«ESCRIBE LA VISIÓN»
MISIÓN Y ESCATOLOGÍA EN EL LIBRO DE HABACUC
Alejo Aguilar
Universidad de Navojoa, Sonora, México
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Leer es algo importante, pero entender cómo y para qué fue escrito algo ciertamente
es mucho más importante. Sobre todo si el mensaje escrito proviene de Dios. He aquí un
destacado ejemplo tomado del libro del profeta Habacuc: «Entonces Jehovah me respondió
diciendo: -Escribe la visión y grábala claramente en tablas, para que corra el que las lea.
Aunque por un tiempo la visión tarde en cumplirse, al fin ella hablará y no defraudará.
Aunque tarde, espéralo; pues sin duda vendrá y no tardará» (Hab. 2:2-3).1
Por lo tanto, tomando como base dicho pasaje, el objetivo de este artículo es
subrayar las implicaciones que la visión mencionada en Habacuc 2:2 debiera tener en
nuestro concepto de misión. Para hacerlo se considerarán cuidadosamente las expresiones
1) «escribe la visión», 2) «grábala en tablas» y 3) que «el que la proclame lo haga
corriendo». Hacerlo mostrará cómo es que dichas instrucciones no solo especifican la
forma en la que esta visión debía darse a conocer, sino también resaltan su importancia
tanto para los días de Habacuc, como para quienes vivimos en «el tiempo del fin».
Iniciemos hablando entonces de la importancia que el verbo «escribir» tiene en la Biblia.
La importancia de escribir
El verbo «escribir» (bt;K)' se usa con frecuencia en el AT, 223 veces para ser
exactos. Entre esas numerosas ocasiones, llama la atención el hecho de que la primera vez
1
A menos que se indique otra cosa, todos los textos bíblicos usados en este artículo fueron tomados de
la Biblia Reina Valera Actualizada, revisión de 1989.
que este verbo se utiliza es precisamente para denotar una orden divina semejante a la
registrada en Habacuc: «Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro…»
(Ex. 17:14); mientras que, en la tercera vez que este verbo se emplea, Dios mismo es quien
aparece escribiendo: «Entonces Jehovah dijo a Moisés: -Sube a mí, al monte, y espera allí.
Yo te daré las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para
enseñarles» (Ex. 24:12).
Por lo tanto, aunque obviamente no es su única característica, «escribir» en el AT
tiene mucho que ver con Dios, específicamente con el registro de sus mensajes.2 De ahí que
la Biblia también especifique que Moisés escribió el libro del Pacto (Ex. 24:4), las palabras
que Dios pronunció en el monte Sinaí (Ex. 34:27), así como todas las «palabras de la Ley»
(Deut. 31:9, 24).
Tomando en cuenta esto, que al profeta Habacuc se le ordene que escriba no puede
ser algo casual, sino algo, hasta cierto punto, normal. Pero, ¿qué podía ser tan importante
como para que se le ordenara al profeta registrarlo específicamente en unas «tablas»? (Hab.
2:2). Siendo que saberlo es fundamental para el propósito de este estudio, tomemos unos
momentos para considerar qué fue lo que Dios le pidió a Habacuc que escribiera.
«Escribe la visión»: Lo que Habacuc escribió
Aunque la Biblia no habla mucho acerca de la vida del profeta Habacuc, gracias al
breve libro que él escribió hace 2600 años, es posible darse cuenta que una de sus mayores
preocupaciones tenía que ver con la condición moral de la sociedad en la que vivía.
Dejando ver el sufrimiento que la maldad, la injusticia y la violencia reinante en sus días le
provocaban, la reacción de Habacuc no tardó en presentarse: «¿Hasta cuándo, oh Jehovah,
2
Esto es notorio especialmente en los libros de Éxodo, Deuteronomio y Jeremías.
2
clamaré, y no oirás? ¿Hasta cuándo daré voces a ti diciendo: "¡Violencia!", sin que tú
libres? ¿Por qué me muestras la iniquidad y me haces ver la aflicción?» (Hab. 1:2-3).3
La respuesta de Dios no se hizo esperar, pero cuánto distaba ella de lo que el profeta
deseaba oír: «Habacuc –podría parafrasearse la respuesta divina-, necesitas saber que, lejos
de que las circunstancias mejoren, lo que se avecina es una gran calamidad. Permitiré que
los babilonios, los más acérrimos enemigos de tu pueblo los ataquen, dejando a su paso una
gran estela de miseria y destrucción» (véase Hab. 1:5-11).
El profeta, sin embargo, parece no entender cómo es que un Dios tan sabio y
amoroso permitiría que justos, incluso niños, sufrieran dicho ataque. Razón por la que
insiste en buscar una explicación por parte de Dios y decide esperar, todo el tiempo que sea
necesario, a fin de obtenerla: «En mi guardia estaré de pie y sobre la fortaleza estaré firme.
Vigilaré para ver qué dirá y qué tiene que responder a mi queja» (Hab. 2:1).
Y pese a parecer que una actitud tan pertinaz como esta raya en la insolencia, el
Señor no censura al profeta, ni lo condena; por el contrario, lo escucha y le permite
desahogarse. En efecto, ¡Dios comprende su desesperación! Y, de hecho, eso es lo que
evidencia su segunda respuesta al profeta que, pese a referirse a una demora,
indudablemente fue de lo más oportuna: «Pues la visión se realizará en el tiempo
señalado... y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta
vendrá. El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe» (Hab. 2:3, 4, NVI).
Dicho de otra forma: «Habacuc, hijo mío, si hay alguien que conoce el mal proceder
del ser humano, incluido el de aquellos que profesan conocerme y amarme, ese soy yo. Por
3
Tal es el marco en el cual Habacuc clama y cuestiona a Dios, de una forma que tiene considerables
antecedentes: «¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré y no escucharás...?» (1:2). Compare el uso de esta
expresión en Daniel 8:12; Apocalipsis 6:10 y, especialmente, en Job 19:7, versículo que también tiene que ver
con la justificación de los caminos de Dios ante los seres humanos.
3
lo tanto, ten la seguridad de que la retribución y el fin de todas las injusticias y males de
este planeta también están en mis manos. Tan sólo recuerda que el justo ha de vivir siempre
por la fe».
Palabras que le hicieron comprender al profeta que, pese al apogeo de los impíos y
al incremento de la maldad, el Señor deseaba que él y su pueblo esperaran el cumplimiento
de esta visión con fidelidad, esto es, viviendo fielmente. Idea inmersa en la palabra hebrea
hn"Wma/, y que ciertamente es una mejor traducción que la palabra «fe».4 Sí, espera y
fidelidad por parte de los hijos de Dios. Acerca de eso es que Habacuc escribió.5 Pasemos
ahora a analizar la forma en la que Habacuc lo escribió.
«Escríbela en tablas»: La forma en la que Habacuc escribió
Siendo que notar la forma en la que algo se escribe en la Biblia a menudo es tan
importante como lo que está escrito en ella, prestar atención a la manera en la que el Señor
le ordenó a Habacuc que registrara su segunda respuesta es muy instructivo: «Entonces
Jehovah me respondió diciendo: -Escribe la visión y grábala claramente en tablas, para que
corra el que las lea» (Hab. 2:2).
El hecho de que la respuesta divina se dé a través de una visión implica, en primera
instancia, que el alcance de la misma rebasa el ámbito del profeta. Pese a que, como en este
caso, Dios pareciera dirigirse únicamente a Habacuc, su proceder en las Escrituras indica
que, cuando el Señor se comunica mediante una visión, normalmente lo hace para
4
La palabra hn"Wma proviene de la raíz hebrea !m;a', cuyo significado es sustentar, permanecer firme, de
ahí que derive en la idea de certeza y, en consecuencia, en la acción de ser leal o fiel. Véase R. W. L.
Moberly, «!m;a'», The New International Dictionary of Old Testament Theology and Exegesis (Grand Rapids,
Zondervan Publishing House, 1997), 1:429-433; Jack Scott, «!m;a'», Theological Wordbook of the Old
Testament (Chicago, Moody Press, 1980), 1: 51-53.
5
Para más al respecto, véase Alejo Aguilar, «Justicia e impiedad en el libro de Habacuc» (tesis de
licenciatura en teología, Universidad de Montemorelos, Nuevo León, México, 1994).
4
transmitir un mensaje a todo el pueblo, o al menos a alguien diferente al mismo profeta.
Proceder que, aunado a la naturaleza y el contenido de esta visión, también parece ser el
caso: «He aquí, aquel cuya alma no es recta dentro de sí está envanecido, pero el justo por
su fe vivirá. Y aunque el traidor se enriquezca, no prosperará el hombre arrogante.
Ensanchará su garganta como el Seol; será como la muerte y no se saciará» (Hab. 2:4, 5).
Señalando un agudo contraste entre el justo y el orgulloso impío, el contenido de
esta visión, aunque breve,6 viene a ser la respuesta divina a los puntuales cuestionamientos
hechos por el profeta en el primer capítulo de su libro. Una visión que, dada su importancia,
debía escribirse para beneficio también de las futuras generaciones.
Por lo tanto, notar las instrucciones específicas de escribir la visión y de «grabarla
claramente en tablas» es algo que definitivamente subraya la importancia de esta. Sobre
todo al tomar en cuenta que el verbo «grabar» (ra;B)' solo se usa en otras dos ocasiones en el
AT (Deut. 1:5; 27:8). Ocasiones que, además de relacionar esta acción con la Ley en el
marco del Pacto, muestran que el sentido de esta no es solo escribir algo, sino explicar o
hacer claro lo que se escribe.7 Acción que cuadra bien con la hora crucial en la que se dio
este mensaje, pero también con la importancia que este debía tener para todo aquel que lo
conociera.
6
Estrictamente hablando, la visión abarca solo los versículos 2-5, siendo el resto del capítulo 2 (vers.
6-20) la narración de los efectos y consecuencias de la misma. El versículo 5, sin embargo, podría a su vez ser
una especie de transición o puente que une ambas partes, tal como lo demuestra G. Michael O’Neal,
Interpreting Habakkuk as Scripture : An Application of the Canonical Approach of Brevard S. Childs (New
York: Peter Lang, 2007), 103.
7
Jack Lewis, «ra;B'», Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago, Moody Press, 1980),
1:87. De hecho, de acuerdo a Philip E. Satterthwaite (New International Dictionary of Old Testament
Theology and Exegesis, 1:578), las dos ocasiones que este verbo se usa en Deuteronomio tienen la intención
de subrayar la responsabilidad que los israelitas tenían de obedecer la ley de Dios (cf. Deut 4:5-8; 11:26-32;
30:11-16; etc.)
5
De ahí que, tan singular instrucción, aluda intencionalmente a otra inscripción muy
importante, a saber, el decálogo: «Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el
monte Sinaí, dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios» (Ex.
31:18, énfasis añadido; cf. 32:15,16; Deut. 9:10).8
Por lo tanto, «escribir» en tablas, tanto en Habacuc como en Éxodo, es algo que
destaca la permanencia de las palabras de Dios así registradas. Pero, aunque, durables y
resistentes, las tablas (específicamente las de piedra), no eran el material más fácil de usar
en los tiempos bíblicos, ni tampoco el material de escritura más común. Por ello, el
esfuerzo requerido para prepararlas debía corresponder con la importancia de su contenido.
De ahí que normalmente fueran los reyes y gobernantes quienes mandaban registrar sus
palabras en este tipo de material.9
Escritas por Dios, o como en el caso de Habacuc, ordenado por él mismo, que algo
se haya escrito en tablas recalca entonces que el ser más importante del universo tenía algo
que decirle a su pueblo y que, para hacerlo, no solo buscó la manera de que su mensaje
llegara seguro a sus lectores, sino que también perdurara a través del tiempo.
Por ello, sabiendo que incluso Dios le ordenó a Israel que escribiera «claramente»
(i.e. «grabara») todas las palabras de la ley sobre las piedras de un altar (véase Deut. 27:8),
que a Habacuc también se le pida escribir sobre un material específico es algo muy
8
«Tablas» es el plural con el que se traduce la palabra hebrea x;Wl, la cual aparece 43 veces en el AT.
Aunque se usa para referirse a la madera con la cual se construyó parte del mobiliario del santuario (Ex. 27:8;
38:7; 1 Re. 7:36), y unas pocas veces el sentido que se le da es metafórico (Prov. 3:3; 7:3), la gran mayoría de
las veces este término, tal como se ve especialmente en Éxodo y en Deuteronomio, se refiere a las tablas de
piedra» (~ynIb'a] txolu), donde Dios escribió su ley (Deut. 4:13; Ex. 34:1; cf. 31:18; 32:15), las cuales fueron
puestas dentro del arca del pacto (Deut. 10:4).
9
John H. Walton, Victor H. Matthews, and Mark W. Chavalas, The IVP Bible Background
Commentary: Old Testament (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 2000), 105, 115. Aunque no puede probarse
que Dios le haya pedido a Habacuc escribir en tablas de piedra, el tipo de mensaje que recibió bien habría
ameritado el uso de dicho material, en evidente consonancia con las costumbres de sus días.
6
significativo. Y es que, pese a no ser evidente en la traducción de este versículo, el uso del
artículo definido en Habacuc 2:2 aclara que la indicación divina no era simplemente que el
profeta escribiera su mensaje en unas tablas, sino que lo grabara en las tablas.
Pero, si como ya hemos notado, la visión propiamente constaba de unos cuantos
versículos, ¿por qué el profeta debía usar más de una tabla –«las tablas»- para registrarla?
Esto no tendría mucho sentido, a menos que la intención divina fuera aludir
específicamente a las tablas del Pacto escritas en el monte Sinaí (2 Crón. 5:10; Ex. 24:12;
31:18; 32:15; 34:1; 34:28; Deut. 10:2, etc.), asociando así la importancia de esta visión con
la de la misma Ley de Dios. Algo que es resaltado por el hecho de que, aparte de Habacuc
2:2, la expresión «las tablas» (tAxêLuh;) solo aparece otras dos veces en el AT: como el
nombre de un lugar (Jer. 48:5), pero también para referirse específicamente a las tablas
depositadas dentro del arca del pacto (2 Crón. 5:10).
Asimismo, esta relación es reforzada por el hecho de que, en la tradición judía, se
considera que las 613 leyes del Pentateuco se hallan sintetizadas en un solo versículo, a
saber, Habacuc 2:4.10
Sin perder de vista tan notable relación entre ambas «tablas», consideremos ahora la
forma en la que este mensaje había de darse a conocer.
«Que corra el que lo lea»: cómo debía proclamarse el mensaje
Escribir esta visión en tablas obedecía a una razón práctica también. Registrarla en
este tipo de material contribuiría a conservarla en mejor estado, ya que el mensajero debía
10
Véase Hermann L. Strack and Paul Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und
Midrasch (München: C. H. Beck'sche Verlagsbuchhandlung, 1926), I: 907; III: 542.
7
proclamar su contenido corriendo (Hab. 2:2).11 Y es que, pese a existir un debate entre los
comentaristas en torno a la traducción correcta de la declaración «para que corra el que las
lea» (Hab. 2:2), mi propio análisis del texto me hace diferir de quienes la consideran como
la forma en que reaccionarían los que leyeran el contenido de las tablas o como la facilidad
con la que podrían leerlo. He aquí mi propia traducción de la frase en cuestión, la cual
resalta, más bien, la rapidez con la que debía darse a conocer dicho contenido:12 «Escribe la
visión y regístrala claramente en las tablas, a fin de que corra el que proclame con13 ella».14
Traducir «proclamar» en vez de «leer» obedece a dos razones: este es uno de los
sentidos básicos del verbo ar'q ',15 y además es el sentido que se le da consistentemente en
todo el AT, especialmente en los profetas pre-exílicos (Joel 1:14; Is. 40:3; Jer. 2:2; Miq.
6:9, etc.) Traducción que, además, es congruente con el hecho de que la misión de los
profetas no consistía solamente en leer un mensaje, sino que también incluía el proclamarlo
11
Victor H. Matthews, «Habakkuk», Zondervan Illustrated Bible Backgrounds Commentary (ed. John
Walton; Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 2009), 5:170.
12
Aun si el énfasis de la declaración estuviera en el efecto que el mensaje había de tener en sus
lectores, es evidente que el papel del mensajero es indispensable a fin de que dicha reacción pueda darse. Para
un resumen de las diversas posturas al respecto, véase Richard D. Patterson, Nahum, Habakkuk, Zephaniah:
An Exegetical Commentary (Biblical Studies Press, 2013), 159-161 y Ralph L. Smith, Micah-Malachi, Word
Biblical Commentary 32: (Dallas, Texas: Word Books, Publisher, 1998), 106-107.
13
Como es sabido, la preposición B. puede traducirse como «con», «en» o «por». Dado el contexto
inmediato de este pasaje, las últimas dos parecen ser la mejor opción, sugiriendo así que la proclamación debe
basarse en la visión, o bien, llevarla a cabo por medio de ella. Tal sería el caso también de la conocida
expresión «por la fe» en Habacuc 2:4.
14
En hebreo, la palabra «visión» (!Azx') y la expresión «en ella» (Ab) se encuentran en masculino
singular. Sin embargo, dado que en español la palabra «visión» es de género femenino, la traducción entonces
obedece a dicha razón.
15
Louis Jonker, «ar'q '», New International Dictionary of Old Testament Theology and Exegesis,
3:971. La traducción «leer» se utiliza esencialmente en el libro de Nehemías (8:3, 8, 18; 9:3; 13:1). Lectura
que, sin embargo, también implica una proclamación en público, más que una lectura de naturaleza
individual.
8
con urgencia.16 De ahí que la Biblia presente en varias ocasiones a los profetas «corriendo»,
a fin de cumplir dicho cometido (Jer. 23:21; 2 Re. 4:26; Zac. 2:4; cf. Jer 36:4-6).
De esta forma, al tomar en cuenta los alcances de su contenido, así como el material
en el que debía registrarse, llega a ser evidente que proclamar este mensaje no representaba
la tarea de un solo individuo, sino la de muchos que, durante el tiempo que fuera necesario,
habían de cumplir con tan importante labor. Algo similar a lo que puede verse en las
instrucciones que Dios le dio a Isaías respecto a una visión semejante: «Ahora ven y escribe
esta visión en una tablilla, delante de ellos. Grábala en un libro para que se conserve como
testimonio perpetuo hasta el día final» (Is. 30:8).
Efectivamente, prestar atención a la forma en la que el Señor le ordenó a Habacuc
que registrara su respuesta es muy instructivo, pero notar las implicaciones escatológicas de
lo que escribió debe serlo aún más.
La importancia de «esperar» y la escatología
Esperar casi nunca es agradable, pero el hecho de que Habacuc decida hacerlo (2:1),
y, posteriormente, también se le ordene hacerlo (2:3) nos enseña algo importante.17 Que
Habacuc esté dispuesto a esperar denota una actitud tanto de humildad como de esperanza y
es un gran ejemplo para el pueblo de Dios de todos los tiempos. De hecho, ejemplos como
los de Moisés (Ex. 33:21-23), Elías (1 Re. 19:11) e Isaías (Is. 21:6-8), demuestran que
esperar a Dios en circunstancias semejantes, no solo es necesario y útil, sino también algo
16
El uso del verbo «proclamar» (ar'q ') viene a ser una evidencia más de la relación que hay entre las
tablas mencionadas en Habacuc y las del Pentateuco, ya que fue Dios quien «proclamó» su Nombre al
momento de entregarle dichas tablas a Moisés (Ex. 34:4-6). Algo que podría tener implicaciones en la forma
específica en la que Dios esperaba se proclamara el mensaje dado a Habacuc también.
17
El verbo «esperar» (hk'x') no solo aparece en modo imperativo, sino también en su forma intensiva,
denotando así un tipo de espera peculiar y, por lo tanto, una actitud muy específica, tal como se verá más
adelante.
9
relativamente común en el AT. Por ello es que el profeta decide esperar atentamente a
conocer la revelación de Dios, no solo por su propio interés, sino en beneficio de toda su
nación que, en ese momento tan crítico de su historia, sin duda debía atender el mensaje
que Dios le daría a través de su siervo.18
Pero esperar el cumplimiento de esta visión, además de ser significativo por su
parecido con la experiencia de otros personajes bíblicos, también lo es debido a la propia
naturaleza escatológica de la misma: «Aunque por un tiempo la visión tarde en cumplirse,
al fin ella hablará y no defraudará. Aunque tarde, espéralo; pues sin duda vendrá y no
tardará» (2:3).
Siendo que es Dios quien menciona que el cumplimiento de la visión podría
demorarse, es claro entonces que el desenlace de esta rebasaría los días del profeta, una
razón más por la que la visión debía ser escrita. Pero, ¿cuánto tiempo transcurriría entre los
días del profeta y el cumplimiento de esta visión? Que el Señor no lo especifique nos
recuerda que, a menudo, cuando él promete algo, espera que la confianza del creyente no
esté en conocer una fecha, sino en la certeza de su Palabra, en la forma en la que se vive
mientras se espera el cumplimiento de dicha promesa (véase, por ejemplo, Mat. 24:34-
25:46).
Esto es respaldado e ilustrado por el hecho de que la expresión, «por un tiempo»
(d[eAMl;), es exactamente la misma que se utiliza en Génesis 18:14, cuando Dios promete
algo muy especial a Abrahán: «¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado
18
Si bien el libro en cuestión es básicamente el resultado de un diálogo entre Habacuc y Dios, no
puede ignorarse el hecho de que, en la persona del profeta, se encuentra representado el clamor e
incertidumbre de todo su pueblo. Por esa razón, Habacuc se convierte, en el capítulo 3 de su libro, en un
ejemplo viviente de lo que significa que el justo viva por la fe (fidelidad) y, por lo tanto, en la demostración
plausible del ideal que Dios espera del estilo de vida de su pueblo.
10
volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo». Dadas las peculiares
circunstancias en las que Abrahán recibió esta promesa, esperar tampoco fue fácil para él
(Gén. 16).19 Sin embargo, confiar en que ciertamente Dios cumpliría su Palabra le llevó a
mirar más allá y, pese a sonarle ilógico y difícil, esperar el tiempo que fue necesario.
De manera similar, pese a la condición de su pueblo y a la devastación que se
aproximaba, Habacuc debía entender que Dios cumpliría su Palabra. Por cuanto en el reloj
divino siempre es claro cuándo deben pasar las cosas, ni la edad de Sara, ni el exilio
babilónico, ni ninguna otra cosa puede evitar que los planes divinos se cumplan. En efecto,
«Aunque por un tiempo la visión tarde en cumplirse, al fin ella hablará y no defraudará…»
(Hab. 2:3).
Pero, ¿a qué «fin» se refiere Dios en este punto? Considerando que la expresión «al
tiempo señalado» (d[eAMl) también se utiliza varias veces en las profecías de Daniel (11:27,
29, 35; 12:7) y que esta, al igual que en Habacuc, se asocia con el destacado término
apocalíptico «fin» (#Qe, Dan. 8:19; 11:27, 35), es evidente que el momento cuando esta
visión ha de cumplirse no puede ser un desenlace cualquiera, sino que debe referirse al
momento cuando finalmente se cumplirán los propósitos redentores de Dios para su pueblo,
esto es, al fin del tiempo, cuando todos hayan escuchado a los mensajeros que, presurosos,
terminarán de proclamar el mensaje divino.20
19
Relacionar la espera de Abrahán con la de Habacuc es algo que la misma inspiración bíblica hizo a
través del apóstol Pablo quien, al interpretarlas, asoció el tema de la fe y la justicia con el de la simiente (Gál.
3:6-29), es decir, con la espera de aquel «que ha de venir» (Heb. 10:35-39).
20
Para el profeta Daniel, contemporáneo de Habacuc, es claro que las expresiones «al tiempo
señalado» y el «fin» poseen un sentido escatológico (lea Dan 8:17,19; 11:35, 40; 12:9). Algo que en el libro
de Habacuc también parece evidente, sobre todo al considerar las implicaciones y el sentido que el resto de la
Biblia atribuye al ataque babilónico que la nación judía estaba por experimentar. Para un estudio exhaustivo
del término “fin” y su relación con la escatología del AT, véase Gerhard Pfandl, The Time of the End in the
Book of Daniel (Berrien Springs, Michigan: Adventist Theological Society Publications, 1992), 213-272.
11
Tan gloriosa expectativa crece aún más al notar la forma en la que el apóstol Pablo,
siglos después, comprendió este versículo: «porque: Aún un poco, en un poco más el que
ha de venir vendrá y no tardará» (Heb. 10:37, énfasis añadido).
Que Pablo se refiera a la tardanza de una persona y no a la demora de la visión
parecería en primera instancia una enmienda caprichosa de este versículo por parte del
apóstol. Sin embargo, la razón de este cambio obedece, en primer lugar, a que Pablo tomó
este versículo de la LXX.21 A su vez, la razón de este rendimiento en dicha traducción
griega, pese a diferir aparentemente del texto hebreo, obedece principalmente a dos
razones: una gramatical y una teológica.
Mientras que la palabra «visión» en español es de género femenino, esta palabra en
hebreo es de género masculino. Por lo tanto, que los traductores de la LXX hayan optado
por «el que ha de venir», gramaticalmente hablando, no contradice el texto original. No
obstante, en griego, la palabra «visión» sí es femenina, lo cual nuevamente podría
confundirnos, a menos que consideremos la segunda razón de esta diferencia en el texto, la
razón teológica. Al respecto, saber que «la interpretación de la Septuaginta de este pasaje es
esencialmente mesiánica»,22 así como notar que el apóstol Pablo relaciona la visión de
Habacuc con las promesas divinas hechas a Abrahán resulta sumamente esclarecedor.
Hacerlo es la clave para entender que ambos pasajes están unidos por un elemento en
común: la espera de alguien: «Y he aquí que la palabra de Jehovah vino a él diciendo: -No
será éste el que te herede, sino que alguien que salga de tus entrañas será el que te herede…
21
F. F. Bruce, The Epistle to the Hebrews, New International Commentary (Grand Rapids: Wm. B.
Eerdmans Publishing Company, 1990), 272-274.
22
Bruce, 273.
12
Él creyó a Jehovah, y le fue contado por justicia» (Gén. 15:4, 6; cf. Gál. 3:6).23
Por lo tanto, esperar la llegada de una persona como el cumplimiento de una
promesa de Dios nuevamente es congruente con su proceder en las Escrituras. Lo ha sido
desde aquel día cuando dijo a la serpiente lo siguiente: «Y pondré enemistad entre ti y la
mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el
calcañar» (Gén. 3:15; La Biblia de las Américas).
¿Resulta ahora más claro el porqué del cambio efectuado por Pablo en Hebreos?
Quien ha de venir como cumplimiento de esta visión, en este caso al fin de los tiempos, es
Cristo, el único capaz de completar y cumplir plenamente las promesas contenidas en el
plan de la salvación: «porque: Aún un poco, en un poco más el que ha de venir vendrá y no
tardará» (Heb. 10:37).24
Sin embargo, semejante entendimiento basado en la persona del Mesías no se
sostiene únicamente por la traducción de Habacuc 2:3 en la LXX. Esta personificación de
la expectativa mesiánica puede verse también en las expresiones «el que viene» y «aquel
que ha de venir» (o` evrco,menoj) usadas en varios pasajes del NT (Mat. 11:3; 21:9; 23:39;
Mar. 11:9; Luc. 7:19; 13:35; 19:38; Juan 6:14; 12:13; Apoc. 1:8) e incluso en la
interpretación de Habacuc hecha por los rabinos judíos.25
23
Resulta interesante notar que Cristo mismo usó en su sermón profético otra idea relacionada con el
nacimiento de un niño («dolores de parto») para referirse a los acontecimientos que presenciarían quienes
esperaran su venida (Mat. 24:8; Mar.13:8).
24
Ya que en sus días la exhortación a esperar también tenía sentido debido a que las promesas divinas
no habían terminado de cumplirse, el apóstol Pablo agrega al texto de Habacuc una frase tomada de Isaías
26:20, la cual destaca la brevedad de tiempo que antecederá a la venida del Señor y la ejecución de sus
juicios: «Aún un poco, en un poco más…» (Heb. 10:37).
25
Sanhedrin, 97b. Para más al respecto, véase Palmer O. Robertson, «The Justified (by faith) shall live
by his steadfast trust, Habakkuk 2:4», Presbyterion, 9/1-2 Spring-Fall 1983: 59, 60 y el comentario a Hebreos
10:37 de Leon Morris, en el Expositor’s Bible Commentary: Hebrews-Revelation (Grand Rapids: Zondervan,
2006).
13
Estando todo esto en juego, la visión de Habacuc debía darle plena seguridad tanto a
él como a su pueblo de que, sin importar el tiempo que mediara hasta su cumplimiento,
Dios se encontraría finalmente con ellos en la persona del mesías.26 Algo que ameritaría,
por supuesto, de toda la espera y perseverancia de la que fueran capaces Habacuc y su
pueblo, pero que indudablemente también tiene que ver con nosotros y con la misión que
se nos ha encomendado.
La «espera», la misión y la escatología
El mensaje registrado por Habacuc en aquellas tablas debía ser tan claro que todo el
que lo viera y escuchara debía entenderlo sin dificultad. Tan importante mensaje no podía
ser presentado de otra forma. Su contenido y sus alcances así lo requerían. Cuán importante
es que nosotros también entendamos entonces el contenido de la visión registrada por el
profeta Habacuc. Vital, diría yo, porque ciertamente esta tiene que ver, como se ha
mencionado, con los planes de Dios que han de culminar con la segunda venida de nuestro
Salvador.
Por lo tanto, vincular el mensaje de Habacuc con nuestra misión como iglesia no
obedece a una mera asociación temática, ni mucho menos a una tradición heredada por los
pioneros de la iglesia. Dicha relación, desde mi perspectiva, haya sustento más bien en los
estrechos paralelismos lingüísticos, teológicos e incluso estructurales que hay entre
26
Sobre la interpretación de las profecías del AT concernientes al reino venidero y en el marco de sus
tres fases de cumplimiento escatológico, véase Richard M. Davidson, «Interpreting Old Testament
Prophecy», en Understanding Scripture: An Adventist Approach (Silver Spring, Maryland: Biblical Research
Institute, 2005), 183-204; asimismo será de utilidad la obra de Donald E. Gowan, Eschatology in the Old
Testament (London: T&T Clark, 2000).
14
Habacuc 2 y la cuarta visión del libro de Apocalipsis (Apoc. 11:19-15:4).27 Pasajes que, por
ejemplo, muestran tener en común los siguientes elementos: 1) la alusión a las tablas de la
ley en el marco del santuario y del juicio (Apoc. 11:19; 12:17; 14:12; cf. Hab. 2:20),28 2) la
importancia de la fidelidad al pacto (Apoc. 14:6, 7; cf. Hab. 1:2-12),29 la centralidad de la
proclamación de un mensaje escatológico previo a la aparición de «alguien que vendrá»
(Apoc. 14:6-20; cf. Hab. 2:3; Heb. 10:37, 38)30 y un énfasis en la fe de aquellos que dan a
conocer dicho mensaje (Apoc. 14:12, 13; cf. Hab. 2:4).31
Por ello, tomando en cuenta esta relación entre Habacuc y Apocalipsis
(especialmente el capítulo 14), es evidente que nuestra responsabilidad también consiste en
poder explicar con claridad a otros lo que esta visión implica. Por esa razón, tal como se le
27
Se sigue aquí la propuesta de varios eruditos adventistas que dividen el libro de Apocalipsis en siete
visiones (por ejemplo, Jon Paulien, The Deep Things of God: An Insider’s Guide to the Book of Revelation
(Hagerstown, Maryland: Review & Herald, 2004), 147-152. Siendo que analizar dichos paralelismos es algo
que rebasa los límites de este artículo, la demostración detallada de la validez de estos deberá ser dejada para
otro momento.
28
Sobre la relación entre las tablas de la ley, el santuario y el desarrollo de la misión y teología
adventista, véase Alberto R. Timm, The Sanctuary and the Three Angels’ Messages: Integrating Factors in
the Development of Seventh-day Adventist Doctrines, ATS Dissertation Series 5 (Berrien Springs, Mich.:
Adventist Theological Society Publications), 2002. Acerca de la relacion especifica entre Apocalipsis 14:6-12
y los diez mandamientos, vease William H. Shea, «The Controversy Over the Commandments In the Central
Chiasm of Revelation », Journal of the Adventist Theological Society, 11/1-2 (2000): 216-231; Idem.,
«Literary and Theological Parallels Between Revelation 14-15 and Exodus 19-24», Journal of the Adventist
Theological Society, 12/2 (Autumn 2001): 164-179 y Jon Paulien, «Revisiting the Sabbath in the Book of
Revelation», Journal of the Adventist Theological Society, 9/1-2 (1998): 179-186.
29
Especialmente en el marco del día de la expiación, ya que dicha fidelidad era esencialmente lo que
se revisaba y, por ende, decidía el destino de los miembros del pueblo de Dios, asegurándoles asimismo la
presencia divina entre ellos. Al respecto, véase Roy Gane, «Judgment as Covenant Review», Journal of
Adventist Theological Society, 8/1-2 (1997): 181-194. De ahí que resulte muy interesante la mención que
Elena G. White hace respecto a la aparición en el cielo de las tablas de la ley, justo antes de la segunda venida
de Cristo (véase El conflicto de los siglos (Miami: APIA, 2007), 622.
30
«Debemos apreciar y cultivar la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que
echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el tiempo y de la manera que él
señaló. La segura palabra profética tendrá su cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores. . . Con el profeta que procuró alentar a Judá en
un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con confianza: "Jehová está en su santo templo: calle
delante de él toda la tierra". Recordemos siempre el mensaje animador: "Aunque la visión tardará aún por
tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: Aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá"…» (Elena G.
White, Profetas y Reyes [Miami: APIA, 1957], 286).
31
Asimismo podría añadirse el contraste entre los 144 mil (Apoc. 14:1-5) y los impíos de los días de
Habacuc (Hab. 1:2-17).
15
dijo a Habacuc, quienes hayamos de proclamar este mensaje debemos hacerlo con claridad
y sin demora. De ello depende que muchos más sepan que «el que ha de venir vendrá»
(Heb. 10:37).
¿Tenemos aún la certeza de que Cristo volverá? ¿Sabemos en realidad el porqué de
su aparente demora? ¿Podemos explicarlo a quienes nos rodean de tal forma que nuestra
respuesta los lleve a tomar la decisión de prepararse para encontrarse con él?
No, no se trata de conocer todas las respuestas acerca de cómo y cuándo regresará
Cristo por nosotros, pero sí de estar seguros, de estar convencidos que Aquel que prometió
hacerlo es la mejor y única respuesta a todas nuestras dudas e inquietudes. Por eso
escuchémoslo decir: «el justo vivirá por la fe» (2:4), o mejor dicho, «vivirá fielmente».
Escuchémoslo y experimentémoslo, porque siendo la parte primordial de la visión, esta
declaración demuestra en esencia la actitud que Cristo anhela que asumamos mientras
esperamos su regreso. En efecto, pese al apogeo de los impíos, pese al incremento de la
maldad y por cuanto en nuestros días el fin parece inminente, el Señor espera de nosotros lo
mismo que siempre ha esperado de sus hijos, que vivamos con fidelidad, idea que, como ya
se ha notado, es una mejor forma de traducir la palabra hn"Wma, y que ciertamente es mucho
más profunda que la palabra «fe».
Por cuanto el libro de Habacuc nos dice que Dios es justo y siempre fiel a sus
promesas, sus hijos han de serlo también. De este modo, siendo que la justicia y la vida son
dones recibidos por la fe,32 lo que nos depara el futuro no debiera atemorizarnos ya que, sin
32
Esto refuerza el hecho de que la fuente de la verdadera justicia, así como de nuestra vida, no procede
de nuestro interior, sino de Dios mismo. Verdad que es ilustrada claramente en la experiencia de Abrahán
registrada en Génesis 15:6. La deliberada alusión que el profeta Habacuc hace aquí de tan especial momento
de la historia de Abrahán es otra clave para entender el significado y reitera la relación existente entre ambos
pasajes.
16
importar las devastaciones venideras, Dios cuidará tanto la vida como el destino eterno de
sus hijos.
Sí, el que ha sido justificado vivirá y lo hará fielmente, porque el estilo de vida del
hijo de Dios no se altera ni por la prosperidad, ni por la adversidad. ¿Por qué? Porque el
cristiano está convencido de que Dios tiene el control de la historia y, ante todo, el control
de su propia vida. Por ello, a pesar de que el regreso de Cristo, nuestra «bienaventurada
esperanza» (Tito 2:13), implica necesariamente una espera, nuestra confianza en él no ha de
menguar ni fluctuar, ya que el Dios de Habacuc también es el Dios fiel al Pacto. De ahí
que, apropiándonos de sus promesas, podamos decir como el profeta: «Aunque la higuera
no florezca ni en las vides haya fruto… con todo, yo me alegraré en Jehovah y me gozaré
en el Dios de mi salvación» (Hab. 3:17, 18).33
Esa es la razón por la que se le dijo al profeta que semejante promesa no
«defraudaría» a quienes esperamos su glorioso cumplimiento (Hab. 2:3). Aunque las
circunstancias pudieran ser contrarias al mensaje de la visión, las palabras de Dios
ciertamente se cumplirán, como siempre ha sucedido (Núm. 23:19; 1 Sam. 15:29).
Por otra parte, dada la inminencia del regreso de Cristo, «esperar» es un imperativo
divino que también tiene un propósito salvífico, ya que hacerlo nos obliga a estar siempre
atentos al cumplimiento de su promesa y vivir de acuerdo a lo que esto implica. ¿Se ha
33
El capítulo 3 es una oración o salmo que registra el resultado que produjo en la experiencia
espiritual de Habacuc el diálogo que este sostuvo con Dios. De hecho, este último capítulo también puede
percibirse como un diálogo entre el Señor y el profeta, un diálogo que presenta a Dios «hablando» por medio
de la promesa de una intervención poderosa, y al profeta «dialogando» con él a lo largo de dicha intervención.
Para más al respecto, véase Alejo Aguilar, «Implicaciones escatológicas de la fe», Ministerio adventista,
Enero-febrero 2002, 12-13. De ahí que John J. Collins (Introduction to the Hebrew Bible [Minneapolis:
Fortress Press, 2004], 333) tiene cierta razón al considerar que el capítulo 3 de Habacuc es propiamente el
contenido de la visión, pero presentada en un formato distinto al que tradicionalmente tiene una visión. Cabe
mencionar que Elena G. White, al citar Habacuc 3:3-13, escribió lo siguiente: «Habacuc también, arrobado en
santa visión, vio la venida de Cristo» (El conflicto de los siglos, 346).
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tardado el Señor en regresar? Desde hace mucho hay quienes así lo creen (2 Pe. 3:9). Sin
embargo, pese a que el tiempo de espera involucrado podría ser visto de esta forma, es un
hecho que, desde la perspectiva divina, la certeza del cumplimiento de la visión no puede
ser cuestionada, ya que incluso su aparente demora es congruente de nueva cuenta con su
misericordioso y paciente carácter (Ex. 34:6, 7). ¿Nos basta eso para seguir adelante, para
seguir esperando? ¿Ha sido ya demasiada larga la espera? ¿No será que nuestra percepción
al respecto se debe a lo que estamos haciendo mientras esperamos?
Por cuanto es posible que hayamos dejado de «correr» o al menos no lo estamos
haciendo tanto como debiéramos, Habacuc nos recuerda que es tiempo de que volvamos a
«correr» y que no dejemos de hacerlo. Tal es parte de nuestra responsabilidad, una que hay
que llevar a cabo y sin demora.
A manera de conclusión
De acuerdo al predicador, Harold Camping, fundador de la emisora radial «Family
Radio Worldwide», nuestro mundo llegaría a su fin el 21 de mayo de 2011. La atención que
algunos dieron a tan espectacular anuncio pudo verse reflejada en los medios masivos de
comunicación, así como en diferentes anuncios panorámicos y cartelones que fueron
desplegados con el fin de anunciar esta noticia a cuantos fuera posible.
No obstante, nada de lo predicho ocurrió aquel día. Semejante a lo que ya le había
sucedido años atrás, la espera de Camping, y la de muchos que creyeron en su mensaje,
nuevamente fue defraudada. Y, junto con ello, la veracidad en las profecías bíblicas
también fue puesta otra vez en duda. Sí, tanto él como sus seguidores esperaban que Dios
hiciera algo, pero lo hicieron sin considerar bien lo que Dios ha dicho acerca de esa espera.
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Quienes sabemos que el día y la hora exacta del regreso de nuestro Señor Jesucristo
no es parte de lo que él tuvo a bien revelarnos, aprendimos casi ciento setenta años atrás
que, mientras le esperamos, nuestra confianza no puede basarse en una fecha, sino en la
certeza de las promesas de Dios.
En efecto, saber que Cristo volverá es un gran privilegio, pero también una enorme
responsabilidad, algo que debe, a fin de ser congruentes con lo que creemos, afectar
definitivamente nuestro estilo de vida y nuestra identidad.34 Por lo tanto, si como Habacuc
ansiamos ver pronto el glorioso cumplimiento de las promesas divinas, no olvidemos
entonces que, además de esperar y estar en guardia como un fiel vigía, nuestro Dios
también anhela que recordemos que su respuesta incluye que sigamos «corriendo»:
«Entonces Jehovah me respondió diciendo: -Escribe la visión y grábala claramente
en tablas, para que corra el que las lea. Aunque por un tiempo la visión tarde en
cumplirse, al fin ella hablará y no defraudará. Aunque tarde, espéralo; pues sin duda
vendrá y no tardará» (Hab. 2:3).
Espera y fidelidad al pacto por parte de los hijos de Dios, sí, pero también de
cumplir la misión con responsabilidad y sin demora. ¡Tal es el énfasis de la escatología en
el libro de Habacuc!
34
Un trabajo excelente al respecto es el de P. Gerard Damsteegt, Foundations of the Seventh-day
Adventist Message and Mission (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1977), especialmente la página 93, en
donde el autor explica la importancia que, incluso desde el movimiento milerita, la espera mencionada en
Habacuc 2:3 ha tenido para nuestra iglesia. Véase también George R. Knight, La visión apocalíptica y la
neutralización del adventismo (Buenos Aires: ACES, 2010).
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