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Dilemas Éticos

Este documento describe diferentes tipos de dilemas éticos y proporciona ejemplos de cada uno. Los principales tipos de dilemas éticos son los hipotéticos, reales, abiertos/de solución y cerrados/de análisis. También se mencionan algunos dilemas éticos clásicos como el dilema de Heinz, el dilema del tranvía y el dilema del prisionero. Finalmente, se señala que los dilemas éticos nos enfrentan a decisiones difíciles en la vida real.

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Dilemas Éticos

Este documento describe diferentes tipos de dilemas éticos y proporciona ejemplos de cada uno. Los principales tipos de dilemas éticos son los hipotéticos, reales, abiertos/de solución y cerrados/de análisis. También se mencionan algunos dilemas éticos clásicos como el dilema de Heinz, el dilema del tranvía y el dilema del prisionero. Finalmente, se señala que los dilemas éticos nos enfrentan a decisiones difíciles en la vida real.

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Dilemas Éticos

El concepto de dilema ético puede parecer claro, pero lo cierto es que no existe un solo
tipo. En función de diversos criterios podemos encontrarnos con distintas tipologías de
dilemas, que pueden variar en su nivel de concreción, en el papel del sujeto al que se le
presenta o en su verosimilitud. En este sentido, algunos de los principales tipos son los
siguientes:
1. Dilema hipotético
Se trata de dilemas que colocan a la persona a quien se le pregunta en una posición en la
que se ve confrontando una situación que es muy poco probable que suceda en la
vida real. No se trata de fenómenos imposibles, pero son algo a lo que la persona debe
enfrentarse en su día a día de manera habitual. No es necesario que la persona a quien se
le plantea el dilema sea el protagonista de este, pudiendo preguntársele qué debería hacer
el personaje.
2. Dilema real
En este caso el dilema planteado versa sobre un tema o situación que resulta cercana a la
persona a quien se le plantea, sea porque se refiere a un suceso que ha vivido o a algo
que puede ocurrir con relativa facilidad en su día a día. Aunque suelen ser menos
dramáticos que los anteriores, pueden resultar tanto o más angustiantes por este
motivo. No es necesario que la persona a quien se le plantea el dilema sea el protagonista
de este, pudiendo preguntársele que debería hacer el personaje.
3. Dilema abierto o de solución
Los dilemas planteados como abiertos o de solución son todos aquellos dilemas en que
se presenta una situación y las circunstancias que la rodean, sin que el protagonista de la
historia (que puede o no ser el sujeto a quien se le plantea) haya realizado aún ninguna
acción para solucionarlo. Se pretende que la persona a quien se le sugiere este dilema
escoja cómo proceder en dicha situación.
4. Dilema cerrado o de análisis
Este tipo de dilema es aquel en el que la situación planteada ya ha sido solucionada de
una forma u otra, habiendo tomado una decisión y realizado una serie de conductas
concreta. La persona a quien se le plantea el dilema no debe decidir qué se hace, sino
valorar la actuación del protagonista.
5. Dilemas completos
Se trata de todos aquellos dilemas en los que se informa a la persona a quien se le
plantean de las consecuencias de cada una de las opciones que se pueden tomar.
Ejemplos de dilemas éticos
Como hemos visto existen maneras muy diferentes de proponer diferentes tipos de
dilemas éticos, existiendo miles de opciones y estando limitados solo por la propia
imaginación. A continuación, veremos algunos ejemplos de dilemas éticos (algunos muy
conocidos, otros menos) de cara a poder ver cómo funcionan.
1. Dilema de Heinz
Uno de los dilemas éticos más conocidos es el dilema de Heinz, propuesto por
Kohlberg para analizar el nivel de desarrollo moral de los niños y
adolescentes (infiriéndose a partir del tipo de respuesta, el porqué de la respuesta dada,
el nivel de obediencia a las normas o la relativa importancia que pueda tener su
seguimiento en algunos casos). Este dilema se presenta de la siguiente manera:
“La mujer de Heinz está enferma de cáncer, y se espera que muera pronto si no se hace
nada por salvarla. Sin embargo, existe un medicamento experimental que los médicos
creen que puede salvar su vida: una forma de radio que un farmacéutico acaba de
descubrir. Aunque esta sustancia es cara, el farmacéutico en cuestión está cobrando
muchas veces más cantidad de dinero de lo que le cuesta producirla (le cuesta 1.000
dólares y cobra 5.000). Heinz reúne todo el dinero que puede para comprarla, contando
con la ayuda y el préstamo de dinero de todos sus conocidos, pero solo alcanza a reunir
2.500 dólares de los 5.000 que cuesta el producto. Heinz acude al farmacéutico, a quien
le dice que su esposa se muere y a quien le pide que le venda el medicamento a menor
precio o que le deje pagar la mitad más tarde. El farmacéutico sin embargo se niega,
aduciendo que debe ganar dinero con él ya que ha sido quien lo ha descubierto. Dicho
esto, Heinz se desespera y se plantea robar la medicina.” ¿Qué debería hacer?
2. Dilema del tranvía
El dilema del tranvía o del tren es otro clásico entre los dilemas éticos/morales, creado
por Philippa Foot. En este dilema se propone lo siguiente:
“Un tranvía/tren circula fuera de control y a toda velocidad por una vía, poco antes de un
cambio de agujas. En esta vía hay atadas cinco personas, que morirán si el tren/tranvía
les alcanza. Tú te encuentras delante del cambio de agujas y tienes la posibilidad de
hacer que el vehículo se desvíe a otra vía, pero en el que se encuentra atada una persona.
Desviar el tranvía/tren hará que muera una persona. No hacerlo, que mueran cinco. ¿Qué
harías?”
Este dilema dispone además de múltiples variantes, pudiendo complicar en gran
medida la elección. Por ejemplo, la elección puede estar en que puede detener el
tranvía, pero ello hará que descarrile con una posibilidad del 50% de que todos sus
ocupantes mueran (y 50% de que todos se salven). O se puede buscar más la implicación
emocional del sujeto: proponer que en una de las vías hay cinco o más personas que
morirán si no se hace nada y en la otra una, pero que esta una es la pareja, hijo/a,
padre/madre, hermano/a o familiar del sujeto. O bien un niño.
3. Dilema del prisionero
El dilema del prisionero es uno de los dilemas empleados por John Nash para explicarlos
incentivos y la importancia de las decisiones no solo propias sino también ajenas para
obtener determinados resultados, siendo necesaria la cooperación para lograr el mejor
resultado posible. Aunque es más económico que ético, también tiene implicaciones
en este sentido.
El dilema del prisionero propone la siguiente situación:
“Dos presuntos delincuentes son detenidos y encerrados, sin que puedan comunicarse
entre sí, ante la sospecha de su implicación en un robo a un banco (o un asesinato,
dependiendo de la versión). La pena por el delito es de diez años de cárcel, pero no
existen pruebas palpables de la implicación de ninguno en estos hechos. La policía le
propone a cada uno de ellos la posibilidad de salir libre si delata al otro. Si los dos
confiesan el crimen cumplirán cada uno seis años de prisión. Si uno lo niega y el otro
proporciona pruebas de la implicación de éste, el informador saldrá en libertad y el otro
será condenado a los diez años de cárcel. Si los dos niegan los hechos, ambos
permanecerán en prisión un año.”
En este caso, más que de moral estaríamos hablando de las consecuencias de cada
acto para uno mismo y para el otro y de cómo el resultado depende no solo de nuestra
actuación sino también de la ajena.
4. El ladrón noble
Este dilema plantea lo siguiente:
“Somos testigos de cómo un hombre roba un banco. Sin embargo, observamos que el
ladrón no se queda el dinero, sino que lo entrega a un orfanato que carece de recursos
para sustentar a los huérfanos que en él viven. Podemos denunciar el robo, pero si lo
hacemos es probable que el dinero que el orfanato ahora puede usar para alimentar y
cuidar a los niños tenga que devolver lo robado”.
Por un lado, el sujeto ha cometido un delito, pero por otro lo ha hecho por una buena
causa. ¿Qué hacer? El dilema puede complicarse si se añade, por ejemplo, que durante
el atraco al banco ha muerto una persona.
5. El examen
A veces, la decisión correcta se da en una situación muy ambigua en la que no sabemos
si hemos cometido una infracción o no. Este dilema ético se basa en este tipo de
situaciones. Nos plantea este escenario:
"Estás en un aula de universidad realizando un examen: todos los alumnos estáis
sentados en sillas-pupitre alineadas, respondiendo a preguntas que deben ser respondidas
por escrito. En determinado momento, llevas varios minutos intentando resolver una
pregunta que se te resiste, y viendo que no vas mal de tiempo, decides descansar durante
un par de minutos, para ver si desconectando puedes evocar mejor los recuerdos. Sin
embargo, tras llevar un rato con la mente en blanco y sin pensar en nada en concreto y
con la mirada perdida, te das cuenta de que acabas de ver la respuesta correcta en la hoja
de respuestas de la persona que tienes delante. Teniendo en cuenta que lo más probable
es que no fueras a poder recordar la respuesta correcta, ¿respondes a la pregunta, o la
dejas en blanco?".
Es una simple pregunta de un examen, pero... ¿debes hacerte cargo de haber
"copiado", aunque sea de manera no del todo voluntaria? ¿O por el otro lado no
tienes la culpa de que tu mirada se haya dirigido a la hoja de examen de la otra persona?
En ocasiones también debemos enfrentarnos a ellos en la vida real
Algunos de los dilemas éticos antes propuestos son enunciados que pueden antojarse
falsos o una elaboración hipotética a la que jamás vamos a tener que enfrentarnos en la
vida real. Pero lo cierto es que en el día a día podemos llegar a tener que hacer frente a
decisiones difíciles, con consecuencias o implicaciones negativas tomemos la decisión
que tomemos.
Por ejemplo, podemos encontrarnos con que un conocido realice algún acto poco ético.
Asimismo, podemos observar algún caso de acoso escolar, o una pelea, en la cual
podemos intervenir de diferentes formas. Frecuentemente nos encontramos con
indigentes, y podemos enfrentarnos al dilema de si ayudarles o no. También a nivel
profesional: un juez por ejemplo ha de decidir si mandar o no a alguien a prisión, un
médico puede enfrentarse a la decisión de alargar artificialmente la vida de alguien o no
o quien debe o no ser operado.
Podemos observar malas praxis profesionales. Y también podemos enfrentarnos a ellos
incluso en la vida personal: podemos por ejemplo ser testigos de infidelidades y
traiciones hacia seres queridos o llevados a cabo por ellos, teniendo el conflicto de si
decírselo o no.
En conclusión, los dilemas éticos son un elemento de gran interés que pone a prueba
nuestras convicciones y creencias y nos obligan a reflexionar sobre lo que nos motiva y
cómo organizamos y participamos en nuestro mundo. Y no se trata de algo abstracto y
ajeno a nosotros, sino que pueden formar parte de nuestro día a día.
6. Dilemas incompletos
En estos dilemas no se hacen explícitas las consecuencias de las decisiones que tome el
protagonista, dependiendo en gran medida de la capacidad del sujeto para  imaginar
ventajas y desventajas.

Propuesta de Kant y la ética


está basada en la postura de que la única cosa positiva intrínseca es una buena  voluntad;
por lo tanto, una acción solo puede ser buena si su máxima, es decir, el principio
subyacente, obedece a la ley moral. Central a la construcción kantiana de la ley moral es
el imperativo categórico, que actúa sobre todas las personas, sin importar sus intereses o
deseos.
Kant convierte a la ética de material y heterónoma en formal y autónoma. Él buscó
fundamentos éticos no sustentados en la posibilidad que algo ocurra o no ocurra y que
definan las acciones como inherentemente a buenas o malas según las circunstancias, de
modo que, para dictaminar la moralidad de un hecho, no es necesario conocer nada
acerca de los probables resultados de la acción, en consecuencia, la ética es algo a priori,
es decir que la razón por sí misma, puede revelar los principios morales.
Ahora bien, su principio de universalidad requiere que, para que una acción sea
permisible, debe ser posible aplicarla a todas las personas sin resultar contradictoria. Su
formulación de la humanidad como un fin en sí misma exige que los humanos nunca
sean tratados como un mero medio para un fin, sino un fin en sí. La formulación de
la autonomía concluye que los agentes racionales están obligados a la ley moral por su
voluntad, mientras que el concepto de Kant del Reino de los fines exige que las personas
actúen como si los principios de sus propias acciones establecieran una ley para un reino
hipotético.
Kant distinguió entre deberes perfectos e imperfectos. Un deber perfecto, como el de no
mentir, es siempre verdadero; uno imperfecto, como donar a la caridad, puede
flexibilizarse y aplicarse en un tiempo y espacio particulares. Así, creía que el progreso
de la razón ilustrada llevaría al progreso moral.

La moral para Kant


El pensamiento moral de Kant tiene que estudiarse en vinculación con sus ideas
expuestas en su libro la “Crítica de la razón pura”, especialmente en la "Analítica
Trascendental "; debemos notar las relaciones que hace entre la razón pura
especulativa y la razón práctica; es necesario saber que la ética kantiana no se aísla
completamente de la teoría del conocimiento y también debemos saber cuáles son esas
relaciones.
Se deriva de la obra de Kant, que la moral fue su preocupación constante, y podemos
afirmar que lo más importante de su vida. En la " Dialéctica Trascendental "
aborda el problema de la existencia de Dios, como fundamento de la conducta moral.
Con las ideas expuestas en la " Analítica Trascendental que tratan del
entendimiento puro y de la deducción de las categorías, es imposible comprobar la
existencia de Dios, porque no hay ningún objeto empírico que corresponda a la idea de
un ser supremo. Es decir, y empleando lenguaje kantiano, no podemos llegar a la
elaboración de un juicio asertórico sobre ese ser.
En el caso de Kant, aunque considera que la moral no tiene un fundamento metafísico,
para poder realizar una moral necesitamos de una afirmación metafísica. Esta afirmación
metafísica es que “el hombre es libre”.
Kant planteó anteriormente en su Teoría del Conocimiento que las únicas cosas que
podemos saber, son las que nos dice la ciencia, los problemas metafísicos no son
problemas que tengan una situación probada, pero, en contra de lo que decía Hume,
quien afirmaba radicalmente, que, si los problemas metafísicos no son problemas en sí,
había que descartar los libros de metafísica; Kant, consideraba que el hombre siempre se
hará problemas metafísicos porque forman parte de la naturaleza de su razón.
Una de las preguntas metafísicas, que menciona, es si el hombre es libre o está
determinado, es decir, si podemos elegir lo que hacemos o nuestras acciones son el
resultado de un conjunto de condicionamientos externos e internos, como en el caso de
los animales que actúan por instinto. Al ser un problema metafísico, para Kant, se puede
argumentar afirmativa o negativamente, pero si no somos libres el hombre se ve privado
de su dignidad, de la dignidad que lo hace humano, no tiene responsabilidad de sus actos
y, por tanto, sería un animal más .

.
El progreso moral, puede ser posible
Para el filósofo de Königsberg, el progreso moral, es una suerte de unidad modular en la
que se compagina libertad, motivación y teleología, de una manera tal, que esta idea orienta
nuestras acciones presentes para transformar el futuro; esto quiere decir que si en el
presente se nos muestran signos de progreso, esto no implica que tengamos una evidencia
empírica del progreso moral, pues el avance moral de una sociedad es algo que se va
construyendo, pero siempre bajo la incertidumbre de que los acontecimientos pueden
cambiar de rumbo. Ahora bien, para tener mayor claridad sobre las codas que se van a
desarrollar a continuación, es necesario hacer un breve resumen de lo dicho en los tres
capítulos anteriores.
La relación entre el mundo fenoménico en la cual operan las leyes naturales y que es el
escenario de los acontecimientos históricos, y el mundo nouménico que es regido por la
causalidad por libertad. Este análisis fue muy relevante, en la medida en que el problema
central de este trabajo ve a la historia como el escenario de nuestras acciones, las cuales se
dan en el mundo fenoménico, y tienen como causa los seres humanos, que, según Kant, son
también entre otras cosas seres libres
El progreso es una idea de la razón. Veamos cómo llegamos a ello. Reconocimos que el
mundo fenoménico, desde la lectura kantiana, está sometido a leyes irrestrictas y
necesarias, lo cual significa un cierto determinismo en la naturaleza. No obstante, la Tesis
de la tercera antinomia sostiene que es necesario asumir la idea de una libertad
trascendental, esto es, de una causa que no esté a su vez condicionada, y que es el origen de
una serie de fenómenos. En la Tesis se argumenta que dicha causalidad es necesaria para
tener una explicación completa de un fenómeno. Ahora bien, la libertad trascendental
refiere a una causa incondicionada que está por fuera del tiempo y que puede determinar los
fenómenos que están en una línea temporal. Por ejemplo, fenoménicamente envejecemos,
pero libremente podemos mentir o no.
Platón sostuvo que el progreso moral era un proceso esencialmente intelectual,
impulsado por argumentos razonados, Sin embargo, muchos filósofos han rechazado la
autocracia de la razón en la vida moral de los seres humanos, al convenir con la
afirmación de David Hume de que “la razón, en sí misma, es totalmente inerte”. Creen
que ningún argumento puramente abstracto puede incitarnos a hacer algo que no
queramos hacer.
Las emociones morales, en particular la empatía, pueden lograr lo que ninguna reflexión
insensible puede: nos hacen sentir y, por tanto, querer explicar la experiencia de los
demás. Cuanto más sentimos, más nos importa algo y más morales son nuestras
motivaciones. En una palabra, un fuerte sentido de la empatía estimula el progreso
moral.
Con ese paso de la razón a la emoción, la filosofía moral está dando paso cada vez más a
la psicología moral, que, al adoptar ideas procedentes de la biología evolucionista, tiene
cada vez más cosas que decir sobre la naturaleza humana y nuestra vida moral. Todo va
a parar a la selección natural.
Las emociones morales como la empatía son en igual medida un resultado del
funcionamiento ciego de la adaptación como nuestra posición vertical y los pulgares
ponibles, rasgos que están arraigados en una especia por la proliferación de
determinados genes. Los seres humanos sentimos la máxima empatía por quienes
comparten con nosotros la mayor proporción de nuestros genes: nuestros hijos, nuestros
padres, nuestros hermanos y, en gradaciones en disminución, nuestra familia extensa y
nuestra tribu. Nuestra empatía para con ellos puede movernos incluso a hacer sacrificios
que pongan en peligro nuestra supervivencia individual, pero eso tiene el máximo
sentido desde el punto de vista de la preservación de nuestros genes compartidos.
En conclusión, es natural pensar que, al menos en ciertos aspectos y en ciertos lugares, la
humanidad ha conseguido progresar moralmente. Por ejemplo, prácticas que antes eran
ampliamente aceptadas, como la esclavitud o la discriminación racial y de género, son
ahora consideradas moralmente execrables e incluso prohibidas legalmente (no en todos
lados, desde luego, pero sí en muchos. Solo se aplica a periodos de la historia, no a
personas individuales o a conducta moral personal. El concepto de progreso moral está
relacionado al individuo, la misma civilización que ha sabido progresar moralmente
ganando a la opresión una más amplia esfera de libertad, ha usado esa libertad ampliada, en
una medida no despreciable, para la inmoralidad más perversa, haciendo descender al
hombre a unas profundidades de abyección y envilecimiento imposibles de predecir. De lo
que se sigue, en fin, que si desde la perspectiva de la libertad cabe confirmar la existencia
comprobada de un progreso moral, desde la del contenido de esa libertad y de su ejercicio
efectivo sería casi un sarcasmo mantener semejante aserto. De ahí el matizado sí y no a la
pregunta que se suscitó al principio.

Moral incaica
En el Tahuantinsuyo hubo un código moral que regulaba la convivencia humana y
permitía, tanto en las ciudades como en los ayllus, relaciones armónicas entre los
ciudadanos del imperio; estas estaban basadas en la ayuda mutua y la cooperación. Entre
las normas también había severas sanciones, infracciones y castigos, que eran
implantados según la gravedad de la falta o delito, los cuales iban desde azotes hasta la
pena de muerte.
Se sabe que los incas no fueron un pueblo bárbaro o cruel como muchos imperios en
Europa, más bien fueron un estado bastante organizado, que regían su convivencia por
un espíritu de cooperación y trabajo colectivo. En el aspecto del código moral y los
valores de la sociedad; los incas tuvieron un gobierno ejemplar. Sus reglas estaban
fundadas en el trabajo y el buen comportamiento de su población. Las leyes básicas para
mantener el orden social eran: no robar, no mentir y no ser ocioso. El adulterio, la
violación y la embriaguez eran castigados con severidad. Gracias a este código de
conducta, según los cronistas, el inmenso imperio de los incas mantuvo el orden social
por muchos años.
Por otro lado, las palabras: ama sua, ama quella, ama llulla, las hemos adaptado muy
bien como su fuera de nuestra cultura, aun se cree que estos preceptos pertenecían a la
cultura del Tawantinsuyu. El colonizador pensaba y piensa que todos son de su misma
condición, y por ende todos a su alrededor son como ellos y solamente pueden verse a
través de su propia mirada, ya que no conocen otra cosa que no surja de sus intereses
estrictamente personales
Los principios axiológicos y morales de “ama llulla, ama Qella y ama suhua”, atribuido a
la cultura de los Quechuas, son inventadas por los colonizadores españoles y continuada
por criollos en la época republicana, que se dedicaron a la politiquería y la especulación
del indigenismo romántico, para justificar e incrementar en el plano de la educación, la
historia, la cultura y en todo el sistema político social, la dominación espiritual de toda la
sociedad, especialmente en la superestructura social, política, cultural e ideológica.
Además, el poblador andino conduce su comportamiento a partir de tres preceptos:
llankay, munay y yachay. El “munay” o “sonkoy” hace referencia al amor a la persona,
la sociedad y la naturaleza. De acuerdo a la racionalidad occidental este precepto se basa
únicamente en sentir amor a la persona, es decir en la naturaleza de la concepción
histórica del colonizador es utilizada para depredarla porque su fin es acumular riqueza
en beneficio personal, no al servicio de la sociedad. En ese sentido el amor occidental es
individualista.
Tomando como referencia a Marc Torra, en su obra “Contraste de Valores”, nos explica
que el hombre andino no busca competir, sino servir al grupo. Este servicio se realiza
practicando el “llankay”, palabra que traducida al castellano significa: trabaja. Llankay
es un trabajo que ennoblece la conciencia y realiza al ser, en total unidad y no es un
trabajo que somete y denigra. En síntesis, el llankay es la comprensión de que todos
somos una parte de un panorama más amplio y que cada parte depende intrínsecamente
del otro. Cada pensamiento, palabra y acción afecta a todos y todo forma parte de la
experiencia de vida, eran enseñanzas populares y sabias para poder vivir en armonía
entre los seres humanos, la naturaleza y los dioses; de este modo se lograba la unidad, la
integridad y nadie vivía con miedo.
Por otro lado, para el mundo andino la educación sirve para la sabiduría, para la
generación de conocimiento o el “yachay”. Es así que en el mundo andino nada era
posible realizar sin conocimiento porque no sirve para transformar la naturaleza al
servicio de la misma sociedad, de otro modo era imposible realizar el trabajo si no
existía el conocimiento previo del objeto a transformar. Así mismo es importante tomar
en consideración que en el mundo andino, la relación entre la teoría y la práctica es muy
importante; ya que esto le dará la experiencia necesaria para el buen funcionamiento de
la comunidad. En otras palabras, se recomienda a los jóvenes que están empezando una
etapa nueva en su vida escuchar a los mayores, pues ellos conocen y saben por la
experiencia vivida.
Del mismo modo, existe otro valor importante que es el “Allin Kawsay Ruhuay”, hacer
bien las cosas, era y es la conducta cotidiana del poblador del mundo andino. En esta
norma está basada la idea de engendrar a un nuevo ser en la vida presente, permite
entender la importancia y el sentido que se da a la familia y a cada integrante de ella. Los
hijos eran recibidos como grandes dones de los Apus, pues, cada uno de ellos ayudaría y
cuidaría al igual que sus padres la tierra o Pachamama y los frutos de esta.
Finalmente se tienen los preceptos de “Allin runa kay” que significa sé buena persona y.
Frente a la reciprocidad, en sus diferentes aspectos o campos de práctica no sé Cuándo
Llankay, Yachay y Sonkoy están en un equilibrio adecuado y mutua relación se entiende
que no somos solamente conciencia individual, somos mucho más, somos conciencia
colectiva.
La última expresión, el “Sumaq kawsay” que hace referencia a la vida digna, aunque
austera, pero que concibe el bienestar de forma holística, identificándolo con la armonía
y con el entorno social. Cabe señalar que nos encontramos ante una concepción del
bienestar que no está marcada o basada en la acumulación de bienes materiales, ni el en
la renta anual per cápita. Sino en saber convivir y apoyarse unos a los otros, es decir
estamos frente a un modelo de desarrollo que funcionaba muy bien en el mundo andino.
Que siempre busca y fomenta el bienestar de todos en armonía con la comunidad, la
naturaleza y los Apus.

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