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Enseñanza de Literatura en la Escuela

El artículo presenta una entrevista con Fernando Núñez, un especialista en la obra del escritor argentino Juan José Saer. Núñez describe la influencia de Saer en la literatura argentina del siglo XX, ubicándolo junto a Manuel Puig como los autores más influyentes posteriores a Borges. Según Núñez, la obra de Saer se caracteriza por su coherencia interna y por la presencia recurrente de personajes, temas y un estilo reconocible. Saer supo incorporar elementos de la poesía a su prosa de

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Enseñanza de Literatura en la Escuela

El artículo presenta una entrevista con Fernando Núñez, un especialista en la obra del escritor argentino Juan José Saer. Núñez describe la influencia de Saer en la literatura argentina del siglo XX, ubicándolo junto a Manuel Puig como los autores más influyentes posteriores a Borges. Según Núñez, la obra de Saer se caracteriza por su coherencia interna y por la presencia recurrente de personajes, temas y un estilo reconocible. Saer supo incorporar elementos de la poesía a su prosa de

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Año 1, N° 2

¿Cómo se enseña
literatura en la
escuela?
Silvina Marsimian

“Los textos de
Saer ayudan a
pensar cuestiones
troncales de
la literatura
argentina”
Entrevista a Fernando Núñez

Imágenes que
hablan con los
lectores
Rocío Alejandro

Una voz entre


la inocencia y la
cordura
Antoine de Saint-Exupéry
(1900-1944)
La voz del especialista
¿Cómo se enseña literatura en la
escuela?
Los docentes nos enfrentamos día a día con chicos cuyas conductas y pensamientos se desarrollan
a medida que sus cuerpos sufren transformaciones. Además, saben que viven en un mundo tan cam-
biante como ellos. Ante esto, el aula no puede permanecer muda e inmutable. Enseñar es orientar el
proceso de aprendizaje. Esto implica organizar el trabajo de los estudiantes respetando sus vivencias y
sus particularidades; mostrándoles opciones y dejándolos elegir; ayudándolos a que se desenvuelvan
cooperativamente y se autoevalúen. En este marco, la lectura ocupa un lugar central, ya que se trata
de una práctica cultural que contribuye al desarrollo de la comprensión y expresión del individuo en los
intercambios sociales. Por eso, la escuela necesita reflexionar sobre cómo formar lectores que quieran
leer y qué materiales de lectura estimulan la voluntad de leer.
La literatura, en particular, juega un rol importante para la comprensión de la propia identidad, sobre
todo en la adolescencia en que todas las posibilidades están abiertas.
¿Qué tendríamos que tener en cuenta a la hora de enseñar literatura?
Por empezar, la selección de géneros y algunos títulos. Es útil:
• consultar con los chicos qué leen habitualmente y en qué circunstancias;
• partir de sus motivaciones efectivas;
• atender a su maduración psico-física y emocional;
• considerar el entorno vital, sus inclinaciones e inquietudes;
• tener en cuenta su proyección imaginativa;
• acordarse de que vivimos en una cultura que es al mismo tiempo letrada, audiovisual y digital.
El objetivo es que los jóvenes puedan ir construyendo su propio plan lector y su biblioteca personal.
Alternar clásicos y contemporáneos posibilita un menú amplio y diverso.
En segundo lugar, hay que diseñar adecuadamente las actividades alrededor de los libros que elegi-
mos en conjunto. Es importante que, a través de ellas:
• los chicos se pongan en contacto directo con los libros e inicien un diálogo espontáneo y personal;
• no se “use” la literatura para probar sus competencias (seleccionar sustantivos de un cuento;
analizar las metáforas, sintetizar las ideas, etc.), sino que se estimule su curiosidad;
• los dejemos imaginar, en vez de pedirles que apliquen teorías o abrumarlos con datos prelimi-
nares (contexto histórico, biografía del autor, movimiento artístico).
En la escuela no se forman licenciados en Letras, sino lectores que crecen acompañados por los
libros. Esos libros también nos acompañan a los grandes. Un docente que lee mucho y con pasión es
el que mejor va a poder transmitir la necesidad de ese vínculo. Por eso, es preciso no “enredarse” en la
descripción del discurso literario desde el punto de vista teórico. Enseñar literatura es, principalmente,
enseñar a leer e integrar esas lecturas a la vida cotidiana. Comunicarnos entre todos a través de los libros.
De esta manera, quizá los docentes contribuyamos a que leer y leer literatura sean actividades signifi-
cativas y gratificantes que nos permitan interactuar con los chicos; es decir, crecer con ellos.

Silvina Marsimian
Profesora en Letras (UCA). Magíster en análisis del discurso (UBA).
De lo nuestro...
Imprenta
I mayúscula

Carrera de
caracol
Graciela Bialet
Ilustraciones: Nana Schlez
56 páginas
Género: Cuento
ISBN: 978-987-767-089-9
Temas: Diversidad / Identidad /
Superación

Una tarde a la hora de la siesta,


Tito se encuentra con un caracol que le hace una
propuesta tan extraña como irresistible. Tito se
embarca entonces en una aventura difícil de creer.

Niños terribles
Cecilia Pisos
Ilustraciones: Ximena García
56 páginas
Género: Poesía / Limericks
ISBN: 978-987-4155-68-9
Temas: Diversidad / Humor / Identidad

Un libro sobre niños terribles, máqui-


nas ingeniosas, monstruos y rimas.
El hombre que viajó a
la luna
Patricia Suárez
Ilustraciones: Nadia Romero
Marchesini
64 páginas
Género: Novela
ISBN: 978-987-767-093-6
Temas: Aventuras / Mundos posibles / Viajes

Carmelo Casadiego trabajaba en una tienda de antigüedades. Su vida era siempre


igual, hasta que en una silla encontró instrucciones para viajar a la luna...

TA PA P ROV ISORIA

El hombre que Novedad


amaba a los perros N 2022
Leonardo Padura
500 páginas
Género: Novela literaria
ISBN: 978-987-767-259-6
Temas: Historia / Revolución / Asesinato de Trotski

Dos hombres se encuentran en una playa de La Habana en


1977, uno de ellos rodeado de galgos rusos. En esos diálogos
uno le cuenta a otro su conexión con Trotski y cómo la vida
los había unido y separado hasta llegar a México.
La voz del autor
“Los textos de Saer ayudan a pensar
cuestiones troncales de la literatura
argentina”
Entrevista a Fernando Núñez.

Fernando Núñez —profesor de vasta experiencia y especia-


lista en la obra del escritor santafesino— ha tenido a su car-
go la preparación de un volumen de escritos de Juan José
Saer. Se trata, tal vez, de la primera antología que de modo
decidido fue pensada para las aulas de la Escuela Media.
Aquí sus ideas respecto del lugar que ocupa Saer en nuestro
acervo literario.

Pura Lectura: ¿Cómo inscribirías la obra de Juan José Saer dentro de la literatura ar-
gentina del siglo XX?
Fernando Núñez: Junto con la obra de Manuel Puig, la de Saer es la obra más influyente de la litera-
tura argentina posterior a Borges. Como décadas antes ocurrió con el mismo Borges y Arlt, algunos
quisieron ver aquí una oposición tajante de estéticas entre las que no quedaría más remedio que elegir.
Saer es de esos escritores que construyeron una suerte de canon de la literatura argentina con el que
su obra se inscribe: las crónicas de los viajeros a la Argentina del siglo XIX, los relatos de Juan Carlos
Onetti, la poesía de Juan L. Ortiz, las novelas de Antonio Di Benedetto. Al mismo tiempo, es posible
encontrar la influencia saeriana en la llamada “poesía de los noventa” y en escritores tan distintos como
Gustavo Ferreyra, Hernán Roncino o Selva Almada.

P. L.: ¿Cuáles son los aspectos que considerás más relevantes de la narrativa saeriana?
F. N.: Lo fascinante de Saer es la coherencia interna de su obra, posiblemente la más sólida de la
literatura argentina. La presencia de un elenco estable de personajes (como a él le gustaba decir) que
reaparecen en sus diferentes narraciones e incluso poemas; la reiteración de algunos tópicos (la charla
entre amigos, el asado, la caminata, la lluvia, la melancolía) y un tono que es reconocible a lo largo de
sus libros. Pocas prosas le deben tanto a la poesía como la de Saer. Y no por eso hay un abandono de
la oralidad; sus cuentos están repletos de expresiones cotidianas pero con un abordaje que tiene en
cuenta la eufonía y la pluralidad de sentidos propias del lenguaje poético. Saer es uno de esos escrito-
res que no solo enseñan a leer sino también a ver el mundo. Es, sin dudas, un maestro de la percepción,
una percepción que se sabe intraducible al lenguaje. Entrar en Saer implica aceptar que todo cuanto
nos rodea nos resulta siempre un poco ajeno.
La voz del autor Fernando Núñez
P. L.: Para algunos, Saer puede ser considerado uno de los escritores más destacados de
nuestra literatura. Sin embargo, para muchos sigue siendo o bien un desconocido o bien
un autor injustamente no leído lo suficiente. ¿A qué atribuirías esta realidad?
F. N.: Me parece que en la pequeña comunidad de lectores argentinos Saer es conocido, lo que no
implica, claro, que sea muy leído. Desde mediados de los ochenta es un autor que ganó centralidad y su
nombre aparece en suplementos culturales o en programas escolares. Sin dudas es más conocido que
leído. En parte por cierta leyenda que afirma que sus textos son arduos, dirigidos a una supuesta elite
de lectura. Leyenda de la que, hay que decirlo, fueron responsables algunos de los primeros promoto-
res de la obra saeriana. Lo cierto es que la lectura de Saer no es ni más ni menos ardua que las de otros
autores de nuestra literatura que tenemos integrados a nuestro sistema de lecturas. A diferencia de lo
que sucede con Arlt, Borges o Puig no existe un “libro faro” por el que entrar a Saer. No hay, por el
momento, consenso con respecto a “el” libro de Saer. Y difícilmente lo haya porque El entenado, Glosa,
La mayor, La pesquisa, Nadie Nada Nunca, El limonero Real son todas obras maestras.

P. L.: ¿Cuál es el nivel de difusión de Saer en la Escuela Secundaria?


F. N.: Con respecto a Saer y la escuela secundaria pasa un poco lo que hablá-
bamos antes: hasta el día de hoy no existe “el” libro de Saer que sea el trabajado
en el aula. Hasta el momento se publicaron ediciones escolares de Responso, de
El entenado y de La pesquisa. Estos dos últimos fueron los más abordados en las
escuelas. Se trata de dos de los textos más “accesibles” para quienes no hayan
frecuentado antes la obra saeriana.

P. L.: Vos has trabajado para Planeta Lector tanto en el Prólogo como en las propuestas
didácticas de La pesquisa y has sido el responsable de esta antología de cuentos pensada
especialmente para la escuela secundaria. ¿Podrías explicitar los criterios que tuviste en
cuenta para darle forma a este último volumen que constituye una publicación casi sin
precedentes?
F. N.: Bueno, el punto de partida fue que la antología reflejara la coherencia interna de la obra de
Saer. La selección de relatos dialoga entre sí pero también con el resto de su producción. La idea fue
que el libro se transformara en una suerte de miniatura del universo saeriano al mismo tiempo que una
invitación a leer el resto de su producción. Por eso, se incluyeron relatos de todos sus libros de cuentos,
desde En la Zona, de 1960, hasta Lugar, que se publicó cuarenta años después.

P. L.: ¿Cuáles serían las principales orientaciones didácticas que le darías a un docente a
la hora de encarar la lectura y el análisis de estos textos de Saer en el aula?
F. N.: En el último año del colegio secundario, los textos de Saer ayudan a pensar cuestiones troncales
de la literatura argentina. En sus relatos y ensayos hay una reformulación de sus tópicos fundantes: la
presunta dicotomía entre civilización y barbarie, la relación entre centro y periferia, las problemáticas
en torno a la identidad, la violencia política y un largo etcétera.
Saer también es de esos autores que se prestan al trabajo interdisciplinario con otras materias del se-
cundario. Si los chicos están en contacto con profesores entusiastas, los vínculos con Filosofía, Historia,
Semiología resultan iluminadores para los textos. Sin ir más lejos, Glosa y El entenado son dos reescri-
turas: de El banquete de Platón y de las crónicas de indias, respectivamente.
Así soy, así trabajo
Imágenes que hablan
con los lectores
Rocío Alejandro
Me llamo Rocío y soy ilustradora desde hace más de diez años. Amo crear imágenes en las que la
historia hable con los lectores. Vivo en un barrio lleno de arte, ferias de artesanos y vegetación, la ins-
piración está en cada esquina. Si me siento abrumada, solo me hace falta salir a caminar un ratito para
volver con la cabeza llena de colores.
Cuando me llega un texto nuevo para ilustrar —como fue el caso de Lía y el mar—, lo primero que
hago es imprimirlo. Durante la lectura voy subrayando palabras que me llaman la atención, escribiendo
ideas o dibujando bocetitos mínimos de diferentes situaciones. Con cada relectura me sumerjo más en
el texto hasta que encuentro el tono que creo que encaja perfecto para el libro.
Para crear mis ilustraciones uso sellos que tallo a mano y estampo con tintas de grabado. Cada per-
sonaje lo compongo con varios sellos para que puedan tener movimiento a lo largo de todo el libro.
Una vez que tengo todo estampado, (personajes, fondos y otros elementos) digitalmente uno la par-
tes para formar la ilustración final. Es un proceso muy minucioso del que disfruto cada minuto.

Proceso de entintado y estampado para el libro “Lía y el mar”

1 - Lía con sello 2 - Lía estampada

3 - Estampando 4 - Lía ciudad 5 - Tintas


Todo un personaje

EMILIA de Emilia, de Ricardo Lesser


Dice la autor
Como los sueños, los personajes literarios están hechos de
fragmentos de la realidad. Emilia nace de una vieja servilleta
torpemente bordada con hilos de colores. Algunos estaban
descosidos. Pero todavía se leía: a e i o u.
Los había bordado una jovencita a la que probablemente
asustaba esa vida que le crecía en el vientre. El bebé venia sin
nada. Para él bordó la servilleta. Esa jovencita era mi madre.
Se llamaba Emilia.

Dice Emilia
Una silla en un rincón. Ese era mi lugar. La mesa estaba tendida para los grandes, mi padre en la cabecera. Era como
un sillón, mi padre; autoritario y mandón. Una familia patriarcal como la mía era aburridísima.
Pero yo quería otra cosa. Bordar era de las pocas cosas que me permitían. Pues bien, aprendí a escribir a escondidas
bordando las letras.
Con el tiempo, descubrí que no necesitaba bordar. Podía escribir… con los ojos. Entornaba levemente los párpados
y, ¡zas!, escribía. Escribía sobre los vidrios empañados, sobre la arena de la playa, sobre la cáscara de la naranja que
pelaba y así me salían historias con vueltas y vueltas.
Hasta sobre las nubes escribí. Tanto que, una vez, de las nubes sobrecargadas llovieron palabras. Una señora muy
compuesta se puso a bailar en la calle. Un esclavo salió corriendo hacia el horizonte y no paró hasta ser libre.
Entonces comprendí que mis historias desordenan. Desordenan porque el orden social es injusto. Los órdenes, créase
o no, se cansan. Y cansan.
Ya no soy la nena de los cuentos de Plumas de ganso que no sabía escribir. Tampoco soy la adolescente de la novela
corta Emilia. Quién sabe qué otros libros me esperan.

ALICIA de Alicia frente a las pantallas, de Fabián Sevilla


Dice la autor
Muchos de quienes leyeron esta novela me preguntan si me basé en un hecho real y si
Alicia existe. Yo les respondo que el libro nació de una preocupación que tengo como
persona: para escribirla me “inspiré” en hechos que son parte de una dolorosa reali-
dad para muchos adolescentes y que aunque Alicia fue una creación, en el mundo hay
millones de chicas y chicos víctimas de abusadores pululando en el ecosistema virtual.
También les pido que cuando transiten ese entorno, lo hagan con libertad, interés, cu-
riosidad, ganas de vincularse pero sin dejar de estar alertas. Y los invito a dialogar con
los adultos que los rodean sobre cuáles son sus actividades en la red y que permitan que
“los grandes” los acompañen durante algo del tiempo que pasan en cyberland. De ese
modo, la tecnología cumple su rol de herramienta enriquecedora y de servicio segura y
no se convierte en un peligro. Un martillo en mano de un carpintero puede servir para
fabricar una silla; en cambio, es otro el uso que a ese mismo martillo puede darle un
criminal; en fin, el problema no es la herramienta, sino la mano que la usa…
Dice Alicia
¿Por qué no confiar en Alicia? Mi vida había empezado a mejorar cuando con mamá llegamos a este
pueblo patagónico. Pero entonces confesó el verdadero motivo de nuestra mudanza. ¡Me mintió! ¡Mi
mamá me traicionó! Por eso paso todo el tiempo que puedo con Alicia: mi amiga del otro lado de la
pantalla, ella me hace sentir que le importo, me escucha y aconseja. No la conozco en persona, pero
es la única en quien puedo confiar y no hay ningún peligro en eso.
Perfiles
Una voz entre
la inocencia y la cordura
Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)
¿Quién no dijo o no escuchó alguna vez la frase “lo esencial es invisible a los ojos”?
Sepamos o no su origen, podría decirse que esa es una frase que es ya propiedad de una
buena parte de la humanidad.
Su autor es Antoine de Saint-Exupéry, el hombre que escribió uno de los libros más
leídos: El principito, texto al que, justamente, pertenece aquella frase tan famosa.
Este hombre, cuyo nombre completo era increíblemente largo, Antoine Marie Jean-
Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry, era aviador. Había nacido en Francia en 1900
en una familia aristocrática. Fue también periodista, profesión que facilitó claramente su
relación con la escritura.
Su vida fue una descomunal sucesión de aventuras: aviador para las fuerzas militares
francesas, también intentó batir récords de tiempo al unir dos ciudades y estuvo al frente
de complejas misiones políticas y de inteligencia.
En 1929 viajó a la Argentina como representante de la Compagnie Générale
Aéropostale con la misión de abrir ramales hacia nuevos destinos. Pero también tuvo
tiempo de recorrer el país y fascinarse con sus geografías y vivir nuevas peripecias.
Resulta inevitable pensar que esa cantera de aventuras vividas fue un primer
material para muchos de sus textos. Escribió Vuelo nocturno (1931), Tierra de hombres
(1939), entre otros varios, pero indudablemente su texto más conocido es El principito,
publicado en 1951 y traducido al español en Argentina en 1955 por Bonifacio del Carril,
el dueño de la editorial que lo publicaría en nuestro país. Desde entonces lleva vendidos
millones y millones de ejemplares y esa historia, esas imágenes y el nombre del autor se
transformaron en referencias para los niños y las niñas. Ese pequeño príncipe es la voz
de la inocencia pero, también, de la cordura más meridiana que atemoriza a los adultos
y acerca amorosamente a los más chicos.
Antoine de Saint-Exupéry murió en Marsella en 1944. Tuvo una vida corta y muy
intensa y dejó su nombre y el de su libro para que nosotros se lo pusiéramos a escuelas,
instituciones y los volviéramos parte de nuestra vida.

Adriana Fernández

Los que hacemos Planeta Lector


Ignacio Iraola (Director editorial) – Adriana Fernández (Gerenta de Edición) – Diego F. Barros (Editor) – Matías Spaghetti
(Jefe de Promoción y Ventas) – Equipo de asesores pedagógicos: Daniel Leiva – María Elena Carro – Silvina Scavo –
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