Evolución y características del relieve español
Evolución y características del relieve español
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Al nal de la era precámbrica, hace aproximadamente 650 millones de años, apenas existían tierras en
el área que hoy conocemos como España. Esta zona estaba ubicada entre dos placas continentales: una
africana, que formaba parte de un continente conocido como «Gondwana»; y una placa paleoeuropea, que
pertenecería a otro continente denominado «Laurasia». Entre ambas placas se localizaba el antiguo mar de
Thetis.
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En la era precámbrica se sucedieron en el planeta una serie de movimientos orogénicos que, sin em-
bargo, afectaron poco a la Península. Se han localizado núcleos de esta era en Galicia, en la zona de Cangas de
Narcea (Asturias), en la parte septentrional de los Montes de Toledo y en la parte occidental del Sistema Central.
El proceso de sedimentación que se inicia tras el Precámbrico se ve interrumpido por la ruptura del
macrocontinente que comprendía todas las tierras emergidas del planeta (Pangea) y por la orogenia caledo-
niana, que en el solar peninsular tuvo poca resonancia y sólo afectó a algunas zonas de la región gallega.
En el periodo Carbonífero, hace unos 340 millones de años, se inició el movimiento orogénico hercini-
ano, de notoria importancia en la geografía peninsular. Unas fuertes presiones laterales o, en términos geológi-
cos, empujes tangenciales, hacen que emerjan del fondo marino las cadenas de montañas que van desde Gali-
cia hasta el valle del Guadalquivir, en dirección NO—SE y adosada a los viejos terrenos precámbricos.
Las tierras emergidas durante la era Primaria (600—240 m.a.) fueron: la Meseta, que entonces formaba
una cordillera, el Pirineo Central, la Bética Central y el norte de las Cordilleras Catalanas. Este relieve fue arrasa-
do a nales del Paleozoico en el periodo Pérmico, convirtiendo las tierras emergidas en una penillanura leve-
mente basculada hacia el Mediterráneo, es decir, en sentido opuesto al actual, a orando en el sector occidental
de la meseta rocas graníticas que determinan una super cie de predominio silíceo. Coincidiendo con el nal
del ciclo herciniano tuvo lugar una intensa actividad magmática.
La era Secundaria o Mesozoica (240—60 m.a.) fue un periodo de tranquilidad desde el punto de vista
tectónico. Esta calma favoreció la actuación de los agentes erosivos, que arrasaron las cordilleras formadas du-
rante el Paleozoico, convirtiéndolas en terrenos poco relevantes o en penillanuras. Lo que sí hubo en el Meso-
zoico fueron movimientos en sentido vertical denominados «epirogénicos», es decir, hundimiento de unos ter-
renos y elevación de otros. Estos movimientos, a su vez, provocaron el ascenso o el descenso del nivel de las
aguas marinas. Hablamos de transgresión marina cuando el agua avanza sobre las tierras y de regresión cuan-
do se retira.
Los actuales Pirineos y las Béticas eran por aquel entonces dos profundas fosas oceánicas donde se
acumulaban de forma continua materiales sedimentarios de tipo calizo.
A partir del Cretácico Superior, hace unos 65 millones de años, se desarrolla el ciclo orogénico alpino,
que tendrá su máxima actividad en los periodos terciarios del Mioceno y del Plioceno. La orogenia alpina, que
es la responsable de la casi totalidad de los rasgos elementos estructurales de la Península, comprimió y levan-
tó los sedimentos depositados en las fosas pirenaica y bética, al mismo tiempo que se hundía la parte nororien-
tal del macizo antiguo paleozoico en la parte correspondiente al Ebro. Este proceso contribuyó a que a oraran
los Pirineos, las Béticas y el relieve de las Baleares. La Meseta comenzó a bascular hacia el océano Atlántico y se
estructuraron en torno a ella los rebordes montañosos: en el borde nororiental, merced a los plegamientos del
roquedo depositado por el mar en la era anterior, se levantaron el Sistema Ibérico y gran parte de la Cordillera
Cantábrica, y en el borde meridional surgió Sierra Morena. También se completó la formación de las Cordilleras
Catalanas. Los valles del Ebro y del Guadalquivir eran brazos marinos que, poco a poco, se irían rellenando de
sedimentos.
Los materiales del zócalo paleozoico de la Meseta, de consistencia dura y, por lo tanto, rígidos, no con-
siguieron plegarse, se fracturaron y se rompieron, dando lugar a un relieve donde abundan las fallas. El sistema
de fallas que predomina en la Meseta es el denominado «de estructura germánica», en el que aparecen unos
bloques levantados, que reciben el nombre de «horst» o «macizos tectónicos», y otros bloques hundidos llama-
dos «graben» o «fosas tectónicas». Los bloques elevados formaron: el Macizo Galaico-Leonés, el Sistema Central
y los Montes de Toledo. Los bloques hundidos dieron lugar a las depresiones interiores o cuencas sedimenta-
rias que con guran la Submeseta Norte y la Submeseta Sur. Otros tipos de estructuras tectónicas son la alpina,
en la que se pliegan materiales de sedimentación más blandos y fáciles de doblar, que abundan en los Pirineos
y en los Sistemas Béticos y la estructura de tipo sajónico, en la que se alternan pliegues y fallas. Esta última
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abunda en los extremos rígidos de la Meseta y de la Cordillera Cantábrica y, de forma especial, en el Sistema
Ibérico. Durante la orogénesis alpina se levantaron los grandes conjuntos montañosos de Europa. En el con-
torno del mar Mediterráneo destacan la cordillera de los Alpes, los Cárpatos y los Balcanes.
A nales del Terciario y durante el Cuaternario se desarrolla la tectónica postalpina, que culmina la
evolución geológica de la Península y a la que se debe el relieve actual. Uno de los hechos más signi cativos
es, quizás, la de nitiva inclinación de la Meseta hacia el Oeste, determinando la orientación de la mayoría de
los ríos peninsulares hacia el océano Atlántico.
En esta etapa predominan los movimientos epirogénicos que provocan avances o retrocesos en las
aguas oceánicas y recti can la línea de costa formando amplios golfos, como el de Valencia. Igualmente, se
produce el asentamiento de nitivo de los ríos y la fuerza erosiva de los mismos transportan y depositan
grandes cantidades de sedimentos que rellenan las depresiones y los litorales marinos.
Durante el Cuaternario, hace 1,7 millones de años, a consecuencia de la alternancia climática aparecen
glaciares. El glaciarismo cuaternario afectó a las cordilleras peninsulares de manera menos importante que a
las de Europa central. En la última glaciación, la de Würm, entre 80.000 y 10.000 años a.C., los niveles de las
nieves perpetuas descendieron. Por ejemplo, en los Pirineos se localizaban glaciares a unos 1.200 m más abajo
que en la actualidad. Una repercusión del glaciarismo español es su incidencia en el modelado del relieve de-
bido a la erosión de los ríos. En los periodos fríos el caudal de los ríos disminuye por los hielos, al subir las tem-
peraturas (periodo interglaciar) los ríos aumentan su caudal y su fuerza erosiva, excavando en sus cauces y de-
positando en las orillas los aluviones acarreados con anterioridad, formando así las terrazas uviales.
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En resumen, atendiendo a la constitución e historia geológica de la Península que acabamos de estu-
diar, los geógrafos distinguen tres grandes unidades morfoestructurales:
1. Los macizos antiguos o paleozoicos, que son relieves arrasados y fracturados convertidos en zócalos: el
antiguo Macizo Ibérico. Ocupan grandes áreas de la mitad occidental como los Montes Galaico-Leone-
ses, Sistema Central, Montes de Toledo y Sierra Morena. Tienen una reducida presencia en las Béticas,
los Pirineos y en las Cordilleras Costero Catalanas.
2. Las cordilleras alpinas, montañas plegadas en la orogenia terciaria, por lo tanto jóvenes y de gran al-
tura, como los Pirineos, el Sistema Ibérico, gran parte de la Cordillera Cantábrica y de las Béticas.
3. Las depresiones o cuencas sedimentarias postalpinas, de las que forman parte las depresiones del
Ebro y del Guadalquivir, y las cuencas meseteñas del Duero, Tajo y Guadiana.
EL ROQUEDO EN ESPAÑA
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• Gargantas, cañones u hoces: Depresiones que han sido modeladas cuando el proceso de karsti cación
afecta a todo el espesor del roquedo calizo. Las paredes son altas por cuyo fondo uyen torrentes y ríos.
• Dolina: Cavidad en super cie
causada por el hundimiento de
los estratos calizos. Las dolinas
tienen distintas formas, aunque
abundan las más o menos circu-
lares, y un diámetro variable.
Las de mayor extensión y boca
circular se las conoce también
con el nombre de «torcas».
Cuando aparecen varias dolinas
juntas reciben el nombre de
«uvalas», dando lugar a una
topografía más sinuosa.
• Grutas o simas: Son forma-
ciones subterráneas en las que
suelen formarse estalactitas o TORCAL DE ANTEQUERA (MÁLAGA)
estalagmitas. Las simas, aber-
turas estrechas, comunican la super cie con pasillos subterráneos.
• Poljes: Grandes depresiones de fondo llano y de forma elíptica cubiertas de tierra rojiza. Las aguas de un
polje vierten en un sumidero y reaparecen más tarde en el fondo de una garganta.
La disposición en el mapa peninsular de los terrenos calizos sigue la forma de la letra «Z» invertida: el
trazado superior arranca del litoral catalán y continúa por el Pirineo y la Cordillera Cantábrica hasta Asturias,
luego desciende por el Sistema Ibérico hasta alcanzar las Béticas y acabar en el Estrecho de Gibraltar.
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MALPAÍS (LANZAROTE)
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Béjar, etc., que comunican las dos submesetas. El punto más elevado se localiza en la Sierra de Gredos: el pico
Almanzor, con 2.592 m de altura.
Los Montes de Toledo dividen la Submeseta Sur en dos cuencas hidrográ cas: la del Tajo y la del
Guadiana. A diferencia del Sistema Central, los Montes de Toledo no poseen una continuidad, sino que son un
conjunto de alineaciones serranas aisladas de poca altura, en las que rara vez sus cimas superan los 1.500 m.
Están formados por rocas muy antiguas como el granito, las pizarras o las cuarcitas. Destacan las sierras del Cas-
tañar, de Altamira, de Guadalupe, con el pico Villuercas (1.603 m) como la máxima cumbre.
La Submeseta Norte o cuenca del Duero tiene una altitud entre 700 y 800 m, y ocupa casi las dos ter-
ceras partes de la extensión total de la comunidad castellano-leonesa. Es una amplia y elevada llanura cerrada
por un cinturón de montañas, excepto por su lado occidental. Topográ camente observamos tres partes bien
diferenciadas en la Submeseta Norte:
• Al Norte y al Este los páramos, unos terrenos elevados, planos y pedregosos, formando plataformas de
erosión diferencial.
• En la zona central la campiña, una llanura ondulada con predominio de material arcilloso y con algún cerro
testigo. Fluye por ella el río Duero.
• Al Oeste se ubica la penillanura zamorano-salmantina, donde se hace visible el zócalo antiguo de granitos
y pizarras, y en el que debido a la erosión uvial se aprecian profundas gargantas.
La Submeseta Sur abarca las cuencas hidrográ cas de los ríos Tajo y Guadiana. En ella se distinguen
las siguientes unidades morfológicas:
• Al Este, mesetas y vastas llanuras, de las que la Alcarria y La Mancha son un buen ejemplo. En el Campo de
Calatrava, en las proximidades de la Serranía de Cuenca, se dejan ver las huellas de una notable labor vol-
cánica a nales del Terciario, cráteres y conos volcánicos que forman cerros. En el límite provincial de Al-
bacete y Ciudad Real, fenómenos kársticos han propiciado la circulación de aguas subterráneas, como
ocurre en las Lagunas de Ruidera.
• En el centro, la fosa tectónica del Tajo que, en recorrido Este-Oeste va cortando el relieve, descendiendo
desde los 1.200 m que alcanza en la provincia de Guadalajara hasta los 200 m en la frontera con Portugal.
• Al Oeste destaca la penillanura de la meseta extremeña, una amplia extensión totalmente erosionada. So-
bre esta super cie destacan algunos relieves residuales, es decir, rocas resistentes a la erosión.
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municaciones por carretera se realizan principalmente por los puertos de montaña de El Escudo (1.012 m) y de
Pajares (1.366 m). Los dos principales sectores de la Cordillera Cantábrica son:
• El sector occidental o asturiano, formado por materiales paleozoicos levantados en la orogenia terciaria, en
la que los ríos torrenciales (Nalón, Sella…) han excavado profundos cañones. En los Picos de Europa se
alzan las cumbres más elevadas: Peña Vieja (2.615 m), Torre Cerredo (2.648 m) y el Naranjo de Bulnes
(2.516 m).
• El sector central-oriental es un conjunto de calizas plegadas, donde predominan los fenómenos kársticos.
Las cimas son menores que las del sector asturiano: Castro Valnera (1.708 m).
Los Montes Vascos, en el extremo oriental de la Cordillera Cantábrica, unen a ésta con los Pirineos
occidentales. Tienen una escasa altitud: Aitzgorri, 1544 m; Aralar, 1.400 m; y Peña Gorbea, 1475 m.
El Sistema Ibérico se extiende en dirección NO—SE desde Burgos hasta cerca de la costa mediterránea
en la provincia de Valencia. Está formado por una serie de depresiones de formas longitudinales que alternan
con pequeñas cuencas locales. Se distinguen varios sectores:
• Al Norte, las sierras de la Cebollera, de la Demanda, de Urbión y de Moncayo, dispuestas en dirección NO—
SE y formadas por pliegues y fallas de materiales primarios o secundarios. La cúspide del Moncayo, con
2.134 m, es el punto más elevado del Sistema Ibérico.
• A partir de Teruel, desde el valle del río Jiloca, el sistema montañoso se bifurca en dos ramas: la interior o
castellana y la rama lindante con la depresión del Ebro (Albarracín, Gúdar, Maestrazgo y Javalambre).
• Hay zonas calcáreas con importantes formaciones kársticas: las torcas de Cuenca y la Ciudad Encantada.
También existen restos de relieve glaciar en las zonas más elevadas, como el Moncayo o los Picos de Ur-
bión, y en la Laguna Negra, al norte de la provincia de Soria.
Sierra Morena es el límite meridional de la Meseta. No es una cadena montañosa propiamente dicha,
sino un peldaño que separa el antiguo macizo Hespérico del valle del Guadalquivir. Geomorfológicamente,
este escarpe es interpretado de varias maneras: unos creen que se trata de una falla, y otros de una exión del
zócalo paleozoico que en ciertos sectores está desgarrado por fallas. Destacan algunas sierras como las de
Madrona, con el pico Bañuela (1.323 m), Pedroches y Aracena.
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• La cordillera litoral o costera, desde Gerona hasta el suroeste de Barcelona. Es una montaña baja con re-
lieves aislados: al norte antiguos macizos graníticos (Montes Gavarres, Montnegre y Tibidabo), y al sur el
macizo kárstico de los altos de Garraf, desde donde la costa se convierte en costa baja.
• La depresión litoral o longitudinal, una fosa hundida entre las dos alineaciones montañosas, que se rellenó
en el Terciario y en el Cuaternario. Es un relieve suave y óptimo para la agricultura con comarcas como la
Selva, el Vallés y el Penedés.
• La cordillera prelitoral o interior, el sistema más complejo e importante. Alternan macizos viejos, de cum-
bres redondeadas, como las Guillerías o el Montseny, con relieves terciarios como Montserrat, un macizo de
formas topográ cas que semejan torres y columnas.
Los Sistemas Béticos forman una gran cordillera, situada en el sur de la Península, dando lugar a un
arco de 650 km que va desde la punta de Tarifa, al suroeste, hasta el Cabo de la Nao, al noreste. Es la mayor
unidad del relieve español y alberga las cimas más elevadas de toda la Península. Al igual que los Pirineos, las
Béticas son montañas jóvenes. Se distinguen varios conjuntos de sierras separadas por una depresión:
• Las Cordilleras Subbéticas, unas alineaciones más bajas que bordean el valle del Guadalquivir por el Sur,
extendiéndose desde Gibraltar hasta la provincia de Alicante. Predominan los materiales mesozoicos y ter-
ciarios, sobre todo margas y calizas. Destacan las sierras de Ubrique, Grazalema, Cazorla, Segura y La Sagra
(2.381 m).
• La Cordillera Penibética, una alineación de sierras aisladas entre las que destaca Sierra Nevada, situada a
sólo 35 km del mar. En Sierra Nevada se localizan los picos del Veleta (3.392 m) y el Mulhacén, la mayor
altura peninsular con 3.482 metros.
• Las hoyas o surco intrabético, que son fosas postorogénicas en forma de artesas que se extienden a lo largo
de unos 250 km. Destacan de Oeste a Este: Antequera, Granada, Guadix, Baza y Almanzora. Estos surcos
están rellenos de sedimentos terciarios y cuaternarios.
D. Las depresiones.
Los valles o depresiones del Ebro y del Guadalquivir se originaron como consecuencia de los
plegamientos alpinos. Ambas depresiones, denominadas también «fosas prealpinas», se hundieron progresi-
vamente durante el Terciario y fueron rellenadas posteriormente con los sedimentos arrancados a las cordilleras
alpinas.
El valle del Ebro forma un triángulo encajado entre los Pirineos, el Sistema Ibérico y la Cadena Cos-
tero-Catalana. Es una zona recorrida por el río Ebro en dirección NO—SE. Desde los comienzos de la Era Terciaria
hasta la orogénesis alpina, este territorio estuvo ocupado por un amplio brazo de mar. Durante los movimien-
tos alpinos, al cerrarse las salidas por Cataluña y Navarra, se convirtió en un lago donde se depositaban sedi-
mentos marinos, en un principio, y continentales después. En la zona central abundan materiales blandos (ar-
cillas y yesos). La erosión diferencial ha modelado estos materiales en relieves de cuestas, planas o muelas, pe-
queñas planicies aisladas de fuerte pendiente. En la depresión del Ebro persisten numerosas lagunas tempo-
rales y de aguas salinas.
El valle del Guadalquivir, también de forma triangular, está abierto al mar y regado por el río
Guadalquivir y sus a uentes. Su génesis coincide con el levantamiento de las Béticas y la formación entonces
de un brazo de mar entre el Mediterráneo y el Atlántico. A nales del Terciario tiene lugar una sedimentación
marina que favorece la elevación del terreno y la retirada de las aguas. Desde entonces se con gura una amplia
llanura sedimentaria, cuya altitud media puede estimarse en 150 metros. Cerca de la desembocadura del
Guadalquivir, la llanura bética forma un paisaje de marismas, un delta interior muy pantanoso.
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4. El relieve insular.
Las Islas Baleares, situadas frente a la costa levantina del mar Mediterráneo, están formadas por tres
islas mayores: Mallorca, Menorca e Ibiza; y otras menores, como son Formentera, Cabrera y Conejera. Geológi-
camente, Mallorca e Ibiza son la prolongación oriental de las Cordilleras Béticas. Ibiza está separada del penin-
sular Cabo de la Nao (Alicante) por una distancia de 90 km.
La isla de Mallorca es la de mayor tamaño, con una extensión de 3.640 km2, y ningún punto de ella
dista más de 40 km del mar. En ella diferenciamos tres sectores:
• La Sierra de Tramontana, al Noroeste, donde destaca el pico Puig Major, con 1.445 m, el más alto de todo el
archipiélago.
• El Plá o la llanura baja, cuenca central asentada en un relleno de materiales terciarios.
• Las Sierras de Levante, al Sur de la isla, apenas alcanzan los 500 m (Son Morei, 558 m), y llegan al mar a
través de un relieve calizo con formaciones kársticas, cuya mejor expresión son las Cuevas del Drach.
La isla de Ibiza tiene su punto más elevado en Sa Talaiassa, con 475 metros. La isla de Formentera es
una prolongación del vértice meridional de Ibiza a través de las islas de Negres y Espalmador.
La isla de Menorca tiene un origen geológico diferente y está ligada a la Cadena Costero—Catalana.
Posee una alineación montañosa de escasa altitud (El Toro, 356 m) en la zona central que divide la isla en dos
partes: al Norte, la Tramontana de materiales paleozoicos; y al Sur, el Migjorn, de rocas calizas mesozoicas.
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dichas fracturas, la emisión de magmas y el ascenso de grandes rocas volcánicas. La solidi cación del magma y
el roquedo volcánico edi caron las diferentes islas del archipiélago. Este roquedo volcánico ha sido erosionado
por el viento y por el agua, dando lugar a una gran variedad de paisajes. Entre las formaciones volcánicas
destacan las siguientes:
• Los conos de cenizas, relieves individualizados resultantes de la actividad volcánica, con un importante
contenido de cenizas y pequeños fragmentos de roca volcánica.
• Las calderas, depresiones casi circulares originadas por explosión, hundimiento o erosión. Un ejemplo de
la complejidad de las calderas se encuentra en las Cañadas del Teide, en la parte central de Tenerife, donde
se alzan el Pico Viejo y el Pico del Teide, que es la máxima altura de España (3.718 m).
• Los malpaíses o coladas de lava solidi cada con la super cie agrietada.
• Los roques, pitones de lava puestos al descubierto por la erosión.
Junto al Teide, otras alturas importantes en el archipiélago canario son: Roque de los Muchachos
(2.424 m) en la isla de La Palma, y el Pico de las Nieves (1.949 m) en Gran Canaria.
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• Los ascensos y descensos del nivel del mar que in uyen especialmente en los procesos erosivos y sedi-
mentarios.
COSTAS ESPAÑOLAS
El litoral cantábrico se extiende desde la desembocadura del río Bidasoa hasta la punta de Estaca de
Bares, a lo largo de 770 km. Orientada de Este a Oeste, la costa cantábrica tiene un contorno rectilíneo y longi-
tudinal respecto a las estructuras de la Cordillera Cantábrica. Las formas acantiladas se deben a un rápido
hundimiento del mar, por lo que las playas son escasas; las rías carecen de rami caciones y son cortas.
Las rías gallegas se extienden desde la Estaca de Bares hasta la desembocadura del río Miño, que
hace frontera con Portugal, abarcando toda la costa galaica. Este litoral tiene un aspecto desgarrado por el
fuerte oleaje del Atlántico y está articulado por las numerosas y profundas rías. Las accidentadas rías gallegas
son antiguos valles torrenciales que han sido invadidos por las aguas oceánicas como consecuencia de un as-
censo del nivel del mar, debido probablemente a la fusión de los glaciares cuaternarios. Según las circunstan-
cias que han ocasionado esta morfología costera, distinguimos dos zonas de rías: las Rías Altas, que van desde
la ría de Ortigueira hasta el cabo de Finisterre, y las Rías Bajas.
Las Rías Altas son cortas y estrechas en su tramo cantábrico y muy abiertas en su trazado atlántico. Su
orientación viene determinada por la estructura de unos terrenos blandos poco resistentes a la erosión diferen-
cial. Se suceden en dirección E—SO, y comprenden las rías de Ortigueira, Cedeira, El Ferrol, Betanzos, La Coruña,
Lage y Camariñas.
Las Rías Bajas, que llegan hasta la Punta de Santa Tecla, situada en la boca del Miño, son de origen tec-
tónico. Tienen forma de embudos anchos y profundos, que penetran hasta 35 km en el interior del continente.
La ría más septentrional es la de Corcubión y hacia el sur nos encontramos las de Muros-Noya, Arosa, Ponteve-
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dra y Vigo, que forman respectivamente los ríos Tambre, Ulla, Lérez y Verdugo. Todas ellas están orientadas de
SO a NE.
La costa atlántica meridional se prolonga desde las bocas del Guadiana, límite fronterizo con Portu-
gal, hasta la Punta de Tarifa (295 km). Este litoral está dominado por la planicie del Golfo de Cádiz, una costa
baja, arenosa, llena de dunas, barras e isletas modeladas por los ríos en su desembocadura. Esta franja litoral
corresponde a la zona más deprimida del valle del Guadalquivir, rellenada por materiales nos del Plioceno,
que progresivamente van ganando espacio al mar, constituyendo una inmensa marisma.
En cuanto a las costas mediterráneas, abarcan una extensión de 1.663 km, desde Gibraltar hasta el
Cabo de Creus, alineándose en cuatro arcos:
• Desde Gibraltar al Cabo de Gata sigue un trazado rectilíneo, de Este a Oeste, en el que alternan la costa alta
acantilada por los relieves de las Béticas y largos tramos de costa baja.
• A partir del Cabo de Gata hasta el Cabo de Palos, el litoral es más accidentado y se desvía al Noreste descri-
biendo el Golfo de Mazarrón.
• El arco comprendido entre el Cabo de Palos y el de la Nao ofrece un litoral bajo y arenoso, con amplias
playas bordeadas de estanques y albuferas, como la Manga del Mar Menor cerrada por una restinga o
lengua de arena. También es frecuente encontrar terrenos con dunas.
• Del Cabo de la Nao al de Creus, el litoral presenta un carácter mixto. Primero, unas costas de playas
arenosas y de tipo deltaico, donde destacan la Albufera de Valencia y el delta del Ebro; y después, unas
formas más accidentadas y abruptas, sobre todo a partir de Barcelona hacia el Norte.
En las Islas Baleares, Mallorca tiene una costa norte, paralela a la Sierra de Tramontana, rectilínea y
acantilada. El resto de la isla es una costa baja donde destacan las bahías de Palma y Alcudia. En Menorca, el
litoral septentrional está fracturado y es por tanto bastante accidentado; al sur alternan los acantilados con las
ensenadas pequeñas o calas. En Ibiza predominan las costas accidentadas, excepto en su parte oriental, donde
hay extensos arenales.
En las Islas Canarias, su trazado costero es de origen volcánico, y está sujeto a un constante modela-
do. Predominan los grandes y escarpados acantilados de entre 100 y 400 metros sobre las playas, las cuales se
suelen encontrar en la desembocadura de los barrancos.
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