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Juana La Intrépida Capitana - Basch Adela

cuentos infantiles

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© 2016, ADELA BascH @ De esta edicién: 2016, EDICIONES SANTILLANA S.A. Av. Leandro N. Alem 720 (C1OOLAAP) Ciudad Auténoma de Buenos Aires, Argentina ISBN: 978-950-46-4774-4 Hecho el depdsite que marca la Ley 11.723 Impreso en Argentina. Printed in Argentina. Primera edicién: febrero de 2016 Direccién editorial: MARIA FERNANDA MAQUIEIRA Tlustraciones: ELISSAMBURA Direceién de Arte: José Crespo ¥ Rosa Manin Proyecto grafico: MARISOL Det BURGO, RUBEN CHUMILLAS ¥ JULIA ORTEGA | Basch, Adela Juana, la intrépida capitana / Adela Basch ; ihastrado por Blissambura, - 1a ed.- Ciudad Autéuoma de Buenos Aires : Santillana, 2016. 112p. sil; 20x 14cm, - (Azul) ISBN 978-950-46-4774-4 1. Narrativa Histérica Argentina, 2, Teatro. |. Elissambura, ilus, II. Titulo, CDD 663.9282 Todos los derechos reservados. Esta publicaciénna puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperacién de informacién, en ninguna forma ni por ningtin medio, sea mecinico, fotoquimico, electrénico, magnetico, electrodptica, par fatoca- pia, o cualquier otto, sin el permiso previo por escrito de la editorial. ESTA FRIMERA BDICION DE 8.000 EJEMPLARES SE TERMING DE IMPRIMIR EN EL MES DE FEBRERO DE 2016 EN ARTES GRAFICAS COLOR Era, PASO i92, AVELLANEDA, BUENOS AIRES, REPUBLICA ARGENTINA. ATO! PBQI Juana, la intrépida capitana Adela Basch Tlustraciones de Elissambura loqueleo OBRA EN CINCO ACTOS Personajes ACTRIZ AcTOoR SOLDADITO JUANA AZURDUY MaTiAs AZURDUY, PADRE DE JUANA MUJERES Y HOMBRES ABORIGENES VECINOS JUANA AZURDUY NINA FUNCIONARIO DE LA COLONIA TiA DE JUANA Tio DE JUANA VOCES EN OFF JUANA AZURDUY ADOLESCENTE Novicia GENERAL REALISTA José CONDORCANQUI MANUEL PaDILLA AMIGA DE JUANA POBLADORES SOLDADOS REALISTAS COMPANEROS DE BATALLA DE JUANA Y MANUEL MANUEL BELGRANO NINos ¥ NINAS LA MUERTE MUJER SIMON BOLIVAR ANTONIO JOSE DE SUCRE FUNCIONARIOS 1, 2 ¥ 3 SECRETARIA (Se abre el telén), ACTRIZ ¥ ACTOR.— j¥a mismo comienza la accién con esta especial presentacién! (En el escenario hay varios carteles en los que se lee “El Grupo de Teatro la Altiplana presenta Juana, la intrépida capitana”). SoLDADITO.— Estimado publico, estoy ante ustedes para decir “presente”, como humilde soldado que ha luchado entusiastamente, para que juntos, en esta fecha sobresaliente, recordemos a la pa- tria ya sus hijos valientes, Si, a aquellos varones que lucharon con ufias y dientes para que logra- ramos ser independientes. (El actor y la actriz se asoman e intercambian miradas burlonas). aL ActrRiz.— (Al Soldadito). Eh! ;Qué le pasa? ;No conoce alguna rima diferente? jVa a estar toda la vida diciendo palabras que terminen en ente? Acror.— Por si necesita mas, le puedo decir “re- viente, indecente, miente, cuente, fuente, siente”. |Pero basta! j¥a tuvimos suficiente! SOLDADITO.— (Sin prestarles mucha atencién). Si, 12 exactamente. Gracias por recordarme la letra. “jPero basta! Ya tuvimos suficiente de este ré- gimen indeseable y dependiente’, fue lo que di- jeron los hombres sobresalientes, mientras se convertian en bravos combatientes que lucha- rian por su terrufio sufriente. Actriz.— (Se acerca al Soldadito y le cubre la boca con las manos para callarla). Oiga, Soldadito, de verdad, mucho lo lamento, pero si sigue asi, el ptiblico se va a morir de aburrimiento, Si vuel- ve a decir otra palabra terminada en ente, jvoy a averiguar dénde hay una guerra para mandarlo al frente! AcTor.— Usted esta abusando de nuestra paciencia; y ademas parece que también olvidé que hoy presentariamos la vida de una mujer a la que todavia ni siquiera nombré. Una mujer que con toda su fuerza, su capacidad y su voluntad hizo grandes aportes a la lucha por la independencia. SOLDADITO,— 2Una mujer que hizo grandes de- portes? Acrriz.— |No! Una mujer de porte, de porte valeroso y con un amor a la libertad sincero y poderoso. SOLDADITO.— Pero yo pensé que ibamos a... Actor.— Jovencito, ya escuchd ala sefiora. Somos nosotros los que actuaremos ahora. SOLDADITO,— Pero, pero, pero,., las mujeres... Las mujeres son, son, son seres.., Acrriz,— {No me diga! jAsi que las mujeres son seres! Me sorprende, jAlbricias! {Chocolate por la noticia! SOLDADITO.— Yo iba a decir que las mujeres son seres que se quedan en la casa tejiendo y comiendo chocolate y que no participan en los combates. ACTRIZ.— jAh! 3Si? [Pues sepa que no siempre es asi! En esta obra, yo hago el papel de Juana Azurduy. Fue una mujer, y sin embargo fue muy... muy... muy... jmuy! SOLDADITO.— {Muy qué? AcTRiz.— Muy integra, muy luchadora y muy valien- te. Y cuando hubo que dar combate en defensa 13 14 de la libertad, ella también se hizo cargo con mu- cha efectividad. Bebié mas de un trago amargo y soporté los embates, que siempre fueron muy fuertes, de los que se oponian a los insurgentes ya toda la pobre gente que moria de necesidad. SoLpapiro,— Eso realmente es verdad? 3Las mujeres no se dedicaron siempre a la cocina, a preparar sopas, guisos y tortas de harina, a la costura, la limpieza y el bordado, a los nitios y a su cuidado? Actor.— Jovencito, jsu desconocimiento es una vergtienza! ;No sabe que Juana luché mucho por la independencia? SOLDADITO.— No. Actor.— {Usted sabe que el general Belgrano le entregé su espada? SoLDaApITO.— 4A quién? 4A Juana? AcTRIz.— (Si! La verdad es que usted no sabe nada. jMucho uniforme, mucho uniforme, pero su ignorancia es enorme! SOLDADITO.— Por favor, comprendan mi caso, estoy dando los primeros pasos. Sé que mi for- macién tiene limitaciones y les ruego que me perdonen. Actor.— (Mientras habla toma al Soldadito de la mano y Io obliga a sentarse sobre un banco en un extremo del escenario). Bien, Entonces, para que no tenga ideas vanas, quédese y conozca... jla vida de Juana! 15 ‘to imer ac a a Acrriz.— jAqui veremos la infancia de Juana, una heroina sudamericana! Escena 1 Actriz.— (Con una mufieca-nifia pequeria en brazos). Juana Azurduy vino al mundo el 12 de julio de 1780, cuando ya se vislumbraba la lucha cruenta que libraria su patria para lograr la indepen- dencia. AcToRr.— Juana nacié en lo que era el Alto Pert, donde mucha gente no podia decir ni mu. Esa regidn era parte del Virreinato del Rio de la Plata, cuando Chuquisaca... SOLDADITO.— gChuqui saca? ;Quién es Chuqui? éY qué saca? Actrriz Y ACTOR.— Chuqui no es una persona y no saca nada. jPor favor, no nos distraiga y no pre- gunte pavadas, porque nos saca! SoLpaApITO.— De dénde los saco? ACTRIZ Y ACTOR.— Nos saca de las casillas y del tema del virreinato. ;Denos un poco de bolilla y callese por un rato! SOLDADITO.— De acuerdo, sus érdenes acato, 19 20 Actriz.— Chuquisaca era el nombre de una im- portante ciudad que hoy se llama Sucre y esta en Bolivia, a decir verdad. Actor.— Juana descendia... SOLDADITO.— (Toma de su mochila una escalera desarmable, la arma rdpidamente y se la ofrece al actor). jAqui tienen! Pueden usar esto. Con todo gusto se las presto. Actor.— gSe puede saber para qué queremos una escalera, cabecita de ciruela? SOLDADITO.— Y... estaban diciendo que Juana descendia... la escalera sirve para descender con mas facilidad y mayor seguridad. Actor.— jCallese, alcornoque! Su cerebro necesita unos retoques. Vamos de nuevo. Juana descen- dia de una combinacién de antepasados incas y espafioles. Tenia ojos luminosos como faroles y, desde el momento en que vio la luz, su rostro mostr6 una belleza de gran distincidn, en la que predominaba el influjo... jandaluz! SoLDADITO.— Si, anda la luz. jNo ven que estan todas encendidas? Actriz.— (Lo fulmina con la mirada y con el tono de voz). sUsted quiere aprender o prefiere que le hagamos una despedida? (El Soldadito se pasa el indice y el pulgar unidos de un lado al otro de boca, indicando que la va a mantener cerrada). Juana aprendié de su padre a montar habilmente a ca~ ballo, a tratar a los aborigenes de manera muy amable y a no considerar a otras personas sus vasallos. (Entran Juana y su padre, Matias Azurduy, y se encuentran con una familia de aborigenes, Se detienen a saludarlos y los abrazan afectuosamente. Luego los aborigenes salen). Marias.— Esto, que para nosotros nada tenia de extraordinario, con frecuencia suscitaba mali- ciosos comentarios de parte de muchos honora- bles vecinos a quienes los aborigenes les impor- taban un pepino. VECINO 1.— Me parece que a don Matias se le va la mano. Trata a los aborigenes como si fueran humanos. VecIno 2— Esta dando un pésimo ejemplo a su hija. Cuando crezca, habré que ajustarle las clavijas. 21 a2: Escena 2 AcTor.— Es oportuno que nos detengamos un momento para ver exactamente qué concepto se tenia de los aborigenes en ese lugar y en ese tiempo, SoLpapITo.— jEh! ;Qué hacen? jDeténganse! Dije- ron que iban a detenerse un momento y hay que tener coherencia entre accién y pensamiento. Actriz.— jHablabamos de detenernos en sentido figurado! jUsted es un tremendo maleducado! AcTor.— Sigamos. En ese entonces el pensamiento predominante provocaba a los indios muchos su- frimientos, los hacia victimas de una explotacién insultante y los obligaba a vivir en permanente descontento. (Juana nifia discute con un funcionario de la colonia, que todo el tiempo la mira con sorna). Juana.— No entiendo por qué los aborigenes padecen tantos horrores. FUNCIONARIO.— Los aborigenes son claramente inferiores. Por ejemplo, no tienen iniciativa. JuaNna.— jSiles estan robando la vida! FUNCIONARIO.— Ademas, son muy débiles fisica- mente. Juana.— jLos matan de hambre y encima quieren que sean fuertes! FUNCIONARIO.— Son todos unos vagos, Juana.— Los estan destrozando,,. ;Qué quieren, que sean magos? FUNCIONARIO,— {Son unos intttiles! No hay nada que hagan bien, JUANA.— Les quitaron la tierra, que era su principal sostén. Y sin ella, son como unas vias sin tren. FUNCIONARIO.— (Riendo). ¢;Cémo que les quitamos la tierra? Esta muchachita cree que sabe mucho, y no comprende que yerra. jA los aborigenes no les qui- tamos nada! Cuando nosotros Ilegamos, nada les pertenecia. (Se pone una corona sobre la cabeza), Por- que ya el Rey habia dicho: “Toda esta tierra es mia”. JUANA.— (Le retira la corona de la cabeza y la arroja al suelo). Pero eso nunca fue cierto, Ya se sabe que es un invento. FUNCIONARIO.— {Qué estas diciendo, Juana? ;No sabés que los aborigenes no sirven para nada? Tienen el cerebro aplanado. 23 24 JUANA.— Y claro. Si trabajan como esclavos! Ade- mas, todos ustedes los explotan y de esa forma los convierten en idiotas. FUNCIONARIO.— (Basta! jCerra la boca! (Entran algunas mujeres y hombres aborigenes, con aspecto de agotamiento, y se dirigen al funcionario). MUJERES Y HOMBRES ABORIGENES.— Nos fuerzan a hacer los trabajos mas pesados, y encima nos consideran unos vagos. Nos usan para todo y nos tratan de mal modo, Somos mano de obra total- mente gratuita, nunca nos dan ni cinco guitas. Nos obligan a agachar la cabeza para que ustedes la pisen como a la maleza, y después de pisarla dicen que no servimos para nada, (Su corazén es una puerta cerrada! Ya que trabajamos para ustedes, deberfamos disponer de sus mismas comodidades y no estar pasando necesidades. FUNCIONARIO.— jEso es totalmente imposible! jNos resulta inconcebible! MUJERES Y HOMBRES ABORIGENES.— Ustedes tie- nen el corazdn mas duro que Roca, perdén, que una roca, |Bastal jSilencio! jCAllense la boca! Escena 3 AcTor.— En el hogar de Juana reinaban aires de respeto y libertad. Pero quiso la vida que a edad temprana conociera el dolor de la orfandad. La nifia quedé, entonces, a cargo de sus tios, que intentaron educarla como creian debido. (Juana nifia juega de diversas maneras, corre, brinca, se arroja al suelo, se trepa a una mesa y se comporta como cualquier nifia traviesa. Los tios permanecen de pie con expresién severa y le hablan como si tuvieran un disco grabado en la cabeza). TiA.— Juana, no hagas eso; Juana, no saltes; Juana, no te sientes y no te levantes. Tio.— Juana, no pienses; Juana, no preguntes; Juana, no corras y con los pobres no te juntes. Tia.— Juana, no contestes; Juana, no sientas; Juana, es una orden: jte prohibo estar contental Tio.— No, Juana, eso no se toca. jY mejor haceme caso y cerré la boca! Juana.— En casa de mis tios hay un clima tan opresor que me colma de malestar y furor. 25 ( Segundo acto AcTOR.— jAqui Juana llega a la adolescencia y co- mienza a sentir cierta impaciencia! Escena 1 AcTRiz,— Cuando tenia dieciséis afios, por decisién de sus tios, fue enviada a un convento para en- contrar paz, pero es probable que la mandaran para que no hiciera lios y, sobre todo, para que los dejara de molestar. AcTor.— La vida de Juana en el convento no fue feliz: siempre le hacian reproches por algin presunto desliz. Encontrar alli alguna paz era un anhelo vano, habia tanta rivalidad como en cualquier 4mbito mundano. Voz 1.— jAcd mando yo! Voz 2.— jNo, noy no! Voz 3.— jYo soy quien toma las decisiones! Voz 4.— jNo! jDe mi dependen las resoluciones! AcTRIz.— En el convento habia un solo lugar que a Juana le agradaba, pero no estaba bien visto que lo frecuentara. A Juana le gustaba tomar li- bros de la biblioteca y asi conocié ideas que a sus tios producian jaqueca: todos tienen derecho a 29 30 ser libres e iguales ante la ley cualesquiera sean su origen y el color de su piel. (De noche, Juana adelescente se encuentra con otra novicia, compariera del convento, en la biblioteca. Ambas sostienen en una mano un candelabro con una vela encendida). JUANA.— Me encantan estos encuentros noctur- nos, rodeadas de libros y papeles. Tal vez halle- mos algo interesante sobre el mundo en medio de estos anaqueles. Novicia.— Me parece que en estos estantes no hay nada realmente interesante. Sin embargo, sé que estdn ocurriendo hechos que hacen tem- blar pisos, paredes y techos. Juana.— (Toma unos papeles de un estante y les da una mirada). Veamos qué dice el pliego amarillen- to que leeremos en este mismo momento. “Cono- cido como Tupac Amaru II, José Condorcanqui, de origen quechua y buena posicién, puesto que era un adinerado comerciante, intent liberar a sus hermanos de la tirdnica y cruel opresién que los sujetaba de pies y manos’. Escena 2 (Entran el General realista y José Condorcanqui, que pasan a ocupar el centro de la escena). GENERAL.— Eh, Condorcanqui, vos tenés una for- tuna. Pero, como aborigen, no te corresponde ninguna. (Lo amenaza con un arma de fuego). Si no querés que nos pongamos molestos, vas a tener que pagarnos mas impuestos. CONDORCANQUI.— Na, no, no y no, Eso si que no. Y¥ créame, porque lo digo yo. GENERAL.— Si, si, si y si. Eso si que si. Yo tengo el poder, créame a mi. CONDORCANQUI.— Me niego a pagarle mas im- puestos. jSepa que no estoy dispuesto! GENERAL.— Ademas, hay otra cosa que hemos impuesto, y no nos importa si estan o no pre- dispuestos: todos los aborigenes, de cualquier condicién o edad, trabajaran en las minas en beneficio de la autoridad. MUJERES ABORIGENES.— jNo! {No queremos tra- bajar en las minas! Eso nos traer4 enfermedad, muerte y ruina. A BL GENERAL.— Pues les digo que, muy a su pesar, ja las minas iran a trabajar! Pueden ir a quejarse a su abuela. jPero iran a las minas aunque no quieran! HOMBRES ABORIGENES.— Tendremos que ir a tra- bajar sin recibir nada, ni siquiera una misérrima paga. Para ustedes el metal vale mas que nues- 32 tra sangre, y mucho mas que nuestros hijos y que su hambre. El oro y la plata valen mas que nuestros cuerpos, y por eso de las minas nos sacan muertos. Cualquier cosa vale mas que el respeto que merecemos nosotros, nuestros hijos y nietos. GENERAL.— Si, ustedes trabajaran a nuestro ser- vicio y nos apropiaremos de los beneficios. MUJERES ABORIGENES.— (No! jNo queremos tra- bajar en las minas! Si vamos alli, nuestras vidas terminan. (El General y José Condorcanqui se enfrentan). ConporcaNnoui.— (Al General). jSepa que no aceptaré sus érdenes, me resisto! Habra comba- te, jmi pueblo y yo estamos listos! (Hay un feroz combate. Condorcanqui estd a punto de morir a manos del General). JuaNna.— {No! j|No lo mate! jNo! (Trata de abalan- zarse sobre el General para impedir que mate a Condorcanqui, pero el General se le escapa de las manos mientras rie a carcajadas. La cabeza de Condorcanqui rueda por el suelo y el General se dirige a Juana, que lo mira con horror y desespe- racion). GENERAL.— Escuchame, Juana, jovencita male- ducada. (Como si leyera un decreto, le dice con se- veridad): En esta clase de sociedades una mujer tiene dos posibilidades: solo puede ser monja o esposa, y aunque no te guste, jasi es la cosa! Por eso, Juana, es mejor que cambies tu actitud de inmediato y te vayas de una vez a lavar los platos. Ademas, una mujer debe ser sumisa. (El Soldadito irrumpe de pronto en medio de la escena). SOLDapITO.— Claro, una mujer debe ir a misa. éEscuché, Juana? jA ver si deja de ser una ta- rambana! 33

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