Regional Resumen
Regional Resumen
RESUMEN DE
HISTORIA REGIONAL
2021
Unidad 1: Las concepciones sobre espacio y región. Perspectivas y alcances.
1. Espacio y espacialidad: Problemas e interpretaciones recientes
AUGÉ, Marc, 2008, Cap. “El lugar antropológico”, en “Los no lugares. Espacios del
anonimato. Una antropología de la sobre modernidad”.
La totalidad del hecho social, para Mauss, remite a otras dos totalidades: la suma de las diversas instituciones que entran en su
composición, pero también el conjunto de las diversas dimensiones con respecto a las cuales se define la individualidad de cada
uno de aquellos que la viven y participan de ella. Levi-Strauss ha resumido el hecho social total como el hecho social totalmente
percibido, es decir el hecho social en cuya interpretación está integrada la visión que puede tener de él cualquier de los nativos
que lo vive. Detrás de las ideas de totalidad y de sociedad localizada, existe la de una transparencia entre cultura, sociedad e
individuo.
El lugar antropológico es principio de sentido para aquellos que lo habitan y principio de inteligibilidad para quien lo observa;
este lugar es de escala variable. La casa kabil, la casa mani, las organizaciones dualistas, los pueblos ebrie: todos son lugares
cuyo análisis tiene sentido porque fueron cargados de sentido, y casa nuevo recorrido, cada reiteración ritual refuerza y
confirma su necesidad.
Estos lugares tienen por lo menos tres rasgos comunes. Se consideran (o los consideran) identificatorios, relacionales e
históricos. El lugar de nacimiento es constitutivo de la identidad individual, asimismo obedece a la ley de lo ¨propio¨. En le
orden del nacimiento y de la vida, el lugar propio, al igual que la individualidad absoluta, son mas difíciles de definir y de
pensar. Michel de Certeau define el ¨lugar¨ como una ¨configuración instantánea de posiciones¨ lo que equivale a decir que en
un mismo lugar pueden coexistir elementos distintos y singulares, ciertamente, pero de los cuales nada impide pensar ni las
relaciones ni la identidad compartida que les confiere ocupación del lugar común.
Si nos detenemos un instante en la definición de luga antropológico, comprobaremos que es ante todo algo geométrico. En
términos geométricos, se trata de la línea, de la intersección de líneas y del punto de intersección. Se podría hablar, por una
parte, de ejes o de caminos que conducen de un lugar a otro y han sido trazados por los hombres; por otra parte, de encrucijadas
y de lugares donde los hombres se cruzan, se encuentran y se reúnen, que fueron diseñados a veces con enormes proporciones
para satisfacer, especialmente en los mercados, las necesidades del intercambio económico y, por fin, centros mas o menos
monumentales, sean religiosos o políticos, construidos por ciertos hombres y que definen a su vez un espacio y fronteras mas
alla de las cuales otros hombres se definen como otros con respecto a otros centros y otros espacios. A la combinación de los
espacios corresponde una cierta complejidad institucional: los grandes mercados apelan a ciertas formas de control político; no
existen sino en virtud de un contrato cuyo respeto es asegurado por diversos procedimientos religiosos y jurídicos.
Hay que hacer mención a la dimensión materialmente temporal de estos espacios. Muchas veces se crean las condiciones de
una memoria que se vincula con ciertos lugares y contribuye a reforzar su carácter de sagrado. El monumento se considera la
expresión tangible de la permanencia o, por lo menos, de la duración. Son necesarios altares para los dioses, palacios y tronos
para los soberanos para que no sean avasallados por las contingencias temporales; así permiten pensar la continuidad de las
generaciones. Sin ilusión monumental, a los ojos de los vivos la historia no seria sino una abstracción.
El cuerpo humano mismo es concebido como una porción de espacio, con sus fronteras, sus centros vitales, sus defensas y sus
debilidades, su coraza y sus defectos. Al menos en el plano de la imaginación, el cuerpo es un espacio compuesto y jerarquizado
que puede recibir una carga desde el exterior. Los órganos internos mismos o ciertas partes del cuerpo (los riñones, la cabeza, el
dedo gordo del pie) son a menudos concebidos como autónomos, sede a veces de una presencia ancestral, y en este carácter
objeto de cultos específicos; el cuerpo de vuelve asi un conjunto de lugares de culto. Entonces sobre el cuerpo humano se
desarrollarían los efectos de los cuales hablábamos a propósito de la construcción de espacio.
Las ciudades francesas mas modestas e inclusive los pueblos, incluyen simpre un ¨centro de la ciudad¨ donde están agrupados,
uno al lado del otro, los monumentos que simbolizan uno la autoridad religiosa (la iglesia), el otro la autoridad civil (el
ayuntamiento, la subprefectura o la prefectura en las ciudades importantes). En el centro de la ciudad igualmente, y siempre en
las proximidades de la iglesia y del ayuntamiento, se ha erigido un monumento a los muertos; de concepción laida, no es
verdaderamente un lugar de culto sino un monumento de lugar histórico.
El monumento fechado es reivindicado como una prueba de autenticidad que debe de por si suscitar el interés: se ahonda la
distancia entre el presente del apisaje y el pasado al que alude; la alusión al pasado complejiza el presente.
BOURDIEU, Pierre, 1999, Cap. Efectos de Lugar, en La miseria del mundo.
Espacio físico y espacio social: El lugar puede definirse decididamente como el punto del espacio físico en que estan situados,
¨tiene lugar¨, existen, un agente o una cosa; localización o posición. El sitio ocupado puede definirse como la extensión, la
superficie y el volumen que un individuo o una cosa ocupan en el espacio físico, sus dimensiones o, mejor, su volumen
exterior.
El espacio habitado (o apropiado) funciona como una especio de simbolización espontanea del espacio social. En una sociedad
jerarquizada, n o hay espacio que no este jerarquizado y no exprese las jerarquías y las dimensiones sociales. Asi, determinadas
diferencias producidas por la logica historia pueden parecer surgidas de la naturaleza de las cosas (basta con pensar en la idea de
¨frontera natural¨).
La posición de un agente en el espacio social se expresa en el lugar del espacio físico en que está situado y por la posición
relativa que sus localizaciones temporarias y sobre todo permanentes ocupan con respecto a las localizaciones de los otros
agentes. Una parte de la inercia de las estructuras del espacio social se deriva del hecho de que están inscriptas en el espacio
físico y solo podrían modificarse a costa de un trabajo de trasplante, una mudanza de las cosas y un desarraigo o una
deportación de las personas que en si mismos supondrían transformaciones sociales extremadamente difíciles y costosas.
El espacio social reificado (vale decir, físicamente realizado u objetivizado) se presenta como la distribución en el espacio físico
de las diferentes especies de bienes y servicios y también de agentes individuales y grupos localizados físicamente. En la
relación entre la distribución de los agentes y la distribución de los bienes en el espacio se define el valor de las diferentes
regiones del espacio social reificado.
Las grandes oposiciones sociales objetivizadas en el espacio físico (por ejemplo capital/provincia) tienden a reproducirse en los
espiritus y el lenguaje en la forma de oposiciones costitutivas de una principio de visión y división, vale decir, en tanto
categorías de percepción y evaluación o de estructuras mentales.
Las luchas por la apropiación del espacio: El espacio o, mas precisamente, los lugares y sitios del espacio social reificado y
los beneficios que procuran, son apuestas de luchas (dentro de diferentes campos). Las ganancias de espacio pueden asumir la
forma de ganancias de localización, en si mismas susceptibles de analizarse en dos clases: las rentas que se asocian al hecho de
estar situado junto a agentes y bienes escasos y deseables; las ganancias de posición o de rango (como las que asegura una
dirección prestigiosa). Al poder medirse las distancias físicas según una métrica espacial o mejor temporal en la medida en que
los desplazamientos tardab mas o menos de acuerdo con las posibilidades de acceso a los medios de trasporte, públicos o
privados, el poder que el caital, en sus diferentes formas, da sobre el espacio es también un poder sobre el tiempo.
La capacidad de dominar el espacio depende del capital poseído; este permite mantener a distancia a personas y cosas
indeseables, al mismo tiempo que acercarse a las deseables. A la inversa, quienes carecen de capital son mantenidos a distancia,
ya sea física o simbólicamente, de los bienes socialmente mas escasos, y se los consena a codearse con las personas o bienes
mas indeseables y menos escasos.
Ciertos espacios, y en partículas los mas cerrados, los mas ¨selectos¨, exigen no solo un capital económico y cultural sino
también un capital social. Procuran capital social y capital simbólico mediante el efecto de club resultante de la reunión
duradera de personas y cosas que, diferentes de la mayoría, tienen en común no ser comunes,
Las luchas por la apropiación del espacio pueden asumir forma individual: la movilidad espacial, intrageneracional o
intergeneracional. También pueden asumir formas mas colectivas, ya se trate de as que se desarrollan en el plano nacional en
torno de las políticas habitacionales o de las que se situan en el nivel lical, con respecto a la construcción y asignación de
viviendas sociales o a desiciones en materia de equipamientos públicos.
CARETTA, Gabriela y ZACCA, Isabel, 2007, “Lugares para la muerte en el espacio meridional andino, Salta en el siglo
XVIII”, en Memoria americana.
Pierre Bourdieu señala que existe cierta correspondencia, aunque no directa ni lineal, entre el espacio social y el físico: el
espacio social tiende a reproducirse, de manera más o menos deformada, en el espacio físico, en forma de una determinada
combinación de los agentes y las propiedades. De lo que resulta que todas las divisiones y las distinciones del espacio social
(arriba/abajo, izquierda/derecha, etc.) se expresan real o simbólicamente en el espacio físico apropiado como espacio social
codificado.
Es por ello que los enterratorios como lugares que, en tanto espacios de poder construidos material y simbólicamente, nos
brindan posibilidades para el abordaje en clave socio-político-cultural de algunas de las luchas que tienen lugar en el campo
social. Asimismo los entierros, si bien afectan a un individuo pero, en tanto rituales, son eventos colectivos que se perciben
como diferentes y en sociedades como es el caso de Salta donde los espacios para la vida se superponen con los destinados a los
muertos, es posible considerar a los enterratorios en términos de “lugares antropológicos”.
Los registros de entierros de la Iglesia Matriz nos permiten acercarnos a la complejidad del entramado de una sociedad
estamental y mestiza, donde los lugares de entierro se definen en función de un cruzado conjunto de relaciones y posiciones
relativas. Los españoles fueron enterrados exclusivamente en el interior de los templos; el entierro de españoles en estos
espacios, compartiendo la misma superficie con los vivos, implicó cuestiones de religiosidad, lugar social y aspectos
económicos que involucraron a los difuntos, sus relaciones y el clero.
A diferencia de lo observado para otros espacios de la América española en Salta no encontramos templos o cementerios
dedicados exclusivamente a la atención de naturales; la matriz y su cementerio muestran la confluencia del entierro de distintos
sectores sociales. En el patio adyacente al templo se inhumaban indios, negros y afromestizos mientras en el interior de la
iglesia encontramos, junto a españoles, indios libres y de encomienda, negros esclavos y afromestizos libres. Esta confluencia
de cuerpos nos ha llevado a repensar las bases de la estratificación social y el peso del lugar en la construcción y actualización
de las posiciones sociales, fundada en la noción de interacción social.
Así el lugar de entierro con su dualidad adentro/afuera remite a la conflictividad de la coyuntura del avance sobre el Chaco y
parece conformar, también, el proceso de construcción de poder de la elite “española” en contrapunto con el lugar de los
mocovíes.
El entierro de esclavos en el interior de la matriz, asociado en el registro al cargo de sus amos, se entiende en el entramado de
las condiciones materiales y de las prácticas simbólicas, el contexto social en el que se valoraba al esclavo, la situación
económica y el estatus social de los amos.
La existencia de un espacio de confluencia de los cuerpos de los difuntos españoles, los indios, los negros y los mestizos nos
remite a un campo de interpretación del sentido de la muerte que estos grupos parecen compartir. Se trata, entonces, de
imaginarios asociados; por un lado, al mundo de los españoles y fuertemente vinculado al cristianismo y, por el otro, a uno
menos evidente y presente en los grupos indios y mestizos en los que entendemos se entraman rasgos cristianos con diversos
aspectos de las religiosidades nativas.
La coincidencia entre el día de los muertos en el calendario cristiano y el Aya Marcay Quilla, mes de llevar difuntos, del
calendario quechua; la importancia de la relación entre la iglesia orante y la purgante -que acorta la pena y conduce a la vida
eterna- junto al culto a los ancestros que restablece y asegura el ciclo vital; los niños muertos visualizados como ángeles que
ayudan en el paso del purgatorio al cielo -creencia de raíz popular andaluza y la función propiciatoria de las ofrendas de niños,
en el mundo andino, son algunos indicios que nos permiten pensar el problema en términos de reapropiación y resignificación
de la ritualidad mortuoria y de los lugares de entierro que, en tanto no discutieran el rol sacerdotal, fueron tolerados y hasta
promovidos por el propio clero.
La noción de lugar de entierro podría repensarse a partir del diálogo entre espacio, ritualidad e interacción social entrañando
imaginarios en torno a la muerte que orientan la acción social en un proceso que se actualiza simultáneamente.
DE CERTEAU, Michel, 2010, “Relatos de espacio”, en La invención de lo cotidiano. 1. Artes de hacer, Universidad
Iberoamericana – Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, México, pp. 127-142.
Relato de espacios:
Hoy en día, los relatos cada día, atraviesan (organizan lugares; los seleccionan y los reúnen al mismo tiempo; hacen con
ellos frases & itinerarios. Son recorridos de espacios. En donde las estructuras narrativas tienen valor de sintaxis
espaciales. Con toda una panoplia de códigos, de conductas ordenadas y de controles, regulan los cambios de espacios
levados a cabo mediante los relatos bajo la forma de lugares puestos en series lineales o entrelazadas: de aquí en donde se
va para allá este lugar (una pieza) incluye otra (un sueño o un recuerdo); etcétera.
Más aún, representados por medio de descripciones o de actores, estos lugares están ligados entre sí de una manera más o
menos estrecha o fácil gracias a” modalizaciones" que precisan el tipo de paso que conduce de uno a otro. Entre muchas
otras, estas notaciones sólo esbozan con cuánta sutil complejidad los relatos, cotidianos o literarios, son nuestros
transportes colectivos.
Todo relato es un relato de viaje, una práctica del espacio. Por esta razón, tiene importancia para las prácticas cotidianas.
Estas aventuras narradas, que de una sola vez producen geografías de acciones y derivan hacia los lugares comunes de un
orden, no constituyen solamente un” suplemento" de los enunciadores peatonales y las retóricas caminantes. No se limitan
a desplazarlas y trasladarlas al campo del lenguaje. En realidad, organizan los andares.
De qué tipo de análisis es susceptible esta pululación de metáforas, dichos y relatos organizadores de lugares a través de
los desplazamientos que” describen” y que algunos trabajos proporcionan métodos y categorías. Entre los mas recientes se
pide señalar en particular los que se refiere a una semántica de los espacios, a una psicolingüística de la descripción de
lugares, una fenomenología de los comportamientos organizados de territorios. Nuestra investigación pertenece a este
segundo momento de análisis en donde pasa de las estructuras de las acciones. Donde se considera a las estructuras
narrativas, en donde se permitirán precisar algunas formas elementales de las practicas organizadas de espacios como la
bipolaridad mapa y recorrido, procedimientos y las focalizaciones enunciativas.
” Espacios" y” lugares”:
Desde un principio, entre espacio y lugar, planteo una distinción que delimitará campo. Un lugar es el orden según el cual
los elementos se distribuyen en relaciones de coexistencia. Ahí se excluye la posibilidad para que dos cosas se encuentren
en el mismo sitio. Ahí impera la ley de lo “propio": los elementos considerados están unos al lado de otros, cada uno
situado en un sitio” propio” y distinto que uno define. Un lugar es una configuración instantánea de posiciones.
El espacio es un cruzamiento de movilidades. Está de alguna manera animado por el conjunto de movimientos que ahí se
despliegan. Espacio es el efecto producido por las operaciones que lo orientan, lo temporalizan y lo llevan a funcionar
como una unidad polivalente de programas conflictuales o de proximidades contractuales. El espacio es el lugar lo que se
vuelve la palabra al ser articulada, transformado en un término pertinente de múltiples convenciones, planteado como el
acto de un presente, y modificado por las transformaciones debidas a contigüidades sucesivas. A diferencia del lugar,
carece de a unicidad y de la estabilidad de un sitio "propio”. En suma, el espacio es un lugar practicado. De esta forma, la
calle se transforma en espacio por intervención de los caminantes.
Merleau-Ponty ya distinguía del espacio "geométrico” (” espacialidad homogénea e isótropa" similar a nuestro "lugar”)
otra” espacialidad” que él llamaba un "espacio antropológico". Esta experiencia es relación con el mundo; en el sueño y
en la percepción, y por así decirlo anterior a su diferenciación, expresa” la misma estructura esencial de nuestro ser como
ser situado en relación con un medio ambiente”; un ser situado por un deseo, indisociable de una” dirección de la
existencia" y plantado en el espacio de un paisaje.
En un examen de las prácticas cotidianas la oposición entre "lugar” y ”espacio" remitirá más bien, en los relatos, a dos
tipos de determinaciones: una, por medio de los objetos que podrían finalmente reducirse al estar ahí de un muerto, ley de
un ”lugar” (de la lápida al cadáver, un cuerpo inerte siempre parece fundar, en Occidente, un lugar y hacerlo en forma de
tumba); otra, por medio de operaciones que, atribuidas a una piedra, a un árbol o a un ser humano, especifican ”espacios”
mediante las acciones de sujetos históricos. Entre estas dos determinaciones, hay dos pasos, como la matanza (o entrada
en el paisaje) de los héroes transgresores de fronteras, los cuales, culpables de haber atentado contra la ley del lugar; o
bien, al contrario, el despertar de los objetos inertes.
Los relatos efectúan un trabajo que, incesantemente, transforma los lugares en espacios o los espacios en lugares.
Organizan también los repertorios de relaciones cambiantes que mantienen unos con otros. Estos repertorios son
innumerables, en un abanico que va de la instauración de un orden inmóvil y casi mineralógico hasta la sucesivilla
acelerada de las acciones multiplicadoras de espacios. De todos estos relatos, sería posible una tipología en términos de
identificaciones de lugares y de realizaciones de espacios. Pero, para identificar los modos con base en los cuales se
combinan estas operaciones distintas y se generar una necesidad que hace volver a los más elementales relatos de viaje.
Recorridos y mapas
Las descripciones orales de lugares, representan un primer e inmenso corpus. En un análisis muy preciso de las
descripciones de apartamentos en Nueva York por parte de sus ocupantes, reconocen dos tipos distintos que llaman”
mapa" y “recorrido”. El primero tiene el siguiente modelo: “Al lado de la cocina, está la recámara de las niñas”. El
segundo: "Das vuelta a la derecha y entras en la sala de estar”. Ahora, en el corpus neoyorquino, tres por ciento solamente
de las descripciones es del tipo” mapa”. Estas descripciones se hacen mayoritariamente en términos de operaciones.
A propósito de este segundo tipo, los autores precisan que un circuito 0 un “recorrido" es un acto de enunciación que
“proporciona una serie mínima de caminos a través delos cuales se introduce uno en cada pieza" ; y que el ”camino” es
una serie de unidades que tienen la forma de vectores. Dicho de otra forma, la descripción oscila entre los términos de una
alternativa: o bien ver, o bien ir.
Si se deja de lado el estudio de Linde y Labov quisiera, por medio de estos relatos neoyorquinos tratar de precisar las
relaciones entre indicadores de” recorridos” e indicadores de "mapa” allí donde coexisten en una misma descripción.
¿Cuál es la coordinación entre un hacer y un ver, en este lenguaje ordinario en el que el primero domina tan claramente?
La cuestión concierne finalmente, con base en estas narraciones cotidianas, a la relación entre el itinerario .
En los relatos sobre los apartamentos, las manipulaciones de espacio, o "recorridos”, consiguen esto. Las más de las
veces, esta forma de descriptores determina el estilo entero de la narración. Cuando la otra forma interviene, tiene como
cualidad encontrarse o condicionada o supuesta por la primera. El tejido narrativo en que predominan los descriptores de
itinerarios se halla pues punteado con descriptores tipo mapa que tienen como función indicar sea un efecto obtenido
mediante el recorrido (“ves...”), sea un dato que postula como su límite (” hay una pared"), su posibilidad (”hay una
puerta"), o una obligación (“es de un solo sentido”), etcétera. La cadena de operaciones espacializantes parece punteada
de referencias en lo que produce (una representación de lugares) o en lo que implica (un orden local). Se tiene así la
estructura del relato de viaje: historias de andares y acciones están marcadas por la” cita" de los lugares que resultan de
ellas o que los autorizan.
Bajo este aspecto, se puede comparar la combinación de "recorridos” y de ”mapas” en los relatos cotidianos, con la
manera según la cual están, desde hace cinco siglos, imbricados, y luego lentamente disocia- dos en las representaciones
literarias y científicas del espacio.
La organización reconocible en los relatos de espacio de la cultura cotidiana se encuentra pues invertida por el trabajo que
ha aislado un sistema de lugares geográficos. La diferencia entre las dos descripciones evidentemente no se mantiene en la
presencia o la ausencia de las prácticas (están por todas partes en la obra), sino en el hecho de que los mapas, constituidos
en lugares propios donde exponer los productos del conocimiento, forman los cuadros de resultados Ilegibles. Los relatos
de espacio exhiben al contrario las operaciones que permiten, en un lugar que constriñe y que no es” propio",” triturado”
aun cuando, como lo dice un habitante a propósito de las piezas de su apartamento: “Uno las puede triturar".
Deslindes
En su papel de operaciones sobre los lugares, los relatos ejercen también el papel cotidiano de una instancia móvil y de
magisterio en materia de delimitación. Según la hermosa lengua tradicional de los procesos verbales, los magistrados no
hace mucho” se transportaban a los lugares” (transportes y metáforas jurídicas) a fin de “oír”, a propósito de fronteras
“litigosas”, los dichos contradictorios de las partes. Su” juicio interlocutorio”, como se decía, era una ”operación de
deslinde”.
Queda establecida a partir de los” primeros" relatos que ya tienen la función de legislaciones espaciales pues fijan y
reparten terrenos mediante “acciones” o discursos de acciones.
Las” operaciones de deslinde", contratos narrativos y compilaciones de relatos, están compuestos con fragmentos tomados
de historias anteriores y “trabajados” artesanalmente en conjunto. En este sentido, aclaran la formación de mitos, también
tienen la función de fundar y articular espacios. Constituyen una inmensa literatura de viajes, conservada en el fondo de
los archivos de los tribunales, es decir, una colección de acciones organizadoras de áreas sociales y culturales más o
menos extendidas. Pero esta literatura sólo representa una parte ínfima de la narración oral que no deja, labor
interminable, de componer espacios, verificarlos, confrontar y desplazar fronteras.
Estas "conductas” del relato, ofrecen entonces un campo muy rico para el análisis de la espacialidad. Entre las cuestiones
que surgen a este respecto, cabe distinguir las que se refieren a la dimensión (intencionalidad), la orientación
(vectorialidad), la afinidad(homografías), etcétera. Sobre lo anterior sólo me detendrá en algunos aspectos relativos a la
delimitación misma, cuestión primera y literalmente "fundamental”: la división del espacio lo estructura. Todo remite, en
efecto, a esta diferenciación que permite los juegos de espacios. En esta organización, el relato desempeña un papel
decisivo. En verdad, describe. Pero "toda descripción es más que un acto de fijación”, es” un acto culturalmente creador".
La descripción cuenta incluso con un poder distributiva y con una fuerza performativa (hace lo que dice) cuando se reúne
un conjunto de circunstancias. Es, pues, fundadora de espacios.
Al examinar el papel del relato en la delimitación, puede reconocerse de inmediato la función básica de autorizar el
establecimiento, el desplazamiento o el rebase de límites y, en consecuencia, por funcionar en el campo cerrado del
discurso, la oposición de dos movimientos que se cruzan (poner y traspasar el límite) para hacer del relato una especie de”
crucigrama" y del cual la frontera y el puente parecen ser las figuras narrativas esenciales.
1. Crear un teatro de acciones. El relato tiene para empezar una función de autorización o, más exactamente, de fundación.
Para decirlo con propiedad, esta función no es jurídica, es decir relativa a leyes juicios.
2. Fronteras y puentes. Los relatos están animados por una contradicción donde figura la relación entre la frontera y el
puente, es decir, entre un espacio (legítimo) y su exterioridad (extranjera). Para dar cuenta de ello, conviene volver a las
unidades elementales. Al dejar de lado la morfología (fuera de nuestro propósito en este caso), al situarse en la perspectiva
de una pragmática y, más exactamente, de una sintaxis determinante de” programas” o series de prácticas por las cuales
uno se apropia del espacio.
De este modo se introduce una contradicción dinámica entre cada delimitación y su movilidad. Por un lado, el relato no se
cansa de poner fronteras. Las multiplica, pero en términos de interacciones entre personajes, cosas, animales, seres
humanos: los actantes se reparten lugares al' mismo tiempo que predicados (bueno, astuto, ambicioso, necio, etcétera) y
movimientos (adelantarse, sustraerse, exiliarse, regresar, etcétera). Los límites están trazados por los puntos de encuentro
entre las apropiaciones progresivas (la adquisición de predicados en el curso del relato) y los desplazamientos sucesivos
(movimientos internos o externos) de los actantes.
Problema teórico y práctico de la frontera: ¿a quién pertenece? El río, el muro o el árbol hace frontera. No tiene el carácter
de no lugar más que el trazo cartográfico supone pertenecer. Pero este actor, por el hecho de ser la palabra en el límite,
crea la comunicación al mismo tiempo que la separación; más aún, sólo pone un bordo al decir lo que lo atraviesa, llegado
del otro. Articula. También es paso. En el relato, la frontera funciona como tercero. Es un “intervalo”, un "espacio entre
dos", juego de interacciones y de entrevistas, la frontera es como un vacío, símbolo narrativo de intercambios y de
encuentros.
Relata en efecto inversiones y desplazamientos: la puerta que cierra es precisamente la que uno abre; el río permite el
paso; el árbol marca los pasos de una avanzada; la empalizada, un conjunto de intersticios por donde se cuelan las
miradas.
Por todas partes surge la ambigüedad del puente: unas veces suelda y otras opone insularidades. Las distingue y las
amenaza. Libera del encierro y destruye la autonomía. Pero al mismo tiempo erige ese otro lugar que confunde, deja 0
hace resurgir fuera de las fronteras la extrañeza que estaba controlada en el interior; da objetividad (es decir, expresión y
representación) a la alteridad que se ocultaba de este lado de los límites, de manera que al volver a cruzar el puente y estar
de vuelta en el recinto el viajero encuentra en la sucesivo el otro lugar que primero había buscado al partir y que al regresa
había huido en seguida. En el interior de las fronteras, el extranjero estaría ya del otro lado, exotismo o aquelarre de la
memoria, inquietante familiaridad. Todo sucede como si la delimitación misma fuera el puente que abre el interior a su
otro.
Unidad 1. Tema 2
La intención del trabajo es poner a consideración cuestiones que hacen al quehacer y a la construcción de la historia
regional, situándose en el presente que esta signado por la reconfiguración del sistema mundo (cambio de ordenamiento y
jerarquización espacial teniendo como epicentro a los lugares que se transforman tanto en condiciones como en soportes
de complejos vínculos internacionales que se sustancian a través de un sinnúmeros de mediaciones) referencia a
multinacionales que acumulan capital que trascienden los límites de los estado y de cualquier lugar.
Desde la historia se apunta a ensamblar la historia regional, la historia nacional y la historia general. La historia regional
debe conectarse con las interpretaciones globales, tener conciencia de que su objeto de estudio forma parte de una realidad
más vasta mientras que tanto la historia general como la nacional deben tener en cuenta el transcurrir histórico de las
distintas regiones. Y, la historia regional debe asumir la premisa de reflexionar sobre el pasado en pro del futuro.
Espacio y poder en la historia regional
Espacio y poder como uno de los supuestos operativos de la historia regional. Es conveniente tener una definición de
región: La región se configura como un sub especio que se construye a través del tiempo en la que incide tanto fuerzas
internas como externas, es el resultado de la longevidad del edificio y de la coherencia organiza que logra sus partes, en
ese todo se distingue, integra lugares vividos y espacios sociales. Es un espacio medio, menos que la nación, pero más que
el espacio social de un solo grupo.
La "combinación regional" integra elementos naturales y humanos y culturales, esto remite a un estructuralismo. Detectar
la especificidad en la jerarquía es un elemento clave para distinguir una región
"Región histórica": se configura a partir del espacio tiempo vivido cuya estructuración social guarda especificidades que
la diferencian de otras, "La estructuración espacio-temporal es la toma de conciencia de los movimientos en el espacio y
el tiempo e implica un paso más en el orden de complejidad de la organización de ese espacio-temporal". Sus
componentes básicos son: el medio geográfico y sus recursos, las actividades productivas y las relaciones con el mercado,
la dinámica demográfica, los núcleos de poder, la identidad y la mentalidad colectiva expresadas a través de distintas
manifestaciones culturales, de la familia.
La región se entiende entonces como la forma de un espacio-social que compone una trama regional con características
siu generis. La importancia reside en la interpretación de ir de lo particular a lo general y viceversa y de manejar teorías y
metodologías de otras disciplinas.
Lo particular y lo general, lo primero es fundamental para dialogar con los procesos generales, como se ha expresado,
entroncar uno con otro, como es el caso de la microhistoria de Levi. La diferencia con la historia regional consta en que la
historia regional trata de comprender el acontecer histórico de ese espacio, entender ese conjunto a través de una trama de
elementos, enfocando la región como un marco de referencia no estático por que en el cuentan las transformaciones que se
experimentan a través del tiempo.
La región es un lugar que está en el mundo donde conviven los hombres que realizan tareas individuales y colectivas y
desde donde, perciben empíricamente el mundo.
El espacio que interesa estudiar es el percibido por los hombres, yuxtaponiendo las representaciones de los hombres que
lo habitan diariamente y aquellos que como viajeros han tenido y guardado en la memoria los recuerdos de su pasar.
Teoría del espacio social --> Pierre Bourdieu plantea la sociología como una "topología social" el mundo social puede
representarse en forma de espacio constituido sobre la base de principios de diferenciación o distribución constituido por
las propiedades capaces de conferir poder a quienes las posean en ese universo.
La región como una totalidad contradictoria y para ello entender que la conformación de una estructura regional supone
un proceso de estructuración social, supone la concentración en el espacio de prácticas y relaciones sociales --> cuatro
variables: Forma, extensión, duración y carácter. El entrecruzamiento da la "REGIONALIZACION" La forma se define
por su frontera; la extensión depende de dilatación en el espacio y de la duración en el tiempo; el carácter está dado por
los modos como la organización tiempo espacio de locales es ordenada dentro de sistemas sociales mas abarcadores.
El concepto de "local" permite definir la región física como el modo en que se emplean los recursos materiales durante el
transcurso de las rutinas sociales. Si se preguntan sobre los hombres y mujeres en ese espacio lleva a un gran tema, EL
DEL PODER, que trasciende a su preocupación por lo local, por lo regional. Esto se aplica por que el problema del poder
es eterno. En la región un territorio más aprehensible tiene posibilidad de comprender la "capilaridad del poder"
(Foucauld) por que este se ejerce a partir de innumerables puntos, y en el juego de relaciones no igualitarias, es algo que
funciona en circulación en cadena.
El enfoque subjetivista lo vincula a atributos del sujeto que le permiten a este dominar a los otros y el relacional lo aborda
como una relación de suma ser entre términos opuestos. Se trata de estudiarla como relaciones de fuerza que se
entrecruzan, remiten unas a otras, convergen o por el contrario se opone y tiende a anularse.
Para avanzar sobre una hipótesis del poder es impreisndible las decisiones, consentimiento, las organizaciones y
concentraciones logísticas que lo respaldan.
Propuesta para una historia regional critica
Las aproximaciones metodológicas sobre la historia regional conducen a preguntarse, por ejemplo, acerca de ¿cómo
pensar la conformación histórica de una región?, ¿cómo definirla teniendo en cuenta los componentes internos?, ¿qué
núcleos la constituyen?, ¿cómo se articulan en el tiempo y el espacio? ¿coincide el espacio geográfico con el espacio
social? Lo más interesante estriba en detectar las peculiaridades de cada proceso historio, observando las semejanzas u las
diferencias regionales.
La región se desborda en todos sus aspectos y trasciende su espacio y el espacio global la incorpora y se introduce en ella.
Las diversidades, localismos, singularidades, particularismos o identidades se expresan en el nivel del desarrollo desigual,
combinado y contradictorio, exacerbándose los localismos, provincianismo o nacionalismos. Las regiones son buenas para
pensar no para hacer un culto del localismo.
El tiempo histórico no toma en cuenta el cambio social ni su dinámica y desconoce los tiempos de mediano y largo
alcance, la larga duración. A esta cuestión del tiempo podemos incluir consideración acerca del "tiempo interno".
Despegarse del espíritu localista y acotado del tiempo implica alcanzar precisiones y diferenciaciones más sutiles que
permitan aproximarse al tiempo interno, a sus regularidades, rupturas y velocidades, o sea a las fijación de épocas y etapas
en el devenir de la región estableciendo la correspondencia con el cambio frente a la duración.
Entre las propuestas para una historia regional critica esta la perspectiva comparativa que echa luz sobre la infinidad de
problemas que se abren al estudiar regiones. Si se estudia una región solo se puede descubrir cómo y en qué sentido es
única se le compara hay que tener en cuenta que solo puede hacerse a partir de conceptos comunes.
Otra propuesta es la de la historia política que explora la construcción del estado. Se supone apreciar la variedad
dimensiones que entrelazan política y sociedad, diferentes sujetos sociales integran las redes que sustentan múltiples
poderes y que actúan políticamente pueden ser visualizados a través de testimonios disponibles en archivos locales y
regionales, indagarlos permite introducir marices en la historia nacional y hacerla más encarnada en esos sujetos y más
compleja, decentándola de la metrópolis.
A partir de este planteo de la historia política regional encuentra un sugerente hilo conductor en las relaciones de poder
analizadas a través de las formas de influencias que se ejercen para investigar la autoridad en cuanto trata de imposición
legitima, de manipulación efectiva que emana de fenómenos sutiles y de coacción que dota al poder de identidad
Enfoque de historia social regional, se beneficia de las biografías de familias, de personajes y de los hombres y mujeres
corrientes. Los individuos se constituyen dentro de esta relación y estos ligados unos con otros a través de la influencia y
determinación reciprocas. Interesa tanto lo conjunto como lo individual. También se aprecia el grado de autonomía
muestran los individuos, las formas de resistencia que son capaces de asumir y las alteraciones al equilibrio del orden
establecido que pueden producir por medios directos o indirectos.
🡪 Definición metodológica de los objetos de la geografía regional, asentada como una herramienta conceptual
del investigador.
La región no solo se concibe como una herramienta de clasificación de la información, sino como un área en la que
examinar la combinación particular de la regularidades y leyes generales que rigen la organización del espacio
Revolución cuantitativa ayudarían a la emergencia de la ciencia regional
3. Releyendo la tradición: actualidad de la geografía regional clásica
A partir de los 80´ se ha realizado eventos y esfuerzos por una renovación de la disiplina:
Creciente dispersión y fragmentación temática y epistemológica de los geógrafos, la separación y la
incomunicación creciente entre la geografía física y humana. Así, se difumina se reconocimiento social, ya que no
se entiende su fin y no es claro.
Se propone una geografía unida, un enfoque sintético, dialectico e integrador, explotando los temas geográficos
convergentes
La reivindicación cultural supone legitimar la participación del sujeto como vehículo de conocimiento geográfico,
que el geógrafo introduzca y ejercite abiertamente las cualidades subjetivas para comprender y representar el
mundo.
Se recalca aparte de enseñar el mundo y lugar exóticos, enseñar actitudes de compresión, respeto y tolerancia
hacia los grupos y culturas, es decir, una educación liberal. No se supone una dialéctica sino una armonía entre
ambos.
2. La revolución reciente: las nuevas geografías regionales.
1983 aparece un art. De Nigel Thrift en favor de una nueva geografía regional o geografía reconstruida 🡪 pequeño
manifiesto fundacional
Aun que había muchos precedentes, y se intentó sistematiza las tendencias de la “nueva geografía regional”
La abierta consideración de la disciplina como ciencia social; el uso de concepción prioritariamente sociales de
los hechos regionales, las regiones son entendida como estructuras y como procesos que se articulan a través de
unas instituciones, modos de producción, etc.; la voluntad de informarse teóricamente y formular explícitamente
tales supuestos; proceso de distintas escalas que tratan de interpretar lo especifico y particular de cada región ,
profundizando la relaciones entre las estructuras y acciones; la asunción de un compromiso declarado con la
transformación social
2.1 La perspectiva de la economía política
Países anglosajones. Se centran en el desarrollo económico y lo llamado desarrollo desigual, tienen una perspectiva
regional preocupada por la desigualdad y desequilibrio socio-económico.
Desde la nueva economía política tratan de incorporar otros sustratos teóricos extraídos de la sociología o de la filosofía
de la ciencia, como también conciliara enfoques estructuralistas con las humanistas o fenomenológica.
En la vinculación entre geografía y economía política encontramos
Los estudios de localidades, a causa de la crisis de los años 70´ y 80´ puso de manifiesto la respuesta locales,
suscitando un debate interdisciplinario 🡪 aparece la CURS (dirigido con Cooke) el objetivo era examinar los
efectos de la reestructuración economía y social de siete ciudades británicas y asesorar las políticas a tomar, de ahí
el estudio de localidades.
Se pone el asentó en las relaciones sociales de producción como afectan a lugares concretos, la “división espacial
del trabajo”. La región se concibe como la articulación concreta de las relaciones de producción en un lugar y
tiempo dados
La teoría del sistema mundo (sustento en Wallerstein) tuvo difusión en diferentes disciplinas. Se intenta
interpretar el funcionamiento del sistema mundo a través de un marxismo del subdesarrollo. Se establece el centro
– periferia favorecido e institucionalizado por ambas partes. A ellos se añade los estados de la semiperiferia.
Taylor lo aplica a la geografía renovada reconociendo tres grandes esferas empíricas y escalas espaciales: la
escala mundial sobre la que opera el capitalismo moderno; la escala ideológica representada actualmente por el
estado-nación como estructura política dominante en la economía-mundo; y la escala local el ámbito de la vida
cotidiana de la mayoría de la población.
C
a
Escala mundial p
i
t
Escala nacional a
l
Escala local i
s
m
2.2 La perspectiva político-cultural o
Convergen corrientes fenomenológicas (dimensión subjetiva del espacio) y la dimensión ideológica de determinadas
prácticas y representaciones espaciales, como también los aporte de Foucauld.
Se acepta el concepto fenomenológico de región (centro de intención, espacio de vida y espacio vivido por y desde el
sujeto). Se centra en la dimensión colectiva de estas vivencias, la región como territorio socialmente significativo, como
foco de identificación social, como ámbito de identidad colectiva
Forma conceptual o
simbolica
Rol establecido
PROCESO DE INSTITUCIONALIZACION: como una unidad territorial emerge como parte de una estructura espacial
de una sociedad.
La asunción de la forma territorial comprende las practicas por las que tienen una frontera o limites exteriores; El
desarrollo de la forma conceptual y simbólica supone l adquisición de unos símbolos territoriales que hacen tangible la
existencia de la región; El desarrollo institucional alude a las practicas que producen la región; El establecimiento o de la
región como parte del sistema y la conciencia se refiere a la continuidad del proceso de institucionalización.
Se estudió desde estos enfoques la historicidad de las regiones, es un proceso históricamente contingente y
permanentemente abierto, inacabado y en transformación, las regiones están constituyéndose continuamente.
Los estudios de geografía regional se centraron en la escala media de provincia en donde encaja lo institucional,
ideológico y simbólico. Los nacionalismo y regionalismo son auténticas ideologías territoriales, en donde a pesar de ser
culturas muy heterogéneas se imaginan como parte de una misma entidad nacional. Entre los estudios que ahonda está el
de los discursos de los agentes e instituciones que modelan la conciencia y el imaginario territorial de los ciudadanos; la
influencia que tienen los límites y divisiones territoriales en la organización espacial de la sociedad
2.3 Perspectiva sistémica y geografía corematica
Su utilización se remonta a los 60´. Parte de un marco pluri o transdisiplinario, fue utilizado ampliamente, temáticamente
y en planteamientos epistemológicos. Sus aporten permiten superar muchos enfoques metodológicos clásicos.
Estamos frente a un enfoque que sigue reivindicando un terreno específicamente regional, que quiere vinculara
sensibilidades y enfoques muy diversos en torno al estudio de la región. Defiende un entendimiento integral de la región.
Defiende un entendimiento integral de la región “la auténtica región sistémica” que equivale a la región total. La región
aparece como una realidad objetiva y puede entenderse como un sistema espacial abierto y dinámico, estructurado por
relación de tipo vertical y por relaciones de tipo horizontal.
La corematica constituyo la tendencia teórica. Metodológica más relevante de la nueva geografía regional francesas (80
90 ) (Roger Brunet). Los principios de la corematica, es la perspectiva sistémica; la existencia de leyes en la organización
del espacio geográfico (neopositivismo socializante) ; empleo de enfoques semiológicos y analogías lingüísticas; énfasis
en la construcción de modelos gráficos. El espacio geográfico está estructurado a diferentes escalas (coremas), aunque son
poco pueden articularse para crear nuevas y más complejas.
Los coremas pueden representarse por figuras o modelos gráfico, el objetivo estriba en elaborar mapas modelos,
representaciones cartográficas esquematizadas que resuman las estructuras fundamentales de organización bien de un
espacio concreto , fenómeno particular.
3. Región y geografía regional en la era de la globalización.
La región y la globalización es un tema sumamente controvertido y debatido en la disiplina. Cinco asuntos sustanciales en
relación con la geografía regional:
La cuestión de la tipología regional: Buena parte del debate sobre la región se desarrolló por la elaboración de
taxonomías, tipologías o clasificaciones (cuestiones metodológicas) y el problema de la existencia de la ontología
del concepto regional. Se avanzó sobre tipologías varias, tantas como las variables. No reflejan los mismos
niveles de realidad. Hay 5 grandes lógicas de regionalización cada una con su variante.
La cuestión de la ontología de la región: Es la región o un ente objetivo o es una estructura mental. No hay
remitirse a posiciones extrema, hay que confluir con todas para el enriquecimiento “comprender el lugar requiere
que accedamos a una realidad objetiva y subjetiva a un mismo tiempo”. El enfoque corologico (geografía centrada
en la misión de describir y explicar lugares) es uno de muchos enfoques, pero esta no debe ser despreciada ni
reducida.
La cuestión de los modelos narrativos del genero regional: El modelo narrativo de la vieja monografía regional,
fundado sobre yuxtanposiciones de capítulos sistemáticos dedicados a aspectos físicos y humanos muy distintos y
aplicado de manera uniforme al estudio de los espacios más variopintos, sigue teniendo vigencia por inercia,
comodidad y eficacia, pero convive cada vez más con otros modelos.
El papel de la naturaleza en los estudios regionales: El tratamiento de las regiones puede y debe ser selectivo y
heterogéneos ya que debe reflejar rasgos, funcionamientos y problemas diferentes, se trata de “articular el análisis
en función de esos indicadores”. El papel de la naturaleza en estudios regionales se replantea con respecto a
enfoques tradicionales, abordan la naturaleza como un componente de la sociedad.
La implicancia y retos por el fenómeno de la globalización: La globalización indujo una efervescencia en las
escalas regionales. Ha incrementado la importancia de ciertos factores territoriales generando nuevas formas de
diferenciación espacial.
El poder de la identidad se reforzó en la globalización, viéndose una descentralización en Europa. En la economía
se genera varias dinámicas imbricadas, la mundialización ha incrementado la competencia entre los distintos
niveles territoriales por atraer y fijar un capital de movilización creciente; la desigualdad se amplía a varias
escalas, no solo macro regional entre estados, también entre estados, regiones y localidades; nueva forma de
relación entre los lugares y diferentes escalas.
Los estados pierden poderes y tratan de recuperarlos por diferentes estrategias, un actor importante será las
incorporaciones multinacionales, las org. Supranacionales se multiplican y emergen una red de metrópolis
mundiales que concentra el poder económico y político. Están las ciudades regiones dinámicas, otras menos
dinámicas y las marginadas. El sistema mundo cambia el régimen de relación entre las escalas.
Los medios de comunicación intensifican las relaciones a largas distancias, conformando redes que conviven con
la de los territorios contiguos que se relación horizontalmente (vínculo con áreas vecinas)
Silvina Quintero “GEOGRAFÍAS REGIONALES EN LA ARGENTINA. IMAGEN Y VALORIZACIÓN DEL
TERRITORIO DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX “
Argentina cuenta con un repertorio de representaciones de su territorios geografía regional: modalidad de escritura
geográfica que apela a la distinción, nominación y ordenamiento de entidades sub nacionales para ofrecer interpretaciones
de conjunto sobre el territorio y la sociedad de su país.
la geografía de la escuela ha sido ante todo un discurso sobre la Nación, que complementó el discurso sobre sus
instituciones y el pasado nacionales con la tematización del territorio estatal. La temática de la regionalidad en la
Argentina y los ejercicios de regionalización desbordan ampliamente la esfera educativa y de la disciplina geográfica
distintas perspectivas historiográficas han buscado en la heterogénea geografía del legado territorial decimonónico, ciertas
claves para interpretar conflictos no resueltos del proceso social argentino: el despoblamiento y las distancias. Una trama
de interrogantes, diagnósticos y políticas públicas que habilitan para hablar de una “problemática” o “cuestión regional”
en Argentina, términos que por otro lado remiten a algunas de sus formulaciones específicas.
Regionalidad y regionalización
Regionalización es el punto de llegada de un proceso previo, toda regionalización es un modo de organizar diferencias
identificadoras en un territorio, y de inscribir modalidades de visualización y narrativas de esa diferencia. En argentina
predomino la concepción de partición espacial, lleva a un ejercicio clasificatorio. Esto último llevo a olvidar dos
elementos: los problemas del sentido de una regionalización no se resuelven esclareciendo sus procedimientos
metodológicos, sino en la conceptualización del objetos, son entonces, las teorías las que orientan los ejercicios de
regionalización y los que proporcionan los materiales para los textos; segundo elemento es que cuando esta concepción
regional se aplica el resultado será la creación de divisiones territoriales, operan como dispositivos de diferenciación
geográfica en la medida que organizan las intervenciones.
Argentina: siendo un país federal la división tendió históricamente a resolverse en unidades geográficas que no agrupaban
provincias, las escuelas cortan por el medio a territorios provinciales. En argentina la región fue concebida como espacios
alternativos a las provincias y como no institucionales-administrativas. Se divide en 8 regiones geográficas : "Llanura
pampeana", "Mesopotamia", "sierras pampeanas", "Noroeste", "Cuyo" y "Mesetas patagónicas" y "Andes Patagónicos".
Estas regiones forman parte del imaginario argentina, y encuentra forma de olvidar otras posibles divisiones, y niega el
derecho a una visión de las diferencias que no se plasme en entidades planas de límites precisos.
Región y nación en la enseñanza de la geografía argentina (1870-1980)
"toda periodización es una hipótesis de interpretación de un proceso": Modos en que se precentaron las diferencias en el
tiempo. Se propone así cuatro periodos, tres cortes cronologicos qye se consideran claves en la relaboración de la noción
de regionalidad.
Diversidades (1863-1926)
Diversidad: materia geografía- creación de los colegios nacionales (1863). En principio era una asignatura auxiliar de
historia, luego en 1880 sobro autonomía. Desde 1900 en adelante aumento su cuota horaria consolidándose en las ciencias
sociales o humanas.
estructura temática: la geografía física y la geografía económica y política, verticalmente cruzaba la geografía general (o
teórica) y la geografía particular, la primera perdió peso frente a la segunda, haciendo que la particular pierda un valor
teórico importante. Hasta 1920 los programas de geografía no recurrían a ningún concepto de región para poner diferencia
en el territorio. <<esta tendencia parece en 1874 (prec. Sarmiento) con una visión descriptiva de lo físico, realimentado
con la literatura (s. xix) con las obras del liberalismo romántico rioplatense, remitiendo a la interpretación: llanura, bosque
y cordillera. Desde 1890 otro modo de enseñanza: ampliación en la geografía física más detallada: orografía, hidrografía,
costas y climas. Se procuraba brindar una visión integral y sistemática de la naturaleza, pero, era una disección temática y
no regional
Dividir para ordenar (1926-1948)
el primer concepto sistemático de región en los programas de geografía es en 1826 (reforma curricular de Antonio
Sagarna) desde principio de siglo estaba estos aportes pero recién en ese año se introduce porque en ese momento se
forma un campo profesional de la disciplina 🡪 sociedad argentina de estudios geográficos GAEA (1922)
FUNDAMENTOS: REGIONES NATURALES resultado de la combinación de factores geológicos y climáticos y deriva
de las ciencias naturales; la aplicación a la geografía divide el territorio en unidades que nada tienen que ver con las
administrativas políticas; debe alcanzar a ser un mosaico de unidades con límites precisos que cubran la totalidad del
territorio estatal. El programa de 1926 incorporaba la toponimia oficial de las regiones, eran 6 y tenían nombres precisos:
gran tierra andina, Mesopotamia argentina, llanuras chacobonaerence, meseta y alplanicies patagónicas, la tierra del fuego
extra andina
El concepto de región se convirtió en el principio fundamental para organizar la visión global del territorio argentino.
1936 reformulación: se introduce la idea de las regiones (naturales), se abandonó el estudio particular por provincia. Es el
resultado de un debate ya instaurado entre los defensores del concepto de región natural y partidarios de las regiones
geográficas (relaboración de la geografía humana, la geografía no habla de la sociedad).
Cada territorio se imaginaba como un conjunto de articulaciones entre naturalezas y grupos sociales particulares. La
diferencia entre lugares era por tener una personalidad singular, pero, también podía ser separada por la individualidad de
estar marcado por dos ríos "Mesopotamia argentina".
distancia con la noción región natural: la idea de individualidad vs presupuestos epistemológicos de los naturalistas (tarea
científica consistía en aplicar leyes generales a objetos particulares; el aspecto humano a los criterios de la diferencia
regional; estas unidades son las únicas que reflejan particularidades y diferencias (método vidaliano). Daus coincidía con
que la regionalización se traducía en una partición del territorio.
1936 el segundo enfoque ganaba lugar pero no modificaba la regionalización del país. 1948 nueva regionalización, siete
regiones: llanura pampeana, Mesopotamia, llanura chaqueña, noroeste, sierra pampeana, andes centrales y oasis rico de
cuyo y Patagonia e islas oceánicas. sobre las regiones de los naturalistas, modificaba alguno de sus límites. Se
reformulaba el fundamento teórico ahora se apelaba a elementos heteoclitos y razonamientos devotos de filosofías
espiritualistas, presentado como derivado de un método rígido y dogmático.
Reforma de los 50´consolida una versión esencialista de la regionalidad que cobra sentido en la imagen del país, al ser
estático de formación natural y humana el resultado será la unidad nacional. Daus 1951 prec. GAEA "A la geografía
sistemática oponemos ahora la geografía regional que es la expresión actual de la metodología geográfica, muy en
consonancia con el espirito y las preocupaciones de la época. El tono regionalista del plan quinquenal presentaba
metáforas de desequilibrios regionales para una intervención en las economías, esto retroalimento el discurso regional en
las escuelas.
Golpe militar de 1955 modificacion del plan de secundaria para limpiar la propaganda del gobierno anterior y limitarlo del
plan quinquenal, aunque permaneció casi completo, en los 80´ se flexibilizo la normalización curricular. perdida de
relevancia de la regionalidad en la escritura argentina.
Geografía regionales y regionalismo
La regionalización elaborada entre 1930-50 se ve reforzado por el contexto de control de nuevos territorios y el ansia de
recopilar información de ella. Así se elaboraron las primeras propuestas de regionalización, los autores llegaron en
misiones de estudio que las potencias europeas enviaban.
Delachaux, Kuhn y Denis jugarían papeles importantes en la formación de un campo profesional de geógrafos en
argentina, por consulta o influencias.
Unidad 1. Tema 3
Historia regional remite necesariamente a dos áreas de conocimiento: la historia y la geografía, contienen dos
coordenadas, tiempo y espacio. Ambas han pasado sucesivamente por enfoques teóricos equivalentes desde el positivismo
del siglo XIX en adelante, han variado la concepción de región. Desde el determinismo geográfico, en el cual el medio
condicionaba a la sociedad y la región era un espacio previamente delimitado, sólo reconocible por los elementos físicos y
naturales que la distinguían, hasta la interpretación más encontrada con tal postura que la considera un espacio abierto, al
cual sólo es posible acceder compresivamente a través del estudio de las relaciones que establecen los sujetos sociales en
la dinámica del proceso histórico. El espacio pasó a ser entendido por la geografía crítica como una “construcción social”,
la región dejó de ser un ámbito acotado, para convertirse en una derivación de su propio objeto de estudio.
Para entender este tránsito, en la segunda mitad del siglo XX, asistimos a una fuerte crisis disciplinar de las ciencias
sociales y humanas, que afectó tanto a la teoría, como a la práctica y a la función social de la historia a partir del rechazo
del paradigma estructuralista luego de la segunda posguerra, que equiparaba a la historia con la narración y a negar su
poder cognitivo y su condición de ciencia, se negaban los preceptos teleológicos.
La pretensión de construir una “historia totalizante” parecía haber llegado a su fin y la separación cada vez más marcada
entre historia económica, social y política, alejó a los historiadores de la visión global del pasado. De esta profunda crisis
derivaron nuevos consensos, más impuestos por la práctica que discutidos y explicados, donde la historia tradicional no
tenía cabida, pero tampoco la fragmentación postmoderna. El ejemplo más característico es la microhistoria. Nacida como
reacción frente al modelo totalizante de la historia serial de los Annales e insistía en la importancia de no perder de vista
el contexto y a rescatar la heterogeneidad de los procesos.
Disminuir la escala de observación era la estrategia metodológica para superar la crisis y donde los espacios mas
reducidos podían ser objetos de estudio validos a la vez que había un nuevo retorno al papel de los individuos y a las
situaciones particulaes que dieran cuenta de la singularidad de los procesos. Pero la reducción de la escala de observación
como recurso metodológico no implicó una renovación de la relación tiempo-espacio, ni tampoco hizo necesariamente
hincapié en el estudio de la base material de la sociedad. La historia y la geografía separaron nuevamente sus derroteros
en aras de la especificidad disciplinar y la historia regional perdió su rumbo hacia la “historia de las provincias”. El
espacio, entendido como una construcción de la sociedad en el proceso histórico, así como una variable de análisis que
supere los límites jurisdiccionales político-administrativos de un objeto de estudio, también perdió entidad historiográfica
en la Argentina. CRITICA A LO TRADICIONAL
En este marco, en el 19° International Congress of Historical Sciences se propuso el primer tema consagrado a la historia
global pensada a escala del mundo. No se trataba de construir una historia total, sino de pensar en esa escala para entender
la indiscutible unión entre lo global y lo local.
Después, la revista de Annales se dedicaba especialmente al mismo tema, renovando una perspectiva que fuera parte de su
tradición historiográfica. Una nueva historia global sobre bases no ideológicas, que lograse reconstruir las herencias
múltiples que conforman el pasado y definen la identidad de una región y su construcción histórica. Rescatando las bases
analíticas de la historia comparada de Marc Bloch y el concepto de región de Braudel, Maurice Aymard y Roger Chartier
proponían, frente a la fragmentación e individualismo erigidos en métodos contra cualquier forma de “holismo”, la
necesidad indispensable de tener en cuenta las escalas de análisis espaciales y temporales infinitamente más largas, para
ver los problemas y comprender las culturas. La cuestión no pasaba entonces por disminuir solamente la escala de
observación sino por la variación del foco con que se analizaban los problemas.
Los historiadores franceses reclamaban, a comienzos del siglo XXI, construir una nueva historia donde el medio
geográfico fundase su unidad sobre la diversidad y la complejidad y la complementariedad, más que sobre su
homogeneidad climática y física; donde la economía se basase en el cambio y en la circulación de los bienes y de las
personas y sobre la articulación del comercio interno y externo; donde la situación cultural estuviese marcada a la vez por
la referencia a una unidad pasada y por la coexistencia de civilizaciones concurrentes; donde una posición geográfica,
explotada y valorizada en un proceso histórico de larga duración, permitiese ver los contactos entre los países y los
continentes, superando los límites y recuperando la noción de frontera como un espacio social de interacción.
Estas nuevas posiciones, volvieron a posicionar a la construcción historia regional como una alternativa posible para
superar las visiones fuertemente centralizantes de las “historias nacionales”.
Los últimos avances fueron diversos esfuerzos por reconstruir los procesos históricos de las diversas regiones del interior
del país, ligado al fortalecimiento de algunos centros académicos como la Universidad Nacional del Comahue.
No quiere decirse con esto que no haya anteriormente en la Argentina producción historiográfica que se identificaba con
la “historia regional”, pero en general se entendían por ello los tratamientos circunscriptos a las “historias provinciales”,
de carácter casi siempre político-institucional, sin que se manifestara necesariamente un particular interés por definir otros
espacios de análisis históricos más amplios y comprensivos.
Lo que hasta allí se denominaba “región” no escapaba fácilmente de los límites políticos provinciales o, a lo sumo,
intentaba reflejar macro-regiones geográficas entendidas como tales a partir de denominaciones de uso común. Una
definición con influencia de la geografía positivista. La historia de la región no era otra cosa que la sumatoria de las
historias de las provincias. En otros casos, la región se asimilaba a unidades como parte de la “regionalización” en las
décadas de 1960 y 70’, caso del NOA, Noroeste Argentino, NEA, Nordeste Argentino, o el propio Comahue.
Conscientes de las limitaciones de estas “historia provinciales”, se comenzó a construir una historia en términos más
comprensivos y matizados. De esta forma, se buscaba aportar a una historia de características marcadamente centralistas,
permitirle conservar su especificidad y dinámica interna, volviéndolo a la vez operativamente comparable con el conjunto
nacional e internacional vigentes. Los historiadores regionalistas se preguntaron: ¿cómo rescatar la riqueza de la
diversidad sin perder de vista la totalidad?
Sobre la misma época, Eric Van Young, inició una fructífera discusión acerca de los alcances teórico-metodológicos de la
construcción histórica regional. La novedad más importante, era la de considerar a la región como la “espacialización de
las relaciones económicas”, en razón de lo cual debía otorgarse especial atención a las relaciones de mercado vigentes en
cada momento histórico. Enfoques regionales más novedosos, plantean la preocupación por los límites regionales seguía
todavía muy presente.
Cuando se hace historia regional, el primer problema a resolver parecía ser el referido a la delimitación previa del espacio
a estudiar, y es allí justamente donde la operatividad del concepto corre el riesgo de volverse nula.
Ya C. S. Assadourian, hizo una aproximación desde la historia al concepto de región, planteaba en la década de 1980, la
necesidad de recuperar la noción de “espacio socioeconómico” frente al análisis empírico de los recortes territoriales en
espacios nacionales y locales, unos demasiado homogeneizadores y otros demasiado pequeños. Los espacios económicos
debían reconstruirse atendiendo a un sistema de relaciones internas y externas que se modificarían en cada período.
Assadourian descubría un vasto espacio socioeconómico al que denominaría “espacio peruano” integrado por diversos
territorios, dentro del cual se conformaban intensas relaciones vinculadas al desarrollo de un importante mercado interno.
El espacio colonial era visto en un proceso histórico de integración y desintegración regional donde las formas
socioeconómicas sorprendían por su larga duración y donde los factores historiográficamente analizados hasta allí como
“externos”, se transformaban en elementos “internos” a la región misma. Así Assadourian resolvía la posibilidad del
análisis regional rescatando la singularidad de su objeto de estudio sin perder de vista la totalidad del proceso histórico. Es
decir, lograba establecer el difícil pero necesario equilibrio entre lo “micro” y lo “macro”.
Lo mismo pasaba con la Patagonia, no podía ser entendida como una región en sí misma sino como un conjunto de
marcos espaciales que cambiaban con el tiempo en directa relación con el objeto de nuestra investigación. En este sentido,
los estudios fronterizos se volvían particularmente importantes, asumiendo que las fronteras son también espacios donde
las sociedades conviven, convergen y comparten, muchas veces por encima del interés de los respectivos Estados
nacionales.
En este esquema comprensivo donde la historia regional puede volverse un campo fértil y operativo, sobretodo si se evita
su delimitación anticipada y se atiende a la construcción de relaciones sociales que permitirán su definición como ámbito
regional para explicar el comportamiento de la sociedad en un espacio más reducido. El historiador debe entonces prestar
atención especial a los cambios temporales de la espacialidad y a su variación social, porque sus “regiones” cambiarán de
acuerdo a la época y a las finalidades de su estudio.
Puede concluirse que la única forma posible de volver operático el concepto de “región” y, por ende, de hacer “historia
regional”, es su construcción a partir de las interacciones sociales que la definen como tal en el espacio y en el tiempo,
dejando de lado cualquier delimitación previa que pretenda concebirla como una totalidad, con rasgos de homogeneidad.
El auge de la economía exportadora en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX, hubo un interés historiográfico por
develar la “historia nacional” a partir del análisis de la estructura socioeconómica. Si bien se admitía la persistencia de
tendencias centrífugas en las áreas fronterizas del país, se suponía que la integración territorial lograda a partir de la
expansión del ferrocarril en los años 1880, había actuado en favor de la conformación definitiva de un mercado nacional.
En expresa coincidencia con la centralización del poder. Avances más recientes en la investigación histórica regional
obligan a revisar tales conceptos.
En efecto, en las regiones periféricas a tal modelo de desarrollo, parecen haberse mantenido por encima de la
consolidación de los respectivos Estados nacionales, al menos durante todo el siglo XIX y buena parte del XX.
En esta línea se inscriben los primeros avances de Erick Langer y Viviana Conti (1991), referidos a la supervivencia en las
provincias del noroeste argentino de resabios de los viejos circuitos comerciales ganaderos orientados hacia el Pacífico
hasta la década de 1930.
La llegada del ferrocarril a Jujuy sobre comienzo de la década de 1890 y a La Quiaca en 1908 habría contribuido al inicio
de la desestructuración de este espacio mercantil en los Antes centromeridionales. Sin embargo, sobre la misma época, el
desarrollo de la economía salitrera en el norte chileno habría reactivado el comercio ganadero de las provincias limítrofes
argentinas. La gran masa de campesinos vinculados a la producción y al consumo, en tanto sujetos sociales característicos
de los antiguos circuitos comerciales, se habría visto absolutamente marginada de la nueva estructuración económica
regional, integrándose a la oferta local de mano de obra barata. Recién a partir de ese momento, puede decirse que en el
norte del país “la frontera política también actuó como frontera económica”.
Las provincias de Tucumán y Catamarca habrían también participado activamente en este espacio mercantil andino
durante todo el transcurso del siglo XIX, ya sea por a posibilidad de colocar sus ganados y otros productos excedentarios,
como por la seguridad de obtener el metálico imprescindiblemente que les permitiera cubrir la importación de otros bienes
de consumo, muchos de ellos obtenidos a través de los puertos chilenos.
Finalmente, la región de Cuyo se había conectado muy tempranamente con el área del Pacífico, en una relación que se
mantuvo durante todo el siglo XIX, aprovechando la expansión minera del norte chileno así como la especialización
cerealera de los valles centrales del mismo país. El ganado era engordado en Cuyo e intercambiado con Chile, un
elemento central en la economía de la región. A cambio, las provincias del oeste argentino recibían de los puertos
chilenos, efectos europeos, especialmente textiles. Una situación que se habría mantenido inalterable hasta alrededor de
1870, cuando el desarrollo de la industria vitivinícola cuyana produjo el gradual pero definitiva orientación de la
economía del área central al mercado internacional nacional.
Sin duda que la extensión del servicio ferroviario operada en la última década del siglo pasado y comienzos del actual, al
aumentar el nivel de intercambios y modificar el antiguo sistema de transportes, deficientes y caro, se convirtió en el
elemento más significativo del acercamiento entre los mercados del interior del país y la ciudad puerto de Buenos Aires.
Comenzaron a construir mercaderías europeas. Algunas regiones desarrollaron, en función de las nuevas condiciones
existentes, ciertas agroindustrias de especialización con destino a satisfacer las crecientes necesidades alimenticias del
mercado interno. Tales son los casos del azúcar tucumano y de los vinos mendocinos.
Lo anterior, fue considerado por la historiografía argentina como aquella que provocó la efectiva unificación económica
en el orden nacional. Esto en principio, parece válido para las provincias centrales, pero se presenta dudoso para las áreas
occidentales de las mismas provincias, donde se habrían mantenido circuitos comerciales alternativos, particularmente
ganaderos, vinculados a la demanda de los centros del Pacífico Sur, hasta pasada la década de 1930.
Sucesivos avances en la investigación histórica regional nos permiten sostener la persistencia de estos contactos
económicos y sociales en el área de frontera de la norpatagonia argentina, pudiendo detectarse la existencia de una región
integrada con las provincias del sur chileno, que sobrevivió con ligeras variantes hasta las décadas de 1930.
En este sentido, es posible realizar una comparación válida con el resto de los territorios patagónicos, al menos con sus
zonas más australes. Estos estudios históricos muestran, para el extremo más austral del continente, la conformación de
una macro región que habría funcionado, en principio hasta 1920, con una dinámica propia, fuertemente integrada con el
área del Pacífico. La dependencia económica de los territorios del sur patagónico con el área de Magallanes y su capital
Punta Arenas, parece indiscutible, al menos en lo que se refiere a la exportación de lanas y carnes ovinas con destino a la
industria frigorífica. Luego, factores de diversa índole habrían provocado la ruptura del funcionamiento autárquico de la
región, generándose a partir de entonces una mayor inserción económica de la Patagona austral en el espacio nacional
argentino. De todas maneras, la vinculación económica entre ambas áreas habrían seguido siendo importantes hasta los
años 1930, contándose definitivamente en los primeros años de la década del 1940, al imponerse desde los respectivos
Estados nacionales una serie de políticas que marcarían rumbos divergentes y a veces competitivos.
Como podrá observarse en los casos mencionados, los abordajes comparativos resultan imprescindibles en las
investigaciones regionales. Según F. Devoto, la perspectiva comparada es una de las grandes promesas incumplidas de la
historiografía occidental durante el siglo XX debido a las dificultades que implica su ejercicio.
Con esa pretensión, de los resultados de las investigaciones sobre la Patagonia antes mencionados surgió la posibilidad de
realizar un ejercicio en clave comparativa. Una comparación posible con otras áreas andinas del país para que el aporte a
la historiografía nacional fuese más significativo, lo cual permitiría también formular una periodización más ajustada con
respecto a la perdurabilidad de los circuitos económicos y de las prácticas socio-culturales en el ámbito fronterizo
estudiado. Historiadores de Argentina y Chile venían analizando el funcionamiento de los distintos espacios regionales
fronterizos con sus propias dinámicas, características y periodización, a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX. Pudieron
así establecer una serie de hechos coincidentes a partir de los cuales se visualizaban momentos de desestabilización y/o
ruptura de tales relaciones, cuestión que de hecho estructuró al conjunto de las investigaciones. Con esta experiencia pudo
demostrarse que la periodización antes señalada con respecto a la supervivencia de los vínculos fronterizos de toro tipo
hasta las décadas de 1930 y 40 era común a todo el espacio andino, y esta conclusión era sin duda absolutamente distinta a
las periodizaciones comúnmente manejadas por las historias todavía atadas a las materias territoriales de los Estados-
Nación.
Sandra R. Fernández: “Los estudios de historia regional y local. De la base territorial a la perspectiva teórico-
metodológico”.
Estudios regionales y locales tuvieron un mayor crecimiento en la historiografía argentina, pero con una producción muy
dispersa, ligadas a estudios de casos y diseños de investigación en base a unidades, centros y proyectos que ubican a
dimensiones regionales y locales como objeto de estudio.
La producción acerca de lo regional y local conscientemente ha eludido su caracterización como nacional. Buena parte de
los estudios “nacionales” son análisis de realidades ajustadas a ciertos límites. Ha permitido que estos textos tengan una
sobrevida académica de mayor aliento que otros escritos que sin intención de abordar lo nacional establecen una
aproximación a los perfiles regionales y locales.
“Nueva Historia Nacional” es una consideración de un proceso de recolección y síntesis de la numerosa y cambiante
producción sobre la problemática regional y local. Pero ¿Para qué hacer una historia nacional? ¿para qué seguir haciendo
historia regional o local? Cada historiador está adscripto a una forma teórico-metodológico, a corrientes historiográficas, y
existen formas de pensar el espacio dentro de la cadencia histórica.
La calificación de regional/local es polisémica y que, por lo tanto, múltiple es su utilización terminológica. Regional y
local recorren buena parte de la agenda pública, referenciando desde problemáticas mundiales a dinámicas barriales,
pasando transversalmente por alternativas provinciales, departamentales y urbanas. Su empleo es más habitual en el
diagnóstico de problemas, interpretaciones académicas y diseño de políticas orientadas desde campos como los de la
sociología, la economía, la política y el urbanismo, entre otras.
Con una perspectiva histórica, las encrucijadas de estudios regionales y locales se pensaron como oposición, como el
encuentro distorsionado, entre la formación de tales estudios y la caracterización de “lo nacional”. Hubo corrimiento
constante de las definiciones de lo regional y local hacia un simple recorte administrativo. Esto dio como resultado un
ejercicio comprensivo en torno de colocar como condición intrínseca el recurso territorial estricto para definir los estudios
regionales y locales. Entonces se adapta una realidad social-económica-cultural a una forma de división política-
administrativa. La historia regional tendría correspondencia directa con una historia ligada a lo provincial o
departamental, y la historia local estaría con la comarca, la ciudad o poblado, dejando cualquier tipo de consideración de
fenómenos urbanos o de los procesos inherentes a la construcción social e identitaria de esos espacios.
Las definiciones de estudios regionales y locales a partir de lo territorial involucran otro nivel: EL DE LAS
CONDICIONES DE CONSTRUCCION DE LAS IDENTIDADES SOCIALES. La pertenencia o no a un lugar, un
adentro o afuera marcado por los rasgos de identidad son visiones que no dejan de representar una variable territorialista,
y que toma como eje un concepto como la identidad y sus formas de percepción. Un dotar de sentido social al espacio
vivido es muchas veces con fines políticos, otro de responder a medidas gubernamentales, o directamente para recuperar o
construir memorias colectivas fragmentadas o dispersas, o bien puestas desde la constitución de un discurso oficial. La
región a partir de lo administrativo tuvo procesos inherentes a la constitución de las identidades sociales. La barrera
materia y la institucional se les suma la percepción del espacio como algo personal, específico.
En las décadas de los 60 y primeros de los 70, la Economía y Sociología abonaron la dimensión material de las regiones
en función de la generación de polos de desarrollo. Al dividir a un país o a un grupo de países, los economistas tendían a
“regionalizar” los espacios, caracterizándolos a partir de formas distinguibles de organización de los recursos y de la
población. Además, estaba la “Teoría de la localización” que explicaba las relaciones entre poblaciones y recursos, y entre
las zonas rurales y urbanas, a partir de criterios de optimización.
Desarrollo/subdesarrollo imponía una ecuación sociedad tradicional/moderna; y por el mismo camino se planteaba la
contraposición de lo urbano con lo rural, ignorando la distinción entre campo y ciudad que es profundamente compleja.
Región la identificaban como una entidad natural, con énfasis que la calificaban como una unidad física y humana, en la
que la colectividad que ocupaba un territorio establecido adquiría relevancia. En estos puntos de vista, era de fundamental
importancia el examen de las “singularidades” regionales, sin perder de vista que la región natural preanunciaba la imagen
de la “región histórica”.
Desde un plano sensible, las formas de construcción de las identidades se podían colocar a la cuestión regional y local
dentro de una concepción territorial. Aun entendiendo lo territorial, como las formas de articularse, relacionarse o
identificarse con un lugar físico y social, se estaban pensando lo local y regional desde un punto de vista determinista en
clave geográfica. Esto ocurría tanto a partir de posiciones marcadamente psicologistas que ponían y ponen el acento en la
trama social. La sociedad como un fenómeno complejo, es posible explicar la realidad de la identidad partiendo de la idea
de que el individuo se apropia del mundo en “conversación” con los otros, y que tanto la identidad socialmente como el
mundo son reales para él en la medida en que pueda continuar esa conversación. La relación individuo-sociedad no
presupone una paridad relacional, tampoco de los procesos identitarios que tiene lugar dentro de las relaciones sociales.
La identidad puede reafirmarse en relación negativa con otras identidades; uno de sus rasgos característicos es su
distintividad. Con una contraposición, necesita crear una conciencia de comunidad, ya que ante todo la identidad es un
fenómeno colectivo que no debe ser planteado en términos de exclusión o marginación del otro, sino de reencuentro con
uno mismo; una apropiación del mundo en conversación. Puede ser entendida como un contenido vivo que se renueva
aceptando y enriqueciendo con el entorno, pero a la vez manteniendo su peculiaridad.
IDENTIDAD SOCIAL: se asume a partir de forma concreta en que las colectividades construyen, recrean y se apropian
de las identificaciones sociales. La identidad no puede pensarse como un objeto que posee y se otorga de generación en
generación, como algo natural o una esencia, sino más bien se encuentra definida como UN PROCESO DE
IDENTIFICACIONES HISTORICAMENTE APROPIADAS QUE LE CONFIEREN SENTIDO A UN GRUPO
SOCIAL Y LE DAN ESTRUCTURA SIGNIFICATIVA PARA ASUMIRSE COMO UNIDAD Y QUE CONTIENE
DIVERSOS NIVELES DE IDENTIFICACION: GENERACIONAL, EL DE GÉNERO, ÉTNICO, REGIONAL,
NACIONAL, ETC. ¿Cómo se da la identificación y una identidad “particular”? nos lleva a las relaciones de poder,
porque desde ahí se presenta esa elección de identidad como algo natural y racional que se inserta en un discurso
explicativo y justificativo del conjunto de los actores de su contexto social. Aparece el discurso identitario dado por la
voluntad de los individuos. Así, la elección de la identidad adquiere un carácter ideológico, responde a los
condicionamientos objetivos que la dotan de sentido dentro de un determinado entorno. La ciudad, lo local y lo regional se
erigen como lugar estratégico para pensar la identidad. La identidad refleja la contradicción entre lo general y particular,
porque según el contexto, escenario o situación una identidad puede pasar de lo general a lo particular y de lo particular a
lo general. La percepción de lo social implica un cambio de identidad de manera que se pueden producir pérdidas y
renovaciones identitarias. En lo que respecta a lo local y regional con la identidad, adquieren importancia comprensiva: el
concepto se encuentra no sólo en un espacio físico, sino sobre todo en estudiar “localmente” determinados problemas,
específicamente los derivados de las cuestiones relativas a las formas de construcción y percepción identitarias generadas
por los actores en su dinámica social.
Un eje común entre lo local y regional: LA CUESTIÓN DEL ESTADO, ESTADO NACIONAL. La constitución de la
historia regional y local tuvo y sigue teniendo el surgimiento al rechazo del Estado como objeto exclusivo del análisis
histórico. Esta historia social condujo a una reorientación del espacio. La otra línea de tratamiento adquirió centralidad
con la crisis de este mismo Estado-Nación y con la irrupción del concepto de sociedades multiculturales, que puso de
relieve el debate acerca de grupos, etnias y minorías. Se asiste a procesos acelerados de globalización de la sociedad y en
otros lugares se acerca a la emergencia de localismos.
Frente a esos procesos de dominación global, las manifestaciones globales, regionales y locales desbordan de encuentros y
desencuentros alrededor de lo nacional con la identidad. Ahora, cuando se privilegia la relación del Estado nacional, los
discursos de los gobiernos latinoamericanos parecer percibir un solo modo de ser, y en este sentido habilitan la dimensión
de una sola identidad eludiendo las contradicciones en la conformación de los Estados nacionales y negando de forma
recurrente las diferentes culturas que los conforman como naciones. Las luchas del aborto, la tierra comunitaria, las luchas
de fuerte contenido ecológico, se constituyen en espacios local y regionalmente ubicados. Los sectores que movilizan
operan como motivadores de este cuadro identitario, otorgando densidad a las formas de comunicación y empatía.
Este tipo de posiciones colocan a la historia regional y local en una encrucijada: desde dónde definir esas prácticas
historiográficas que la expresan, que la representan. Porque en ambos extremos se omite lo fundamental de estos estudios,
que la verdadera ruptura dentro de los estudios regionales y locales provenían del cabio de perspectiva impuesto por la
historia social. La historia regional y local constituyen líneas de aproximación desde la historia social, generada a partir de
la década de 1960 y existe una particularidad en su desarrollo e implementación, ya que como diferencia sustancial su eje
no es temático sino analítico. La historia regional no propone un nuevo tema, un nuevo objeto, sino una nueva mirada, un
nuevo acercamiento, un nuevo abordaje analítico.
Dos lugares peligrosos donde se ha arrojado a la historia local y regional: se resalta estos dos estudios como un dato
parroquial, comprendido solo su comunidad; por otro, se la concibe como resultado “en pequeño” de procesos históricos
generales.
La historia local no es en un sentido estricto historia local, como tampoco es una historia de la ciudad y menos aún una
historia en la ciudad. Por lo que, lo urbano y la ciudad distan bastante de ser una misma cosa. En una ciudad vemos
estructuras, articulaciones, instituciones, familias, monumentos, mercados; sin embargo, ninguna de esas cosas
corresponde a lo urbano. La ciudad siempre está en la ciudad, mientras que lo urbano transciende sus fronteras físicas. En
la ciudad se encuentra instituciones sociales cristalizadas, manifestaciones colectivas o fenómenos particulares de
expresión popular.
ANALISIS DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES DENTRO DE UN ÁREA ANTROPÓLIGA: Se da dentro de
redes, grupos, mediaciones; es la reconstrucción de la cultura a través de la exploración de las prácticas sociales.
A mediados de los años 80’ en argentina se estaban estudiando la organización y consolidación del Estado nacional
durante el siglo XIX y, en correspondencia con esto, el estudio de los actores involucrados en este proceso. Dos
prioritarios ejes de análisis: la discusión en torno de la conformación de la clase dominante argentina y, como antítesis, los
orígenes del movimiento obrero.
De este primer gran tema surgieron no solo análisis político, sino estudios alrededor de la función de la Argentina en la
división internacional del trabajo, e inmediatamente acerca de la formación del mercado interno. Aquí aparece la región
como una categoría susceptible de explicar procesos velados y vedados a análisis generales, de la mano de la idea del
territorio nacional. El segundo eje en importancia (la clase dominante argentina) también iba a mostrarnos la ineficiencia
de exámenes centrados en la idea de “lo nacional” para analizarlo. Como resultado, la clase dominante argentina era, más
que una burguesía nacional, un cúmulo de burguesías regionales o burgueses locales; o, en otra línea de tratamiento, elites
locales o regionales administrando su poder en profusas redes relacionales.
A fines de los 80’ y durante los 90’ la centralidad de la perspectiva regional transitivamente se desplazó y expandió desde
la problemática del Estado nacional hacia problemas propios dela historia rural rioplatense. esto permitió un caudal de
discusión sobre los alcances y límites de las formas de hacer historia local y regional.
Los estudios regionales y locales no son referentes anecdóticos de un pasado más remoto o más cercano, ni tampoco son
fruto de investigaciones parciales que no disponen de un contexto de comprensión significativo; por el contrario, ellos
hacen que la historia subraye la potencialidad de la representatividad del caso en la comprensión del todo, la
interpretación de la particularidad para esbozar un plano general, la explicación de lo singular para la complejizacion de la
totalidad.
Los fenómenos relativos a la construcción de la identidad también se enmarcan en la conjunción del escenario de
múltiples representaciones de las relaciones y prácticas sociales en el interior de un colectivo.
Para llegar a tener una definición de región hay que entenderla como una ciudad o pueblo con su espacio circundante.
Van Young da su punto de vista sobre los conceptos de región, acercarse a una idea de la misma y manejar algunas de sus
implicancias. El concepto de región en su forma más útil es la “espacialización” de una relación económica. Un espacio
geográfico con una frontera que lo activa, con un alcance efectivo de sistemas, cuyas partes interactúan más entre sí que
con los sistemas externos. Sus fronteras no necesariamente son permeables ni tampoco son congruentes (relaciones
lógicas, coherencia) con las divisiones políticas, divisiones familiares.
Para dar esta definición simple se necesita tener otro tipo de especificaciones:
La primera es entender bien el concepto de región a lo largo del tiempo porque si no estaríamos explicando un fenómeno
social erróneo sin referencia a las regiones; no entender el concepto de región nos puede llevar a una Regionalidad (la
cualidad de ser de una región), Regionalismo (la identificación conciente, cultural, política y sentimental que grandes
personas desarrollan con ciertos espacios a través del tiempo)
Naturaleza empírico-histórica: las regiones parecen corresponder a horizontes naturales para ubicarnos en un espacio que
probablemente no ha cambiado desde los tiempos preindustriales. Es decir, su tamaño puede haberse alterado, pero
posiblemente la idea no. Pierre Gourbet sostenía que pueblos europeos vivían sus vidas en el perímetro de las parroquias,
que comprendía un pueblo pequeño. Continúa sosteniendo que la gente se debía considerar primero ciudadanos de una
localidad y después súbditos del rey. Este último referente no da un concepto técnico de región, pero si traslada las
experiencias europeas a las áreas rurales mexicanas tradicionales.
Naturaleza teórica: El análisis regional se resuelve en la tensión entre la generalización y la particularización. Robert
Redfield quiso tender un puente entre las pequeñas comunidades locales hasta las sociedades de nivel nacional mediante
una construcción de un “continuum folk-urbano”. En este campo se quiere reconciliar la microperspectiva con la
macroperspectiva.
Para una teoría clásica de emplazamiento central se construye sobre el análisis regional. Para esto se requiere de una
distribución de la población a través de planos isotrópico ilimitado, la racionalidad económica de consumidores, etc… que
se encuentran en la realidad, en particular en las condiciones mexicanas. Otro problema: determinar el nivel superior con
el que se relacionan las regiones. Definir una jerarquía de este nivel superior es más difícil que la del más bajo, que es
posiblemente una ciudad, villa, pueblo. El análisis regional puede dejar de lado otros aspectos importantes de la estructura
y el cambio como la etnicidad y el conflicto étnico.
La estructura interna de una región constituye la matriz del espacio físico y social. El concepto de región “espacializa” las
relaciones económicas y, el de la clase social, hace lo mismo, sustituyendo la metáfora de espacio social (cuando
hablamos de distancia social, movilidad social) por aquella de distancias reales de espacio físico. Estos sistemas
regionales y las clases sociales demuestran diferenciación en sus partes o grupos, demuestran jerarquía en los sistemas de
clases por el status, riqueza, poder político, pero también ocurre en sistemas regionales, con referencia a las formas de
jerarquías urbanas. Los modos de análisis regional y de clases se intersectan que se puede hablar de estructuras sociales
peculiares de ciertos tipos de regiones.
Las economías y sociedades regionales pueden encontrarse diferencias entre si según la pertenencia a los mercados
internos o externos, o si el emplazamiento central de la región está dentro o fuera de ella. Algunas regiones pueden
encontrarse dentro de ciudades, con una jerarquía urbana y una división interna del trabajo. Otras regiones puede ser
unidades productivas con un mercado externo y en las cuales la Regionalidad están ligadas a la complementariedad
económica por una especial de similitud fenomenológica.
Según Carol. A: Las regiones pueden estar definidas en formal o funcionalmente. Las formales se enfatizan en la
homogeneidad de algún elemento dentro del territorio; Las funcionalmente enfatizando los sistemas de relaciones
funcionales dentro de un sistema territorial integrado.
La complejidad de las estructuras sociales regionales y la naturaleza de las relaciones de clase estarían influidas por las
disposiciones espaciales internas y de los establecimientos de ambos tipos. El ejemplo de la tapa de olla a presión muestra
una proliferación y complicación de las estructuras internas a través del tiempo, por ejemplo: Señor/Campesino, en la
utilización de créditos, en los arreglos mercantiles y comerciales. El modelo embudo, con un grado bajo de polarización
espacial interna, se observa una simplificación y homogeneización de las relaciones económicas y sociales internas y una
diferenciación concomitantemente (que actúa, acompaña o colabora en el mismo sentido que otra cosa: acciones
concomitantes) más aguda entre las clases sociales. Hay una conexión inversa, la complejidad produce complejidad, y la
simplificidad, simplicidad.
Hay que volver al concepto básico de región. Dado que las regiones se definen por la escala de ciertas clases de sistemas
internos a las mismas y, dado que las sociedades humanas se constituyen típicamente con un gran número de clases
diferentes de sistemas mutuamente influyentes, ¿Cuál es el sistema a elegir para definir las regiones? El más apropiado de
los sistemas, el de la estructura de intercambio o los mercados, es el que permanece en el corazón de la teoría del
emplazamiento central, que provee la base para la mayoría de los recientes trabajos teóricos sobre el análisis regional.
Según el geógrafo L. Berry expresa que, en el sistema de intercambio, con el proceso de distribución, aparecen juntas las
ofertas de los productores y las demandas de los consumidores; esto mantiene unida a la sociedad y a las regiones.
Entonces es a las RELACIONES DE MERCADO tendríamos que mirar para entender la naturaleza de las regiones
geohistóricas.
La producción en México se puede ilustrar aspectos embudo/dendrítico (es densa y tiene ramificaciones regulares); ser el
caso de la azucarera del área de Morelos que se extendió desde el siglo XIX y del desarrollo de la industria henequera
(planta que sirve para la fabricación de textil) en Yucatán durante la misma centuria. En estas regiones estructuradas a lo
largo de líneas dendríticas de organización interna es una orientación hacia el exterior con el propósito de comercial un
solo bien exportable. La producción regional de azúcar no podía ser consumida probablemente en el ámbito local, pues la
ciudad de México ha servido como el mayor mercado y consecuentemente como la ciudad regional primaria, exhibiendo
un grado extremadamente alto de primacía. Se hicieron estudios sobre la gran concentración de tierras en las áreas
azucareras debido a la posibilidad de formación de economías de gran concentración. Esta parte hace entender a lo que se
llamaría simplificación social aplicada en las áreas rurales azucareras, ya que De La Peña mostraba la destrucción de los
pequeños productores y comerciantes; Martin hablaba sobre el resurgimiento y proliferación de pequeños productores en
la primitiva zona exportadora azucarera.
El caso de Yucatán es una clara región embudo; en dicha industria del periodo de auge exportador fue creada ex nihilo y
tuvo un ciclo relativamente corto. Antes que tuviera un auge en el siglo XIX, la península era esencialmente periférica.
Robert Patch describió la dinámica básica de la economía colonial similares al resto de Nueva España; los elementos
básicos fueron la recuperación demográfica indígena, la presión sobre las tierras, enormes establecimientos rurales,
mercados de ganado y cereales urbanos, etc. Dice que la economía creció por el crecimiento de la población y que se
reorientó hacia el exterior sólo con el henequén.
Durante los periodos de 1750-1850 se daba una expansión de la frontera sudeste de la azucarera en Yucatán. La expansión
del henequén a mediados del siglo generó un cambio económico fuerte, ya que se expandió por afueras de la península,
pero también cambió las estructuras internas de las regiones yucatecas (azúcar). Durante 1870 se cuadriplicó la
producción de fibras y la organización de la fuerza de trabajo.
En 1900 el 75% de la superficie cultivada en Yucatán se dedicaban al cultivo de henequén y, de la mitad a tres cuartos de
la población rural de la península, vivía en las plantaciones henequeneras. Esto generaba que la región henequera se ha
proletarizado y se debilitaban las comunidades aldeanas. Esta región experimentó la distorsión social y la simplificación
de la estructura social. “Yucatán no poseía una clase media considerable, capaz de unirse con los hacendados descontentos
para liderar una revolución. La hacienda del henequén fue una sociedad de plantación con una estructura de clases similar
a la de las sociedades azucareras”.
Michoacán - Hinterland de Guadalajara = Tipo regional olla a presión/solar. En la zona de Michoacán, en el siglo XVIII,
tenían un 25% de exportación de producción azucarera, por lo que era una región con un consumo interno de productos.
Otra característica de este consumo interno era la presencia de ferias periódicas en pueblos pequeños y medianos y en
algunas ciudades grandes. Otro signo fue la forma de mecanismos mercantiles locales complejos y generalizados y en la
importancia muy limitada de alimentos. La zona de Guadalajara a comienzos del XIX, con una región tipo de olla a
presión/solar en el sistema de emplazamiento central. Esta ciudad, capital política y administrativa, funcionaba como
ciudad regional primaria, jerarquizada; esto demostraba un grado alto de falta de regularidad logarítmica.
En el estudio de este artículo han clasificado de acuerdo a la simple división en tres partes de la actividad minorista,
servicios y artesanado; un promedio de dos tercios tenía pequeños establecimientos minoristas, mientras que el resto
poseía los tipos de servicios y artesanal. Pueblos ubicados a cierta distancia de Guadalajara, con agricultura mixtas de
cereales y ganado, tendían a tener porcentajes altos de establecimientos minoristas, mientras que la región en su conjunto
parecía haber desarrollado un grado relativamente bajo de especialización intra-regional, con vínculos verticales fuertes y
laterales más débiles.
Modelo olla presión/solar tiene un valor predictivo para las economías regionales, se puede observar tres rasgos del
sistema:
Mercados muy limitados geográficamente para casi todo, excepto bienes comercializables de valor elevado y poco
volumen
Bajo nivel de intercambio comercial entre regiones de este tipo, constituyen un espacio económico mayor.
¿Cuáles son las implicancias de una estructura regional semejante para la sociedad en su conjunto? Primero ésta indica
una integración horizontal o espacial débil, y se orienta a explicar las notables tendencias centrífugas mexicanas durante el
período colonial y después de la independencia. Segundo, la debilidad de la articulación horizontal se relacionaría
directamente con la debilidad de la vertical, o articulación sociopolítica, dado que probablemente indicaría una división
social del trabajo relativamente baja. Tercero, se esperaría observar que dicha sociedad tendiera a romper sus partes
constitutivas a lo largo de las líneas de presión preexistentes que señaló, en tiempos de crisis política aguda.
GEREZ…
FUENTES:
Texto: Cerrillo en historia civil de Jujuy Publicado: 1877
Bibliografía de este:
Nació en Jujuy en una Familia Tradicional de su provincia.
Hijo de Ignacio Noble Carrillo y de Luisa Graz Zegada y Gorriti.
En 1868 ingresó al Colegio Nacional de Monserrat (Córdoba) y en 1871 a la Facultad de Derecho, se graduó
como abogado a los 21 años.
Se casó con la Señorita Carolina Echenique Altamira perteneciente a una familia de vieja raigambre Cordobesa y
Argentina, hija de Santiago Echenique Tejeda y de Carolina Altamira Sánchez Carrillo.
En 1882 fue Ministro de Gobierno y dos años más tarde se trasladó a San Nicolás como Juez del Crimen.
En 1895 volvió a Jujuy como Juez Federal, y fue presidente del Superior Tribunal de Justicia, diputado, consejero
del “Banco Hipotecario Nacional”, profesor de “Historia del Colegio Nacional Teodoro Sánchez de Bustamante”.
Profesor de Derecho Procesal Penal en la Universidad de La Plata, donde también se desempeñó como vicerrector
y rector interino.
De alguna manera lo más trascendente de su obra ha sido el aspecto histórico. M
uy joven y basándose en manuscritos y documentos de su tío Macedonio Graz Zegada y Gorriti, “Quien en sus
últimos años había reunido numerosos documentos con la intención de escribir una historia de Jujuy”, y de
material que había recopilado por Escolástico Zegada Gorriti , Joaquín Carrillo Graz publicó en 1877, la primera
historia de la Provincia.
o De esta manera, inauguró en la Argentina el estudio de las historias regionales.
o Su obra titulada “Jujuy, provincia Federal Argentina. Apuntes de Historia Civil (con muchos
documentos)” recibió críticas muy favorables, como la de Bartolomé Mitre, quien escribió: “Libro bien
hecho, bien escrito y bien pensado, que quedará como documento y vivirá como obra literaria”.
o Junto a Delfín Sánchez, comisionados por el gobierno de la Provincia en el año 1884, publicó la
“Cuestión de límites. Provincia de Jujuy”. En 1894, con Manuel Bertrés y a Julián Aguirre, redactó el
Código de Procedimientos de la Provincia.
o Falleció en su finca en Yala, el 1 de abril de 1935. El colegio fiscal de la localidad de El Carmen y una
importante arteria de la ciudad de Jujuy, llevan su nombre.
De que trata el texto del autor:
La naturaleza del país jeograficamente llamada provincia de Jujuy.
Sus valles superiores se han formado sobre una capa de guijarros y piedras rodeadas y sus montañas parecen
levantadas en ciertas parejas (descripción).
En sus anchos valles una tierra impregnada de savia fecundante fomentaba el crecimiento de lujuriantes selvas
que se elevan a una altura inmensa.
La ciudad de Jujuy dista solo 90 kilomentros de la de Salta.
Desde esta ultima al norte el aspecto va presentando mayores quebraduras se muntiplican los terrentes que en las
días de lluvia y creciente de virano producen un ruido importante al correr rápidamente sobre sus lechos incluidos
de piedras y arenas.
La población jujeña esta esparcida en los limites de esa provincia y da una descripción grafica de la longitud.
Fundamenta y describe las condiciones climáticas.
Su población blanca es numerosa y aunque se conserva en ciertos lugares la raza indígena sin haberse mezclado
se puede decir que el resto esta formado por gente que se devira de unión de españoles y criollos. Su distribución
en centros políticos esta hecha en trece departamentos (descripción demográfica y espacial).
La capital es una ciudad española en su agrego y delineación colocada en un medio mas del paisaje la describe de
la guerra por independencia. Las calles todas tiene nombre de generales argentinos que se inmorralizado en
nuestras antiguas guerras.
La independencia trajo ruinas a este pueblo y este era un gran mercado entre el rio de la plata y el alto peru.
Ciudad cuenta con establecimientos públicos.
Describe los caminos como Humahuaca y su camino con Bolivia.
Diferentes produccioes que posee la provincia como la minería, vegetales, granos.
Descripción de los diferentes nombre de los afluentes de agua.
Hace referencia por la llega del ferrocarril.
Motivos del libro:
Rendir homenaje a la justicia, al patriotismo y a la virtud y a la gloria. ( sigue a sarmiento donde escribía hablando
de las ciudades todas ellas tiene que revindicar gloria, civilización y notabilidad.)
Ya habla de una historia nacional pero que todavía esta en estudio y en formación y hasta hoy se encontraba casi
licalizada en el círculos de acontecimientos pasados en la capital o dependiente de ellos.
Resalta que la historia jujeña no se puede escribir si que ella preceda las historias particulares. Las provincias
poca han hecho en ese sentido.
Desde los primeros años de nuestra juventud palpábamos la necesidas de estudios como el que damos a la luz y
nos comprometemos a dar cima a la tera cumpliendo un deber sin jactacia y con el solo interés elevado de remar
positivo.
No existen archivos (reconstruir).
Se apoyara en las crónicas las que xisten.
Jujuy forma para de una juridiccion municipal sujeta a la daministracion de la gobernación de tucuma y mas tarde
se crearon las intendencias y fue agrupada con las demás juridicciones que formaron la de salta.
Es preciso apegar a los hombres a los lugares que les producen memoria y habitudes para conseguirlo es menester
proporcionarles en sus domicilios el se seno de sus minupilaidades tanto importancia política.
No es un imperio, ni una gran provincia, ni se trata de una capital de primer orden, es un pueblo constituido en
republica y aliado a sus hermanos en sacrificio y tradición por una federación que las pasiones transitorias de loas
partidos democráticos no han de osar desconocer. (se pregona que esta dentro de la unidad constitucional).
Sacrificio por la libertad nacional por las guerras.
Jujuy cuenta con numerosos hombres patrióticos de bien y sujetos de merito y de fe que debe ya comenzar a
honrar.
La historia tiene como riqueza naturales una determinada importancia.
Apunta a salvar las memorias gloriosas para nuestra nacionaldad y venerables para los hijos de aquella provincia.
Agradecen al gobierno y algunos ciudadanos con archivos personales.
Marca que los documentos son auténticos.
Periodos que van son desde la fundación, a la revolución de la independencia y desde esta hasta la emancipación
provincial. Y va desde la constitución autónoma de 1824 hasta la del 52 y posterior de los gobiernos
constitucionales y personas mas notables.
Comparación de textos:
Geres:
Es importante tomar a Rómulo Carbia, “Historia de la historiografía argentina” que denota la diferenciación entre
historiografías provinciales y nacionales.
Las historias provinciales aparecen dentro de lo que él comprende como “géneros menores”. Entonces este trabajo
se impuso como horizonte intelectual para pensar la historia de nuestro país, dejando fuera a los escritos
provinciales, ya que estos no narraban procesos históricos que vinculen a la región bonaerense.
o Carbia pretendía elaborar una genealogía que vinculaba a miembros de la Nueva Escuela Histórica con
antecedentes eruditos del siglo XIX. Aquellos que no compartían esa filiación no eran problematizados ni
mencionado.
o Pero en salta, Atilio Cornejo, implementó la genealogía reflejándolo en su artículo de mediados del siglo
XX. La postura de Carbia de inaugurar un determinado modo de ver la historia de la historiografía
argentina estuvo basado en elementos binarios y genealogistas; los que no estaban afiliados a esta línea
fueron olvidados por los investigadores.
o Pero en los últimos años trataron de olvidar esa visión binaria y genealogista para tomar las riendas de un
análisis crítico del problema con una inclusión de diálogos y tensiones entre grupos intelectuales, que con
esto último se daría ese camino para una institucionalización y profesionalización de la historia en
Argentina.
“El campo de la historiografía no preexiste como género sustantivo” , es decir, no hay una historiografía
normal hasta que se constituya como campo; ese campo se puede ir configurando. Entonces las formas de
asociación de los intelectuales no se van a crear alrededor de instituciones, sino a través de redes
personales y circuitos políticos y culturales (Por ejemplo, el Club de Lectura y Recreo), que son canales
abiertos, móviles, porosos, pero que no hay profesionalización.
La historiografía no nace por la sola presencia de una obra ni tampoco pensar que la historiografía de
salta, por ejemplo, nace de la historia de Güemes escrita por Bernardo Frías. ¿Qué se quiere llegar con
esto? Que, a partir de estas confrontaciones, discusiones, polémicas entre estos grandes intelectuales es
donde se va a empezar a establecer las reglas del oficio, o sea, en estas interacciones es donde se empieza
a conformar el campo historiográfico local y regional.
En cuanto a historias nacionales son una forma de escritura atravesada con un proyecto de nación, en el
sentido de pensar una identidad común que tenga anclaje en el pasado y que permita el orden nacional
como una forma pensada. El origen de la nación argentina se funda en la lógica de Bartolomé Mitre, con
la preexistencia de las provincias. Esta forma de hacer historia funda un relato matriz, un punto de partida
para otros estudios. Posteriormente van aparecer series de propuestas desde las provincias que se van a
marcar ese “revisionismo moderado” donde están impugnando y reclamando el lugar de las provincias en
esa historia nacional (Damián Hudson con los estudios de Jujuy; Joaquín Carrillo de 1877; Bernardo Frías
1902; Manuel Cervera 1907 con la historia de Santa Fe); van a presentar su trabajo como parte de esa
construcción y constitución de la historia nacional. Hasta ahora se va marcando el primer proyecto de
historia nacional con carácter inclusivo; el primero es la matriz de Vicente López y Mitre. A partir de
1930 en adelante los historiadores bonaerenses van a incluir las historias provinciales (en este caso
Ricardo Levene, 1936).
Al integrar los dos textos solicitados, es pertinente marcar como punto de partida la Obra de Rómulo
Carbia, con sus ediciones respectivas (1925 la primera, y en 1940 la siguiente pero ya en esta se le
aumenta el calificativo crítico, ósea, una historia critica). Este libro marca un antes y un después en el que
se ordena la producción historiográfica en el país; esta obra se produce en el marco de la NUEVA
ESCUELA HISTORICA, con una “visión triunfalista”.
Esta NEH es heredera de dos grandes escuelas del pensamiento, una Escuela filosofante y una Escuela
Erudita. Recoge “lo mejor” de estas dos escuelas. En este análisis que hace Quiñonez es marcar la
existencia de grandes géneros de la historia y que existen géneros menores, que por falta de crítica no
llegan a ser grandes historias.
Este es un punto central; es que la tensión entre historia nacionales y provinciales se enmarcan en esta
invención de la tradición historiográfica atravesada de esa impronta triunfalista y legitimante. Es la Nueva
Escuela Histórica quien termina triunfando en esta tensión. Las historiográficas menores son estos
géneros menores que no pueden trascender más allá de lo que le fija ese marco.
Estas historias provinciales y regionales están ligadas a crónicas históricas, pues entonces tomando una
cita del texto de Geres y Quiñonez dice que tienen una finalidad preconcebida: “Loar las glorias de una
región, exaltar la memoria de un héroe, justificar una o muchas actitudes en un suceso, reivindicar en fin
el buen hombre de un personaje venido a menos en la tradición de su pueblo”.
“El campo de la historiografía no preexiste como género sustantivo” (Prado, 1996), es decir, no hay una
historiografía normal hasta que se constituya como campo; ese campo se puede ir configurando. Entonces
las formas de asociación de los intelectuales no se van a crear alrededor de instituciones, sino a través de
redes personales y circuitos políticos y culturales (Por ejemplo, el Club de Lectura y Recreo), que son
canales abiertos, móviles, porosos, pero que no hay profesionalización. La historiografía no nace por la
sola presencia de una obra ni tampoco pensar que la historiografía de salta, por ejemplo, nace de la
historia de Güemes escrita por Bernardo Frías. ¿Qué se quiere llegar con esto? Que, a partir de estas
confrontaciones, discusiones, polémicas entre estos grandes intelectuales es donde se va a empezar a
establecer las reglas del oficio, o sea, en estas interacciones es donde se empieza a conformar el campo
historiográfico local y regional.
En cuanto a historias nacionales son una forma de escritura atravesada con un proyecto de nación, en el
sentido de pensar una identidad común que tenga anclaje en el pasado y que permita el orden nacional
como una forma pensada. El origen de la nación argentina se funda en la lógica de Bartolomé Mitre, con
la preexistencia de las provincias. Esta forma de hacer historia funda un relato matriz, un punto de partida
para otros estudios. Posteriormente van aparecer series de propuestas desde las provincias que se van a
marcar ese “revisionismo moderado” donde están impugnando y reclamando el lugar de las provincias en
esa historia nacional (Damián Hudson con los estudios de Jujuy; Joaquín Carrillo de 1877; Bernardo Frías
1902; Manuel Cervera 1907 con la historia de Santa Fe); van a presentar su trabajo como parte de esa
construcción y constitución de la historia nacional. Hasta ahora se va marcando el primer proyecto de
historia nacional con carácter inclusivo; el primero es la matriz de Vicente López y Mitre. A partir de
1930 en adelante los historiadores bonaerenses van a incluir las historias provinciales (en este caso
Ricardo Levene, 1936). En los tomos de Levene, especialmente IX y X son dedicados a las historias
provinciales. Razocinio
Para la escritura de estos tomos fueron de la aparición de 24 historiadores, la mayoría de provincias; la
mayoría de estos historiadores locales son abogados, curas y médicos. El menor porcentaje eran
profesores. Los que escribían, 9 pertenecían a la Numismática Americana y 15 eran externos a estas
instituciones.
La inclusión de las historias provinciales en el proceso de constitución de la historia de la nación
argentina: Frías decía que Salta y Buenos Aires son puntos cruciales de la independencia; el uso político
del pasado es una herramienta para reclamar el lugar que las elites tenían, sus historias que surgen de
manera autónoma con relación a obras fundadoras de la historiografía argentina. La historia provincial no
nace pretendiéndose hilvanarse armoniosamente con la llamada historia nacional, más bien surge para
cuestionarla o complementarla.
El caso salteño: Como punto de partida, tomando los textos de Geres y Quiñonez, hay una serie de
dispositivos genealógicos de filiación historiográfica, como se construyen esas genealogías. Estos textos
parten de una historiografía de corte local; cuales eran los actores privilegiados para analizar en diferentes
tiempos. Por ejemplo, Atilio cornejo en la década del 70 escribe un prólogo sobre historiografía de una
genealogía. Siguiendo con esta explicación, el proceso de institucionalización se empieza en el 83, o sea,
estableciendo escalas desde finales del siglo XIX hasta los años 37/38. Fue prescindible para estos autores
el mapeo de Enrique Quinteros para recuperar espacios de sociabilidad, espacios de recreo intelectuales.
En la fundación del Colegio Nacional se considera un espacio donde discutieron historiadores locales, un
espacio de producción cultura, formadores de elites dirigentes, pero también formadores en espacios de
talleres para sectores populares. Un primer corte fue en 1915 con un proceso de institucionalización
(Fundación de fomento Unión Salteña) con el danés Nelson; no tuvo éxito. En ese año logró la conexión
con Agustín Usandivaras (que tuvo el contacto con el gobierno provincial) y así establecer el museo.
También otro ítem importante es la serie de agrupaciones “Sociedades de amigos dela historia” y otras
sociedades, la cual paralelamente da la aparición de instituciones históricas (Junta de Estudios Históricos
de Salta - 37/38). Estos grupos son “intelectuales polifacéticos”, abogados, militares, profesores,
sacerdotes, médicos. Estos eran productores culturales, es decir, que son intelectuales, pero no tan
intelectuales todavía. Estos intelectuales de provincia son lo que están en su espacio en una posición
homologa a la de un intelectual de la capital, aunque subordinados (si se lo mira respecto de aquel y de la
relación de un espacio con otro). La cuestión sigue siendo cómo definir esa posición y aclarar de que se
trata de subordinar.
Ahora bien, la reunión de estudios históricos del norte (1937) tuvo repercusión nacional, una adhesión
de diversas instituciones. Binayán señala la necesidad de completar los estudios históricos del país con
investigaciones sobre provincias y territorios, sin lo cual no se podrá contar con una visión integral del
pasado de la nación. Cristian Nelson decía que los objetos de esas jornadas era alejarse de la promoción
de discursos, más bien tenían que abocarse a la confección de una memoria descriptiva de Salta o una
historia del norte argentino. Para terminar, habría que marcar dimensiones para problematizar la
historiografía provincial: Tienen interpretaciones distintas del pasado histórico, instituciones que se
disputan para tener la palabra sobre el pasado histórico, un uso de pasado conflictivo que excede las
disputas y que tiene que ver con el establecimiento del orden social.
La sociedad
La ideología del conquistador Francisco de Aguirre, preconizada por el virrey Toledo y que llevó a la práctica Hernando
de
Lerma con la fundación de Salta en abril de 1582, no tardó mucho en convertirse en realidad. Pedro Sotelo Narváez decía
que se pobló sin fundamento.
Eran las guerras en contra de los calchaquíes, concluidas en 1659 y después en contra de los indios del Chaco, las que
tuvo que afrontar Salta y, en ese templo de conquistadores, se fueron forjando sus habitantes. En premio de sus hazañas,
se multiplicaron los feudos y las encomiendas. En 1719 había en Salta 8 encomiendas y 21 encomenderos.
Llegaron así los principios del siglo XVIII y, como recuerda Vicente F. López, “era desde entonces una de las ciudades
más cultas y quizás la de trato más distinguido y fino de todo el virreinato”. Por ello y con tan justos títulos, dictada en
1778 la ordenanza de intendentes, se creó la intendencia de Salta del Tucumán teniendo por capital a la ciudad de Salta.
2- Salta atrajo un núcleo de familias de noble arraigo español, probando así que resulta una leyenda aquello de que los
conquistadores y colonizadores en el norte argentino fueron gentes de bajo origen. (Larga lista de genealogías de familias)
3- Acrecentaba la cultura de Salta, además, su comercio y riqueza, propulsados por su situación estratégica como puerto
seco para el intercambio con las provincias del Perú y Chile.
Las invernadas de mulas traídas del litoral a Salta para su comercio en aquellas provincias, fueron unas de sus principales
fuentes de riqueza. Con tal motivo, los viajes hasta Lima eran comunes para los salteños, trayendo de ahí, en cambio, las
manifestaciones de su vasta cultura virreinal, a la vez que la holgura económica de sus familias principales y que permitió
a estas educar a su hijos ya sea en las universalidades de Lima, Córdoba y Chuquisaca, como en el colegio de Nobles de
Madrid. Todos los cuales actuaron luego en Salta, dando así realce a la cultura de la sociedad colonial. El clero no era
menos ilustrado.
4- Salta era pues una ciudad europea y tenía los refinamientos de Lima. Las bibliotecas eran ricas, poseían obras de
literatura, historia y jurisprudencia de la época, no solamente en español, sino en latín, inglés y francés. Sir Woodbien
Parisch recordaba “como los salteños son casi todos muy viajeros, e igualmente aficionados a todas las carreras, suplen
mucho por este medio a cualesquiera defectos de su educación. Los salteños son muy hábiles y laboriosos y se expiden
por si mismos en muchos objetos de industria y economía relativamente a la comodidad doméstica. Las damas salteñas
son penetrantes ágiles y tan propensas al ejercicio del caballo como a los entretenimientos de la música, canto y baile”. A
su vez, Martín de Moussy agrega “los habitantes de esta provincia son inteligentes, laboriosos, dotados de un notable
espíritu industrial y comercial y tienen disposiciones especiales para las ciencias físicas y matemáticas. Las mujeres de
Salta participan de las cualidades sólidas de sus esposos; los ayudan en sus trabajos y se dedican igualmente al comercio.
Se las ve en la capital y en las villas de la provincia, llevar los libros de caja y atender los almacenes, como muchas
mujeres de comerciantes lo hacen en Europa. Ello no quita a sus gracias y a su espíritu naturales, y desarrollan sus
cualidades de buenas señoreas de casa”.
El capitán Andrews, en sus relaciones de viaje por estas provincias el año 1825, recuerda la hospitalidad recibida en la
frontera, de don Domingo de Puch (suegro del Gral. Güemes) y de don Ignacio Sierra, en Metán; y a su llegada a Salta en
la casa de Gurruchaga. Calcula que la ciudad tenía 7000 habitantes. La sociedad pudiera estar clasificada entre las de alto
rango. Los hombres no son menos sagaces, liberales y de natural inteligencia, que los de cualquier otro pueblo
sudamericano.
En la guerra de la independencia las mujeres salteñas actuaron con no menor lucimiento que los hombres en pro de la
causa revolucionaria. Son consideradas así patricias, en la historia argentina.
Un salteño ilustre, el Dr. Joaquín Castellanos, sostenía que en la población europea de Salta, que tuvo funciones directivas
en lo militar, económico y político, predominó el elemento vascongado al que atribuye sus condiciones de reflexión,
paciencia y espíritu positivo.
La instrucción pública
1- Poco preocupada la metrópoli de este aspecto de la vida colonial, fueron los religiosos jesuitas quienes tomaron a su
cargo la ardua empresa de la instrucción pública, instalando luego en Salta un colegio para la educación de la juventud, en
el que enseñaban a leer, escribir y contar, gramática, doctrina cristiana, latinidad y humanidades, hasta que, expulsados
aquellos misioneros, el convento de San Francisco se encargó de continuar su obra, fundándose entonces la Escuela del
Rey. Poco después, el español don José León Cabezón instaló su famosa escuela de gramática y latín, la que dirigió
durante más de 30 años. En 1799, el Pbro. Dr. Manuel Antonio Acevedo, fundió la cátedra de filosofía, la que se sostuvo
hasta la época de la revolución.
El colegio de los jesuitas, dirigido por don Domingo de Hoyos, quien obtuvo su puesto por concurso público y en
oposición a los maestros Molina, Torres y Caldas, se transformó en la época revolucionaria en la “Escuela de la Patria”
que dirigió don Mariano Cabezón.
De 1810 a 1812 funcionó una escuela privada dirigida por don Manuel Bernardet.
2- El historiógrafo Zorreguieta, nos da los siguientes datos acerca de la instrucción pública en Salta:
El 18 de Mayo de 1809 se establecieron en el Convento de San Francisco las aulas de latinidad, filosofía y teología,
sostenida por los PP Franciscanos gratuitamente durante muchos años.
En noviembre de 1809 se instaló en el colegio de los jesuitas el seminario en el cual se dictaron los cursos de latinidad,
filosofía y teología. En febrero de 1810 se comunicó el nombramiento del Dr. Estanislao Caballero como rector fundador
del nuevo seminario conciliar de San Fernando de esta ciudad, hecho por el obispo Nicolás Videla del Pino.
El 10 de febrero de 1810 los Sres. Hoyos, Molina, Torres y Caldas solicitaron el preceptorado de la escuela pública,
habiéndola obtenido el Sr. Hoyos.
El 7 de marzo de 1812, el preceptor de gramática latina, don Mariano Cabezón, solicitó el pago de alquileres de la casa
que ocupó para la enseñanza desde que trasladó el aula del colegio de los jesuitas que antes ocupaba.
En abril de 1818, el cabildo separó al preceptor de la escuela de la patria, don Domingo de Hoyos, por ser opositor a la
causa patriota, nombrando en su reemplazo a don Vicente Soto.
En julio 5 de 1817 fue nombrado don José Fernández, preceptor de la escuela de la patria y don Mariano Marina,
preceptor de gramática latina.
En diciembre 24 de 1817, el cabildo remitió $300 a don Carlos Odonel para que venga de Córdoba a enseñar matemáticas.
El cabildo de Salta también recomendó al director supremo los grandes servicios prestados en Salta por don José León
Cabezón, quien enseñó gramática latina durante más de 30 años. Nombró luego, preceptor de latinidad a don Manuel
Andrade.
En agosto 3 de 1822, se nombró maestro de la escuela de la patria a don José Matos. El 31 de mayo de 1823 fue nombrado
preceptor de gramática latina el Pbro. don Marcelo López; y en los años posteriores, don Mariano Cabezón fue el
preceptor de la escuela de la patria y, al poco tiempo, del aula de latinidad, en la que adquirió sólidos y merecidos
prestigios. Más o menos de esta época data la instalación en Salta del “Colegio de Educandas”, costeado por Doña
Manuela Tieno, hija del gobernador de Tucumán, a cuyo efecto hizo formal donación de la casa y terreno para su
instalación en la ciudad, y de las estancias La Quesera y Los Gauchos para su sostén, cuyo colegio se puso bajo la
dirección de las hermanas esclavas del S. C. de Jesús, que hasta hoy persevera, y en donde se educó la sociedad más
distinguida de Salta.
3- Los gobiernos de Gorriti y Arenales promovieron un movimiento acentuado por la cultura. En septiembre de 1824 el
gobernador Arenales dirigió una circular a todas las autoridades dependientes de su gobierno, recomendándoles que
promovieran la fundación de escuelas en sus jurisdicciones respectivas, fundándoselas en Tilcara y Humahuaca, Jujuy. En
el gobierno de Fernando Heredia se establece la Sociedad Protectora de la Educación Pública que había existido en 1831,
encomendándole funciones de inspección sobre las escuelas; se crea la Sociedad de Beneficencia, compuesta de 7
matronas, encargada de fomentar la instrucción de las niñas, vigilar sus escuelas y el colegio de Educandas; se
reglamentaron los exámenes públicos; se dicta un reglamento de escuelas estableciendo la inamovilidad de los maestros;
que estos gozaran de sueldo íntegro y preferencia en el pago; se aprueba un reglamento de Artes Mecánicas; y se fundan
escuelas en los pueblos de Cerrillos y Chicoana; y en el año 1840, en plena anarquía de la República, la provincia de Salta
es la que aparece con mayor número de escuelas fiscales en toda la república.
La Literatura y la historia
La literatura popular, no escrita, tiene en Salta remotísimos antecedentes. La región calchaquí es rica en este respecto
habiéndola recogido arqueólogos, especialistas y aficionados. Se notan también influencias indígenas del norte, con el
quichua, y del este y sur, con las civilizaciones chaqueñas, no solamente en los vestigios arqueológicos sino también en la
toponimia y el folklore.
Pero es la influencia española venida de Lima la que más se adentra en el espíritu colonial de Salta, llegada esta época la
poesía popular hispánica en cantidad y variedad.
2- La tradición de la cultura salteña desde el punto de vista literario, no es pues como se dijo, exclusivamente realista y
carente de ideología e imaginación, ya que a la par de los hombres de acción están los de pensamiento, así como a la par
de sus proezas del orden científico, están los de orden puramente literario y sus poetas. Es abundante la bibliografía
salteña, como reflejo de la vida civil, sin contar los mensajes de sus gobernadores; las memorias de sus miembros; las
tesis de sus médicos, abogados e ingenieros; los alegatos forenses; y los folletos de índole diversa. Pero no solamente se
destacan lejos los lejos del territorio, no por aquello de que nadie es profeta en su tierra, dejaron de sentar plazas de
idealistas muchos escritores y poetas de tierra adentro.
Política: no fueron tratadistas de esta materia, pero su criterio la dirigió con inteligencia, haciendo práctica de ella. Así, los
nombres de muchos salteños se conocen como buenos gobernantes y legisladores, tanto en el orden nacional, como en el
provincial.
Tres presidentes de la república fueron hijos de Salta: el Dr. José Evaristo Uriburu, el Dr. Victorino de la Plaza y Teniente
General José Félix Uriburu. También hubo ministros nacionales.
Salteños gobernaron también hasta en estados extranjeros como en Perú, Potosí, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Santa Fe,
Santiago del Estero, La Rioja, Jujuy, Corrientes, Buenos Aires, San Juan. Incluso actuaron en ministerios de algunas
provincias.
Milicia: en el orden militar, Salta cuenta con una lista enorme de guerreros de la independencia.
Derecho: la revolución de Mayo se produjo en Salta bajo la adhesión de sus doctores y de sus licenciados en derecho.
Recordando los nombres de los cabildantes.
En la suprema corte de justicia nacional, también se destacan los nombres de hijos de Salta. Lo mismo entre la lista de
profesores de las facultades de derecho y ciencias sociales.
En el orden local, no se recorrió a extraños para la redacción de sus constituciones y leyes provinciales. Así mismo el
Juzgado Federal de Salta contó con varios jueces.
El clero: el derecho canónico también estuvo bien sostenido por los hijos de Salta. Algunos brillaron en el episcopado,
otros en la cátedra sagrada; otros por sus virtudes sacerdotales y por su claro talento puesto al servicio de las causas
políticas y de la representación legislativa de la provincia.
Medicina: Se destacan eminentes médicos salteños a nivel nacional. Graduados de medicina en España; algunos fundaron
en 1822 la Academia de Medicina y otros fueron elegidos decanos de esa facultad.
También hubo decanos salteños en la facultad de Buenos Aires quienes fundaron la Maternidad Modelo, otros fueron
profesores y decanos de la facultad de ciencias médicas de Buenos Aires.
En la Ingeniería, arquitectura y pintura, también hubo destacados nombres de salteños que desempeñaron papeles
importantes.
Historias provinciales, locales y regionales. reflexiones acerca de la construcción de los espacios para la
interpretación de los procesos históricos en salta y el NOA en Marcelo Daniel Marchionni:
Introducción
La reflexión sobre la espacialidad de los procesos sociales recorre desde las últimas décadas las preocupaciones de los
historiadores ponen a prueba y a ser cuestionados como válidos para los estudios históricos, sobre todo para los
económicos, desde los cuales se comenzó a plantear la incorporación de la categoría “región”, tomada a su vez de los
geógrafos sociales.
Quizá una de las principales dificultades para quienes intentamos realizar una “historia regional” estriba en el hecho de
que no siempre utilizamos el término “región” con sentidos idénticos, lo cual deriva en una confusión conceptual que en
algunos casos oscurece el enfoque de la investigación. En este sentido, la idea de “historia regional” sirve para rotular
trabajos que ofrecen una reflexión acerca de la delimitación espacial y una preocupación por un enfoque metodológico
que ponga a prueba los alcances espaciales de los procesos históricos estudiados, en este caso, la región tomada como
“hipótesis a demostrar”.
Las historias regionales se abocan a analizar una región en particular, se historiza un espacio dado cuyo análisis se
constituye así en la “historia de una región”, incluyendo un recorte espacial que generalmente coincide con la región
histórica construida a través del tiempo. En otro sentido, “lo regional” se confunde con “lo local” o con “lo provincial”
estas historias regionales, confundidas en algunos casos con las historias de las provincias o las locales, cobran sentido en
sus inicios como oposición a las historias nacionales, y se caracterizan por su afán de reivindicar los aportes de cada
localidad o provincia a la historia nacional. Es nuestro propósito poner en discusión los cambios en las perspectivas de
abordaje se pueden advertir en las historias provincial y regional escritas desde Salta, a lo largo del siglo XX.
La historia nacional, las historias de las provincias y las historias de las regiones como constructoras de identidad
El proceso de construcción de los estados nacionales en América Latina a lo largo del siglo XIX reconoce una serie de
fenómenos complejos entre los cuales la “invención de una tradición”. El interés por historiar las vicisitudes de la
construcción del estado, una preocupación de la elite dirigente de fines del siglo XIX tramada como la sucesión de
“héroes” y “villanos” en la versión liberal, estuvo teñido por la concepción de la preexistencia de la nación como sustrato
que orientó la definición política y territorial.
Frente a esta historia nacional, aparecen en la historiografía las historias de las provincias, que tienen la pretensión de
alzarse frente a lo “nacional” y que constituyen una colección de crónicas que supieron dar cuenta de los sucesos locales,
ensalzando a las elites que se disputaron el poder en las provincias. Muchas veces estas elites no acompañaron el
programa organizador de la nación a partir de la segunda mitad del siglo XIX; pero en todos los casos, lo que interesaba a
esta versión de la historia era contraponer héroes y legitimar situaciones locales, que abrevaran en el objetivo final de
contribuir a la organización y unificación de la nación, sobre las bases de este cuerpo identitario preexistente y como
producto de los acuerdos políticos según los principios liberales entonces triunfantes, de los cuales la historia fue su
legitimación.
En el caso de Salta esta tradición historiográfica encuentra en Bernardo Frías, a través de su obra más importante y
monumental Historia del General Martín Güemes y de la provincia de Salta, publicada a partir de 1902 en varios tomos.
Miembro de una de las familias prominentes de Salta, el doctor Frías se dio a la tarea de escribir, como él mismo lo
expresa en las primeras líneas de la obra, “la historia de un hombre y la historia de un pueblo cuyo paso por la vida ha
quedado marcado por huella de inextinguible luz”. Estas pocas palabras expresan el sentido de su historia, de su interés en
rescatar la figura del héroe que durante gran parte del siglo XIX había quedado en el olvido, envuelto en los fragores de la
lucha política.
Lo que nos interesa en este ensayo, esta historia centrada en la figura del héroe termina siendo la legitimación de una
clase, heredera a su vez de las familias coloniales que habían construido su linaje desde los tiempos de la fundación y de
las migraciones peninsulares del siglo XVIII. En el contexto de la construcción de las historias nacionales, aparece
entonces esta versión de la historia de Güemes reforzando, hacia adentro, la figura del héroe que se granjeó la devoción de
sus paisanos, de sus gauchos, y que tras una larga “incomprensión” de sus contemporáneos de la elite, fue rescatado del
olvido; mientras que, hacia afuera, sirvió para legitimar a toda la provincia, instaurándola como baluarte de la “frontera
norte” de la independencia.
Se inicia, de esta manera, la construcción de la imagen heroica de la provincia que ha dado su sangre para el logro de la
consolidación de la independencia, alcanzando así un doble objetivo. En primer lugar, se refuerza la versión de la historia
nacional que colocó los límites naturales de la nación en la actual frontera norte, proyectando hacia el pasado las fronteras
políticas resultantes del proceso de construcción del estado, concluido en las últimas décadas del siglo XIX.
Como podemos observar, esta tradición historiográfica iniciada por Frías intenta reforzar la historia local/provincial, la
historia de la “patria chica”, confundida con la historia del personaje y de una clase que devienen líderes del movimiento
de independencia. Es una historia basada fundamentalmente en la tradición oral. La afirmación de lo local, de la identidad
de la “patria chica”, queda evidenciada en el lugar secundario y hasta devaluado en que el autor coloca a Jujuy. Se
refuerzan así imaginarios sociales que enfrentan a Salta y a Jujuy y que ciertamente hunden sus raíces en las complejas
relaciones políticas que mantuvieron ambas ciudades hasta la separación definitiva de Jujuy en 1834, y que fueron
alimentadas por los historiadores locales, tanto salteños como jujeños.
Herederos, continuadores y reforzadores de la tradición de la historia provincial representada por Frías, la mayoría de los
historiadores salteños del siglo XX trazaron sus historias de Salta que, en general, reproducen con mayor o menor
profundidad o alcance temporal las líneas contenidas en los trabajos de Frías. Estas versiones del pasado colonial salteño
también se interesan fundamentalmente en salvaguardar los rasgos identitarios de la sociedad local, como una manera de
contraponerlos al aluvión social y cultural que está caracterizando el proceso de transformación social de la pampa y el
litoral argentinos, sociedad local que, huelga decirlo, sólo incluye a la “gente decente”, a los principales linajes y a sus
herederos. En esta tradición hispánica se excluye a la población indígena, una suerte de “convidado de piedra” que no
tiene presencia y que, en el marco de la visión de la sociedad que tienen estos autores, en nada contribuyeron a la
identidad salteña, reservorio de los valores “trascendentes” de la identidad nacional, es decir, de los valores hispánicos y
católicos.
El otro eje sobre el que giraron los principales trabajos historiográficos fue el estudio de la figura de Güemes con la
intención de lograr su reconocimiento como “héroe nacional”. Con ello se intentaba reforzar la identidad provincial
dotando a Salta de un héroe reconocido a nivel nacional que encarna los valores de la sociedad local y que se refuerza con
el afianzamiento de las tradiciones originadas en la presencia de los gauchos.
Esta tradición de historias provinciales, representada en Salta por estos exponentes y con estas principales líneas
interpretativas, puede hacerse extensiva a otras provincias. En efecto, podemos visualizar de qué manera estas
construcciones historiográficas fueron reproducidas en diferentes espacios provinciales legitimando a las elites locales y
reivindicando lo local/provincial frente a lo nacional. De esta suerte se fue afianzando paralelamente la reivindicación de
“lo regional”, como superador en cierta medida de lo provincial y local, y como reducto de identidades que se podían
contraponer a lo nacional, lo hegemónico y lo cosmopolita que provenía de Buenos Aires. Así va cobrando fuerza la idea
de la existencia de regiones históricamente construidas. Estas son las “regiones” sobre las cuales se diseñaron los planes
de zonificación para el desarrollo económico instaurado por las autoridades nacionales en la década de 1960 al calor de las
doctrinas desarrollistas que intentaban precisamente “equilibrar” a estos espacios diferenciados. Desde la planificación
política, de esta manera, se sancionaba la existencia de un Noroeste Argentino (N.O.A) que connotaba similitudes
geográficas e históricas entre las provincias que la conforman y cuyas economías presentan, por ende, ciertas
características estructurales derivadas precisamente de su geografía y su historia.
Quizá Armando Bazán es el historiador contemporáneo que desarrolló más acabadamente la idea de que existen las
regiones históricas, dentro de las cuales lo local/provincial se funde para dar coherencia a procesos que sólo pueden ser
entendidos en escalas espaciales mayores. La historia regional, entonces, se ubica entre las historias de las provincias y la
historia nacional, estas dos últimas útiles pero no suficientes, ya que las historias de las provincias si bien habían surgido
por la necesidad de rescatar “la contribución de los pueblos interiores a la gestación de la historia nacional” y se habían
apoyado en una ingente tarea de rescate documental desde los olvidados archivos provinciales, desconocían los elementos
comunes que las unían a sus vecinas y que trascienden largamente los límites provinciales.
La tesis central, entonces, es que resulta necesario “escribir la historia regional según el horizonte de las regiones
históricas”, lo cual “permitirá visualizar correctamente fenómenos, comportamientos y tendencias que desbordan el
marco de las provincianías”, y de esta manera, corroborar la “vigencia de una identidad histórica que perfila con
caracteres singulares al Noroeste, verdadera matriz político-social de la Argentina”. Aquí, como se advierte, no sólo se
realiza una opción por la definición de una escala espacial “intermedia” entre la nación y la provincia, sino que esta
opción se funda en la presencia “desde la historia” de una identidad que reclama ser estudiada en ese marco. Observamos
que si bien se formula como una opción metodológica superadora, en realidad constituye la prolongación de los
presupuestos presentes en las viejas historias provinciales y nacional, aunque ahora en una nueva entidad espacial que
reclama el mismo estatus de densidad histórica que los anteriores. La región -el NOA en este caso- se legitima entonces
ideológicamente por ser la “matriz histórico-social” de la Argentina, fuente por lo tanto de la verdadera identidad nacional
que se entronca con lo más antiguo de la ocupación indígena y que reclama en este sentido ser el exponente más auténtico
de la nacionalidad, y superior en jerarquía a aquella identidad construida desde el poder central. Entonces, sólo hay una
operación de “corrimiento” de la observación y de la ubicación del relato histórico desde la nación o las provincias a la
región, o sea la región histórica.
Desde estas premisas, la Historia del Noroeste Argentino de Armando Bazán constituye una obra monumental de
redacción de una historia de la región histórica que intenta articular las historias provinciales, tomando como base los
estudios tradicionales de los historiadores locales y fuentes de los archivos provinciales. En síntesis, si bien constituye
una obra de consulta ineludible por la gran cantidad de información y la utilización de fuentes que pueden dar pistas para
orientar nuevos trabajos, constituye una continuidad con las tradicionales historias que no escapa al esquema dicotómico
historia nacional/historias provinciales, estas últimas ampliadas en la categoría “región”, ni tampoco a la tensión Buenos
Aires/Interior, en esta obra puesta en clave “regional”.
Las historias locales y regionales como novedad historiográfica y como contribución a la revisión de las historias
nacionales
Frente a estas versiones de historias locales/provincia y de las historias regionales orientadas a “historiar” un espacio
regional ya predefinido por la presencia de cierta identidad generada desde la misma historia en las últimas décadas
vemos surgir una versión renovada de la historia local y de la historia regional como prácticas historiográficas.
Estos enfoques parten de problematizaciones previas generadas desde los estudios macro a escalas nacionales o
continentales, que generan interrogantes sobre los procesos históricos, y que requieren de un ajuste adecuado de las
escalas espaciales que den sentido a las investigaciones. Lo local en este caso, trasciende la versión tradicional de ser un
estudio pormenorizado de los acontecimientos que permiten “llenar con hechos” a una localidad con el fin de legitimarla
frente a otras versiones de la historia que la ignoran o la subvaloran.
Por su parte, la historia regional como práctica historiográfica ha recorrido un largo camino. Entroncándose con los
estudios encarados por la geografía e instalada entre los historiadores, la “región” concebida como el espacio social e
históricamente construido, con ciertas homogeneidades dentro de un todo más abarcativo que le da sentido, ha servido de
marco, sobre todo, para los estudios de historia económica y social. Sin embargo, estos espacios, si bien pueden
identificarse en la realidad como productos sociales e históricos, son recortados o redefinidos por el investigador en
diferentes “regiones” en función del alcance espacial de los fenómenos observados, a partir de la multiplicidad de
relaciones que los actores tejen en el espacio.
En estos enfoques también está presente la relación macro/micro, local/nacional, regional/nacional, pero los términos de
estas aparentes dicotomías adquieren nuevo sentido por cuanto el interés de los historiadores está lejos de la preocupación
por la construcción de una identidad local/provincial/regional/nacional sólidas. El objetivo es alcanzar una mejor
aproximación a los fenómenos históricos, la revisión de las hipótesis y presupuestos que construyeron las historias
nacionales, la puesta a prueba de las generalizaciones, y en definitiva, la redefinición de los espacios y escalas de análisis
para poder contrastar comparativamente los procesos en pos de la reformulación de las historias generales.
En este sentido, a partir de la década de 1980, en Salta asistimos al igual que en el resto del país, al inicio de un período de
renovación que se relaciona con los nuevos aires que se impusieron con la restauración democrática. A partir de los años
90, la vuelta de una renovada historia política y la apertura de los estudios historiográficos hacia temáticas diversas
ancladas en las cuestiones sociales y culturales, ampliaron aún más el horizonte temático y los estudios historiográficos
presentes en las cátedras de Historia.
Los cambios producidos en el interior de las cátedras también se pueden observar en la formulación de nuevos planes de
estudios, como por ejemplo la reforma realizada en el año 2000. En ese momento se produce la incorporación de
asignaturas que introducen a la formación de los futuros profesionales la reflexión sobre el espacio y la espacialidad de los
procesos históricos. De esta manera, las preocupaciones por la vinculación entre historia y geografía, por una parte, y la
proliferación de estudios regionales por otra, se reflejan en el actual plan de estudios de Historia que incorporó las
asignaturas “Espacio y Sociedad” preocupada por la reflexión teórica y metodológica sobre los estudios regionales. En el
último caso, constituyó para los estudiantes un espacio de trabajo en el que tomaron contacto con historiadores de la
región y de otras regiones, preocupados por redefinir los marcos explicativos generales de la historia argentina desde
enfoques conceptuales renovados.
Desde el punto de vista de la producción historiográfica en Salta, también a partir de fines de los años 80 se puede advertir
la formación y consolidación de equipos de trabajo surgidos de las cátedras universitarias que intentan dar cuenta de esta
renovación en los estudios locales y regionales, desde enfoques renovados y con la intención de superar las historias
descriptivas y legitimadoras que caracterizan a la historiografía del siglo XX.
Párrafo aparte merece el incremento de las tesis de licenciatura en los últimos años en la carrera de Historia, referidos a
temas de historia de Salta desde perspectivas renovadas. Así, encontramos trabajos sobre demografía, familias y
patrimonio, poder político, matrimonios, capellanías y jesuitas para el período colonial; tesis sobre sectores populares y
producción en el chaco salteño para el siglo XIX.
En la producción historiográfica actual los trabajos de Sara Mata ocupan un lugar destacado28, inicialmente orientados
hacia la historia económica colonial, en especial referida a temas de historia agraria, para concentrarse en los últimos años
en estudios sobre los conflictos sociales en la campaña de Salta durante el proceso de independencia. En este caso, nos
centraremos en su obra más importante Tierra y poder en Salta.
Más adelante aclara que “la explicación de estas particularidades, luego de ser identificadas, deberían contribuir a
replantear los problemas vigentes a nivel regional y permitir analizar los procesos históricos del siglo XIX desde una
nueva perspectiva”. En esta formulación podemos visualizar de qué manera la autora incluye su trabajo “microanalítico” y
restringido espacialmente dentro de una preocupación mayor que es confrontar las particularidades de este espacio
respecto de la producción agraria en América colonial en general y del resto de la región en particular. Si bien reconoce
que su delimitación regional parte de la región histórica (el NOA), a su vez no presupone que existan homogeneidades o
procesos únicos en su interior. Este es un espacio “justificado” por la posibilidad de análisis de las fuentes “locales”, a la
vez que por su valor explicativo. En efecto, el análisis contrastivo de la complejidad social y económica de los valles y la
frontera, permiten descubrir particularidades respecto de otras ciudades de la “región” y también dentro de un espacio
mayor en un momento de cambios en los “equilibrios regionales”, producto de la atlantización y la emergencia de Buenos
Aires como centro comercial y político.
Integrando el equipo de investigación dirigido por Sara Mata, encontramos a un grupo de investigadores, del cual formo
parte, que se encuentra abocado a analizar otros aspectos de la Salta finicolonial y de las primeras décadas posteriores a
la revolución, con la intención de profundizar los conocimientos del ámbito local, pero preocupados también por
establecer vinculaciones entre estos procesos y los operados en otras ciudades y espacios regionales a fin de poder
reformular o complejizar las hipótesis centrales de los análisis históricos generales.
Palabras finales
Sin duda, estos exponentes de una historia regional renovada nos permiten afirmar que se está produciendo un cambio
importante en la construcción del saber historiográfico. Nuestros condicionamientos actuales nos llevan a replantear los
presupuestos sobre la utilidad de categorías como provincia, localidad, región o nación para nuestras investigaciones.
Frente a las “historias nacionales” que pretendían dar cuenta del proceso de formación del estado y la homogeneización de
las sociedades identificadas con un pasado común, y a la más renovada historia social y económica elaborada con los
modelos conceptuales vigentes a partir de las décadas del 60 y 70, los estudios regionales intentan contribuir a una visión
más complejizada que admite precisamente estos “matices” en los diferentes espacios. De esta preocupación dan cuenta
los trabajos recientes que hemos citado y comentado.
Ciertamente la organización de jornadas de trabajo sobre historia regional como esta en la que se presenta este ensayo, y
la proliferación de mesas sobre temáticas regionales en las jornadas de historia realizadas en otros ámbitos , muestran a las
claras que es una preocupación común de estos años “desarmar” y “rearmar” la historia nacional y los modelos
explicativos generales, como así también las propias historias regionales y provinciales, a fin de poder hacer más
significativos los procesos históricos analizados
AGUSTIN ROJAS “La Academia Nacional de la Historia Argentina y sus proyectos de historia provincial / regional
durante el siglo XX”
Introducción
En este trabajo se analiza diversos impulsos institucionales y representaciones conceptuales ensayados por una de las
mayores instituciones culturales de carácter oficial de la Argentina, "LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
(ANH) en torno a la historia provincial y regional a lo largo del siglo XX
la ANH ERA EL PORTEÑISMO DE LA HISTORIA OFICIAL. La articulación de historiadores de capital federal y del
interior se desarrollaron de forma sostenida, dicha sociabilidad confirma un fenómeno de larga durabilidad, solidificados
en base a redes reciprocas y convenios institucionales eficaces.
Si bien la ANH deseaba configurar una "historia nacional" verosímil necesitaba, contar con los aportes de historiadores de
provincia y sus realidades epistémicas, a través de regulares intercambios, circulación de artefactos y consensos
interpretativos, estos agentes pudieron avizorar una comunidad de interés. El concepto de región susito rechazos o
consensos, el conflicto interpretativo reflejo con nitidez las diversas prácticas, así como inconexiones entre las mismas
ciencias sociales a la hora de establecer criterios. La historia ha compartido esta inquietud con disciplinas tan diferentes,
nada mejor que un análisis histórico para desentrañar y comprender las mutaciones conceptuales. Sobre tales numerosos
esfuerzos sectoriales tendiente a una autoafirmación de lo nacional.
Por el prolongado intento de la ANH de estabilizar un relato totalizador, debe comprenderse como una operación no solo
de corte académico sino claramente ética-política. ¿Cómo la ANH ha gestionado la tensión Nación/provincias?, ¿cómo
evolucionaron los contactos y solidaridades académicas entre las comunidades historiográficas?
De las crónicas a la “simbiosis erudita” entre historiadores de provincia y la Nueva Escuela Histórica
Desde finales del siglo XIX el crecimiento de las comunidades letradas y elites intelectuales en Latinoamérica estuvo
acompañado por una mayor predisposición a interpretar el pasado. En el caso de Argentina se desarrollaron auténticas
significaciones de carácter "nacional y "local" destinada a la emergente opinión publica estipulada por la expansión del
sistema educativo, la prensa y la burocracia estatal Los principales centros urbanos asistieron a un proceso de producción
de escrituras amparadas en un presunto nuevo régimen de verdad, puede apreciarse una extendida aceptación de la
historiografía erudita documental tanto entre historiadores de la ciudad de Buenos Aires como numerosos historiadores de
provincia. Para las elites que sobrevivieron a las guerras civiles, intervenir públicamente exigía afirmarse en referencia
concretas con relación al pasado reciente, de modo que Mitre, López, Sarmiento, Paz, Vélez Sarsfield, aportaron las
primeras representaciones que alimentaron la cultura nacional durante décadas
La incipiente historia oficial no estaba exento de controversias, prácticamente desde Mitre hubo resistencia como López o
Vélez Sarsfield, en cuanto a los caudillos cuando no eran bastardos o anarquista cargaban con el estigma de haber sido
una sucesión de democracias barbaras contrarias al diseño apolíneo. Las polémicas se habían vinculados con el mito de la
prelación de la nación sobre las provincias (chiaramonte)
Desde distintas provincias segmentos letrados diversos reaccionaron contra alguna de estas imágenes. Eran correcciones,
reivindicaciones sobre héroes locales olvidado Numerosos intelectuales de provincia como Rojas, Cervera, Carcano y
Lassaga entre otros, buscaron acelerar el papel de las provincias dentro de las fisuras del relato nacional De acuerdo a T.
Martínez el espacio en donde los intelectuales de provincias ejercían sus prácticas se trataba de una dimensión social
concerniente a dinámicas de circulación, recepción e intercambios culturales signadas por audiencias limitadas y una
labilidad entre lo público y privado. Estos intelectuales funcionaban como comunidades interpretativas, algunas modestas
y otras con mayor grado de autonomía, nucleadas en torno a centros universitarios como en las ciudades de Córdoba, La
Plata y Mendoza y Santa Fe, también en los clubes sociales o escuelas normales en los casos de aquellas provincias con
insuficiente instituciones.
Mitre junto con su equipo fundaron la flamante Junta de Historia y Numismatica americana (JHNA) primera institución
de proyección nacional concerniente al conocimiento histórico, la misma fue expandiéndose gradualmente tras incorporar
precozmente a un número cada vez mayor de cronistas provincianos quienes respondieron con entusiasmo a la iniciativa.
Dentro del proyecto de una historia oficial para la creación de identidad nacional. La versión oficial no se enfrentó a las
provincianas sino que siempre se intentó articular esta, de buena o mala manera. Esto se ve claramente que incluso bajo
mitre la JHNA tenía a Garzon Y Lassaga. A través del fortalecimiento de los espacios institucionales tendientes a
jerarquizar el estatus cognitivo de la disciplina mediante conexiones con los escenarios internacionales hispanoamericanos
emergieron (20´) grupos de historiadores insertos en dispositivos académicos Pronto seguidores de la NEH figuras como
Levene Carbia, Molinari y Ravignani se identificaban como continuadores de la labor de mitre.
La política de acercamiento de la NEH a los historiadores de provincia se perfilo de la mano de intelectuales como
Carcano presidente de la JHNA durante los periodos 1919 y 1923 y 1931 y 1934. La junta adquirió el rango de Academia
Nacional de la Historia en 1938, el estado nacional de la mano del presidente Justo había reconocido como historiadores
profesionales a estos elencos, habilitándolos a escribir los volúmenes de la historia nacional argentina 1936-1950. Tal
empresa colectiva había contado con aportes concretos de historiadores de provincia como los cordobeses Martínez, paz,
Cabrera y los bonaerense Barba y Heras.
Las vetas revisionistas florecieron en el interior de manera muy temprana, Ravignani había enviado a copistas y ayudantes
archiveros a misiones científicas destinadas a transcribir las constituciones provinciales, el esquema de inteligibilidad
propuesto concebía reconocer el papel de las provincias en el cuerpo nacional sin desconocer la prelación de la nación.
Dentro de las primeras iniciativas formales de encarar proyectos de envergadura institucional figuran los eventos
“Congreso de Historia de Buenos Aires y sus Pueblos" (1950) "Primer Congreso de Historia de Cuyo" (1938) y el
“Congreso de Historia Argentina del norte y del centro” (1941), eran producto de demanda de provincianos, apoyadas
desde luego por académicos de buenos aires. la ansiada historia nacional no dejo de visualizarse como un relato sagrado
constituido internamente por la suma de las llamadas historias provinciales, las cuales estuvieron lejos de ejercer
cuestionamientos al método, el estimo y la política de la historia liberal. El erudito Carbia se había ocupado
especialmente de jerarquizar cognitivamente diferentes géneros, asociados a etapas evolutivas de desarrollo
historiográfico, cuyo resultado culminaba favorablemente en su propia generación.
La “Historia regional” en la agenda de la Academia Nacional de la Historia
Desde mediados del siglo XX comenzaron a desarrollarse frecuentemente procesos políticos de demarcación regional
sobre el territorio. El territorio nacional fue circunscripto entre 1943 y 1992 concebidos como regiones. Indudablemte,
estos cambios impactaron sobre las categorías y reflexiones de los historiadores. El interés público de la ANH en la
regionalización vieron la oportunidad para expandir proyectos colectivos.
Los 60` se destacó por haber estado signado por grandes empresas historiográficas: la supervivencia de la NEH, la
expansión de perspectivas revisionistas penetrando el heterogéneo arco de las izquierdas y el intento de arraigo
institucional por parte de la historia social de la mano de historiadores socialistas. Zorraquin Becu (1962-66) y M. A.
Cárcano (1967-69) habían implicado nuevos horizontes editoriales, retomaron el proyecto colectivo leveniano llamada
"historia contemporánea argentina (1963-67)". El volumen "Historia de las provincias" exhibía acercamientos novedosos
hacia la historia económica, resultados de proyectos académicos que emplean escalas regionales más amplias que los
elegidos provinciales.
La ANH comenzaría a interiorizarse cada vez con mayor profundidad con una posible esperanza de ejercer la tutela de los
estudios sociales y económicos nacionales. Historiadores económicos de perspectiva institucionalista: Santos Martínez
"Historia económica de Mendoza (1961), H. Cuccorese "Historia de los ferrocarriles en argentina (1969), Mariluz Urquijo
"estado e industria", estos no se inclinaron a una estricta historia económica, sino una perspectiva jurídica y análisis de las
políticas gubernamentales afectando a la producción. La Escuela Histórica de la plata planteaba un regreso a él vínculo
con la tradición mediante el control de cátedras de especialidad en tópicos americanistas y espacios científicos de
investigación.
Desde 1956 la planta docente platense experimento un auge de proyectos colectivos cuyos artefactos culturales circularon
a nivel nacional. Resulta notorio la articulación acentuada con distintos historiadores del país. Seria "trabajo y
comunicaciones” la que concretaría mejor una articulación estable entre historiadores de la provincia con profesionales
radicados en Buenos Aires y la plata.
Un fenómeno que explica el impacto de la modernización historiográfica fue la inclinación de los investigadores de esta
casa de estudios a la historia económica, sobre todo la historia agraria en clave regional, aunque la expresiones propias de
la historia política tradicional continuaron, las incursiones en el estudio de la colonización agrícola, el modelo
agroexportador y las políticas económicas estatales ocuparon un lugar creciente entre las revistas científicas.
sesquicentenario de la revolución de mayo - IV congreso de historia de américa: la interpretación del fenómeno
revolucionario muchas veces no coincidía con los relatos historiadores de provincia quienes lo consideraban como un
atropello capitalino, además de plantear que la patria era anterior al estado nacional, arraigada remotamente en las
provincias como herederas directas del régimen intendencial colonial (Ruiz, Acevedo). Las respuestas a tales demandas:
posibilidad de conceptualizar una historia regional como equilibrio metódico la historia interprovincial y regional para
acceder a una imagen más nacional verdadera. Segreti que confiaba en lo que llamaba ha. Interprovincial como solución
parcial al problema. Se necesitaba una definición de provincia, era normal la perspectiva jurista para esta definición al ver
el origen institucional del estado en las provincias
También participaron Ernesto Maeder y Bazan, coincidiendo enormemente en el planteo de Segreri, ya concebían en los
60 una sección de historia regional en la universidad nacional de cuyo y celebrando sucesivos congresos . 1970 II congreso
de historia de buenos aires. Definió la ha. Regional así: Las historias provinciales o regionales aparecen como elementos
secundarios que integran un sistema cuyo centro gravitacional esta en buenos aires, ha comenzado a aplicarse en el país de
acuerdo a las metodologías más modernas que dieron en Europa y particularmente en Francia, regiones no son solamente
aquellas como el litoral.
Por iniciativa de Segreri y Gonzalez en 1970 la ANH inauguro el primer congreso de historia argentina y regional. La
ANH no se encontró al margen E. Barba (1976-88) propuso que la corporación sumara nuevos enfoques y ampliara los
existentes en cuanto a la historia económica y la historia social. Desde los 70 se observa un acercamiento a la historia
económica-social, Barba aprovecho sus vínculos con académicos del interior para proyectos madurativos que abrazaran
una posibilidad de institucionalización --> Desde el segundo Congreso de historia argentina y regional (1973), Tercer
congreso santa fe y panamá (1975), el congreso nacional de historia sobre la conquista del desierto en general Roca
(1979), Una década de expansión ascendente de una historiografía económica muy heterogénea. La ANH experimento
durante los gobiernos de factos, oportunidades tangibles para el impulso de la historia regional, el CONICET había sido
hegemonizado por historiadores de la ANH (Cucorese y Urquijo), ellos financiaron la trayectoria de los siguiente agentes
(Maeder, Bazan y Ruiz, Blaha y Amaral)
Maeder se había destacado por "historia del chaco y sus pueblos" (1967). El carácter embrionario de las instituciones
productoras de conocimiento social en la UNNordeste además de su compromiso con la construcción de la cultura
hispánica regional. Una evidencia de la gravitación de Maeder es la dirección del instituto de historia argentina
confirmando su identificación con esa casa de estudios, la revista Folia histórica del nordeste comenzó a circular desde
1974 especial interés sobre la historia colonial, siendo la demografía histórica y aspectos comerciales regionales, los ejes
relevante.
Uno de los logros de Maeder fue haber formado parte de la reacción del instituto de investigaciones geohistoricas (IIGHI)
EN ORRIENTES 1979- Fue resultado de la conjugación de proyectos preexistentes de distintas facultades y áreas
especializadas de la universidad nacional del nordeste, no fue una creación espontanea del proceso.
La región se presentaba como un proyecto antes que un hecho, lo cual ponía en tensión los esfuerzos por fundamentarla
con las observaciones de la realidad que los investigadores realizan. La posibilidad de un región nordestina rompía con la
rigidez territorial del estaco nación, en la práctica se sustituía un esencialismo por otro.
La IIGHI acabo expresando límites inexorables En la Universidad de Cuyo miembros de la universidad como Comadran
Ruiz, P. Santos Martínez y Acevedo, reconstruyeron los circuitos productivos, la historia de la agricultura y comercio,
aspectos demográficos. El CONICET aporto numerosos recursos administrados por estos agentes quienes logran nada
menos que asesorar la ampliación del ejido provincial. En el periodo democrático el centro interdisciplinario de estudios
regionales (1986) cuya revista de estudio regional constituye un ejemplo clásico de enfoques geohsitoricos.
Miembros de la ANH de Catamarca, Bazan, comenzaba a proyectarse a través del Centro de Investigaciones de Historia
del Noroeste Argentino (1983) Bazan reivindicaba la supuesta estabilidad de la etapa colonial, con divisiones políticas
coherentes e insistía en la preexistencia de regiones.
En la universidad nacional de la plata y la universidad nacional de Córdoba prevaleció un perfil profesional mucho más
moderno y distante. Los herederos de la Escuela de Historia de la Plata (Girbal de Blaha, C. Mayo, Mallo y Amaral)
lograron a diferencia de sus mentores adaptarse con éxito a los paradigmas científicos, jerarquizándose en el CONICET y
permaneciendo en sus cátedras durante el gobierno de Alfonsín.
Jacques Revel
Desde los ochentas el programa de una microhistoria fue percibido como una propuesta nueva, pero también una que
molestaba, primero porque este programa rompía con las convenciones sobre lo tácito de la historia social que dominaba.
Cuando pasa el tiempo y la historia global parece tomar el primer plano los métodos y programas que cubren todo el
campo histórico, reivindicando la toma en cuenta de fenómenos masivos amplios.
La tesis que defiendo es la de que la microhistoria y macrohistoria son a menudo percibidas como propuestas alternativas
o antagonistas que permiten reunir una cantidad de interrogantes sobre el funcionamiento de los objetos sociales.
Esto no es un nuevo debate, se inicia con la publicación de Fernand Braduel el Mediterráneo a favor de una historia que
cual sea el marco geográfico y cronológico que se anuncia en el título en un proceso de larga duración. También tenemos
los estudios de Luis González, mexicano que hizo una obra sobre la microhistoria analizando una comunidad de
Michoacán con una duración larga, observación cerca que permite observar partes de la historia escondida, el hizo la
monografía de un pueblo.
Braudel no tenía buena opinión de la microhistoria, la identificaba con la pequeña historia o la tradicional, pero ambos
tenían la conciencia de escoger una historia particular es eliminar una pluralidad de otras posibles. Por lo cual no cesó de
argumentar las razones de sus opciones y explicar el sacrificio de escribir sobre solo una.
Desde el siglo XIX los historiadores tienen diferentes instrumentos analíticos, relacionados con las realidades que
estudiaban son diversos algunos de tratamientos de datos, otras categorías de descripción, o modelos, hipótesis ligadas
entre sí, su finalidad es entrar una versión del pasado para ser validada en la investigación.
Una refinación de los instrumentos permite que el historiador tome los datos que son necesarios para su hipótesis inicial.
Relleno → Salto a lo importante.
La tesis que quiero defender es que el principio de la variación de las escalas, el juego de las diferencias de escalas de
observación y de análisis produce discontinuidad y ella tiene su eficiencia en el análisis.
Situemos el ejemplo de Eduard Thompson, él hace un análisis de la clase obrera y sigue el proceso o etapas de esta, no era
un microhistoriador pero él emprendía el estudio de un fenómeno masivo pero también capta lo ocurrido en las relaciones
humanas en otro nivel. El fenómeno global es un punto de llegada de todas las transformaciones limitadas en lo local.
Muchos estudios reivindican la micro historia, analizando un fenómeno local o principal para poner en contacto con los
grandes ciclos o resultados globales, y con otras disciplinas. Esto que permite que aparezcan otros hechos, entender
lógicas sociales de naturaleza diferente, nuevas interpretaciones, y saber cómo, porque funciona este fenómeno a nivel
global.
ESTUDIOS DE CASOS:
KINDGARD, Adriana, 2011, Sobre Historia Regional y microhistoria italiana.
El texto de Adriana Kindgard “Sobre historia regional y microhistoria italiana. Diálogos a propósito de una experiencia
política local en la Argentina de 1930” nos introduce con un caso que data de 1930 en la política de la provincia de Jujuy,
que durante esa década seria gobernador representando el partido radical, Miguel Aníbal Tanco. Para iniciar con esto, a lo
largo del texto, el gobierno y los pueblos locales van a estar en tensiones que nos llevan a entender el pedido de trabajo y
otros beneficios para no seguir con una herencia colonial de pobreza ni de esclavitud, sino un pedido de libertad y trabajo.
Citando a Kindgard en su resumen;
“Hacía décadas de 1930 se argumenta que las posibilidades de diálogo entre la historia regional y la microhistoria italiana
dependen del posicionamiento previo en torno a la problemática epistemológica de la tensión entre explicación y
comprensión”
Con esta cita me parece importante tomar el papel de la microhistoria italiana, que aparece como una reacción a una
manera de hacer historia, también aparece cómo una crítica luego de la crisis de los paradigmas, de corte cuantitivista y
serial que planteaba los anales. El planteo fundamental es retomar el carácter científico de la historia y hacer una revisión
de los mecanismos, sobre todo revisando el mecanismo que los historiadores entraban las causalidades en los hechos.
Dentro de estas dimensiones aparecen las preguntas de ¿Cómo dimensionar los fenómenos históricos?, ¿qué sentido tiene
reducir la escala de análisis?, ¿Con qué finalidad se las reduce?, ¿quién va a ser ese objeto de estudio?, ¿Qué entendemos
por representatividad de un fenómeno que nos permita reducir la escala justo en ese punto para poder explicar un
fenómeno más complejo? La complejidad está puesta en para qué sirve reducir la escala y sí a partir de esa reducción esto
nos llega a lograr un camino diferente a una suerte de HISTORIA TOTAL pensada en términos diferentes en las formas
que estaban pensando sobre historia total (La escuela de Anales).
El caso estudiado por Kindgard es de ciertos actores sociales que analiza sus prácticas, las captura a través de un
ejercicio de “contextualización” que apunta hacia el particular marco histórico en el que el fenómeno resulta inteligible.
Este análisis micro histórico italiano corre con toda una propuesta que se va construyendo desde una diversidad de
propuestas; al interior de esta hay tres corrientes: MICROHISTORIA, LA HISTORIA LOCAL Y LA HISTORIA
REGIONAL.
Dentro de la microhistoria, la propuesta, si bien tiene una preocupación, un enfoque hacia lo micro, entienden que la
posibilidad de lograr explicaciones complejas y efectos de conocimientos de los procesos sociales que se están estudiando
no basta con reducir la escala de análisis a su mínima expresión, sino que el conocimiento opera en la variabilidad de las
escalas. Esta distinción la plantea Revel, que analiza el potencial que tiene la posibilidad de la variación de escalas. Este
“juego de escalas” de Revel, una vez que uno identifica una práctica social, significativa, para poder entender el sentido
de los actores sociales que le dan a esa práctica es necesario remitirse a una escala mayor (Aquí es bueno poner el ejemplo
de la crisis que estaba atravesando la provincia de Jujuy y otros sectores del país). Por otro lado, también los que
defienden los estudios micro en el campo de la antropología entienden que la posibilidad de observar lo micro engendra la
pista causal que permite llevarnos a la comprensión de fenómenos de corte macro. Dentro de la historia local, con
González y González, la preocupación de lo local no tiene un sentido afectivo, sino que se entiende que es el espacio
privilegiado para poder entender los procesos, por ejemplo, de construcción de identidades. Lo local no está reducido a
una escala fija, sino que es una escala flexible en la cual uno puede comprender el entramado en la cual se gesta
fenómenos identitarios. La otra línea que trabaja en la reducción y variación de las escalas es la Historia Regional. La
propuesta desde esta perspectiva teóricamente guiada son diversas: se puede seguir la línea de Cerruti donde él prefiere no
hablar de historia regional, porque en el momento que plantea no había consenso acerca de cómo entender una historia
regional con una práctica que tenga consensos teóricos metodológicos. Es más valioso hablar de estudios regionales
pensándolas como conceptos flexibles que a él le permiten traspasar las fronteras estatales y pensar en problemáticas que
trascienden el estado nación.
La idea de pensar en los fenómenos micro radica en una búsqueda de una variable adecuada para hacer fructífero y
escapar de categorías apriorísticas (idea de mercado nacional) sino también de otras categorías (familias o estos grupos
sociales que estaban pidiendo trabajo al gobierno jujeño). La reducción de escala permite observar comportamientos, la
experiencia social y poder dar cuenta de una variedad de actores sociales que no se pueden percibir desde una escala
mayor. Permite observar comportamientos y experiencias y las formas en que los actores significan estas experiencias y le
dan sentido a su comportamiento. Esto, desde una escala macro (a nivel nacional es imposible de poder observar).
Entonces lo que están pensando estas líneas es que el potencial que tiene la reducción de escala le permite aproximarse a
todas estas cuestiones. Aquí atraviesa las escalas y la posibilidad de pensar en lo micro; el tema de las escalas es un
problema que atraviesa a todas las investigaciones históricas. Reducir la escala no implica considerar actores pequeños ni
observar cosas pequeñas, sino que es una aproximación de ver más de cerca, o sea, por ahí pasaría la idea de pensar en la
escala.
En la idea de los grupos sociales que plantea Kindgard podemos referirnos a una escala que es flexible porque se deben
ajustar al objeto de estudio para verlo de más de cerca o más lejos. ¿Qué implicaría ver más lejos o más de cerca? Cuando
se plantea esta idea de más de cerca es cuando uno busca un fenómeno pequeño, estudiar un fenómeno en particular.
Cuando uno se va acercando puede ver realidades más complejas y diferentes a lo que uno puede percibir de más de lejos.
Las escalas no se imponen por sí mismo, sino por parte del historiador que se está planteando un problema de
investigación y que es un instrumento que puede abordar ese problema de investigación. ¿cómo fijamos la escala
correcta? El problema nos lleva a fijar la escala correcta de análisis. Desde este lugar las escalas NO SON ESTÁTICAS Y
SIRVE PARA GUIAR LA INVESTIGACION.
Reducir la escala permite elaborar un instrumental conceptual más preciso. Desde ahí poder observar una selva de reglas
que no son necesarias, que están operando en un espacio mayor. Estas reglas nos permiten ver situaciones más complejas,
experiencias que tienen los actores y también, que es necesario para comprender los sentidos es necesario el ejercicio de
contextualización. Aquí va a cambiar la “idea de contexto” desde donde estemos posicionados. Desde esta perspectiva los
contextos, no hay uno solo, hay múltiples, se redefinen con el tiempo, tienen una densidad histórica. Esas pistas de sentido
anclan en procesos históricos. La reducción de la escala nos permite dar cuenta de una heterogeneidad de actores sociales,
aquellos que aparecen como grupos intermedios. Aparece una diversidad de actores sociales que nos permiten observar las
tramas históricas con una complejidad mucho mayor.
La valoración de las escalas, para Giovanni Levi, es un “modo de captar el funcionamiento de mecanismos de poder que
en un nivel macro quedan cosas sin explicar”. Justamente, la posibilidad de reducción, y luego de variación de escalas,
nos permite poner en tensión todo nuestro aparato conceptual. Este autor no solamente se centra en este punto, sino
también en lo “representativo” que esa palabra nos lleva a entender una red que expresa una extraordinaria variedad de
formas y que tienen una gran capacidad explicativa pero que están ocultas a la mirada del historiador. El punto de partida
de la investigación de Kindgard es una “excepcional normal”, ella no tiene un grupo definido, pero con el análisis de
fuentes puede identificar al grupo. El ejercicio de contextualización es lo que le permite a ella, a través de esas reuniones,
poder entender ese grupo de personas.
FRADKIN, Raúl, 1998, Procesos de estructuración social en la campaña bonaerense (1740 - 1840). elementos para la
discusión. en Travesía, Revista de Historia económica y Social N°1, 2° semestre, PP 41 - 62.
INTRODUCCION
Los estudios sobre estructuras sociales suelen afrontar la dificultad de otorgar dinamismo a su análisis y dar cuenta de la
acción social. Han surgido varias vertientes que intentan resolverlo, se destaca la historia social desarrollada en el cauce
abierto por Thompson o la microhistoria italiana.
Especialmente la noción de estructuración trata de afrontar la cuestión: se refiere a la reproducción de las relaciones
sociales a lo largo del tiempo y espacio y alude no solo a las posiciones en la estructura social sino a los procesos de
construcción de esas posiciones y de relaciones entre posiciones
Para ello retomaremos algunas de estas propuestas teóricas para observar la trama de relaciones y posiciones sociales que
se estructuran en torno al arrendamiento de tierras y las modalidades que adopto la acción social basándose en los
resultados que viene arrojando.
1. LA CAMPAÑA BONAERENSE EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX: POBLACIÓN Y MIGRACIONES.
Los arrendatarios y los arriendos es solo una de las formas que presenta el acceso al usufructo de la tierra. Hacia 1744
Buenos Aires era un área de poblamiento antiguo, con una población urbana superior a la rural y ya recibe contingentes de
migrantes internos que habrían de constituir parte sustancial de los pobladores y la mano de obra. Tres hechos nos acercan
a su configuración: 1- recién hacia 1730 comenzaremos a tomar forma los curatos rurales y existían muy poco poblados;
2- siendo un área de frontera con los indios solo hacia 1780 vio la formación de una serie de fortines; 3- solo dos alcaldes
ejercían su jurisdicción sobre la campaña a mediados de siglo y recién en los años 80 su número se multiplico. Era una
reducida campaña y estaba poblada apenas por unas 4.600 personas.
ej. los arroyos - Lobos, se trata de un área de frontera agrícola, de poblamiento reciente que ha permitido la instalación de
familias de origen migrante o constituidas en el proceso de migración.
La variedad que presenta los contextos locales sugiere la existencia de configuraciones sociales diversas y los enfoques a
nivel micro permiten observar fenómenos que sino pasarían desapercibidos. Concepto de "local" o "sede", así define
Giddens una región física implicada como parte del escenario de interacción social y se refiere al modo en que se emplean
los recursos materiales durante el transcurso de las rutinas sociales.
El arrendamiento como una de las instituciones generadas por mas prácticas sociales rutinarias y a los pequeños núcleos
que han ido concentrando el asentamiento como los contextos específicos de interacción social.
se trata de escenarios circunscriptos que ayudan a concentrar la acción social en un sentido o en otro. La inmensidad de la
pampa colonial puede ser así enfocada de otro modo, atendiendo a la existencia de una serie de escenarios que daba su
magnitud y la trama de interacciones pueden pensarse como una serie de comunidades locales que se estructuran sobre la
base de lazos muchas veces personalizados.
2. TENENCIA DE LA TIERRA Y ARRENDAMIENTO.
La cuestión del régimen de tenencia de la tierra. El área presentaba un régimen de propiedad sin consolidar y que la gran
propiedad no había adquirido una primacía indiscutible, un creciente interés en 1790 y después de 1815. La producción de
la estancia era diversificada y era generalizada la presencia de propietarios medios y pequeños y de estancieros sin
propiedad de la tierra: apenas un 52% de la estancia inventariadas indican la propiedad de la tierra.
El arrendamiento como una de las formas posible de acceso a la tierra. Entre los arrendatarios, como entre los pequeños
productores, predomina la explotación doméstica y el peso de la familia nuclear es decisivo. Solo un grupo muy
restringido de unidades llega a superar los 10 pobladores, entrelazando grupos familiares por parentesco, el conchabó o el
agregamiento. Se considera que el carácter domestico impregna el conjunto de las relaciones sociales que en ella se
desarrollan: ni el trabajo conchabado ni la esclavitud están completamente despojado de este carácter.
La difusión de los arrendatarios obedece a factores de determinación local 🡪 algunos factores de atracción, la estrategia
de algunos propietarios orientadas a la obtención de ventas, la reducción de costos monetarios y la afirmación de sus
derechos de propiedad.
Una atenta lectura del padrón sugiere un patrón de asentamiento que puede implicar la existencia de una disponibilidad de
fuerza de trabajo mayor, la reiteración de apellidos en unidades contiguas sugiere lazos surgidos por la vecindad de origen
de los pobladores migrantes y los lazos de vecindad trabados en el área.
Lo que el padrón de 1744 nos muestra es una compleja jerarquía interna entre los arrendatarios aun dentro del restringido
marco de dichas unidades: de allí la presencia de parientes, agregados o pobladores en compañía. Esto sugiere un proceso
de recepción de migrantes en el cual podía desplegar una estructura patrimonialista de asignación de recursos domésticos .
La estructura de poder domestico se transforma en dominio patrimonial. Mayo: el predominio entre ellos de los migrantes
internos y el peso de los vínculos de alianza cuando se presentan relaciones de parentesco.
La condición de arrendatario no se vincula a ninguna diferenciación étnica regional. La campaña se evidencia, así como
un área social esencialmente mestiza, realidad paradójicamente oscurecida, por el blanqueamiento general que se registra.
Arrendatario --> status a nivel local; arraigo en el área.
Podemos encontrar un importante peso del arrendamiento antes del crecimiento significativo del mercado local, de la
ocupación más densa de la campaña y la apropiación efectiva de la tierra. El arriendo tendera a generalizarse, aunque
condicionado por la disponibilidad de tierras creciente que genera la expansión fronteriza.
Importante presencia de arrendatarios en la propiedad eclesiástica: los 36 de Areco en 1789 estaban en tierras betlemitas
como también los había en sus estancias de Fontezuelas y Arrecifes aunque no hemos podido precisar su número. Algunas
fuentes locales (la Matanza) ven un incremento en las unidades domesticas arrendatarias.
Se ha incrementado la importancia de las diversas formas de aparcería ganadera, a mediados del siglo XIX la presencia de
los inmigrantes irlandeses que se asentaron como aparceros se inscribe en una tradición muy anterior; téngase en cuenta
que solo 25 de los arrendatarios de Cañuelas en 1836 eran extranjeros, pero ya los arrendatarios eran una porción decisiva
de los pobladores de la zona. Lamentablemente no es posible efectuar una comparación general para toda la campaña
entre 1744 y 1815 en base al mismo tipo de fuentes. El promedio de utilización por unidad de esclavos y peones ha subido
levemente pues en escobar se utilizaban 1.4 peones y 1.4 esclavos y en matanza se pasa a 1.8 peones y 2.3 esclavos,
señala un incremento sustancial del porcentaje de unidades que utiliza fuerza de trabajo externo sino también que el
promedio por unidad ha crecido.
La unidad de producción arrendataria había sido y seguía siendo una unidad basada en el trabajo doméstico; su acceso a
fuerzas de trabajo externa estaba limitada a un pequeño número de ellas.
Podemos pensar al arriendo como integrando la definición de un campo, en términos de Bourdieu; es decir un espacio
estructurado de posiciones definido por aquello que en él está en juego que orienta las estrategias de los agentes
comprometidos constituyendo el principio de estructuración de sus prácticas.
De este modo el arriendo puede ser enfocado como uno de los modos de definir las posiciones en el campo. Dos factores
aparecen como decisivos:
a. La movilidad de los pobladores.
Una vez pactado el arriendo se convierte en un permiso de acceso a la tierra que al menos abarca un año, lo que no
significa que el arrendatario este solo por ese lapso. La mayor parte presentan una gran inestabilidad en su instalación y
solo una porción reducida se arraiga y no pareciera haber habido ningún mecanismo compulsivo exitoso para arraigar a
los arrendatarios.
El alza del precio del trigo a principios del XIX, es congruente con la información disponible sobre la extensión del
arrendamiento. El pequeño productor arrendatario parecería guiarse por la búsqueda de nuevas tierras para continuar su
producción salvo que obtuviera una baja de los montos de renta que compensara la baja de los rindes en época malas o
que los mayores montos los pudiera compensar la localización.
La incidencia de la renta sobre la unidad arrendataria más frecuente y que abona unas 4 fanegas anuales, pero puede llegar
a ser devastadora. Su magnitud no está en condiciones de sustentar un proceso de apropiación de excedente que sea
realmente significativo para los propietarios.
La mayor parte de estos labradores arrendatarios pueden ser considerados como CAMPESINOS. ¿cómo categorizar sino a
pequeños productores agrarios que se sostienen en unidades de carácter doméstico y de los que solo una parte de ellos
llegaba a disponer de fuerza de trabajo externa al grupo domestico? ¿cómo no considerar campesinos a productores
basados en el trabajo doméstico, que operan en pequeña escala, utilizan una tecnología simple y además se encuentra
sometidos al pago de rentas y mantienen una tenencia precaria y generalmente inestable de la tierra? Se trata de
productores que suelen depender del accionar de mercanchifles y habilitadores, de tahoneros con los que muelen su grano
en condiciones desventajosas, de panaderos que monopolizan el mercado. Arrendatarios menos numerosos: los
estancieros y los pulperos
b. La incidencia de la costumbre.
Bourdieu, Giddens: la acción social está dotada de sentido, pero no lo buscan en las motivaciones subjetivas de los
agentes: En Giddens en las conductas sociales rutinariamente repetidas. Las estrategias son el modo en que los agentes
utilizan su conocimiento sobre la manipulación de los recursos para reproducir su autonomía sobre las acciones de los
otros. En Bourdieu las estrategias son líneas objetivas orientadas que obedecen a regularidades y forman configuraciones
coherentes e intelectuales mente inteligible. Estas prácticas, son organizadas y generadas por lo que se llama el "habitus",
es decir, principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones. El habitus actúa como principio de
estructuración de las prácticas sociales. Este sentido práctico está inscripto en la lógica del campo y todo campo es el
lugar de una lucha más o menos declarada por la definición de los principios legítimos de división del campo.
¿cuál es el principio de legitimidad de este campo?, ¿qué normas lo rigen?, ¿cuál es su origen? ¿dónde se inscribe la
experiencia social que otorga sentido a la posición ocupada y las categorías mediante las cuales se perciben dicha
posición? ¿en que se sustenta la conformación de ese sentido práctico y el desarrollo repetido de las practicas?
En una campaña poblada por una población móvil y en buena parte migrante, las fuentes atestiguan practicas rutinizadas,
institucionalizadas socialmente, argumentos y conductas reiteradas y una apelación compartida por los diversos actores
que ocupan posiciones en el campo: "la costumbre del pays".
Buenas partes de las normas sociales que integran la costumbre se han tramado en relación a tierras de propiedad
eclesiástica y se diseminan en el conjunto social rural. Elemento central 🡪 las normas suponen el arraigo de una tradición
en cuya constitución la presencia eclesiástica y el legado jesuita han tenido importancia decisiva.
Imperaba un conjunto de normas y de prácticas consuetudinarias que regían el acceso a la tierra y cuya genealogía todavía
está lejos de haberse clarificado.
Era una práctica frecuente en tierras privadas y de propietarios institucionales que se perpetuaban en el tiempo. Cuando se
trataba de labradores solía abonarse en semillas sea por un monto fijo o por montos variables según el volumen de la
cosecha o de la siembra y a veces por suma fija de dinero. El arriendo de los criadores era abonado en ganado o en dinero.
También había arrendados eximidos de pagar. Se agregaba la obligación de atestiguar los derechos de propiedad del
perceptor de las rentas y algún tipo de obligación laboral no remunerada.
Los usos y las practicas que rige la costumbre, muchas veces tienen carácter local. Existen normas generales que permiten
practicar otras modalidades. Las normas consuetudinarias regulan la relación de arrendamientos. La costumbre discrimina
las formas de pago según el tipo de actividad el tipo de cultico y la localización. El precio del arriendo debía ser justo y
solía acercarse a un precio convencional.
Cuando el arrendamiento se extiende en el tiempo y el poblador se arraiga se generan verdaderos derechos de posesión y
hasta de preferencia para la compra del campo. La condición de arrendatario podía ser heredada, lo que contribuye a
perpetuar generalmente los derechos de uso adquirido y a reproducir las relaciones y roles sociales. La costumbre para los
pobladores avecindado. El reconocimiento de la vecindad en el pago otorgaba un status social diferencial que podía
implicar ciertos derechos de uso común a las aguas de los ríos, arroyos y bañados y a los montes de realengos.
El arriendo podía ser un modo de generar la adquisición de esos derechos además de desarrollar algún tipo de derecho de
uso común entre los mismos arrendatarios, a veces dentro de los marcos de la relación de arrendamiento.
Diferencia crucial entre los arrendatarios además de manifestar el propio ciclo de vida de la unidad domestica de
producción. El arraigo podía llegar a ampliar significativamente los derechos de posesión. La disputa por las costumbres
es la disputa por el principio de legitimidad del campo y su ley de funcionamiento.
3. ARRENDAMIENTO Y PROCESOS DE ESTRUCTURACIÓN SOCIAL.
El arriendo se inscribe en una trama de relaciones y está impregnado y regulado por una serie de normas socialmente que
se asienta en la costumbre y la tradición rural principal componente del habitus de estos pobladores y del sentido práctico
que orienta sus acciones. Se establece así una dinámica entre normas y prácticas sociales.
¿Cuáles son las estrategias y los modos de acción social que hemos podido observar recurrentemente?
Propietarios y pobladores apelan a la costumbre y se la disputan pues en ella se sustenta su legitimidad. Los arrendatarios
apelan a calores como la pobreza, el servicio, la honradez, la antigüedad en el asentamiento. Los propietarios pueden
llegar a cuestionar su verosimilitud mas no su legitimidad.
En tiempo de sequía se invoca como practica antes aceptadas las condonaciones de deudas, la reducción de montos o la
eximición temporaria de la obligación de pago.
Otra estrategia frecuente es aceptar la obligación, pero postergar las fechas de pago, prometer hacerlo en la próxima
cosecha, pagar algo a cuenta o solicitar directamente que si bien se acepta el desalojo se espere hasta el fin de la estación.
La amenaza de desalojo podría obedecer exclusivamente a decisiones de vaciar el campo de pobladores sino a una
estrategia que tiende a restringir el ejercicio de los derechos de posesión o a pactar nuevas condiciones con nuevos
pobladores. Se trata de una serie de saberes por medio de los cuales los pobladores aparecen aprovechando en su favor las
contradicciones que ofrece el sistema normativo.
Bourdieu distingue el capital social, un conjunto de recursos que están ligados a la posesión de una red durable de
relaciones, a la pertenencia de un grupo. La red de relaciones sociales que el arriendo nos permite observar, ese capital
social no tiene sentido univoco.
¿cómo se realizaba el acceso de un arrendatario, especialmente alguien que no es oriundo del pago a la tierra?
Se sugiere la existencia de circuitos de circulación de información probablemente no diferentes a los que articulaban la
movilidad de la fuerza de trabajo que se conchababa.
El acceso requería de una instancia de mediación: generalmente otro poblador, muchas veces arrendatario, que presentara
el recién llegado.
La recaudación de semillas era hecha por un recaudador, un arrendatario de confianza a cambio de 1/3 de lo que cobraba.
Existían limites muy marcados al establecimiento de una relación patrón/cliente: ante todo, la posibilidad de acceso a la
tierra fértil por diversos medios; luego, porque es difícil que el arrendamiento haya sido el medio principal o único de vida
y por qué fuera complementario de otras formas de ingreso. Los propietarios importantes no Vivian en el campo
ampliando los márgenes de acción de mayordomos, capataces y arrendatarios de antiguo. Se destaca al menos la
posibilidad de relaciones de patrocinio limitado y articuladoras de las relaciones entre pobladores.
El hecho es que el ideal social paternalista impregnaba el conjunto de las relaciones sociales y podía permitir que a él se
apelara tanto individual como colectivamente.
Las relaciones personales se convirtieron así en un bien, un recurso utilizable, en parte de su capital social.
UNIDAD 3: TEMA 1
3.1: Diferentes Aspectos En Las Nuevas Visiones De La Historia Regional. Los Estudios Económicos
ARECES, Nidia,2006, La Historia regional y la historia económica en la historiografía argentina de las etapas
coloniales durante los últimos veinte años. A modo de balance y hacia una agenda renovada. GELMAN, Jorge
(Comp), La Historia económica en la encrucijada. Balances y Perspectivas. Bs As, Prometeo, pp 373 - 388.
La selección bibliográfica implica asumir criterios, los que se basan en la riqueza documental, la originalidad de enfoque
y la rigurosidad metodológica, a pesar de lo cual puede pecar de arbitraria e injusta. Los aportes a que nos referiremos
constituyen el abordaje de aspectos económicos de la historia regional y no se nos escapa que la dimensión económica
está fuertemente entrelazada con otros aspectos y variables.
Hablar de metodología y de proyectos de la historia regional es una tarea mucho más fácil que delinear sus límites, que
presentarla como un campo de estudio unificado o definir sus paradigmas centrales lo que se explica por sus situaciones
idiosincrásicas que le permite cierta autonomía. SOLO SE PRETENDE PRESENTAR UN ACERCAMIENTO SOBRE
LOS ESTUDIOS QUE SE ESTÁN REALIZANDO Y SOBRE LOS PROBLEMAS QUE SE ESTÁN ABORDANDO.
UNA RENOVADA AGENDA PARA UNA RELACION A ACTIVARSE ENTRE LA HISTORIA ECONOMICA
Y LA HISTORIA REGIONAL
¿cuántos de estos problemas han sido indagados para el periodo que nos preocupa?, ¿qué aportes se hicieron? Existen
diferencias cuantitativas y quizás cualitativas importantes tanto regionales como con respecto a los tiempos históricos que
se abordan. La temática de los trabajadores a los que hace referencia está concentrada en la segunda mitad del siglo XVIII
para buenos aires. El siglo XVII cuenta con trabajos interesantes, pero aún son muy pocos y han sido limitadamente
difundidos para dar cuenta de un tiempo histórico tan debatido desde que se pensó en el reflejo de la crisis europea, para
dar cuenta de las relaciones entre las distintas regiones en el proceso de integración a un amplio espacio mercantilizado.
El siglo XVI experimento una renovación con algún trabajo pionero que no ha tenido líneas de continuidad. se da cuenta
de otro tipo de periodización para los tiempos coloniales que sea la resultante de la articulación de trabajos que permitan
historizar los distintos espacios que integran lo que hoy constituye el territorio argentino en un intento de articulación de
los tiempos diferenciales. los problemas señalados apuntan a que poco se ha avanzado en la comprensión de la economía
del sistema colonial. Las contribuciones siguen siendo insuficientes, no todas las regiones ni todas las etapas ni los
principales problemas cuentan con estudios de este tipo.
Se ha progresado, pero no lo suficiente en población y economía, en empresas, negocios y familia, en ha. agraria, en
comercio, circulación y mercados. Se estuvo recorriendo en gran medida los temas propuestos para las distintas mesas de
este seminario sobre "La historia económica hoy: balances y perspectivas", con la finalidad de señalar los desiertos que
cuentan con algunos oasis, en particular a fiscalidad, finanzas y moneda e instituciones y política económica.
estudios acerca de las actividades económicas de la compañía de Jesús, así como el de las redes económicas de las elites,
familias y linajes y también los que han dado cuenta desde una óptica etnohistórica de los pueblos indios durante la
colonia han posibilitado recrear los conocimientos que se tenían de distintas regiones y localidades en la medida que han
incorporado nuevos instrumentos de análisis y permiten la articulación de diferentes espacio. Intentando ofrecer una
versión sistemática del desarrollo del campo historiográfico argentino de la historia regional económica de las etapas
coloniales, podemos advertir una mayor capacidad analítica y una mayor sistematización de las fuentes.
Plantean la necesidad de recurrir a ejercicios de mayor creatividad para explotar sistemáticamente. Quedaría abierto así
uno de los tantos campos exploratorios que pueden aportar nuevas respuestas acerca del funcionamiento de los mercados
regionales, de las dimensiones de la demanda urbana, de las redes internas de circulación de mercancías y de los rasgos
esenciales de la economía colonial, la que podríamos denominar de antiguo régimen. La dimensión de los precios es otro
campo. Se perfila también la necesidad de una historia monetaria. pendiente de análisis: historia económica ¿por qué?
¿cómo?, Ruggiero Romano planteaba no limitarse al estado de las estructuras económicas, sino por el contrario afirmaban
que incluso los temas que aparentemente se hallan muy alejados de la economía guardan relaciones con ella, sea por una u
otra vías. recién con la restauración democrática se reinició con esfuerzo y no muy rápidamente los estudios regionales en
los centros universitarios, arrasados estos en todo sentido por la dictadura.
El corpus de conocimiento es significativamente mayor respecto al que se tenía hace dos décadas atrás y que los cultores
de la historia regional han proliferado oír distintas razones. se menciona las posibilidades de un mayor y fácil acceso a las
fuentes, la incidencia que tuco la micro-historia al demostrar como el uso inmediato, literal de los documentos deforma las
razones por las que se han producido en una cadena. la reciente literatura historiográfica regional intenta articular la
reflexión teórica-conceptual con el análisis documental. Para el manejo de fuentes se han incorporado nuevas técnicas de
análisis, ha incidido en la renovación la utilización de otro tipo de documentación considerada hasta estos últimos años
como secundaria --> ámbito judicial.
La investigación actual está produciendo un nuevo marco analítico que nos permite comprender el cambio económico en
el transcurso del tiempo, pero también un importante enriquecimiento de la teoría económica. Economistas-historiadores,
puede darse renovadas vías de encuentro con la historia regional, aunque para ello es necesario potenciar motivaciones, en
particular entre los jóvenes historiadores y economistas y facilitar la realización de encuentros donde puedan debatirse
cuestiones comunes de interés.
Otras razones: la necesidad de afirmación de las identidades locales en un mundo globalizado, esto impulsan al
conocimiento de los lugares y regiones a los que se siente pertenecer a los procesos de integración regional demandante de
información y proyectos, en particular uno que incide significativamente en los desarrollos regionales como el Mercosur.
Han prosperado las investigaciones sobre redes económicas y sociales implementado avanzadas técnicas de
interpretaciones de datos y posibilitando un interesante intercambio entre historiadores de distintas latitudes. pensemos en
Una perspectiva que es criticada a pesar de contar con valiosos aportes metodológicos: la historia comparada. Abriría vías
de análisis a la infinidad de problemas que se presentan al estudiar regiones. ¿qué posibilidades existen para avanzar
efectivamente en una perspectiva de historia comparada más o menos consistente? el método comparativo es
extremadamente fecundo, pero a condición de no salir de lo genérico. un tema de historia económica como el de los
flujos regionales para y a partir del cual describir cuales eran las relaciones económicas entre las regiones que se
encontraban involucradas o tratar de explicar por qué se daban esos tipos de intercambios, se estaría desde un principio
intentando establecer una historia común al integrar. La comparación es extremadamente útil y si estudiamos una región
solo podremos descubrir cómo y en qué sentido es única si la comparamos con otras. "una historia comparada solo puede
hacerse a partir de conceptos comunes, pero no de conceptos estadios puestos que se trata de definir históricamente lo que
sin cesar la historia crea o modifica.
Posible vía de activación: una renovada historia institucional, que de la mano de la nueva historia política y de los estudios
sobre la conducta económica matice nuevas estrategias de investigación y produzca resultados más visibles. Abocarse
profundizar el proceso de regionalización de los espacios que van a integrar el territorio argentino retomando la
configuración del mapa regional de la geografía indiana. En el análisis del proceso de regionalización, la referencia a la
propuesta de funcionamiento de los mercados interiores construida por Carlos Assadourtiam es obligada, así como los
distintos trabajos que introducen matices, variables y puntos de vistas que modifican o redefinen la mencionada propuesta.
Otra vía de activación: los estudios de frontera, de una actualidad difícil de poner en duda. Entendido el espacio fronterizo
como separación, diferencia y como espacio de contacto, fricciones, competencias y conflictos de formaciones sociales
diversas, es un objeto de análisis privilegiado para enfocarlo desde las más variadas perspectivas, por supuesto la
económica.
lo interesante desde la perspectiva de historia regional, en detectar las peculiaridades de cada proceso, en observar las
semejanzas y las diferencias regionales, las continuidades y las rupturas y para ello se requiere de las contribuciones de
especialistas provenientes de otras ciencias sociales.
Lo que hemos planteado conduce a pensar que la historia regional, con renovados métodos y técnicas y con una mirada
amplia tiene la posibilidad de focalizar y contemplar un conjunto que puede abrazarse en sus alcances y contornos, a la
manera de un colorido mosaico romano al que se le detectan y rescatan cada uno de los pedazos, o al modo de estrellas de
una constelación que con otras mismas integran el universo. Una de las cuestiones se centra en los pasos intermedios y
materiales para intentar que sean explicadas para que no entren en el juego de una falsa universalización que opaca el
sentido mismo de la historia regional, la que tiene como principal objeto a un proceso histórico localizado.
Espacios económicos y economías regionales. El caso del norte argentino y su inserción en el área andina en el siglo
XIX – Viviana Conti:
El trabajo no constituye una investigación terminada, sino un conjunto de reflexiones que pretenden servir de apertura
hacia la discusión de problemáticas regionales en el siglo XIX. Está centrado en la región norte del país en un período
poco conocido, que cuenta con fuentes documentales incompletas y dispersas. La clásica división historiográfica en
“historias nacionales" ha ocultado procesos regionales donde los espacios económicos no coinciden con las divisiones
político administrativas; es así que, al valorizar la noción de espacio económico, es cuando logramos recuperar el proceso
regional insertándolo en áreas mayores.
Intentaremos enfocar la problemática regional desde esta óptica, basándonos fruitivamente en la estructura económica
(producción y circulación) y su relación con la esfera social. Por este camino intentaremos un acercamiento hacia las
estrategias desarrolladas por la región en defensa de sus propios, intereses. Centrándonos en un análisis que, desde el
interior mismo de la región, nos permita reflexionar sobre las resistencias y presiones levantadas frente al "Proyecto
Nacional" y buscar la continuidad de elementos caracterizados como "tradicionales" o "coloniales" durante el primer siglo
de vida republicana. Así la existencia de un espacio económico que, independientemente de los límites político-
administrativos provinciales y/ o nacionales, funcionó como tal, con su propia dinamia y estrategias, durante casi un siglo.
El proceso de desintegración-integración regional
Ya nadie ignora que durante el período colonial el actual Interior argentino formaba parte de un espacio económico mayor
definido por Assadourian como "espacio peruano" caracterizado por su diversificación productiva y su
complementariedad y articulación regional sobre la base de la producción minera.
La creación del Virreinato del Río de la Plata y el ascenso político del Litoral, parece haber provocado un reordenamiento
de los circuitos de comercialización y un replanteamiento de la ruta Buenos Aires-Potosí donde se fue incorporando
paulatinamente a todo el Interior en un proceso que hallará su culminación recién a principios del presente siglo con la
creación y el funcionamiento del mercado nacional, la extensión de líneas férreas , la consolidación de las fronteras y la
ocupación de los espacios interiores.
Pero, ¿qué ocurrió con ese Interior desde la ruptura del pacto colonial hasta su incorporación al mercado nacional?, o
planteado de otro modo ¿en qué medida la desaparición del Estado colonial afectó los intereses de los grupos dirigentes y
qué estrategias desplegaron frente al nuevo orden económico? Aquí nos referiremos sólo al norte argentino, (Jujuy y
Salta) cuyos habitante mantenían estrechos lazos -económicos, culturales, parentales- con los de las provincias del Alto
Perú. Trataremos de dilucidar en qué medida estos lazos se ven afectados por las guerras de la independencia, si la
confrontación sirve para su fortalecimiento, para el mantenimiento de la situación precedente, o por el contrario, si estos
lazos se debilitan lo suficiente como para fracturar el espacio económico.
En este cabildo se trató de que teniendo noticia este cuerpo de haberse proferido D. Mariano Gaviña contra los Individuos
que actualmente le componen tratándolos de Godos á todos en general ..." Esta acusación, quizás un poco tardía se
fundamenta en el conocimiento popular de que todos aquellos que "tenían algo que perder" habían colaborado directa o
indirectamente con la administración realista en los períodos en que esta facción se apoderó de la ciudad . Igual estrategia
será empleada años después cuando, a causa de las guerras civilles, sectores de la élite comprometidos con una u otra
causa, debieran emigrar.
En tercer lugar, las guerras de la independencia parecen haber acarreado un gran desorden en los circuitos y la
desarticulación de las relaciones mercantiles, en lo cual debe haber influido poderosamente el abandono de la minería de
la plata, motor de estos circuitos y la desaparición de las altas esferas mercantiles relacionadas con el monopolio
colonial provocando el ascenso del sector mercantil local al dominio de la circulación interregional.
La declinación del poder de los comerciantes ligados al monopolio colonial permite el fortalecimiento del grupo social
dominante a nivel local. Este grupo se consolida también como poder político frente a la disolución del Estado Colonial
engrosado con la incorporación de un sector proveniente de los comerciantes y pequeños productores, quienes logran su
ascenso social a través de dos caminos no excluyentes: acumulación de prestigio por honores militares durante la guerra y
matrimonio con mujeres de la élite local proceso que ya había comenzado en la segunda mitad del siglo XVIII.
Es interesante ver, a través de los testamentos, cómo a pesar de la desaparición de algunos apellidos, la composición de la
élite local se mantiene -y amplía- mediante la herencia de las hijas mujeres, quienes traspasan sus bienes y posición social
a sus descendientes. En este mismo proceso de fortalecimiento de los poderes locales, y al mismo tiempo vía de acceso a
ventajas económicas, juega un papel fundamental el dominio del aparato político-administrativo y de los circuitos de
comercialización. El dominio de estos circuitos y de las aduanas que los controlan -tanto por las políticas de recaudación
como por las de evasión por parte del grupo social dominante pasan a constituir la clave del proceso de acumulación y uno
de los principales factores en los conflictos interprovinciales del siglo XIX y en la constitución de las autonomías
provinciales.
Ello mismo nos da la pauta de que la desestructuración del Estado Colonial no estuvo acompañada de la desestructuración
del espacio económico, aunque sí ocasionara la desarticulación mercantil. Durante el período de reacomodamiento 1810 a
1840 se mantuvieron las vinculaciones mercantiles entre el norte argentino y el Alto Perú donde, no obstante, la guerra,
mantenían sus mercados coloniales. Las guerras plantearon un enfrentamiento de intereses locales por el dominio de esos
circuitos y/ o centros productivos y la consecuente fragmentación en unidades políticas y administrativas que quebraron la
estabilidad del sistema colonial.
1) Período 1810-1825:
La continuación de estas vinculaciones mercantiles, aún durante el transcurso de la guerra y acentuadas después de 1820,
la encontramos en una profusa y variada documentación regional. Hasta la independencia de Bolivia el circuito SUR-
NORTE se fortalece con la comercialización de artículos europeos entrados por el puerto de Buenos Aires y ubicados en
los mercados del Altiplano.
Hacia 1825, podemos percibir la importancia que sigue teniendo la plaza potosina. Los efectos de ultramar entrados por
Buenos Aires arriban a Potosí por la vía de Salta y desde allí se distribuyen hacia La Paz, Oruro, Chuquisaca,
Cochabamba, Santa Cruz. Importantes comerciantes altoperuanos realizan sus transacciones comerciales directamente con
Buenos Aires mientras que otros lo hacen a través de Salta. Los comerciantes saltojujeños establecen una red de
comisionistas de la que no se excluyen relaciones familiares.
Estos comerciantes saltojujeños y altoperuanos difícilmente transportan un solo tipo de artículos; en general combinan el
tráfico de producciones locales y de efectos de ultramar, a los que se sumará el ganado; hasta entonces, la prohibición de
"vender ganado al enemigo" se trasluce en la desaparición de este rubro en los libros de aduana, pero después de la
independencia de Bolivia el rubro reaparece .
Estos mercaderes que surcan el espació andino portadotes de un sinfín de artículos, se ven expuestos a azarosas
situaciones por los avatares de la guerra y superadas sólo por la seguridad de ventajosos lucros. Tal es el caso de José
Félix Arias, quien en 1824 invierte su capital ($ 14.660) en efectos del país y de ultramar con los que marcha a Potosi
pero al llegar a Suipacha· es interceptado por una patrulla del ejército realista y conducido prisionero por orden de
Olañeta. Después de la independencia de Bolivia Arias puede recuperar su cargamento, pero da comienzo a un largo
expediente cuyos trámites lo llevan en 1826 ante el general Sucre para solicitar la devolución del impuesto extraordinario
($ 2.345) que debió pagar por ser oriundo de las provincias del Tucumán. Ya para entonces el mercado potosino estaba
saturado de artículos europeos y Arias sólo pudo ubicar unos pocos; sin embargo, salvó los gastos con la venta de los
pellones y artículos de curtiembre, una parte de los cuales envió a La Paz a Antonio Arias. Como desde agosto de 1825 se
hizo masiva la introducción de artículos europeos por el puerto de Arica y el mercado potosino se achicó
considerablemente entre 1810 y 1825, la demanda local se saturó rápidamente.
2) Período 1825-1840:
A partir de la independencia de Bolivia y durante un breve período, la introducción masiva de artículos europeos por
el puerto de Arica abarrota a tal punto la plaza potosina que los comerciantes argentinos y estos deciden regresar con sus
mercancías a su lugar de origen . Desde entonces el circuito se invierte y los efectos europeos comienzan a circular con la
dirección NORTE- SUR; esta situación se agudiza con la apertura del puerto e Cobija al comercio internacional, gracias a
una política de bajos aranceles a la importación, especialmente entre 1832 y 1835.
Casas comerciales saltojujeñas establecieron sucursales en el puerto boliviano ; estos lazos se fortalecieron con la
emigración de gran parte del grupo dirigente después del triunfo de Facundo Quiroga, organizándose una extensa red
parental-mercantil en ambos extremos.
Hasta 1840 la legislación vigente en el Norte favorece la introducción de artículos europeos desde el Pacífico y de no
haber mediado el conflicto con la Confederación Peruanoboliviana, posiblemente el mercado potosino hubiese recuperado
gran parte del metálico girado al norte argentino en pago de sus producciones.
3) Reordenamiento del espacio mercantil (1840-1880):
Hemos elegido el término "reordenamiento" y no "reestructuración" utilizado en trabajos anteriores porque consideramos
que se ajusta mejor a la realidad reflejada por la investigación empírica.
Entendemos que con la ruptura del orden colonial el espacio mercantil no se desestructura, sino que sufre una
readecuacion coyuntural; ciertas características coloniales subsisten durante el siglo XIX, mientras que los circuitos y los
mecanismos de comercialización de mercancías se van adecuando a las nuevas circunstancias.
En el impás que va desde la desestructuración del Estado Colonial hasta aproximadamente 1840, el espacio regional sufre
un redecuamiento mercantil y una reestructuración política: por un lado, quedan definidas las futuras divisiones
político- administrativas (tanto de provincias como de países); por otro lado, se reorganiza el mercado interno
sobre la base del espacio mercantil andino.
No es casual que una de las zonas que planteara mayores conflictos sea la Puna, disputada por Salta, Jujuy y Bolivia ¿a
qué se debe tanta disputa por el dominio de esta árida altiplanicie?, pensamos que por tres razones: 1) la mano de obra
potencial 2) la explotación minera 3) como paso obligado entre las "provincias de arriba" y las "provincias de abajo o sea,
como zona de tránsito entre las zonas productoras de ganado.
Pensamos que La división administrativa, lejos de ser un elemento de fractura del espacio mercantil, permitió el
implemento de estrategias que, sobre todo en períodos de conflictos políticos, coadyuvara a su funcionamiento; es el caso
de los emigrados de los sectores políticos disidentes hacia los extremos del espacio andino, fortaleciendo lazos
comerciales y familiares.
Todo lo expuesto hasta el momento nos conduce a la pregunta, ¿por qué el sector dominante (terrateniente mercantil) se
vuelca hacia el Altiplano y no hacia el Atlántico?, creemos que la respuesta debe buscarse, por un lado, en la estructura
productiva regional. Hasta donde sabemos, estas zonas se habían especializado en la producción mercantil en pos de la
demanda del mercado minero colonial; reducido éste, buscarán mercados alternativos que no impliquen un cambio
productivo. Estamos en presencia de una estructura productiva dependiente de la circulación, en la que se articulan la
producción campesina y la producción de estancias, ambas orientadas al mercado, de donde la región extrae los
principales excedentes acumulables.
Por otro lado, los mercados mineros aseguran un retomo metálico difícil de conseguir en esos momentos de iliquidez y
que le permite a la región afrontar la balanza económica desfavorable que mantiene con Buenos Aires y el Litoral, sobre
todo a partir de la política rosista de aranceles para artículos entrados por puertos extraños a la Confederación.
Dado que los mayores beneficios los obtiene el sector de la comercialización dentro de la región, del capital comercial
circulante en ella, busca organizar su propio espacio mercantil, el cual queda definido con la reactivación de la minería de
la plata en Bolivia por capitales regionales desde 1840. Este nuevo espacio mercantil tiene su epicentro en el Altiplano
boliviano, donde se desarrolla la explotacion argentifera, y sus periferias se extienden hacia el norte de la Argentina y el
sur del Perú, posee su propia dinámica interna y elabora las estrategias hacia mercados externos.
La dinámica interna está dada, en primer lugar, por la explotación minera, ya no centrada en un punto geográfico
determinado, sino diversificada en una gran cantidad de centros mineros dispersos; en segundo lugar, por el consumo de
estos centros minero la prodúcción de alimentos, insumos y artículos diversos dentro del espacio (ofertas), basando el
intercambio en una complementariedad interregional y en la oferta de metálico como medio circulante.
Esta dinámica, a su vez, impulsa la aparición /desaparición de nuevos circuitos, a través de los cuales participan del
mercado interno zonas aparentemente distantes o periféricas.
Si hablamos de la existencia de un mercado interno que, entre 1840 y 1880 rebasa los límites de la esfera político-
administrativa, se hace necesario explicar sus principales características:
La producción dominante y activadora de la economía vuelve a ser la minería de la plata . Hacia 1850 ya se
perciben los frutos de la reactivación de la minería boliviana, llevada a cabo por un grupo de comerciantes
nativos que toma el control de las minas más importantes, apoyados en una campaña gubernamental de
formación de compañías mineras de capital nacional por gobiernos de corte proteccionista . Así se origina la
nueva élite minera, cuya política liberal podrá materializarse después de 1871.
La demanda de los nuevos centros mineros y sectóres vinculados a ellos . La demanda de insumos y de
productos alimenticios se satisface dentro de la red ya estructurada desde la Colonia para conectar a las
distintas zonas ecológicas del espacio económico miner. La mayoría de estos centros mineros se encuentran
ubicados en: regiones tradicionalmente abastecidas desde el norte argentino representan una demanda efectiva
para sus producciones con retornos metálicos.
Subsiste la especiaHzacióo productíya basada en una complementariedad regional de las distintas zonas
ecológicas. Diferentes ecosistemas permiten la existencia de estancias de altura dedicadas a la cría de camélidos,
asnos y ovinos y a la prod ucción artesanal en unidades de producción familiares. Las estancias del bajo se
especializan en la prod ucción vacuna, equina y mular, pero también en una gran variedad de cultivos acordes.
El acceso directo de los productores al mercado , ya sea a través de las ferias estacionales permiten la
concentración de pequeños y medianos productores con gran peso en la circulación mercantil regional, ya
sea a través del transporte de tropas por largas distancias, hasta los centros de consumo o de distribución. Los
hacendados solían transportar sus tropas en forma personal o por medio de sus capataces; pequeños
productores se agrupan para conducir, de manera similar, sus excedentes a los centros de redistribución o hacia
las ferias. Estos pequeños y medianos productores son, junto con los campesinos indígenas, los que manejan
mejor las producciones de cada ecosistema. Los arrieros aprovechan los viajes para traficar con sus propios
productos y así obtener un beneficio adicional. Los campesinos acuden tanto a las ferias regionales como a los
centros urbanos y mineros con sus productos. Además, mercaderes intermediarios se desplazan periódicamente
hacia las zonas productivas del norte argentino con plata y coca, retomando con ganado y producciones.
Los precios se fijan dentro del mismo espacio mercantil . En la formación de los precios intervienen diversas
variables, no siempre económicas, tales como la situación en los mercados (demandas, saturación), la oferta
(producción, consumo), factores climatológicos, plagas , epidemias, las relaciones políticas y militares entre
las estructuras políticas integrantes del espacio (tratados, conflictos, revoluciones, invasiones, revueltas,
guerras), las políticas impositivas, fletes ,etc.
La conexión del mercado interno con el externo e internacional se produce a través de los centros urbanos
y de su vinculación con los puertos de importación / exportación a través de la entrada de artículos industriales y
algunos insumos y la salida de metálico.
Cuando se realiza un análisis del siglo XIX americano, generalmente la historiografía lo hace desde la óptica
de las naciones, los países o la formación de los estados, pero siempre utilizando los límites político-
administrativos como vallas divisorias.
El enfoque presentado nos permite una apertura hacia ópticas diferentes, que nos faciliten la interpretación de las
problemáticas regionales desde el interior dé la región, de reflexionar sobre los caminos o las resistencias
presentadas hacia el "Proyecto Nacional" por regiones que permanecen "periféricas" durante casi un siglo de vida
independiente.
Assadourian muestra las relaciones espaciales dentro de la historia latinoamericana. Los cuales se da dentro de un
espacio colonial peruano en el siglo 17. El cual se visibiliza movimiento de vaivén: punto de llegada de un proceso,
originado en el siglo anterior, de formación de un mercado a un nivel de macro escala regional y su punto de arranque de
su desintegración, al llegar a un nivel crítico las contradicciones internas a las cuales se suma la presión directa de ciertos
países europeos en una etapa avanzada de desarrollo capitalista.
La integración regional dentro del espacio peruano: la América española de comienzos del siglo 17 se halla fracturada en
grandes zonas económicas que se adelantan a la zonificación política-administrativa. Cada una de estas zonas conforma
un verdadero y complejo espacio socioeconómico cuyo diseño más simple sería el siguiente:
1. La estructura se asienta sobre uno o más productos dominantes que orientan un crecimiento hacia afuera y sostienen el
intercambio con la metrópoli.
2. En cada zona se genera un proceso que conlleva una especialización regional del trabajo, estructurándose un sistema de
intercambios que engarza y concede a cada región un nivel determinado de participación y desarrollo dentro del complejo
zonal.
3. La metrópoli legisla un sistema para comunicarse directamente con cada zona, al tiempo que veda el acceso de las otras
potencias europeas.
4. La metrópoli regula, interfiere o niega la relación entre estas grandes zonas coloniales. A una de estas grandes zonas
distintivas proponemos reconocer con el término de espacio peruano. Que es una pieza fundamental del imperio en la 2º
mitad del siglo 16 y gran parte del 17. La minería de plata cohesiona e integra regionalmente. Este espacio económico se
superpone coherentemente con la zonificación política en tanto se extiende sobre el ámbito real del virreinato del Perú.
Dicho espacio esta caracterizado por: alto grado de autosuficiencia económica, máximo nivel de integración regional, y
especialización regional. Hay 2 polos de crecimiento: Potosí (centro productivo), centro de la minería de la plata, sector
dominante de todo el conjunto productivo del virreinato, y Lima (centro político/administrativo/ comercial), centro
político de la autoridad máxima dentro del espacio y como centro privilegiado por el monopolio comercial metropolitano
para asumir una función comercial monopoliza dependiente en el interior del sistema colonial.
¿Qué es el polo? Localización de determinadas actividades y de aglomeración demográfica en Lima y Potosí, las cuales
por su capacidad de mercados de consumo masivo y la posible compra de insumos originan efectos que se transmiten y
extienden a otras regiones, ensanchando paulatinamente el radio de influencia hasta abarcar prácticamente todo el espacio
peruano. Al tiempo y por el hecho de generar efectos de arrastre directos, Lima y Potosí provocaron una segunda onda
cuyos flujos llevan a la estructuración general del espacio peruano, o sea, se integran aquellas regiones que sin mantener
una relación directa con Lima y Potosí se relacionan, en cambio, con las regiones previamente polarizadas.
A este nivel nos parece aplicable la llamada teoría de “dar salida al excedente”: acceder al comercio interregional significa
para cada región remontar un nivel estacionario de productividad, debido a que las formas de dominación del grupo
español y el escaso desarrollo de la división social del trabajo apenas permiten esbozar una suerte de simulacro de
mercado interno en la región. Proveer una salida externa para la producción conlleva una especialización regional del
trabajo, un cierto grado de transformación de la estructura productiva como efecto de la demanda externa y conforma,
desde el principio, el único modelo posible que guía el crecimiento económico regional.
Sin embargo, creemos que el origen de nuestra estructura debe buscarse por el lado de las contradicciones y adecuaciones
que resultan del hecho de la conquista como expresión de la hueste privada y los intereses económicos y políticos del
estado español. Las más importantes, para nuestro tema, serian:
A. La asignación discriminada de tierra entre los grupos indígenas y español.
B. La formulación de una política que mantiene, aunque modificada, la comunidad indígena.
C. El premio o merced otorgada al conquistador con el nombre de encomienda, en sus dos modalidades: prestación
personal de servicios o pago de tributos de especie. Avizoramos, en consecuencia, un campo de fuerzas, signado por las
oposiciones; las principales serian tres: 1. Disputa de mano de obra. 2. Captación y permanencia de los mercados
principales. 3. Manutención de niveles favorables de precios en el intercambio. Y a la par de las contradicciones las
dominaciones regionales. Las formas polarizadas que caracterizan el crecimiento económico del espacio indican la
dominación de Lima y Potosí sobre las otras regiones del conjunto. Según nuestra opinión, al mínimo indispensable, el
tiempo de trabajo necesario que el indígena dedica a la creación de sus necesidades básicas y a maximizar el tiempo de
trabajo excedente destinado al sector exportador en provecho del empresario, sea encomendero o no. Lo cual contribuye a
explicar por qué el crecimiento del sector externo regional dejó de motivar una profunda división social del trabajo y de
disolver la relación del productor directo con la tierra y los medios de producción. Es decir, dejo de originar una difusión
generalizada del salario como forma de arrancar el trabajo excedente. En síntesis, la estructura de dominación social
revierte sobre el proceso económico, pero aun así, con esa debilidad originaria, esta estructura tuvo la fuerza, o la virtud
suficiente, para integrar económicamente a sus diversas regiones, cohesionar y unificar un vasto espacio tras una común
identidad de intereses.
Crisis y desintegración: crisis de Potosí: crisis en la producción de plata. Hipótesis: baja de la ley, rendimientos
decrecientes y costes crecientes de explotación, la necesidad de nuevas inversiones para afrontar problemas técnicos de
producción, la desacumulación de capital infringida a la colonia por la política metropolitana.
Crisis de Lima: pérdida gradual de su capacidad de dominar comercialmente todo el espacio y deriva directamente en su
quiebra como centro monopólico exportador-importador del virreinato. Su decadencia estaría causada por 2 hechos
principales: 1. La crisis de Potosí. 2. La crisis del régimen de flotas. Producto de estas crisis se produce un movimiento de
desconcentración demográfica. Estos elementos sugieren la declinación de Lima y Potosí como polos de crecimiento,
mengua en la capacidad estructurante del espacio peruano. Ajustes efectivos, o mecanismos de readecuación que aplican
estas economías regionales durante el periodo crítico: 1. El ajuste de la balanza de pagos regionales. 2. El movimiento de
reajuste estructural: hacia la ampliación del sector de subsistencia, rasgos: • La caída del sector externo. • La extensión del
sector de subsistencia. • El proceso de ruralización.
La dominación del estado metropolitano: discute la sobrevaloración del estado español como hacedor de la estructura
colonial.
Dos aspectos relevantes: 1. El encuadramiento del espacio peruano: para consolida la permanencia de su dominación, el
estado metropolitano debe formular y encauzar una política de estructuración interna del territorio dominado, valorando
las realidad económicas y sociales preexistentes como las nuevas formas concretas que impone el grupo privado de los
conquistadores. Al mismo tiempo dispone los cercos para evitar conexiones disruptivas con otros espacios y canaliza los
intercambios entre colonias y metrópoli mediante un estricto sistema de accesos. Se trata de lograr dominios cerrados, sin
canales de escape que le signifique compartir con otros países el excedente colonial.
4 rasgos distintivos de la política de encuadramiento: • La jerarquización de Lima como único punto de entrada y salida
del espacio. • La oclusión hacia el Atlántico portugués. • La resistencia y negativa al enroque con el circuito Veracruz-
Manila, con su escape a China e India. • La regulación estricta de las relaciones de intercambio con los otros espacios
coloniales de la América española.
4. La captación del excedente: Impuestos: Cobo y Quinto (minería), Almojarifazgo y Alcabala (comercio).
Necesidad de una política económica coherente con el método fiscal. • Protección y desarrollo del sector minero. •
Planificar la sectorialización de la mano de obra y de la producción (Toledo, Mita).
UNIDAD 3 TEMA 2
Guillaume Boccara
El presente ensayo tiene por objetivo dar cuenta de las principales transformaciones conocidas por las investigaciones en
antropología histórica de las zonas fronterizas. Se analizará la obra de Nathan Watchel llamada Los Vencidos que marca
un hito en la etnohistoria en términos de resistencia – Aculturación, aunque es desplazado hacia otros fenómenos como
etnogénesis, etnificación y mestizaje.
Así se puede dar cuenta que las investigaciones etnohistóricas han experimentado un giro con respecto a la manera de
abordar las dinámicas culturales por lo cual planteamos una noción de complejo fronterizo.
La visión de los vencidos
La visión de los vencidos es la obra pionera de los estudios etnohistóricos, una tesis de Nathan Watchel de 1971 con
rasgos históricos y antropológicos.
Si marcó las etnohistorias de Francia no es únicamente porque da una tesis original sobre el revés de la conquista, sino
que pasa del estudio del lado español al otro lado del encuentro, es decir que rompe con el eurocentrismo para dar cuenta
de la historia de los llamados pueblos primitivos o sin historia.
Si este estudio tiene relevancia es porque permite una reflexión más amplia sobre la manera de combinar métodos,
perspectivas de la historia y de la etnología.
Esta obra proporciona una prueba concreta de que era posible dar cuenta del devenir de las sociedades llamadas
tradicionales tomando en cuenta la existencia de una racionalidad estructural independiente del tiempo. Al tener como
objetivo el dar cuenta de la praxis de los pueblos indígena, es a través del estudio de este estudio, que se lo realiza en una
época en donde los movimientos tercermundistas e indianos están emergiendo o en su apogeo.
La aculturación no es sinónimo de conversión, tampoco es percibida o interpretada por los mismos agentes de las mismas
formas ya que no significaba abandonar las llamadas tradiciones ancestrales.
Plantea que a través de las rebeliones pretendieron los indígenas retomar el control de su historia o de esta nueva historia,
en algunos casos el sistema pareció derrumbarse, pero los españoles desviaron el curso de la nueva historia a su favor, lo
que es cierto es que las estructuras nativas también tendieron a perpetuase por lo cual se le atribuye a Wachtel que
contribuyó a que las sociedades tradicionales salgan de su destino arcaizante.
El sostiene que la resistencia y revuelta no son sinónimos, demuestra a menudo también que la aculturación se entendía
como proceso que da cuenta del rechazo, pero también de préstamos culturales, innovaciones y creaciones por lo cual
todo se transforma. La resistencia nativa no remite a una operación negativa o conservadora de preservación o de vuelta a
los modos pre hispánicos, pero para entender todo es necesario reconectar los acontecimientos a las estructuras esto es
estudiar la praxis.
La tercera parte de la obra, dedicada a la praxis indígena, remite a las áreas llamadas fronterizas, están expresadas en las
guerras chichimecas y araucanas donde se ven los procesos de aculturación y tiene como propósito establecer una
comparación entre México y Perú.
Guerra, aculturación y dominación.
La guerra indígena, no se encuentra definida de manera específica, pero el hecho guerrero explica los mecanismos en
juego de los fenómenos de préstamo cultural e innovación técnica, se abordan los casos de la resistencia con el fin de
poner en perspectiva las razones del éxito y la rapidez con la que se conquistó el imperio inca y mexica. Para él, el fracaso
era por la naturaleza de las sociedades a las que se enfrentaron, eran nómades, en una infinidad de unidades políticas y
dispersas por lo cual eran vistos como los bárbaros de los límites, que correspondían a los de los incas o mexicas que
tampoco los dominaron.
Con respecto a la aculturación, ocupa un lugar central en el vínculo entre la historia y la antropología. Este concepto
bisagra nace en el terreno de la etnología, pero se ubica en la perspectiva histórica hacia el estudio de los fenómenos de
cambio. Este término sirve para describir todos los fenómenos de interacción que resultan del contacto entre culturas, pero
tiene una doble antigüedad y mantiene su origen colonial con dos características, la primera interna que es de las
heterogeneidades de las culturas, la otra es a la dominación de una cultura sobre otra.
La dominación abarca el estudio de los hechos coloniales de dominación tanto directa como indirecta.
Wachtel define un número de parámetros, que permiten observar y captar las características y los efectos producidos por
la aculturación. Sin embargo, advierte que, dado que solo se han estudiado algunos casos usando estos parámetros,
estamos lejos de cualquier generalización.
Se distinguen dos tipos de aculturación, la impuesta y la espontánea, la primera se asocia a las situaciones de contactos
dirigidos y remite a los procesos de pasaje de la cultura indígena a la cultura occidental, la segunda se desarrolla en un
contexto de contactos no dirigidos, corresponde a la integración de elementos occidentales en la cultura indígena.
Se plantea que los fenómenos de aculturación se reparten entre dos polos, integración y asimilación. El primero se
caracteriza por la incorporación de elementos foráneos sometidos a los esquemas o prácticas indígenas, los cambios
generados por esta incorporación de elementos exógenos se inscriben en la continuidad de la traducción.
En cuanto a la asimilación remite al proceso inverso en el cual las adopciones de elementos europeos se acompañan con la
eliminación de las tradiciones indígenas y su sometimiento a los modelos y valores de la sociedad dominante.
Señala que entre esos dos polos existen varios tipos de intermedios, es dable notar que algunos años antes, como
conclusión de un libro dedicado al estudio de los procesos aculturativos entre navaho, yaque, pueblos, mandan, wasco, etc
había hasta seis tipos de cambios o mezclas.
Ahora bien, y antes de empezar a interrogarnos sobre el destino de la noción de aculturación y las interpretaciones
propuestas por Wachtel, conviene precisar los puntos vinculados a la emergencia de esa nueva manera de enfocar el tema
del devenir de las sociedades indígenas en el contexto colonial de violencia cruda o sutil.
Hay que remarcar que al igual que los estudios estadounidenses reagrupados alrededor del antropólogo E. Spincear,
Wachtel insiste sobre la centralidad de los hechos de dominación en la estructuración de los fenómenos e instituciones
sociales. No es pensable sin tomar en cuenta las relaciones de fuerza, de dominación y las imposiciones de índole tanto
política, económica y religiosa.
La otra cara de las praxis de los españoles, es el uso de algunas expresiones que aparecen como fundamentalmente
determinadas por el contexto colonial.
Wachtel se decía al análisis de la trayectoria histórica de los urus de Bolivia, que llama de manera claramente bourdieuana
los dominados de los dominados, se trata de dar cuenta de los hechos culturales en sus dimensiones y determinaciones
sociales y políticas.
En segundo lugar, conviene señalar que los trabajos del autor y de otros etnólogos de la época contribuyen a operar una
ruptura con respecto a las tradiciones esencialistas y a la histórica en la época colonial. Los préstamos, creaciones,
reformulaciones culturales e identitarias o las reinterpretaciones de las tradiciones no deben ser tratadas como
contaminaciones que conducen a la inevitable desaparición del ser social indígena o de una supuesta pureza cultural
original.
Los mestizajes o mezclan pueden, en cierto contexto y en función del estado de las relaciones de fuerza y del sentido que
los agentes dan a sus prácticas, las aproximaciones de esencia cultural se encuentran inválidas quien aprovecha la
oportunidad para poner en tela de juicio el corte articula e ideológicamente nefasto entre sociedades primitivas, por un
lado y las históricas por el otro. Al criticar la dicotomía entre las sociedades frías y las calientes, se abre un camino para
revisar otra serie de dudosas oposiciones tales como pureza originaria versus mestizaje estructura versus horario.
Volver hacia el otro lado de la conquista, tiende a mirar a los lejos vale decir hacia las zonas fronterizas. En un momento
abandona los centros de las américas y las zonas llamadas civilizadas para interesarse por los márgenes o periferias que
son zonas no transitadas por los estudiosos, como es el caso de los araucanos o mapuches.
A partir de estas investigaciones me propongo arrancar con la segunda parte de este trabajo, mostraré si el enfoque en
términos de resistencia y aculturación, su uso indiscriminado podía conducir a un cierto número de escollos.
Los indígenas, su historia y nosotros.
Desde principios de la década de 1970, tanto la etnología como la antropología histórica dedicadas al estudio de las
poblaciones indígenas del continente americano se han enriquecido notablemente, las investigaciones sobre las realidades
sociales de los pueblos nativos se han llevado a cabo de manera más coherente y sistemática. Por su parte, los estudios
latinoamericanos sobre los fenómenos sociales han tenido a alimentar la reflexión antropológica más allá del área cultural
considerada.
Respecto a la antropología histórica, una aproximación combina los métodos y perspectivas de la historia y de la
etnología, lo que permite restituir a las sociedades amerindias un poco de su espesor socio histórico y las conduce a la
elevación de nuevos objetos y problemas de estudios.
Estos progresos se hicieron con rupturas, retrocesos, tensiones y confrontaciones, no es fácil dar cuenta de las prácticas de
los agentes sociales subalternos, pero también durante mucho tiempo se velaron por reproducir fronteras rígidas que los
mismos hechos sociales estudiados conducían a permeabilizar.
Es preciso recordar la complejización del abordaje etnohistórico relativo a las dinámicas socioculturales, no solo remite a
la lucidez de los investigadores o la voluntad de alejarse del sentido común o del sistema de representaciones dominantes.
El movimiento de renacimiento indígena, las luchas alrededor de la definición de la noción de cultura o las críticas
posmodernas, como así también a la puesta en tela de juicio del paradigma estatal y nacional en u mundo desde ahora
vivido y conceptualizado como global constituye de manera crucial a las transformaciones de las perspectivas de estudio
en antropología histórica durante las dos últimas décadas.
Son las luchas, las que conducen a una relectura del pasado colonial, resulta lógico algunas preocupaciones en cuanto a la
naturaleza de los contactos interculturales en los primeros textos de Wachtel, por lo cual precisamente la obra analizada
está redactada en la época en donde las críticas posmodernas, el renacimiento indígena y la crisis de los modelos se
encontraban en un auge.
Cuatro aspectos sobre los cuales una investigación nos parece haber experimentado unas reconfiguraciones notables desde
la publicación de los Vencidos:
1 → En análisis de los cortes operados por los colonizadores en el cuerpo social indígena con el fin de pensar, clasificar,
controlar y diferenciar a los grupos nativos
2 → El estudio de las formas y razones de las guerras indígenas así como también el de sus transformaciones
3 → La reflexión sobre la naturaleza de los contactos en las zonas fronterizas
4 → La focalización del estudio sobre la emergencia de mundos nuevos en el nuevo mundo.
Clasificaciones coloniales y zonas fronterizas.
Interrogarse sobre las clasificaciones coloniales para quien desea evitar los escollos del etnocentrismo, resulta una
obviedad afirmar que los conquistadores percibieron las realidades a partir de sus propias categorías e inventaron los
mundos americanos, Sin embargo, el análisis del discurso colonial y de sus operaciones de clasificación y normalización
operadas en las zonas llamadas fronterizas no se había llevado a cabo de manera sistemática y satisfactoria.
Hasta hace poco, los etnohistoriadores atendieron a perpetuar los decoupages clasificar a las realidades indígenas presente
en la documentación de la época colonial republicana. Los datos y las descripciones plasmados en los documentos
coloniales como datos etnográficos que reflejarán el estado real de las sociedades indígenas a la llegada de los
conquistadores, contribuyeron a poblar las fronteras americanas de quimeras y participaron de la operación de reificación
de las prácticas y representaciones indígenas.
Una cierta etnohistoria a crítica ha tendido a retomar el orden del discurso colonial:
Consideremos la noción de frontera, no parece problemática y hay mejores libros dedicados a la historia del Nuevo
Mundo entre el centro y las periferias, noción neutra para describir y una realidad que es la de toda zona de contacto,
aparece como un estado natural con noción adherida al fenómeno universal del contacto entre dos entidades políticas
culturales y diferentes.
La frontera es usada no como una metáfora sino como el contacto mismo, ahí está el problema pues la realidad de la
frontera es una construcción, el tomarla como un espacio, institución o fenómeno dado a priori impide interrogarse sobre
la percepción o a percepción del mundo indígena. Para tender la naturaleza real de la frontera y comprender en qué
medida necesita ignorarse como tal, vale decir como espacio estructurante y dinámico que marca un límite entre dos
espacios el salvaje y el civilizado, esta postura crítica que consiste en no tomar las cosas dadas a priori nos permitiera dar
cuenta de los aspectos cruciales de este verdadero operador, pues no vale ninguna duda de la frontera ha sido pensado y ha
funcionado como espacio transicional.
Desde la perspectiva teleológica presente en la documentación, un espacio – tiempo de la transición en la medida que se
considera a menudo que las poblaciones más allá de las fronteras, entendida en este caso como límite, se encuentran en
una etapa anterior del desarrollo de las civilizaciones. Pensar y construir la frontera como espacio – tiempo de transición
implica que se haya planteado en un primer momento la existencia de diferencias culturales y políticas esenciales entre los
grupos que bien de cada lado de ese límite. Nos es posible afirmar que antes de ser una frontera (términos de espacio
transicional, permeable, circulación permanente de personas, ideas, etc.) la zona de contacto fue pensada como límite.
Lo que queremos decir es que el límite es lógica y cronológicamente anterior a pesar de que puede existir a veces en
concomitancia con la frontera. Una heterogeneidad de principio fue postulada en los primeros tiempos de la colonia y es
en base a esta heterogeneidad que los márgenes fueron pensados y clasificados. Los aucas o araucanos como los tobosos
no podían ser nada más que unos cazadores belicosos y nómades.
Estas denominaciones son remiten a nada, sino más bien a categorías genéricas, muchos de estos grupos eran horticultores
y sedentarios, al otro límite era el salvajismo los nómades, desnudos, viven como vestida, estas operaciones son de los
discursos civilizadores que se instalan en los llamados fronterizos.
Parece más pertinente hablar de un límite que tiende a transformar en frontera de una frontera cuyo horizonte es no tener
más límite a medida que se van implementando los mecanismos de inclusión a través de la construcción de otro tipo de
diferencia, una social no pensada en clave civilizacional, pero si en de explotación y extracción de tributos, la misión de
los intermediarios es hacer desaparecer ese límite para unir a los grupos.
Este trabajo sobre la liminalidad se acompaña de sacrificios, de martirios y de un verdadero martirologio de batallas y
toma de posesión rituales, en fin los dispositivos de conquista generan salvajes en los márgenes y estos salvajes se
encuentran reificado para ser incorporados a través de mecanismos estándares, el requerimiento de la cris, la capilla, el
fiscal de indios son como elementos centrales en el marcaje y apropiación simbólica del territorio indios, además de la
humillación de hechiceros, el discurso sobre el mundo salvaje y caníbal. Todos estos dispositivos simbólicos y discursivos
deben ser interpretados como ritos de liminalidad y de construcción de alteridad.
Para identificar el ethnos no se lo puede ver entonces con un espacio físico, sino como que el límite serpa y a través de su
metamorfosis en frontera establece una relación de sujeción política de dominación social de control cultural y de
explotación económica.
Al considerar las fronteras como espacios dado a priori y las supuestas naciones que bien del otro lado de la frontera
como entidades presentes, los estudiosos han tenido a deshistorizar losa actos de dominación, construcción simbólica y
territorialización, Se tendido a invisibilidad y naturaleza los actos de dominación y el colonialismo de la frontera a través
de un neocolonialismo que los nuevos intelectuales indígenas de hoy en día critica con legítima vehemencia
Al adoptar una perspectiva constructivista, varios trabajos recientes han puesto en tela de juicio esta aproximación y han
intentado dar cuenta de la manera como los ritos de conquista y colonización generan alteridad y etnicidad. Sabemos que
la identidad contrastada entre carib y Arauca es producto de la conquista, por lo cual no corresponde a entidades étnicas
que existieran en la realidad.
Las guerras indígenas y sus transformaciones.
Desde principios de la década de 1980, los estudios sobre las guerras se multiplicaron y enriquecieron. La interpretación
finalista se veía en la guerra una pieza central del dispositivo anti estado de las sociedades primitivas, o Chagnon reducía
el hecho bélico a una historia de proteínas por otro han sustituidas por aproximaciones mucho más sutiles. No se pretende
exponer todos los detalles antropológicos respecto a las prácticas y representaciones de la guerra, sino algunos que
contribuyen a una mejor comprensión de las dinámicas entre las sociedades multi cefálicas y sociedades coloniales
estatales y
capitalistas.
Varios estudios ven en la guerra el motor de la máquina social indígena, un elemento de depredación, representa el
espacio socio – simbólico. La guerra constituye así un dispositivo de producción, captación e incorporación de la
diferencia y de la exterioridad, a la vez que a través de ellas fue que el grupo se definió en tanto grupo como en relación
con otros. Estudiando el por como de la guerra, nos es posible entender el porqué de la resistencia, el principio guerrero
predatorio que la anima, no es conservadora, sino que se despliega en un movimiento de adherencia de los indígenas a la
historia.
Dinámicas interculturales en las zonas fronterizas.
Desde 1980, los estudios etnohistóricos dedicado al estudio de las relaciones interculturales han tendido a poner en tela de
juicio mucho de los principios y concepciones relativos a la naturaleza de los contactos, esto genera una imagen más
compleja de la dinámica sociopolítica y de la naturaleza de los contactos entre invasores y pueblos en la larga duración.
Los estudios fronterizos han contribuido a corrernos del paradigma de la guerra que postula la oposición entre dos bloques
monopolíticos y homogéneos, los violentos conquistadores y colonizadores.
Las cosas son más complejas, evoquemos algunos de los aspectos en los cuales la visión otrora dominante de la naturaleza
del contacto euro-indígena ha tendido a transformarse.
Observamos que las investigaciones recientes han contribuido a restituir toda su importancia a los fenómenos de
mestizaje. La rápida emergencia de individuos, que se sitúan definitivamente entre dos mundos y juegan en papel de
intermediarios o passeurs representa un hecho central de la historia de la conquista y colonización del nuevo mundo.
El cuidado especial, de los procesos de mestizaje no quita nada al carácter violento y arbitrario de la conquista y
colonización, tiende a aprehender los hechos de dominación y resistencia en toda su complejidad. Sin la participación de
los mestizos, las empresas de dominación social, sujeción política y explotación económica hubiera sido imposible.
Pero jugaron un rol crucial en las resistencias indígenas, numerosos individuos tomaron el camino de la transculturación
entre indígenas e hispano – criollos, fueron el origen de la producción de efectos perversos o no previstos por los agentes
dominantes. Esto determina que no hay dos visiones simplista reductoras en términos de oposición entre dos bloques
claramente definidos, sino que aparece lo imprevisto, transgresión y mezcla.
Otro factor es que se sostenía que los primeros contextos fueron violentos, otros que aparecían nuevos espacios de
comunicación pacífica, pero esto no es así porque existe la dominación y normalización de la violencia simbólica y
participación de los dominados en su propia dominación.
Es así que donde la guerra falló, como las zonas de fronteras, se mostraron innovaciones, las misiones instituciones de
negociación política, educación, agentes intermedios, con el fin de civilizar, normalizar y sujetar a los grupos autónomos.
No son espacios neutros, son instituciones fronterizas que tienen como meta establecer un orden.
Para caracterizar los actos de los indígenas sobre los cuales los invasores no tienen control, no son considerados como
indómitos, sino que son ahora ladrones, que perturban el orden público.
A la hora de observar la frontera, nos permite observar los procesos de adaptación de las sociedades indias, no se debe ver
a los guerreros que se oponen a todo tipo de cambio a las tradiciones, los colonizadores y los indios transportan y crean
prácticas, los indios son comerciantes, negociadores, adoptan armas, tienen una reconversión económica y política. Se
insertan en los circuitos comerciales, y participan entre las diferentes políticas y tensiones en las negociaciones de las
sociedades coloniales fronterizas.
Conclusión.
Los estudios etno históricos nos permiten complejizar la aproximación respecto a las dinámicas políticas y procesos
sociales, resumo en cinco puntos:
1. Se piensa que es mejor hablar de espacio o complejo fronterizo que de frontera stricto sensu. Para entender las
dinámicas políticas que se despliegan en estas áreas, tenemos que ampliar la unidad de análisis al espacio
fronterizo entendido como región que abarca varias fronteras y sus hinterlands.
2. Para estudiar el complejo es necesario dar cuenta de las representaciones que se dan en ese espacio las autoridades
coloniales, los sistemas de calificación, tipologías y representaciones.
3. Se hace necesario emprender una etnografía histórica de los indígenas como de los invasores, los rituales,
estrategias, dispositivos del saber y poder, es decir las prácticas de los dos lados de una frontera.
4. Los dispositivos de poder o saber no son entendidos como homogéneos sino de normalización y diferenciación, la
creación de un espacio cristiano unificado no pasa por homogeneización social sino por la imposición de una
norma.
5. El estudio de proceso de etnogénesis y etnificación a nivel macro no nos debe conducir a menospreciar el análisis
micro sociológico de la reedición de las identidades vía la formación de nuevas redes sociales.
Definición tentativa de complejo fronterizo: es un espacio de soberanías imbricadas formado por varias fronteras y sus
hinterland, en la cual distintos grupos entran en relaciones estables en un contexto colonial de lucha entre poderes
imperiales y a través de los cuales se producen efectos de etnificación, normalización y territorialización y se
desencadenan procesos imprevistos de mestizaje.
Rompecabezas para armar: el estudio de la vida cotidiana en un ámbito fronterizo en silvia ratto
INTRODUCCION
En las últimas décadas se ha consolidado una nueva mirada historiográfica sobre los espacios de frontera que significó
una modificación fundamental de los primeros planteos. Las ideas de Turner fueron fundamentales para sustentar la
construcción teórica de la identidad americana, a la que se caracterizó como fuertemente individualista y sin barreras para
su expansión y desarrollo. Pero, más allá de este fundamento ideológico, el modelo de frontera turneriano fue duramente
criticado. Uno de los grandes errores que se le imputaron al modelo fue el de circunscribir el sujeto que protagonizó el
avance fronterizo al “pionero blanco” de descendencia europea, lo que borraba del escenario tanto a diferentes minorías
que acompañaron el proceso como a los mismos pueblos nativos con quienes los pioneros debieron encontrarse.
En esta línea crítica se produjo una profunda redefinición del papel jugado por los pueblos nativos en situaciones de
contacto. Tradicionalmente, se presentaba solo una doble alternativa en cuanto a las posibilidades que desarrollaron los
indígenas en contextos coloniales: la aculturación o la resistencia. Se postulaba, asimismo, que estos dos procesos habían
tenido lugar en territorios distintos y bajo modalidades radicalmente diferentes. Así, mientras el proceso de aculturación
se ubicaba en espacios que habían sido conquistados a través de una triple actividad que involucraba la acción
evangelizadora de la Iglesia, la normalización jurídico-política y la organización de la producción colonial, los casos de
resistencia se localizaban funda- mentalmente en espacios fronterizos tomando la forma de enfrentamientos bélicos
La reformulación de estos presupuestos derivó en la constatación de una amplísima gama de relaciones que involucraron a
los pueblos indígenas, a los colonizadores europeos y a distintos grupos de migrantes que arribaron asimismo a la
frontera. Dentro de las nuevas propuestas metodológicas para analizar el encuentro entre los pueblos nativos y los
conquistadores europeos son particularmente útiles los conceptos de “middle ground” de Richard White “pensamiento
mestizo” y “lógica mestiza”los cuales tratan de dar cuenta de los diversos préstamos culturales que se produjeron entre los
grupos en contacto para lograr una comunicación adecuada.
Estos autores plantean que el mestizaje no fue solo biológico sino que se extendió a todo tipo de contacto en los que el
préstamo y la mezcla de rasgos culturales fueron una parte intrínseca. El mestizaje, planteado de esta manera, refleja la
necesidad que tenían los contemporáneos para “inventar” a diario modos de coexistencia y soluciones para sobrevivir. En
los primeros momentos del contacto,se llegaría a la “construcción” de un mundo que fuera mutuamente inteligible para lo
cual debía apelarse a símbolos y valores del otro.
Un elemento central en estas propuestas se encuentra en mostrar la existencia de dos esferas de contacto: la diplomática
que hace referencia a la relación “oficial” entre los dos grupos y la cotidiana. Acceder al conocimiento del mestizaje
producido en este ultimo ámbito. En la esfera diplomática, por el contrario, es relativamente más sencillo percibir actos de
adecuación ya que estos se hallan explícitamente consignados en las fuentes. En efecto, en la documentación oficial que
describe los encuentros diplomáticos, o en las actuaciones judiciales pueden distinguirse los intentos de ambas partes por
llegar a un acuerdo apelando a nociones y/o costumbres de cada una de ellas.
A pesar de estos acuerdos iniciales es posible encontrar algunas diferencias analíticas en las investigaciones de los tres
autores mencionados, basadas fundamentalmente en la dirección en que cada uno de ellos analiza las relaciones de
contacto. El planteo de Boccara se centra exclusivamente en la sociedad nativa analizando los procesos de contacto desde
una perspectiva de resistencia nativa a los intentos de dominación de los hispano- criollos. Al estudiar de manera conjunta
los conceptos de etnogénesis y etnificación -“la compleja obra de construcción de las diferencias por parte de los agentes
coloniales”- a los que señala como las dos caras de un mismo proceso, el análisis tiende a la unilinealidad. Ese es
precisamente el objetivo del autor quien explícitamente pretende, a través de su planteo de lógica mestiza, “analizar [...]
los procedimientos utilizados por los agentes estatales para imponer la legitimidad de una dominación y de un ejercicio
centraliza- do de la fuerza pública”
A diferencia del anterior, los modelos de White y Gruzinski están centrados en el proceso de contacto; es decir, en las
adecuaciones que debieron realizar ambas sociedades para lograr el entendimiento. Por tal motivo, en la relación con el
nativo se ponían en juego solamente fragmentos de la cultura europea. Otro elemento central en sus planteos es que
caracterizan a las situaciones de contacto como experiencias únicas e irrepetibles. Es lo que, en el planteo de White, se
llama el “middle ground” entendido como un espacio tanto real como simbólico donde se desarrollan nuevas formas de
comunicación y comporta- miento. En este espacio la noción fundamental que guía la convivencia cotidiana es la
persuasión; un grupo intenta persuadir al otro apelando a lo que percibe como valores y prácticas del segundo.
El concepto de “middle ground” fue utilizado por muchos historiadores como una herramienta muy útil para interpretar la
frontera como un espacio que involucraba un complejo proceso de intercambio cultural, balance de poder y creación de
nuevas formas sociales. Esta idea de sociedad fronteriza multicultural ofrecía una visión alternativa del encuentro entre
indígenas y conquistadores donde era posible detectar la convivencia pacífica y el acomodamiento creativo realizado por
ambos .
Esta nueva concepción del espacio fronterizo y sus habitantes no ha pasado desapercibida en estudios que se ocupan de la
campaña bonaerense. En efecto, algunos autores habían planteado la existencia de un sustrato cultural semejante entre las
poblaciones criollas e indígenas en dicho espacio. Así Carlos Mayo al preguntarse sobre la adecuación de los “renegados”
de la sociedad hispano-criolla a la vida en las tolderías planteaban que esa interrelación habría hallado una base común.
Sin hacer una relación tan directa con las similitudes que pueden encontrarse con respecto a la organización social de los
grupos indígenas, Garavaglia sugería que el mundo campesino en el espacio rioplatense se hallaba cruzado por extendidas
relaciones de reciprocidad. Otros autores se han centrado en el estudio de intermediarios culturales en el espacio
pampeano. Así, Mandrini se refería a los “agregados” o “allega- dos” para describir a “los pobladores hispano-criollos
existentes en las tolderías indígenas estrechamente vinculados con los caciques y jefes de fa- milia actuando a veces como
secretarios o escribientes”. Mayo y Latrubesse definieron a los “renegados” como aquellos que se aleja- ron
voluntariamente de sus pagos para ir a vivir entre los indígenas). Villar y Jimenez formularon la existencia de “aindiados”
en el espacio pampeano a quienes caracterizaron como adultos, de sexo masculino; por lo general, bíglotas y militares que
ingresaban a la sociedad indígena de manera colectiva y por orden de mandos superiores incorporándose a las redes
socioeconómicas nativas a nivel doméstico y político.
Ahora bien, aunque existe un acuerdo inicial sobre la existencia de un espacio fronterizo mestizo -planteado no solo en
términos demográficos sino también culturales- en la campaña bonaerense, es necesario iniciar de manera sistemática el
estudio del mismo. La pregunta que se impone es, ¿qué tipo de fuentes deben usarse y qué estrategia debe seguirse para
poder realizarlo? El objetivo de este trabajo es mostrar las posiblidades de un acercamiento a esta problemática a través de
dos vías de análisis: el seguimiento de algunos intermediarios culturales y el análisis de fuentes judiciales relacionadas
con conflictos interétnicos.
Los intermediarios culturales
El período rosista es un momento muy fructífero para indagar sobre la constitución de un espacio mestizo en la frontera
debido a la aplicación del sistema de «negocio pacífico», que derivó en el asentamiento de numerosos grupos indígenas en
la campaña bonaerense. Los caciques y las autoridades fronterizas eran los personajes que, de manera más clara, servían
de nexo entre los dos mundos culturales. Se trataba de vecinos, militares de frontera y lenguaraces que, en virtud del
contacto constante y fluido con las poblaciones indígenas del espacio fronte- rizo, habían establecido lazos personales con
algunos indios en pos de la obtención de determinados objetivos dentro de los cuales el comercio se pre- sentaba como el
vínculo más notorio. Frecuentemente se resalta la habilidad de Rosas como hacendado de campaña para establecer sólidos
vínculos con los indígenas «fronterizos».
Muchos vecinos de campaña utilizaron sus contactos previos con caciques de importancia para actuar como mediadores
entre estos y el gobierno, en ocasión del inicio de relaciones diplomáticas. Como ejemplo del primer caso podemos
mencionar al vecino de Salto, Juan Francisco Ulloa, quien en el año 1819 era alcalde de hermandad del partido y era
nombrado en los documentos como protector especial de los indios. Dentro del segundo grupo, encontramos a Ventura
Miñana quien comenzó su actuación en la campaña como baqueano de la tercera expedición al sur realizada por el
gobernador Martín Rodríguez en 1823. Trece años después sería un próspero vecino propietario del pueblo de Azul.
El camino recorrido por Miñana para llegar a esta última condición estuvo estrecha- mente vinculado al contacto
interétnico. Es probable que estas acciones fueran premiadas con un ascenso militar ya que en 1832 integró, como
comandante, el escuadrón fundador de Azul junto a Juan Zelarrayan y Francisco Sosa . Lo cierto es que en un censo de
Azul realizado en el año 1839 ya figuraba como propietario de dos estancias pobladas con 500 vacunos, 91 lanares y 400
caballos y un capital de $25.446 7. La relación tan estrecha que lo había vinculado con los indios desde mediados de la
década de 1820 se mantuvo en Azul.
Precisamente en su estancia se alojaban veintidós indios de los cuales cinco eran indios adultos, un muchacho de catorce
años, ocho mujeres y ocho chicos de ambos sexos 8. Su contacto con los caciques pampas lo convertía asimismo en un
interlocutor de importancia. Durante los acontecimientos de fines de 1836, cuando la región sur de la provincia se vio
prácticamente arrasada por los malones indígenas, Miñana invitó a los caciques Cachul y Catriel «para tener con ellos una
entrevista y tratar de los ultimos sucesos ocurridos en las estancias del Azul» 9. Poco después, ante la inseguridad de la
zona y sin consultar previamente a Echeverría, el caciquillo Nicasio dependiente de Catriel le había consultado «si el
cacique podía venir a Azul»
En el ataque de enero de 1837 el cacique Reilef, que había vivido en Tapalqué hasta 1836 y se presentaba como uno de
los promotores del malón, había elegido a Miñana como interlocutor para lograr un entendimiento con el gobierno y
obtener el canje de prisioneros conociendo que «el Coronel Miñana era muy caritativo y muy dispuesto a favor de los
cautivos y cautivas» 11. Veamos el caso del lenguaraz Dionisio Morales cuyo desempeño tuvo una gran centralidad en los
inicios de la década de 1820 como nexo entre el gobierno de Buenos Aires -enfrentado a las fuerzas de Carrera en esos
momentos- y algunos caciques ranqueles. Se decidió entonces ordenar su captura y remisión a Buenos Aires para indagar
el motivo de su presencia en los toldos, sospechándose que el objetivo era captar a los indios para algún tipo de incursión
sobre la frontera. De hecho poco después, junto a Ulloa y Quiroga, encabezaría la misión de paz enviada a los mismos
toldos reconociéndose que Morales «es sumamente amado de los dos caciques Leynan y Guaichu».
Pero esta estrecha relación con los indios lo llevaría a realizar ciertas prácticas indígenas no bien vistas por el gobierno
que en marzo de 1822 ordenó, y esta vez logró, la prisión de Morales por «estar en los toldos y vender un cautivo cristiano
por 25 cabezas de ganado y 60 pesos». Un caso similar al de Miñana, en cuanto al ascenso social, fue el de Francisco
Iturra, oficial chileno que formó parte del contingente de «aindiados» que arribó a las pampas en 1827 junto con el
cacique Venancio. Su estrecha relación con indios de distintas agrupaciones lo llevó a convertirse en sospecho- so para las
mismas autoridades del fuerte, quienes en ocasiones dudaron de su fidelidad. En agosto de 1831, en momentos en que el
fuerte se hallaba en una difícil situación por la llegada de la coalición borogano-Pincheira, sucedió que habiéndoselo
llamado «para que tradujese las expresiones de ciertos Indios que se han presentado no fue habido Iturra en el destino,
contextando su asistente que había ido ha cuidar los cavallos dos millas distante de este punto».
Esta situación creó gran sospecha y descontento en el coman-dante pues para impedir que con esa excusa el oficial se
ausentara para tratar con los indios hacía tiempo que «fue preciso comprarle su tropilla de cavallos». Pero estas medidas
no implicaron una caída en desgracia del personaje que siguió cumpliendo su papel como intérprete oficial e incrementado
su relación con los indígenas. Los vínculos personales que anudó paralelamente con algunos oficiales del fuerte, incluido
el mismo comandante Palavecino, le permitieron instalar, a fines de la década de 1840, una pulpería y establecer cierto
monopolio en la compra de cueros a los indios derivado de su rol de lenguaraz al punto que, según otro vecino del fuerte,
«Los demás negociantes muy raro cuero compran a los indios pues el mayor Iturra se los negocia». Al frente de la casa de
comercio se hallaría su esposa Juana Seguel -que había sido cautiva de los indios y rescatada por el cacique Venancio
quien la entregó en Bahía Blanca- y su hijo Francisco Pío. Precisamente este cacique se convirtió en cliente privilegiado
de Iturra. El ascenso de Iturra en el fuerte tuvo su punto culminante cuando en 1858 lo encontramos ejerciendo la
comandancia. Es probable entonces que Iturra al final de su vida, haya realizado una opción por la sociedad criolla que lo
llevó a enemistarse con los grupos nativos que, hasta el momento, habían sido sus principales contactos con el mundo
indígena.
PRÁCTICAS MESTIZAS EN LA CAMPAÑA BONAERENSE
Esta fuente aporta información sustancial para acercarnos a la forma en que el indígena se integró en la sociedad
provincial a la vez que permite conocer algunos aspectos de la vida cotidiana en la campaña, las relaciones labora- les,
comerciales y, aún, de parentesco y compadrazgo que fueron articulando indios y criollos. En 1819, el alcalde de
Hermandad del partido de San Vicente, Zenón Videla, elevó al gobierno una presentación pidiendo la expulsión de los lla-
mados «Indios Medina» por estar involucrados en el robo de ganado. Estos indios se hallaban asentados dentro del
territorio provincial, en un terreno despoblado cerca del arroyo del Siasgo, límite entre los partidos de Monte y Ranchos
localidades que, en ese momento, se hallaban en el extremo sur del territorio ocupado. Videla había elevado al gobierno la
denuncia del hacendado del partido, Don Ignacio Arista, sobre los «frecuentes robos» cometidos por estos indios a
quienes en esta oportunidad se los había hallado con el objeto del delito, una vaca que le habían robado a Arista y habían
carneado encontrándose todavía en los alrededores de su vivienda el cuero con la marca del propietario.
El alcalde Videla elevó las actuaciones al gobierno notificando que se había logrado que los indios pagaran una
indemnización por el robo y que se trasladaran a la guardia de Ranchos donde «se les dio tierras quitándolos del
despoblado en tierras de propiedad agena» y donde no podrían robar. Para justificar su decisión Videla decidió levantar un
sumario que tituló «Ocupación, vida y costumbres de los indios Medina» poniendo en conocimiento del gobierno el tipo
de convivencia que se había originado alrededor de estos indios. Si nos dejáramos llevar por una primera impresión
podríamos suponer que el grupo Medina era una verdadera avanzada de la «barbarie indígena» asentada dentro del
territorio provincial. Sin embargo, analizando un poco más en detalle la actuación iniciada por Videla esta imagen cambia
sustancialmente. El primer elemento en el que vale la pena detenerse es el propio comentario de Videla acerca de que los
Medina reivindican «el nombre de indios si se les trata de reprender».
Esto haría referencia a una estrategia conciente de los indígenas para evadir la justicia provincial alegando ser «indios» y
por ello, presumiblemente, no imputables. Sobre los distintos puntos de la descripción de Videla -ocupación, vi- viendas,
religión, relación con la población criolla y con los indios de las pampas- se realizarían las preguntas que contestaron los
doce vecinos que fueron llamados a declarar. Aunque estos avalarían esencialmente los dichos del alcalde hay algunas
desviaciones y/o agregados que permiten armar una imagen un poco mas compleja sobre la vida de este grupo. El primer
elemento que Videla quería remarcar era la holgazanería de los indios que según varios testimonios llevarían en el lugar
entre «6 a 8 años».
De manera reiterada en las declaraciones se expresa que los indios a pesar de tener sus toldos siempre provistos de trigo,
maíz, frutas y carne fresca, «no trabajan ni se les conoce mas ocupación que ir y volver de los pampas». Aún los vecinos
más próximos a las tolderías señalaron que «no les han visto nunca rastrojos». Y otro testigo invocado por Videla, Juan
Gregorio de Igarzabal que fuera comandante de Monte en el año 1817, señalaba que existiendo ya en ese momento
denuncias por robos perpetrados por los Medina los había conminado a que abandonaran el lugar y se trasladaran al otro
lado del Salado «luego de levantada la cosecha» de su sementera la que «con dificultad alcanza a 1/2 anega de trigo». De
manera que pese a los denodados intentos de Videla por mostrar, a través de la declaración de unos testigos
convenientemente seleccionados, el ocio de los indios Medina algunos de los declarantes dejaban entrever algún tipo de
actividad económica realizada por aquellos.
Esto podría ser así pero, a medida que avanzamos en el documento, nos enteramos que los «Medina» no eran solo indios.
En los reiterados robos que, según los vecinos, se venían produciendo desde hacía años los Medina no actuaban solos. El
dueño de la vaca que se halló en las tolderías reconocería que el hurto fue realizado en complicidad con un criado negro
suyo que hacía tiempo «dormía en los toldos con las chinas, con el permiso de los indios». Las relaciones entre ellos
habían derivado en matrimonios interétnicos sancionados tanto por las costumbres indígenas como por la iglesia
creándose en el asentamiento de los Medina un verdadero mundo mestizo habitado por indios, desertores y pobladores
criollos que habían adoptado la vida en toldos.
Las tolderías, además, eran refugio de partidas de indios pampas que constantemente cruzaban la línea de frontera, de
«todos los cristianos tratantes sin licencia y criminales y aún pulperos sin licencia del gobierno». Si aceptamos las
declaraciones de los testigos sobre las actividades delictivas de «los Medina» este grupo era verdaderamente un estorbo
para el desarrollo de la vida en el partido. Sin embargo, no solo la población «marginal» estaba vinculada con los Medina.
Uno de los vecinos invocados como testigos, don Luis Gómez teniente de milicias, señalaba que los Medina luego de su
detención «se empeñaron con él para que con su influjo mediase a que no se siguiese causa proponiendo pagar todos los
perjuicios y despoblarse del paraje en que estaban».
El vecino aceptó el pedido agregando que los mismos indios le «confesaron la indulgencia con que fueron tratados y que
han mejorado con exceso en el destino en que se les ha puesto». Gómez había sido alternativamente, en años anteriores,
comandante y juez territorial y había recibido quejas constantes de los vecinos con respecto a los robos de estos indios
pero «ha sido de necesidad disimularlos y no llevarlos a efecto por las consideraciones políticas de su mucho trato,
parentesco y conexiones con los Indios» .
Durante su desempeño había recibido constantes quejas de los vecinos por robo de ganado pudiendo deshacer un
intercambio que se hallaban realizando los Medina con una partida de comercio indígena. Inmediatamente se dirigió al
asentamiento de los Medina y los exhortó a que abandonaran el lugar y se retiraran al otro lado del Salado, medida que
«ofertaron obedecer puntualmente». En este caso, el alcalde había contado con el apoyo del párroco de San Vicente. Se
menciona también al hacendado Dorna, suegro del alcalde Videla, quien según el informe precedente habría iniciado, en
un momento previo a los hechos relatados, una acción tendiente a desalojar a «pobladores intrusos» entre los que
posiblemente se encontraran los Medina.
Esta acción parece haber sido la que rechazaron tanto el alcalde como el párroco actuando en defensa de estos pobladores.
No es casual que el traslado de los Medina se logre final- mente cuando Videla, yerno de Dorna, ejercía como alcalde de
hermandad del partido. Sin embargo, en ocasiones estos últimos habían creado vínculos personales y redes con algunos
vecinos del partido que los defenderían del despojo que pretendían realizar algunos hacendados. Cabría preguntarse si
ellos mismos se sentirían tan indios y tan diferentes a la población criolla junto a la cual convivían.
Contamos con dos procesos judiciales realizados en las cercanías de la estancia del hacendado Felipe Barrancos, vecino
de dicha Guardia. El primero de ellos se inicia en agosto del año 1836 como consecuencia del asesinato del cacique Felipe
Alarcón en inmediaciones de la estancia. Felipe era hermano del indio Baldivia, perteneciente a la tribu de Caneullan
ubicada en fuerte Mayo, y se había instalado en la Guardia de Luján cerca de Barrancos, al frente de una pulpería. El
asesinato del cacique y otros indios produjo un extenso procedimiento judicial para encontrar a los culpables.
El rastro de huellas y yerba encontrado se dirigía hacia la casa del vecino, Gabriel Torres. Según Torres, viendo que la
yerba que había compra- do era muy poca le había pedido a Felipe la «yapa» y este se había negado terminantemente al
punto de no venderle la yerba. El hijo de Felipe, y otros declarantes alegarían que Torres habría introducido en la platilla
de la balanza donde se encontraba la pesa, unas espiguillas y un marlo para aumentar la cantidad de yerba que estaba
comprando. Al descubrir Felipe la treta del vecino, «se enojó, le dijo que a él no lo había de gobernar, que se fuese a
comprar yerba a la Guardia, y se fue para la cocina».
Luego de esta discusión, Torres relataría que «salió de la pieza y se fue a un toldo que tenía separado la mujer de Felipe
para tejer, se sentó a su lado en el suelo y le dijo que su marido se había enojado injustamente con él» . En lo que
coincidirían ambas versiones es que el inciden- te culminó con la invitación a tomar mate y la venta de yerba a Torres por
parte de Santiago, el hijo de Felipe. Sus vecinos criollos no parecen haberse extrañado ante estas prácticas sino, por el
contrario, se adecuaron a ellas. Resulta lógico suponer que para establecer la pulpería cerca de la estancia de Barrancos, el
cacique Felipe debía tener, o haber establecido, una relación cercana con el hacendado.
La relación de Felipe y su familia con el alcalde del partido, Rivero, parece haber sido también bastante fluida. La tarde de
la noche en que fueron asesinados, según declaró Santiago, su padre, su «madrastra» Clara y su tío Santiago «estaban en
casa del alcalde tomando mate». Posiblemente debido a esta relación de amistad, al conocer los hechos Rivero ordenó el
inmediato embargo de los bienes de Torres y Domingo Porcel, otro vecino igualmente sospechado de haber participado en
el crimen. En el caso anterior veíamos que la etnicidad indígena operaba, en general, como indicativo de una conducta
reprochable y penalizable y, tal vez, en ese sentido otros pobladores marginales de la campaña fueron incluidos dentro del
grupo de los «indios Medina».
Además, al ser apresado pidió que se llamara como testigo de su buena conducta al indio Pedro que trabajaba con él. La
familia de Felipe y los peones indios de Torres no serían los únicos indígenas que habitaban la zona. Entre los testigos
llamados a declarar se hallaba el indio Cristóbal Ñancubil quien declaró vivir también dentro de la estancia de Barrancos
donde tenía «algunas vaquitas». Ñancubil envió a la pulpería a su hijo Mariano, al lengua- raz indio José María Barrancos
que vivía cerca suyo «en el lugar de las Sala- das y a un cristiano llamado Narciso».
Al día siguiente Cristóbal, junto con los indios Ramón, Benancia, Alonso, Juan José y Mariano, sepultó los cuerpos de los
indios asesinados. La declaración de este indio abre un panorama de extrema conexión entre indios y criollos. El hecho de
vivir dentro de la estancia de Barrancos con algún ganado propio podría acercar la situación de Cristóbal a la del mismo
Torres aún cuando no contamos con mayores datos sobre las actividades que realizaba. Es probable también que los otros
indios mencionados por Cristóbal fueran vecinos y, posiblemente, también vivieran en la estancia de Barrancos.
Si a ellos sumamos la familia del cacique Felipe y la de su hermano Santiago nos encontramos ante un grupo bastante
nutrido de indígenas viviendo muy cerca entre sí y con otras poblaciones criollas como la de Torres y Porcel. El peón de
Torres, Gervasio Quiñellan, declaró que se había enterado de la muerte de Felipe por su tío Pedro a quien se lo había
contado un peón de Barrancos «que encontró en el campo». De los seis indios que declararon en este sumario solo dos
pudieron comunicarse sin necesidad de intérprete. Se trataba de Santiago Alarcón, hijo de Felipe, que ayudaba a su padre
en la pulpería y había sido peón de Barrancos y, obviamente, el lenguaraz indio José María Barrancos.
En el caso de Torres, en particular, el vecino al hablar de sus peones indios no pudo dar el nombre de uno de ellos por ser
«muy arrevesado». Dicho en otras palabras, no parece haber en estos casos una dilución de etnicidad aún cuan- do algunos
indígenas llevaran tiempo viviendo en la campaña o tuvieran estrechas relaciones con vecinos del lugar. Para el alcalde
Zenón Videla, el ser indio agregaría un dato definitorio a la hora de decidir el traslado de población «indeseable» pero no
todos los testigos llamados a declarar por el alcalde opinarían lo mismo. El conocimiento de este hecho podría haber
llevado al principal inculpado, como ya dijimos, a utilizar su propia relación con los peones indios de su chacra para diluir
las sospechas en su contra.
Un caso muy diferente se daría en otro sumario judicial donde la muer- te del cacique Felipe y sus familiares volvería a
ser mencionada. El indio Queputripay, perteneciente también a la agrupación borogana, había arriba- do en agosto de
1836, pocos meses después de la muerte del cacique-pulpero, a la estancia de Barrancos con un pasaporte expedido por el
gobernador para que fuese alojado durante una noche debiendo trasladarse luego a la chacra del indio Dámaso Tapia que
vivía cerca de la estancia 29. La desaparición del indio esa misma noche derivó en la realización de un sumario. El motivo
de su fuga de la estancia de Barrancos, según la misma declaración de Queputripay que apareció días después, había sido
que la mujer del hacen- dado le había quitado el pasaporte que tenía para llegar hasta la frontera y los obsequios recibidos
del gobierno lo cual le hizo temer por su vida.
Pero lo más interesante del proceso no está en el hecho en sí que se estaba investigando sino en la participación y
caracterización de dos testigos indios convocados. El primer declarante fue «el vecino de esta jurisdicción Juan Tapia de
nación pampa» quien dijo conocer a Queputripay de cuando vivían en Chile y que el año anterior había estado en su
chacra cerca de dos meses, momento en el cual conoció también al cacique «pulpero» Felipe. Luego de la fuga del indio,
Tapia intentó localizarlo en las casas in- mediatas y cinco días después se apareció en la chacra de Don Manuel Biñas
quien lo envió a la casa del hijo del declarante, Don Dámaso Tapia. El caso de los indios Dámaso y Juan Tapia es bastante
peculiar.
Estos habían conocido pocos años antes al indio Queputripay en Chile, lo que ha- bla de un asentamiento bastante reciente
en Luján donde, indudablemente, se hallaban al suceder el crimen del cacique Felipe aunque no figuraban en el sumario
que analizamos más arriba. Este hecho parece haber sido suficiente para que el teniente a cargo de la investigación les
adjudicara el título de vecinos en el expediente judicial, aún cuando mantiene su designación como indios pampas. De
manera que por un lado, el teniente alcalde a cargo de la indagatoria consideró que la propiedad de gana- do, el
asentamiento en el partido y, además, el hablar castellano eran factores suficientes para categorizarlos como vecinos.
CONCLUSIONES
Los procesos descriptos más arriba permiten visualizar una compleja red de relaciones personales que unían a criollos e
indígenas y, vinculado a ello, claros procesos de mestizaje cultural:
Existencia de uniones interétnicas. Este es uno de los aspectos quizás más notorios del mestizaje y podemos suponerlo
bastante extendido teniendo en cuenta las altas tasas de masculinidad que caracterizaban a los pueblos de frontera y, de
manera inversa en este caso particular, la existencia de los grupos indígenas amigos asentados en dicho espacio que
padecían una falta de hombres adultos
• La creación de redes de relaciones personales. En los casos expuestos es muy clara la conformación de vínculos
personales entre indígenas y vecinos de la campaña. Pero los mencionados no fueron casos aislados.
•Finalmente, y retomando el interrogante inicial del trabajo, ¿estos procesos de mestizaje habrían llevado a la dilución de
la etnicidad? ¿Jugaba de igual manera para la población criolla y para las autoridades provincia- les? La multiplicidad de
relaciones y los fuertes lazos entre criollos e indígenas haría pensar que en estos contactos la etnicidad no actuaba como
principio diferenciador sino que la misma estaba cruzada por otro elemento: el establecimiento de redes sociales en los
partidos de asentamiento. Como se puede ver, hay un largo camino por recorrer para acercarse a un conocimiento
profundo de la vida cotidiana en la frontera. Y aunque los resultados logrados hasta el momento presentan una gran
cantidad de interrogantes no por ello dejan de reflejar la profunda interrelación entre los “dos mundos”.
Rustan –
Introducción
El trabajo analiza las políticas de frontera en el espacio sur de la Gobernación Intendencia de Córdoba del Tucumán:
Córdoba y Cuyo, desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta 1820 aproximadamente.
El recorte del período se justifica por el alto grado de transformaciones existentes, ya que a partir de 1750 estos espacios
adquirieron un lugar relevante en las políticas borbónicas desde un punto de vista geoestratégico y económico.
Conforme a lo anterior, a partir de la década de 1750 vemos que el estado borbónico desplegó un fuerte dispositivo militar
y científico en las áreas periféricas e intentó un control social y político de esos espacios. Estas a su vez incidieron tanto
en la activación de las relaciones mercantiles del Virreinato del Río de la Plata con Chile.
Es de destacar asimismo la consolidación y avance de la frontera, a través del asentamiento de ciudades-fuertes siendo las
más importantes Villa Concepción de Río Cuarto y Villa La Carlota, en la jurisdicción de la ciudad de Córdoba, Villa San
Carlos y Villa San Rafael en la de Mendoza, cuyas características analizaremos.
Los procesos estudiados para la etapa colonial sufrieron algunas modificaciones en la nueva coyuntura emergente después
de 1810. En esa década, los cambios acaecidos por la ruptura del pacto colonial y la consiguiente transformación del
aparato del gobierno colonial nos permitirán evaluar algunos de estos, así como los aspectos más relevantes con relación a
las políticas de frontera, fuertemente condicionadas en este período por la “guerra de independencia”.
La pertenencia de estos espacios fronterizos a la jurisdicción de la Gobernación Intendencia de Córdoba del Tucumán
desde 1783 brinda una unidad espacial desde el punto de vista político-administrativo, pero esta existe también por la
articulación económica de este espacio con Chile y los circuitos del Pacífico, y por su función de nexo económico de las
rutas que recorren este espacio entre el puerto Atlántico de Buenos Aires y Chile.
Además de los espacios geopolíticos, se trataba de un espacio compartido por los grupos de indios soberanos. Entendemos
así los espacios de frontera como aquellos de encuentros de culturas: la hispanocriolla y la colonial por lo que tendremos
en cuenta las relaciones políticas, económicas y sociales llevadas adelantes con los grupos indígenas pampeanos, a través
de parlamentos y tratados en el período.
Antecedentes, referentes teórico-metodológicos e hipótesis de trabajo
Asimismo, esta investigación se apoya también en una tesina de maestría sobre la frontera sur de Córdoba a fines del siglo
XVIII, en la que combinamos el análisis demográfico con el estudio de las políticas judiciales. Este estudio se focalizaba
en el proceso de fundación de Villa La Carlota, situada en la frontera sur de la Gobernación Intendencia de Córdoba, y su
poblamiento, en las dos últimas décadas del siglo XVIII.
En el trabajo mencionado se abrieron otras preguntas y preocupaciones. Base sobre la que se apoya esta investigación,
entre las que se pueden mencionar las motivaciones que llevaron al estado colonial a promover la fundación de villas en la
frontera, la incidencia que tuvo la militarización, tanto en esas villas como en las relaciones con los indios soberanos,
entre otras.
El planteamiento de estos interrogantes implicaron la necesidad de extender el espacio inicial centrado en la ciudad de
Córdoba al de la nueva Gobernación Intendencia para poder examinar estos problemas. Esto además nos permitió
comparar distintos casos de la frontera sur de Córdoba con las de Cuyo y disponer de un conjunto más amplio de
evidencias para reflexionar sobre estos temas.
Por las contribuciones sobre la construcción de las fronteras en la jurisdicción de Córdoba, sabemos que fue muy diferente
el proceso entre la primera y segunda mitad del siglo XVIII. Esta diferencia estuvo determinada por el contexto
económico de la provincia en su conjunto afectada, desde finales del siglo XVII por la caída del comercio de mulas, que
se comenzó a recuperar paulatinamente desde mediados de la década de 1740. Esto condicionó las posibilidades de
avance de su población sobre los espacios de frontera, como así también el control de los espacios ya ocupados.
En la segunda mitad del siglo XVIII, la situación fue diferente con la recuperación económica y el posterior incremento de
los recursos fiscales durante la Gobernación Intendencia. Pero el factor más relevante es el relativo a la preocupación del
estado colonial por el establecimiento y defensa de sus fronteras. La región fue adquiriendo una importancia económica
por la reactivación del comercio por el puerto de Buenos Aires ya que era la ruta que comunicaba a esta última con
Mendoza y Chile. Por lo tanto, para los funcionarios borbónicos la frontera era un espacio a controlas y a incorporar al
dominio colonial y de allí los proyectos de creación de fuerte y nuevas poblaciones.
Otro criterio que tuvimos en consideración en la ampliación del espacio es que compartimos la idea de que los grupos
indígenas autónomos de la zona pampeana y norpatagónica operaban con una territorialidad diferente a la colonial, por lo
que las jurisdicciones que conocemos para el espacio controlado por hispanocriollos deben haber tenido para ellos un
significado muy relativo.
Para esta investigación nos proponemos, explicitar las políticas de frontera en el sur de Córdoba y Cuyo, considerando su
situación geoestratégica para el imperio español, en tanto ruta comercial y de intercambios, tomando como eje de estas
políticas a las reformas borbónicas.
En segundo lugar interesa explicar y comprender la militarización en las políticas de frontera en el marco de las reformas
borbónicas y sus alcances como elemento disruptivo en su relación con los poderes locales. También nos proponemos
reconstruir las prácticas de los funcionarios militares a cargo de las instituciones de la frontera, teniendo en cuenta las
relaciones de poder y resistencia en sus tratos con los grupos indígenas soberanos.
Por último, procuramos elaborar algunas líneas de desarrollo que nos permitan reflexionar sobre las continuidades y los
cambios de las políticas fronterizas en la década posterior a la ruptura del pacto colonial, cuando la guerra actuó como un
elemento disruptor de los procesos que se habían ido dando hasta entonces.
Es necesario precisar algunas nociones básicas, como es el concepto de frontera. Entendemos el espacio de frontera como
una noción histórica que se comprende en el marco de los procesos históricos. Como lo ha planteado Mónica Quijada,
aquellas poblaciones y las áreas adyacentes formaban parte de un espacio poroso y permeable, un ámbito de múltiples
interacciones, intercambios y procesos de aculturación, y otra es la perspectiva simbólica que se manejaba en la época
sobre los límites reconocidos no sólo entre la “civilización” y la “barbarie”, entre formas de vida, entre esferas de mayor o
menor seguridad, sino también entre sistemas políticos y formas de sujeción a la autoridad.
En este sentido, recuperamos la observación que realiza Boccara en cuanto a la distinción cronológica entre límite y
frontera. Así plantea que antes de ser una frontera en términos de espacio transicional, permeable, fluido, sujeto a la
circulación permanente de personas, ideas y objetos, la zona de contacto fue pensada como límite. El límite es así lógica y
cronológicamente anterior, a pesar de que este puede existir a veces en concomitancia con la frontera.
Comprendemos el área de frontera por su localización geográfica, pero además la abordamos en el sentido que asigna
Gascón: una colonia o una villa, que desde el punto de vista de su localización puede estar en los bordes o periferia del
imperio, pero que adquiere dinámica de frontera en la medida en que se articula con el resto del espacio, a través de redes
comerciales y de flojo de bienes y servicios.
Complementariamente, Mandrini señala que el surgimiento de una sociedad de frontera norpatagónica tuvo lugar recién
hacia fines del siglo XVII, y en particular a los largo del siglo XVIII, cuando un conjunto de factores económicos, sociales
y políticos determinaron el surgimiento de un renovado interés del estado colonial y de la población hispano-criolla por
los territorios del sur, de las regiones pampeana y patagónica.
Teniendo en cuenta estas perspectivas, intentamos enfocar el espacio de frontera a partir de una doble relación: una
vinculada a las instituciones y las practicas del espacio dominado, y la otra a las múltiples relaciones con los grupos
sociales no sujetos al dominio colonial primero o al republicano después.
Por otra parte, y siguiendo a Nacuzzi, nos parece más apropiado utilizar la expresión de “espacio de frontera” y no
“frontera”, en tanto enuncia con mayor precisión la idea de una zona permeable, porosa, de avances y retrocesos
territoriales.
En cuanto a las políticas de frontera, hipotetizamos que en el período examinado se fue conformando un orden
institucional con características particulares. En efecto, en los espacios de frontera se verificaba una especial combinación
de poderes locales en interacción con los poderes centrales, en tanto el poder político del Gobernador Intendente tomó
más fuerza que en otras zonas donde los poderes locales tenían una mayor consolidación y capacidad de negociación o de
resistencia frente a la centralización borbónica. En el caso de los espacios de frontera aquí estudiados, los agentes locales
de dicha política central fueron los comandantes y los oficiales de milicias, cuyos intereses no siempre eran coincidentes
con las políticas centrales.
Otro de los supuestos que han guiado la investigación es que la militarización borbónica y su impacto en las políticas de
frontera implicaron una ampliación del peso político de sus comandantes, lo que generó disputas de poder con los cabildos
locales.
Partimos del supuesto de que en este contexto, las políticas de frontera destinadas a resguardar y poner en valor esos
espacios para la protección de los circuitos comerciales y la defensa frente a los recursos humanos y materiales para
hacerlo, fueron algunos de los factores más importantes a considerar para comprender la política diplomática llevada
adelante por las autoridades coloniales con algunos grupos indígenas de la frontera. Esto ayuda a explicar también la
opción de las autoridades fronterizas coloniales de situarse como mediadores de los conflictos intra e inter-étnicos, que se
sucedieron a fines del siglo XVIII.
Fuentes y su tratamiento
Hemos trabajado en la investigación con diversos tipos de fuentes de acuerdo a la naturaleza de las preguntas.
Afortunadamente los burócratas borbónicos postularon un mayor y más eficiente sistema de gestión y administración
centralizada, por lo que produjeron una gran cantidad de documentación escrita y, por lo tanto, en buena medida
disponible para su consulta, pero eso implicó recorrer distintos repositorios como el Archivo Histórico de la Provincia de
Córdoba (AHPC); en la “Colección Documental Monseñor Pablo Cabrera, sección de Estudios Americanistas Monseñor
Pablo Cabrera” de la Biblioteca “Elma K. de Estrabou” de Facultad de Filosofía y Humanidades y Facultad de Psicología
de la Universidad Nacional de Córdoba (FDMPC); en el Archivo General de la Provincia de Mendoza (APM) y en el
Archivo General de la Nación (AGN).
Hemos trabajado en ellos con distintos tipos de documentos: Archivos de Gobierno, correspondencia de las autoridades,
informes de diferentes funcionarios, diarios de las expediciones militares, reglamentos, tratados con los indios y sumarios
militares, entre otras.
En lo concerniente a las relaciones diplomáticas con los grupos indígenas soberanos, las fuentes dan cuenta de las voces,
ideas, representaciones de la sociedad hispanocriolla, es decir que las voces indígenas están siempre “tamizadas” por esa
cultura y sus valores. Por lo tanto, desde el punto de vista metodológico es imprescindible no identificarse con el discurso
oficial y desmontar especialmente las condiciones de su producción y articular estas opiniones dentro del contexto de la
historia indígena. Eso nos posibilita un mejor acercamiento a las características y tipo de relaciones que estos grupos
efectivamente tuvieron con los pobladores hispanocriollos de la campaña.
PRIMERA PARTE: DEBATES HISTORIOGRÁFICOS: FRONTERA Y REFORMAS BORBÓNICAS
Cap. 1: la frontera como objeto de estudio. Algunos abordajes históricos
El objetivo de este capítulo es la presentación de una reseña de las lecturas que nos han orientado en la reflexión en torno
a la frontera como objeto de estudio.
Historiografía norteamericana
Los estudios pioneros sobre la problemática de la frontera provienen de la historiografía norteamericana sobre sus
fronteras angloamericanas e hispanoamericanas (Norte de México). Frederick J. Turner es el más destacado representante
en esta materia, quien en su escrito clásico de finales del siglo XIX, “Significado de la frontera en la historia americana”,
sintetiza sus ideas respecto de la fuerza del avance de la frontera para la conformación de la sociedad norteamericana en el
siglo XIX. Asimismo sostenía que el avance de la frontera contribuyó a la formación de una “nacionalidad compuesta”, en
el sentido de que la costa atlántica estaba constituida en buena medida por ingleses, pero los elementos étnicos dominantes
en las familias establecidas en la frontera eran escoto-irlandeses y alemanes. Otro factor en donde este autor destacaba el
rol del estado tenía que ver con las disposiciones sobre las tierras públicas.
La teoría de Turner se desarrolló en un clima científico de claras tendencias evolucionistas, en el que se resaltaban las
cualidades épicas de los grupos humanos que habían contribuido al avance de la frontera. En este sentido, Fernandez de
Castro enfatiza, con relación a este enfoque, el montaje de una historia americana realizado como una secuencia
geográfica y temporal de etapas de evolución social, que finalizaban en una forma cultural superior. Turner concebía la
frontera norteamericana como abierta y libre.
En el marco de la historiografía norteamericana, una crítica a esta corriente fue realizada en la década del 80 del siglo XX,
por un grupo de investigadores nucleados en la denominada New Western History. En forma esquemática, esta corriente
sostiene que el oeste no era una región vacía en el proceso de avance angloamericano sino que había sido ocupada y
transformada previamente por indígenas y por mexicanos. Además de atribuirle un gran peso histórico al estado
norteamericano en ese proceso de ocupación.
Este grupo también centra la atención en la definición del “Oeste” como región con características propias, no aisladas,
sino con diversas conexiones con el resto de la nación y con Europa. Los problemas fundamentales que aborda la
historiografía de esta corriente son los conflictos de clase, de género y de raza, así como el impacto de la expansión
territorial sobre el medio ambiente y en los estudios culturales.
La historiografía sobre las fronteras hispanoamericanas. Una relectura de F. Turner
Otra corriente reconocida fie la Spanish Borderlands History, que no surgió como oposición al enfoque turneriano, sino
que su iniciador fue discípulo de Turner y pretendió estudiar la frontera española como aquel lo había hecho con la
angloamericana. El objeto de estudio central de esta corriente es la historia de los territorios de Estados Unidos, que en el
período colonial no estuvieron bajo el dominio inglés sino del español o mexicano, hasta mediados del siglo XIX. Sin
embargo, Bolton y sus discípulos raramente intentaron aplicar los conceptos de Turner a la frontera hispana. Además, a
diferencia de su maestro, Bolton introdujo el universo indígena en el proceso, aunque los resultados de sus trabajos
tendían a la idealización del papel de los colonizadores, en un relato que resaltaba la epopeya de los soldados y misioneros
españoles.
Un núcleo problemático que estudia esta corriente está vinculado a las causas que explicarían por qué en el norte de
México no se desarrollaron una cultura y unas instituciones democráticas como las norteamericanas.
Esta escuela ha realizado importantes contribuciones a la historia de la frontera del norte de América, fundamentalmente a
las generaciones más recientes, al incorporar la otra cara de la frontera. Entre estos últimos, destacamos los estudios de
David Weber, cuyos trabajos han tenido como objeto principal de estudio los actuales territorios de Estados Unidos.
El sentido de su obra intenta responder al interrogante sobre si las prácticas que él había estudiado para la frontera de
Norteamérica eran o no corrientes en las demás fronteras del imperio, y si podría entenderse adecuadamente la política
española investigando por partes, o si era necesario considerar la frontera colonial en su conjunto, preguntas que ayudaron
a ir definiendo nuestra investigación.
Sin desconocer las contribuciones de Weber para el estudio de las fronteras, desde esta perspectiva de tradición
boltoniana, las fronteras hispanoamericanas han sido abordadas teniendo como referentes los problemas relativos a las
investigaciones de la frontera norteamericana. Según Weber y Rausch, en el siglo XIX los intelectuales latinoamericanos
habían creado mitos con relación a sus fronteras, concibiéndolos como espacios que engendraron violencia, lugares
brutales que dieron lugar a despotismos antes que a democracias.
En la historia argentina, el más emblemático ejemplo de este mito lo constituye Facundo, civilización y barbarie, de
Domingo F. Sarmiento en donde contrastaba la civilización europea representada por la ciudad de Buenos Aires y la
barbarie gaucha primitiva e ignorante.
Si nos centramos en la producción historiográfica hispanoamericana, una de las perspectivas de los estudios históricos de
frontera está vinculada a los procesos de poblamiento y a la ocupación de tierras. En este sentido el libro de Álvaro Jara
(1973) nos ofrece una selección sobre lo que en aquel momento se estaba reflexionando en torno a la ocupación del suelo,
el poblamiento y la vida de frontera, en las tierras ocupadas en diferentes períodos, desde la conquista hasta el siglo XIX y
comienzos del XX de los estados nacionales actuales de la Argentina, Chile, México, Perú y Venezuela.
La problemática de la frontera en el Río de la Plata
En esa misma compilación de Jara, la contribución de Halperín Donghi sobre la expansión de la frontera de Buenos Aires
entre 1810 y 1852, ponía el acento en las bases económicas de la apropiación de las tierras de la frontera en ese período.
Esto se debió, explica el autor, a que el comercio libre produjo un aumento inmediato de los precios de los productos
pecuarios, con una tendencia de alza. Pero además de los precios, el autor señalaba que hasta la década de 1830 se amplió
el mercado ultramarino y con él la demanda de cueros.
Los agentes sociales de la expansión fueron los sectores altos que ya habían consolidado su posición antes de la misma; y
asimismo, los elementos menos tradicionales que participaban en el proceso, como por ejemplo los extranjeros: ingleses e
irlandeses. La expansión de la frontera de Buenos Aires estuvo acompañada por el dominio de la gran estancia, que no
sólo fue la unidad económica de la campaña sino también de importancia central desde el punto de vista político y social.
Halperín Donghi también analiza el papel del Estado, que tuvo una atención privilegiada hacia los hacendados (entre otros
factores, mencionaba el sistema de impuestos, de carácter complejo, que implicaba fundamentalmente sobre las masas de
consumidores).
El tema de la frontera es retomado aquí unos años después por otros autores como Garavaglia. Respecto del proceso de
ocupación del espacio, este último autor recupera algunos aspectos de los planteos turnerianos, pero no remite
precisamente a la “idea fuerza” central de Turner, sino a algunos problemas que este evocaba en sus trabajos,
especialmente la relación entre “apertura” y “cierre” de la oferta de tierras fértiles.
La perspectiva de Turner fue asimismo un punto de partida para elaborar una conceptualización de la frontera bonaerense
en la publicación de Carlos Mayo y Amalia Latrubesse, con la salvedad de que los autores se abstuvieron de realizar
inferencias políticas y culturales. De esta manera, definieron la frontera recuperando tres rasgos: la frontera entendida
como un “borde exterior del asentamiento”; el límite extremo de la ocupación; la frontera como lugar de encuentro entre
dos culturas: la indígena y la hispanocriolla; y por último, la frontera como un área de tierra libres, en continuo retroceso.
Con una perspectiva crítica, el historiador cordobés Aníbal Arcondo, se propuso diferencial el proceso de ocupación del
suelo del actual territorio argentino con el proceso análogo estadounidense. En ese trabajo sostenía, como idea central, que
la ampliación del territorio y la ocupación del suelo en los dos procesos contrastados, mostraba de qué manera la diferente
actividad productiva había determinado formas diferentes de ocupación. Así, en la colonización española el autor
observaba que la especialización en la producción de bienes “extensivos” en tierras e “intensivos” en el empleo de fuerza
de trabajo eran las características que determinaba que la ampliación de la actividad ganadera fuera sólo posible mediante
la ampliación de las tierras ocupadas. En cambio, sostenía que en América del Norte el avance hacia el oeste había sido
provocado por la saturación de población en las regiones ya ocupadas, la que se había incrementado por la llegada de una
creciente inmigración europea.
Como vemos, los fundamentos turnerarinos sobre la frontera no tuvieron demasiado eco en las investigaciones sobre el
Río de la Plata en los autores revisados que particularmente analizaron problemas sobre el desarrollo agrario argentino en
el área bonaerense. Sin embargo esa tradición historiográfica ha estado presente como punto de partida para la
formulación de problemas en los análisis sobre la ocupación de tierras y los avances de la frontera, sobre todo a fines de la
década de 1960, comienzos de 1970 y en la década de 1980, aunque no se haya acordado en los resultados y las
reflexiones.
La historiografía sobre la frontera norpatagónica: los aportes desde la antropología
En un artículo que tiene más de 20 años “Indios y fronteras en el área pampeana (siglos XVI-XIX). Balance y
perspectivas” de Raúl Mandrini, este se proponía brindar una síntesis de las investigaciones más significativas que hasta
ese momento había abordado el tema de los cambios operados entre los indígenas del área pampeana de los europeos
hasta la incorporación de eses territorios al estado nacional. En aquel entonces observaba, de manera crítica, el carácter
atomizado del conocimiento sobre la frontera que implicaba que esa temática había sido objeto de estudio de los
historiadores, mientras que la sociedad indígena había sido patrimonio de los arqueólogos y antropólogos. De esta manera,
señalaba Mandrini, la historiografía tradicional en la Argentina estuvo dominada por una tendencia a reducir la
problemática de la frontera al tema de la guerra, tratamiento muy vinculado a la idea de oposición “civilización y
barbarie”. Sostenía que esta forma de abordar el tema necesariamente se limitaba a describir y examinar los aspectos
militares y no existía ningún intento de comprender el funcionamiento de la sociedad indígena y, por lo tanto, no se
percibía el rico proceso de cambios operados más allá de la línea de fuertes y fortines.
Desde aquel balance hasta hoy se puede constatar, en la mayoría de las producciones historiográficas, que esta perspectiva
dicotómica antes señalada ha sido superada.
Los nuevos aportes de la historiografía argentina y chilena introducen, en mayor o menor medida, la perspectiva indígena
en sus trabajos, avanzando en núcleos temáticos aportados por la antropología y otras ciencias sociales. Así, se han
estudiado problemas que consideran la historia indígena en las relaciona de frontera, fundamentalmente en el análisis de
las transformaciones de sus estructuras productivas, sociales y políticas. Por estas contribuciones sabemos que los grupos
indígenas norpatagónicos, a pesar de los permanentes contactos con los hispanocriollos y de las transformaciones que
estos conllevaron, conservaron su autonomía por lo menos durante 4 siglos.
La variedad y cantidad de las publicaciones es muy extensa, pero algunas de las contribuciones más relevantes de estos
estudios abordan el análisis del comercio y la producción indígena. Así como los debates sobre los procesos de
adaptaciones y resistencias, con el aporte de conceptos como el de etnogénesis, que permite interpretar desarrollos
diversos de las transformaciones no sólo políticas sino también de las formas de definición identitarias de un mismo grupo
a través del tiempo. Asimismo, otros núcleos relevantes han sido aportados por los estudios de los cacicazgos, de la
territorialización y del proceso de araucanización en la región norpatagónica.
Otros contenidos fundamentales para comprender la historia indígena y las relaciones de frontera son los conflictos inter e
intraétnicos, y el análisis de ciertos actores claves en la frontera, como son los de los “mediadores culturales” de Ares
Queija y Gruzinski.
GRIMSON, Alejandro, 2005, "Fronteras e identificaciónes nacionales: diálogos desde el Cono Sur", Iberoamericana, V,
17, pp. 91-99.
Introducción
“Frontera” ha devenido un concepto clave en los relatos y explicaciones de los procesos culturales contemporáneos. Los
análisis de la globalización se refieren a los limites, los bordes, las zonas de contacto. El concepto de frontera permanece
difuso. FRONTERA FUE Y ES SIMULTANEAMENTE UN OBJETO/CONCEPTO Y UN CONCEPTO/METAFORA.
De una parte, parece haber frontera física, territoriales; y de otra fronteras culturales y simbólicas. Estudios socioculturales
durante la década del 90: surgimiento de términos como identidades, fronteras y territorios.
El lugar de concentrarnos en los significados históricos, buscamos hacerlo en uno de sus referentes. Es decir, en lugar de
hacer un estudio sobre el termino frontera pretendimos realizar una diversidad de estudios sobre zonas fronterizas, se hizo
una historia territorial, relacional, sociocultural de espacios fronterizos específicos. En la segunda mitad de los años 90 a
varios etnógrafos nos resultaba potencialmente productivo avanzar en el estudio del problema fronteras como constitutivo
del problema identidades, es decir, de los movimientos históricos que estaban implicados en ellos. cómo enfrentar esas
investigaciones con fuerte base empírica para que, aunque en un futuro pudiésemos contribuir a las concepciones
metafóricas sobre fronteras, nuestros aportes consiguieran quebrar nuestras propias visiones teocéntricas. El autor
remarca que intentaron ir a las fronteras estatales con una perspectiva abierta que permitiera detectar y comprender no
solo la multiplicidad y mixtura de identidades, sino también sus distinciones y conflictos, también las lógicas locales de
disputas intrafronterizas.
Hace varios años la frontera de México-Estados Unidos había condensado una gran parte de la imaginación acerca del
contacto de culturas. Sobre aquella frontera han surgido imágenes contradictorias y hasta inconmensurables: desde los
migrantes mexicanos perseguidos por la ìmigra hasta mestizos híbridos.
Rosaldo, en su abierto desafío a la concepción uniformizaste de la antropología, ha hecho hincapié en las fronteras como
espacio de mezcla y multiplicidad: los espacios creativos de transculturación se centran junto con las fronteras literales y
figuradas, donde la persona se entrecruza en identidades múltiples. No todas las fronteras son reductibles a un mismo tipo
de metáfora, apunta García Canclini (2001: 22). La frontera de México-Estados Unidos son muchas fronteras, con
poblaciones e historias singulares. Esa heterogeneidad, que se multiplica cuando incluimos otras regiones del mundo,
tiende a ser anulada por miradas generalizantes y deshistorizadoras. El estudio de las fronteras requiere escapar a las
versiones estéticas y homogéneas de culturas unitarias. poco valor tendrá esa ruptura si se pretende aplicar un modelo de
ambigüedad y multiplicidad al conjunto de las fronteras. Primero, porque las fronteras son muy diversas, por lo tanto, no
hay una homogeneidad de la hibridación; segundo, ese mismo modelo debe ser discutido incluso para la frontera México-
Estados Unidos. tercero, y quizás lo más importante, porque el estudio de la frontera en sí plantea un desafío a cualquier
noción estética, uniforme y no relacional de cultura e identidad, en la medida en que debería incorporar a su perspectiva
analítica no solo la mezcla cultural, sino la alianza y el conflicto social y político.
La concepción de las culturas puras que marcaron una parte significativa de los estudios clásicos, ha llegado a su fin. El
problema es que la nueva conceptualización reemplazo de modo terminante la organización por el desorden, la pureza por
el sincretismo y la frontera por su cruce.
El reforzador de fronteras no es exclusivamente el estado, sino un conjunto de agentes sociales entre quienes pueden
incluirse en muchos contextos a los México-americanos que apoyaron el cierre de fronteras
La frontera parece haberse constituido en un laboratorio en el cual se realizan estudios desde las más diversas
perspectivas. Se sostiene que los estudios realizados en esa zona constituyen modelos para el análisis de las más diversas
fronteras políticas.
Esto se acerca demasiado a un nuevo etnocentrismo. La cuestión es si la frontera de México-Estados Unidos puede
constituirse en el caso paradigmático de la mayor parte de las fronteras o si, por el contrario, el interés de su estudio radica
en su extrema particularidad: se trata de la frontera con mayor estructura de desigualdad conocida en el mundo
contemporáneo.
Las articulaciones y desajustes entre diferencia y desigualdad son una de las claves de la frontera. Cuando las aduanas y la
migra aceitan cotidianamente una maquinaria de producción de desigualdad no parece llamativo que sobre Ésta se
encastren las diferencia.
Para pensar las fronteras políticas es necesario considerar los aportes realizados por múltiples estudios fronterizos e
inscribirlos en una historia social diferente. EL DESAFIO DE ESTUDIAR FRONTERAS EXIGIRA REPENSAR Y
CREAR HERRAMIENTAS CONCEPTUALES.
Cuando se plantea la frontera con carácter general y universal, surgen dos problemas: Hay fronteras no estatales que
constituyen límites que implican transacciones y conflictos, pero no son artefactos modernos impuestos; las fronteras
políticas, artefactos modernos, parece que no siempre fueron impuestas siguiendo el modelo México-Estados Unidos, sino
que en otras ocasiones fueron construidas en la articulación de los Estados centrales y las poblaciones locales como en el
caso de los Pirineos orientales de España-Francia