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Integración Familia-Escuela en Venezuela

Este documento presenta una fundamentación teórica conceptual sobre la participación de la familia en el proceso educativo. Explica que la participación activa de los padres influye en el éxito de los estudiantes y que la escuela debe promover un clima de confianza que incentive la participación de la comunidad educativa. También analiza el marco jurídico venezolano, incluyendo la Constitución y leyes orgánicas, que establecen la responsabilidad compartida entre el Estado, las familias y la sociedad en el proceso de formación integral de los estudiant
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Integración Familia-Escuela en Venezuela

Este documento presenta una fundamentación teórica conceptual sobre la participación de la familia en el proceso educativo. Explica que la participación activa de los padres influye en el éxito de los estudiantes y que la escuela debe promover un clima de confianza que incentive la participación de la comunidad educativa. También analiza el marco jurídico venezolano, incluyendo la Constitución y leyes orgánicas, que establecen la responsabilidad compartida entre el Estado, las familias y la sociedad en el proceso de formación integral de los estudiant
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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN


UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL
“RAFAEL MARÍA BARALT”
PROGRAMA: EDUCACIÓN
PROYECTO: CIENCIAS SOCIALES

FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA CONCEPTUAL

Autor:
Leal B. José L.

Ciudad Urdaneta, julio 2021


FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA CONCEPTUAL

1. Definición de paradigma
El rol del docente es decisivo en el grado de participación que
padres, representantes y comunidad en general tengan en el hecho
educativo relacionado indeleblemente con el desarrollo local. De tal
manera se hace necesaria la utilización de los recursos que le ofrece el
contexto inmediato, la vinculación de los contenidos programáticos con
estrategias de aprendizaje significativas, atractivas y novedosas que
les permitan a todos los actores convertirse en sujetos activos del
desarrollo local. Debe ser, necesariamente el docente, reflexivo,
solidario, creativo e innovador.
El grado de participación de padres y representantes en el
proceso de aprendizaje influye de manera decisiva sobre el éxito delos
niño en la escuela, en función de esto, se debe realizar una
sistematización producto de la revisión teórica, dirigida a discernir
en relación a las diversas maneras en que los padres de familia,
pueden ser sujetos activos en la labor educativa. La escuela debe
propiciar un clima de confianza y los docentes y directivos ameritan utilizar
todos los espacios disponibles, para incentivar el desarrollo de
Proyectos con actividades que promuevan e integren a la comunidad
educativa.

El proceso educativo exige la participación entusiasta y decidida


de los padres y representando, contribuyendo en la formación de
éstos para que sean motivadores de sus representados en las labores
exitosas que realizan, en lo intelectual, moral y afectivo. Staecy (2010)
señala que la participación de los padres debe ser activa y
trascendental, lo cual nos hace reflexionar sobre la importancia de
involucrar a la familia con la escuela para unir esfuerzos en la
formación de los individuos con sentido democrático, con aptitudes
cooperativas y de solidaridad y con internalización en pleno
conocimiento de los valores. No obstante, actualmente observamos una
realidad en los ambientes educativos que dista bastante de los altos fines
que persigue hoy en día la educación venezolana, según lo plasmado en el
ordenamiento jurídico. La sociedad actual se encuentra inmersa en
constantes transformaciones que incluyen todos los aspectos de la
vida social: políticos, económicos, tecnológicos y científicos. A este
panorama de transformaciones no es ajena la educación, por ser su
misión fundamental mejorar la sociedad a través de la formación de
ciudadanos críticos, honrados y responsables. En la Asamblea General
de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la Cultura (UNESCO: 2010), Isasi planteó que para garantizar y elevar el
nivel de vida de los ciudadanos, se debe buscar una vía educativa más
idónea, la cual se adapte a los continuos cambios; una de estas vías
es la integración escuela comunidad.

2. La participación de la familia en el proceso de aprendizaje y el

ordenamiento jurídico venezolano.

Se hace necesario incorporar de forma integral a padres y


representantes con la gestión docente y educativa en general,
tomándolos en cuenta en la toma de decisiones en los principales
aspectos de enseñanza de sus representados. Esta comunión permite
el conocimiento de las necesidades, requerimientos y problemática que
confronta la población, de allí la importancia de la participación de sus
miembros en la planificación, ejecución y evaluación de los
programas de desarrollo que ayuden a mejorar las condiciones de
vida de sus pobladores.
En sentido, el sistema educativo de nuestro país ha establecido
políticas y reformas curriculares, a fin de formar personas que piensen
en colectivo. La Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, en su artículo 102, contempla que la educación es un
derecho humano y un deber social fundamental, es democrática y
obligatoria, de máximo interés en todas sus modalidades y establece la
responsabilidad compartida entre el Estado, las familias y la sociedad en
la promoción de la educación ciudadana, lo cual reafirma que todo
proyecto o programa educativo que se desee implementar de forma
eficiente y que tenga entre sus objetivos contemple el satisfacer las
necesidades individuales del estudiante y su incorporación como
miembro participativo de su escuela y su comunidad, amerita contar
con la participación de las personas claves envueltas en su vida, lo cual
incluye primordialmente a la familia.
Es inobjetable la influencia de la familia en todos los aspectos
que conforman el ser del niño, desde el emocional hasta lo económico,
pero para lograr su participación e integración es fundamental que la
familia comprenda su rol protagónico y pueda saber de qué es capaz,
pudiendo apoyar así las transformaciones requeridas en la escuela y en la
sociedad.
Por otra parte, el artículo 104 de nuestra Carta Magna, estipula
que “La educación estará a cargo de personas de reconocida moral y
comprobada idoneidad académica” de tal manera que
constitucionalmente el ejercicio de la profesión docente debe estar en
manos de profesionales con vocación y aptitudes, éticas, profesionales y
sociales que sustenten su práctica laboral.
Por su parte, la Ley Orgánica de Educación (2009) en su artículo 17
señala:
“Las familias tienen el deber, el derecho y la responsabilidad
en la orientación y formación en principios, valores,
creencias, actitudes y hábitos en los niños, niñas,
adolescentes, jóvenes, adultos y adultas para cultivar
respeto, aceptación, las familias, la escuela, la sociedad y el
estado son los corresponsables en el proceso de educación
ciudadana y desarrollo de sus integrantes.” (p.8)

Se desprende de este dispositivo legal la responsabilidad compartida


entre familia, el Estado y la escuela en la formación integral de los niños y
adolescentes. Esta obligación se establece igualmente en la Ley Orgánica
para la Protección del Niño y del Adolescente, que en su artículo 54
señala:

El padre, la madre, representantes o responsables tienen la


obligación inmediata de garantizar la educación de los niños,
niñas y adolescentes. En consecuencia, deben inscribirlos
oportunamente en una escuela, plantes o instituto de educación,
de conformidad con la ley, así como exigirles su asistencia
regular a clases y participar activamente en su proceso
educativo” (p.13)

Igualmente, la participación de la familia vista como la


obligación y el compromiso que éstas deben asumir, se encuentra
también contemplada en la Ley Orgánica para la Protección al Niño, Niña
y Adolescente, en sus artículos 54 y 55 en los cuales se observa la
obligación de los padres y representantes a participar de manera
activa en el proceso educativo de sus hijos y representados.
Jurídicamente la familia se encuentra en la obligación y el
compromiso de participar en el aspecto educativo, tal como lo refleja el
artículo 54 in comento y el 55 eiusdem, los cuales estipulan el deber padres
y representantes La escuela debe promover una activa participación de
la familia y la sociedad en correspondencia con el mandato constitucional
y legal.
No obstante, la práctica demuestra que a pesar de los
programas y las leyes, las familias no logran incorporarse de manera
significativa con el devenir educativo institucional. Corresponde a la
escuela propiciar un clima de confianza con los padres y
representantes, igualmente es tarea de la dirección de las escuelas
trabajar armónicamente con los padres y representantes a los fines
de ofrecer a la población escolar ambientes sanos y agradables que
contribuyan a su desarrollo físico y emocional.
Así mismo el artículo 6 estipula la participación de la sociedad en el
logro del ejercicio y vigencia de los derechos y garantías de niños y
adolescentes, al contemplar que: “La sociedad debe y tiene derecho de
participar activamente para lograr la vigencia plena y efectiva de los
derechos y garantías de todos los niños y adolescentes” imponiendo
además, al Estado la obligación de “crear formas para la participación
directa y activa de la sociedad en la definición, ejecución y control de las
políticas de protección dirigidas a los niños y adolescentes”

Este principio de participación de la sociedad no es otra cosa


que la delegación de responsabilidades, no solo a la familia, sino a la
sociedad en general, quienes ostentan el derecho y la obligación de
participar activa y directamente en la definición, ejecución y control de
las políticas de protección para los niños y adolescentes.
Por otra parte, el Ministerio del Poder Popular para la
Educación (2010), estableció quela nueva escuela debe ser un espacio
para la formación integral, en donde interactúen todos los actores de
la comunidad en los procesos pedagógicos. En este sentido, la
integración escuela-comunidad no es tarea exclusiva de los docentes,
ni de la escuela misma, sino función compartida y solidaria de
padres, representantes, comunidad educativa y Estado. Esta triada
debe promover la integración escuela-comunidad en los diferentes
aspectos como recreación, deporte, salud y ambiente para ayudar el
quehacer educativo. Los docentes deben participar con la comunidad,
a este respecto Morduchowicz, (2005:14) señala: “El docente debe
convertirse en un integrador de la escuela, -comunidad, al liderizar (sic)
planes y proyectos donde se conjuguen las necesidades colectivas
con los planes educativos de la educación”.
3. El desafío de la escuela de hoy

Presenciamos un momento histórico-social que exige cambios


en la educación que vayan de acuerdo con esa realidad exigente de
nuevos desafíos. De este modo, las instituciones educativas como
organizaciones sociales, están obligadas a asumir tal responsabilidad a
través de la participación activa, dinámica flexible, creativa, y autónoma
de los padres y representantes y de la comunidad toda en decisiones
sobre el entorno educativo. Al respecto Bracho (2013:08), señala que
“para introducir cambios de actitud en la escuela se requiere un
cambio en toda la comunidad”.
Con el autor, se considera la necesidad de tomar en cuenta las
influencias no institucionales que provienen de la interacción del alumno
con diversos grupos: familia, vecinos, asociaciones deportivas,
culturales, profesionales a las que pertenecen sus padres, miembros en
general de la comunidad, de tal manera que la integración de los padres y
representantes en el proceso educativo produce el resultado un
aprendizaje más significativo y un educando formado para ser más
solidario y comprensivo con las realidades de su comunidad, en fin,
un promotor social.
En este mismo orden de ideas Aguache (2008), señala que
debe existir una simbiosis entre la escuela y la comunidad, que
permita establecer la integración y la participación activa de los
diferentes actores sociales, pues solo así se lograra una escuela
congruente con los desafíos del mañana. La integración de los
padres y representantes viene dada por el nivel de aceptación e
incorporación de éstos en el proceso educativo de su representado, para
ayudar y apoyar al docente en la formación de un ciudadano útil a la
sociedad y a la comunidad donde vive.
Si se logra integrara todos los actores que hacen vida dentro de la
escuela en la comunidad, la gestión educativa logrará un desarrollo
integral en los estudiantes, permitiendo brindar leal estudiante un
ambiente de aprendizaje agradable, armónico, seguro y estimulante.
El docente de hoy debe dejar de ejercer una función de mero
agente transmisor de normas y conocimientos para convertirse en
autor y actor de las transformaciones que la sociedad exige, las
cuales inician en los corazones tiernos de los alumnos. Berger
(2011), señala que el docente es actor por ser responsable de la
acción y autor por ser intérprete del libreto educativo. Lo supone la
competencia para disponer de la flexibilidad y autonomía profesional que le
permite estudiar e impartir los programas pero a su vez asume ese rol de
manera personal, innovan doy recreando situaciones de aprendizaje y
de interacción; y autor porque supone un proceso de elaboración,
construcción y deconstrucción del sentido de la obra que realiza y de la
forma como se interpreta, los recursos a los que acude, la organización del
trabajo en el aula y la relación con el entorno.
La participación constituye uno de los principios fundamentales de
la democracia, forma parte de la soberanía establecida en el artículo
5 de nuestra Carta Magna. La comunidad se construye a través de
la participación. Siendo la escuela una comunidad, encontramos que
la participación resulta inmanente al hecho educativo. ¿Qué incluye la
participación de la familia y la comunidad en el proceso educativo? La
respuesta apunta a la adquisición de compromisos a través de y la
intervención en la toma de decisiones, lo que incluye estar informado,
opinar, gestionar, elaborar, ejecutar, implicarse, comprometerse en
proyectos. La escuela entonces amerita abrir sus puertas a padres y
representantes para promover la formación de ciudadanos con un alto
sentido de pertenencia, que le permitan accionar en temas que
afectan a la familia, a la escuela y a la comunidad. Sin embargo, esto
sólo se logrará generando planes incluyentes con los padres y
representantes, relacionándolos con el proceso educativo y creando
niveles de compromiso y colaboración.
Por más que las políticas educativas de un país apunten a la
consecución de una educación de calidad, no se podrá lograr tal objetivo
sin la participación de la familia de los padres y de la comunidad. Los
proyectos a desarrollar en la escuela no pueden ser ajenos a la
participación activa y solidaria de los representantes. Lepeley (2011),
sostiene que las instituciones educativas deben funcionar a través de
la participación activa de grupos multidisciplinarios, que permiten darle
solución de manera más eficaz a problemas de diversa naturaleza. Lo
expresado por el autor, corrobora que el éxito en materia educativa,
es el resultado de las acciones emprendidas por un colectivo que se
encarga de diseñar y ejecutar planes y programas en esta área, no
es el andar solitario de una escuela desfasada del entorno que rodea al
individuo.

El docente de hoy debe administrar, organizar y mejorar lo


existente, no mantenerlo igual ni profundizar la problemática. Aunado a
esto, la crisis económica mundial y nacional exigen un educador que actúe
a partir de la crisis, optimizando los recursos y en esta tarea la familia
es un gran aliado. Se necesita que el educador propicie un ambiente
escolar en el que todos los actores del hecho educativo participen y
estén preparados para intervenir en los procesos de enseñanza
aprendizaje. En tal sentido, la acción del docente exige mucho más
que asignar tareas, el cambio apunta al compartir responsabilidades,
en la mejor expresión del término, sin presiones e imposiciones
que puedan limitar la autonomía y toma de decisiones compartidas.
Batista (2012: 269), expone que la misión de la educación se resume
en el desarrollo integral del niño y asumir esta propuesta debe ser el
desafío del docente de hoy, lo cual implica una acción compartida desde
una perspectiva de crecimiento, del sujeto en formación. Está obligado
el docente a revisar su accionar en términos de sus aptitudes tanto
personales como profesionales, asumiendo en sus labores una actitud
constructiva, proactiva, responsable y ética, que le permita demostrar con
hechos y ejecutorias concretas. A promover actividades que permitan la
participación de padres y representantes que además ayuden a que éstos
compartan el proceso formativo de sus hijos.
En este sentido Arellano (2000) indica que la programación
comunicacional, es una estrategia que sirve al docente para proyectarla
escuela a la comunidad, utilizando diversos medios de comunicación, tanto
impresos (volantes, pancartas, trípticos) como audiovisuales (radio,
televisión), en los cuales debe incorporarse a los representantes y a los
niños, a lo que el auge actual de la tecnología de la información nos
permitiría agregar las redes sociales. Sin embargo, el uso del área
comunicacional exige el diseño y elaboración de esquemas
informativos que ayuden en la solución de los problemas de la
escuela con la participación de los padres.
La acción del docente debe reflejar una sólida formación
pedagógica, autónoma, gerencial, mediadora e investigadora de procesos.
Igualmente debe evidenciar su liderazgo en la promoción de la
participación comunitaria en la autogestión de su propio desarrollo.
Sobre este particular, el Ministerio de Educación (2010), ha señalado
que el docente es el sujeto clave del cambio y como tal, tendrá que
enfrentarse a un proceso de desarrollo acelerado en que impulsará
nuevas tecnologías, nuevas formas de vida y mayores riesgos de
pérdidas de identidad y de otros valores ya establecidos en el canon moral
propio de la sociedad venezolana. Se trata de concebir un estilo diferente
de ejercer las funciones educativas, basado en proyectos compartidos,
en la sensibilidad y el abordaje de nuevas situaciones, en la habilidad
para adaptar el funcionamiento de la escuela a los objetivos que se
proponen involucrando a los padres, lo que sin duda alguna servirá
para promover el cambio cultural.
La práctica actual en la que los padres se limitan a pagar la
matrícula u otras expensas que genera la escuela y retirar en cada
período el boletín donde se evidencia el rendimiento escolar de su
representado ha de ser execrada y sustituida por un trabajo en
conjunto con la escuela, por el apoyo al aprendizaje institucional. En
este sentido Aste (2004) indica que los niños obtienen mejores
resultados cuando sus padres asumen papeles significativos en su
aprendizaje, destacando la existencia de los roles de apoyo, de
mediadores y de tomadores de decisiones.
Los padres y representantes deben involucrarse en el
desarrollo del proyecto, colaborando en la búsqueda adecuada de
información que permita hacer una buena selección de la temática a
tratar, así como en su ejecución. Evidentemente que la figura activa de
los padres y representantes en la escuela y la colaboración que desde el
hogar puedan ofrecer, es esencial para el proceso de aprendizaje, ya
que, aunado a la participación en las programaciones escolares,
permite que los maestros conozcan mejor a sus alumnos a través de la
óptica del representante y a su vez, contribuye a que éstos se
enteran del progreso de sus hijos en la escuela, por medio de la
conversación que mantienen con los maestros en ocasión de los
encuentros o reuniones, que se desarrollen en la institución educativa.
Además este acercamiento, les permite a los alumnos sentirse más
seguros dentro del contexto escolar.

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