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Tarea de Argumentación

El documento habla sobre diferentes tipos de argumentos lógicos. Menciona que los lógicos a veces nombran las formas de los argumentos, como el modus ponens y el modus tollens. Explica que una demostración es un argumento válido y correcto, donde las premisas son verdaderas, lo que justifica definitivamente la conclusión. Da como ejemplo la demostración del teorema de Pitágoras usando un argumento con premisas verdaderas cuya conclusión es la igualdad buscada.

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Tarea de Argumentación

El documento habla sobre diferentes tipos de argumentos lógicos. Menciona que los lógicos a veces nombran las formas de los argumentos, como el modus ponens y el modus tollens. Explica que una demostración es un argumento válido y correcto, donde las premisas son verdaderas, lo que justifica definitivamente la conclusión. Da como ejemplo la demostración del teorema de Pitágoras usando un argumento con premisas verdaderas cuya conclusión es la igualdad buscada.

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diferentes tipos de proposiciones.

Algunas veces, los lógicos dan


nombres a las formas de los argumentos. Por ejemplo, la forma de
los primeros dos argumentos considerados anteriormente se llaman
modus ponens, y el del tercero se llama modus tollens. Ambas son
formas de argumentos válidos, en el sentido que cada argumento
que ejemplifica es válido. Los argumentos que ejemplifican formas
de argumentos válidos son llamados formalmente válidos. Obvia-
mente, todos los argumentos formalmente válidos son válidos por
definición. Menos obvio es el contrario, o sea que todos los argu-
mentos válidos sean formalmente válidos. Pero si las cosas son de
esa manera o no, no es una cuestión de la cual nos ocuparemos.

Ejercicio 1. Un hombre le dice algo a otro. El segundo hombre


no le cree y responde: “Si es así, entonces yo soy Superman”.
¿Cuál es el argumento implícito?

4. Demostración
Para justificar una proposición por la vía deductiva no es suficiente
exhibir un argumento válido que tenga como conclusión la propo-
sición. Además, es necesario que las premisas del argumento sean
verdaderas, es decir, que el argumento sea correcto. En el caso del
primer argumento considerado en la sección 3, no es así. Por lo
mismo, no proporciona una justificación de su conclusión. Por el
contrario, en el caso del tercer argumento considerado en la sec-
ción 3, las premisas son verdaderas, por tanto, la conclusión está
justificada. A un argumento claramente válido que tiene las pre-
misas claramente verdaderas se le llama demostración. La demos-
tración es el argumento bueno por excelencia. De hecho, dado que
el máximo sustento que un conjunto de premisas puede aportar a
una conclusión se encuentra en un argumento válido, el máximo
grado de bondad que puede pertenecer a un argumento se encuen-
tra en un argumento correcto que es válido. Un argumento de este

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tipo es indiscutible, en el sentido de que establece la verdad de una
proposición de modo definitivo, por lo que excluye para siempre la
posibilidad de que sea falso.
Los ejemplos clásicos de demostración se encuentran en los li-
bros de matemáticas y de geometría. Uno es el siguiente argumento,
con el cual se demuestra el teorema de Pitágoras. Éste dice que la
suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es
igual al cuadrado de la hipotenusa. Esto significa que, para cual-
quier triángulo rectángulo xyz, vale la ecuación x² + y² = z²:

z
y

Para demostrar el teorema se construye un cuadrado que tiene


como lado x+y y que está dividido en cuatro triángulos rectángu-
los idénticos y un cuadrado más pequeño que tiene como lado z:

y z

Sea A el área del cuadrado grande. El argumento es más bien sencillo:

(1) A = x² + y² + 2xy
(2) A = 2xy + z²
(3) x² + y² = z²

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La verdad de 1) resulta de lo siguiente. El área de un cuadrado es
igual al producto del lado por sí mismo. Como el lado del cuadrado
grande es x + y, se obtiene:

A = (x + y)²

Pero

(x + y)² = x² + y² + 2xy

Por lo tanto

A = x² + y² + 2xy

La verdad de 2) resulta de lo siguiente. El área del cuadrado grande


es igual a la suma de las áreas de las figuras que lo componen, es
decir, al área del triángulo xyz multiplicada por cuatro más el área
del cuadrado pequeño. Dado que el área de un triángulo es igual
al producto de la base y la altura dividido entre dos, el área del
triángulo xyz es igual a x+y dividido entre dos. Multiplicando por
cuatro se obtiene 2xy, y como el área del cuadrado pequeño es z²,
se obtiene:

A = 2xy + z²

El paso de 1) y 2) a 3) es breve. De 1) y 2) se obtiene:

x² + y² + 2xy = 2xy + z²

Si se elimina de ambos lados 2xy se obtiene:

x² + y² = z²

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Por lo tanto, 3) sigue a 1) y 2).20

Una demostración puede ser estructuralmente más compleja.


En el caso del teorema de Pitágoras, el argumento tiene como pre-
misas dos proposiciones cuya verdad está garantizada, y como con-
clusión, la proposición por demostrar. En otros casos no se razona
sólo a partir de proposiciones cuya verdad está garantizada, sino
que se suponen también otras cuya verdad no lo está, para derivar
de esta suposición consecuencias que permitan llegar por vía indi-
recta a lo que se quiere demostrar. Las proposiciones del segundo
tipo son asunciones, es decir, proposiciones cuya verdad se toma en
consideración sólo en términos hipotéticos. En general se habla de
las consecuencias que se obtienen con la ayuda de algunas asuncio-
nes diciendo que “dependen” de aquéllas. En los casos de ese tipo,
la demostración se funda en un argumento cuyas premisas incluyen
una o más asunciones y cuya conclusión es una proposición que
depende de dichas asunciones. Sea A un argumento que tiene a1...
an como premisas y b como conclusión. Ahora consideramos el
siguiente condicional:

Si A es válido, entonces un conjunto que contiene a1…an y una propo-


sición b* que contradice b es incoherente.

Para demostrarlo es suficiente asumir el antecedente y sacar así


el consecuente. Asumamos que A es válido. Para la definición de
validez, esto significa que necesariamente si a1…an son verdaderas,
entonces b es verdadera. Dado que b* es falsa si y sólo si b es verda-
dera, necesariamente si a1…an son verdaderas, entonces b* es falsa.
Para la definición de incoherencia, significa que un conjunto que

20. Esta demostración no es de Pitágoras. En realidad, de Pitágoras se sabe tan


poco que ni siquiera se le puede atribuir el teorema con seguridad.

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tiene a1…an y b* es incoherente. El argumento se puede resumir de
la siguiente manera:

(1) A es válido.
(2) Si A es válido, entonces es necesario que, si a1…an sean verdaderas,
b es verdadera.
(3) Si es necesario que, si a1…an sean verdaderas, b es verdadera, en-
tonces es necesario que, si a1…an sean verdaderas, b* es falsa.
(4) Si es necesario que, si a1…an sean verdaderas, b* es falsa, entonces
un conjunto que contiene a1…any b* es incoherente.
(5) Un conjunto que contiene a1…any b* es incoherente.

1) es una asunción. En cambio, 2)-4) son proposiciones cuya


verdad está garantizada, ya que son una consecuencia directa de las
definiciones de validez e incoherencia y del principio según el cual
una proposición es verdadera si y sólo si una proposición que la
contradice es falsa. Por tanto, 5) depende de 1). Por consiguiente, el
argumento no debe entenderse como una demostración de 5), pues
demuestra que asumiendo 1) se obtiene como consecuencia 5). En
otras palabras, de la validez del argumento se obtiene la verdad del
condicional a demostrar, es decir, se obtiene que si 1) es verdadera,
entonces 5) es verdadera; así, la demostración del condicional está
fundada sobre un argumento que incluye su antecedente entre las
premisas y tiene como conclusión su consecuente. La estructura de
la demostración es la siguiente:

(1) El argumento de 1)-4) a 5) es válido.


(2) Si el argumento de 1)-4) a 5) es válido, entonces la proposición
a demostrar es verdadera.
(3) La proposición a demostrar es verdadera.

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La reducción al absurdo es un caso típico de demostración fun-
dada en un argumento que tiene como conclusión una proposición
que depende de asunciones, llamada comúnmente por su nombre
en latín reductio ad absurdum. La idea fundamental de este tipo de
demostración es que si una proposición (junto con otras cuya ver-
dad está garantizada) implica una contradicción, entonces la pro-
posición es falsa. Sumando el principio según el cual si la negación
de una proposición es falsa, entonces la proposición es verdadera,
se obtiene que si la negación de una proposición (junto con otras
cuya verdad está garantizada) implica una contradicción, entonces
la proposición es verdadera. Un ejemplo paradigmático de demos-
tración por absurdo es el argumento con el cual Euclides prueba
que existe una cantidad infinita de números primos. Un número
primo es un número entero mayor de 1 que no admite divisores
diferentes de sí mismo o de 1, es decir, no es producto de un
número entero diverso de sí mismo o de 1 y de otro número en-
tero. La demostración de Euclides parte de la asunción de que los
números primos tienen un número finito, es decir, que hay algún
número n tal que p1, p2…, pn son los números primos. De esta
asunción resulta que cualquier número entero diverso de p1, p2…,
pn no es primo, por lo tanto, cualquier número entero diverso de
p1, p2…, pn admite como divisor pi, donde i está incluido entre 1 y
n. De hecho, cualquier número entero puede expresarse como un
producto de números primos. Ahora, si se considera el número a,
donde:

a = (p1 ∙ p2 ∙… pn) + 1

Como el número a es mayor de cada uno de los pi, por hipótesis


no puede ser primo. Pero al mismo tiempo no admite ningún pi
como divisor, porque da siempre como resultado 1. Por lo que se
obtiene una contradicción, es decir, que a es divisible por algún pi

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y a no es divisible por algún pi.21 El argumento se puede resumir
de la siguiente manera:

(1) Los números primos son p1, p2…, pn .


(2) Si los números primos son p1, p2…, pn , entonces cualquier otro nú-
mero es divisible por algún pi.
(3) Si cualquier otro número es divisible por algún pi , entonces a es
divisible por algún pi.
(4) a no es divisible por algún pi.
(5) a es divisible por cualquier pi y a no es divisible por algún pi.

1) es una asunción, mientras que 2)-4) son proposiciones cuya


verdad está garantizada. Aquí 5) depende de 1). De esta forma se
demuestra que 1), junto con otras proposiciones cuya verdad está
garantizada, implica una contradicción. De esto se obtiene que 1)
es falsa, y por lo tanto la negación de 1) es verdad. Como en el caso
de la demostración del condicional, la estructura es la siguiente:

(1) Si el argumento de 1)-4) a 5) es válido, entonces la proposición a


demostrar es verdadera.
(2) El argumento de 1)-4) a 5) es válido.
(3) La proposición a demostrar es verdadera.

En matemáticas y geometría, la demostración es el instru-


mento principal de la justificación. Una proposición demostrada
es una proposición cuya verdad está garantizada, por tanto, puede
ser usada como premisa en otras demostraciones. Por ejemplo, la
verdad del teorema de Pitágoras está garantizada, por lo que éste
puede utilizarse para demostrar otros teoremas de geometría. En

21. Euclides, Elementos. Libros V-IX, María Luisa Puertas Castaños, Gredos, Madrid,
1991, pp. 226-227.

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caso de que alguien no conozca el teorema o tenga dudas sobre su
verdad, es suficiente presentar la demostración que se encuentra en
esta sección para hacerle cambiar idea. Sólo una persona ignorante
o carente de criterio negaría que el área de un cuadrado es igual
al producto del lado por sí mismo, o una de las otras proposiciones
que justifican las premisas del argumento. Lo mismo vale para el
paso de las premisas a la conclusión. Más allá de las matemáticas y
de la geometría, es difícil establecer con certeza si un argumento
es correcto. Supongamos que alguien quisiera demostrar la bondad
de la riqueza con el siguiente argumento:

(1) La riqueza es un mal o la riqueza es un bien.


(2) La riqueza no es un mal.
(3) La riqueza es un bien.22

La validez del argumento es obvia. Pero no es tan obvio que 1) y


2) sean verdaderas. Por ejemplo: puede ser que la riqueza no sea ni
un mal ni un bien y, por tanto, que 1) no sea verdadera. La dife-
rencia con respecto al teorema de Pitágoras es que en este caso no
estamos en condición de establecer con certeza si las premisas son
verdaderas. No se puede acusar a una persona de ignorancia o de
carencia de sentido sólo porque duda de la verdad de 1). Al contra-
rio, el hecho de que una persona que no sea ignorante y dotada de
criterio pueda dudar de la verdad de 1) demuestra que 1) requiere
a su vez de una justificación.
El único modo para justificar 1) es proponiendo otro argu-
mento que lo sustente, y no hay un motivo para pensar que el otro
argumento no esté sujeto al mismo problema. Lo anterior no signifi-
ca que sea imposible demostrar algo más allá de las matemáticas y la

22. Copi, I. M. y Cohen, C. Introducción a la lógica, Edgar Antonio González Ruiz, Limu-
sa Noriega Editories, México, 2004, p. 309.

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geometría. Por ejemplo, el tercer argumento considerado en la sec-
ción 3 es una demostración. Pero es una demostración banal, en el
sentido de que parte de premisas obvias para llegar a una conclusión
igualmente obvia: todos estamos de acuerdo ante el hecho de que la
Tierra no es plana, por lo que no es necesario demostrarlo. Lo difícil
es encontrar una demostración que no sea banal, porque en ese caso
es complicado encontrar premisas cuya verdad pueda ser establecida
con certeza. Tal vez un buen ejemplo de demostración no banal es el
argumento principal del texto 5 del capítulo 1. El argumento es vá-
lido (sección 1, ejercicio 1), y la apariencia de verdad de sus premisas
se acerca mucho a la certeza. Pero se encuentran muy pocos argu-
mentos de ese tipo. La mayor parte de los argumentos válidos que se
encuentran, generalmente, tienen premisas cuya verdad no es cierta.
En este sentido los argumentos válidos no tienen un grado de
confiabilidad mayor con respecto a los argumentos fuertes. Sería
un error pensar que, con el fin de justificar la verdad de una pro-
posición, fuese por lo general mejor tener un argumento válido en
lugar de un argumento fuerte. Por ejemplo, el argumento induc-
tivo considerado en la sección 1 ofrece una razón para pensar que
cierta película es aburrida:

(1) He visto varias películas románticas francesas.


(2) Las películas románticas francesas que he visto son aburridas.
(3) La película que me invitaste a ver es una película romántica francesa.
(4) La película que me invitaste a ver es aburrida.

Supongamos que queremos justificar la misma conclusión


con un argumento deductivo:

(1) Si algo es una película romántica francesa, entonces es aburrida.


(2) La película que me invitaste a ver es una película romántica francesa.
(3) La película que me invitaste a ver es aburrida.

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A diferencia del argumento inductivo, el argumento deductivo
es válido porque es imposible que 1) y 2) sean verdaderas y 3)
sea falsa. Pero esto no significa que el argumento deductivo sea
mejor que el argumento inductivo para justificar la conclusión
de que la película es aburrida. En el caso del argumento induc-
tivo es más verosímil que se pueda establecer con certeza la ve-
racidad de las premisas. De hecho, la verdad de la premisa 1) del
argumento deductivo necesita que todas las películas románticas
francesas sean aburridas, mientras que la verdad de las premisas
1) y 2) del argumento inductivo requiere que solamente lo sean
las películas románticas francesas vistas por la persona que pro-
pone el argumento.
Probablemente, el motivo que la persona puede tener para
sostener que la primera proposición es la que sustenta la veracidad
de las otras dos sea el mismo motivo que puede inducirla a susten-
tar como verdadera la conclusión del argumento inductivo. Esto
significa que no hay más razón para pensar que la premisa 1) del
argumento deductivo sea verdadera de cuantas hay para pensar
que el argumento inductivo es fuerte. Por tanto, este último no
es mejor que aquél para justificar la conclusión que la película es
aburrida.

Ejercicio 1. Dado un conjunto de proposiciones formado por a1…


an y por b, y sea A un argumento que tiene como premisas a1…an
y como conclusión una proposición b* que contradice b, demos-
trar que si el conjunto es incoherente, entonces A es válido.

Ejercicio 2. Sean A y B dos argumentos tales que la conclusión de


A es una premisa de B, siendo C un tercer argumento que tiene
como premisas las premisas de A más las premisas restantes de B
y como conclusión la conclusión de B. Demostrar que si A y B
son válidos, también C lo es.

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Ejercicio 3. Demostrar por absurdo que cada argumento de la
forma modus tollens es válido.

5. Analogía e inferencia a la mejor explicación


Los argumentos inductivos son apropiados en todos los casos en que
se cree tener una buena razón para pensar que una proposición sea
verdadera pero no se está en grado de excluir con certeza la posibilidad
de que sea falsa. Dado que los casos de este tipo son muy frecuentes,
los argumentos inductivos son empleados en muchos contextos dife-
rentes. Las situaciones típicas son aquéllas en las que se hacen genera-
lizaciones sobre un conjunto de objetos a partir de la observación de
objetos particulares, se hacen previsiones sobre las futuras consecuen-
cias de acciones o eventos, o se establecen relaciones de causa y efecto
entre distintos eventos. Se trata de casos en que el razonamiento de-
ductivo no es de gran ayuda y se tiene que confiar en los argumentos
en los cuales el grado de sustento que las premisas dan a la conclusión
es inferior a aquél que se encuentra en un argumento válido. Hay una
historia que puede ilustrarlo. Un astrónomo, un físico y un matemáti-
co están en un tren de paseo por Escocia. Mirando desde la ventanilla
se dan cuenta de que hay una oveja negra en el prado. El astrónomo
dice: “Interesante, las ovejas escocesas son negras”. El físico replica:
“Quizá quieres decir que algunas ovejas escocesas son negras”, a lo que
el matemático impaciente interviene: “En Escocia existe al menos un
prado, que contiene al menos una oveja, de la cual al menos un lado
es negro”. El matemático recoge de la información por la observa-
ción sólo aquello que puede inferir por deducción obteniendo, de esta
manera, una garantía sobre la certeza de la conclusión. Pero si sólo se
pudieran sacar conclusiones como ésta, no habría mucho que decir23
sobre las ovejas escocesas.

23. Singh, S. El enigma de Fermat, David Galadí y Jordi Gutiérrez, Planeta, México,
1998, p. 143.

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