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Riesgos del Mal Uso de las TIC

Este documento describe varios riesgos psicológicos y académicos asociados con el uso excesivo de la tecnología por parte de los jóvenes, incluyendo trastornos del sueño, déficit de atención, aislamiento social, falta de control de impulsos, desinformación, baja autoestima y adicciones como la pornografía y los juegos en línea. Señala que un uso no supervisado y descontrolado de internet y las redes sociales puede afectar negativamente el rendimiento escolar y el bienestar

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Riesgos del Mal Uso de las TIC

Este documento describe varios riesgos psicológicos y académicos asociados con el uso excesivo de la tecnología por parte de los jóvenes, incluyendo trastornos del sueño, déficit de atención, aislamiento social, falta de control de impulsos, desinformación, baja autoestima y adicciones como la pornografía y los juegos en línea. Señala que un uso no supervisado y descontrolado de internet y las redes sociales puede afectar negativamente el rendimiento escolar y el bienestar

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RIESGOS EN EL USO DE LAS TIC

1. PROBLEMAS PSICOLÓGICOS Y ACADÉMICOS

El uso abusivo o descontrolado de las nuevas tecnologías lleva aparejados cambios en los
hábitos y rutinas de los usuarios, pudiendo convertirse en un serio problema cuando el
tiempo y la atención dedicados a ellas sobrepasa ampliamente el tiempo dedicado al resto
de las actividades. Algunas de las disfunciones y desequilibrios que puede padecer el joven
a nivel mental, emocional y de rendimiento escolar son estas:

1.1. Trastornos del sueño

Es frecuente que el uso de internet o la televisión por los jóvenes, sin un horario
concreto o un control parental, se alargue por la noche sin una noción del paso del
tiempo por parte del usuario. Especialmente la navegación por la red es capaz de
llenar muchas horas de estímulos y de informaciones nuevas, saltando continuamente
de unas páginas a otras o enganchándoles en chats o vídeos. Las horas restadas al
sueño repercutirán en el rendimiento escolar y en el equilibrio psíquico del menor

1.2. Déficit /dispersión de la atención

Los estímulos, incitaciones y sobre-información que aporta la navegación por la red,


así como las herramientas colaborativas de la Web 2.0, pueden, fácilmente,
sobrepasar el interés que los jóvenes tienen por otras informaciones que les llegan por
medio de sus profesores, padres o monitores de actividades. Si no asumen el valor y la
necesidad que tienen de los contenidos y valores de sus educadores, pueden
desatenderlos o despreciarlos. A esto se une el tipo de recepción de información a la
que se están acostumbrando al navegar por la red: desorganizada, deshilvanada,
acelerada y caótica; y que contrasta con la que les ofrecen sus educadores: más lenta
y estructurada y que requiere de un esfuerzo de comprensión y aprendizaje. En este
contexto, es lógico que el desinterés y la falta de control de atención puedan aparecer,
llevándoles a una distracción continua entre pensamientos emergentes y estímulos
exteriores.

1.3. Forma de escape de problemas y responsabilidades reales

Las nuevas tecnologías aportan un continuo flujo de diversión y alicientes que la vida
“real”, en contacto con nuestros semejantes y las responsabilidades asociadas, no
tienen. Refugiarse y distanciarse de los problemas, obligaciones y desilusiones diarias
es una tentación de todos nosotros lo que, en el caso de los adictos a las nuevas
tecnologías, se convierte en un mecanismo automático, que solo podrá ser corregido
con una atención personalizada.

1.4. Aislamiento, dejar de salir con amigos


Solemos elegir las compañías que mejor nos tratan o que más nos estimulan, divierten
o enseñan. Pero si a un joven estos valores se los proporciona un videojuego, la
comunicación virtual a través de redes sociales, los estímulos de ciertas páginas web o
el juego online, entonces sentirá que no necesita salir de su casa para reforzar su
autoestima, sus ganas de disfrutar y aprender. No hay que alarmarse, porque el joven
está probando y cambiando temporalmente de “compañeros de viaje”, como lo hacen
otras personas con sus aficiones, y lo más probable es que, con el tiempo, vuelva a
necesitar del contacto directo con otras personas. Un mal síntoma podríamos
encontrarlo en la evitación continua y activa de los demás para encerrarse con su
ordenador o videojuego.

1.5. Escaso control de pulsiones

Este es otro síntoma del exceso de tiempo y/o atención dedicado a las nuevas
tecnologías, dentro de las cuales el adolescente se expresa y siente de manera libre y
sin cortapisas. Al mando del ratón, joystick o mando a distancia se convierte en un
“rey” que controla a su gusto qué, cuándo y cómo es lo que recibe, su voluntad es la
dueña. Pero, cuando apaga el aparato y vuelve a someterse a la disciplina y voluntad
de otras personas, pierde ese control que ha tenido y puede contrariarse, enfadarse,
entristecerse o, de nuevo, aislarse. Cuanto más cree un mundo virtual a su medida,
peor aguantará el mundo “real”.

1.6. Desinformación e intoxicación de ideas

La niñez y la adolescencia están marcadas por una voracidad cognitiva, una tendencia
innata a aprender y asumir valores, normas, intereses, límites, creencias y a
desarrollar un mapa conceptual del mundo y de sí mismos. La sobreinformación que
ahora les llega de televisión, películas e internet se une a las tradicionales fuentes
(padres, profesores y lecturas) para trastocar y complicar estos aprendizajes. Los
efectos perniciosos de esta sobreinformación son:

• Falta de sentido crítico. Dar por sentado que la primera información que se lee es
correcta y adecuada. No contrastar la información con otras fuentes. No objetar nada
ni criticar lo que se lee. Para remediar esto, la mediación del educador es
imprescindible.

• Información falsa, credulidad. Una consecuencia del problema antes citado es que
el joven puede creer informaciones erróneas e incluso malintencionadamente falsas.
Pueden ser bulos, infamias o creencias argumentadas, pero falsas, llamadas hoax;
estas últimas pueden atraer la atención del internauta porque suelen tratar temas de
seguridad, salud..., y suelen ser trasmitidas viralmente por el correo electrónico. Al ser
intercambiadas entre amigos o familiares se les da aún más crédito. También son
populares y perniciosas las “cadenas” de mensajes, en las que “obligan” al lector a
reenviar el mensaje recibido so pena de tener mala suerte en su vida o no alcanzar sus
metas personales.

• Desconfianza y/o relativización. En el lado opuesto a la ingenuidad anterior está el


exceso de sentido crítico que lleva a relativizar y minusvalorar cualquier información
que llegue al chico/a. Suele estar asociado a una larga exposición a la
sobreinformación. Es pernicioso, porque desdeñar y criticar se convierte en un
mecanismo de defensa que también se activará ante mensajes, avisos, consejos u
órdenes de padres y profesores, influyendo negativamente en la educación en valores,
porque, si para ellos todo es relativo, entonces todo vale.

• Asumir valores y creencias perniciosas. La supervisión por parte de padres y


docentes de los contenidos que cada joven recibe de las TIC (incluidas la televisión, las
canciones y las películas) es fundamental para que no se “intoxiquen” con ideas,
valores, creencias o corrientes de pensamiento poco saludables o, directamente,
enfermizas: homofobia, sectarismo, dogmatismo intolerante, justificación de la
violencia para defender las ideas, machismo, odio a personas por su raza o
procedencia, creencias conspiranoicas, ocultismo, sobrevaloración del dinero o el lujo,
obsesión por la popularidad o la moda... Los recursos para minimizar estos
envenenamientos son el hablar abierta y razonadamente con ellos sobre estos temas
y proponer ejemplos claros y cercanos en los que se desmontan esas teorías.

1.7. Autoestima vulnerable / reputación online

La autoestima e identidad personales están siempre vinculadas a la valoración que los


demás hacen de nosotros. En los jóvenes, esa opinión de sus amigos, familiares y
conocidos influye mucho más en su autoestima. Los bulos, rumores o directas
descalificaciones que sobre una persona concreta pueden aparecer en las redes
sociales influirán en la reputación digital y la autoestima del descalificado. Somos
complejos y cambiantes, pero una fotografía que se haya colgado en la red o una frase
desafortunada en un tweet pueden marcar a esa persona para siempre, por mucho
que después intente justificarse. Por lo tanto, debemos ser cuidadosos con qué
escribimos, qué datos y fotografías colgamos en internet o mandamos por mensajería,
porque enseguida estarán a disposición de todo el mundo.

1.8. Adicciones a internet

Como cualquier otro tipo de adicción, la de internet puede convertirse para el menor
en una obsesión, por la fruición que obtiene a nivel personal. Los distintos usos que
hace de su conexión captan su curiosidad, interés y elevan su autoestima de tal forma
que no necesita de otras actividades extras. Estas son algunas de las adicciones
cibernéticas más frecuentes:
• Cibersexo, pornografía. Por cibersexo se entienden las conversaciones de tipo
sexual tenidas a través de la red, con la finalidad de conseguir excitación y placer;
muchas veces están relacionadas con el consumo de pornografía, disponible mediante
internet. De estas actividades puede derivarse la instrumentalización de las personas
del otro sexo como simples objetos de satisfacción sexual.

• Ludopatía, juegos online. Obsesión con los juegos online, sobre todo si existe
remuneración. En todo caso, se exacerba la competitividad y la lucha por “ser más”
que los demás a través del “tener más” que ellos. Son peligrosos los casinos virtuales
en los que se engancha a los menores con victorias programadas al comienzo
(utilizando dinero virtual), que les hacen pasar a una segunda etapa donde tienen que
poner ellos el dinero real. En los juegos online un ingrediente importante de la
adicción es el propio desarrollo del juego, que les puede llenar de tensión, expectación
y una fuerte sensación de inmersión (realidad virtual). Existen juegos adecuados para
cada edad que, además de enriquecerles mentalmente, no son tan competitivos ni
adictivos.
• Chat. En este subtipo de adicción a internet se abusa de alguno o varios tipos de
chat (servicios de mensajería, IRC, chat en web, etc.). En estos casos, la presencia y la
interacción continua se vuelven apremiantes para no sentirse solo o desplazado. De
este tema trataremos más adelante, al hablar de las redes sociales.

• Blogging. Es el abuso de blogs y foros en los que el menor tiene como objetivo
narcisista el aparecer en más y más blogs y foros, luciendo sus conocimientos u
opiniones. Suele afectar a personas más adultas.

1.9. Otras adicciones relacionadas con las TIC

• Teléfono móvil. Abuso incontrolado del móvil, los SMS, WhatsApp, etc., en el que la
relación continua y fluida con conocidos les da la sensación de estar integrados,
aceptados y valorados ante otras personas o grupo de personas

• Videojuegos no online. Es una adicción fuerte causada por la emoción propia del
desarrollo de cada juego, la sucesión de niveles y de dificultades, el grado de
verosimilitud de las escenas o el reto de acabar el juego con más puntos o más
rápido... todo ello provoca que el menor pueda estar enganchado horas y horas.
Podemos ofrecer a nuestros hijos juegos enriquecedores y no adictivos u otras
actividades lúdicas fuera de la mimada videoconsola.

• Televisión. Aunque la televisión no es de reciente aparición, no deja de ser una TIC y


la adicción a series, programas de entretenimiento y concursos (ya sea en la televisión
tradicional o a través de internet) se ha mantenido como un problema para nuestros
jóvenes desde hace años. Incluso la comodidad de llenar sus mentes durante horas,
cambiando de programa o de vídeo, también puede enganchar, haciéndoles perder un
tiempo valioso.
Secuelas psíquicas de estas adicciones o del uso intensivo de las TIC:

• Síndrome de abstinencia. Este es un síntoma o consecuencia de una adicción


constatada. El menor se irrita, enfada y puede llegar a ser agresivo cuando se le
impide continuar con su móvil, ordenador, televisión o videojuego o cuando se le
castiga con no poder utilizarlo durante un tiempo determinado. La desproporción de
su respuesta nos puede dar una idea del nivel de dependencia de una tecnología. La
falta de apetito, cambio permanente de humor, silencio o aislamiento son síntomas a
tratar.

• Sentimientos de culpabilidad. Como en cualquier otra adicción, la obsesión por el


uso de una nueva tecnología de la información (móvil, internet, videojuegos,
televisión) quita tiempo para otras muchas actividades, sean estas obligatorias
(escolares o domésticas) o aficiones personales; ser consciente de esta pérdida puede
sumir al joven en sentimientos de culpabilidad. Si el reproche no es propio, sino que
viene de padres, amigos o educadores, puede sentirse igualmente culpable, pero
también puede reaccionar con mecanismos de defensa: justificándose, mintiendo,
aislándose, o con actitudes más agresivas. Hasta que no escape de su adicción no
podrá realizar con tiempo suficiente, sosiego y calma sus actividades pendientes.

2. PROBLEMAS SOCIALES
La disparidad de criterios entre los hijos y los padres sobre el tiempo y el uso que deben
tener con las TIC deriva frecuentemente en situaciones complejas y conflictos que pueden
ser solucionados con charlas sinceras y razonadas, con acuerdos y horarios consensuados
donde queden claras las responsabilidades y necesidades de cada uno, planteando
actividades alternativas, pero siempre manteniendo el principio de autoridad. Los
problemas parentales más frecuentes son:

• Irritabilidad del joven al ser interrumpido en su conexión a internet, en su videojuego,


al ver su programa favorito de la televisión, o al ser castigado con no poder utilizarlas. Los
adolescentes se apropian y se identifican mucho con sus actividades rituales con la TIC
(chat, amigos virtuales, blogs, logros en los juegos, personajes y series favoritas,
canciones), por lo que entienden la prohibición de estos como un ataque a su privacidad y
a su persona.

• Mentiras. Es fácil que, con unos padres poco preocupados y observadores, el hijo/a
mienta con facilidad y eficacia sobre su actividad con las TIC: uso del ordenador, tiempo
dedicado a la televisión, móvil o videojuegos… Muchos progenitores confían en que sus
hijos, cuando están varias horas encerrados en su habitación, han estado trabajando,
muchas veces fundados solo en la afirmación que ellos realizan, pero la realidad puede ser
otra. De nuevo el control parental y la real confianza y sinceridad entre padres e hijos será
la solución.
• Olvidar responsabilidades domésticas. La adicción y el exceso de tiempo que un joven
puede dedicar a su dispositivo preferido puede causar que pierda la noción del tiempo
mientras lo usa, pasándole los minutos y horas sin darse cuenta. Consecuencia: sus padres
le llamarán para merendar, cenar, ir a ciertas actividades extraescolares, sacar al perro y,
en general, hacer labores domésticas rutinarias, porque al hijo/a se le habrá “pasado”. Se
pueden evitar estas pequeñas tensiones con organización, que incluye control parental,
horario (hasta con alarma o despertador) y sanciones consensuadas en caso de no cumplir
con las obligaciones.

• Presiones para comprar aparatos. Es cada vez más frecuente la presión que ejercen los
hijos sobre sus padres para adquirir nuevos aparatos, conexiones o software. El llamado
Tecnonarcisismo no solo se da en niños de clases pudientes. Todos esgrimen razones
lógicas, pero que suelen ser falaces: lo necesito para clase, sin él no puedo aprobar, todos
mis amigos lo tienen y no quiero ser el raro del grupo, no volveré a pedir nada más, solo lo
utilizaré tales días… Incluso pueden llegar al chantaje emocional, esgrimiendo lo que se
aburrirán sin ello o lo poco que les quieren sus padres si no se lo compran. No es buena
idea ceder a las presiones por no enfrentarse a ellos, o negárselo sin razonar el porqué de
la negativa. Tampoco es buena idea premiarlos con este tipo de tecnología cuando
consiguen un éxito académico o cumplen cualquier otro cometido que es de su
responsabilidad, pues se acostumbrarán a trabajar a cambio de una recompensa

• Privacidad. Si los menores se consideran espiados, saben que sus correos electrónicos o
chats son leídos por sus padres, o se les exige que digan con quién han estado hablando,
se creará un evidente enfrentamiento y los hijos sentirán que se ha atacado su privacidad
o intimidad. Todo esto puede solucionarse si hay una comunicación previa en la que los
padres expresen sus miedos y recelos frente a la actividad TIC de sus hijos, explicando las
consecuencias de un mal uso de internet, el móvil o las redes sociales.

• Bajo rendimiento escolar en las tareas académicas. El uso inadecuado de las nuevas
tecnologías de la información puede tener como consecuencia un menor rendimiento en
el aprendizaje de los alumnos dentro de sus labores académicas. Además de las causas ya
citadas (excesivo tiempo de dedicación a estas actividades, poco tiempo de sueño…)
puede haber otras, estas generadas dentro del propio ámbito escolar:

• Uso inadecuado de los equipos informáticos por los alumnos/as. En las ocasiones en
que se permite el uso de los ordenadores sin un control suficiente, estos pueden ser
utilizados para usos ajenos al aprovechamiento lectivo. Tener siempre actividades de
sustitución y un control eficaz de que su uso les rinda académicamente son las soluciones
ante las horas libres en el aula que puedan tener en una clase. Ni que decir tiene que este
uso libre del ordenador es contraproducente en tutorías, apoyos o clases de repaso. Así
mismo, es conveniente que el centro posea un filtro de contenidos y que el profesor use
un gestor de equipos. Con todo, siempre es aconsejable mantener un control visual para
saber qué están haciendo los chicos en sus puestos.
• Uso encubierto del móvil. El uso del móvil en el aula siempre distrae de la actividad
educativa, aunque esté en modo silencioso. En el reglamento de régimen interno del
centro debe estar especificado si los alumnos pueden llevar el móvil o no a clase, en qué
condiciones pueden usarlo, así como qué hacer en caso de no cumplir las normas
establecidas.

• Utilización inadecuada de las TIC por los alumnos en su aprendizaje. Internet es una
herramienta muy útil para el trabajo escolar, pues facilita y amplía el acceso a la
información. Pero esta facilidad puede volverse en contra el alumno/a si la utiliza sin
entenderla ni estructurarla, utiliza la primera fuente encontrada o, por el contrario, se
satura porque encuentra innumerables páginas. Mal uso de internet es, por tanto, el
copiar y pegar párrafos completos de páginas encontradas para usarlos en trabajos o
presentaciones sin haberlos entendido; el obligarles a escribir el trabajo a mano no
soluciona este problema, pues pueden seguir sin aprender lo que copian. Sí les ayuda el
que hagan una explicación-presentación de viva voz en el aula, someterles a una serie de
preguntas sobre ese tema, pedirles que resuman en otra hoja el trabajo realizado o crear
un duelo dialéctico entre alumnos sobre ese contenido. Por otro lado, orientarles sobre
dónde encontrar los mejores contenidos en la red o utilizar técnicas tipo WebQuest les
ahorrará tiempo y complicaciones en su búsqueda en internet.

3. PROBLEMAS DE SALUD FÍSICA


• Sobrepeso. Es una consecuencia del sedentarismo que propicia el pasar muchas horas
sentado (o tumbado) frente a la pantalla. También puede pasar a la inversa; es decir, que
el sobrepeso de ciertos jóvenes les haga apetecer las actividades cibernéticas o la
televisión frente a otras que les exigen mayor esfuerzo físico, retroalimentando la falta de
ejercicio y la temida obesidad. Causas que favorecen el sobrepeso también son la
alimentación inadecuada (muchas calorías) y el comer descontroladamente (por ejemplo,
mientras se juega ansiosamente o se ven películas o partidos). La solución es obvia: mayor
ejercicio físico (mejor si está planeado y tiene su horario), control de las horas de comida,
que esta sea equilibrada (menos grasas y azúcares y más fruta y verdura) y, sobre todo,
reducir las horas que se exponen a las distintas pantallas (TV, ordenador, consola...).

• Musculares y articulares. Se deben a posiciones incorrectas delante del ordenador,


porque la espalda no está en posición suficientemente erguida, inclina la cabeza de forma
antinatural, coloca los brazos en tensión, por no apoyarlos lo suficiente, las manos y dedos
realizan un sobreesfuerzo por el uso intensivo y alejado del ratón y del teclado, las piernas
no se mueven lo necesario para un riego sanguíneo adecuado y porque no se hacen
ejercicios de relajación o estiramientos cada cierto tiempo. El dolor cervical y de espalda
son la primera señal para cambiar los hábitos ergonómicos del menor

• Oculares. Los síntomas son el estrés visual, el ver borroso o doble al mirar a distancias
largas, lagrimeo y enrojecimiento de los ojos. Las causas posibles ya nos indican cómo
debe organizarse el menor para prevenir los síntomas descritos: la pantalla debe estar de
frente (perpendicular) al usuario, por debajo de su horizontal visual y a una distancia de
sus ojos de 40-50 cm. No se recomiendan monitores muy pequeños o con mucha densidad
de píxeles, porque los textos serán minúsculos para ser leídos a esa distancia. No debe
haber reflejos en la pantalla y la luz ambiente no será muy distinta a la de la pantalla. Cada
10-15 minutos se deberá mirar de lejos para relajar la visión.

• Anorexia/ bulimia. La pérdida excesiva de peso buscada por jóvenes obsesionados por la
imagen puede deberse a modelos estereotipados e insanos observados en los medios de
comunicación, en comentarios de blogs y foros o en páginas que promueven estas
disfunciones alimentarias. Las consecuencias en la salud pueden ser catastróficas. Es
particularmente importante vigilar ciertas páginas de internet asociadas al movimiento
que promueve estas alteraciones alimentarias (páginas pro-ana y pro-mia), ya que el daño
que pueden provocar en los menores es inmenso. Muchas veces los nombres de estas
páginas ofrecen, de modo más o menos oculto, el nombre de los movimientos (ana y mia),
dato que puede servir para identificarlas bajo la apariencia de títulos juveniles.

• Autolesiones. El número de menores que se autolesionan no ha dejado de crecer en los


últimos años. Existe todo un movimiento (proSI, de self-injury) que promueve este
comportamiento como un medio de fomentar el autocontrol, de superar la frustración,
liberar la rabia o controlar la angustia. Se basa en la idea de que cuanto mayor sea el
aguante ante el dolor, también crecerá la capacidad de la persona que se autolesiona para
controlar las situaciones negativas que vive. Con bastante frecuencia las autolesiones van
asociadas a trastornos alimentarios, porque se establece una falsa relación entre el grado
de tolerancia al dolor y la capacidad de adelgazar. Las autolesiones pueden ser menores
(golpearse en las muñecas con elásticos cuando algo no sale bien en clase) o mayores
(quemaduras de cigarrillo, cortes con cúter o tijeras), y se realizan mayoritariamente en
zonas no visibles del cuerpo (antebrazos y muslos). Los menores que llevan a cabo esta
práctica se resisten a mostrar estas partes del cuerpo, incluso cuando, por temperatura,
sería razonable que lo hicieran.

4. CONSEJOS GENERALES PARA EVITAR ESTOS PROBLEMAS


Aunque cada edad y caso particular necesitan de unas soluciones concretas, nos
permitimos enunciar unas pautas básicas generales que ayudarán a que los menores
utilicen las TIC de manera más segura y gratificante:
• Informarse de los riesgos que entrañan los usos de las nuevas tecnologías en los
jóvenes. Hay decenas de páginas con avisos y datos sobre estos peligros.

• Observar a nuestros hijos/alumnos por si ya están padeciendo alguno de los problemas


citados o están en vías de hacerlo.

• Que los padres sepan manejar el ordenador, tablet o teléfono, y entiendan cómo
utilizan sus hijos los mismos. Así será también más fácil compartir contenidos y
experiencias, charlar sobre estas tecnologías e incluso poder jugar con ellos, siempre
buscando su beneficio.
• Acordar normas de uso claras de los dispositivos digitales. Para ello hay que empezar
mostrándoles, con sinceridad y sin alarmismos, los problemas a los que se pueden ver
sometidos. Las normas incluirán contenidos, aplicaciones y programas que no pueden usar
(por su edad o por su peligro) y el horario de utilización para el trabajo académico y para el
uso personal.

• Dialogar frecuentemente y sin presiones sobre el uso de las TIC, así como de las
dificultades y logros que ambos (padres e hijos) puedan tener con estas tecnologías. En
este ambiente de confianza el hijo/a podrá pedir ayuda o comentar sus problemas sin
esconderlos ni sentirse culpable.

• Es recomendable colocar el ordenador y la videoconsola en un lugar común, siempre


que se pueda, para controlar su uso y el tiempo que dedican a ello.

• Utilizar tecnologías de software para proteger el equipo y a los menores. Entre ellos
son imprescindibles los antivirus, anti-spyware y firewalls, siendo también recomendables
los filtros de contenidos, los controles parentales o el repaso del historial de páginas
visitadas de su navegador. Existen muchas soluciones eficaces en el mercado, tanto
gratuitas como de pago.

• Extremar el cuidado con las descargas de software, especialmente las gratuitas, ya que
en muchos casos son el origen de problemas en los equipos (instalación de malware, robo
de datos…). Especialmente se debe extremar el cuidado en Windows con archivos .exe
que no se sepa exactamente para qué sirven y que no provengan de una fuente segura, y
con los permisos de instalación de aplicaciones en tablets y teléfonos móviles.

• Desconfiar de correos de remitentes desconocidos o anónimos que piden que se


realicen acciones en el equipo, o que se haga clic en un enlace.

• Concienciar del fraude que supone utilizar programas o juegos piratas. No solo es una
estafa que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros, también es un peligro potencial
por virus que puedan contener y por la posible desconfiguración del sistema operativo.
• Acordar actividades alternativas saludables al uso abusivo de las nuevas tecnologías.
Existen muchas actividades, deportes, cursos, talleres, aficiones, asociaciones, ONG, etc.,
en las que el menor puede divertirse, aprender y sentirse realizado. Lo que se busca sobre
todo será movilizar físicamente al joven y socializarle para evitar la posible vida sedentaria
que tendrá si dedica mucho tiempo a las TIC.

• Tener claro el papel de padre como educador y no como “colega”, para no ceder ante
las presiones de los hijos que reclaman más tiempo de ocio frente al ordenador, menor
control y la compra de más aparatos. La realización de nuestros hijos/alumnos a medio y
largo plazo es más importante que su satisfacción inmediata.

Fuente: López Blanco, F. (2015). Guía para el buen uso educativo de las TIC.

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