El malestar de la cultura, de Sigmund Fruid
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EL MALESTAR DE LA CULTURA
Introducción
El ser humano de acuerdo a la civilización, es un conjunto de rasgos
característicos, de entendimientos, y juicios, los cuales Sigmund Freud los fundamenta y
encamina como una cuestión de culturalización que implican normas coercitivas de
impulsos sexuales, agresivos y propios primitivos del individuo, es por esta razón que el
autor creador de este ensayo titulado “el malestar de la cultura”, obra solemne, que va
más allá de los límites de una presunción psicológica, que entra en el terreno de la
antropología formativa, cultural, ética, filosofía de la cultura, e inclusive en la fisiología,
ya que fija su atención en las funciones corporales, siendo todos estos, aspectos
primordiales para el enigma de la vida psíquica.
En donde Freud por medio de este texto acredita y extiende los alcances de su
teoría psicológica creando y poseyendo de la misma manera un proyecto cultural.
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El malestar de la cultura, de Sigmund Fruid
Desarrollo
Al hablar sobre pensamientos y comportamientos reprimidos, muestra de
insatisfacción y resignación, surge esta incógnita ¿Cuál es el fin de la vida? Al plantear
esta pregunta, Freud deja abierto el tema manifestando que es una interrogación que no
se puede responder; sin embargo, plantea que podemos verla concretamente en lo que
cada ser humano se propone como fin; es decir, alcanzar la dicha y la felicidad.
Alcanzar la antes mencionada felicidad, tiene dos lados que se deben tener
cuenta, un lado positivo refiriendo al placer, y un lado negativo cuando hablamos de
evitar el dolor. Y es aquí donde Freud coloca la piedra angular de su teoría de la
felicidad, y es que afirma que “el programa del principio del placer es el que fija el fin
de la vida humana”[ CITATION Fre30 \l 12298 ]; a su vez que afirma que la
satisfacción de este principio es un imposible.
Puesto que lo posible dentro de la vida humana, se puede alcanzar una
satisfacción como un estado, un momento episódico de bienestar a las necesidades
retenidas, es decir, al ser seres en falta, alcanzamos un contraste entre el displacer de las
necesidades retenidas, y el placer de la necesidad satisfecha, aunque dicho contraste sea
muy breve.
Por otro lado, la infelicidad puede atacar desde tres puntos de vista; el interior de
la persona, teniendo en cuenta el dolor, angustia; el exterior, sabiendo sobre la
hiperpotencia de la naturaleza y el sentido de que todo puede cambiar de un momento a
otro; y los vínculos con otras personas, tomando como referencia que las normas
establecidas culturalmente coartan e inhiben las relaciones interpersonales.
Entonces Freud reflexiona sobre distintos senderos, para alcanzar la dicha, por
ejemplo, en cuanto a la relación con los otros, podemos recurrir a la soledad, evitar la
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interacción y aislarnos con el fin de evitar las frustraciones, el dolor y todas aquellas
emociones que nos causan dolor. Con respecto a las sensaciones, podemos recurrir al
consumo de ciertas sustancias evitando la realidad y los pensamientos que nos causan
displacer, aunque en cuanto al análisis propio, esta sería la vía más breve y
momentánea.
Otros de los senderos o medios es el control de las fuentes de pulsión, que se
basa en técnicas que te ayudan a desconectarte del mundo exterior, despertando nuevas
sensaciones y sentimientos, suprimiendo el deseo y a su vez la tristeza, ira, desolación,
entre otras emociones que causan displacer, quedándonos sin afectividad.
Aborda también la posibilidad de un Gobierno de la vida pulsional, lo que
supone un equilibrio, que permite a las personas un grado suficiente y satisfactorio de
goce, lo cual está ligado con un conocido mecanismo de defensa que es la sublimación,
lo cual se basa en el desplazamiento de la energía pulsional hacia actividades que se
pueden aumentar al placer de la labor psíquica e intelectual. Pero esta técnica tiene un
punto débil, y es que no se generaliza, es decir, no todas las personas tienen las
cualidades necesarias para ser artistas, y aun cuando las tengan, no significa que, al
realizar este desplazamiento de la pulsión, la persona tenga una coraza impenetrable que
lo aleje de su sufrimiento, también hay fallos, y caídas.
Más vigoroso y potente de los senderos, es el que encuentra a la realidad como
enemigo único, como el origen de toda su desdicha, que lleva a quebrar toda interacción
y vinculación para poder llegar a la felicidad.
Como el solitario que da la espalda a la sociedad, y continúa con su camino, sin
embargo, el camino es breve y la realidad es exigente, chocante y más fuerte. Quien se
aleja de la sociedad y de las normas culturales creando su nuevo mundo termina
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convirtiéndose en un errante, un loco, a quien pocos querrán satisfacer. Y es aquí donde
se puede hablar de la religión, ya que, de una manera análoga a lo referido con
anterioridad, esta es un delirio colectivo que busca satisfacer lo que está mal en el
mundo, con un deseo imposible.
El último procedimiento no olvidado por Freud, pero si marcado como el más
cercano a la meta que tiene el individuo de llegar a ser feliz, es nombrado como el arte
de vivir, cuyo principio es similar al del gobierno de las pulsiones, con la diferencia de
que al hablar de este arte, el sujeto no se resigna, es precisamente este, que es
perseverante y apasionado para alcanzar el bien-estar, y que no se aleja ni se despega de
su realidad con la desviación de sus pulsiones, que por lo tanto esta es la que viene
yaciendo como la más cercana al objetivo a diferencia de los procedimientos o senderos
anteriormente postulados.
Freud insta asimismo que el índice determinante de la complexión y naturaleza
del individuo se debe y depende de la complacencia real de la exterioridad y además de
la emancipación que tenga de él, de manera equilibrada. Ya que las diversificaciones de
las decisiones son aquellas que marcan una posible insatisfacción, no pudiendo ser
prudente con una única tendencia o procedimiento y como lo recalca el autor es la
sabiduría que tal vez sea el regulador para no encauzar únicamente, más bien,
dependiendo del contexto ser guiado por varias tendencias o senderos, aunque no hay
nada irrebatible.
Consecutivamente, Freud hace referencia al sentimiento de culpa como ente
principal, aún sin que todos los temas tocados anteriormente hayan estado vinculados.
“La cultura reside en la pérdida de felicidad por aumento de sentimiento de
culpa”[ CITATION Fre30 \l 12298 ], es el problema más importante de la evolución
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cultural. La sociedad contiene normas y reglas, que reprimen el instinto más profundo
de la persona, es decir, limitan el principio de placer del sujeto, lo cual lo hace
vulnerable, y al desatar al menos una pequeña parte del “animal que lleva dentro”
aparece la culpa sobreponiéndose incluso a la consciencia, como pensamiento de que el
sujeto debe ser castigado por hacerlo. “Súper yo”.
En conclusión, al recordar que Freud plantea la pregunta “¿Cuál es el fin de la
vida?, y al no tener una sola respuesta, el mismo autor responde que la causa de la
infelicidad de individuo no se vincula a aspectos históricos, normativos, educativos de
su propia generación, sino en las transformaciones de su pulsión de muerte, en la
relación que tenga esta con la pulsión de vida, y en el acaecer de estas pulsiones
agresivas en su figura del superyó. En donde la cultura permite al individuo cohabitar en
civilización coartando los impulsos más primitivos que por consecuencia da la desdicha
y el sentimiento de culpa.
La felicidad y la dicha son cuestiones imposibles de alcanzar, sin embargo, se
debe luchar por conseguirlas, aunque todas las técnicas y procedimientos mencionados
por Freud tienen indicios debilidades, se hace más llevadero y satisfactorio incluir los
aspectos buenos de cada una para poder disfrutar de aquellos momentos esporádicos de
felicidad por un periodo más amplio de tiempo.
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Conclusión
En este artículo, Freud plantea una reflexión hasta ahora inimaginable: porque la
gente no es del todo feliz en la cultura que él creó. Eso es lo que está defendiendo y
copiando constantemente, y es lo mismo, produce una cierta clase de malestar
indeterminado que no se puede eliminar. El malestar social surge de una crisis El
modelo social y el cambio repentino a otro modelo donde las normas aún no son legales
han producido una cultura que combina la anomia y el fatalismo.
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El malestar de la cultura, de Sigmund Fruid
Bibliografía
Freud, S. (1930). El malestar de la cultura. Librodoc.