El término obediencia (del Lat.
ob audire = el que escucha), al igual que la acción de obedecer,
indica el proceso que conduce de la escucha atenta a la acción, que puede ser puramente
pasiva o exterior o, por el contrario, puede provocar una profunda actitud interna de
respuesta.
Obediencia
Virtud que consiste en someterse por motivos religiosos a quienes tienen autoridad mandar.
Como tal, es un valor no sólo en el orden religioso (por la fe, por votos y promesas, por deber
de estado), sino también en el orden natural.
La obediencia como valor y virtud no debe ser identificada con la mera sumisión, realizada
por coacción o sin una motivación suficientemente espiritual para ver en la dependencia sólo
acatamiento, entrega a la jerarquía, servidumbre feudal.
Durante mucho tiempo en la ascética cristiana, por influencia de la espiritualidad jesuítica, se
cultivó el ideal de la "obediencia ciega", que se identificaba con frecuencia con el
cumplimiento mecánico, absoluto y alejado de toda discusión. Con todo nunca fue ensalzada
del todo la obediencia ciega e indiscutida, como para llegar a justificar como bueno el
cumplimiento de normas contrarias a la moral. Ni siquiera en los ámbitos militares la llamada
"obediencia debida" exime de responsabilidad, si versa sobre lo que no se ajusta a derecho o a
conciencia.
Por eso se resaltó siempre, de una u otra forma, que la obediencia es siempre la expresión de
fe, pues conduce a ver a Dios en el que tiene "derecho a mandar" y mueve a ejecutar los
mandatos por algo más que por consideraciones terrenas.
Hoy, en las coordenadas de una nueva cultura más humanista y democrática, se prefiere
hablar de "obediencia libre e inteligente", en donde se valora sobre todo la finalidad y la
intención más que la materialidad del mandato. Por eso se habla de obediencia
corresponsable, personal, humana y se asumen los mandatos como cauces y no como leyes,
como estímulos para el bien común y no como suplantación de las opciones propias por las
ajenas. Por eso sin libertad de conciencia, sin discernimiento libre, sin referencia a la luz del
Evangelio y a la rectitud no se puede hoy hablar de obediencia.
En este sentido hay que educar a los catequizandos, lo cual no está reñido con una enérgica
demanda de austeridad, de humildad, de renuncia al propio gusto (no al propio juicio). La
catequesis de la obediencia requiere hoy una notable adaptación pero también una inteligente
planificación. Valores como el orden, la responsabilidad, el sentido del servicio a la comunidad,
de disponibilidad, de la solidaridad debe ponerse como plataforma de la acción humana.
Los niños que no aprenden y no saben obedecer no se preparan para ser adultos
responsables y equilibrados que luego sepan mandar. Y esto deben tenerlo en cuenta los
padres, los maestros, los catequistas y todos los que trabajan en la noble tarea educadora.
Obedecer requisitos o prohibiciones se realiza por medio de consecuentes acciones apropiadas
u omisiones. Obedecer implica, en diverso grado, la subordinación de la voluntad a una
autoridad, el acatamiento de una instrucción, el cumplimiento de una demanda o la
abstención de algo que prohíbe.
La figura de la autoridad que merece obediencia puede ser, ante todo, una persona o una
comunidad, pero también una idea convincente, una doctrina o una ideología y, en grado
sumo, la propia conciencia y además, para los creyentes, Dios.
La desobediencia es una negatividad de las más antigua que existe. Fué quizás a base del
primer antivalor a nivel espiritual, y luego a nivel material, lo primero por que abusando de la
libertad del CREADOR, nos alejamos de su lado dentro del libertinaje que nos produjo la
sensación de no depender de nadie, ser libres, confundiendo este don, con hacer lo que nos
diera en gana, y esto ocasionó el salto cualitativo al cuantitativo de nuestra esencia espiritual-
energética, y, lo otro, a nivel material ;querer ser dioses dentro de la creación-evolución .
Pero analicemos que es la desobediencia. Se puede decir que es la falta de acción ante una
norma, disposición, orden, u obligación que nos corresponde por algún motivo, ya sea trabajo,
familiar, misión, deber, o aspecto que se debe ejecutar para cumplir determinado objetivo.
La obediencia comienza por casa. Cuando somos hijos, debemos a nuestro padres obediencia y
respeto; incluso la mayoría de las normas que rigen el mundo material en el ámbito social,
religioso, gubernamental. militar, laboral, académico, científico, se nutren de las leyes de la
obediencia, y digo leyes, por que la obediencia en el fondo es una ley. Así aparecen en libros
llamados códigos en algunas regiones, la obediencia nace como una costumbre y se ensalza
comoley.
La desobediencia puede ser originada por el abuso y la injusticia, ya que cuando se utiliza las
primeras, ya sea con armas, o poder político genera la desobediencia civil, que trae como
consecuencias la caída de regímenes gubernamentales basado en la tiranía, la dictadura, la
opresión y la esclavitud.
La desobediencia es justa algunas veces, cuando se busca compensar las injusticias, o
atrocidades, o también en momentos en que se hace necesario un acto de piedad, por el cual
se quiere ayudar a alguien para que no sufra el desvarío de la desdicha de estar en condiciones
de inferioridad ante una persona.
En fin, de la desobediencia se puede decir mucho, y muchos son los motivos por los cuales se
ha generado en la actualidad; ya nadie quiere cumplir con sus deberes, sus obligaciones, su rol
de vida. Se ha generado una irresponsabilidad, un desgano por las cosas de la vida. Las
personas han actuado en un círculo cerrado que en un momento ha producido hastío en
exceso y como consecuencia de ello el desprecio por una u otra situación que anteriormente
era la comidilla diaria.
Debemos rescatar la obediencia, pero una obediencia amparada por los parámetros del gusto,
la afición y deseo de cumplir con una determinada labor encomendada, por eso debemos
rescatar la obediencia desde sus mismas raíces la familia.
La disciplina es la madre de la obediencia, ya que comenzamos por disciplinarnos en una u otra
situación, al punto que cumplimos una labor dentro de nuestro rol, pero esa disciplina debe
estar marcada por actos que nos ensalcen, y que nos coloquen en una situación de
cumplimiento agradable en la responsabilidad de la vida.
Nuestra obediencia comienza en casa con nuestros padres, en la escuela y universidad con
nuestros profesores, en el trabajo con nuestro superiores, y en la vida en general con nuestras
experiencias que son la mejor universidad de la vida. A esto debemos sumarle los parámetros
que nos establecen las instituciones como la sociedad, las religiones, el Estado y la fuerza del
poder.
CAUSAS DE LA OBEDIENCIA
La base cognitiva de la obediencia está en la sumisión ideológica, es decir, interpretar la
realidad desde la perspectiva de la autoridad. A esto se une el hecho de que la persona
deja de sentirse responsable de sus actos cuando está obedeciendo y, como
consecuencia, libre de culpa.
La obediencia se ha incrustado en la conciencia por su larga trayectoria, iniciada en el
seno de la familia, verdadera estructura de autoridad, y continuando en la escuela, que
educa en el sometimiento. Luego, cristaliza en el mundo laboral, donde el sistema de
recompensas perpetúa la estructura jerárquica. Es de una claridad absoluta que la
obediencia se premia y se castiga la desobediencia.
LA OBEDIENCIA COMO VALOR MILITAR MILITAR
Se trata del acatamiento de instrucciones en el marco de un código de vida y de conducta
preparado para responder a los conflictos o crisis sociales o políticas y, en casos extremos, a la
guerra. La desobediencia militar implica consecuentemente estrictas sanciones ya que significa
a menudo un riesgo para la seguridad de otros o de los intereses colectivos. Sin embargo, la
desobediencia, en este plano, se puede deber por razones legales, éticas y/o religiosas.
La obediencia voluntaria es, referida a normas preestablecidas o a la conciencia que se posea,
el reconocimiento de lo bueno (por ejemplo, los diez mandamientos) de tal modo que se
produzca una transformación en el sujeto.
Detrás de esta actitud está el sentido o la significación, o bien, lo que positivamente se
considera que sirve de base para la estructura social.
La obediencia a la autoridad es un tema sugerente para la Psicología, no sólo por la influencia
que tiene en la vida individual de las personas, sino también por su calado en la organización
de la estructura social, legitimada, y que está en la base de las relaciones sociales estables.[1]
Sabido es que la obediencia a la autoridad está basada en el principio de Jerarquía que ha sido
exaltado, prioritaria y constantemente, en nuestra cultura porque es uno de sus pilares. Si no
se respetase este principio sería difícil que funcionase una sociedad entendida como eficiente
según los parámetros actuales del sistema.[2] Esto en un plano general, pero también a un
nivel más concreto, el de los individuos, es la obediencia a la autoridad la que permite una
buena protección al sujeto. El muy socorrido "obedecía órdenes" protege de responsabilidades
y disfraza de "sentido del deber" a posibles impulsos sádicos.
Mucho se ha escrito y debatido sobre el por qué la persona obedece aunque ese acto la sitúe
en contra de sus principios éticos o de sus intereses. Un amplio abanico de respuestas se
perfilan desde las más diversas disciplinas, pero aquí nos ceñiremos a la de la Psicología
preferentemente. Desde la Psicología Profunda, por ejemplo, encontramos sugerentes
reflexiones que concluyen que la causa de la obediencia está en el miedo. Miedo a ejercer la
libertad y miedo a la soledad.
Desde la Psicología Conductista se observa que la obediencia es la conducta más reforzada
desde la más tierna infancia.[3] En cambio, la desobediencia es la más castigada. Se va creando
así, poco a poco, algo similar a un reflejo condicionado hacia la obediencia. Esta situación
resulta muy cómoda para toda autoridad pero disminuye la capacidad de independencia (o
espíritu crítico) del sujeto, quien resulta limitado para su futura vida adulta.
El enfoque de la Psicología Cognitiva pone el acento en las Ideas Irracionales (creencias
erróneas o, al menos, no demostradas) consecuentes al sentimiento de culpa derivado del
continuo castigo.
Todas estas respuestas discurren en el terreno de lo psicológico pero también hay tesis
biologicistas. Estas teorías consideran la obediencia a la autoridad como una predisposición
determinada genéticamente, si bien hay general consenso en cuanto a que siempre, junto a la
herencia biológica, hay participación del aprendizaje en toda conducta. Desde aquel enfoque,
determinista, se alzan algunas voces que proclaman la bondad de la obediencia por considerar
que ha sido favorecida por la selección natural, (dada su utilidad para la preservación de la
especie).
Podría ser interminable la enumeración de interpretaciones o enfoques dirigidos al tema que
nos ocupa, pero debido a la necesidad de ajustarnos a la brevedad exigida para este artículo,
voy a describir a continuación sólo un' experimento científico, impecable desde el punto de
vista metodológico. La investigación fue llevada a cabo por reconocidos psicólogos de una
prestigiosa universidad y tuvo gran repercusión social en el momento en que se realizó, al
desvelar un aspecto del lado oscuro de la naturaleza humana.
Clasificación de la Obediencia
Antes de describir el experimento y exponer las conclusiones de su autor sobre los resultados
obtenidos, voy a exponer a continuación la clasificación de Erich Fromm sobre la Obediencia,
que nos ayudará a matizar y situarnos sobre cuál es el tipo de obediencia al que nos estamos
refiriendo:
Obediencia Heterónoma o Sometimiento: se da con respecto a otra persona y se produce una
renuncia a la propia autonomía.
Obediencia Autónoma o Autoafirmación: resulta cuando se obedece a los dictados de la propia
conciencia. La conciencia, a su vez, puede ser:
- Autoritaria, cuando se creen propias las órdenes emanadas de la autoridad o de Ios principios
morales (lo que en Psicoanálisis se denominaría Super-yo). Esconde miedo al castigo.
- Humanística, cuando es independiente de principios morales o de premio/castigo y surge del
conocimiento interior auténtico.
Esta clasificación nos sitúa en una interesante dialéctica entre Obediencia-Desobediencia
porque la Obediencia Autónoma se afianza a costa de disminuir la Obediencia Heterónoma y
viceversa. Este es el conflicto básico que se va a contemplar en la siguiente investigación.