HNO: William Felipe Lerma
Decreto Ad Gentes Divinitus
Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia
Siendo que nuestra madre la Iglesia, se reviste de una naturaleza de carácter
misionero juzgamos como punto positivo, que el Concilio Vaticano II, en cabeza de
S.S Pablo VI, haya tenido a bien la promulgación del decreto Ad gentes, pues, da
una relevancia importantísima a la razón de ser de la Iglesia, evangelizar.
El deseo de la Iglesia, con el Concilio Vaticano II no es otro que expandir a todas
las naciones la Buena Noticia de salvación y no solo la Iglesia en su estructura
jerárquica, sino que, procura hacer parte de esta misión a todos los fieles, pues la
llamada de Dios a participar de su vida y de su gloria no es para unos cuantos sino
de carácter comunitario.
La misión de la Iglesia puede ser resumida en la siguiente frase: “lo que anunció
nuestro Señor, lo que realizó debe ser proclamado por toda la tierra”, contemplar
la esencia de la Iglesia, ha llevado al Vaticano II a promulgar este decreto, en el
cual se propone una Iglesia que se sienta enviada, esto es, que sienta la
necesidad de estar en movimiento de llevar a las gentes lo que recibió en el envío:
“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden
todas las cosas que os he mandado” (Mt 28 19) Jesús hace el envío a sus
apóstoles y la Iglesia como sucesora de las facultades apostólicas, hace suyo
este envío con todas las exigencias que comporta, sin embargo, esto no puede ser
llevado a buen fin sino es guiado por el Espíritu Santo, así como descendió en
forma de fuego sobre los apóstoles, desciende sobre la Iglesia para despertarle e
invitarla al movimiento, es el Santo Espíritu quien le regala la diversidad de dones
y quien deposita en su interior el aliento misionero.
Según Ad gentes, corresponde a la Iglesia la actividad misionera, por la sencilla
razón, que es voluntad de Dios, aclara también que es una misión única, que
puede ejecutarse de formas variadas dependiendo las circunstancias.
Poniendo todos sus esfuerzos en el anuncio de Jesús y su mensaje, la Iglesia
reconoce que, aún es demasiado grande la tarea en lo que a la misión concierne,
pues, es grande el número de personas que desconocen la propuesta de Cristo.
Los miembros de la Iglesia están obligados a manifestar con el testimonio de sus
vidas, el hombre del cual han sido revestidos con el bautismo, “la Iglesia no hace
proselitismo, crece mucho más por atracción, como Cristo atrae todos a sí por
amor, así la Iglesia” (Benedicto XI misa de aparecida) en nuestros días referirnos a
heraldos del Evangelio, debe ser sinónimo de personas convencidas de Cristo, no
como encontramos en ocasiones, muchas palabras y pocas acciones, solo la
HNO: William Felipe Lerma
convicción profunda de corazón nos lleva a convertirnos en evangelizadores
desde el testimonio de vida.
Un elemento que no se puede pasar por alto de ninguna forma, en el anuncio de la
Palabra de Dios es, a ejemplo de Cristo no ser desconocedores de las culturas en
las que nos encontramos, el buen misionero no violenta ll cultura con el peso del
evangelio, por el contrario, mediante el paulatino descubrimiento del buen Dios en
sus prácticas, las hace más suaves y llevaderas.
Siendo Cristo nuestro referente misionero, el sagrado Concilio, con voz tenor a
lienta a los cristianos a que su presencia en los grupos humanos, se vea animada
por la caridad en todos los ámbitos posibles.
En su condición de misionera la Iglesia como madre, procura anunciar a todos, el
mensaje de salvación, promueve y defiende el derecho y la fe de sus hijos, pero
prohíbe forzar a cualquiera a abrazarla. Considera la santa Iglesia, una necesidad
la dignidad de los enviados, por tal motivo, busca y procura una adecuada
formación para sus misioneros, llámense clérigos, laicos, religiosos etc.
En las Iglesias particulares se resalta una figura específica, la del obispo, debe
esmerarse en ser insigne predicador de la fe y como buen pastor tener
conocimiento profundo de la mentalidad del pueblo que guía. Exhorta el sagrado
Concilio a que se tenga en gran estima los laicos, como un baluarte potencial en la
misión de la Iglesia.
Conclusión
La Iglesia se ha divisado como una madre, y esto le ha permitido reconocer, que lo
que posee no lo posee por mérito propio, en otras palabras, se ha reconocido
como simple administradora, de lo que se le ha confiado al ser enviada, lo anterior
nos permite entender su afán de llevar todos, el mensaje del cual es portadora y
de la misma manera se ha divisado como comunidad y ha buscado involucrar a
todos sus miembros en la ejecución de su tarea.