EL MONITO PARLANCHÍN
-¡Ayayay! ¡Este confinamiento no termina nunca! - exclamó mamá
Monita, abrazando fuerte a su hijo temeroso que se escondía entre sus
brazos. Ella era muy cuidadosa, siempre se lavaba sus manos antes de
mimar a su pequeño.
Monito estaba muerto de miedo por todas las noticias que se
escuchaban. Nunca una plaga había afectado tan gravemente al bosque
entero.
El papá Gorila, dijo:
-Ya casi cumplimos un mes sin salir de nuestro árbol y todavía tendremos que quedarnos más.
-“Pe pe pe … ro , te te tengo que volver a la e e escuela” , - tartamudeó Monito.
Desde hace unos días, Monito había comenzado a hablar de esa manera. Antes del confinamiento
por el coronavirus, él era un monito parlanchín. Las cosas comenzaron a cambiar desde que
cerraron las escuelas.
El Búho, amigo de la familia de los monitos, viendo todo desde lo alto
de una palmera, dijo:
-Tengo que hacer algo para que Monito vuelva a hablar bien.
Doña Lora subida en una frondosa rama le dijo al sabio Búho: - Si
picoteamos la lengua de Monito podríamos ayudarlo.
-No, el mejor remedio es el abrazo de sus padres y hermanos, por eso es tan importante tener las
manos limpias para demostrar nuestro amor. Pero, además, podemos enseñarle trabalenguas, y
entretenerlo jugando y cantando.
Doña Lora, dijo:
-Tienes razón, cuando yo era pequeña mi mamá y mi maestra me enseñaron con mucha paciencia
a hablar, me corregían con cariño y no permitían que otros pájaros se burlen de mí. Ellas siempre
me animaban para seguir mejorando.
-Tenemos que darle estos consejos a doña Monita para que ayude a Monito – dijo el Búho.
Mamá Monita los escuchó con mucho interés y llamó a la maestra de Monito para que entre
todos ayuden a su pequeñín.
Y así sucedió, Monito se comunicaba a través de una Red de lianas con su maestra, con sus
amigos, hacía sus tareas, practicaba sus trabalenguas y se divertía cantando. Su familia, lo
animaba a hablar. Todos querían que Monito se sintiera muy querido.
Papá Gorila se sentó un día con Monito y le explicó que, aunque es
difícil no poder salir al bosque e ir a la escuela, es importante
quedarse en casa porque de esta manera ayudamos a proteger la
salud de los demás monos, en especial de los más viejitos y
vulnerables.
-Es un acto de amor por el bien de todos- dijo papá Gorila.
Monito entendió porque era tan importante permanecer en casa.
Con el paso de los días se sentía más tranquilo y comprendió que podía seguir aprendiendo y
disfrutando de la escuela a través de la Red de lianas, ahí se encontraba con sus amigos y recibía
las tareas de su maestra.
Con la ayuda de sus familia y amigos, Monito logró sentirse bien y volver a hablar como un
parlanchín. Y todos los que ayudaron a Monito estaban muy felices
Cuento adaptado de UNICEF/para cada
niño.