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Intervención Sistemática en Redes y Organizaciones

Antes de comenzar nuestro itinerario a través de la intervención sistemática en redes y organizaciones es fundamental explicitar desde qué perspectiva abordaremos este tránsito. La propuesta es la de invitar a los lectores a acompañarnos en un recorrido en el que el pensamiento de redes se presenta como abordaje estético y ético de las prácticas sociales. Consideramos que la forma sintética de mirar la realidad implica no solamente poner atención en el sujeto que de alguna manera se distingue de
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Intervención Sistemática en Redes y Organizaciones

Antes de comenzar nuestro itinerario a través de la intervención sistemática en redes y organizaciones es fundamental explicitar desde qué perspectiva abordaremos este tránsito. La propuesta es la de invitar a los lectores a acompañarnos en un recorrido en el que el pensamiento de redes se presenta como abordaje estético y ético de las prácticas sociales. Consideramos que la forma sintética de mirar la realidad implica no solamente poner atención en el sujeto que de alguna manera se distingue de
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INTRODUCCIÓN

Antes de comenzar nuestro itinerario a través de la intervención sistemática en


redes y organizaciones es fundamental explicitar desde qué perspectiva
abordaremos este tránsito. La propuesta es la de invitar a los lectores a
acompañarnos en un recorrido en el que el pensamiento de redes se presenta
como abordaje estético y ético de las prácticas sociales. Consideramos que la
forma sintética de mirar la realidad implica no solamente poner atención en el
sujeto que de alguna manera se distingue del fondo, ya sea por su
comportamiento, su estilo de personalidad o su aspecto físico-biológico, sino al
mismo tiempo tomar en cuenta el contexto del cual esa persona se separa y forma
parte. Esta idea parece, en este momento de la historia, una verdad de perogrullo,
pero hace menos de cincuenta años fue una idea de avanzada.

El modelo sistémico hace referencia a la relación que existe entre el sujeto y el


ambiente, relacionándolos mediante vínculos, nexos, interacciones e
interdependencias, rompiendo de esta forma fronteras que parecieran
infranqueables. Por otra parte, la teoría sistémica tiene que ver con la metodología
de la investigación para intervenir en el sistema familiar y en las organizaciones en
general. La idea de que el observador no es ajeno a lo observado, sino que se
encuentra inmerso y forma parte del evento que observa. Esta idea obliga
necesariamente a darle responsabilidad al observador en el sentido de tomar
conciencia de la importancia que tiene la descripción que hace y el lenguaje que
emplea para hablar de lo observado. Desde esta idea cobra sentido la frase de
“todo lo dicho es dicho por alguien” y ese alguien es una persona, hombre o mujer,
con una historia particular que narra lo observado no de una forma inocua ni
objetiva, sino totalmente subjetiva, y lo que dice que observa tiene necesariamente
un efecto en lo observado, lo cual tiene implicaciones tanto a nivel teórico y
comportamental como a nivel ético.

Cabe mencionar que en los últimos sesenta años, el modelo sistémico se ha


convertido en un paradigma debido a que desde la Economía hasta la Psicología
se ha expandido dicho fenómeno en varios niveles de la realidad y con ello sus
intervenciones. Conviene señalar que una familia, una red y una organización
contienen distinciones psicosociales específicas, que pueden ser leídas de forma
sistémica, pero al estudiarlas se “observan” en cada campo interacciones de orden
específico que hacen de cada una de estas áreas de la realidad una distinción
sistémica. En este sentido, la posición del investigador, terapeuta o consultor
consiste en no leer el paradigma sistémico como dogma, sino como un modelo o
metáfora guía en donde a través de la interacción colaborativa entre contexto y
experto se elaboran las explicaciones a la teoría, evitando que la teoría por sí sola
asuma explicaciones dadas de manera descontextualizada.
I. INTERVENCIÓN SISTÉMICA EN FAMILIAS, REDES Y
ORGANIZACIONES

En este apartado revisamos la forma en que la terapia familiar sistémica ha


contribuido al campo de la intervención sistémica en redes y organizaciones;
veremos cómo se han transferido de la terapia familiar conceptos, metodologías
de análisis y procedimientos de intervención al análisis de las redes y
organizaciones. Antes de conocer tales contribuciones nos detendremos a definir
de forma sucinta cada uno de estos tres campos empíricos, con el triple objetivo
de contextualizar nuestro campo de acción, hacer las distinciones pertinentes y, de
esta forma, poder leer adecuadamente las transferencias conceptuales y técnicas
de la terapia familiar a la intervención en organizaciones y redes.

a) La famiia

Para definir el concepto de familia existe gran diversidad de definiciones. Medina


(2004) sitúa dicho término en el marco de la modernidad y posmodernidad. Es
decir, redefine el término familia como “un grupo social caracterizado por
residentes comunes, cooperación económica y reproducción”. Por otro lado, la
investigación posmoderna considera a la familia como “una red de ayuda mutua
flexible pero que a la vez es fuerte de familiares, amigo, pareja, la cual provee de
un marco de desarrollo y cuidado mutuo, de responsabilidad y compromiso”
(Weeks, Heaphy y Donovan, 1999 en Medina, 2002: 372).

b) Redes

A pesar de estar legislado, el trabajo interdisciplinario no se da por situar al


servicio en un campo burocrático, donde su evaluación se rige por números,
existiendo en algunos casos una lucha de poder entre diversos profesionales. Y,
por otra parte, en los países latinoamericanos tal red no existe de manera
explícita, limitándose en todo caso a cuestiones de salud biológica, y no social y
psicológica, convirtiendo el trabajo en red en un verdadero reto.

c) Organización

Las organizaciones son el producto de las sociedades modernas y han acabado


por sustituir muchas de las funciones que venía realizando tradicionalmente la
familia. En términos generales son definidas como agrupaciones humanas
deliberadamente construidas para alcanzar fines específicos, lo que significa que
son sistemas sociales constituidos para lograr metas concretas (Rodríguez, 1994).
En esta misma publicación puede encontrarse un recorrido por las diversas formas
de conceptuar las organizaciones llevadas a cabo por la Psicología.

d) Terapia familiar

La terapia familiar sistémica se ha convertido en un emblema altamente


reconocido por los diversos grupos de salud. En la actualidad se dice “soy
terapeuta familiar” y enseguida se asume que uno es sistémico. Después de casi
cincuenta años, desde que Bateson (1993a, 1993b,) articulara magistralmente el
modelo sistémico con el cibernético, se ha asumido la integración a la lógica
relacional-circular para comprender la interacción humana. Bajo esta perspectiva,
el autor inicia su investigación sobre la complejidad comunicacional de los grupos
humanos y su vínculo con la psiquiatría (Bateson y Ruesch; 1984) y, más tarde, en
Palo Alto, enlaza este pensamiento, junto a Jackson, para la investigación de la
esquizofrenia, dando lugar a lo que hoy se conoce como el doble vínculo
(Hoffman, 1987)

II. SOBRE EL PODER Y LAS ORGANIZACIONES

Todas las empresas persiguen objetivos, metas y tienen planes que cumplir, para
ello es necesario que utilicen un sistema de coordinación y control basado en el
poder y la autoridad que representa cada puesto de la compañía.

Dentro de la organización se presentan diferentes situaciones que necesitan


del control y regulación del comportamiento de los individuos dentro de la misma.

Pero ¿qué tipo de control basado en el poder se debe implementar? , ¿Cómo se


debe conducir dentro de la organización? y ¿cómo hacer para que el control sea
en beneficio de los planes organizacionales y no se caiga en el abuso de este.

Vamos a comenzar definiendo el término poder:

Según Max Weber…es la probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de


una relación social, aún contra toda resistencia, y cualquiera sea el fundamento de
esa probabilidad.

Según Parsons, el concepto de “poder se usa para referirse a la capacidad de una


persona o grupo, para imponer de forma recurrente su voluntad sobre otros”.
El poder está ligado a la gestión de una zona de incertidumbre. Ninguna
organización, por estructurada que esté, deja de tener zonas de incertidumbre.
Estas son zonas que la organización no controla. Quien las gestiona, por tanto,
obtiene poder. Es importante orientarse hacia los circuitos no gestionados de la
organización. Pero no todas las zonas de incertidumbre tienen la misma
importancia. Hay algunas que son más significativas que otras; dependen del
objetivo que tenga el sujeto que busca ocuparlas. Las reglas son el producto de
juegos políticos que hay que aprender a jugar. El poder no es equitativo dentro de
la organización; no siempre la zona de incertidumbre coincide con la jerarquía de
la organización. Otra zona de incertidumbre consiste en manejar los circuitos
informales de atribuciones de credibilidad.

El poder tiene cuatro características, que Crozier (1977) llama las 4R:
• Es una manifestación relacional.
• Es siempre relativo a algo concreto.
• Es recíproco: siempre hay un cierto intercambio, aunque no equitativo.
• Es regulado: hay reglas explícitas e implícitas en la organización; en ella no todo
es posible.

Es muy importante tener a punto una red dentro de la organización. La red


relacional define en nosotros muchas cosas: proyectos, aliados, etc. Éstos vienen
definidos por los llamados nudos relacionales; cualquier cosa que nos pasa tiene
que ver con esos nudos, pero casi nunca tenemos conciencia de esto y, además,
lo cierto es que casi nunca mantenemos a punto esa red y no la evidenciamos con
claridad.

Los mentores son también importantes; entre ellos encontramos los siguientes:
1. Colegas. Son personas que le ponen a uno al tanto de la situación cuando llega
a un nuevo trabajo; a menudo es un movimiento para reclutarnos para su causa.
Hay que tener cuidado con los que son, de entrada, demasiado amables y hacen
un recibimiento sospechosamente afectuoso; es probable que nos busquen para
captarnos como aliados.
2. Compañeros: Es el homónimo en otra red: alguien que realiza el mismo tipo de
actividad, pero no en el mismo centro. Nos permite tener referencias externas
sobre la propia organización.
3. Abuelos: Son las figuras venerables, con gran experiencia, que buscan tener
discípulos, cuidarlos y protegerlos. Son una fuente interesante de consejos;
además, tienen la oportunidad de decir cosas que nosotros, por juventud, no
podemos decir.
4. Padrinos: son las personas relevantes asociadas a un proyecto que nos resulta
pertinente. Cualquier proyecto debe generar zonas importantes de incertidumbre.
Hay que buscar padrinos diferentes para cada objetivo.

III. MIGRACIÓN E INTERCULTURALIDAD

Hoy en día, gracias a la complejidad del encuentro entre diferentes culturas se


plantean nuevos desafíos a psicólogos, terapeutas y profesionales de otras
disciplinas, abriendo nuevos escenarios y obligando a una revisión de las propias
conceptualizaciones e instrumentos, a fin de construir nuevas posibilidades de
intervención interdisciplinaria.

Las migraciones son fenómenos muy complejos, tan antiguos como la humanidad
y en continua transformación, de acuerdo a los diferentes escenarios económicos
y políticos que se van configurando a nivel mundial. Disciplinas como la psicología
social, la historia, la educación, la sociología, la economía, el derecho, o la
epidemiología psiquiátrica, comparten el interés por este fenómeno. Se estima que
los inmigrantes en el mundo son alrededor de 175 millones, entre los cuales 17
millones son refugiados políticos y personas que piden asilo. Algunos países
europeos, al igual que los EE. UU., han enfrentado y enfrentan la inmigración
irregular de millones de personas, fenómeno que ha planteado grandes desafíos y
la necesidad de establecer políticas sociales en materia de inmigración. Traducir
dichas políticas en nuevas formas de organización es un proceso sumamente
complejo, en el cual psicólogos y terapeutas pueden constituir un recurso
importante, en la comprensión de las dificultades que implica este proceso y en la
construcción de nuevas posibilidades.

Un punto de partida para abordar algunas dimensiones de la migración es la


definición de “migrante” propuesta por Naciones Unidas: “Una persona que se ha
trasladado a un país diferente de aquel en donde vive habitualmente, y que reside
en éste por más de un año” (Ambrosini, 2005, pp. 17). Esta definición incluye tres
elementos: el movimiento hacia otro país; el hecho de que el país hacia el que se
traslada sea diferente al de origen, o al país donde ha vivido antes de trasladarse,
y la permanencia prolongada en el nuevo país, fijada convencionalmente en por lo
menos un año. A pesar de contar con definiciones más o menos compartidas en
distintos escenarios, no siempre es fácil distinguir a un inmigrante de quien no lo
es; sin embargo, para fines de estudio, es necesario establecer una distinción
entre el movimiento de emigración (salida del país de origen) y el de inmigración
(ingreso en un nuevo país para residir en él). Migración y migrante son términos
más generales, que incluyen las diferentes fases de este proceso.

En conclusión, los cambios en los procesos migratorios internacionales han


generado nuevas figuras sociales, como es el caso de las madres que emigran
primero y de las familias transnacionales. Estos nuevos actores dan lugar a
nuevas formas de organización familiar que rompen con el viejo esquema de la
familia nuclear, que, sin embargo, continúa prevaleciendo en la sociedad civil, en
las instituciones públicas e incluso entre la mayoría de los profesionales que
trabajan en contacto directo con personas inmigrantes. Estos nuevos escenarios
en continuo movimiento constituyen un gran desafío, ya que implican un cambio
en la forma de conceptualizar la familia y en las categorías de análisis que
utilizamos para organizar una intervención. En pocas palabras, la complejidad de
la interculturalidad nos obliga a explicitar y revisar nuestras premisas, así como a
buscar nuevas formas de entender la relación entre el individuo, la familia y las
nuevas formas de organización social.
CONCLUSIÓN

Los conflictos entre sistemas y grupos -igual que entre los individuos- hacen parte
natural de la dinámica de la interacción humana y universal, aunque no todos los
sociólogos piensen lo mismo. Pero para quienes así lo creemos, el problema no es
el conflicto en sí mismo sino las formas inadecuadas de intentar resolverlos . Los
conflictólogos distinguen diversos tipos de conflictos, así como diversas formas de
resolución.

Algunas de ellas consisten en apelar a agentes externos a las partes implicadas


(jueces, orientadores, mediadores, conciliadores, árbitros, consejeros, etc.)
mientras que otras buscan recursos dentro de los sistemas (como la negociación),
o consiguen el fin del conflicto con el triunfo e imposición de una parte y el
abandono de otra.

La coordinación puede ser una de esas formas de solucionar conflictos en las que
el sistema echa mano de sus propios recursos, como en el caso que ha centrado
nuestra exposición. Al analizarlo hemos marcado los temas que creemos más
relevantes para actuar, tales como el perfil del moderador, los objetivos y la
estructura de la entrevista, la selección de los participantes y los informadores, etc.
Interesa resaltar, sin embargo, que la coordinación no es sólo una forma de
resolver conflictos sino también de prevenirlos, y, sobre todo, de mejorar el
rendimiento de los sistemas. El diseño de políticas familiares y de protección de la
infancia debe valorar más este aspecto y destinarle más recursos. Pues si el
“exceso” de orden o de organización puede perjudicar a un sistema, pensamos
que este “mal” no afecta gravemente a los sistemas de protección del menor, que
más bien pecan de lo contrario.

Dentro de una política que favorezca una coordinación no sólo formal, resaltamos
la importancia de los coordinadores y supervisores de casos con autoridad,
profesionales y capaces de hacerse cargo de los problemas de desorganización.
Si siempre es necesario contar con ellos, esto es más preciso que nunca cuando
haya conflictos institucionales. Sabemos que el desarrollo de las reuniones, con
todas las circunstancias que hemos pormenorizado más arriba, dependerá en gran
medida del buen hacer del coordinador.
La terapia familiar sistémica-relacional ofrece numerosas aportaciones para el
trabajo con personas, familias y organizaciones de inmigrantes. La riqueza de una
conceptualización que incluye la conexión entre contextos y que permite el
movimiento del individuo a la familia, de la familia a la red social, del sistema
“técnico” al sistema “natural”, constituye una “brújula” fundamental para
orientarnos en la comprensión de un problema, en la negociación de los objetivos,
en la organización de la intervención, y en el proceso de verificación de la
intervención misma.

Las tendencias actuales de las migraciones en el ámbito internacional implican el


surgimiento de nuevas figuras sociales, de nuevas formas de organización familiar
e incluso de nuevas formas de organización que no “entran” en la concepción
tradicional de familia. Estos nuevos escenarios complejos, especialmente en
ámbitos no clínicos, implican la revisión de nuestros esquemas interpretativos, de
las categorías que utilizamos para comprender los problemas y recursos de un
contexto específico. La “brújula” que nos permite evaluar la pertinencia o no de
nuestras categorías e instrumentos es la relación particular que establecemos con
un cliente, que puede ser una persona, una familia, una asociación, una
comunidad educativa, etc. Dicha relación implica un continuo ejercicio de reflexión
crítica, fatigoso pero también enriquecedor, de los modos en que participamos en
la construcción de la relación misma.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Ambrosini, M. (2005). Sociologia delle migrazioni. Bologna: Il mulino.


2. Bateson, G. y Ruesch, J. (1984). Comunicación: la matriz social de la
psiquiatría. España: Paidós.
3. Crozier, M. y Friedberg, E. (1977). L´acteur et le systeme. París: Seuil.
4. Rodríguez, D. (1994). Gestión Organizacional. México. Universidad de
Guadalajara: Gamma Editorial.
5. Weeks, J; Heaphy, B. y Donovan, C. (1999). Orters by choice: equality,
power and commitment in nonheteroxsexual relationships. En Allan, G.:
Sociology of the family. Oxford: Blackwell.

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