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Cuento El Principe Rana

Este documento presenta un cuento infantil titulado "El Príncipe Rana". Narra la historia de una princesa que pierde su pelota dorada en un pozo profundo. Una rana la ayuda a recuperarla a cambio de su amistad, pero la princesa se comporta de manera desagradecida. Luego, la rana es invitada al palacio real y se convierte en un apuesto príncipe tras recibir un beso de la princesa, rompiendo así el hechizo que sufría.

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Cuento El Principe Rana

Este documento presenta un cuento infantil titulado "El Príncipe Rana". Narra la historia de una princesa que pierde su pelota dorada en un pozo profundo. Una rana la ayuda a recuperarla a cambio de su amistad, pero la princesa se comporta de manera desagradecida. Luego, la rana es invitada al palacio real y se convierte en un apuesto príncipe tras recibir un beso de la princesa, rompiendo así el hechizo que sufría.

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“Año 

del Bicentenario del Perú: 200 años de Independencia”

UNIVERSIDAD NACIONAL INTERCULTURAL DE LA


AMAZONÍA - UNIA
CUENTO INFANTIL PARA NIÑOS DE 5 AÑOS
ASIGNATURA: :ESTRATEGIA DIDACTICA DE LA LITERATURA
INFANTIL
ESTUDIANTES: : MARCELINA NUNTA MACEDO

ESPECIALIDAD: : E. INICIAL.
CICLO Y SECCIÓN: : VI – “A”
DOCENTE: : AMELIA TORRES ZAMBRANO.

FECHA: : 30/06/2021

Ucayali-Perú
2021

1
EL CUENTO
La estructura del cuento se divide en tres partes: inicio, nudo y desenlace.
El inicio es la primera parte o parte inicial del cuento. En esta se mencionan los
personajes, se realizan descripciones de los personajes y de los lugares, se da información
acerca del tiempo y del espacio en donde ocurren los hechos, se da la información
necesaria para introducirnos en la historia, etc.
En el nudo se produce el conflicto o el problema del cuento, en esta parte se encuentra la
trama. Mayormente se encuentra en la parte del medio del cuento.
Finalmente, en el desenlace se resuelve el problema anteriormente producido. En el nudo
y en el desenlace mayormente aparecen los personajes principales, estos últimos están
involucrados en los sucesos ocurridos en el nudo y en el desenlace.

EL PRINCIPE RANA

Érase una vez un rey que tenía cuatro hijas. La más pequeña era la más bella y traviesa.
Cada tarde salía al jardín del palacio y correteaba sin parar de aquí para allá, cazaba
mariposas y trepaba por los árboles ¡Casi nunca estaba
quieta!
Un día había jugado tanto que se sintió muy cansada. Se sentó
a la sombra junto al pozo de agua que había al final del
sendero y se puso a juguetear con una pelota de oro que
siempre llevaba a todas partes. Estaba tan distraída pensando
en sus cosas que la pelota resbaló de sus manos y se cayó al
agua. El pozo era tan profundo que por mucho que lo intentó,
no pudo recuperarla.
Se sintió muy desdichada y comenzó a llorar. Dentro del pozo
había una ranita que, oyendo los gemidos de la niña, asomó la cabeza por encima del agua
y le dijo:

2
– ¿Qué te pasa, preciosa? Pareces una princesa y las princesas tan lindas como tú no
deberían estar tristes.
– Estaba jugando con mi pelotita de oro pero se me ha caído al pozo – sollozó sin
consuelo la niña.
– ¡No te preocupes! Yo tengo la solución a tus penas –
dijo la rana sonriendo – Si aceptas ser mi amiga, yo
bucearé hasta el fondo y recuperaré tu pelota ¿Qué te
parece?
– ¡Genial, ranita! – dijo la niña – Me parece un trato justo
y me harías muy feliz.
La rana, ni corta ni perezosa, cogió impulso y buceó hasta lo
más profundo del pozo. Al rato, apareció en la superficie con la
reluciente pelota.
– ¡Aquí la tienes, amiga! – jadeó la rana agotada.
La princesa tomó la valiosa pelota de oro entre sus manos y sin darle ni siquiera las
gracias, salió corriendo hacia su palacio. La rana, perpleja, le gritó:
– ¡Eh! … ¡No corras tan rápido! ¡Espera!
Pero la princesa ya se había perdido en la lejanía dejando a la rana triste y confundida.
Al día siguiente, la princesa se despertó por la mañana cuando un rayito de sol se coló por
su ventana. Se puso unas coquetas zapatillas adornadas con plumas y se recogió el pelo
para bajar junto a su familia a desayunar. Cuando estaban todos reunidos, alguien llamó a
la puerta.
– ¿Quién será? – preguntó el rey mientras devoraba una rica tostada de pan con
miel.
– ¡Yo abriré! – dijo la más pequeña de sus hijas.
La niña se dirigió a la enorme puerta del palacio y no vio a nadie, pero oyó una voz que
decía:
– ¡Soy yo, tu amiga la rana! ¿Acaso ya no te acuerdas de mí?
Bajando la mirada al suelo, la niña vio al pequeño animal que la miraba
con ojos saltones y el cuerpo salpicado de barro.
– ¿Qué haces tú aquí, bicho asqueroso? ¡Yo no soy tu amiga! – le
gritó la princesa cerrándole la puerta en las narices y regresando
a la mesa.
Su padre el rey, que no entendía nada, le preguntó a la niña qué sucedía
y ella le contó cómo había conocido a la rana el día anterior.

3
– ¡Hija mía, eres una desagradecida! Ese animalito te ayudó cuando lo necesitabas y
ahora te estás comportando fatal con él. Si le has dicho que serías su amiga,
tendrás que cumplir tu palabra. Ve ahora mismo a la puerta e invítale a pasar.
– Pero papi… ¡Es una rana sucia y apestosa! – se quejó
– ¡Te he dicho que le invites a pasar y le muestres agradecimiento por haberte
ayudado! – bramó el monarca.
La princesa obedeció a su padre y propuso a la rana que se sentase con ellos. El animal
saludó a todos muy amablemente y quiso subirse a la mesa para alcanzar los alimentos,
pero estaba tan alta que no fue capaz de hacerlo.
– Princesa, por favor, ayúdame a subir, que yo solita no puedo.
La princesa, tapándose la nariz porque la rana le parecía repugnante, la cogió con dos
dedos por una pata y la colocó sobre la mesa. Una vez arriba, la rana le dijo:
– Ahora, acércame tu plato de porcelana para probar esa tarta ¡Seguro que está
deliciosa!
La niña, de muy mala gana, compartió su comida con
ella. Cuando hubo terminado, el batracio comenzó a
bostezar y le dijo a la pequeña:
– Amiga, te suplico que me lleves a tu camita
porque estoy muy cansada y tengo ganas de
dormir.
La princesa se sintió horrorizada por tener que dejar su cama a una rana sucia y pegajosa,
pero no se atrevió a rechistar y la llevó a su habitación. Cuando ya estaba tapada y
calentita entre los edredones, miró a la niña y le pidió un beso.
– ¿Me darás un besito de buenas noches, no?
– ¡Pero qué dices! ¡Sólo de pensarlo me dan ganas de vomitar! – le espetó la
chiquilla, harta de la situación.
La ranita, desconsolada por estas palabras tan crueles, comenzó a llorar. Las lágrimas
resbalaban por su verde papada y empapaban las sábanas. La princesa, por primera vez en
toda la noche, sintió mucha lástima y exclamó:
– ¡Oh, no llores por favor! Siento haber herido tus
sentimientos. Me he comportado como una niña
caprichosa y te pido perdón.
Sin dudarlo, se acercó a la rana y le dio un besito cariñoso. Fue un
gesto tan tierno y sincero que de repente la rana se convirtió en
un joven y bello príncipe, de rubios cabellos y ojos más azules que

4
el cielo. La niña se quedó paralizada y sin poder articular palabra. El príncipe, sonriendo, le
dijo:
– Una bruja malvada me hechizó y sólo un beso podía romper el maleficio. A ti te lo
debo. A partir de ahora, seremos verdaderos amigos para siempre.
Y así fue… El príncipe y la princesa se convirtieron en inseparables y cuando fueron
mayores, se casaron y su felicidad fue eterna.

MÁS SOBRE ESTE CUENTO


El cuento de El Príncipe rana, o el Rey rana es un cuento de hadas originariamente escrito por los
Hermanos Grimm. Además, la película de Disney realizada en 2009 y titulada “Tiana y el sapo” está
ligeramente basada en este cuento.

En la versión original el hechizo se rompe cuando la niña lanza a la rana contra la pared, pero
actualmente todas las versiones prefieren algo más romántico y es darle un beso. . La memoria
popular ha dado lugar al uso cotidiano de una frase de este cuento: “tienes que besar muchas
ranas antes de encontrar a tu príncipe”. Mediante esta frase se trata de animar a encontrar el
verdadero amor.

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