Sentencia T-356/07
ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS
JUDICIALES-Evolución jurisprudencial/ACCION DE TUTELA
CONTRA PROVIDENCIAS JUDICIALES-Procedencia
excepcional
VIA DE HECHO-Clases de defectos en la actuación
ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS
JUDICIALES-Vulneración o amenaza de derechos
fundamentales/ACCION DE TUTELA CONTRA
PROVIDENCIAS JUDICIALES-Requisitos/ACCION DE
TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS JUDICIALES-Causales
de procedibilidad/ACCION DE TUTELA CONTRA
PROVIDENCIAS JUDICIALES-Requisitos generales de
procedibilidad/ACCION DE TUTELA CONTRA
PROVIDENCIAS JUDICIALES-Requisitos especiales de
procedibilidad
ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS
JUDICIALES-La sola inconformidad de las partes afectadas con la
decisión, no resulta suficiente para configurar una vía de hecho
ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS
JUDICIALES-Requisitos formales
SENTENCIA ANTICIPADA EN LEY 600 DE 2000,
ALLANAMIENTO DE CARGOS EN LEY 906 DE 2004 Y
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD-Reiteración de
jurisprudencia
FORMAS DE TERMINACION ANTICIPADA DEL
PROCESO PENAL-Evolución en el sistema jurídico colombiano
SENTENCIA ANTICIPADA Y AUDIENCIA ESPECIAL-
Semejanzas y diferencias
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD EN EL MARCO DE LA
LEY 906 DE 2004-Aplicación para hechos acaecidos antes de su
vigencia y en los Distritos Judiciales en donde aún no ha entrado en
vigor
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD PENAL-Elemento
fundamental del debido proceso/PRINCIPIO DE
FAVORABILIDAD PENAL-No distinción entre normas
sustantivas y procesales
SENTENCIA ANTICIPADA DEL DECRETO 2700 DE 1991
MODIFICADO POR LA LEY 81 DE 1993-Descripción
normativa/SENTENCIA ANTICIPADA DEL DECRETO 2700
DE 1991 MODIFICADO POR LA LEY 81 DE 1993-Semejanzas
y diferencias entre la sentencia anticipada y la audiencia especial
Existían dos instituciones procesales que guardaban ciertas semejanzas
y diferencias: la sentencia anticipada y la audiencia especial. En cuanto
a los puntos de contacto se tiene que, a diferencia de la preclusión de la
investigación y la cesación del procedimiento, estas figuras no
constituían una forma de extinción de la acción penal, porque
simplemente se trataba de abreviar la ritualidad procesal para proferir
sentencia condenatoria cuando existía mérito para ello. Mediante estas
figuras se prescindía de algunas actuaciones procesales, por ejemplo, el
cierre de investigación, la calificación formal del proceso y la audiencia
pública, siendo procedente para toda clase de delitos, pudiendo ser
aplicadas por cualquier fiscal o juez.
SENTENCIA ANTICIPADA DEL DECRETO 2700 DE 1991
MODIFICADO POR LA LEY 81 DE 1993-Características de la
sentencia anticipada y la audiencia especial
Los institutos procesales presentaban sus particularidades. Así, la
sentencia anticipada se caracterizaba por que (i) el imputado
renunciaba a la tramitación integral del proceso cuando aceptaba los
cargos formulados en su contra y se encontraban demostrados los
presupuestos probatorios para fundamentar sentencia condenatoria; (ii)
la titularidad para solicitar tal beneficio correspondía exclusivamente al
acusado; (iii) la petición se elevaba, en la etapa de instrucción, a partir
de la resolución que resolvía la situación jurídica al procesado, una vez
se encontrara ejecutoriada, hasta antes del cierre de la investigación, sin
necesidad de que esta providencia adquiriera firmeza, obteniendo una
rebaja de pena hasta de 1/3 parte; (iv) en la etapa de juzgamiento, la
solicitud podía ser elevada hasta antes de se fijara fecha para la
audiencia pública, obteniendo una rebaja de pena de hasta 1/6 parte; (v)
el procesado debía aceptar integralmente los hechos investigados, es
decir, se trataba de una confesión simple de haber participado en el
hecho; (vi) debía existir en el proceso prueba que condujera a la certeza
del hecho punible y de la responsabilidad del sindicado; (vii) durante la
etapa de investigación, fiscal y procesado debían suscribir un acta,
equivalente a la resolución de acusación; durante el juicio, el documento
debía ser suscrito entre el juez y el acusado; (viii) contra el acta no
procedía recurso alguno; (ix) el juez debía aprobar el acuerdo, salvo
que violase garantías constitucionales o legales, y proceder a dictar
sentencia condenatoria, la cual era impugnable. A su vez, la audiencia
especial se caracterizaba por lo siguiente (i) no existía duda acerca de la
comisión del hecho punible, no se establecía la atipicidad del mismo, no
concurrían causales de justificación o inculpabilidad, pero se
presentaban dudas probatorias acerca de la intervención en el delito o
sobre la calificación de algunos de sus elementos integrantes; (ii) la
petición se elevaba a partir de la ejecutoria de la resolución que definía
la situación jurídica del procesado y hasta antes de que se profiriera
providencia que ordenara el cierre de la investigación; (iii) en la etapa
de juzgamiento era improcedente aquélla, por cuanto las posibles dudas
probatorias habían sido despejadas en la resolución de acusación; (iv)
el imputado debía aceptar su responsabilidad en el comportamiento
delictivo; (v) la audiencia terminaba con la suscripción de un acta
contentivo del acuerdo derivado de la diligencia judicial, equivalente a
una resolución de acusación; y (vi) se preveía la existencia de un control
judicial sobre lo acordado tanto en aspectos sustanciales como
procesales.
SENTENCIA ANTICIPADA Y AUDIENCIA ESPECIAL DEL
DECRETO 2700 DE 1991 MODIFICADO POR LA LEY 81 DE
1993-Renuncia del Estado al ejercicio del poder de investigación y
juzgamiento y al agotamiento de todos los trámites normales del
proceso por parte del imputado
A pesar de la existencia de ciertas diferencias y matices, en la sentencia
anticipada y en la audiencia especial el Estado renuncia a seguir
ejerciendo sus poderes de investigación y juzgamiento y el imputado a
que se agoten todos los trámites normales del proceso; tales renuncias
mutuas, que en el sistema acusatorio americano se conocen como plea
gulty, son factibles cuando la ritualidad subsiguiente se torna
innecesaria, por estar demostrados los presupuestos probatorios para
dictar sentencia condenatoria.
FISCALIA GENERAL DE LA NACION-Beneficios por
colaboración eficaz
Con todo, en esta codificación no se contempló un instituto análogo a la
denominada audiencia especial, basada en el consenso entre fiscal y
procesado respecto de la responsabilidad de éste. Por el contrario, se
establecieron los denominados beneficios por colaboración eficaz
acordados entre la fiscalía y las personas investigadas, juzgadas o
condenadas, en razón de la colaboración que prestara a las autoridades
para “la eficacia de la administración de justicia”, los cuales obedecían
a criterios de política criminal muy diversos a los que inspiran los
mecanismos de terminación anticipada del proceso.
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD EN EL MARCO DE LA
LEY 906 DE 2004-Estado actual de la jurisprudencia de la Corte
Constitucional sobre la aplicación
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD PENAL-Aplicación en
normas sustantivas y procesales
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD PENAL ACUSATORIO E
IRRETROACTIVIDAD DE LA LEY PENAL-Aplicación del
nuevo Código de Procedimiento Penal para los delitos cometidos
con posterioridad a la vigencia de dicho código
SISTEMA ACUSATORIO-Parte integrante de acto legislativo
PRINCIPIO DE FAVORABILIDAD EN EL MARCO DE LA
LEY 906 DE 2004-Directrices materia de favorabilidad
La jurisprudencia constitucional de esta Corporación ha sentado varias directrices que interesan al
análisis del caso que aquí se plantea, en materia de favorabilidad penal, referida a la Ley 906 de
2004, así: (i) El principio de favorabilidad como parte integrante del cuerpo dogmático de la
Constitución, conserva pleno vigor y aplicabilidad respecto de la Ley 906 de 2004, no obstante las
normas de vigencia que ella consagra, orientadas a reafirmar el principio general de irretroactividad
de la ley penal, el cual no es excluyente sino complementario de la favorabilidad; (ii) el principio de
favorabilidad conserva su vigor en todo el territorio nacional, no obstante el método progresivo
elegido para la implantación gradual del nuevo sistema; (iii) el principio de favorabilidad rige
también situaciones de coexistencia de regímenes legales distintos, siempre que concurran los
presupuestos materiales del principio de favorabilidad, lo que implica que no pueda ser aplicado
frente a instituciones estructurales y características del nuevo sistema y como tales sin referente en el
anterior; (iv) la aplicación del principio de favorabilidad reclama un estudio particularizado de cada
caso a fin de determinar el impacto de las normas en conflicto sobre la situación del procesado.
SISTEMA PENAL ACUSATORIO-Formas de terminación
anticipada del proceso
Una lectura sistemática del nuevo estatuto procesal penal permite
deslindar dos modalidades de terminación anticipada del proceso
perfectamente diferenciadas en su estructura, consecuencias y objetivos
político criminales: (i) Los preacuerdos y negociaciones entre el
imputado o acusado y el fiscal; y (ii) la aceptación unilateral de cargos
por parte del imputado o acusado.
PREACUERDOS Y NEGOCIACIONES ENTRE FISCALIA E
IMPUTADO O ACUSADO-Alcance
SENTENCIA ANTICIPADA Y ALLANAMIENTO A LOS
CARGOS-Instituciones análogas con regulaciones punitivas
diversas/SENTENCIA ANTICIPADA Y ALLANAMIENTO A
LOS CARGOS-Instituciones semejantes, similitudes predicables en
los términos del Decreto 2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de
1993 para invocar el principio de favorabilidad.
ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS
JUDICIALES-Procedencia por violación al principio de
favorabilidad penal
Referencia: expediente T-1531223
Acción de tutela instaurada por
Esteban López Nuñez contra el
Juzgado 2º de Ejecución de Penas y
Medidas de Seguridad de Tunja y la
Sala Penal del Tribunal Superior de la
misma ciudad.
Magistrado Ponente:
Dr. HUMBERTO ANTONIO
SIERRA PORTO
Bogotá, D.C., diez (10) de mayo de dos mil siete (2007).
La Sala Séptima de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por
los Magistrados Humberto Antonio Sierra Porto, quien la preside, Álvaro
Tafur Galvis y Clara Inés Vargas Hernández, en ejercicio de sus
competencias constitucionales y legales, específicamente las previstas en
los artículos 86 y 241, numeral 9º de la Constitución Política, y en los
artículos 33 y siguientes del Decreto 2591 de 1991, ha proferido la
siguiente
SENTENCIA
en el proceso de revisión de las sentencias de tutela dictadas por las Salas
Penal y Civil de la Corte Suprema de Justicia.
I. ANTECEDENTES.
El accionante considera que el Juzgado Segundo de Ejecución de Penas
y Medidas de Seguridad de Tunja y el Tribunal Superior de Distrito
Judicial de la misma ciudad, le han violado su derecho al debido proceso
por cuanto se han negado a aplicarle por favorabilidad penal lo dispuesto
en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004. Expone a su favor los
siguientes hechos:
1. Asegura que desde que entró en vigencia la Ley 906 de 2004 ha
solicitado la aplicación a su caso de lo previsto en el artículo 351
de aquélla, “por favorabilidad y según lo normado en el artículo
29 de la Constitución Nacional”.
2. Afirma que en el año 2005 se le dio aplicación al artículo 351 de
la citada ley “a algunos casos, por lo tanto todos los que nos
acogimos a los beneficios de ley, elevamos la respectiva petición
ante las autoridades de conocimiento y ante su negativa,
agotamos los respectivos recursos. Luego la Honorable Corte
Suprema de Justicia se pronunció negativamente y desistimos del
asunto”.
3. Sostiene que el 10 de febrero de 2006, la Corte Constitucional, en
fallo de tutela 091, M.P. Jaime Córdoba Triviño, ordenó dar
aplicación “al polémico artículo, basados en esto todos los que
nos acogimos a los beneficios de ley, retomamos la tarea de
solicitar dicho beneficio por favorabilidad e igualdad”. Cita a
continuación algunos casos donde se ha aplicado el principio de
favorabilidad.
Con base en los anteriores hechos solicita que en el término de 48 horas
le sea redosificada la pena.
1. Respuestas de las autoridades públicas accionadas.
La Sala Penal del Tribunal Superior de Tunja remitió un oficio
oponiéndose a la petición de amparo, con base en los siguientes
argumentos.
Explica que mediante auto interlocutorio núm. 065 del 18 de julio de
2006 confirmó la providencia proferida por el Juzgado Segundo de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja, mediante la cual
se había negado la rebaja de pena al accionante por aplicación del
artículo 70 de la Ley 975 de 2005 y aplicación favorable del artículo 351
de la Ley 906 de 2004, por haber sido ya decididas en providencias
anteriores, ordenándose estarse a lo dispuesto en las mismas.
Argumenta que para la decisión que negara la rebaja de pena del 10%
previsto en el artículo 70 de la Ley 975 de 2005 y la aplicación del
artículo 351 de la Ley 906 de 2004, se tuvo en cuenta argumentos
diferentes a los expuestos en primera instancia, “los que solicito sean
valorados en la decisión de la acción de tutela, considerando que en los
mismos no se ha incurrido en vía de hecho que haga viable la
procedencia de aquella”.
De igual manera, el Juzgado Segundo de Ejecución de Penas y Medidas
de Seguridad de Tunja se opuso a la solicitud de tutela, por las siguientes
razones:
Sostiene que el despacho vigila el cumplimiento de la pena impuesta al
accionante por el Juzgado Único Promiscuo del Circuito de Belén de
Andaquíes, de fecha 4 de marzo de 1994, por los delitos de homicidio
agravado en concurso con hurto calificado y agravado, porte ilegal de
armas y concierto para delinquir, sanción que asciende a 25 años y un
mes de prisión, pena accesoria de interdicción de derechos y funciones
públicas, así como al pago de perjuicios a favor de los herederos de cada
uno de los occisos, equivalente a 250 gramos oro.
La anterior sentencia fue modificada por la Sala Penal del Tribunal
Superior de Florencia, en fallo del 27 de mayo de 1994, providencia en la
cual se decidió aumentar la pena a 28 años y 5 meses de prisión,
interdicción de derechos y funciones públicas por 10 años y al pago de
perjuicios por valor de 250 gramos oro, a favor de los herederos del señor
Ramiro Guillén Betancourt.
Posteriormente, la pena fue redosificada por el Juzgado 2º de Ejecución
de Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá, mediante auto de fecha 15
de junio de 2002, disponiendo que debía cumplir una pena de 18 años y 5
meses de prisión.
Comenta que dentro de la causa el accionante registra períodos de
privación de la libertad, al igual que fugas, de la siguiente manera “22 de
octubre de 1993 al 22 de mayo de 1998 (1ª fuga), equivalente a cuatro
(4) años y siete (7) meses. Capturado nuevamente el 7 de abril de 1999
al 17 de abril de 2001 (2ª fuga); equivalente a dos (2) años y diez (10)
días”. Explica que el Despacho avocó conocimiento de la causa, y vigila
el cumplimiento de la pena, desde el 4 de marzo de 2003.
Asegura haber resuelto múltiples peticiones elevadas por el accionante en
relación con la aplicación del artículo 351 de la Ley 906 de 2004. Sobre
el particular explica que mediante auto del 10 de agosto de 2005 se le
negó al actor la rebaja solicitada; auto que fue notificado personalmente
al señor Esteban Nuñez López el 16 de agosto de 2005, así como al
Ministerio Público. Dicho auto fue objeto de recurso de apelación por
parte del agente de la Procuraduría. El Tribunal Superior de Tunja,
mediante decisión del 24 de noviembre de 2005, confirmó el fallo
apelado.
Luego de hacer este recuento, el Juzgado accionado sostiene que la
acción de tutela no está llamada a prosperar por cuanto su caso no se
ajusta a lo resuelto en sentencia T-091 de 2006, ya que “esta
Corporación tan sólo asimiló la figura de la sentencia anticipada (art.
40 en la etapa instructiva) con el artículo 351 y 288.3 de la Ley 906, sólo
y solo sí, el procesado aceptaba el pliego de cargos en el transcurso de
la audiencia de imputación. Situación que no se da en el asunto en
examen”.
Por último, sostiene que la acción de tutela no puede convertirse en una
tercera vía en los procesos penales.
2. Decisión de Primera Instancia.
La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, mediante sentencia del 20
de septiembre de 2006, negó el amparo solicitado por las siguientes
razones.
Sostiene que la acción de tutela deviene improcedente frente a las
interpretaciones razonables que de la ley realicen los operadores
jurídicos, en tanto el juez constitucional debe respetar el principio de
autonomía funcional.
En relación con la aplicación del artículo 351 de la Ley 906 de 2004
reitera lo decidido en sentencia de tutela del 13 de septiembre de 2005
(radicado 22.298), según la cual “cuando un problema jurídico admite
varias y diferentes soluciones, todas válidas, la selección que el juez
hace de una de ellas no puede ser reprochada a través de la acción de
tutela, porque afectaría la independencia y autonomía que a la función
judicial le reconocen los artículos 228 y 230 de la Constitución Política.
Desde luego, ninguna de esas varias posibilidades hermenéuticas puede
calificarse como arbitraria, subjetiva, abusiva o, en fin, constitutiva de
una vía de hecho, sino como opciones plausibles de solución del
problema jurídico”.
El Magistrado Mauro Solarte Portilla aclaró su voto por cuanto “en mi
sentir la terminación prematura del proceso en la ley 906 de 2004 puede
darse bien bien por la simple manifestación unilateral de los cargos por
parte del imputado, sin ningún tipo de condicionamientos a la
imputación; ora como producto de una verdadera negociación entre este
y la fiscalía. Es decir, a mi juicio se trata de institutos diversos, que
deben tener un desarrollo procesal también diferente. No se necesita del
segundo para el perfeccionamiento del primero”. Asegura que su
posición mira a los sistemas como un conjunto, al entorno normativo, a
su génesis y teleología. De allí que la ley 906 de 2004 no pueda ser
comprendida sin tomar en consideración la ley 890 de 2004, en tanto que
componentes del sistema acusatorio.
Concluye afirmando que comparte la posición de la Sala en el sentido de
que el amparo era improcedente por cuanto se trataba de una cuestión
discutible, que no porque no se comparta, significa que la decisión
ameritada “no corresponda a la delicada misión constitucionalmente
asignada a los jueces de apreciar y valorar la prueba recaudada, y
asimismo interpretar y aplicar las disposiciones normativas insertas en
el ordenamiento jurídico, como se indica en el fallo”.
De igual manera, los Magistrados Marina Pulido de Barón y Julio
Enrique Socha Salamanca salvaron sus votos con base en los siguientes
argumentos:
Afirman que si la Sala ha orientado su criterio hacia la aplicación
favorable de normas contenidas en el nuevo estatuto procesal penal a
actuaciones adelantadas bajo la égida de la Ley 600 de 2000, siempre que
se trate de disposiciones de carácter sustancial que regulen de manera
más benigna al procesado institutos análogos, “no encontramos razón
plausible para no proceder a ello cuando la jurisdicción se encuentra
frente a figuras de terminación abreviada del proceso que con diferente
nombre, pero con igual esencia, aparecen consagradas en las dos
codificaciones adjetivas penales”.
Afirman que ambas figuras, es decir, la aceptación de cargos y el
sometimiento a sentencia anticipada, ostentar similar naturaleza, razón
por la cual merecen idéntico tratamiento punitivo. Al respecto explican
que la nueva codificación procesal distingue entre los preacuerdos y la
aceptación unilateral de responsabilidad penal, sin que sea viable
asimilarlas porque mientras el allanamiento supone un acto unilateral, los
acuerdos deben irrumpir como fruto de una aproximación entre partes, en
este caso Fiscalía e imputado, a partir del cual se conviene ya en los
términos de la acusación, ora en la cantidad de pena a imponer, todo a
condición de que se acepte responsabilidad.
Así pues, argumentan que se trata de dos modalidades diversas de
terminación abreviada del proceso, como se extrae del artículo 293 de la
Ley 906 de 2004. En tal sentido, la aceptación de “los cargos
determinados en la audiencia de formulación de imputación”, a que se
refiere el artículo 351 y que da lugar a una rebaja de hasta la mitad de la
pena, “acuerdo que se consignará en el escrito de acusación” sólo puede
entenderse referida a los eventos en que, fruto de una aproximación,
Fiscalía e imputado preacuerden que el primero otorgue una rebaja,
elimine un cargo o una agravante o presente la acusación con miras a la
disminución de la pena, a cambio de que el segundo acepte los cargos,
consenso que puede intentarse entre ellos desde cuando se formula la
imputación y hasta antes de que se presente la acusación, términos éstos
que son los que se consignan como escrito de acusación, sin que se vea
cómo tal procedimiento resulta extensivo al allanamiento a la
imputación, que no implica ningún previo consenso en cuanto al monto
de la rebaja que corresponde dosificar al juez dentro de ese margen en
que se mueve su discrecionalidad, desde luego no absoluta, sino
sustentada en consideraciones razonables.
Por último, el Magistrado Alfredo Gómez Quintero salvó su voto por
compartir lo decidido por la Corte Constitucional en sentencia T- 091 de
2006.
3. Impugnación.
En el texto impugnatorio el accionante simplemente manifiesta que
impugna la decisión.
4. Decisión de segunda instancia.
La Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, mediante sentencia del 23
de noviembre de 2006, confirmó la decisión del a quo por cuanto la
acción de tutela no puede dar lugar a reabrir asuntos ya decididos en
procesos judiciales, ya que se desconocería el instituto de la cosa
juzgada, además de los principios de la autonomía e independencia
judiciales.
II. CONSIDERACIONES DE LA SALA
1. Competencia
Con fundamento en lo dispuesto por los artículos 86 y 241-9 de la
Constitución Política, y 33, 34 y 35 del Decreto 2591 de 1991, esta Sala
es competente para revisar y decidir la presente acción de tutela.
2. Problemas jurídicos.
Corresponde en esta oportunidad a la Sala resolver si unos jueces de
ejecución de penas y medidas de seguridad incurrieron en una causal de
procedencia de la acción de tutela contra providencias judiciales, por
haberle negado a un condenado: (i) la aplicación de principio de
favorabilidad en virtud de la entrada en vigor de la Ley 906 de 2006,
dado que el peticionario se había sometido a sentencia anticipada en
1994, es decir, bajo la vigencia del decreto 2700 de 1991; y (ii) el
reconocimiento de la rebaja del 10% de la pena de que trata el artículo 70
de la Ley 975 de 2005.
Para tales efectos, la Corte (i) reiterará su jurisprudencia sobre las
causales genéricas de procedibilidad de la acción de tutela contra
providencias judiciales; (ii) analizará la procedencia de la aplicación del
principio de favorabilidad para los casos de procesados que se hubiesen
sometido al instituto procesal de la rebaja de pena durante la vigencia del
decreto 2700 de 1991; (iii) analizará los efectos temporales de la
sentencia C- 370 de 2006 en relación con la rebaja de pena de que trata el
artículo 70 de la Ley 975 de 2005; (iv) examinará las condiciones para
acceder al beneficio; y (v) resolverá el caso concreto.
3. Causales genéricas de procedibilidad de la acción de tutela contra
providencias judiciales. Evolución jurisprudencial. Reiteración.
Procede esta Sala de Revisión a estudiar las líneas jurisprudenciales que
ha desarrollado esta Corporación en torno a lo que en los primeros años
1
se denominó vías de hecho y que posteriormente se calificó como
1
Ver sentencias T-958 de 2005 y T-389 de 2006 proferidas por esta Sala de
Revisión.
causales de procedibilidad de la acción de tutela contra providencias
judiciales.
La Corte Constitucional, mediante sentencia C-543 de 1992, declaró
inexequibles los artículos 11, 12 y 40 del Decreto 2591 de 1991, los
cuales regulaban el ejercicio de la acción de tutela contra providencias
judiciales. La Sala Plena de la misma adoptó dicha decisión tras
considerar que las disposiciones referidas contravenían la Carta
Fundamental en tanto eran contrarias al principio de autonomía funcional
de los jueces, afectaban la estructura descentralizada y autónoma de las
diferentes jurisdicciones, lesionaban en forma grave la cosa juzgada y la
seguridad jurídica y el interés general.
No obstante, la doctrina acogida por esta misma Corte ha determinado
que la acción de tutela resulta procedente cuando se pretenda proteger los
derechos constitucionales fundamentales de las personas que se hayan
visto amenazados o vulnerados mediante defectos que hagan procedente
la acción de tutela por parte de las autoridades públicas y, en particular,
de las autoridades judiciales.
En sentencia T-231 de 1994 se establecieron cuáles eran los defectos que
hacían posible la procedencia excepcional de la solicitud de tutela contra
providencias judiciales por configurar vías de hecho. Dicho fallo
estableció que estos defectos eran: (i) defecto sustantivo, que se produce
cuando la decisión controvertida se funda en una norma
indiscutiblemente inaplicable; (ii) defecto fáctico, que tiene lugar cuando
resulta indudable que el juez carece de sustento probatorio suficiente para
proceder a aplicar el supuesto legal en el que se sustenta la decisión; (iii)
defecto orgánico, se presenta cuando el funcionario judicial que profirió
la providencia impugnada, carece, absolutamente, de competencia para
ello; y, (iv) defecto procedimental que aparece en aquellos eventos en los
que se actuó completamente al margen del procedimiento establecido.
En sentencia T-327 de 1994, la Corte precisó los requisitos que deben ser
verificados en cada caso concreto a fin de determinar la procedencia de la
tutela contra una actuación judicial. Estos deben ser, de conformidad con
la jurisprudencia: (i) que la conducta del juez carezca de fundamento
legal; (ii) que la actuación obedezca a la voluntad subjetiva de la
autoridad judicial; (iii) que conlleve la vulneración grave de los derechos
fundamentales; y, (iv) que no exista otro mecanismo de defensa judicial,
o que de existir, la tutela sea interpuesta como mecanismo transitorio a
fin de evitar un perjuicio irremediable; o que, de la valoración hecha por
el juez constitucional surja que el otro mecanismo de defensa no es eficaz
para la protección del derecho fundamental vulnerado o amenazado . 2
Posteriormente, en sentencia T-462 de 2003 se elaboró una clara
clasificación de las causales de procedibilidad de la acción. En dicho
fallo, la Sala Séptima de Revisión indicó que este mecanismo
constitucional resulta procedente únicamente en aquellos casos en los
cuales, con ocasión de la actividad jurisdiccional, se vean afectados los
derechos fundamentales al verificar la ocurrencia de uno de los siguientes
eventos: (i) defecto sustantivo, orgánico o procedimental, (ii) defecto
fáctico, (iii) error inducido, (iv) decisión sin motivación, (v) violación
directa de la Constitución y, (vi) desconocimiento del precedente.
De conformidad con lo anterior, la acción de tutela es el mecanismo
idóneo para restablecer los derechos fundamentales conculcados
mediante una decisión judicial, en principio, cuando se cumplan los
siguientes requisitos generales : 3
a. Que la cuestión que se discute tenga relevancia constitucional, pues el
juez constitucional no puede analizar hechos que no tengan una clara y
marcada importancia constitucional so pena de involucrarse en asuntos
que corresponden a otras jurisdicciones.
b. Que no exista otro medio de defensa eficaz e inmediato que permita
precaver la ocurrencia de un perjuicio irremediable . De allí que sea un
4
deber del actor agotar todos los recursos judiciales ordinarios para la
defensa de sus derechos fundamentales.
c. La verificación de una relación de inmediatez entre la solicitud de
amparo y el hecho vulnerador de los derechos fundamentales, bajo los
principios de razonabilidad y proporcionalidad. En este último caso, se
ha determinado que no es procedente la acción de tutela contra sentencias
judiciales, cuando el transcurso del tiempo es tan significativo que sería
desproporcionado un control constitucional de la actividad judicial, por la
vía de la acción de tutela.
d. Cuando se presente una irregularidad procesal, ésta debe tener un
efecto decisivo o determinante en la sentencia que afecta los derechos
fundamentales del actor.
2
Ver sentencia T-951 y T-1216 de 2005, entre otras.
3
En esta oportunidad la Sala reitera la sentencia C-590 de 2005.
4
Sentencia T-698 de 2004.
e. El actor debe identificar los hechos que generaron la vulneración de
sus derechos fundamentales, y éstos debió alegarlos en el proceso
judicial, si hubiese sido posible.
f. Que no se trate de sentencias de tutela, porque la protección de los
derechos fundamentales no puede prolongarse de manera indefinida.
Así mismo, se han estructurado los requisitos especiales de
procedibilidad de la acción de tutela contra providencias judiciales, los
5
cuales se relacionan con el control excepcional por vía de tutela de la
actividad judicial, y están asociados con las actuaciones judiciales que
conllevan una infracción de los derechos fundamentales. En efecto, en la
sentencia C-590 de 2005 se redefinió la teoría de los defectos, así:
a. Cuando el funcionario judicial que profirió la sentencia impugnada
carece de competencia, defecto orgánico.
b. Defecto procedimental, se presenta cuando la violación de la
Constitución y la afectación de los derechos fundamentales es
consecuencia del desconocimiento de normas de procedimiento.
c. Cuando la vulneración de los derechos fundamentales se presenta con
ocasión de problemas relacionados con el soporte probatorio de los
procesos, como por ejemplo cuando se omiten la práctica o el decreto de
las pruebas, o cuando se presenta una indebida valoración de las mismas
por juicio contraevidente o porque la prueba es nula de pleno derecho
(defecto fáctico).
d. Cuando la violación de los derechos fundamentales por parte del
funcionario judicial es consecuencia de la inducción en error de que es
víctima por una circunstancia estructural del aparato de administración de
justicia, lo que corresponde a la denominada vía de hecho por
consecuencia . 6
e. Cuando la providencia judicial presenta graves e injustificados
problemas en lo que se refiere a la decisión misma y que se contrae a la
insuficiente sustentación o justificación del fallo.
5
Esta clasificación se estableció a partir de la sentencia T-441 de 2003, reiterada en
las sentencias T-461 de 2003, T-589 de 2003, T-606 de 2004, T-698 de 2004, T-690
de 2005, entre otras.
6
Ver sentencia SU-014 de 2001.
f. Defecto material o sustantivo se origina cuando se decide con base en
normas inexistentes o inconstitucionales o que presentan una evidente
contradicción entre los fundamentos y la decisión.
g. Desconocimiento del precedente, esta causal se presenta, por ejemplo,
cuando la Corte Constitucional establece el alcance de un derecho
fundamental y el juez ordinario aplica una ley limitando sustancialmente
dicho alcance. Debe tenerse en cuenta que el precedente judicial está
conformado por una serie de pronunciamientos que definen el alcance de
los derechos fundamentales mediante interpretaciones pro homine, esto
es, aplicando la interpretación que resulte mas favorable a la protección
de los derechos fundamentales.
Lo anterior no es obstáculo para que en virtud de los principios de
autonomía e independencia de la labor judicial, los jueces de tutela
puedan apartarse del precedente constitucional, pero en tal evento
tendrán la carga argumentativa, es decir, deberán señalar las razones de
su decisión de manera clara y precisa para resolver el problema
planteado.
En relación a la aplicación del precedente, esta Sala de Revisión en
sentencia T-158 de 2006 señaló: “Por ello, la correcta utilización del
precedente judicial implica que un caso pendiente de decisión debe ser
fallado de conformidad con el(los) caso(s) del pasado, sólo (i) si los
hechos relevantes que definen el caso pendiente de fallo son semejantes
a los supuestos de hecho que enmarcan el caso del pasado, (ii) si la
consecuencia jurídica aplicada a los supuestos del caso pasado,
constituye la pretensión del caso presente y (iii) si la regla
jurisprudencial no ha sido cambiada o ha evolucionado en una distinta o
más específica que modifique algún supuesto de hecho para su
aplicación.”
Por último, cabe destacar que sólo el desconocimiento de los precedentes
sentados por la Sala Plena de esta Corporación puede dar lugar a una
nulidad de un fallo de tutela adoptado por una Sala de revisión por la
causal de cambio de jurisprudencia, tal como ha manifestado de manera
reiterada esta Corte, de allí que, si bien la Sala Plena puede,
excepcionalmente, por razones de justicia material y adecuación de sus
fallos a los cambios históricos y sociales, modificar un precedente
constitucional, tal decisión le está vedada a las Salas de Revisión .
7
7
Ver Auto A-330 de 2006.
h. Cuando la decisión del juez se fundamenta en la interpretación de una
disposición en contra de la Constitución o cuando el juez se abstiene de
aplicar la excepción de inconstitucionalidad ante una violación
manifiesta de la Constitución siempre que se presente solicitud expresa
de su declaración, por alguna de las partes en el proceso . 8
La aplicación de esta doctrina Constitucional, tiene un carácter
eminentemente excepcional, por virtud del principio de independencia de
la administración de justicia y del carácter residual de la acción de tutela.
Por esta razón, las causales de procedibilidad de la acción de tutela contra
providencias judiciales deben estar presentes en forma evidente y ser
capaces de desvirtuar la juridicidad del pronunciamiento judicial objeto
de cuestionamiento . 9
Además de lo anterior, para que la solicitud de amparo sea procedente en
estos casos, debe darse cumplimiento al mandato según el cual ésta sólo
procede en ausencia de un mecanismo alternativo de defensa judicial, o
para efectos de evitar un perjuicio irremediable. En las sentencias T-639
de 2003 y T-996 de 2003, esta Corporación resumió los requisitos de tipo
formal para la procedencia de la acción de tutela, así:
“a) Es necesario que la persona haya agotado todos los mecanismos de
defensa previstos en el proceso dentro del cual fue proferida la decisión
que se pretende controvertir mediante tutela. Con ello se pretende
prevenir la intromisión indebida de una autoridad distinta de la que
adelanta el proceso ordinario, que no se alteren o sustituyan de manera
fraudulenta los mecanismos de defensa diseñados por el Legislador, y
que los ciudadanos observen un mínimo de diligencia en la gestión de
sus asuntos, pues no es ésta la forma de enmendar deficiencias, errores o
descuidos, ni de recuperar oportunidades vencidas al interior de un
proceso judicial.
“b) Sin embargo, puede ocurrir que bajo circunstancias especialísimas,
por causas extrañas y no imputables a la persona, ésta se haya visto
privada de la posibilidad de utilizar los mecanismos ordinarios de
defensa dentro del proceso judicial, en cuyo caso la rigidez descrita se
atempera para permitir la procedencia de la acción.
“c) Finalmente, existe la opción de acudir a la tutela contra
providencias judiciales como mecanismo transitorio a fin de evitar un
8
Al respecto pueden consultarse las sentencias SU-1184 de 200, T-522 de 2001 y T-
1265 de 2000.
9
Sentencia T-933 de 2003, entre otras.
perjuicio irremediable. Dicha eventualidad se configura cuando para la
época de presentación del amparo aún está pendiente alguna diligencia
o no han sido surtidas las correspondientes instancias, pero donde es
necesaria la adopción de alguna medida de protección, en cuyo caso el
juez constitucional solamente podrá intervenir de manera provisional.”
4. Examen sobre la procedencia de la aplicación del principio de
favorabilidad para los casos de procesados que se hubiesen sometido
al instituto de la sentencia anticipada durante la vigencia del decreto
2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993.
En anteriores ocasiones , la Corte ha estimado que procede aplicar el
10
principio de favorabilidad penal a los casos de procesados que, bajo la
vigencia de la Ley 600 de 2000, se hubieran sometido a la figura de la
terminación anticipada del proceso por sentencia anticipada, como quiera
que ésta es equiparable a la aceptación de cargos durante la audiencia de
formulación de la imputación. En palabras de esta Corporación “El
anterior parangón entre el instituto de la sentencia anticipada de la Ley
600 de 2000 y la aceptación unilateral, o allanamiento a los cargos que
se contempla en la Ley 906 de 2004, permite concluir que en efecto se
trata de instituciones análogas, con regulaciones punitivas diversas .” 11
En el presente caso, por el contrario, se trata de analizar la aplicación del
principio constitucional de favorabilidad para casos de personas que se
sometieron al instituto procesal de la sentencia anticipada bajo la
vigencia del Decreto 2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993.
Para tales efectos, resulta pertinente comenzar por transcribir las citadas
disposiciones legales:
Decreto 2700 de 2001.
“Artículo 37. Terminación anticipada del proceso. A iniciativa
del fiscal o del sindicado, el juez podrá disponer en cualquier
momento, desde que se haya proferido resolución de apertura de la
10
Sentencias T- 091 de 2006 y T- 082 de 2007.
11
Este reconocimiento desvirtúa la legitimidad del argumento de que por tratarse de
una institución propia, vertebral o estructural del nuevo sistema acusatorio no
admitiría la posibilidad de invocar favorabilidad. No solamente por que como se
demostró presenta una tradición en el sistema jurídico procesal colombiano, sino por
que es evidente que si una institución presenta ese nivel de caracterización
específica, esencial y medular respecto del nuevo sistema, es muy probable que no
encuentre punto de referencia en el anterior sistema, excluyéndose así el supuesto
material de la favorabilidad, cual es la existencia de supuesto de hecho similares
tratados de manera distinta.
investigación y antes de que se fije fecha para audiencia pública,
pero por una sola vez, la celebración de una audiencia especial en
la que deberá intervenir el Ministerio Público. En ésta, el fiscal
presentará los cargos que de acuerdo con la investigación surjan
contra el sindicado y éste tendrá la oportunidad de aceptarlos, en
todo o en parte, o rechazarlos. Si el fiscal y el sindicado llegan a un
acuerdo acerca de las circunstancias del hecho punible y la pena
imponible así lo declararán ante el juez, debiéndolo consignar por
escrito dentro de la audiencia. El juez deberá explicarle al
sindicado los alcances y consecuencias del acuerdo y las
limitaciones que representa a la posibilidad de controvertir su
responsabilidad. El sindicado puede condicionar el acuerdo a que
se le otorgue la condena de ejecución condicional, cuando ello sea
procedente de acuerdo con las disposiciones del Código Penal. El
juez dispondrá en desarrollo de la audiencia inmediatamente sobre
la libertad del sindicado y tendrá cinco días hábiles para dictar
sentencia.
Si el juez considera que la calificación jurídica del delito y la pena
imponible, de conformidad a lo acordado por las partes, son
correctas y obra prueba suficiente, dispondrá en la sentencia la
aplicación de la pena indicada y la indemnización de perjuicios. El
acuerdo entre el sindicado y el fiscal es inoponible a la parte civil.
La sentencia aprobatoria del acuerdo sólo podrá ser recurrida por
el ministerio público. El auto que lo niega es apelable en el efecto
diferido por el sindicado, el fiscal o el ministerio público.
El sindicado que se acoja a la terminación anticipada del proceso,
durante la etapa de la investigación, recibirá un beneficio de rebaja
de pena de una sexta parte. Este beneficio es adicional y se
acumulará al que se reciba por confesión.
Cuando no se llegue a un acuerdo, o éste no sea aprobado por el
juez, el fiscal que dirigía la investigación y el juez que participó en
la audiencia deberán ser reemplazados por otros que tengan la
misma competencia. En este caso, cualquier declaración hecha por
el sindicado se tendrá como inexistente y no podrá ser utilizada en
su contra.
En tanto que el artículo 37 de la Ley 81 de 1993 disponía lo siguiente:
“SENTENCIA ANTICIPADA. Ejecutoriada la resolución que
defina la situación jurídica y hasta antes de que se cierre la
investigación, el procesado podrá solicitar que se dicte sentencia
anticipada.
Hecha la solicitud, el fiscal, si lo considera necesario, podrá
ampliar la indagatoria y practicar pruebas dentro de un plazo
máximo de ocho (8) días.
Los cargos formulados por el Fiscal y su aceptación por parte del
procesado se consignarán en un acta suscrita por quienes hayan
intervenido.
Las diligencias se remitirán al Juez competente quien, en el
término de diez (10) días hábiles, dictará sentencia conforme a los
hechos y circunstancias aceptados, siempre que no haya habido
violación de garantías fundamentales.
El Juez dosificará la pena que corresponda y sobre el monto que
determine hará una disminución de 1/3 parte de ella por razón de
haber aceptado el procesado su responsabilidad.
También se podrá dictar sentencia anticipada, cuando proferida la
resolución de acusación y hasta antes de que se fije fecha para la
celebración de la audiencia pública el procesado aceptare la
responsabilidad penal respecto de todos los cargos allí formulados.
En este caso la rebaja será de una sexta (1/6) parte de la pena.
Artículo 4o. El código de Procedimiento Penal tendrá un artículo
con el número 37A, del siguiente tenor:
Artículo 37A. AUDIENCIA ESPECIAL. A partir de la ejecutoria
de la resolución que defina la situación jurídica del procesado y
hasta antes de que se cierre la investigación, el fiscal, de oficio o a
iniciativa del procesado, directamente o por conducto de su
apoderado, podrá disponer por una sola vez la celebración de una
audiencia especial en la que el fiscal presentará los cargos contra
el procesado. La audiencia versará sobre la adecuación típica, el
grado de participación, la forma de culpabilidad, las circunstancias
del delito, la pena y la condena de ejecución condicional, la
preclusión por otros comportamientos sancionados con pena
menor, siempre y cuando exista duda probatoria sobre su
existencia.
Terminada la audiencia se suscribirá un acta que contenga el
acuerdo a que se haya llegado sobre los aspectos a que hace
referencia el inciso anterior. El proceso se remitirá al Juez del
conocimiento dentro de los cinco (5) días hábiles siguientes a la
celebración de la audiencia.
Recibido el expediente por el Juez, dictará sentencia dentro de los
diez (10) días siguientes de conformidad con lo acordado si
encuentra el acuerdo ajustado a la Ley y siempre que no se hayan
violado derechos fundamentales del procesado.
El Juez podrá formular observaciones acerca de la legalidad del
acuerdo, si lo considera necesario, mediante auto que no admite
ningún recurso en el que ordenará devolver el expediente al fiscal
y citará a una audiencia que se realizará dentro de los cinco (5)
días siguientes a la recepción de las observaciones. En la audiencia
el fiscal y el sindicado discutirán las observaciones con el Juez y
manifestarán si las aceptan, lo que consignarán en un acta. En caso
de aceptar las observaciones el Juez dictará sentencia en el término
de cinco (5) días.
Vencido el término establecido en el inciso tercero de este artículo
o finalizada la audiencia a que hace referencia el párrafo anterior,
el Juez, en caso de no aceptar el acuerdo lo improbará mediante
auto susceptible del recurso de apelación.
Al sindicado que se acoja a la audiencia especial se le reconocerá
un beneficio de rebaja de pena de una sexta a una tercera parte.
Parágrafo 1. SUSPENSIÓN DE LA ACTUACIÓN PROCESAL.
Desde el momento en que se solicite la audiencia hasta cuando
quede en firme la providencia que decida sobre el acuerdo, se
suspenderá la actuación procesal, por un término que no podrá
exceder de treinta (30) días hábiles. Sin embargo, podrán
practicarse diligencias urgentes de instrucción orientadas a evitar
la desaparición, alteración de las pruebas o vestigios del hecho. No
se suspenderá en lo referente a la libertad o detención del
procesado o en relación a la vinculación de otras personas que se
haya ordenado antes de dicha solicitud.
Así mismo se suspenderán los términos para efectos de la libertad
provisional y el término de prescripción de la acción penal.
Parágrafo 2. El trámite previsto en este artículo se hará en
cuaderno separado, que solo hará parte del expediente si se
concreta el acuerdo. En caso contrario se archivará.
El fiscal no estará obligado a concurrir a la audiencia cuando
advierta que existe prueba suficiente en relación con los aspectos
sobre los cuales puede versar el acuerdo.
Artículo 5o. El Código de Procedimiento Penal tendrá un artículo
con el número 37B del siguiente tenor:
Artículo 37B. DISPOSICIONES COMUNES. En los casos de
los artículos 37 y 37A de éste Código se aplicarán las siguientes
disposiciones:
1. ACUMULACION DE BENEFICIOS. El beneficio de rebaja de
pena previsto en los artículos 37 y 37A es adicional y se
acumulará a todos los demás a que tenga derecho el procesado,
pero en ningún caso se acumularán entre sí.
2. EQUIVALENCIA A LA RESOLUCION DE ACUSACION: El
acta que contiene los cargos aceptados por el procesado en el caso
en el caso del artículo 37 o el acta que contiene el acuerdo a que se
refiere el artículo 37A, son equivalentes a la resolución de
acusación.
3. RUPTURA DE LA UNIDAD PROCESAL: Cuando se trata de
varios procesados o delitos, pueden realizarse aceptaciones o
acuerdo parciales, caso en el cual se romperá la unidad procesal.
4. INTERES PARA RECURRIR: La sentencia es apelable por el
Fiscal, el Ministerio Público, por el procesado y por su defensor,
aunque por estos dos últimos sólo respecto de la dosificación de la
pena, el subrogado de la condena de ejecución condicional, la
condena para el pago de perjuicios, y la extinción del dominio
sobre bienes.
La sentencia no será opinable a la parte civil, sin embargo, si tal
sujeto procesal quiere acogerse a la condena que se haya hecho en
perjuicios, está legitimado para apelar en relación con su
pretensión. Podrá, igualmente, impugnar los acuerdos que decreten
alguna preclusión.
5. EXCLUSION DEL TERCERO CIVILMENTE
RESPONSABLE: Cuando se profiera sentencia anticipada en los
eventos contemplados en los artículos 37 o 37 A de este Código,
en dicha providencia no se resolverá lo referente a la
responsabilidad civil del tercero.
6. AUDIENCIA ESPECIAL Y SENTENCIA ANTICIPADA
ANTE LOS JUECES PENALES MUNICIPALES Y
PROMISCUOS MUNICIPALES. Mientras se implantan las
Unidades Locales de Fiscalía, en los procesos de competencia de
Jueces Penales Municipales y Promiscuos Municipales, si el
procesado solicita audiencia especial o sentencia anticipada, el
Juez inmediatamente requerirá del Jefe de la Unidad de Fiscalía
Delegada ante el Circuito correspondiente, la designación de un
Fiscal de su dependencia para que ejerza las funciones atribuidas a
estos efectos.
Ahora bien, para resolver los problemas jurídicos planteados, la Sala (i)
analizará la figura de la sentencia anticipada en los términos del decreto
2700 de 1991 y de su modificación llevada a cabo por la Ley 81 de 1993
(ii) reiterará la jurisprudencia constitucional respecto a la aplicación del
principio de favorabilidad en la Ley 906 de 2004; (iii) reiterará su
jurisprudencia en relación con la terminación anticipada del proceso en el
nuevo sistema penal; (iv) comparará los supuestos de sentencia
anticipada en el Decreto 2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de
1993, con el allanamiento de cargos de la Ley 906 de 2004; y (v) extraerá
las conclusiones pertinentes al caso.
4.1. La figura de la sentencia anticipada en el decreto 2700 de 1991,
modificado por la Ley 81 de 1993.
Los mecanismos de terminación anticipada del proceso no han sido
extraños al régimen jurídico colombiano. Aún antes de que se creara la
Fiscalía General de la Nación, organismo que nació vinculado a la
aspiración de instituir un régimen de investigación y acusación de
tendencia acusatoria, se encuentran estatutos que contemplan
procedimientos abreviados para aquellos eventos en que se produjera la
confesión simple del procesado o la flagrancia, sin exigencia de consenso
alguno. (Decreto 050 de 1987, Arts. 474 a 485).
A partir de la creación de la Fiscalía General de la Nación, portadora de
un incipiente concepto de partes en el proceso, se introducen mecanismos
de política criminal que trascienden la simple institución de los
procedimientos abreviados por confesión simple o flagrancia. El Decreto
2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993, estableció mecanismos
de allanamiento y consensuados, orientados a la terminación anticipada
del proceso.
Así las cosas, existían dos instituciones procesales que guardaban ciertas
semejanzas y diferencias: la sentencia anticipada y la audiencia especial.
En cuanto a los puntos de contacto se tiene que, a diferencia de la
preclusión de la investigación y la cesación del procedimiento, estas
figuras no constituían una forma de extinción de la acción penal, porque
simplemente se trataba de abreviar la ritualidad procesal para proferir
sentencia condenatoria cuando existía mérito para ello. Mediante estas
figuras se prescindía de algunas actuaciones procesales, por ejemplo, el
cierre de investigación, la calificación formal del proceso y la audiencia
pública, siendo procedente para toda clase de delitos, pudiendo ser
aplicadas por cualquier fiscal o juez.
No obstante lo anterior, los mencionados institutos procesales
presentaban sus particularidades. Así, la sentencia anticipada se 12
caracterizaba por que (i) el imputado renunciaba a la tramitación integral
del proceso cuando aceptaba los cargos formulados en su contra y se
encontraban demostrados los presupuestos probatorios para fundamentar
sentencia condenatoria; (ii) la titularidad para solicitar tal beneficio
correspondía exclusivamente al acusado; (iii) la petición se elevaba, en la
etapa de instrucción, a partir de la resolución que resolvía la situación
jurídica al procesado, una vez se encontrara ejecutoriada, hasta antes del
cierre de la investigación, sin necesidad de que esta providencia
adquiriera firmeza, obteniendo una rebaja de pena hasta de 1/3 parte; (iv)
en la etapa de juzgamiento, la solicitud podía ser elevada hasta antes de
se fijara fecha para la audiencia pública, obteniendo una rebaja de pena
de hasta 1/6 parte; (v) el procesado debía aceptar integralmente los
hechos investigados, es decir, se trataba de una confesión simple de haber
participado en el hecho; (vi) debía existir en el proceso prueba que
condujera a la certeza del hecho punible y de la responsabilidad del
sindicado; (vii) durante la etapa de investigación, fiscal y procesado
debían suscribir un acta, equivalente a la resolución de acusación;
durante el juicio, el documento debía ser suscrito entre el juez y el
acusado; (viii) contra el acta no procedía recurso alguno; (ix) el juez
debía aprobar el acuerdo, salvo que violase garantías constitucionales o
legales, y proceder a dictar sentencia condenatoria, la cual era
impugnable.
12
Jaime Bernal Cuellar y Eduardo Montealegre Lynett, El proceso penal, Bogotá,
Universidad Externado de Colombia, 1995, pp. 525 y ss.
A su vez, la audiencia especial se caracterizaba por lo siguiente (i) no
13
existía duda acerca de la comisión del hecho punible, no se establecía la
atipicidad del mismo, no concurrían causales de justificación o
inculpabilidad, pero se presentaban dudas probatorias acerca de la
intervención en el delito o sobre la calificación de algunos de sus
elementos integrantes; (ii) la petición se elevaba a partir de la ejecutoria
de la resolución que definía la situación jurídica del procesado y hasta
antes de que se profiriera providencia que ordenara el cierre de la
investigación; (iii) en la etapa de juzgamiento era improcedente aquélla,
por cuanto las posibles dudas probatorias habían sido despejadas en la
resolución de acusación; (iv) el imputado debía aceptar su
responsabilidad en el comportamiento delictivo; (v) la audiencia
terminaba con la suscripción de un acta contentivo del acuerdo derivado
de la diligencia judicial, equivalente a una resolución de acusación; y (vi)
se preveía la existencia de un control judicial sobre lo acordado tanto en
aspectos sustanciales como procesales.
Así las cosas, a pesar de la existencia de ciertas diferencias y matices, en
la sentencia anticipada y en la audiencia especial el Estado renuncia a
seguir ejerciendo sus poderes de investigación y juzgamiento y el
imputado a que se agoten todos los trámites normales del proceso; tales
renuncias mutuas, que en el sistema acusatorio americano se conocen
como plea gulty , son factibles cuando la ritualidad subsiguiente se torna
14
innecesaria, por estar demostrados los presupuestos probatorios para
dictar sentencia condenatoria.
A su vez, el Código de Procedimiento Penal de 2000 (Ley 600), mantuvo
en su artículo 40, prácticamente con la misma estructura y fines, el
mecanismo de la sentencia anticipada fundado en la aceptación unilateral
de los cargos por parte del procesado. Esta actitud procesal era
compensada con un descuento punitivo de una tercera o de una sexta
parte de la pena, deducida de la dosificación que efectuara el juez. El
monto deducible dependía del momento en que se produjera el
allanamiento . Con todo, en esta codificación no se contempló un
15
instituto análogo a la denominada audiencia especial, basada en el
consenso entre fiscal y procesado respecto de la responsabilidad de éste.
13
Ibídem, pp. 534 y ss.
14
Luigi Ferrajoli, Derecho y razón. Teoría del garantismo penal, Edit. Trota, 2000, p.
456.
15
Una tercera parte cuando la aceptación de cargos se produce desde la diligencia de
indagatoria y hasta antes de que quede ejecutoriado el cierre de la investigación.
Una sexta parte, una vez proferida la resolución de acusación y hasta antes de que
quede ejecutoriada la providencia que fija fecha para audiencia.
Por el contrario, se establecieron los denominados beneficios por
colaboración eficaz acordados entre la fiscalía y las personas
investigadas, juzgadas o condenadas, en razón de la colaboración que
prestara a las autoridades para “la eficacia de la administración de
justicia” , los cuales obedecían a criterios de política criminal muy
16
diversos a los que inspiran los mecanismos de terminación anticipada del
proceso.
4.2. Aplicación del principio de favorabilidad en la Ley 906 de 2004.
Reiteración de jurisprudencia.
Tal y como se sostuvo en sentencias T-091 de 2006 y T-082 de 2007, la
Sala Plena de esta Corporación se ha pronunciado, de manera uniforme y
reiterada, sobre la reafirmación del principio de favorabilidad en
referencia a la aplicación de la Ley 906 de 2004 a hechos acaecidos antes
de su vigencia y en los Distritos judiciales en donde aún no ha entrado en
vigor, no obstante las disposiciones de vigencia que este sistema
normativo establece y el método progresivo adoptado para su
17
implementación.
Así en las sentencias 1092 de 2003 y C-592 de 2005 la Corte declaró
18 19
que la única interpretación posible del inciso tercero del artículo 6° de la
Ley 906/04 es la que deriva de la conjugación de los principios de
legalidad, irretroactividad de la ley, y favorabilidad penal.
La Corte reiteró que el principio de favorabilidad constituye un elemento
fundamental del debido proceso en materia penal que no puede
16
Artículo 413, Ley 600 de 2000. La identificación de dirigentes o cabecillas de
organizaciones delictivas, la identificación e incautación de bienes y fuentes de
financiación de organizaciones delictivas, la localización del lugar en que se
encuentra la víctima de determinados delitos.
17
El artículo 5° transitorio del A.L. 03 de 2002 establece que “El presente acto
legislativo rige a partir de su aprobación, pero se aplicará de acuerdo con la
gradualidad que determine la ley, y únicamente a los delitos cometidos con
posterioridad a la vigencia que en ella se establezca” Por su parte el artículo 6° de
la Ley 906/04 que enuncia el postulado de la favorabilidad determina que “Las
disposiciones de este código se aplicarán única y exclusivamente para la
investigación y el juzgamiento de los delitos cometidos con posterioridad a su
vigencia” (El original sin subrayas).
18
En esta sentencia la Corte se pronunció sobre el artículo 5° transitorio del Acto
Legislativo No. 03 de 20002.
19
En esta sentencia se decidió sobre la exequibilidad de la expresión “Las
disposiciones de este código se aplicarán única y exclusivamente para la
investigación y el juzgamiento de los delitos cometidos con posterioridad a su
vigencia” contenida en el artículo 6° del nuevo estatuto procesal penal.
desconocerse bajo ninguna circunstancia . Señaló así mismo que en esta
20
materia no cabe hacer distinción entre normas sustantivas y normas
procesales, pues el texto constitucional no establece diferencia alguna
que permita un trato diferente para las normas procesales . 21
Estableció que, dado que el Acto Legislativo 03 de 2002 introdujo
únicamente cambios en ciertos artículos de la parte orgánica de la
Constitución, mas no en la dogmática y que se hace necesario interpretar
las modificaciones por él introducidas teniendo en cuenta el principio de
unidad de la Constitución , es claro que en manera alguna puede
22
considerarse que el mandato imperativo del artículo 29 de la Constitución
haya dejado de regir con la introducción del sistema penal acusatorio.
Este mismo criterio fue expuesto por la Corte al examinar en la Sentencia
C-1092 de 2003 los cargos que se formularon en contra de algunos
apartes del artículo 5° del Acto Legislativo 03 de 2002. Concluyó que
con las expresiones “pero se aplicará de acuerdo con la gradualidad
que determine la ley y únicamente a los delitos cometidos con
posterioridad a la vigencia que en ella se establezca” contenidas en el
referido artículo simplemente se hizo expreso el principio de
irretroactividad de la ley penal al formular algunas precisiones inherentes
a los aspectos temporales de aplicación de la reforma.
En ese orden de ideas es claro que las normas de la Ley 906 de 2004
“por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal” igualmente
“deben interpretarse y aplicarse en forma tal que guarden armonía con
los principios generales y los derechos fundamentales consagrados en el
texto constitucional” y en consecuencia con los mandatos del artículo 29
23
superior.
Así, respecto de las expresiones “Las disposiciones de este código se
aplicarán única y exclusivamente para la investigación y el juzgamiento
de los delitos cometidos con posterioridad a su vigencia” contenidas en
el tercer inciso del artículo 6° de la Ley 906 de 2004, deben entenderse
que al tiempo que comportan la formulación expresa del principio de
irretroactividad de la ley penal, constituyen una precisión inherente a la
aplicación, como sistema, de las normas contenidas en el código. Esta
precisión se hace necesaria en atención al particular mecanismo
establecido por el Acto Legislativo 03 de 2002 para la puesta en marcha
20
Ver Sentencia C-200/02.
21
Ver entre otras las Sentencias C-252/2001; C-200/02; C-922/01 y T-272/05. El
inciso 2° del artículo 6° de la Ley 906 de 2004, recoge esta concepción.
22
Sentencia C- 873 de 2003.
23
Sentencia SU 062 de 2001.
del nuevo sistema acusatorio que comporta tres etapas diferentes ; 24
durante una de las cuales se presenta la coexistencia de dos sistemas
penales en distintas regiones del territorio nacional. Dichas expresiones
en manera alguna pueden interpretarse en el sentido de impedir la
aplicación del principio de favorabilidad . 25
Ello resulta evidente para la Corte además por cuanto como lo puso de
presente en la Sentencia C-873 de 2003 de lo que se trató en este caso fue
de la fijación de unos parámetros para la puesta en marcha, como
sistema, de las normas contenidas en el Acto Legislativo 03 de 2002
tendientes a introducir en Colombia el sistema acusatorio pero en manera
alguna de desconocer uno de los principios esenciales del debido proceso
en el Estado de Derecho, a saber el principio de favorabilidad penal.
En sentencia C-801 de 2005, a propósito del estudio de
constitucionalidad del artículo 530 de la ley 906 de 2004, reiteró este
26
criterio jurisprudencial: “(L)a norma demandada no vulnera el artículo
29 superior porque, como ya se indicó, una sana hermenéutica
constitucional conduce a que la aplicación gradual de ese sistema no
contraríe sino que armonice con el principio de favorabilidad. Por ello,
siempre que se trate de situaciones específicas, susceptibles de
identificarse no obstante la mutación del régimen procesal, es posible
que, de resultar ello más favorable, las normas del nuevo régimen se
apliquen de manera retroactiva a procesos por delitos cometidos antes
de su entrada en vigencia y de su aplicación progresiva”
De otra parte, para la Sala resulta relevante destacar que el
pronunciamiento de Sala Plena de esta Corporación en el que se reafirmó
la preeminencia del principio de favorabilidad en su dimensión
constitucional y universal (C-592 de 2005), y su aplicabilidad en el
marco de la instauración progresiva del sistema penal introducido por el
A.L. 03 de 2002 y la Ley 906 de 2004, tomó en consideración algunas
decisiones de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia , 27
en las cuales se admite, de manera explícita, la aplicación del postulado
24
i) Entre el momento de la aprobación del Acto Legislativo y el 1º de enero de 2005;
(ii) entre el 1º de enero de 2005 y el 31 de diciembre de 2008, en que se da una etapa
de transición durante la cual coexisten dos sistemas en distintas regiones del territorio
nacional; y (iii) a partir del 31 de diciembre de 2008, en que deberá estar en “plena
vigencia” el nuevo modelo acusatorio de procedimiento penal en todo el país.
25
Corte Constitucional sentencia C-592 de 2005.
26
El artículo 530 de la Ley 906 de 2004, señala las etapas en que se implementará el
nuevo sistema y los Distritos que involucrará cada una de ellas.
27
Autos de mayo 4 de 2005, M.P. Yesid Ramírez Bastidas y Marina Pulido de Barón.
en mención a situaciones de coexistencia de regímenes que regulan de
manera distinta un mismo supuesto de hecho . 28
Es ésta una perspectiva amparada por el contenido del inciso 3° del
artículo 29 de la Constitución que no introduce restricciones al principio
de favorabilidad en materia penal, el cual tiene como ámbito de
aplicación situaciones de tránsito normativo que pueden incorporar
visiones de política criminal o tratamientos legislativos más benignos
respecto de situaciones específicas. Esta comprensión además de
reafirmar el profundo sentido humanístico que inspira la favorabilidad en
materia penal, reconoce las particularidades que presenta el método de
implementación del nuevo modelo penal por el que ha optado el
constituyente colombiano. Adicionalmente, promueve la realización del
principio de igualdad, frente al cual resultaría intolerable la coexistencia
injustificada de dos procedimientos que permitieran disímiles
tratamientos legales a supuestos de hecho iguales . 29
28
“Tradicionalmente se ha entendido que la aplicación de la favorabilidad penal en su
especie clásica, supone sucesión de leyes, que es como en condiciones normales
éstas son reemplazadas por otras que las derogan, adicionan o modifican.
Pero la puesta en marcha del sistema acusatorio se decidió hacerla paulatinamente, en
concordancia con el programa de implantación previsto en el artículo 530 de la ley
906 de 2004. Y eso condujo a una situación muy particular, exótica si se quiere, en
la cual coexisten dos procedimientos distintos y excluyentes que se aplican en el país
según la fecha y el lugar de comisión del delito: el anterior, a casos por conductas
realizadas antes del 1º de enero de 2005 o a partir de esta fecha en Distritos
Judiciales donde no opere el sistema acusatorio; y, el nuevo, para delitos cometidos
a partir del 1º de enero de 2005 en los Distritos Judiciales semillas seleccionados
para que funcione ese sistema.
Frente a los primeros rige la ley 600 de 2000, sin que pueda desconocerse por ese
hecho la existencia de una ley procesal posterior que no se aplica debido a la
novedosa fórmula que se adoptó para introducir el sistema acusatorio, pero que
podría contener normas sustanciales o procesales de efectos sustanciales favorables
al procesado de obligatorio reconocimiento según el artículo 29 Superior que
autoriza en materia penal la aplicación de normas que beneficien la situación del
procesado aunque no hubiesen regido en el trámite del proceso” (Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Penal, auto de mayo 4 de 2005, M.P. Yesid Ramírez
Bastidas).
29
En auto de julio 19 de 2005. Radicación 23910, la Sala de Casación penal de la
Corte Suprema de Justicia reitera, en forma ampliada, su postura mayoritaria sobre
la aplicación del principio de favorabilidad respecto de tránsitos normativos que
comporten no solamente “sucesión de leyes en el tiempo”, sino coexistencia de
regímenes diversos.
Ahora bien, como lo ha reiterado esta Corporación, la aplicación del
30
principio de favorabilidad es un asunto que atañe el examen de
situaciones concretas y por tanto, es un asunto precisamente de
aplicación de la ley, por lo que corresponderá a los encargados de ello
atender el mandato imperativo del tercer inciso del artículo 29
superior”.
En efecto, un ejercicio hermenéutico orientado a establecer cuál es el
régimen legal o la norma que más favorece los intereses del procesado o
sentenciado, comporta un análisis particular del caso concreto, lo cual no
implica libertad absoluta del operador judicial, quien está sujeto a los
imperativos normativos pertinentes, y a los precedentes jurisprudenciales
que rigen el asunto sometido a su conocimiento.
En conclusión, la jurisprudencia constitucional de esta Corporación ha
sentado varias directrices que interesan al análisis del caso que aquí se
plantea, en materia de favorabilidad penal, referida a la Ley 906 de 2004,
así: (i) El principio de favorabilidad como parte integrante del cuerpo
dogmático de la Constitución, conserva pleno vigor y aplicabilidad
respecto de la Ley 906 de 2004, no obstante las normas de vigencia que
ella consagra, orientadas a reafirmar el principio general de
irretroactividad de la ley penal, el cual no es excluyente sino
complementario de la favorabilidad; (ii) el principio de favorabilidad
conserva su vigor en todo el territorio nacional, no obstante el método
progresivo elegido para la implantación gradual del nuevo sistema; (iii)
el principio de favorabilidad rige también situaciones de coexistencia de
regímenes legales distintos, siempre que concurran los presupuestos
materiales del principio de favorabilidad, lo que implica que no pueda ser
aplicado frente a instituciones estructurales y características del nuevo
sistema y como tales sin referente en el anterior; (iv) la aplicación del
principio de favorabilidad reclama un estudio particularizado de cada
caso a fin de determinar el impacto de las normas en conflicto sobre la
situación del procesado.
También en sede de tutela esta Corporación se ha pronunciado acerca de
la aplicación retroactiva de la Ley 906 de 2004, a hechos acaecidos antes
del 1° de enero de 2005, en virtud del principio de favorabilidad,
específicamente en el tema de la sentencia anticipada (Ley 600 de 2000),
frente a la aceptación de cargos (Ley 906 de 2004) . 31
30
Sentencia C-200 de 2002. En esta sentencia se estudió la constitucionalidad de los
artículos 40 y 43 de la Le 153 de 1887. En la C- 592 de 20005 se reiteró este
criterio.
31
Sala Novena de revisión, sentencia T-1211 de 2005, MP Clara Inés Vargas
Hernández.
4.3. La terminación anticipada del proceso en el nuevo sistema penal.
Reiteración de jurisprudencia.
Tal y como se sostuvo en sentencias T-091 de 2006 y T-082 de 2007,
acorde con su pretensión de afianzar el carácter acusatorio del sistema
penal, el nuevo estatuto procesal introduce y desarrolla nuevas formas de
terminación anticipada del proceso, que permiten la imposición de
sentencia condenatoria sin el agotamiento previo del debate público. La
validez de estas opciones está condicionada, de manera general, a la
existencia de prueba sobre la responsabilidad aceptada por el imputado o
acusado y a que se preserven las garantías fundamentales.
Una lectura sistemática del nuevo estatuto procesal penal permite
deslindar dos modalidades de terminación anticipada del proceso
perfectamente diferenciadas en su estructura, consecuencias y objetivos
político criminales: (i) Los preacuerdo y negociaciones entre el imputado
o acusado y el fiscal; y (ii) la aceptación unilateral de cargos por parte
del imputado o acusado.
En el primer caso se trata de verdaderas formas de negociación entre el
fiscal y el procesado, respecto de los cargos y sus consecuencias
punitivas, las cuales demandan consenso. En el segundo caso, el
presupuesto es la aceptación de los cargos por parte del procesado, es
decir que no existe transacción y en consecuencia no requiere consenso.
En cuanto a la primera modalidad el Título II del Libro III de la Ley 906
de 2004 introduce una regulación sistemática e integral del nuevo
instituto, de los “Preacuerdos y Negociaciones entre la Fiscalía y el
imputado o acusado”, con las reglas específicas relativas a finalidades
(348), improcedencia (349), oportunidad (350 y 352), modalidades (351),
aceptación total o parcial de cargos (353).
Los preacuerdos y negociaciones comportan en su esencia aceptación de
responsabilidad por parte del imputado o acusado, es decir aceptación
total o parcial de cargos como producto del acuerdo. Así lo plasman de
manera explícita los artículos 350, 351, 352 y 353 de la ley 906/04.
Es claro sin embargo, que esta modalidad de terminación anticipada del
proceso (aceptación preacordada de responsabilidad), no es la única que
contempla el nuevo estatuto procedimental. Al margen del título II del
Libro III, relativo a los preacuerdos y negociaciones, existe una
sistemática que estructura la segunda modalidad: la aceptación unilateral
de los cargos por el procesado. A sí el artículo 293 estipula:
”Procedimiento en caso de aceptación de la imputación (en la
audiencia de formulación de imputación): Si el imputado, por
iniciativa propia o por acuerdo con la Fiscalía acepta la
imputación, se entenderá que lo actuado es suficiente como
acusación” (original sin subrayas).
De esta norma es posible deducir la existencia de dos modalidades de
aceptación de cargos en el momento de la formulación de imputación:
una unilateral y otra preacordada. La primera implica para el investigado
“allanarse a la imputación y obtener una rebaja de pena” tal como lo
señala el artículo 288 numeral 3° del estatuto en cuestión, que remite para
efectos de su cuantificación al artículo 351 que contempla una rebaja de
hasta de la mitad de la pena imponible.
Por su parte, el artículo 356 disciplina el desarrollo de la audiencia
preparatoria, y establece (num. 5°) que el juez dispondrá “que el acusado
manifieste si acepta o no los cargos”. Si los acepta procederá a dictar
sentencia rebajando la pena a imponer “hasta en la tercera parte”.
Siguiendo con esta sistemática, el artículo 367, que regula la alegación
inicial en el juicio oral, contempla el imperativo para el juez de advertir
al acusado “que le asiste el derecho a guardar silencio y a no
autoincriminarse, y le concederá el uso de la palabra para que
manifieste, sin apremio ni juramento, si se declara inocente o culpable”.
De declararse culpable tendrá derecho a la rebaja de una sexta parte de la
pena imponible . 32
De las anteriores referencias normativas se infiere claramente que la
nueva ley procesal contempla los diferentes estadios procesales
(audiencia de formulación de imputación, audiencia preparatoria y juicio
oral) en que es posible al procesado realizar una aceptación unilateral de
cargos – allanamiento -, previendo a su vez la consecuencia punitiva
gradual que se deriva de tal actitud procesal, acorde con cada uno de esos
32
En este momento procesal también se contempla la posibilidad de que la aceptación
de los cargos sea la consecuencia de un acuerdo celebrado entre acusado y fiscal,
configurándose las denominadas manifestaciones de culpabilidad preacordadas ,
caso en el cual es la Fiscalía quien deberá indicar al juez los términos del acuerdo y
la pretensión punitiva que tuviere (Art. 369). Si la manifestación preacordada fuere
aceptada por el juez la pretensión punitiva del fiscal, se convierte en el marco para el
juez, en cuanto no podrá imponer una pena superior a la solicitada por el Fiscal (Art.
370).
momentos. Una rebaja de hasta la mitad de la pena, cuando la aceptación
se produce en la diligencia de imputación, de hasta una tercera parte
cuando ocurre en la audiencia preparatoria y de una sexta cuando se
presenta en la alegación inicial del juicio oral.
De los desarrollos hermenéuticos realizados se concluye que en efecto, la
ley 906/04 contempló dos formas diferenciadas de terminación
anticipada del proceso: el allanamiento o aceptación unilateral de los
cargos, y la aceptación de responsabilidad a través de los preacuerdos y
negociaciones entre fiscal y procesado.
Corresponde ahora determinar, si en efecto, como lo señala el
demandante para invocar el principio de favorabilidad, la aceptación
unilateral de los cargos en el nuevo sistema, es un supuesto equiparable
a la sentencia anticipada de la Ley 600 de 2000.
4.4. Comparación entre los institutos procesales de la sentencia
anticipada del Decreto 2700 de 2001, modificado por la Ley 81 de
1993, con el allanamiento a los cargos de la Ley 906 de 2004.
El supuesto material para invocar favorabilidad es el tratamiento legal
diferente que diversas normas (sustanciales o procesales con efectos
sustanciales) que entran en conflicto por virtud de un tránsito normativo,
le dan a situaciones análogas. Establecido aquél surge para el procesado
o sentenciado el derecho a reclamar el tratamiento que le resulte más
benigno.
La sentencia anticipada como mecanismo de terminación anticipada del
proceso, que como se indicó en apartes anteriores, presenta una larga
tradición en el sistema de justicia penal colombiano, fue estudiado en su
naturaleza, finalidades y vinculación con principios constitucionales por
esta Corporación. Los principales rasgos y su cotejo con la nueva
institución que se califica como análoga en la petición de amparo,
presenta el siguiente cuadro:
- En cuanto a su naturaleza jurídica, la Corte en sentencia C-425 de 1996,
reiterada en fallo SU-1300 de 2001, señaló lo siguiente:
“Esta institución jurídica es una de las formas de terminación
abreviada del proceso penal, y responde a una política criminal
cuya finalidad es la de lograr mayor eficiencia y eficacia en la
aplicación de justicia, pues mediante ella se autoriza al juez para
emitir el fallo que pone fin al proceso antes de agotarse o
cumplirse todas las etapas procesales establecidas por el
legislador, las que se consideran innecesarias, dada la
aceptación por parte del procesado de los hechos materia de
investigación y de su responsabilidad como autor o partícipe de
los mismos. Dicha actuación por parte del procesado es
catalogada como una colaboración con la administración de
justicia que le es retribuida o compensada con una rebaja de
pena cuyo monto depende del momento procesal en que ésta se
realice”.
La aceptación unilateral de cargos, conforme a la Ley 906 de 2004, la
cual se puede producir en diversas etapas procesales, responde a una
naturaleza similar en cuanto representa una forma de terminación
anticipada del proceso, e involucra cometidos de política criminal
similares como son los de lograr una mayor eficiencia y eficacia de la
administración de justicia, prescindiendo de etapas procesales que se
consideran innecesarias en virtud de la aceptación del procesado respecto
de los hechos y su responsabilidad como autor o partícipe de los mismos.
Los dos institutos envuelven una especie de colaboración con la
administración de justicia retribuida o compensada mediante una rebaja
de pena proporcional al momento procesal en que la aceptación de
responsabilidad se produce.
- Sobre la necesidad de que la sentencia anticipada estuviese precedida
de una formulación de cargos que colocara al procesado en posibilidad
de ejercer su derecho de contradicción o renunciar a él dijo la Corte en
los citados fallos:
“Si el implicado solicita que se dicte sentencia anticipada durante
la etapa de investigación o en la etapa de juzgamiento, el
procesado ya ha tenido la oportunidad de ser oído dentro del
proceso (indagatoria) y de ejercer el derecho de defensa al igual
que el de contradicción. La sentencia anticipada compete dictarla
al juez del conocimiento, quien tiene a su cargo la labor de
juzgamiento”.
Similar situación se presenta con la aceptación unilateral de cargos, la
cual puede presentarse desde la formulación de imputación (art. 288.3) o
posteriormente en la audiencia preparatoria (art. 356) o al inicio del
juicio oral (art. 367), lo que implica que todos los eventos deben estar
precedidos de la formulación de cargos, y se debe estar en posibilidad de
ejercer el derecho de contradicción, lo cual se garantiza en este evento
por el hecho de tramitarse en audiencia.
- El control de legalidad por parte del Juez también fue objeto de
pronunciamiento judicial:
“Es el fallador quien debe ejercer el control de legalidad, con el
fin de verificar si en las actuaciones procesales se han violado
garantías fundamentales del procesado”.
Igual exigencia aplica para la aceptación unilateral de cargos en el nuevo
sistema en el cual el juez debe velar por que se preserve el derecho a la
no autroincriminación del imputado o acusado y a que sus
manifestaciones unilaterales de responsabilidad estén asistidas por la
espontaneidad y el consentimiento informado.
- Acerca de que la sentencia anticipada se funda en el principio de
presunción de inocencia, señaló la Corte lo siguiente:
“El juez no puede fallar basado exclusivamente en el dicho o
aceptación de los hechos por parte del procesado, sino en las
pruebas que ineludiblemente lo lleven al convencimiento de que
éste es culpable. La aceptación por parte del implicado de ser el
autor o partícipe de los hechos investigados penalmente, aunada
a la existencia de prueba suficiente e idónea que demuestre tal
afirmación, permite desvirtuar la presunción de inocencia”.
En el nuevo sistema la carga de la prueba radica igualmente en el órgano
de investigación penal. La aceptación unilateral de cargos conduce
necesariamente a una sentencia condenatoria que debe estar fundada en
el “convencimiento de la responsabilidad penal del acusado, mas allá
de toda duda” (Art.7°). De manera que la sentencia condenatoria
producida sin agotar el debate público debe contar con el presupuesto
relativo a la existencia de evidencia o material probatorio sobre la
responsabilidad aceptada del procesado. Mediante la aceptación de los
cargos y la evidencia o elementos materiales de prueba, el procesado
renuncia a controvertirlos en el juicio.
- En relación con que la sentencia anticipada debe estar mediada por el
principio de publicidad, indicó la Corte:
“En el trámite de sentencia anticipada no hay lugar a justicia
secreta, pues todas las actuaciones son conocidas por el sindicado
y cumplidas con su intervención”
Esta característica adquiere mayor relevancia en el nuevo sistema en que
las manifestaciones espontáneas de responsabilidad se tramitan en
audiencia: de formulación de cargos, preparatoria, o en el juicio.
- De igual manera, acerca de que la sentencia anticipada es una
reafirmación y reconocimiento al principio de la lealtad procesal como
expresión de la buena fe, consideró la Corte lo siguiente:
“Debe la Corte recordar la plena vigencia y aplicación en los
procesos penales como en toda clase de actuaciones que se
adelantan del principio general de la buena fe. La mala fe, esto es,
el comportamiento desleal, doloso o malintencionado, ha de
probarse, de manera que si se encuentra que el procesado en su
confesión ha procedido a alegar su propia culpa en forma ilegítima
para derivar de ella algún beneficio, este comportamiento debe ser
sancionado, utilizando los mecanismos legales establecidos para
actuaciones de esta índole”.
La aceptación espontánea de los cargos se basa también en el principio
de la buena fe, y de la lealtad procesal como deber de las partes en toda
actuación judicial (Art. 12). Su ejercicio legítimo en materia de
aceptación de cargos es promovido mediante descuentos punitivos.
- En relación con que la sentencia anticipada comporta una confesión
simple, indicó esta Corporación:
“La aceptación de los cargos por parte del implicado en el trámite
de la sentencia anticipada, guarda cierta similitud con la confesión
simple, por cuanto el reconocimiento que hace el imputado ante el
Fiscal o el Juez del conocimiento, de ser el autor o partícipe de los
hechos ilícitos que se investigan, debe ser voluntario y no hay lugar a
aducir causales de inculpabilidad o de justificación. Resulta obvio
afirmar que la aceptación, además de voluntaria, es decir, sin
presiones, amenazas o contraprestaciones, debe ser cierta y estar
plenamente respaldada en el material probatorio recaudado”.
En el nuevo sistema la aceptación unilateral de los cargos conduce a una
sentencia condenatoria, por lo que tiene como presupuesto la confesión
simple del imputado o procesado. Debe aclarase que se trata de una idea
de confesión en sentido natural, como admisión de cargos sin
condicionamiento alguno, no en sentido probatorio, por cuanto la
confesión no constituye un medio de prueba en el nuevo sistema.
- En lo que concierne a que la sentencia anticipada promueve la
eficiencia del sistema judicial, señaló la Corte en los citados fallos:
”Si en el proceso penal existen suficientes elementos de juicio que
permiten demostrar que la aceptación, tanto de los cargos como de
su responsabilidad, por parte del implicado, son veraces y se ajustan
a la realidad, no tiene sentido observar una serie de ritos procesales
para demostrar lo que ya está suficientemente demostrado. Contar
con un sistema judicial eficiente, que no dilate los procesos y permita
resolverlos oportunamente, sin desconocer las garantías
fundamentales del procesado, es un deber del Estado y un derecho de
todos los ciudadanos. Una política criminal que conceda beneficios a
quienes actúen observando el principio de lealtad procesal, logrando
además la aplicación de una justicia pronta y cumplida, sin
desconocer ningún derecho o garantía del procesado, no puede
tildarse de atentatoria de los derechos inalienables del individuo”.
En el modelo de procesamiento diseñado en la Ley 906 de 2004 la
promoción del valor de la eficiencia del sistema vinculado a la
preservación de garantías fundamentales cobra mayor importancia en la
medida que se trata de una aspiración que se encuentra en el centro del
ideario de un sistema de corte acusatorio y se erigió en uno de los
argumentos que impulsaron la reforma. Por ello los mecanismos que
propician una terminación anticipada del proceso como la aceptación de
cargos, ya espontánea ya preacordada, fueron fortalecidos en la reforma,
lo cual no significa que constituyan una novedad en el nuevo sistema,
particularmente el consistente en la aceptación unilateral de
responsabilidad compensada con descuentos punitivos.
Adicionalmente, tanto la sentencia anticipada del decreto 2700 de
1991,modificada por la Ley 81 de 1993, como el allanamiento a los
cargos de la Ley 906 de 2004, demandan la asistencia de defensor; una y
otra puede presentarse desde la vinculación formal del procesado o
imputado; en los dos eventos la aceptación de cargos constituye el
fundamento de la acusación o de la sentencia; frente a los dos institutos el
fallo es condenatorio y comporta una rebaja de pena; en ninguno de los
dos eventos es admisible la retractación; frente a los dos sucesos el juez
de conocimiento tiene como únicas opciones dictar sentencia o decretar
la nulidad, dependiendo de si se afectan o no garantías fundamentales;
para efectos de la concreción punitiva, en uno y otro evento el juez debe
acudir al sistema de cuartos. 33
El anterior parangón entre el instituto de la sentencia anticipada del
decreto 2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993, y la aceptación
unilateral, o allanamiento a los cargos que se contempla en la Ley 906 de
2004, permite concluir que en efecto se trata de instituciones análogas,
con regulaciones punitivas diversas.
4.5. Conclusiones.
Tomando en consideración (i) las semejanzas existentes entre las figuras
de la sentencia anticipada, en los términos del decreto 2700 de 1991
modificado por la Ley 81 de 1993, y el allanamiento de cargos de la Ley
906 de 2004; y (ii) las conclusiones vertidas en sentencias T- 091 de
2006 y T- 082 de 2007, la Sala de Revisión considera lo siguiente:
1. Se reitera la línea jurisprudencial trazada por esta Corporación en sus
sentencias C-592/05 y C-801/05, en el sentido que la ley 906 de 2004
puede ser aplicada, en virtud del principio de favorabilidad, tanto a
hechos acaecidos antes de la vigencia de la ley, como en Distritos
Judiciales en los que aún no se encuentre operando el nuevo sistema.
Estos pronunciamientos acogen la tesis mayoritaria desarrollada por la
Corte Suprema de Justicia sobre la aplicabilidad del principio de
34
favorabilidad frente a la “coexistencia” de sistemas procesales, siempre y
cuando no se esté frente a instituciones estructurales del nuevo sistema,
que excluyan el supuesto material del principio de favorabilidad.
33
El artículo 3° de la Ley 890 de 2004, por la cual se modificó el código penal
establece: “El artículo 61 del código penal tendrá un inciso final así: El sistema de
cuartos no se aplicará en aquellos eventos en los cuales se lleven a cabo preacuerdos
o negociaciones entre la Fiscalía y la defensa”.
34
Auto de julio 19 de 2005. Radicación 23910. Criterio ratificado en autos de mayo 4
de 2005, radicaciones 19094 y 23567.
2. Las formas de terminación anticipada del proceso, por allanamiento a
los cargos, es un mecanismo que presenta una amplia tradición en el
ordenamiento jurídico colombiano
3. El nuevo estatuto procesal penal consagra dos formas de terminación
anticipada del proceso, que conservan su propia individualidad
estructural y dogmática: el allanamiento a los cargos o aceptación
unilateral de los mismos, y los preacuerdos y negociaciones.
4. El supuesto fáctico del instituto de la sentencia anticipada prevista en
el decreto 2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993, corresponde
al supuesto fáctico del instituto del allanamiento a los cargos previstos en
la Ley 906 de 2004. Su naturaleza, características y objetivos político
criminales son análogos, y sin embargo generan tratamientos punitivos
distintos.
5. Una visión sistemática de la manera como están concebidos los rangos
de descuento punitivo por concepto de allanamiento a los cargos en el
nuevo sistema, dependiendo del momento en que se produzca, permite
establecer que existe una concepción más favorable en el nuevo estatuto
particularmente en lo concerniente al allanamiento a los cargos en el
momento de su formulación.
No obstante, por tratarse de un descuento ponderado, la favorabilidad
deberá establecerse en cada caso, atendiendo los criterios que rigieron el
proceso de individualización de la pena.
5. Efectos temporales de la sentencia C- 370 de 2006 en relación con
la rebaja de pena de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005.
La Sala considera de la mayor importancia precisar la vigencia del
artículo 70 de la Ley 975 de 2005, dada la declaratoria de inexequibilidad
de que aquél fuera objeto mediante sentencia C-370 de 2006.
Así las cosas, la Sala (i) analizará los efectos temporales de la sentencia
C- 370 de 2006 en relación con el artículo 70 de la Ley 975 de 2005; (ii)
examinará la validez de la postura asumida por la Sala Penal de la Corte
Suprema de Justicia en la materia; y (iii) extraerá unas conclusiones en la
materia, en consonancia con el fallo adoptado por la Sala Plena de esta
Corporación.
5.1. Examen de la sentencia C-370 de 2006 en relación con el artículo
70 de la Ley 975 de 2005.
En acción pública de inconstitucionalidad, un grupo de ciudadanos
acusaron los artículos 70 y 71 de la Ley 975 de 2005 de
inconstitucionalidad por vicios de procedimiento en su formación, así
como por vicios de fondo. En relación con el primer aspecto, expresaron
los demandantes que las referidas normas correspondían a los artículos
61 y 64 del Proyecto de Ley 293 de 2005 Cámara y 211 de 2005 Senado,
las cuales no habrían sido aprobadas en la sesión conjunta de las
comisiones primeras del Senado y la Cámara de Representantes.
Añadieron que esos artículos fueron objeto de un recurso de apelación
ante la Plenaria del Senado de la República, la cual lo concedió y ordenó
su traslado a la Comisión Segunda del Senado de la República, que
finalmente los aprobó. A juicio de los actores este trámite violó el
artículo 180 de la Ley 5 de 1992 y, en consecuencia, también se
desconoció el trámite previsto en la Constitución para los proyectos de
ley. Examinado por la Corte el trámite que se le imprimió por el
Congreso a los artículos 70 y 71 de la Ley 975 de 2005, y la acusación
contra ellos planteada por vicios de procedimiento en su formación, “se
encuentra que asiste razón a los demandantes para que se declare su
inexequibilidad”. Lo anterior, por cuanto, en síntesis “con el trámite
impartido a los artículos 70 y 71 de la Ley 975/05 se desconoció el
principio de consecutividad, ya que como resultado de la indebida
tramitación de la apelación presentada en el Senado ante la decisión de
negarlos adoptada por las Comisiones Primeras Constitucionales
Permanentes, finalmente fueron remitidos a Comisiones
Constitucionales que no eran competentes; y una vez aprobados por
éstas últimas sin tener competencia para hacerlo, fueron introducidos de
manera irregular en el segundo debate ante la plenaria del Senado,
como si hubiesen sido aprobados por las Comisiones Constitucionales
facultadas para ello.”
Declarado entonces el vicio de inconstitucionalidad por vulneración del
principio de consecutividad, que aquejaba al artículo 70 de la Ley 975 de
2005, omitió la Corte examinar la existencia de otros posibles vicios de
procedimiento alegados contra la mencionada disposición legal, en
especial, aquel de la violación del principio de unidad de materia, al igual
que vulneraciones constitucionales de orden material.
En cuanto a los efectos temporales del fallo, expresamente quedó
consignado en la parte resolutiva de la sentencia lo siguiente:
“6.3. Efecto general inmediato de la presente sentencia
Finalmente, la Corte no concederá efectos retroactivos a estas
decisiones, como lo solicitaron los demandantes, según lo
resumido en el apartado 3.1.5. de los antecedentes de esta
sentencia. Por lo tanto, se aplican las reglas generales sobre
efecto inmediato de las decisiones de la Corte Constitucional, de
conformidad con su jurisprudencia.(negrillas originales).
Quiere ello decir que los efectos de la sentencia C-370 de 2006 son
únicamente hacia el futuro, es decir, contados a partir del 18 de mayo de
2006.
5.2. Examen sobre la postura asumida por la Sala Penal de la Corte
Suprema de Justicia en relación con los efectos temporales de la
sentencia C- 370 de 2006.
Luego de proferida la sentencia C-370 de 2006, la Sala Penal de la Corte
Suprema de Justicia, autoridad judicial en cuyo seno se discutieron
intensamente diversas tesis acerca de la validez del artículo 70 de la Ley
975 de 2005, posturas que oscilaron entre su aplicación por no
vulneración del principio de unidad de materia (caso de un juez
35
condenado por el delito de prevaricato por acción) hasta el recurso a la
excepción de inconstitucionalidad por desconocimiento de los derechos
de las víctimas (asunto del ex Representante a la Cámara Armando de
36
Jesús Pomárico Ramos) , posiciones antagónicas que, por lo demás,
nunca fueron unánimes al interior de la Sala Penal , ésta decidió asumir
37
una tesis según la cual, no obstante la declaratoria de inexequibilidad de
la mencionada disposición legal, incluso hoy en día podría solicitarse
dicho beneficio. En efecto, en sentencia del 10 de agosto de 2006 (M.P.
Alfredo Gómez Quintero, proceso núm. 25.705) la Sala Penal de la Corte
Suprema de Justicia sostuvo lo siguiente, en el caso de un juez que había
sido condenado por el delito de prevaricato por acción:
35
Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, sentencia del 18 de octubre de 2005, M.P.
Marina Pulido de Barón, proceso núm. 24.196.
36
Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, sentencia del 28 de octubre de 2005, M.P.
Jorge Luis Quintero Milanés, proceso núm. 17.089.
37
Tal situación es puesta de manifiesto no sólo en los numerosos salvamentos y
aclaraciones de voto presentes en los fallos del 18 y 28 de octubre de 2005, sino
incluso en el texto de la sentencia del 14 de diciembre de 2005 de la Sala Penal de la
Corte Suprema de Justicia, con ponencia del Magistrado Javier Zapata Ortiz,
proceso núm. 24.478, en la cual se afirma que “No obstante las consideraciones
anteriores, conviene aclarar que un sector de la Sala encontró precisamente
ostensible contradicción entre la norma superior y la legal, respecto del artículo 70
de la ley de justicia y paz, fundamentalmente por violación al principio de unidad
de materia”.
“El mencionado artículo mediante sentencia C-370 del 18 de
mayo de 2006 de la Corte Constitucional fue declarado
inexequible por vicios de procedimiento en su formación, lo cual
no impedirá su aplicación para aquellos condenados que teniendo
derecho a la rebaja de pena, siempre que cumplan con las
exigencias requeridas por la ley, aún no lo hayan solicitado, como
quiera que los efectos del fallo de inexequibilidad fueron
determinados hacia el futuro”
La Sala de Revisión no comparte la posición asumida por la Sala Penal
de la Corte Suprema de Justicia por cuanto ello conduciría a admitir que
una disposición legal declarada inexequible por vicios de procedimiento
en su formación, pudiese seguir desplegando efectos jurídicos, postura
que sería contraría a lo consagrado en el artículo 243 constitucional. En
efecto, el fenómeno de la inexequibilidad conduce a que la norma
jurídica no pueda seguir produciendo efecto alguno en el mundo jurídico.
De tal suerte que, en el caso concreto, el condenado que no hubiese
solicitado el beneficio de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005,
durante el tiempo en que la norma estuvo vigente, esto es, desde el 25 de
julio de 2005 (fecha de entrada en vigor de la ley) hasta el 18 de mayo de
2006 (fecha en la cual fue declarado inexequible el artículo 70 de la Ley
975 de 2005), no puede en la actualidad solicitar la aplicación de una
disposición que fue expulsada del ordenamiento jurídico colombiano.
Razonar de manera distinta conduciría a sostener que, a pesar de lo
decidido en sentencia C- 370 de 2006, el artículo 70 de la Ley de Justicia
y Paz sigue vigente.
5.3. Conclusiones de la Sala de Revisión, en consonancia con lo
decidido por la Sala Plena de esta Corporación.
En consonancia con lo decidido en sentencia C- 370 de 2006, la Sala de
Revisión estima que la norma legal que consagraba el beneficio de rebaja
del 10% de la pena de que trata la Ley 975 de 2005 estuvo vigente desde
el 25 de julio de 2005 hasta el 18 de mayo de mayo de 2006. Quiere ello
decir que las situaciones jurídicas que se hubieran consolidado entre tales
fechas no sufren alteración alguna por lo decidido en el mencionado fallo
de inexequibilidad, el cual, como se ha explicado, no tiene efectos
retroactivos. De tal suerte que aquellos condenados que hubiesen
solicitado y obtenido mediante decisión judicial en firme, la rebaja de
pena de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005, seguirán
disfrutando de la misma, procediendo el amparo únicamente contra
aquellas decisiones judiciales que hubiesen incurrido en una causal de
procedencia de la acción de tutela, es decir, aquellas providencias
judiciales referentes a la concesión del beneficio de rebaja del 10% de
pena.
6. Condiciones para acceder al beneficio de que trata el artículo 70
de la Ley 975 de 2005.
Con el propósito de establecer si una determinada providencia judicial,
referente a la concesión del beneficio penal de que trata el artículo 70 de
la Ley 975 de 2005 incurrió en una causal de procedencia de la acción de
tutela, la Sala de Revisión estima necesario examinar el sentido y alcance
de la mencionada disposición legal.
Así pues, el artículo 70 de la Ley 975 de 2005 disponía lo siguiente:
“Rebaja de penas. Las personas que al momento de entrar en
vigencia la presente ley cumplan penas por sentencia ejecutoriada,
tendrán derecho a que se les rebaje la pena impuesta en una décima
parte. Exceptúense los condenados por los delitos contra la
libertad, integridad y formación sexuales, lesa humanidad y
narcotráfico.
Para la concesión y la tasación del beneficio, el juez de ejecución
de penas y medidas de seguridad tendrá en cuenta el buen
comportamiento del condenado, su compromiso de no repetición
de actos delictivos, su cooperación con la justicia y sus acciones de
reparación a las víctimas”.
Este artículo ha sido interpretado de diversas maneras por la Sala Penal
de la Corte Suprema de Justicia, por los Tribunales Superiores y los
Juzgados de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.
Así, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, en sentencia del 18 de
octubre de 2005, (M.P. Marina Pulido de Barón, proceso núm. 24.196),
con varios salvamentos y aclaraciones de voto, estimó que los
destinatarios eran todos aquellos que, al momento de entrar en vigor la
Ley 975 de 2005, se encontraran condenadas “exceptuados precisamente
los relacionados en la propia disposición y los cometidos por los
integrantes de grupos al margen de la ley “durante y con ocasión de la
pertenencia a esos grupos”. En cuanto a la finalidad perseguida con la
inclusión del artículo 70 en la Ley de Justicia y Paz, la Corte señaló lo
siguiente:
“Los argumentos transcritos no dejan duda alguna: la inclusión
inicial de la norma y la posterior postura de que fuera
reconsiderada su exclusión, con fundamento en la cláusula
general de competencia legislativa del Congreso, obedeció a la
intención expresa de que todos los condenados fueran
beneficiados con un descuento punitivo, en aras de la protección
de la dignidad de los reclusos, de contribuir a la descongestión
carcelaria, y de lograr la reincorporación del penado a la
sociedad y a su familia. La disposición, entonces, fue redactada
con carácter general, esto es, con destino a la totalidad de los
penados, con las excepciones dispuestas en la misma”.
En cuanto a las condiciones para acceder a la rebaja punitiva, la Corte
consideró en el mencionado fallo lo siguiente:
“Siempre y cuando satisfaga las siguientes exigencias: i) que haya
sido condenada por conductas punibles diversas de las previstas
en sus artículos 1º y 2º y aquellas contra la libertad, integridad y
formación sexuales, lesa humanidad y narcotráfico; (ii) que los
condenados cumplan penas por sentencias ejecutoriadas al
momento de entrar en vigencia la presente ley (25 de julio de
2005); y (iii) que con fundamento en los probado, el juez de
ejecución concluya en la demostración de a) el buen
comportamiento del condenado; b) su compromiso de no
repetición de actos delictivos; c) su cooperación con la justicia y
d) sus acciones de reparación a las víctimas”.
En lo que concierne al contenido y alcance de cada uno de los requisitos
anteriormente señalados, la Corte indicó:
“2. Según certificado 003 del 13 de julio de 2005, expedido por el
Director de la cárcel de Riohacha, el doctor Arregocés Pinto
ejerce la actividad de artesano, no ha sido objeto de sanciones
disciplinarias y su conducta ha sido calificada en el grado de
BUENA.
Ese documento, debídamente motivado, permite inferir el
cumplimiento del artículo 70, esto es, “el buen comportamiento
del condenado”.
3. Igual demostración obra respecto de “su compromiso de no
repetición de actos delictivos”, como que así expresamente lo
manifestó en su petición y se desprende de su voluntad de
acogerse a la disposición.
4. Asiste la razón al solicitante en cuanto que en el caso concreto
no existe obligación de cumplir “acciones de reparación a las
víctimas”, como que ninguna fue individualizada dentro del
proceso.
5. Por “cooperación con la justicia”, como presupuesto para
acceder a la rebaja, debe entenderse la colaboración, la ayuda, la
contribución, el apoyo, la asistencia que el procesado haya
prestado a los fiscales y jueces a cargo de la investigación
adelantada en su contra, aunque no se descarta la posibilidad de
que se pueda conceder el mismo alcance a otra que, debidamente
probada, haya brindado en asuntos diversos.
La cooperación exigida no puede significar que, en contra del
derecho fundamental previsto en el artículo 33 de la Constitución
Política de Colombia, se imponga el deber de confesar, porque la
garantía de la no autoincriminación es fundamental, circunstancia
dentro de la cual no puede cargarse en contra de quien es
sindicado de la comisión de una conducta punible que no admita
su responsabilidad.
En estas condiciones, se infiere que si, como en el caso en estudio,
el procesado estuvo presto en todo momento a atender los
requerimientos de la justicia, esa circunstancia es suficiente para
concluir en su contribución en los términos de la norma.”
En este orden de ideas, para la Sala Penal de la Corte Suprema de
Justicia, en materia del beneficio de rebaja de pena del 10% de que
trataba el artículo 70 de la Ley 975 de 2005 se requería (i) que la persona
solicitara ante el respectivo juez la aplicación del beneficio penal; (ii) que
la persona estuviere cumpliendo una condena, con sentencia ejecutoriada,
a 25 de julio de 2005, fecha de entrada en vigor de la Ley de Justicia y
Paz; (iii) que la pena no hubiese sido impuesta por conductas descritas en
los artículos 1º y 2º de la Ley 975 de 2005, ni tampoco por narcotráfico,
lesa humanidad, o delitos contra la libertad, integridad y formación
sexuales; (iv) que ante el juez de ejecución se encontrase probado que el
condenado a) tenía buen comportamiento, b) existiese un compromiso de
no repetición de los actos delictivos, c) cooperara con la justicia y d)
realizara acciones de reparación a las víctimas.
En otras palabras, la Corte Suprema de Justicia interpretó el artículo 70
de la Ley 975 de 2005, en el sentido de que si bien el beneficio de rebaja
del 10% de la pena era para condenados por delitos distintos a aquellos
cometidos por los integrantes de los grupos armados, destinatarios de la
Ley de Justicia y Paz, además de aquellos condenados por ciertos
crímenes (narcotráfico, lesa humanidad y aquellos contra la libertad,
integridad y formación sexuales), también lo era que las condiciones para
acceder al beneficio penal era cumulativas, es decir, que ante el juez de
ejecución de penas se debía probar la existencia de todos y cada uno de
los requisitos señalados en la norma. De tal suerte que, para ser
destinatario de la reducción de pena del 10% necesariamente debían
concurrir todas las condiciones señaladas en el artículo 70 de la Ley 975
de 2005.
Por el contrario, en sentencia del 28 de octubre de 2005, la Sala Penal de
la Corte Suprema de Justicia, (M.P. Jorge Luis Quintero Milanés,
proceso núm. 17.089), con varios salvamentos y aclaraciones de voto,
consideró que debía aplicar la excepción de inconstitucionalidad en
relación con el artículo 70 de la Ley 975 de 2005, por cuanto, a su juicio,
dicha disposición (i) contrariaba el principio de unidad de materia; (ii)
desconocía los derechos de las víctimas, de conformidad con el bloque de
constitucionalidad; y (iii) se trataba de una rebaja de pena que no
obedecía a una política criminal, sino que constituía una especie de
“gracia” o “jubileo”, y por ende, debía haberse tramitado según lo
dispuesto en el artículo 150.17 Superior.
Las profundas divergencias existentes en el seno de la Sala Penal de la
Corte Suprema de Justicia en cuanto a la aplicación de la excepción de
inconstitucionalidad en relación la totalidad de la Ley de Justicia y Paz, y
en particular en relación con el artículo 70 de la Ley 975 de 2005,
quedaron en evidencia en sentencia del 14 de diciembre de 2005 (M.P.
Javier Zapata Ortiz, proceso núm. 24.478), con aclaración y salvamento
de voto, fallo en cual, en primer lugar, la Corte estima que no debe
aplicar la vía procesal del control difuso de constitucionalidad en relación
con la Ley de Justicia y Paz, en su integridad, por cuanto:
“Tratándose de una ley sui generis, que regula un tema muy
puntual en materia de penas en el contexto de una justicia
trancisional, la Corte no encuentra establecida esa abierta y
evidente contradicción entre los preceptos en ella contenidos y el
Orden Superior, como condición indispensable para realizar el
juicio de constitucionalidad que un mecanismo excepcional como
el control difuso requiere, lo cual además en modo alguno la
puede autorizar para hacerlo acudiendo a criterios de
conveniencia.”
Con todo, en relación con el artículo 70 de la mencionada ley, la Sala
Penal consideró lo siguiente:
“No obstante las consideraciones anteriores, conviene aclarar que
un sector de la Sala encontró precisamente esa ostensible
contradicción entre la norma superior y la legal, respecto del
artículo 70 de la ley de justicia y paz, fundamentalmente por
violación al principio de la unidad de materia” (negrillas
agregadas).
Ahora bien, la Sala de Revisión considera que el artículo 70 de la Ley
975 debe ser interpretado de conformidad con la Constitución, en
especial, a la luz del derecho fundamental a la libertad personal, al igual
aquellos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.
- Destinatarios de la rebaja de pena (factor personal). Para acceder al
beneficio de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005 se requiere
que la persona se encuentre condenada, mediante sentencia ejecutoriada,
a 25 de julio de 2005, fecha de entrada en vigor de la Ley de Justicia y
Paz. De igual manera, de conformidad con una interpretación sistemática
de la ley, es decir, tomando en consideración que la norma se ubica en el
capítulo de “disposiciones complementarias”, se excluyen del beneficio
los autores o partícipes de hechos delictivos cometidos durante y con
ocasión de la pertenencia a esos grupos que hubieran decidido
desmovilizarse “y contribuir decisivamente a la reconciliación
nacional”.
- Delitos excluidos. (factor material). Además de encontrarse excluidos
los delitos cometidos por los autores y partícipes de que trata el artículo 2
de la Ley 975 de 2005, también se excluyen los punibles de narcotráfico,
delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales y lesa
humanidad. Para tales efectos, es decir, para el caso de los llamados
crímenes de lesa humanidad, debido a que se trata de una variedad de
delitos atroces no definidos en el ordenamiento jurídico colombiano sino
en instrumentos jurídicos internacionales, los operadores jurídicos
deberán remitirse al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, en
concreto, a su artículo 7º, así como a los “Elementos de los crímenes”,
adoptado por la Asamblea de Estados Partes.
Solicitud de aplicación de la rebaja de pena (requisito de
procedibilidad). La Sala de Revisión entiende que el condenado debe
haber solicitado al respectivo juez competente para vigilar el
cumplimiento de la pena, la rebaja del 10 % de que trata el artículo 70 de
la Ley 975 de 2005. En efecto, una lectura integral de la norma en
comento, indica que el beneficio no opera de manera automática, por
cuanto la concesión del mismo dependerá de la constatación empírica,
por parte del juez de ejecución de penas, de ciertos hechos (buena
conducta del condenado), de compromisos asumidos por el destinatario
de la rebaja (no repetición de actos delictivos), de sus acciones presentes
o futuras (reparación a las víctimas) o de hechos verificables en el
proceso por el cual fue condenado o incluso en otros procesos
(colaboración con la justicia ).
Ahora bien, precisados los destinatarios de la norma procesal penal, los
delitos excluidos y el requisito de procedibilidad, debe examinar la Sala
de Revisión, a la luz de la Constitución, el contenido y alcance de cada
uno de los requisitos de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005.
- El buen comportamiento del condenado. Este requisito apunta a
examinar la adecuada conducta asumida por el condenado durante la
ejecución de la pena, bien sea intramural o domiciliaria. Para tales
efectos, se tomarán en cuenta el cumplimiento de las disposiciones del
Código Penitenciario y Carcelario, así como los respectivos reglamentos
adoptados por el INPEC o los directores de cada centro de reclusión.
- El compromiso de no repetición de actos delictivos. Se trata de una
condición consistente en una manifestación de voluntad del condenado,
en el sentido de que se abstendrá de cometer, bien sea durante el
cumplimiento del resto de la pena o al momento de cumplirla, de
comportamientos considerados como delitos.
- Cooperación con la justicia. Este requisito consiste en el apoyo o
colaboración efectivas que el condenado haya brindado a los fiscales o
jueces durante las etapas de investigación o juzgamiento. En tal sentido,
una interpretación de la norma legal, conforme con el derecho
fundamental a la libertad individual, es decir, extensiva, conduce a
sostener que tal colaboración puede haber sido realizada en el mismo
proceso que se le adelantó al solicitante del beneficio, o en otro. De igual
manera, resultan inaceptables interpretaciones en el sentido de negar el
beneficio debido a que la persona no se sometió a institutos procesales
tales como la sentencia anticipada o no se autoincriminó. Por el contrario,
se debe entender que la persona colaboró con la justicia si, entre otros
actos, estuvo prestó a atender los requerimientos de aquélla, no evadió la
acción de las autoridades, ayudó a desmantelar una organización
criminal, aportó información oportuna para la investigación, etcétera. Así
mismo, se debe interpretar que tal colaboración puede ser brindada, de
igual manera, al momento de elevar la solicitud de rebaja de pena. Lo
anterior por cuanto, en los términos del artículo 2º Superior, tal ayuda
puede resultar fundamental para que los órganos de investigación pueden
resolver otros procesos penales en curso, cumpliéndose de esta forma con
los fines estatales.
- Acciones de reparación a las víctimas. Se trata, sin lugar a dudas, del
requisito legal más compleja configuración, del grupo de aquellos
señalados en el artículo 70 de la Ley 975 de 2005. En efecto, el concepto
mismo de reparación a las víctimas, en los términos de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, y por ende, del bloque de
constitucionalidad, resulta ser más amplio que aquel de indemnización.
En efecto, de conformidad con la jurisprudencia de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, el concepto de reparación abarca
(i) la restitutio in integrum, cuando ella es posible; (ii) la indemnización
pecuniaria a los perjudicados; (iii) medidas de satisfacción del daño; (iv)
garantías de no repetición; y (v) actos simbólicos tales como los actos
públicos de reconocimiento de responsabilidad, peticiones de perdón,
entre otros.
En este orden de ideas, el condenado que invocase a su favor el beneficio
de rebaja de pena en un 10% debería reparar plenamente a las víctimas de
su delito, esto es, no sólo cumplir con la condena pecuniaria impuesta por
el juez de conocimiento, sino con los demás componentes de la noción de
reparación.
No obstante lo anterior, es preciso tomar en consideración que la Corte
Constitucional ha considerado que, en materia de suspensión condicional
de la ejecución de la pena, la indemnización a las víctimas no puede
entenderse como que se “obligue a lo imposible al condenado, pues
precisamente tiene en cuenta su incapacidad económica para determinar
si está en imposibilidad de cumplir y acepta que existan causas que
justifiquen no pagar la indemnización de perjuicios para acceder y gozar
del beneficio” . De allí que, interpretando el sentido del artículo 70 de la
38
Ley 975 de 2005, en armonía con las jurisprudencias constitucional e
internacional y de conformidad con el principio pro homine se tiene que,
en cada caso concreto, el juez de ejecución de penas deberá examinar las
posibilidades reales económicas que tiene el condenado para indemnizar
pecuniariamente a sus víctimas, de acuerdo con las pruebas que
acompañe el solicitante y aquellas que decrete de oficio; los
compromisos que a futuro puede asumir en la materia; así como la
viabilidad de llevar a cabo actos de reparación de contenido no
económico. Lo anterior, en el entendido de que las víctimas no van a
perder su derecho a obtener el pago de la totalidad de los perjuicios
causados, en los términos de la sentencia condenatoria.
Examinados cada uno de los requisitos que debe cumplir el condenado
para acceder al beneficio de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de
2005, pasa a analizar el problema jurídico de determinar si aquéllos
tienen un carácter concurrente o si, por el contrario, el juez debe estudiar
en cada caso el cumplimiento de uno o varios de ellos, y consecuencia,
tasar realmente el beneficio legal.
Así pues, una primera interpretación de la norma jurídica apunta a
señalar que el juez de ejecución de penas debe verificar si el solicitante
cumplió con todos y cada uno de los requisitos señalados en el artículo
70 de la Ley 975 de 2005. En tal sentido, el juzgador no cuenta realmente
con un margen de apreciación, por cuanto, una vez examinado el acervo
probatorio, las dos únicas opciones de que dispone son: o bien reconocer
el beneficio de rebaja del 10% de la pena o negarlo.
Una segunda interpretación del artículo 70 de la Ley 975 de 2005 indica
que el juez de ejecución de penas, con base en las pruebas aportadas por
el condenado y aquellas que decrete de oficio, puede constatar el grado
de cumplimiento de cada uno de los requisitos legales y, obrando en
consecuencia, tasar el beneficio, pudiéndose entonces mover en una
escala que va desde negarlo, hasta concederlo parcial o totalmente.
Además, la decisión judicial, con todo, no haría tránsito a cosa juzgada
material ya que si durante la vigencia del artículo la situación fáctica
pudo haber cambiado, era posible volver a pronunciarse sobre la solicitud
de rebaja de pena.
La Sala de Revisión considera que esta segunda interpretación es la
conforme con la Constitución por cuanto se apoya en el principio de
efecto útil de la norma jurídica y es respetuosa del derecho al debido
38
C- 006 de 2003.
proceso penal. En efecto, el segundo inciso del artículo 70 de la Ley 975
de 2005 prescribe que “Para la concesión y la tasación del beneficio, el
juez de ejecución de penas y medidas de seguridad tendrá en cuenta…”.
De tal suerte que si el juez no pudiese verificar el grado de cumplimiento
de cada uno de los requisitos, el vocablo “tasación” no tendría efecto
jurídico alguno. A decir verdad, “tasar” significa medir, cuantificar y no
simplemente reconocer o negar una petición. De tal suerte que si el juez
de ejecución de penas omitió tasar la rebaja de pena de que trata el
artículo 70 de la Ley 975 de 2005, incurrió en un defecto procedimental,
ya que no respetó las formas legales de cada juicio, procediendo en estos
casos la acción de tutela.
7. Análisis del caso concreto.
Para una mayor claridad expositiva en la resolución del caso concreto, la
Sala de Revisión (i) describirá los hechos y decisiones judiciales que
suscitaron la petición de amparo; (ii) examinará lo referente a la
aplicación del principio de favorabilidad penal; y (iii) analizará lo
concerniente a la rebaja de pena del 10% de que trata el artículo 70 de la
Ley 975 de 2005.
7.1. Hechos y decisiones judiciales que motivaron la solicitud de
amparo.
El señor Esteban Nuñez López, luego de someterse al instituto de la
sentencia anticipada, en los términos del decreto 2700 de 1991
modificado por la Ley 81 de 1993, fue condenado el 4 de marzo de 1994
por el Juzgado Único Promiscuo del Circuito de Belén de Andaquíes, por
los delitos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado y
agravado, porte ilegal de armas y concierto para delinquir, sanción que
asciende a 25 años y un mes de prisión, pena accesoria de interdicción de
derechos y funciones públicas, así como al pago de perjuicios a favor de
los herederos de cada uno de los occisos, equivalente a 250 gramos oro.
La anterior sentencia fue modificada por la Sala Penal del Tribunal
Superior de Florencia, en fallo del 27 de mayo de 1994, providencia en la
cual se decidió aumentar la pena a 28 años y 5 meses de prisión,
interdicción de derechos y funciones públicas por 10 años y al pago de
perjuicios por valor de 250 gramos oro, a favor de los herederos del señor
Ramiro Guillén Betancourt.
Posteriormente, la pena fue redosificada por el Juzgado 2º de Ejecución
de Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá, mediante auto de fecha 15
de junio de 2002, disponiendo que debía cumplir una pena de 18 años y 5
meses de prisión. Al respecto, es preciso aclarar que esta redosificación
de la pena se debió a la aplicación del principio de favorabilidad
sustancial, debido a la entrada en vigor de la Ley 599 de 2000. En
palabras del Juzgado “Sin vacilación, la pena privativa de la libertad
prevista para el delito de Homicidio Agravado en la última de las
disposiciones citadas (prisión de 25 a 40 años) resulta objetivamente
para el condenado más benigna que la señalada en la primera (prisión
de 40 a 60 años)”.
Luego, el Juzgado 2º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de
Tunja, mediante auto núm. 00647 del 10 de agosto de 2005, negó al
accionante la aplicación del artículo 351 de la Ley 906 de 2004, al igual
que la rebaja de la décima parte de la pena. Al respecto, argumenta el
juez la improcedencia del principio de favorabilidad, por cuanto no se
está en presencia del mismo sistema y de idéntica figura o instituto
procesal. En palabras del Juzgado accionado “se están confundiendo dos
árboles semejantes pero de distinta especie y que, además, no se observa
el bosque al que pertence cada uno. Confusión que nace de solo
observar algunas características externas pero sin apreciar su
estructura, condiciones, entorno, etc.”
En cuanto a la negativa de acceder a la rebaja del 10% de la pena, la
autoridad pública accionada sostiene que el señor Esteban Nuñez López
no es acreedor de la misma por cuanto: (i) se está en presencia de un
delito de lesa humanidad; (ii) no ha pagado los perjuicios decretados en
la sentencia; y (iii) no es la oportunidad en razón a que la concesión, de
no existir los impedimentos anteriores, lo es cuando se le otorgue la
libertad.
La Sala Penal del Tribunal Superior de Tunja, mediante auto núm. 096
del 24 de noviembre de 2005, confirmó la decisión adoptada por el
Juzgado 2º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja, por
los siguientes motivos.
En lo que concierne a la aplicación del principio de favorabilidad,
merced a la entrada en vigor del artículo 351 de la Ley 906 de 2004,
explica que la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha debatido
ampliamente el tema, “imponiéndose la aplicación del principio de
favorabilidad en los Distritos Judiciales en los que aún no ha entrado a
regir el sistema penal acusatorio, con la advertencia que de no hacerse,
se incurriría en flagrante violación al principio de igualdad, decisiones
en las que el Magistrado Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón ha salvado
voto, con el cual esta Sala comparte los planteamientos que allí se
hacen”.
Agrega que la Corte Suprema de Justicia Sala de Casación Penal, sobre el
tema en concreto se pronunció en sentencia del 23 de agosto de 2005,
con ponencia del Magistrado Jorge Luis Quintero Milanés, donde se
concluyó mayoritariamente que no procede la aplicación del principio de
favorabilidad en la dosificación punitiva en cuanto a la rebaja de pena
por sentencia anticipada, porque a pesar de tener una génesis en el
“derecho penal premial”, tanto el instituto de la sentencia anticipada
como la aceptación de cargos en el nuevo sistema penal acusatorio, son
diferentes, porque cada una tiene características propias inmersas en un
sistema determinado y acordes al mismo; “jurisprudencia que ha hecho
que las Salas de Decisión de este Tribunal hayan venido cambiando de
criterio, en la aplicación de la ley 906 de 2004 por favorabilidad en la
dosificación punitiva en sentencia anticipada”.
Por otra parte, en relación con la rebaja de pena de que trata el artículo 70
de la Ley 975 de 2005, señala que la norma ha sido objeto de numerosas
controversias respecto de los presuntos vicios de procedimiento que la
aquejarían, en especial, aquel de unidad de materia. Al respecto, sostiene
que la Corte Suprema de Justicia ha expuesto dos tesis contrapuestas: la
de aplicación del artículo para los condenados por delitos comunes que
cumplan penas conforme a sentencias ejecutorias al momento de entrar
en vigencia la ley, con las excepciones y bajo el cumplimiento de los
requisitos previstos en dicho artículo, criterio que se dio a conocer en
sentencia del 18 de octubre de 2005; y la de la inaplicación de la
disposición legal por inconstitucional, ya que se habría incurrido en un
vicio de falta de unidad de materia.
Sobre el particular sostiene que efectivamente el artículo 70 “no guarda
una unidad en sentido formal con el objeto y ámbito de aplicación de la
ley 975 de 2005 que lo incorpora, al referirse aquel a los llamados
delincuentes comunes con las excepciones allí previstas, y estar señalado
el objeto y ámbito de aplicación para la reincorporación de miembros de
grupos armados al margen de la ley; sin embargo, se considera que dicho
artículo guarda conexión con el tema central que regula la ley, esto es, los
beneficios de disminución punitiva para quienes han infringido la ley
penal, previo el cumplimiento de determinados requisitos legales, y que
están dispuestos a contribuir a la reconociliación y la consecución de la
paz nacional, que es la finalidad que persigue la ley, la cual se puede
obtener tanto con los que han cometido los llamados delitos políticos,
como los que han vulnerado los bienes jurídicamente tutelados con
conductas punibles comunes; existiendo conexidad sustancial igualmente
entre las penas que finalmente resultará imponiéndosele, conforme a la
pena alternativa prevista en el artículo 29 de la Ley 975 de 2005, y la
rebaja de pena de la décima parte para los demás condenados de que trata
el artículo 70. De tal suerte que el Tribunal no comparte la tesis de la
inaplicación del citado artículo, por la supuesta violación del principio de
unidad de materia.
Acto seguido, el Tribunal Superior pasa a examinar el cumplimiento de
los requisitos para la aplicación del artículo 70 de la Ley 975 de 2005.
En tal sentido, el a quo entiende que la rebaja procede en los casos en
que exista sentencia condenatoria y se esté cumpliendo la pena, siendo el
juez de ejecución de penas y medidas de seguridad el competente para
decidir acerca de las peticiones elevadas en tal sentido,
correspondiéndole la segunda instancia a la Sala Penal del Tribunal del
Distrito al que aquél pertenezca.
Agrega que la mencionada rebaja debe ser solicitada por el condenado,
con el compromiso de no repetir los actos delictivos, cooperar con la
justicia, “dando a conocer las acciones de reparación de las víctimas,
manifestaciones y pruebas sobre el particular que el funcionario judicial
debe evaluar junto con la conducta que el condenado ha tenido en el
cumplimiento de la pena”. Se exceptúan además las condenas impuestas
por delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales, lesa
humanidad y narcotráfico, “desde luego, los delitos cometidos por
miembros de grupos armados al margen de la ley, y los delitos de que
trata el artículo 11 de la ley 733 de 2002, norma especial que no está
derogada y que prohíbe cualquier beneficio para los delitos de
terrorismo, secuestro, secuestro extorsivo y conexos”.
En el caso concreto, manifiesta el Tribunal que existió solicitud del
condenado, por delitos distintos a los señalados en la excepción legal,
“pero allí tan solo solicita se le rebaje el 10% de la pena, sin que ponga
de manifiesto su compromiso de no repetir actos delictivos, ni de
cooperar con la justicia, como tampoco señala cuáles han sido o serán
las acciones de reparación a las víctimas. El Juzgado Segundo de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad negó la solicitud de rebaja
porque consideró que se está en presencia de un delito de lesa
humanidad, no ha pagado los perjuicios decretados en la sentencia y no
es la oportunidad para otorgar el beneficio la que se concretará cuando
se le otorgue la libertad”.
Contrario a lo sostenido por el a quo, el superior jerárquico consideró que
el condenado no había cometido un crimen de lesa humanidad, por
cuanto no reúne los requisitos que contempla el Estatuto de Roma, “por
lo que procedería en principio la rebaja de pena, si no fuera porque se
observa que no se cumple con los requisitos allí previstos”. A
continuación, pasa el Tribunal a interpretar cada uno de los requisitos de
que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005.
Así pues, en relación con el compromiso de no repetición de actos
delictivos, considera que éste debe ponerse de manifiesto desde la misma
solicitud de la rebaja de pena, “no como lo ha entendido la primera
instancia, que sea al momento de obtener la libertad, oportunidad en que
procede la rebaja, toda vez que la libertad no siempre es consecuencia
inmediata de la rebaja de pena, y el requisito es para obtener ésta y no
aquélla, no siendo presupuesto el cumplimiento de un monto
determinado de pena para la obtención del beneficio, basta con el
cumplimiento de los requisitos señalados en la ley, sin que exista la
posibilidad de hacer agregados a la norma”.
En lo que concierne al requisito de colaboración con la justicia, estima
que éste no puede entenderse como existente antes de la sentencia, sino
que “debe entenderse que debe haber existido en el curso del proceso
actos que permitan concluir que cooperó con la administración de
justicia, y que ha de comprometerse a brindar la cooperación en loq ue
fuere posible dentro del período de la pena que le resta por cumplir”.
Respecto al requisito de reparar a las víctimas, asegura el Tribunal que
dichas acciones se concretan no sólo en la indemnización efectiva y real,
al momento de hacer la solicitud “por las sumas a que se le condenara”,
sino que comprende las garantías que se ofrezcan para el cumplimiento
del pago de los perjuicios. De tal suerte que “lo importante es que por lo
menos exista el compromiso y garantía de que existirá la reparación a
las víctimas del ilícito por el cual se está cumpliendo la pena”.
En lo que atañe al buen comportamiento del condenado, éste deberá ser
demostrado mediante la conducta que haya observado en el
establecimiento carcelario, o en el domicilio, “durante el tiempo que ha
estado privado de la libertad en detención preventiva o en cumplimiento
de la pena, el cual debe ser evaluado en forma integral”.
Con base en las anteriores consideraciones, el Tribunal Superior de Tunja
concluyó diciendo en su auto núm. 069 del 24 de noviembre de 2005
que “en la solicitud de ESTEBAN NUÑEZ LÓPEZ no se puso de
manifiesto su compromiso de no repetir actos delictivos, ni de cooperar
con la justicia, como tampoco se señala cuáles han sido o serán las
acciones de reparación a las víctimas, no pudiendo presumir el
funcionario judicial su cumplimiento para acceder a la petición de
rebaja de pena, sin prueba que demuestre que ha pagado el monto por el
cual fue condenado en perjuicios en la sentencia, como lo indicara la
primera instancia, existiendo tan sólo la prueba del comportamiento en
el cumplimiento de la pena, las calificaciones de conducta en el grado de
buena y ejemplar, pero también apareciendo en el expediente constancia
de haberse fugado del penal cuando se encontraba privado de la
libertad; por tanto, no se reúnen la totalidad de los requisitos exigidos
por el artículo 70 de la Ley 975 de 2005 para acceder a la rebaja de
pena del 10% solicitada por el condenado, luego no le asiste razón al
apelante y la Sala confirmará la providencia que ha sido motivo de
impugnación”.
Posteriormente, el Juzgado 2º de Ejecución de Penas y Medidas de
Seguridad de Tunja, mediante auto del 6 de febrero de 2006, negó
nuevamente la rebaja de la décima parte de la pena solicitada por el
accionante, señalando estarse a lo dispuesto por el Tribunal Superior en
providencia del 24 de noviembre de 2005, negando la concesión de la
libertad condicional y reconociendo redención por estudio de 3 meses y
8.5 días.
En providencia del 3 de abril de 2006, el Juzgado 2º de Ejecución de
Penas y Medidas de Seguridad de Tunja resolvió negar por improcedente,
al no concurrir el facto subjetivo, el subrogado de libertad condicional al
accionante, señalando estarse a lo resuelto mediante autos de 23 de
febrero de 2006 y 6 de febrero de 2005, negando además la rebaja de
pena de la décima parte de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005
y de la mitad de la pena por favorabilidad, diciendo estarse a lo decidido
por el Tribunal Superior el 25 de octubre de 2005. El condenado
interpuso recursos de reposición y apelación, no reponiendo la
providencia el Juzgado mediante auto del 7 de junio de 2006, y
concediendo la apelación en efecto suspensivo.
La Sala Penal de Tribunal Superior de Tunja, mediante providencia
núm. 086 del 18 de julio de 2006, decidió confirmar el auto
interlocutorio de fecha 3 de abril de 2006, proferido por el Juzgado 2º de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja.
En la mencionada providencia el Tribunal indica que la ley determina
que no hay más que una oportunidad para el juez de ejecución de penas
se pronuncie, a menos que aparezcan con posteridad elementos de juicio
que cambien su situación frente a la factibilidad que conllevó a la
decisión judicial de negar una rebaja o un subrogado.
En lo que respecta a la aplicación de la favorabilidad penal debido a la
entrada en vigor del artículo 351 de la Ley 906 de 2004, es decir, la
rebaja de la mitad por la aceptación de cargos, estima el Tribunal que
“fue ampliamente analizado en proveído del 10 de agosto de 2005,
convirtiéndose en cosa juzgada”, y por ende “no es procedente volver a
hacer un nuevo pronunciamiento sobre el mismo tema”.
Por el contrario, en relación con la rebaja del 10% de la pena, el Tribunal
estimó que “el beneficio está sujeto al cumplimiento de unos requisitos
que pueden demostrarse dentro de una situación que puede cambiar en
el cumplimiento de la pena, por lo es procedente volver a hacer un nuevo
pronunciamiento sobre el mismo tema u objeto de decisión”, razón por el
cual consideró que, en lo pertinente, se remitía a lo expuesto en la parte
motiva del auto proferido el 24 de noviembre de 2004. Finalmente el a
quo concluyó diciendo que
“la Sala debe entrar a analizar si luego del interlocutorio
relacionado de 24 de noviembre de 2005, la situación de
ESTEBAN NUÑEZ LÓPEZ ha variado respecto de los requisitos
que exigiera la norma en mención, es decir, el artículo 70 de la ley
975 de 2005, no sin antes anotar que la misma fue declarada
inexequible mediante sentencia C- 370 de 2006, por la Corte
Constitucional, sin embargo es posible la aplicación ultractiva por
favorabilidad de la ley, a pesar de haber sido expulsada del
ordenamiento jurídico, precisando que la ley tuvo plena validez
desde el día en que entró en vigencia, hasta la fecha en que fue
declarada inexequible, por tanto durante ese lapso surtió plenos
efectos, afectando situaciones particulares en las cuales se
reconoció la rebaja a quienes cumplieron los requisitos previstos
en la norma, pero también para los que se negó la rebaja porque no
cumplieron los requisitos previstos en la norma, los cuales no
pueden ser alegados por cumplimiento con posterioridad a la
declaratoria de inexequibilidad, porque daría lugar a permitir que
la ley siga teniendo efectos después de su retiro del ordenamiento
jurídico por ser contraria a la Constitución Política. En
consecuencia para el caso presente tiene la Sala que entrar a ver si
se cumplieron los requisitos faltantes, según lo anotado en el
interlocutorio de 24 de noviembre de 2005, o si después de esa
fecha y hasta antes de que se declarara la inexequibilidad del
artículo 70 de la mencionada ley 975, se aportó prueba sobre los
mismos. El sentenciado allegó con posterioridad a este
proferimiento, declaración jurada sobre su insolvencia económica,
sin que se allegara concepto favorable del Establecimiento
Penitenciario y Carcelario sobre su conducta para los efectos de
esta rebaja, es decir, que debe ser certificada su conducta por el
establecimiento carcelario para poder acceder a dicho beneficio,
máxime que registra constancias de haberse fugado cuando se
encontraba privado de la libertad por este proceso, bastando estas
consideraciones y ante la falta de este requisito, sobre su
certificación de conducta, que puedan dar certeza sobre la buena
conducta observada en el establecimiento carcelario para obtener
este beneficio, la Sala debe entrar a confirmar integralmente el
interlocutorio que negó la rebaja del artículo 70 de la ley 975 de
2005 a ESTEBAN NUÑEZ LÓPEZ, pero por los motivos aquí
anotados”.
7.2. Aplicación del principio de favorabilidad al caso concreto.
Como se ha descrito en los hechos, el accionante se sometió a sentencia
anticipada durante la vigencia de la Ley 91 de 1993, siendo condenado a
una pena de 25 años y un mes de prisión, pena accesoria de interdicción
de derechos y funciones públicas, así como al pago de perjuicios a favor
de los herederos de cada uno de los occisos, equivalente a 250 gramos
oro. La anterior sentencia fue modificada por la Sala Penal del Tribunal
Superior de Florencia, en fallo del 27 de mayo de 1994, providencia en la
cual se decidió aumentar la pena a 28 años y 5 meses de prisión,
interdicción de derechos y funciones públicas por 10 años y al pago de
perjuicios por valor de 250 gramos oro, a favor de los herederos del señor
Ramiro Guillén Betancourt. Posteriormente, la pena fue redosificada por
el Juzgado 2º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá,
mediante auto de fecha 15 de junio de 2002, disponiendo que debía
cumplir una pena de 18 años y 5 meses de prisión.
El Juzgado Segundo de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de
Tunja, mediante auto del 10 de agosto de 2005 le negó al accionante la
aplicación del principio de favorabilidad penal procesal, es decir, no
redosificó la pena a la mitad, en los términos del artículo 351 de la Ley
906 de 2004, por estimar que las figuras de la sentencia anticipada y la
aceptación de cargos no eran semejantes. La anterior decisión fue
confirmada por el Tribunal Superior de Tunja mediante auto del 24 de
noviembre de 2005.
En providencia del 3 de abril de 2006, el Juzgado 2º de Ejecución de
Penas y Medidas de Seguridad de Tunja resolvió negar por improcedente,
al no concurrir el facto subjetivo, el subrogado de libertad condicional al
accionante, señalando estarse a lo resuelto mediante autos de 23 de
febrero de 2006 y 6 de febrero de 2005, negando además la rebaja de
pena de la décima parte de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005
y de la mitad de la pena por favorabilidad, diciendo estarse a lo decidido
por el Tribunal Superior el 25 de octubre de 2005.
La Sala Penal de Tribunal Superior de Tunja, mediante providencia núm.
086 del 18 de julio de 2006, decidió confirmar el auto interlocutorio de
fecha 3 de abril de 2006, proferido por el Juzgado 2º de Ejecución de
Penas y Medidas de Seguridad de Tunja.
Ahora bien, como se ha señalado a lo largo de esta providencia,
tratándose del tránsito legislativo entre el decreto 2700 de 1991,
modificado por la Ley 81 de 1993, y la Ley 906 de 2004, las autoridades
judiciales, en virtud del artículo 29 Superior, deben aplicar con carácter
retroactivo la norma procesal más reciente y conferir beneficios
establecidos en la misma si resultan ser más favorables en el caso
particular frente a figuras jurídicas semejantes pero reguladas de manera
distinta en las leyes mencionadas.
Como lo ha sostenido la jurisprudencia de esta Corte en sentencias T-
091 de 2006 y T- 082 de 2007, las figuras de sentencia anticipada y
allanamiento a cargos son semejantes, similitudes que, como se ha
explicado in extenso en el presente fallo son igualmente predicables en
los términos del decreto 2700 de 1991, modificado por la Ley 81 de
1993; por tanto, corresponde aplicar el descuento punitivo hasta de la
mitad de la pena previsto en el Art. 351 de la Ley 906 de 2004 en
relación con las condenas impuestas mediante sentencia anticipada.
Por consiguiente, las decisiones adoptadas por el Juzgado 2º de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja y de la Sala Penal
del Tribunal Superior de Tunja son violatorias del debido proceso del
accionante, por cuanto desconoció la aplicación del principio de
favorabilidad que permitía readecuar la condena impuesta al señor Jorge
Esteban López Nuñez mediante sentencia anticipada a la luz de los
parámetros dispuestos en la ley para la figura del allanamiento o
aceptación de cargos. Por este motivo, incurrieron las autoridades
judiciales en una causal de procedibilidad de la acción de tutela contra
providencias judiciales por violación directa de la Constitución, al
inaplicar el artículo 29 de la Carta en relación con el principio de
favorabilidad.
Por estas razones, la Sala amparará el derecho fundamental al debido
proceso del señor Jorge Esteban López Nuñez vulnerado, y en
consecuencia, dejará sin efectos los autos núm. 00647 del 10 de agosto
de 2005, 3 de abril de 2006 del Juzgado 2º de Ejecución de Penas y
Medidas de Seguridad de Tunja, únicamente en cuanto se negó en ellos
la aplicación del principio de favorabilidad penal. Igual decisión se
adoptará en relación con el auto del 24 de noviembre de 2005 y 18 de
julio de 2006 de la Sala Penal del Tribunal Superior de Tunja,
únicamente en cuanto se negó en ellos la aplicación del principio de
favorabilidad penal, es decir, en cuanto dichas autoridades judiciales no
redosificaron la pena a la mitad, en los términos del artículo 351 de la
Ley 906 de 2004, por estimar que las figuras de la sentencia anticipada y
la aceptación de cargos no eran semejantes.
7.3. Examen sobre la rebaja de pena del 10% de que trata el artículo
70 de la Ley 975 de 2005.
El Juzgado 2º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja,
al igual que la Sala Penal del Tribunal Superior de esa misma ciudad, le
negaron en varias ocasiones al accionante la rebaja del 10% de la pena,
en los términos del artículo 70 de la Ley 975 de 2005. Examinadas las
pruebas que obran en el expediente, los argumentos y valoraciones
realizadas por los falladores, a la luz de las consideraciones vertidas por
la Sala de Revisión cuando examinó en detalle el mencionado beneficio
penal, se concluye que los accionados no incurrieron en una causal de
procedencia de la acción de tutela contra providencias judiciales, como
pasa a explicarse.
El Juzgado 2º de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja,
mediante auto núm. 00647 del 10 de agosto de 2005 negó la solicitud de
rebaja de pena argumentado, en esencia, lo siguiente (i) se está en
presencia de un delito de lesa humanidad, y por ende, expresamente
excluido de la rebaja de pena; y (ii) el solicitante no ha pagado los
perjuicios decretados en la sentencia.
La Sala Penal del Tribunal Superior de Tunja, mediante auto núm. 096
del 24 de noviembre de 2005 por cuanto, si bien la solicitud fue elevada
en tiempo, el peticionario no cumplió con ninguno de los requisitos
señalados en la norma procesal. En efecto, no puso de manifiesto su
compromiso de no volver a delinquir, ni colaboró con la justicia, ni
señaló forma alguna de reparar a las víctimas, y además, en cuanto a su
comportamiento carcelario, reporta fugas.
Tales decisiones fueron confirmadas en providencias posteriormente,
tanto por el Juzgado como por el Tribunal, básicamente, retomando los
argumentos expuestos.
Así las cosas, encuentra la Sala de Revisión que las autoridades públicas
accionadas, en lo que concierne a su negativa a reconocer y tasar el
beneficio penal de que trata el artículo 70 de la Ley 975 de 2005 no
incurrieron en causal alguna de procedencia de la acción de tutela,
motivo por el cual será confirmada, en lo pertinente, las decisiones
adoptadas por las Salas Penal y Civil de la Corte Suprema de Justicia.
III. DECISIÓN.
En mérito de lo expuesto, la Sala Séptima de Revisión de la Corte
Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por
mandato de la Constitución,
RESUELVE:
Primero. REVOCAR las sentencias de tutela proferidas el 20 de
septiembre de septiembre de 2006 y el 23 de noviembre del mismo año
por las Salas Penal y Civil respectivamente de la Corte Suprema de
Justicia, mediante las cuales se decidió negar el amparo al señor Esteban
López Nuñez, y en su lugar conceder la tutela al derecho fundamental al
debido proceso penal del demandante. Por el contrario, se
CONFIRMARÁN los mencionados fallos en cuanto a la negativa a
aplicar el artículo 70 de la Ley 975 de 2005, por las razones expuestas en
la parte motiva de esta sentencia.
Segundo: DEJAR SIN EFECTOS JURÍDICOS, los autos núm. 00647
del 10 de agosto de 2005, 3 de abril de 2006 del Juzgado 2º de Ejecución
de Penas y Medidas de Seguridad de Tunja, únicamente en cuanto se
negó en ellos la aplicación del principio de favorabilidad penal;
asimismo, los autos del 24 de noviembre de 2005 y 18 de julio de 2006
de la Sala Penal del Tribunal Superior de Tunja, únicamente en cuanto
se negó en ellos la aplicación del principio de favorabilidad penal. En
todo lo demás, las providencias judiciales quedan en firme.
Tercero: ORDENAR al Juez 2º de Ejecución de Penas y Medidas de
Seguridad de Tunja que proceda, dentro del término de cinco (5) días
contados a partir de la notificación de esta sentencia, a resolver la
solicitud de redosificación punitiva formulada por el señor Esteban
López Nuñez, teniendo en cuenta las normas aplicables en virtud del
principio de favorabilidad, conforme a las consideraciones de esta
sentencia.
Cuarto. LIBRENSE, por la Secretaría General de esta Corporación, las
comunicaciones de que trata el artículo 36 del Decreto 2591 de 1991,
para los efectos allí contemplados.
Cópiese, notifíquese, insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional y
cúmplase.
HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO
Magistrado
CLARA INES VARGAS HERNANDEZ
Magistrada
ALVARO TAFUR GALVIS
Magistrado
MARTHA VICTORIA SACHICA MENDEZ
Secretaria General