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Miguez - El Paradigma de La Historiografia Económico-Social

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EL PARADIGMA DE LA HISTORIOGRAFIA ECONOMICO SOCIAL DE LA RENOVACION DE LOS ANOS ’60, VISTOS DESDE LOS ANOS ‘90 EDUARDO J, MIGUEZ Sefalar el gio que vii la histriogratia Argentina en periodo 196-196, atravde dea ends enovadersetlaca nla Carrera de Matra de a Facultad Pscliay Letes Ge la Universidad do Suenos Ares, es hey go me see tvidehte para el senido comin del medio scasemce, aoe Gemebtrabie por un ansisis nes Cudadcee, Va Tate Halperin Dongh acter prviegado de eve prccozo, hare doen el caracier relaivamente marge! centage prey Balmentgn el Cato de teadou de tora Sosa deg tenia en dicha carrer ‘ ae . Wonca Stn sobre peso dof erovacin se undamenta en razones muy ctras que Is mporanca Cuanifatva de lo catedras renovedaras'eneldeperatsunts Ge isto de la Unveredad de Buenas Aros Agata tts son mas bon impresionstas como araslacon sue matic del peso ntclectalypoltico-acodomice Seas louse Sefieras de la renevacin, Gino Germany seb Took a Bropo Romero.a su meres Niterogtaicn, Ouse ach {utes mejor undades tal el cato de a cnpancion Se ccha Inne cras Unversades, como a Sure rcs ® un centro dea hstorograiavncuaca la Nuss Eocwes Histerca, como la Unveridad do La Plata, Tambien pods Shale la vinclacon de a coment tonovadora cae ob Convergent en la Unversded de Cardcbu:hoeraca st Ceteno.Garzen Macoda, Qucés pods: oheonrarce ak verde de rerovctn entrain ese Gia a la Escuela de Histona do in onloncos Unwers Nacional del Litral —quas el tno contro Unieretana claramente dominado por a tendensia onavedora yao reconecos Anuartes Pero come tarbisn Nan sefcladd su ‘actores, la experiencia rosarina tue demasiado fugaz como para que su influencia historiogréfica excediera el proveer a {a etapa intial de formacién de un muy pequefo ndcleo de historiadores que solo alcanzaria presencia en el mundo académico después de 1983. Hay, sin embargo, una razéo més contundente para para |ustitear esa nocton tan generalizada, razén que s6lo se hace: Comprobable. y an @ medias, en la etapa actual, mucho ‘después del establecimiento de la doxa sobre ie renovacién {e los 60". Efectivamente, con un largo retraso impuesto primero por el congelamiento del Onganiato, luego por el Sarampion i2quierdo-nacionalista de los ternpranos anos "70, ¥finalmente por el terror de las persecuciones de la segunda Iritad de esa década, es nolorio como un sector cada vez mas emplo de la historiografia argentina fila su origen — Quizas mas a través de las disidencias que en las coinci- encias— en la renovacién historiogrtica ligada a Germani y Romero, Otros, sin necesariamente auto-identiicarse con sa tradicion, deambulan por espacios intelectuales ¢ instRucionales que pueden lécilmente ligarse a la misma. En teste sentido, no aicanza con sefalar la vinculacion de varios ‘centros y alguna Universidad privados. de diversas posturas historiograticas e ideolégicas, que cobijaron la investigacién y ia ensefianza de la historia, de forma cuasi subterranea al Comienzo, y mas publicamente después, durante el "proce: 'So™ con esa tradicion, Tampoco es suficiente sefialar como tla resulta claramente dominante hoy en muchos de los mas productivos centros universitanos de ensefanza de la his- toria. Hay que mencionar también como, dentro de los grupos antes enunciados, pueden inclurse historiadores cuya for- aci6n nici, levada a cabo en diversos medio, incluyendo Universidad de La Plata, se liga a una tradicién bien distin, Finalmenta, no puede dejar de recordarse como la propia ‘Academia de la Historia ha terminado por acoger en su seno ‘a historiadores formados en el movimiento renovador. Por Cierto, esto ultimo apunta a una muy gradual y halaguenia Lntieacién de la comunidad profesional que parece acom- pariar al restablecimiento de la democracia en la Argentina. F'3i aceptamos que esta unilicacién no implica la fusién de las diversidades paradigmaticas, sino solo un timido reco- rnocimiento de la legitimidad de la diversidad, debernos a la termina por instalar como referente Pes prorat ERE oe Tecnu on wt ese rre a oe em seers uae oe cen Gn stor oo dee mam, pepo ie ee sie uae ie oceans eas aT 0 pro eva aries oa Pena ste ein aire ens ana femme ssn tn los ce ais ety es fw es esr siprge ein coz ein Re sun sen nee ce sca ass os Krome Cece hanes nes spam ote pen i, pp rare Smarr hs dn peer 2 ‘dos por quienes de alguna manera pueden ser vistos como Sus herederos (incluyendo con frecuencia a los mismos historiadores que participan de la Nueva Historia de los anos sesenta), En las notas que siguen trataremos de presentar bre- vemente aquellos contenidos de la nueva historiografla de los. Sesenta que hemos sefalado como sus ejes de cambio Fespecto de la historiogratia que los precedié, reflexionando brevemente sobre sus Tuentes intelectuales y el proceso de articulacion de sus modelos profesionales. También apun- taremos brevemente la trayectoria de cambio en las lines interpretativas presentes en esa historiogratia, vinculéndolas on cambios en las corrientes historiogrélicas y coyunturas Intelectuales mas globales, buscando sefialar la dinamica de {a tradicion profesional que abreva en los sesenta, en la que las continuldades tienen mas que ver con una forma de Concebir la actividad historiogratica que con los contenidos fnismos del programa de investigacion. Fiesuta claro que ni la Nueva Escuela Histérica, ni revisionismo “cldsieo", anterior a 1955, disponian de un ar Senal conceptual que les permitiera abordar los temas de historia econdmica y social con cierta solvencia. Si estas ‘slaban fotalmente ausentes de su discurso, la Susencia de ese arsenal hacia de sus trabajos en este Campo, 0 bien una recapitulacion poco ordenada (en \érmi- foe de una jerarquizacion interpretativa) de informacion, © bien: en el caso del revisionismo, un capitulo de su alegato, Gominado por una légica politica. Es cierto que entre los trabajos de la Nueva Escuela Histérica se destacan algunos: itabajos, como los de Torre Revello, Emilio Coni o el mismo Ricardo Levene, orientados a esta teratica, Pero a diferencia de lo que ocurriera con la historia politica, difcilmente pueda. Verse esta obra come parte de un programa sistematica de lavances en este campo, Por oro lado, algunos de los tra- Bajos més solventes vinculados a la problematica econé- mico-social —solo como ejemplo, recordemos la Evolucién hhistrica el régimen de la terra publica de M. A. Cércano— se relerian a cuestiones de legislacion, enfoque mas coin- tidente con el dominante en otras tematicas. Es cierto que tn historia econémica algunos pocos aportes —notoriamente fos de Juan Alvarez— ofrecian una perspectiva distinta; pero featos no pasaban de ser textos aisiados en la historiogratia, largentina. ¥ la presencia de trabajos provenientes de ambi 13 bie 08 menos académicos, como los de Gastén Gor, Jacinto ‘Oddone o incluso Sergio Bagu, en vinud de la disparidad de us enfoques, pero sobre todo de la ausencia de una mattis instducional que de coherencia a esta produccién, tampoce salvé la ausencia de un corpus profesional ample Se ia historiogratia economico-social argentina, Fuente de inspiracion quizas mas { ‘surgimiento de un enfoque mas protesional en ueden haber resultado las obras que sobre el pals so rodujeron en otros ambitos académicos, especiaiments Estados Unidos, donde se destacan, entre oes, ls trabajos de. H. Wiliams, V. Phelps. H. E. Peters, CC. Taylor okt Burgin. Y otro aporte que no dejaria de tener su peso ve oi Ge los “ingenieros", que desde su preocupaciones mas tSen: a8, abordan trayectorias econémicas pasadas, come Ti. €ardo Ontz, Adolfo Dorfman, Horacio Gibertiy Alfredo Monte: Y2.grupo al que cabria agregar a Noe! Sbarra, aquien su pro. fesion de pediatnia no le impicio abordar problematicae ra. tales). En resumen, si bien una variada preduccion habia muestra, ni siquiera del todo representativa camo no in, elit, en ese caso, a A. Bunge, por ejermplo— no se habia constituido en tomo a esta tematica una escuela histone, ‘rética que abordara con alguna sistematiidad estos termes, #8 aqui donde la corriente emergente de los sesenta: viene @ innover marcadamente. Los cambios que introduce ue por cierto no se limtan a los temas econémicorsocieies ‘marcan una rupiura con la produccién anterior an estas areas en al menos tres aspectos fundamentales, por un lado ce inlea una renovacion historiogratica de los ambites institucionales académicos, especialmente unwversitarion Por otto, asume un programa que, en muchos aspectos, Bretende dar un’ visién de conjunto del pasado argenting jfinalmente, sus tuentes y medios de legitmacion, como ya ha marcado T. Halperin Donghi, se encuentran an la vic ulacién con otras ciencias sociales y con el medio ace, Imico internacional. Asi, como argumentaremos mis. ade. lante, més que una reinterpretacién drastica del pasado eeonémic-social argentino, en esta etapa, lo que caractersze A esta nueva corrente es un cambio en la insercion institucional de la tematica, y en la forma de tratamiento de la misma, 4 eee seco ed anes irepenessine pr te Sa orn dp annus emi Fine. sree ens ea face Prosmpean pa pobre deere rare bara Sec neetetn Sak eaete Imes yen lee rect poy Arr an ack nacionales (que en algun caso incluyen la obtencién de fondos para algunos proyectos de investigacién) que prest- gia al grupo renovador ante la comunidad académica local en ‘general, avalando asi su espacio dentro de la propia aiscr ‘pina, Finalmente, la articulacién conceptual con la ciencias sociales y el focus institucional desde el que ahora se de- ssarrolla la historia econdmica y la social permiten ver sus ‘actividades renovadoras como una propuesta historiogralica radicalmente nueva, en lo que tiene de profesional y por lo tanto de sistematica. No se trata de tanto de una vision de Conjunto del programa de investigaciones pendientes, y su abordaje ordenado (ordenamiento probablemente imposible fen cualquier area académica), sino de un proyecto de Construccién de una historiogratia profesional, ds un conjunto de problemas propuestos como prioritarios, y de una amb\- ci6n totalizadora, Claro esta, esta visién no era una creacién propia Precisamente la articulacién internacional proveeria las fuentes de una nueva vision de la profesion. Y. de las tradiciones historiograticas crecientes en la post-guerra, sera ‘Seguramente la vinculada al grupo francés de Annales la que tendré mayor influencia en la formulacion de un modelo historiogrético. Cabrian, sin embargo, algunas precisiones. Si bien los propios actores del proceso na han dudado en ‘Sefialar su deuda a Annales, una busqueda directa de los rastros de esta escuela en la produccion historiogratica del Periodo puede dar resultados menos cuantiosos que los que fen primera intencién podrian esperarse. Ante tode, porque si bien las lecturas de Febre y Bloch formaban sin duda parte

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