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El Huso La Lanzadera y La Aguja-Hermanos Grimm

Este resumen describe la historia de una joven huérfana que es criada por su madrina. Cuando la madrina muere, le deja a la joven su cabaña, huso, lanzadera y aguja para que pueda ganarse la vida. Mientras hilaba, el huso, la lanzadera y la aguja cobraron vida y la ayudaron a prepararse para el príncipe que pasaba, quien se enamoró de ella y la eligió como su esposa.

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El Huso La Lanzadera y La Aguja-Hermanos Grimm

Este resumen describe la historia de una joven huérfana que es criada por su madrina. Cuando la madrina muere, le deja a la joven su cabaña, huso, lanzadera y aguja para que pueda ganarse la vida. Mientras hilaba, el huso, la lanzadera y la aguja cobraron vida y la ayudaron a prepararse para el príncipe que pasaba, quien se enamoró de ella y la eligió como su esposa.

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El huso, la lanzadera y la aguja

Hermanos Grimm
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¡Esperamos que lo disfrutéis!

Quedose huérfana una joven a poco de nacer, y su madrina, que vivía sola en
una cabaña al extremo de la aldea, sin más recursos que su lanzadera, su
aguja y su huso, se la llevó consigo, la enseñó a trabajar y la educó en la santa
piedad y temor de Dios. Cuando llegó la niña a los quince años, cayó enferma
su madrina, y llamándola cerca de su lecho, la dijo:

-Querida hija, conozco que voy a morir; te dejo mi cabaña que te protegerá
del viento y la lluvia, y te lego también mi huso, mi lanzadera y aguja, que te
servirán para ganar el pan.

Poniéndola después la mano en la cabeza, la bendijo, añadiendo:

-Conserva a Dios en tu corazón, y llegarás a ser feliz. Cerráronse enseguida


sus ojos, y la pobre niña acompañó su ataúd llorando, y la hizo los últimos
honores. Desde entonces vivió sola, trabajando con la mayor actividad,
ocupándose en hilar, tejer y coser y la bendición de la buena anciana la
protegía en todo aquello en que ponía mano. Se podía decir que su provisión
de hilo era inagotable, y apenas había tejido una pieza de tela o cosido una
camisa, se la presentaba enseguida un comprador, que la pagaba con
generosidad; de modo que, no sólo no se hallaba en la miseria, sino que podía
también socorrer a los pobres.

Por el mismo tiempo, el hijo del rey se puso a recorrer el país para buscar
mujer con quien casarse. No podía elegir una pobre, pero tampoco quería una
rica, por lo cual decía que se casaría con la que fuese a la vez la más pobre y
la más rica. Al llegar a la aldea donde vivía nuestra joven, preguntó, según su
costumbre, dónde vivían la más pobre y la más rica del lugar. Se le designó
enseguida la segunda; en cuanto a la primera se le dijo que debía ser la joven
que habitaba en una cabaña aislada al extremo de la aldea.

Cuando pasó el príncipe, la rica, vestida con su mejor traje, se hallaba delante
de la puerta; se levantó y salió a su encuentro, haciéndole una profunda
cortesía; pero él la miró sin decirla una palabra y continuó su camino. Llegó a
la cabaña de la pobre, que no había salido a la puerta y estaba encerrada en su
cuarto; detuvo su caballo y miró por la ventana a lo interior de una habitación
que iluminaba un rayo de sol; la joven estaba sentada delante de su rueda e
hilaba con el mayor ardor. No dejó de mirar, furtivamente al príncipe, pero se
puso muy encarnada y continuó hilando, bajando los ojos aunque no me
atreveré a asegurar que su hilo fuera tan igual como lo era antes; prosiguió
hilando hasta que partió el príncipe. En cuanto no le vio ya, se levantó a abrir
la ventana, diciendo:

-¡Qué calor hace aquí!

Y le siguió con la vista mientras pudo distinguir la pluma blanca de su


sombrero.

Volvió a sentarse, por último, y continuó hilando, pero no se la iba de la


memoria un refrán que había oído repetir con frecuencia a su madrina, el cual
se puso a cantar, diciendo:

Corre huso, corre, a todo correr,


mira que es mi esposo y debe volver.

Mas he aquí que el huso se escapó de repente de sus manos y salió fuera del
cuarto; la joven se le quedó mirando, no sin asombro, y le vio correr a través
de los campos, dejando detrás de sí un hilo de oro. Al poco tiempo estaba ya
muy lejos y no podía distinguirle. No teniendo huso, cogió la lanzadera y se
puso a tejer.
El huso continuó corriendo, y cuando se le acabó el hilo, ya se había reunido
al príncipe.

-¿Qué es esto? exclamó; este huso quiere llevarme a alguna parte.

Y volvió su caballo, siguiendo al galope el hilo de oro. La joven continuaba


trabajando y cantando:

Corre, lanzadera, corre tras de él,


tráeme a mi esposo, pronto tráemele.

Enseguida se escapó de sus manos la lanzadera, dirigiéndose a la puerta; pero


al salir del umbral comenzó a tejer, comenzó a tejer el tapiz más hermoso que
nunca se ha visto; por ambos lados le adornaban guirnaldas de rosas y de
lirios, y en el centro se veían pámpanos verdes sobre un fondo de oro; entre el
follaje se distinguían liebres y conejos, y pasaban la cabeza, a través de las
ramas, ciervos y corzos; en otras partes tenía pájaros de mil colores, a los que
no faltaba más que cantar. La lanzadera continuaba corriendo, y la obra
adelantaba a las mil maravillas.

Corre, aguja, corre, a todo correr,


prepáralo todo, que ya va a volver.

La aguja, escapándose de sus dedos, echó a correr por el cuarto con la rapidez
del relámpago, pareciendo que tenía a sus órdenes espíritus invisibles, pues la
mesa y los bancos se cubrían con tapetes verdes, las sillas se vestían de
terciopelo y las paredes de una colgadura de seda.

Apenas había dado la aguja su última puntada, cuando la joven vio pasar por
delante de la ventana la pluma blanca del sombrero del príncipe, a quien
había traído el hilo de oro; entró en la cabaña pasando por encima del tapiz y
en el cuarto donde vio a la joven, vestida como antes, con su pobre traje; pero
hilando, sin embargo, en medio de este lujo improvisado, como una rosa en
una zarza.

-Tú eres la más pobre y la más rica, exclamó; ven, tú serás mi esposa.

Presentole ella la mano sin contestarle, él se la besó, y haciéndola subir en su


caballo, la llevó a la corte, donde se celebraron sus bodas con grande alegría.

El huso, la lanzadera y la aguja, se conservaron con el mayor cuidado en el


tesoro real.
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