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Eclesialidad y Vida Religiosa en la Iglesia

La jerarquía eclesiástica tiene el deber de regular y aprobar la vida religiosa, velando por su incremento y perfeccionamiento. La vida religiosa contribuye a la misión evangelizadora de la Iglesia a través de distintos carismas. Existen puntos en común entre el ministerio y los carismas, como la vocación bautismal, pero también tensiones como la visión de la jerarquía de la vida religiosa como auxiliar de la estructura eclesiástica y no como parte integral de ella.

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Eclesialidad y Vida Religiosa en la Iglesia

La jerarquía eclesiástica tiene el deber de regular y aprobar la vida religiosa, velando por su incremento y perfeccionamiento. La vida religiosa contribuye a la misión evangelizadora de la Iglesia a través de distintos carismas. Existen puntos en común entre el ministerio y los carismas, como la vocación bautismal, pero también tensiones como la visión de la jerarquía de la vida religiosa como auxiliar de la estructura eclesiástica y no como parte integral de ella.

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LA ECLESIALIDAD Y LA VIDA RELIGIOSA

1. FUNCIÓN DE LA JERARQUÍA CON RESPECTO A LA VIDA RELIGIOSA


Según la Mutuae Relationes, sobre criterios pastorales sobre las relaciones entre
obispos y religiosos en la Iglesia, en el nº8 la jerarquía tiene el deber de mantener la
dimensión eclesial de manera clara a través de la vida y santidad de la Iglesia
incluyendo a los que hacen parte de la vida religiosa, dentro de ellos menciona los
siguientes:
- La Jerarquia que es sagrada según el documento, consagra a los religiosos a su más
alto servicio en el Pueblo de Dios, y por medio de los ministros, eleva la profesión
religiosa en dignidad de estado canónico y la presenta como estado de
consagración a Dios mediante la acción litúrgica.
- También tiene el deber de regular sabiamente la práctica de los consejos
evangélicos además de aprobar de manera autentica las Reglas que se presentan
en las distintas comunidades, concediéndoles de esta manera una identidad en su
misión dentro de la iglesia
- Corresponde a la jerarquía procurar que los distintos Institutos crezcan y florezcan
según el espíritu de sus fundadores, protegiéndolos y vigilándolos con su autoridad
- También les corresponde determinar la exención de algunos Institutos de la
jurisdicción de los Ordinarios de lugar en vista a la común utilidad. Aclarando que
al hablar de exención se debe de entender principalmente al orden interno de los
Institutos, en los cuales hace que todo vaya más unido y ordenado al incremento y
perfeccionamiento de la vida religiosa, haciendo posible, además, que el Sumo
Pontífice disponga de ellos en bien de la Iglesia universal, así como cualquier otra
competente Autoridad, en bien de las Iglesias de la propia jurisdicción, según el nº
22.
- Y ante todo velar por el incremento y perfeccionamiento de la vida religiosa.

2. COLABORACIÓN DE LA VIDA RELIGIOSA A LA IGLESIA


La vida religiosa en la iglesia nació como signo visible de la manifestación de los
distintos carismas que el Espíritu Santo ha da conocer, hace conocer y lo seguirá
haciendo según el tiempo y las circunstancias de la iglesia.
Por ello es que el Espíritu que es la Persona que genera la comunión intratrinitaria
como en la iglesia, ha dado a cristianos un carisma, que muchos de ellos han fundado
distintas órdenes, congregaciones, comunidades, asociaciones, etc. con el cual aportan
a la misión evangelizadora, y lo siguen haciendo hasta la actualidad con la fidelidad del
carisma del fundador o fundadora, por medio de la vivencia, custodia, profundización
y desarrollo constante de esta.
Desde el monacato donde los padres del desierto, formaron grandes obispos para la
iglesia, y pese a muchas dificultades, han sabido hacer su camino dentro de la iglesia y
con ella, y el claro ejemplo que se conoce en la historia de la Iglesia es la
evangelización del Nuevo mundo.
Donde las órdenes religiosas, tanto franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios,
jesuitas y carmelitas fueron los pioneros en realizar la misión de Evangelización a veces
enfrentándose con la monarquía de España y Portugal, pero siempre movidos por el
Espiritu.
Posteriormente con el avance de la evangelización, estas comunidades generaron la
atención a cada neófito que incluso fueron capaz de realizar tareas pastorales, buscar
la justicia para los indios ante los abusos de los españoles, desarrollar su carisma y
pastoral de tal manera que muchos son testimonio de santidad, generar una caridad
para los indios con la creación de escuelas, hospitales-pueblos como Vasco de Quiroga,
etc.
Pero el aporte que también han generado la vida religiosa que está marcado mucho en
América, en especial en los países de México y Perú. Los primeros frutos de santidad
de toda la ardua evangelización del siglo XVI, y la gran religiosidad popular que se ha
impregnado en los cristianos tanto a Dios, como a la veneración de la Virgen María y
los santos. Y que también el Espíritu Paráclito al pasar los años inspire a cristianos
latinoamericanos fundar una comunidad como los Betlemitas.
Por eso, a pesar de haber una disputa en cuanto a ministerio y carisma. Es necesario
rescatar la labor de los religiosos en la sociedad a partir de su carisma y adaptándose a
las circunstancias socioeconómicas como la opción por los pobres.

3. PUNTOS EN COMUN Y DIFULTADES ENTRE EL MINISTERIO Y EL CARISMA


PUNTOS EN COMUN
- Según la Mutuae relationes en el nº 4 lo común que tienen tanto la jerarquía
(ministerio) y la vida religiosa, es la común vocación bautismal a la vida en el
Espíritu de donde provienen los influjos más eficaces y donde nacen las más
fuertes exigencias.
- Según Codina, afirma que lo común y anterior a ellos, es decir; la diversidad de los
dones, oficios y ministerios, es que todos ellos según su vocación buscan la unión
con Dios y la salvación del género humano.
- Además de que los institutos religiosos y la jerarquía, enriquecen según sus modos
y en concordancia con su espíritu peculiar y su misión específica, en cooperar a la
edificación del Cuerpo Místico de Cristo.
- Por ello para los religiosos, religiosas, y ministros; es fundamental ante todo que su
deber sea ejercer la misión bautismal como Pueblo de Dios, antes de imponer su
propio carisma.
- Y por último, para que haya plena comunión entre el ministerio y el carisma, es
necesario recordar que la Iglesia es Madre y Esposa, y desde la perspectiva de
Madre. La iglesia ayudaría a mantener la comunión en la diversidad, como una
madre y el trato con todos sus hijos.
Con respecto a Iglesia Esposa, es necesario retomar las concepciones eclesiales,
donde el Esposo, es Cristo, y Cristo se hace presente en los ministros (presbíteros y
obispos) de este modo ellos deben de relacionarse con los miembros de su Esposa,
con amor, respeto y todo ello que nos enseña san Pablo en el himno a la caridad,
pero ante todo el amor, de esta manera la Esposa que es la Iglesia, y que es
decorada con dones y carismas, y entre esos adornos se encuentran los que hacen
parte de la vida religiosa, que hacen parte de la vida de la Iglesia.
PUNTOS DE TENSIÓN
- La primera pero no la más importante, es que la jerarquía ve que la vida religiosa
no hace parte de la estructura jerárquica eclesial, y ante la aparición de estas, que
tienen un origen evangélico, son excluidas de la labor eclesial, pues la manera de
vivir según la comunidad, ayudan con su vida a la santidad de toda la Iglesia.
- Ante la labor pastoral, los obispos solo aceptan algunas comunidades según sus
necesidades, es decir, son utilizados para cubrir una necesidad, y es que confunden
la autoridad que pueden tener sobre algunas comunidades, con el utilitarismo
pastoral y le quitan el valor real que tienen y que aportan.
- Desde punto de vista se hace presente un conflicto, y es que la jerarquía se ubica
en la parte de la institución, mientras que la vida religiosa constituye el lado
carismático de la Iglesia, y eso genera un gesto anticristiano pues en lo pastoral
siempre hay una polarización que genera una reacción negativa.
- La eclesiología se le identifica con la jerarquía, y los carismas al no ser jerárquicos
son muchas veces olvidados o postergados.
- La jerarquía tiende por defecto, a creerse poseedora y propietaria del Espíritu, a
intentar domesticarla según la utilidad antes mencionada, cuando lo conveniente
es poner por parte de la jerarquía al servicio del Espíritu para las labores pastorales
que se vayan generando.
- Y de este modo nacen otra tensión, sobre el lugar de pastoral, es decir entre el
centro y la periferia de la Iglesia, donde lo céntrico lo abarca la jerarquía y la
periferia los religiosos o religiosas, generándose una semejanza entre Pedro para
los judíos y Pablo para los gentiles.
- En cuanto a su relación con la iglesia universal y particular, algunas comunidades
de vida religiosa tienen derecho pontificio, el cual les da una cierta autonomía,
pero a veces es tan extrema que se olvidan que deben de encarnarse en las iglesias
particulares que se encuentran, integrándose de este modo a la familia diocesana.
- En ese mismo ámbito esta la tensión entre lo universal y lo particular,
representándolas en los apóstoles Pedro Y Juan. El primero representa la vida de fe
de la Iglesia, el seguimiento diario de Jesús, el ministerio de las llaves; en cambio el
segundo representa la visión, la mística, la tensión hacia la escatología. Son
carismas totalmente distintos, pero a la vez complementarios pues cada uno es
signo para el otro, y caer en un extremo entre estas posturas es desvincularse de la
pastoral de conjunto de la comunidad diocesana.
- Otra tensión es sobre Iglesia y Reino, pues conocemos que la predicación y la obra
de Jesús se orienta al Reino y que la Iglesia es sacramento y semilla del reino, pero
no es el Reino, sino parte de ella que peregrina hacia el Reino definitivo. De esta
manera, ni la Iglesia puede encerrarse en su interioridad olvidándose de su misión,
ni la preocupación por el Reino puede llevar a los cristianos a pasarse sobre la
eclesialidad de la comunidad y desligarse de la comunión eclesial.
La mejor postura que se puede tomar es la de mantener la sensibilidad a las
exigencias del Reino y a los signos de los tiempos, desde la Iglesia, como Iglesia y
en comunión con la Iglesia.

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