistas. Muchas de las tradicionales
maneras de identificación de ambos campos se han perdido. Debemos descartar
activamente todo vestigio de provincialismo y todo sentido de jurisdicción y rivalidad
entre estas disciplinas. ¿Contra quién estamos? Sólo contra nuestra propia ignorancia.
A pesar de los progresos recientes, hay todavía relativamente pocos recursos en el
mundo para la investigación básica en psicología y neurofisiología. Los problemas
que requieren solución son ingentes. Sólo podremos llegar al entendimiento
modificando nuestros conceptos actuales. A su vez, éstos están sujetos a cambio sólo
por empresas experimentales y teóricas fértiles en recursos. (R. B. Livingston, 1962.)

Muchas personas piensan equivocadamente, como sugieren algunos relatos para el


público, que los neurofisiólogos han hallado muchas soluciones al problema del
comportamiento humano. En cambio, la mayoría de los expertos en el campo de las
neurociencias tienen una actitud muy diferente. T. H. Bullock, gran conocedor del
sistema nervioso de los invertebrados, el pez eléctrico y los mamíferos marinos
empieza su artículo sobre la evolución del mecanismo neurofisiológico ("Evolution of
neurophysiological mechanism") rechazando "nuestra capacidad de contribuir
53
Esta declaración general necesita puntualización y señalamiento de los intentos del difunto Raúl Hernández
Peón para descubrir el equivalente neurofisiológico de la actividad en el sueño, los estudios neurofisiológicos de
la esquizofrenia y el aburrimiento por R. G. Heath y los intentos de P. D. MacLean de hallar explicaciones
neurofisiológicas a la paranoia K. Pribram ha estudiado (1962) la contribución de Freud a la neurofisiología. Sobre
la importancia de los conocimientos neurológicos de Freud cf. P. Ammacher (1962); cf. también R. R. Holt (1965).

Página 64 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

actualmente de modo fundamental a la verdadera cuestión" y prosigue diciendo que


"en el fondo no tenemos una idea medianamente razonable acerca del mecanismo
neuronal del aprendizaje o del subestrato fisiológico de las pautas instintivas ni de
virtualmente ninguna manifestación conductual compleja". (T. H. Bullock, 1961) 5 4
De modo semejante dice Birger Kaada:
Nuestro conocimiento y nuestros conceptos de la organización neural central de
comportamiento agresivo están limitados por el hecho de que la mayor parte de la
información procede de experimentos con animales y por lo tanto casi no se sabe nada
acerca de la relación del sistema nervioso central con los aspectos "sentimiento" o
"
afectivos" de las emociones. Estamos totalmente reducidos a la observación y el
análisis experimental de los fenómenos expresivos o conductuales y los cambios
corpóreos periféricos registrados objetivamente. Es evidente que ni siquiera estos
procedimientos son totalmente seguros, y a pesar de vastos esfuerzos de investigación
es difícil interpretar el comportamiento sobre la base de estos indicios solamente. (B.
Kaada, 1967.)
Uno de los más destacados neurocientíficos, W. Penfield, llega a la misma
conclusión:
Los que esperan dar solución al problema de la neurofisiología de la mente son como
personas al pie de la montaña; de pie en los claros que hicieron en las estribaciones
contemplan la altura que piensan escalar. Pero el pináculo está oculto por nubes
eternas y muchos creen que nunca se podrá llegar a él. Seguramente, si amanece el día
en que el hombre haya llegado a conocer perfectamente su cerebro y su mente, será tal
vez su mayor hazaña, su victoria definitiva.
Sólo un método puede usar el hombre de ciencia en su labor científica. Es el de la
observación de los fenómenos de la naturaleza por el análisis comparativo,
complementada por la experimentación con base en hipótesis razonadas. Los
neurofisiólogos que siguen las reglas del método científico difícilmente se atreverían
a decir con toda sinceridad que su labor científica los autoriza a responder a esas
cuestiones. (W. Penfield, 1960.)55

Un pesimismo más o menos radical han manifestado cierto número neurocientíficos


en relación con el acercamiento entre neurociencia psicología en general, y
particularmente en lo que toca al valor de 1 neurofisiología actual en su contribución a la
explicación del comportamiento humano. Han expresado este pesimismo H. von Foerster
y T, Melnechuk56, así como H. R. Maturana y F. C. Varela (próximamente) 57. También en
vena crítica escribe F. G. Worden: "Se dan ejemplos de la investigación neurocientífica
para ilustrar cómo, a medida que los investigadores se ocupan más directamente en los
54
Pero últimamente, aunque sosteniendo todavía esta declaración, Bullock le ha dado un matiz más optimista: "Desde
1958, la neurociencia ha avanzado bastante hacia el entendimiento de algunas funciones superiores, como el
reconocimiento y el dominio de las emociones, así como hacia el conocimiento del mecanismo de asociación, cuando
no del aprendizaje. Estamos en vías de proporcionar ideas al respecto, como por ejemplo declarar cuál pueda ser la base
biológica de la agresión, y si hay un mecanismo hidráulico y si es inherente." (Comunicación personal al doctor T.
Melnechuk, quien me escribió de ella.)
55
No sólo las neurociencias y la psicología, también otros muchos campos tienen que ser integrados para crear una
ciencia del hombre: como la paleontología, la antropología, la historia, con la historia de las religiones (mitos y
rituales), la biología, la fisiología, la genética. El objeto de estudio de la "ciencia del hombre” es el h o m b r e mismo; el
hombre como ser total en desenvolvimiento, biológica e históricamente, que sólo puede entenderse s i vemos las
relaciones recíprocas existentes entre todos s u s aspectos, si lo examinamos como un proceso que se produce dentro de
un sistema complejo con muchos subsistemas. Las “ciencias de la conducta" (psicología y sociología), designación
que popularizó el programa de la Fundación Rockefeller, se interesan principalmente en lo que el hombre hace y
en cómo puede conseguirse que lo haga, no en el porqué lo hace y quién es él. En grado considerable se han
convertido en obstáculo a la formación de una ciencia integrada del hombre y en sustituto de la misma.
56
Comunicaciones personales de H. von Foerster y T. Melnechuk.
57
Estoy agradecido a los autores por haberme permitido leer sus original antes de publicarlos.

Página 65 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

fenómenos conscientes, las insuficiencias de la doctrina materialista se van haciendo más


y más perturbadoras y dan pie a la búsqueda de mejores sistemas conceptuales”. (F. G.
Worden, próximamente.)
Cierto número de comunicaciones orales y escritas de neurocientíficos me da la
impresión de que este moderado modo de ver lo comparte un número reciente de
investigadores. Cada vez se entiende más y más e cerebro como un todo, un sistema, de
modo que no puede explicarse e comportamiento refiriéndose a alguna de sus partes.
Impresionante hechos en favor de esta opinión presentó E. Valenstein (1968), quien
demostró que los supuestos "centros" hipotalámicos del hambre, la sed, el sexo, etc, no
son, si en realidad existen, tan puros como se pensabas anteriormente —que la
estimulación de un "centro" por un comportamiento puede provocar el comportamiento
apropiado de otro si el medio provee estímulos consonantes con el segundo. D. Ploog
(1970) ha hecho ver que la "agresión" (en realidad la comunicación no verbal de una
amenaza) provocada en un mono ardilla no es creída por otro mono si la amenaza la hace
un inferior social del segundo. Estos datos concuerdan con el modo de ver holístico de
que el cerebro toma en cuenta, en su cálculo del comportamiento a ordenar, más de un
elemento o hebra de la estimulación que llega . . . que el estado total del medio físico y
social en, ese momento modifica el significado de un estímulo específico.
Pero el escepticismo acerca de la capacidad que tenga la neurofisiología de explicar
debidamente el comportamiento humano no significa negar la validez relativa de los
muchos descubrimientos experimentales realizados en especial en las últimas décadas.
Estos descubrimientos, aunque hubieren de ser reformulados e integrados en una visión
más global, son suficientemente válidos para darnos importantes indicaciones en el
conocimiento de un tipo de agresión : la defensiva.

EL CEREBRO, BASE DEL COMPORTAMIENTO AGRESIVO58

El estudio de la relación entre el funcionamiento del cerebro y el comportamiento se


conducía en gran parte por la proposición darwiniana de que la estructura y el
funcionamiento del cerebro se rigen por el principio de la supervivencia del individuo y
de la especie.
Después, los neurofisiólogos han dedicado principalmente sus esfuerzos al
descubrimiento de las regiones cerebrales que son los subestratos de los impulsos y
comportamientos más elementales necesarios para la supervivencia. Hay acuerdo general
con la conclusión de MacLean, quien decía que estos mecanismos fundamentales del
cerebro eran (en inglés) las cuatro efes: alimentación, lucha, huida y realización de
actividades sexuales (feeding, fighting, fleeing a n d . . . the performance of sexual
activities; P. D. MacLean, 1958). Como es fácil advertir, estas actividades son
vitalmente necesarias para la supervivencia material del individuo y la especie. (Más
adelante veremos si el hombre tiene otras necesidades fundamentales aparte de la
supervivencia física y cuya realización sea necesaria para su funcionamiento como ente
total.)
En lo tocante a la agresión y la fuga, la obra de cierto número de investigadores —W.
R. Hess, J. Olds, R. G. Heath, J. M. R. Delgado y otros— indica que las "controlan" 59
58
En esta discusión sólo presentaré los hechos más importantes y aceptados en general. La labor realizada en
este campo en los últimos veinte años es tan enorme que sería superior a mi competencia entrar en los cientos de
problemas específicos que se presentan, ni sería útil citar la amplia literatura al respecto, que puede hallarse en
las obras mencionadas en el texto.
59
Según algunos de los autores arriba citados, es impropio decir "controlan ", porque ven en ellas la reacción a
procesos que se producen en otras partes del cerebro, en acción recíproca con la región específica estimulada.

Página 66 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

diferentes regiones neurales del cerebro. Se ha demostrado, por ejemplo, que la reacción
afectiva de rabia y su correspondiente pauta de comportamiento agresiva pueden
activarse por estimulación eléctrica directa de diversas regiones, como las amígdalas, la
parte lateral del hipotálamo, algunas partes del mesoencéfalo y la materia gris central; y
puede inhibirse estimulando otras estructuras, como el tabique, la circunvolución del
cíngulo y el núcleo caudal60. Con gran ingeniosidad quirúrgica, algunos investigadores 61
lograron implantar electrodos en ciertas regiones determinadas del cerebro y establecer
una conexión de dos sentidos para la observación. Con una estimulación de voltaje bajo
en una región pudieron estudiar los cambios de comportamiento en los animales, y
después en el hombre. Consiguieron demostrar, por ejemplo, la provocación del
comportamiento intensamente agresivo por la estimulación eléctrica directa de ciertas
partes y la inhibición de la agresión al estimular otras. Por otra parte, pudieron medir
la actividad eléctrica de esas diversas partes del cerebro cuando los estímulos
ambientales suscitaban emociones como la rabia, el miedo, el placer, etc. También
pudieron observar los efectos permanentes producidos por la destrucción de ciertas
partes del cerebro.
Es ciertamente muy impresionante presenciar cómo un aumento relativamente
pequeño en la carga eléctrica de un electrodo implantado en uno de los subestratos
neurales de la agresión puede producir un súbito acceso de rabia incontrolada y
asesina y cómo la reducción de la estimulación eléctrica o la estimulación de un
centro inhibidor de la agresión puede detener esa agresión de un modo no menos
subitáneo. El espectacular experimento de Delgado, quien detuvo un toro que
embestía estimulando en él (a control remoto) una región inhibitoria ha despertado
considerable interés popular en ese procedimiento. (J. M. R. Delgado, 1969.)
No es únicamente característico de la agresión el que una reacción sea activada
en algunas partes del cerebro e inhibida en otras: la misma dualidad se advierte en
relación con otros impulsos. De hecho, el cerebro está organizado en forma de
sistema dual. Si no hay estímulos específicos (externos o internos), la agresión se
halla en un estado de equilibrio fluido, porque las regiones activadores e inhibidoras
se mantienen mutuamente en un equilibrio relativamente estable. Esto puede echarse
de ver con particular claridad cuando se destruye una región activante o inhibidora.
Partiendo del experimento clásico de Heinrich Klüver y P. C. Bucy (1934) se ha
demostrado, por ejemplo, que la destrucción de la amígdala transformaba los
animales (mono macaco de la India, glotón americano, gato montés, rata y otros) a
tal punto que perdían —por lo menos temporalmente— su capacidad de reaccionar
de modo agresivo y violento, aun fuertemente provocados 62. Por otra parte, la
destrucción de regiones inhibidoras de la agresión, como por ejemplo pequeñas
porciones del núcleo ventromedial del hipotálamo, produce gatos y ratas
permanentemente agresivos.
Dada la organización dual del cerebro, surge la cuestión crucial: ¿cuáles son los
factores que trastornan el equilibrio y producen rabia manifiesta y el comportamiento
violento correspondiente?
Ya hemos visto cómo uno de los medios de lograr ese trastorno del equilibrio
puede ser la estimulación eléctrica o la destrucción de algunas de las regiones

60
El neocórtex ejerce un efecto predominantemente excitador en el comportamiento de rabia. Cf. los
experimentos de K. Ackert con la ablación del neocórtex del polo temporal. (R. Ackert, 1967.)
61
Cf. W. R. Hess (1954), J. Olds y P. Milner (1954), R. G. Heath, ed. (1962), J. M. R. Delgado (1967, 1969, con
amplia bibliografía). Cf. además el volumen recientemente publicado por V. H. Mark y F. R. Ervin (1970), que
contiene una exposición clara y concisa, fácil de entender incluso para el lego en esta materia, de los datos
esenciales de neurofisiología referentes al comportamiento violento.
62
Cf. V. H. Mark y F. R. Ervin (1970).

Página 67 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

inhibitorias (aparte de los cambios hormonales o metabólicos). Mark y Ervin ponen


de relieve que ese trastorno del equilibrio puede también producirse a consecuencia
de diversas enfermedades del cerebro que alteren su circuitería normal.
Pero ¿cuáles son las condiciones que modifican el equilibrio y movilizan la
agresión, aparte de esos dos casos, uno de ellos introducido experimentalmente y el
otro patológico? ¿Cuáles son las causas de la agresión "innata" en los animales y los
humanos?

LA FUNCIÓN DEFENSIVA DE LA AGRESIÓN

Al examinar la literatura, tanto de neurofisiología como de psicología, sobre la


agresión animal y humana, parece inevitable la conclusión de que el comportamiento
agresivo de los animales es una reacción a todo género de amenaza a la
supervivencia o, como yo prefiero decir generalmente, a los intereses vitales del
animal —como individuo o como miembro de su especie. Esta definición general
abarca muchas situaciones diferentes. La más comprensible, claro está, es la amenaza
directa a la vida del individuo o la amenaza a sus necesidades de actividad sexual y
de alimentación; una forma más compleja es la del "hacinamiento", que es una
amenaza a la necesidad de espacio material y/o a la estructura social del grupo. Pero
lo que es común a todas las condiciones para provocar el comportamiento agresivo es
que constituyan una amenaza a intereses vitales. La movilización de la agresión en
las regiones cerebrales correspondientes se produce al servicio de la vida, en
respuesta a amenazas a la supervivencia del individuo o de la especie; es decir: la
agresión programada filogenéticamente, tal y como existe en el animal y en el
hombre, es una reacción defensiva biológicamente adaptativa. El que así haya de ser
no debe sorprendernos si recordamos el principio darwiniano referente a la evolución
del cerebro. Siendo la función del cerebro cuidar de la supervivencia, proveería
reacciones inmediatas ante cualquier amenaza a esa supervivencia.
No es ciertamente la agresión la única forma de reacción a las amenazas. El
animal reacciona a las amenazas a su existencia con rabia y ataque o con miedo y
huida. La huida parece ser de hecho la forma más frecuente de reacción, salvo
cuando el animal no tiene escapatoria, y entonces pelea . . . como ultima ratio.
Fue Hess el primero en descubrir que por estimulación eléctrica de ciertas
regiones del hipotálamo, un gato podía reaccionar atacando o huyendo. Por
consiguiente, hizo entrar estos dos tipos de comportamiento en la categoría de
reacción de defensa, "que indica que ambas reacciones son en defensa de la vida del
animal”.
Las regiones neuronales que constituyen el subestrato para el ataque y la huida están
muy juntas, pero son distintas. Se ha realizado mucho trabajo después de los estudios
pioneriles de W. R. Hess, II. W. Magoun y otros, en especial con Hunsperger y su
grupo del laboratorio de Hess y con Romaniuk, Levinson y Flynn 6 3 . A pesar de ciertas
diferencias en los resultados a que estos diversos investigadores han llegado, confirman
los básicos descubrimientos de Hess.
Mark y Ervin resumen el estado actual de nuestros conocimientos en el siguiente
párrafo:
Todo animal, cualquiera que sea su especie, reacciona a un ataque amenazador para su
vida, con una de dos pautas de comportamiento: o la huida o la agresión y violencia, o
sea el combate. El cerebro siempre actúa como una unidad en la dirección de cualquier
63
Cf. el detallado examen que de estos estudios hace B. Kaada (1967).

Página 68 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

comportamiento; por consiguiente, los mecanismos cerebrales que ponen en marcha y


limitan esas dos pautas disímiles de conservación de sí mismo están estrechamente
ligados uno al otro, así como a todas las demás partes del cerebro, y su debido
funcionamiento depende de la sincronización de muchos subsistemas complejos,
delicadamente equilibrados. (V. H. Mark y F. R. Ervin, 1970.)

El instinto de "fuga "

Los datos sobre combate y fuga como reacciones de defensa hacen ver con un aspecto
muy peculiar la teoría instintivista de la agresión. El impulso de huir desempeña —
neurofisiológica y conductualmente— un papel igual o tal vez mayor en el
comportamiento animal que el impulso de combatir. Neurofisiológicamente, los dos
impulsos están integrados del mismo modo; no hay base para decir que la agresión es
más "natural" que la fuga. ¿Por qué entonces los instintivistas hablan de la intensidad de
los instintos innatos de agresión y no del instinto innato de fuga?
Si hubiéramos de aplicar el modo de razonar de los instintivistas acerca del impulso
de combate al de fuga llegaríamos a un enunciado de este tipo: “Mueve al hombre el
impulso innato de huir; a veces trata de dominar este impulso por su razón, pero su
dominio será relativamente ineficaz, aunque pueda hallarse algún medio de refrenar el
poder del ‘instinto de fuga’.”
Considerando el énfasis que se ha dado a la agresión humana innata como uno de los
problemas más graves de la vida social, desde las posiciones religiosas hasta la obra
científica de Lorenz, una teoría que gire en torno al "incontrolable instinto de fuga"
puede parecer extraña, pero neurofisiológicamente es tan buena como la de la "agresión
incontrolable". De hecho, desde un punto de vista biológico parecería que la fuga es más
eficaz que la pelea para la conservación del individuo. A los jefes políticos o militares
seguramente no les parecerá nada extraña, sino harto familiar. Saben por experiencia que
la naturaleza del hombre no parece inclinarle al heroísmo y que es necesario tomar
muchas medidas para hacer que pelee y evitar que corra por salvar su vida.
El que estudia la historia podría suscitar la cuestión de si el instinto de fuga no ha sido
un factor por lo menos tan poderoso como el de combate, y llegar a la conclusión de que
no es tanto la agresión instintiva como los intentos de suprimir el "instinto de fuga" del
hombre lo que ha movido la historia. Podría especular que una buena parte de los
convenios sociales y los esfuerzos ideológicos del hombre se han consagrado a este fin.
Se ha amenazado al hombre con la muerte para insuflarle un sentimiento de pavor ante la
sabiduría superior de sus dirigentes, para hacerle creer en el valor del "honor". Se le
intenta aterrorizar con el temor de que lo llamen cobarde o traidor, o simplemente se le
embriaga con licor o con la esperanza del botín y las mujeres. El análisis histórico podría
demostrar que la represión del instinto de fuga y la aparente dominancia del de lucha se
deben en gran parte a factores culturales, más que a factores biológicos.
Estas especulaciones sólo tienen por objeto señalar la propensión tendenciosa de la
etología en favor del Horno aggressivus; queda el hecho fundamental de que el cerebro
de los humanos y los animales tiene integrados mecanismos neuronales que movilizan el
comportamiento agresivo (o fugitivo) en reacción a amenazas a la supervivencia del
individuo o de la especie, y que este tipo de agresión es biológicamente adaptativo y
sirve para la vida.

DEPREDACIÓN Y AGRESIÓN

Página 69 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Hay otro tipo de agresión que ha ocasionado mucha confusión, y es el de los animales
depredadores o rapaces terrestres. Zoológicamente están bien definidos, y comprenden
las familias de los felinos, hienas, lobos y osos64.
Se están acumulando rápidamente pruebas experimentales que señalan cómo la base
neurológica de la agresión rapaz es distinta de la de la agresión defensiva 65. Lorenz ha
observado lo mismo desde el punto de vista etológico:

Pero los motivos que en su interior determinan el comportamiento de un cazador


son fundamentalmente diferentes de los del combatiente. El búfalo que el león
derriba no ha hecho nada para provocar la agresión de éste, como tampoco ha
hecho nada para provocar la mía la hermosa oca que vi gustoso en la despensa. En
los mismos movimientos de intención puede verse claramente la diferencia de las
motivaciones internas. El perro que se echa lleno de pasión cinegética contra la
liebre tiene la misma expresión alegre y atenta que cuando saluda a su amo o
espera algo agradable. En la cara del león puede verse, como lo muestran muchas y
excelentes fotografías, que en el momento del salto no está enojado. En el acto de
cazar solamente gruñen o agachan las orejas, o hacen otros movimientos
expresivos que se les conocen en el comportamiento agonístico, los animales
carniceros ante una presa que les infunde bastante temor por su capacidad de
defenderse ... y aun entonces se conforman con esbozar esos movimientos. (K.
Lorenz, 1966.)

K. E. Moyer, manejando los datos existentes relativos a las bases fisiológicas de


diversos tipos de agresión, distinguió la depredadora de otros tipos de agresión y llega
a la conclusión de que "rápidamente se están acumulando pruebas experimentales que
indican que la base neurológica
para esta agresión (rapaz) es distinta de las de otros tipos". (K. E. Moyer, 1968.)
No sólo tiene el comportamiento depredador su propio subestrato neurofisiológico,
distinto del de la agresión defensiva, sino que el comportamiento en sí es diferente.
No denota rabia ni es intercambiable con el comportamiento combativo, sino que es
determinado por su objetivo, perfectamente dirigido, y la tensión termina al lograrse
el objetivo: la obtención del alimento. El instinto depredador no es de defensa, común
a todos los animales, sino de búsqueda del alimento, común a ciertas especies
morfológicamente equipadas para esa tarea. Naturalmente, el comportamiento
depredador es agresivo 66, pero debe añadirse que esa agresión es diferente de la
agresión rabiosa provocada por una amenaza. Es afín a la que a veces se denomina
agresión "instrumental", o sea agresión al servicio de la consecución de un objetivo
deseado. Los animales no depredadores no tienen ese tipo de agresión.
La diferencia entre la agresión depredadora y la defensiva es de importancia para
el problema de la agresión humana, porque el hombre es filogenéticamente un animal
no depredador, y de ahí que su agresión, en lo relacionado con sus raíces

64
Los osos son difíciles de catalogar: algunos son omnívoros; matan animales menores o heridos y devoran su carne,
pero no los cazan al acecho, como hacen por ejemplo los leones. Por otra parte, el oso polar, que vive en condiciones
climáticas rigurosas, acecha focas para matarlas y devorarlas y así puede considerársele animal de rapiña.
65
Mark y Ervin han puesto de relieve este punto (1970) y Egger y Flynn lo han demostrado con sus estudios,
estimulando la zona específica de la parte lateral del hipotálamo y logrado un comportamiento que recordaba a los
observadores el de un animal al acecho o dando caza a su presa. (M. D. Egger y J. P. Flynn, 1963.)
66
Un hecho importante es que muchos animales rapaces —los lobos, por ejemplo— no son agresivos respecto de su
propia especie. No sólo en el sentido de que no se matan entre sí —que puede explicarse suficientemente, como hace Lorenz,
por la necesidad de restringir el uso de sus feroces armas a la causa de la supervivencia de la especie— sino también en el
sentido de que son muy amistosos y afables en sus contactos sociales.

Página 70 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

neurofisiológicas, no sea de tipo rapaz. Debe recordarse que la dentición humana


"está poco adaptada a los hábitos carnívoros del hombre, quien todavía conserva la
forma dental de sus ancestros comedores de frutas y vegetales. Es interesante
observar también que el sistema digestivo del hombre tiene todos los caracteres
fisiológicos de un vegetariano, no de un carnívoro". (J. Napier, 1970.) La dieta
incluso de los cazadores y recolectores primitivos era aproximadamente 75%
vegetariana y 25% o menos, carnívora 67. Según I. DeVore, "todos los primates del
antiguo continente tienen una dieta esencialmente vegetal. Otro tanto sucede con los
hombres que quedan de la organización económica humana más primitiva, los
cazadores recolectores que quedan en el mundo, salvo los esquimales del Ártico . . .
Aunque los arqueólogos futuros que estudien los bosquimanos contemporáneos
pudieren sacar la conclusión de que las piedras de cascar o hachas de mano halladas
con puntas de flecha bosquimanas se empleaban para partir huesos y sacarles la
médula, en realidad las empleaban las mujeres para cascar nueces o frutos parecidos,
que da la casualidad de que constituyen el 80% de la economía bosquimana. " (I.
DeVore, 1970.)
De todos modos, quizá nada haya contribuido tanto a crear la idea dela intensidad
de la agresividad innata de los animales, e indirectamente del hombre, como la
imagen del animal depredador. No es necesario ir muy lejos para averiguar las
razones de esta tendencia.
El hombre se ha rodeado durante muchos miles de años de animales domésticos —
como el perro y el gato— que son rapaces. De hecho, ésa es una de las razones de que
el hombre los domesticara, porque emplea el perro para cazar otros animales y atacar
a los humanos amenazantes, y el gato para cazar ratones y ratas. Por otra parte, al
hombre le impresionaba la agresividad del lobo, principal enemigo de sus rebaños de
ovejas, o la del zorro, que devoraba sus pollos68. Los animales, pues, que el hombre
ha escogido para tenerlos cerca de su campo de visión han sido depredadores, y
difícilmente hubiera podido distinguir entre agresividad rapaz y defensiva, ya que sus
efectos son siempre iguales: matar. Tampoco podía observar esos animales en su
propio hábitat ni apreciar las actitudes sociales y
amistosas que tenían entre ellos.
. La conclusión a que hemos llegado examinando las pruebas neurofisiológicas es
esencialmente la misma que aquella indicada por dos de los más destacados
investigadores de la agresión, J. P. Scott y Leonard Berkowitz, aunque sus
respectivos puntos de vista teóricos difieran de los míos. Dice Scott: "La persona que
tiene la suerte de vivir en un medio sin estimulación para el combate no sufrirá daños
fisiológicos o nerviosos, porque nunca pelea. Es una situación muy diferente de la
fisiología de comer, donde los procesos internos del metabolismo producen cambios
fisiológicos definidos que acaban por dar hambre y estimulan a comer, sin ningún
cambio en el medio ambiente. " (J. P. Scott, 1958). Berkowitz habla de un "esquema de
conexiones eléctricas", de un "estar siempre preparado" para reaccionar agresivamente
a ciertos estímulos, y no de "energía agresiva" que pueda trasmitirse genéticamente. (L.
Berkowitz, 1967.)
Los datos de las neurociencias que he examinado contribuyen a asentar el concepto
de un tipo de agresión: conservadora de la vida, biológicamente adaptativa, defensiva.
Nos han sido útiles para el fin de demostrar que el hombre está dotado de una agresión
potencial que se moviliza ante las amenazas a sus intereses vitales. Pero ninguno de estos
67
Toda la cuestión de las supuestas características depredadoras del hombre se verá en el capítulo 7.
68
Tal vez no sea casual el que Hobbes, que representó al hombre como un "lobo" para sus congéneres, viviera en
una región dedicada a la cría de ovejas. Sería interesante estudiar el origen y la popularidad de los cuentos de hadas
en que interviene el peligroso lobo, como Caperucita roja, de acuerdo con este modo de ver.

Página 71 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

datos neurofisiológicos está relacionado con aquella forma de agresión que caracteriza al
hombre y que no comparte con otros mamíferos: su propensión a matar y torturar sin
ninguna "razón", como un fin en sí, un objetivo que se persigue no para defender la vida
sino deseable y placentero en sí.
La neurociencia no ha emprendido el estudio de estas pasiones (a excepción de las
que ocasiona alguna lesión cerebral), pero sin temor puede asegurarse que la
interpretación instintivista hidráulica de Lorenz no concuerda con el modelo cerebral que
funciona como lo ven muchos neurocientíficos, y no hay pruebas neurofisiológicas que la
apoyen.

EL COMPORTAMIENTO ANIMAL

El segundo campo crítico en que los datos empíricos contribuyen a determinar la validez
de la teoría instintivista de la agresión es el del comportamiento animal. La agresión
animal debe separarse en tres clases: 1] la agresión rapaz o depredadora, 2] la agresión
intraespecífica (contra animales de la misma especie) y 3] la agresión interespecífica
(contra animales de otras especies).
Como ya indicamos, entre los estudiosos del comportamiento animal (incluso
Lorenz) hay acuerdo en que las pautas de comportamiento y los procesos neurológicos de
la agresión depredadora no son análogos a los otros tipos de agresión animal y por ello
deben ser tratadas separadamente.
En lo tocante a la agresión interespecífica, la mayoría de los observadores concuerdan
en que los animales raramente matan a los miembros de otras especies, salvo para
defenderse, o sea cuando están en peligro y no pueden huir. Esto limita el fenómeno de la
agresión animal en forma principal a la agresión intraespecífica, o sea la agresión entre
animales de la misma especie, el fenómeno que Lorenz trata exclusivamente.
La agresión intraespecífica presenta las siguientes características: a] En la mayoría
de los mamíferos no es "sangrienta", no apunta a matar, dañar o torturar sino que es
esencialmente una postura de amenaza que hace de advertencia. En general vemos a los
mamíferos disputar, reñir o amenazar mucho, pero muy pocos combates sangrientos y
muy poco destrozo como lo que vemos en el comportamiento humano. b] Sólo en ciertos
insectos, peces, aves, y entre los mamíferos en las ratas, es sólito el comportamiento
destructivo. c] El comportamiento de amenaza es una reacción ante lo que el animal
parece poner en peligro sus intereses vitales, y es por ende defensivo, en el sentido del
concepto neurofisiológico de "agresión defensiva". d] No hay pruebas de que haya en la
mayoría de los mamíferos un impulso agresivo espontáneo contenido y represado hasta
que haya una oportunidad más o menos adecuada de descargarlo. En tanto es defensiva la
agresión animal, se basa en ciertas estructuras neuronales normadas filogenéticamente, y
no habría querella con la posición de Lorenz si no fuera por su modelo hidráulico y su
explicación de que la perniciosidad y crueldad humanas son innatas y radican en la
agresión defensiva.
El hombre es el único mamífero sádico y que mata en gran escala. El objeto de los
capítulos siguientes es responder a la cuestión del porqué. En esta discusión sobre el
comportamiento animal quiero demostrar pormenorizadamente que muchos animales
combaten a los de su propia especie, pero que lo hacen de un modo "no perturbador"

Página 72 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

ni aniquilador, y que los hechos conocidos de la vida de los mamíferos en general y


de los primates prehumanos en particular no indican la presencia de tina " des-
tructividad" innata que el hombre habría heredado de ellos. Por cierto que si la
especie humana tuviera aproximadamente el mismo grado de agresividad "innata"
que los chimpancés que viven en su hábitat natural, viviríamos en un mundo
bastante pacífico.

LA AGRESIÓN EN CAUTIVIDAD

Al estudiar la agresión entre los animales, y sobre todo entre los primates, es
importante empezar distinguiendo entre su comportamiento cuando viven en su
hábitat propio y su comportamiento en cautividad, que es esencialmente en los
zoológicos. Las observaciones muestran que los primates en libertad dan señales de
poca agresividad, mientras que los de los zoológicos pueden resultar excesivamente
destructivos.
Esta distinción es de fundamental importancia para el conocimiento de la
agresión humana, porque hasta ahora en toda su historia el hombre raramente ha
vivido en su "hábitat natural", a excepción de los cazadores y recolectores y los
primeros agricultores hasta el quinto milenio a.C. El hombre "civilizado" ha vivido
siempre "en zoológico" —quiere decir, en diversos grados de cautividad y de
ausencia de libertad— y todavía es así, aun en las sociedades más avanzadas.
Empezaré con unos cuantos ejemplos de primates en zoológico, que he estudiado
bien. Los más conocidos son quizá los cinocéfalos hamadryas, que estudió Solly
Zuckerman en el zoológico londinense de Regents Park ("Monkey hill" o Colina de los
monos) en 1929-30. Su terreno, 30 X 18 m, era grande para lo acostumbrado en los
zoológicos, pero muy pequeño para las extensiones naturales de su hábitat.
Zuckerman observó mucha tensión y agresión entre estos animales. Los más fuertes
oprimían brutal y despiadadamente a los más débiles, y las mismas madres eran
capaces de quitar el alimento de la boca a sus pequeñuelos. Las víctimas principales
eran las hembras y los animales jóvenes, que a veces padecían lesiones o morían
accidentalmente durante los encuentros. Zuckerman vio a un macho fanfarrón atacar
deliberadamente dos veces a un monito, que en la noche apareció muerto. De 61
machos, 8 murieron de muerte violenta, y otros muchos de enfermedad. (S.
Zuckerman, 1932.)
En Zurich realizó también observaciones en zoológicos Hans Kummer (1951) 69 y
en Whipsnade Park, Inglaterra, Vernon Reynolds (1961) 70 .
Kummer tuvo a los cinocéfalos en un recinto de 15 X 27 m. Las mordeduras
graves, que ocasionaban feas heridas, eran allí cosa corriente. Kummer hizo una
comparación detallada de la agresión entre los animales del zoológico zuriqués y
entre los que viven en el campo libre, que había estudiado en Etiopía, y descubrió
que la incidencia de actos agresivos en el zoológico era nueve veces más frecuente
en las hembras y diecisiete veces y media en los machos adultos que en los tropeles
salvajes. Vernon Reynolds estudió veinticuatro macacos de la India en un recinto
octogonal, cada lado de 10 m nada más. Aunque el espacio en que estaban
confinados los animales era menor que en Monkey hill, el grado de agresividad no
era tan grande. De todos modos, había más violencia que en la selva; muchos

69
Citado por C. y W. M. S. Russell (1968).
70
Ibid.

Página 73 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

animales recibían heridas, y una hembra estaba tan lastimada que fue necesario
matarla.
Presentan particular interés para la influencia de las condiciones ecológicas en la
agresión diversos estudios realizados con macacos (Macaca mulata), en especial los
de C. H. Southwick (1964), y también C. H. Southwick con M. Beg y M. Siddiqi
(1965). Descubrió Southwick que las condiciones del medio y sociales
invariablemente ejercen una gran influencia en la forma y la frecuencia del
comportamiento "agonístico" (o sea el comportamiento en reacción al conflicto) en
los macacos cautivos. Su estudio permite distinguir entre los cambios ambientales, o
sea el número de animales en determinado espacio, y los cambios sociales, o sea la
introducción de otros animales en un grupo ya existente. Llega a la conclusión de
que al reducirse el espacio aumenta la agresión pero que los cambios en la
estructura social por la introducción de nuevos animales "producían incrementos
mucho más impresionantes en la interacción agresiva que los cambios ambientales " .
(C. H. Southwick, 1964.)
La mayor agresión al reducirse el espacio ha tenido por consecuencia el
comportamiento más agresivo en otras muchas especies de mamíferos. L. H.
Matthews, basándose en el estudio de la literatura y en sus propias observaciones en
el zoológico de Londres, dice que no pudo hallar casos de lucha a muerte entre
mamíferos sino en condiciones de hacinamiento. (L. H. Matthews, 1963.) Un
excelente investigador del comportamiento animal, Paul Leyhausen, ha puesto de
relieve el papel que ejerce el trastorno de la jerarquía relativa entre los felinos
cuando están enjaulados en un espacio pequeño. "Cuanto mayor es el hacinamiento
en las jaulas, menor es la jerarquía relativa. Finalmente surge un déspota, aparecen
los ‘parias’, y los continuos y brutales ataques de todos los demás los ponen
frenéticos y provocan en ellos toda suerte de comportamientos antinaturales. La
comunidad se vuelve una turbamulta malévola. Raramente descansan, nunca parecen
estar a gusto y continuamente están bufando, gruñendo y hasta peleando." (P.
Leyhausen, 1956.) 71
Incluso el hacinamiento transitorio en estaciones de alimentación fijas produjo un
incremento de agresión. En el invierno de 1952, tres científicos norteamericanos, C.
Cabot, N. Collias y R. C. Guttinger (citados por C. y W. M. S. Russell, 1968),
observaron unos venados cerca de Flag River, Wisconsin y averiguaron que la
cantidad de peleas dependía del número de venados que había en el terreno fijo de la
estación, o sea de su densidad. Cuando sólo había cinco o siete venados, sólo se veía
una pelea por venado y por hora. Cuando hubo de veintitrés a treinta venados, la tasa
era de 4.4 peleas por venado y por hora. Observaciones semejantes hizo con las ratas
salvajes el biólogo norteamericano J. B. Calhoun (1948).
Conviene tomar nota de que las pruebas existentes demuestran cómo la presencia
de una abundante provisión de alimento no impide que aumente la agresión en
condiciones de hacinamiento. Los animales del zoológico londinense estaban bien
alimentados, pero el hacinamiento condujo a un incremento de la agresividad. Es
también interesante el que entre los macacos hasta un 25% de reducción en la comida
no produjo modificaciones en las interacciones agonísticas, según las observaciones
de Southwick, y que sólo una reducción de 50% condujo a un importante
decrecimiento del comportamiento agonístico 72.

71
Cf. también el estudio que hace Leyhausen del hacinamiento (1965), y en particular de la influencia que ejerce
en el hombre.
72
Fenómenos parecidos pueden advertirse entre los humanos, donde las condiciones de hambre hacen disminuir en lugar
de aumentar la agresividad.

Página 74 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

De los estudios realizados sobre la agresividad incrementada en los primates en


cautividad —y los estudios de otros mamíferos han arrojado los mismos resultados—
parece deducirse que el hacinamiento o densidad de población excesiva es la
principal condición para el aumento de la violencia. Pero el "hacinamiento" es sólo
una etiqueta, harto engañosa, porque no nos dice cuáles son los factores del
hacinamiento responsables de la mayor agresión.
¿Hay una necesidad "natural" de un mínimo de espacio privado? 73 ¿Impide el
hacinamiento que el animal ejerza su necesidad innata de explorar y moverse
libremente? ¿Hace que lo sienta como una amenaza a su organismo y que por eso
reaccione agresivamente?
Sólo pueden resolverse estas cuestiones con base en estudios ulteriores, pero los
descubrimientos de Southwick indican que hay en el hacinamiento por lo menos dos
o tres elementos diferentes que debemos separar. Uno es la reducción de espacio;
otro, la descomposición de la estructura social. La importancia del segundo factor se
confirma claramente por la observación de Southwick, antes mencionada, de que la
introducción de un animal extraño suele originar aún más agresión que el
hacinamiento. Naturalmente, es frecuente que estén presentes ambos factores, y
entonces resulta difícil determinar cuál de los dos es el causante del comportamiento
agresivo.
Cualesquiera que sean las proporciones en que estén mezclados esos factores en el
hacinamiento animal, cada uno de ellos puede ser causa de agresión. La reducción del
espacio priva al animal de importantes funciones vitales de movimiento, juego y el
ejercicio de sus facultades, que sólo pueden desarrollarse cuando busca su alimento.
De ahí que el animal "privado de espacio" se sienta amenazado ante esta reducción de
sus funciones vitales y reaccione agresivamente. El desplome de la estructura social
de un grupo animal es, según Southwick, una amenaza peor. Toda especie animal
vive dentro de una estructura social característica de esa especie. Sea jerárquico o no,
ése es el marco estructural a que se adapta el comportamiento del animal. Un
equilibrio social regular es condición necesaria de su existencia. Si el hacinamiento lo
trastorna se constituye en amenaza tremenda a la existencia del animal, y la
consecuencia lógica es una agresión intensa, dado el papel defensivo de la agresión,
sobre todo si el animal no puede huir.
El hacinamiento puede darse en las condiciones de existencia de un zoológico,
como vimos con los cinocéfalos de Zuckerman. Pero lo más frecuente es que los
animales de un zoológico no estén hacinados, aunque padezcan de reducción de
espacio. Los animales cautivos, aunque estén bien alimentados y protegidos, no
tienen "nada que hacer". Si uno cree que la satisfacción de todas las necesidades
fisiológicas es suficiente para dar una sensación de bienestar al animal (y al hombre),
su existencia en zoológico debería tenerlos muy contentos. Pero esa existencia de
parásitos los priva de los estímulos que les permitirían expresar activamente sus
facultades físicas y mentales; de ahí que con frecuencia estén fastidiados, lánguidos y
apáticos. Comunica A. Kortlandt que "a diferencia de los chimpancés de zoológico,
que suelen ir haciéndose con los años cada vez más pesados y estúpidos, los
chimpancés más viejos de los que viven en libertad parecían más vivos, más
interesados en todo y más humanos". (A. Kortlandt, 1962.)74 S. E. Glickman y R. W.
Sroges (1966) señalan algo semejante cuando hablan del "entorpecido mundo de los
estímulos" que procuran las jaulas de los zoológicos, y el consiguiente "hastío".
73
Cf. los interesantes estudios de T. E. Hall sobre las necesidades de espacio de los humanos (1963; 1966.)
74
Un ejemplo es un chimpancé de pelo argénteo que siguió siendo el jefe del grupo aunque era físicamente inferior a los
monos más jóvenes; al parecer, la vida en libertad, con todas sus muchas estimulaciones, le había proporcionado una
sabiduría que le facultaba para la jefatura.

Página 75 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

La agresión humana y el hacinamiento

Siendo el hacinamiento condición importante de la agresión en los animales, se ofrece


la cuestión de que tal vez sea también causa importante de agresión en los humanos.
Muchos tienen esta idea, y la ha expresado P. Leyhausen, quien arguye que no hay
otro remedio a la "rebelión", la "violencia" y las "neurosis" que "equilibrar el
número de los miembros de las sociedades humanas y hallar rápidamente medios
eficaces de mantenerlo en el nivel óptimo". (P. Leyhausen, 1965.) 7 5
Esta identificación corriente del " hacinamiento" con la densidad de población
ha sido causa de mucha confusión. Leyhausen, en su enfoque conservador y
archisimplificador, descuida el hecho de que el problema del hacinamiento
contemporáneo tiene dos aspectos: la destrucción de una estructura social viable
(sobre todo en las regiones industrializadas del mundo) y la desproporción entre la
cuantía de la población y la base económica y social de su existencia, sobre todo en
las partes no industrializadas del mundo.
El hombre necesita un sistema social en que tenga su lugar y en que sus
relaciones con los demás sean relativamente estables y se sustenten en valores e
ideas de aceptación general. Lo que ha sucedido en la sociedad industrial moderna
es que las tradiciones, los valores comunes y los lazos sociales personales genuinos
con los demás han desaparecido en gran parte. El hombre masa contemporáneo está
aislado y solo, aunque forme parte de una muchedumbre; no tiene convicciones que
compartir con los demás: sólo consignas e ideologías, que le proporcionan los
medios de comunicación masiva. Se ha convertido en un á-tomo (el equivalente
griego de "in-dividuo" = indivisible), que se mantiene unido sólo por intereses
comunes, que al mismo tiempo suelen ser antagónicos, y por el nexo del dinero.
Emile Durkheim (1897) denominaba este fenómeno anomia y descubrió que era la
principal causa de suicidio, que ha estado aumentando al desarrollarse la
industrialización. Calificaba de anomia el quebrantamiento de todos los vínculos
sociales tradicionales por el hecho de que toda organización verdaderamente
colectiva se ha hecho secundaria respecto del Estado y que toda vida social genuina
ha quedado aniquilada. Creía que las personas que viven en el estado político
contemporáneo son "una polvareda desorganizada de individuos" 76 . Otro gran
sociólogo, F. Tónnies (1926) emprendió un análisis semejante de las sociedades
modernas y distinguió entre la "comunidad" o colectividad tradicional
(Gemeinschaft) y la sociedad moderna (Gesellschaft), de que han desaparecido
todos los lazos sociales genuinos.
Puede mostrarse con muchos ejemplos que no es la densidad de población en sí,
sino la falta de estructura social, de vínculos comunes genuinos y de interés por la
vida lo que causa la agresión humana. Un caso sumamente notorio es el de los
kibbutzim de Israel, donde es poco el espacio para el individuo y poca la
oportunidad de retiro privado (sobre todo era así hace unos años, cuando los
kibbutzim estaban pobres). Pero entre sus miembros se observaba una extraordinaria
ausencia de agresión. Otro tanto sucede con otras "comunidades intencionales",
hechas con un fin determinado, del mundo. Otro ejemplo lo constituyen países como
Bélgica y Holanda, dos de las comarcas más densamente pobladas del mundo, cuya
población no se caracteriza sin embargo por una agresividad especial. Sería difícil
75
La misma tesis han expuesto C. y W. M. S. Russell (1968, 1968a).
76
Opinión semejante ha expresado E. Mayo (1933).

Página 76 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

hallar más hacinamiento que en Woodstock o la isla de Wight durante los festivales
juveniles, pero en ambos brilló notoriamente por su ausencia la agresividad.
Tomemos otro ejemplo: la isla de Manhattan era uno de los lugares más densamente
poblados del mundo hace treinta anos, pero no se caracterizaba, como hoy, por una
violencia excesiva.
Cualquiera que haya vivido en un edificio de departamentos donde moran varios
cientos de familias sabe que hay pocos lugares donde una persona pueda retirarse y
donde no invada su privado la presencia de los vecinos de al lado como en uno de
esos grandes edificios densamente poblados. En comparación, es mucho mayor la
vida privada en un pueblecito, donde las casas están mucho más separadas y la
densidad de población es mucho menor. En el multifamiliar, las personas tienen
mayor conciencia unas de otras, se vigilan y murmuran de sus vidas privadas, y
constantemente están en el campo visual de los demás. Otro tanto sucede, aunque no
a tal grado, en la sociedad suburbana.
Estos ejemplos tienden a mostrar que no es el hacinamiento en sí, sino las
condiciones sociales, psicológicas, culturales y económicas en que se presenta, lo
que causa la agresión. Es evidente que el exceso de población, o sea la gran
densidad de población en condiciones de pobreza, ocasiona estrés y agresión; las
grandes ciudades de la India y los cinturones de miseria de las ciudades
norteamericanas son un ejemplo. El exceso de población y la consiguiente gran
densidad demográfica son malignos cuando por falta de alojamiento decente las
personas no tienen las condiciones más elementales para protegerse de la intrusión
constante y directa de los demás. El exceso de población significa que el número de
miembros de una sociedad dada sobrepasa la base económica para proveerlos de
alimentación, y vivienda adecuadas y de un tiempo de ocio que signifique algo. Sin
duda, el exceso de población tiene malas consecuencias, y el número de personas
debe reducirse a un nivel apropiado a la base económica. Pero en una sociedad que
tiene una base económica suficiente para mantener a una población densa, la
densidad misma no priva al ciudadano de su capacidad de retirarse a un privado y no
le expone a la constante intrusión de los demás.
Pero el nivel suficiente de vida sólo atiende a la necesidad de retiro privado y de no
estar expuesto constantemente a la invasión de los demás. No resuelve el problema
de la anomia, de la falta de Gemeinschaft, de la necesidad que el individuo tiene de
vivir en un mundo de proporciones humanas, cuyos miembros se conozcan unos a
otros en tanto que personas.
La anomia de la sociedad industrial sólo puede hacerse desaparecer cambiando
radicalmente toda la estructura social y espiritual: que el individuo no sólo esté
debidamente alimentado y alojado, sino que sus intereses sean los mismos que los de la
sociedad; que el principio rector de la vida social e individual sea la relación entre
nuestro semejante y la manifestación de nuestras facultades, y no el consumo de cosas
y el antagonismo con nuestro semejante. Esto es posible en la situación de fuerte
densidad demográfica, pero requiere una revisión radical de todas nuestras premisas y
un cambio radical de la sociedad.
De estas consideraciones se deduce que todas las analogías entre el hacinamiento
animal y el humano tienen un valor limitado. El animal posee un "conocimiento"
instintivo del espacio y la organización social que necesita. Reacciona instintivamente
por la agresión para remediar cualquier trastorno de su estructura espacial y social. No
tiene otro modo de responder a las amenazas contra sus intereses vitales en estos
respectos. Pero el hombre sí tiene otros modos. Puede cambiar la estructura social,
puede crear lazos de solidaridad y de valores comunes por encima de lo que le es dado

Página 77 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

instintualmente. La solución del animal al hacinamiento es biológica e instintiva; la del


hombre es social y política.

LA AGRESIÓN EN LA SELVA

Por fortuna, hay estudios recientes de animales en libertad que muestran claramente
cómo la agresividad que se observa en condiciones de cautividad no se presenta cuando
los mismos animales viven en su hábitat natural77.
Entre los simios, los cinocéfalos tienen la fama de ser algo violentos, y los han
estudiado atentamente S. L. Washburn e I. DeVore (1971). Por razones de espacio sólo
mencionaré la conclusión a que llegan Washburn y DeVore, o sea que si no se trastorna
la estructura social general, son poco agresivos; como quiera que sea, el
comportamiento agresivo se compone esencialmente de ademanes o posturas de
amenaza. Es digno de nota, considerando lo antes dicho sobre el hacinamiento, que no
comunican haber observado combates entre las tropillas de cinocéfalos que se reunían
en el aguadero. Una vez contaron más de cuatrocientos en torno a un bebedero y no
observaron ningún comportamiento agresivo entre ellos. También observaron que los
cinocéfalos no eran nada agresivos con los animales de otras especies. Confirma y
completa este cuadro el estudio realizado con el cinocéfalo de Chacma (Papio ursinus)
por K. R. L. Hall (1960).
El estudio del comportamiento agresivo entre los chimpancés, los primates más
parecidos al hombre, ofrece particular interés. Hasta hace unos años era casi nada lo
que se sabía de su modo de vida en el África ecuatorial. Pero últimamente se han
llevado a cabo por separado tres estudios de observación de los chimpancés en su
hábitat natural que presentan material muy interesante en relación con el
comportamiento agresivo.
V. y F. Reynolds, que estudiaron los chimpancés de la selva de Bodongo,
comunican una incidencia de agresión sumamente baja. "Durante 300 horas de
observación vimos 17 conflictos con combate real o actitudes de amenaza o enojo, y
nunca con duración superior a unos cuantos segundos." (V. y F. Reynolds, 1965.) En
cuatro sólo de estos diecisiete conflictos entraron dos machos adultos. Las
observaciones con chimpancés de la reserva del río Gombe por Jane Goodall son
esencialmente iguales: "Se advirtió comportamiento amenazador sólo en cuatro
ocasiones en que un macho subordinado trató de comer antes que el dominante ...
Raramente observamos casos de ataque y sólo en una ocasión vimos pelear a machos
maduros." (J. Goodall, 1965.) Por otra parte, hay "cierto número de actividades y gestos
como el comportamiento de cuidados sociales de la piel y el de cortejo", cuya función

77
Los primeros estudios sobre el terreno de primates no humanos los hicieron H. W. Nissen (1931) con el chimpancé,
H. C. Bingham (1932) con el gorila y C. R. Carpenter (1934) con el mono aullador. Durante casi veinte años después
de estos estudios, todo el asunto de los estudios de campo de los primates quedó parado. Aunque en los años que
mediaron se hizo cierto número de breves estudios sobre el terreno, no empezó una nueva serie de observaciones
cuidadosas por largo plazo sino mediados los cincuentas, con la fundación del Japan Monkey Center de la Universidad de
Kyoto y el estudio que hizo S. A. Altman de la colonia de macacos de la India en Cayo Santiago. Actualmente hay
bastante más de cincuenta personas dedicadas a estos estudios. La mejor colección de trabajos sobre el
comportamiento de los primates se halla en DeVore, ed. (1965), con una bibliografía muy amplia. Entre los trabajos de
este volumen quiero mencionar aquí el de K. R. L. Hall y DeVore (1965), el de C. H. Southwick, M. Beg y M. R.
Siddiqi (1965) sobre los macacos del norte de la India (Rhesus monkeys in north India); el de G. B. Schaller (1965)
sobre el comportamiento del gorila montañés (The behavior of the mountain gorilla) ; el de V. y F. Reynolds (1965)
sobre los chimpancés de la selva de Bodongo y el de Jane Goodall sobre Chimpanzees of the Gombe stream reserve.
Goodall prosiguió con la misma investigación hasta 1965 y publicó sus ulteriores descubrimientos junto con los
anteriores con su nombre de casada, Jane van Lawick-Goodall (1968). En lo que sigue me han servido también A.
Kortlandt (1962) y K. R. L. Hall (1964).

Página 78 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

principal parece ser establecer y mantener buenas relaciones entre los miembros de la
comunidad chimpancé. Sus formaciones son en gran parte temporales, y no pudieron
descubrirse otras relaciones estables que las de madre-hijo. (J. Goodall, 1965.) No se
observó una jerarquía de dominancia propiamente dicha entre estos chimpancés,
aunque se observaron setenta y dos interacciones de dominancia claramente
caracterizada.
A. Kortlandt menciona una observación relativa a la incertidumbre de

los chimpancés que, como después veremos, es muy importante para comprender la
evolución de la "segunda naturaleza" del hombre: el carácter. Y dice:
Todos los chimpancés que observé eran seres cautelosos y vacilantes. Esta es una de
las principales impresiones que uno saca al estudiar de cerca los chimpancés en
libertad. Detrás de sus ojos vivos y escrutadores se adivina una personalidad
dubitativa y contempladora, siempre tratando de entender el mundo, tan
sorprendente. Es como si a la seguridad del instinto hubiera remplazado en los
chimpancés la inseguridad del intelecto .. . pero sin la resolución y decisión que
caracterizan al hombre. (A. Kortlandt, 1962.)
Apunta Kortlandt que las pautas de comportamiento de los chimpancés, como han
mostrado los experimentos con animales cautivos, son mucho menos innatas que las
de los monos inferiores 78 .
De entre las observaciones de van Lawick-Goodall quisiera citar aquí una
concretamente porque presenta un buen ejemplo de la importancia de lo que dice
Kortlandt acerca de la vacilación y la falta de decisión observadas por él en el
comportamiento del chimpancé. Hela aquí:
Un día, Goliat apareció a cierta distancia en lo alto de la pendiente con una hembra
desconocida sonrosada (en celo) inmediatamente detrás de él. Hugo y yo pusimos al
punto un montón de plátanos donde los dos chimpancés pudieran verlos y nos
ocultamos en la carpa para observarlos. Cuando la hembra vio nuestro campamento
trepó a un árbol y miró atentamente hacia abajo. Al instante, Goliat se detuvo
también y alzó la vista hacia ella. Después miró los plátanos. Avanzó un poco ladera
abajo, se detuvo, y volvió a mirar a su hembra. Esta no se había movido.
Lentamente siguió bajando Goliat, y esta vez la hembra bajó calladamente del árbol
y se perdió entre la maleza. Cuando Goliat miró en torno suyo y vio que no estaba,
se puso a correr, sencillamente. Un momento después, la hembra volvió a trepar a un
árbol, seguida por Goliat, con todos los pelos erizados. La peinó un momento, pero
sin dejar de echar sus miradas al campamento. Aunque ya no podía ver los plátanos,
sabía que estaban allí, y como llevaba unos diez días ausente, es probable que la
boca se le estuviera haciendo agua.
Acabó por bajar y otra vez avanzó hacia nosotros, deteniéndose a cada pocos
pasos para quedarse mirando fijamente a la hembra que estaba atrás, inmóvil; pero
Hugo y yo tuvimos la neta impresión de que quería abandonar la compañía de
Goliat. Cuando éste estuvo un poco más lejos ladera abajo, era evidente que la
vegetación no le permitía ver a la hembra, porque miró hacia atrás y rápidamente
volvió a subir al árbol. Ella seguía allí. Volvió a bajar, caminó unos metros y corrió
otra vez a lo alto de un árbol. Todavía estaba ella allí. Pasaron otros cinco minutos
en que Goliat siguió avanzando hacia los plátanos.

78
K. J. y C. Hayes, de los laboratorios Yerkes de biología de los primates en Orange Park, Florida, que criaron un
chimpancé en su hogar y lo sometieron sistemáticamente a una educación humanizadora "forzosa", calcularon su
cociente de inteligencia en 125 a la edad de dos años y ocho meses. (C. Hayes, 1951, y K. J. Hayes y C. Hayes, 1951.1

Página 79 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Cuando llegó al claro del campamento, Goliat se encontró con otro problema: ya
no había árboles adonde subirse y desde el suelo no podía ver a la hembra. Tres
veces dio unos pasos hacia el terreno descubierto, se volvió y corrió a lo alto del
último árbol. La hembra no se movía. Súbitamente, Goliat pareció decidirse y a un
buen trotecillo, casi al galope, corrió hacia los plátanos. Agarró uno solo y se volvió
para trepar otra vez a su árbol. La hembra seguía sentada en la misma rama. Goliat
acabó su plátano y como un poco más tranquilizado, volvió aprisa al montón de
fruta, cogió una brazada y se apresuró a volver al árbol. Esta vez, la hembra se había
ido; mientras Goliat cogía los plátanos había bajado de su rama, echando miradas
hacia él por encima del hombro, y se había esfumado en silencio.
Era divertido ver la consternación de Goliat. Dejando caer los plátanos volvió a
subir rápidamente al árbol donde la había dejado, oteó los alrededores y después se
hundió también en la espesura. Estuvo unos veinte minutos buscando a la hembra.
Cada pocos minutos lo veíamos subir a otro árbol y mirar fijamente en todas
direcciones, pero no la halló, y al final renunció a la búsqueda, volvió al
campamento, visiblemente exhausto, y se puso a comer plátanos poco a poco. Pero
sin dejar de volver la cabeza y mirar ladera arriba. (J. van Lawick-Goodall, 1971.)
La incapacidad de tomar una decisión el macho acerca de si comería primero
plátanos o montaría a la hembra es verdaderamente digna de nota. Si hubiéramos
observado este mismo comportamiento en un hombre, diríamos que padecía de duda
obsesiva, porque el individuo humano normal no tendría dificultad en obrar de
acuerdo con el impulso dominante en su estructura de carácter; el carácter receptivo
oral primero se comería el plátano y pospondría la satisfacción de su impulso
sexual; el "carácter genital" hubiera dejado esperar la comida hasta quedar
sexualmente satisfecho. En uno u otro caso hubiera obrado sin vacilaciones. Como
es difícil suponer que el macho de este ejemplo padezca de neurosis obsesiva,
seguramente la explicación del por qué se conduce de ese modo se halla en lo que
dice Kortlandt, que desgraciadamente no menciona Jane van
Lawick-Goodall.
Kortlandt describe la notable tolerancia del chimpancé para con los animales
jóvenes así como su deferencia respecto de los viejos, aunque ya hayan perdido
mucho antes sus facultades físicas. Van Lawick-Goodall insiste en la misma
característica:
Los chimpancés suelen ser bastante tolerantes en su comportamiento entre ellos.
Sobre todo es así en los machos, y no tanto en las hembras. Un caso típico de
tolerancia de un dominante para con un subordinado se produjo en ocasión en que
un macho adolescente estaba comiendo del único racimo maduro de una palmera.
Un macho mayor subió pero no trató de obligar al otro a irse sino que se puso junto
al joven y ambos comieron mano a mano. En condiciones semejantes, un chimpancé
subordinado llegaría hasta el dominante, pero antes de ponerse a comer lo tocaría en
los labios, los muslos o la región genital. La tolerancia entre los machos es
particularmente advertible en la estación del apareamiento, como por ejemplo, en la
ocasión arriba descrita, en que se observó la copulación de siete machos con una
hembra sin que hubiera entre ellos señales de agresión; uno de aquellos machos era
adolescente. (J. van Lawick-Goodall, 1971.)
En gorilas observados en libertad, G. B. Schaller comunica que en general era
pacífica la "interacción" entre grupos. Hubo cargas de alarde agresivas por parte de
un macho, como ya se dijo, y "una vez observé una agresividad débil en forma de
cargas incipientes contra intrusos de otro grupo por parte de una hembra, un animal
joven y un pequeñuelo. La mayor parte de la agresividad intergrupal se limitó a

Página 80 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

miradas fijas y bocados al aire". Schaller no presenció ataques agresivos serios entre
gorilas. Esto es tanto más digno de atención por cuanto los territorios domésticos de
los grupos de gorilas no sólo se traslapaban, sino que parece frecuente que los
compartiera la población gorila, cosa que hubiera propiciado de sobra las fricciones.
(G. B. Schaller, 1963, 1965.)
Debemos conceder atención especial a lo que comunica Lawick-Goodall acerca
del comportamiento de alimentación, porque sus observaciones han sido utilizadas
por algunos autores como argumento en favor del carácter carnívoro o "depredador"
de los chimpancés. Dice que "los chimpancés de la reserva del río Gombe (y
probablemente de la mayoría de los lugares por donde está extendida toda esta
especie) son omnívoros . . . El chimpancé es primordialmente vegetariano; quiero
decir que la mayor parte, con mucho. de los alimentos que constituyen su régimen
en general son vegetales". (J. van Lawick-Goodall, 1968.) Había algunas
excepciones a esta regla. En el curso de su primer estudio, ella o su ayudante vieron
chimpancés comer la carne de otros mamíferos en veintiocho casos. Además,
examinando muestras ocasionales de heces fecales en los dos primeros años y medio
y otras regulares en los dos y medio últimos, descubrió en total en el estiércol restos
de treinta y seis tipos de mamíferos, además de los que vieron devorar a los
chimpancés. Informa por otra parte de cuatro casos en aquellos años, tres de un
chimpancé macho que agarraba y mataba a un pequeñuelo de cinocéfalo y otro en
que fue muerto un mono rojo colobus, probablemente hembra, amén de sesenta y
ocho mamíferos (en su mayoría primates) devorados en cuarenta y cinco meses,
aproximadamente uno y medio por mes, por un grupo de cincuenta chimpancés.
Estas cifras confirman la declaración anterior del autor de que "el régimen de los
chimpancés es en general vegetal" y por ello es excepcional el que coman carne.
Pero en su conocida obra In the shadow of man dice la autora llanamente que ella y
su marido vieron "chimpancés que comían carne con bastante frecuencia" (J. van
Lawick-Goodall, 1971), mas sin mencionar los datos atenuantes de su obra anterior,
que señalan la relativa infrecuencia de la dieta cárnea. Insisto en esto porque en
publicaciones realizadas de acuerdo con este estudio se comenta el énfasis en el
carácter "depredador" de los chimpancés, con base en la versión de los datos de van
Lawick-Goodall de 1971. Pero los chimpancés son omnívoros, como han declarado
muchos autores, y su régimen es principalmente vegetariano. Comen carne de vez
en cuando (en realidad raramente), y ese hecho no los hace carnívoros y menos
animales depredadores. Pero el empleo de las palabras "depredador" y "carnívoro"
insinúa que el hombre nace con una destructividad innata.

TERRITORIALISMO Y DOMINANCIA

En el cuadro popular de la agresividad animal ha influido mucho el concepto de


territorialismo. La obra de Robert Ardrey The territorial imperative (1967) dejó en
el público general la impresión de que en el hombre domina el instinto de defender
su territorio, instinto heredado de sus antepasados animales. Este instinto sería una
de las principales causas de la agresividad animal y humana. Es fácil sacar
analogías, y a muchos les seduce la idea tan a la mano de que la fuerza de ese
mismo instinto es la que ocasiona las guerras.
Pero esta idea es totalmente errada, por muchas razones. En primer lugar, hay
muchas especies animales a las que no se aplica el concepto de territorialidad. "La
territorialidad se encuentra sólo en los animales superiores, como los vertebrados y

Página 81 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

los artrópodos, y aun en éstos en forma muy irregular." (J. P. Scott, 1968a.) Otros
estudiosos del comportamiento, como Zing Yang Kuo, se sienten "más bien
inclinados a pensar que la llamada ‘defensa territorial’ no es en definitiva sino un
nombre imaginado para designar las pautas de reacción a los extraños, con sabor de
antropomorfismo y darwinismo decimonónico. Son necesarias otras exploraciones
experimentales más sistemáticas para decidir el caso." (Zing Yang Kuo, 1960.)
N. Tinbergen distingue entre el territorialismo de las especies y el del individuo:
"Parece seguro que los territorios se escogen ante todo con base en propiedades a
que los animales reaccionan de modo innato. Esto hace que todos los animales de la
misma especie, o por lo menos de la misma población, escojan el mismo tipo
general de hábitat. Pero la vinculación personal de un macho a su territorio —
representación particular del hábitat o criadero de la especie— es consecuencia de
un proceso de aprendizaje." (N. Tinbergen, 1953.)
En la descripción de los primates hemos visto cuán frecuente es que los territorios
se corten o traslapen. Si la observación de los monos nos enseña algo es que los
diversos grupos de primates son muy tolerantes y flexibles en relación con su
territorio y sencillamente no presentan un cuadro que autorice la analogía con una
sociedad que guarda celosamente sus fronteras e impide por medio de la fuerza la
entrada a cualquier "extranjero".
Es además erróneo por otra razón suponer que el territorialismo sea la base de la
agresión humana. La defensa del territorio cumple la misión de evitar la grave lucha
que sería necesaria si invadieran el territorio a tal grado que llegara a faltar el
espacio. La pauta de amenaza en que se manifiesta la agresión territorial es el modo
instintivamente configurado de mantener el equilibrio espacial y la paz. El bagaje
instintivo del animal tiene la misma función que la organización jurídica en el
hombre. De ahí que el instinto caduque cuando hay otros medios simbólicos de
demarcar un territorio y advertir: "prohibido el paso". Vale también la pena recordar
que, como después veremos, muchas guerras se desencadenan para conseguir ventajas
de distintos tipos y no en defensa contra ninguna amenaza al territorio. Los únicos
que no lo piensan así son los fautores de guerra.
Abundan también las impresiones erróneas acerca del concepto de dominancia. En
muchas especies, pero no en todas, vemos que el grupo está organizado
jerárquicamente. El macho más fuerte tiene preeminencia en la comida, el sexo y los
cuidados sociales de la piel sobre los otros machos que le son inferiores en
jerarquía 79. Pero la dominancia, como el territorialismo, no existe de ninguna manera
en todos los animales y tampoco se halla regularmente en los vertebrados y
mamíferos.
En lo referente a la dominancia entre los primates no humanos advertimos una
gran diferencia entre algunas especies de simios como los cinocéfalos y macacos, en
que hallamos sistemas jerárquicos estrictos y bastante bien desarrollados, y los
antropoides, que tienen normas de dominancia mucho menos fuertes. Dice Schaller a
propósito de los gorilas montañeses:
Se observaron 110 veces interacciones definidas de dominancia. Lo más frecuente es
que ésta se afirmara a lo largo de angostas sendas cuando un animal pretendía tener el
derecho de paso o en la elección de asiento, en que el animal dominante suplantaba al
subordinado. Los gorilas manifestaban su dominancia con un mínimo de acciones.
Por lo general un animal de categoría inferior sencillamente se quitaba del lugar en

79
Es más raro que se trace un paralelo entre esta jerarquía y las raíces "instintivas" de la dictadura que entre el
territorialismo y el patriotismo, aunque no sería menos lógico. La razón de este diferente modo de razonar está
probablemente en que es menos popular la idea de una base instintiva para la dictadura que para el "patriotismo".

Página 82 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

cuanto se acercaba uno superior o lo miraba fijamente por un momento. El ademán


más frecuentemente observado de contacto físico era un golpecito que el dominante
aplicaba al cuerpo del subordinado con el dorso de la mano. (G. B. Schaller, 1965.)
En su comunicación relativa a los chimpancés de la selva de Bodongo dicen V. y F.
Reynolds:
Aunque había algunas señales de diferencias de categoría entre individuos, las
interacciones de dominancia formaban una fracción mínima del comportamiento
observado en los chimpancés. No se hallaron pruebas de una jerarquía lineal de
dominancia entre machos ni hembras; no se observaron derechos exclusivos a las
hembras receptivas, y no había jefes de grupo permanentes. (V. y F. Reynolds, 1965.)
En su estudio de los cinocéfalos se pronuncia T. E. Rowell contra todo el concepto de
dominancia y dice que "las pruebas circunstanciales indican que el comportamiento
jerárquico parece ir de la mano con el estrés ambiental de diversos tipos, y con la
fatiga por él producida, es el animal de rango inferior el que primero acusa síntomas
fisiológicos (menor resistencia a las enfermedades, por ejemplo). Si es el
comportamiento subordinado el que determina la posición (y no el comportamiento
dominante, como suele suponerse), el factor estrés puede verse afectar directamente a
todos los animales en grado diferente según su estructura y producir al mismo tiempo
cambios fisiológicos y conductuales (comportamiento sumiso), que a su vez conducen
a una organización social de tipo jerárquico ". (T. E. Rowell, 1966.) Llega a la
conclusión de "que la jerarquía resulta basada principalmente en las pautas de
comportamiento de los subordinados y en los animales inferiores, no en los de alta
jerarquía". (T. E. Rowell, 1966.)
W. A. Mason manifiesta también mucha reserva, basado en sus estudios de
chimpancés:
Opinamos que "dominancia " y "subordinación" son simples designaciones
convencionales del hecho de que los chimpancés suelen tener entre ellos la relación
de intimidante e intimidado. Naturalmente, sería de suponer que los animales más
grandes, fuertes, turbulentos y agresivos de cualquier grupo (que intimidan a casi
todos los demás), ostentan un status de dominancia generalizada. Posiblemente esto
explica el hecho de que en libertad los machos mayores dominan por lo general a las
hembras adultas y éstas a su vez dominan a los adolescentes y menores. Pero aparte
de esta observación, no hay indicaciones de que los grupos de chimpancés en su
conjunto estén organizados de modo jerárquico; tampoco hay pruebas convincentes
de una tendencia autónoma a la supremacía social. Los chimpancés son voluntariosos,
impulsivos y codiciosos, lo que es ciertamente base suficiente para la aparición de la
dominancia y la subordinación, sin que intervengan motivos y necesidades sociales
especiales.
La dominancia y la subordinación pueden considerarse, pues, el subproducto
natural del trato social y sólo una faceta de las relaciones entre individuos . . . (W. A.
Mason, 1970.)

El mismo comentario que hice a propósito del territorialismo se aplica a la


dominancia, en tanto la haya. Su funcionamiento proporciona paz y coherencia al
grupo e impide las fricciones que podrían degenerar en serios combates. En lugar de
eso, el hombre tiene los acuerdos, la etiqueta y las leyes, que remplazan al instinto
ausente.
La dominancia animal se ha sólido interpretar como feroz "mandonismo" del jefe,
que goza mandando al resto del grupo. Es cierto que entre los monos la autoridad del
jefe suele basarse en el temor que causa a los demás. Pero entre los antropoides, como

Página 83 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

por ejemplo el chimpancé, con frecuencia no es el temor a la capacidad de ejercer


represalias que tiene el animal más fuerte sino su competencia en el mando del grupo
lo que decide su autoridad. A manera de ejemplo ya mencionado, comunica Kortlandt
(1962) el caso de un chimpancé viejo que conservó su jefatura por su experiencia y
sabiduría, a pesar de estar ya físicamente débil.
Cualquiera que sea el papel de la dominancia en los animales, parece bastante
averiguado que el animal dominante debe merecer continuamente su papel, es decir:
demostrar su gran fuerza física, prudencia, energía o lo que le confiera el derecho de
ser dirigente. J. M. R. Delgado (1967) comunica un experimento muy ingenioso con
monos que parece indicar que si el animal dominante pierde sus cualidades
especiales, siquiera momentáneamente, pierde su calidad de jefe. En la historia de la
humanidad, donde la dominancia se institucionaliza y deja de ser función de
competencia personal, como es todavía el caso en las sociedades primitivas, ya no es
necesario que el dirigente esté en constante posesión de sus facultades sobresalientes,
y en realidad ni siquiera es necesario que las tenga. El sistema social condiciona a la
gente para que vean en el título, el uniforme o lo que sea la prueba de que el jefe es
competente, y mientras estén presentes esos símbolos, respaldados por todo el
sistema, el hombre común y corriente no se atreve siquiera a preguntarse si el rey está
verdaderamente vestido.
agresivo que correspondería a la realidad si la teoría hidráulica de Lorenz fuera
acertada.
Aun entre los mamíferos más agresivos, las ratas, la intensidad de la agresividad
no es tan grande como señalan los ejemplos de Lorenz. Sally Carrighar ha hecho
advertir la diferencia entre un experimento con ratas que cita Lorenz en favor de su
hipótesis y otro experimento que señala claramente que el punto crítico no era una
agresividad innata de las ratas sino ciertas condiciones que eran causa de la
agresividad mayor o menor:
Según Lorenz, Steiniger puso ratas pardas (turones) de diferentes localidades en un
gran cercado que les proporcionaba condiciones de vida enteramente naturales. Al
principio, los diferentes animales parecían temerse mutuamente; no estaban de humor
agresivo, pero se mordían si se topaban por casualidad frente a frente, y sobre todo,
cuando dos de ellas corrían hostigadas a lo largo de la barda y chocaban a bastante
velocidad80.
Las ratas de Steiniger pronto empezaron a atacarse unas a otras y a reñir, hasta
que murieron todas menos una pareja. Las descendientes de esta pareja formaron un
clan, que después acabó con cualquier rata que se introdujera en el hábitat.
En los mismos años en que se realizaba este estudio, John B. Calhoun estaba
investigando también el comportamiento de las ratas en Baltimore. En la primera
población de Steiniger había 15 ratas; en la de Calhoun, 14 ... extrañas también las
unas respecto de las otras. Pero el cercado de Calhoun era 16 veces más grande que el
de Steiniger y más favorable en otros aspectos: se habían dispuesto "refugios" para
las ratas perseguidas por asociados hostiles (en el campo probablemente habría
cobijos así) y se identificó a todas las ratas de Calhoun por medio de marcas.
Durante 27 meses, desde una torre situada en el centro de aquel vasto espacio, se
tomó nota de todos los movimientos de las distintas ratas. Después de unas cuantas
peleas mientras se conocían, formaron dos clanes, ninguno de los cuales trató de
eliminar al otro.

80
Entre paréntesis: la mayoría de los psicólogos del animal no calificarían de “enteramente naturales” las
condiciones proporcionadas por ningún cercado, y sobre todo siendo éste tan pequeño que los individuos chocaran
corriendo a lo largo de la barda.

Página 84 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Había muchas idas y venidas de acá para allá sin oposición . . . tan frecuentes que
algunos individuos recibieron el mote de mensajeros. (S. Carrighar, 1968.)81
En contraste con los vertebrados y los invertebrados inferiores, como ha señalado J.
P. Scott, uno de los más destacados conocedores de la agresión animal, ésta es muy
común entre los artrópodos, como se ve en los terribles combates de la langosta
americana, y entre insectos sociales

LA AGRESIVIDAD ENTRE LOS DEMÁS MAMÍFEROS

No sólo dan muestras los primates de poca destructividad sino que todos los demás
mamíferos, rapaces o no, no ostentan el comportamiento como las avispas y algunas
arañas, en que la hembra ataca al macho y lo devora. También puede hallarse mucha
agresividad entre peces y reptiles. Y dice:
La fisiología comparada del comportamiento combativo en los animales conduce a
la conclusión, extremadamente importante, de que la estimulación primaria en el
comportamiento combativo es externa; o sea que no hay estimulación espontánea
interna que obligue a un individuo a pelear independientemente de lo que le rodee.
Los factores fisiológicos y emocionales que intervienen en el sistema del
comportamiento agonístico son, pues, muy diferentes de los que entran en el
comportamiento sexual y en el ingestivo.

Y más adelante declara:

En condiciones naturales, la hostilidad y la agresión en el sentido de


comportamiento agonístico destructivo y mal adaptativo (subrayado mío) son
difíciles de hallar en las sociedades animales.

Refiriéndose al problema específico de la estimulación espontánea interna que


postula Lorenz, Scott dice:

Todos los datos que tenemos actualmente indican que el comportamiento combativo
entre los mamíferos superiores, entre ellos el hombre, se debe a estimulación interna
y no hay pruebas de que haya estimulación interna espontánea. Los procesos
emocionales y fisiológicos prolongan y agrandan los efectos de la estimulación,
pero no le dan origen. (J. P. Scott, 1968a.) 82

¿Tiene el hombre una inhibición contra el acto de matar?

Uno de los puntos más importantes en la cadena de explicaciones a la agresión


humana que expone Lorenz es la hipótesis de que en el hombre, a diferencia de los
animales depredadores, no se han formado inhibiciones instintivas que impidan
matar a sus conespecíficos, y lo explica suponiendo que el hombre, como todos los
animales no rapaces, no tiene armas naturales tan peligrosas como las garras y otras
y que por ello no necesita de tales inhibiciones. Sólo hace tan peligrosa esta falta de
inhibiciones instintivas el hecho de poseer armas.

81
Cf. S. A. Barnett y M. M. Spencer (1951) y S. A. Barnett (1958, 1958a).
82
Zing Yang Kuo, en sus estudios experimentales de combate contra animales en los mamíferos ha llegado a
conclusiones análogas (1960).

Página 85 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Mas ¿es verdaderamente cierto que el hombre no tenga inhibiciones contra el


acto de matar?
El historial del hombre se caracteriza tan frecuentemente por ese acto que a
primera vista parecería improbable que tuviera alguna inhibición de ese tipo. Pero si
reformulamos la cuestión de otro modo (atiene el hombre inhibiciones que le
impidan matar a seres humanos o animales con quienes se identifique en grado
mayor o menor, o sea que no resulten completamente "extraños " para él y a los que
esté unido por lazos afectivos? ), la respuesta no parece convincente.
Hay algunas pruebas en el sentido de que tales inhibiciones podrían existir y que
al acto de matar puede seguir un sentimiento de culpa.
En las reacciones de la vida cotidiana es fácil descubrir que el elemento de
familiaridad y endopatía desempeña un papel en la generación de inhibiciones contra
la muerte de animales. Muchas personas muestran una decidida aversión a matar y
comer un animal con el que estén familiarizados o que tengan como favorito en la
casa, como un conejo o un cabrito. Muchas son las personas que no matarían
semejante animal y a las que repugna patentemente la idea de comérselo. Esas
mismas personas por lo general no vacilan en comer de otro animal semejante
cuando falta este elemento de endopatía. Pero no sólo hay una inhibición contra la
muerte de los animales conocidos individualmente, sino también en cuanto se tiene
un sentido de identidad con el animal como ser vivo. Todos estos hechos parecen
indicar que podría haber un sentimiento de culpa consciente o inconsciente en
relación con el aniquilamiento de los seres vivos, sobre todo cuando hay cierta
endopatía. Este sentido de afinidad con el animal y de necesidad de reconciliarse con
su destrucción está manifestado en forma por demás impresionante en los rituales del
culto al oso de los cazadores paleolíticos. (J. Mahringer, 1952.) 83
El sentido de identidad con todos los seres vivos que comparten con el hombre el
atributo de la vida se ha hecho explícito en calidad de importante principio moral en
el pensamiento de la India, y ha conducido en el hinduismo a la prohibición de
matar ningún animal.
No es improbable que también haya inhibiciones en relación con el matar a otros
seres humanos, con tal de que esté presente un sentido de identidad y endopatía.
Tenemos que partir de la consideración de que para el hombre primitivo al
`"extraño" o alienígeno, al que no pertenece al grupo, no suele considerársele un
semejante sino "algo" con que uno no se identifica. Hay en general gran renuencia a
matar a un miembro del grupo, y en la sociedad primitiva el castigo más severo para
las fechorías era el ostracismo, no la muerte. (Esto está todavía manifiesto en la
Biblia, en el castigo de Caín.) Pero no tenemos sólo estos casos de las sociedades

primitivas. Incluso en una cultura tan alta como la de los griegos, se sentía como que
los esclavos no eran del todo humanos.
Hallamos el mismo fenómeno en la sociedad moderna. Todos los gobiernos
intentan en caso de guerra despertar en sus connacionales el sentimiento de que el
enemigo no es humano. No se le llama por su propio nombre, sino por otro, como en
la primera guerra mundial se denominó a los alemanes "hunos" (por los ingleses) y
"boches" (por los franceses). Esta destrucción de la calidad de humano del enemigo
llega a su colmo cuando los contrincantes son de otro color. En la guerra de Vietnam
83
Creo que podría subyacer una razón semejante en el ritual judío de no comer carne con leche. La leche y sus
productos son símbolos de vida; simbolizan el animal vivo. La prohibición de comer juntos productos lácteos y
cárneos parece indicar la misma tendencia a distinguir claramente entre el animal vivo y el que se emplea como
alimento.

Página 86 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

hubo bastantes ejemplos que indicaban cómo muchos soldados norteamericanos


tenían escaso sentido de endopatía respecto de los vietnamitas, a los que llamaban
gooks (chales). Se elimina incluso la palabra "matar" y se dice eliminar o "desechar"
(wasting). El teniente Calley, acusado y convicto de asesinar a muchos civiles
vietnamitas, hombres, mujeres y niños, en My Lai, empleó como argumento para su
defensa la consideración de que no le habían enseñado a ver en los del FNL
(Vietcongs) a seres humanos sino sólo "el enemigo". No se trata aquí de saber si eso
es buena o mala defensa. Con seguridad es un argumento potísimo, porque es cierto y
expresa con palabras la actitud subyacente respecto de los campesinos vietnamitas.
Hitler hizo otro tanto llamando a los "enemigos políticos" que quería aniquilar
Untermenschen (infrahumanos). Casi parece una regla que cuando uno desea hacer
más fácil para su bando la eliminación de seres humanos del otro inculque en sus
propios soldados la idea de que los que se trata de suprimir no son personas
humanas84.
Un modo de despojar al otro de su calidad de persona es también cortar todos los
lazos afectivos con él. Esto se halla en forma de estado espiritual permanente en
ciertos casos patológicos graves, pero puede darse asimismo transitoriamente en uno
que no sea enfermo. No importa que el objeto de la agresión sea un extraño o un
pariente cercano o un amigo, lo que ocurre es que el agresor "corta" emocionalmente
al otro y no lo toma en cuenta para nada. El otro deja de ser para el agresor un ser
humano y se convierte en "cosa que está por ahí". En estas circunstancias no hay
inhibiciones ni siquiera contra las formas más graves de destructividad. Esta es una
buena prueba de evidencia clínica en favor de la hipótesis de que la destrucción
agresiva se produce, al menos en buena parte, en conjunción con una retracción
emocional momentánea o crónica.
Cuando no se tiene conciencia de que otro ser es humano, el acto de crueldad y
destructividad adquiere una calidad diferente. Un ejemplo sencillo nos lo mostrará, Si
un hindú o un budista, por ejemplo, con un sentimiento genuino y hondo de endopatía
por todos los seres vivos, viera a una persona contemporánea común y corriente matar
una mosca sin la menor vacilación, calificaría su acción de considerablemente dura y
destructiva; pero se equivocaría en su juicio El caso está en que muchas personas no
tienen conciencia de que la mosca sea un ser que siente y por eso la tratan como
harían con un "objeto" molesto. No es que esas personas sean especialmente crueles,
pero su experiencia de los "seres vivos" es limitada.

84
Reflexionando acerca de la matanza en gran escala de rehenes y reclusos por las fuerzas que tomaron al asalto la
prisión de Attica, Nueva York, Tom Wicker escribió al respecto un artículo muy considerado. Menciona una declaración
publicada por el gobernador del estado de Nueva York, Nelson A. Rockefeller, después de la masacre de Attica, que
empieza diciendo: "Nuestros corazones están con las familias de los rehenes que murieron en Attica", y añade Wicker:
`Buena parte de lo que andaba mal en Attica –y en otras muchas prisiones y `correccionales' norteamericanas– puede
descubrirse en el simple hecho de que ni en esa frase ni en ninguna otra, ni el gobernador ni ningún otro funcionario
manifestaron con una sola palabra su simpatía a las familias de los presos muertos.
"
Verdad es que entonces se creyó que la muerte de los rehenes había sido ocasionada por los presos y no –como se
sabe ahora– que se debiera a las balas y perdigonadas mandadas disparar por las autoridades del estado por encima de los
muros. Mas aunque hubieran sido los prisioneros y no la policía los que mataran a los rehenes, no por eso hubieran
dejado de ser seres humanos, y con seguridad lo hubieran seguido siendo sus madres, esposas e hijos. Pero el corazón
oficial del estado de Nueva York y sus funcionarios no estaban con ninguno de ellos.
"
Ahí está la clave de la cuestión: los presos, y sobre todo los presos negros, en muchos, demasiados casos no son
considerados ni tratados como seres humanos. Y por ende, tampoco sus familias."
Continúa Wicker: " De vez en cuando, los miembros del grupo especial de observadores que trataron de negociar una
solución en Attica oyeron a los presos aducir que ellos también eran seres humanos y que por encima de todo querían
que los trataran como a tales. Una vez, en una sesión de negociación a través de un portón con barras de acero que
separaba el territorio ocupado por los presos del ocupado por las fuerzas del estado, el Assistant Corrections
Commissioner Walter Dunbar dijo al jefe de los presos, Richard Clark: 'En 30 años, nunca mentí a un recluso'."
“’¿Y a un hombre?’ preguntó tranquilamente Clark.” (The New York Times, 18 de septiembre de 1971.)

Página 87 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

LA PALEONTOLOGÍA

¿ES EL HOMBRE UNA ESPECIE?

Debemos recordar que Lorenz emplea datos sobre animales referentes a la agresión
intraespecífica y no a la agresión entre especies diferentes. La cuestión que se presenta
ahora es saber si podemos estar realmente seguros de que los humanos en sus relaciones
con otros seres humanos los sienten conespecíficos y reaccionan por ello con pautas de
comportamiento preparadas genéticamente para los conespecíficos. Por el contrario, ¿no
vemos que en muchos pueblos primitivos se considera totalmente extraño y aun no
humano al individuo de otra tribu o que vive en un poblado vecino a unos cuantos
kilómetros, y por lo tanto no hay endopatía para él? Solamente con el proceso de la
evolución social y cultural ha ido aumentando el número de las personas que se aceptan
como a seres humanos. Parece haber buenas razones para suponer que el hombre no tiene
conciencia de que su semejante sea miembro de la misma especie, porque no facilitan ese
reconocimiento aquellas reacciones instintivas o semejantes a reflejos por las cuales el
olor, la forma, algunos colores, etc., anuncian al animal de inmediato la identidad de su
especie. De hecho, en muchos experimentos con animales se ha demostrado que aun el
animal puede ser engañado y puede hacérsele vacilar acerca de cuáles son sus
congéneres.
Precisamente por tener el hombre un bagaje instintivo mucho menor que cualquier
otro animal no reconoce ni identifica tan fácilmente como los animales a sus
conespecíficos. Para él determinan quién es conespecífico y quién no el lenguaje
diferente, las costumbres, la vestimenta y otros criterios que percibe la mente, no los
instintos, y todo grupo que resulta ligeramente diferente se entiende que no participa de
su misma humanidad. De ahí la paradoja de que el hombre, precisamente por no tener el
bagaje instintivo, tampoco tiene la conciencia de la identidad de su especie y para él el
extranjero o extraño es como si perteneciera a otra especie. En una palabra: es la índole
de humanidad del hombre la que lo hace tan inhumano.
Si estas consideraciones son atinadas, la causa de Lorenz se hunde, porque todos sus
ingeniosos razonamientos y las conclusiones a que llega se basan en la agresión entre
miembros de la misma especie. En este caso se plantearía un problema enteramente
diferente, a saber, el de la agresividad innata de los animales contra los miembros de
otras especies. En lo que concierne a esta agresión interespecífica, los datos de animales
muestran si acaso menos evidencia de que tal agresión interespecífica esté programada
genéticamente salvo en los casos en que el animal es amenazado por o se halla entre
rapaces. ¿Podría defenderse la hipótesis de que el hombre desciende de un animal
depredador? ¿Podría suponerse que el hombre, si no lobo del hombre, es cordero del
hombre?

¿ES EL HOMBRE UN ANIMAL DEPREDADOR?

¿Hay alguna prueba que indique que los ancestros del hombre fueron animales
depredadores?

Página 88 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

El homínido más antiguo que pudiera haber sido uno de los antepasados del hombre
es el Ramapithecus, que vivió en la India hará unos catorce millones de años85. La forma
de su arcada dental era semejante a la de otros homínidos y mucho más parecida a la del
hombre que las de los antropoides actuales; aunque haya podido comer carne además de
su dieta principalmente vegetariana, sería absurdo pensar que fuera un animal
depredador.
Los fósiles de homínido más antiguos que conocemos después del Ramapithecus son
los del Australopithecus robustus y el más avanzado Australopithecus africanus, hallado
por Raymond Dart en Sudáfrica en 1924 y que se cree date de casi dos millones de anos.
El australopiteco ha sido objeto de mucha controversia. La inmensa mayoría de los
paleoantropólogos acepta actualmente la tesis de que los australopitecinos eran
homínidos, mientras que algunos investigadores, como D. R. Pilbeam y E. L. Simons
(1965), suponen que debe considerarse el A. africanus la primera aparición de Horno.
En la discusión de los australopitecinos se ha examinado mucho su empleo de
instrumentos para demostrar que fueron humanos o por lo menos antepasados del
hombre. Pero Lewis Mumford ha señalado en forma convincente que la importancia
de la fabricación de útiles como identificación del hombre induce a error y radica en
la deformación tendenciosa del concepto actual de técnica. (L. Mumford, 1967.)
Desde 1924 han aparecido nuevos fósiles, pero su clasificación es controvertida, así
como la cuestión de si el australopiteco era en grado considerable carnívoro, cazador
o fabricante de instrumentos 86. De todos modos, muchos investigadores están de
acuerdo en que el A. africanus era omnívoro y se caracterizaba por la variedad de su
dieta. B. G. Campbell (1966) llega a la conclusión de que los australopitecos comían
reptiles pequeños, aves, mamíferos pequeños como los roedores, raíces y fruta; o sea
los animales que podían capturar sin armas ni trampas. En cambio la caza presupone
la cooperación y una técnica adecuada que apareció mucho después y coincide con el
surgimiento del hombre en el Asia, unos 500 000 anos a. C.
Fuera o no cazador el australopiteco, no cabe duda de que los homínidos, como
sus antepasados los antropoides póngidos o mpungu no fueron animales depredadores
con la dotación instintual y morfológica que caracteriza a los depredadores carnívoros
como el león y el lobo.
A pesar de esta prueba inequívoca, no sólo el teatral Ardrey sino incluso un
científico serio como D. Freeman trató de identificar al australopiteco como un "adán"
paleontológico que llevaría el pecado original de la destructividad a la raza humana.
Freeman habla de los australopitecinos como de una "adaptación carnívora" con

85
Todavía se discute si el Ramapithecus fue o no un homínido y un antepasado directo del hombre. (Véase la
presentación pormenorizada de la cuestión en D. Pilbeam, 1970.) Casi todos los datos paleontológicos se basan
en buena dosis de especulación y por lo tanto son muy controvertibles. Siguiendo a un autor se puede llegar a un
cuadro muy distinto que siguiendo a otro. Pero para nuestro objeto no son esenciales los muchos y controvertidos
detalles de la evolución humana, y en cuanto a los puntos principales del desarrollo, he tratado de presentar lo
que parece ser el consenso de la mayoría de quienes estudian este campo de conocimiento. Mas incluso en relación
con las fases principales de la evolución humana omito del contexto algunos puntos de controversia por no
recargarlo. Para el análisis siguiente he utilizado ante todo estas obras: D. Pilbeam (1970), J. Napier (1970), J.
Young (1971), I. Schwidetzki (1971), S. Tax, ed. (1960), B. Rensch, ed. (1965), A. Roe y G. G. Simpson (1958,
1967), A. Portmann (1965), S. L. Washburn y P. Jay, eds. (1968), B. G. Campbell (1966) y cierto número de
trabajos menores, algunos de ellos indicados en el texto.
86
S. L. Washburn y F. C. Howell (1960) dicen que es muy poco probable que los más antiguos australopitecos, de
escasa estatura, que aumentaban su dieta fundamentalmente vegetal con carne, mataran mucho, "mientras que los
tipos posteriores, más grandes, que los remplazaron probablemente podrían habérselas con animales pequeños o los
no llegados a madurez, o unos y otros. No hay pruebas que indiquen que aquellos seres fueran capaces de apresar los
grandes mamíferos herbívoros tan característicos del pleistoceno africano". La misma opinión expone Washburn en
un trabajo anterior (1957), donde dice que "es probable que los australopitecinos fueran la presa y no los
cazadores". Pero posteriormente se ha sugerido que los homínidos, y con ellos los australopitecinos, "pudieron" haber
sido cazadores. (S. L. Washburn y C. S. Lancaster, 1968.)

Página 89 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

"predilecciones rapaces, asesinas y caníbales. La paleoantropología ha revelado así en


el último decenio una base filogenética para las conclusiones acerca de la agresión
humana a que ha llegado la investigación psicoanalítica de la índole humana". Y
resume: "Puede decirse entonces en una ancha perspectiva antropológica que la
manera de ser del hombre y sus destrezas, en definitiva la civilización, deben su
existencia al tipo de adaptación depredadora que se produjo en los
Australopithecinae carnívoros de los herbazales del África meridional en el
pleistoceno inferior." (D. Freeman, 1964.)
En la discusión que siguió a la presentación de su trabajo, Freeman no parece tan
convencido: "Y así, a la luz de los recientes descubrimientos de la paleoantropología
se ha presentado la hipótesis de que ciertos aspectos de la naturaleza humana (incluso
tal vez la agresividad y la crueldad) pudieran estar relacionados con las adaptaciones
especiales depredadoras y carnívoras tan fundamentales en la evolución de los
homínidos durante el pleistoceno. A mi modo de ver, es ésta una hipótesis que
merece investigación científica y desapasionada, porque concierne cuestiones que
hasta ahora ignoramos bastante." (D. Freeman, 1964. Subrayado mío.) Lo que en el
trabajo presentado era el hecho de que la paleoantropología había revelado
conclusiones acerca de la naturaleza humana en la discusión se convertía en hipótesis
"que merece investigación".
Oscurece esa investigación una confusión que se halla en Freeman —así como en
las obras de algunos otros autores— entre "depredador", "carnívoro" y "cazador".
Zoológicamente, los animales depredadores o rapaces están claramente definidos. Son
las familias de los felinos, las hienas, los perros y los osos, que se describen con la
característica de tener garras en los dedos y caninos o colmillos agudos. El animal
depredador encuentra su alimento atacando y matando a otros animales. Este compor-
tamiento está programado genéticamente, con un elemento marginal tan sólo de
aprendizaje y además, como queda mencionado, tiene una base neurológicamente
diferente de la agresión en tanto que reacción defensiva. Ni siquiera se puede decir
que el animal depredador sea un animal particularmente agresivo, porque en sus
relaciones con sus conespecíficos es sociable y aun amable, como hemos visto por
ejemplo en el comportamiento de los lobos. Los animales depredadores (a excepción
de los osos, que son principalmente vegetarianos y nada aptos para la caza) son
exclusivamente carnívoros. Pero no todos los animales carnívoros son depredadores.
Los animales omnívoros que comen vegetales y carne por esta razón no pertenecen al
orden de los Carnivora. Freeman sabe que "el término `carnívoro', cuando se aplica al
comportamiento de los Hominidae, adquiere un sentido bien distinto del que tiene al
usarse a propósito de especies de otros grupos del orden Carnivora". (J. D. Carthy, F.
J. Ebling, 1964. Subrayado mío). Pero entonces, ¿por qué llamar carnívoros a los
homínidos en lugar de omnívoros? La confusión consiguiente sólo contribuye a
implantar en el cerebro del lector la siguiente ecuación: el que come carne =
carnívoro = depredador, luego el homínido antepasado del hombre fue un animal
depredador provisto del instinto de atacar a los demás animales, entre ellos los demás
hombres; luego la destructividad del hombre es innata, y Freud tenía razón. Que era
lo que se trataba de demostrar.
Todo cuanto podemos decir en conclusión del A. africanus es que era un animal
omnívoro en cuyo régimen alimenticio desempeñaba un papel más o menos
importante la carne y que mataba animales, para procurarse alimento, cuando eran
suficientemente pequeños. El régimen cárneo no hace del homínido un depredador.
Además, actualmente es un hecho bastante aceptado, expresado por sir Julian

Página 90 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Huxley y otros, que el régimen alimenticio —vegetariano o cárneo— no tiene nada


que ver con la producción de agresividad.
Nada hay que justifique la suposición de que el australopiteco tuviera los
instintos de un animal rapaz que, en el caso de que fuera é1 el antepasado del
hombre, pudiera ser el causante de que el hombre tenga genes de "depredador".

ANTROPOLOGÍA

En este capítulo presentaré datos bastante pormenorizados acerca de los cazadores y


recolectores primitivos, los agricultores del neolítico y las sociedades urbanas
nuevas. De este modo, el lector podrá juzgar por sí mismo si esos datos sustentan o
no la tesis convencional de que cuanto más primitivo, más agresivo es el hombre. En
muchos casos, son descubrimientos realizados en los diez últimos años por una
generación reciente de antropólogos, y las opiniones contrarias más antiguas todavía
no han sido corregidas en la mente de muchos no especialistas.

"EL HOMBRE CAZADOR": ¿EL ADÁN ANTROPOLÓGICO?

Si no puede achacarse al carácter depredador de los homínidos antepasados del


hombre la agresividad innata de éste, ¿podría haber un ancestro humano, un Adán
prehistórico, responsable de su "caída"? Esto es lo que creen S. L. Washburn, una
de las máximas autoridades en la materia, y sus coautores, e identifican a este
"Adán" con el hombre cazador.
Parte Washburn de esta premisa: dado el hecho de que el hombre vivió 99% de su
historia cazando, debemos nuestra biología, nuestra psicología y nuestras costumbres
a los cazadores de otrora:

En un sentido muy real nuestro intelecto, nuestros intereses, emociones y vida


social básica son productos evolutivos del triunfo de la adaptación cinegética.
Cuando los antropólogos hablan de la unidad del género humano, están diciendo que
las presiones selectivas de la vida de los cazadores y recolectores eran tan
semejantes y el resultado tan afortunado que las poblaciones de Horno sapiens son
todavía fundamentalmente las mismas en todas partes. (S. L. Washburn y C. S.
Lancaster, 1968.) 87

La cuestión capital es entonces saber lo que significa "psicología del cazador".


Según Washburn, es una "psicología de carnívoro", formada ya cabalmente para
el pleistoceno medio, hará unos 500 000 años o tal vez más:

La cosmovisión de los primeros carnívoros humanos debe haber sido muy diferente
de la de sus primos vegetarianos. Los intereses de éstos hallaban satisfacción dentro
de un espacio reducido, y los demás animales importaban poco, salvo algunos que
87
Washburn y Lancaster (1968) contiene material abundante acerca de todos los aspectos de la vida del cazador.
Cf. también S. L. Washburn y V. Avis (1958).

Página 91 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

amenazaban atacar. Pero el deseo de obtener carne lleva a los animales a conocer
extensiones más vastas y a aprender las costumbres de muchos animales. Los hábitos
territoriales y la psicología de los humanos son fundamentalmente diferentes de los
de simios y antropoides. Durante 300 000 años por lo menos (quizá el doble) se
suman a la inclinación a averiguar y el afán de dominio del mono la curiosidad y
agresión de los carnívoros. Esta psicología de carnívoro estaba ya perfectamente
formada mediado el pleistoceno y tal vez tuviera su origen en las depredaciones de
los australopitecinos. (S. L. Washburn y V. Avis, 1958.)

Identifica Washburn la "psicología de carnívoro" con el impulso y el placer de matar.


Dice: "El hombre siente placer al dar caza a otros animales. Si el adiestramiento
cuidadoso no oculta los impulsos naturales, el hombre goza cazando y matando. En
muchas civilizaciones, la tortura v el sufrimiento se hacen espectáculo público para
que gocen todos." (S. L. Washhurn y V. Avis, 1958. Subrayado mío.)
Y vuelve a la carga Washburn: "El hombre tiene una psicología de carnívoro. Es
fácil enseñar a la gente a matar, y es difícil crear costumbres que eviten el dar muerte.
Muchos seres humanos gozan viendo padecer a otros seres humanos o con la muerte
de los animales ... las palizas y torturas en público son c o m u n e s en muchas
culturas." (S. L. Washburn, 1959.) En estas dos últimas frases da a entender
Washburn que no sólo el matar sino también la crueldad forman parte de la psicología
del cazador.
¿Cuáles son los argumentos de Washburn en favor de esta supuesta alegría innata
que producen la muerte y la crueldad?
Un argumento es "matar por deporte" (se refiere al deporte de "matar" y no al de
"cazar", que sería lo más exacto). Dice: "Tal vez se eche de ver esto más fácilmente
en los esfuerzos dedicados a mantener el matar por deporte. En tiempos antiguos, la
realeza y la nobleza tenían grandes parques donde podían gozar del deporte de matar,
y actualmente el gobierno de los Estados Unidos gasta muchos millones de dólares en
proporcionar animales a los cazadores." (S. L. Washburn y C. S. Lancaster, 1968.) Un
ejemplo análogo: "las personas que utilizan los avíos de pescar más ligeros para
prolongar la fútil porfía del pez con el fin de realzar al máximo su sensación personal
de dominio y destreza". (S. L. Washburn y C. S. Lancaster, 1968.) Menciona
Washburn la popularidad de la guerra:
Y hasta poco ha, la guerra se veía en forma muy parecida a la caza. Los otros seres
humanos eran sencillamente la presa más peligrosa. La guerra ha sido demasiado
importante en la historia de la humanidad para que no sea placentera para los varones
que en ella intervienen. Sólo últimamente, al cambiar del todo la índole y las
condiciones de la guerra, se ha combatido esa institución y puesto en tela de juicio su
prudencia como parte normal de la política nacional o vía aprobada de acceso a la
gloria social del individuo. (S. L. Washburn y C. S. Lancaster, 1968.)

Y dice en relación con esto:

El grado en que han entrado a formar parte de la psicología humana las bases
biológicas del acto de matar puede medirse por la facilidad con que se logra interesar
a los chiquillos en la caza, la pesca, la lucha y los juegos bélicos. No es que ese
comportamiento sea inevitable sino fácil de aprender, satisfactorio y en la mayoría de
las civilizaciones ha sido recompensado socialmente. El talento para matar y el placer
que procura su ejercicio se desarrollan normalmente en el juego, y las normas del

Página 92 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

juego preparan a los niños para su papel de adultos. (S. L. Washburn y C. S.


Lancaster, 1968.)
Dice Washburn que mucha gente goza matando y obrando cruelmente, y así parece
ser, pero eso significa tan sólo que hay individuos sádicos y culturas sádicas; pero
hay otros que no lo son. Podemos descubrir, por ejemplo, que el sadismo es mucho
más frecuente en los individuos frustrados y las clases sociales que se sienten
impotentes y tienen poco placer en la vida, por ejemplo la clase baja de Roma, a la
que se compensaba su pobreza material e impotencia social mediante espectáculos
sádicos, o la clase media inferior de Alemania, en cuyas filas reclutó Hitler sus más
fanáticos adeptos; también se puede hallar en las clases gobernantes que se sienten
amenazadas en su posición de dominio y su propiedad 88, o en grupos reprimidos con
sed de venganza.
La idea de que la caza produce el placer de la tortura es una afirmación no
justificada y poco plausible. Los cazadores en general no gozan con el sufrimiento del
animal y la verdad es que un sádico que gozara con la tortura sería un mal cazador; y
los pescadores tampoco emplean por lo general el procedimiento mencionado por
Washburn. Ni hay pruebas que justifiquen la suposición de que movían a los
cazadores primitivos impulsos sádicos o destructores. Al contrario, hay algunas
pruebas de que tenían un sentimiento de afecto por los animales muertos y tal vez de
culpa por matarlos. Entre los cazadores del paleolítico con frecuencia se dirigían al
oso llamándolo "abuelo" o lo consideraban el ancestro mítico del hombre. Cuando
mataban al oso, se excusaban; antes de comérselo celebraban una comida sagrada con
el oso de "invitado de honor", ante el cual se ponían los platillos mejores; finalmente,
lo enterraban con toda ceremonia. (J. Mahringer, 1952.)89
La psicología de la caza, incluso la del cazador contemporáneo, requiere un
estudio extensivo, pero en este contexto podemos de todos modos hacer algunas
observaciones. Ante todo, debemos distinguir entre la caza deporte de las élites en el
poder (por ejemplo, la nobleza en el sistema feudal) y todas las demás formas de
caza, como la de los cazadores granjeros primitivos, que protegían sus cultivos o sus
aves de corral, y los individuos que tienen aficiones venatorias. La "cinegética de la
élite" parece satisfacer el deseo de poder y dominación, incluso con cierta cantidad de
sadismo, que caracteriza a las minorías que detentan el poder, y nos dice mucho más
de la psicología feudal que de la venatoria.
Entre las motivaciones del profesional primitivo y del cazador aficionado
contemporáneo hay que distinguir por lo menos dos tipos. El primero tiene su origen
en lo hondo de la experiencia humana. En la acción de cazar el hombre vuelve,
siquiera brevemente, a ser parte de la naturaleza, al estado natural; se hace uno con el
animal y se libra del fardo de la escisión de la existencia: ser parte de la naturaleza y
trascenderla por virtud de su conciencia. Cuando persigue el hombre al animal, uno y
otro devienen iguales, aunque al final el hombre demuestra su superioridad con el
manejo de sus armas. En el hombre primitivo esta experiencia es plenamente
consciente. Disfrazándose de animal y considerando un animal a su ancestro, hace
explícita la identificación. Para el hombre contemporáneo, con su orientación
cerebral„ esta experiencia de ser uno con la naturaleza es difícil de verbalizar y de
sentir, pero aún se mantiene viva en muchos seres humanos.
Por lo menos igual importancia tiene para el cazador una motivación enteramente
diferente: la del placer de su destreza. Sorprende ver hasta qué punto descuidan

88
La matanza de los comntunards franceses en 1871 por el ejército vencedor de Thiers es un ejemplo señalado.
89
Cl. los autores citados por Mahringer. Una actitud semejante puede hallarse en los rituales cinegéticos de los
indios navajos; cf. R. Underhill (1953).

Página 93 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

muchos autores contemporáneos este elemento de la caza y enfocan su atención en el


acto de matar. Es notorio que la caza es una combinación de muchas destrezas y
conocimientos, aparte del manejo de un arma.
Este punto lo ha examinado en detalle William S. Laughlin, quien también parte
de la tesis de que "la caza es la pauta maestra de comportamiento de la especie
humana". (W, S. Laughlin, 1968.) Pero Laughlin no menciona el placer de matar o la
crueldad como parte de la pauta del comportamiento cazador, sino que lo describe en
estos términos generales: "La caza galardona la inventiva, la solución de problemas y
castiga efectivamente el fracaso en la solución del problema. Por eso ha contribuido
tanto al progreso de la especie humana como a mantenerla unida dentro de los
confines de una sola especie variable." (W. S. Laughlin, 1968.)
Laughlin señala un punto que es importantísimo tener presente en vista del énfasis
que suele ponerse en los instrumentos y las armas:

La caza es evidentemente un sistema instrumental en el sentido real de que se hace


algo, de que se ejecutan varios actos ordenados con un resultado de importancia
capital. Los aspectos tecnológicos, los dardos, las mazas, las hachas de mano y todos
los demás objetos propios de la exhibición en los museos no son esencialmente
significativos fuera del contexto en que se usen. No representan un punto apropiado
para empezar el análisis porque su posición en la secuencia está muy lejos de los
diversos complejos precedentes. (W. S. Laughlin, 1968.)90

La eficiencia de la caza ha de entenderse no sólo sobre la base del adelanto de sus


fundamentos técnicos sino por la creciente destreza del cazador:

Hay amplia documentación, aunque son sorprendentemente pocos los estudios


sistemáticos, para el postulado de que el hombre primitivo es un excelente conocedor
del mundo natural. Su conocimiento abarca todo el macroscópico mundo zoológico de
mamíferos, marsupiales, reptiles, aves, peces, insectos y las plantas. También conoce
bastante las mareas, los fenómenos meteorológicos en general, la astronomía y otros
aspectos del mundo natural, con algunas diferencias según los grupos en lo referente a
la complejidad y amplitud de ese conocimiento, y a los campos a que se
consagren . . . Sólo citaré aquí la importancia que tienen esos conocimientos para el
sistema conductual de la caza y su importancia en la evolución del hombre; ese
cazador que es el hombre estaba aprendiendo el comportamiento y la anatomía del
animal, incluso de él mismo. Primero se domesticó a sí mismo y después se dedicó a
los otros animales y las plantas. En este sentido, la caza fue la escuela que hizo
autodidacta a la especie humana. (W. S. Laughlin, 1968.)
En resumidas cuentas, la motivación del cazador primitivo no fue el placer de matar
sino el aprendizaje y el ejercicio óptimo de diversas destrezas, o sea la evolución del
hombre mismo 91.

90
Las observaciones de Laughlin apoyan plenamente una de las tesis principales de Lewis Mumford relativa al papel
de los instrumentos en la evolución de la humanidad.
91
Hoy que casi todo lo hacen las máquinas notamos poco placer en la destreza, salvo quizá el placer que la gente
siente con aficiones como la carpintería fina o la fascinación de las personas corrientes cuando tienen ocasión de ver
trabajar a un orfebre o un tejedor; tal vez la fascinación que ejerce el violinista ejecutante no se deba sólo a la belleza
de la música que genera sino también al despliegue de su habilidad. En las culturas donde la mayor parte de la
producción se hace a mano y se basa en la destreza, es evidente que el trabajo causa satisfacción debido a la destreza que
entraña y al grado en que interviene. La interpretación de que el placer de la caza es el placer de matar y no el de la
destreza denota la persona de nuestra época, para quien lo único que cuenta es el resultado de un esfuerzo, en este caso
la muerte, y no el proceso en sí.

Página 94 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

La argumentación de Washburn acerca de la facilidad con que puede interesarse a


los niños en la caza, la pesca y los juegos bélicos descuida el hecho de que a los
chiquillos puede inducírseles a cualquier clase de pauta de comportamiento
culturalmente aceptada. Concluir que este interés de los muchachos en las pautas de
comportamiento de aceptación general prueba el carácter innato del placer de matar
da fe de una actitud notablemente ingenua en cuestiones de comportamiento social.
Además debe observarse que en muchos deportes —desde la esgrima zen hasta la
nuestra, el judo, el karate— es patente que la fascinación que ejercen no está en el
placer de matar sino en la destreza de que permiten hacer gala.
Es asimismo insostenible la declaración de Washburn y Lancaster de que "casi
todas las sociedades humanas han considerado deseable matar a los miembros de
algunas otras sociedades humanas". (Washburn y Lancaster, 1968.) Esto es repetir
un cliché popular y la única fuente que presentan es el trabajo de D. Freeman
(1964), arriba examinado, cuya óptica está deformada por el modo de ver freudiano.
Los hechos dicen que, como veremos más adelante, las guerras entre los cazadores
primitivos eran característicamente incruentas, y por lo general no tenían por
objetivo matar. Decir que la institución de la guerra sólo últimamente ha sido puesta
en tela de juicio es, claro está, olvidar la historia de toda una serie de doctrinas
filosóficas y religiosas, y sobre todo las ideas de los profetas hebreos.
Si no seguimos el razonamiento de Washburn queda en pie la cuestión de si el
comportamiento cazador ha engendrado otras pautas. Ciertamente, parece haber dos
pautas de comportamiento programadas genéticamente por intervención del
comportamiento venatorio: la cooperación y la participación. La cooperación entre
los miembros de una misma banda era una necesidad práctica para la mayoría de las
sociedades cazadoras; y también el reparto de la comida. Como la carne se
descompone en la mayoría de los climas, salvo en el Ártico, no podía conservarse.
No todos los cazadores tenían la misma suerte en la caza; de ahí la consecuencia
. práctica de que quien hoy había tenido suerte compartiera su comida con los que la
tendrían mañana. Suponiendo que el comportamiento venatorio condujera a cambios
genéticos, la conclusión que se impone es que el hombre moderno tiene un impulso
innato de cooperación y reparto, no de muerte y crueldad.
Desafortunadamente, el historial humano de cooperación y reparto es harto
desigual, como nos muestra la historia de la civilización. Podría explicarse esto por
el hecho de que la vida del cazador no produjo cambios genéticos, o que los
impulsos de reparto y cooperación fueron hondamente reprimidos en aquellas
culturas cuya organización no alentaba esas virtudes y sí el egoísmo despiadado. De
todos modos, podría especularse todavía acerca de si la tendencia a cooperar y
compartir que hallamos hoy en muchas sociedades fuera del mundo industrializado
contemporáneo no señalaría el carácter innato de esos impulsos. En realidad,
incluso en la guerra moderna, en que el soldado de una manera general no siente
mucho
odio contra el enemigo, y sólo excepcionalmente comete crueldades 92 , advertimos
un grado notable de cooperación y repartimiento. Mientras en la vida civil la
mayoría de las personas no arriesgan su vida por salvar la de un semejante ni
comparten su comida con los demás, en la guerra ocurre diariamente,. Quizá pudiera
irse aún más lejos y sugerir que uno de los factores que hacen atractiva la guerra es
precisamente la posibilidad de practicar impulsos muy hondos que nuestra sociedad
considera en tiempo de paz —por cierto que con muy poco idealismo— tonterías.
92
Esto es diferente hasta cierto punto en guerras como la de Vietnam, donde el enemigo "indígena " no se siente
como ser humano. Cf. pp. 131-132.

Página 95 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Las ideas de Washburn sobre la psicología del cazador son sólo un ejemplo de su
predisposición en favor de la teoría de que la destructividad y la crueldad son
innatas en el hombre. En todo el campo de las ciencias sociales se puede observar
un alto grado de partidarismo cuando se llega a cuestiones directamente
relacionadas con los actuales problemas emocionales y políticos. Cuando se trata de
las ideas y los intereses de una sociedad, la objetividad suele ceder a la tendencia.
La sociedad contemporánea, con su disposición casi ilimitada a suprimir vidas
humanas por razones políticas o económicas puede defenderse mejor contra la
cuestión elemental humana de su derecho a hacerlo así entendiendo que la
destructividad y crueldad no son engendradas por nuestro sistema social sino que
son cualidades innatas en el hombre.

La agresión y los cazadores primitivos

Por fortuna, nuestro conocimiento del comportamiento venatorio no se limita a


especulaciones; hay un cuerpo considerable de información acerca de los cazadores
y recolectores primitivos todavía existentes, que demuestra que la caza no conduce a
la destructividad y la crueldad y que los cazadores primitivos son relativamente poco
agresivos si se les compara con sus hermanos civilizados.
Se plantea la cuestión de si podemos aplicar nuestro conocimiento de estos
cazadores primitivos a los cazadores prehistóricos, por lo menos a los que vivieron
hasta el surgimiento del hombre moderno, "Horno sapiens sapiens", hará unos
cuarenta o cincuenta mil años.
La verdad es que se conoce poquísimo del hombre desde su aparición, y no
mucho tampoco del H. sapiens sapiens en su . etapa de cazador y recolector. Algunos
autores han advertido que no se deben sacar conclusiones acerca de los primitivos
prehistóricos basándose en los contemporáneos. (J. Deetz, 1968) 9 3 No obstante,
como dice G. P. Murdock, presentan interés los cazadores contemporáneos "por la
luz que pueden arrojar sobre el comportamiento del hombre pleistocénico"; y muchos de
los otros participantes en el simposio sobre Man the hunter (R. B. Lee y DeVore, eds.,
1968) parecen estar de acuerdo con esta formulación. Aunque no es probable que los
cazadores recolectores prehistóricos fueran iguales que los cazadores recolectores
contemporáneos más primitivos, debe tomarse en consideración que (1) el H. sapiens
sapiens no era anatómica y neurofisiológicamente diferente del hombre actual y (2) el
conocimiento de los cazadores primitivos todavía existentes ha de contribuir a la
dilucidación de por lo menos un problema de primordial importancia en relación con los
cazadores prehistóricos: la influencia del comportamiento venatorio en la personalidad y
en la organización social. Aparte de esto, los datos sobre cazadores primitivos demuestran
que las cualidades que suelen atribuirse a la naturaleza humana (destructividad, crueldad,
asociabilidad) o sea las del "hombre natural" de Hobbes ¡están notablemente ausentes en
los hombres menos "civilizados"!
Antes de pasar a tratar de los cazadores primitivos todavía existentes es necesario hacer
algunas observaciones acerca del cazador paleolítico. Escribe M. D. Sahlins:

En la adaptación selectiva a los peligros de la Edad de Piedra, la sociedad humana superó o


subordinó ciertas propensiones de los primates como el egoísmo, la sexualidad
indiscriminada, la dominancia y la competición brutal. Al conflicto remplazó, por el
parentesco y la cooperación, puso la solidaridad por encima del sexo y la moral sobre la
93
Cf. también G. P. Murdock (1968).

Página 96 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

fuerza. En sus primeros días llevó a cabo la reforma más grande de la historia, el
vencimiento de la naturaleza primate en el hombre, y con ello se aseguró el futuro
evolutivo de la especie. (M. D. Sahlins, 1960.)

Hay ciertos datos directos sobre la vida del cazador prehistórico que se pueden hallar en
los cultos de animales y señalan el hecho de que le faltaba la supuesta destructividad
innata. Como hace notar Mumford, las pinturas rupestres relativas a la vida de los
cazadores prehistóricos no presentan ningún combate entre hombres94.
A pesar de la cautela que requiere el establecimiento de analogías, los datos más
impresionantes son de todos modos los relativos a los cazadores recolectores todavía vivos.
Colin Turnbull, especialista de este estudio, comunica:

En los dos grupos que conozco, hay una ausencia casi total de agresión, emocional o física,
y esto se sustenta en la ausencia de guerras, querellas, brujerías y magias.
Tampoco estoy convencido de que la caza sea en sí una actividad agresiva. Esto hay
que verlo para comprenderlo; la acción de cazar no se ejecuta con ningún temple agresivo.
Debido a la conciencia de que se agotan los recursos naturales, ahora se lamenta la muerte
de un ser vivo. En algunos casos puede haber en el acto de matar incluso un elemento de
compasión. Mi experiencia de los cazadores me ha hecho ver que son gente muy amable y
si bien es cierto que llevan una vida durísima, no lo es que sean agresivos. (C. M. Turnbull,
1965.)95

Ninguno de los demás participantes en la discusión contradijo a Turnbull.


La descripción más amplia de los descubrimientos antropológicos en materia de
cazadores y recolectores primitivos es la que presenta E. R. Service en The hunters. (E.
R. Service, 1966.) Esta monografía abarca todas las sociedades de ese tipo, a excepción de
los grupos sedentarios de la costa noroeste de América del Norte, que viven en un medio
particularmente feraz, y aquellas otras sociedades de cazadores recolectores que se
extinguieron apenas entraron en contacto con la civilización, por lo que nuestro
conocimiento de ellas es demasiado fragmentario96.
La característica más notoria y probablemente la más importante de las sociedades de
cazadores recolectores es su nomadismo, necesario en su existencia de forrajeadores, que
conduce a la integración poco estricta de las familias en una sociedad de tipo "banda" u
horda. En cuanto a sus necesidades —a diferencia del hombre contemporáneo, que necesita
una casa, un automóvil, prendas de vestir, electricidad, etc.— para el cazador primitivo "el
alimento y los pocos artefactos que emplea para procurárselo son el centro de la vida
económica . . . en un sentido más fundamental que en las economías más complicadas ". (E.
R. Service, 1966.)
No hay más especialización de tiempo completo en el trabajo que las distinciones por
edades y sexos que se advierten en cualquier familia. El alimento se compone en una
pequeña parte de carne (quizá 25%, más o menos), mientras que la dieta principal,
proporcionada por el trabajo de las mujeres, se debe a la recolección de semillas, raíces,
frutas, nueces y bayas. Como dice M. J. Meggitt: "el predominio vegetariano parece ser
uno de los principales caracteres de las economías de caza y pesca y de recolección. (M. J.

94
La misma opinión manifiesta el paleoantropólogo Helmuth de Terra (comunicación personal).
95
Cf., para una animada presentación de esta afirmación general, el modo que tiene Turnbull de presentar la vida social de
una sociedad primitiva africana de cazadores: los pigmeos mbutu (C. M. Turnbull, 1965).
96
Las sociedades de que trata Service son las siguientes: los esquimales, los cazadores algonquinos y atabascos del Canadá,
los shoshones de la Gran Cuenca, los indios de la Tierra del Fuego, los australianos, los semangs de la península malaya y los isleños
de Andamán.

Página 97 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

Meggitt, 1964.) Sólo los esquimales viven exclusivamente de la caza y la pesca, y la mayor
parte de la pesca la hacen las mujeres.
En la caza hay gran cooperación de los varones, concomitante normal del bajo nivel de
desarrollo tecnológico en la sociedad de bandas. "Por diversas razones relacionadas con
la misma simplicidad de la tecnología y la falta de dominio del medio, muchos
pueblos cazadores recolectores son en un sentido perfectamente literal los pueblos
más ociosos del mundo." (E. R. Service, 1966.)
Las relaciones económicas son especialmente instructivas. Dice Service:
Debido a la índole de nuestra economía estamos acostumbrados a creer que los seres
humanos tienen "una tendencia natural al trueque y el cambalache" y que las
relaciones económicas entre individuos o grupos se caracterizan por el "economizar ",
el "aprovechar al máximo" el resultado de nuestro esfuerzo, el "vender caro y
comprar barato". Los pueblos primitivos empero no hacen nada de esto, y de hecho,
muchas veces parece que hicieran lo contrario. "Tiran cosas", admiran la generosidad,
cuentan con la hospitalidad y castigan la tacañería por egoísta.
Y lo más extraño de todo es que cuanto peores son las circunstancias y más
escasos (o valiosos) los bienes, menos "económicamente" se conducen y más
generosos parecen. Estamos considerando, naturalmente, la forma de intercambio
entre las personas de una sociedad, y en la sociedad de bandas esas personas son
todos los miembros de la parentela en cualquier grado. Hay en una banda muchos más
deudos que personas en nuestra sociedad que mantengan relaciones sociales
estrechas; pero puede trazarse una analogía con la economía de una familia moderna,
porque también ella contrasta directamente con los principios adscritos a la economía
formal. ¿No "damos" alimento a nuestros hijos? "Ayudamos" a nuestros hermanos y
"
proveemos para" nuestros padres ancianos. Otros hacen, hicieron o harán lo mismo
que nosotros.
En el polo generalizado, por reinar relaciones sociales más estrechas, las
emociones del amor, la etiqueta de la vida familiar, la moral de la generosidad
condicionan juntas el modo de tratar los bienes, y de tal manera que la actitud
económica respecto de los bienes es poco importante. Los antropólogos han querido a
veces denominar las transacciones que realizan con palabras como "regalo puro" o
"regalo libre" para hacer ver el hecho de que no es un trato sino un trueque, y que el
sentimiento que entra en la transacción no es el de un intercambio equilibrado. Pero
estas palabras no dan idea cabal de la verdadera índole del acto e inducen algo a
error.
Una vez entregó a Peter Freuchen un poco de carne un cazador esquimal y él
respondió agradeciéndoselo sentidamente. El cazador se manifestó deprimido, y un
viejo corrigió pronto a Freuchen: "No tienes que darle las gracias por tu carne; es
derecho tuyo recibir una parte. En este país, nadie desea depender de los demás. Por
eso, nadie da ni recibe regalos, porque con eso se hace uno dependiente. Con los
regalos se hacen esclavos del mismo modo que con los fuetes perros."97
La palabra "regalo" tiene un matiz de caridad, no de reciprocidad. En ninguna
sociedad de cazadores recolectores se manifiesta gratitud y de hecho sería un error
ensalzar por "generoso" a alguien que comparte su caza con sus compañeros de
campamento. En otra ocasión podría decirse que es generoso, pero no en relación con
un incidente particular de la compartición, porque decirlo equivaldría a manifestar
gratitud: se daría a entender que la parte era inesperada, que el donador no era
simplemente generoso como cosa natural. Sería justo alabar a un hombre por sus
proezas cinegéticas, pero no por su generosidad. (E. R. Service, 1966.)
97
Peter Freuchen (1961).

Página 98 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

De particular importancia tanto económica como psicológicamente es la cuestión de


la propiedad. Uno de los lugares comunes más difundidos actualmente es que el amor
por la propiedad es un rasgo innato del hombre. Suele confundirse la propiedad de los
instrumentos que uno necesita para su trabajo y ciertos artículos privados como
ornamentos, etc., con la propiedad en el sentido de poseer los medios de producción,
o sea las cosas cuya posesión exclusiva hace que los demás trabajen para uno. Esos
medios de producción en la sociedad industrial son esencialmente máquinas o capital
a invertir en la producción de ellas. En la sociedad primitiva, los medios de
producción son la tierra y las zonas de caza.
En ninguna banda primitiva se niega a nadie el acceso a los recursos de la naturaleza,
y ningún individuo los posee .. .
Los recursos naturales de que viven las bandas son propiedad colectiva o
comunal, en el sentido de que la banda entera podría defender el territorio frente a
una invasión o intrusión de extraños. Dentro de la banda, todas las familias tienen
derechos iguales a la adquisición de esos recursos. Además, se permite a los parientes
de bandas vecinas cazar y recolectar a voluntad, por lo menos si lo piden. El caso más
común de restricción visible en el derecho a los recursos se produce en relación con
los árboles que dan frutos, nueces, etc. En algunos casos se adjudica un árbol
determinado o un grupo de árboles a cada familia de la banda. Pero esta práctica es
más bien una división del trabajo que de la propiedad, porque su objeto parece ser
impedir la pérdida de tiempo y esfuerzos que significaría el que varias familias
dispersas se dirigieran a un mismo rumbo. Es sencillamente convencionalizar el uso
adjudicado de los diversos bosquecillos, ya que los árboles están ubicados de forma
mucho más permanente que la caza e incluso los vegetales y plantas. En todo caso,
aunque una familia obtuviera mucha fruta y otra no, las reglas del reparto tendrían
aplicación y nadie pasaría hambre.
Las cosas que más parecen una manera de propiedad privada son las que hacen y
emplean los distintos individuos. Armas, cuchillos y raspadores, prendas de vestir,
adornos, amuletos y cosas semejantes suelen considerarse propiedad privada entre
cazadores y recolectores ... Pero podría aducirse que en la sociedad primitiva ni
siquiera estos objetos personales son propiedad privada en sentido estricto. Siendo la
posesión de esas cosas dictada por su uso, son funciones de la división del trabajo
más que propiedad de los "medios de producción". La propiedad privada de

esas cosas sólo tiene sentido si unas personas las poseen y otras no . . cuando por
decirlo así resulta posible una situación de explotación. Pero es difícil imaginar (e
imposible de hallar en informes etnográficos) un caso de una o varias personas que
por algún accidente no tuvieran armas ni vestidos y no pudieran tomarlos prestados o
recibirlos de parientes más venturosos. (R. E. Service, 1966.)
Las relaciones sociales entre los miembros de la sociedad de cazadores y
recolectores se caracterizan por la ausencia de lo que en los animales se llama
"dominancia". Dice Service:
Las bandas de cazadores recolectores difieren más de los monos en esta cuestión de
la dominancia que cualquier otro tipo de sociedad humana. No hay orden de picoteo
basado en la dominancia física ni ningún orden de superior a inferior basado en
otras fuentes de poder como la riqueza, la clase hereditaria, el puesto militar o

Página 99 de 356
Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

político. La única supremacía constante de algún género es la de una persona de


edad y sabiduría superiores que pudiera encabezar una ceremonia.
Aun cuando algunos individuos posean mayor categoría o prestigio que otros, la
manifestación de su elevado status y sus prerrogativas es lo contrario de la
dominancia simia. En la sociedad primitiva se requiere para el acceso a la categoría
superior ser generoso y modesto, y la recompensa es meramente el cariño o la
atención de los demás. Un hombre, por ejemplo, podría ser más fuerte, más vivo,
más valiente e inteligente que todos los demás miembros de la banda. ¿Tendrá una
condición superior? No necesariamente. El prestigio sólo se le concederá si esas
cualidades están al servicio del grupo —en la caza, por ejemplo— y si por ello
consigue más presas que entregar y lo hace debida, modestamente. Simplificando un
poco diremos que en la sociedad de los monos, la mayor fuerza produce mayor
dominancia, lo que redunda en más comida y más hembras, y otras muchas cosas
que desee el dominante. En la sociedad humana primitiva, la mayor fuerza tiene que
ponerse al servicio de la colectividad y la persona, para conquistar prestigio, tiene
que sacrificarse, al pie de la letra, y trabajar más por menos comida. En cuanto a las
hembras de ordinario tiene una sola, como los demás.
Parece que las sociedades humanas más primitivas son al mismo tiempo las más
igualitarias. Esto debe relacionarse con el hecho de que dada la rudimentaria
tecnología, este tipo de sociedad depende más plena y continuamente que cualquier
otro de la cooperación. Los monos no suelen cooperar ni compartir; los seres
humanos sí: ésta es la diferencia esencial. (E. R. Service, 1966.)
Service presenta un cuadro de la clase de autoridad que se observa en los pueblos
cazadores recolectores. En estas sociedades, naturalmente, hay necesidad de
administrar la acción del grupo:
La administración es el papel que asume la autoridad en relación con los problemas
de acción colectiva concertada. Es lo que de ordinario se entiende por la palabra
"dirección" o "jefatura". Las necesidades de administración de la acción colectiva y
la coordinación íntima son muchas y variadas en las sociedades cazadoras
recolectoras. Comprenden cosas sólitas, como los movimientos del campamento, el
impulso cooperante en la caza y sobre todo, cualquier tipo de escaramuza con los
enemigos. Pero a pesar de la evidente importancia que tiene la jefatura en tales
actividades, una sociedad cazadora recolectora es, como en otras cosas, diferente al
no tener una directiva formal del tipo que vemos en fases posteriores del desarrollo
cultural. No hay puesto permanente de jefe; la dirección pasa de una persona a otra
según el tipo de actividad planeado. Por ejemplo, un hombre muy anciano podría ser
el preferido para preparar una ceremonia, debido a su gran conocimiento del ritual,
pero otra persona más joven y diestra en la caza podría ser el dirigente normal de
una cuadrilla de monteros. Sobre todo, no hay dirigente ni jefe en el sentido de
principal o adalid 98 . (E. R. Service, 1966.)

Esta ausencia de jerarquía y de jefes es tanto más digna de nota porque es un cliché
generalmente aceptado que esas instituciones de mando que se hallan virtualmente
en todas las sociedades civilizadas se basan en una herencia genética del reino
animal. Hemos visto que entre los chimpancés, las relaciones de dominancia son
bastante suaves, pero de todos modos existen. Las relaciones sociales de los
primitivos demuestran que el hombre no está preparado genéticamente para esa

98
M. 1. Meggitt (1960), citado por E. R. Service (1966), ha llegado a conclusiones casi idénticas en relación con
los ancianos australianos. Cf. también la diferencia establecida en E. Fromm (1941) entre autoridad racional e
irracional.

Página 100 de 356


Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

psicología de dominancia y sumisión. Un análisis de la sociedad histórica, con cinco


o seis mil años de explotación de la mayoría por una minoría gobernante revela con
toda claridad que la psicología de dominancia y sumisión es una adaptación al orden
social, y no su causa. Para los apologistas de un orden social basado en el poder
ejercido por una élite es, claro está, muy cómodo creer que la estructura social sea
resultado de una necesidad innata del hombre y por. ende natural e inevitable. La
sociedad igualitaria de los primitivos demuestra que no es así.
Debe plantearse la cuestión de cómo se protege el primitivo de los miembros
asociales y peligrosos, no habiendo un régimen autoritario ni burocrático. Hay
varias respuestas a esta cuestión. Ante todo, buena parte del control de la conducta
se realiza sencillamente en función de la usanza y la etiqueta. Pero suponiendo que
éstas no impidieran al individuo el comportamiento asocial, ¿cuáles son las
sanciones que se le pueden aplicar? La punición más corriente es que todo el mundo
se aparte del culpable y que sean menos corteses con él; lo critican y ridiculizan, y
en casos extremos lo condenan al ostracismo. Si una persona no deja de

conducirse mal y su comportamiento perjudica a otros grupos aparte del suyo, éste
mismo puede incluso decidir matarlo. Pero casos de este tipo son muy raros, y la
mayoría de los problemas los resuelve la autoridad de los individuos más ancianos y
sabios del grupo.
Estos datos contradicen patentemente el cuadro hobbesiano de la agresión innata
del hombre, que conduciría a la guerra de todos contra todos si el Estado no
monopolizara la violencia y el castigo, satisfaciendo así indirectamente la sed de
venganza contra los facinerosos. Como señala Service,

lo que importa es el hecho de que las sociedades de bandas no se hacen pedazos


aunque no tienen cuerpos adjudicativos formales para mantenerlas unidas .. .
Pero si bien las querellas y las guerras son relativamente raras en las sociedades de
bandas, constantemente amenazan, y tiene que haber algún modo de impedir su
aparición. A menudo empiezan en forma de meros problemas entre individuos, y por
esa razón importa detenerlas pronto. Dentro de una comunidad dada, la adjudicación
de una querella entre dos personas la realizará un anciano que sea pariente de ambas.
Lo ideal es que lo sea en igual grado de los dos querellantes, porque entonces resulta
evidente la improbabilidad de que sea parcial. Pero claro está que no siempre puede
ser así, ni tampoco es siempre posible que la persona con tal grado de parentesco
quiera hacer de adjudicador. A veces es bien patente el derecho que asiste a una
persona y la sinrazón de la otra, o una persona es muy querida y la otra no, y el
pueblo se convierte en juez, con lo que queda resuelto el caso en cuanto es conocida
la opinión del común.
Cuando las querellas no se resuelven del modo dicho, se celebra algún certamen,
de preferencia deportivo, que hace el papel de combate declarado. Son formas típicas
de este cuasi duelo la lucha o los topes con la cabeza en la sociedad esquimal. Se
realiza esto en público, y los espectadores consideran que el triunfador ha ganado el
pleito. Es particularmente famoso el duelo cantado esquimal, donde las armas son las
palabras, "pequeñas, filosas palabras, como las astillas de madera que saco con mi
hacha".
Los duelos cantados se emplean para dirimir resentimientos y disputas de todo
tipo menos el asesinato. Pero un groenlandés oriental puede buscar la satisfacción por
el asesinato de un pariente mediante un certamen cantado si es físicamente demasiado

Página 101 de 356


Anatomía De La Destructividad Humana Erich Fromm

débil para triunfar o si tiene tanto talento de cantante que se sienta seguro de ganar.
Esto se comprende, ya que los groenlandeses orientales se interesan a tal punto en el