Ecuador: Rebelión y Reflexión
Ecuador: Rebelión y Reflexión
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Presentación 02
CAPÍTULO I
PRESENCIA HISTÓRICA DEL EJÉRCITO ECUATORIANO
Introducción 03
Una breve historia del Ejército ecuatoriano 04
CAPÍTULO II
LA VÍA DEMOCRÁTICA EN EL ECUADOR
CAPÍTULO III
EL PAÍS EN CRISIS, SU ESCENARIO HISTÓRICO
El escenario militar 38
El escenario político 41
El escenario económico 45
CAPÍTULO IV
EL VIERNES 21 DE ENERO
CAPÍTULO V
EL PROCESAMIENTO DE LOS OFICIALES PARTICIPANTES
Un triste amanecer 65
Sorpresivo Consejo de Guerra 69
La despedida final 73
Hacia un país mejor 74
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LA NOCHE DE LOS CORONELES
Presentación
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CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN
Nos han querido hacer y en realidad nos han hecho siempre los bobos. Nos han
plasmado hábilmente una historia inventada por ellos, patetizada por ellos y
dramatizada por nosotros. Bajo nuestra propia anuencia y complicidad, se ha hecho
tabla rasa de todo y se ha permitido todo.
Es así como un día nacimos a la franca aventura de ser libres, con una libertad
inventada por los esclavistas, una democracia traída de los pelos por los monárquicos de
turno, y una República a medio inventar por los pseudo políticos y filósofos en ciernes
de la América Latina, gloriosamente emancipada.
Nunca tuvimos el valor de hablar nuestra verdadera historia, lo hicimos en el
silencio taciturno de los monasterios o en los colegios religiosos que tallaban mentes
prejuiciosas y recalcitrantes. Se habló de la historia exactamente como la concibió
Herodoto pero con un estilo literario romántico; Jules Michelle estaba muy lejos de
nuestra genuina manera de concebir la historia. El pueblo lector no existía, existía el
“pueblo asno”, es decir el pueblo ignorante y tolerante; las oligarquías se carcajeaban de
la cobarde sumisión con que se aceptaba sus desafueros. Pero eso era la naciente
democracia; simple y contradictoria. La percepción de la historia hasta épocas recientes
era ser o no ser; blanco o negro; es héroe nacional quien defiende los interese de la
oligarquía y villano quien atenta contra ella; una historia al puro estilo “carlyleano”:
individualista y elitista, llena de mentiras piadosas de aquellas que causaban retorcijos
en el complejo carácter de Voltaire.
La historia ecuatoriana ha recorrido un sinnúmero de vericuetos: altos y bajos;
ondulados y profundos. Incapaces de aprovechar las bondades de la naturaleza,
“morimos de sed junto a la fuente”; queremos caminar pero esperamos; queremos
superar pero caemos. En verdad, cuánto valor tiene las virtudes de un pueblo: la
austeridad, la unidad, la fortaleza espiritual, la humildad, la dignidad, la participación
democrática.
Diógenes el Cínico, vivía de las bondades del espíritu, porque creía que el
hombre debe vivir apenas con lo que le brinda el mundo circundante; el respeto a la
naturaleza y a la vida era su lema, el desprendimiento su bandera. La austeridad de
Darma es proverbial porque renuncia a todos los placeres de éste mundo; él solo brinda
sacrificio, abstinencia; quiere comer hierbas y vegetales; no quiere dormir durante días
enteros porque debe vencer a los demonios de la debilidad. Habiéndose dormido
involuntariamente, se extirpa los párpados para no volver a hacerlo. Los presbiterianos
calvinistas, también han practicado con mucho rigor la austeridad combinada con el
ahorro y el trabajo, y vaya usted a ver si no son pueblos dignos y prósperos? Pero la
austeridad por sí sola no lo es todo; la monolítica unidad de los pueblos es un requisito
“sine qua nom” para su adelanto. La juventud y todos los sectores progresistas deben
asistir a éste “Sermón de la Montaña”, sin complejos ni tapujos, amplios, claros, sin
resquemores de ninguna índole. Italia forjó su unidad con la valentía y decisión de su
“Club del Pueblo”; allí estaba el honor y la dignidad de Italia. La organización “Walf”
de los egipcios, luchaba por la integridad y un auténtico nacionalismo egipcio: “Fuera
los británicos” era la consigna y al final iniciaron éste patriótico proceso.
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El espíritu de lucha y la voluntad de vencer es la clave del éxito. “Dios ha
muerto” dice Nietzsche, obligando al hombre a asumir su obligación vital de gobernar la
naturaleza. Foucault dice no: “el hombre ha muerto”, recordándonos que la sociedad y
la modernidad han convertido al hombre en un “bagazo”. La fortaleza espiritual de una
sociedad es importante, y más aún si vivimos en un mundo competitivo y altamente
discriminatorio. Heine es uno de los ideólogos de la nueva Alemania; él la concibe
grande a través de la unión y sacrificio.
Un conspirador, de aquellos rusos que no sabían cómo deshacerse de los abusos
de Nicolás I, fue condenado a muerte. En el momento que debía ser ahorcado, la cuerda
se rompe y va a dar al piso todo él descodalado; inmediatamente se pone de pie y con
una sonrisa agridulce exclama: “Maldito país, en donde no se sabe conspirar, ni juzgar,
ni ahorcar". Cuando un pueblo pierde sus derechos y no sabe ejercer su soberanía, es un
pueblo deprimente, díscolo e indigente. Pirro, el rey galo les decía a los romanos caídos
en desgracia: “¡Vae victis¡” (¡Ay de los vencidos¡); el pueblo vencido es presa fácil de
sus opresores; ellos hacen de él lo que les viene en gana. Pero un pueblo digno ¡no¡
Parodiando las frase patrióticas de Henry Patrick podríamos decir: “Es que la vida es tan
bella que a veces la aceptamos con cadenas, pero a mi no, a mi que me den libertad o
muerte”. Sólo José II de Austria se lamentaba de sus fracasos consuetudinarios, por eso
ordenó que se pusiera en su epitafio, luego de su muerte, una frase que dijera: “Aquí
yace José II, desgraciado en todas sus empresas”.
El pueblo ecuatoriano, es un pueblo diverso y multicultural; solidario,
bondadoso. La paciencia y la esperanza es una de sus mayores virtudes. Este pueblo
camina solo en medio de todos sus altercados. En la actualidad, hoy, en este instante, los
pueblos ecuatorianos y latinoamericanos debemos unirnos monolíticamente para crear
en nuestros destinos, aquello que Enrico Berlinguer conceptuaba como el “compromiso
histórico”. La historia de los pueblos dignos, tiene que escribirse con el realismo de
Barbusse; la pasión de Larra y el vitalismo de Nietzsche.
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Estos caudillos militares, consideraban a los nacientes países latinoamericanos
como sus haciendas personales. Agustín Iturbide, por ejemplo, fue inicialmente un
fanático realista; sofocó con crueldad a los insurrectos; asesinó a nombre del régimen
establecido e hizo la guerra a los patriotas. Finalmente, el muy ambicioso se cambió de
bando “chantándose” la bandera de la independencia, no sin antes pedir para sí un trono:
Agustín I, fue la figura grotesca con que México debió inaugurar su azarosa historia.
Gaínza es la réplica de Iturbide y Filísola su alter ego. Y vaya usted a ver si las nuevas
democracias y países nacían; no, iniciaban su vida enfermos, parapléjicos, casi
paralíticos.
Urvina y Robles constituyen en nuestro país, el paradigma de este tipo de militar
forjado en la praxis de la conspiración, pues se pasaban la vida organizando ejércitos
con su propio peculio para luego de obtener el poder, sacar la respectiva ventaja
(recordemos que el Sr. Urvina Jado, hijo del “benemérito” presidente Urvina, se
convertirá en el banquero más rico del país, sumiendo al Estado ecuatoriano en la
desgracia económica más grande de la época; pero la oligarquía trata de lavar su
nombre, diciendo que los ecuatorianos de malos le culpamos del suceso histórico, y que
somos los culpables de su muerte en el destierro). Estos dos generales eran tan
descarados (un poco más que los dos gemelos que nos ocuparemos luego), que cuando
el Perú, con el General Castilla, Cavero, y otros, se venían sobre nuestro territorio, nadie
les creyó que realmente necesitaban recursos y facultades extraordinarias para
enfrentarlos (no les creyó ni el Congreso ni el pueblo); se pensaba que iban a emplear
las facultades extraordinarias para atentar contra el propio Congreso y la democracia.
Para tener una idea: Flores gobernó con su familia y sus amigos militares
venezolanos, hasta cuando la patria se hizo “curtida” de tanto soportarle. Y qué no hizo:
Guerras internas; cambio de nacionalidades; intento de reconquista (ya tenía visto un
soberano de España para nuestro país); guerra con Colombia, etc. Y miren ustedes a
cuánto sedicioso tenía que soportar en sus gobiernos. El desdichado presidente Vicente
Ramón Roca, debió enfrentar 17 “insurgencias revolucionarias” (¿a qué tiempo
gobernaba?). La camarilla de “miserables cabecillas”, como les denominaba Rocafuerte,
dio guerra sin cuartel desde la Independencia hasta la Restauración: Guillermo Bodero,
Fernando Ayarza, Guillermo Franco, José María Urvina y Francisco Robles, van de
tumbo en tumbo, pone y saca presidentes; a veces ellos adueñándose del poder y en
otras ocasiones sirviendo de soporte. El General Robles le apoya a Urvina para que
llegue al poder de la República vía conspiración; Urvina en retribución le pone a
Robles; luego Urvina le apoya a Veintemilla, etc.
El presidente Diego Noboa, por mejor hacer intentó “anticiparse a la jugada” y
comenzó expulsando a Elizalde y Ayarza; borró del escalafón militar a 163 oficiales, y
nada. Urvina y Maldonado le echaron del poder en menos de lo que “canta un gallo”. Es
que la democracia no podía ponerse de acuerdo y los intereses eran demasiado fuertes.
En la iglesia de la Compañía se hicieron 105 escrutinios y no se logró nombrar un
presidente de la República; existían señores latifundistas que sin ser militares
organizaban sus propios ejércitos, como es el caso de José Félix Valdivieso
(conspirando contra Flores) y Aparicio Ribadeneira (contra Alfaro). Inclusive, al inicio
de los años veinte (siglo XX), el Conde Jacinto Jijón y Caamaño, en un momento de
euforia cislunar, organizó el suyo propio en San José de Ambi. De esa manera, ¿cómo
hablar de democracia? Y la cosa no se componía por nada: Vicente Rocafuerte fusiló en
su período presidencial a mansalva a los insurrectos, y nada; también lo hizo Flores, y
nada; el negro Otamendi se dio el lujo de fusilar a 500 insurrectos del Batallón Flores de
Latacunga, y nada; se fusiló a medio Batallón de Granadinos que se levantaron en
Riobamba contra Flores, y nada; se fusiló a varios centenares de “Chihuahuas”,
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“Hualilahuas” y demás sublevados, y nada. Ni siquiera la amnistía que concedió
generosamente Flores a los derrotados de Miñarica, dio los resultados esperados (será el
mismo “manco” Elizalde, amnistiado por Flores, quien en un nuevo levantamiento le
expulse a éste fuera del país).
Eran tan malos los militares de aquella época, que hasta García Moreno se hizo
general y dirigía combates (lógicamente que perdió casi todas las batallas,
especialmente con Colombia). Nunca en la historia ecuatoriana, un oligarca maltrató
tanto a los generales como este “jesuita con casaca”: los humilló, los ofendió y hasta los
fusiló (ridículo remedo de García Moreno quiso ser un contemporáneo nuestro, pero
este lloró en Taura, lamentablemente). Habiéndole permitido perpetrar con resignación
sus desafueros, el pueblo ecuatoriano, convertido en cómplice tuvo que soportarlo hasta
su muerte. Casi contemporáneo a éste, navegando en esta misma “mini edad media
garciana”, aparece otro ejemplar muy genuino, histriónico; diametralmente opuesto a
García Moreno en muchos aspectos; se trata de don Ignacio de Veintemilla: hombre de
mal corazón, traidor, hecho militar a garrotazos porque jamás había concurrido a un
instituto militar. Veintemilla constituye el símbolo del militarismo político del siglo
pasado, creado a propósito por la misma oligarquía ecuatoriana, porque de buena o mala
manera se creía que toda familia honorable debía tener un hijo cura, otro abogado y un
militar, a fin de controlar el poder político del Estado.
Con el advenimiento del liberalismo, aparecen los caudillos militares liberales.
Leónidas Plaza fue uno de ellos, eran oficiales poco educados y de rudimentaria
preparación académica - militar; su existencia se debió a motivaciones políticas; eso sí,
eran militares valientes, dotados de una motivación ideológica liberal. Al igual que en la
época de la Independencia, cobran protagonismo en el quehacer político nacional; son
los hombres de la transformación nacional; son los instrumentos útiles de la oligarquía
costeña con cuya presencia se consolida el poder agro-exportador de la Costa, frente a
un debilitado latifundismo de la oligarquía serrana. En un punto determinado, Alfaro
constituye una flagrante amenaza tanto para la oligarquía serrana como costeña;
pensaba demasiado lejos en materia de progreso y bienestar del pueblo; era demasiado
patriota. Él pensaba en dar un verdadero alivio al dolor de los indios; se había hecho
demasiado amigo de sus negros macheteros; había confraternizado con los montubios
de corte liberal. Para la oligarquía de la Sierra y hasta para los propios liberales, había
una sola solución: asesinarlo.
Los caudillos militares liberales de fines del siglo XIX e inicios del XX,
brindarán por primera vez un signo de dignidad al pueblo llano: Pedro Montero, Nicolás
Infante, Luis Vargas Torres, Carlos Concha, Julio Andrade, los Alfaro, Manuel Serrano,
y otros, constituyen el inicio de la concepción de un Ejército de raigambre popular. Sin
embargo, Alfaro considera que es imposible apuntalar una democracia o forjar el
desarrollo del país, en medio de luchas internas consuetudinarias y elitistas. El Estado
debía preservar el monopolio de la violencia mediante la creación de un Ejército sólido
y profesional. Esta visión del líder liberal será compartida por sus coidearios, los cuales
en el futuro se preocuparán porque así suceda.
¿Y la situación de la tropa de aquella época? A ella se la mantenía ignorante,
sumisa y maltratada, solo debía obedecer ciegamente; por lo demás, estaban
exactamente igual a su raigambre (el pueblo): pobre, triste, y abandonado. Si la
oficialidad no tenía preparación técnico militar en aquella época, peor ellos. Era tan
triste su situación, que en el período de la Independencia les daba igual estar del lado
independentista o del lado realista. Es por esa razón que Tomás Boves, en los llanos
venezolanos, tuvo más y mejores tropas que Bolívar; es más, le derrotó en todas las
batallas; le hizo huir de Venezuela y solo pudo ser victorioso Bolívar luego de la muerte
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de éste. La mayor dificultad de los mandos libertadores era la consecución de tropas.
Nuestra tropa toma importancia por primera vez a raíz de las luchas liberales, pues el
pueblo mestizo, negro, indígena y especialmente el montubio es el gestor y actor
principal de esta contienda.
La muerte de nuestros caudillos militares liberales, realmente fue trágica. Vargas
Torres y Nicolás Infante, fusilados. Montero es asesinado por un joven oficial que se
había plagado de un sentimiento placista y consideraba a su comandante como un
indeseable sedicioso; le disparó a “quemarropa” y lo lanzó por la ventana a la soldada
enfurecida. -Si quieren mi vida se los daré mañana- había pronunciado con orgullo. -
No- le dijo el oficial -la queremos ahora mismo-. Alfaro fue agredido por un carpintero
que le propició un garrotazo en la cabeza y le remató de un tiro. A Serrano le clavaron
una daga y se chuparon su sangre. Páez con igual suerte murió de un barrazo en la
cabeza. A Luciano Corral le arrancaron la lengua cuando aún tenía vida; luego el asunto
era puro trámite: sogas, tirones, vituperios, sandeces y fuego. Se llegó inclusive al
colmo de negarles santa sepultura en el panteón de San Diego.
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de las filas de la oficialidad, pues se cree que controlada la mentalidad esta controlado el
sistema. La anécdota del Capitán Koppetnick es el mejor referente de éste tipo de
formación. Se cuenta que un embustero se disfrazó de Capitán y se dirigió a un cuartel
militar. Al llegar a la garita, todos los centinelas le saludaron sin siquiera regresarlo a
ver; levantaron sus armas al hombro y permanecieron quietos hasta que el supuesto
Capitán entrara y se dirigiera hacia las oficinas del Cuartel General. Cuando llegó al
edificio principal, nuevamente los centinelas se volvieron a cuadrar sin siquiera mirarlo;
de ésta manera él pudo pasearse por todo el edificio sin que nadie tuviera la osadía de
preguntarle quién era ni qué hacía. En la formación prusiana, la dureza y el temor al
superior lo era todo. Al llegar el medio día, este impostor decidió salir tranquilamente
por donde había ingresado, sin que haya un solo soldado que se haya atrevido a
detenerlo. Éste es el tipo de soldado con que soñó Federico Guillermo rey de Prusia, el
“rey Sargento”; conformó su Ejército con jóvenes de todas las clases sociales, menos la
clase alta; un soldado no podía llegar a ser oficial y los oficiales eran ante todo
caballeros que llevaban obligaciones morales y éticas más rigurosas que las de la orden
de Calatraba.
Uno de los mayores errores que cometió Alfaro en su afán de estructurar el
Ejército, fue el de no democratizar el ingreso al Colegio Militar. Los cadetes de la
época, eran casi en su totalidad de la clase media alta y alta, su ingreso requería de la
recomendación del presidente de la República; luego, para 1930 se considera que esta
presencia se había reducido a un 70%. La oficialidad en el Ejército seguía perteneciendo
a la clase alta. Esto dará como resultado (en esta época de formación del Ejército), el
aparecimiento del Neocaudillismo Militar.
El nuevo tipo de líder militar (neocaudillo) de esta época, es un oficial preparado
en un instituto de formación militar, tiene preparación académica de nivel medio y sus
ascensos obedecen a una carrera militar. Es decir, es un profesional militar; sin
embargo, y pese a las diferencias, su mentalidad política y su patrón de conducta no ha
cambiado con respecto a los caudillos militares del siglo pasado. La única diferencia
substancial con sus antepasados, es que la conspiración en el pasado se realizaba
formando ejércitos costeados en forma personal para disputar al Estado el monopolio de
la violencia; ahora no, el neocaudillo militar aprovecha la estructura del propio Ejército
para fraccionarlo e intentar tomar el poder de la República. En verdad, y pese a su
aparente profesionalismo, su verdadera pasión es la política; la carrera militar apenas es
un medio por el cual buscan alcanzar sus aspiraciones. Sino observemos el
comportamiento político - militar del “coronel inquieto” Luis Larrea Alba, Gómez de la
Torre, Angel Isaac Chiriboga, Alberto Enríquez Gallo, Juan Manuel Lasso, Idelfonso
Mendoza, Carlos Guerrero, Leónidas Plaza Lasso, Efrén Aragundi, Gonzalo Burbano,
Abarca, etc. Todos ellos se creían predestinados para gobernar; unos tildándose de
socialistas (Larrea Alba fundó la Vanguardia Socialista Ecuatoriana y Enríquez Gallo
promulgó el Código de Trabajo). El caso del coronel Juan Manuel Lasso es muy sui
géneris, resulta que se creía un socialista fundamentalista, mientras tenía cientos de
indígenas bajo el látigo de la esclavitud latifundista; era dueño de muchas propiedades
en la provincia de Cotopaxi (de donde procede su noble familia) y arrendatario de
Guachalá; otros se creían revolucionarios (Leónidas Plaza, Carlos Guerrero e Idelfonso
Mendoza); otros demócrata-constitucionalistas (Ángel I. Chiriboga, Baquero), etc. Lo
cierto es que la democracia en este período de la historia ecuatoriana, era invivible.
Estos inquietos militares, acolitados por los típicos políticos de siempre, se pasaban de
conspiración en conspiración; hasta Velasco Ibarra se contagió de este espíritu
antidemocrático (o él les contagió a ellos). Resulta que Velasco Ibarra es el más grande
golpista de la historia ecuatoriana: fue elegido para gobernar veinte años, gobernó doce,
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de los cuales tres lo hizo como dictador y nueve como presidente constitucional.
Participó en cuatro golpes de estado, uno de ellos fallido (en complot con los aviadores
en contra de Arroyo del Río).
En la década de los años veinte, el Ejército ecuatoriano contará con la presencia
de una segunda Misión Militar de procedencia italiana. Esta Misión tuvo como objetivo
fundamental, perfeccionar y capacitar a los mandos medios; establecer una doctrina de
empleo de las armas; establecer el estudio de la estrategia y la táctica (se funda la
Academia de Guerra del Ejército). A partir de este momento, se puede hablar por
primera vez de la existencia de un verdadero Ejército profesional. Los comandantes de
las unidades tendrán por primera vez un conocimiento científico-militar y estudiarán a
Bonaparte, Montecuccoli; el “matematicismo estratégico” de Jomini; la “dispersión
calculada” de Bourcet; el “desequilibrio en profundidad” de Guibert; el “principio
divisionario” de Carnot, etc., además en ésta época se envía oficiales a estudiar en Italia
y otros países, aspecto que mejorará el profesionalismo del Ejército.
Durante esta etapa de la vida del Ejército, se produce cinco acontecimientos
políticos que permiten visualizar la mentalidad con que se va formado y participando el
Ejército. Estos acontecimientos son: La Guerra de Concha; la masacre del 15 de
noviembre de 1922; la Revolución Juliana; la Guerra de los Cuatro Días y La Gloriosa.
La Guerra de Concha, iniciada a raíz de la muerte de Alfaro (1912), permite
apreciar un Ejército ya formado, fuerte, mejor equipado que la fuerza insurrecta. El
Estado dispone ya de una fuerza que es capaz de eliminar cualquier “presión
dominante”; el Estado esta en condiciones de imponer su voluntad política en todo el
territorio nacional. Carlos Concha Torres será detenido y procesado con la consiguiente
disolución de sus tropas, al igual que Carlos Andrade que operaba en la Sierra norte (el
coronel Andrade se involucra en la insurrección, a raíz del asesinato de su hermano, el
general Julio Andrade, atribuido al general Plaza).
El 15 de noviembre de 1922, es una fecha negra y luctuosa en la historia
ecuatoriana. El Ejército hará gala de un uso desproporcionado de la fuerza, en contra de
una manifestación de trabajadores que lo único que pedían era que se reconozca sus
derechos. Aquí podemos apreciar un Ejército conchabado con la oligarquía,
defendiendo sus intereses. La idea del socialismo causa pavor en sus filas, concepción
que en el futuro será una constante dentro de la mentalidad “macartista” con que se
formará a los oficiales. El Estado nuevamente hace una demostración de fuerza, dejando
en claro que puede eliminar cualquier tipo de amenaza, incluido el nuevo mecanismo de
presión política: la huelga.
La revolución Juliana (1925), se da en un contexto político similar al que se vive
el 21 de enero del 2000. Una gavilla de banqueros deshonestos deciden saquear los
flacos recursos del pueblo ecuatoriano, en contubernio con un presidente de la
República inútil y enfermizo. La juventud militar dará un golpe de Estado para acabar
con la ignominia. En este momento histórico podemos ver a un Ejército claramente
dividido por castas y clases sociales. Los oficiales están muy distantes de la tropa, es así
que en este acontecimiento histórico, no participa ni la tropa ni los generales (había muy
pocos generales; el grado de coronel representa al Alto Mando militar); los primeros se
encuentran ignorantes y segregados, y los segundos, se encuentran en plena luna de
miel, gozando de las prebendas que el poder político brinda a quienes le sirven
incondicionalmente. La única alternativa de patriotismo constituyen los “mandos
medios”, los cuales, asociados con la oligarquía latifundista de la Sierra, se toman la
revancha con los liberales agro-exportadores, que otrora les arrebataran el poder
político. Al tener un Estado ecuatoriano quebrado, su Ejército se encontrará en similares
condiciones, propenso a que en cualquier momento se dispute su hegemonía.
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En la Guerra de los Cuatro Días (1932), el Ejército no solamente que se
encuentra pobre y mal apertrechado, sino que ya se da una disputa frontal entre la
oficialidad y la tropa. Los oficiales del Grupo de Artillería Bolívar y los batallones
Manabí y Constitución, son detenidos y sometidos por la tropa, la cual, sobornada por la
compactación bonifacista, saca el armamento de los cuarteles y reparte al público
quiteño, originando una pequeña guerra civil que costará aproximadamente mil vidas
inocentes. Aquí podemos notar claramente, dos fenómenos que jamás dejarán de tener
vigencia en la vida política de los ecuatorianos: La falta de liderazgo de un Alto Mando
militar desidentificado con las necesidades de la tropa, y la intromisión de los políticos
en los cuarteles, especulando con la ambición o el idealismo de los oficiales y la tropa.
Esta etapa de formación del Ejército ecuatoriano, termina con la rebelión
popular denominada históricamente como la Gloriosa (1944). El problema fundamental
que origina la rebelión, es indudablemente la derrota militar frente al Perú y la
consecuente pérdida territorial. Pero detrás de todo esto, estaba un asunto de emotividad
y mala concepción política-estratégica del Gobierno central. En la miope concepción de
Arroyo del Río, se había gestado la idea de que la única manera de evitar los cuartelazos
e intentonas, era debilitando al Ejército y creando una fuerza paralela que esté en
condiciones de disputarle el monopolio de la fuerza; esta fuerza mañosamente creada
era el Cuerpo de Carabineros, una especie de policía militarizada que comienza a
cometer atropellos inclusive con el mismo Ejército. En estas circunstancias, serán los
mandos medios quienes destruyan a esta fuerza policíaca (incendiando su cuartel en
Guayaquil) y defenestren al nefasto mandatario, carente de patriotismo y lleno de una
ambición de poder por demás desmesurada.
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triunvirato militar), tiene otras connotaciones que no obedecen a las viejas motivaciones
militares de toma del poder. La Junta de Gobierno de 1963, obedece a una consigna del
Gobierno norteamericano de sacar del poder al Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy,
connotado oligarca, que saliéndose de su libreto, pretende desafiar al Gobierno de los
EE.UU. (de boca), demostrando además solidaridad con el pueblo cubano, aspecto que
para la época era un verdadero sacrilegio. Lo demás solo fueron pretextos, el hecho de
que tenía “vicios masculinos” o hacía quedar mal al país frente a situaciones de orden
protocolario. Ninguno de los miembros de la Junta Militar de Gobierno del 63 fue un
verdadero líder dentro de FFAA. Su forma de llegar al poder no obedeció a una
intentona o conspiración de un grupo de oficiales idealistas que querían mejores días
para la patria; se trató simple y llanamente de una orden de la embajada norteamericana,
que en forma fría y prepotente dio su venia para romper con la tan masticada
democracia, de la cual, en la actualidad, se llenan la boca diciendo defenderla. La falta
de un liderazgo sólido y visible hizo que se agolparan cuatro para gobernarnos.
En cuanto al Gobierno Nacionalista Revolucionario del general Rodríguez Lara,
hay mucha tela por cortar. Se dice que fue obligado a asumir esta responsabilidad en
contra de su voluntad; que tenía miedo de asumir el poder; que no estaba preparado, etc.
pero en realidad, resultó ser el mejor gobernante del siglo XX. Nunca el Ecuador vivió
mejores épocas de bonanza (algunos políticos ultramontanos, de aquellos que se rasgan
las vestiduras defendiendo la democracia, fueron sus sirvientes, pero en la actualidad:
Impotentes, ineptos y corruptos la vilipendian, sin ser capaces de asemejarse a ella,
disponiendo de más y mejores recursos). En todo caso, el general Rodríguez Lara,
copiando el slogan de Velasco Alvarado y previa la autorización de los EE.UU. nos
gobernó hasta que las ambiciones personales de una Junta de Gobierno terminó con él y
dio retorno a la democracia. En esta época y con la bonanza del petróleo, por primera
vez el Ecuador dispone de unas FF.AA. actualizadas, con una gran cantidad de oficiales
especializados en el exterior y un adecuado entrenamiento en la lucha contra la
insurgencia (en selva). El Alto Mando de esta época vive una triste realidad: tiene el
poder político y militar pero no el poder económico; se encuentra distanciado de la
oligarquía como clase social pero subordinado a sus intereses. En definitiva, la
oligarquía usa al Mando Militar, lo seduce con su dulce canto de sirena, le hace sentirse
parte de ella, pero en el fondo lo desprecia porque los consideran ineptos; concurrentes
mishos, quishcas y demás epítetos con que vocifera el prejuicio.
Los militares por su parte, tampoco se sienten parte de la oligarquía, pueden
olfatear su menosprecio. Por lo tanto, y en obediencia a su resentimiento, pretenden
decir que se inclinan por las clases más desposeídas: por el indio, por los trabajadores,
por los marginados, etc. y aquí se produce una nueva contradicción: es en estas
dictaduras en las que se generan y producen las mejores leyes sociales y laborales (las
dos reformas agrarias, por ejemplo) y caso curioso, resultan ser tan respetuosas de los
derechos humanos que hasta ahora, el Ecuador no ha conocido una verdadera dictadura,
de esas sangrientas y ridículas que adornaron el escenario latinoamericano, tan
hábilmente descritas por Galeano, Montalvo, Vargas Vila, Asturias, Mendoza,
Montaner, etc.
La década de los 70 es muy trascendental en la vida del Ejército ecuatoriano,
pues en esta década se sienta las bases de un Ejército verdaderamente nuevo. La
preparación militar y académica de los mandos medios y subalternos es muy esmerada,
igualmente se impulsa la tecnología y la ciencia (a través de la creación de la ESPE y el
ITSE); la industria en el país es abanderada por DINE y FAME. Las FF.AA. se adentran
con entereza en el desarrollo y seguridad del país.
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Etapa del Ejército ecuatoriano contemporáneo (1979-2009).
Una nueva oficialidad nace en el Ejército ecuatoriano a partir de los años 80 y
90. Este nuevo prospecto de militar tiene múltiples antecedentes entre los cuales
podemos citar los siguientes: el conflicto de Paquisha; el desastre democrático de las
dos últimas décadas del presente siglo; la difícil situación económica del militar; el
“carrerismo militar”; la conciencia social generada en los militares a raíz de los trabajos
de apoyo al desarrollo; el conflicto del Cenepa; la nueva Ley de Personal y la aparición
de oficiales de vanguardia en FF.AA.
El conflicto de Paquisha marcó un hito imborrable en la juventud militar de
aquella época (1981); luego de “la guerra ecuatoriana-peruana” de 1941, consideramos
que fue el acontecimiento más vergonzoso para el Estado ecuatoriano. Un Presidente
joven como Comandante en Jefe de las FF.AA. (Roldós Aguilera), se mostraba incapaz
de manejar el conflicto. Limitado en conocimientos estratégicos y geopolíticos, debía
sujetarse penosamente al asesoramiento de un Mando Militar carente de liderazgo y
valor profesional. La juventud militar quedó frustrada, sin embargo, esta derrota en vez
de constituir una afrenta, se convertirá en un desafío profesional, reflejado en la victoria
del Ejército ecuatoriano en el Cenepa.
Luego del conflicto de Paquisha, comienza a despuntar en el Ejército, un grupo
de oficiales (de mandos medios) con pensamiento de vanguardia, eran algo así como
una “generación ilustrada”, que fueron adquirieron poco a poco un gran prestigio y
liderazgo dentro de FF.AA. Ellos tenían una gran formación académica y una profunda
conciencia patriótica y social. Pronto tendrán una gran influencia en la institución
armada y fuera de ella, se preocupan por el adiestramiento de las tropas, creen en un
Ejército funcional al servicio ya no de las oligarquías sino del pueblo necesitado, del
indígena abandonado, de los niños desprotegidos, de los marginados y humillados;
piensan que el militar debe ser multifasético, con una gran preparación académica. Y es
así como las FF.AA. entran en un gran proyecto nacional de apoyo al desarrollo y a la
comunidad, especialmente trabajando con los pobres en diferentes campos: salud,
educación, agricultura, infraestructura básica, etc. los militares finalmente han salido de
la “torre de marfil” en que les encerró la oligarquía (los cuarteles). A esta brillante
generación de oficiales pertenecen entre otros: General José Gallardo, Carlos Jarrín,
Carlomagno Andrade, Miguel Iturralde, Paco Moncayo, Donoso, entre otros.
Cuando se produce la Guerra del Cenepa, el Ejército ecuatoriano se encuentra
en su mejor momento: es la institución nacional con más credibilidad; sus cuadros
militares, especialmente de oficiales, se encuentran bien entrenados militarmente y
preparados académicamente (la nueva Ley de Personal y el reglamento de Cambio de
Antigüedades, obligó al oficial a realizar muchos cursos militares y a obtener títulos
universitarios, como único medio para alcanzar las máximas jerarquías militares); tiene
en el Alto Mando militar los oficiales más capaces y representativos (la generación
ilustrada); los mandos medios, es decir, los oficiales que comandaron las unidades en el
frente de batalla, eran distinguidos militares que habían iniciado su carrera militar desde
muy jóvenes (11 y 15 años de edad); los oficiales subalternos y la tropa eran de lo mejor
preparados y entrenados. Pero sobretodo, y como pocas veces en la historia ecuatoriana,
hubo la determinación política y militar de luchar hasta las últimas consecuencias, sin
dar “ni un paso atrás”. El triunfo del Cenepa puso al Ejército ecuatoriano en su más alto
sitial, brindó a la patria una página de orgullo y enseñó al pueblo ecuatoriano que no es
imposible triunfar cuando se tiene la voluntad de luchar. Mención especial, el
Comandante del Ejército de Operaciones: General Paco Moncayo.
Pero si bien es cierto que la nueva Ley de Personal y el reglamento de Cambio
de Antigüedades, fomentó en la oficialidad y en la tropa un gran espíritu de superación,
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por otra parte, y como un efecto secundario, produjo un grave problema de ética militar
que es el denominado “carrerismo militar”: al oficial no le preocupa otra cosa que no
sea su bienestar personal; todo lo que hace esta orientado a sacar réditos profesionales;
el fracaso del compañero es un éxito que le beneficia en forma personal; le interesa
llenarse de títulos profesionales con el fin de superar a sus compañeros en antigüedad;
no tiene ningún problema en utilizar las influencias que sean con el fin de encontrar una
buena ubicación militar; aparece el “lambonismo”, la falsa lealtad, los círculos de poder
y el arribismo demencial. El oficial se ha individualizado y materializado demasiado,
aparentemente esta muy lejos del idealismo de los viejos caudillos y neo-caudillos
militares; el sistema de control y condicionamiento político funciona de mil maravillas.
A partir de que las oligarquías abandonaron la vida militar, el trato coyuntural
varió notablemente. El grado de general lo ocupará en adelante un hombre de clase
media, generalmente de recursos limitados; hombre que nunca conoció el boato o la
holgura de la clase alta. Este grado debe ser perseguido por cada oficial a ultranza y de
allí derivará todas las aberraciones.
En este período, se producen dos participaciones directas de FF.AA. en la vida
política del Ecuador: La primera que hace referencia al golpe de Estado de febrero del
97, y la segunda, que tiene relación con la rebelión popular del 21 de enero de 2000. En
los dos casos caerán los presidentes por corruptos y las FF.AA. harán el papel de
dirimentes. En los dos casos actúa FF.AA. institucionalmente aunque el golpe de Estado
lo da la oligarquía en contubernio con los generales. En el Ecuador se inventa un nuevo
tipo de golpes de Estado, que con seguridad será aprendido por los otros países del
tercer mundo (siempre y cuando los norteamericanos lo permitan): se reúne un
Congreso trasnochado y decide hacerle loco a la fuerza a un presidente (que en realidad
era loco pero por el dinero). La oligarquía resentida lo vota fuera. Bucaram se ha
precipitado en sus propios desafueros.
El otro caso hace referencia a la caída de Mahuad, en donde la oligarquía teje un
mismo escenario con los actores de siempre. Pero aquí les falla algo, porque los actores
no son solamente los llamados, sino que aparecen nuevos actores que son los militares
jóvenes, el pueblo indígena y los movimientos sociales. Aquí, por poco se les va el
poder de las manos, de no ser porque los “coroneles”, en realidad, nunca quisieron
quedarse con el poder constituido.
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CAPÍTULO II
La crisis democrática del último cuarto de siglo en el Ecuador (siglo XX), inicia
exactamente el 10 de Agosto de 1979. Habían asumido el poder de la República dos
jóvenes políticos inexpertos, populistas; según ellos eran los abanderados del futuro
promisorio del pueblo ecuatoriano. El abogado Roldós morirá prematuramente en un
accidente aéreo, luego de saborear el descalabro de Paquisha; ver el inicio de la debacle
económica y el marasmo político e institucional. Es el fundador de la corrupción masiva
del Estado vía troncha política y cuotas de poder; siendo abogado de transnacionales e
intelectual de gabinete, era humanamente imposible que fuera un estadista de talla
colosal. En realidad, él no nació a la vida pública perfilado como un gran líder, Asaad
Bucaram y el CFP lo perfilaron; lo quisieron manejar a su manera y cuando vieron que
el presidente Roldós no se dejaba, inmediatamente vino el boicot y el chantaje a
mansalva. Asaad Bucaram desde el Congreso sacaba a luz la dimensión de sus propias
ambiciones, enceguecido por su negra pasión buscaba dar al traste con el hombre que él
mismo había patrocinado; los oportunistas buscaban la manera de neutralizar sus
intenciones y desde el poder perfilaban la creación de un nuevo partido político:
Pueblo, Cambio y Democracia
Muy pronto el presidente Roldós aceptará su fracaso inicial y para capear la
situación culpará de sus desgracias a la dictadura militar (pero sin ningún éxito), pues el
pueblo comenzaba a ver con desesperanza la actuación de este dúo de intelectuales que
en el campo de las ejecutorias se mostraban ineficientes. De los 21 puntos
programáticos de su campaña electoral, no pudieron cumplir ninguno; el vicepresidente
Hurtado desde el CONADE, era incapaz de operativizar los lineamientos políticos del
Gobierno y plasmarlos en planes operativos funcionales. Sin esto, la ejecución exitosa
estaba descartada. Se incrementó la deuda externa, la burocracia (pagos partidistas), el
tronchismo político, la indisciplina fiscal, la pobreza y la desesperanza. Solamente la
muerte preservó en algo el buen nombre de este desafortunado Presidente, pero en
honor a la verdad, y por el corto tiempo de permanencia en el poder, la “Fuerza del
Cambio” reiniciaba en el país una vieja y apestosa forma de hacer política: el
populismo.
El sucesor del presidente Roldós fue el Dr. Osvaldo Hurtado, un joven
intelectual con carencias de administrador; “abogado ocioso” le había dicho León
Febres Cordero, y los resultados se fueron dando de acuerdo a lo pronosticado: una
Gobierno de supervivencia, vacío de objetivos claros y rumbos definidos. Con su clásica
frialdad (que definía en mucho su personalidad), despertaba muy poca simpatía y
liderazgo en el pueblo ecuatoriano (y por supuesto, dentro de las Fuerzas Armadas).
Durante su Gobierno, cometió un sinnúmero de barbaridades: sucretizó la deuda que
había contraído irresponsablemente el sector privado, provocándose el primer endoso
que hacía la oligarquía mañosa, de su deuda, al pueblo ecuatoriano. Para tapar su
fracaso de generar progreso y desarrollo, recurrirá al incremento de la deuda externa, a
los préstamos a ultranza; mal ejemplo que seguirá siendo una constante en el resto de
gobiernos democráticos. Para esta época, todavía le queda al Gobierno demócrata
popular algunos réditos dejados por la dictadura del 70; sin embargo, ante el estado de
corrupción administrativa que se produce en todos los ámbitos y niveles, el Estado entra
en una espiral de descomposición tanto moral como estructural; situación que con el
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paso de los años será el “caballo de batalla” de ellos mismos, para pretender reducir al
Estado, y dar rienda suelta a las privatizaciones. Hurtado será de triste recuerdo en la
historia ecuatoriana por los siguientes actos contra el pueblo: beneficio a la oligarquía
(la sucretización de la deuda a los empresarios, es un caso similar al posterior beneficio
dado por Mahuad a los banqueros); atentar solapadamente contra la democracia por dos
ocasiones: la primera, apoyando a la oligarquía para derrocar a Bucaram en la forma
más descarada y cínica que la historia recuerde (esto en contubernio con el Congreso
Nacional); la segunda, auspiciando la caída de su amigo Mahuad asociado con el
vicepresidente Noboa y Pedro Pinto (que luego será gratificado con la vicepresidencia
de la República). El tercero y último acto calamitoso, constituye el haber ayudado a
vender la miserable idea de que los límites con el Perú debían ser zanjados a cualquier
costo (concepto que será seguido a rajatabla por su acólito Mahuad). Hurtado, al igual
que John Dos Passos, hizo una crítica escolástica de la sociedad ecuatoriana y no hizo
nada por cambiarla; se acostumbró y nos acostumbró a vivir con ella, en una especie de
simbiosis diabólica generada por la mediocridad; como gobernante, nos hizo convivir en
la fatuidad de una “generación perdida”
También el Dr. Hurtado, es uno de los responsables del caos democrático. La
famosa Ley de Partidos Políticos es simple y llanamente un monumento a la insensatez,
y la causante de la existencia de un “rosario” de partidos políticos. Sin embargo, esto no
es lo más grave, lo verdaderamente crítico radica en la gestación de un latifundismo
político, en el cual, cada partido político si no tiene dueño por lo menos pertenece a una
familia. La democracia de ese modo no tiene futuro, se recicla en los mismos nombres;
no hay un solo líder nuevo que oxigene la democracia ecuatoriana. Acabado su
Gobierno, quedaba muy poco rescatable en la vindicta pública.
Hasta que llegó un día al poder el hijo pródigo de la oligarquía, el hombre que
todo lo soluciona con dinero e influencias. Cuando fungía de diputado, compraba la
conciencia de los funcionarios públicos, ya sea pidiéndoles documentos reservados o
información clasificada. Su fin único y satánico: “tumbar” a los ministros de Estado y
ganar protagonismo. ¡Pero esta situación para él no es corruptela! Después, contrataba
sus propios espacios políticos televisados para vender su imagen y seguramente tenía en
el Congreso periodistas pagados que le promocionen políticamente. León Febres
Cordero es el primer “burgo populista” ecuatoriano. Político parlanchín que nada en
cuantiosas fortunas y dice redimir al pueblo; ha causado hambre y ofrece mieles
celestiales; tiene flaca moral pero desacredita a todo el mundo. Este obstinado Midas,
todo lo convierte en oro y en desgracia colectiva; su “barbero” es el señor Nebot. Con
su clásica astucia política, al terminarse el período de Hurtado, dejó sembrado el
eufemismo de que él era la única y viable alternativa. El pueblo se comió este cuento.
León Febres Cordero, a lo largo de su campaña política, nos vendió la ilusión de
que iba a construir una Ciudad del Sol, al igual que Campanella. Pero su arquitectura
mental llevaba los puntales de un despotismo ilustrado: “gobernar para el pueblo, pero
sin el pueblo”. El concepto de soberanía (que tantas noches le había costado a Jean
Bodin, buscarle un espacio dentro del contexto de una sociedad organizada), él se lo
chantó en su propio pecho. El pueblo es una tarima sobre la cual él monta sus empresas
personales. Al pueblo lo llamó (demagógicamente) el presidente Chávez: “el soberano”;
Febres Cordero también en su lenguaje simple le dijo que era la “voz de Dios”. Pero la
realidad es diferente, él desprecia al pueblo llano, al mendigo, a la prostituta, al
menesteroso, al necesitado. Montesquieu causa prurito en sus oídos. El día en que el
Congreso Nacional nominó una Corte Suprema de Justicia que no era la de su gusto,
ardió Troya: los tanques de guerra rodearon el Palacio de Justicia y sacaron a
empellones a sus ocupantes. “Constitución de papel”, dijo Federico Guillermo IV
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cuando se burlaba de los adelantos democráticos de su pueblo (que él solo podía mirarlo
como vasallo); en cambio para el nuestro no, para él todo era de papel, de paja, de
alcornoque.
Los generales que nombró para conformar su Gabinete y el Alto Mando, eran sus
amigos personales; eran los generales de Rafael Leónidas Trujillo y su hermano Héctor
Bienvenido: incapaces de mirarle a los ojos o contradecirle. A un valiente general que le
hizo la observación de que debía respetar las decisiones del Congreso, le relevó
inmediatamente de su cargo; a otro que no le permitió vejarle en un acto protocolario, le
convirtió en segregado. Pero a sus amigos no, cuando el general Vargas le demostró que
el general Piñeiros (Ministro de Defensa), había recibido dinero por la venta del avión
Focker, vociferó contra todo el mundo y lo defendió a ultranza. Emilio Castelar
demostró que la reina de España se quedaba con gran parte de las rentas que generaba el
pueblo para mantener al Estado, y los organismos de control lo escucharon; la prensa lo
escuchó; los intelectuales lo escucharon; el Parlamento lo escuchó. Hay que saber
escuchar, analizar y sacar conclusiones valederas. Pero con León Febres Cordero no,
solo él tiene la razón; hay que escucharlo solo a él, porque él es “el camino, la verdad y
la vida”. Para darle el cargo mismo, rompió “como le dio la gana” los reglamentos
militares y los voto a un tacho de basura. Así no se hace país. En la luz clara que
alumbra la mente de Cicerón, existe algo de lo cual jamás pueden prescindir los
gobernantes: la recta razón.
El día en que este majestuoso Presidente, decidió traerle a Bucaram de su dorado
exilio en Panamá (como un sucio ardid para que éste le derrote a Borja en las
elecciones), todo el pueblo ecuatoriano se inclinó para agarrarse la panza de la risa. Juan
Vicente Gómez tenía enemigos; también los tenía Ubico; Pol Pot hacía con la cabeza de
ellos pelota de jugar fútbol. Pero ellos los mataban sea digna o indignamente y no los
utilizaban para sus mezquinos intereses.
El odio que profesaba por el Dr. Borja le llevó a traerle a Bucaram, pero el asco que
sentía por Bucaram le tentó a gestar una dictadura. Lo tenía planificado todo. El Alto
Mando Militar presidido por el General Asanza, recorría las unidades militares
promocionando la dictadura militar. Si ganaba Bucaram el golpe de Estado era un
hecho. Los Médicis y los Sforza, los Anjou y Angulema, hicieron de la noble política
una horrenda porquería, magistralmente retratada por don Niccolo Maquiavelo.
¿Y su relación con los militares? Llenó de prebendas y canonjías a los generales y
almirantes. “Chupaba” en los cuarteles y descansaba en la presta Base de Salinas. A sus
guardias personales (que eran compañías del ejército y la policía) les doraba con mimos
y agasajos. Stalin debía dormir cada día en cuarto y lugar diferente; sus asesinatos le
trasnochaban, le irritaban la conciencia. Cuando el general Vargas se sublevó en la Base
de Manta, el prepotente inició una larga travesía de sufrimientos y enconos; Nerón
persistía en los consuelos de Petronio y Cristina no conciliaba el sueño con la fatídica
figura de Zumalacárregui en su mente. El general Vargas, haciendo honor a la memoria
de su antepasado, el Coronel Luis Vargas Torres, puso en algo freno a las
arbitrariedades de Febres Cordero.
La economía del país no mejoró en ningún aspecto; no hubo reformas estructurales
que aparataran el desarrollo y el progreso del Estado. Hubo actos de corrupción como es
el caso de Ecuahospital, el caso Torbay, el caso Orellana y otros. Pero el país no salió de
su asfixiante atolladero. Algunos apologetas de la audaz aristocracia ecuatoriana, se han
dado por santificar la obra de Febres Cordero en la alcaldía de Guayaquil. Debemos
recordar que esa obra faraónica en Guayaquil, es producto de la presión política de
Febres Cordero a los pusilánimes gobiernos de Sixto Durán Ballén y Fabián Alarcón
Rivera.
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Y llegó el día en que el orgullo se hiciera tierra. La joven oficialidad y la tropa de la
Fuerza Aérea, hacían respetar en Taura las decisiones del Congreso Nacional. Febres
Cordero y su comitiva fueron detenidos y vejados. En otras circunstancias y en
momentos de igual delicadeza, un presidente de la República no podía obrar con menos
pundonor que no sea una rotunda valentía. Balmaceda dio su vida al traste cuando no
pudo solucionar la matanza que había originado; Allende empuñó su arma para defender
lo que el pueblo y su convicción le habían otorgado; Getulio Vargas se quitó la vida
cuando el honor y la verdad se evaporaban de su vida. Pero éste no, éste quiere que le
quiten la vida a “guañuctazos”; teme a la vida y a la muerte; es fuerte con el débil y
abusivo con el desamparado. Hubiera sido bueno para Febres Cordero no firmar nada,
ni empeñar su palabra en nada, mucho menos si pensaba no cumplirla. La palabra para
los romanos era una cuestión de honor y mandataria, nadie entre ellos la profanaba. Sus
pactos eran sentencias inviolables.
El vicepresidente de la República, don Blasco Peñaherrera, por su parte, no
encontraba la manera de hacerse con el cargo (de Presidente); el muy hábil se dedicó
profusamente a amarrar la balsa; se comía las uñas del deseo por que asesinaran al
Presidente. En vez de buscar la manera de rescatarlo, se apuraba haciéndose el
desentendido; se movía de un lado para el otro; todo en él era una confusión macabra.
En los anales de la historia, no existe tipo más abominable que el que profesa traiciones.
Bruto decía ser amigo entrañable de Julio Cesar y terminó insertando su puñal en el
pecho de su amigo; Pericles fue tan astuto que compró la conciencia de los generales
lacedemonios para que traicionaran a su propia Patria y éstos lo hicieron sin
remordimiento alguno. Por eso García Moreno no confiaba en nadie. Cuando el
comandante Echeverría aceptó el ofrecimiento de García Moreno de ascenderle a
general, a cambio de permitir que pasen sus tropas por el Estero Salado, a éste no le
importó nada: ni tropas, ni mandos, ni ideales; solo le importaba él mismo. Una vez
tomada la plaza de Guayaquil, el traidor se acercó a García Moreno para que cumpliera
su promesa de ascenderle a general. García Moreno le miró detenidamente de pies a
cabeza y luego, con un gesto despectivo ordenó que le dieran unos cuantos pesos.
Inmediatamente Echeverría protestó por el incumplimiento del pacto de ascenderle a
general, a lo que García Moreno respondió con tono sentencioso: “¡La traición se paga
pero no se premia¡” Si Rosalía Artega hubiera sido leal consigo misma, no hubiera
aceptado ser binomio “contra natura” de Bucaram, pero como la ambición es madre de
todas las corruptelas de este mundo, ella aceptó; traicionó a su binomio y luego quiso
pescar a río revuelto quedándose con el poder. ¡Malditas ambiciones que confabulan
traiciones¡ Y Blasco Peñaherrera que ponderaba valores, cayó en la lista negra de León
Febres Cordero. Pobre hombre entontecido por las ambiciones; no es ni de sal ni de
dulce; ni oligarca ni hombre llano; ni intelectual ni ignorante. Es un raro híbrido, de
esos que a veces nacen en la política para hacerle el juego a la oligarquía.
Pero los actos insolentes de esta tropa obcecada, tampoco pueden ser santificados.
El matar a sangre fría a sus compañeros de armas; vejar cobardemente a funcionarios
indefensos; defender a ultranza la figura de un hombre y no la majestuosidad de una
causa; creer ingenuamente en la palabra de un mercader. Se pensaba que estas
reacciones violentas de la tropa era una cuestión del pasado. En la guerra de las “cuatro
horas”, la tropa asesinó sin piedad a su comandante legítimo (comandante Patiño);
Pedro Montero fue asesinado y arrastrado por la tropa que él mismo había formado y
consentido; Anwar el Sadat es victimado por sus tropas de confianza; Indira Gandy fue
acribillada por una soldada fanática y complotada.
La democracia es una forma de gobierno, no la primera ni la más óptima como
quiere catalogarla obstinadamente el etnocentrismo occidental. Es una forma de
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gobierno que debe adaptarse eficientemente al entorno cultural en que va ha ser
aplicada. Las democracias de los pueblos amerindios, eran casi perfectas composiciones
de una estructura social equilibrada. Su funcionalidad las hacía permanentes, sus
procesos, funcionales. No es cierto que existan formas de gobierno buenas o malas;
Malinowski demostró que las sociedades van creando sus propios organismos, capaces
de satisfacer sus propias necesidades. Cuando los órganos sociales o estatales no
funcionan o no satisfacen sus necesidades, la misma sociedad tiene la tendencia a
eliminarlos. He ahí el problema de las dictaduras, tan proliferantes en Latinoamérica
(aunque los norteamericanos se esfuerzan por no permitirlas; no mirando sus pecados de
la época en que las fomentaban). La democracia será la mejor forma de gobierno en
cuanto sea capaz de adaptarse a nuestros entornos culturales.
Y así un día murió el poco idealismo que aún habitaba en nuestra patria. Yo me
pregunto ahora: ¿En dónde pudo haber existido un país, en el que sus libertadores no
sean disidentes, y los progresistas, sean coidearios de los generadores de opresión y
miseria? Los zares detestaban a Mihaíl Bakunin porque atentaba contra su Estado
amorfo y anacrónico; él quería la anarquía, la comunidad igualitaria; una sociedad más
justa y sin abusos. Voltaire por su parte, odiaba los abusos del poder despótico aunque
lo reconocía y legitimaba; ridiculizaba el absurdo y lo hacía una vivencia alegre;
siempre debió vivir en la frontera para poder huir de la ira de los luises. Recordando a
Jesucristo, nunca se ha alejado de mi mente, el único testimonio escrito que existe sobre
la presencia de Jesús en la tierra, y es que Flavio Josefo (historiador judío) lo pinta en
pocas líneas como un bandido delincuente. En este Gobierno se asesinó a los integrantes
de Alfaro Vive Carajo. No puede existir democracia sin un Gobierno respetuoso de las
leyes. El Estado tiene su propósito claro, abstraído de la lógica social con que se
estructuran los pueblos. Él es el regulador de la vida jurídica de los hombres y las
instituciones; él es el catalizador de las buenas y malas circunstancias en que vive un
pueblo. Él es la recta razón. Si él mismo no respeta el marco de su institucionalidad ¿de
qué democracia estamos hablando? El respeto a la vida, a la honra, a la opinión adversa,
ese es el marco de una sociedad vivible; lo contrario es una mentira bastarda de una
democracia endeble. Elisse Reclus, creía en el progreso pero también amaba el
desorden, porque a veces el desorden es el mejor estado para crear el orden, la
organización y la estructura; sin embargo, su vida y sus ideas eran respetadas. Luís
Blanqui, era un rebelde consuetudinario que amaba lo popular, lo comunitario; su
máximo orgullo era que se lo llame socialista, y vivía y existía para ello, sin embargo, la
sociedad le toleraba y su vida era respetada. Pero Febres Cordero no, con él las cosas o
son negro o blanco; o es de derecha o no es nada. La mente de Febres Cordero es
concubina de la de Louis Bonald: solo sirve lo tradicional, lo prejuicioso, lo clásico, lo
chauvinista, de tal manera que los sectores progresistas del país, al igual que los
españoles, están esperando treinta años para que se muera Carlos II, y no se muere el
terco y nos mata de esperanzas.
En este mismo corredor viciado de inmoralidades, habita la concupiscencia. Ellos
hacen orgías en el balneario de Salinas, traen las mujeres más sensuales de las playas de
Miami y viva la sodomía y el hedonismo, la droga y las infidelidades ¿Y el pueblo
ecuatoriano? El pueblo que se muera de hambre.
La corrupción es tan igual o peor que la siete plagas de Egipto. Enflaquece a los
pueblos y debilita su espíritu. La cultura de la corrupción debe ser eliminada de la mente
de los ciudadanos, desgraciadamente, los patrones culturales solo pueden ser eliminados
por la coacción o la violencia. García Moreno puso el látigo delante de los funcionarios
públicos y los hizo honestos; en la China acostumbran a “volar la mano” de los rateros y
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los ponían rectos; los cuáqueros norteamericanos colgaban a los delincuentes y
honraban la justiccia.
Al alejarse Febres Cordero del poder, dejó la nefasta idea de que la oligarquía no
había cedido en nada su hegemonía; las 16 familias de la aristocracia se mantenían tan
vigentes como en la época de la Independencia. Este ilustre personaje manejó al
Ecuador con cierta arbitrariedad garciana; estilo somocista y estrategia maquiavélica.
¡Viva el rey Febres Cordero¡ Assarhaddon era rey de reyes y no se creía tanto; a Barrás
le decían “rey” por sus formas excéntricas y cortesanas, y no se creía tanto; al nuestro le
digamos sátrapa, bey, dey, jedive, al final todo lo absurdo calza.
Hasta que le tocó el momento de gobernar al Dr. Rodrigo Borja Cevallos. Hombre
medianamente carismático, honrado, persistente y “disque” antimilitarista. Su forma de
ser y actuar despertaba a veces una cierta antipatía en el pueblo y la milicia. Lo
interesante de esta época es que aquí aparece un movimiento de jóvenes oficiales
reformistas; una nueva generación con una preparación académica excepcional, gran
misticismo y una elevada conciencia social. Los generales Gallardo, Moncayo,
Iturralde, Carlomagno Andrade, etc. marcan el inicio de una nueva época que en
definitiva, trata de cambiar el rol tradicional de Fuerzas Armadas. Los cuarteles se
convierten en el centro del apoyo al desarrollo a la población indígena. Esta labor le
cuesta un gran esfuerzo a las tropas; el trabajo se realiza con recursos muy limitados
pero con un gran entusiasmo; se trabaja sábados y domingos, sin descanso. Los
indígenas de la Sierra, tradicionalmente marginados, no logran comprender la magnitud
de la empresa y creen que es un trabajo de inteligencia militar. En realidad, los estudios
prospectivos de la Academia de Guerra indicaban que el indigenado era un gigante
dormido que tendría un gran protagonismo en el próximo milenio. Sin embargo, la clase
política y la oligarquía seran incapaces de darse cuenta, o si lo hacían no les interesaba.
El general Gallardo es uno de los máximos propulsores de esta propuesta.
Esta actividad humana, que aparentemente no tiene connotación alguna, pronto se
convierte en una actividad político-militar. Los comandantes son calificados en base a
estas ejecutorias, por lo tanto, las diversas unidades se adentran por completo en este
trabajo que relega inclusive a las actividades militares. Esta situación político militar
tiene doble lectura en los mandos militares: por un lado la gratitud de la población
pauperizada que ve con buenos ojos la acción social de los soldados, y por otro, el
interés de los gobernantes nacionales y provinciales, por beneficiarse del trabajo de
Fuerzas Armadas en provecho personal y partidista. Sin embargo, el poder político es
incapaz de darse cuenta del nuevo fenómeno social que se iba gestando: en el trabajo de
apoyo al desarrollo, el soldado y el oficial joven van tomando paulatinamente
conciencia de la realidad social, es decir, su contacto con el indígena marginado y los
pobres en general, le convierten en un ente solidario; afecto con el desposeído; crítico
mordaz con la ineficiencia administrativa, aspecto que nunca había sucedido a lo largo
de la historia nacional. El soldado ve con mucha preocupación la miseria, el abandono,
la marginación, la desnutrición; mientras que por el lado gubernamental observa una
burocracia ociosa, corrupta e ineficaz.
El período del Dr. Borja, parece morir sin pena ni gloria en la conciencia de los
ecuatorianos. Richelieu y Mazarino, tenían por arte cruel la intriga política y las falsas
componendas; a sus adversarios los adulaban con tanta prestancia que hasta parecían sus
amigos; luego los utilizaban, sacaban provecho de sus debilidades y los liquidaban. Uno
de los aspectos más admirables en el Dr. Borja, es su gran habilidad política y su
honestidad. Simple y llanamente a los sindicatos los tuvo mudos, sordos y ciegos;
incapaces de generar expectativas. Los socialistas de viejo cuño se escondieron
apavorados detrás de la cortina de humo que levantó la caída del muro de Berlín. Los
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estudiantes se silenciaron, corroborando el axioma de Montalvo que condena las
juventudes silenciosas. Alfaro Vive entregó las tibias armas que no habían sido capaces
de emplearlas: vergüenza para Capodistria; los hermanos Ipsilanti huyen de la cobardía;
Cadorna es indigno de su propio cuño ¿y Espartaco? Espartaco muere en la agonía de su
propia rebeldía. Alfaro Vive cayó en la miserable situación de huir sin varonía. Los
viejos palicardos no daban su brazo a torcer por el simple hecho de encontrar un
adversario poderoso; eso precisamente les hacía más feroces; la libertad era un precio
que no tenía límites. Los Kleftos no eran diferentes. El Sing Fein ha hecho tales proezas
de valentía que los ingleses han tenido que aceptar su temeraria vigencia. Ho Chi Ming
creía que la fortaleza de un grupo radicaba en la convicción de su líder; los líderes
timoratos solo llevan a tibios objetivos; la audacia los asusta, la temeridad los acongoja.
Es por eso que el Che Guevara será siempre el símbolo de la fortaleza moral e idealismo
perenne. Las grandes causas no piden de pequeños comediantes.
Los sindicatos y los sindicalistas se dejaron chantajear cual vulgares odaliscas;
geishas de sus propias convicciones. Daba pena ver las ruinas de sus viejos monumentos
en que se levantó el desplome de antañas dictaduras. Velasco sudaba copiosamente ante
la sola idea de que le paralizaran el país; que le desestabilizaran su régimen. La
dictadura del 63 ni siquiera se podía plantar frente al estruendo de su reto. Las Trade
Unions de papel habían muerto.
El escenario político de éste período presidencial murió exactamente igual a la
tristeza de sus comediantes. Políticos que no había cambiado en nada su repugnante
discurso; un pueblo apático y aburrido de su propio destino; unos sectores sociales
confundidos en las redes de sus propias incongruencias, y un Estado atascado, sin timón
ni timonel de proa, pesado y corroído en sus propias articulaciones. El pueblo vital que
generó la diáspora del 77, duró dos mil años hasta plasmar sus ideales; Mayo del 68
marca la protesta de una generación que pide la ruptura de los viejos paradigmas. Los
pueblos oprimidos hacen de la cobardía un silencio, de la mentira de sus líderes una
complicidad redentorista.
Don Sixto Duran Ballén era de vieja prosapia. Hombre de nobles virtudes y formas
castellanas. Su familia era de las más ilustres dentro de los “gran cacao”; esos
tristemente célebres explotadores que dispendiaron la riqueza que en algo se generó en
el país, a raíz de su “boom” de exportación. Estos tipos eran por demás genuinos: se
llevaban el dinero de las exportaciones para invertirlo en París; nada de lo nacional valía
para ellos; sus hijos se educaban en Francia y no sabían ni siquiera hablar el castellano.
Compraban mansiones en Europa para veranear la mitad del año, y vayan a ver ustedes
si quedaba algo para los trabajadores. La disputa por la hegemonía, en realidad, se daba
entre unas pocas familias: los Aspiazu y los Seminarios; los Puga Cerro y los Durán
Ballén; los Caamaño y los Icaza, etc. Todos la misma mescolanza, viviendo en la misma
trabucada.
Sixto Durán Ballén es un buen hombre, sano, católico; tiene la dulce apariencia de
un abuelo bonachón; también vende cuidadosamente la imagen de ser un hombre
curuchupa y entrañable padre. Desgraciadamente sus amigos, su familia, sus agnados y
cognados se entrometen y se dan a la dulce tarea de poner funcionarios, cargos,
desquites, pagos y gratificaciones durante su período presidencial. Las hijas de Quiroga
defienden a su padre prócer; las de Leucipo disfrutan; las de Labán apuntalan las
generaciones del futuro. ¿Y las de Durán ballén? ellas son las caprichosas Herodías que
viven de la concupiscencia política del momento; aprovechan, ponen dignatarios, hacen
y deshacen del partido... piden a su padre la cabeza de la pobre y endémica democracia
ecuatoriana.
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El partido Social Cristiano, debió tomar un trago amargo al aceptar que un hijo de
su propio vientre lo había desollado. Nebot tuvo que aceptar caballerosamente la derrota
y lloraron a mejillazos padre putativo e hijo. Para Nebot, el derrotar a Durán Ballén era
cuestión de trámite. Pero la historia que tiene todas las soluciones de la vida, le dijo no,
y le postró para el resto de sus días.
Durante el período del Arq. Sixto Durán Ballén, los soldados dedican la mayor
parte de su tiempo a ayudar a los indígenas en la construcción de escuelas, servicios
básicos, canchas deportivas, capillas, centros cívicos, etc. En la Costa, sobre todo en el
cordón fronterizo y Guayaquil, se construye vivienda para los marginados; se da
asistencia médica a los desposeídos, con prioridad a los niños; se obsequia útiles
escolares; se proporciona capacitación en el área artesanal y agrícola. En el Oriente se
realiza un trabajo similar.
Para esta época, la oficialidad joven observa a sus mandos demasiado politizados.
El esquema filosófico del apoyo al desarrollo se ha tergiversado. Ahora se conoce que el
general Gallardo hace proselitismo político con miras a la presidencia de la República.
Existe un rechazo a su candidatura porque la gente se siente utilizada. Los demás
generales siguen su misma línea.
Por otro lado, la tropa y los oficiales subalternos inician una larga etapa de pobreza
y restricciones. El voluntario debe ganarse la vida por la noche conduciendo taxis o
buscándose cualquier negocio. Los oficiales jóvenes no tienen ingresos que les
proporcione una subsistencia digna. En estas circunstancias se da la “Guerra del
Cenepa”. Los problemas limítrofes con el Perú, a más de nunca ser solucionados,
llevaban siempre una connotación de resentimiento y frustración. El Alto Mando Militar
del 95 fueron mandos medios en el 81; los mandos medios del 95, fueron oficiales
subalternos en el 81. La dictadura de los años 70 desgraciadamente desprofesionalizó a
nuestros mandos y los convirtió en políticos. Cuando llegó el problema del 81, simple y
llanamente no estabamos adecuadamente preparados para afrontar el conflicto. Sin
embargo, esta situación constituyó un desafío para las nuevas generaciones, los mandos
en todos los niveles debían prepararse y eso es lo que se hizo en el futuro.
El Ejército del 95, no estaba concentrado precisamente en el entrenamiento militar
cuando se inició el conflicto del Cenepa. Tenía la mayor cantidad de sus tropas
empleadas en el apoyo al desarrollo; sin embargo, el Alto Mando del Ejército era uno de
los más brillantes que se haya conocido; pues habíamos dicho anteriormente que ellos
eran la generación “ilustrada” y los propulsores del nuevo prototipo del militar
“multifasético” al servicio de la sociedad. En esta gesta brillarán por siempre el general
Gallardo, Bayas, Ortega, Moncayo y otros; los oficiales jóvenes lamentábamos la
ausencia de los generales Miguel Iturralde y Carlomagno Andrade, estamos seguros que
su papel en este hecho histórico hubiera sido ejemplar y valeroso como fueron todos los
actos de su vida. Los grandes comandantes nunca mueren. Cuando Epaminondas
agonizaba en el campo de batalla y su tropa lamentaba su ausencia eterna, él decía que
no moriría, que quedaba perenne y dejaba como herencia su arte estratégico de Leutra.
El Almirante Nelson murió sin tener la certeza de haber derrotado a sus eternos rivales
los franceses, pero con la convicción de que sus tropas sí lo harían; Francisco
Bolognessi Cervantes dio un ejemplo de honor militar al morir en el sagrado
cumplimiento del deber, en la batalla del Morro de Arica: “Hasta el último cartucho”.
Este es el afecto que sentimos por esos dignos comandantes.
Luego del Conflicto del Cenepa, el gobierno de Durán Ballén salió fortalecido. La
habilidad diplomática del Dr. Leoro Franco había logrado sentarles en la mesa de
negociaciones a los peruanos. La tensión entre los dos países aunque encubierta se
mantenía latente.
21
El gobierno del Arq. Durán Ballén, por su parte, no había perdido la esencia de su
verdadera naturaleza. Era el cuento del zorro y el escorpión (el escorpión le pide al
zorro que le ayude a pasar el río porque no sabe nadar; el zorro le replica que no porque
le puede picar. El escorpión le ruega y al final el zorro acepta. En la mitad del río el
escorpión le pica, y el zorro le reclama diciendo que había roto su promesa, a lo que el
escorpión responde sentenciosamente: es que no puedo contenerme, esa es mi
naturaleza). Desde nuestro punto de vista, este Gobierno no era de lo mejor pero
tampoco hacía daño. La estrella fulgurante de la corrupción fue el vicepresidente
Alberto Dahik, al más flagrante estilo “marquiano” (Dahik era hechura de Febres
Cordero). Los fondos reservados de la vicepresidencia fueron festinados, como si éstos
fueran mal habidos; los escándalos de inmoralidad eran al orden del día, en un marasmo
sodomita que parecía no tener límite. Porfirio Díaz (general de Benito Juárez), sometió
a México durante treinta años a un régimen de corrupción nunca antes visto: regaló el
petróleo a los norteamericanos; enriqueció a la aristocracia con pingües negocios; creó
una pequeña “bella epoque” al más genuino estilo francés, con un latifundismo que
execraba al indigenado y privilegiaba la explotación. Marcos Pérez Jiménez nos vendió
la copiosa idea a los latinoamericanos, de que lo esencial en un gobernante es “hacer
obra”, sin importar la moralidad o inmoralidad con que el gobernante actúe, en una
especie de determinismo amoral; media Venezuela fue a parar en España. Los monarcas
absolutistas, creían que por derecho divino les estaba otorgada la potestad de saquear y
oprimir al pueblo; este esquema mental no ha cambiado en nada en nuestros
empobrecidos países, que no pueden ni siquiera salir del feudalismo.
Hasta que al fin llegó... llegó el Mesías prometido; el redentor del pueblo. Por sus
orígenes entre fenicios y filisteos ama el dinero con demasiada premura; duerme con él,
sueña con él, no se dejan un momento ni el uno ni el otro. Abdalá Bucaram, hombre
nefasto; quinto jinete del apocalipsis. Nunca un político en la historia ecuatoriana fue
más avezado, audaz y embustero.
Cuando fue entrenador de educación física, era en verdad pobre, llegaba en bus a
sus tareas diarias, cargado de su furia arrabalera. Podríamos darle, tomando el criterio
de Hobbes y Rouseau (sobre la inocencia y bondad del hombre), el beneficio de la duda;
¿pero después qué? El supercuñado en acción. En este país en que se gobierna por
familias, el aparecimiento de beduinos, benimérides, turcos u otros, sembraron un nuevo
tipo de sectarismo basado en la cultura y la nacionalidad de origen. Los libaneses se han
ido tomando poco a poco el país; han hecho sus fortunas por las buenas y por las malas.
Las familias entronadas en el poder cuán trágicas han sido para la humanidad. Los
Borgia corrompiendo la supuesta santidad del Vaticano; los Salinas de Gortari
combinando el uso del poder con el chantaje y el crimen; los Somoza alternándose a
perpetuidad la presidencia de la República y adueñándose de toda la riqueza del Estado;
los Chamorros, los Lleras, Torre Tagle, etc.
Aquí los Bucaram se han adueñado de la vida política del país. Don Buca, dueño
del CFP, lo deja en herencia a sus hijos Averroes y Avicenas. Pero antes de esto le cede
el puesto de presidente de la República a Jaime Roldós, esposo de su sobrina Martha.
Como los Bucaram se dividen con los Roldós (a raíz de la pelea de don Buca con
Jaime), automáticamente se forma otra línea de sucesión: Los Bucaram Ortiz. Y aquí
viene otro embrollo. Ellos son alcaldes de Guayaquil (Abdalá y Elsa), luego presidentes,
ministros, diputados, todo lo quieren ser a cualquier precio. Pero ellos no están solos,
están debidamente acompañados de otros clanes, y allí aparecen: los Adum, los Azahar,
los Salem, los Sicouret, los Sanoni, etc. ¿Y el país?... ¿y él? Tonto y obediente como
buen siervo de la gleba.
22
Pero el clan político no es solo de los Bucaram. Existe otro clan político libanés que
impera en el socialcristianismo, y éste lo conforman: los Nebot, los Saadi, los Saud, los
Isaías, los Barquet, los Masú, los Marún, etc. ¡Pobre Ecuador, gobernado por los
mercaderes¡ Parecería que ya no hay ecuatorianos.
Bucaram en Carondelet, es el gobernante más trágico del último período
democrático. La Presidencia de la República lo disputan dos ecuatorianos de origen
libanés, que indudablemente manejan el mismo estilo de hacer política: Nebot y
Bucaram. El pueblo en realidad no sabe que escoger. Al pueblo esta democracia
enfermiza no le da alternativa; lo tiene “achagnado” a la estaca de su ignominia. Sus
políticos (con las honrosas excepciones, que es necesario puntualizar), son los
“neohunos” de sofisticados atilas: el saqueo es la nueva bondad de sus virtudes, han
perdido los escrúpulos. La aplicación de la pena de muerte por traición a la patria, fue el
gran secreto de los grandes estadistas. Pero la “traición a la patria” no solamente se le
puede aplicar al pobre y humilde soldado que abandona su bandera. Traidor a la patria
es el político ladrón que esquilma los escasos dineros del erario público; es el banquero
inescrupuloso que trama un atraco público con la complicidad de las leyes y el
Congreso; es el juez improbó que vende su sentencia por un manojo de denarios
corroídos; es el narcotraficante que siembra perdición y corruptela. Pienso que García
Moreno ganó la lucha eterna que mantenía con Juan Montalvo, pese a que los
apologetas dicen que la pluma de Montalvo asesinó a García Moreno. Montalvo se dio
cuenta aunque tardíamente, que los grandes estadistas no se dan todos los días. Pues sus
amados “disque liberales” le iban fallando de uno en uno: Borrero, Veintemilla, los
“burgocacaoteros”, Urbina, etc. Luego de ver las tragedias gubernamentales, con el tono
cruzado diría que “con las cosas que han pasado en el Ecuador, de buena gana me
quedaría con el “Gran Tirano”. Rocafuerte ejecutó más personas todavía que García
Moreno. Alfaro los fusilaba al estilo de Pedro el Grande (por escogitamiento). De ésta
manera las cosas marchaban por las buenas o las malas, buscando el fin último de la
política: el bien común. En los delitos contra el Estado, en la actualidad, ya no solo
puede considerarse el de alta traición a la patria, que en última instancia es una
abstracción espiritual de corte greco-romano; existen nuevos delitos contra el Estado
como son: el peculado público, el narcotráfico y la corrupción gubernamental.
Poco tiempo fue demasiado para las fechorías del gobierno de Bucaram. Las
aduanas se convirtieron en el botín de CooK; Morgan merodea los puertos, las aduanas
y los ministerios jugosos; Ali Baba impera en “corruptilandia”. ¿Y Jacobito? el aprende
con sus nodrizas los vistaforadores, la manera más ingenua de hacer su primer
“milloncito” de dólares. Para poner más humor en esta tragedia circense, otro libanés
soliviantado por la plata, pretende mancillar la dignidad de los funcionarios públicos de
Petroecuador. Él en sí es un mamotreto, para mejorarlo le llaman “Cromagnón”. Es de
los más grandes inversionistas de la campaña de Bucaram, sino que la gente de mala
anda diciendo que le han puesto en esa función para recuperar su inversión de campaña.
Lo cierto es que esta gavilla de inescrupulosos nos creen tontos e incompetentes.
Cuando la corrupción de un gobernante llega a los límites de la intolerancia, el pueblo
tiene el derecho legítimo de defenestrarlo, no revocarlo (que es la teoría de los
politiqueros). Inglaterra pide la cabeza del abusivo Carlos I de manos de Oliverio
Cronwell; a Luís XVI le cortan la misma por los excesos de su clase; Iturbide, no
contento con haberse enriquecido ilícitamente y asesinado a los patriotas mexicanos,
ahora se cree patriota y pretende gobernar un imperio. Un pueblo digno, jamás debe
permitir que un ladronzuelo pretenda mofarse de su soberanía. Benito Juárez es el
símbolo de la nación latinoamericana: mestizo de alta alcurnia, mesurado, valiente,
digno; dio honor y dignidad a su pueblo. Francisco Morazán es el símbolo de la unión
23
latinoamericana; jamás un ciudadano fue más latinoamericano. Por su valentía,
Policarpa Salvarrieta debería inspirarnos coraje; Manuela Sáenz ; la Arce ; la Machado,
Josefina Barba. Porque paradójicamente son las mujeres quienes crean sus barones.
Castigar a los “delincuentes de cuello blanco” debe ser un asunto de intifada.
Para la juventud militar, la presencia de Bucaram en el poder, no dejaba de ser
ridícula, histriónica y populista. Detestaba el hecho de que sus mandos le acompañaran
en sus desafueros en una forma servil. Los generales de Hitler le acolitaban
incondicionalmente a este demente, y el mundo tuvo que poner una cuota de más de
sesenta millones de muertos para satisfacer sus caprichos; los coroneles del Duque de
Alba, le obedecían ciegamente a este noble deprimido, que no encontraba otra
satisfacción que humillar a los hombres frente al garrote. El Ecuador estaba convertido
en un circo. Los generales que en la época de Febres Cordero habían enjuiciado a
Bucaram, ahora se acurrucan bajo su manto de bondades; querían comer de sus manos y
beber de su boca; y no faltó alguno de ellos, que como un General, de “cuyo nombre no
quiero acordarme”, convertido en delincuente, huya junto a su jefe y a su amante.
Y las cosas se dieron como se predijo: “¿Qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y
se ensarta?”. El farsante cayó por sus propios actos. Bucaram partía del principio
maquiavélico de que todo en la vida tiene su precio, y por lo tanto, la política es una
eterna subasta. Todo junto a él se deteriora: el municipio, la presidencia, la
administración pública, la política, el Congreso, todo se convierte en un mercado; la
cueva de Rolando es el recinto donde sesionan los honorables diputados; la
Administración Pública se resiste a salir de su barrio San Andrés. La familia Bucaram
es el octavo pasajero y los ministros la “caravana del humor”. Ya nadie confía en ellos,
pero ellos son tan sinvergüenzas que insisten en engañarle al pueblo.
Los errores fueron tantos y se acumularon tan estrepitosamente que pronto se
convirtió en el blanco de la oligarquía tradicional: El viaje al Perú para reconocer
nuestras “mutuas culpas” junto a Fujimori; el caso mochilas escolares; el caso aduanas;
el caso presentaciones artísticas; el caso guatita; el caso opulencias; el caso Adoum; el
caso tronchas. Bucaram era un relapso (vuelto a caer) al igual que el pueblo
ecuatoriano; el uno seguía siendo farsante y el otro ingenuo. Sor Patrocinio es su
asesora. Detrás de él están los “carpet baggers” (políticos oportunistas que se hacían
elegir por los negros para usufructuar del Estado).
Nerón se creía que era un gran poeta y cantante, y acompañaba sus ridículos versos
con la dulce melodía de la lira; Séneca y sus cortesanos lelos tenían por obligación el
escucharlo, y aplaudir, y dar lisonjas, y vivar al Emperador; aquí, los que debían
soportar a Bucaram eran sus incondicionales ministros, todos en el mismo báculo,
disfrutando de la misma tontería. Bucaram actúa en la atelana y el resto ríe y se
carcajadea; sus córegos son sus financistas de campaña.
La caída de Abdalá Bucaram inició en su propia lengua; en sus propios gustos; en
sus propios excesos. En la Academia de Guerra se reflejó lo que posible o seguramente
era el sentimiento general de FF.AA.: los militares no toleraban a Bucaram como
presidente de la República y mucho menos como Comandante en Jefe. El general
Moncayo, solo capitalizaba esa inconformidad, pero a su vez creaba el escenario de su
salida. El primer paso consistió en debilitar la imagen del ministro de Defensa, general
Víctor Bayas, acusándolo de ser parte de un negociado de armas que se produjo en la
Guerra del Cenepa. El segundo fue quitarle el liderazgo y la capacidad moral de influir
frente a los generales; esta situación fue la que realmente causó su caída. Pero antes de
eso, el ministro Bayas tuvo la oportunidad de conversar con los alumnos de la
Academia de Guerra y escuchar el criterio que tenían ellos del Presidente y sus
ministros: “Nos daba vergüenza que usted sea ministro de Defensa de un Gobierno
24
corrupto y arbitrario; deploramos los procedimientos de Bucaram; no es digno de ser
nuestro Comandante en Jefe”. Pienso que en aquella ocasión, el ministro de Defensa,
pudo observar la tirria y el desprecio que sentía la oficialidad hacia el Presidente. Es
más que seguro que salió defraudado de aquella reunión, pese a que trató de apaciguar
la indignación. El inicio del fin del gobierno de Bucaram estaba trazado.
Es indiscutible que fue una gran equivocación de Bucaram, nombrarle como Jefe
del Comando Conjunto de las FF.AA. al general Moncayo. Pensó que este general era
cotizable o “mangoneable” como cualquier otro de sus funcionarios, o que podía
“ningunearle” o utilizarle como al general Vargas (ministro de Gobierno). Nos causó
una profunda pena verle al general Vargas utilizado por Bucaram por el simple hecho de
haberle dado el “cargo”. Moncayo era muy distinto. A lo largo de su carrera militar,
siempre expresó con mucha frontalidad sus puntos de vista; renegó de la corrupción y
siempre fue un hombre en constante creatividad. Nosotros internamente sabíamos que
Bucaram no podría manipularle. Así fue, desde el comienzo se lo vio alejado y atento a
los desaciertos de éste.
Bucaram a la fecha se había “abierto muchos frentes de batalla”. Por decir algunos:
La oligarquía no estaba conforme con su suerte al tener que lidiar con este
“burgopopulista”; Febres Cordero no podía verse subordinado a la voluntad de
Bucaram, como alcalde de Guayaquil; Nebot no podía salir todavía de su “shock” de
derrotado y humillado en las elecciones; Vladimiro Alvarez y Mahuad habían sido
pegados y ofendidos por los Bucaram en el Congreso Nacional; Rodrigo Borja recibió
insultos a su varonía y defectos personales. Siendo así, los diferentes partidos políticos
se complotaron para votarle. Mahuad por su cuenta y riesgo conspira y organiza la caída
desde la Alcaldía de Quito; el Sr. Alarcón, luego de haber sido el alcahuete de Bucaram
en el Congreso y haber sido puesto por él (en oscuras componendas) como presidente
del mismo, decide traicionarle y también orquesta su caída. Y así se organiza la gran
marcha para derrocar a Bucaram: La oligarquía no tuvo ningún problema en pagar las
multitudes que debían marchar sobre el Palacio de Gobierno.
La estrategia para el “golpe de Estado” contra Bucaram estaba dada. Los medios de
comunicación debían orquestar las acciones psicológicas pertinentes, a través de la
prensa amarilla, dirigida por ellos mismos. El Congreso ejecutaría el “trabajo sucio”:
Legitimar lo ilegitimable; fisurar los travesaños más endebles de la democracia y sacar
un Presidente cuestionado para poner otro peor. Pero la gran culpa no es sólo del
Congreso Nacional. Para esta “cruzada cívica” se han unido tirios y troyanos. El
Consejo de Generales, con el general Moncayo a la cabeza, se prestan también para el
sainete trágico; no saben si ponerle o no a Rosalía Arteaga en la Presidencia de la
República, y se da una patente de corso al Congreso Nacional, para que éste, en la
forma más absurda caiga en las fauces del Sr. Febres Cordero. Es entonces que la
oligarquía, máxima preceptora de la democracia en el país, retoma el control de la
situación. Los generales y la embajada de los EE.UU. se ven en la “engorrosa situación”
de dar solución a lo que el país internamente no puede: organizarse y hacer cumplir sus
leyes.
Los norteamericanos con la Doctrina Monroe, y la Sociedad de Naciones con el
pretexto de la seguridad mundial, se inventaron algo nuevo, que para la época era
interesante: Los protectorados y las áreas de influencia. A nombre de estas
desproporciones el mundo se convirtió en una parcela de los imperialistas. Los países
del Primer Mundo se creen que ellos tienen la potestad de hacer y deshacer de nuestro
destino. La embajada norteamericana, desgraciadamente, se convierte en la rectora de
nuestros destinos, y nos dice lo que tenemos que hacer y lo que no debemos hacer. Ya
no existe: “marines”, “legiones extranjeras”, “bandeirantes”, “argonautas”, es cierto,
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pero a cambio ahora nos controlan y someten con el Banco Mundial, Fondo Monetario
Internacional, Corporación Andina de Fomento, Club de París, etc. Los pueblos
honorables se forjan en la fortaleza espiritual de la colina de Masada; en el orgullo de
Numancia; en el campo del honor de Diem Bien Phu; dejan sus cadenas corroídas a lo
largo del camino de Padua. Los pueblos “enanizados” por la cobardía, por el contrario,
dicen amar la paz a nombre de lo cual llevan un trozo de majada en su rostro; toleran a
sus opresores como si estos fueran su fuente de vida; besan la mano del amo a cambio
de un miserable mendrugo. Los pueblos dignos lo que necesitan es una decena de armas
limpias y un par de líderes con un cristal de alma. A Ho Chi Ming y Guiap, el pueblo
vietnamita le guarda un respeto profundo por su valor y constancia; Arabi hizo temblar
a sus conquistadores con su fiera rebeldía; Abd el Krim y Abd el Kader, ennoblecieron a
sus pueblos con la límpida aura del grito de libertad. Aquí, en nuestra patria, viene un
embajador americano y critica al Gobierno y sus funcionarios, y no pasa nada. Viene el
Fondo Monetario Internacional, impone su política neoliberal, y si no le hacemos caso
amenaza con rompernos económicamente.
El Concejo de Generales y la embajada norteamericana, las entidades menos
indicadas, se convierten en instituciones dirimentes; se arrogan la potestad
inconstitucional de decidir el futuro del país. El Congreso y la oligarquía, en flagrante
sodomía, miran con entusiasmo la democracia pisoteada.
Caído Bucaram, llega al poder de la República el Dr. Fabián Alarcón Rivera.
Alguna vez la prensa muy preocupada habló por la “alarconización política” del país.
Con esto, no se quería decir otra cosa sino que nuestra política estaba plagada de
políticos al estilo de Alarcón; es decir, un tipo de políticos vivarachos, oportunistas,
amarradores, preocupados solamente de sus propios intereses. Y Alarcón era eso, era
nuestro querido “Rey Caucus”. Él hizo todo el amarre asqueroso para traicionar a
Bucaram; luego, consiguió los votos necesarios para destituirle y hacerse nombrar
Presidente. Nunca un aventurero político consiguió con tanta facilidad hacerse del poder
con la venia de todo el mundo. Los Salazar a fines del siglo pasado (Francisco y Vicente
Lucio), andaban que coqueteaban con el poder de un lado para el otro; hacían de la
intriga y el oportunismo un modo de vida político; eran unos enamorados del poder; la
moral no era precisamente una aliada de sus “santas” intenciones. Alberto Guerrero
Martínez, era otro “curita” parcha democracias, andaba en todas y se las sabía todas:
ambicioso, intrigante, oportunista, hizo de la democracia un burladero desde donde él
cosechaba los mejores aplausos. Terminó orquestando un horroroso fraude a favor de su
“bien amado” sobrino, don Juan de Dios Martínez Mera. Los Freile Larrea y
Zaldumbide tampoco fueron la excepción; Abelardo Montalvo, Baquerizo Moreno,
Andrade Marín, Moreno Espinosa, y otros, fueron un manojo de rompe patrias en busca
permanente de cuotas de poder.
En el ámbito militar, causó tristeza y preocupación la designación del nuevo
Presidente. ¿Pero cuáles fueron las razones para que una persona que luchó contra los
vicios de la democracia, como era el caso del general Moncayo, permitiera que Alarcón
sea Presidente? Pienso que él alguna vez deberá dar esa respuesta a la historia. Sin
embargo, este Presidente no fue “ni chicha ni limonada” en la institución armada;
siempre se le consideró un oportunista, un político “bailarín”. Su desmedida ambición
hizo que se prolongará en el mandato y encubriera uno de los atracos más nefastos: el de
su ministro Verduga. Este pequeño verdugo se fue llevando el dinero del pueblo
ecuatoriano, de la manera más vil y descarada. El pueblo y sus Fuerzas Armadas se
quedaron una vez más burlados y decepcionados. La corrupción era una institución que
permitía ver su alma pero no su rostro. Sin embargo, este ciudadano siguió campante.
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Dentro de este pobre período presidencial, es rescatable la posición del general Yandún,
el cual desde Cuenca denuncia la corrupción del Gobierno.
El problema de este tipo de gobiernos, nacidos de la oscuridad de la conspiración,
es que pese a lo que se diga, siempre les queda el rasgo de ilegitimidad, y en verdad, son
un serio obstáculo en el proceso de maduración democrática. España se pasó casi un
siglo entero entre pronunciamientos, gestas y conspiraciones; los generales se creían
dueños del país (Riego, Narváez, Maroto, Espartero, Prim, O’Donnell, Serrano),
mientras los políticos no encontraban la manera de organizar una República (Castelar,
Sagasta, Ruíz Zorrilla, Pí y Margall), a la final no había ni República ni Monarquía, lo
único que había era caos y subdesarrollo.
En esta etapa republicana como en otras, la situación burocrática del país no era de
lo mejor. Tuvimos la oportunidad de trabajar en la provincia del Cañar. Este contacto
con la burocracia gubernamental, nos permitió darnos cuenta claramente de la realidad
administrativa nacional. La provincia del Cañar tenía dos problemas fundamentales a la
época: la primera, hace referencia al problema del fenómeno del niño, y la otra, a la
terrible pobreza en que vive el indigenado. Frente a la primera realidad, pudimos
observar la falta de altruismo y solidaridad de los políticos y burócratas para con los
damnificados; a los burócratas, lo único que les importaba era el dinero que
supuestamente debía asignarles el Gobierno para apoyar a esa gente humilde que había
sido afectada por la naturaleza. Todos se decían patriotas y solidarios. Cuando de
pronto, se supo que el Gobierno no asignaría el dinero requerido, simplemente a la
siguiente reunión de la Defensa Civil ya no asistió sino un número muy reducido de
funcionarios. Toda la responsabilidad debió asumir las fuerzas militares; sin embargo,
era nuestra obligación afrontar la situación con los pocos recursos disponibles. Con la
colaboración de los estudiantes y la Dirección Provincial de Educación, se hizo una
campaña para recolectar insumos para los indígenas y damnificados; debo reconocer
que fue un éxito moral: los jóvenes estudiantes revitalizaron nuestra fe en el futuro del
país; pues ellos con su juventud y empeño permitieron obtener todo tipo de vituallas y
alimentos. Pienso que algo se hizo por los desposeídos del Cañar.
La burocracia, cuan importante y necesaria es en la vida de un Estado. Ella es la
que administra, controla, impulsa, alienta el papel regulador e impulsor que le
corresponde al Estado. Ella es la encargada de materializar la ecuación geopolítica que
dice: El equilibrio social es igual a seguridad más desarrollo. Los estados que priorizan
su desarrollo en detrimento de su seguridad, son estados vulnerables a los factores
externos; por el contrario, aquellos que priorizan la seguridad en perjuicio del
desarrollo, serán vulnerables a los factores internos. Los estados que no fortalecen ni su
seguridad ni el desarrollo, serán vulnerables tanto a los factores internos como externos.
Pero en el Ecuador se han dado (algunos intelectuales y estadistas de pacotilla) por
pregonar la reducción indiscriminada del Estado y el desmantelamiento de la
burocracia. El Estado para los más prominentes geopolíticos, es una entidad que hay
que fortalecerla. A través de él un país irradia poder o debilidad frente al contexto
mundial. Pero no, para León Febres Cordero el Estado se debe empequeñecer y
empequeñecer; la burocracia debe desaparecer y debe desaparecer. Al escuchar esos
conceptos, Alfred Mahan y Harldford Mackinder se pegarían una buena risotada.
Autonomistas y neoliberales de “carcajada”. El verdadero poder y desarrollo de un
Estado se lo adquiere con un serio proceso de autarquía, en el cual se desarrolle una
adecuada superestructura, es decir, el marco ideológico en que va a marchar ese Estado.
¿Cómo podemos entender a EE.UU. o al Japón sin éste vital proceso? La era Meiji
Teno; el pragmatismo y funcionalismo norteamericano: James, Dewey. Los modelos
económicos, políticos y sociales que operativizan un sistema. Eso es seriedad. Ser
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capaces de crear nuestros propios modelos que nos permitan implementar la
infraestructura adecuada para poner en marcha éste lindo país, tan rico en recursos
materiales y humanos. Un grupo de políticos descalificados, se han dado a la poco noble
tarea de pretender desintegrar a nuestro Estado. Estos seudo estadistas sí necesitan
conocer el pensamiento de Haushofer y sus panregiones; a Colbert y su expansionismo
mercantilista; a Mahan y la teoría del poder marítimo; a Mackinder y su teoría del poder
terrestre; a Sversky, Cohen, McNamara, Kissinger; y a los últimos: Samuel Huntington,
Toffler, etc. La superestructura de un Estado, está diseñada para orientarlo hacia la
senda del poder, de la competitividad, de la expansión. Existen estados que en su
proceso vital ni siquiera llegan a conformarse y tienden a desaparecer. Por eso es
necesario que los estadistas se guíen por las leyes geopolíticas y no pierdan de vista los
contextos. Las leyes geopolíticas de Ratzel y Otto Maul, son unas buenas
recomendaciones para que los gobernantes no se olviden de lo que no tienen que dejar
de hacer.
No hemos sido capaces los pueblos latinoamericanos (a excepción de la era
Cepalina, con Prebisch, Cardoso y Gutiérrez), de generar nuestros propios modelos
económicos, políticos y sociales. Aclamamos al neoliberalismo, aún a sabiendas de que
este modelo no es el adecuado para nosotros. Herbert Marcuse criticó los modelos y
soluciones económicas de los pueblos avanzados, y criticó al hombre unidimensional,
diseñado para el consumismo; creía que la economía y la producción en el futuro
estarían orientadas hacia el fomento de las necesidades artificiales.
El hombre llegará a su libertad total, reemplazado por la cibernética, la informática
y la robótica; al fin tendrá quien lo reemplace en su trabajo. El neoliberalismo por su
parte, y corroborando lo anterior, es partidario de la producción a mansalva; es el
capitalismo salvaje, inhumano, expansivo. Busca reducir la intervención del Estado; la
liberación de los precios y la liberación del mercado laboral. Por simple lógica,
podemos darnos cuenta que éste es un modelo económico imperialista, hecho por y para
países desarrollados; estados con capacidad de irradiar poder e influencia de su
hearthland hacia el hinterland.
Nuestros gobernantes y “analistas económicos” estudiados en los EE.UU, en la
forma más cándida e irresponsable, han pretendido vendernos la idea de que éste es el
modelo ideal para desarrollar nuestra economía. Claro que los países desarrollados los
apoyan; pero resulta que bajo estos esquemas que obedecen a otras realidades, solo
creamos el escenario apropiado para que ellos vengan, nos saqueen, nos exploten, nos
humillen y se vayan… ¿Se vayan? Creo que no.
La globalización es la filosofía expansionista que se sustenta en la tecnología. Las
culturas y civilizaciones serán aculturadas, homogenizadas y occidentalizadas. La
ambición de la cultura occidental despierta los fundamentalismos religiosos y los
nacionalismos a ultranza. En nuestro país no pasa nada, si se trata de novelería que se
jodan los de poncho. La globalización es un instrumento del imperialismo, pero a
nosotros, parece no importarnos demasiado.
Y llegó el día esperado: el mandato de Alarcón había culminado. De los dos
candidatos finalistas que terciaron en las elecciones presidenciales, el mejor hombre fue
el tercero (Dr. Borja). El Dr. Mahuad (un ex-golpista), fue junto con Alarcón el artífice
de la caída de Bucaram; al igual que Durán Ballén, salió de ser alcalde de Quito a terciar
por la presidencia de la República. Su contrincante era Alvaro Noboa, un hombre
millonario al servicio de Bucaram. En realidad, Mahuad parecía ser el menos nocivo.
Respecto a su triunfo electoral, hay muchos cuestionamientos: Se habla de un fraude
electoral.
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EL DESCALABRO DE MAHUAD
Mahuad, político nefasto, nacido de las más bajas pasiones políticas. El espíritu
de Miramón vigila su conciencia. Cátulo es su poeta favorito por sus deformadas
tendencias e inquietudes personales; no tiene patria ni ideales, simplemente es un
apátrida. Este hombre fue muy indiferente con Fuerzas Armadas, pienso que existía una
mutua aversión. De aspecto agradable, interesante y refinado. La sombra del pasado le
acusaba: médicamente inhábil para ocupar la presidencia de la República; una vida
privada disipada y convulsiva y reo convicto de la bancocracia criolla.
Se cuenta que la madre de Jorge III, vio que su hijo no tenía cualidades para
gobernar Gran Bretaña; lo miraba por todos los costados y la cuestión no cuadraba. -
“Jorge, sé rey”- le dijo un día con un tono irritado y descomedido; pues se pasaba la
vida haciendo todo menos lo que debía. Nuestro querido Jamil jamás podía ser
Presidente porque su talla no le daba; “Jamil sé Presidente”, y el inepto no entendía.
Pero complementando esta historia, los reyes ingleses de aquella época, tampoco eran
de origen inglés sino hannoveriano (no hablaban ni siquiera bien el inglés), por lo tanto,
no eran tan queridos por su pueblo. Siendo así, ellos se esforzaban por congraciarse con
la gente, y recalcaban permanentemente (Jorge III): “Nacido y criado en este país, tengo
a gloria el nombre de bretón”. Nuestro Jamil tampoco era ecuatoriano, era culturalmente
libanés; una mezcla rara entre alemán, peruano y libanés. Carente de la más elemental
lógica aristotélica, no tenía la menor idea de aquello que Tomás Reid llamó: “La
perspectiva del sentido común”.
Mahuad era parte del proceso cíclico de la historia, era el reciclaje coyuntural
del presidente Arroyo del Río: Los dos iniciaron su período presidencial como producto
de un fraude electoral, montado por sus respectivos testaferros (Andrés F. Córdova y
Patricio Vivanco, respectivamente); los dos cedieron en la forma más festiva el
territorio nacional; los dos gobernaron en forma desastrosa; y los dos se aferraron al
poder aún a sabiendas de que su grado de popularidad era extremadamente bajo
(gobernar hasta el último día, ni un día menos). Pero la historia no se reciclaba
solamente en el período de Arroyo del Río, sino que se extendía a un pasado más
remoto: La época de la bancocracia ecuatoriana y la revolución Juliana. Los banqueros
ecuatorianos se habían dedicado a amasar sus fortunas en base a la usura y la
permisividad de los respectivos gobiernos de turno. Mientras el país se empobrecía,
ellos ganaban; mientras el país sufría la resaca de los desgobiernos, ellos lucraban;
mientras el país se apertrechaba para afrontar el conflicto del Cenepa, ellos especulaban
y aseguraban sus fortunas en el exterior; mientras el país luchaba en retirada frente a la
dura recesión económica del último lustro, ellos amarraban las leyes preparando su
atraco en complicidad con el Congreso y el Ejecutivo. A la hora de la verdad, ellos
escapaban.
Los hombres improvisados e ineptos siempre serán nefastos para los países que
tienen a bien designarlos como gobernantes. El presidente Córdova era un hombre
enfermo, blandengue, algo así como postrado; pero la debilidad de su carácter era aun
más proverbial. Cuando los jóvenes capitanes del 25 entraron al salón de reuniones de
Gabinete en Carondelet, casi no podía pararse del susto: pálido, lívido, sin fuerza alguna
decidió ponerse a buen recaudo con la fácil rendición. Su antecesor Tamayo fue más
triste todavía, les pidió de favor a los banqueros que ya “no ganen tanto”. En mejores
épocas y con mejores gobernantes, el patíbulo era el castigo más suave que podían
recibir estos malhechores. Las tristemente célebres dictaduras hispanoamericanas, han
sido rememoradas y añoradas por sus pueblos, justamente por eso, porque han sido
capaces de poner en orden, aunque sea por medio de la arbitrariedad, a estos fieros
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rufianes que no tienen ni Dios ni patria, y que lo único que persiguen es “embolsicarse”
la plata. Se diga lo que se diga, Franco con todas sus arbitrariedades es el autor de la
España moderna; Pinochet procesó a un poco de perniciosos que festinaban el erario
nacional (lógicamente que cometió graves atropellos contra los derechos humanos y
contra gente inocente, aspecto que no es justificable) y vaya usted a ver cómo camina
Chile. Rafael Leónidas Trujillo es el símbolo de la vanidad, del endiosamiento cesaril y
monárquico; de la omnipotencia puebleril en medio de compadres y cacicazgos; pero en
estas desviaciones mentales de reyes y dictadores, no solamente son culpables ellos, son
culpables también sus consejeros, sus testaferros; el pueblo ciego y sumiso que admite
las desviaciones. Y así, Rafael se hizo vitalicio, libertador del pueblo, salvador de la
Patria; a su hija Angelita le quiso canonizar en el Vaticano. De todas maneras, dejó en
República Dominicana una estela de progreso y desarrollo. A Juan Vicente Gómez, en
la actualidad los historiadores venezolanos le están rescatando muchos aspectos
positivos, se lo pinta como el precursor de la Venezuela estructurada y organizada,
próspera, dinámica. Pero también existieron otros que tan solo se dedicaron al tétrico
arte de liquidar a las personas, y todo a nombre del ordenamiento jurídico del país; ellos
nunca fueron capaces de generar un verdadero desarrollo: Ubico, Estrada Cabrera,
Huerta, Castillo, etc.
Y el primer error que cometió el Dr. Mahuad, fue imperdonable para Fuerzas
Armadas. El pensó que el asunto territorial se podía manejar en forma liviana y
apresurada. Hizo exactamente lo que quería Estados Unidos y lo que pretendía Perú:
firmar una paz endeble y entreguista. Hizo exactamente lo que Darío quería que hagan
los griegos: ofrendar tierra y agua como símbolo de sumisión a su imperio. La dignidad
de los países y de los hombres se la defiende con la vida misma. Francisco Solano
López defendió su Patria poniéndose él a la cabeza; sabía que la guerra de la Triple
Alianza era una causa perdida para el Paraguay, pero allí estuvo la dignidad, el orgullo,
la valentía. Simplemente perdió a sus hijos en combate y Paraguay perdió las tres
cuartas partes de su población: ¡pueblo digno y admirable¡ Pero nuestro Dr. Mahuad no,
este pequeño Alcibíades lo primero que hizo fue ir corriendo donde el adversario, a
llorarle a Fujimori su desgracia; mientras éste, casi incrédulo, altivo y arrogante, repetía
en su interior la célebre frase del Zar de Rusia que decía: “El imperio turco está en
período de morir o está muerto. En todo caso no se impedirá su muerte”.
Recuerdo cuando se firmó la paz en Brasilia. Fue un día negro para la Academia de
Guerra; los oficiales se veían nerviosos y afligidos, inquietos, la mayoría de ellos había
combatido en el Cenepa. El presidente de la República nunca tuvo la cortesía de visitar
las unidades militares para explicar o argumentar su decisión; solo se preocupó por
quedar bien frente a la opinión pública, la cual lógicamente le daba réditos políticos. A
la final, el pueblo fue engañado por estos supuestos gestores de la paz; se consideraba
que con esta firma llegarían los préstamos de Estados Unidos a raudales; que el
comercio se intensificaría; que llegarían proyectos de inversión para mejorar el sistema
de vida del cordón fronterizo. Nada de esto sucedió. Mahuad pensaba que a las Fuerzas
Armadas se las podía manejar a control remoto, que era suficiente ordenar al Ministro
para que el resto venga por simpatía. La realidad decía otra cosa: los oficiales
subalternos y los mandos medios estaban resentidos.
Por otra parte, el Gobierno Nacional procedió a reducir Fuerzas Armadas (en
cuanto se refiere a conscriptos), en realidad era un ahorro de cocinera; el Estado tenía la
obligación de ser austero en todos los ámbitos, no solamente en el militar. Un Ejército
debe tener la suficiente dignidad como para respetar una decisión política, nacida del
patriotismo y la voluntad popular; mas no esperar limosnas o mendrugos como si
quisiera vivir de la piedad. “Pepe” Figueres abolió al Ejército costarricense luego de la
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revolución del 48; era un Ejército débil e inoperable, innecesario diríamos, que en boca
de Malinowski no es otra cosa que lo no funcional. El Ejército argentino se dejó
mancillar y mutilar por la sociedad civil, pues la Guerra de las Malvinas los descalificó
como soldados y la Guerra Sucia como seres humanos.
Los chinos ubicaban al soldado (en su escala social), inmediatamente antes que el
bandido; detestaban la guerra y la milicia, eran pacifistas por tradición. En atención a
esto, los británicos les pisotearon en lo más profundo de su amor propio, haciéndolos
inclusive drogadictos; los japoneses les pusieron sus botas en el pecho, y los rusos les
tenían permanentemente amilanados. Paz sí, pero con dignidad.
Durante algún tiempo atrás, las Fuerzas Armadas vivían una austeridad
impuesta por los gobiernos de turno; los sueldos se habían mantenido congelados, por lo
que tanto la tropa como la oficialidad subalterna vivía verdaderos aprietos económicos.
Se generó el rumor de que el Ministro de Defensa (general Gallardo), era el causante de
ésta situación calamitosa y que él se oponía al aumento de sueldos. El Ministro inició
inmediatamente una campaña para desvirtuar estas aseveraciones, pero ya era
demasiado tarde, se había convertido en el Ministro de Defensa más impopular del
período democrático. Se decía también que era un arribista; incondicional al Gobierno;
que utilizaba a Fuerzas Armadas en su beneficio personal, etc. Pero lo que causó
mayor disgusto al interior de la institución, fue verle junto a Febres Cordero, luego de
ser insultado y vejado por el susodicho.
En un día de abril, de aquellos en que la Academia de Guerra festeja sus fiestas
patronales, apareció Alfonso el sabio: arrogante, pretencioso; vestido con un traje entre
negro y beige que le hacía terno con su alma muerta. Entró al auditorio sin regresar a
ver a nadie, sin que nadie le importara; la vivacidad de sus ojos empataba con sus
pestañas rizadas. Ocupó rápidamente la silla de honor y comenzó el acto. Su discurso
fue por demás improvisado; algo quiso decir pero al final no dijo nada; comprendíamos
tal situación porque a algún médico se le ocurrió decir que la apatía era el rezago de su
derrame cerebral acaecido en España. Como acto previo, el coronel Fausto Cobo expuso
las conclusiones de la “Apreciación Geopolítica”, un estudio que hace la Academia de
Guerra respecto a la situación nacional, vista desde el punto de vista geopolítico. Estas
conclusiones fueron duras pero reflejaban la realidad del país; este aspecto, en vez de
invitarle a reflexionar lo único que hizo es causarle resentimiento (nunca mas regresó a
la Academia de Guerra). En definitiva, esta exposición evidenciaba los problemas
limítrofes que vendrían a futuro; el impacto de la corrupción en el ámbito social; las
repercusiones que tendría el partidismo corrupto en el escenario político. A nivel
nacional, la prensa amarilla no dijo absolutamente nada, pero la prensa peruana puso el
grito en el cielo y le acusó al director de la Academia de belicista y boicoteador del
proceso de paz.
En el ámbito castrense, las unidades militares comenzaron a tener serios problemas
económicos. El ministro de Defensa no cumplió con su obligación de informar al
Presidente del creciente malestar de FF.AA. o si lo hizo, el Presidente no dio
importancia alguna. Sin embargo, el malestar estaba latente y las unidades y los
soldados pasaron de la pobreza a la indigencia (por supuesto que el ministro de Defensa
Nacional quedó bien con el Gobierno). Lo que en realidad quería el presidente Mahuad
era ejecutar el Plan Bush, pero no sabía ni entendía cómo hacerlo. De acuerdo a este
Plan, las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos debían convertirse en guardias
nacionales (una especie de policía militarizada) a la usanza de los países
centroamericanos. Los militares consideraban que la reducción de Fuerzas Armadas,
implicaba automáticamente la reducción o pérdida paulatina de soberanía nacional. A
Estados Unidos solo le interesaba debilitar los ejércitos latinoamericanos para ejercer
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con mayor libertad su hegemonía económica y política (neoliberalismo y globalización).
Y los gobiernos ingenuos cayeron en ese juego sucio. Estados débiles con gobiernos
ineptos, son presa fácil de la voracidad de lo imperios. Hasta el aventurero
norteamericano Walker pisoteó la dignidad de Nicaragua. Llegó con un manojo de
pillos filibusteros e hizo tabla rasa de la historia y majestad del pueblo nicaragüense.
William Walker representa el espíritu norteamericano e imperialista en general. ¿Qué
fuera de los pueblos pequeños si en su seno no tuvieran la bravura de Juan Rafael Mora
que le sale al paso a este delincuente? ¿O que Benito Juárez no desmoronara el
proyectado imperial de Maximiliano en México? ¿O que Sandino no les saliera al paso a
los intrépidos invasores, acolitados por el arribista Anastasio Somoza? Los pueblos que
no recuerdan su historia para apuntalar su futuro, están condenados al fracaso, a la
derrota, a la destrucción. Y ojo con los “demócratas fundamentalistas”, con aquellos que
se rasgan las vestiduras por ella, y que en el momento determinante fueron siempre
cómplices de los imperios; aquellos que dicen ser representantes legales de las
compañías extranjeras; los testaferros; la burguesía y oligarquía “modernizadora”.
Todos ellos fueron siempre su fiel respaldo e instrumento legal.
Los oficiales jóvenes se disgustaban profundamente con la injerencia de los
embajadores norteamericanos en los problemas de nuestro país; ellos se tomaban la
potestad de decir lo que debíamos y no debíamos hacer. ¡Una vergüenza nacional¡ Ni
siquiera se molestaban en ser discretos. A la larga seguíamos siendo “repúblicas
bananas”, de aquellas que tanta mofa causaban en el público de los Estados Unidos.
Cualquier hombre elementalmente preparado conoce que de esta manera se destruye las
repúblicas, se las somete y esclaviza. El Ejército Mahrata cayó en manos del Ejército
británico y ya no hubo dignidad, ni libertad en la India; ni siquiera Nana Sahib y sus
Cipayos, pese a rebelarse con toda dignidad y valentía, pudo recuperar su
independencia. El Emir de Bujara y Jiva para mantener su invalorable libertad,
asesinaban a los transeúntes y viajeros que pasaban por sus territorios, de esa manera,
preservaban su libertad y el derecho a vivir libres y soberanos. Mucho ojo con los
imperios: suelen llegar queditos, amigables, constructivos; se desviven por parecer
simpáticos; pero luego sacan las uñas y adiós cultura primitiva. Cecil Rhodes llegó de
esa manera al Africa: enfermo, taciturno; dizque moribundo; luego llegó a apoderarse
de las mejores minas y los mejores negocios, hasta fundar una república propia. La
Antropología fue inventada por los ingleses para someter a los pueblos conociendo sus
costumbres.
Poco a poco la mentalidad de la oficialidad progresista se fue radicalizando. En
las conferencias que se dictaban en la Academia de Guerra, siempre concluían que el
país necesitaba un cambio estructural. Hector Lapierre (un distinguido intelectual
brasileño, que tuvo la oportunidad de dar una conferencia en la Academia) detectó con
claridad ésta tendencia radical. Manifestó que era un experto en asuntos militares, y que
había tenido contactos en toda América, pero que en ningún país había observado un
caso similar.
Mientras tanto la oligarquía hacía de las suyas. Los banqueros se habían
convertido en los más grandes estafadores de la República. El Presidente Mahuad era su
virtual alcahuete: les acolitaba, les mimaba, les favorecía. Destinó cerca de 700 millones
de dólares para salvar al Filanbanco; decretó un irritó feriado bancario y congeló los
depósitos a plazo fijo de todos los ecuatorianos; luego se conoció que el Sr. Aspiazu
Seminario financió su campaña con tres millones de dólares. Nunca un Presidente
perjudicó tanto a los más desposeídos; La inconformidad era total. Parodiando la
inmortal frase de Thiers podríamos decir que: “Ya no había una sola falta que cometer”.
El Dr. Mahuad sometió al pueblo ecuatoriano a un “suplicio tártaro” enterrándolo tres
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veces con su amo; sacándolo cuando parecía que moría, y volviéndolo a enterrar hasta
cumplir el rito. Si lograba sobrevivir al suplicio, podía considerarse libre.
Siendo un Presidente inoperante, vanidoso y ególatra, sólo consiguió el repudio del
pueblo ecuatoriano. En estas instancias, comete el error más craso de su vida: acepta la
renuncia de su mejor aliado y amigo, el general Gallardo. A partir de ese momento, a
Luis XVI solo le esperaba lágrimas, sudor y muerte. Este insigne Presidente dejaba al
Ecuador con un mal que los psicólogos denominan neurotismo consentido y aceptado,
que en buen romance no es sino: corrupción, escándalo político, relajación del espíritu
público e irrespeto a las leyes.
UN CONGRESO DESFASADO
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factor de equilibrio del poder, concebido así por la ilustración, su papel en la historia ha
sido polémico porque solamente la idea de disputar el mismo ha creado confrontación,
así tenemos por ejemplo a Gran Bretaña.
De cualquier forma, el Senado romano tuvo vigencia en cuanto fue funcional
dentro del contexto estructural del imperio, cuando legisló, fiscalizó y designó
dignidades; cuando quiso disputar la gobernabilidad fue clausurado, suspendido o
sometido.
Es inaudito concebir que una forma o modelo de gobierno por sí solo pueda
representar o proporcionar el bienestar y felicidad a los hombres de una sociedad; la
historia nos demuestra que la forma ideal de gobierno está dada esencialmente por los
aspectos antropológicos de una nación, estado o grupo humano. La democracia, la
monarquía, o cualquier tipo o forma de gobierno de ninguna manera son negativos si
éstos reflejan la cosmovisión del grupo humano o cultura. América latina nunca fue
democrática, ni tuvo las condiciones para serlo. Pues el término libertad, que dio inicio
a nuestras repúblicas, nació de nuevas concepciones europeas, de los más conspicuos
generadores de conciencia europeos y no americanos.
Desde el reinicio de la democracia en el Ecuador (1979), el Congreso Nacional a
gozado de un desprestigio total, de tal manera que al finalizar el siglo y frente a la
“debacle Mahuad”, el pueblo termina dando su dictamen y declarándole no grato. La
verdad es que más del 90% de ecuatorianos le pide al Congreso que se vaya a la casa y
no vuelva más. ¿Razones? La política como tal constituye la más grande expresión del
pensamiento social; ella busca el bien de los demás; busca los instrumentos más idóneos
para gobernar a los pueblos. Desarrolla filosofías y corrientes de pensamiento;
promociona el desarrollo humano; de tal manera que practicada en su máxima
expresión, hace de los políticos idealistas los paradigmas de la humanidad. Pero
desgraciadamente en el Ecuador, la mayoría de los políticos no representan eso. El
Congreso Nacional se ha convertido en un lugar de trafico de influencias; de beneficios
personales (muchas veces, algunos legisladores fueron “billeteados” por el hombre del
maletín que representa al Ejecutivo); de consignas nefastas de la oligarquía para arreglar
las leyes a su gusto (el caso de los banqueros con la Ley de Instituciones Financieras y
la creación de la AGD); de cobro de comisiones por el hecho de canalizar fondos a las
provincias, para lo cual se hicieron asignar cupos (institucionalizando el cobro del
porcentaje a la comisión). Además de esto, el pueblo les ha acusado de oportunistas,
vagos, faltos de patriotismo (se rumora que el Perú pagó a algunos legisladores
ecuatorianos, por su voto para la firma de la paz); conflictivos (por las conveniencias
políticas, muchos partidos vivían censurando a cada momento a los ministros de Estado,
para desestabilizar al Gobierno); incapaces (gran número de legisladores no tenían
terminada la secundaria); compra de puestos (para ocupar las dignidades y ser
candidatizados, los partidos exigían al aspirante un considerable aporte económico);
pipones (para desempeñar su función requerían de seis asesores pagados por el Estado).
Es decir, nuestro Congreso Nacional se convierte en el símbolo de los males
estructurales que aquejan a nuestra nación. Es por eso que el pueblo, antes y después del
21 de enero, pide su disolución.
¿Qué es un político si no tiene el pensamiento y el sentimiento humanista de que
nos hablaba Emerson? ¿O el elevado concepto del honor con que Francisco I de Francia
llevaba todos los actos de su vida? Luego de ser derrotado por los españoles, Francisco
escribía a su madre y le contaba afligido: “Se ha perdido todo, menos el honor”. La
dignidad para los griegos y romanos era demasiado excelsa; era una cuestión de vida o
muerte. El político ante todo debía ser un patriota, un idealista; aquel que lo da todo a
cambio de nada. Cuenta la historia que Luis Brión puso su fortuna y su esfuerzo
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personal a órdenes de la causa libertaria; Bolívar apreciaba mucho ese gesto. Este
valiente marinero dio un gran apoyo logístico a las tropas venezolanas y la
independencia americana tiene una gran deuda con su nombre. John Brown puso su voz
al cielo defendiendo a los negros norteamericanos; el prejuicio de la sociedad de aquella
época puso su cuello viril sobre la maldita horca, pero su palabra, su grito de
indignación; ese resuena hasta nuestra época. La guerra de secesión de los EE.UU. le
dio la razón a su protesta y dignidad a su pedido.
La honradez es otra virtud que no puede faltar en un político. Arístides era un
político honrado y pundonoroso, místico; era tan honesto y delicado con los fondos
públicos, que cuando murió, estaba tan pobre que la República tuvo que costear los
gastos de su funeral. Epaminondas tenía una vida tan modesta y austera que decía
siempre que “la pobreza le libraba de muchas preocupaciones”. Esos son los políticos
que necesitamos ahora, con urgencia, con prioridad vital.
Pero aquí no, aquí lo que existe es timocracia: los hombres participan en el
quehacer político de acuerdo a su fortuna, a su viveza, a sus influencias. No existe la
“toga cándida”. Se atribuye a Yugurta el haber manifestado: “En Roma todo se vende”,
es que Roma iba camino a la desintegración y al fin de su grandiosa historia. Cuando no
hay ética política, definitivamente no existe el bien común, por lo tanto, no hay política.
Rousseau decía sabiamente: “El pueblo inglés piensa ser libre y se engaña, porque no lo
es sino durante las elecciones de los miembros del Parlamento. Una vez elegidos, es
esclavo, no es nada”. Las democracias de ese tipo aún siguen vigentes en nuestros
pueblos marginados; la oligarquía hace su agosto de nuestra falta de preparación y
cultura política, por lo tanto, no encontrarán nunca oposición a sus arbitrarias
voluntades. Napoleón por ejemplo, no encontraba nunca las ventajas de la oposición,
todo debía ser la sabia voluntad del emperador. Siendo así, el pueblo tan solo constituye
la necrópolis de Mirina, ese aposento sagrado en donde se viola la paz de los muertos
vivientes.
LA JUSTICIA CORROMPIDA
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atragantan el dinero de los infractores del tránsito, todo es podredumbre (salvando las
honrosas excepciones); por la ansiedad de dinero, a los justos hacen reos y a los
culpables inocentes. El policía queda en el desconcierto, no sabe exactamente si al
infractor, extorsionarle él que resultaría más barato o dejar que la presa vaya al juez y le
devore por más precio.
Una justicia de esa calidad, merece una seria reflexión por parte de la
ciudadanía. El pueblo parisino aprendió luego de la revolución, que para reclamar sus
derechos, no es suficiente el silencio, porque éste a más de cómplice nos deja un sabor
de cobardía.
Pero en el Ecuador, la justicia no es un poder independiente (aparentemente
debería serlo). Ella es una fiel sirvienta de los partidos políticos que la vulneran y
prostituyen. Nuestra justicia obedece a consignas e intereses particulares de grupos
hegemónicos, que alcahueteados por tinterillos de medio pelo, mantienen el viejo
esquema de prebendas y gratificaciones. Son malditos los jueces y las leyes draconianas
que mantienen los privilegios para los ricos y son al extremo drásticas con los
desamparados. Pausanias fue condenado por traidor a la patria (lo condenaron los éforos
que tenían una moral muy probada); pagó jueces y magistrados para que supuestamente
lo liberaran, pero como no pudo chantajearlos, huyó el réprobo y se refugió en el templo
de Minerva que era inviolable. Pero allí murió sin escapatoria, porque el concepto del
cumplimiento del deber y la justicia, motivó a su madre a ser la primera en colocar la
primera piedra que debía sellar las puertas de salida.
La justicia apuntalaba la vida correcta y organizada del mundo antiguo, aunque
en el medievo se relativizó el asunto. La drasticidad de las penas era la norma común,
porque no había respeto a la vida ni a la dignidad humana (me refiero al pueblo llano).
Era muy común el abuso en las sentencias. La roca Tarpeya era la sentencia favorita del
Senado romano; el cepo, el garrote, la cruz. En la Edad Media los famosos juicios de
Ordalía; “la Cuestión” del Santo oficio; la peña de Martos; la parrilla (suplicio en que
murió San Lorenzo); “la Congregación del Índice” etc. Pero cuánto esfuerzo ha hecho el
hombre por seguir perfeccionando la norma y el derecho. Papiniano es el símbolo del
juez probo e incorruptible; la ira de Caracalla no pudo con las virtudes de este
magistrado: “Es más fácil cometer un parricidio que justificarlo”, dijo y debió pagar con
su vida tal atrevimiento. Apio Claudio es el caso inverso, él hace de la justicia una
prostituta acomodada a sus propias intenciones; el caso de Virginia y Virginio, es el
mejor ejemplo de cómo la justicia puede ser sesgada y manipulada; maltratada,
corroída. -“Hija, es la única manera de conservarte libre”-, dijo Virginio, mientras
clavaba el puñal en el vientre de su hija. Ulpiano por su parte, representa la severidad y
el amor a la justicia.
Así las cosas, solo un banquero ha caído preso por sus fechorías (Aspiazu) en el
Ecuador; no existe un solo preso en el panóptico por actos de enriquecimiento ilícito
(mientras la corrupción campea en el ámbito público y privado); todos los altos
funcionarios sindicados y acusados por actos de corrupción contra el Estado (Bucaram,
Dahik, Verduga, Mahuad, etc) han salido del país con la complicidad de los gobiernos
de turno; los avezados criminales que infestan las cárceles del litoral son socios de los
jueces que anulan cualquier esfuerzo que pueda hacer la Policía por mantenerlos bajo
rejas.
Viendo la improcedencia de la justicia medieval, Irnesio creyó conveniente
retomar la maravillosa complejidad y funcionalidad del derecho romano; ordenó sus
contenidos; estructuró sus verdaderas connotaciones y luego se dispuso a difundirlo,
fundando la escuela de Boloña. Savigny fue mucho más allá, desmenuzó los contenidos
del derecho romano y lo plasmó en una gran historia del derecho. Pero los nuestros no,
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para ellos mientras más confusas sean las leyes, mejor; mientras más confusos los
procesos, mejor; mientras más se confundan las normas, mejor. No han sido capaces de
entender el verdadero espíritu de Cuyas y Doneu; a ellos no les importa nada sino
“tragar y tragar”. Aquí se aplica el código de Alarico para los “Junkers” poderosos, y el
código de Eurico para los de pobres y menesterosos; tamaña injusticia donde la ley se
ventila en la estructura de la desigualdad.
Y tenía que producirse el robo del siglo. Los banqueros, los astutos banqueros
traman la manera más inteligente de estafar al pueblo. Primero, con una habilidad
inaudita, se apoyan en el Congreso y hacen que nazca la ley de “Instituciones
Financieras” (en que se hacen dar la potestad de conferirse créditos vinculados), es
decir, ellos se tomaban el dinero del pueblo para, a más de ser banqueros hacerse
empresarios. Y la Superintendencia de Bancos, hace nuevamente de alcahuete; los
superintendentes son de una u otra manera, “tontos útiles” vinculados con los banqueros
corruptos. Luego, nuevamente le utilizan al Congreso y hacen que se cree la AGD
(Agencia de Garantía de Depósitos); la finalidad: utilizarle al Estado como garante de
los depósitos de todos los ecuatorianos, al 100%. Hecha ésta segunda jugada, solamente
quedaba sacar el dinero del país y dejarle clavado todo el conflicto al Estado. La
estrategia general de los banqueros, consistía en presentarle al Estado un panorama de
quiebra, de tal manera que éste se desespere y comience a recapitalizarles; aquí se
producía el segundo atraco. Y en este anzuelo cayó el Estado; inmediatamente se puso a
sus ordenes concediéndoles el feriado bancario; el congelamiento de los depósitos por
un año; desembolsos importantes. Es que lo que pasa es que el presidente Mahuad (y
muchos partidos políticos) tenían una deuda grande con tan ilustres financistas.
Raquel y Vidas era un prominente usurero que tenía mucha ética en su negocio,
aunque en sí, la usura por su naturaleza siempre ha sido inmoral. Sabía de los
procedimientos que debía observar; tenía sus propias reglas para captar y prestar dinero;
a veces servía a las buenas causas con un poco de flexibilidad. Pero los nuestros no, con
ellos todo vale: usura, atraco, oportunismo, inmoralidad. Los Rothschild cuánto bien
hicieron al mundo financiero: trabajadores, perseverantes, patriotas; ellos apoyaron
profusamente a la creación del Hogar Judío. Pero los nuestros no, apátridas, no les
interesa la patria para nada: “Su único Dios es el dinero y su templo los bancos”. Por lo
demás, todo una tremenda complicidad: jueces, fiscales, superintendentes, etc. etc.
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CAPÍTULO III
EL ESCENARIO MILITAR
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gustaba alabarse diciendo que había hecho un postgrado en Harvard, justamente en
“negociación”. “Amigo” inseparable del general Mendoza, se conocía que le andaba
“serruchando” el piso por donde podía.
Armodio y Aristogitón conspiran quedamente, casi invisibles contra Hipias e
Iparco. Estos últimos, llevaban una vida licenciosa y corrompida a plena luz del día,
como si la mirada del pueblo no los vigilara. Eran muy amigos aparentemente, pero solo
se asociaban para cometer delito. La paciencia del pueblo, repentinamente se convierte
en cómplice de estos licenciosos; el pueblo los mira pero no les dice nada; conoce pero
no reclama. Cuán importante es la asociación ilícita para desterrar lo malo, lo sucio, lo
corrupto. Y así, en franca rebeldía los asesinaron. El pueblo reacciona negativamente
favoreciendo a los corruptos que habían sido procesados en la valiente obscuridad de la
conjura. Finalmente, el pueblo recapacita y ve con buenos ojos que se haya extirpado
los abusos del poder omnímodo. Mahuad había caído en los brazos de la inmoralidad
malsana y era digno de ser defenestrado; pero sus detractores no eran diferentes;
Mendoza y Sandoval se pusieron de rodillas para ser nombrados en sus respectivas
dignidades; fueron parte del mismo Gabinete, ¿y después qué? ¡Traición, maldita
traición¡ Leena, amante apasionada de Armodio, dará un prueba de excelsa fidelidad y
lealtad al mundo, al cortarse su lengua entumecida, solo pensando en que podía ser
obligada a delatar a tan respetado hombre. Nuestros traidores, hasta ahora no saben si
traicionaron a su benefactor Mahuad o a los idealistas e ingenuos militares sublevados.
Por eso no merecen ni tendrán el perdón del pueblo, de ese pueblo noble y sabio que
algún día supo hacer un monumento a los valientes: Armodio y Aristogitón.
En esa reunión con la Academia, dejaron la clara sensación de que iban a dar un
golpe de Estado y que solo esperaban el momento oportuno (igual sensación tuvieron
los oficiales de la ESPE, cuando tuvieron una reunión similar).
De todo lo pedido y hablado en ese día con los oficiales, lo único que hizo el
Mando Militar fue pedir la renuncia del ministro de Defensa (al presidente de la
República), en una jugada magistral, dejándole al Presidente sin su única carta fuerte de
respaldo (el general Gallardo). El presidente Mahuad cayó ingenuamente en el ardid de
tan audaces “estrategas”. Como antecedente, debemos manifestar que el general
Gallardo había caído en una gran impopularidad en Fuerzas Armadas, pero jamás perdió
su fuerza moral, ni su seriedad y honestidad profesional. Las inquietudes que le
presentaban en cualquier foro, él tenía la entereza de decir no, cuando era pertinente, u
orientar las inquietudes haciendo referencia al ordenamiento jurídico y los limitantes
que tenían los militares. Esta franqueza indignaba al oficial joven; se le creía que
defendía el puesto y que era incondicional al Gobierno. Posiblemente estuvimos
equivocados o fuimos injustos con él. Lo cierto es que el Mando Militar sembró
irresponsables expectativas en la juventud militar, dejando el camino abierto para los
acontecimientos del 21 de enero.
Un cierto día de verano, entre gallos y media noche, se había iniciado la conjura.
Algunos oficiales en “servicio pasivo”, del arma de Ingeniería, tenían un protagonismo
importante; pues eran los encargados de mantener el enlace permanente entre el Mando
Militar (general Mendoza y Sandoval), la CONAIE, los movimientos sociales, y los
oficiales en “servicio activo” (especialmente de la ESPE). Dentro del núcleo de oficiales
en “servicio pasivo”, se extendieron tentáculos de familiaridad que permitieron
estructurar y ensamblar adecuadamente el movimiento. Las piezas claves que permitían
articular todo el conjunto, eran el coronel Marco Miño y el teniente Lenin Torres.
El coronel Marco Miño era un gran facilitador, que permitía el nexo adecuado
entre el Mando Militar (era un gran amigo del general Sandoval), los indígenas (tenía
muy buenas relaciones con ellos) y los oficiales del arma de Ingeniería (ESPE y
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retirados). Pero además, había tenido la gran habilidad de involucrar en este
movimiento, a su cuñado, el general Paco Moncayo (que repentinamente apareció en el
Congreso el 21 de enero) y al hermano de éste, el general Carlos Moncayo, que
comandó la I-DE, encargada de dar seguridad al Congreso y al Palacio de Gobierno
(recordemos que el general Carlos Moncayo fue el encargado de sacar al presidente
Mahuad del Palacio). Por otra parte, el teniente Lenin Torres era el coordinador que
permitía el contacto eficiente entre los movimientos sociales (y otros grupos de
izquierda), la CONAIE y los capitanes de la ESPE. Tiene la habilidad de involucrar en
el movimiento, a su yerno el mayor Francisco Cobo (alumno de la Academia de Guerra)
y al hermano de éste, el coronel Fausto Cobo (involucrado a última hora). Además, su
hijo, el capitán Sandino Torres, es el edecán del rector de la ESPE y tiene contactos con
los capitanes.
Es evidente que para gestarse un golpe de Estado, era necesario confabular
fuerzas, y los oficiales en servicio activo que estaban involucrados en el asunto, no
tenían precisamente comando de tropas. Esto nos da a pensar que los complotados
confiaban ampliamente en que estas fuerzas serían proporcionadas por el Alto Mando.
Se especula que el general Sandoval, a propósito defendió la permanencia de los
coroneles que debían salir hace un año de la institución, con la finalidad de ponerles en
los comandos de Brigada (como en efecto sucedió) y gestar su proyecto personal. El
total es que a última hora, estos coroneles en realidad le defendieron al general
Sandoval pero en un proyecto diferente (defensa del régimen democrático, que no
estaba considerado).
La posición del general Sandoval, antes y durante la caída del presidente
Mahuad, resulta muy ambigua, expectante, solapada. Se lo ve detrás del general
Mendoza como obligándole o incidiendo en sus decisiones. Pero por otra parte se
mantiene en contacto con el vicepresidente Noboa (según sus propias afirmaciones). Su
habilidad consiste en sembrar expectativas y esperar el momento oportuno para tomar
sus decisiones. Él mantiene contactos directos con todos los sectores y jamás confirma o
niega cualquiera de las posibilidades; además, como Comandante General del Ejército,
está informado de todo lo que sucede y no sucede en el país.
Los oficiales jóvenes de la ESPE, por su parte, habían decidido reunirse en
secreto para tratar los grandes problemas nacionales. No sabían o no se daban cuenta
que había una fuerza superior que pretendía utilizarlos. Su idealismo les hacía admirar a
la “Liga de Oficiales” que apoyó a Perón en su asenso al poder; o la que apoyó a
Nasser, Pérez Jiménez, y otros. Pero éste era un caso especial, no se trataba únicamente
de conspirar para alcanzar el poder; se trata de realizar un esfuerzo conjunto para
alcanzar un cambio estructural en la República. Es por eso que sus reuniones se
ampliaron hacia otros sectores como el indígena, movimientos sociales y militares
retirados.
Unos días antes del 21 de enero, el idealismo de los oficiales era exacerbado,
místico, hasta cierto punto obstinado. La operación que se había planificado era suicida,
pues al ejecutar una acción desarmados, estaban destinados ineludiblemente al fracaso.
Sin embargo, aceptaban y estaban dispuestos a “jugarse”. Históricamente se habían
dado pocas locuras de este tamaño. Valiente fue Mucio Escébola y Horacio Cocles que
aterrorizaron a Porsena con su valentía; el “Batallón Sagrado” de Pelópidas que juró no
abandonar el combate y morir por la causa; la “Joven Italia” de Mazzini, Gioberti y
Balbo; los Fenianos irlandeses que buscaban su propia República independiente; los
“Pabellones Negros” y “Dacoits” que atemorizaron a ingleses y franceses en Vietnam y
Birmania; La “Mano Negra” servia que asesinó al archiduque de Austria ; la “Liga
Sagrada” china, y otras.
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Dentro del contexto global de la acción a ejecutarse, a los oficiales de mandos
medios y subalternos les tocaba la peor parte. El poner en juego su valentía,
convencimiento y patriotismo.
El coronel Lucio Gutiérrez, se convierte en el centro de todo el movimiento
patriótico. Se encuentra vinculado estrechamente con los movimientos indígenas,
sociales y militares retirados. Había sido escogido por estos movimientos, en base a su
brillante trayectoria militar y sus acciones disidentes frente al Mando Militar. Era un
militar joven, idealista, valiente, que había sido capaz de poner su voz de protesta frente
a un silencio cómplice que se había gestado frente a las barbaridades de Mahuad.
EL ESCENARIO POLÍTICO
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Jorge II le dijera a su hijo (que había firmado una paz deshonrosa con Francia): “He
aquí mi hijo que me ha arruinado y deshonrado”; Mahuad se creía el forjador del gran
“Tai Ping” (la Gran Paz), pero no había tal. Por otra parte, el Dr. Hurtado (en otras
épocas su gran amigo) tenía la concepción clara de las cosas; hizo las de Timón el
misántropo y dijo: “Alcibíades es el futuro autor de la ruina de Atenas” y no se
equivocó. ¡Mahuad es el autor de la futura ruina del país¡
Y el Congreso (como indicábamos anteriormente) se dedicó a la nefasta tarea de
boicotear al Ejecutivo, sólo primaban sus intereses personales; por ningún concepto
afloraba el amor al pueblo, al prójimo o a la patria; siendo así, el Gobierno desembocó
en una gran crisis de gobernabilidad. Por otra parte, el pueblo llegó a la desesperanza;
sus angustias cayeron al vacío; no existía organismo gubernamental alguno que se
compadeciera de su sufrimiento. Simplemente Mahuad condujo y sometió a su pueblo
al “muro”, a “comer el pan de la angustia y beber el agua del dolor” (según los suplicios
a que sometía el Santo Oficio). El asunto ya no era una cuestión tan simple. El país
convertido en un “porfiriato”, obedecía ciegamente las órdenes de la oligarquía y de la
embajada norteamericana. “Todo para los norteamericanos y nada para los indígenas”,
había dicho Porfirio Díaz, luego de regalar el petróleo mexicano. Se pensó que la única
solución para el país era la implantación del modelo económico neoliberal, sin
considerar las realidades propias de nuestro pueblo. En realidad, en el Ecuador (como
en la Edad Media) ya no había Estado sino estamentos. Quizá la salida más honrosa
para el presidente Mahuad hubiera sido la de Napoleón II, decir con toda franqueza:
“No estoy preparado”.
Con Bucaram la cosa no era nada diferente; estaba muy entusiasmado con la
grandiosa idea de que Mahuad fracasara. Para esto, él activó todo su pequeño circo
romano. Su “estilacho” de “boquisuelto y dicharachero” no había cambiado en nada.
Seguía siendo el mismo: lujuria de Betty Boop; absurdo de la obra más ridícula de
Beckett; rostro de buey almisclero. Desde Panamá conducía sus operaciones. Su
estrategia global no consistía en otra cosa que no sea boycot y engaño; a sus cuadros
políticos les seguía gobernando con “la Sanción Pragmática” y el knut. Es decir, la
dirección del partido seguía siendo rígida y sin opción de cambio, y al que molesta:
látigo.
Los indígenas por su parte, habían dado paso gigantes. El levantamiento de 1990
había elevado su autoestima. Para el año 2000, la CONAIE era la fuerza política mejor
organizada del país. Durante 500 años el indigenado fue tratado como un conglomerado
de seres infrahumanos; “menores de edad”; el fanatismo y oscurantismo religioso en
conjunción con el poder político colonial y neo-colonial (luego de la Independencia)
dudaba de la humanidad del indígena. Los curas los utilizaron con tanto menosprecio
que en nada se diferenciaba al maltrato del terrateniente. Cómo hubiera quedado el
prestigio de la Iglesia sin el concurso humanístico de Sahagún, Vitoria, Bartolomé de
las Casas y Vivas, dignos religiosos que en algo redimen la cruel posición de la Iglesia
Católica.
En el colapso misterioso del tiempo, en que Pachacutik reordena
mitológicamente el devenir de sus hijos, nace una nueva generación indígena: sobria,
expectante, incrédula, casi incontenible. El brío de su rostro es un gesto indescifrable
que parece navegar al infinito. Es la juventud indígena que boga por saltar al escenario
turbulento de la historia para colocar su sello inconfundible. El indígena actual es un
rugido terco que amenaza a la distancia; está muy cerca pero nos parece demasiado
ajeno; está indignado pero nos parece inofensivo. Cuando caiga la tarde de los tiempos,
y deba la humanidad rendir tributo a todos los seres mancillados y humillados, de
seguro que el indígena tendrá un sitial muy deferente; un lugar en el cual el oprobio no
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se vuelva a sembrar en su rostro, y su furia, en centellas de miradas inconclusas,
siempre fulgure en el cenit del infinito.
Con frecuencia suelo pensar, que no existen anécdotas más románticas y
estremecedoras que las escritas con la sangre de la rebeldía india. Todo en ellos es noble
y espontáneo; generoso. Soportaron con estoica perseverancia, el yugo de quinientos
años de barbarie. Y sigue su mundo similar, presente, desafiante. En la vieja hacienda
de Pesillo, en donde germinó con más prestancia su obstinada rebeldía (a inicios del
siglo XX); se cuenta que inició el final del sistema hacienda. Dolores Cacuango, algo
sonrojada, tensa; votando chispazos de saliva que piropeaban el frío tenso del aire
parámetro, salió delante de la multitud indígena y se paró frente al piquete policíaco
que como era costumbre en ellos, siempre venían a someterlos a “yataganzaso limpio”.
Ella se plantó frente a los guardias y repentinamente, con tono altivo, iracundo, retó a la
policía para que descargara el fuego de sus armas. -¡Dispara¡- dijo. - ¡No mata la bala
sino el destino¡-. El destino le dispensaría justamente a ella, el honor de ser la iniciadora
del X Pachacutik.
Jesús Gualavisí es similar a ella pero algo diferente: él fue su maestro de lucha.
Siendo un indígena con una formación más espiritual que académica, tiene siempre la
inclinación a buscar los aspectos románticos de su lucha. Su sentido espontáneo de la
organización le hace diferente; es un socialista consumado que parte del principio
estratégico de que “organizarse es comenzar a vencer”. Todo lo organiza él con
eficiencia; trabaja mucho con los “mishos”; quiere su libertad para hoy, no para
mañana. En el camino de su vida juntará su brazo inclaudicable al de otros grandes
luchadores de la estirpe de Florentino Nepas, Segundo Lechón, Ignacio Alba, Benjamín
Campués y Tránsito Amaguaña. Esta viril mujer en nada les pide favor a Tegualda,
Guacolda o Janequeo, valientes araucanas que ofrendaron su vida entera en busca de la
tan ansiada libertad y respeto al género humano. Jesús Gualavisí será el iniciador de la
organización estructural del indígena ecuatoriano; el creador de lo que posteriormente
serán las organizaciones indígenas del Ecuador y que se convertirán en la máxima
presión dominante del Estado ecuatoriano.
Siempre nos gustó escuchar del temperamento y la tenacidad de lucha de
Florentino Nepas y de los Lechón. Eran de la noble casta de Hatuey y Jauroibo;
amamantados por el felino fervor del resentimiento; bravos, de rostro grave, inflexible;
no aceptaban fácilmente tener la vida como una dádiva miserable del destino. Querían
ser verdaderamente libres, sin señuelos de libertad que los tuvieran adormitados en la
dulce hipocresía de la esclavitud.
En la última generación de líderes nacionales aparecen: Luis Macas, Nina
Pacari, Salvador Quishpe, Antonio Vargas, y otros. Cuando en 1990 se produce el
levantamiento indígena, el Ecuador despierta frente a un gigante adormecido que apenas
levanta su cuerpo, sin la intención de agredir a nadie. El Ecuador toma conciencia de la
magnitud del problema, quedándose perplejo frente a lo que potencialmente es capaz de
hacer éste. La Fuerza Pública se ve a ratos amenazada por esta masa incontenible, la
cual puede bloquear todas las vías de la Sierra y gran parte del Ecuador. Era hora de
iniciar el diálogo con los indígenas, el Estado debe sentarse a discutir esta problemática,
era su primera conquista.
En los últimos años de la vida institucional, había sido una política de Fuerzas
Armadas, el no utilizar la fuerza para reprimir a los indígenas, mucho peor las armas; la
sólida formación intelectual y moral de los mandos anteriores, había llevado a
establecer una política de identidad social: saber que nos debemos al pueblo de donde
provenimos, y no a la oligarquía que siempre nos utilizó como su sirvienta. Era muy
común escuchar a los comandantes, decir que estabamos para servir al pueblo y no para
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reprimirlo. Los indígenas eran nuestros amigos y hermanos. A través del Apoyo al
Desarrollo aprendimos mutuamente a conocerlos y a respetarnos; nos indignaba
profundamente el descuido del Gobierno y el poco interés que tenía para solucionar sus
problemas más urgentes. Recuerdo que muchos comandantes, tenían que sacar dinero
de las pobres cuentas internas de las unidades, para poder impulsar y concluir las
pequeñas obras emprendidas en las comunidades indígenas. Ellos entendían nuestro
esfuerzo y el denuedo con que realizábamos las obras en su beneficio. Cuando en
algunas instancias posteriores, los indígenas realizaron algunos paros, el Ejército estaba
en condiciones de manejar el asunto, pero eso se debía a la negociación directa de los
comandantes con los principales líderes comunitarios; era muy usual que se convenga la
horas en que ellos debían permitir el paso, de tal manera de cumplir el cometido tanto
ellos como nosotros, así el país tenía un pequeño respiro.
Ciertos gremios laborales, educativos, estudiantiles y de transporte, habían caído
en la más grande inercia y en la ley “oscurantista del desvínculo”, es decir, habían
dejado de verle al país como una totalidad para buscar beneficios particulares, o se
habían encerrado dentro de la individualidad. Los transportistas solo se preocupaban de
solucionar sus problemas de pago de vehículos sin impuestos y con dólares cotizados a
precios anteriores; los taxistas igual; los estudiantes y maestros no tenían ni propuestas
ni requerimientos (cabe aquí señalar la pobre presencia de la juventud universitaria y
secundaria), dicho en palabras de Montalvo sería: “infelices los pueblos cuya juventud
no haga temblar al mundo”. Los gremios laborales parecían haber perdido su filosofía y
no tenían presencia alguna. Siendo así, el pueblo se quedaba sin sus representantes, la
última alternativa aunque vista de costado era la CONAIE y los movimientos sociales.
El gobierno del Dr. Mahuad, luego de dolarizar la economía y contentar a todos los
gremios con prebendas, creyó erróneamente haber controlado toda la situación. Puso
fuerzas militares para controlar el acceso de los indígenas a Quito y los menospreció por
completo, pero ellos habían prometido derrocarlo, al igual que al poder Legislativo y
Judicial.
Lo que no conocía el presidente Mahuad, era que la conspiración había iniciado
desde hace algún tiempo atrás. Los movimientos sociales, la CONAIE, y otros sectores
gremiales, se habían reunido para decidir sobre la suerte del país. Habían llegado a la
conclusión de que la única salida para el país, era el derrocamiento de Mahuad mediante
un golpe de Estado. El problema fundamental radicaba en encontrar el líder adecuado
para que dirija el Golpe. Inicialmente, se pensó que el hombre ideal era un general de
cualquier rama de las Fuerzas Armadas. Se analizó general por general y no se encontró
el hombre adecuado. Luego se optó por aproximarse al general Mendoza y Sandoval,
pero ellos solo sembraban expectativas inconclusas. Ante ésta situación, deciden que no
era conveniente un general y que lo que debía hacerse es conversar con el coronel más
antiguo de Fuerzas Armadas; pero para esto, ya habían considerado la posibilidad de
que el hombre más idóneo era el coronel Gutiérrez. El Coronel más antiguo de Fuerzas
Armadas, al conocer que el coronel Gutiérrez estaba entre los opcionados, decide
ponerse a un lado y dejar que por su liderazgo, sea éste quien comande el movimiento.
Pero por otro lado, las opiniones de los complotados se habían dividido. Unos
habían optado por seguir las conversaciones con el general Sandoval (la CONAIE), y
otros, por seguir con el general Mendoza. En todo caso, el plan que se había diseñado
para derrocar a Mahuad, empieza a tener serias alteraciones, siendo la CONAIE la
principal culpable de todas estas. El plan que se había diseñado, contemplaba: la toma
de varias instituciones y organismos estatales; responsabilidades de cada organización;
y sobre todo, la fecha en que debía efectuarse el golpe de Estado: mayo.
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EL ESCENARIO ECONÓMICO
Ismaíl, era uno de aquellos jedives muy genuinos que suele engendrar el Tercer
Mundo. Heredó un país entero para su peculio: Egipto. Gustaba tratarse como un
verdadero rey con la “plata” del pueblo: derrochaba en las más hermosas mujeres
francesas, en los vinos más caros y en los vehículos más lujosos. Pero cuando un buen
día se dio cuenta, simple y llanamente estaba en la ruina. “Chuchaqui” amargo que
debió soportar todo el pueblo egipcio. Le cayeron inmediatamente los que le habían
provocado tamaña quiebra: franceses e ingleses. A continuación le impusieron una
“Comisión de la Caja de la Deuda” y le comenzaron a dar administrando su país. El
muy desafortunado Jedive, viéndose en la ruina y sin saber como administrar su
economía, pidió a gritos y ruegos que sea un inglés quien le administre la hacienda y un
francés las obras públicas. Finalmente, viendo su ineptitud le mandaron expulsando de
su propio país y siguieron ellos entronados.
Esos son los verdaderos procedimientos que emplea todo imperio para someter a
sus colonias y defender sus intereses. Lord Palmerston, Primer Ministro inglés solía
decir: “Los países no tienen amigos, los países tiene intereses”. La famosa “Comisión
de la Caja de la Deuda”, no es otra cosa que nuestro actual Fondo Monetario
Internacional. Por nuestra irresponsabilidad en endeudarnos “agresivamente”, ahora
ellos manejan nuestra economía; los presidentes de los países tercermundistas son los
jedives y los profesionales “orgullosamente hechos maestrías” en los países
desarrollados, son los ministros de Estado. El Fondo Monetario Internacional ha
reemplazado a los marines y el neoliberalismo a nuestras tristes economías de tinte
fisiocrático.
Nuestro país ha adoptado un modelo económico neoliberal: cruel, inhumano,
individualista; ajeno a nuestra naturaleza latinoamericana. Justamente hablamos de que
ese es el problema de todos los países tercermundistas: ser incapaces de generar un
propio modelo económico para nosotros mismos; a nuestra medida; considerando
nuestra potencialidad material y humana. Nosotros con nuestra realidad aún no estamos
en condiciones de hablar de la sociedad post-consumista, o del hombre unidimensional
(diseñado por el marketing para el consumo masivo); no podemos hablar de la
producción “a mansalva”, ni de la liberación absoluta del mercado laboral y financiero.
Esa idea nos han vendido a través de los mass media. Los países pobres como el
nuestro, lo que deben hacer es diseñar sus propias estrategias y modelos de toda índole;
diseñar a su propia medida, con sus propios recursos. No podemos deslindarnos del
concepto de la economía al servicio del hombre, humanitaria, que dignifique al ser
humano (como concebía Stuart Mill); o de la relación íntima que debe haber entre la
historia y la economía de un país (pregonada por Marc Bloch). El neoliberalismo
aplicado en nuestros países, significa un enano corriendo con zapatos de payaso por una
bajada empedrada. Lo que realmente quieren los países desarrollados es ponernos en
cada país cientos de carnegies, rockefellers, etc. a que nos den explotando todos
nuestros recursos naturales, humanos o de cualquier índole. Los Fugger están
desaforados por hacernos préstamos y meternos al saco de los esclavizados; las
transnacionales ladran porque les dejemos hacer lo que les da la gana. Y allí, justo a la
medida les cae nuestra oligarquía, esa vieja Jadus que besa la mano del omnipotente
conquistador y les da halagos, cariños y caricias. Estrada Cabrera llama de favor a los
norteamericanos para que le den conquistando su país; Buenaventura Báez les pide que
por favor le reciban a su país como un Estado más de la Unión. ¡Vergüenza tamaña¡
Entonces sí, el conquistador grita y dice: “Vae victis” (¡hay de los vencidos¡); el ager
publicus se desvanece y la economía popular se va al carajo. Luego Latinoamérica se
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convierte en un traspatio, en una gran granja o en un granero del cual ellos toman lo que
quieren (los holandeses consideraban que Java era una linda granja a sus disposición).
Pero detrás de los imperios están los “nibelungos”, estos enanos morales y
espirituales que les cuidan sus tesoros; queditos, por debajo, casi sin decir nada. A veces
se hacen llamar representantes u otras veces cónsules. El imperio no perdona al que le
brinda traiciones (Noriega), y es muy gentil, caballeroso, casi una dama con sus
testaferros (es el caso de los mahuades).
La situación económica en nuestro país era calamitosa. Nunca un presidente de
la República fue más vendido y servil con la oligarquía banquera (que había financiado
su campaña presidencial). Apostó a salvar el Filanbanco perjudicando al propio Estado;
decretó el feriado bancario (para salvar a los banqueros corruptos); congeló los
depósitos a plazo fijo (algo nunca visto en regímenes democráticos). El país entraba en
una verdadera debacle: Inflación elevada; devaluación en el orden del 160%;
desocupación; migración de ciudadanos al extranjero en busca de mejores días; pobreza
del 80% de la población ecuatoriana. Esto en forma genérica, los estudios y
apreciaciones de índole económica y social realizados en la Academia de Guerra del
Ejército, con sus respectivas proyecciones, eran más conmovedoras todavía: Incremento
vertiginoso de la corrupción; delincuencia exasperante; incremento de los índices de
prostitución, disolución familiar; alto índice de niños de la calle; pandillas juveniles;
índices alarmantes de drogadicción, alcoholismo, etc. Nunca en la historia nuestro país
fue más pobre y mal administrado; nunca fue más estafado y humillado; nunca fue más
mendicante; nunca sus gobernantes fueron más indolentes y sectarios. La gente no sabía
realmente de qué manera sobrevivir, las empresas quebraban masivamente y mandaban
a la desocupación a miles de obreros y trabajadores. Los ricos y oligarcas no tenían
problemas, pues antes de los decretos de feriados bancarios y congelamientos ya habían
sacado su dinero al exterior, y lo que es peor, después de los decretos también lo
hicieron. Amparados en las leyes bancarias y pese a la denuncia del Lcdo. Dotti, se supo
quienes eran los infractores pero no se quiso romper el sigilo bancario. Siendo así, las
leyes y la Constitución no eran más que un instrumento diseñado para encubrir las
fechorías de los pillos de corbata.
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CAPÍTULO IV
ANTECEDENTES
El Capitán asistió esa noche a la reunión prevista. Hace algún tiempo atrás había
tomado una decisión trascendental en su vida; había decidido pedir la baja del Ejército
para atender sus asuntos personales. Pero ¿cuál fue la razón para tomar una decisión tan
radical y decidida? Simple y llanamente se sentía frustrado y desengañado. Podía
percibir a leguas la desilusión de muchos, pero nadie se atrevía a decir nada. El Ejército
y las Fuerzas Armadas en general estaban siendo obligadas a ser cómplices de los
grupos de poder que cada vez se entronaban más en el Gobierno. Pensó que los viejos
comandantes habían desaparecido demasiado pronto y que ya no existían mandos que
reflejen las inquietudes y la voluntad de los subordinados. Los generales se habían
dedicado a defender sus intereses y vivían colados de prebendas, esbirrismos, falsedades
y oportunismos. En la institución no había respeto y consideración con la tropa, pues
ésta se encontraba pobre y menesterosa; los oficiales libraban una diaria y enfermiza
competencia (por ganar posiciones) que generalmente desembocaba en deslealdades y
sucias componendas. No había verdadera solidaridad, lealtad y honestidad. A los
subalternos se les castigaba con mucha drasticidad, pero en cambio las faltas cometidas
por los superiores se ocultaban y encubrían.
Mientras en la reunión todos conversaban animadamente, el Capitán se acercó
discretamente al Coronel y le conversó una serie de inquietudes que tenía (entre ellas su
voluntad de separarse del Ejército). El Coronel no dijo nada; le miró por un instante de
pies a cabeza y le dio unas palmotadas en la espalda. Luego, tomándole del brazo le
separó a un costado de la gente. Le pidió que tuviera paciencia y que tomara sus
decisiones con más calma. El Capitán asintió sin decir nada.
-Estamos preparando la caída de Mahuad- le dijo el Coronel al Capitán en un
tono bajo, casi silencioso. - Necesitamos tú ayuda-. El Capitán no dijo nada y puso más
atención a las palabras lentas y pausadas del Coronel. -¿Y quiénes están involucrados en
el asunto?- preguntó el Capitán desconcertado. -Mucha gente- respondió el Coronel: -
hay curas, economistas, abogados, militares en servicio activo y pasivo, indígenas y
otros políticos-.
La conversación de los oficiales se prolongó durante toda la noche. Los
argumentos del Coronel eran bastante convincentes e idealistas. Le dijo por ejemplo:
que no era digno que el presidente Mahuad hubiera firmado una paz bajo términos
desventajosos para el país; que los banqueros corruptos se hubieran llevado la plata del
pueblo con la venia del presidente de la República; que el Presidente se muestre
impávido frente a tamaña crisis económica, etc. El Capitán le escuchó detenidamente y
se convenció de que lo que el Coronel decía, era cierto; que era necesario apoyarle y
“darle vuelo” al asunto. Luego, el Coronel le dijo que los indígenas habían conversado
con algunos generales y que ellos estaban de acuerdo, pero tenían dudas en cuanto a dar
un golpe de Estado. Sin embargo, el Coronel le ratificó su voluntad de irse en contra del
presidente Mahuad, con o sin los generales. -Sería bueno que esto encabece un general-
le dijo, -aunque ellos solo cuidan el puesto-. El capitán era Gilmar Gutiérrez.
A partir de aquel día, el Capitán se dedicó intensamente a organizar el asunto.
Contactó con sus compañeros de la ESPE, especialmente con los capitanes Guillermo
Rosero y Alex Guzmán (brillantes oficiales graduados de ingenieros en Argentina).
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Estos oficiales fueron poco a poco compenetrándose en la causa; asistiendo a reuniones
secretas; involucrando a mayor cantidad de gente; reuniéndose con los indígenas.
Al poco tiempo, la organización había crecido. Para ellos, les resultaba difícil
saber quienes eran confiables o no; ya se habían integrado al “movimiento” muchos
compañeros del Coronel (que el día 21 de enero no aparecieron). Un oficial de la
Academia de Guerra participaba en las reuniones y decía a voz en cuello que la
Academia estaba con el movimiento y que iría al Congreso Nacional (aspecto que no
era cierto). En la ESPE, se había conformado un liderazgo presidido por varios
capitanes. Supuestamente, ellos iban a ejecutar las decisiones que se tomen a “otro
nivel”. Sin embargo, ellos fueron alcanzando mayor protagonismo, en la medida en que
participaban con mayor entusiasmo en las reuniones.
Pronto aparece en el escenario de los “conspiradores”, el capitán Cesar Díaz, un
joven oficial que había sido héroe del Cenepa y además se había graduado de Master en
Finanzas (también en Argentina). Él fue contactado por los capitanes mientras se
encontraba prestando servicios en el ISSFA.
Durante los contactos con la CONAIE y los movimientos sociales, se había
decidido que la “Toma del Congreso” se ejecutaría el día lunes 17 de enero de 2000. El
capitán Díaz, en la última reunión se compromete a traer 300 soldados que habían sido
distinguidos por el Ejército como “héroes de guerra”; además, él tenía el encargo de
participar el día domingo 16 de enero, en el programa “La Televisión”, y leer la
proclama de los oficiales jóvenes frente a la nación. Para esto, primeramente el capitán
Díaz acude a la Dirección de Personal del Ejército, con el fin de obtener el permiso de
las autoridades correspondientes, para traer a Quito a los “Héroes del Cenepa”. El
oficial Director de Personal (que era el coronel más antiguo de las Fuerzas Armadas),
sin comprobar que lo que le decía el capitán era una mentira (que había llegado un
técnico de prótesis del exterior), acude al general Sandoval y logra la autorización
inmediata de éste (a pesar de que todo el Ejército estaba concentrado por el paro
indígena). Pronto el capitán Díaz tendrá a esa gente en Quito y bajo sus órdenes. Pero
intempestivamente, el Coronel da una contraorden y suspende tanto la intervención en
la televisión como la Toma del Congreso. El Capitán ahora se encuentra con un gran
problema: el mantenimiento de esta fuerza.
El día miércoles 19 de enero, el coronel Gutiérrez y los capitanes nuevamente se
reúnen con los líderes indígenas y movimientos sociales. En esta reunión, los indígenas
se muestran muy preocupados. Luego de hacer la correspondiente apreciación de la
situación, deciden que la Toma del Congreso se realizaría el miércoles 26 de enero
(ocho días después).
El día jueves 20 de enero, los capitanes (sin contar con el consentimiento del
coronel Gutiérrez) deciden reunirse con la dirigencia indígena y los movimientos
sociales. El Sr. Antonio Vargas se ve muy preocupado; manifiesta que las bases han
perdido la credibilidad en él; que inclusive piensan en agredirle. Por lo tanto, el pedido
del Sr. Vargas y la dirigencia indígena, es que la Toma del Congreso se dé al siguiente
día. El capitán Díaz manifiesta que solo cuenta con 80 hombres, y que en realidad no
podía seguir manteniéndolos sin recursos; por lo tanto, también estaba de acuerdo en
que la toma del Congreso debía darse el 21 de enero. Para esto, las partes deciden que
debía considerarse dos planes: El plan A, en el caso de que concurra el coronel
Gutiérrez, y el plan B, en el caso de que no concurra el coronel Gutiérrez; ante esta
situación, debía asumir la responsabilidad el capitán Rosero.
Habiendo acordado indígenas y militares la Toma del Congreso, los capitanes
concertaron inmediatamente una cita con el coronel Gutiérrez, a fin de comunicarle la
decisión a que habían llegado. Su decisión era concreta: o asumía la responsabilidad el
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coronel Gutiérrez o asumían ellos. En casa del capitán Gutiérrez, esa noche, se llega a la
decisión de que asumiría la responsabilidad el coronel Gutiérrez; se hace un brindis y se
retiran a sus casas.
El Plan en esencia, consistía en tomarse sorpresivamente el Congreso,
empleando inicialmente a los oficiales de la ESPE; luego entrarían los héroes del
Cenepa (también se consideraba que asistirían los oficiales de la Academia de Guerra).
Posteriormente ingresarían los indígenas, se tomarían el Congreso y se proclamaría la
Junta de Salvación Nacional. Visualizado de esa manera, este Plan tenía un grave
inconveniente: no se había considerado el desenlace; de ahí que nunca existió un Plan
de Gobierno y las acciones posteriores estarían sujetas a las eventualidades; es decir,
implícitamente sabían que el uso de la fuerza para el desalojo del Congreso era una
realidad ineludible al igual que la cárcel (para los que sobrevivieran al enfrentamiento
militar).
En la ESPE, por su parte, el capitán Alex Guzmán (Jefe de Personal de la
misma), había buscado el momento y el lugar oportuno para reunirse con los oficiales.
El pretexto de la reunión fue transmitir disposiciones y receptar inquietudes. Alex
Guzmán se vinculó al capitán Gutiérrez cuando los dos estudiaban en Argentina; para
ese entonces, su manera de ver el escenario político era diferente, sin embargo, cuando
éste le propuso sumarse al coronel Gutiérrez, aceptó inmediatamente. El trabajo que los
capitanes Alex Guzmán y Guillermo Rosero desarrollaron en la ESPE fue muy
eficiente. Se reunieron con unos quince capitanes y se iban motivando mutuamente
respecto a la necesidad de hacer algo por cambiar las cosas. Parecía que todo se iba
dando a pedir de boca. En aquella reunión convocada por el capitán Guzmán, con
mucha habilidad y no menos astucia, los capitanes “cabecillas” escucharon de los
tenientes y subtenientes, exactamente lo que querían escuchar: el descontento. Esta
situación fue aprovechada por ellos para dejarles ciertas consignas y hacer algunas
coordinaciones para el futuro. Cuando terminaron la reunión, inesperadamente entró al
coliseo el teniente coronel Chávez y en son de mofa gritó: “Viva la revolución”. Todos
los oficiales se quedaron por un momento perplejos, pero luego, como este oficial
gozaba de la confianza de todos, más bien le sugirieron que hablara con el rector de la
ESPE y le comunicara las inquietudes. En efecto, así lo hizo. Al poco tiempo, el rector
de la ESPE les reunió a todos los oficiales para averiguar lo que pasaba. En esa reunión
ningún oficial dijo nada trascendental ya que consideraban que el Rector era un oficial
no digno de confianza.
Inmediatamente después de estos acontecimientos, llegó el general Sandoval a la
ESPE. Por fuentes de inteligencia se había enterado de estas reuniones de los alumnos.
En aquella ocasión, el general Sandoval debió escuchar en términos hasta descorteses
las inquietudes de los oficiales, que en definitiva coincidían con lo que planteaban el
resto de oficiales de mandos medios.
Cuando el general Sandoval toma la palabra, éste plantea a los oficiales los tres
escenarios en que posiblemente podría desarrollarse la crisis política. Un primer
escenario contemplaba la posibilidad de que se dé un auto golpe de Estado por parte del
presidente Mahuad; un segundo escenario contemplaba la posibilidad de una sucesión
presidencial en la que asumiría el Dr. Noboa; un tercer escenario que contemplaba la
posibilidad de que asuma el poder el Alto Mando Militar (que era la mejor vista por la
oficialidad); y por último, la posibilidad que no dijo pero que el Mando tenía la certeza
de que se podía dar: la toma del poder por parte de los indígenas y movimientos sociales
en confabulación con los jóvenes militares. Los oficiales de la ESPE se quedaron algo
tranquilos por la firmeza con que les habló el general Sandoval, sin embargo, ellos no se
quedaron quietos. Inmediatamente salieron a hacer contactos con dirigentes y políticos
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de Sangolquí; pensaban aprovechar la masa que éstos les podían proporcionar para
marchar a Quito; también habían coordinado la factibilidad de que se les provea de
buses para ir al Congreso, y habían tomado ciertas previsiones ante la posibilidad de que
fueran destinados a otras guarniciones militares.
El involucramiento de los capitanes César Díaz y Sandino Torres en el
movimiento, precipitó las cosas. El capitán Sandino Torres tenía una naturaleza muy
impulsiva y poco confidencial; muchas veces su imprudencia en manejar las cosas hacía
que voluntaria o involuntariamente mucha gente se enterara, y por lo tanto, los rumores
llegaran a oídos del Ministerio de Defensa y Gobierno. Estos oficiales (muy valientes
por supuesto), querían a toda costa precipitar los acontecimientos; querían que la
incursión al Congreso se dé si es posible ya. Los movimientos sociales y la CONAIE
por su parte, se sentían inseguros, algo incrédulos, desconfiados. A cada momento
hacían apreciaciones de situación que evidentemente les arrojaban resultados adversos;
sin embargo, por otra parte, los indígenas presionaban a sus líderes para que se dé el
acontecimiento porque su logística y capacidad operativa se iba desgastando. Los
líderes de todos los sectores (aunque no lo decían) estaban muy claros: al tomar su
resolución de incursionar en el Congreso, enviaban a toda su gente como “tropa de
sacrificio”.
Durante la noche del 20 de enero, el coronel Gutiérrez se ve sorprendido con el
“ultimatum” de los capitanes. De acuerdo a la última reunión, habían quedado que la
acción se daría el miércoles 26 de enero; sin embargo, luego de analizar detenidamente
el escenario, en compañía de varios amigos y oficiales, decide que el asunto se
ventilaría el 21 de enero (el coronel Gutiérrez conocía que el presidente Mahuad había
ordenado que se le dé la baja; se le dé el pase al Oriente o se le deje sin funciones).
Los capitanes que habían defendido durante la noche del 20 de enero, la tesis de
la incursión relámpago al siguiente día, ahora se encontraban en un gran problema: los
oficiales alumnos de la ESPE no conocían nada. Inmediatamente se pusieron manos a la
obra; lo primero que hicieron fue concurrir al Congreso con sigilo para “reconocer” y
definir el curso de acción que adoptarían al siguiente día. Allí pudieron observar todo: la
ubicación de las tropas; disposición de los obstáculos; posibles lugares de infiltración; la
vía por la cual se aproximarían; la ubicación de los indígenas, etc. El capitán Guzmán
estuvo “tempranito” en la ESPE para comunicar a todos los oficiales alumnos que había
llegado el día “D”. Les iba instruyendo oficial por oficial las actividades que realizarían:
Formar, tomar los portafolios serenamente y dirigirse a los buses sin demostrar ninguna
actitud extraña.
El día viernes 21 de enero, los oficiales de la ESPE llegaron normalmente para
dar cumplimiento a las actividades rutinarias. La noticia sorpresiva de que se tomarían
el Congreso ese día, no dejó de causar serios disgustos. La mayoría de los capitanes
involucrados no habían tenido conocimiento. Esto dio ocasión para que algunos
oficiales dieran pie atrás. Ante esta situación, los capitanes líderes no saben que
acciones tomar; luego, reaccionan rápidamente y el capitán Guillermo Rosero decide
que él subiría a la cabeza del primer bus, sin importar la cantidad de oficiales que le
sigan, sean pocos o sean muchos. Simultáneamente, el Jefe de Personal de la ESPE,
ordena que los buses se encolumnen para transportar a los oficiales, pues el Sargento
encargado de transportes había sido sorprendido por el capitán Guzmán. En ese lapso,
algunos oficiales pretenden dar pie atrás, pero la intervención de los capitanes les da
ánimo y valor. Les manifiestan que éste era un acto voluntario y que quién no deseaba
participar estaba en la libre potestad de quedarse.
El capitán Rosero, líder de los oficiales de la ESPE, había tenido un papel
protagónico no solamente en la conjura del 21 de enero, sino en hechos anteriores como
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el envío de una proclama a los medios de comunicación, en la cual se ponía de
manifiesto la inconformidad de la oficialidad joven (los medios de comunicación
impidieron la publicación). Hombre inteligente, mesurado, idealista; había ocupado
siempre las primeras antigüedades (al igual que la gran mayoría de los oficiales
participantes del 21 de enero). En la ESPE gozaba de gran consideración y prestigio
personal.
Ese día, el capitán Gutiérrez al igual que los demás capitanes se encuentran
desesperados, muchos oficiales estan ya en las aulas. Ventajosamente ese momento no
dispone del celular porque piensa llamar al Coronel para abortar la operación. Todo
parece una confusión terrible. Los oficiales son sacados de uno en uno de las aulas hasta
que finalmente se llena el segundo bus. En ese momento piensan que ya es hora de salir.
El capitán Díaz se queda con los otros dos buses para transportar al resto de oficiales y a
los Héroes del Cenepa.
Durante el traslado por la autopista de los Chillos, la tensión aumenta; los
capitanes insisten en que este era un asunto voluntario. Al llegar cerca al Congreso
(puente sobre la 12 de octubre), los oficiales desembarcan y forman fingiendo que iban
a integrarse a la seguridad; en este instante aprovechan para reconocer rápidamente
cómo se encuentra el dispositivo de seguridad; se da funciones y misiones y se toma
acciones inmediatas que permita sorprender a la guardia del Parlamento.
Al observar la llegada de los oficiales de la ESPE, el teniente coronel Pacheco,
encargado de la seguridad del Congreso, inmediatamente se aproxima a ellos y piensa
que los oficiales venían a reforzar su dispositivo, por lo que les explica la situación en
que se encuentra el paro indígena. Los oficiales lo escuchan y continúan tranquilos y
expectantes. Luego, el teniente coronel Pacheco se regresa a dar parte a su comandante,
el coronel Aguirre, y los capitanes aprovechan para contactar con la tropa del Ejército y
la Policía pidiendo su apoyo, a lo cual ellos consienten.
Frente al Parlamento y luego que se ha tomado las acciones pertinentes, los
oficiales forman al mando del capitán Rosero, el cual le da parte al coronel Aguirre y le
explica la razón de la presencia de los oficiales de la ESPE. El coronel Aguirre
desconcertado, tenso, algo así como incrédulo le recrimina al capitán Rosero y a los
oficiales; en algún momento intenta disuadirlos, pero todo es en vano. Los oficiales se
dispersan y adoptan el dispositivo para la Toma del Congreso. El general Carlos
Moncayo que se encontraba en el lugar, también trata de disuadirles llamándoles a la
cordura; inútilmente trata de hacerles formar, pero era imposible. Nuevamente el
General insiste en llamarlos al orden ofreciéndose a llevarles al Comando Conjunto para
que allí ellos transmitan sus inquietudes, pero nada. Finalmente les llamará a la
serenidad para que no se produzcan vandalismos.
Paralelamente a estos acontecimientos, aparece el Sr. Vargas intentando
contactarse con el capitán Gutiérrez. Este decide no acercarse porque considera que la
prensa estaba demasiado cerca y podía delatarlo. A lo lejos le hace una señal de éxito y
continúa con las acciones establecidas. Acto seguido, los oficiales contactan
directamente con la tropa y oficiales tanto de la Policía como del Ejército, aspecto que
se vuelve exitoso porque ellos se adhieren inmediatamente. El camino al Congreso
estaba abierto. Luego, los brazos de los oficiales en conjunción con los brazos de los
indígenas, rompen la puerta principal del Parlamento (una puerta landfor y una de
vidrio) e ingresan precipitadamente al interior del mismo, en un acto de devoción cívica
nunca experimentada en el seno del Congreso ecuatoriano.
Mientras tanto, el capitán Díaz y sus 80 héroes del Cenepa, se embarcan en los
dos buses que debían llevarles al Congreso. Cuando llegan a las inmediaciones del
mismo, son interceptados por el edecán del presidente del Congreso; éste les increpa y
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les pide que depongan su actitud. El capitán Díaz, por su parte, le pide que se retire o no
responde de lo que pueda suceder con la tropa, pues ésta le insulta y le falta al respeto.
El edecán, finalmente se aparta, y los Héroes del Cenepa continúan en dirección al
Congreso. Antes de llegar al mismo, las bombas lacrimógenas les impiden el paso;
nuevamente el capitán Díaz debe convencerles a los oficiales y tropa de la Policía para
que les dejen pasar, a lo cual finalmente acceden. El camino que les había abierto los
oficiales de la ESPE que les precedieron, les permitiría ingresar al interior como unos
verdaderos héroes. El capitán Díaz es interceptado por los dirigentes de los
movimientos sociales, uno de los cuales le pregunta: ¿cuál de los dos planes va, el A o
el B? El capitán se queda pensando un momento y le dice: ¿cuál es el A? -Gutiérrez-
responde el dirigente. ¿Y cuál es el B? -Sandoval- responde el mismo. Alguien jugaba a
doble bando. -Va el plan A- manifiesta el Capitán, mientras continúa caminando hacia
la curul del presidente del Congreso Nacional.
El Coronel por su parte, este día se dirige de su casa a la Brigada Logística; allí
lo espera un oficial que debía entregarle una pistola. Luego de recibir la misma, se
dirige hacia el Congreso Nacional en el cual debían recibirle los oficiales de la ESPE.
Cuando llega cerca al parque del “arbolito”, ninguno de los indígenas le reconoce;
desembarca del vehículo y tiene dificultades para aproximarse porque los indígenas le
consideraban un militar que venía a reprimirlos. Luego de abrirse paso entre las
multitudes, finalmente llega a la entrada y saluda con algunas personas (entre ellas el
general Carlos Moncayo). En el interior del Congreso, una multitud enardecida de
indígenas y militares le espera; la Junta de Salvación Nacional conformada aquel día
tomaba fondo y forma; el país entre desconcertado y atónito, miraba por los medios de
comunicación otra jornada de su historia.
¿Y por qué se eligió al Congreso Nacional como objetivo de esta acción cívico
militar? El Congreso Nacional constituía el símbolo de la politiquería, de los intereses
partidistas, de los pactos inicuos, y del arribismo demencial. Tejero llevó a cabo una
acción suicida contra el Parlamento español, el momento que consideró que la
monarquía española era extemporánea y defendía intereses de clase y no de nación. En
Inglaterra, era proverbial la crisis parlamentaria que obligó a la “Purga de Pride”, en la
cual un regimiento disuelve el Parlamento inglés. En son de burla, los ingleses le
llamaban el “Parlamento Barebone”. En Francia los parlamentos eran muy pasionistas,
aferrados a la mística ideológica; en ningún otro país la democracia ha sido más
violenta, pero también más retórica. En momentos revolucionarios y de crisis en París,
apareció un parlamento pusilánime y desconectado con la realidad que se vivía ese
momento, los parisinos inmediatamente le motearon de los “profetas de las Cevennes”.
¿Y a nuestro Parlamento cómo le podíamos calificar? Dicen que Trasíbulo era un
hombre muy valiente e idealista, a veces temerario en sus decisiones. Cuando él miró la
impávida corrupción de los “Treinta Tiranos” de Atenas, se atrincheró en las cercanías
de Atenas hasta esperar la salida de estos tiranuelos; en efecto, al rato huyeron todos
porque pensaron en el peligro de la reacción popular. En realidad, ese era el efecto que
querían obtener los oficiales del 21 de enero frente al Gobierno Nacional.
La posición de la CONAIE de derrocar al Presidente Mahuad había pasado en el
ámbito nacional como una simple amenaza sin consistencia alguna. Pues el mencionado
Presidente, había hecho una maniobra estratégica tendiente a fijar a todos los frentes
oponentes e ir negociando sucesivamente con cada uno de ellos: mientras maniobraba
con un sector, distraía a los otros; iba venciendo sector por sector. La CONAIE por su
parte, llevaba su propia estrategia nueva y flexible. Mientras los sectores y gremios
tradicionales empleaban el mismo esquema de maniobra y negociación, es decir, pedían
prebendas y beneficios sectoriales, y en muchos casos sus líderes eran coimados; la
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CONAIE mantenía firme su posición y manejaba esquemas tácticos y estratégicos muy
parecidos a los militares. Así por ejemplo: pasó su lucha del bloqueo de carreteras a una
lucha en la ciudad, esto implica una capacidad para cambiar con mucha facilidad de
escenarios: de un externo en el que se movía con mucha eficiencia cortando las líneas
de comunicaciones del país (algo crítico hablando estratégicamente), a otro escenario de
amenaza directa a los centros de gravedad políticos, en donde están los puntos
neurálgicos de la conducción política del Estado. Pero algo más, su organización era
muy adecuada, se asemejaba a un Ejército convencional: tenía líderes que comandaban
adecuadamente; su estructura organizativa les permitía ejecutar misiones con toda
exactitud; se podía notar un alto nivel operativo que por supuesto no es casual sino
producto de un adiestramiento. Se podía notar que eran capaces de ejecutar maniobras
tácticas solo empleadas por un Ejército en combate. Así tenemos que realizaron en
varias ocasiones movimientos envolventes y capturaron tropas, especialmente en la
provincia del Chimborazo. Fueron capaces de aproximarse a Quito por infiltración,
evitando ser bloqueados o controlados por la Policía y las Fuerzas Armadas,
concentrándose luego en el parque del “arbolito”. Hasta aquí demostraron ejecutar
perfectamente la concentración y despliegue estratégico: una concentración ágil y
descentralizada y un despliegue por líneas exteriores tendientes a cercar Quito. Las
fuerzas del orden no habían podido desarticular ni la concentración ni el despliegue
estratégico. Estaba por verse la habilidad con que ejecutaban la aproximación y la
conquista de sus objetivos.
La aproximación a sus objetivos era fácil y difícil a la vez: fácil porque la fuerza
pública les había permitido aproximarse y detenerse demasiado cerca de los objetivos
(por esos enigmas de la historia, no se sabe porqué la Fuerza Terrestre les proporcionó
abastecimientos la noche anterior al 21 de enero) y difícil porque era materialmente
imposible sobrepasar a tropas policiales y militares, fuertemente armados y preparados
para disolver cualquier tipo de manifestación.
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coroneles que por ley, debían salir de la Institución. Este es el origen de una mal
entendida rivalidad entre promociones que se vería reflejada el 21 de enero.
El coronel Cobo, algún tiempo atrás había sido invitado por unos oficiales
retirados, a una reunión en el hotel Akros. En realidad, él nunca tuvo la intención de
asistir, sin embargo, ante la insistencia del subdirector de la Academia (que le fue a ver
en la casa) aceptó ir a la mencionada reunión. Al llegar a la misma, se dio cuenta que los
oficiales retirados, le habían convocado a él y al coronel Gutiérrez, supuestamente para
auscultarles su pensamiento político frente a la realidad nacional. Luego de esa reunión,
no volvería a reunirse nunca más con los mencionados oficiales, puesto que había
quedado claro sus verdaderas intenciones. Es decir, según sus propias afirmaciones,
nunca conoció de las demás reuniones para la conspiración.
Repentinamente, la presencia de los oficiales de la ESPE en el Congreso, causó
una verdadera conmoción en la Academia y en todo el país. Nunca se esperó este
acontecimiento; nadie podía creer que un grupo de oficiales del Ejército hubiera sido
capaz de entrar al Congreso en compañía de los indígenas. Pero, ¿cómo pudo un grupo
de personas desarmadas pasar el cerco militar- policial tan fácilmente?
En la Academia de Guerra se comenzó a vivir un ambiente muy tenso. Resultaba
inaudito para los oficiales que cursaban el Estado Mayor, que unos jóvenes capitanes y
tenientes de la ESPE, fueran los portavoces del clamor popular, de las inquietudes de la
joven oficialidad militar. Los oficiales profesores acudimos a la oficina del Director; en
el televisor de la oficina íbamos siguiendo paso a paso los acontecimientos: La Junta de
Salvación Nacional se había conformado; indígenas y militares se concentraban en el
Congreso en un acto que al momento causaba desconcierto y tensión. En ese mismo
instante y en forma sorpresiva, la Junta decide nombrar un Alto Mando Militar; decide
que el coronel Cobo asuma las funciones de Jefe del Comando Conjunto, el coronel
Jorge Brito como Comandante General del Ejército y el coronel Gustavo Lalama como
Jefe de Estado Mayor del Ejército. Hasta este instante, las cosas se iban dando de
acuerdo a lo que había previsto el Alto Mando: generar la crisis en el país para crear el
escenario adecuado para la caída de Mahuad. Pero el nombramiento de un nuevo Alto
Mando Militar por parte de la Junta, generó involuntariamente tres consecuencias que
tendrían honda repercusión en el desarrollo de los acontecimientos. Primero: La
Academia de Guerra se inclinó porque el coronel Cobo asuma esta responsabilidad
encomendada por la Junta de Salvación Nacional. Segundo: comenzó a generar
expectativas en las unidades militares, las cuales, a través de sus comandantes pusieron
de manifiesto su adhesión, realizando llamadas a la Academia de Guerra y al Congreso
(debemos recordar que el 80% de las unidades del Ejército dio su adhesión formal al
movimiento y también se adhirieron algunas unidades de la Fuerza Aérea y Fuerza
Naval. La solidaridad militar y del pueblo ecuatoriano (espontánea por supuesto) fue
mayoritaria). Y tercero: se generó un sentimiento de rechazo a los generales y
almirantes, considerándoles como parte del sistema corrupto de las altas esferas del
Gobierno.
Al rato, los oficiales alumnos pidieron al director de la Academia de Guerra una
reunión en el auditorio. Inicialmente, el Director llamó a los oficiales a mantener la
tranquilidad y la cordura, sus palabras fueron más bien pausadas y serenas; los alumnos
escucharon con detenimiento hasta cuando cedió la palabra a profesores y alumnos. El
ambiente tomó una connotación expectante, tensa, emotiva, hasta que comenzaron las
palabras de los asistentes. En realidad hubieron muchas participaciones, unas más
fogosas que otras, los ánimos caldeados subían de tono, se decía de todo, había ansiedad
por tomar la palabra; los profesores se mantenían en un silencio cauto aunque de vez en
cuando hablaba uno u otro; la tensa tranquilidad del auditorio combinada con la
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elocuencia de los oficiales que tomaban la palabra, desembocaría en un paroxismo total,
matizado por un idealismo ciego que se convertiría en punta de lanza de proposiciones
radicales.
¿Y qué se dijo en el auditorio de la Academia de Guerra? De las muchas cosas
que se dijeron, considero que lo principal fue lo siguiente: Se puso de manifiesto la
obligatoriedad moral de los oficiales de asistir al Congreso y unirse a los oficiales de la
ESPE; colaborar con la destitución del Gobierno del presidente Mahuad (se consideraba
en ese momento, que el Alto Mando tomaría tal decisión, por los pronunciamientos que
ellos habían hecho anteriormente en el Instituto); protestar enérgicamente frente al país,
por el nefasto estado de corrupción en que lo habían hundido: los políticos, jueces y
funcionarios públicos deshonestos; se condenó la falta de participación directa del
Mando Militar frente a un Gobierno bancocrático corrupto, que azotaba al pueblo
ecuatoriano; se acusó al Mando Militar de ser cómplice y partícipe del sistema corrupto
que imperaba en el país; por último, se exigió la presencia del director de la Academia
de Guerra en el Congreso Nacional. No faltó por allí la voz de la experiencia, un oficial
asesor de la Academia, pidió que tuviéramos calma y esperáramos el pronunciamiento
del Mando Militar. La oficialidad eufórica no escuchó el consejo y retomando las
palabras de Julio César, se podía decir que “la suerte estaba echada”.
Luego de escuchar todos los pronunciamientos, el director de la Academia pidió
unos minutos para reflexionar en su oficina y tomar una decisión. El auditorio no
consintió en el pedido y más bien exigió una decisión inmediata. La euforia, cada vez
subía más de tono. Ante la insistencia del auditorio, el Director decidió que asistiría al
Congreso y asumiría su “responsabilidad histórica”. El auditorio se destapó en aplausos.
Inmediatamente pidió que le acompañaran un número reducido de oficiales al Congreso
Nacional para unirse a la Junta de Salvación Nacional.
Un día de aquellos en que Rusia quería sobajar la dignidad y soberanía polaca,
los alumnos de la Academia Militar salieron a la calle gritando: ¡“Viva Polonia”, “Viva
la libertad”! Constantino, a la fecha gobernador de Polonia y hermano del Zar, no podía
concebir en su prejuiciosa mente que los militares fueran portavoces de la rebeldía.
Huyó el cobarde de Varsovia. Cuando la rebelión fue sofocada y retornó, lo primero que
hizo fue impedir el estudio de los militares en cuanto se refería a Ciencias Humanas; a
la juventud polaca le quiso poner una venda en los ojos y en el pensamiento, y ordenó
que en adelante no se estudiara filosofía (política). De cincuenta millones de polacos
que existían a la época, solo estudiaban tres mil y con restricciones. Pero el total es que
cuando él disputaba la corona con su hermano y el pueblo polaco le apoyaba, le vivaban
las tropas, pero éstas estaban tan ignorantes que gritaban: ¡“Viva Constantino, Viva
Constitución”! Creían que Constitución era esposa de Constantino.
A los pocos minutos apareció el coronel Cobo en los medios de comunicación,
se lo veía unido a la Junta de Salvación Nacional. El Mando Militar inmediatamente se
preocupó, veía que algo extraño estaba interfiriendo en su libreto. Frente a esta realidad,
decidió controlar la situación empleando dos comisiones de oficiales que debían actuar
inmediatamente, no para impedir que la crisis se propague, sino para mantenerla bajo
estricto control. Es así que la primera comisión se conforma con el general Norton
Narváez (Jefe de Operaciones del Comando Conjunto) y el general Morales; su
cometido estaba destinado a calmar y canalizar los ánimos de los oficiales de la
Academia, mas no a impedirlo. Al llegar a la Academia, los mencionados generales se
encuentran con dos realidades distintas a la percepción del mando: Primero, los oficiales
demuestran una franca hostilidad en contra de los generales (cuando llegan los
generales, los alumnos ignoran su presencia y no les dan el saludo correspondiente);
segundo, la oficialidad ya no cree procedente que los generales sean dignos de
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confianza para realizar la profunda transformación nacional que se postulaba en el
auditorio, de tal manera que, cuando el teniente coronel Galo Cruz, profesor de la
Academia de Guerra, llega a media reunión e interrumpe el diálogo con los generales
mencionados y le da parte al general Narváez que el Alto Mando ha llamado a
comunicar que le quitaban el respaldo al presidente Mahuad, esta noticia no surte
ningún efecto disuasivo en los presentes, y mas bien se incrementa el deseo de
participar en el Congreso. El diálogo con los generales resultará repetitivo e
intrascendente, puesto que, ellos se limitarán casi exclusivamente a escuchar a los
alumnos y profesores y a dar razones tibias, de tal manera que cuando ellos abandonan
la Academia, dejan en ella una sensación de vacío de mando; lo correcto en la vida
militar es dar disposiciones y ordenes concretas a fin de evitar el cometimiento de
infracciones por parte de los subordinados (caso contrario, el superior comete una
infracción).
La segunda comisión, se conformará con los coroneles Gustavo Lalama y Jorge
Brito. El Mando Militar creía que aprovechando la coyuntura de que los mencionados
oficiales habían sido escogidos por los oficiales jóvenes como Alto Mando, podía
utilizarlos a ellos como elementos disuasivos. Estaba muy claro que para los oficiales de
la ESPE (que de cualquier manera reflejaban el sentimiento de la oficialidad joven), los
generales no llenaban las expectativas en el ámbito militar; se habían dado casos de
corrupción y abuso de generales que fueron encubiertos por sus más antiguos: Casos
como supuestos negociados en la compra de armamento en el conflicto del Cenepa
(denunciado por el general Moncayo en la Academia de Guerra); corrupción en la
adquisición de equipo militar (denunciado por un representante no favorecido); abusos
en los comisariatos; sobresueldos; viajes al exterior; tráfico de influencias; prebendas a
círculos estrechos de oficiales (palanqueos); uso de influencias políticas para captar
posiciones en el Alto Mando, etc.
Los coroneles Brito y Lalama, desempeñando ese día sus funciones normales,
fueron llamados por el Mando Militar para cumplir esa misión especial: disuadir a los
oficiales que se encontraban en el Congreso Nacional. Ellos pidieron como condición
previa, que el Alto Mando retirara su apoyo al presidente de la República (causante del
problema), petición que luego de una ligera consulta entre ellos, fue aceptada; se
desarmaron en ese momento y se dirigieron a cumplir su misión.
El coronel Gustavo Lalama, había sido también un distinguido oficial del
Ejército ecuatoriano. Era un hombre intelectual, serio y equilibrado. Cuando se produce
la Toma del Congreso, él se encuentra en actividades normales dentro de la EPFT,
instituto que estaba bajo su dirección. Inmediatamente recibe una llamada del Mando
Militar, verificando si él se encontraba en el Congreso, situación que no era real.
Cuando recibe la orden de presentarse en la Comandancia, él no involucra a ninguno de
sus oficiales y mas bien deja la disposición de que nadie podía abandonar el Instituto sin
su orden.
En cuanto al coronel Jorge Brito, éste es un oficial inteligente, valiente; hábil en
las relaciones interpersonales. Con el grado de capitán, tuvo la distinción militar de la
“Cruz de Guerra”, por el conflicto de Paquisha.
Pero, ¿qué efectos causó la presencia de los coroneles, los oficiales de la
Academia de Guerra , ESPE, oficiales de otras unidades de la plaza de Quito y oficiales
en servicio pasivo en el Parlamento? Las Fuerzas Armadas se convulsionaron. Los
comandantes de las diferentes unidades ven en el movimiento una alternativa de cambio
y comienzan a pronunciarse a favor de él. En la III-DE, los oficiales y tropa se adhieren
dejando de lado a su Comandante, el cual abandona su puesto de mando y elude su
responsabilidad de mantener el control de su Fuerza. En el Oriente, los comandantes de
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las unidades de combate ponen de manifiesto a sus superiores su voluntad de adherirse
al movimiento. La Brigada Blindada encolumna sus tanques dispuestos a marchar a
Quito, dejando de lado a su Comandante, al cual posteriormente le aplaudirán para que
se vaya a su casa (y no se fue sino hasta que no le ascendieron a general. Así paga el
diablo a sus servidores). En Guayaquil, los oficiales desconocen a su Comandante al
cual no le permiten el ingreso a la unidad. La Brigada de Ingenieros acude al
Parlamento con todos sus efectivos, menos uno (su Comandante), el cual se queda
encerrado en su oficina. En la Brigada Logística, toda la tropa apoya al movimiento,
incluyendo a sus mandos, los cuales se retractarán posteriormente. Por otra parte, el
pueblo ecuatoriano ve con simpatía la presencia de los jóvenes militares en el Congreso;
nace una nueva esperanza, una alternativa de cambio, una luz al fondo de la obscuridad
de su historia (debemos recordar que más del 70% de los ecuatorianos se pronunció a
favor de la amnistía de los oficiales). El pueblo quiteño, guayaquileño y cuencano, salen
a las calles a brindar su apoyo al movimiento. Para ese momento, el presidente Mahuad
había sido desconocido y traicionado por el Mando Militar; a su vez, éste había sido
virtualmente desconocido por la mayoría de unidades de la Fuerzas Armadas. El poder
total estaba en manos de los “oficiales insurrectos”.
¿Y la clase política oligárquica? Se escondió. Ningún político, congresista, juez
o funcionario público del Ejecutivo, dijo esta boca es mía. El vicepresidente de la
República, cuyo deber moral y democrático era defender al Presidente (supuestamente
su amigo), se encontraba en franco cabildeo en la ciudad de Guayaquil, a la expectativa
de la llamada del general Sandoval (que jugaba a varias puntas). Es que la cuestión era
simple: El golpe de Estado tenía la venia de una facción de la Democracia Popular, y los
políticos oportunistas de siempre quisieron reeditar el golpe de Estado de febrero de
1997, cuyas causales para la destitución de Bucaram, ni ellos mismos se creen. En ese
entonces, la oligarquía y la clase política oportunista en complot con Fuerzas Armadas,
hicieron el sainete más ridículo de la historia ecuatoriana, dejando en la presidencia de
la República al político más mañoso de los últimos tiempos. Nuevamente los coroneles
se salen del libreto y no permiten que el golpe de Estado se dé como estaba planificado.
¿Acaso no es gestar un golpe de Estado, conspirar desde el Parlamento para bloquear
todas las iniciativas del Presidente e impedirle gobernar? ¿Acaso no es gestar un golpe
de Estado, pedirle la renuncia a un coideario? (es el caso de Hurtado que conspira contra
Mahuad, pretendiendo creer que él ha sido un mejor Presidente). ¿Acaso no es evidente
el complot en el golpe de Estado, el que se reúnan varios políticos del mismo partido de
Gobierno (en casa de un demócrata popular) y se pongan a esperar pacientemente la
caída del Presidente? No, nada es casual, el general Sandoval estaba conversando con el
Vicepresidente (su amigo personal, dicho públicamente en la Academia de Guerra) y
otros demócratas populares, para derrumbar a Mahuad.
Por otra parte, el Mando Militar venía gestando otro golpe de Estado, auspiciado
por ciertos oligarcas que los seducían, al igual que los indígenas y movimientos
sociales; pero este golpe obedecía más bien a ambiciones personales de los generales
Mendoza y Sandoval, sino: ¿Por qué se trajo a los indígenas en camiones del Ejército
desde Latacunga y Riobamba?. ¿Por qué el Mando Militar ordenó a la Brigada Logística
proveer alimentos y prestar cocinas a los indígenas aposentados en el parque del
“arbolito”? ¿Por qué el Mando Militar se reunía con los indígenas en el ministerio de
Defensa Nacional y mandaba delegados a sus reuniones? ¿Por qué los generales
Sandoval y Mendoza merodeaban los institutos de formación militar, induciendo a los
oficiales a inclinarse por una futura dictadura militar propiciada por ellos?
En las primeras horas de la tarde, el presidente Mahuad y el Mando Militar se
encuentran en franco forcejeo. El presidente de la República se ve traicionado por un
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Mando Militar que hace unos pocos días traicionó al ministro de Defensa y que en el
futuro traicionará a los oficiales participantes en el 21 de enero, concebidos
simbólicamente como “coroneles”. Pues resulta que éste le estaba jugando “Barcelona”
al presidente de la República y le comienza a hablar en términos estratégicos que
francamente le dejaban desconcertado. El Mando Militar le comienza hablar al
Presidente de “escenarios”, término que técnicamente, en el lenguaje estratégico militar,
apenas es un elemento de la conducción estratégica de un conflicto. Los elementos de la
conducción estratégica militar son cuatro: Escenario (que hace referencia al lugar físico,
área o sector en el cual se desarrolla el conflicto); el conflicto con los movimientos
sociales y la CONAIE estaba focalizado en Quito, aspecto que facilitaba la conducción
de las fuerzas militares y policiales. Fuerzas Antagónicas (fuerzas opuestas a la Fuerza
Pública); en este caso, las fuerzas que se oponían a la Fuerza Pública eran la CONAIE y
los movimientos sociales (luego se sumaron los militares de la ESPE y AGFT); estas
fuerzas antagónicas eran demasiado débiles para enfrentarse a la Fuerza Pública, pues el
tren logístico de los indígenas era muy escaso y vulnerable (los indígenas no tenían los
suficientes abastecimientos para permanecer muchos días en Quito), además, los
militares que permanecían en el Congreso estaban desarmados, lo que facilitaba su
sometimiento. Fuerzas Propias (Fuerza Pública), tenía la capacidad disuasiva de sobra
para controlar el conflicto, en última instancia, reforzaba su dispositivo. Curso de
Acción Estratégico (estrategia a emplearse para el manejo del conflicto). Respecto a
este último punto, toda la estrategia está contemplada en los planes respectivos. Cuando
el Mando Militar le plantea al Presidente los “escenarios”, simple y llanamente se
involucra en un nivel que no le compete al poder militar sino al poder político. Y es así
que deslealmente le hablan de cuatro “escenarios”: Permanencia del Presidente en el
poder; sucesión presidencial; renuncia del Presidente y elección de un nuevo por parte
del Congreso; y un gobierno de facto (dictadura militar). Como dijimos anteriormente,
estas “capacidades propias” (no escenarios), dentro de la planificación de la conducción
estratégica se convierten en “eventos estratégicos”, es decir, la visualización de los
principales problemas en el desarrollo del conflicto y su posible respuesta a cada
eventualidad (para esto se desarrolla la matriz de conducción estratégica).
No logramos entender hasta ahora, por qué el Mando Militar hablaba de
sucesión presidencial; salida constitucional; gobierno de facto, etc. si esa es una
temática que solo le corresponde al poder político, y lo que es peor, esa temática es
inconstitucional porque esta atentando contra el poder legítimamente constituido (a
menos que el Presidente quiera voluntariamente renunciar). De tal manera que el Mando
Militar solo podía hablar y asesorar al Presidente, respecto al control militar de la
situación: Cercos militares; dosificación del uso de la fuerza; refuerzo de unidades;
protección al Presidente; operaciones psicológicas, etc. Pero el Mando Militar hizo
exactamente lo contrario: Habló de política y ni siquiera mencionó el control del orden
público que es su única y exclusiva responsabilidad. Pobre Mahuad, no tenía noción de
lo que era ser Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Por su parte, el comandante de la I-DE, como una pieza clave del complot, será
el encargado de dar viabilidad al “golpe”: Primero, facilitando el ingreso de los oficiales
de la ESPE al Congreso Nacional; segundo, comunicando al Presidente que el Mando
Militar le quitaba su respaldo. Pero lo más crítico de todo el asunto, es la actitud del
mencionado general: No conocen sus tropas, exactamente, lo que él como Comandante
encargado de defender el Congreso y el Palacio de Carondelet quiere; a la unidad que
defiende el Congreso le retira sin que ésta haga ningún intento por cumplir su misión; a
los comandantes que defienden el Palacio les deja a “su conciencia” el hecho de cumplir
o no su misión. Por otra parte, el Presidente y sus ministros más leales, no saben que
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hacer ni que camino tomar; cual ágiles roedores de barco en proceso de naufragio, la
mayoría de políticos “democráticos” abandonan la nave; llamadas por aquí, llamadas
por allá, en definitiva ya no tenía el menor respaldo ni popular ni al interior de su propio
Gobierno.
Cuando la Academia de Guerra llega al Congreso Nacional, en su parte exterior,
miles de ciudadanos indígenas, mestizos, negros y blancos asediaban el Parlamento; se
podía notar claramente en el rostro de la gente, una expresión de tensión e indignación.
En la entrada, dos grandes palos obstaculizaban el ingreso de las personas. La gente
aplaudía acaloradamente la presencia de los militares. Inmediatamente, el Parlamento
Popular reinició sus reuniones previo un ritual shamánico; como era de esperarse, la
Academia de Guerra dio su proclama de adhesión y se encendió la emotividad. A un
costado del interior, en un gran auditorio, se encontraban los oficiales de la ESPE. Se
percibía un clima de tensión, de intranquilidad, de incertidumbre; no se sabía con
exactitud si iban a ser desalojados por la fuerza o no, en todo caso, la presencia de la
Academia de Guerra les dio mayor tranquilidad y firmeza. A partir de ese instante, será
la Academia la principal protagonista. Es así como se materializan inmediatamente las
comisiones conformadas con anterioridad: comunicaciones, seguridad, prensa, etc. toda
la gente se mueve con cierto orden: unos suben, otros bajan, otros entran y salen. Se ha
preparado una rueda de prensa en el salón de los presidentes del Congreso Nacional,
mientras los coroneles finiquitan su participación en la Junta de Salvación Nacional.
Los coroneles Brito y Lalama, que fueron con instrucciones específicas del Mando
Militar, parecen no estar de acuerdo con el movimiento, por lo tanto, no muestran
interés por adherirse. Sin embargo, el coronel Cobo insiste en persuadir a sus
compañeros para que se adhieran. Las discusiones continúan en el baño.
Los oficiales que iban entrando al Congreso se iban involucrando
voluntariamente en la “Jornada del Foso”. Sabían perfectamente que no había vuelta
atrás. Era el síndrome de Orfeo y Eurídice, el retornar a ver es la tragedia; para salir del
Hades era necesario caminar hacia delante y con paso firme. Amrús nos ha invitado a
todos a vivir de su banquete, en el que posiblemente muchos debíamos perder la vida.
La masacre de Amritzar es el fiel reflejo de la represión de los poderosos, de aquellos
que tienen el poder para decidir sobre la vida, los bienes y el destino de los demás.
Los generales por su parte han quitado el respaldo al presidente de la República.
Mahuad abandona cobardemente el Palacio y se esconde. La situación es crítica. Los
coroneles designados para disuadir a los oficiales jóvenes (coroneles Lalama y Brito)
informan al Mando Militar que la situación es incontrolable. El coronel Cobo insiste al
general Mendoza que la única manera de solucionar el problema es con la presencia de
éste en el Congreso o que si creía más adecuado en el Hospital Militar. El general
Mendoza se niega a asistir y deja a los oficiales enviados a su suerte, sin embargo, ellos
seguirán cumpliendo su misión hasta el final del día 21.
En el Ministerio de Defensa, los generales se encuentran confundidos, en
realidad, han perdido el control de sus fuerzas y no saben descifrar cuál de las acciones
es la más adecuada; no saben exactamente con qué unidades del Ejército cuentan (los
comandantes de las unidades de combate se suman al movimiento masivamente), solo
existe un Alto Mando sin tropas. En ese instante se les presenta un nuevo agravante: los
oficiales jóvenes piden en el Congreso la destitución de todos los generales de las tres
fuerzas.
Muchos políticos, en muchas partes del mundo, hubiesen querido tener a su
disposición un escenario tan favorable como el que tuvo en ese instante la Junta de
Salvación Nacional: Un apoyo total del pueblo; unas Fuerzas Armadas con sus tropas
adheridas masiva, voluntaria y espontáneamente a la causa; unos partidos políticos
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tradicionales ahuyentados y escondidos; un Mando Militar desconcertado y el pueblo
quiteño en las calles. En el momento de la trifulca, la Junta estuvo ciega de estrategias
adecuadas y fue incapaz de visualizar muchos aspectos. El primer gran error constituye
la falta de voluntad política para tomar el poder: los coroneles al llegar al palacio
entregan el poder al Mando Militar con una ingenuidad increíble. Otro gran error
consecuencia del primero, es que los coroneles no mueven tropas, ni relevan mandos, ni
formalizan las adhesiones de los comandantes de las unidades (pese a que la gran
mayoría de comandantes expresan su respaldo). No existe un Plan de Gobierno. No
existe un Plan adecuado para ejecutar la insurrección popular.
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aceptada y se determinó el número de personas que debían participar en ella. Luego de
algunos forcejeos, la Escolta Presidencial y las unidades designadas para la seguridad
del Palacio, permitieron el paso de los líderes indígenas, movimientos sociales y ciertos
oficiales (especialmente de la Academia de Guerra). En la parte baja del Palacio, tanto
en la parte exterior del pretil como en el interior, permanecían los oficiales jóvenes,
impedidos de pasar por una albarda de metal alta, cuyo paso se controlaba
estrechamente. La escolta y otros soldados apuntaban hacia la oficialidad, sin dejar de
vigilar constantemente. Los generales Moncayo y Yandún permanecían expectantes
junto a los oficiales mientras se iniciaba el diálogo con el Mando Militar.
Se ha comentado mucho acerca de la negociación en el Palacio de Gobierno; la
verdad siempre tendrá muchos puntos de vista considerando el ángulo desde el que se lo
mire. El punto central del problema en la negociación fue la conformación de la Junta
de Gobierno. Por una parte, el Mando Militar consideraba que la Junta de Gobierno
debía estar conformada exclusivamente por militares de la más alta jerarquía (conforme
se había difundido a las unidades militares mediante telegrama), posición que fue
rechazada de plano por el Sr. Antonio Vargas, el Dr. Carlos Solórzano y los oficiales
presentes. Por otra parte, los dirigentes de la CONAIE, movimientos sociales y los
oficiales, pedían que se mantenga la Junta de Gobierno inicial, aspecto que fue
rechazado de plano por el Mando Militar.
Luego de las respectivas conversaciones, aparece una nueva propuesta de
negociación que pretendía conformar una Junta de Gobierno integrada por el General
Mendoza, el Dr. Solórzano, el Sr. Vargas y el coronel Gutiérrez. En esta propuesta, el
Mando Militar cuestiona la presencia del coronel Gutiérrez, porque se considera que era
un coronel nuevo y que se iba a romper la estructura jerárquica de FF.AA., además, esto
no iba a ser aceptado por los oficiales superiores a él, mucho peor por los oficiales
generales de las diversas ramas.
Mientras tanto, en la planta baja del Palacio de Gobierno, al igual que en la Plaza
Grande, los oficiales y el pueblo se intranquilizaban, el tiempo era un factor
preponderante; se creía que si se demoraba más la negociación, el pueblo se iría
retirando paulatinamente.
Frente a la negativa del Alto Mando, aparece una nueva propuesta de
negociación en la que se conforma una Junta de Gobierno compuesta por el general
Mendoza, Sr. Vargas y el Dr. Solórzano; al coronel Gutiérrez se le designa como
ministro de Gobierno por petición del Dr. Solórzano. Esta fórmula será la que
finalmente impere a pesar de la inconformidad de la joven oficialidad, los dirigentes de
la CONAIE y movimientos sociales.
La idea que había concebido el Alto Mando militar, era la de tomar el poder
político de la República, aprovechándose de la posición débil en que se encontraba el
Presidente Mahuad. El Alto Mando, no solo que apoyó a crear las condiciones
adecuadas para la caída del Presidente ( remoción del general Gallardo como Ministro
de Defensa; soliviantamiento de los institutos militares y coqueteos desleales con la
CONAIE y los movimientos sociales), sino que en el momento de la crisis, quiso
manejarla y pescar a río revuelto; pero en realidad, hay algunos factores que se le
tornaron adversos, por ejemplo: no pudieron o no quisieron controlar a los institutos
militares, los cuales se convirtieron en “masa crítica” que desencadenó un apoyo total al
movimiento de “los coroneles”, por parte del Ejército y una simpatía en las otras
fuerzas; en ese momento “los coroneles” representan la dignidad de Fuerzas Armadas y
se comienza a tildar a los generales de corruptos y cómplices del sistema. Esto le da otra
connotación al movimiento; de pronto la juventud militar no solo quiere que se vaya el
presidente Mahuad, sino que también quiere que se vayan los generales. La juventud
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militar ya no solo quiere la salida del Presidente sino un cambio estructural en el país.
Esta situación no se encontraba en los planes del Mando Militar; de pronto su presencia
y la de los generales es cuestionada y lo que es peor, los comandantes de las unidades
están de acuerdo con “los coroneles” y ponen por escrito su respaldo. En ese instante, el
Mando Militar se encuentra con que su problema central ya no es el derrocamiento del
presidente Mahuad, sino el lograr mantener la subordinación de las unidades militares.
Por otra parte, el Alto Mando Militar también pierde el apoyo de los generales, pues
ellos conceptúan que el triunvirato nacido de las negociaciones no es representativo y
que en la negociación no se contó con su opinión, por lo tanto, luego de ser escuchados
en el Consejo de Generales, se llega a la determinación de que la salida debía ser
“constitucional”; es decir, por primera vez, sale el nombre del vicepresidente Noboa, el
cual había utilizado y había sido utilizado por el general Sandoval, en un acto de
simbiosis desleal contra el presidente Mahuad.
La imagen que proyectó la Junta de Gobierno, nacida de la negociación con el
Mando Militar, causó una seria desilusión en el país. Al general Mendoza, se lo
conceptuaba en el Ejército como un hombre con una pobre preparación académica;
militarmente mediocre (se llenaba de asesores que cubrían sus deficiencias) y por sobre
todo sectario, pues se encargó de crear una secta de oficiales que giraban a su alrededor,
y que se beneficiaban de las bondades que generaba su cargo. El Sr. Vargas, despertaba
un rechazo espontáneo dentro de una sociedad tremendamente racista y prejuiciosa,
incapaz de comprender que, por primera vez en 500 años, un indígena llegaba al poder
como símbolo de reivindicación étnica. El Dr. Solórzano, era considerado como un
intruso que nada tenía que ver en el asunto, como un oportunista.
La falta de liderazgo del General Mendoza en FF.AA., pronto se hizo evidente,
pues los generales lo rechazaron de plano, consideraban que era incompetente para
ocupar una dignidad de tamaña envergadura; por otra parte, él se sentía presionado por
la embajada de EE.UU. que un corto tiempo atrás le había condecorado, precisamente
por ser un “defensor de la democracia”. Históricamente, resulta curioso que “los neo-
gemelos”, luego de tanto nadar conspirando, se ahoguen en la orilla. La respuesta es
simple: la oligarquía no estaba dispuesta a que se vulnere ninguno de sus privilegios;
pero el pueblo tampoco quería una dictadura militar a la vieja usanza, por lo tanto, el
general Mendoza quedaba fuera de tono con todo el mundo.
La única aparición que hace la oligarquía en este día, es a través de su empleado
más útil, un sirviente de conciencia, antihistórico; un seudo periodista que engaña al
país a través de un medio de comunicación, pretendiendo hacer creer que el Ejército
estaba por “la salida constitucional”; es un tal señor Ortiz. Mcluhan temía mucho por la
desinformación atroz que puede generar un periodismo falto de ética, sin principios, sin
apego a las más elementales normas de respeto a la verdad; en el mundo moderno y
global en que debemos vivir, la opinión pública manipulará la opinión del hombre
postmoderno; creará su propia verdad y nos creará valores nuevos, superficiales por
supuesto. Los demás oligarcas, políticos y politiqueros profesionales se pusieron a buen
recaudo; nadie dio la cara. Se dice que muchos de ellos tenían sus maletas listas para la
fuga. Lo cierto es que los verdaderos golpistas y conspiradores se reunían a hurtadillas,
silenciosos y desconcertados; miraron paso a paso los acontecimientos, convencidos de
que el “reprise” del golpe de Estado de 1997 (caída de Bucaram) no les había resultado.
Los oficiales y líderes de la Junta de Salvación Nacional, llegaron al Palacio de
Gobierno con una convicción clara y transparente: Refundar el país. El pueblo
ecuatoriano, en un gigantesco acto de masas jamás visto en la ciudad de Quito,
acompañó material y espiritualmente a sus actores. El 93% de los ecuatorianos querían
la salida de Mahuad. En la actualidad, el pueblo ecuatoriano se pregunta y con razón:
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¿por qué “los coroneles” cedieron en las negociaciones, dejando el poder político en
manos del Alto Mando militar? La verdad siempre será polémica y discutida, sin
embargo, fue muy notorio que en la oficialidad había dos posiciones diametralmente
opuestas: La primera, que sostenía que el Alto Mando debía ser desconocido y
detenido, manteniendo la vigencia de la Junta de Salvación Nacional, proclamada en el
Congreso Nacional (esta posición era mantenida por la gran mayoría de capitanes,
mayores y tenientes coroneles); y la segunda, que creía que debía mantenerse la
estructura jerárquica de FF.AA. e incluir al general Mendoza en la nueva Junta de
Gobierno, excluyendo al coronel Gutiérrez de la misma (esta posición era mantenida
por los coroneles: Brito , Lalama , Cobo y el Alto Mando militar).
Aceptada la propuesta de negociación establecida por el Alto Mando, quedó un
aire de desilusión en los oficiales. Algo estaba suelto o no irradiaba confianza. El nuevo
triunviro se mostraba escéptico de sí mismo, es más, sus miembros eran demasiado
heterogéneos. En la rueda de prensa que se transmitió a todo el país, las declaraciones
fueron demasiado sucintas y parcas, se dijo muy poco, casi nada; ni siquiera se
promulgó el primer decreto. Era obvio que el Mando Militar tenía otras intenciones, ya
que ni siquiera aparecieron en el balcón presidencial. Era obvio que se iban a retirar al
Ministerio de Defensa donde se encontraban reunidos los generales. Los oficiales por su
parte, en forma ingenua y desprevenida se fueron retirando poco a poco del Palacio;
entendieron que la palabra de sus generales era suficiente para creer en ellos (se
prometió que no habría sanciones para los oficiales), pero no fue así, ellos faltarían a su
palabra.
Pronto los “coroneles” y líderes de la Coordinadora de Movimientos Sociales y
CONAIE, se dieron cuenta del error que habían cometido. Ellos se quedaron en el
Palacio como presintiendo que algo malo se tramaba. El presentimiento no fue en vano,
puesto que pronto les llegó la noticia de que el Alto Mando se reunía con el resto de
generales en el Comando Conjunto. En ese momento, estos líderes habían perdido todo
por su falta de un diseño estratégico. Era inaudito perder todo luego de haber tenido a su
favor al pueblo y a las FF.AA. El general Sandoval ejecutaba una de sus últimas
jugadas, pues no habiendo sido considerado para conformar la Junta de Gobierno, ahora
sacaba su última carta que consistía en proponer a la presidencia de la República a su
“amigo personal”: el Dr. Gustavo Noboa, al cual había estado engañando todo el día y a
quien los generales en ningún momento habían considerado para tal dignidad. Al son de
la noche, los generales tendrían la obligación de poner las cosas en su punto. Lo primero
que hicieron fue defenestrar al gestor del golpe de Estado (general Mendoza), que
involucró directa o indirectamente a todos los generales en la insubordinación en contra
del presidente de la República; luego, mantener el mismo Mando Militar a fin de que les
cubra las espaldas y asuman su responsabilidad histórica; y por último, llamar a Dr.
Noboa para que siga el orden constituido y encubra la verdadera responsabilidad del
golpe de Estado. El general Sandoval demostraba una vez más su gran habilidad
“maniobrera”.
“Los coroneles” y demás líderes del Movimiento, inicialmente permanecieron en
el Palacio de Gobierno. La desconfianza estuvo presente siempre en su mente. Y ellos
no se equivocaban. Conociendo que el Alto Mando se había dirigido al Comando
Conjunto, ellos acudieron a él para aclarar la situación. Todos sus esfuerzos fueron
inútiles e intrascendentes, pues simplemente hablaba un reducido grupo de personas sin
ningún tipo de respaldo; las fuerzas políticas y militares habían sido desmovilizadas con
el simple hecho de haber concertado un triunvirato que decepcionó a la mayoría de los
ecuatorianos: desmovilizados las conciencias y los espíritus de los hombres que durante
todo el 21 habían soñado con un nuevo Ecuador, lo que restaba por hacer era muy poco.
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Haya sido una estrategia o no la del general Mendoza, lo cierto es que dio un resultado
favorable para los grupos políticos de derecha. En ese momento y en su propio
territorio, los generales solo comunicaron su resolución a los coroneles y demás líderes,
los cuales por más argumentos que esgrimieron no lograron conmover la conciencia
cívica y patriótica de los mismos. El destino manifiesto estaba dado. Los generales le
ordenaron al vicepresidente de la República, que se presente en el Ministerio de Defensa
para ungirle como presidente.
Se cuenta que Prusias, rey de Bitinia, era despreciado y estigmatizado por el
Senado romano. Era un rey ambicioso, solo miraba su beneficio personal sin importar a
quién traicionaba (pretendió entregar a Aníbal a Roma, antes de que éste se suicide). No
sabiendo como congraciarse con el Senado romano, en cuyas manos estaba su destino,
un día acudió al foro y en la entrada, en el umbral de la puerta principal, frente a todos
los senadores congregados para el efecto, se arrodillo y beso el piso exclamando: “Os
saludo dioses salvadores”. Por supuesto que fue salvado y ratificado como rey. ¡Os
saludo dioses generales salvadores¡
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CAPÍTULO V
UN TRISTE AMANECER.
En las primeras horas de la mañana del día 22 de enero, la noticia recorría todo
el país: el Mando Militar había desconocido la vigencia de la Junta de Gobierno y
reconocía al vicepresidente de la República como Presidente. Al escuchar esa noticia,
todos los oficiales de la Academia de Guerra acudieron a la misma desde sus
respectivos hogares. Había un clima de incertidumbre y nerviosa serenidad. El director
de la Academia (coronel Cobo) llamaba a la tranquilidad, en vista de que había recibido
el ofrecimiento del general Sandoval, de que no se tomaría represalias de ninguna
índole. Abderramán tenía por costumbre desconfiar de las personas, pensaba que la
naturaleza humana era traidora por excelencia; cuando alguna vez fue perseguido por
los abásidas y al cruzar el río con su hermano recibió el ofrecimiento de regresar a
cambio del respeto a su vida; éste no creyó, pero su hermano sí (estaba muy agotado de
nadar). Abderramán desde la orilla opuesta, debió contemplar cómo su hermano era
degollado, por la infinita maldad de quienes habían faltado a su palabra. Los oficiales
profesores, conociendo la naturaleza del oferente, nos guardábamos el derecho a la
duda.
Aproximadamente a las 10 de la mañana llegó el general José Lascano (Jefe de
Estado Mayor del Ejército), y el general López (Director de Educación del mismo). El
general Lascano, entró directamente al auditorio en donde le esperábamos los oficiales
profesores y alumnos, recibió el respectivo parte militar de rigor y tomó asiento junto
con el general López. En su rostro reflejaba indignación y preocupación; sus palabras
fueron cortas pero llenas de molestia. En definitiva, acusó directamente al director de la
Academia de Guerra, de ser el causante de los acontecimientos del 21 de enero, en “una
actitud de mando temeraria”, incompatible con la serenidad y el buen juicio que debe
caracterizar a un comandante. Luego de este acontecimiento, salió de la Academia de
Guerra y no volveríamos a saber de él sino hasta sus declaraciones en el juicio que se
seguiría en contra del general Mendoza. El general López, que acompañaba al general
Lascano, no dejaba de causar menos de una sonrisa entre los asistentes; era el
responsable directo de los institutos militares y el día anterior (21 de enero) había
brillado por su ausencia, lo menos que se esperaba es que presentara su disponibilidad
El nuevo Gobierno por su parte, también iniciaba sus maniobras de concertación.
A través del Sr. Ribadeneira, el ministro Francisco Huerta pedía una opinión a la
Academia de Guerra sobre la designación del nuevo Comandante General del Ejército.
La opinión del coronel Cobo se inclinó por el general Norton Narváez, persona sobre la
cual, efectivamente recaería dicha dignidad. Mientras tanto, salían del escenario militar,
el general Carlos Calle y José Lascano (allegados al general Gallardo), los cuales habían
observado la “astucia” con que los generales Sandoval y Mendoza se deshicieron del
general Gallardo (frente a un ingenuo Mahuad), y ahora, el general Sandoval se
deshacía de ellos. La lógica era sencilla, estos dos generales como Alto Mando militar
(así les correspondía), sin estar involucrados en la traición y en las jugarretas contra el
presidente Mahuad, estaban en condiciones de montar un “juicio correcto”, en el cual,
debíamos ser juzgados todos los militares de acuerdo a nuestro grado de
responsabilidad. Esto no le convenía al Alto Mando militar, lo conveniente era
protegerse las espaldas a toda costa.
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Al siguiente día, los oficiales de la Academia de Guerra, con la misma
incertidumbre del día anterior, se reunieron. En verdad, la situación era demasiado
delicada. El Mando Militar había ordenado la detención del coronel Gutiérrez y por lo
tanto, la detención de los demás oficiales era tan solo cuestión de tiempo. Los oficiales
más radicales pensaban que lo más adecuado era atrincherarse en la Academia de
Guerra y resistir en ella hasta las últimas consecuencias; otros pensaban que lo más
adecuado tal vez sería “lanzarse al monte”; por último, había oficiales que consideraban
que lo prudente era esperar a ver como se desarrollaba la situación. Finalmente primó
esta última posición, no sin antes recibir el apoyo de algunas unidades militares, cuyos
comandantes, manifestaban la intención de apoyar a la Academia en esta actitud
(atrincherarse).
El día martes 25 de enero, fue detenido el coronel Fausto Cobo; el día 26 se
ordenó la detención de los demás “coroneles” que habíamos participado apoyando a la
Junta de Salvación Nacional (tanto profesores de la Academia de Guerra como de las
demás unidades que habían desconocido a sus comandantes). Al conversar con el
general Moya, éste manifestó su pesar por todo lo que había sucedido; que
lamentablemente se debía aplicar los reglamentos militares y que debíamos ponernos a
ordenes del general Carlos Moncayo (?) (Juez y Comandante de la I-DE).
Inmediatamente fuimos trasladados al cuartel Eplicachima y posteriormente al Fuerte
Militar Atahualpa, lugar en donde debíamos permanecer detenidos.
Por motivos de seguridad, los oficiales fuimos distribuidos en cuatro cuarteles.
En el Batallón Rumiñahui permanecieron detenidos el coronel Fausto Cobo, el coronel
Hugo Bonilla, el mayor Fausto Bravo y el capitán Sandino Torres. En el Agrupamiento
de Inteligencia Militar permanecieron detenidos el coronel Lucio Gutiérrez, Gustavo
Lalama, Jorge Brito, mayor Jimy Pino y capitán César Díaz. En el Batallón Policía
Militar permanecieron detenidos el coronel Ciro Escobar y el teniente coronel
Guillermo Pacheco. En el Fuerte Militar Atahualpa permanecieron detenidos el coronel
Vicente Anda, el teniente coronel Mario Lascano, Federico Gortaire, y el suboficial
Patricio Robayo.
El Mando Militar, había decidido con los abogados y el juez militar, que lo
conveniente para sancionar a los oficiales implicados en el movimiento del 21 de enero,
era aplicar el código penal militar, en su artículo 117, que hacía referencia “contra la
subordinación”. De esta manera, no se mentaba el “golpe de Estado”, que directa o
indirectamente nos involucraba: al Alto Mando Militar, generales, coroneles, tenientes
coroneles y demás oficiales involucrados en la caída del presidente Mahuad. La sanción
llegaba pero no para todos. Lo que el Mando Militar quería es encontrar “cabezas de
turco”; oficiales que sean sacrificados en homenaje a todos los culpables. La historia
nos recuerda la famosa anécdota de la “Campana de Huesca”, en la cual, el miserable
Ramiro I mata a sus mejores vasallos por temor a que éstos supuestamente le traicionen
en el futuro; la campana sonará con muchas cabezas haciendo de badajo, mientras en su
reino moría la esperanza, la sabiduría, la majestuosidad de los hombres.
En primera instancia, muchos de los oficiales implicados (alrededor de 300), se
sintieron conformes con la decisión del Mando (no del juez, como corresponde), se
pensaba que las sanciones oscilarían entre 3 meses y dos años de prisión. A los alumnos
de la Academia de Guerra, se los había convencido de que su sanción sería máximo de 3
meses, pero con las rebajas llegarían máximo a 8 días y podrían continuar con la carrera
militar. En ese sentido, como que los oficiales de la Academia de Guerra se llegaron a
tranquilizar. La estrategia de Galva frente a los incautos lusitanos da sus resultados; les
ofrece tierras y pastoreo para que depongan las armas, y luego, indefensos,
desorganizados, inermes, deben aceptar ser exterminados (los oficiales de la Academia,
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frente a tantas amenazas y ofrecimientos del mando, bajarán los brazos y dejarán todo el
peso de la defensa sobre los oficiales detenidos).
Pero la realidad y el escenario se presentaron repentinamente de otra manera. En
primer lugar, el juez de la causa, mayor Sangoquiza, frente a las evidencias indiscutibles
sindicó sin orden de detención preventiva al general Mendoza. Esto no estaba previsto,
los generales se verían involucrados porque en realidad no se trataba solo del general
Mendoza, sino de otros generales más. Inmediatamente fue dado el pase el mayor
Sangoquiza al Oriente, en un acto de desatino que no dejó de causar menos de una
sonrisa en la opinión pública. Sin embargo, antes de partir a su destino, el juez se
inhibió de conocer la causa y le lanzó “la pelotita” a la Corte de Justicia Militar
(aduciendo el fuero del general Mendoza). Pero aquello que se pensó arreglar dentro de
casa, pronto se convirtió en una escena política a nivel nacional. Las opiniones eran de
diversa índole; se decía que el primer golpista y beneficiario del movimiento cívico
popular del 21 de enero, era el presidente Gustavo Noboa. A los generales casi no se los
acusaba, en un acto de cobardía y complicidad periodística, nunca antes vista en el país
(actitud tremendamente perjudicial para la democracia ecuatoriana). A “los coroneles”
(como se dio por denominar a los militares participantes del 21 de enero) se los
comenzó a pintar de dos maneras: como patriotas y brillantes (la gran mayoría del
pueblo ecuatoriano) o como militares insurrectos, golpistas y politizados (la minoría
oligárquica). El presidente de la Corte de Justicia Militar, general Salgado, en realidad
no supo que hacerse con el caso en sus manos, por lo que inmediatamente lo pasó a la
Corte Suprema de Justicia, argumentando que el general Mendoza era Ministro de
Defensa encargado, el día 21 de enero. Mientras tanto, en el debate público iba
apareciendo más argumentos que implicaban a los generales y a otros políticos (el
general Mendoza, en un acto de falta de hombría de bien, argumentaba en su defensa
que todo lo actuado por él obedecía a una “estrategia”. El pueblo ecuatoriano ya había
emitido su juicio y le había condenado moralmente como TRAIDOR).
El presidente de la Corte Suprema de Justicia, también se lavó las manos y se
inhibió de conocer la causa, devolviendo la misma nuevamente a la Corte de Justicia
Militar. Pero en este momento se da una situación especial: A los generales Paco
Moncayo, Rene Yandún y al Sr. Vargas, este magistrado les inicia un auto cabeza de
proceso pero sin orden de prisión preventiva, tomando en cuenta que se les acusaba de
un delito contra la seguridad interna del estado. Aquí viene la pregunta: ¿ Por qué si a
los coroneles (que se les acusaba de un delito contra la subordinación) se les tenía
apresados, a los señores antes mencionados (incluido el general Mendoza), no? La
respuesta era muy sencilla: El general Mendoza sabía muchos secretos de estado y sobre
todo, el teje y maneje del golpe de Estado que montaron ciertos militares, en complot
con los mismos políticos “sinvergüenzas” de siempre, que se llenan la boca con la
palabra “democracia”, sin recordar que a su debido tiempo fueron los mejores sirvientes
de la dictadura militar, y que su oportunismo y complicidad ha llevado a nuestro país a
la calamidad en la que hoy se encuentra. Por su parte, el Dr. Galo Pico, tampoco ordena
la detención de los señores antes mencionados, por temor a que la crisis política se
agudice, sobre todo con la CONAIE. Esta es una prueba clara de la falta de
independencia y personalidad de la función judicial; una justicia pública y militar
manoseada por los más oscuros intereses políticos. Una justicia con temor de hacer
justicia, que puede ser sino una ciega holgazana perdida en la voluptuosidad de sus
propias debilidades.
Cuando entra en escena el general Carlos Augusto Jarrín (en reemplazo del
general Salgado que renunció a la dignidad de presidente de la Corte de Justicia militar),
el escenario jurídico se altera substancialmente. El Mando Militar y todos los
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implicados conocían de la personalidad de este digno militar, que le ponía un nuevo
rostro a la administración de la justicia militar; y eso hizo: Sin temor alguno inició el
proceso en contra del general Mendoza, llegando a acorralarle y poner el juicio en una
situación tal, que estaba a punto de ordenar la detención preventiva de los generales
Mendoza y Sandoval. Repentinamente, el Ministro de Defensa y el de Gobierno se
convierten en los máximos defensores de la amnistía (el Ministro de Defensa se había
pronunciado radical por la sanción a los oficiales). Las declaraciones del Dr. Vladimiro
Alvarez, Econ. Arízaga, generales Calle y Lascano, además del Sr. Piedra, nos permitió
poner en claro algo que todos sabíamos, pero que los que tenían por obligación moral
decir, no lo dijeron: el Alto Mando militar dio un golpe de Estado y desconoció al
presidente Mahuad; el general Mendoza nunca tuvo una estrategia (al menos que
conozcan los generales); detrás del golpe estuvieron involucrados muchos políticos
deseosos de captar el poder, entre ellos militantes de la misma Democracia Popular (el
Dr. Juan José Pons fue involucrado por el Sr. Piedra).
En cuanto al escenario político, los partidos políticos de derecha y los
movimientos sociales (asociados con la CONAIE), se encuentran en franca disputa.
Todos los partidos de izquierda y centro izquierda, se vuelven a unir en el Congreso
para enfrentar a la derecha oligárquica que busca consolidar su posición hegemónica
luego del “susto” del 21 de enero. La Democracia Popular (la gran perdedora), trata de
mantener su presencia en el poder, “arrimándose” al Presidente que había puesto el
hombro (con su actitud evasiva y desleal) para que caiga el presidente Mahuad. Los
socialcristianos, autores indirectos de la debacle nacional (propulsores de la AGD, ICC,
salvataje bancario, congelamiento de depósitos, etc.), tratan de ponerse a buen recaudo
lavándose las manos y eludiendo sus responsabilidades; sin embargo, se benefician en
las elecciones seccionales de mayo, poniendo en práctica un vieja mañosería política
que en el Ecuador se creía superada: El fraude electoral. El problema electoral suscitado
en la provincia de Los Ríos, en dónde el roldosismo demuestra que en el Tribunal
Provincial Electoral se hizo fraude, deja en muy mal predicamento el nombre de su
presidente nacional, el Sr. Villaquirán (socialcristiano), y lo que es peor, deja la puerta
abierta para creer que en efecto, lo que dice la gente, que el Dr. Mahuad le ganó al
Lcdo. Noboa la presidencia de la República mediante un fraude electoral fraguado por
el Dr. Vivanco (amigo personal de Mahuad), en ese entonces presidente del Tribunal
Supremo Electoral, es cierto.
El Partido Roldosista también salió beneficiado del asunto. Había caído el
nefasto Mahuad, que otrora agitó al pueblo quiteño para derrocar a Bucaram. “Hoy por
ti, mañana por mi”, “en la vara que mides serás medido”, “Dios tarda pero no olvida”,
“quien hace un mal no espere un bien”, “los maricas traen mala suerte”, etc. habían
repetido los roldosistas mientras no dejaban de dar una que otra risotada. Lo que es
peor: La imagen de corrupción de la presidencia de Mahuad, había atenuado y hasta
ocasionado que el pueblo “olvide” los actos de corrupción de Bucaram, poniéndose en
vigencia la teoría del mal menor y el síndrome del perseguido. En las elecciones de
mayo también fueron los beneficiarios, especialmente en la Costa. Resulta que en esta
época, los alumnos de Bucaram se encuentran despuntando con el perfil aumentado y
corregido de su progenitor político: Demagogia, sinvergüencería, amarres, mentiras,
corrupción política. Es así que durante todo este período político, ellos llevarán la batuta
del Congreso, haciendo y deshaciendo las componendas hasta llegar al punto de sacar
de “confronta” al partido Social Cristiano, que se creía el rector de la vida del país. Su
líder, a la vieja usanza populista maneja los hilos de la política desde Panamá; nada se
puede hacer sin su consentimiento; sus secuaces son los servidores del Dios Oannes.
Mientras el paranoico se encuentra disfrutando de sus excesos en Panamá, el pueblo se
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muere de hambre y él pretende seguirlo engañando. Para enseñanza de los “coroneles” y
de la política ecuatoriana, será este ciudadano quien dictaminará, por medio de un
celular, la amnistía para los civiles y militares involucrados en la gesta cívico popular
del 21 de enero de 2000.
La Izquierda Democrática al igual que Pachacutik, fueron los más grandes
beneficiarios del 21 de enero. El general Moncayo, al asociarse con la Izquierda
Democrática, revivió un cadáver político, un difunto que no era visitado ni siquiera por
sus propios deudos, sin embargo, la ID no acepta esta realidad y pretende ciegamente
atribuir este milagro a Rodrigo Borja. Por otra parte, es necesario recordar que al
general Moncayo, también le estaban convirtiendo en un cadáver político (en el
Congreso), hasta que llegó el 21 de enero y le revivió, convirtiéndole en patriota para
unos y golpista para otros. Al final de cuentas, el pueblo de Quito le designó como su
Alcalde, sin importarle que sea golpista; lo interesante era que la gente quería ver caras
nuevas, honestas y no comprometidas (de “taquito” le fue llevando a la prefectura al Sr.
Ramiro González). En las mismas elecciones seccionales, el otro gran triunfador fue
Pachacutik; como nunca antes, los indígenas habían triunfado electoralmente en varias
prefecturas y alcaldías de la Sierra y el Oriente. El poder indígena comenzaba a
extenderse.
La CONAIE en cambio, inicia su retirada. Esta organización que había escrito
una página tan brillante en su corta historia política, comienza a cometer una serie de
errores estratégicos: No exige una convocatoria a consulta popular cuando el pueblo
ecuatoriano se encuentra en su máximo fervor (con los “coroneles” detenidos); adopta
una posición prepotente y desafiante frente al Gobierno (actitud que causa el rechazo de
la opinión pública y ciertos sectores hegemónicos); y por último, convoca a un paro
general progresivo que terminará en fracaso.
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detenidos no rindieron ninguna declaración, es más, luego de la amnistía no se siguió
“Consejo de Disciplina” a ningún oficial porque se quería evitar a toda costa las
declaraciones. La justicia militar, que de paso había dado muestras de incompetencia
profesional; arbitrariedad en el manejo el proceso; inobservancia de las normas jurídicas
y sumisión incondicional al Mando Militar, pronto sacó su “as bajo la manga”. La nueva
estrategia consistía en jugarse el todo por el todo: Llamar a un “Consejo de Guerra” a
los oficiales involucrados y asesorar al presidente de la República respecto a la
necesidad de pedir al Congreso Nacional, la amnistía para los civiles y militares
involucrados, pero para los militares no se eximía la sanción disciplinaria. Si es que se
daba la amnistía, la cosa se facilitaba tremendamente y manejaba el asunto internamente
el Ejército; si no se daba la amnistía, simple y llanamente se llevaba a cabo un Consejo
de Guerra “secreto”, en el que, en menos de 72 horas estaban procesados todos los
oficiales, sin derecho a reclamo alguno, y sin que la opinión pública tenga acceso al
mismo. Es decir, se quería llevar a cabo “procesos jacobinos”, en los cuales, a los
acusados no se les concedía ni el mas elemental derecho a la defensa. Se dice que
Danton pensó que el otrora amigo suyo: Robespierre, no le mandaría a detener; que le
cubriría sus espaldas. El muy ingenuo no se dio cuenta que para muchos la política está
por sobre la amistad; por sobre todos los valores. Robespierre, que creía ciegamente al
igual que Dracón que la sentencia más baja debía ser la pena de muerte, lo mandó a
ejecutar. Danton pudo huir pero no lo hizo, estaba convencido que al hombre nunca le
debía faltar valor y amor a la Patria. Al pie del cadalso diría con mucha sobriedad: “Es
que se lleva uno a la patria en la suela de los zapatos”. El Almirante Byng fue un chivo
expiatorio del fracaso inglés en San Felipe (Menorca); su derecho a la defensa fue una
payasada del Consejo de Guerra que lo único que quería establecer era un responsable.
Byng fue fusilado como producto de un írrito proceso, pero el poder de la verdad,
finalmente estará por encima del poder de una justicia malsana.
Frente a la estrategia magistralmente diseñada por el Mando Militar quedaba un
cabo suelto: El juicio que manejaba con mucha ética y probidad el general Carlos Jarrín
(ejemplo para los magistrados de justicia de cómo se debe llevar un juicio). Este juicio
llevaba cola para políticos y militares, y lo que es peor, se llevaba tan rápidamente y con
tanto escándalo (por las declaraciones) que de pronto se comenzaron a desprestigiar
políticos y generales, con la tendencia a que pronto podían estar detenidos los generales
Sandoval y Mendoza y seriamente involucrado el presidente de la República. Así nació
el apuro político por la amnistía.
En el Congreso Nacional existían dos tendencias plenamente identificadas: una
de derecha, opuesta a la amnistía (partido Social Cristiano) y la de centro izquierda e
izquierda, a favor de la amnistía (ID, PACHACUTIK, MPD, FRA, etc.), quedando una
fuerza política dirimente, llamada Partido Roldosista. La miopía política y la
prepotencia de Febres Cordero, hizo que el partido Social Cristiano pierda un
protagonismo que le hubiera sido muy útil en el futuro (dando la amnistía), pero no,
prefirió hacer gala de su tozudes y dar paso al protagonismo del Partido Roldosista, con
su líder Abdalá Bucaram, que a partir de ese momento se convierte en el magnánimo,
patriota y sacrificado líder, que sufre la persecución de sus adversarios políticos (esta
misma prepotencia de Febres Cordero, hará que luego, el partido Social Cristiano pierda
la presidencia del Congreso, y nuevamente el roldosismo sea dirimente y salga
fortalecido).
El partido Social Cristiano, que al inicio se había opuesto rotundamente a la
amnistía (de acuerdo a la posición de Febres Cordero), de pronto finge magnanimidad y
dice que la amnistía debe ser para todos menos para “los cabecillas”: Mendoza, Vargas,
Solórzano, Gutiérrez y Cobo (y todos los sumisos legisladores socialcristianos siguen
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los dictados de “su amo”). ¡Perdónanos Gregorio VII Febres Cordero!, no lo
volveremos a hacer nunca más; nos vestiremos de tristes penitentes y esperaremos tres
días en la nieve de Canosa; luego nos confesaremos y suplicaremos tu perdón.
¡Bonifacio León, no nos excomulgues, nuestro estómago no tendrá pan ni nuestras
manos trabajo! Febres Cordero sufre en ese momento político, algo que para los
hombres de bien se llama “cobardía histórica”, es decir, debía pedir el juicio para el
general Sandoval, pero ¿por qué no lo hace? Simple y llanamente, Febres Cordero
entiende que el general Sandoval esta en servicio activo como Jefe del Comando
Conjunto, y también entiende que el general Sandoval conoce muchísimas
“confidencias” a nivel gubernamental, y por último, tiene el poder del Comando
Conjunto. Febres Cordero no acostumbra a enfrentarse con los hombres que le pueden
hablar de igual a igual, él acostumbra a enfrentarse con los hombres que están en una
posición débil: Ser bravo con la Corte Suprema de Justicia que no dispone de tropas
para responder al cerco que el “señor Presidente” ordena colocar; ser bravo con Alfaro
Vive mandando a eliminar a sus lideres (de cuyas arbitrariedades, Alfaro Vive todavía
no le ha pasado la factura). El 21 de enero tampoco habló, no salió el “patriota
demócrata” a defender la democracia, esperó que el movimiento fracasara para salir al
siguiente día: Ebrio, chabacano, rencoroso, a condenar a un grupo de ciudadanos que el
día anterior habían dicho un contundente ¡NO¡ a la bancocracia corrupta, a la que él
defendió en persona, marchando con Aspiazu Seminario por las calles de Guayaquil y
dando un toque regionalista al asunto. Si él hubiera propuesto el juzgamiento de
Sandoval, la democracia le rendiría pleitesía; si pedía el de los generales, la Patria
entera.
Antipater, general vengativo y obstinado al servicio de Filipo y Alejandro, pidió
como condición previa a firmar la paz con Grecia, la cabeza de Demóstenes e Hipérides.
Estos valerosos hombres habían defendido el honor y la integridad de Atenas; pero el
burdo rey de Macedonia no lo entendía así, para él solo existía la palabra sumisión y
sometimiento; el orgullo y el honor no cabía en sus conceptos ratoniles. Demóstenes e
Hipérides prefirieron quitarse la vida en vez de dar gusto al cobarde invasor.
La Democracia Popular en esta ocasión hizo “tripas corazón” y llevó la peor
parte. Inicialmente se portaron desleales con Mahuad y la resignación les hizo presa
fácil. Su obligación moral era la de pedir la restitución del Presidente que había sido
derrocado. Al fin y al cabo, si los “salvadores de la democracia” se llenaban la boca con
la tautología de que la Constitución es la única que impera, por qué no se exigió al
Congreso y a los organismos internacionales que se devolviera el poder al presidente
Mahuad? Debemos recordar que el día 21 de enero, la traición se fraguaba desde
adentro, o sino que le pregunten al Sr. Piedra o que se pronuncien los que se quedaron
callados mientras se reunían en privado a la espera de que caiga su “ex compañero de
lucha”. A mi modo de ver, hay tres errores estratégicos que la Democracia Popular no
podía cometer: Aliarse con el nuevo Gobierno (que no defendió al suyo) en forma
incondicional (si había un partido que no debió votar por la amnistía, era justamente la
Democracia Popular); continuar su alianza con los social cristianos, autores y cómplices
de la tragedia de Mahuad; dividirse en un momento crucial por terceros intereses, y
como dice el adagio popular: “Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el
perro”; la Democracia Popular perdió la amistad del Gobierno a quien había defendido
y del partido Social Cristiano a quien había acolitado. La DP. en la actualidad se bate
en retirada.
La Izquierda Democrática y Pachacutik, los grandes ganadores. Mientras el
roldosismo y el PSC mantenían su tradicionales parcelas políticas, estos dos partidos se
expandían apoderándose de toda la Sierra. Paco Moncayo utilizó y se dejó utilizar por la
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ID, en una alianza macabra en la que Rodrigo Borja hace las de “nudo gordio”. A
Moncayo se le ató las manos en la alcaldía de Quito en beneficio del último intento de
Borja por hacerse del poder de la República. “Los países (y los políticos), no tienen
amigos, tienen intereses”. Finalmente, Pachacutik (expresión política de la CONAIE), si
en verdad tuvo un crecimiento considerable a nivel electoral en la Sierra, por otra
cometió serios errores estratégicos, a saber: Mantuvieron el mismo modelo de protesta
sin cambiar el discurso; no analizaron debidamente el escenario nacional para diseñar
una estrategia adecuada; sus líderes se envanecieron y perdieron el sentido de las
proporciones al desafiar a un Gobierno aparentemente consolidado (con la propaganda
de los grupos hegemónicos); los líderes se dividieron.
El Gobierno nacional por su parte, también había hecho sus apreciaciones para
pronunciarse a favor de la amnistía. Sabía por fuentes militares (Servicio de Inteligencia
Militar), que la tropa y la oficialidad de mandos medios y subalternos en el Ejército, se
encontraban muy desengañados y defraudados. Varios de sus mejores oficiales, en todos
los niveles, se encontraban procesados. Había la propuesta de los oficiales jóvenes y la
tropa de propiciar un nuevo levantamiento militar. Al coronel Gutiérrez le vivaba la
tropa, públicamente, en el coliseo del Fuerte Militar Atahualpa (aspecto que disgusto a
muchos generales), entonces, un nuevo levantamiento militar solo era cuestión de
tiempo (recordemos que Arroyo del Río, inició “su caída” del Gobierno, el momento en
que se negó a dar la libertad a los miembros de la Fuerza Aérea, que junto a Velasco
Ibarra, conspiraron contra su Presidencia). Políticamente, la prisión y el procesamiento
de los civiles y militares involucrados en el movimiento del 21 de enero, era “un clavo”
que no le iba a permitir gobernar por un minuto. La opinión pública comenzaba a
pronunciarse arrolladoramente a favor de los militares detenidos y el pueblo exigía cada
vez más molesto que se libere a los mismos (es importante recordar la marcha de los
trabajadores, el 1 de mayo, fecha en que una multitud impresionante, unida
monolíticamente, pide la libertad de los militares).
El momento en que el Gobierno pide la amnistía, se gana la simpatía popular y
le vota “la pelotita” al Congreso Nacional. Si ésta no se daba, quedaba como “malo” el
Congreso Nacional, y si a esto se suma la gran impopularidad del mismo, la figura del
Presidente se agigantaba.
Y llegó el día de la amnistía. Las esposas de los oficiales detenidos se habían
esforzado denodadamente por obtener la libertad de sus esposos. Las familias enteras
habían hecho un trabajo incansable, buscando las coyunturas que permitan el logro de la
tan esperada amnistía. Los esfuerzos no fueron vanos. El día en que el plenario del
Congreso Nacional sancionó la amnistía, cientos de familias de militares se sintieron
tranquilas y felices; los padres soldados regresarían a su casa con la frente en alto, llenos
de orgullo, con la satisfacción de haber cumplido su deber y ofrendado su carrera militar
al pueblo ecuatoriano. Aquella frase atribuida a las madres espartanas, y que siendo
unos cadetes muy jóvenes la comprendimos, simplemente tomo vigencia:”Hijo, ve y
cumple tu deber para con la Patria, y no retornes vivo si no es con honor”. También
aquellos días, sabiendo las condiciones de la amnistía y que con seguridad nos
separarían del Ejército, recordábamos varias frases que en su respectivo momento nos
dieron valentía: El Pía Avanti; nuestro querido “Solo venciéndote vencerás”. Por la
noche hubo un regocijo total, los familiares y amigos que venían a abrazarnos; la tropa
que nos estrechaba la mano; el pueblo que en la majestad de su silencio nos daba su
bendición infinita.
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LA DESPEDIDA FINAL
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2) Que el Mando Militar no asumía con hombría de bien, la orden que había
impartido a los coroneles Brito y Lalama, de acudir al Congreso para
disuadir a los oficiales insurrectos. Por lo tanto, los dos oficiales habían sido
involucrados por el Mando Militar y luego se los abandonaba. (Coroneles
Brito y Lalama).
3) Que por honor y justicia militar, debíamos ser juzgados y sancionados todos,
por insubordinación al presidente de la República, comenzando por los
generales. (Tcrn. Mario Lascano).
4) “Siento vergüenza del Mando Militar”. (Cap. César Díaz).
5) Que pedíamos la disponibilidad siempre y cuando se levante la amenaza de
colocarnos a disposición del ministro de Defensa, por considerar una
situación indigna y arbitraria.
6) Que la tropa había sido maltratada y relegada. Que no había preocupación de
los generales por el bienestar de ella. Que mientras los generales se llenaban
de prebendas, la tropa se moría de hambre. (SBOS. Patricio Robayo).
7) Que nunca se había desconocido al Comandante de la III DE. en Cuenca,
sino que éste se había salido de la unidad, evadiendo su responsabilidad de
mando. (Crnl. Escobar y Anda)
8) Que el Mando Militar ordenó la detención del presidente Mahuad y del
Vicepresidente, y que conoció del asalto a la Base Aérea. (Tcrn. Edgar
Narváez).
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la Gran Colombia, inmediatamente aparecen las mentes minúsculas, sectarias,
localistas, miopes; estas mentes están rasgadas por la feroz peste de divisionismo: la
parcela propia, “el huasipungo”, el copioso fraccionalismo que embebió y embruteció a
los generales de Alejandro: Antígono quería apropiarse a como dé lugar de Asia;
Lisímaco, de Tracia; Seleuco, de Babilonia; Casandro de Grecia y Ptolomeo de Egipto.
Páez, Santander y Flores, no tienen otro norte en su mente, que no sea llevar a como dé
lugar su feudo o rinconada. Pero hay algo que es peor, el feudalismo mental que ayer
igual que hoy azota a nuestro pueblo; Flores y Páez buscan el retaceo de la Gran
Colombia porque eran unos analfabetos funcionales (gente que ha aprendido a leer pero
han leído muy poco); Bolívar en cambio es capaz de avizorar los horizonte distantes del
destino americano, porque lee mucho, reflexiona, establece criterios y busca soluciones
salomónicas; Bolívar no es precisamente un militar, es un político. A San Martín
debemos procurar mirarle a la inversa. En cambio Santander, es una curiosa mezcla de
estos dos aspectos (político y militar), pero está adornado de algo que es muy necesario
en el mundo solapado de nuestra desvencijada política: pragmatismo, astucia y
perseverancia.
Bolívar murió con su idea pero su idea no murió con él. Toussaind L’Overture se
adelantó con muchos años al pensamiento y a la obra de Gandhi y Luther King. Él
comandó exitosamente a las tropas que derrotaron estrepitosamente a Leclerc, pese a
ello, él fue tomado prisionero y encerrado de por vida en una cárcel francesa, en donde
murió. Idea y obra; pensamiento y realidad; visión y paradigma, ese es L’Overture. Los
cauces de la historia no encuentran otros derroteros que audacia y acción, sudor,
lágrimas, sacrificios. Alfaro solía decir siempre: “sin sacrificio no hay redención”. José
Martí, por su parte, no solamente es acción, él es pasión. Amaba entrañablemente a su
patria americana; los niños eran su delirio, los sueños su pasión; la literatura era su
trabajo y la acción su realidad. Él combina sutilmente el sueño con la realidad, el verbo
con la acción: “Conozco al monstruo porque he vivido en sus entrañas”, decía
orgullosamente, mientras empuñaba el arma para defender a su nación.
En el crisol de la angustia nace la verdadera identidad. Los pueblos nobles ponen
a prueba sus valores en el fogonazo de la adversidad, cuando deben saberse fuertes,
firmes, fusionados. “El débil está condenado siempre a la derrota, decía Ramón y Cajal,
pero no por débil sino por no haberse dado cuenta de ello”. La debilidad no es una
cuestión de fuerza sino de voluntad. La voluntad es perseverancia, constancia, deseos de
seguir; la fuerza es imponencia, drasticidad, brutalidad; la debilidad no es otra cosa que
una enfermedad del carácter y la voluntad. Se dice que González Suárez no era un
estudiante tan brillante como perseverante, la fortaleza de su espíritu consistía en
aprovechar la luz tenue de una esquina para desarrollar sus estudios. García Moreno era
igual, se cuenta que de joven estudiante en París, se depilaba las cejas para impedirse
salir a caminar. Velasco Ibarra no era menos perseverante, ponía sus pies en agua helada
para no permitirse la debilidad de dormirse mientras estudiaba.
La voluntad de triunfar implica sacrificio. Leningrado y Stalingrado se
consideran ciudades mártires, porque fueron capaces de sobreponerse a la vida y a la
muerte, mientras eran privadas de los recursos más indispensables que permiten la vida.
La carne de rata era lo más preciado; el pan de aserrín lo más gustoso. Los madrileños
de la guerra civil española, freían las suelas de sus zapatos para aliviar el hambre. Pero
nuestros gobernantes no, hambre para el pueblo y sacrificio solo para el pueblo; todo es
el pueblo y no tienen otro chivo expiatorio; lo que es peor: “Le quieren matar a fuego
lento”. Ellos no se sacrifican por nada ni por nadie, ellos son los grandes señores. El
éxito y la vigencia de las dinastías europeas y asiáticas, consiste precisamente en eso, en
que el rey debe marchar siempre a la cabeza para defender los intereses de su pueblo, y
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éste así lo hace. El rey es el portador de la dignidad del pueblo, y éste así lo hace. Los
príncipes tártaros debían pasar grandes pruebas de valentía para demostrar que eran
capaces de responder con hombría de bien frente a situaciones difíciles. Nuestros
gobernantes no demuestran nada, dan poco ejemplo en todo y creen que el pueblo les ha
puesto en ese sitio para que lo traten a “puntapié limpio”.
¿Pero, hay democracia en el Ecuador? Creo que debemos apostar a que no hay
una verdadera democracia, porque la democracia antes que una actitud formal es una
actitud mental En la democracia, el hombre común quiere participar activamente en el
destino de su pueblo; quiere ser escuchado, busca su destino común, busca ser
representado y pretende también representar a los demás. En nuestro país solo quieren
ser representados los gardingos, los grandes, los poderosos, los hegemónicos; el pueblo
solo pone su voto silencioso y se calla hasta las próximas elecciones. El político no se
acuerda del pueblo sino para engañarlo; hacerle creer que realmente es valioso, luego,
una vez arrebatado el voto, se olvida. Nicolás I, cuando por primera vez vio a las damas
polacas lucir los colores de la bandera patria, dijo jocosamente: “Podrá ser muy
patriótico, pero no es nada elegante”. Así conciben nuestros grupos hegemónicos la
patria: “Es interesante que nosotros les permitamos que voten pero que no nos disputen
el poder”.
Bonaparte se creía el portador de los grandes principios de la Revolución
Francesa; obligó a sus soldados a llevar la Constitución en la mochila, pero todo era una
farsa. En realidad, él no participaba de los principios democráticos, su mente era
monárquica; los logros de la Revolución le apestaban: “Ha terminado la comedia de la
Revolución Francesa, decía, desde hoy se escribirá la verdadera historia de Francia”.
No puede haber democracia donde existe ignorancia, donde no hay conciencia
social, es decir, la capacidad del ciudadano para comprender su ubicación dentro del
espectro social. Los siervos de la gleba, siempre supieron que eran esclavos pero no
tenían la capacidad de ubicarse como tales; creían que los designios de Dios así lo había
diseñado. Pero el ciudadano francés nace como efecto de los “generadores de
conciencia”, aquellos hombres que cuestionan la validez del sistema y del status quo.
Voltaire decía con respecto a la guerra en Turquía: “En este instante, cien mil animales
matan a otros cien mil del otro bando; lo curioso es que la mayoría de esos animales, ni
siquiera ha visto en la vida, al animal por el que mueren”. Sieyés, retorna a la mente de
los franceses el concepto de República (en su Tercer Estado); siembra la necesidad de
cambiar el sistema de gobierno. Ha generado conciencia. Renace la idea de tomar como
modelo la República (imaginaria) de Platón. Cuan importante en la vida de los pueblos
es la existencia de estos hombres. Tich Qan Duc, monge budista vietnamita, se quema
vivo frente a la embajada norteamericana, como señal de protesta por la presencia
norteamericana en su país, y Vietnam se conmueve por entero y se fomenta el espíritu
nacionalista. Juana de Arco es condenada a la hoguera por los ingleses, acolitados por la
Santa Inquisición, y en Francia se despierta el sentimiento nacionalista que afianza su
identidad. Arevaco con su muerte, enseña a su pueblo lusitano la necesidad imperiosa
de no dejarse conquistar. ¿Y nuestros generadores de conciencia?
Los pueblos en general, históricamente han tenido varias formas de ser
corruptos, pero la corrupción puede generarse a su interior o hacia el exterior. Los
pueblos que generan la corrupción hacia su interior están condenados al fracaso; a la
desintegración; a la pobreza y miseria. Los pueblos que han generado la corrupción
hacia el exterior, se han enriquecido, han prosperado y hasta se han convertido en
grandes potencias. Los hunos, fieros hombres de corte mongólico azotaron toda la
Europa oriental: Saqueaban, asesinaban, violaban, destruían sin piedad; pero mire usted
si interiormente eran corruptos: Al ladrón le mutilaban las manos y al violador lo
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degollaban. Atila personalmente atravesaba con su puñal el vientre de los traidores y
detractores; no cabía al interior de los hunos la corrupción a mansalva. Los sarracenos
eran tremendamente sanguinarios, crueles, hasta inhumanos, pero hay del ladrón o
asesino que se enquiste en sus entrañas. Los húngaros eran tan crueles y desalmados que
los europeos inventaban terribles historias para amedrentar a los niños; se decía que se
comían a los niños, que eran vampiros, demonios, etc. pero en su interior no se permitía
los desmanes o la corrupción. Los normandos igual. Los imperios de occidente como el
francés e inglés, se convirtieron en unos verdaderos genocidas, atracadores,
explotadores, depredadores, etc. cuando se trató de someter y explotar a sus colonias,
pero interiormente eran muy rígidos y rigurosos en el cumplimiento de las leyes; eran
ciudadanos honestos, patriotas consumados. Los países del Tercer Mundo, hemos caído
en una grave crisis de falta de autoestima; nos hemos corrompido internamente y
amenazamos directamente a nuestra endeble existencia; nosotros no luchamos contra lo
externo que nos lastima y lacera; tenemos una insana tendencia a la autodestrucción.
La historia del hombre, nos ha enseñado que la naturaleza de éste puede ser
aplacada pero jamás dominada. El hombre lucha siempre por sobrevivir cuando se
encuentra acorralado y por oprimir cuando se encuentra aventajado. Ingenuamente
creemos que la sociedad va haciéndose más justa, mientras en realidad, lo que sucede es
exactamente lo contrario: la injusticia se maquilla con los polvos más extraños y menos
perceptibles. El hombre ha inventando nuevas formas de sometimiento, más
sofisticadas, más invisibles, ya casi imperceptibles; pero su naturaleza original, no ha
sufrido ningún cambio. A Espartaco, la sociedad le mantuvo oprimido, sin derechos,
casi animalizado; la costumbre del sistema hacía que la injusticia social sea parte de lo
correcto, de lo justo; cuando él decide revelarse a ese sistema, la misma sociedad lo
repudia y da la venia al castigo. “Juan pueblo”, en la actualidad tiene sus propias
cadenas, él casi no las entiende pero las siente; siempre el esclavo carece de sueños; la
conformidad es su máxima fortaleza y el desvinculo su satisfacción. En la actualidad, la
única arma contra la esclavitud es el conocimiento, la educación, la tecnología. “Los
Pigrim Fathers” norteamericanos, ya lo supieron y entendieron desde el principio;
ningún pueblo o aldea, por mas apartado que fuera carecía de un maestro; ellos vivían
en la casa de cada uno de los pobladores y eran mantenidos por éstos. En los países del
Tercer Mundo, por el contrario, la esclavitud tiene su agosto en la ignorancia, en la
aculturación permanente; los gobiernos mismo se encargan de mantener y fomentar el
parasitismo mental; la postración conceptual. Los presupuestos estatales para la
educación son mínimos y los maestros mal preparados. Los pueblos inician su proceso
de justicia, en la medida que sus estados redistribuyen el poder del conocimiento entre
sus pobladores. Emilio Durkheim y Sandor Petofi lo conceptuaban así; creían en el
hombre libre a través del conocimiento, de la razón, del sentido común y el sentimiento;
el uno preocupado por educar la mente y el otro el espíritu; el uno educador y el otro
poeta. Nuestro país será libre y justo, en la medida que se eduque el sentimiento y la
razón de todos los ecuatorianos.
Ciento setenta años de vida republicana y no hemos tenido la suerte de que nos
gobierne un hombre nacido del pueblo; hemos aprendido a leer pero jamás a
comprender; a protestar pero callar; a sufrir pero aguantar. Nos inundamos en el ocre
putrefacto de la corrupción y aquí no pasa nada; se roban, se llevan en peso el país, y
aquí no pasa nada.
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CONTRAPORTADA
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