ANÁLISIS DE LA EVOLUCIÓN DEL SERVICIO PÚBLICO EN TELEFONÍA EN EL PERÚ
• ANÁLISIS DE LAS CARACTERÍSTICAS DEL OBJETO DE ESTUDIO
Hace 31 años, ocurría lo que para los millennials hoy son recuerdos vagos y para lo centennials
lo inimaginable, en las calles, ante una emergencia, la búsqueda y hallazgo de una cabina de
teléfono público se convertía en la solución al problema; el tener un teléfono fijo era básico en
el hogar y el hacerse de uno no era cosa fácil.
La industria de las telecomunicaciones constituyó en primera instancia un monopolio natural
que luego pasó a ser privatizado por el Estado en el Gobierno de Alberto Fujimori, porque las
experiencias en el mundo aludían a la privatización de este servicio. En nuestro país siempre ha
existido una fragilidad institucional que es característica de nuestra economía, es una segunda
etapa el gobierno debió crear mecanismos de credibilidad para promover la inversión de
empresas privadas y finalmente, en una tercera etapa, se dio la decisión de privatización y la
elaboración del respectivo contrato de concesión en donde se determinaron las ganancias,
pérdidas y la cobertura de los servicios. Esto constituyó parte importante en el análisis del
sector Telecomunicaciones para la inversión realizada por Telefónica del Perú S.A.A.
Para hacer una revisión del proceso de inversión en el sector telecomunicaciones en el Perú.
Las principales modificaciones legales en el sector comenzaron en 1992, con la promulgación
de una nueva Ley de Telecomunicaciones, que tiene como eje la eliminación del monopolio
estatal de las telecomunicaciones que, hasta ese momento era ejercido por dos empresas:
ENTEL, empresa pública encargada de la telefonía local en todo el país, excluyendo Lima, así
como el servicio de larga distancia nacional e internacional y la Compañía Peruana de
Teléfonos, sociedad anónima con mayoría de capital en manos del Estado, que proveía el
servicio de telefonía fija en la ciudad de Lima. El monopolio de Telefónica en telefonía fija local
a nivel nacional, así como en el servicio de larga distancia nacional e internacional, terminó en
agosto de 1998, un año antes de lo previsto, por mutuo acuerdo entre la empresa y el ente
regulador. Por lo tanto, era necesario que se materialicen inversiones importantes de parte de
nuevas empresas en estos campos de la actividad de las telecomunicaciones ya que esto
constituiría el punto de partida para el libre acceso al mercado por parte de las nuevas
empresas.
La telefonía móvil en el Perú se inició en abril de 1990 con el ingreso de Celular 2000
(Antecesora de Bellsouth), justo un año después, en abril de 1991, ingreso al mercado CPT
Celular (Moviline de Telefónica del Perú), se decía que el mercado peruano sólo alcanzaba para
un operador celular. Lo mismo ocurrió cuando Telefónica ingreso al mercado. Y lo mismo se
dijo cuando ingresaron Nextel y TIM.
En 1998 se produjo un estancamiento del mercado de la telefonía fija, dada la situación
socioeconómica y los bajos ingresos de la población, sobre todo en provincias, lo cual limitó el
desarrollo o crecimiento de las líneas telefónicas fijas.
Por otro lado la telefonía móvil se expandió en desmedro de la fija, así, Telefónica, que
proveyó casi en exclusividad el servicio de telefonía fija, tiene que enfrentarse a empresas
competidoras en el sector de la telefonía móvil.
Este mercado (telefonía móvil) se muestra, sin duda, como el de mayor competencia. Los
operadores que se encuentran en nuestro mercado han sido muy dinámicos al ofrecer ofertas
y lanzamientos para atraer a más público.
Tal crecimiento se explica por factores de orden regulatorio, tecnológico y de mercado. Entre
estas medidas estaban el establecimiento del sistema -el que llama paga-, la oferta del sistema
prepago y el ingreso de competidores fuertes como Bellsouth, y TIM.
Lo que si se puede decir es que igual que en la telefonía fija, la penetración de la telefonía
móvil era muy baja en nuestro país. Uno de los factores que limitaba el crecimiento del
servicio móvil era el sistema tarifario, el mismo que establecía que el cliente poseedor de un
celular no sólo debía pagar las llamadas efectuadas, sino también las que recibía.
Adicionalmente, este esquema buscaba crear las condiciones adecuadas para hacer factible
una tendencia a la reducción de las tarifas, especialmente en las llamadas móvil-fijo, ya que,
entre otras cosas, el aumento del número de usuarios móviles permitiría alcanzar economías
de escala y costos unitarios menores. A pesar del esquema implantado, la masificación del
servicio de telefonía móvil no llego sino a partir de la introducción de la modalidad pre-pago
por Bellsouth. Este producto, introdujo un mayor grado de flexibilidad y poder de decisión de
los usuarios móviles sobre su consumo.
Así, se incorporaron gradualmente al mercado grupos sociales que antes no accedían al
servicio, siendo por ejemplo este el caso de profesionales técnicos independientes
(electricistas, gasfiteros, albañiles, etc.), que utilizaban los terminales principalmente para
recibir llamadas y ser ubicados por sus potenciales clientes. Adicionalmente, un alto número
de jóvenes empezó a utilizar teléfonos celulares. Los nuevos grupos de clientes que se
incorporaron al mercado no solo provenían de otros niveles socioeconómicos (C y D), sino
también de nuevas áreas geográficas, ya que los operadores iniciaron su expansión a
provincias a partir de 1998.
Hasta 1999, el mercado de telefonía celular mostraba una estructura duopólica, lo que
evidentemente limitaba la competencia. Sin embargo, en 1999 ingresó Nextel del Perú
brindando el servicio de radio troncalizado digital, telefonía móvil y buscapersonas.
Posteriormente, en el año 2000, se entregó en concesión una tercera banda celular (Sistema
de Comunicaciones Personales o PCS), la cual fue otorgada a Telecom Italia Mobile (TIM). Este
proveedor empezó a operar el 2001, usando la tecnología GSM (Global System For Mobile
Communications), su política se basó en brindar una mayor libertad a sus clientes al prestarle
su servicio sin la necesidad de firmar contratos que los obligasen a mantener una relación por
un plazo fijo. Siendo su mercado objetivo primario los jóvenes y estudiantes.
El mercado de telefonía móvil incorporaría entre 500 mil y 600 mil nuevos usuarios el 2001,
con lo que se aproximaría a los tres millones de abonados.
Es así que el mundo evolucionó y nosotros con él. Y sin duda el teléfono celular desplazo –
aunque no del todo- al teléfono fijo y a las cabinas naranjas y luego azules de Telefónica del
Perú que podían ser usadas con monedas.
Hoy la telefonía fija ha pasado a ser accesoria. Otro aspecto que destacó es que la telefonía fija
se ha vuelto transversal, ya no es elitista. Pero si hablamos de extinción la palabra calza bien
en la telefonía pública, y fue la telefonía móvil la que lo ocasionó. Se pasó de pantallas negras
muy pequeñas a multicolor, y en el camino, en todos estos años evolucionando en tamaños y
con una suma de marcas que siguen llegando, el verdadero despegue de la telefonía móvil
empezó de la mano del nuevo milenio. El año 2001, Movistar tenía 1 millón de líneas móviles y
en el 2016 ya contaba con más 5 millones de líneas activas.
El crecimiento en el uso de la telefonía móvil vino con el avance de las tecnologías y la
masificación de los terminales móviles. Hoy en día los datos son el principal servicio que
buscan tener los clientes
• EXPOSICION DE LA POSTURA DE LOS AUTORES
Según Alberto Chong y Eduardo Lora, la competencia y la regulación producen mejores
resultados que el control y la gestión estatal por una serie de razones conceptuales bien
documentadas. Un motivo fundamental es la naturaleza de los incentivos que condicionan a
los gerentes de las empresas estatales. En general, las acciones de una empresa estatal no se
negocian en el mercado bursátil y su propiedad rara vez resulta amenazada por intentos
hostiles de adquisición. La disciplina de los acreedores tampoco cumple un papel
particularmente importante, pues la mayoría de los préstamos que reciben tienen garantía del
mismo Estado. Si se producen pérdidas, lo más factible es que sean cubiertas con subsidios
estatales. Además, las juntas directivas rara vez aplican prácticas prudentes de buena
conducción empresarial y la rotación del personal gerencial obedece más al equilibrio de las
fuerzas políticas que a las presiones del mercado.
La segunda razón fundamental para el fracaso de la empresa estatal es el conflicto entre los
objetivos económicos y los políticos. Sus gerentes persiguen y deben responder a objetivos
políticos, que fácilmente pueden producir daños económicos a la empresa. La interferencia
política en la dirección de las compañías estatales genera un exceso de empleo, induce
inversiones ineficientes y da lugar a una selección precaria de productos y mercados.
Con una amplia base de datos del ámbito empresarial, una ambiciosa investigación dirigida por
Alberto Chong y Florencio López-de-Silanes (2005) ha intentado evaluar los efectos
microeconómicos de las privatizaciones en cinco países de América Latina. La conclusión
central es que las privatizaciones elevaron considerablemente la rentabilidad y la eficiencia de
las empresas, como era de esperarse por las razones enumeradas. Típicamente, después de
privatizadas, las empresas registraron un aumento de 14% en la relación de ingresos netos a
ventas. El mayor aumento a nivel lationamericano se dio en nuestro país, la causa principal de
esta mejora de la rentabilidad ha sido un salto de eficiencia. De hecho, las privatizaciones
produjeron un verdadero desplome de los costos unitarios: 16% de reducción en promedio.
El reto más complicado no es vender las empresas, sino regularlas adecuadamente una vez
privatizadas, especialmente en aquellos sectores, en los que generalmente no existen
condiciones de competencia. La regulación es necesaria no solo por razones de eficiencia, sino
también para que los servicios, como el de telefonía llegue a los grupos más pobres de la
población, que usualmente constituyen el segmento de mercado menos rentable. Desde un
punto de vista general, la falta de regulación adecuada ha sido la causa más común de las
privatizaciones fallidas o que no han producido beneficios para los consumidores. Aunque los
opositores a las privatizaciones tienen aquí un poderoso argumento, son numerosos los
ejemplos en que la regulación ha mejorado los resultados.
Una regulación creíble complementa la privatización. Así como la competencia de mercado
opera como un instrumento de selección en contra de las empresas menos eficientes, la
regulación contribuye al éxito de una privatización induciendo la competencia o replicando su
sistema de incentivos. Por otro lado, un monopolio ineficiente puede despilfarrar recursos sin
poner en peligro su existencia, una empresa ineficiente en un sector competitivo tendría que
recibir un subsidio para sobrevivir. De este modo, la regulación puede ayudar a hacer más
visibles los costos de las medidas adoptadas con motivaciones políticas, aun en el caso de
empresas que operan en mercados no competitivos.
La regulación puede introducirse antes, en el momento o después de la privatización. En el
primer caso, puede facilitar el proceso y contribuir a aumentar el precio de venta de las
empresas estatales si logra reducir fuertemente el riesgo regulatorio. Éste fue el caso en las
telecomunicaciones. Pero no es fácil establecer una regulación eficaz antes de privatizar
debido, al menos, a tres motivos. En primer lugar, es posible que los cambios del régimen
regulatorio antes de la privatización generen pérdidas adicionales en las empresas estatales
que serían difíciles de absorber. En segundo lugar, sin la presión de una privatización
inminente es difícil que se materialice la voluntad política necesaria para implementar una
verdadera reforma regulatoria. Por último, a los gobiernos con escasa experiencia en
privatizaciones a menudo les resulta difícil llevar a cabo una reforma regulatoria eficaz antes
de la venta de las empresas estatales.
José Sánchez, muestra que en una gran cantidad de casos de concesión de proyectos de
infraestructura, el sector privado consiguió negociar y mantener una regulación protectora
después de una privatización, debido a la amenaza de insolvencia, retiro o abandono de
compromisos de inversión futuros. Todo esto incide en la reputación y la credibilidad de los
políticos que intervienen en la privatización.
Según la evidencia empírica recopilada por José Luis Guasch, durante los últimos 15 años los
contratos de concesión en países en desarrollo han sido renegociados muy frecuentemente.
En América Latina y el Caribe, 40% de los contratos de concesión se renegociaron apenas 2,2
años después de haber sido suscritos.
Eduardo Engel y otros, sostienen que la renegociación oportunista de concesiones es común
debido al enfoque de -privatice ahora y regule después-. Los excesos de costos en las
concesiones y la falta de claridad en las reglas que rigen las contingencias brindan a los
propietarios privados la oportunidad de obtener una renta económica del gobierno. Al mismo
tiempo, resulta difícil alterar considerablemente el marco regulatorio después de la venta de
las empresas, porque la privatización crea un conjunto de nuevos actores que se opone a la
regulación. A los accionistas y gerentes de las empresas estatales se unen los trabajadores y
hasta los consumidores, que en ocasiones pueden obtener beneficios de corto plazo de la
situación existente.
Mientras que los costos sobre ciertos grupos de trabajadores se han limitado a breves
periodos, algunos de los beneficios sociales generados por las privatizaciones han sido de
naturaleza más permanente y se han distribuido entre los consumidores a través de un acceso
más amplio a los servicios de agua, electricidad y telecomunicaciones, mejoras de calidad y
frecuentemente –aunque no siempre– reducciones en las tarifas.
La privatización de los teléfonos en Perú también generó beneficios importantes para los
pobres del campo. El gobierno le exigió a la empresa privada, Telefónica del Perú, que instalara
cabinas públicas en algunos pueblos seleccionados aleatoriamente. Aprovechando este
experimento cuasi-natural, tres académicos peruanos (Chong, Galdo, Torero) han evaluado los
efectos sobre los beneficiarios. La conclusión es que hubo mejoras palpables de ingreso,
especialmente en el no agrícola, que es crucial para estabilizar los ingresos de los pobres del
campo. Podría argumentarse que esos beneficios no fueron el resultado de la buena voluntad
de la empresa, sino una exigencia del gobierno. Es correcto, pero también es cierto que la
compañía telefónica pública no había podido, o no había querido, prestar este servicio. Esto
sugiere que los beneficios de la privatización pueden ser orientados por el gobierno a favor de
los grupos sociales menos favorecidos.
Desde luego, el hecho de que se hayan encontrado efectos sociales favorables de las
privatizaciones no quiere decir que éstos se den de manera automática.
Por otro lado, Jose Tavara como idea general, nos da una pequeña reflexión sobre la
privatización, en donde manifiesta que el Estado no puede tercerizar la responsabilidad
completamente, hay una serie de funciones públicas que no son delegables, un funcionario
público no puede deshacerse de las responsabilidades que tiene. Existen dos extremos
ideológicos, en donde influye mucho la ideología sobre la privatización, por un lado un sector
indica que el Estado nos pondrá a salvo y en donde todo es ilusión y hay que nacionalizar todo
para que los problemas se resuelvan y el otro extremo que es que privatizando todo las cosas
se arreglan, y si uno observa cómo funcionan las sociedades en el resto del mundo, uno
encuentra distintos caminos en casi todos los casos, por no decir todos, siempre hay una
combinación de Estado con mercado, de hecho hay corporaciones y el Estado tiene que
hacerle un contrapeso a estas. La privatización nos cambia la estructura de sentidos. Una
empresa pública opera con objetivos con una lógica distinta a la que marca el funcionamiento
de una empresa privada, una empresa privada lo que quiere es obtener beneficios. En el caso
de Perú, la privatización no es la varita mágica, como tampoco lo fue la nacionalización o
estatización, es un error pretender que cambiando solamente la propiedad los problemas se
van a resolver.
• CONCLUSIONES
Las privatizaciones pueden ser socialmente muy benéficas, pero llevar estas mejoras a los
pobres requiere del poder del gobierno para regular a las empresas.
También para definir una postura en cuanto a las privatizaciones identificadas por la economía
del comportamiento merecen ser destacadas. La primera es la tensión entre la vida real de las
personas y las estadísticas, la segunda tendencia es el sesgo psicológico de rechazo a las
pérdidas y la tercera tendencia es el sesgo de corto plazo, que lleva a los individuos a observar
los cambios bruscos inmediatos y a no percibir los cambios graduales producidos a través de
un tiempo prolongado, como los que ocurren con la cobertura o la calidad de ciertos servicios.
Es así que un factor que contribuye a la mala evaluación de las privatizaciones es la tendencia a
agrupar varios eventos que han ocurrido simultáneamente y asociarlos como causa común de
los cambios observados en el corto plazo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Almeyda, J. (2003). Evolución del sector Telecomunicaciones. Universidad Nacional de
Ingeniería, Lima.
Ochoa, V. (21 de mayo de 2019). Luego de 29 años ¿Cómo ha cambiado la telefonía? La batalla
ganada por el móvil sobre las otras telefonías. Gestión. Obtenido de
[Link]
ganada-movil-telefonias-267308-noticia/?ref=gesr