RCM SEGÚN LA NORMA SAE JA1011
El mantenimiento centrado en confiabilidad (RCM por sus siglas en inglés) es una metodología
ampliamente reconocida y de uso extendido para elaborar planes de mantenimiento de equipos
industriales basándose en asegurar las funciones del equipo para la satisfacción del usuario o
propietario. Actualmente existen varias metodologías de RCM, sin embargo, la esencia de esta
metodología está contenida en la norma SAE JA1011.
El RCM es una técnica de organización de las actividades y de la gestión del
mantenimiento para desarrollar programas organizados que se basan en la confiabilidad de los
equipos. El RCM asegura un programa efectivo de mantenimiento que se centra en que la
confiabilidad original inherente al equipo se mantenga. John Moubray definió el RCM como un
proceso utilizado para determinar que se debe hacer para asegurar que cualquier activo
continúe haciendo lo que sus usuarios quieren que haga en su contexto operacional.
El propósito de la norma SAE JA1011, publicada en 1999, es establecer los criterios que
cualquier proceso debe cumplir para ser llamado “RCM”. El documento de doce páginas,
revisado en agosto de 2009, describe los requerimientos mínimos para que un proceso se
considere un método en conformidad con RCM. La norma proporciona los criterios para
establecer si un proceso dado sigue los credos de RCM como se propuso originalmente.
También puede servir como una guía para las organizaciones que buscan capacitación,
facilitación y consultoría de RCM.
La norma SAE JA1011, de AGO 2009, establece que para que un proceso sea
reconocido como RCM debe seguir los siete pasos en el orden que se muestra a continuación:
Delimitar el contexto operativo, las funciones y los estándares de desempeño deseados
asociados al activo (contexto operacional y funciones).
Determinar cómo un activo puede fallar en el cumplimiento de sus funciones (fallas
funcionales).
Definir las causas de cada falla funcional (modos de falla).
Describir qué sucede cuando ocurre cada falla (efectos de falla).
Clasificar los efectos de las fallas (consecuencias de la falla).
Determinar qué se debe realizar para predecir o prevenir cada falla (tareas e intervalos
de tareas).
Decidir si otras estrategias de gestión de fallas pueden ser más efectivas (cambios de
una sola vez).
El Contexto Operacional y las Funciones
El primer paso para aplicar RCM a un activo físico implica definir su contexto
operacional y las funciones requeridas bajo él. El punto de partida lógico para diseñar una
estrategia de gestión de mantenimiento o fallas (o una política de gestión de activos como lo
llama la norma) es entender claramente lo que se quiere del activo. Esto representa un cambio
de perspectiva para los mantenedores. A menudo, el departamento de mantenimiento no está
involucrado en la determinación de por qué un activo en particular está realmente allí. Si
queremos mantener el rendimiento de funciones específicas, necesitamos saber exactamente
cuáles son las funciones, así como los parámetros operativos que definen los niveles de
rendimiento necesarios para satisfacer la demanda operativa.
Para definir correctamente el contexto operacional, el equipo de RCM debe describir las
funciones, siguiendo esta estructura, de acuerdo con la norma:
Las condiciones en las que se prevé que funcionará un activo físico o un sistema deben
estar definidas, registradas y estar disponibles.
Deben ser identificadas todas las funciones primarias y secundarias del activo / sistema.
Todas las declaraciones de funciones deben contener un verbo, un objeto y un estándar de
desempeño cuantitativo (siempre que sea posible).
Los estándares de desempeño utilizados en la declaración de funciones, serán el nivel de
desempeño deseado por el usuario del activo en su contexto operacional actual. La capacidad
de diseño no debe ser utilizada en la declaración de función.
Fallas Funcionales
Una falla funcional se define como “un estado en el cual un activo físico o sistema no es
capaz de ejercer una función específica a un nivel de desempeño deseado”. Es fundamental
tener una comprensión perfecta de las funciones de los activos y el nivel de rendimiento
deseado para determinar las fallas. Podría haber fallas funcionales totales o parciales. Esto
significa que el activo puede no ser capaz de cumplir una función en particular o que puede
realizarla a un nivel de desempeño inferior al deseado. La norma SAE requiere que se
identifiquen todos los estados de fallas asociados con cada función para que podamos
identificar todas las causas relevantes.
Modos de falla
Un modo de falla es un evento único, que provoca una falla funcional y cada modo de
falla normalmente tiene una o más causas. Por lo tanto, necesitamos una tormenta de ideas
sobre todas las posibles causas de eventos que afectan la capacidad de los activos para
realizar cada función específica, a los niveles deseados de rendimiento. La norma recomienda
no ser demasiado superficial en el nivel de causalidad de los modos de falla. Cuando se
enumeren los modos de falla considerar:
Deben ser identificados todos los modos de falla razonablemente propensos a causar cada
falla funcional.
El método utilizado para decidir qué constituye un modo de falla “razonablemente
propenso o probable” debe ser aceptable para el propietario o usuario del activo. Generalmente
se utiliza el consenso para decidir qué modos de falla analizar y cuáles descartar.
El nivel de causalidad para los modos de falla debe ser suficientemente exhaustivo para
que puedan asignárseles políticas de gestión de fallos.
Los modos de falla enumerados en el análisis deben considerar los eventos que han ocurrido
antes, los modos de falla que se previenen en las tareas programadas existentes y otros
eventos que es probable que se produzcan en el contexto operacional real, pero que nunca ha
ocurrido.
Los errores humanos y de diseño que causan un evento de falla deben incluirse en la
lista de modos de falla, a menos que estén siendo abordados por otros métodos de análisis.
Efectos de Falla
Los efectos de falla cuantifican el “daño” que cada evento en particular puede causar a
la planta o a la organización. Se recomienda describir “lo que ocurre cuando se produce el
modo de falla”. La norma recomienda varias consideraciones relevantes para ayudar a
entender que tan grave pudiera ser cada causa de falla particular. Los efectos de falla ayudan a
determinar hasta qué punto cada modo de falla es relevante teniendo en cuenta lo siguiente:
¿Hay alguna evidencia de que ha ocurrido la falla?
¿Cuál es el impacto potencial que tiene la falla en la seguridad del personal?
¿Cuál es el impacto potencial que tiene la falla en el medio ambiente?
¿Cómo se ve afectada la producción o las operaciones?
¿Hay algún daño físico causado por la falla?
¿Hay algo que deba hacerse para restaurar la función del sistema después de la falla?
Consecuencias de la Falla
Los efectos de fallas se clasifican en categorías basadas en la evidencia que se tiene de
éstas, impacto en la seguridad, en el medio ambiente, en la capacidad operacional y los costos.
Deberíamos ser capaces de decidir cuál de las cuatro categorías se aplican a cada efecto de
modo de falla. Se debe elegir sólo una categoría, la que sea más grave. Los modos de falla
ocultos y evidentes deben estar claramente separados. Las fallas con impacto en la seguridad
o en el medio ambiente deben distinguirse de los que sólo tienen repercusiones económicas,
ya sea por consecuencias operacionales o no operacionales. Como cada paso dentro del
proceso de RCM, la determinación de la consecuencia del fallo es fundamental. Las estrategias
de mantenimiento se seleccionan cuidadosamente para cada causa de falla crítica basada en
un procedimiento de decisión que utiliza la consecuencia como punto de partida.
Selección de Estrategias de Mantenimiento
El patrón predominante de cada falla identificada debe ser tomado en cuenta al
momento de recomendar cualquier estrategia de gestión. Los modos de fallas pueden ocurrir
por tiempo de uso o edad o de forma aleatoria. También pueden ocurrir prematuramente o
siguiendo un patrón de desgaste, después de algún tiempo significativo de operación. Se debe
tener cuidado en recomendar tareas de mantenimiento basadas en patrones predominantes
reales de falla. La norma SAE JA1011 reconoce 5 posibles estrategias de mantenimiento que
deben ser aplicadas para mitigar las consecuencias de cualquier falla. Estas son las siguientes:
Tareas de mantenimiento basadas en condición, estas tareas están destinadas a detectar fallas
potenciales. Tal detección debe ocurrir con suficiente antelación para que la acción correctiva
se pueda tomar antes de un paro operacional. Una tarea de monitoreo de condición es aplicada
a intervalos fijos para predecir la tendencia de un paro operacional antes de que ocurra una
falla funcional.
Tareas de reparaciones programadas, las tareas de reparación basadas en el tiempo deben ser
realizadas en función de la vida útil del activo. Es decir, el momento en que la tasa de falla del
equipo deja de ser constante. En teoría, al final de la vida útil, la tasa de falla del activo
aumenta más allá de lo que podemos tolerar. Además de la vida útil, el costo de la reparación
preventiva también necesita ser evaluado. Esto es, una comparación del costo del trabajo de
reparación contra el de las consecuencias de la falla funcional debe confirmar la viabilidad
económica de la tarea.
Tareas de reemplazo programado, las tareas programadas de descarte y reemplazo se
consideran cuando se demuestra que es más rentable reemplazar que reparar el activo. Se
recomienda aplicar dicha sustitución al final de la llamada vida “útil” del mismo.
Tareas de búsqueda de fallas, estas tareas están destinadas a detectar fallas ocultas
asociadas, la mayoría de las veces, con dispositivos de protección o componentes
redundantes. Debemos asegurarnos de que es físicamente posible realizar la tarea de
búsqueda recomendada y que la frecuencia sugerida es aceptable para el propietario del
activo. En el libro se hablará más sobre la frecuencia de la tarea.
Tareas de rediseño, a veces no se pueden encontrar tareas de búsquedas de fallas ni basadas
en tiempo o condición adecuadas para aplicarse a un modo de falla crítico. Entonces, puede
ser imperativo que las modificaciones (también llamadas “cambios de una sola vez”) se
implementen con el fin de abordar adecuadamente las consecuencias de la falla. Los cambios
en la configuración física de los activos, los procedimientos de operación o mantenimiento, el
adiestramiento del operador / mantenedor y la alteración del contexto operacional son todas las
formas posibles de cambios de una sola vez o rediseño potencialmente necesario para la
mitigación de fallas.
FUNCION DE LA NORMA SAE JA 1012
Amplifica y clarifica cada uno de los criterios basados en el mantenimiento centrado en la
confiabilidad y resume problemas adicionales que deben ser aplicados para un correcto
desempeño del MCC.
ANALISIS RAM
El Análisis de la Confiabilidad, Disponibilidad y Mantenibilidad (Análisis RAM, por sus
siglas en ingles Reliability, Availability, Maintainability) es una técnica asociada al “Área de
Diagnóstico” de la Ingeniería de la Confiabilidad, y puede implementarse en instalaciones
industriales en la fase proyecto o en la fase operación.
Nos permite pronosticar para un periodo de tiempo determinado dichos parámetros de
mantenimiento basados en la configuración de los equipos y su filosofía operacional.
La base fundamental de este análisis es la determinación por medios probabilísticos o
analíticos de los tiempos promedios entre fallas (TPEF) y de los tiempos promedios para
reparar (TPPR) de los equipos que conforman los sistemas, con la finalidad de determinar las
debilidades de los mismos y poder tomar decisiones sobre las políticas de mantenimiento y
confiabilidad, manejos de inventarios, utilización de nuevas tecnologías y filosofías
operacionales, tanto en las etapas de diseño como en la de operación normal de las
instalaciones.
Es importante recordar que el propósito de un sistema productivo es cumplir con la
misión para la cual fue adquirido por su usuario o propietario, claro está, dentro de un contexto
operacional racional y bien definido. Para alcanzar esta misión este debe cumplir
eficientemente y con un mínimo riesgo los siguientes objetivos:
1. Estar inmediatamente Disponibles (on-Demand) cuando el usuario los requiera.
2. Ser Confiable para completar su misión de forma segura
3. Ser Mantenido y reparado, bajo un esquema de tiempos de entrega establecidos necesarios
para cumplir con la planificación de producción y la confiabilidad operacional requeridas.
Básicamente la ejecución de un análisis RAM se enmarca en los siguientes pasos o etapas:
1. Determinar la tasa de fallas y de reparación de los componentes o equipos que conforman
los sistemas a estudiar. En esta etapa se revisan los datos históricos de fallas de los equipos y
los planes de mantenimiento para determinar los TPEF y los TPPR de cada uno de ellos.
2. Revisión y verificación de la configuración del modelo y de la filosofía operacional y de
mantenimiento de los sistemas. Construcción de los diagramas de bloque (sistemas en serie,
en paralelo o serie / paralelo).
3. Modelaje RAM. Establecimiento de escenarios y análisis de sensibilidad.
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