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¿Para Qué Le Sirven Las: Políticas Públicas A La Cultura?

Este documento debate las políticas públicas para la cultura. Presenta perspectivas de Jesús Martín-Barbero, Fernando Vicario, Nicholas Morgan y Luis Soto. Discuten que la cultura es un bien público que requiere apoyo estatal para fomentar la creatividad, diversidad e identidad. También exploran cómo las políticas culturales deben abordar los desafíos actuales como la globalización, migración y nuevas tecnologías. Finalmente, concluyen que se necesitan políticas integrales que promuevan la cultura a nivel local,
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¿Para Qué Le Sirven Las: Políticas Públicas A La Cultura?

Este documento debate las políticas públicas para la cultura. Presenta perspectivas de Jesús Martín-Barbero, Fernando Vicario, Nicholas Morgan y Luis Soto. Discuten que la cultura es un bien público que requiere apoyo estatal para fomentar la creatividad, diversidad e identidad. También exploran cómo las políticas culturales deben abordar los desafíos actuales como la globalización, migración y nuevas tecnologías. Finalmente, concluyen que se necesitan políticas integrales que promuevan la cultura a nivel local,
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Debate

¿Para qué le sirven las


políticas públicas
a la cultura?

Claudia Montilla Vargas + Jesús Martín-Barbero + Nicholas Morgan


+ Luis Armando Soto Boutin + Fernando Vicario 29
¿Para qué
le sirven las
políticas públicas
a la cultura?
Claudia Montilla Vargas

¿P
– editora invitada

ara qué le sirven las políticas públicas a la cultura?


y ¿por qué hay que hacer políticas publicas en cultura? Las teorías contemporáneas definen la cultura como aquello que
fueron las preguntas que planteamos. Las respuestas inscribe al individuo en el mundo, lo legitima y le permite cons-
amables estuvieron a cargo de uno de los pensadores truir sentido. En la práctica, la cultura es el campo de lo diverso,
más significativos en el tema, como lo es el colombo-español Je- lo múltiple, lo fluido; por esta razón, los estudiosos hablan de
sús Martín-Barbero; de un gestor globalizado con alta experien- culturas, en plural. En nuestro debate, por ejemplo, Nicholas
cia en la cooperación internacional, como el español Fernando Morgan afirma que la cultura incluye todo lo que tiene que ver
Vicario; de un estudioso de lo cultural desde la investigación con los procesos mediante los cuales se construye el sentido y
académica, como el galés Nicholas Morgan; y de un practicante que es el espacio no sólo de lo que se hace y lo que no se hace,
de las políticas culturales por más de quince años, el colombia- sino también de quién cuenta y quién no cuenta en la sociedad.
no Luis Soto. A través de sus escritos encontramos itinerarios Por eso mismo, concluye Morgan, las políticas culturales deben
diversos para la conversación acerca de las políticas culturales. extenderse a todos los ámbitos de la experiencia humana.

La política pública es un marco de referencia común que de- Así, el campo de la(s) cultura(s) en nuestra contemporanei-
termina una regulación colectiva para un sector que, a juicio dad hace referencia a manifestaciones como lo que denomi-
del Estado, es importante. Las políticas públicas son entonces namos las bellas artes –música, artes plásticas, teatro, danza,
cruciales en cuanto constituyen un marco de referencia común escultura, literatura, cine—,pero también a la diversidad
para que un sector determinado, como la cultura, por ejemplo, cultural o a aquello que reconocemos como experiencias
sea posible y tenga incidencia en la sociedad. En la actualidad, de la identidad—lo afro, lo indígena, las sexualidades—, a
el debate sobre el deber ser y los alcances de las políticas cul- los usos y costumbres populares—fiestas, carnavales, bailes,
turales ha llamado la atención de muchos sectores en diversas música—y a las industrias culturales—medios de comunica-
sociedades y grupos de inte-
rés. La Unesco, La AECID, la
OEI, la OEA, el BM, el BID
y un sinnúmero de países han
llegado a considerar que sin
políticas culturales no hay de-
mocracia ni desarrollo.

Y si bien las políticas públicas


no resuelven los problemas,
por lo menos crean el marco dentro del cual se hace posible ción y medios digitales—. Lo cultural adquiere significación
la actuación. En el campo cultural, las políticas públicas son social y política desde sus adjetivos ‘ciudadano’, ‘diversidad’,
fundamentales porque a través de ellas se diseña una regulación ‘juvenil’, ‘femenina’, ‘étnica’. La cultura se ha convertido,
colectiva que fortalece la creatividad, la democracia, la ciuda- entonces, en estrategia de alto valor político para el recono-
danía cultural, la diversidad de identidades y la equidad en la cimiento de la discriminación y la desigualdad, uno de los
asignación de recursos y acciones públicas. logros más importantes de la democracia.

30
Debate

Nuestros invitados comparten la idea de que “la cultura es un ne pensar la respuesta desde las artes, las identidades y las
bien público” y que, por lo tanto, como escribe Soto, “el Estado mutaciones de las tecnologías de la comunicación. Fernando
no puede marginarse de su obligada tarea de asegurar las bases Vicario invita a pensar en cómo instaura el individuo nuevas
para que los creadores y los ciudadanos obtengan las condicio- formas de lo público en las cuales poner en juego la capacidad
nes para crear y expresarse con plenitud”. Y en este sentido, de convivir y encontrarse como ciudadano. Luis Soto explica
Colombia tiene la capacidad de crear políticas públicas cultura- que la cultura sirve para ejercer la creatividad, la capacidad
les porque, como lo presenta Morgan, somos “un país institu- de soñar y de apuntar a nuevos futuros y para lograr que la
cionalmente avanzado” gracias a ese gran invento cultural que sociedad tenga cada vez más conciencia crítica y los ciuda-
fue la Constitución de 1991, que reconoce “las reivindicaciones danos más medios para ser sí mismos. Nicholas Morgan nos
culturales” de la diversidad nacional. recuerda que la cultura es un bien social que hay que fomentar
y proteger y un lujo del cual los políticos pueden prescindir
Pero este reconocimiento sigue siendo un horizonte y no una en los momentos de crisis presupuestal. Y es que para los po-
práctica cotidiana; somos diversos en la retórica pero no tan- líticos, la cultura sigue siendo marginal, porque desvía de lo
to en las prácticas ciudadanas. Podría decirse que la diversidad que ‘realmente cuenta’. Por eso al hablar de ‘políticas de la
cultural surge cuando se trata de las campañas de imagen del cultura’ haríamos bien de recordar que todas las políticas son
país y poco más. Esto se debe, tal vez, a que seguimos la fór- en sí culturales, que hay que pensar la ‘cultura política’ y la
mula de que “El Estado debe apoyar la cultura sin intervenir”, sensibilidad cultural en la política.
lo que al fin de cuentas se reduce a que los gestores culturales
y sus iniciativas, junto con el mercado, sean quienes marquen La otra pregunta es qué significa hacer políticas culturales
el rumbo de los asuntos culturales. Así, Colombia cuenta con en nuestro tiempo. Las respuestas tienen que dar cuenta, según
muy buenas políticas en el ámbito del cine, del libro y del pa- Martín-Barbero, de la explosión de los fundamentalismos iden-
trimonio; políticas dispersas, fragmentarias y hasta excluyentes titarios, la fragilidad de la identidad individual, la reinvención
en las artes, los museos y las memorias; políticas de mercado de las identidades culturales, la idea de interculturalidad, el de-
para las tecnologías, el internet, el entretenimiento y los medios bilitamiento de los Estados-nación, las industrias mediáticas y
masivos; y políticas de inclusión de las mujeres, lo indígena y digitales, las migraciones poblacionales y los procesos de comu-
lo afro. Sin embargo, no se aprecia en el panorama un sentido nicación intercultural. Fernando Vicario explica que la política
compartido o unificado. cultural es un ensayo social para la construcción del modelo
que soñamos para nuestro entorno, la acción para incorporar
Y es que para promover políticas públicas hay dos opciones: de forma ordenada todos los disensos sociales, escucharlos, dar-
regular todo en detalle o regular lo mínimo pero fundamental les su espacio de crecimiento y conseguir que actúen de forma
que organice los principios del sector y que permita libertad de coordinada por el bien social. Luis Soto afirma que el lugar de
movimiento e imaginación. En cualquier caso, independien- las políticas culturales es aquél donde se concretan sueños y
temente del rumbo que tome la formulación, hay una serie de aspiraciones de las comunidades y donde se incorpora la cultura
asuntos a los que debe referirse una política pública cultural: la en las tomas de decisión de entidades territoriales y naciona-
institucionalidad del sector cultural; los programas de estímu- les, y que las políticas culturales sirven para la transformación
los a la creación, la memoria y la investigación; la promoción y de ciudades; el reconocimiento de patrimonios; el fomento de
fomento de las artes; la educación artística dentro del curriculo creadores, investigadores y gestores culturales; ejercer la creati-
escolar; la creación y desarrollo permanente de museos, archi- vidad y la capacidad de futuro; asegurar el pluralismo y la diver-
vos y centros de memoria; la regulación respecto a la identidad sidad; propiciar la crítica, el disenso y la inconformidad.
y diversidad cultural; la protección de las minorías étnicas y las
tradiciones identitarias; la preservación del patrimonio cultural Finalmente,¿Y qué políticas? Necesitamos políticas que sean
material e inmaterial; los medios de comunicación, internet y capaces de activar conjuntamente lo que proponen los territo-
telefonía celular; la distribución de las obras culturales; la edu- rios, las artes, las etnias y las raigambres con lo que ponen las
cación, formación y fomento de las audiencias y la promoción redes, los flujos y los circuitos. Unas políticas culturales que
del respeto de los derechos de autor. sirvan para conservar, fomentar y cuidar lo cultural; para inno-
var, crear y potenciar su inserción en los procesos de educación
A partir de los textos de nuestros invitados, podemos recons- y cohesión social; para fomentar la creatividad, la diversidad,
truir tres preguntas que podrían organizar la reflexión sobre la la participación a través de fiestas, espacios públicos comparti-
cultura y sus políticas culturales: dos, exposiciones abiertas y espectáculos para todos los sectores
sociales; para preservar la memoria. Y unas políticas culturales
La primera pregunta tiene que ver con definir cuál es el lugar que no estén sujetas a los vaivenes de las culturas políticas ni a
de la cultura en la sociedad. Jesús Martín Barbero propo- los caprichos de los gobernantes de turno.

31
Retos de las
culturas

a las políticas
públicas
Jesús Martín-Barbero

1.
Re-ubicación de la cultura en la
sociedad
Dos movimientos están transformando radicalmente el lugar remite hoy no sólo y no tanto a nuevos aparatos, sino a nuevos
de la cultura en la sociedad: el estallido de las identidades y la modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y
mutación de las tecnicidades. El primero evidencia cómo la escrituras. La tecnología deslocaliza los saberes modificando
identidad, que durante siglos fuera una dimensión densa del sus demarcaciones y jerarquías, lo que está conduciendo a un
lazo social, amenaza hoy ese lazo desde su exacerbación im- fuerte emborronamiento de las fronteras entre razón e imagina-
plosiva, tanto en los individuos como entre las colectividades. ción, saber e información, naturaleza y artificio, arte y ciencia.
La emergencia de los funda- Y, por otro lado, la experiencia
mentalismos identitarios hace audiovisual está siendo trastor-
parte de la forma en que los su- nada por la revolución digital
jetos individuales y colectivos que hace emerger una visibili-
reaccionan a la amenaza que dad cultural que se está con-
sobre ellos hace caer una glo- virtiendo en escenario de una
balización cada día más radica- decisiva batalla política entre el
lizadora de los instintos básicos: viejo poder de la letra y la nue-
impulsos de poder y cálculos financieros. Nos hallamos, enton- va alianza entre las oralidades y visualidades culturales de las
ces, ante una explosión de los fundamentalismos identitarios mayorías, con las nuevas escrituras y creatividades que inaugu-
y, a la vez, ante la fragilidad de la identidad individual, ante ran las redes digitales de la virtualidad.
una creciente fragilización de toda identidad. Pero, por otro
lado, los procesos de globalización económica e informacional Esos dos movimientos se traducen en tres desafíos que están
están reavivando la cuestión de las identidades culturales —ét- desconcertando a las políticas culturales:
nicas, raciales, locales, regionales, de género, de edad— hasta

a]
el punto de convertirlas en dimensión protagónica de muchos El debilitamiento de los Estados-nación por
de los más complejos conflictos nacionales e internacionales de una mundialización de los mercados que afec-
los últimos años, al tiempo que esas mismas identidades están ta directamente las condiciones de vida de las
reconfigurando la fuerza y el sentido de los lazos sociales, las culturas y el funcionamiento de las industrias culturales, des-
posibilidades de convivencia en lo nacional y, aún, en lo local. de los medios ‘tradicionales’—prensa, radio, televisión— has-
ta las nuevas industrias digitales, de producción de contenidos
El segundo movimiento evidencia cómo el lugar de la cultu- y de su distribución: es lo que demuestran Google, Youtube y
ra en la sociedad cambia cuando la mediación tecnológica de Facebook. Es decir, entre los flujos digitales y las migraciones
la comunicación deja de ser meramente instrumental para es- poblacionales el sentido y el ‘valor’ del espacio de lo nacional
pesarse, densificarse y convertirse en estructural. La tecnología se transforman día a día.

32
Debate

b]
El desdibujamiento de, y el solapamiento entre, también rica y diversa producción audiovisual que circula en la
los antes claramente diferenciados campos cultu- web. Y, otra vez, lo que ahí importa de veras no es lo que pasa
rales que hoy atraviesan una fuerte reestructura- en cada mundo —el de la TV y el de la web—, sino cuál va a
ción exigida por las nuevas formas industriales de producción ser el rostro de una televisión local atravesada por, e inserta en,
y por la convergencia tecnológica. Se trata, en primer lugar, lo global, o qué va a significar e implicar lo global en una tele-
del paso de la producción en serie a otra más flexible, capaz visión que busque ser, de veras, ciudadana. Estas preguntas no
de programar variaciones ‘cuasi-personalizadas’ para seguir el pueden ser respondidas tecnológicamente, sino desde un nuevo
curso de los cambios en el mercado. Un modelo de producción sentido/proyecto de la política cultural y comunicativa.
así, que responde a los ritmos del cambio tecnológico y a una

c]
aceleración en la variación de las demandas, no puede menos El paso de la mera afirmación de la multicultura-
que conducir a formas flexibles de propiedad. Nos encontramos lidad a la idea de interculturalidad, no como unas
ante verdaderos movimientos de ‘des-ubicación de la propie- relaciones impuestas a las culturas desde arriba,
dad’, que recurre a alianzas y fusiones móviles que posibilitan sino a los nuevos procesos de comunicación intercultural: la in-
una mayor capacidad de adaptación a las cambiantes formas tensificación de la comunicación e interacción de cada cultura
del mercado comunicativo y cultural. Como afirma Castells, con las otras culturas de cada país y del mundo, la comunica-
la estructura de las industrias de alta tecnología en el mundo ción experimentada como una posibilidad de romper la exclu-
es una trama cada vez más compleja de alianzas, acuerdos y sión mediante una profunda experiencia de interacción cultural
agrupaciones temporales, en la que las empresas más grandes se que, si comporta riesgos, también abre nuevas figuras de futuro.
vinculan entre sí, con otras medianas y hasta pequeñas en una Antes de aparecer en el campo de la tecnología, la idea de con-
vasta red de subcontratación. vergencia había hecho presencia en el ámbito de la cultura a
través, justamente, de la idea de interculturalidad, que nombra
Ahí se inserta, explícitamente, el sentido que ha tenido la con- la imposibilidad de una diversidad cultural comprendida desde
vergencia tecnológica: la asociación del desarrollo tecnológico arriba; esto es, deseada o regulada al margen de los procesos
con la des-regulación de los mercados y la concentración del de intercambio entre las diversas culturas. Y ese intercambio se
poder informativo y comunicacional. En el rediseño del pa- ubica hoy en un claro más allá del ámbito que delimitan las
pel del Estado por las políticas neoliberales, el descentramien- fronteras geopolíticas de lo nacional.

2.
to alentado por las nuevas configuraciones de la tecnología ha
servido de cobertura ideológica a la más brutal concentración La apropiación/consumo
de medios y tecnologías en oligopolios impensables hasta hace
unos pocos años. Las formas más brutales de concentración
cultural desborda sus usos y
económica acaban tramposamente confundidas con la digitali- costumbres
zación sin barreras. Pero en un segundo momento, convergencia
digital ha pasado a significar una mutación comunicativa que
entrecruza dos movimientos: la hiperconectividad [TV + Inter- La promiscuidad entre los campos culturales, económicos y
net + Telefonía móvil], y la transformación de la hasta ahora tecnológicos no se debe sólo a la reestructuración de los merca-
tranquila ‘intermedialidad’ de géneros o programas del medio dos y la fusión de empresas procedentes de ramas productivas
distintas. Es también resultado
del proceso de la formación
de hábitos culturales distintos
en lectores que, a su vez, son
espectadores e internautas. La
digitalización conjunta de tex-
tos, imágenes y todo tipo de
televisivo en los potentes ‘virus’ de los flujos que des-programan mensajes que se van integrando en la televisión, el ordenador
la televisión. Claro que ese proceso va a tomar su tiempo, pero y el móvil está haciéndose desde hace varios años. Así como
la anchura del espectro que abre la TV Digital Terrestre desco- la fusión de empresas editoriales, audiovisuales y electrónicas
loca a ‘la televisión’, abriéndola a una pluralidad de televisiones diluye la autonomía del campo literario, los campos artísticos y
cuyas peculiaridades van a tener mucho que ver con las formas los campos mediáticos acercan la condición de lector y la con-
de inserción de la producción televisiva en la web y viceversa, dición de espectador a medida que vamos reconvirtiendo esas
con la maneras de poner en televisión la loca y confusa, pero prácticas como internautas.

33
Con internauta aludimos a un actor multimodal que lee, ve más allá de sus acostumbrados espacios nacionales y políticos,
escucha y combina materiales diversos, procedentes de varios en las nuevas redes que desbordan los campos de la política o de
campos. Esta integración de acciones y lenguajes ha reubicado la cultura y reinsertan sus prácticas en nuevos modos de inte-
la institución donde se aprendían las principales destrezas—la racción social, tan descuidada por la mayoría de los gobernan-
escuela—y redefine el campo educativo. Los jóvenes adquieren tes y tan vitalmente importante para montones de ciudadanos,
en las pantallas extracurriculares otra formación en la que cono- especialmente los más jóvenes.
cimiento y entretenimiento se combinan. También se aprende a
leer y a ser espectador siendo televidente e internauta Se habla hoy de ciudadanías culturales para nombrar a las ciu-
dadanías que responden a la creciente presencia de estrategias
Lo nacional tampoco coincide ya con los territorios histórica- de exclusión y de empoderamiento, ejercidas en y desde el ám-
mente identificados con los bito de la cultura. Pues la ciu-
nombres de esos países: africa- dad es hoy el espacio clave en
nos en Francia o latinoameri- la reinvención de la democra-
canos en España, las ambiva- cia y la formulación de políti-
lentes interacciones entre lo cas culturales desde abajo.
local y lo transnacional son las
remesas de los migrantes. Pero Y se habla también de los dere-
los migrantes no sólo envían chos culturales para nombrar
dinero sino también informa- el entretejido que existe entre
ción, intercambian experien- diferencia cultural y desigual-
cias en las dos direcciones y dad social, de ahí que es en el
establecen ‘comunidades transnacionales’ constantemente co- reclamo y el reconocimiento de los derechos culturales de los
municadas: hoy los abuelos están aprendiendo a manejar in- indígenas, los afrocolombianos, las mujeres, los homosexuales,
ternet para comunicarse con sus hijos y nietos en la otra punta donde la cultura se convierte en ámbito del ejercicio ciudadano
del mundo. al luchar por la inclusión social y la participación política.

Las interacciones entre los modos letrados, mediáticos y digita- También los derechos culturales responden a la necesidad de sub-
les de hacer cultura, así como las migraciones ‘transterritoriales’ vertir las jerarquías y los maniqueísmos que aún mantiene nues-
de personas y bienes, ya no se dejan entender como estructuras tra sociedad y nuestro sistema escolar entre lo letrado y lo oral, lo
y necesitan ser comprendidas como procesos insertos en la cir- erudito y lo popular, lo serio y lo lúdico, lo propio y lo distinto.
culación de los muchos tipos de redes y de flujos.

3.
Necesitamos otros tipos de Los derechos culturales responden
políticas
a la necesidad de subvertir las jerar-
Necesitamos otos tipos de políticas que sean quías y los maniqueísmos que aún
capaces de activar conjuntamente:
mantiene nuestra sociedad y nuestro
- lo que ponen los territorios, las etnias y las raigambres sistema escolar entre lo letrado y lo
- lo que ponen las redes, los flujos y los circuitos
oral, lo erudito y lo popular, lo serio y
Y ello tanto en los megacircuitos, como en los de escala pe- lo lúdico, lo propio y lo distinto.
queña y mediana, con la localización incierta de los procesos
culturales. Lo que aparenta ser la disolución de los lazos sociales
está abriendo la cultura cotidiana a una nueva organización de
los vínculos entre realidad y ficción, entre poderes efectivos y Las políticas culturales no pueden ser dejadas al arbitrio única-
simulacros, entre lo local y lo global. mente del Estado y el gobierno, sino que deben ser ideadas y
formuladas por toda la gama de sus actores: creadores, gestores,
Y una de las primeras condiciones básicas de la vida cultural es investigadores, comunicadores; productores públicos, privados
la ciudadanía. Necesitamos políticas que ubiquen la ciudadanía e independientes.

34
Debate

La gestión
cultural:
más que un gesto
Nicholas Morgan*

H
ablar de las políticas públicas en el campo de la cultu- tengan mayor prestigio en el momento de asignar recursos, a
ra no es tarea fácil. Entrar en este terreno es entablar pesar de la pretensión del Estado de entender la cultura como
una discusión que puede tornarse laberíntica, sobre un bien social que hay que fomentar y proteger.
todo en lo que se refiere a la definición del término central. En
lo que sigue, por lo tanto, voy a intentar simplificar la discusión Al decir esto, por supuesto, tengo en mente cierto tipo de Esta-
acerca de lo que significa la cultura para identificar algunos as- do, a saber, el Estado neoliberal que todavía predomina en gran
pectos importantes de un debate sobre lo que es, y lo que debe- parte del mundo, a pesar del evidente fracaso del modelo que
ría ser, la relación entre el Estado y lo cultural. Esto implica, por promueve. Las administraciones neoliberales tienen una visión
supuesto, considerar cómo se de la política constreñida por
tiende a pensar la cultura des- una visión ideológica de las re-
de el Estado. Como veremos a laciones económicas. Ubicuo
continuación, ésta no es una y omnívoro, el mercado fija el
pregunta marginal, sino suma- precio de todo, desde el barril
mente reveladora del modelo de petróleo hasta un lienzo de
de sociedad imaginada por los Van Gogh. Esta manera de
arreglos institucionales. pensar explica el lugar ínfimo
de la cultura en el pensamien-
Consideremos, entonces, el problema de las definiciones. ¿Qué to de los gobiernos de esta infeliz era. Mientras que la industria
es, realmente, el campo de la cultura? En términos generales cultural puede tener cierta importancia, la producción cultural,
hay dos maneras de entender esto. Primero, existe la tendencia en general, es un lujo del cual podemos prescindir en los mo-
de considerar lo cultural como una esfera relativamente autó- mentos de crisis presupuestal. E incluso en épocas de relativa
noma, es decir, como algo parecido a un ‘campo’ en el pen- abundancia, la cultura sigue siendo marginal, porque desvía
samiento del sociólogo francés, Pierre Bourdieu. Las políticas nuestra atención de lo que ‘realmente cuenta’. Es por eso que
públicas intervendrían en esta esfera que comprende todo lo se siente cierto desdén entre los gobernantes de corte neoliberal
que se relaciona con las artes. Entre ellas figuran las inversiones hacia las subvenciones a las creaciones artísticas. Y eso es apenas
estatales en la creación artística, la promoción de las entidades y lógico, porque para la ideología del mercado aquello que no es
eventos culturales, y las subvenciones que se ofrecen a las perso- capaz de sobrevivir por cuenta propia sencillamente no mere-
nas reconocidas como artistas. Históricamente, en muchos paí- ce perdurar, aunque esta filosofía pseudo-darwiniana jamás se
ses, el tipo de producción cultural asociada con este campo ha aplica a las élites comerciales.
sido apreciada en tanto manifestación de la ‘cultura nacional’,
por su capacidad de expresar valores fundamentales y promover Sin embargo, este primer acercamiento a la cultura depende
la cohesión social. Aún así, es notable que estas políticas no de una interpretación muy limitada de lo que es el campo

* Ph.D. Profesor del Programa de Español, Portugués y Estudios Latinoamericanos, Facultad de Lenguas Modernas, Newcastle University, Reino Unido.

35
cultural. En el sentido más amplio, la cultura incluye todo lo cia cultural más no de la redistribución de los recursos necesaria
que tiene que ver con los procesos mediante los cuales se cons- para saldar injusticias históricas.
truye el sentido. En esta segunda acepción, la cultura constituye
el marco dentro del cual todos nuestros actos llegan a significar Tales consideraciones hacen explícito el nexo entre política y
algo. Como tal, comprende los llamados sistemas de valores, cultura. Y al hablar de ‘políticas de la cultura’ haríamos bien
las tradiciones, las prácticas cotidianas, las actitudes, las predis- en recordar que todas las políticas son en sí culturales. Así mis-
posiciones políticas. Es el espacio no solo de lo que se hace y mo, uno de los problemas a los que se enfrenta cualquier so-

lo que no, sino también de quién cuenta y quién no cuenta en ciedad es la problemática de la ‘cultura política’. En el caso de
la sociedad. Por eso mismo, las políticas culturales no pueden Colombia, no son sólo los casos de corrupción, clientelismo e
restringirse al apoyo a las artes. La mayoría de las sociedades impunidad que subrayan la existencia de una cultura política
modernas pueden denominarse multiculturales, y el Estado se antagónica al espíritu de la Constitución, sino la actitud resig-
encuentra en la obligación de regular las relaciones entre dife- nada o incluso cínica de la población ante estos atropellos. Si
rentes grupos y responder ante sus demandas. En el Reino Uni- tanto gobernantes como gobernados participan de esta misma
do, donde escribo esta líneas, sucesivos gobiernos han tenido cultura, para poco sirven los llamados a la transparencia. Este
que enfrentarse a los reclamos de la ciudadanía, desde las rei- estado de cosas revela las limitaciones de las políticas públicas
vindicaciones de los grupos culturales minoritarios que inmi- que no toman en cuenta el factor cultural­. Pero como se vio
graron al país después de la segunda guerra mundial, hasta las durante la administración de Antanas Mockus en Bogotá, re-
quejas de la clase obrera ‘indígena’ ante la llegada de una oleada conocer el papel de la cultura política como motor del cambio
de trabajadores de Europa Oriental. En estas circunstancias, el puede ser muy eficaz en el intento de cambiar las reglas del
Estado no puede hacer caso omiso de la cuestión cultural. Un juego. Con esto no es mi intención declararme partidario del
punto curioso, sin embargo, es que, aunque el Estado tiende a proyecto verde, demasiado difuso y desenfocado a lo largo
presentar sus políticas en este campo como más bien técnicas de la campaña presidencial, sino sugerir la importancia de la
­–¿un sij tiene el derecho a manejar una moto sin casco, dado sensibilidad cultural entre los gobernantes.
que su religión le exige que no se quite el turbante?, ¿cómo se
debe abordar la diferencia cultural en la educación primaria?–
las dinámicas que producen estas demandas demuestran la im- Reconocer el papel de la cultura política
posibilidad de separar lo cultural de la economía y la política. como motor del cambio puede ser muy efi-
Es decir, las tensiones culturales forman una parte estructural
de la gestión pública. caz en el intento de cambiar las reglas del
juego.
En un país institucionalmente más avanzado como Colombia,
las promesas del Estado ante las reivindicaciones culturales em-
pezaron a plasmarse en la Constitución de 1991. Estos deseos Finalmente, entonces, ¿cómo deberían ser las políticas cul-
fueron un ajuste de cuentas con la historia en una formación turales? Una gestión que quisiera transformar la sociedad de
social en la que la jerarquía social se justificaba sobre todo en forma profunda sería la de un Estado capaz de asumir de
función de la diferencia cultural. Durante muchos años no eran manera explícita las facetas culturales de las decisiones po-
solo los indígenas y afrodescendientes los que se excluían por líticas. Sería, sobre todo, una administración que reconoce
ser ‘diferentes’, sino el ‘pueblo’, el conjunto de las identidades abiertamente los sesgos culturales que estructuran tanto los
políticas excluido del poder por las élites. Por eso mismo, el debates políticos como el proceder institucional. Así mismo,
reconocimiento implícito de la naturaleza cultural de la discri- se enfrentaría a una verdad incómoda: lo que se entiende
minación y la desigualdad ha sido uno de los logros más impor- como las estructuras culturales dominantes son producto,
tantes de la institucionalidad colombiana en los últimos veinte entre otras cosas, de un estado de cosas fundamentalmente
años. Sin embargo, y con algunas excepciones, los avances han injusto. Para empezar a cambiar esto la sensibilidad cultural
tendido a limitarse al campo del reconocimiento de la diferen- en la política es fundamental.

36
Debate

Políticas
que transforman
Luis Armando Soto Boutin*

U
no se pregunta qué sería el Medellín de hoy si no se una gran masa crítica que ha logrado que, a lo largo de varias
hubiese establecido el plan de lectura y bibliotecas décadas, los propósitos centrales de las políticas culturales del
que, siguiendo la experiencia bogotana, revitalizó la Estado colombiano no sólo se mantengan, sino que asienten
ciudad y le entregó a millares de personas la posibilidad de par- cada vez más en la realidad.
ticipar en ese gran encuentro ciudadano que propician día tras
día La Piloto o las bibliotecas de San Javier o Santo Domin- Las políticas públicas en cultura, en Colombia, sirven porque
go. Se pregunta, también, por las infinitas posibilidades de goce son la voz de millares de creadores, investigadores y gestores
y disfrute de la lectura que se habrían perdido en tantos y tantos culturales comprometidos con su quehacer. Eso se ha visto
municipios de Colombia si sus alcaldes y gobernadores no hu- desde los tiempos en que Colcultura animaba las jornadas
biesen decidido transitar, junto al Ministerio de Cultura y de de cultura popular y generaba espacios de diálogo regional
tantas asociaciones, fundaciones y colectivos, en el camino del y de reconocimiento de la diversidad cultural antes no vis-
Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas que con tanto acierto y, tos. Y esto mismo se reafirmó con muchos otros calificados
por supuesto, también con tantas dificultades, ha enriquecido procesos de concertación de políticas que atravesaron la dé-
la vida cultural local. cada de los ochenta y llegaron
a los noventa para dar lugar a la
Sin políticas públicas en cul- promulgación de la Ley general
tura, probablemente propie- de cultura y, ya casi al inicio de
tarios con intereses comer- este milenio, al Plan Nacional
ciales en centros históricos de Cultura 2001-2010.
como Barichara, Cartagena
de Indias o Bogotá tendrían Las políticas públicas en cultura
aún el campo más libre para han servido para concretar sue-
estropear nuestra memoria, o ños y aspiraciones de las comu-
para rendir a sus pies al patrimonio cultural en detrimento de nidades y para incorporar a la cultura en las tomas de decisión
su apropiación social. Es probable que sin esas políticas, las que de entidades territoriales y del Gobierno nacional. Se ha de-
han trazado el Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional mostrado que la cultura es un bien público y que el Estado no
de Patrimonio, junto a los demás pero no menos importantes puede marginarse de su obligada tarea de asegurar las bases para
actores del Sistema Nacional de Patrimonio, no tendríamos la que los creadores y los ciudadanos obtengan las condiciones
oportunidad de apreciar la revitalización, compleja pero vibran- para crear y expresarse con plenitud.
te, del corazón de ciudades como Barranquilla o Santa Marta.
Siempre recuerdo a André Malraux cuando afirmaba que el Es-
Las políticas públicas en cultura han servido para trazar gran- tado debe apoyar la cultura sin intervenir, y sin embargo, esta
des caminos, largos y difíciles, pero sostenibles y sostenidos por premisa tan clara sólo puede cristalizarse con políticas, planes

* Licenciado en filosofía y lengua española de la Universidad Santo Tomás de Aquino. Director de asuntos culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia. Previamente fue
Ministro consejero de la Embajada de Colombia en Madrid, coordinador del Grupo de políticas culturales y asuntos internacionales del ministerio de Cultura y asesor del Despacho de la
Dirección de Colcultura.

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y programas que garanticen que en la práctica esto sea así. He- sión de dejar de mirar solamente el centro para abrazar ese país
mos tenido salones regionales de artistas y salones nacionales profundo que tanta memoria guarda y que tantas herramientas
de artistas totalmente abiertos a la crítica a nuestra sociedad, necesita para democratizarla.
al Gobierno, al Estado, y no hemos visto, salvo quizá alguna
excepción, casos de censura a la libre expresión de las ideas. El Pero las políticas públicas también deben servir para propiciar
Salón ha reunido a curadores de diferentes partes del mundo la crítica, el disenso, la inconformidad o, en otras palabras, para
para atravesar el país profundo y éstos han caminado por él lograr que la sociedad tenga cada vez más conciencia crítica y
con el único pedido de los funcionarios responsables del Salón los ciudadanos más medios para ser sí mismos. Si no, ¿para qué?

de alentar la creación y de buscar la excelencia. Algo similar ha Las políticas públicas en cultura tienen sentido en cuanto con-
ocurrido con lo construido por las políticas públicas en cultura tribuyen al desarrollo pleno de la creatividad de los individuos
en torno a la radio local, o dicho de otro modo, a las radios y la sociedad.
comunitarias que han ayudado a que centenares de colectivos
tomen como suyo este medio y lo pongan al servicio de la ex- Qué bien que hoy, en cientos de municipios, la savia de su mú-
presión de sus propias singularidades y particularidades. sica haya recibido el reconocimiento necesario para mantenerse
y los medios para revitalizarse o que tantos artistas, ojalá fueran
Sin políticas públicas en cultura es posible que los recursos dis- más, hayan obtenido los mecanismos para profundizar en su
ponibles para el sector cultura, como se denomina en Planea- formación, para viajar al exterior, para contrastar su experiencia
ción cultural este sector que en sus tiempos era un simple apén-
con otras culturas a través de programas de becas o residencias.
dice del sector educativo, estuviesen más al vaivén de quienes
La reciente incorporación a la lista de patrimonio oral e in-
toman las grandes decisiones de inversión. En este sentido, las
material de ‘La ruta de la marimba’ seguramente servirá para
políticas han servido de pilar, de derrotero, de faro. Pero tam-
bién son, y esta vez tengo que recordar a Gilberto Gil cuando proteger esa memoria de la que hoy beben tantos jóvenes y
era Ministro de Cultura de Brasil, una construcción cultural de la que se alimentan tantas bandas de música de Manizales,
que nos permite ejercer la creatividad y la capacidad de soñar y Barranquilla o Medellín, en una demostración de que algo ha
de apuntar a nuevos futuros. pasado para que las tradiciones hoy no sólo estén vivas sino que
sean materia prima de nuevas creaciones y de nuevas músicas.
Las políticas públicas en cultura son las que hacen posible hoy Internacionalmente, el proceso colombiano en materia de polí-
que, milagrosamente, y luego de una larga sequía de produc- ticas públicas en cultura es muy valorado.
ción, el cine colombiano emerja con tanta fuerza, con tantas
voces, con tanta diversidad. Ya no puede decirse que sólo ha- Nuestro país presta cooperación a varios países de la región
blamos de lo mismo, es increíble el vigor de este sector y, sobre en diferentes áreas —libro, bibliotecas, música, patrimonio
todo, lo que anuncia que está por venir. Y esto es así gracias a un cultural, museos— y recibe a cientos de creadores, investi-
trabajo laborioso de personas e instituciones concretas que han gadores y gestores culturales interesados en conocer nuestra
visto reflejadas sus batallas en documentos, leyes y decretos. experiencia.

Hace una semana, un escritor catalán le decía a la agencia EFE,


Las bibliotecas de Bogotá y Medellín quizás sean las más visi-
desde Cali, que alucinaba con Renata, la red nacional de talle-
bles internacionalmente en cuanto a transformaciones urba-
res de escritores que, de manera tan discreta, se presenta como
nas y sociales en los que la cultura es protagonista, sin embar-
una carretera que comunica a centenares de creadores desde el
go, experiencias que parecieran bastante locales, y que Juan
Putumayo hasta La Guajira alrededor de la palabra, y les da la
posibilidad de acceder a lecturas insospechadas y a creadores David Correa en su momento describió con tanta maestría
provenientes de otros mundos, y a posibilidades de compartir en Las bibliotecas cuentan, dejan claro el papel de las políticas
lo que significa crear. Esto beneficia a la sociedad, la enriquece, públicas en cultura y, sobre todo, el de quienes están detrás
le asegura pluralismo y diversidad. de ellas con la finalidad de construir una sociedad más igua-
litaria, más justa y con más medios para expresarse en condi-
Probablemente los museos colombianos estarían hoy a la de- ciones de libertad y dignidad, como bien lo señala, dicho sea
riva, o no habrían recorrido tanto buen camino, si desde el de paso, el Plan Nacional de Cultura 2001-2010 “Hacia una
Museo Nacional de Colombia no se hubiera tomado la deci- ciudadanía democrática cultural”.

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Debate

Política cultural:
un nuevo modelo
de ensayo social
Fernando Vicario*

E
n un discurso pronunciado por García Márquez, en instituciones gubernamentales ponen en marcha para influir
la isla de Contadora, el 28 de marzo del año 1995, el directamente en la vida de los ciudadanos. Como dice el pre-
Nobel colombiano afirmó: “Cuando la integración po- mio Nobel, sus dos objetivos fundamentales son preservar, es
lítica y económica se cumplan, y así será, la integración cultural decir, estimular, ayudar a conservar, fomentar y cuidar; al tiem-
será un hecho irreversible desde tiempo atrás. Inclusive en los po que ensanchar, es decir, permitir el acceso, facilitar su uso y
Estados Unidos, que se gastan enormes fortunas en penetración disfrute, innovar, crear y potenciar su inserción en los procesos
cultural, mientras que nosotros, sin gastar un centavo, les esta- de cohesión social. El debate puede estar en la forma de cons-
mos cambiando el idioma, la comida, la música, la educación, truir esas políticas públicas, no en la necesidad de hacerlo. Lo
las formas de vivir, el amor. Es decir, lo más importante de la público hoy está desprestigiado, pero es en lo público donde
vida: la cultura (…)Yo me opongo sin éxito, y tal vez por fortu- nos jugamos la capacidad de convivir de nuestras sociedades,
na, a que se instaure en Co-
lombia —el Ministerio de
Cultura—. Mi argumento
principal es que contribuirá
a la oficialización y la buro-
cratización de la cultura. Pero no hay que simplificar. Lo que re- de encontrarse de nuestros ciudadanos y de innovar y construir
chazo es la estructura ministerial, víctima fácil del clientelismo alternativas de nuestros empresarios y emprendedores. Hay que
y la manipulación política. Propongo en su lugar un Consejo saber incorporar una visión más cultural en la manera de pensar
Nacional de Cultura que no sea gubernamental sino estatal, las políticas públicas, porque además de servir las políticas pú-
responsable ante la Presidencia de la República y no ante el blicas a la cultura, hemos de pensar en cómo le sirve la cultura
Congreso, y a salvo de las frecuentes crisis ministeriales, las in- a las políticas sociales.
trigas palaciegas, las magias negras del presupuesto. Gracias al
excelente español de Pacho (Weffort), y a pesar de mi portuñol Las estructuras sociales están cambiando y los estudios cultu-
vergonzante, terminamos de acuerdo en que no importa cómo rales pueden dar cuenta de estos cambios y analizar sus evo-
sea, siempre que el Estado asuma la grave responsabilidad de luciones. Los cambios afectan al tiempo que se generan en
preservar y ensanchar los ámbitos de la cultura”.1 las bases culturales de las sociedades. Es ahí donde se están
encontrando las alteraciones más profundas. Del estudio y
Este párrafo explica para qué le sirven las políticas públicas análisis de estos cambios saldrá una política eficaz que me-
a la cultura. Las políticas públicas preservan y ensanchan los jore la convivencia ciudadana, la relación con el entorno y la
ámbitos de actuación; son el conjunto de actividades que las seguridad de los habitantes. Los estudios culturales siempre

* Director de Consultores Culturales, Madrid, España. Se ha desempeñado como director cultural de la AECID y de la OEI.
1
America Latina existe, Babelia, en El País 23-10.2010

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han sabido mezclar las disciplinas que afectan al desarrollo
dándoles una lectura especial y nueva, en la que se ponen en
marcha soluciones compartidas y multidisciplinares. Hemos No por ser toda sociedad un entra-
modificado profundamente en las últimas décadas los modos
de comunicarnos, informarnos, relacionarnos con lo que vie- mado cultural genera una convivencia
ne de fuera. Todo ello ha cambiado a tal velocidad y con tan- cultural sana y que facilite el acceso
tas repercusiones, que solo un entorno cultural activo puede
de todos.
dar respuestas para la nueva adaptación.

Debemos reconsiderar la ciudadanía en función de las iden-


tidades culturales que la componen y es obvio que el factor Al tiempo se han de mantener unos espacios de preservación
que más altera este supuesto, hoy en día, es la emigración, de la memoria, de difusión de la creatividad más elaborada,
tanto la que nos llega de otros países, como la que saliendo de disfrute de las emociones con entornos apropiados. Es
del nuestro vuelve con nuevas miradas. Además de los movi- decir, al tiempo se ha de conseguir que la cultura tenga una
mientos internos entre campo y ciudad. Es lógico el miedo presencia propia, si solo la convertimos en elemento trans-
de quien viene y es lógico el miedo de quien recibe, es nece- versal termina por difuminar su modo de trabajo de tal ma-
sario un Estado que actúe positivamente en la disolución de nera que desaparece.
ambos miedos. Hasta la fecha, la ausencia de políticas cultu-
rales en la esencia del Estado nos ha llevado a construir un Por ello, las políticas culturales deben ser pensadas desde dos
tipo de política cultural por omisión, que es la política de la áreas de formulación. Una afecta al espacio de la política so-
exclusión. El principio de la exclusión es la mayor consecuen- cial, es decir, las políticas que tienden a compensar los efectos
cia de la no política, porque la tendencia ante estos miedos es de la exclusión, encargadas de prestar y facilitar posibilidades

el rechazo, la cerrazón y la puesta en marcha de límites muy de acceso en igualdad de condiciones. Otra área es la de las
cerrados. Para establecer unas políticas culturales que tengan políticas de fomento y estímulo sectoriales. Aquellas encarga-
calado, es imprescindible comenzar a construirlas desde la das de trabajar con la cultura como elemento propio, sector
coordinación de todos los estamentos del poder. Desde la particular que necesita un entorno propicio para su desarro-
coherencia entre los discursos y las praxis legislativas. El res- llo. Es en estas últimas donde irá naciendo el germen de las
peto a la diversidad se inculca en la educación y se vive en la primeras. Las primeras no crecen por generación espontánea.
cultura. Sin un trabajo conjunto es imposible conseguir que No por ser toda sociedad un entramado cultural genera una
este respeto sea real. convivencia cultural sana y que facilite el acceso de todos,
como en el resto de las actividades del ser humano, se ha de ir
Estoy hablando de una política cultural para la construcción modelando el ecosistema para su desarrollo.
de ciudadanía, para la cohesión y la participación ciudadana.
Es necesario aprender a generar consensos. Entre los actores
Política que nace en la estructura cultural misma. La estructu-
sociales, los gestores locales, los creadores, los espectadores, los
ra cultural se fortalece si fomentamos la creatividad, la diver-
empresarios, etc. Porque la política cultural es el lugar para in-
sidad, la lúdica de la participación a través de fiestas, espacios corporar de forma ordenada todos los disensos sociales, escu-
públicos compartidos, exposiciones abiertas y espectáculos charlos, darles su espacio de crecimiento y conseguir que actúen
para todos los sectores sociales, fomentamos la sensación de de forma coordinada por el bien social. La política cultural es
que esto que habitamos está hecho para todos y, lo más im- un ensayo social para la construcción del modelo que soñamos
portante, está hecho por todos. para nuestro entorno.

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