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"Ensayo Del Dr. José Gregorio Hernández": Elaborado Por

El documento resume la vida y obra del Dr. José Gregorio Hernández, un médico y científico venezolano pionero en bacteriología en el siglo XIX. Nació en 1864 en Isnotú, Venezuela. Estudió medicina en Caracas y luego en París, Berlín y Madrid, donde se especializó en microbiología. A su regreso a Venezuela en 1891, fundó el primer laboratorio de bacteriología en América y cátedras de histología y fisiología experimental. Trabajó como médico, científico e investigador hasta su

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"Ensayo Del Dr. José Gregorio Hernández": Elaborado Por

El documento resume la vida y obra del Dr. José Gregorio Hernández, un médico y científico venezolano pionero en bacteriología en el siglo XIX. Nació en 1864 en Isnotú, Venezuela. Estudió medicina en Caracas y luego en París, Berlín y Madrid, donde se especializó en microbiología. A su regreso a Venezuela en 1891, fundó el primer laboratorio de bacteriología en América y cátedras de histología y fisiología experimental. Trabajó como médico, científico e investigador hasta su

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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior Universitaria

Universidad de las Ciencias de la Salud “Hugo Chávez Frías”

Curso introductorio – Medicina

Pampanito Edo Trujillo

“ENSAYO DEL DR. JOSÉ


GREGORIO
HERNÁNDEZ”

Elaborado por:

Luis Mario Moncayo Aponte

CI 30.559.128

Medicina Sección:” A”
INTRODUCCION

Uno de los aspectos más importantes de la personalidad del Dr. Hernández fue, sin duda
su viva fe católica y su inmensa práctica religiosa; un ejemplo de la coherencia,
compatibilidad y armonía de la fe cristiana con la ciencia. Y no podría ser de otra manera,
pues el tesoro de la fe y la ciencia llevan ambas al conocimiento de la verdad, reflejo del
mismo Dios, la suma y esplendorosa verdad

En el mundo médico venezolano no existe persona de la que se haya escrito más que de
este ilustre trujillano; la exaltación de sus virtudes y la aureola de santidad creada en torno a
su existencia, realizada por el fervor popular, groseramente abultada por los programas de
cine, radio y televisión, han desfigurado la señera silueta del maestro, su vida y su obra,
creando como un mito que poco armoniza con la realidad de su imagen de médico
eminente, de reconocida santidad.

Fue un hombre excepcional lo cual no lo eximió de defectos y por tanto de críticas, solo
Jesucristo estuvo exento de debilidades y flaquezas. El entusiasmo de sus apologistas
transformados en hagiógrafos en los que respecta a su espiritualidad, los han llevado al
punto de deificar su vida, ignorando su condición humana y olvidando la responsabilidad
de quienes escriben la historia; de ahí que su figura se nos presenta asfixiada por montañas
de escritos, falsas anécdotas y huecas historietas, que habrá que arrojar lejos para obtener la
verdadera imagen de su persona, y una estimación cabal de su obra y actuación. un médico
que entendió esta profesión, como de entrega por vocación de amor y servicio al enfermo;
un investigador curioso, disciplinado y apasionado, motivado por su afán de conocer más
acerca de las enfermedades, para poder ser mejor médico; un profesor de excepción, a
quien todos los estudiantes apreciaban y respetaban; un familiar cariñoso, y cuidadoso y
protector para con los suyos, como lo que con sus hermanos y particularmente con su
medio hermano, José Benigno y sus sobrinos, José Temístocles e Inocente, cuando se
vinieron a Caracas a estudiar bachillerato y luego Medicina; un hombre de una gran
espiritualidad, y misticismo, que lo llevaron en dos oportunidades a intentar la vida
religiosa.
Vida y obra del Dr. José Gregorio Hernández (1864-1919)

El Dr. José Gregorio Hernández nace en Isnotú, estado Trujillo. Estudia primeras letras
en su pueblo natal y se traslada luego a Caracas, para estudiar en el Colegio Villegas,
graduándose de Bachiller en Filosofía en 1884. Estudia Medicina, graduándose en 1888.
Presentó su tesis en: La doctrina de Laennec y La Fiebre Tifoidea en Caracas”, ambos
relacionados con enfermedades bacterianas, campo en el cual centrará su profesión médica.
Es considerado Fundador de la Bacteriología en Venezuela. Luego se traslada a su tierra
natal para hacer medicina rural, donde recibe la noticia de que fue becado para cursar en
Paris, estudios de Microscopía, Bacteriología, Histología y Fisiología Experimental.
Regresa de Europa en 1991 y funda el Instituto de Medicina Experimental, el Laboratorio
del Hospital Vargas y varias cátedras de Medicina, entre ellas Histología Normal y
Patológica; Fisiología Experimental y Bacteriología. Esta fue la primera que se fundó en
América, impulsando la renovación y el progreso de la ciencia venezolana. Perfecciona el
uso del microscopio. En 1904 ingresa como Individuo de Número a la Academia Nacional
de Medicina como uno de sus Fundadores, Sillón XXVIII. En 1909 renuncia a sus labores
en Venezuela y se traslada a Italia, para ingresar al monasterio de la Cartuja, como Fray
Marcelo. Su condición física lo hace regresar a sus actividades profesionales, docentes y
académicas, en Venezuela. En 1914 vuelve a Roma, ingresa al Seminario, pero nuevamente
debe regresar, por síntomas de tuberculosis. Continúa sus labores académicas y docentes
hasta 1919, cuando fallece en accidente de tránsito. Durante los 23 años en que ejerció
efectivamente la docencia universitaria, el doctor Hernández dictó un total de 32 cursos, en
asignaturas de su competencia, con asistencia de 694 estudiantes. Hermosa síntesis analítica
de una personalidad de excepción, concebida y expresada dentro de la más compleja
simplicidad.

De la unión de Benigno Hernández y Manzaneda de una parte y Josefa Antonia


Cisneros y Monsilla de la otra, romántica unión de llaneros refugiados en el pueblito de
Isnotú, Estado Trujillo, nace un niño a quien se dio el nombre de José Gregorio. Fue
bautizado en Escuque por el padre Victoriano Briceño y confirmado en 1867 por el
Arzobispo Juan Hilario Boset, apadrinado por el Presbítero Francisco de Paula Moreno, en
Betijoque. Aunque venido al mundo en humildes condiciones era de prosapia ilustre, de
abolengo, proveniente de linajudos solares cantábricos, una de cuyas ramas vinieron a
Venezuela en el siglo XVIII.

José Gregorio era de apariencia delgada, apenas alcanzaba 1.60 de estatura, su piel era
blanca, ligeramente tostada por el sol, tenía una mirada vivaz, clara y penetrante, sus ojos
oscuros sabían mirar de frente e inspirar confianza. De labios delgados, frente despejada,
nariz perfilada, rostro ligeramente ovalado y cabeza bien formada, tenía las manos suaves y
una sonrisa acogedora y oportuna. Predispuesto a hacer bien, era magnánimo y abnegado.
Baja de la montaña a los 14 años y viene a Caracas a comenzar sus estudios en el Colegio
Villegas, graduándose de Bachiller en Filosofía en 1884. Ya leía a Plutarco, Kempis y
Vidas de los santos. Estudia Medicina por insistencia de su padre y enrumba su mente por
los caminos de la biología y no hay quien lo detenga, estudia con voracidad, como
impulsado por una fuerza interior, llegó a poseer una cultura enciclopédica, era erudito y
sabio, sometido a una recia disciplina; hablaba inglés, alemán, francés, italiano, portugués,
dominaba el latín, era músico, filósofo y poseía profundos conocimientos de teología. Tuvo
como maestros entre otros a Adolfo Ernst y Adolfo Frydensberg. En su formación como
médico recibió las influencias de las teorías que tenían vigencia para el momento: El
Vitalismo, la flegmasía y del miasma, para completar este conjunto de principios que regían
la enseñanza de la medicina, Hernández recibió clases de Homeopatía en la cátedra de
patología Interna dictada por el Dr. Manuel Porras, fundador de los estudios homeopáticos
en Venezuela.

Se doctoró en medicina en la Universidad Central de Venezuela el 29 de junio de 1888.


Su tesis la defendió ante Jurado y presentó sobre dos temas: la doctrina de Laennec y la
Fiebre Tifoidea en Caracas, ambos temas relacionados con enfermedades bacterianas,
campo en el cual se verá centrada su profesión médica ulteriormente, ya que es considerado
el fundador de la bacteriología en Venezuela. Su primera intención como recién graduado
fue establecerse en los Andes. Pensaba que desde Isnotú, su pueblo, podía adelantar una
serie de viajes exploratorios por las poblaciones de la región, ubicar un sitio donde
radicarse para comenzar la consulta médica privada y disponer de ingresos propios. En la
región inicio así la práctica independiente, lejos de la tutela de sus maestros, su aspiración
final era viajar a París. En una carta para Santos Dominici de 1888, decía: “Aquí he tenido
varios enfermos, un caso de aborto del mes de julio y cuya hemorragia no había cesado; ya
está fuera de peligro porque hace tres días que se suspendió el flujo (…) dos casos de
disentería aguda, los cuales aunque han mejorado un poco no están bien todavía; un caso de
tuberculosis (…) Para hacer tan poco tiempo que estoy aquí (…) me da esperanza de poder
reunir dinero suficiente (…) Papá dice que él cree que haré más de tres mil pesos que
pongo como cifra indispensable para poder estar algún tiempo en París”.

Andaba por los caminos de recuas; visitas domiciliarias a caballo. Andaba entre
Betijoque e Isnotú viendo enfermos. En su aproximación a la práctica médica tuvo una
clara conciencia de sus limitaciones y de la necesidad de continuar estudiando, indagando y
buscando respuestas, en un proceso de aprendizaje que para él fue constante desde el
comienzo. Pedía información a Caracas, a Dominici. Estuvo ejerciendo durante siete meses
entre los poblados de Isnotú, Betijoque y caseríos aledaños. Arrostró peligros que gracias a
su voluntad y control personal no le impidieron cumplir con el deber de asistir al paciente.
Visitó Valera, Mucuchies y Mérida, estuvo en Colón, estado Táchira. Después de trotar por
diversos pueblos de Trujillo, regresa a Caracas en 1889 cuando es becado, con la ayuda del
doctor Calixto González, para cursar en París estudios de Microscopía, Bacteriología,
Histología y Fisiología Experimental, a ser instituidos en el país. Permaneció allí hasta
1891. Fue alumno de Charles Richet en Fisiología. Con Mathias Duval aprendió técnicas
histológicas y embriológicas. Isador Strauss le concedió una medalla, un premio simbólico
como Mejor alumno que en dicha especialidad, alguna vez tuvo. Luego viajo a Berlín
donde estudió Anatomía e histología patológica. Pasó por Madrid y asistió a clases con
Santiago Ramón y Cajal.

Tres fechas marcan los estudios médicos en Venezuela: la fundación de estos por
Lorenzo Campins y Ballester en 1763; en 1827, cuando Vargas crea la Facultad de
Medicina y en 1891 cuando Hernández inicia los estudios experimentales, de forma
científica. Con fe inquebrantable, forjada en una vida ejemplar, se ofrece de lleno a la tarea
de llevar a cabo, en unión de otros, la mayor revolución en nuestros estudios médicos.
CONCLUSION

José Gregorio, era un médico de un espíritu superior, entregado a su ejercicio, por


entero, sin ningún afán de lucro, para quien la práctica de la medicina era una oportunidad
de actuar en nombre de Dios, por lo que no aspiraba remuneración alguna por su trabajo.
Además, no tendría mayores cargas económicas, pues no tenía familia que mantener, y
llevaba una vida muy austera. Los médicos, aunque tengamos mucha vocación, también
debemos afrontar compromisos económicos, y nos vemos afectados cuando se nos echa en
cara la comparación con el Dr. Hernández, en ese sentido.

Médico por mandato de su propia vocación, lo fue para hacer del ejercicio de la
medicina el camino seguro de llegar al corazón de los necesitados y combinar con la
grandiosidad del místico los efectos beneficiosos de las drogas y el poder consolador de la
oración. Es formidable comprobar en las andanzas terrenales de José Gregorio la
uniformidad de conducta para ejercer la medicina, cumplir las obligaciones de eminente
venezolano y disponer de todas las fuerzas de su voluntad, que fue de piedra, y de todos los
reclamos de su autocritica, que fue de cristal, para tratar de convertirse en Fray MarceloPor
cierto la devoción católica fue tradición en la familia de Hernández, de tal manera que la
tendencia a convertirse en personaje religioso, se cumplió en su tía María de Jesús, quien
profesó de Clarisa en Mérida. Tuvo parentesco con el Hermano Miguel, de las Escuelas
Cristianas de Ecuador, biólogo, como él, poliglota, humanista, autor de textos de educación
secundaria, con el pseudónimo de GM. Bruño. Hernández, en proceso de beatificación por
la iglesia católica, tuvo estrecha semejanza espiritual con hombres excepcionales.

El Dr. José Gregorio Hernández, fue un individuo esencialmente auténtico, que vivió su
vida de acuerdo con sus principios y creencias, a quien no le importó el “qué dirán”, que
fue un hijo obediente y respetuoso; un joven alegre, que según se desprende de sus cartas le
gustaba ir a fiestas y bailar, que en sus misivas preguntaba por sus numerosas amigas,
refiriéndose a alguna como “su punto débil”; un estudiante de gran rendimiento y
respetuoso con sus maestros y profesores; un buen amigo, demostrado al revisar el
contenido de intercambios epistolares con varios contemporáneos.

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