UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR ORREGO
“AÑO DE DEL BICENTENARIO DEL PERÚ: 200 AÑOS DE
INDEPENDENCIA”
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
VIII CICLO
TEMA:
TSA DE LECTURAS ENCARGADAS
DOCENTE:
FRISA ALIAGA GUEVARA DE RAMOS
CURSO:
DERECHO PROCESAL DEL TRABAJO
ALUMNO:
ELIAS CALLE, JHON NICOLAS
PIURA – PERÚ
2021-II
COMENTARIOS A LA LEY PROCESAL DEL TRABAJO
En el presente documento y también artículo veremos como el autor analizará el precepto
y a su vez también hará un reconocimiento a la Ley Procesal del Trabajo, y por ende también
reconoce que es un gran avance para el Derecho laboral, cómo también que hay algunas
imperfecciones que deberán ser advertidas.
Consiguientemente tenemos que la Ley 29497 del trabajo marca un avance en nuestra
legislación y un reconocimiento importante en los derechos de sus trabajadores.
Ahora, tenemos en la prevención I que al respecto nos dice que el rasgo más intrínseco
del proceso es su instrumentalidad. Ya que es una parte esencial en ello, complementa y tiene
una trascendente función social de que se procure que las herramientas permitan ser eficaces
respecto a los derechos o intereses materiales.
Como ya sabemos la instrumentalidad es en este caso su rasgo esencial, implica
reconocer que se hace en una doble calidad: por un lado tenemos que debe ser parte del
ordenamiento y hacerse efectivo.
En la actualidad es imposible no encontrar ya sea una Constitución, estatuto normativo
esencial de un Estados sin que tenga un capítulo dedicado a los fundamentos del proceso, ya que
están allí porque es necesario. Asimismo en pleno siglo XXI no es tan fácil encontrar una
Constitución que no contenga los fundamentos de la tutela procesal de aquella.
Ahora en el comentario de este trabajo tenemos que se evitará hasta donde sea posible
detenerse en detalles puntuales. Ahora solo describiremos aquellos aspectos que podrían afectar
el empleo adecuado por los usuarios. Por tanto éste trabajo aspirará a convertirse en un manual
de ayuda al juez por las razones que las omisiones o imperfecciones de los enunciados
normativos pueden ser progresiva y adecuadamente solucionados en este caso cuando el
Juzgador al emplearlos obtenga de ellos la norma jurídica idónea.
En la prevención número II tenemos que nuestro ordenamiento a diferencia de cualquier
otro es que el mandato será surgido de aquél se vuelve obligatorio.
Tenemos que la Constitución es sin duda un enunciado normativo único, sus rasgos son
irrepetibles en las demás disposiciones del ordenamiento. Al ser la norma de normas los
derechos previstos en la Constitución. Aquí reside la complejidad del ordenamiento legal.
Consiguientemente tenemos que las relaciones de trabajo no podían seguir siendo
comprendidas como situaciones surgidas de con - tratos de servicios individuales.
El dogma privado enseñaba que sólo los sujetos del conflicto podían participar en las
negociaciones para su solución pero, dado que los resultados a partir de esa tesis eran
catastróficos, resultaba evidente que la solución pasaba por reconocer que la cuestión laboral
sólo se resolvería con la participación activa de otros protagonistas, específicamente el Estado y
de los sindicatos. Para tal efecto eran indispensables los sindicatos como representantes de los
derechos de los trabajadores, dotados además de instrumentos de auto tutela colectiva, como la
huelga. Por otro lado, el Estado debía funcionar como un mediador calificado que estuviese
dispuesto a sancionar disposiciones que acogieran cláusulas mínimas en los contratos de trabajo,
impidiendo modificaciones a la baja de éstas.
El legislador que los jueces deben procurar “alcanzar la igualdad real entre las partes”.
Esto es un compromiso que, además de utópico, es absolutamente ajeno a un juez. Éste, como
bien sabemos, recibe en su despacho, sobre todo en los procesos laborales, a sujetos en
situaciones evidentes de desigualdad (económica, social, etcétera), sin embargo, tal situación es
un tema exógeno al proceso. Es un sistema social injusto que provee tamaña desproporción y por
mucho tiempo más lo seguirá haciendo. A pesar de ello, el juez no puede ser el funcionario
político que tiene la misión de redistribuir las posibilidades de los sujetos con capacidades
disímiles. Si así fuera, su actividad ya no sería jurisdiccional sino propiamente un acto de
gobierno.
Sin embargo, la preferencia a la cual se alude es un tema absolutamente distinto al
principio de socialización del proceso. En efecto, tiene que ver con aquello que Mauro
Cappelletti10, citando a Morton G. White, llama “la sublevación contra el formalismo”, esto es,
aquello que desde una óptica disciplinaria distinta, el padre de la Sociología del Derecho en
Italia, Renato Treves, denominó, “la revuelta contra el formalismo”.
Cuando aparentemente se podría entender que el legislador va a seguir refiriéndose a
temas de avanzada en materia de protección de los derechos de los desaventajados, prescribe que
los jueces: “observan el debido proceso”. Con todo respeto, ¿existe algún juez a quién sea
necesario recordarle, como si fuera una situación excepcional, que debe observar el debido
proceso al tramitar y resolver un caso? Si los enunciados normativos se van a referir también a lo
obvio se vuelven o infinitos o inútiles.
Tal vez sólo sea un problema de comprensión, sin embargo, parecería que el segundo
párrafo está referido a la actuación de las pruebas respecto de la cuestión principal. Si así fuera,
¿en qué momento las partes han tenido la oportunidad de cuestionar la idoneidad (utilidad o
procedencia) de un medio de prueba? Aunque podría entenderse que la audiencia allí descrita va
a empezar con la actuación de los medios probatorios de las cuestiones probatorias, los cuales
sólo podrán ser declarados improcedentes de plano por el juzgador en el momento previo a su
actuación.
Las sofisticaciones normativas deben ser eficaces e imprescindibles; de lo contrario, sólo
se convertirán en un obstáculo inútil. Aquello que se denomina “test de disponibilidad de
derechos” termina siendo una redundancia con poco contenido. Desarrollemos uno de los
criterios para reconocer los “alcances” de este aggiornamento doctrinal del legislador-.
Hay una frase singular al inicio de este artículo: “la existencia de hechos admitidos no
enerva la necesidad de fundamentar la sentencia en derecho”. Probablemente la frase contenga
más de lo que parece, porque lo que parece es realmente insostenible. Jamás los hechos probados
o admitidos van a tornar innecesaria la fundamentación jurídica por una razón evidente: cuando
un juez resuelve un caso, lo que hace es justificar racionalmente su decisión y, para ello, cuenta
con la prueba de los hechos afirmados y el ordenamiento jurídico (de preferencia el enunciado
normativo que al emplearlo lo convierte en norma jurídica, aunque se admite el uso del
precedente, la costumbre o la doctrina, por citar otras fuentes o complementos de éstas según el
sistema que corresponda).
LA PRUEBA EN EL DERECHO LABORAL: EL PROCESO INSPECTIVO Y LA
JUSTICIA ORAL.
Tanto en el procedimiento administrativo como en el proceso judicial, la persona que se
encuentra encargada de resolver el conflicto no ha participado en ninguno de los hechos que han
dado lugar a la controversia. Efectivamente, los hechos materia del conflicto han sucedido en un
momento anterior al inicio del proceso o procedimiento, según sea el caso.
Ya lo habíamos advertido al inicio del presente artículo. No basta tan solo con alegar el
incumplimiento de una norma laboral sino que, por el contrario, resulta imperativo encontrarse
en la capacidad de acreditar dicho incumplimiento. Ante ello, cuando el vínculo laboral está
vigente y siempre que en la zona respectiva no se aplique la NLPT, los trabajadores encuentran
el procedimiento inspectivo un instrumento más idóneo que el proceso laboral regulado por la
LPT para efectos de acreditar el menoscabo de sus derechos laborales dadas las facultades que la
ley le reconoce al inspector para efectos de verificar los incumplimientos a la normativa laboral.
Por lo expuesto, a continuación analizaremos la etapa de actuación probatoria regulada
por la NLPT desde la perspectiva de los principios principales de la norma procesal en cuestión a
fin de identificar sus características principales. Esto, a su vez, nos permitirá luego realizar la
comparación pertinente respecto a la posibilidad de acreditar algún reclamo al interior del
procedimiento inspectivo.
Asimismo, y conforme señaláramos líneas antes, que el interrogatorio se realice frente al
juzgador permitirá que el juzgador no solo considere las respuestas sino que, además, aprecie las
reacciones de los interrogados a fin de alcanzar certeza sobre los hechos. De esta forma, el
interrogatorio regulado por la NLPT se convierte en un elemento de prueba muy importante para
que las partes puedan acreditar sus afirmaciones, más todavía para apreciar los hechos en la
determinación del principio de primacía de la realidad.
Por otro lado, y respecto a la actividad probatoria de las partes, el hecho que en el
proceso laboral las pruebas deban ser actuadas en la Audiencia Única otorga mayor eficacia a las
pruebas ofrecidas en la medida que estarán próximas a las afirmaciones realizadas por las partes
en sus respectivos alegatos. Así, es posible encontrar que las afirmaciones que realicen las partes
delante del juez siempre se encontrarán acompañadas de los medios probatorios que las sustenten
casi de forma inmediata.
Así también, el artículo 19 de la NLPT se encarga de regular otra presunción que, si bien
no incide directamente en la actuación probatoria del demandado, sigue la línea de simplificar la
carga del demandante; en efecto, dicho artículo obliga al demandado a negar expresamente todas
las afirmaciones del demandante o, de lo contrario, se tienen por admitidos con lo cual no serán
considerados puntos controvertidos. De esta forma, cuando el demandado sea el empleador y
guarde silencio respecto de lo afirmado en el escrito de demanda, el trabajador se encontrará
liberado de acreditar sus afirmaciones por considerarse admitidas.