CONDICIONES DE LA TAREA
Las condiciones de la tarea: incluyen las demandas de carga mental (velocidad, complejidad,
atención, minuciosidad, variedad y apremio de tiempo); el contenido mismo de la tarea que se
define a través del nivel de responsabilidad directo (por bienes, por la seguridad de otros, por
información confidencial, por vida y salud de otros, por dirección y por resultados); las demandas
emocionales (por atención de clientes); especificación de los sistemas de control y definición de
roles.
El contenido de la tarea o del trabajo se experimenta cuando la persona percibe que el trabajo que
desarrolla tiene una utilidad para la organización. Además para dotar de contenido al trabajo o a la
tarea, ésta debe ofrecer al trabajador la posibilidad de desarrollar sus conocimientos o
capacidades. Es decir, el trabajo debe de tener significado para la persona. La posibilidad de tener
un control sobre la ejecución y diseño del trabajo, permita dotar de mayor contenido al mismo.
La excesiva división del trabajo en tareas le resta contenido al mismo y además provoca
monotonía. Estos dos factores de riesgos están muy ligados en ocasiones. Con la división del
trabajo, el trabajador pierde la oportunidad de utilizar su inteligencia y se va convirtiendo en una
serie de movimientos automáticos sin contenido.
Las condiciones de tarea resultan igual en un conjunto de requerimientos mentales, cognitivos o
intelectuales a los que se ve sometido el trabajador a lo largo de su jornada laboral, es decir, nivel
de actividad mental o de esfuerzo intelectual necesario para desarrollar el trabajo.
Factores de carga de trabajo mental
La carga de trabajo mental es un concepto que se utiliza para referirse al conjunto de tensiones
inducidas en una persona por las exigencias del trabajo mental que realiza (procesamiento de
información del entorno a partir de los conocimientos previos, actividad de rememoración, de
razonamiento y búsqueda de soluciones, etc.). Para una persona dada, la relación entre las
exigencias de su trabajo y los recursos mentales de que dispone para hacer frente a tales
exigencias, expresa la carga de trabajo mental.
La carga de trabajo mental remite a tareas que implican fundamentalmente procesos cognitivos,
procesamiento de información y aspectos afectivos; por ejemplo, las tareas que requieren cierta
intensidad y duración de esfuerzo mental de la persona en términos de concentración, atención,
memoria, coordinación de ideas, toma de decisiones, etc. y autocontrol emocional, necesarios
para el buen desempeño del trabajo.
Las capacidades de la persona, referentes a las funciones cognitivas que posibilitan las operaciones
mentales, constituyen sus recursos personales para responder a las demandas del trabajo mental.
Las capacidades de memoria, de razonamiento, de percepción, de atención, de aprendizaje, etc.
son recursos que varían de una persona a otra y que también pueden variar para una persona en
distintos momentos de su vida: pueden fortalecerse, por ejemplo, cuando se adquieren nuevos
conocimientos útiles, cuando se conocen estrategias de respuesta más económicas (en cuanto a
esfuerzo necesario), etc. pero, en circunstancias físicas o psíquicas adversas, pueden deteriorarse
o debilitarse.
En general, en las situaciones de trabajo, son muy diversos los factores que contribuyen a la carga
de trabajo mental y que ejercen presiones sobre la persona que lo desempeña. Estos factores
deben identificarse para cada puesto o situación de trabajo concreta y se pueden agrupar según
procedan:
De las exigencias de la tarea.
De las circunstancias de trabajo (físicas, sociales y de organización).
Del exterior de la organización.
La carga de trabajo mental puede ser inadecuada cuando uno o más de los factores identificados
es desfavorable y la persona no dispone de los mecanismos adecuados para afrontarlos.
Las características individuales influyen en la tensión que provocan en la persona las distintas
presiones que recaen sobre ella. Algunas de estas características individuales son:
El nivel de aspiración, la autoconfianza, la motivación, las actitudes y los estilos de
reacción.
Las capacidades, la cualificación/capacitación, los conocimientos, y la experiencia.
La edad (ver Notas Técnicas de Prevención (NTP) nos 348, 366, 367 y 416), el estado
general, la salud, la constitución física y la nutrición.
El estado real y el nivel inicial de activación.
En resumen, el conjunto de factores procedentes del entorno (condiciones sociales, físicas, de la
organización y de la tarea) ejercen diversas presiones sobre la persona; la activación mental
consecuente a las presiones externas del trabajo se expresa en cierto grado de tensión mental
para dar respuesta a las demandas del trabajo (ver cuadro 1). Esta tensión es variable según las
características individuales y, por la activación que conlleva, puede facilitar la realización de la
tarea; sin embargo, también puede tener efectos perjudiciales en otras ocasiones, por ejemplo:
cuando se alcanzan estados de fatiga mental y estados similares por monotonía, hipovigilancia o
saturación; por último, entre otros efectos posibles, cabe mencionar el efecto de preparación o de
entrenamiento para la tarea.
El desempeño de tareas o actividades muy largas, uniformes o repetitivas puede comportar
somnolencia, disminución de la capacidad de reacción y, en definitiva, un estado de activación
reducida, de lenta evolución, que se traduce en fluctuaciones en el rendimiento, así como en una
desagradable sensación personal de monotonía; ésta, se etiqueta como hipovigilancia si se deriva
de la realización de tareas de vigilancia, especialmente de actividades de detección muy poco
variadas. El estado de saturación mental de la persona se puede presentar en tareas o situaciones
de trabajo repetitivas en las que se tiene la sensación de estancamiento, de que no se avanza nada
o de que no conducen a nada; se caracteriza por inestabilidad nerviosa (desequilibrio), fuerte
rechazo emocional de la situación o tarea repetitiva y otros síntomas adicionales como: cólera o
enojo, disminución del rendimiento y/o sentimientos de fatiga e inclinación a renunciar, a
retirarse. La saturación se diferencia de la sensación de monotonía y de la hipovigilancia porque el
nivel de activación de la persona es invariable o creciente y está asociado a emociones negativas.
A continuación se relacionan algunos ejemplos de cada grupo de fuentes de presión mental según
la ISO 10075:1991.
Exigencias de la tarea
Atención sostenida.
Tratamiento de la información (teniendo en cuenta el número y la calidad de las señales
que se han de detectar, las inferencias que hay que hacer a partir de informaciones
incompletas, las decisiones entre varios modos de acción posibles…).
Responsabilidad (por la salud y seguridad de otras personas, pérdidas de producción…).
Duración y perfil temporal de la actividad (horarios de trabajo, pausas, trabajo a turnos…).
Contenido de la tarea (control, planificación, ejecución, evaluación…).
Peligro (trabajo subterráneo, tráfico, manutención de explosivos...).
Condiciones físicas del entorno
Iluminación (luminancia, contraste, deslumbramientos…).
Condiciones climáticas (calor, humedad, circulación de aire…).
Ruido (nivel sonoro, registro sonoro…).
Clima atmosférico (lluvias, tormentas…).
Olores (agradables, repulsivos…).
Factores sociales y de organización
Tipo de organización (estructura de control y de comunicación).
Clima/Ambiente de la organización (aceptación personal; relaciones entre las personas…).
Factores de grupo (estructura de grupo, cohesión…).
Jerarquía de mando (vigilancia…).
Conflictos (en el seno de un grupo, entre grupos o entre personas).
Contactos sociales (trabajo aislado, relaciones con clientes…).
Otros factores
Exigencias sociales (responsabilidad en relación con la salud y el bienestar públicos).
Normas culturales (sobre las condiciones de trabajo, los valores, las normas aceptables).
Situación económica (mercado laboral)
Bibliografía
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