Narodowski – Infancia y Poder.
Capítulo 2: “El Imperio del orden”
Comenius
El estudio del nacimiento de la pedagogía moderna es el análisis de un nuevo
ordenamiento; es la minuciosa mirada acerca de una nueva dispersión de los anteriores
insumos y la aparición de propuestas discursivas e institucionales diferentes.
Comenius instaura, a partir de numerosos escritos, algunos de los más relevantes
mecanismos que se perpetúan a lo largo de estos últimos cuatro siglos en la pedagogía
moderna. El autor desea demostrar el valor que posee la obra comeniana en lo que
respecta a la instalación de estos mecanismos. En sus textos se despliegan varios de los
dispositivos fundantes de las nuevas relaciones educativas instaladas en la pedagogía;
sobre todo los que tienen que ver con algunos de sus componentes; con la
simultaneidad, la gradualidad y la universalidad.
¿Por qué Comenius? Simplemente, si lo que se intenta es rastrear una fractura,
Comenius la expresa convenientemente, sintetizando incluso muchas de las visiones de
antecesores y contemporáneos.
En primer lugar, la presencia de una niñez no pedagogizada y la ausencia de una
pretensión de control del cuerpo infantil basando la actividad educadora solamente a
partir de la confianza en un método de enseñanza eficaz, habrá de concluirse que no
puede enaltecerse a Comenius más allá de sus propios logros, sus propias limitaciones,
su propia época. Como afirma Foucault, nadie puede escribir cualquier cosa en
cualquier momento.
La descripción de la infancia construida por Comenius deja en claro (por lo menos en lo
respectivo a esa problemática) que no todo ya fue dicho por el pedagogo bohemio y,
especialmente, que una mera “traducción” a la realidad educativa contemporánea no
alcanza para comprender la complejidad de la producción de los pedagogos del siglo
XVII y su lugar en el devenir de la pedagogía moderna.
Sin embargo, estos comentarios no están dirigidos a refutar la necesidad de abordaje de
los estudios comenianos sino a ponderar en forma más rigurosa sus alcances. Pareciera
que toda producción pedagógica es reducible al pensamiento comeniano, proyecto que
-después del acercamiento al estudio de la problemática infantil- queda a nuestro
entender prácticamente desechado. En el filo de la cultura moderna, empuja a no pocos
pedagogos a producir un efecto de nostalgia en favor de las grandes obras del pasado y
en contra de lo que denominan “la infecundidad de los tiempos que corren”.
Se intenta demostrar que la fecundidad de la reflexión comeniana se encuentra en la
visión más general acerca de los hechos de la educación moderna.
La pedagogía comeniana implanta una serie de dispositivos discursivos sin los cuales es
prácticamente imposible comprender la mayor parte de las más actuales posiciones
pedagógicas. En este sentido es que Comenius constituye una referencia inicial puesto
que dispone elementos sin los cuales la pedagogía moderna sería irreconocible en sus
principales facciones y matices presentes.
La distribución generalizada
En el capítulo X de la Didáctica Magna, Comenius comienza a desarrollar esos
postulados que habían aparecido al comienzo de la obra marcando la finalidad de la
misma. Se trata de construir un instrumento capaz de "enseñar todo a todos" de la mejor
manera posible, el "ideal pansófico".
En ese “todos” Comenio incluye, por un lado, todas las edades para él contenidas en la
juventud. Por otro lado, a los dos sexos y a todas las clases sociales.
El aspecto cuantitativo del ideal pansófico, la referencia al último "todos", supone en
Comenius una operación muy compleja y dispuesta en gran escala en lo que respecta a
la dispersión de la oferta escolar. Su diagnóstico de la situación existente (y esto
atraviesa a toda la pedagogía moderna) es muy negativo. Siguiendo a Lutero, plantea
que en "todas las ciudades, plazas y aldeas se carece de escuelas". Comenius es
consciente de que hasta la época en que está escribiendo "se ha carecido de escuelas que
respondan perfectamente a su fin" (el ideal pansófico) pero a la vez tiene confianza en la
realización de esa gran operación de creación de escuelas. La normativización de los
fines de la escolaridad, es típica de la modernidad pedagógica.
El sentido del programa general de universalización de la enseñanza escolar es el de
absorber en ellos a todos los niños y jóvenes.
La intención es elaborar círculos concéntricos cada vez más amplios y que contengan un
piso superior en la etapa siguiente de la escolaridad. El sistema se desliza desde el hogar
paterno hasta la totalidad del "reino o provincia". Una operación a gran escala.
En sus inicios, la operación de universalización comienza con el pase de la educación
familiar a la escolarización. Se tiende a la desprivatización por la necesidad de que el
educador no sea el padre sino el maestro. El apelo inicial es en este sentido general y
moderado e intenta una proclama destinada a resaltar valores genéricamente humanos.
Para Comenius la educación de los hijos "corresponde naturalmente a los padres [...] a
los cuales prestan ayuda los maestros de las escuelas". Esto en un principio se debe a
que "son raros [...] aquellos que o sepan o puedan o estén sin ocupaciones para
entregarse a la enseñanza de los suyos". Aquí la función docente es complementaria de
la paterna y surge en virtud de la detección de una carencia.
Más allá del "saber", el "poder" o el "querer" de los padres prima una razón superior a
estas cuestiones familiares o individuales y se termina imponiendo un criterio de
utilidad como el mismo Comenius explicita. Esta utilidad parece radicar en tres
cuestiones. Una de índole didáctico: los niños aprenden mejor al lado de otros niños. Un
segundo motivo: el dejar la educación escolar a un especialista supone la renovada
referencia al orden arrancándose la actividad educadora de la buena o mala voluntad
paterna; la universalidad necesita de mecanismos suprafamiliares para realizarse. Por
último, el orden empieza en la procura de una racional decisión en cuanto a la división
social del trabajo.
La educación escolar será transferida a la esfera pública, lo que no necesariamente
implica la escolarización estatal, sino un decidido control general y extrafamiliar de la
acción adulta sobre la infancia. Ese control no puede ser ejercido más que por el
organismo que en Comenius (y en todo el pensamiento moderno) aparece representando
el interés general: el Estado.
Comenius brinda los primeros argumentos de la pedagogía moderna en pos de su propia
autojustificación. Ya no alcanza la acción del padre para educar correctamente a los
hijos: ahora son los especialistas que, con métodos racionales, habrán de actuar
ordenadamente y eficientemente sobre la niñez.
Este reclamo de traspaso de la educación infantil a la esfera pública requiere en los
hechos de un dispositivo de alianza entre los adultos en cuestión: los padres y los
maestros. Para lograr el cometido de la universalización a través de un sistema público
(estatal o no) de educación escolar, es necesario un tácito contrato entre maestro y padre
mediante el cual aquél se encarga de las tareas que originariamente —que
"naturalmente"— le corresponden a éste, pero que en virtud de la división compleja de
la sociedad en primer término y, consecuentemente, del proceso creciente de
especialización, no puede ni debe efectuar. En conclusión, no hay posibilidad de
universalización de la educación escolar si este dispositivo de alianza maestro-padre,
escuela-familia, no está lo suficientemente instalado e institucionalizado.
Pero el “dispositivo de alianza” no es el único componente que tiende a la efectivización
del ideal pansófico. Otro de los elementos que en la obra comeniana resultan
indispensables para garantizar el funcionamiento armónico en el nivel más general y así
lograr el cometido de la universalidad es, además de la extensión generalizada de los
establecimientos escolares, un funcionamiento homogéneo de esa extensión. A este
fenómeno lo hemos dado en llamar “simultaneidad sistemática”: mecanismo de
equiparación de la actividad escolar en lo que respecta a su funcionamiento en un
período dado de tiempo y dentro de un espacio determinado (que es un espacio
político).
A Comenio le importa generar un modelo capaz de distribuir equitativamente los
saberes generados por la humanidad. El ideal pansófico y, de hecho, todo programa de
extensión escolar estipulado por la pedagogía moderna estará sustentado por un fuerte
interés normalizador, homogeneizador.
Comenius demuestra una preocupación que más tarde será recurrente en todo el
discurso pedagógico moderno: no solamente todos deben ir a la escuela, sino, además,
todos deben hacerlo al mismo tiempo:
◆ Mismo tiempo en lo que respecta a la edad.
◆ Mismo tiempo en lo que respecta a la época del año;
◆ Mismo tiempo en lo que respecta a las horas del día.
Para Comenius, la adecuación de la organización escolar a criterios de tiempo es
fundamental → la simultaneidad sistémica será el corolario más claro de ese criterio, al
menos en lo atinente a la cuestión cuantitativa del ideal pansófico.
Los elementos que permanecen dentro de una misma etapa son ordenados
temporalmente, pero ahora para garantizar su simultaneidad.
El ideal pansófico y, de hecho, todo programa de extensión escolar estipulado por la
pedagogía moderna estará sustentado por un fuerte interés normalizador,
homogeneizador.
Comenius propone la simultaneidad sistémica bajo el precepto de "Uniformidad en
todo". Declara la necesidad de instalar un solo método para enseñar, respectivamente,
ciencias, artes y lenguas.
La pretensión universalista va acompañada de mecanismos homogeneizadores que
dejan de lado toda posibilidad de diversidad.
Este afán uniformador genera regularidades para cada escuela y estas regularidades a se
vez se engarzan meticulosamente entre sí para lograr que todos los procesos escolares se
den en un mismo tiempo. En la obra de Comenio y en toda la pedagogía moderna, la
reflexiva y rigurosa concatenación vertical y horizontal de los fenómenos de la
escolarización, esa procura del orden en todo, supone al factor tiempo como elemento
central. La consecuencia visible está representada por lo que en la actualidad se
denomina “calendario escolar”.
Para que estas acciones sean coordinadas e integradas se necesita que exista un plano
superior, ese plano debe ser ocupado por el Estado. En Comenio existe una apelación a
un nivel supraindividual y supraescolar.
Sin esta intervención del Estado, dice Comenio, es imposible la universalidad, ya que no
se podría garantizar la educación de los más pobres. Hay dos requerimientos efectuados
a favor de la acción estatal indispensable que garantiza la universalidad: el respaldo
financiero, sobre todo expresado en ayuda para la educación escolar de los pobres, y el
respaldo político de la “autoridad y liberalidad” del máximo representante del Estado.
El ideal pansófico se garantiza a partir de: un dispositivo de alianza entre la escuela y la
familia que garantiza el flujo de la infancia de un ámbito al otro. Un sistema de
simultaneidad que homogeneiza la actividad propiamente escolar, emparejando las
acciones de orden horizontal y graduando el movimiento en sentido vertical. Y un ente
coordinador e integrador es el Estado, que dispone los elementos políticos y financieros
indispensables para el buen funcionamiento de la maquinaria. Un ideal pansófico en el
horizonte, a donde dirigir los esfuerzos.
La producción de una institución
El primer “todo” implicado en el ideal pansófico tiene que ver con la ambición de
equiparar el contenido destinado a la transmisión de saberes en el espacio concreto de la
escuela. La universalidad implica una faz cuantitativa que traerá necesariamente la
simultaneidad sistémica y el dispositivo de alianza escuela-familia. Pero la extensión de
la educación escolar no alcanza, según Comenius, a los fines planteados. Comenius
desmenuzaba la idea pansófica en la que el contenido de la enseñanza es tan
significativo como los mecanismos pergeñados para su distribución.
La precisión de Comenius en lo que respecta al demarcar los límites de sus pretensiones
pedagógicas implica en el caso del contenido a transmitir una astucia premonitora en lo
atinente a la masa de conocimiento producida por la sociedad moderna. Comenius dice
que "El enseñar todo a todos" no supone que "... todos tengan conocimientos
(especialmente acabados y laboriosos) de todas las ciencias y artes. Esto ni es útil por su
misma naturaleza ni posible dada la brevedad de la humana existencia". Hay que formar
al ser humano en los fundamentos de todas las cosas: "... debemos ser enseñados e
instruidos acerca de los fundamentos, razones y fines de las más importantes cosas que
existen y se crean". A esta regla general le aplica un principio de transferibilidad, "...
que no ocurra nada en nuestro paso por este mundo que nos sea tan desconocido que no
lo podamos juzgar modestamente y aplicarlo con prudencia a su uso cierto sin dañoso
error".
Si el ideal es pansófico y hay que enseñar todo y si se resuelve que ese "todo" estará
acotado al aprendizaje del fundamento central del contenido: lo único que queda por
delante es un problema metodológico. La estrategia correspondiente al problema de la
universalización es recostada en la simultaneidad sistémica. El método correspondiente
a la transmisión es el problema central de la Didáctica Magna y de la mayor parte de la
obra didáctica comeniana.
El esfuerzo comeniano es un esfuerzo fundamentalmente didáctico. Todo discurso
didáctico, empezando por el de Comenio, es productivista desde el momento en que se
aboca al estudio de los procesos de producción de saberes por parte de los alumnos, en
el marco de la institución escolar. La Didáctica Magna instaura un nuevo mecanismo:
La gradualidad. El acceso al conocimiento, Comenio advierte que debe efectuarse de lo
simple a lo complejo, y de lo general a lo particular.
Comenio explicita diez fundamentos en relación a la facilidad para enseñar y aprender:
La primera clase de estos fundamentos se relacionan con el respeto a la etapa
vital de los alumnos.:
"Se comienza temprano antes de la corrupción de la inteligencia";
"Se actúa con la debida preparación de los espíritus"
"...No se obliga al entendimiento a nada que no le convenga por su edad,
o por razón del método".
En conclusión, el adaptar las acciones a la situación específica del
educando constituye la primera clase de fundamentos para hacer más
fácil la educación escolar
La segunda clase de fundamentos tiene que ver no con el que va a aprender sino
con el camino que debe tomar el que va a enseñar.
"Se procede de lo general a lo particular";
"... de lo más fácil a lo más difícil.";
"... no se carga con exceso a ninguno de los que va a aprender.";
"... se procede despacio en todo.";
"... se enseña todo por los sentidos actuales." y
"... siempre por un solo y mismo método"
Todos los preceptos ordenan directamente la actividad del educador a fin
de que nada de su accionar quede librado ni al azar ni, obviamente, a su
propia iniciativa, ya que no se presumen diferencias de ningún tipo entre
profesores que deban ser respetadas. El maestro es el elemento neutro de
la pedagogía moderna el que, como la unidad en el producto, sólo va a
transmitir asépticamente lo operado por los otros factores.
La última clase de fundamentos está compuesta por un único precepto que alude
al contenido de la enseñanza:
"... [se enseña todo] para el uso presente"
Para Comenius, la inmediatez en la aplicación de lo aprendido forma
parte de la fundamentación de la facilidad para aprender
Comenio construye uno de los más importantes mecanismos de la educación escolar
moderna; mecanismo que posee total vigencia desde el siglo XVII hasta nuestros días.
Comenio critica tres características de la enseñanza anterior:
Que cada maestro trabajaba separadamente con uno o pocos discípulos
Que solían existir varios maestros para un mismo conjunto de educandos, lo que
confundía el aprendizaje de éstos
Los libros leídos no están unificados, lo que causa confusión extrema.
La solución a estos problemas radica en el concepto comeniano de “instrucción
simultánea” (un solo maestro instruyendo a un grupo de estudiantes en un solo y por
demás organizado esfuerzo didáctico) que se constituye en uno de los núcleos
principales del pensamiento pedagógico moderno.
La simultaneidad institucional se expresa en su forma más acabada cuando el docente
transmite saberes al conjunto de los educandos como si se tratara de uno solo de ellos.
Lo que Comenio ha producido es un curriculum unificado para la enseñanza en un
determinado espacio territorial. La instrucción simultánea es el medio a través del cual
es posible extender un currículum unificado en un sistema de simultaneidad.
Para completar el panorama, Comenio introduce un auxiliar que resulta fundamental en
este intento normalizador: el libro. Desde el punto de vista de su contenido, el libro
didáctico expresa las temáticas estipuladas para la enseñanza en cada nivel de la
escolaridad. Desde el siglo XVII, el texto se legitima en la medida en que contribuye
eficientemente al proceso de producción de saberes escolares. El libro de texto didáctico
construye una estética que le es propia. El libro didáctico representa al mundo en
imágenes, pero en imágenes escolarizadas.
La escuela aparece como una realidad donde se procesan saberes que poseen un alto
nivel de abstracción y que, a través de distintos elementos, mediatiza tanto la presencia
del afuera en su interior como la participación futura de sus actores en el exterior.
Currículum unificado, método unificado, libro de texto unificado: son los elementos que
hacen posible un sistema escolar simultáneo mientras que, en el nivel de la institución y
del salón de clases, garantizan la instrucción simultánea.
En Comenio, la cuestión de la disciplina escolar (es un instrumento más del accionar
escolar) se posiciona en función de un rechazo y una tendencia. Rechazo a la disciplina
anterior a su época. Tendencia a ordenar todo: la disciplina no escapa a la tendencia
organizadora. La disciplina escolar no es para todos los alumnos, sino solo para aquellos
que se desligan de las normas pautadas. Esta disciplina, es por lo tanto, correctiva y
ejemplificadora.
En la obra de Comenio la vigilancia opera menos sobre el cuerpo infantil y más sobre el
método. En la pedagogía de Comenio se considera a la disciplina no un instrumento
básico sino un emergente coyuntural.
La vigilancia que se ejerce no es sobre la niñez en proceso de escolarización sino sobre
la actividad del maestro y la transmisión de saberes de un modo correcto.
En esto radica el éxito de la realización del ideal pansófico: en que sea posible construir
un modelo de orden racional en la actividad educadora capaz de dejar en un segundo
plano los conflictos coyunturales y haciendo de la disciplina un mero instrumento de
alcance local. La configuración moderna de la escolaridad implica un modo específico
de producción y distribución de saberes.
Comenio instala un sistema de simultaneidad en dos niveles:
Simultaneidad sistémica: la posibilidad de que todas las instituciones escolares
conformen un sistema con un único currículum, mismas normas legales, un
calendario escolar único. La existencia de un Estado nacional moderno parece
ser la única condición para la realización de la simultaneidad sistémica.
Simultaneidad institucional: un docente que al mismo tiempo enseña a un único
y homogéneo grupo de alumnos los mismos contenidos curriculares.
La simultaneidad en el nivel de la sala de clases unifica la acción de los
educandos. Esto supone un nuevo mecanismo: la gradualidad, a partir de la cual
los alumnos se agrupan de acuerdo a grados de profundidad alcanzados en el
tratamiento de los contenidos.