0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 346 vistas240 páginasJardines Clasisismo y Romanticismo
Los jardines del clasismo y el romanticismo
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ADRIAN VON BUTTLAR
Jardines
Del Clasicismo y el Romanticismo
E] jardin paisajista
bE te Al alIndice
Introduccion 3
|_La naturaleza. simbolo de libertad 9
2 La rebelién de los géneros artisticos... 16
3 Entre Arcadia y Utopia... 20
1._ Inglaterra
L_La Grand Manner y el desafortunado sharawadgi
E] jardin en cuanto escenario
3 El jardin a modo de cuadro
4 Jardines emotivos....
5 Picturesque y gardenesque
IL_Francia a
1 Urbs in ruse - La ciudad en el jard a
2 EL jardin anglo-chinvis,
i 102
lia
UL Alemania 2
| Jardines de rocas y © 121
2 Entre la Hustracién y el sentimentalisma... so 130
3 Reconeiliacién con el Antiguo Régimen.. cee 163
4 Visiones romantico-conservadoras ...... 205
IV.__Difusién del jardin paisajista cece 93)
1 £1) est 231
2 El sur, 235
El norte 149
E Unidos de Amerie: 9.Epilogo: El jardin paisajista, obra de arte vi O47
ota! 231
Bibliografia . oe ees vete tise tece tice teeeeeeeeeeee 263
Jardines de la Hustracién y ef Romanticismo en Espaifia, por Victoria
Soto Gaba. 277
L._Jardines de la Huser
Ii Jardines del Romant 3H
Notas... 327
Procedencia de las ilustraciones 9
¢ onoméstion 345
Indice de topénimos 351
Material chroniony prawem autorskimIntroduccién
1
pre una imagen
del mundo y, al mismo tiempo, un:
construccién del primer jardin: el pax
raiso terrenal, Pere la imagen del pa-
raiso cambié con el transcurso de Ta
historia, incorporé en si experiencias
diversas y sucesivas definiciones de la
naturaleza humana en sus asp
ternas y exte
8 ¥ fae adquiri
cada momento una validez nueva en
c to modelo de un orden global de
creacion, Ello se manifiesta de for-
ma especial en la rebeliGn con
tilo de los jardines barrocos que en tor-
no a 1720 dio origen en Inglaterra al
desarrollo del jardin paisajista
pronto se denominaria «jardin
por su pais de origen
La representacion <
ma de jardin habia es
marcada por concepciones
desde la Edad Media. 1
del jardin a la arquitectur
nizacién en funcidn de ella en el Rena-
to italiano lievé también en ef
norte de Europa a un esquema de jar-
dine igurosamente formal y tecto-
nico. El estilo de los jardines del B:
ra el es-
vinculacion
y su orga-
mie
Froce, q las instalaciones del par-
que de Versalles (fig. 1), creado por
André Le Nétre (1613-1700) para
Luis XIV, se convirti: ia de
quia absolutista del rey Sol,
fie adoptado por los soberanos euro-
peos y definié pronto tambien los jar-
en alega
mon:
puesta
same
¢ separada de ell
de regula
y del orden jerarquico en el
el mundo, el nuevo jardin paisaj
beria hacer olvidar, por cl contrari
s fronteras con el paisaje libre y adop-
tar todas sus bellezas naturales —coli-
nas, valles, praderas, arroyos, arboles,
tanques y basques—. Y en cuanto ar-
cio, seria al mismo tiempo reproduc
ad matematica y césmica
cidn concentrada y realzada de la cre:
expresion de una
nueva y liberal del Para
la Antigiiedad se d
» de jardi
Je La naturaleza, transmitides
en fuentes literarias como las deseviy
s de la villa de Plinio el Joven (c
61-115 d.C.) y en representaciones pic-
t6ricasparietales pompeyanas. Algu-
nos jardines del Renacimiento y del
ley idea
cid visil
tos. de crear un ¢
cion
9Manierismo continuaron estos mode
Jos, al contraponer ciertas imitaciones
aisladas de la naturaleza a la arti
sidad de la diposicién geometrica y
quitecténica: en los famosos jardines
acuaticos del cardenal de Este en Ti-
voli (e. 1560/1570) hay una parte que
reproduce los montes Albanos y el cau-
ce de las rios Anio y ‘Tiber, junto con
una reconstruccién en mini
Roma (fig. 2). En Pratolino,
de los Médici proxima a Florencia, la
axialidad de la organizacién general ¢s-
tablecia una relacion de tension con las
escenas de jardin natural de los mar-
genes. El misterioso «Bosque sagrado
de Bomarzo», cerca de Viterbo (fig. 3),
una obra del principe Orsini contem-
pordnea de las anteriores, esti poblado
me
2 Villa de Es
rio Anio (c
ivoli, reproduccidin del 4
1570), Grabado de F, Veneurini
INTRODUCCION
de «monstruos» de picdra de tamaio
mis que natural cuya interpretacién
encierta muchos ¢nigmas. Si es seguro
que la vegetaciGn, con su earacter acen-
tuadamente silvestre, debfa representar
inaria y arcadica,
contrapuesta intencionadamente a la
geometria ideal de la jardineria del mo-
mento, Orsini fue el dedicatario de la
famosa novela pastoril Arcadia, eserita
por su‘[Link] Sanna
(1570/1578), que popularizé ampl
mente las ideas de una naturaleza ar-
cadica no colonizada ', En el trata
de arquitectura Architectura Civilis
(Augsburgo 1628), escrito por Joseph
Furttenbach, se «representa», por asi
decirla, en el ord niento estricto de
la disposicién general una seccién ar-
una natur:
jo.
He de Vesta (#Femphy de bi Sibilis) y aleg
(1691)tficialmente ineulta que habria de ser-
vir de parque de fieras (fig. 4). Estas
partes de los jardines renacentistas, a
las que no se ha prestado atencién has-
ta muy recientemente —y que, ademas,
han sido observadas en su estado des-
figurado del sigla XVII —fueron, sin
duda, algunas de las fuentes de inspi-
racién de la nueva jardineria inglesa ”,
El jardin. paisajista representa no
sdlo una larga fase cn los estilos de la
jardineria sino también una de las prin-
cipales actividades artisticas de su
tiempo, hasia bien entrade el siglo XIX.
A impulsos de las ideas de Hustracién,
sustentadas por la nobleza critica y Ia
burguesia consciente de su propia i
portancia, esta jardineria conquisté el
continente «en una incomparable cam-
pafia triunfante» (Hans Sedlmayr) °, se
extendié hasta Escandinavia, Rusia y
Norteamérica y fue asumida tambien
en formas modificadas por principes,
reyes y emperadores, en especial alli
donde el Absolutismo se consideré ilus-
trado.
En el jardin paisajisia se refleja cl
cambio fundamental de la sensibilidad
occidental para la naturaleza que, en
pugna con el racionalismo, evolucioné
hasta transformarse en sentimiento in-
dividual de la misma basado en la con
templacion y la intuicién, Aquel senti-
miento aleanzé uno de sus puntos cul-
minantes en la religién natural del deis-
mo, que alababa al Dios constructor
del mundo de forma mediata en su
creacién, Pero es igualmente importan-
te el hecho de que la [ustracion uniera
indisolublemente su concepto de la
turaleza con la idea de libertad. Alli
donde la libertad se fundaba en el de-
convert
Ja libertad,
En Inglaterra, donde se inicié el pro-
ceso de la Hustracion y que habria de
ser pronto en muchos ambitos un mo-
delo para las fuerzas progresistas de
Europa, la soberania se sustentaba des-
de la «Revolucién gloriosa» (1688) en
el acuerdo y el control parlamentario
en el marco de una monarquia const
tucional. El filésefo John Locke
(1632-1704) habia puesto unos funda-
mentos nuevos a la idea del contrato
social partiendo del derecho natural
haciendo tambalearse el pilar mas fi
me del antiguo orden, el derecho here-
ditario divino de los reyes. Pero cl con-
cepto de naturaleza en Locke estaba
determinado todavia en gran medida
por conside istas y em-
piristas. Locke veia la fuerza impulso-
ra del proceso social en los justifieadas
intereses de la burguesia comercial y
financiera de la city londinense (zhigs)
frente a la aristocracia feudal estable-
cida (tories). En su «Fabula de las abe-
jas» (1714), el médico neerlandés Man
deville pinté una caricatura del siste-
ma de Locke proponiendo que en el
Estado liberal el egoismo del individua
no es sélo un fendmeno concomitante
sino la condicién para el florecimiento
general. La doctrina del interés ind
dual fue mas tarde tambien el funda-
mento de la teoria econdémica del capi-
talismo de Adam Smith (1776).
Este iberalismo del «laissez-faire»,
que desemboes en la practica en el pre=
dominio del mas fuerte, tuvo su correc-
cidn en la filosofia moral inglesa, sobre
todo en la obra del tercer conde de
13Shaftesbury (1671-1713). La influencia
de su obra, recogida bajo el titulo de
Characteristics of Men, Manners, Opinions,
Yimes, sobre la filosofia, la teoria del
arte y la literatura de la Hustracion en
Inglaterra, Francia y Alemania, cuya
importancia resultaria dificil exagerar,
preparé el camine para el estilo de la
jardineria inglesa. La filosofia moral in-
glesa dejé también su impronta en la
imagen del mundo de Ia joven demo-
cracia norteamericana,
hafiesbury, en contra de su macs:
two Locke, entendié La naturale e
todo como un poder moral que se ma-
nifiesta por un lado en la armonia w
versal del cosmos y, par otro, en la na-
turaleza humana, en su moralidad na-
tural (moral sense). El hombre debe e
contrar en si mismo los limites de la
nueva libertad; su relacién con la so-
ciedad no deberia estar determinada
s6lo por el propio interés (selflove), sino
iambién por la simpatia (benevolence) y
Ja responsabilidad social (social love).
Shaflesbury formulé una etica libe-
ral que dio nueva expresién a las t
jones de la religién natural: Dios se
manifiesta a toda «alma hermosa» que
haya reconciliado plenamente en sisen-
timiento y raz6n y no lo hace a través
de la historia de la salvacién sino en la
multiplicidad de las innumerables for-
mas de la naturaleza. De este modo se
concede a Ia experiencia sensible de la
naturaleza un un
primer momento se €q) sal de la
razén y, ms tarde, se hace predomi:
nante. La naturaleza, en ¢
de la experiencia de Dios y
étiea y moral, fund.
is de eticidad del nuevo
Jor nuevo que ¢
1 medio
en cuanto
mento las
re
de la jardineria, que tuvo al mismo
jempo cardcter politica; en efecto, alli
donde la naturaleza parecia enajenada
de su propia esencia, como en el jardin
rroce, se La considerd simbolo de la
opresidn y arbitrariedad politicas, sind-
nimo del orden despético del Antiguo
Regimen. Shafiesbury cimenté su per=
durable critica al jardin barroco en una
loa enfiitica a la naturaleza primigenia
(nature in her primitive sense) y en una
burla de la «rivolidad vacia y formal
de los jardines principescos»: «El a
tojo de los principes ha inventado tado
lo y la esclavitud y dependencia cor-
tesanas lo mantiencn en
| moralista Joseph Addison
(1672-1719) opuso al parque real de
Hampton Court (en torno a 1680), or
nizado por jardineros franceses y ho-
landeses ¢ inspirado en el modelo de
Versalles, la descripcién de su suefio
del paraiso en cuanto «reino de la dio-
sa de la libertad» (1710) °. Alli cada
flor florecia en su belleza individual,
«sin verse encerrada en limitaciones re-
gulares 0 parterres». El sentido. politi-
co atribuido a la variedad y la irregu-
laridad distingue la exigencia de mas
naturalidad en el jardin, planteada por
Addison, de la teoria del jardin del Ba-
troco tardio y el Rococé, que pretendia
evitar la excesiva monotonia incremen-
indo la variacién y aumentando la
sorpresa, sin cuestionar de manera fun-
damental la reglamentacion de la matu-
raleza.
La poda de las plantas en forma de
fi geamétricas sin vida y ridiculas
«esculturas» siempre verdes (el ars to-
piaria, apreciada también en Inglate-
rra) fue criticada por el poeta Alexan-
ja» *,+ ‘Transporte de un rbol adulte, Henry Steuaet,
der Pope (1688-1744), quien las com-
paré al cortesano, siempre rigido a cau
sa de la etiqueta, en tanto que el arbol
que crece sin trabas cra para él el pa-
radigma del hombre libre en su desa-
rrollo natural, «mas noble que un mo-
narea con los arreos de su coronacién»
(cfr. frontispicio). En la obra de Jean-
Jacques Rousseau (1712-1778), la poda
se convirtié en metafora de la falsa cdu-
caci6n y el educador en jardinero ali
do con la naturaleza, Para W
Mason (1725-1797), tedrico de la jar
dine el sendero tortuaso del jardin
paisajista era un «emblema de la liber-
tad constitucional», en contraposicion
a la rigida avenida barroca, El
Humphry Repton, un jardinero paisa-
jista mas bien pragmé . (1752-1818)
INTRODUCCION
tally
Ta)
y
The Planter’s Guide (VB28
consideraba el estilo de jardine
glés come el feliz punio medio enire lo
culto y la formalidad encorsetada, de
manera andloga a como la constitucion
liberal se encontraba entre la anarquia
de los salvajes y la coaccién de la so-
berania despética. En un folleto mora-
lizante acerca de las actitudes. afecta-
das y las naturales (1778), el dibujante
berlinés Daniel Chodowiecki situé in-
iencionadamente el artificioso reparto
de papeles caracteristico del caballero:
y la dama ante el escenario de un jar-
din barroca, y la conversacién de una
pareja determinada por el afecto natu-
ral, ante el trasfondo de un jardin pai-
sajista (figs. 6, 7). Todavia en Schiller
(1759-1805), Stendahl (1783-1842) y.
Schopenhauer (1788-1860) encontra-
156,7 Daniel Chodowiecki
la vidaw (1778/79
gusto, de la serie
mos la interpretacién politica del ja
din paisajista en cuanto «jardin d
la époc
ideas se d
de la Tustracién
ban por supucstas:
libertads; e1
2. La rebelién de los géneros
artisticos
el antiguo debate sobre la clasifica-
's, mantenido desde el
la arquitectura habia
Re
conseguido ocupar en la practica el pri
micnte
n su calidad de fuerza or-
asignaba a la escultura, ba
pintura y la ornamentacion un puesto
fijo. La jardineria misma estaba am-
mente sometida a las leyes de lo
de grabades «Actitudes naturales y afectadas en
arquitecténico, La unidad de la obra
artistica global del Barroco se basaba
en el hecho de que a la jerarquia for-
mal correspondia un rango de valores
significatives que culminaban, por de-
cirlo asi, en un «punto de fuga». En el
Luis XIV, el rey Sol en
nto monarea absolute cuyo dormi-
» constituye el centro del palac
la ciudad y el parque, representa el ho-
rizonte sensible mas incluyente. ‘Todos
las medios artisticos contribuyen a real-
goricamente el poder del rey y
a legitima artir del
Versalles de
cu
zara
u cometide a
mundo del mito,
Los
sala vision del mundo
del Barroco tuvieron como ce
cia en Inglaterra la progresiva d
nsecucién de las ideas barrocas. El
ideal de naturaleza exigia la autonomia
de todas los géneros artisticas, que
camente se atendrian a sus propias le-
yes, de acuerdo con su propia
Esto significaba ante todo la sepa
cidn entre jardineria y arquitectura.
Pero, equ leyes formales «auténomas»
deberia seguir ahora la jardineria? Se
planteaba asf el problema de organizar
en un todo, dentro de una nueva forma.
‘0, los elemen-
nuevo
nis
esencia,
que babi
dala liberacién de su prop
lidad. La representacién de una ni
raleza ideal fomentaba una reproduc-
cién grafica de la natu n dos di-
mensiones. Asi, ir de las eseenas
naturales de los primeros jardines pai
sajistas, surgidas del proceso de des-
composicin del jardin barraco y situa-
das cn contigiidad, sin wabazén algu-
na, se recurrié cada vez mas a buscar
inspiracién en la pintura, de la que el
arte de la jardineria se consideré un
arte hermana, Los jardines paisajis
presentan la naturaleza ideal en «cua-
dros» tridimensionales, transitabh
Ya en 1752 el pocta Joseph Spence
como una «gz
aire libre.
El nuevo ideal de fa naturaleza, qu
fue plasmindose poca a poce
ampliamente condicionado por las des-
cripciones de los antiguos poctas de
naturaleza y sus sucesores ingleses mo-
dernos, desde John Milton (1608-1674)
a James Thomson (1700-1748). De
ual manera, las formulas plasticas de
la pintura paisajista del siglo XVI,
come las que habian florecide en Roma
culo de Nicolas Poussin
(1699-1788) los defini
ler
de pinturas» a
INTRODUCCION
(1594-1665), Claude Lorrain
(1600-1682), Gaspar Dughets
(1615-1675) y Salvatore Rosa
(1615-1673), tuvieron ante sus ojos esos
arios arcidicos (laminas 14, 15).
jajes de formacién que habitual-
mente emprendian los nobles ingleses
a Italia (el grand tour) profundizaron y
corraboraron lo que ya la pintara ha-
bia ensefiado a ver. Asi, el ideal er
tiano del paraiso se unid a la ficcid
mitica profana de Arcadia y a |
gen de la Campaiia romana para pro-
visién de
lidez histéri
ima-
ni
eza que
enel arte. Su
partida fue el paisaje de caracter
ico» de algunos pintores holan-
deses como Jacob van R
(1628-1682) © Allaert van Everdingen
(1621-1675). La invitacién de Shaftes-
bury a buscar una naturaleza sencilla
¢ intacta (unadored nature) pasha se-
gundo término, La naturaleza en el jar-
din paisajista era mas bien la natura-
leza reflejada en la poseia, la pintura
y la historia, cuya percepcién intelig
te suponia en el espectader una ser
bilidad estética educada y una forma-
amplia, casi clitista
concepeién del jardin en cuanto
imagen repereutié en otros gé[Link]-
ticos, La escultura se libero de la
metria del marce arquitecténice y pasd
a ser monumento singular en las esce-
nas de jardin dispucstas de manera
gurativa, que no ya encarnacion
alegérica de dioses y fuerzas de
turaleza o del destino, sino recuerdo
emocionado de grandes hombres, ha
zafias o ideas. Podria decirse que el cul-
toal monumento del sigho XIX tien
raices en el jardin paisajista. La
la ma
2 SUS
rqui-
WWciém central en el
tectura perdié su pe
sentido propio de ka c
tores se guiaron ahora ante todo por
formas clasieas de Andrea Palladio
(1508-1580), En lugar de las pabello-
nes y cenarlores aparecit arquite
tura nueva, mas decorativa (ornamental
architecture), como decorade y elemento
ambientador en el paisaje del jardin
que. enmarcaba dichas con
trucciones en cuanto composicién pa
sajista y por medio de plantaciones ¢
dadosamente escogidas, atorgandoles
asi cficacia. En casos extremos, tales
decorados se componian sélo de facha-
das bidimensionales de wamoya, como
la «Fortaleza» de Sanderson Millers ¢
Bath (lig. 8), el «Punto de mira» (epe-
catcher) de William Kent en Rousham
o el intransitable puente de tramoya
del parque de Kenwood en Londres
que cn su momento se considers pe
fectamente aceptable en su funeiin de
objeto pintor
Las ¢
a su ve
ra.
HstrUcciones &
aparecen rev
lerson Miller para la resi
| Prior Park de Ralph Allens
1760).
Bath (¢
18
y de época a fin de tansmitir asoc
Hienws histéricas: templos clasicos al
lado de capillas géticas, mezquitas tur-
as, ruinas romanas y pagodas chinas
—con frecuencia, a modo de citas de
istrucciones famosas de la historia
de la arquitectura—. Su repeticion ti-
pificada o su difusién mediante libros
de muestras y revistas de jardinerfa son
mas bien el signo de un proceso de nor-
matividad semantica de los estilos ar-
quitecténicos histéricos en una vision
pluralista de la historia y del mundo
que la tan pretendida busqueda de va-
riedad (variety) o el dictado de modas
(fashions), pro ente superadas.
mbicn cn este aspecto se en:
los jardines paisajistas lo que en el si-
glo XIX habria de determinar la
gen de nuestras ciudades.
AL igual que los bustos y monumen-
tos, puentes, grutas dedicatorias ¢ in
cripciones, la «ornamental architectures
sirvié para explicar las representacio-
nes de la naturaleza, que en primera
stancia fucron portadoras de signifi-
cacién, aunque progresivamente pasa-
ria a primer término su capacidad para
crear uma dsfera determinada. Aho-
1 la meta artistica principal de la jar-
neria consistia en excitar la imagina-
cian del observador sensible con ma-
vor fuerza que el entorno meramente
alural —tal como: escribia Christian
Cay Lorenz Hirschfeld (1742-1792),
érico aleman de la jardineria—. Si-
el estimule pu-
ético de las composiciones
6 con indepen-
rse y el acendrado sentimi
jetive del Romanticismo rebas6 poe
poco los limites det jardin hasta rey
mas
amente ¢:
de los jard
di
es amena:
nto sub-1 los paisajes reales
t6ricos y emocionales ©.
La aparicién y el desarrollo del jar-
din paisajista estuvieron acompaiiados
de amplias reflexiones teéricas. Los tra-
tados de jardineria contemporaneos se
diferencian desde muchos puntos de
vista. Horace Walpole (1779), el eru-
dito conocedor del arte, distinguia el
parque corriente (garden park) de la
granja ornamental (ornamental farm) y
del jardin boscoso o silvestre (forest or
savage garden). El francés Henri Watelet
(1774) dividia los jardines por criterios
genéricos en pintorescos (pittoresques),
poéticos (pactiques) y novelescos (rama-
nesques). Las clasificaciones respondian
al cardeter emocional (heraico, pasto-
ral, alegre, melancélico, ete.) 0 a los
rasgos relativas a las estaciones del afio
© las horas del dia, En su Theorie der
Gartenkunst [Teoria de la jardinerial
(1779-1785), Hirschfeld se atuvo para
la clasificacion de los jardines a la con-
dicién social de sus duefis, de acuerdo
con la teoria convencional del «deco-
ro» en arquitectura. Cuando la ciencia
del arte se apropié del tema, Franz
Hallba distinguié (1927) cuatro fa-
ses estilisticas sucesivas, desde el pri
mer distanciamiento titubeante de los
modelos formales geométricos hasta la
descomposicién de un ideal de
lacién a la naturaleza: el estilo del jar-
din naturalista, del sentimental-prerro-
miaintico, del clasieo y del romantico, A
pesar de que desde nuestros puntos de
vista actuales resulte insuficiente la in-
terpretacién puramente histérica de los
estilos, las gradaciones estilisticas de
Hallbaum explicaban el desplazamien-
to categorial de las géneros artisticos
neu-
INPRODUCCLON
(Friedrich Piel) que trastocé completa~
menie en pocos aiios la relacion entre
rquitectura y jardin: en el ailtimo ter-
cio del siglo XVII el jardin era una
«obra de arte totalmente incluyentes
que encerraba en si todas las demas
artes. El arte de la jardineria reivindi-
6 ahora el mas alta rango entre todas
las artes, pero no consiguié ser acepta-
da entre las disciplinas académicas,
mpre habia solicitado. Sus le~
yes arlisticas siguieron siendo demasia-
do Muetuantes © imprecisas, y su fun
damento tedrico, demasiado débil y
contradictorio,
Friedrich Schiller, que expuso su de-
sarrollo en una formula breve, hablaba
ya en 1759 del fracaso del nuevo estilo
de jardineria por haber abandonado la
baisqueda de una forma y unas leyes au-
tGnomas, al apoyarse en los _principios
de la pintura: «Huyendo de la discipli-
na rigurosa del arquitecto, se refugid en
la libertad del poeta; sustituyé de pron-
to la servidumbre més dura por la li
cencia mas ajena a las reglas y quiso
tomar sus leyes tan sdlo de la imagina-
in... el nuevo gusto de la jardineria
fracasé por salirse de sus limites y tras-
ladar el arte del jardin al Ambito de la
pintura. Olvidé que la escala mas redu-
cida y propia de esia ultima no puede
aplicarse a un arte que representa a la
naturaleza por medio de si misma...» '.
Schiller reconocié uno de los problemas
principales de la estética pictérica de la
Jardineria: la naturaleza solo permite ser
organizada en imagen ideal y contempla-
da como tal desde unos pocos puntas de
vista. Por otro lado, Schiller pas6 por alto
que la «Naturale» no. es el tinieo obje-
tivo de representacién de la jardineria,
como si
193. Entre Arcadia y Utopia
El jardin paisajista se sitia entre tos
focos « én de Arcadia y Uto-
pia, entre la nostalgia por el paraiso
perdido y el ideal de una som
daderamente humana y liberal. El ¢
ricter «sentimental» que a menudo se
le achaca, en ef sentide de Friedrich
Schiller", no es, con tudo, una orien-
tacién hacia el pasado; al contrario, la
vision de una naturaleza liberada para
volver a si mism:
atre
edad ver-
quiere su sentido
mente en la tension hacia un
pre
ideal politico y social m
© menos con-
lizantes y
», Las inscripciones 1
las evocacianes de héroes modelicas de
virtud a épocas modelicas de la histo-
jetos de identificacion, definen,
paraddji te, un lugar espiritual en
el futuro.
Ya Sh expuesto como
un arte acorde con las ideas del Hibe-
ralismo temprano no tiene su origen en
las cortes sino que habra de crecer en
el suelo de Ja libertad, Con la separa-
nde poder y moral (R. Koselleck) °
la Inglaterra de orientacién bu
sa, las artes carga termi
LOS gi
nerales con atacar la rea
dad imperf
ocido hase
cla con Ww
entonces y, por otro lado,
con la de representar los ideales socia
les y humanitarias de la
toda la plenitud de afectas y sentimi
tos liberados de ciones cor
tesanas. Asi, la satira realista es sélo la
otva cara de la moneda de un nuevo
arte idealista y éste
rtistica, se opone
dad con exige
No es sorprendente que el jardin pai-
sarcasmo ne ©
Hustracio
n-
las cony
en cuanto utopia
su vez a la reali-
wias criticas.
20
sta. surgi
circulo londinense en fas residencias
campestres y villas de un grupo de no-
bles, poetas ¥ pol
por primera vez en el
ticos de la oposicion.
Estas personas luchaban en el Parla-
el desvirtuamiento de los
principios liberales bajo los primeros
reyes ingleses de la casa Hannover, Jar-
ge I (1660-1727, reg. 1714-1727) y Jor-
ge 11 (1683-1760, reg. 1727-1760) y, so-
bre todo, la corrupeién y el abu-
del gobieriw iwhig del pri-
mer ministro sir Robert Walpole
(1676-1743). Un grupo de whigs decep-
cionados se unieron
guos enemigos, los tories reformados di-
tigidos por lord Bolingbroke
(1678-1751), y formaron el opositor
partide del campo (Country Party),
opuesto a la corte (court), Bolingbroke,
por su parte, definié la t
siclén parlamentaria indicando que de-
bia defender la moralidad contra el
ejercicio del poder de Jos gobernantes,
amenazado constantemente por la co:
rrupeidn y el abuse '. Al trastadars
la discrepancia entre poder y morali
. a los polos
constituidos por la ciudad y el ¢
mento cont
so del pode
hora a sus
unti-
rea de la opo-
dad, entre ser y debe
se
mpo,
¢! jardin adquirié un sentido nuevo y
actual en su funcidn de lugar simbélice
La vida rural, sana y campesina, en
contraposicién a la corrupel
costumbres propia
topico
én de las
ela ciudad era un
tilizado a menudo y expuesto
por primera vez en el segundo cpoda
de Horacio: «Beatus ile» («Feliz aquel
que lejos de los negocios, .»), como fan-
tasia de un habitante de la ciudad de-
seaso de jugar a camy
a del esfwerzo de cada d:
ino sin la du-
1. La glo-
rificacién de la vida rural determino laaparicién de la idea de las villas en el
Renacimiento italiano y era
conocida en Ingla
tiempo. Tras la expulsion de la din
tia de los Estuardos (1688), momento
en que la antigua nobleza se retiré ven-
cida a sus haciendas rurales, se oyeron
los sones de una maldicién pesim
lanzada contra el mundo, como en
poema de John Norris:
desde
Que las revueltas y subversiones con
nen ef Estado;
dec
ime: equeé nos importa eso a mi y a ni
libros?
ca cual sea el destino del imperio
yo me deleito aqui, sin duda, con mi propio
nado.
Dueno de mi, sin dar cuentas an.
y como el primer hombre del p
solo |"
Pero ahora, después de 1714, tras el
ascenso al trono de los monarcas el
la casa Hannover y la cons
guiente decepcién por la pérdida de la
moralidad politica, el retiro (retirement)
temporal al campo se interpreté de
modo muy distinto y quienes lo pr:
consideraron con optimismo
la vanguardia de las nuevas ideas del
Estado y la sociedad y se sintieron
miembros de una élite ideal a la espera
de un futura mejor. Alexander Pope,
refiriéndose a sus amigos despedidos de
los cargos oficiales del Estado por su
actitud opositora, que solian reunirse
en su jardin de Twickenham, escribia:
gidos 4
ticaron sé
Mi retiro se engalana alli con el mejor grupo
de setiores sin cargo, de estadistas sin fan-
“
Una comunidad ideal que unia a la
INTRODUCTION
oposiic ma de los limites. «
Jos antiguos partidos y que,
el continente, se
ma vanguardia ilusurada se agrupé en
las logias masdnicas especulativas sur-
por enc
neluso en.
onside
gidas desde 1717, En cuanto socieds
des secretas basadas en la igualdad y
la fraternidad propagaron un ideal so-
cial filamtrpico. Muchos dueias y di-
sehadores de js
de logias —aspecta éste que es
do objeto de una atencién creciente en
la interpretacién del jardin paisajista
por parte de la investigacién mas re
'S, Esta faceta explica, por un
lado, las vias de penetracién por Ia
que el nuevo estilo de jardineria se di-
fundi6 desde Inglaterra en el continen-
dines fueron mi
te. Y por otro, es an. principio. para
interpretar muchas de las partes del
jardin.
La idea del mundo transmitida por
el jardin sélo pude ser descifrad
un principis por aquellos cuyos cono-
cimientos literarios previos les permi-
| tanto de sus conne
ni
is histdric
as V
nes poli
decir, por el ci
partian unas mismas ideas. Las gui
ilustradas de jardines aparecidas a me-
diadas del siglo XVIII y el «turismo de
ulo de amigos que com-
jardines», nacido por aquel entonees,
testimonian, sin embargo, la apertun
de los jardi al ptiblico en general
nqite muy limitado todavia—, El
jardin paisajista debe su transforma-
cién en «articulo de exportacidn» cul-
‘tural al entusiasmo de los extranjeros
que a menudo acudian a Inglaterr
para visitar sus jardines '*
Una actitud ilustrada e idealista ca-
racteriza igualmente a los protagonis-
21as del jardin inglés en el contin
si bien se db pn constantemente
tos —sobre todo en F
nite,
inten
ancia y Alema
de incorporar la forma si
I del nuevo estilo al juego corte
sano del Antiguo Ri
tarla mediante el culte del senci
aba
o de embo-
me
jento
propio de la sensibilidad burguesa "°.
Una vez. que el jardin paisajista se puso
de moda, su principio formal pudo aco-
modarse también a otras exigencias y
ido tr
su ser sformarse en su contr
io. Las exageraciones de la mada lo
hicieron’ prematuran
una critica acerba. Por otro lado, su
desarrollo creativo testimonia la adap:
tistica y las
ansformaciones de sus funcio-
te blanco de
tabilidad de esta forma
vitales t
es: el parque urbano puiblico,
del jardin paisajista, y lo
embellecer el ca
los grandes logros s
lo XIX. El re-
2 en los alti
acide:
intentos de
npo y cnidar el paisaje
son algunos
ciales y artisticas del si
torne del jardin p
mas aiios relleja un cambio en nu
concepcién de Ia naturaleza ala vista
de la crisis ecolagica.
al pretender inter~
preiar el jardin paisajista Gn
partir de su contenido ideolé
rio es que, aunqu
el punto de vi
‘strat
icamente
¢ subq
artistico,
pero lo
nadbs d
otr
cia. Mencionaremos algunas de las
consider
aunque no suficientes:
del siglo XVIII, la legaliz
privados def comunal (enclosure acts) He-
factores tuvieron ana importan-
micas, necesarias
nla Inglaterra
i6n de cotos
ciones ec
an de tierras en ma-
nos de una nueva clase sefior
dora de los medios para det
des superficies de su utilizacién pura
véa la concentracis
22
mente econdém
ica; sin embarga, las pri-
os jardines paisajistas no fueron
nxis extensas que los antiguos jardines
formales, Ademas, la exiger
de unir lo bello con lo util se cumpli
aunando y trabando libremente en el
pa de la finca campestre” (ornamental
form) los pastos para ganado vacuno y
lanar, la piscieultura, el desarrollo fo-
me
a clasic
restal, Ia fruticultura ¢ incluso el culti-
vo de los campos y la dispasieién arti-
aje. Indudablemente, el
cuidado de un jardin paisajista era a
la larga menos costoso que el de un
jardin barroco, pero, por otra parte, se
in para la
transformacién de este altima o, en su
caso, para Ja nueva instalacién de jar-
dines paisajistas, que fue
ble amortizar en vida de su ducic
Code con coda con la apropiacién
psicolagica y estética de la naturaleza
se dio un interés creciente por las cien-
cias naturales y la botdnica, aspecto
ste que habremos de dejar aq
Ho en bi medida. Si los prim
ficial del pai
rtieron enermes sumas
casi imposi-
de
ardines paisajistas se Compusicton
en su totalidad a partir de la
as de la flora local, al finalizar el
siglo XVIIL_ aumentaron consid
mente Tas jones de plantas
exdticas. Su cultivo incrementé el ca-
racter evocador de tos jardin
tene
rable-
importac
en fre
nte armonia con escenogral
i isten dh
icas dendrolagicas
hos jardines, como por ejemplo
el libro de F, G. Dietrich,
1800, Die Weimarische Flara, oder Ver-
zeichnis der im Herzoglichen Park ia Wei-
nel Sta
o Deseripeién
parecido en
mar hefindlichew Baume, Strducher
dew [Flora de WeimarINTRODLCCION
de los Jirboles, arbustos y plantas viva: lizador de los jardines de Muskau, es-
ces que se encuentran en el parque due cribia acerca del principe Pickler,
cal de Weimar]. Por otra parte, el jar muerto hacia poco (1785-1871); «Siem-
dinero profesional y el artista aficiona- pre juzgaba las plantas por su. valor
do a Ia jardineria 0 el arquitecta pai- — pictérico, nunca por el botinica, que le
ajista se diferenciaban a menudo por eta muy indiferente, Ei
ja profundidad de sus conacimientos — nocedor de las plantas como lo fue Rep=
nicos (y précticos). Estos tltimos ton» '®, En cambio, los a
nteresaban mucho mas por el valor como el principe Piickler o el profesor
evocador y por el cardcter expresivo de — de filosofia de Kiel, Hirschfeld, dieron
las plantas, su disposici. i
pecto de las corrientes de aguas 0 es:
tanques, su composicién pi
gin su di
que por su equilibrio, cond!
el paisaje y el clima, Ernst Pi
"A LANL poco: CO
omados:
se
a artistica nes muy exactas de las reglas
que debian reg
plantas (lig. 9). La artesa-
rte
lar la coloca-
térica nm de
fio o perspectiva de color, nia del jardin ascendié al rs
ngo de
on
do por “al convertirse en expresién de una con-
zold,rea- —cepcidn artistica ¢ ideolégica.I. Inglaterra
1, La Grand Manner y el
desafortunado sharawadgi
La importancia duradera del
tilo» (Grand Manner) de la j
francesa en Inglaterra se muestra no
sélo en la conservacion y continuacién
de muchos antiguos jardines geométri-
cos arquitecténicos en los primeros
afos del siglo XVIIL, sino también cu
el hecho de que una teoria del jardin
barroce como la expuesta por Dézallier
@Argenville en su obra La théorie et la
Pratique du jJardinage (1709) se volv
reeditar todavia en 1728 y 1743 en
traduceién de John James (1712).
George London y Henry Wise, educa-
dos en el circulo de Le-Nétre, trabaja
ron como jardineros de corte, segiin el
estilo de la escuela helandesa y france-
sa, para la reina Ana (reg. 1702-1714)
y Jorge I (reg, 1714-1727). Stephen
Switzer (1682-1745) y Charles Bridge
man (+ 1738) se atuvicror
un primer momento a las ideas de sus
antecesores
En su tratado de jardineria /chnograp-
hia Rustica ', Switzer abogaba mas bien
por una «liberalizaciéam del esquema
barroco que por su superacién: Ingla-
terra habria de llevar a su perfeccié
todavia en
un estilo que hundia sus raices en 1
Amigiicdad y habia sido corrompido
en Francia y Holanda por exageracio-
nes arbitrarias. Los méritos de Bridge-
man” son de car
jardinero al
ter practico.
6 el rigor del diseiio s
e
métrica, cuyos modelos formales geo-
métricos pudieran ahora adaptarse con
neds flexibilidad al ritmo del terreno sin
én con la
6 su prima-
perder del tado la vinculaci
arquitectura, que cons
cia. Sus innovaciones, sobre las que
valveremos mas en detalle tomando
como ejemplo los jardines de Stowe
(figs. 10, 22), cumplieron can el requ
sito de un aumento de la wariedad (xa-
riety), contenido ya en la teoria de la
dineria barroca, al superar el esque
matismo de las repeticiones simétricas
de motivos iguales. Se abandoné la or-
namentacién de los jardines a base de
boj siempre verde (dpiary work), criti-
cada por Alexander Pope y otros, se
simplificaron los dibujos de los. parte:
rres © se sustituyeron por superficies
lisas de césped (bowling green) ¥ se po-
sibilité la vista del paisaje abierto (pros-
fect) mediante interrupciones parciales
de los margenes del jardin. Esto se lo-
gré © bien por medio de «basti
salientes o la insereién de enreja
nes
fos10 Stowe (Buckinghamshire), est
de V
(grills) en el muro del jardin, 0 bien
medio de trincheras invisibles que
sustituycron a los muros y que, debido
a la stibita sorpresa que produeian en
el paseante, se denominaron con la ex-
presion de asombro «Ah-Ah» o
«Ha-Ha» —se trataba, por otra parte
de un descubri
ra de fortifi
1 d'Argen
Bridgeman trabajé. frecuentemente
con sir John Vanbrugh (1664-1726), el
gran constructor barreco de la escuela
de Christopher Wren, en los jardines
de los palacios de la nueva noble:
whig, como, por ejemplo, en Blenheim,
para el duque de Marlborough (desde
1709), en Eastbury para lord Melcom-
be, en Glaremont (desde 1718) para el
duque de Neweastle y también en Sto-
26
» irregular de transicidn-de Bridgeman: esce
‘anbrugh y el Queen's Theatre, Grabada de Baron, te
| mondprero:
Rigaud (1739),
we para el vizeonde de Cobham (c.
1716-1733). Modernizé, ademas, los
jardines reales de St. James-Park, Ken-
sington y Richmond-Park (desde 1728)
en Londres. Pero esto era, en el mejor
de los casos, una refarma del «gran es-
tilo» a partir de las formas tecténicas
todavia validas: avenidas recortadas y
tiradas a cordén que se extendian a lo
largo de millas, estanques geométricos
con surtidores y sus. correspondientes
grupos csculturales, El estilo de transi
cién (transitional style) de Bridgeman,
con su aproximacién sélo gradual a la
naturaleza, se juzgo pronto conse
dor y ya en vida suya fue superado por
la idea de una jardineria auténoma que
habria de representar a la naturaleza
exclusivamente con «medios natura-
les».
aeINGLATERRA
HE Reconstruccid de La villa romana de ‘Tuscum segdn la deseripeiin de Plinin el Joven, Robert
Castell, The Villas of the Ancients (1782)
7
Material chraniony prawem autorskimHenry Wotton, teorico de la arqui-
tectura y embajador britinico en Ve
necia, a Ia luz de la regularidad estric-
tamente matemiatica de las construc-
ciones de Palladio, habia sefialado que
el jardin, al representar un ideal de la
naturaleza, deberia organizarse de
nera completamente opuesta a lo ar
quitecténica, es decir, de forma tan
irregular como da cual le parecie-
sta reflexion no tuve influenci
directa en su Gempe ampoco la
tuvieron las observaciones del politic:
y filésofo sir William Temple en su tra-
r el jardin de Epicuro
, Come
Jo «Sobre
(1685). Temple, que habia visitado
China, se refiere a la irregularidad de
ardincria de este pais, que describe
con el término sharawadgi (desorden
irregular y elegante),
ria
Esta calidad se~
configu-
radora desarrollada a partir de un sen-
timiento contemplative de Iz
resultado de una fuerza
naturale-
en cuanto ordenamies nbolica
i to
y estético, cuya mejor interg
podria darla hoy quiz la esencia d
filosafia xc
n, Este pueblo, decia ‘Tem
ple, despreciaba la ja
con sus proporciones.
formidad. Pero el autor desaconseja
imitar cl sharawadgi, pues la «mentali-
dad de los chinos esta an alejada de
la nuestra como lo esti su paiso. Las
posibilidades de hacerlo con éxito se-
Jineria europea
sime
y uni-
rian de «una entre veinte», mientras
que en la jardineria geomet
casi imposible cometer &
Las indicaciones de ‘Temple fueron
asumidas de nuevo un cuarto de siglo
arde, cuando en 1712 Joseph Ad-
alabé la ejemplar jardineria chi-
n su conocido articulo «Sobre kas
resulta
los"
alegrias de la imaginacia
en el Spectator; «En su lengua pose
un término para denominar |
belleza de una plantacién que conmuc-
ve la fantasia a primera vista sin que
se descubra qué ¢s propiamente lo que
provoca un efecto tan agradable» °, No
es de extrafiar que en 1728,
tento de reconstruir ta villa roma
Plinio segéin las propias descripe
de este autor, Robert Castell descubrie-
ra un sharawadgi propio del espiritu de
los antiguos (fig, 11). La imitacién de
la naturaleza campestre en los jardines
(imitatio munis}, practicada en la Anti-
giiedad, que, por otra parte, contrasta
bi
formales, no habr
«el actual método de planificacién chi-
to» ®, Po
capecial
su ine
intencionadamente
sos partes
1 sido otra cosa que
aquellas fechas se conocie-
ron en Inglaterra en citculos interesa
Jograffas de los jar
periales de Jehol publicadas por el je
suita Matteo Ripa. Cuando poco des-
pués, en las primeros a ja déca-
da de 1730, William Kent dejo muy
los principios organizativos ba-
rrocos, el diplon Thomas Ro-
binson seguia ereyendo que su «méto-
do de jardineris ¢l que el arte ne
pareee tener parte alguna, se basa ple-
namente en los modclos chinos, cn ta
medida en qu
ellos» (1734)
ca se Hegé a seguir un méiede de pla-
nificacién que fundado en lam
dos las x ines in
aur:
itieo sir
de
1, nun
tenemos
Pero, en realic:
natic
a ine
sharawadgi, en cuanto
‘nt simbolico estética, no pudo
un principio estilistico pues
—como habia reconocide Temple co-
rrectamente— a los europeos les falta~
ba la actitud fundamental contempla-tiva y meditativa propiamente asidtiea
que constituia su trasfondo. En una vi-
sidn retrospectiva expuesta en su his-
toria general de la nueva jardineria (Ox
modern gardening, 1770), Horace Walpo-
le califica el sharawadgi de inversion ab-
surda de la jardineria formal francesa,
alejada por un igual de la auténtica re-
produccién de la
La reflexién teérica sobre un estilo
de jardin natural habia precedido a la
practica en las primeras década del si-
glo Xvi. Un proyecto tomado de la
obra de Batty Langley, «Nuevos prin-
cipios de la jardineria» (1728) en el
que una planta barroca tradicic se
funde con un desalortunado sharawadgi
(fig. 12), muestra de manera ejemplar
aturaleza.
INGLATERRA
lo dificil que resultaba sustutir el ¢s-
quema convencional geameétrico por
aceptacion de elementos naturales.
Langley (1696-1751), un habilidose po-
ligrafo que no encontraba nada «more
shocking» que un «rigido jardin for-
mal, se limita a recortar las imponen-
tes avenidas con unos estanques en for-
ma de amebas, en cuyas islas caraco-
lean caminos serpenteantes. El senti-
miento meditative correspondia menos
a la mentalidad europea que el diseiio
de una imagen ideal de la naturaleza,
que descompondria el espacio del jar-
din en una serie de vistas tridimensio-
nales, posibilitando asi la formacién de
un estilo que esta determinado por lo
pictorica,
12 Batty Langler, boceto de New Poiniples of Gardening (1728).
29El jardin en cuanto escenario
wickerkam
El jardin de Alexander Pope
(1688-1744) —completamente desi
do en la actualidad— en Twicket
junto al Tamesis, al su
dres, pasa por ser el punto de partida
del estilo inglés paisajista (fig. 13)".
Aunque se conservaren atin en él ele-
mentos formales, Pope fae mas alla de
los planes contemporaneos de su ami-
go Bridgeman, en funei6n, por un lado,
de las pequ
zamiento del terreno, ¥, por ou
orientacion iconoldgica totalmente
va del programa de jardinet
Pope fue sin duda el pocta mas fa-
moso de la época denominada «aug:
nalogia con el Morecimiento
n,
este de Lon-
‘ias dimensiones y
tea» por
| romano bajo el emperador Av
sto v en recuerdo del segunde nom-
bre de los reyes ingleses de la casa Han-
nover, Tory y catélico de origen, era un
humanista ilustrado, partidario de
fiesbury y mason al poco de fun
darse la gran logia de Londres (1717),
como polo de atraccién espiritual,
ya desde un principio, de la nueva opo-
sicién de tories y whigs a la corte y al
zobierno, Primer traductor de la Odisea
de Hamero, redescubridor del «ger
de la naturaleza» que fue Shakespeare,
nada le agradaba tanto como verse en
el papel de un Hors oderno, cue
yas cartas, odas y sitiras imité y cuy.
modelo siguié en la disposicién de su
«villa suburbana» de Twickenham.
Al poco de la toma del poder por los
whigs, Pope se retiré al elegante subur-
bio y se convirtié en un mito viviente
13 Tovickenham, villa y jardi
tomado de Heekell (1749).
30
as del ‘Timesis, Grabade de Mason,
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