“ La fábula de las abejas” de Mandeville.
Mª Asunción Gutiérrez López A Parte Reć 23
Un Comentario sobre “La fábula de las abejas” de Mandeville
Mª Asunción Gutiérrez López
Examinaremos en Mandeville cuales son los sentimientos que hacen moral al hombre. Veremos
que entiende por utilitarismo Mandeville y desarrollaremos el fin que Mandeville le adjudica a
la sociedad
Para Mandeville, el hombre es intrínsecamente agresivo y competitivo, sólo que, a diferencia de
Hobbes, Mandeville piensa que el hombre, en la búsqueda de la superioridad sobre sus
semejantes, es capaz de construir espontáneamente instrumentos que enmascaran y disimulan su
propia agresividad: los buenos modales, la virtud, el honor.
El autor de la Fábula de las abejas sostiene que los sentimientos que hacen moral al hombre
se basan en el egoísmo del mismo, no existiendo en términos de moralidad reglas de conducta
universalmente reconocidas (así expuso la negación de las normas morales en general). En
primer lugar, por su concepto de virtud, establece que no hay acción virtuosa si está inspirada en
un sentimiento egoísta; y esta suposición, puesto que Mandeville considera todo sentimiento
espontáneo, fundamentalmente egoísta, implica la posición ascética de que ninguna acción es
virtuosa si brota de un impulso natural. En segundo lugar, la definición de Mandeville de la
virtud afirma que no hay acción meritoria, a menos que esté inspirada por un motivo racional, y
condena igualmente , como viciosa, toda acción cuyo móvil sea un impulso natural con miras al
propio interés. Así todos los actos humanos son en el fondo viciosos “concibo al hombre...
como un compuesto de varias pasiones que todas a medida que se las provoca y van
saliendo a la superficie, lo gobiernan por turno, quiéralo o no... aquellas pasiones de
las cuales todos nos avergonzamos son las que constituyen el soporte de una
sociedad próspera” (pág 22)
Los actos naturales del hombre se basan en el egoísmo y cuando el hombre es educado pasa
igualmente, todo depende de la adulación o del temor, del deseo de adulación o del temor a la
culpabilidad. Toda virtud, cultivada o ingenua, es fundamentalmente egoísta, ya que es, o la
satisfacción de un impulso natural, y por lo tanto egoísta, o la egoísta pasión del orgullo.
Aunque Mandeville no niega los impulsos altruistas, ni acusa a la humanidad de hipocresía
premeditada, explica el primero como una carencia de conocimiento de uno mismo que en
última instancia nace del egoísmo. ”El hombre más humilde entre los vivos tiene que
confesar que la recompensa de una acción virtuosa... consiste en un cierto placer
que... se procura a sí mismo, placer que, unido a la ocasión que le dio lugar,
constituye un signo tan cierto de orgullo, como el temor y la palidez ante un peligro
inminente son síntomas de miedo” (pág 32) Según Mandeville el recurso principal al que
recurre el mecanismo humano para ocultar su innato egoísmo bajo una máscara de aparente
altruismo, engañando así al observador no iniciado, es la pasión del orgullo. Para satisfacer esta
pasión el hombre está dispuesto a soportar las mayores privaciones y como una sabia
organización de la sociedad ha ordenado que se recompensen con las gloria o se castiguen con
la vergüenza aquellas acciones hechas para bien o mal de otros, la pasión del orgullo es el
baluarte de la moralidad y la instigadora de toda acción hecha en provecho de los otros y en
apariencia contraria al interés y al instinto del ejecutante, así el orgullo, que puede tomar la
forma de diversas virtudes (reducción de la modestia a una forma de orgullo), es el móvil de la
acción moral en general.
Es un antirracionalista, los hombres son criaturas de pasión y no de razón, y todos los móviles
humanos son, en el fondo, amor propio. El hombre no obra por principios de
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razón o por consideraciones de moralidad abstracta, sino que obedece a los deseos que dominan
en su corazón. La razón de los hombres es el instrumento de sus pasiones. La razón en las
acciones de los hombres no es un factor determinante, nuestro raciocinio mas esmerado y
aparentemente desinteresado, no es en el fondo otra cosa que una racionalización y justificación
de las exigencias de las emociones dominantes, y todos nuestros actos son, si se hurga en su
origen, debidos a alguna variedad o intervención del egoísmo. Así que siendo imposible en un
mundo que se rige por consideraciones utilitarias, llevar a la práctica su definición de la virtud,
Mandeville se ve obligado a concluir que el mundo es completamente vicioso y que hasta las
cosas más valiosas y agradables son consecuencias del vicio, de esta convicción surge la
paradoja “ vicios privados, beneficios públicos”
Uno de los sentimientos que mueve al hombre a ser moral es la fama, el honor, la sed de fama
que en último término se basa en el amor propio “el más insignificante desventurado siente
gran estimación por su persona, y el mas caro deseo del hombre ambicioso es que
todo el mundo sea... de su misma opinión...la insaciable sed de fama...jamás fue otra
cosa que el irresistible anhelo de acaparar la estimación y la admiración de los
hombres de las futuras edades, ... la perspectiva de la gran recompensa... la etérea
moneda de la fama.... Para definir de manera más amplia la recompensa de la gloria,
lo más que se puede decir es que consiste en una felicidad superlativa, que el hombre
consciente de haber realizado una acción noble, se goza en el amor propio” (pág 30),
el reverso de este sentimiento es la vergüenza una pasión que tiene síntomas propios “ atropella
nuestra razón ... es una dolorosa reflexión sobre nuestra propia indignidad, que
procede de la convicción de que los demás nos desprecian, o nos podrían despreciar“
(pág 37) y de nuevo nos envía al reverso de la vergüenza que es el orgullo “ todo el mundo
tiene una dosis de orgullo. Los síntomas de este vicio... son múltiples . varían según la
edad, el carácter, las circunstancias y , a veces, la constitución de la gente” (pág 81),
que junto con el lujo es necesaria para el avance y enriquecimiento de la sociedad. Del orgullo
nace la forma de vestir con ropas elegantes y de ésta se deriva un provechoso comercio
“procura trabajo a los pobres, añade estímulo a la industria, e incita al artesano a
buscar nuevos adelantos y cambios” (pág 81) y un progreso en la sociedad “los gastos que
hacen prosperar más al comercio son la compra de ropas y la vivienda; por cada
comerciante empleado en suministrar comida, hay mil dedicados a vestir y engalanar
el cuerpo y a edificar y amueblar casas”...” las clases inferiores, al ver a sus
compañeros hacerse ricos e importantes, se sienten inclinados a imitar la laboriosidad.
Si un comerciante ve a su vecino propietario de un coche, se pone inmediatamente
a trabajar con afán para poder hacer lo mismo... su extraordinaria aplicación para
sustentar su vanidad, aunque no logre satisfacer sus insensatas ambiciones, siempre
será provechosa para el público” (pág 321). En conclusión los sentimientos que hacen moral
al hombre dependen en último término del orgullo, del amor propio; la virtud es una quimera de
la que Mandeville sólo exceptúa a los verdaderos cristianos y con dudas, compara “las grandes
virtudes de los grandes hombres con vuestros espléndidos jarrones de porcelana:
ofrecen un magnífico espectáculo y son ornamentales hasta para una chimeneas; por
su volumen y el valor que se les atribuye se podría pensar que pueden ser muy útiles,
pero mirad el interior de un millar de ellos y no encontraréis más que polvo y telarañas”
(pág 107)
La ética de Mandeville es una combinación filosófica de anarquismo en la teoría y utilitarismo
en la práctica. Mandeville en la práctica es un utilitarista y éste lo entiende como el ideal de
satisfacer, tanto como sea posible, los diferentes deseos y necesidades del mundo. Hay que
precisar que el término utilitarismo es utilizado en Mandeville en un sentido débil, aun la teoría
utilitarista no había adquirido la connotación precisa que tiene hoy día sino que correspondía a
una ética cuyo criterio moral dependía más de las deducciones que de los principios abstractos.
Con ella se
proponía expresar lo contrario a la ética rigorista y que no son los resultados sino las razones del
origen de los principios las que determinan la virtud. Una norma utilitarista que utiliza es la
que viene a decir que no es que todo mal sea un beneficio público, sino que cierta porción
útil de mal (llamado vicio) es benéfico y no se le considera en realidad como mal, aunque se le
llame vicio. No todos los vicios son igualmente útiles para la sociedad y llama benéfico a todo
aquello que es útil, a todo lo que contribuye a la prosperidad y felicidad nacionales, aunque la
utilidad del vicio no anula su maldad “cuando afirmo que los vicios son inseparables de
las sociedades grandes y poderosas y que sin ellos no podrían subsistir su riqueza ni
su grandeza, no quiero decir que cada miembro de ellas, que sea culpable de algún
vicio, no deba ser continuamente castigado por ellos, cuando se convierten en delitos”
(pág 9).
Como hemos visto el egoísmo es el resorte principal de la acción social y moral: el hombre es
un animal egoísta, y la sociedad, por consiguiente es artificial. El hombre es un mecanismo de
pasiones interaccionándose, estas pasiones están de tal suerte compuestas y concertadas que,
bajo el influjo de la sociedad, su aparente discordia se armoniza para lograr el bien público; esta
concordancia complicada, no es el efecto de un esfuerzo premeditado, sino la reacción
automática del hombre en la sociedad. Por sociedad Mandeville entiende “un cuerpo político
en el cual el hombre, sometido por una fuerza superior o sacado del estado salvaje por
la persuasión, se ha convertido en un ser disciplinado, capaz de encontrar su propia
finalidad en el trabajo por los demás, y en el cual, bajo un jefe u otra forma de
gobierno, cada uno de los miembros sirve a la totalidad y a todos ellos, mediante una
sagaz dirección, se les hace actuar de consumo” (pág 232) y nos hace ver “que ni las
cualidades amistosas ni los afectos simpáticos que son naturales en el hombre, ni las
virtudes reales que sea capaz de adquirir por la razón y la abnegación, son los
cimientos de la sociedad,... por el contrario, lo que llamamos mal en este mundo, sea
moral o natural, es el gran principio que hace de nosotros seres sociables...es ahí
donde hemos de buscar el verdadero origen de todas las artes y ciencias, y en el
momento en el que el mal cese, la sociedad se echará a perder si no se disuelve
completamente” (pág 248)
Mandeville otorga al poder político el status de inventor de la virtud (por virtud entiende
”cualquier acto por el cual el hombre, contrariando los impulsos de la naturaleza,
procurara el bien de los demás o el dominio de sus propias pasiones mediante la
racional ambición de ser bueno“ (pág 27), dador del honor (“el soberano es la fuente del
honor, con títulos o ceremonias... tiene el poder de estampar sobre el que le plazca
una marca... que proporcionará al propietario, se lo merezca o no el aprecio de todo el
mundo” (pág 37) y más adelante dice “que ningún ejercicio, ningún acto o buena cualidad,
por útiles o provechosos que puedan ser en sí mismos, logrará nunca merecer,
estrictamente hablando, el nombre de virtud, donde no exista una innegable
abnegación” (pág 313)) y de la sociedad. Fueron inventos de legisladores y sabios que
deliberadamente impusieron el orgullo, la adulación y la vergüenza sobre el hombre “el
principal objeto que han perseguido los legisladores y otros hombres sabios que se
desvelaron por la institución de la sociedad, ha sido el hacer creer al pueblo al que
habían de gobernar que era mucho mas ventajoso para todos reprimir sus apetitos
que dejarse dominar por ellos, y mucho mejor cuidarse del bien público que de lo que
consideraban sus intereses privados... pero no es probable que alguien haya logrado
persuadir a los hombres a condenar sus inclinaciones naturales... si al mismo tiempo
no se les hubiese mostrado una recompensa... Los que intentaron civilizar a la
humanidad no ignoraban esto; pero siendo incapaces de otorgar tantas
recompensas... como se necesitarían para satisfacer a todas las personas por cada
acción individual, tuvieron que urdir una imaginaria que... pudiera servir en todas las
ocasiones... estos sabios examinaron la fortaleza y flaquezas de nuestra naturaleza y
sacaron la conclusión de que nadie es tan salvaje que no le ablanden las alabanzas...
por medio de esta ladina adulación, empezaron a instruirles en las nociones del honor
y la vergüenza...y.. les demostraron cuán impropio.. dejarse dominar por aquellos
apetitos que tiene en común con los brutos” (págs 23-24). Lo que llamamos mal, sea moral
o natural, es el gran principio que nos hace seres sociables y es la base sólida de todos los
oficios y profesiones, así el bien , la sociedad, está basada en el mal ( aunque la distinción entre
bien y mal procede únicamente de la religión: “las nociones del bien y el mal y la distinción,
entre vicio y virtud nunca fueron inventos de los políticos, sino exclusivamente el
efecto de la religión“ (pág 27)), porque para Mandeville nada hay malo que no encierre en sí
alguna compensación. “esta fue la manera como se domó al hombre salvaje, pues es
evidente que los primeros rudimentos de moralidad introducidos por hábiles políticos
para hacer que los hombres se ayudaran unos a otros sin dejar de ser dóciles, fueron
maquinados principalmente con el fin de que los ambiciosos pudieran obtener el
mayor beneficio posible y gobernar sobre gran número de individuos con toda
facilidad y seguridad” (pág 26) No quiere decir que los políticos construyeran la moral de la
nada, sólo dirigieron los instintos que en el hombre estaban ya predispuestos a dejarse guiar
moralmente “el hombre es un animal timorato y de naturaleza no rapaz, ama la paz y la
tranquilidad y, si nadie le ofendiera y pudiera obtener sin luchar lo que desea, jamás
pelearía. A esta condición timorata y a la aversión que le produce el ser molestado es
a la que se deben la formación de los diversos proyectos y formas de gobierno“ (pág
233)...”el hambre, la sed y la desnudez son los primeros tiranos que nos hacen mover;
después el orgullo, la pereza, la sensualidad y la veleidad nuestras son los grandes
patronos de las artes y las ciencias, de las industrias, oficios y profesiones; mientras
que la necesidad, la avaricia, la envidia y la ambición, cada cual en la clase que le
corresponde, son los capataces que obligan a todos los miembros de la sociedad a
someterse, la mayoría alegremente, a la rutina propia de su condición, sin exceptuar a
reyes ni príncipes” (pág 246), y fue una obra colectiva de varios siglos. El poder político, que
impulso a la abnegación por medio de halagar el orgullo humano, debe guiar a los hombres en
pro del beneficio público “pero la bondad , la integridad y el natural apacible de los
legisladores y gobernantes no son las cualidades más apropiadas para engrandecer
las naciones y aumentar su riqueza... las necesidades, los vicios, las imperfecciones
del hombre, junto con las diversas inclemencias del aire y de otros elementos, son los
que contienen las semillas del arte, la industria y el trabajo” (pág 246). Además
quienquiera que desee civilizar a los hombres y organizarlos en un cuerpo político, tendrá que
tener un profundo conocimiento de todas las pasiones y apetitos, las fortalezas y flaquezas de
su constitución, y saber cómo se utilizan sus mayores debilidades en provecho público.
Mandeville señaló en el desarrollo de la sociedad (la vio desde un punto de vista evolucionista),
tres principales etapas: la asociación forzada de los hombres para protegerse a sí mismos de los
animales salvajes, la asociación de los hombres para protegerse el uno del otro, y la invención
de la escritura. Como otras causas de la evolución de la sociedad, menciona la división del
trabajo, el desarrollo del lenguaje, la invención de las herramientas y la invención del dinero.
Este desarrollo avanza gracias a la inevitable existencia de la emoción de la “veneración”,
aunque esta emoción por sí misma hubiera tenido poca fuerza. Mandeville además indica que la
religión primitiva de los salvajes era animista y basada en el miedo y explica la psicología de
aquéllos analizando las reacciones mentales de los niños. En consecuencia, cuando se ha
constituido el Estado, la guerra se ve sustituida por las formas de competición que representan
las bases del progreso humano: el hombre ya no combate para matar, sino para ser
apreciado, admirado y envidiado. Para conseguirlo se transformará en culto, rico y refinado y,
actuando así, dará trabajo a los pobres y contribuirá al bienestar económico de toda la nación.
Por ello, gracias a su teoría de la armonía espontánea de los intereses individuales, se convierte
en precursor de las ideas de A. Smith.
Además sostendrá la inexistencia de normas morales o leyes universales todo dependerá de la
moda, las costumbres, o el punto de vista “nuestro agrado o desagrado hacia las cosas
depende, principalmente, de la moda y la costumbre, y del precepto y el ejemplo de
nuestros superiores y de todos los que, de una u otra manera, consideramos mejores
que nosotros....lo que los hombres hayan aprendido en la infancia les esclaviza y la
fuerza de la costumbre retuerce a la Naturaleza y , al propio tiempo, la imita de tal
manera, que suele resultar difícil determinar cuál de las dos es la que influye sobre
nosotros” (pág 220)... “en la moralidad, lo mismo que en la naturaleza, nada existe en
las criaturas tan perfectamente bueno que no pueda resultar perjudicial para nadie de
la sociedad, ni tan totalmente malo que no pueda ser beneficioso para una parte u otra
de la creación... las cosas solo son buenas o malas en relación con otra cosa y con
arreglo a la posición en que estén colocadas y a la luz que se las mire... según esta
regla cada uno desea el bien para sí mismo con todas sus fuerzas, con poca
consideración hacia su vecino” (pág 247)
En sociedad lo normal es la convivencia y la compañía, siempre que sea en compañía de
hombres de bien (incluso describe lo que el entiende por un hombre de bien, un hombre
prudente en la página 226) pero no existiendo buena compañía la soledad es buen remedio. De
esta guisa, Mandeville sostendrá que la aparente amistad y amor por la compañía del hombre
no es más que tratar de fortalecer nuestros intereses y se centran en el amor propio. “Los
espíritus más débiles, los mas incapaces de gobernar sus pasiones... los inútiles que
no pueden producir por si mismos nada de provecho, son los mayores enemigos de la
soledad y los que pueden aceptar cualquier compañía antes que pasarse sin ella; al
paso que el hombre educado y prudente, capaz de pensar y contemplar las cosas y al
cual muy poco perturban sus pasiones, puede soportar la soledad mucho tiempo sin
disgusto; y para evitar el ruidoso, la necedad y la impertinencia rehuirá veinte
compañías; y , en lugar de toparse con algo que desagrade a su buen gusto preferirá
su retiro o un jardín...un terreno baldío o un desierto, antes que la vecindad de ciertos
hombres” (pág 227). Indudablemente lo que más le gusta al hombre que vive en sociedad es
que los demás hablen de él, cuestión que le proporciona intima satisfacción ( de nuevo egoísmo)
con ello hace ver que “el origen de nuestras cualidades amables resulta del perpetuo
afán con que buscamos nuestra propia satisfacción, en otras ocasiones procede de la
natural timidez del hombre y del solícito cuidado que se dispensa sí mismo” (pág 228).
Así, son las causas más odiosas y malas las que dotan al hombre para ser el ser más sociable de
la naturaleza, y solamente nace la sociabilidad humana, de la multiplicidad de sus deseos y la
constante oposición con que tropieza para satisfacerlos “ninguna sociedad puede haber
surgido de las virtudes amables y las cualidades apreciables del hombre, sino, por el
contrario, que todas ellas deben haberse originado en sus necesidades, sus
imperfecciones y sus variados apetitos... descubriremos que cuanto más se
despliegue su orgullo y vanidad y se amplíen todos sus deseos, más capaces serán
de agruparse en sociedades grandes y muy numerosas” (pág 231)
Una tesis interesante que Mandeville evidencia, en referencia a la sociedad, es la necesidad del
lujo para el sostenimiento de un estado fuerte (a la que dedica toda una observación) y que en
absoluto aumenta la avaricia y la rapiña, además postula el avance de la sociedad haciendo ver
al lector que los pobres tienen elementos que en otros tiempos eran considerados lujosos y ahora
se ven de uso corriente con lo cual el lujo es una necesidad para el sostenimiento de un estado
fuerte (que en último lugar descansa en las clases trabajadoras), en cuanto pasan las modas los
elementos antes considerados lujosos pueden pertenecer al grueso de la sociedad, haciendo
patente con esta consideración la tiranía de la costumbre y el principio de oferta y demanda [ “el
valor de las cosas aumentan entre vosotros cuando ellas escasean”, ( pág 114)] “en lo
que se refiere a las modas y costumbres, según las épocas en que viven los hombres,
éstos no examinan nunca el verdadero valor o el mérito de las causas, sino
que generalmente juzgan las cosas conforme las dictan la costumbre y no la razón”
(pág 110). El lujo depende tanto de la avaricia como de la prodigalidad, ya que ambos son
elementos constitutivos de la sociedad. Como normas para que una nación soporte el lujo dice
Mandeville en la página 163: “es necesario mantener al pobre estrictamente apegado a
su trabajo y que, si es prudente aliviar sus necesidades, curarlas sería una locura; que
se debería fomentar la agricultura y la pesca en todas sus ramas con el fin de procurar
provisiones, y en consecuencia abaratar el trabajo; he nombrado la ignorancia como
un ingrediente necesario en la mixtura social; todo lo cual manifiesta claramente que
nunca pude imaginar que el lujo pudiera hacerse común a todas las partes de un
reino... para que se proteja a la propiedad, que la justicia se administre
imparcialmente, y que se mire ante todo los intereses de la nación... debe darse gran
importancia a la balanza de comercio y al cuidado que la legislatura debiera tener en
que los artículos importados anualmente nunca excedan de los exportados; y donde
se observe esta regla... no habrá lujo extranjero capaz de arruinar un país; el apogeo
de este sólo se da en las naciones sumamente populosas, y aún en éstas solamente
en las clases superiores, y que cuanto más numerosas, la clase baja debe ser
además, la mas extensa, por ser la multitud de los trabajadores pobres la base que lo
soporta todo”
El interés del Estado es el que prima y se relaciona con el desarrollo del comercio. La
protección de esta actividad llegó a ser el principal fin de la teoría económica, pero aunque el
resultado de estos intereses mundanos fue el fomento del desarrollo de la producción y el
comercio, y, por tanto, la difusión del lujo, la opinión popular denunció el lujo como malo en sí
mismo y corruptor en sus efectos. Mandeville demuestra que el lujo es inherente a los estados
florecientes, demostrando la paradoja moral “vicios privados, beneficios públicos”. Apoyando
esta paradoja presenta la necesidad de determinados oficios inmorales o monstruosos que
benefician el crecimiento del estado “El cortesano sensual que no pone límites a su lujo;
la ramera veleidosa que inventa nuevas modas cada semana... el villano codicioso y
perjuro que exprime inmensas riquezas de las lágrimas de las viudas y de los
huérfanos legando después su dinero a los pródigos para que lo gasten: éstos dan la
presa y el alimento adecuado para un Leviatán en pleno desarrollo. es tal la
calamitosa condición de las cuestiones
humanas que tenemos necesidad de las plagas y monstruos que he nombrado para
poder lograr que se realicen todos los trabajos que el ingenio de los hombres es capaz
de inventar para procurar medios de vida honrados a las grandes multitudes de
trabajadores pobres que se requieren para hacer una sociedad; y es necedad
pretender que sin ellos puedan existir naciones grandes y ricas que sean al mismo
tiempo poderosas y cultas” (pág 238)
Mandeville da normas determinadas para que un estado llegue a ser rico, en las páginas 69, 70 y
71 , sostiene las normas comerciales que deben regir las transacciones económicas y postula
como normas sine qua non que “deben garantizarse el meum y el tuum, castigarse los
delitos y elaborar con sabiduría y hacer cumplir estrictamente las demás leyes
relativas a la administración de justicia los
negocios extranjeros deben manejarse con gran prudencia y los ministros de todas las
naciones debieran contar con buena información del exterior, y estar siempre bien
enterados de las transacciones públicas de todos aquellos países que, por su
vecindad, poderes o interés, puedan serle perjudiciales o provechosos, para tomar las
medidas oportunas según los casos, obstaculizando a unos y ayudando a otros,
conforme la política y el equilibrio del poder... he aquí las artes que conducen a la
grandeza mundanal, cualquier poder soberano a la cabeza de una nación. nunca
dejará de lograr su prosperidad a pesar de todas las otras potencias de la tierra, y ni el
lujo ni cualquier otro vicio serán capaces de hacer temblar su constitución” (pág 71)
Además para Mandeville el bienestar egoísta del individuo -vicios privados- , es normalmente el
bien del Estado – beneficios públicos- , dejando constancia del
individualismo en el comercio, de la propiedad y de la necesidad que tiene el gobierno de
proteger al individuo en su propio beneficio “lo que debe proteger en todas las sociedades
la seguridad de las vidas y la propiedad de las gentes contra los atentados de los
hombres malvados, es la severidad de las leyes y la administración diligente de una
justicia imparcial... a los hombres de mala índole hay que aterrarlos con funcionarios
duros, fuertes prisiones, carceleros alertas, el verdugo, y la horca “ (pág 105) ya que lo
que prima en último término es el beneficio de la nación. Así, el fin de la sociedad según
Mandeville es el existir lo más fuerte y poderosa que pueda sobre la base de la teoría del
armonía espontánea de los intereses individuales y de la opresión de los numerosos miembros
de las clases trabajadoras. Sobre la base, en última instancia, de la ignorancia de sus miembros
“deseo señalar claramente la necesidad que hay de una cierta porción de ignorancia
en una sociedad organizada” (pág 215).