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Documento 10

El documento resume la evolución de la enseñanza moral y religiosa en las escuelas dominicanas entre 1844 y 2020. Destaca que las primeras leyes educativas de 1845 y 1884 establecían la enseñanza de la religión católica en primaria. Sin embargo, la Escuela Normal fundada en 1879 bajo Hostos enseñaba una moral secular. Esto generó disputas entre la iglesia, representada por Meriño, y los defensores de la escuela laica como Hostos, sobre si la religión debía enseñarse en las aulas.

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El documento resume la evolución de la enseñanza moral y religiosa en las escuelas dominicanas entre 1844 y 2020. Destaca que las primeras leyes educativas de 1845 y 1884 establecían la enseñanza de la religión católica en primaria. Sin embargo, la Escuela Normal fundada en 1879 bajo Hostos enseñaba una moral secular. Esto generó disputas entre la iglesia, representada por Meriño, y los defensores de la escuela laica como Hostos, sobre si la religión debía enseñarse en las aulas.

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Evolución de la enseñanza moral

y Religiosa en las Escuelas


Dominicanas 1844-2020
La constitución de 1844 consignaba la confesionalidad católica del estado
(aft. 38) aunque reconocía la libertad religiosa innata del hombre (art. 14),
la libertad de publicación del pensamiento (art. 23) y el derecho de
asociación (art. 30 y 31). Y la ley de instrucción pública de 1845
consideraba que la educación era necesaria, entre otras cosas, "porque
proporciona a la juventud los medios... de conocer sus deberes para con
Dios y la sociedad", y mandaba que se enseñacen "los principios de
religión" en las escuelas primarias, no así en las superiores ("Ley de
Instrucción Pública". Santo Domingo, 13 de mayo de 1845. Colección de
Leyes, Vol. 1, No. 83). En 1845 Y 1847 se crearon cátedras de Latín,
Matemáticas y Filosofía respectivamente, pero no fue hasta la fundación
del Seminario Santo Tomás de Aquino que se tuvo un centro de
enseñanza superior estable. La fundación del seminario fue iniciativa del
arzobispo Tomás de Portes Infante. En carta al congreso expuso que el
interés público exigía la creación de un colegio-seminario para la
"educación de la juventud que compondrá la gran familia dominicana en
los años venideros", donde "beberán los jóvenes, como en 7 purísimos
manantiales, la doctrina del Evangelio, para derramar luego sus raudales
por todos los pueblos de la República", y que podrá ser como la piedra
fundamental sobre la que se levante con su antiguo esplendor la
Universidad que tanto honor hizo en todos tiempos a esta Isla" (Mensaje
del arzobispo Tomás de Portes e Infante al congreso. Santo Domingo, 21
de marzo de 1848. Colección Centenario, 111, p. 165). La propuesta fue
aprobada "teniendo en consideración, que la propagación de las luces
naturales en las masas populares, y el cultivo de las ciencias en las clases
elevadas de la sociedad son el mejor y el más firme apoyo de la libertad, y
la base más notable e innoble de un Gobierno representativo; que de la
sólida instrucción del Clero depende en gran manera la moral del pueblo y
la conservación de los preceptds evangélicos en toda su fuerza..... ("Ley
que establece un Colegio-Semlnario en esta Capital". Santo Domingo, 8
de mayo de 1848. Colección de Leyes, Vol. 11, No. 138). Se debe
destacar el carácter de colegio-seminario. Allí estudiaban seminaristas y
también laicos como Emiliano Tejera, Manuel ~odríguez Objío, etc. En el
período comprendido entre la Restauración (1865) y los Gobiernos Azules
(1879) hubo varios intentos y realizaciones académicas. Todos, hasta los
de dirección laical, inclu ían materias religiosas en sus programas. Por
ejemplo, la Academia de Santo Domingo contemplaba impartir Derecho
Canónico y ellnstituto Profesional, Sagradas Letras ("Reglamento para el
Restablecimiento del Instituto Profesional". Santo Domingo, 31 de
diciembre de 1866. Colección de Leyes, Vol. IV, No. 983). Del seminario
merecen destacarse varias cosas. Primero que fue restablecido por el
gobierno del general José María Cabral "considerando que de la
ilustración del Clero depende en gran manera que los preceptos
evangélicos se conserven en toda su fuerza" ("Resolución del Poder

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Ejecutivo que restablece el Colegio Seminario bajo la Dirección del
Presbítero Fernando A. de Meriño". Santo Domingo, 21 de diciembre de
1866. Colección de Leyes, Vol. IV, No. 979). Segundo, la designación de
Meriño como rector. Meriño estará íntimamente ligado al seminario y a la
educación en general hasta su muerte. Y tercero que de 1869 a 1874 allí
se impartió la carrera de Medicina. La institución educativa más peculiar
de la él?oca fue el Colegio San Luis Gonzaga fundado por el P. Francisco
X. Billini en 1866. El colegio y su director fueron muy criticados y
alabados, pero hasta 1895 fue el único colegio católico. El P. Billini
escribió un pequeño catecismo para el uso de los alumnos. 5.- Para fines
de la década de 1870 se inició el proceso educativo más interesante que
haya vivido el país. Con la llegada al poder de grupos de tendencia liberal,
Ignacio M. González, Cesáreo Guillermo y el Partido J\zul, hubo por un
lado, un crecimiento económico que permitió dedicar fondos a la
evucación; 8 por otro, surgieron dos instituciones académicas
fundamentales al desarrollo de la educación del país: el Instituto
Profesional y la Escuela Normal. El Instituto Profesional, fundado en 1866,
se vitalizó gracias al momento político-económico antes mencionado y a la
asunción de la rectoría por el P. Meriño en 1882. Aunque la ley que lo
creó contemplaba la enseñanza de la Teología, ésta no se enseñó. El P.
Meriño no le imprimió al Instituto un carácter religioso alternativo a las
corrientes positivistas en boga. Para el interés de este trabajo la institución
más sign ificativa fue la Escuela Normal y su mentor Eugenio María de
Hostos. Hostos fue un puertorriqueño, independentista, de filiación
filosófica comtiana-krausista quese radicó en el país en 1879. Bajo su
inspiración el gobierno de Guillermo creó las Escuelas Normales ("Ley
para el Establecimiento de las Escuelas Normales". Santo Domingo, 26 de
mayo de 1879. Colección de Leyes, Vol. VII, No. 1776). La Normal no
enseñaba la Religión, sino la Moral Social. Esto ocasionó una disputa de
carácter socio-teológica que en algunos momentos tuvo connotaciones poi
íticas. Antes de exponer los lineamientos centrales de la disputa es de
necesidad lógica exponer la ley general de estudio de 1884. Esta ley, por
su globalidad, sucedería a la de 1845 y aunque con reformas estaría
vigente hasta las leyes de 1951 y 1954. La ley incluye todas las
instituciones educativas, también el seminario. Sus motivaciones no son
de orden religioso, como la de 1845, sino práctico: unificar todas las leyes
educativas existentes hasta la época. El arzobispo formaría parte de la
Junta Superior Directiva de Estudios (art. 6). Se enseñaría la religión y la
Historia Sagrada en la escuela primaria, como lo hizo la ley de 1845, no
así en ningún otro nivel de la educación (art. 32). En la Escuela Normal se
enseñaría Moral Social en el segundo teórico, Urbanidad como base de la
Moral Individual en el tercero, y Sociología, Derecho Constituyente y
Economía Política en el cuarto (art. 70). Se permitiría la educación privada
(art. 82). Y el seminario se consideraría como una institución eclesial,
semi-autónoma, a ser financiada por el estado como prescribía su ley
fundacional (art. 94) ("Ley General de Estudios". Santo Domingo 29 de

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agosto de 1884. Colección de Leyes, Vol. IX, No. 2281). El eje de la
disputa se apoyaba en la afirmación de Hostos de que la Rel igión no era
materia de las aulas sino de hogar y de la Iglesia y proponía
alternativamente la enseñanza de una moral que se fundase en el
"reconocimiento del deber por la r,azón" (Discurso de Eugenio María de
Hostos en la graduación de los primeros maestros normales. Santo
Domingo, 28 de septiembre de 1884. Emilio Rodríguez Demorizi, "Hostos
en Santo Domingo". Ciudad Trujillo: Imprenta J.R. Vda. García Sucs.,
1939, p. 155). La Iglesia, a través de las pastorales de Meriño y de los
artículos de Sillíni en su periódico" La Crónica", se opusieron a esa
posición. En carta pastoral sobre 9 la educación cristiana Meriño
enfrentaba la obligación de la Iglesia de enseñar la Religión. Para tal fin
ordenaba a los sacerdotes enseñar la Religión a los niños en las
parroquias según los catecismos de Ripalda, Mazo o Gaume, y que se
fundasen las Cofradías de la Doctrina Cristiana (Carta Pastoral sobre la
Educación Cristiana. Santo Domingo, 12 de agosto de 1885. Fernando
Arturo de Meriño, "Obras". Ciudad Trujillo': Editorial La Nación, 1960, p.
197-201). Esta misma idea se fue repitiendo en las sucesivas pastorales
pero en tono más polém ico. Sin mencionar a la Escuela Normal se la
calificaba de "escuela sin Dios". En 1895, Meriño publicó una pastoral en
este tono: "No se enseña la religión en las escuelas, dicen, porque eso se
debe hacer en el hogar o en los templos; pero mientras tanto se atosigan
las inteligencias de niños y jóvenes de uno y otro sexo con doctrinas que
matan en sus almas las saludables creencias religiosas
argumentándoseles, so pretexto de demostraciones científicas, que ni hay
Dios, ni alma espiritual, ni vida eterna...". Esa escuela se convertía en
"causa", "raíz" y"fundamento" de los males de la época. (Carta Pastoral
para la Cuaresma Santo Domingo, 1 de marzo de 1895. Meriño, "Obras",
p. 270). Pedro Francisco Bonó se hizo eco de la posición de Meriño. En
1895 consideraba como uno de los males del país la existencia de un
deismo con ribetes de ateísmo profesado por la clase letrada y predicado
constantemente a las masas populares (Pedro Francisco Bonó, "El
Congreso Extraparlamentario" en Emilio Rodríguez Demorizi, "Papeles de
Pedro Francisco Bonó". Santo Domingo: Editora del Caribe, 1964, p. 391).
Para responder a su preocupación catequética Meriño publicó un breve
catecismo de ochenta y tres páginas ("Catecismo Elemental Histórico,
Cronológico y Exegético de las Santas Escrituras". Santo Domingo;
Imprenta de García Hnos., 1898). Y en 1895 fundó el colegio de
educación primaria Santo Tomás. No se ha de entender esta disputa en
términos cruentos. Era una disputa directa, de caballeros. Hostos era un
"místico". Y sus opositores, en especial Billíni, era un hombre sin doblez.
Uno y otro se reconocieron explícitamente sus valores (Cfr. Emilio
Rodríguez Demorizi, "El P. B.illini y Hostos". Santo Domingo: Editora del
Caribe, 1972. La disputa sobre la "Escuela sin Dios" se agravó cuando
después de la muerte del Presidente Ulises Heureaux los "normalistas"
adquirieron más prestigio y propusieron al congreso una reforma

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constitucional que entre otras cosas introducía la no confesionalidad del
estado y la libertad de enseñanza (Legajo Congreso Nacional, 1900,
Archivo General de la Nación) y una reforma a fa ley de educación que no
contemplaba la enseñanza religiosa ni siquiera en la escuela pril'Tlaria,
sino Moral de Cada Día y Moral Social (Hostos, "Obras Completas", Vol.
XIII. La Habana: Cultural, S.A., p. 275-375). Esto provocó un amplio ya
veces sardónico debate en el que intervinieron Rafael Justino Castillo, A.
Arredondo Miura y el mismo Hostos por un lado; y Antonio Alfau Baralt y
Rafael 10 Castellanos por el otro desde las columnas de los periódicos "El
Nuevo Régimen", "El Normalista", "El Republicano" y "El Criterio Católico".
La disputa y el golpe de estado de 1902 pospusieron la aprobación
parlamentaria de los dos proyectos. La ley de educación fue aprobada, vía
decreto presidencial, por el gobierno provisional de Horacio Vásquez. De
las juntas de educación nacional y provincial formarían parte el arzobispo
(art 6) y los párrocos (art. 11) respectivamente, y se impartiría Religión e
Historia Sagrada sólo en las escuelas primarias (art. 31) ("Decreto del
Gobierno Provisional que establece la Dirección de Enseñanza Normal y
General de Estudios". Santo Domingo, 4 de julio de 1902. Colección de
Leyes, Vol. XVII, No. 4275). La Iglesia obtuvo un éxito muy relativo en sus
luchas por conseguir que se permitiese la enseñanza de la Religión en las
escuelas públicas. Si tomamos como ejemplo el estado de la educación
en la ciudad de Santo Dom ingo en 1900 encontramos que la única
escuela eclesial era la preparatoria del seminario y que sólo en pequeñas
escuelas primarias particulares se impartía la Doctrina Cristiana (Informe
que el Inspector de Instrucción Pública de la Provincia de Santo Domingo,
Juan Elías Moscoso, presenta a la Junta Directiva de Estudios sobre el
Estado de la Educación en el Distrito, 15 de noviembre dd 1900. "Gaceta
Oficial" 1379 (1901, enero 19, 1-2). Si por un lado la legislación no
favorecía la enseñanza de la Religión, la escasez de recursos humanos
pastorales no lo permitía. Esta escasez fue una de las razones que
indujeron a miembros del clero, en particular al arzobispo Adolfo A Nouel
(1906-1930) a promover la venida de congregaciones religiosas. Nouel
consideraba al país como "tierra de misión" necesitada de "hombres de
sandalia y bastón que prediquen el evangelio día y noche" (Fray Cipriano
de Utrera, "Apuntes para la Historia de los Capuchinos de la Isla de Santo
Domingo", tomo 1. Santo Domingo, 1922, p. 45). Nouel fue consecuente
con su apreciación. En 1907 trajo a los PP_ de la Congregación de los
Sagrados Corazones de Jesús y María a encargarse del sem ¡nario. En
1909 llegaron los PP. Capuchinos que aparte de la pastoral parroquial
fundaron el colegio primario "La Divina Pastora". Posteriormente llegaron
las HH. Mercedarias en 1910, las HH. Franciscanas en 1925 y los PP.
Claretianos en 1923 y los PP. Agustinos en 1927. Por su parte, el P.
Francisco Fantino, sacerdote secular italiano, había fundado en La Vega
el colegio San Sebastián en 1903 y el Padre Las Casas en el Santo Cerro
en 1927. En el orden legislativo, el Gobierno Militar Americano aprobó una
reforma educativa en 1918. En su artículo noveno se establecía que

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"ningún alumno de un plantel docente público puede ser inducido ni
obligado, contra la voluntad expresa de su padre, tutor o guardián, o
contra su propia inclinación, a recibir enseñanza religiosa o a someterse a
prácticas o cultos religiosos. En las escuelas primarias se proporcionará
enseñanza religiosa a los alumnos cuyos padres o representantes así lo
exijan, siempre que el número de aquellos pase de diez, 11
pertenecientes a un mismo credo" ("Ley Orgánica de Enseñanza Pública".
Santo Domingo, 5 de abril de 1918. Colección de Leyes, Vol. XX IX,
Orden Ejecutiva 145). Esta ley estaba en consonancia con las anteriores
que permitían la enseñanza de la Religión en las escuelas públicas
primarias. Sin embargo, introducía dos elementos nuevos. Primero,
legislaba sobre la no coacción religiosa. Y segundo, permitía a credos no
católicos la enseñanza religiosa. Estas dos modalidades brotarían de la
tradición liberal americana y del desarrollo de las iglesias de matriz
protestante en el país. Pero los protestantes nunca han reclamado el aula
como espacio catequético. 7.- De 1930 a 1960 coincidieron dos factores
que transformaron el panorama de la escuela dominicana: la política
religiosa de Rafael L. Trujillo que buscó el consentimiento de la Iglesia y
consecuentemente la favoreció, y el desarrollo de la Iglesia en base a la
cooperación misional extranjera. Esta coincidencia permitió el desarrollo
de la educación en general y de la educación católica en particular. En los
primeros años de Trujillo, la legislación educativa era fiel a la tradición
inaugurada en la década de 1870. Pedro Henríquez Ureña fue
Superintendente General de Educación de 1931 a 1933. La reforma
legislativa de 1932 no introduce cambios en el orden que nos interesa
("Ley General de Estudios". Santo Domingo, 5 de diciembre de 1932.
Colección de Leyes, Vol. XXXIV, No. 418). Pero ya en 1936 encontramos
señales de un cambio. En el discurso que pronunció el Inspector de
Instrucción Pública, J.B. Lamarche, en el acto de graduación del colegio
Quisqueya el 28 de julio de 1936, afirmaba que "cualquiera que sea su
razón biológica no se puede negar que la verdadera crisis del siglo está
en la conciencia, en el espíritu, llenos de inconformidad y de escepticismo,
porque la ciencia positiva, al desgarrar todos los velos, al mostrar, de
manera implacable, la crudeza de la materia, ha creado un nuevo dogma:
el dogma negativo, por oposición al viejo dogma religioso" (J .8.
Lamarche, "La Escuela y la Religión". "Revista de Educación" 34 (1936, p.
47-52). EI párrafo transcrito hace directas críticas a la filosofía positivista.
Mientras se daba esa evolución en la poI ítica oficial, se desarrollaban los
colegios católicos en base a la llegada al país de congregaciones
religiosas. En 1932 el sacerdote secular español Antonio Cuesta
Mendoza, con la ayuda de la Congregación de Hijas Mínimas de María
Inmaculada, fundó el colegio Quisqueya para señoritas. En 1933 llegaron
los HH. de La Salle y fundaron el colegio Dominicano de La Salle. En el
informe anual de 1933 ellos comunicaron a sus superiores generales que
para el 23 de diciembre ten ían ochenta y nueve alumnos, de los cuaJes
sólo quince habían hecho su primera comunión. En el informe del 1934

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comunicaban tener 223 alumnos, haber tenido exámenes de catecismo,
administrado diez y nueve bautismos, repartido tres veces la primera
comunión y celebrado la misa semanalmente. Yen el 1935 reportaban
haber comenzado clases de instrucción religiosa a un centenar de
alumnos de "escuelas laicas" (Informes 12 anuales de la Comunidad de
HH. de La Salle de Santo Domingo a sus Superiores en Francia. 1933,
1934 y 1935. Fotocopias proporcionadas por la dirección del Colegio
Dominicano de La Salle de Santo Domingo). En los años posteriores,
principalmente en la década de 1950, se siguieron multiplicando los
colegios. Sin embargo, la enseñanza religiosa en las escuelas públicas
seguía reducida a los niveles primarios como parte del programa de Moral
y Cívica, y a tiempos extra-curriculares, a lo más el viernes a última hora.
El catecismo más usado en estos años fue el de San Pío X, aunque
también se hacían adaptaciones como la del P. Andrés Nemeth, SDB. La
reforma a la ley de educación de 1951 revolucionó los fundamentos de la
educación con respecto a la posición sostenida desde la ley de 1884. Esta
reforma vinculaba la "civilización cristiana", la "tradición hispánica", la
"formación de nuestra fisonomía histórica", el "espíritu democrático" y la
"solidaridad internacional". Todas ellas serían sostén y objetivo de la
"escuela dominicana" (art. 1). No se manda explícitamente la enseñanza
de la Religión, pero se prohibe a maestros y profesores "ridiculizar e
injuriar" a los alumnos en sus "creencias religiosas o en sus opiniones
políticas" (art. 11). ("Ley Orgánica de Educación". Santo Domingo, 5 de
julio de 1951. Colección de Leyes, 1951, 1, No. 2909). El concordato entre
la Santa Sede y el Estado Dominicano sentó las bases para explicitar la
enseñanza de la Religión en las escuelas dominicanas. En sus artículos
XIX, 2 y XXII, 1 Y 2 se establecía expresamente que en todos los niveles
de la educación estatal ("asilos, orfanatos, establecimientos o instituciones
oficiales de educación, corrección y reforma de menores") se daría
"enseñanza de la religión y moral católicas". ("Resolución del Congreso
Nacional que aprueba el Concordato y Protocolo final suscrito entre la
República Dominicana y la Santa Sede". Santo Domingo, 10 de julio de
1954. Colección de Leyes, 1954, 1, No. 3874). Destaco que se dice
Religión católica, no religión en general como rezaba la ley ele 1918. El
acuerdo concordatario se adjetivó en la ley sobre enseñanza religiosa de
septiembre de 1954. Esta ley no sólo permitió la enseñanza, sino que
facultó a las autoridades eclesiásticas una supervisión sobre textos y
profesores ("Ley que dicta medidas para facilitar la asistencia religiosa a
los establecimientos nacionales y sobre la enseñanza religiosa en las
escuelas del país". Santo Domingo, 20 de septiembre de 1954. Colección
de Leyes, 1954, 1, No. 3936). La implementación de esta ley permitió que
la Iglesia asumiera la dirección de obras educativas estatales. Destaco las
escuelas normales por haber sido el baluarte de la educación positivista.
En 1954 la Institución Teresiana asumió la dirección de la normal Félix
Evaristo Mej ía de Ciudad Trujillo y en 1955 la de la Emilio Prud'Homme
de Santiago. Y durante los años escolares 1957 a 1959 los PP. Dominicos

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dirigieron los liceos Presidente Trujillo y Ulises Francisco Espai13 lIat de
Ciudad Trujillo y Santiago respectivamente. En las otras escuelas,
sacerdotes y profesores laicos impartieron las clases de Religión. Hasta
en la Universidad de Santo Domingo se organizaron, extra-
curricularmente, conferencias religiosas bajo el título de Moral Profesional.
Para la formación de los profesores se organizaron cursos de Pedagogía
Religiosa y Catequesis bajo la dirección de unas religiosas Misioneras del
Sagrado Corazón venidas de Puerto Rico, y se prepararon los programas
de Religión -no Iibros- bajo la dirección del P. Diego Mateo de Celis, sj. El
mayor problema contemplado era la eséasez de profesores capacitados.
Hasta se pensó que esta escasez llegaría a convertirse en un elemento en
contra ya que a la larga las clases de Religión Católica serían detentadas
por protestantes o ateos. El rápido deterioro de las relaciones Iglesia-
Estado no permitió que este plan diera sus frutos. En febrero de 1958, el
P. Luis González Posada, sj., co-autor de este plan, se vio precisado a
abandonar el país debido a conflictos personales de competencia de
poderes con Trujillo. En las bases de la Iglesia, tanto clericales como
laicales, se fue suavemente desarrollando una corriente que contestaba el
régimen de Trujillo y el régimen de relaciones Iglesia-Estado. Para fines
del año escolar de 1959 los PP. Dominicos abandonaron la dirección de
los liceos que regenteaban debido a razones de malestar poI ítico. En
enero de 1960 el episcopado publicó una pastoral sobre la situación
política del país que lo llevó a un enfrentamiento con Trujillo. La labor de
la Iglesia comenzó a ser obstaculizada y algunos sacerdotes y religiosos
fueron apartados de escuelas, hospitales y parroquias y hasta obligados a
abandonar el país. 8.- En las décal:Jas de 1960 y 1970 la enseñanza
religiosa en las escuelas se hizo difícil. Por un lado, los cambios operados
en la sociedad occidental, en concreto en el orden social y sexual, han
creado amplios grupos secularizados. La misma Iglesia, a partir del
concilio Vaticano I~ ha experimentado un "aggiornamento" en su Teología
que le ha costado tiempo y lucha asimilar y estabilizar. En el país, además
de los efectos de los hechos arriba mencionados, el fin de la dictadura de
Trujillo y la Revolución de Abril han conducido a sectores de la sociedad
dominicana hacia un mundo con connotaciones pluralistas, secularizado y
socializante. La enseñanza religiosa en escuelas y colegios ha sentido
estos cambios. Las clases de Religión que no enfrentaban estos
problemas apremiantes caían en descrédito. Algunos agentes de pastoral,
laicos o clérigos, más inclinados a identi· ficarse por otras actividades, hu
ían de ellas. Se carecía de conocimientos, textos y metodologías
apropiadas. Algunos profesores las cogían por la sola razón de aumentar
sus sueldos. Aún hoy día están vigente las leyes de 1951 y 1954 y el
concordato. La Iglesia y el Estado dominicano han de enfrentar el reto que
ellas implican. La 14 Iglesia ha de cumplir su misión de predicar la Buena
Nueva a la sociedad actual, incluidos los no creyentes, de forma retante y
rechazando la tentación de poder y aceptando la libertad. El Estado ha de
cumplir su misión de promover el bien común -y la dimensión

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trascendente del hombre es parte del bien comúnguardando el derecho de
todos los ciudadanos a mantener y practicar sus convicciones.

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