De cierto os digo:
Escuchen La Palabra.
¡Kairós tou poiesai a Kyrios!
¡Ocupen su puesto!
Pronto el sistema quimérico concluirá su ardid.
Ubíquense en el lugar que El Verbo les encargó.
Posiciónense con certeza, frente a Dios Trino y Uno,
frente a la Creación, frente al Universo,
frente a los Hijos de Luz, en Casa-Unidad.
Reciban el Vocabulario de Movimientos Iniciales.
Levántense y Resplandezcan, en medio de tantos muertos.
Yo, antes de nacer, ya era Vanguardia,
siempre de rodillas ante la Santísima Trinidad Real.
Padre, Hijo, y Espíritu Santo y Verdadero.
Sin embargo, el mundo injusto me confundió, y me enseñó mal.
Luego, me erguí en dos piernas, fui vano, pretensioso, cruel,
y hasta olvidé mi puesto en la Sinfónica Invisible…
Entonces, como Jonás, desde el vientre de la Ballena Oré;
en mi angustia clamé al Trino y Uno, y Él me oyó.
Desde el seol clamé, y Cristo-Resucitado escuchó mi Voz.
¡Fui despertado por el Gran Espíritu!
Y hoy los llamo: ¡Escuchen vuestro Corazón!
¡Kairós tou poiesai a Kyrio!
Alístense para recibir al Verbo Eterno.
¡Bienvenido, Dios de Dios! ¡Bienvenida, Luz de Luz!
¡Bienvenida, Vida de Vida!
Bienvenida Redención AmAr.
ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES A MARÍA
«He ahí a tu Madre» (Juán 19, 27).
Es Jesús, oh Virgen María,
quien desde la cruz
nos quiso encomendar a ti,
no para atenuar,
sino para reafirmar
su papel exclusivo de Salvador del mundo.
Si en el discípulo Juan
te han sido encomendados
todos los hijos de la Iglesia,
mucho más me complace
ver encomendados a ti, oh María,
a los jóvenes del mundo.
A ti, dulce Madre,
cuya protección he experimentado siempre,
Nos encomiendo de nuevo,
Bajo tu manto,
bajo tu protección,
todos buscan refugio.
Tú, Madre de la Divina Gracia,
haz que resplandezcan con la belleza de Cristo.
Somos los jóvenes de este siglo,
que en el alba del advenimiento,
vivimos aún los tormentos que derivan del pecado,
del odio, de la violencia, de la lujuria, la gula
del terrorismo y de la guerra falsa.
Pero son también los jóvenes a quienes la Iglesia
mira confiadamente, con la certeza
de que, con la ayuda de la gracia de Dios,
lograrán creer y vivir
como testigos del Evangelio
en el hoy de la historia.
Oh María,
ayúdanos a responder a nuestra vocación.
Guíanos al conocimiento del Amor Verdadero:
LA SANTÍSIMA TRINIDAD
y bendice nuestros actos y afectos.
Sostennos en el momento del sufrimiento.
Conviértenos en anunciadores intrépidos
del saludo de Cristo
el día de Pascua:
¡La paz esté con vosotros!
Juntamente con ellos,
yo me encomiendo
una vez más a ti,
y con afecto confiado te repito:
¡Totus tuus ego sum!
¡Soy todo tuyo!
Y también cada uno de ellos,
conmigo, te dice:
¡Totus tuus ego sum!
Amén.
Imagina
ORACIÓN DEL MÉDICO
Señor Jesús, Médico divino,
que en tu vida terrena
tuviste predilección por los que sufren
y encomendaste a tus discípulos
el ministerio de la curación,
haz que estemos siempre dispuestos
a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos.
Haz que cada uno de nosotros,
consciente de la gran misión que le ha sido confiada,
se esfuerce por ser siempre instrumento
de tu Amor misericordioso en su servicio diario.
Ilumina nuestra mente.
Guía nuestra mano.
Haz que nuestro Corazón sea atento y Compasivo.
Haz que en cada paciente
sepamos descubrir los rasgos de tu rostro divino.
Tú, que eres el camino,
concédenos la gracia de imitarte cada día
como médicos no sólo del cuerpo
sino también de toda la persona,
ayudando a los enfermos
a recorrer con confianza su camino terreno
hasta el momento del encuentro contigo.
Tú, que eres la Verdad,
danos Sabiduría y Ciencia,
para penetrar en el misterio del hombre
y de su destino Trascendente,
mientras nos acercamos a él
para descubrir las causas del mal
y para encontrar los remedios oportunos.
Tú, que eres la vida,
concédenos anunciar y testimoniar en nuestra profesión
el «Evangelio de la Vida»,
comprometiéndonos a defenderla siempre,
desde la concepción hasta su término natural,
y a respetar la Dignidad de todo ser humano,
especialmente de los más débiles y necesitados.
Señor, haznos buenos samaritanos,
dispuestos para acoger, curar y consolar
a todos aquellos con quienes nos encontramos
en nuestro trabajo.
A ejemplo de los médicos Santos que nos han precedido,
ayúdanos a dar nuestra generosa aportación.
Bendice nuestro estudio y nuestra profesión.
Ilumina nuestra investigación y nuestra enseñanza.
Por último, concédenos que,
habiéndote Amado y Servido constantemente
a nuestros hermanos pobre y enfermos,
al final de nuestra peregrinación terrena
podamos contemplar tu rostro glorioso
y experimentar el gozo del encuentro contigo,
en tu reino de Alegría y Paz Infinita.
Amén.
ANTE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO SOLEMNEMENTE EXPUESTO
Quédate con nosotros. Señor».
«Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que te Amo».
Amén.
LA MISIÓN DE LA FAMILIA CRISTIANA
Oh Dios,
de quien procede toda paternidad
en el cielo y en la tierra.
Padre, que eres Amor y Vida,
haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta,
por medio de tu Hijo, Jesucristo, nacido de Mujer,
y mediante el Espíritu Santo, fuente de Caridad Divina,
en verdadero santuario de la Vida y del Amor,
para todas las generaciones.
Haz que tu Gracia
guíe los pensamientos y las obras
de los esposos hacia el bien de sus familias
y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones
encuentren en la familia
un fuerte apoyo para su humanidad
y su crecimiento en la Verdad y en el Amor.
Haz que el Amor
se demuestre más fuerte que cualquier debilidad
y cualquier crisis,
por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos
por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret,
que la Iglesia en todas las naciones de la tierra
pueda cumplir fructíferamente su misión
en la familia y por medio de la familia.
Por Cristo nuestro Señor
que es el camino, la Verdad y la Vida,
por los siglos de los siglos.
Amén.
A SAN FRANCISCO DE ASÍS
Tú, que acercaste tanto a Cristo a tu época,
ayúdanos a acercar a Cristo a la nuestra,
a nuestros tiempos difíciles y críticos.
¡Ayúdanos!
Estos tiempos esperan a Cristo con gran ansia,
por más que muchos hombres de nuestra época no se den
cuenta.
Nos acercamos al año 2.022 después de Cristo.
¿No serán los tiempos señalados para La Gran Revelación?
Sí. Son.
Nosotros manifestamos cada día
en la plegaria eucarística
nuestra esperanza, dirigida a Él solo,
Redentor y Salvador nuestro,
a Él, que es cumplimiento de la historia,
del hombre y del mundo.
Ayúdanos, San Francisco de Asís,
para que la Iglesia Adore en Verdad y en Espíritu.
Tú, que has llevado en vuestro corazón
las vicisitudes de tus contemporáneos,
ayúdanos, con el corazón cercano al corazón del Redentor,
para abrazar todos los sufrimientos del hombre de hoy,
sus dudas, sus negaciones, sus desbandadas,
sus tensiones, sus complejos, sus inquietudes…
Ayúdanos a traducir todo esto
a un lenguaje evangélico sencillo y provechoso.
Ayúdanos a resolver todo en clave evangélica,
para que Cristo mismo pueda ser «Camino, Verdad y Vida»
para el hombre de nuestro tiempo.
Así te lo pido a Ti, San Francisco de Asís
hijo Santo de la Iglesia, hijo de tierra italiana,
Así te lo pido Yo, Luis Carlos de la Santísima Trinidad,
hijo de tierra colombiana, Vanguardia de Nuestro Rey.
Sé que me ayudarás.
Has sido siempre un Hermano completamente entregado,
y te has apresurado siempre a ayudar a cuantos a Ti se han
dirigido.
(Basílica de San Francisco, Asís, Italia.
Domingo 5 de noviembre de 1978)
Espíritu Santo
Espíritu Santo, dulce huésped del alma,
muéstranos el sentido profundo
del gran acontecimiento que está por venir,
y prepara nuestro espíritu para celebrarlo con fe,
en la esperanza que no defrauda,
en la caridad que no espera recompensa.
Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios,
memoria y profecía de la Iglesia,
dirige a la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret,
al Señor de las Gracias, al Salvador del mundo,
la culminación de la historia.
¡Ven, Espíritu de Amor y de Paz!
Espíritu Creador, misterioso Artífice del Reino,
guía a la Iglesia con la fuerza de tus Santos Dones,
para cruzar con valentía el umbral,
y testificar hasta la muerte la Palabra que Salva.
Espíritu de Santidad, aliento divino que mueve al Universo,
ven y renueva la faz de la tierra.
Suscita en los Cristianos el deseo de la Plena Unidad,
para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento
de la íntima Unión con Dios y de la Unidad del género humano.
¡Ven, Espíritu de Amor y de Paz!
Espíritu de Comunión, alma y sostén de la Iglesia,
haz que la riqueza de los carismas y ministerios
contribuyan a la Unidad del Cuerpo de Cristo,
y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados
colaboren juntos en la edificación del Único reino de Dios.
Espíritu de consuelo, fuente inagotable de Gozo y de Paz,
suscita solidaridad para con los necesitados,
da a los enfermos el aliento necesario,
infunde confianza y esperanza en los que sufren,
acrecienta en todos el compromiso de ocupar su lugar,
en Verdad y en Espíritu.
¡Ven, Espíritu de Amor y de Paz!
Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón,
orienta el camino de la ciencia y de la técnica
al servicio de la Vida, la Justicia y la Paz.
Haz que los miembros de otras religiones,
y las diversas culturas,
se abran al poder del Evangelio Verdadero.
Espíritu de Vida, por el cual el Verbo se hizo carne,
en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha,
haznos dóciles a las muestras de tu Amor,
y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos
que tú pones en el curso de la historia.
¡Ven, Espíritu de Amor y de Paz!
A ti, Espíritu de Amor,
junto con el Padre omnipotente
y el Hijo unigénito,
alabanza, honor y gloria
por los siglos de los siglos. Amén.
Dios Padre
Bendito seas, Padre,
que en tu infinito Amor
nos has dado a tu Hijo unigénito,
hecho carne por obra del Espíritu Santo,
en el seno purísimo de la Virgen María,
y nacido en Belén hace dos mil veintidós años.
Él se hizo nuestro compañero de viaje
y dio nuevo significado a la historia,
que es un camino recorrido juntos,
en las penas y los sufrimientos,
en la fidelidad y el Amor,
hacia los cielos nuevos y la tierra nueva
en los cuales Tú,
que has vencido la muerte, serás todo en todos.
¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
Único y Eterno Dios!
Que por tu gracia, Padre, el fin del mundo injusto
sea un tiempo de conversión profunda
y de gozoso retorno a ti;
que sea un tiempo de reconciliación entre los hombres
y de nueva concordia entre las naciones;
un tiempo en que las espadas se cambien por arados,
y el ruido de las armas sea sustituido por cantos de Paz.
Concédenos, Padre Viviente, poder vivir dóciles a la voz del
Espíritu, fieles en el seguimiento de Cristo,
asiduos en la escucha de la Palabra,
para acercarnos a las fuentes de la Gracia.
¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
Único y Eterno Dios!
Sostén, Padre, con la fuerza del Espíritu,
los esfuerzos de la Iglesia en la nueva evangelización,
y guía nuestros pasos con firmeza por los caminos del mundo,
para anunciar a Cristo con la propia vida,
orientando nuestra peregrinación terrena
hacia la Ciudad de la Luz.
Que los discípulos de Jesús brillen por su Amor
hacia los pobres y oprimidos;
que sean solidarios con los necesitados
y generosos en las obras de misericordia;
que sean indulgentes con los hermanos
para alcanzar de ti ellos mismos indulgencia y perdón.
¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
Único y Eterno Dios!
Concede, Padre, que los discípulos de tu Hijo,
purificada la Memoria y reconocidas las propias culpas,
sean UNO, para que el mundo crea.
Que se extienda el diálogo
entre los seguidores de las grandes religiones
y todos los hombres descubran la Alegría
de Ser Hijos Tuyos.
A la Voz suplicante de María,
Madre de todos los hombres,
se unan las voces orantes
de los apóstoles y de los mártires cristianos,
de los justos de todos los pueblos
y de todos los tiempos,
para que el Año Santo sea para cada uno
y para la Iglesia
causa de renovada esperanza y de Gozo en el Espíritu.
¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
Único y Eterno Dios!
A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la Historia,
en el Espíritu que Santifica el Universo,
Alabanza, Honor y Gloria
ahora y por los siglos de los siglos.
Amén.
SANTÍSIMA TRINIDAD
Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, El Ser, Bondad:
La gran vileza mirad,
que hoy os canta Amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criasteis,
vuestra, pues me redimisteis,
vuestra, pues que me sufristeis,
vuestra, pues que me llamasteis.
Vuestra, porque me esperasteis,
vuestra, pues no me dejaste perder:
¿Qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Viste aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, viste aquí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo lo pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad;
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo:
pues del todo me rendí,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme Oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo Paz aquí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
o, por Amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía.
Dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid, dulce Amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si es preciso tenerme así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Sea José puesto en cadena,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo pena,
o ya David cuando fue encumbrado.
Sea Jonás anegado,
o libertado de allí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Haga fruto o no lo haga,
esté callando o sea hablando,
muéstrame la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo Vos en mí vivid.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?