I Edición.
HORMIGUITAS..!
Renato José González Cuamo.
Cuento de esperanza en tiempos
de COVID.
Érase una vez un hormiguero, pero no cualquier hormiguero; era uno muy
diferente a los demás de la pradera, cercado con hermosas flores y una sisella
blanca sobre el volaba. ¿Qué tendrá de extraño?, se preguntaban las hormigas
vecinas; ¡ellas nunca salen a la superficie, siempre están encerradas, será que
temen que descubramos su secreto!; eran los rumores que se escuchaban en todo
el jardín.
Las hormiguitas detectives decidieron ir hablar con la flor protectora de la pradera,
para que obligara a las anormales hormiguitas a salir de su hormiguero.
Dentro del famoso hormiguero todo era hermosísimo, resplandeciente y una
melodía se paseaba por toda su existencia; las hormigas trabajaban sin cansarse
y nunca renegaban de quienes eran.
Un día cuando todas se encontraban haciendo sus labores, una aterradora
pandemia llego a la pradera, una enfermedad muy extraña que nadie conocía; las
hormiguitas doctoras desesperadas al ver que tantas hormigas morían a diario por
el virus que llego de sorpresa, decidieron ir hablar con la flor protectora,
¡Guardiana de la pradera, venimos ante usted, porque no encontramos una cura
para frenar la enfermedad! ¿Quiénes son ustedes? Les dijo la guardiana, ¡somos
las hormigas doctoras que venimos ante usted para buscar una solución! , ¡Yo soy
la flor Reyna de la pradera, y con mi riqueza me cuidare yo!
Fue la respuesta de la líder de la pradera; ¿Qué aremos ahora? Se preguntaron
las doctoras. Mientras que las demás estaban aterradas, las raras hormiguitas del
anormal hormiguero estaban muy tranquilas. ¿Qué les pasa hormigas chifladas?,
escucharon las hormiguitas en su hormiguero que alguien desde lo lejos les
gritaba, ¿Quién es?, respondió una de las hormiguitas. ¡Soy la hormiga doctora!,
¿por qué están tan serenas si todos en la pradera están muriendo?, ¡a nuestro
hormiguero no llegara la pandemia y mucho menos tocara nuestro cuerpo!, le
manifestó la dulce hormiguita.
Curiosa la hormiga doctora, se lo fue a comentar a la flor, pues ella había creído
que todo no estaba perdido, que aún había una esperanza. La flor a escuchar lo
que la doctora le comentaba, rápidamente se fue volando hacia el hormiguero.
¡Hormigas admirables y radiantes como el sol!, gritaba la flor en el insólito y genial
hormiguero. ¿Por qué ustedes dicen que la pandemia no llegara hasta su
hormiguero?, escucharon nuevamente las hormiguitas que alguien les gritaba.
¡Nuestro hormiguero es muy diferente al de ustedes y nuestro Rey no es el
mismo que el suyo! La flor no entendía lo que la hormiguita le decía y le dice ¿Por
qué están tan tranquilas?, ¡si a diario mueren miles de hormiguitas! Déjame y te
explico, le respondió la dulce hormiguita. ¡Nuestro hormiguero no está sobre la
arena como el de ustedes, el nuestro esta sobre la roca inconmovible y ninguna
plaga tocara nuestra colonia! Asombrada la flor y las hormiguitas, les
respondieron, ¡tú hormiguero se ve sobre la arena como el de nosotras!, ¡No te
equivoques! ; Le dijo la dulce hormiguita. ¡Nuestro hormiguero es espiritual y
nuestro Rey es celestial, el que mora bajo la sombra del omnipotente y habita bajo
el abrigo del altísimo, no le sobrevendrá ningún mal!
¡Conque eso era lo extraño del hormiguero! Comentaban las demás hormigas y la
flor ¡Buscábamos la cura por nuestra propia cuenta, sin saber que alguien superior
a nosotras determinara el día en que todo acabe! Fueron las palabras de la
hormiga doctora. ¡Yo pensaba que el dinero y el poder me salvarían; pero estaba
equivocada! Les dijo la flor a las hormigas.
Y desde ese día una luz esperanza brillo para todas en la pradera, la armonía y
la alegría volvió a ellas, todas decidieron creer en el Rey celestial de las
hormiguitas, él se llevó sus cargas y se convirtió en el Rey de todos en la pradera.
Ellas entendieron que solas no podían enfrentar al virus y depositaron su
confianza en su nuevo Rey. Colorín colorado este cuento se ha terminado.