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Enseñar A Pensar

El documento narra la historia de un estudiante que respondió de manera correcta pero inusual a una pregunta de un examen sobre cómo medir la altura de un edificio usando un barómetro. Más tarde, el estudiante mostró que conocía varias formas convencionales y no convencionales de medir la altura con un barómetro.
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Enseñar A Pensar

El documento narra la historia de un estudiante que respondió de manera correcta pero inusual a una pregunta de un examen sobre cómo medir la altura de un edificio usando un barómetro. Más tarde, el estudiante mostró que conocía varias formas convencionales y no convencionales de medir la altura con un barómetro.
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ENSEÑAR A PENSAR

El físico cuántico Murray Gell – Mann, Premio Nobel de Física en 1969 y uno de
los fundadores del Santa Fe Institute, centro de investigaciones crucial en teoría
de caos y complejidad, relata en su libro “The Quark and the Jaguar” (Owl Books,
NY, 1994) esta interesante anécdota protagonizada por el Dr. Alexander Calandra,
profesor de Física en la Washington University de St. Louis.

“Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un


cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física,
pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente
acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui


elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía: "Demuestre cómo es posible
determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".

El estudiante había respondido: "Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale


una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La
longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio".

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del


ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por
otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de
sus estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero
la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para
que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en
la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si


deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema.
Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué
que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: "Coge el barómetro y


lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un
cronometro. Después se aplica la: s = ½ at 2 (que relaciona la distancia de la caída
con la aceleración por la gravedad en el tiempo transcurrido) y así obtenemos la
altura del edificio".

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la


nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me


contara sus otras respuestas a la pregunta.
Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un
día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si
medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una
simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contestó; este es un procedimiento muy


básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el
barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes
las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de
marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número
de marcas que has hecho y ya tienes la altura.

Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un


procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo
como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura
de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la
aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al
pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y
aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la
altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una
cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle.

Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de


presesión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente,
siguió, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del
conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si
usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta


convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en
dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos
lugares).

Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios sus profesores
habían intentado enseñarle a pensar…

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