¿CÓMO SABEMOS ALGO?
SI REFLEXIONAS ACERCA DE ELLO, verás que el interior de tu propia mente
es lo único de lo que puedes estar seguro.
Todo aquello en lo que crees (sea respecto al Sol, la Luna y las estrellas, la
casa y el vecindario en que vives, la historia, la ciencia, otra gente, incluso la
existencia de tu propio cuerpo) se basa en tus experiencias y pensamientos,
sentimientos e impresiones sensoriales. Eso es todo lo que tienes como punto de
partida: ya sea que veas el libro en tus manos, o sientas el suelo bajo tus pies, o
recuerdes que George Washington fue el primer presidente de los Estados
Unidos, o que el agua es H2O. Las experiencias y pensamientos internos son lo
más cercano a ti, y alcanzas todo lo demás sólo a través de ellos.
Por lo común no tienes dudas sobre la existencia del suelo que pisas, o del
árbol que está frente a la ventana o de tus propios dientes. De hecho, casi nunca
reparas en los estados mentales que te hacen consciente de esas cosas: pareces
estar consciente de ellas directamente; pero, ¿cómo sabes que realmente
existen? ¿Te parecerían diferentes las cosas si de hecho existieran sólo en tu
mente, si todo lo que creíste que era el mundo real externo no fuese más que un
gigantesco sueño o alucinación de la que nunca despertarás?
De ser así, por supuesto que no podrías despertar, como puedes hacerlo
de un sueño, ya que no habría mundo "real" en el cual despertar. Por ello, no
será exactamente como una alucinación o sueño normal. Nuestra general
concepción de los sueños es que ocurren en la mente de personas que
literalmente yacen en una cama real, dentro de una casa real, aun cuando en el
sueño vayan huyendo de una podadora asesina por las calles de Kansas City.
También damos por sentado que los sueños normales dependen de lo que está
sucediendo en el cerebro del durmiente.
Pero ¿no podrían ser todas tus experiencias como un sueño gigantesco sin
ningún mundo externo fuera de él? ¿Cómo puedes saber que no es eso lo que
ocurre? Si todas tus experiencias no fueran más que un sueño con nada fuera,
entonces cualquier prueba que trataras de usar para demostrarte la existencia de
un mundo externo sería parte del sueño. Si golpearas la mesa
Qué significa todo esto
o te pellizcaras oirías el golpe y sentirías el pellizco, pero eso no sería más que
otra cosa que sucede dentro de tu mente, como todo lo demás. Es inútil: si
quieres saber si lo que está dentro de tu mente da una idea de lo que está fuera
de ella, no puedes confiar en lo que las cosas parecen (desde el interior de tu
mente) para responderte.
Pero entonces, ¿en qué se puede confiar? Toda tu evidencia sobre
cualquier cosa tiene que pasar por tu mente (sea en forma de percepción,
testimonio de libros y de otras personas o por el recuerdo), y es por completo
consecuente con todo aquello de lo que estás consciente: que nada en absoluto
existe excepto el interior de tu mente.
Incluso es posible que no tengas cuerpo ni cerebro. Puesto que crees en su
existencia sólo a través del testimonio de tus sentidos. Nunca has visto tu
cerebro (sólo das por sentado que todos lo tienen), pero, aunque lo hubieras
visto o pensaras haberlo visto, ello no sería más que otra experiencia visual. Tal
vez tú, el sujeto de experiencia, eres lo único que existe, y no hay mundo físico
(ni estrellas, ni Tierra, ni cuerpos humanos). Quizá ni siquiera haya espacio.
Si tratas de argüir que debe haber un mundo físico externo, pues de no ser
así no verías edificios, gente ni estrellas, a menos que hubiera allí cosas que
reflejaran o enviaran luz hacia tus ojos y te causaran así experiencias visuales, la
respuesta es obvia: ¿cómo sabes eso? No es más que otra pretensión sobre el
mundo externo y tu relación con él, y tiene que basarse en la evidencia de tus
sentidos. Pero sólo puedes confiar en esa prueba específica sobre cómo las
experiencias visuales tienen lugar sólo si puedes confiar, en general, en que el
contenido de tu mente le informe sobre el mundo externo; y eso es
precisamente lo que se cuestiona. Si tratas de demostrar la veracidad de tus
impresiones apelando a tus impresiones, estarás razonando en un círculo vicioso
y no llegarás a ninguna parte.
La conclusión más radical que se puede sacar de lo anterior sería que tu
mente es lo único que existe. Este punto de vista se llama solipsismo. Es una
idea muy solitaria; no mucha gente la ha sostenido. Como podrás inferirlo de
este comentario, yo tampoco la sostengo, si yo fuera solipsista, probablemente
no habría escrito este libro, pues no creería que hubiese alguien más que lo
leyera. Por otro lado, tal vez lo escribiría para hacer más interesante mi vida
interna, al añadirle la impresión de ver publicado el libro, de que otras personas
lo leyeran y me contaran sus reacciones, y así por el estilo. Incluso podría tener
la impresión de las regalías, de tener suerte.
Quizá tú seas solipsista. En tal caso, considerarás este libro como producto
de tu propia mente, el cual surge a la existencia a través de tu experiencia
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Thomas Nagel
cuando lo lees. Obviamente, nada que yo pueda decir te demostrará que en
realidad existo, ni que el libro existe como objeto físico.
Por otra parte, concluir que eres lo único que existe es más de lo que las
pruebas garantizan. No puedes saber, basándote en lo que hay dentro de tu
mente, que no hay mundo fuera de ella. Tal vez la conclusión correcta sea más
modesta: que no sabes nada más allá de tus impresiones y experiencias. Puede
haber un mundo externo o no, y si lo hay, puede ser o no ser completamente
distinto de como te parece. No hay forma de que lo sepas. Este punto de vista se
llama escepticismo acerca del mundo externo.
Es posible una forma de escepticismo aún más radical. Argumentos
similares parecen mostrar que no sabes nada, ni siquiera sobre tu propia
existencia y experiencias pasadas, puesto que todo lo que tienes como
fundamento es el contenido actual de tu mente, incluyendo las impresiones de la
memoria. Si no puedes estar seguro de que el mundo exterior a tu mente existe
ahora, ¿cómo puedes estar seguro de que tú mismo exististe antes de ahora?
¿Cómo sabes que no empezaste a existir apenas hace unos minutos, junto con
todos tus recuerdos actuales? La única evidencia de que no puedes haber nacido
hace unos minutos depende de las creencias sobre cómo se producen la gente y
sus recuerdos, que a su vez se basan en creencias sobre lo que ha ocurrido en el
pasado; pero confiar que esas creencias demuestren que has existido en el
pasado sería, otra vez, debatirse en un círculo. Tendrías que asumir la realidad
del pasado para demostrar la realidad del pasado.
Parece que no hay nada de lo que puedas estar seguro, excepto del
contenido de tu propia mente en el momento actual; y parece que todo lo que
trates de argumentar a tu manera fuera de este predicamento fallará, pues el
argumento tendrá que dar por sentado lo que tratas de probar: la existencia de
un mundo externo más allá de tu mente.
Por ejemplo, supongamos que aduces que debe haber un mundo externo,
por ser increíble que tuvieras todas estas experiencias sin que haya alguna
explicación en términos de causas externas. El escéptico puede dar dos
respuestas. En primer lugar, aunque haya causas externas, ¿cómo puedes saber,
por el contenido de tu experiencia, ¿cuáles son esas causas? Nunca las has
observado directamente. En segundo, ¿en qué se basa tu idea de que todo debe
tener una explicación? Es cierto que, en tu concepción normal, no filosófica, del
mundo, procesos como los que tienen lugar en tu mente son causados, al menos
en parte, por cosas exteriores a ellos; pero no puedes dar por sentado que esto es
cierto si lo que tratas de resolver es cómo puedes saber algo acerca del mundo
exterior a tu mente. Y no hay manera de probar tal principio con sólo mirar lo
que está dentro de tu mente. Por plausible que te pueda parecer el principio,
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Qué significa todo esto
¿qué razón te asiste para creer que éste se aplica al mundo?
La ciencia tampoco nos ayuda con este problema, aunque podría parecer
que sí. En el pensamiento científico ordinario, nos basamos en principios
generales de explicación para pasar de una primera apreciación nuestra del
mundo a la diferente concepción de lo que es en realidad. Tratamos de explicar
las apariencias en términos de una teoría que describe la realidad que las
sustenta, una realidad que no podemos observar directamente. Así es como la
física y la química concluyen que todas las cosas que vemos a nuestro alrededor
están compuestas de pequeños átomos invisibles. ¿Podríamos argüir que la
creencia general en el mundo externo tiene la misma clase de apoyo científico
que la creencia en los átomos?
La respuesta del escéptico es que el proceso de razonamiento científico
suscita el mismo problema escéptico que venimos discutiendo, la ciencia es tan
vulnerable como la percepción. ¿Cómo podemos saber que el mundo exterior a
nuestras mentes corresponde a nuestras ideas de lo que sería una buena
explicación teórica de nuestras observaciones? Si no podemos establecer la
veracidad de nuestras experiencias sensoriales en relación con el mundo
externo, tampoco hay razón para pensar que podemos fiarnos en nuestras
teorías científicas.
Hay otra respuesta, muy diferente, al problema. Algunos aducirían que el
escepticismo radical del tipo a que he venido refiriéndome no tiene sentido,
porque la idea de una realidad externa que nadie jamás podría descubrir
tampoco lo tiene. El argumento es que un sueño, por ejemplo, tiene que ser algo
de lo que puedas despertar para descubrir que has estado durmiendo; una
alucinación, tiene que ser algo cuya inexistencia otros (o después tú mismo)
puedan percibir. Las impresiones y apariencias que no corresponden a la
realidad deben ser comparadas con otras que sí corresponden a la realidad; de
otro modo, el contraste entre apariencia y realidad es irrelevante.
Según este punto de vista, la idea de un sueño del que nunca puedas
despertar no es en absoluto la idea de un sueño: es la idea de la realidad, del
mundo real en el que vives. Nuestra idea de las cosas que existen es sólo nuestra
idea de lo que podemos observar. (Este punto de vista recibe en ocasiones el
nombre de verificacionismo.) A veces nuestras observaciones son erróneas, pero
eso significa que pueden ser corregidas por otras observaciones (como cuando
despiertas de un sueño o descubres que lo que te parecía una serpiente no era
más que una sombra sobre la hierba); pero sin cierta posibilidad de que haya un
punto de vista correcto (sea tuyo o de algún otro) sobre cómo son las cosas, el
pensamiento de que tus impresiones del mundo no son ciertas carece de sentido.
Sí esto es correcto, entonces el escéptico se engaña a sí mismo si cree
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Thomas Nagel
poder imaginar que lo único que existe es su propia mente. Se engaña, porque
no podría ser cierto que el mundo físico no existe en realidad, a menos que
alguien pudiera observar que no existe. Y lo que el escéptico trata de imaginar
es precisamente que no hay nadie para observar ésa ni cualquier otra cosa
(excepto, claro, el escéptico mismo, y todo lo que puede observar es el interior de
su propia mente). Así, el solipsismo no tiene sentido. Trata de sustraer el mundo
externo de la totalidad de mis impresiones; pero fracasa, porque, si se sustrae el
mundo exterior, dejan de ser meras impresiones, volviéndose percepciones de la
realidad.
¿Sirve de algo este argumento contra el solipsismo y el escepticismo? No,
a menos que pueda definirse la realidad como lo que podemos observar, pero,
¿de veras somos incapaces de entender la idea de un mundo real, o un hecho
acerca de la realidad, que no puede ser observado por nadie, humano o no?
El escéptico afirmará que, si hay un mundo externo, sus objetos son
observables porque existen y no al contrario: que la existencia no es lo mismo
que la observabilidad; y, aunque tomamos la idea de sueños y alucinaciones de
casos en los que creemos poder observar el contraste entre nuestras
experiencias y la realidad, ciertamente parece que la misma idea puede
extenderse a casos en los que la realidad no es observable.
Si eso es correcto, parece deducirse que no carece de sentido pensar que el
mundo podría no consistir más que en el interior de tu propia mente, aunque ni
tú ni nadie más pueda decir que e o sea ase. Y si esto no carece de sentido, sino
que es una posibilidad que debes tomar en consideración, parece no haber modo
de probar su falsedad sin caer en un círculo vicioso. Así, no parece haber más
camino fuera de la jaula de tu propia mente. Esto recibe a veces el nombre de
predicamento egocéntrico.
No obstante, luego de todo lo que se ha dicho, tengo que admitir que es
prácticamente imposible creer seriamente que todas las cosas del mundo que te
rodea pudieran no existir en realidad. Nuestra aceptación del mundo externo es
instintiva y poderosa: no podemos librarnos de ella mediante argumentos
filosóficos. No sólo seguimos actuando como si la demás gente y las cosas
existieran: creemos que existen, aun después de haber examinado los
argumentos que parecen mostrar que no tenemos razones para dicha creencia.
(Podemos tener fundamentos, dentro del sistema general de nuestras creencias
sobre el mundo, para creencias más particulares sobre la existencia de cosas
particulares, como un ratón en la panera, por ejemplo; pero eso es diferente:
presupone la existencia del mundo externo.)
Si una creencia en el mundo exterior a nuestras mentes nos es tan natural,
quizá no necesitemos fundamentos para ella. Podemos dejarla como está y
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Qué significa todo esto
esperar estar en lo cierto. Y de hecho eso es lo que la mayoría de la gente hace
tras abandonar el intento de probarla: aun cuando no puedan dar razones contra
el escepticismo, no pueden tampoco vivir con él; pero esto significa que nos
aferramos a la mayoría de nuestras creencias comunes sobre el mundo, a pesar
de que a) podrían ser completamente falsas, y b) no tenemos bases para
descartar esa posibilidad.
Actividades:
1. ¿Eres la misma persona que aparece en tus redes sociales? ¿Qué
hay de ti en tus redes sociales y qué se oculta? ¿Cuáles tu
verdadero "yo”, tus recuerdos, tus pensamientos, lo que publicas,
tu cuerpo y/o tus sueños?
2. ¿Eres la misma persona que hace 5 años? ¿cómo sabes que ese
recuerdo realmente existió? ¿Cuáles elementos podrían ser falsos
de esos recuerdos? ¿Cuáles podrían ser verdaderos?
3. ¿De qué nos sirve cuestionar y resignificar lo que se nos presenta o
nos dicen que es "obvio"?
4. ¿Hay filosofía en cada ser humano, independiente de a qué se
dedique, o más bien la filosofía pertenece a los "profesionales" que
se dedican a ella, formalmente?
Bibliografía
Thomas, N. (2003). ¿Que significa todo esto? México: Fondo de
cultura económica.
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