¿Cómo entiende la Torá el deleite de los placeres físicos?
La Torá no está de acuerdo con la noción de una lucha irreconciliable entre lo físico y lo espiritual, y de hecho es, inequívoca en su rechazo a esta filosofía. Por el contrario,
la Torá sostiene que, si se usa del modo apropiado, lo físico se convierta en una ayuda indispensable para obtener grandeza espiritual. Esto se consigue de dos maneras:
En primer lugar, la actividad física es mucho más efectiva al grabar una ideo dentro del alma que lo que una contemplación intelectual sola podría ser. Casi todas las mitzvot
incluyen el uso de algún elemento del mundo físico para servir a D”s. Nuestro trabajo es tomar los obsequios de este mundo y elevarlos a la altura de la santidad. El Shabat,
por ejemplo, es santificado sobre una copa de vino – las palabras solas no bastarían.
En Segundo lugar, la Torá ve al goce del placer físico como algo deseable, ya que cada placer provee una oportunidad de sentir y expresar gratitud con El que creó y nos
brindó este regocijo.
La visión de placer de la Torá difiere dramáticamente de aquella predominante en la sociedad occidental. La sociedad occidental premia al placer y dirige mucha de su
energía, imaginación y recursos hacia su persecución. Las obligaciones y responsabilidades son vistas como el precio que uno tiene que pagar, ciertas veces, para obtener
placer.
La Torá también valora el placer; pero con una diferencia significante. Los deberes y las responsabilidades no son el “costo” inevitable para el placer. Más bien, el placer es
un producto derivado bienvenido que acompaña el cumplimiento apropiado de muchas de las obligaciones otorgadas por D”s. En dichas instancias, el placer introduce una
obligación (en realidad, una oportunidad) para sentir y expresarle gratitud al Dador de todos los placeres. Pero el placer no es lo primario – nuestras responsabilidades hacia
D”s lo son.
La visión de sexualidad según la Torá, es una perfecta ilustración de la actitud general de la misma hacia lo que respecta el mundo físico y sus placeres. Las relaciones
físicas entre marido y mujer están hechas para ser placenteras. El hecho de tener relaciones maritales es un cumplimiento de dos mitzvot separadas – pru u’rvu (procreación)
y oná (la intimidad marital en sí misma).
Pru u’rvu y oná son las mitzvot paradigmas, ya que reflejan el enfoque exclusivamente judío de santificar el mundo físico mediante la observancia de las mitzvot. Estas
mitzvot son los ejemplos más dramáticos del fenómeno de elevar el mundo físico a las alturas de lo espiritual, en la medida en que el elemento del mundo físico, los cuales
son santificados por estas mitzvot, es el más susceptible para abusarse y restarle santidad.
¿Cuál es la actitud de la Torá hacia la intimidad sexual?
Hay un concepto erróneo difundido acerca de que la Torá ve a la intimidad sexual como algo inherentemente negativo. De acuerdo a esta noción, D”s insufló dentro nuestro
el deseo de la intimidad sexual sólo para asegurarse de la propagación de la raza humana. Por esta razón, la Torá permite la intimidad marital. Pero ya que esto es, en el
mejor de los casos, un compromiso incómodo, es restringido con sumo cuidado. Esta aversión es expresada, por ejemplo, a través de la prohibición de la Torá de las leyes
de nidá, las cuales restringen el contacto sexual entre marido y mujer significantemente. De manera similar, las halajot que regulan la intimidad de la pareja busca, mientras
sea posible, minimizar y alejar la atención del goce del acto sexual en sí mismo.
Esta línea de pensamiento es obviamente falsa y fundamentalmente no judía. Es cierto que la Torá ve a la procreación como el aspecto central de las relaciones
matrimoniales. Pero también es claro, por muchas oraciones tanto en la Torá Escrita como en la Oral, y por las halajot relevantes, que éste no es el único propósito de la
intimidad. La halajá, por ejemplo, protege el derecho de la mujer a tener satisfacción sexual en situaciones en las que el embarazo claramente no es un objetivo o posible
resultado. Tanto una mujer embarazada, una mujer que está en el período de lactancia como una mujer que físicamente es incapaz de concebir, a todas ellas se les otorga la
misma protección de la Torá así como aquellas mujeres las cuales tienen un máximo potencial para concebir.
Más aún, las leyes de nidá son vistas en fuentes tradicionales como algo que enriquece las relaciones íntimas dentro del matrimonio, y no como algo que las niega. Por
ejemplo, Rabbi Meir dijo que la separación mensual de nidá hace que la mujer sea querida por su esposo así como cuando ella entró en la jupá. Al limitar (pero no eliminar)
los momentos en los que el hombre y la mujer pueden compartir la intimidad física, la Torá abanica las flamas del deseo entre ellos y de ese modo, en cada reunión, su dicha
se asemeja a la que sintieron el día del matrimonio, hace muchos años atrás. Las leyes de nidá protegen a la pareja de los abusos y familiaridad exagerada que rápidamente
puede llevar a la fatiga, insatisfacción, disgusto, y resentimiento.
Sin una reunión satisfactoria, las leyes de nidá están incompletas, su potencial no es llevado a cabo, su propósito es subvertido y frustrado, su promesa mortinata. La
observancia meticulosa de nidá cumple sus propósitos y se completa en la observancia exuberante de la oná, y la dicha derivada de la experiencia de la intimidad
matrimonial es elevada y magnificada sin medida mediante la abstinencia y prohibiciones que requieren las leyes de nidá.
Cabe destacar que Rabbi Meir no dijo, “entonces habrá la misma pasión y deseo sexual que cuando fueron a la jupá”; en lugar de eso, él recuerda el amor de aquel primer
día del matrimonio. ¿Cuál es la conexión entre el placer de la unión física y la emoción del amor?
El término para esta relación que es la más íntima entre una pareja es “devek” (lit., unión, conexión). La Torá nos ordena: “Por lo tanto, el hombre deberá abandonar a su
padre y a su madre y adherirse (“davak”) a su mujer” (Breshit 2:24). Rashí declara que el placer produce devek (Sanherin 58a, b). Desde la perspectiva de la Torá, el placer
de la intimidad marital sirve a la función positiva de maximizar el vínculo entre marido y mujer.
El comentario del Ramban sobre davak (Breshit 2:24) enfatiza que el matrimonio causará una unión emocional, no solamente física, entre marido y mujer. El deseo de
establecer una cercanía emocional representa la desaprobación de la halajá hacia ciertos comportamientos, tales como pensar sobre otra persona cuando uno está teniendo
relaciones con la pareja, consumar relaciones cuando uno se encuentra borracho, o tener relaciones sin un consentimiento mutuo. En estas situaciones, el placer físico se ha
despojado del componente emocional el cuál produciría el devek. Esto es exactamente lo que la Torá no quiere que ocurra.
Por otro lado, la santidad sexual, que transforma la experiencia de un acto físico de auto gratificación sexual en un acto espiritual de preocupación y consideración caritativo,
se alcanza mejor a través de la maximización del placer de la pareja durante la intimidad.
Ona
Existe un mandamiento bíblico dirigido hacia el hombre para que tenga relaciones sexuales con su mujer. Esta mitzvá, la mitzvá de oná, es uno de los 613 mandamientos
bíblicos. Encontramos en Shemot (21:10): “Él no disminuirá los derechos conyugales de ella”. Sin embargo, no hay ninguna obligación recíproca dirigida a la mujer.
¿Qué conlleva la mitzvá de oná? ¿Qué es lo que debe hacer un marido para cumplir con los requisitos halájicos de esta mitzvá?
Los parámetros de la mitzvá de oná que los Sabios establecieron están diseñados para satisfacer los deseos de la mujer. Podemos ver esto en Devarim 24:5 donde un
hombre es absuelto del servicio militar durante el primer año de matrimonio así “estará libre para su hogar por un año y así hará feliz a la mujer que tomó”. El verbo utilizado
durante la literatura rabínica para describir el rol del marido en la intimidad con su mujer es “complacer”. (Ver, por ejemplo, Pes. 72b, B.B. 10b, Kalá Rabbati).
Naturalmente, la forma de cumplir con esta mitzvá depende mucho de las necesidades de cada mujer y su personalidad única. Al marido la Torá le exige que estudie, sepa y
haga aquello que le brindará placer sexual a su mujer. Este proceso de aprendizaje llevará su tiempo, consideración, devoción, humildad, honestidad y mucho sentido del
humor. Conocer los gustos personales de una esposa – en todo sentido, no sólo en la intimidad – es tan importante para el éxito a largo plazo del matrimonio que la Torá le
dedicó todo el primer año de matrimonio, liberando al hombre de todo tipo de distracciones, para que lo pueda adquirir.
El momento de la mitzvá oná es cuando la mujer sugiere que está interesada. Hay un momento especial para tener relaciones y esto es la noche de la mikve y el viernes por
la noche. Sin embargo, como el propósito de las relaciones es que sea placenteras, estos momentos se pueden omitir ocasionalmente bajo el consentimiento mutuo.
¿Por qué la mitzvá de oná le fue entregada solamente al marido? ¿Por qué no existe ninguna mitzvá similar que recaiga sobre la esposa? Aquí les sugeriremos dos razones:
Respuesta 1. Un marido expresará fácilmente su deseo por tener relaciones íntimas sin ser reservado ni dudarlo; una mujer, en contraste, que tiende a ser más reservada y
modesta, no lo hará. Para asegurarse que las necesidades de la mujer no se olvidarán, la Torá le impuso al marido una obligación formal de estar alerta ante cualquier
indicación que su mujer haga de tener deseos de intimidad y entregarle esa intimidad.
Esto es, por supuesto, con la intención de beneficiar a la esposa, no prevenirla de comunicar sus deseos. De acuerdo a esto, en dichos casos, por ejemplo, cuando un marido
fracasa en discernir correctamente las señales que le han sido entregadas, una mujer puede expresarle, abierta y modestamente, que quiere tener intimidad con él.
Respuesta 2. Un marido no tiende a necesitar la misma preparación emocional para las relaciones como lo necesita la mujer. La mitzvá de oná, que incluye palabras
afectuosas, abrazarse y una cercanía física, asegura que el marido creará la atmósfera que dejará satisfecha a la mujer tanto en sus necesidades emocionales, como en las
físicas.
Es un gran crimen negarse a tener relaciones íntimas con una mujer que le ha comunicado a su marido de una manera discreta y modesta sus deseos de obtener su
atención, y los rabanim son claros en decir que la culpabilidad es del marido ante tal negligencia y crueldad. De manera similar, está prohibido para una mujer negarse a
tener relaciones íntimas con su marido. Sin embargo, esto no significa que cualquier miembro de la pareja debe tener relaciones cuando realmente no se siente con ganas de
hacerlo, como por ejemplo, cuando uno de los dos está enfermo. En dicha situación, debe quedar clara la razón por la cuál se quiere posponer la intimidad para que no se
tome como un rechazo.
Tzeniut
El tzeniut (modestia) se puede expresar en cada aspecto de nuestras vidas. No es sólo un “código de vestimenta”, sino que una guía para el habla y comportamiento tanto de
hombres como de mujeres, que nos permite enfocarnos en la esencia interior de la persona en lugar de en lo externo y material. De este modo el tzeniut puede, y debe,
encontrar la expresión dentro de las relaciones maritales – sin bien no caben dudas que se manifestará de manera muy diferente que como se comporta públicamente.
Las pautas siguientes no están hechas con la intención de reprimir o restringir las relaciones matrimoniales, sino para enfatizar la privacidad y enfocar su atención
completamente en el otro.
Mientras que el comienzo de las relaciones sexuales se pueden llevar a cabo en un lugar iluminado, y el marido puede ver a su mujer desnuda mientras que ella se
encuentra tehorá, las relaciones mismas se deben tener lugar en un lugar oscuro. Esta es una de las razones por las cuáles generalmente se recomienda que las relaciones
íntimas sean de noche, y no durante el transcurso del día. Algunas opiniones permiten que llegue luz desde una habitación adyacente.
Existen opiniones que dicen que la pareja debe estar cubierta (a través de una sábana o frazada) durante las relaciones sexuales. Sin embargo, el Shulján Aruj no trae
ninguna prohibición en lo que respecta a éste área.
Los sifrei kodesh no deben estar dentro de la habitación mientras la pareja está teniendo relaciones, o deben estar dentro de dos cobertores (por ej., dentro de una bolsa
adentro de un cajón).
Hamapil, shemá, y netilat iadaim
Después de concluir de hacer el amor debes lavarte las manos y luego recitar el shemá y hamapil (o hamapil y shemá dependiendo de tu costumbre) antes de dormirte. Sin
embargo, también está permitido recitar estas oraciones antes de tener relaciones, particularmente si puedes llegar a quedarte dormido y olvidar decirlas después.
Hamapil es considerada una birkat hashevach ( una bendición de alabanza a Hashem), y algunos interpretan la línea "utehi mitati shlemah lefaneja" como si se estuviera
refiriendo a las relaciones sexuales subsiguientes y no solamente a dormir. Si bien la costumbre general es no hablar después de recitar hamapil, tú y tu esposo/a deben
actuar como lo harían normalmente y comunicarse con naturalidad mientras que hacen el amor.
Parámetros
Las halajot acerca de qué está permitido en las relaciones matrimoniales no siempre son completamente claras. Hay proscripciones en el Talmud las cuales algunas
autoridades las toman como prohibiciones y otras simplemente como sugerencias. Por esta razón les daremos algunas líneas generales. Si hay algún tema en particular del
cuál quisieras saber más, por favor discútelo con tu madrijat kalá o contáctate con nosotros.
Primero, hay muchos asuntos a tomar en cuenta: la mujer debe estar tehorá, debe ser con mutuo consentimiento y debe haber privacidad. Cuando ambas partes lo desean,
hay una base para permitir una amplia variedad de comportamientos sexuales.
Las Fuentes dicen que de preferencia el hombre debe estar arriba; sin embargo, si ambos están de acuerdo, se puede utilizar cualquier posición que posibilite las relaciones
sexuales vaginales.
Ninguna de las partes está obligada a hacer ningún acto que le resulte desagradable. Una mujer debe hacer las cosas porque ella quiere. No debe dejarla con miedo de ser
vista de un modo humillante. “Por miedo de que su marido piense menos de ella” (shemá ire ba davar megune) es, de hecho, una de las razones que nos da el Talmud por
las cuales se tienen relaciones sólo en la oscuridad.
El requisito halájico clave es que la eyaculación del esperma sea dentro de la vagina (o, ocasionalmente, el ano, si esto es deseado por ambos). Hotza'at zera lebatalá
(generalmente traducido como el desperdicio de la semilla, significa dejar que el semen sea expulsado fuera del canal vaginal) está prohibido. Por ende, las acciones que
causen este resultado están prohibidas. Esta es la razón principal por la cuál no se permite la estimulación oral del marido, si es que ésta resultara con la eyaculación. Por
otro lado, si estaban haciendo el amor con la intención de tener relaciones vaginales y hubo una eyaculación precoz, no se considera una trasgresión.
Algunas autoridades no permiten que el marido estimule oralmente a su mujer o que le vea sus genitales. Otras son más permisivos en éste área, por lo que puede haber
alguna base para permitir el contacto visual y oral cuando ambas partes lo desean.
No hay problema alguno con la estimulación manual. Si esto es placentero para la mujer, es incluso alentado.
Te sugerimos comenzar de manera conservativa, trabajando dentro de lo que te enseñe tu madrijat kalá. Si te sientes incómoda para realizarle preguntas halájicas
específicas en éste área a alguien que conoces, puedes preguntar de manera anónima a través del sitio web yoatzot website o mediante telephone hotline (este servicio
solamente está disponible en inglés o hebreo).
La reproducción de los contenidos de este curso, para otra cosa que no sea uso personal, está prohibida por la ley judía y por la ley secular.
Anatomía y fisiología sexual
Por Talli Y. Rosenbaum, Terapeuta físico
La actividad sexual entre marido y mujer es la expresión de amor e intimidad de manera física. Está prescrito no sólo en aras de la procreación, sino para cumplir con la
mitzvá de “oná”, brindándole a su mujer satisfacción y placer físico. La actividad sexual, mientras que se considere “natural”, depende de una combinación compleja de
factores psicológicos y emocionales. Y mientras que la excitación sexual es de hecho una inclinación natural cuando un marido y mujer se ven atraídos mutuamente, el
comportamiento sexual es un proceso de aprendizaje, durante el fortalecimiento de la intimidad de la pareja.
Fisiología y anotomía femenina
Externa
La vulva es toda el área genital visible, desde el área de los vellos púbicos hasta el ano. Esto incluye el perineo, las labias, la uretra y el clítoris. Puedes hacer clic aquí para
ver una imagen.
El perineo es un área de la piel sin vellos que conecta el ano a la vagina. Las labias son solapas de tejido que se pliegan juntas sobre la vagina. La labia mayora
generalmente está cubierta por vello, y la labia menora es suave y rica en suministro de sangre. Las labias tienen terminaciones nerviosas las cuales son sensibles al tacto y
son una fuente de estimulación sexual.
Dentro de los pliegues de los labios, por encima de la entrada de la vagina, se encuentra la uretra, una pequeña cavidad para que pase la orina. Sobre eso, en el punto en el
que se encuentran los labios internos, está el clítoris, el área más sensible de los genitales de la mujer. Normalmente el clítoris está obstaculizado por una capucha, y se
expone durante la estimulación sexual. La única función del clítoris es otorgar placer sexual. Con estimulación, existe un mayor flujo de sangre hacia el clítoris, el cual se
amplía y tiene una erección.
Interno
Justo dentro de los labios internos, está la apertura hacia la vagina. Antes del primer episodio de relaciones sexuales, la vagina a menudo – aunque no siempre – está
parcialmente obstruída por una capa de membrana fina conocina como el himen. Existen muchos conceptos erróneos en relación a la presencia del himen como una prueba
de la virginidad de la mujer. De hecho, hay mujeres sexualmente activas quienes tienen el himen, mientras que otras que son virgenes no. Esto se debe a que el himen se
puede estirar o puede ser roto por el uso de tampones, y también porque el grosor y forma del himen varía. Si un himen intacto es penetrado de manera agresiva, puede
sangrar en grandes cantidades. Si, sin embargo, una mujer está estimulada sexualmente, lubricada y relajada, la penetración puede llevarse a cabo con el mínimo trauma
para el himen y generalmente con poco o sin sangramiento en absoluto. El estatus halájico de la mujer como betulá se refiere al hecho que ella nunca ha tenido relaciones
sexuales, no al estatus de su himen.
La vagina tiene la forma de un tubo y tienen aproximadamente 15cm de largo. Al final de la vagina está la cérviz, que se abre hacia el útero. Las mujeres que no han sido
sexualmente activas, y nunca utilizaron tampones, podrían tener inicialmente dificultades para insertar cualquier cosa, inculso un pañito de bediká, dentro de la vagina. Es
importante destacar que, si bien la vagina puede parecer angosta, tienen una capacidad impresionante de expansión (como en el momento del parto) y contracción.
Ubicados directamente dentro de la apertura de la vagina existen músculos conocidos como los músculos del piso pélvico. Estos músculos funcionan como una honda de la
pelvis, llegando desde el hueso púbico del frente hasta el cóxis atrás. Al aprender cómo contraer y relajar estos músculos, la mayoría de las mujeres pueden instertar los
paños de bediká y los tampones sin dolor alguno. Se recomienda que unas noches antes de la boda, la mujer se tome el tiempo, tal vez relajada en una tina, para conocer su
propia anatomía, intentar e insertar uno o dos dedos dentro de la vagina, y aprender a contraer y relajar sus músculos internos. Esto permitirá una experiencia sexual inicial
más relajada y confortable.
Fisiología y anatomía masculina
En los hombre, el pene es generalmente el área más sensible. El escroto está debajo. Es escroto contiene los tésticulos donde se produce el esperma. Las células de espera
maduras viajan desde el epidídimo, situado en la parte posterior superior de los testículos. La cabeza, o glande, del pene contiene la uretra, la apertura por la cuál pasa la
orina y el semen. Hay tubos de tejido esponjoso dentro del pene conocidos como cuerpo cavernoso. Con la exitación sexual estos tejidos se llenan con sangre y provocan la
erectación del pene. Durante la eyaculación, conctracciones rítmicas hacen que los espermios viajen a través de la próstata y las glándulas seminales donde se combinan
con secreciones ricas en nutrientes para formar el semen, el cuál es expulsado a través de la uretra.
La fisiología de la función sexual
La función sexual se dividió tradicionalmente en cuatro etapas: deseo, exitación, orgasmo y resolución. El deseo por sexo ocurre debido a factores fisiológicos, emocionales y
situacionales. Es una condición normal, gobernada por las hormonas, e influenciada por factores de afuera, tales como el estrés y temas de pareja. En determinados
momentos, como durante el período post parto, los cambios hormonales combinados con la fatiga y el estrés contribuyen a disminuir el deseo sexual. Es importante estar
alerta de que este es un fenómeno natural, y no necesariamente indica dificultades conyugales. Muchas mujeres informan que el deseo sexual llega al clímax en varios
momentos a lo largo del ciclo. Afortunadamente para algunas mujeres, estos puntos máximos generalmente corresponden a la semana anterior a la menstruación, y
alrededor de la ovulación; sin embargo, las mujeres varían en cuanto a cuándo sienten el mayor deseo sexual.
La exitación sexual es un sentimiento sensual de calidez y placer, durante el cual ocurren los cambios fisiológicos que hacen que el cuerpo esté receptivo al sexo. En la
mujeres aumenta el flujo de sangre hacia los labios, la vagina y el clítoris. La vagina se acorta y se ensancha preparándose para las realciones. Las glándulas en la vagina
secretan un fluído para humedecer y lubricar las paredes de ésta, faciliatando la penetración. El cuello de útero, los ovarios y las trompas de falopio ascienden, previniendo el
dolor pélvico que ocurrire cuando se consumen las relaciones sin la exitación. En los hombres, el corpus sponigiosum se llena con sangre llevando a la erección del pene.
El orgasmo es considerado la cumbre del placer sexual. Durante el orgasmo hay un aumento en la frecuencia cardíaca y respiración. En las mujeres hay contracciones
rítmicas de los múscos de la vagina y del piso pélvico. A menudo una pequeña cantidad de líquido (conocido como la eyaculación femenina) es liberado de la uretra. En los
hombres hay contracciones rítmicas que conducen a la eyaculación del semen. Es importante estar atento a que las investigaciones indican que si bien muchas mujeres
alcanzan el orgasmo durante las relaciones mismas, la mayoría alcanza el orgasmo sólo mediante la estimulación directa del clítoris. Por lo tanto, una pareja no debe de
preocuparse si no alcanzan esta etapa simultaneamente. De manera similar, una pareja no debería de preocuparse si una mujer no alcanza el orgasmo cada vez que están
juntos. Mientras que el orgasmo del hombre es esencial para las relaciones sexuales, el orgasmo femenino no lo es, y por ende, puede llevar algún tiempo hasta que la mujer
comience a tener orgasmos. Efectivamente, lo que fortalece el lazo de la intimidad entre una pareja es aprender qué es mutuamente placentero.
La resolución es la etapa final, en donde el cuerpo se calma y retorna fisiológicamente a la normalidad. La frecuencia cardíaca y la respiración disminuyen, la hinchazón de
los órganos retorna a la normalidad, y es un período de sentirse en calma, relajado y satisfecho. Mientras que las mujeres son capaces de continuar siendo exitadas y
alcanzando orgasmos durante este período, los hombres necesitan completar el proceso de resolución antes de poder tener una nueva erección.
La actividad sexual puede ocurrir en ausencia de uno o más de estos componentes. Por ejemplo, una mujer que vuelve de la mikve se puede sentir ocacionalmente cansada
y no llena de deseos particularmente, sin embargo, mientras comienza a hacer el amor, se exita y completa el ciclo. Investigaciones recientes sobre la sexualidad de la mujer
indicaron que éstas, a diferencia de los hombres, no sienten un deseo espontáneo por tener sexo a menudo. Pero se asoman al sexo con buenas intenciones y motivaciones
positivas, las cuales incluyen el deseo de una cercanía física y las ganas de satisfacer el deseo del marido. Una vez que se exitan mediante el contacto físico, el deseo sexual
entra en acción.
Las mujeres generalmente responden al contacto sexual experimentando el placer y la calidez. Cuando se exitan, el cuerpo secreta un fluido vaginal que la prepara para las
relaciones, la cuál es la inserción del pene dentro de la vagina. No es poco común cuando es el primer comienzo de las relaciones sexuales, o en momentos en los que hay
sequedad vaginal debido a la lactancia o anticonceptivos, necesitar una lubricación adicional como el gel KY. Las conversaciones íntimas, las caricias y los besos deberían
anteceder cualquier intento en las relaciones. Algunas partes del cuerpo, tal como los pezones o el clítoris, son particularmente sensibles, y puede ser incómodo que las
toquen antes de que la mujer esté exitada. Las relaciones deben llevarse a cabo lentamente y sin apuros. A veces es complicado en el comienzo, y las parejas recién
casadas no deberían preocuparse si les toma unos cuantos intentos antes de que la penetración completa ocurra.
A veces la mujer siente deseos, exitación, pero no siempre alcanza el orgasmo. De hecho, muchas mujeres no alcanzan el orgasmo inmediatemente cuando incian las
relaciones sexuales. Esto puede ser ya sea por los sentimientos de inhibición, o simplemente por la falta de conocimiento. Si una mujer disfruta de la actividad sexual a pesar
de que no está alcanzando el orgasmo, se debe enfocar en el placer que está sintiendo y no en el sentimiento de la falta de haberlo logrado. Si, sin embargo, está frustrada
por su incapacidad de alcanzarlo, debe buscar ayuda profesional.
Ocacionalmente el hombre puede tener dificultades sosteniendo la erección o puede eyacular demasiado temprano. Estas son situaciones comunes y la mayoría de las
parejas las experimentan en algún momento. Si, sin embargo, estos problemas son persistentes, previenen la actividad o placer sexual, o causan angustia, se consideran
“trastornos” y en esos caso uno debe buscar ayuda.
La actividad sexual es intensamente física, pero llena de emociones poderosas, particularmente para la pareja de recién casados. Por lo tanto, mientras que algunas parejas
esperan con ansias la noche de bodas y consuman su matrimonio con facilidad, otras necesitan un poco de tiempo para adaptarse a expresar el afecto físico antes de
intentar tener relaciones sexuales. Si bien existe la mitzvá de tener relaciones la noche del matrimonio, esto no debe ser a expensas de tener una experiencia desagradable
ya sea para el jatán o la kalá. Por esta razón, si uno o el otro está muy cansado o ansioso por tener relaciones, es perfectamente legítimo comenzar lentamente.
También debes recordar que las relaciones conyugales son un proceso de aprendizaje. Como con toda habilidad, distintas personas aprenden en diferentes velocidades.
Algunas parejas alcanzan el coito completo relativamente rápido, mientras que otras necesitan unos intentos más antes de que todas las piezas caigan en su lugar. La
experiencia misma de aprendizaje puede ser de goce, si estás relajada y no te presionas ni a ti misma ni a la otra parte. La paciencia, el sentido de humor, un poco de
conocimientos básicos y la creencia de que los placeres físicos intensos no son sólo permisbles sino deseables pueden hacer que el proceso vaya con más fluidez.
Talli Yehuda Resenbaum, BS, terapeuta físico, es una terapeuta física privada especializada en la rehabilitación uroginecológica y de piso pélvico y una consejera de
sexualidad certificada de AASECT (Academia Americana de Educadores, Consejeros y Terapeutas Sexuales). Ella trabaja en el consejo de la Sección de Salud de Mujeres
de la Sociedad de Fisioterapia de Israel, es una delegada para la Organización Internacioanl de Fisioteraputas en Salud Femenina y trabaja en el Departamento de Consejo
Profesional de la Fundación de Salud Sexual de la Mujer (www.twshf.org).
La Sra. Rosenbaum estudia el rol de la fisioterapia en el manejo de los trastornos de dolor sexual. También tiene un interés especial en la educación sexual y los tratamientos
de disfunción sexual en la población judía ortodoxa. Ha publicado acerca de ambos temas en Journal of Sex and Marital Therapy.
Vive en Bet Shemesh, Israel, con su marido, Rab Alan Rosenbaum, y sus cuatro hijos.
La reproducción de los contenidos de este curso, para otra cosa que no sea uso personal, está prohibida por la ley judía y por la ley secular.
Copyright © 2009 Deena Zimmerman e Ilana Sober Elzufon. Todos los derechos reservados.
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