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Varios - La Oracion Del Cantero

El documento habla sobre el trabajo y la realización espiritual. Contiene una oración de un maestro cantero del siglo XII que expresa que el trabajo bien hecho puede ser una forma de oración y ofrenda a Dios. También incluye un escrito de René Guénon que argumenta que el trabajo sólo tiene valor cuando está alineado con la naturaleza de cada persona y cuando imita el orden cósmico establecido por el Creador.
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Varios - La Oracion Del Cantero

El documento habla sobre el trabajo y la realización espiritual. Contiene una oración de un maestro cantero del siglo XII que expresa que el trabajo bien hecho puede ser una forma de oración y ofrenda a Dios. También incluye un escrito de René Guénon que argumenta que el trabajo sólo tiene valor cuando está alineado con la naturaleza de cada persona y cuando imita el orden cósmico establecido por el Creador.
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TRABAJO Y REALIZACION ESPIRITUAL


Es menester honrar al Trabajo como camino y medio de realización
espiritual. Y para ello quiero reproducir aquí una Oración de increíble
belleza que ha sido difundida por la Gr.·. Log.·. Simb.·. de Francia. Esta
Oración anónima fué compuesta por un Cantero Constructor de
Catedrales, un H.·. M.·. Operativo, en el siglo XII. Brinda por cierto
grandes luces sobre el significado tradicional del G.·. A.·. D.·. U.·. y sobre
lo que bien podría considerarse la auténtica clave del Secr.·. Mas.·., sobre
el que muchos hablan sin conocer nada al respecto. Quienes estén
familiarizados con la Tradición Esotérica hindú se asombrarán cuando
hallen aquí la esencia de la doctrina de la NAISHKARMYA (Ciencia de
las Acciones Perfectas) como también del SAMNYASA (inegoísmo en la
ejecución de las acciones) y del TYAGA (entrega de la acción y de su
fruto como ofrenda a la Divinidad).

De acuerdo a R. SCHWALLER DE LUBICZ las mismas doctrinas eran


enseñadas en los Santuarios del antiguo Egipto. Pueden verse sus valiosas
obras "Her-Bak" (I y II), "Le miracle egyptien", "Le roi de la theocratie
pharaonique" y la monumental "Le Temple de l'Homme". No cabe duda
de que la Sabiduría Tradicional es solo UNA, mal que le pese esto a
quienes no ven más allá de sus narices...es decir los sectarios y fanáticos
de cualquier signo.
 

ORACION DEL MAESTRO CANTERO


Enséñame, Gran Arquitecto del Universo,

a bien usar para trabajar

el tiempo que me dás

y a bien emplearlo

sin perder nada (de él).

Enséñame a beneficiarme

con mis errores pasados

sin caer en el

escrúpulo que corroe.  

Enséñame a prever el plan

sin atormentarme,

a imaginar la obra sin desolarme

si ella surge luego de otro modo.

Enséñame a unir la prisa y la lentitud,

la serenidad y el fervor,

el celo y la paz.

Ayúdame en el momento del

comienzo de la obra,

momento en que soy más débil.


Ayúdame en el corazón de la labor

a mantener ajustado

el hilo de la atención.

Y, por sobre todo, llena Tú mismo

los vacios de mi obra.

Gran Arquitecto del Universo

en toda la labor de mis manos

deja una gracia de Tí para

hablar a los otros,

y un defecto mío

para hablarme a mí mismo.

Conserva en mí

la esperanza de la perfección

sin la cual perdería mi ánimo.

Consérvame en la

impotencia de la perfección

sin la cual 

me perdería en el orgullo.

Purifica mi mirada:

cuando hago mal

no es seguro que esté


mal y cuando lo hago

bien no es seguro que

esté bien...

Gran Arquitecto del Universo,

enséñame a orar con mis

manos, con mis brazos y

todas mis fuerzas.

Recuérdame

que la obra de mis manos te

pertenece y que me pertenece

el devolvértela como ofrenda.

Si yo obro por amor del beneficio

como un fruto olvidado

me pudriré en el otoño.

Si yo obro para complacer a otros

como la flor de la hierba

me marchitaré en la tarde.

Pero si obro por amor al bien, 

en el Bien permaneceré.

Y el tiempo de

hacerlo bien y a Tú Gloria ya está aquí.


Amén  

TRABAJO, VIA ACTIVA

Y VIA CONTEMPLATIVA

Incluyo además aquí un trabajo meduloso de René Guénon  y que exige


también especial reflexión.  Sin duda lo que Guénon dice es de
especialísimo interés en particular para los pensadores, escritores,
artistas, astrólogos, hombres de imprenta y grabadores pues la obra de
estos es de arte cuando se realiza a conciencia y con entrega como ofrenda
de ella y de uno mismo al G.·.A.·.D.·.U.·.
Y por ello, en la Edad Media y después, todos ellos recibían una
Iniciación artesanal especial en la Fraternidad de los Filósofos
Desconocidos. Esta Iniciación aún existe...pero bajo otro nombre: Orden
Martinista. Por supuesto esto guarda estrecha relación con lo antes visto.

SOBRE LA
"GLORIFICACION"
DEL TRABAJO

René Guénon

 
  Está de moda, en nuestra época, exaltar el trabajo, sea cual sea y de
cualquier manera en que sea realizado, como si tuviera un valor eminente
por sí mismo e independientemente de toda consideración de otro orden;
es éste el tema de innumerables declamaciones tan vacías como
pomposas, y ello no solamente en el mundo profano, sino también, lo que
es más grave, en las organizaciones iniciáticas que subsisten en occidente
(2). Es fácil de comprender que esta manera de considerar las cosas se
vincula directamente con la exagerada necesidad de acción que es
característica de los occidentales modernos; en efecto, el trabajo, al
menos cuando es así considerado, no es evidentemente más que una
forma de acción, y una forma a la cual, por otra parte, el prejuicio
"moralista" obliga a atribuirle aún más importancia que a toda otra,
porque es la que mejor se presta a ser presentada como constituyendo un
"deber" para el hombre y como contribuyendo a asegurar su "dignidad"
(3). Incluso a menudo se añade a ella una intención claramente
antitradicional, la de despreciar la contemplación, a la que se tiende a
asimilar a la "ociosidad", mientras que, por el contrario, es en realidad la
más alta actividad concebible, y, por otra parte, la acción separada de la
contemplación no puede ser sino ciega y desordenada (4). Todo ello no se
explica sino muy fácilmente por parte de hombres que declaran, y sin
duda sinceramente, que "su felicidad consiste en la propia acción" (5), y
de buen grado diríamos en la agitación, pues, cuando la acción es tomada
así como un fin en sí misma, y sean cuales sean los pretextos "moralistas"
que se invoquen para justificarlo, no es verdaderamente nada más que
esto.

 Contrariamente a lo que piensan los modernos, cualquier trabajo,


cumplido indistintamente por no importa quién, y únicamente por el
placer de actuar o por necesidad de "ganarse la vida", no merece en
absoluto ser exaltado, y ni siquiera puede ser considerado sino como algo
anormal, opuesto al orden que debería regir las instituciones humanas,
hasta tal punto que, en las condiciones de nuestra época, ocurre muy a
menudo que adquiere un carácter al que se podría, sin ninguna
exageración, calificar de "infra-humano". Lo que nuestros
contemporáneos parecen ignorar completamente es que un trabajo no es
realmente válido más que si es conforme a la naturaleza misma del ser
que lo desempeña, si resulta en cierto modo espontáneo y necesario, si
bien no es para esta naturaleza más que el medio de realizarse tan
perfectamente como sea posible. Es ésta, en suma, la noción de
swadharma, que es el verdadero fundamento de la institución de las
castas, y sobre la cual ya hemos insistido lo suficiente en otras ocasiones
como para limitarnos a citarla aquí sin más. Puede pensarse, a propósito
de esto, en lo que dijo Aristóteles acerca del cumplimiento para cada ser
de su "acto propio", por el cual es preciso entender a la vez el ejercicio de
una actividad conforme a su naturaleza y, como consecuencia inmediata
de esta actividad, el paso de la "potencia" al "acto" de las posibilidades
comprendidas en tal naturaleza. En otras palabras, para que un trabajo,
de un género cualquiera, sea lo que debe ser, es necesario ante todo que
corresponda en el hombre a una "vocación", en el más propio sentido de
la palabra (6); y, cuando esto es así, el provecho material que puede
legítimamente ser obtenido no aparece sino como un fin secundario y
contingente, por no decir incluso despreciable frente a un fin superior,
que es el desarrollo y como la terminación "en acto" de la propia
naturaleza del ser humano.
Ni que decir tiene que lo que acabamos de decir constituye una de
las bases esenciales de toda iniciación de oficio, siendo la "vocación"
correspondiente una de las cualificaciones requeridas para una tal
iniciación, e incluso, podríamos decir, la primera y la más indispensable
de todas (7). Sin embargo, aún hay otra cosa sobre la cual conviene
insistir, sobre todo desde el punto de vista iniciático, pues es esto lo que
da al trabajo, considerado según la noción tradicional, su más profundo
significado y su mayor alcance, superando la consideración de la
naturaleza humana para vincularlo al propio orden cósmico, y, con ello,
de la forma más directa, a los principios universales. Para comprenderlo,
se puede partir de la definición del arte como "la imitación de la
naturaleza en su modo de operar" (8), es decir, de la naturaleza como
causa (Natura naturans), y no como efecto (Natura naturata); desde el
punto de vista tradicional, en efecto, no hay ninguna distinción que hacer
entre el arte y el oficio, al igual que tampoco la hay entre el artista y el
artesano, y éste es un punto sobre el cual ya hemos tenido a menudo
ocasión de explicarnos; todo lo que es producido "conforme al orden"
merece por ello igualmente, y al mismo título, ser considerado como una
obra de arte (9). Todas las tradiciones insisten sobre la analogía existente
entre los artesanos humanos y el Artesano divino, tanto unos como el
Otro operando "a través de un verbo concebido en el intelecto", lo que,
digámoslo de pasada, señala tan claramente como es posible el papel de la
contemplación como condición previa y necesaria para la producción de
toda obra de arte; y aún hay aquí una diferencia esencial con la
concepción profana del trabajo, que lo reduce a no ser sino acción pura y
simple, como hemos dicho más arriba, y que pretende incluso oponerlo a
la contemplación. Según la expresión de los Libros hindúes, "debemos
construir como los Dêvas hicieron al comienzo"; esto, que naturalmente
se extiende al ejercicio de todos los oficios dignos de este nombre, implica
que el trabajo tiene un carácter propiamente ritual, como por otra parte
debe tenerlo todo en una civilización íntegramente tradicional; y no
solamente es este carácter ritual lo que asegura esa "conformidad al
orden" de la cual hemos hablado hace un momento, sino que incluso
puede decirse que no forma verdaderamente sino uno con esta propia
conformidad (10).

Desde el momento en que el artesano humano imita en su dominio


particular la operación del Artesano divino, participa de la obra misma
de éste en la medida correspondiente, y de una manera tanto más efectiva
cuando es más consciente de esta operación; y más él realiza con su
trabajo las virtualidades de su propia naturaleza, más acrecienta al
mismo tiempo su semejanza con el Artesano divino, y más sus obras se
integran perfectamente en la armonía del Cosmos. Se ve cuánto esto está
lejos de las banalidades que nuestros contemporáneos tienen por
costumbre afirmar creyendo con ello elogiar el trabajo; éste, cuando es lo
que tradicionalmente debe ser, pero sólo en este caso, está en realidad
más allá de todo cuanto son capaces de concebir. Podemos concluir estas
pocas indicaciones, a las cuales sería fácil desarrollar casi
indefinidamente, diciendo esto: la "glorificación del trabajo" responde a
una verdad, e incluso a una verdad de orden profundo; pero la manera
en que los modernos lo entienden ordinariamente no es sino una
deformación caricaturesca de la noción tradicional, llegando incluso en
cierto modo a invertirla. En efecto, no se "glorifica" el trabajo con vanos
discursos, lo que no tiene ningún sentido plausible; sino que el propio
trabajo es "glorificado", es decir, "transformado", cuando, en lugar de
no ser más que una simple actividad profana, constituye una
colaboración consciente y efectiva con la realización del plan del "Gran
Arquitecto del Universo".

NOTAS

1. Cap. X de "Initiation et Réalisation spirituelle", París, Ed.


Traditionnelles, 1952.

2. Se sabe que la "glorificación del trabajo" es especialmente, en la


Masonería, el tema de la última parte de la iniciación al grado de
Compañero; y, desgraciadamente, en nuestros días, es generalmente
comprendida de una manera totalmente profana, en lugar de ser
entendida, como debería, en su sentido legítimo y realmente tradicional
que nos proponemos indicar a continuación.

3. A propósito de esto, diremos que, entre esta moderna concepción del


trabajo y su concepción tradicional, existe toda la diferencia que de
manera general, tal como ya hemos explicado, existe entre el punto de
vista moral y el punto de vista ritual.

4. Recordaremos aquí una de las aplicaciones del apólogo del ciego y el


paralítico, en el cual representan respectivamente la vida activa y la vida
contemplativa (cf. Autorité spirituelle et pouvoir temporel, cap. V).

5. Extraemos esta frase de un comentario del ritual masónico que, no


obstante, en muchos aspectos, no es ciertamente uno de tos peores, es
decir, uno de los mas afectados por las infiltraciones del espíritu profano.

6. Sobre este punto, y también sobre otras consideraciones que siguen,


enviaremos, para más amplios desarrollos, a los numerosos estudios que
A. K. Coomaraswamy ha consagrado especialmente a estas cuestiones.
7. Algunos oficios modernos, y especialmente los oficios puramente
mecánicos, para los cuales no podría haber realmente una cuestión de
"vocación", y que por consiguiente poseen en sí mismos un carácter
anormal, no pueden de forma válida dar lugar a ninguna iniciación.

8. Y no en Sus producciones, como imaginan las partidarios de un arte


"realista", al que sería mas exacto denominar "naturalista".

9. Apenas hay necesidad de recordar que esta noción tradicional del arte
no tiene absolutamente nada en común con las teorías "estéticas" de los
modernos.

10. Sobre todo esto, ver A. K. Coomaraswamy, Is Art a Superstition or a


Way of Life?, en el volumen titulado Why exhibit Works of Art?

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