El nacionalsocialismo (en alemán, Nationalsozialismus), comúnmente acortado a
nazismo, es la ideología del régimen que gobernó Alemania de 1933 a 1945 con la
llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán de Adolf Hitler
(NSDAP). Hitler instituyó una dictadura, el autoproclamado Tercer Reich. Al Reich
se unió a Austria a partir del Anschluss, así como la zona de los Sudetes, Memel y
Dánzig. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis ocuparon tierras en Francia,
Checoslovaquia, Hungría, los Países Bajos, Dinamarca y Noruega. La Alemania de este
periodo se conoce como la «Alemania nazi».
El nazismo es una forma de fascismo que demostró un rechazo ideológico hacia el
marxismo, la democracia liberal y el sistema parlamentario. También, incorporó un
ferviente antisemitismo, el racismo científico y la eugenesia en su credo. Su
nacionalismo extremo provino del pangermanismo y del movimiento Völkisch prominente
en el nacionalismo alemán de la época, y fue fuertemente influenciado por los
grupos paramilitares anticomunistas Freikorps que surgieron después de la derrota
de Alemania en la Primera Guerra Mundial, de la cual surgió «el culto a la
violencia» que estaba «en el corazón del movimiento».1
Es una ideología gestada en la década de los años 1920, pero que no alcanzará
importancia hasta los años 30, momento en que las duras condiciones de paz
impuestas en el Tratado de Versalles (1919) se juntan con la grave crisis mundial
del Jueves Negro en 1929 (véase Gran Depresión). En Alemania la situación es más
acuciante aún, ya que a los devastadores efectos económicos se sumaba la obligación
de pagar el tributo de la derrota en la Primera Guerra Mundial, y el descontento
popular ante la injusta situación que hacía que las calles se llenaran de
manifestaciones extremistas de toda índole, tanto de izquierda como de derecha.2
Esta situación culmina con el fuerte descrédito de las democracias liberales, ya
que las dictaduras que surgieron demostraron ser capaces de controlar y resolver
las crisis más efectivamente que las democracias.nota 1 Tanto la Italia de Benito
Mussolini —quien fue elogiado por «hacer que los trenes llegaran a tiempo», es
decir, por poner fin a las huelgas y caos económico que había dominado a ese país—
como el Imperio del Japón, países en los que se impusieron «gobiernos fuertes», no
solo resolvieron la crisis a mediados de los 30 sino que fueron percibidas como
restaurando el orden social aún con anterioridad a esa solución a problemas
económicos.nota 2
A esa crisis político-económica hay que agregar una crisis ideológica, aún
anterior, que se extiende desde 1890 a 1930 y que ha sido caracterizada como una
«revolución contra el positivismo».3 Tanto los valores como las aproximaciones a la
sociedad y la política que formaban la base de la civilización occidental fueron
percibidas como superadas reliquias del racionalismo proveniente de la Ilustración.
Específicamente, tanto el fascismo como los desarrollos intelectuales que lo
antecedieron buscaron transcender lo que se percibía como la decadencia del
Occidente4 (véase, por ejemplo, La decadencia de Occidente).
Consecuentemente, el Zeitgeist de esa época puede ser descrito como una amalgama o
mezcla de ideas caracterizado por un rechazo al racionalismo, proceso que es
generalmente percibido como iniciándose con Friedrich Nietzsche, junto a tentativas
de incorporar «explicaciones científicas» a preconcepciones o incluso prejuicios
explicativos del mundo, por ejemplo, un racismo latente, que dieron origen a
propuestas tales como las de la eugenesia, y en lo político, bajo la influencia de
pensadores tales como Georges Sorel, Vilfredo Pareto,5nota 3 Martin Heidegger
(supuestamente),nota 4 Gaetano Mosca, y, especialmente, Robert Michels; a
percepciones político elitistas basadas en un culto del héroe y la fuerza que
culminan en una versión del darwinismo social.6 Percepciones que adquieren
connotaciones más extremas en su divulgación y vulgarización.3
Como influencia importante en el desarrollo de ese Zeitgeist se puede mencionar la
obra de Arthur de Gobineau, que propuso que en cada nación hay una diferencia
racial entre los comunes y las clases dirigentes. Estos últimos serían todos
miembros de la raza aria, quienes son no solo la raza dominante sino también la
creativa.7 Posteriormente, Houston Stewart Chamberlain identifica «los arios» con
los teutones; en adición a tratar de demostrar que todos los grandes personajes de
la historia —incluidos Jesucristo, Julio César o Voltaire, entre otros— fueron
realmente arios, agrega:
Los teutones son el alma de nuestra civilización. La importancia de cualquier
nación, en la medida que es un poder actual, está en relación directa a la genuina
sangre teutona presente en su población
H. S. Chamberlain (1899). Foundations of the Nineteenth Century.
Múltiples autores también resaltan el papel que tuvo la teoría evolucionista, y el
darwinismo social incorporados a la ideología nazi, como factores que propiciaron
la posterior generación de racismo, la creación del nacionalismo, la propagación de
la política neoimperialista y parte diversos pilares ideológicos del nazismo
basados en la aplicación política de la idea de la «supremacía del más fuerte».8910
11121314
También de importancia fueron percepciones que se pueden ver ejemplificadas en la
obra de, por ejemplo, Benjamin Kidd, quien propuso:
Nuestra civilización ha sido dada a luz como resultado de un proceso de fuerza sin
paralelos en la historia de la raza. Por épocas incontables el combativo macho
europeo se ha desbordado a través de Europa en sucesivas olas de avance y
conquista, venciendo, exterminando, aplastando, dominando, tomando posesión. Los
más aptos, que han sobrevivido esas sucesivas olas de conquista, son los más aptos
por el derecho de la fuerza y en virtud de un proceso de selección militar,
probablemente el más largo en la historia, el más duro, probablemente el más
elevante al que la raza ha sido sometida.
Benjamin Kidd (1919). The Science of Power, pp. 4-5.
Para Kidd, el combativo hombre europeo es un pagano que rinde homenaje pero no
entiende ni acepta en su corazón la validez de «una religión que es la total
negación de la fuerza». Ese hombre europeo ha introducido el «espíritu de la
guerra» en «todas las instituciones que ha creado» y «la creencia que la fuerza es
el principio último del mundo». Ese «hombre de la civilización occidental ha
llegado a ser por la fuerza de las circunstancias el supremo animal de combate de
la creación. La Historia y la Selección Natural lo han hecho lo que es»,15 «por la
fuerza ha conquistado el mundo y por la fuerza lo controla».15 Otras visiones de
influencia en esa percepción son las de Oswald Spengler, para quien Mussolini era
el parangón del nuevo César, que se levantará del Occidente en ruinas para reinar
en la «era de la civilización avanzada», por analogía a los césares de la
Antigüedad.
En Alemania, específicamente esa rebelión contra el racionalismo dio origen, entre
otras cosas, a una variedad de asociaciones que promovían un retorno a visiones
romantizadas del pasado alemán (véase Völkisch), en lo cual Richard Wagner tuvo
alguna influencianota 5 y una sociedad ocultista y semisecreta, la Sociedad Thule —
basada en la ariosofía y primeros en usar la esvástica en el contexto de la época—
que patrocinó el Partido Obrero Alemán (DAP), más tarde transformado por Hitler en
el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.16
A lo anterior se ha sugerido que hay que agregar factores específicamente alemanes.
A pesar de que Maurice Duverger considera tales consideraciones poco convincentes a
fin de explicar el desarrollo del nazismo,17 se ha afirmado que no se puede
explicar el nazismo sin considerar su origen18 y que entre los factores que
explican ese origen se debe mencionar una tradición cultural (volkgeist)19 —que se
remonta a personajes tales Lorenz von Stein y Bismarck (véase Estado social)— en la
cual el Estado adquiría poderes dictatoriales, demandando orden, disciplina y
control social estricto a fin de garantizar crecimiento y el bienestar económico de
la población.20
Esa tradición se transforma, bajo la influencia de personajes tales como Ernst
Forsthoff, jurista conservador de gran influencia, quien, a partir del periodo de
la República de Weimar, postula que los individuos están subordinados ya sea al
«Estado absoluto» o al Volk, bajo la dirección de un líder o Führer.21
El nazismo transforma, sin mucha dificultad, ese culto a la fuerza del más fuerte
que es el ario en un antisemitismo puro y simple, utilizando la preexistente
leyenda de una conspiración judía para hacerse con el control mundial (véase Nuevo
Orden Mundial (conspiración) y Los protocolos de los sabios de Sion) para explicar
la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial: el ejército de ese país fue
traicionado y «apuñalado en la espalda» (véase Leyenda de la puñalada por la
espalda)22 por los bolcheviques y judíos. Esa «traición» se extiende al gobierno
socialdemócrata de la República de Weimar que permite ahora que esos mismos judíos
y otros financieros se beneficien de la inflación, y otros problemas que afectan a
los alemanes23 (véase Hiperinflación en la República de Weimar). Aduciendo además
que muchos de los principales líderes comunistas son también judíos, asimilan ambos
conceptos en una gran «conspiración judeo-marxista».24
El nazismo se concreta como una ideología totalitaria de índole fascista en la
medida en que se caracteriza por dar una importancia central y absoluta al Estado —
a partir del cual se debe organizar toda actividad nacional25 (véase
Gleichschaltung)— representado o encarnado y bajo la dirección o liderazgo de un
caudillo supremo, en este caso Hitler, y por proponer un racismo, nacionalismo e
imperialismo visceral que debe llevar a conquistar los pueblos que se consideren
inferiores (véase Lebensraum). A partir de 1926, Hitler centralizó incrementalmente
la capacidad de decisiones en el partido. Los dirigentes locales y regionales y
otros cargos no eran electos, sino nombrados, de acuerdo al Führerprinzip
(‘principio de autoridad’) directamente por Hitler, y a él respondían, demandando,
a su vez, obediencia absoluta de sus subordinados. El poder y autoridad emanaba del
líder, no de la base.262728
Índice
1 Término
2 Nazismo y Hitler
3 El ascenso al poder del nazismo
3.1 De canciller alemán a Führer del «Reich de los mil años»
3.2 Persecución y represión
4 Programa Nacionalsocialista
5 Economía política de los nazis
6 Propaganda
6.1 Uso de la economía como propaganda política
7 Política de higiene racial
7.1 Eugenesia nazi
7.2 Antisemitismo nazi
7.3 El Holocausto
7.4 Persecución de los homosexuales en la Alemania nazi
8 Política exterior
9 Claves de la ideología nacionalsocialista temprana
10 El nazismo en la actualidad
11 Véase también
12 Notas
13 Referencias
14 Enlaces externos
Término
La vigésimo segunda edición del Diccionario de la lengua española define nazismo
como el «movimiento político y social del Tercer Reich alemán, de carácter
pangermanista, fascista y antisemita».29 Etimológicamente, el término nazi proviene
de dos sílabas del término Nationalsozialismus, como ideología implementada por el
partido (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei).30 Los miembros del
partido se identificaban a sí mismos generalmente como nacionalsocialistas y solo
raramente como nazis. Dicho término fue popularizado por el periodista Konrad
Heiden, quien lo usaba de manera burlesca en sus escritos.31
El origen y uso de nazi es similar al de sozi, palabra del lenguaje diario para
designar a los miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania
(Sozialdemokratische Partei Deutschlands),32 y otros términos que en alemán
coloquial se suelen acortar terminándo con una /i/ final. A partir de 1933, cuando
Hitler asumió poder en el gobierno alemán, el uso del término iba disminuyendo en
Alemania, aunque en Austria, al menos hasta el Anschluss, sus oponentes lo
continuaron usando con una connotación despectiva.32 A partir de eso, el término ha
adquirido una connotación crecientemente peyorativa.33
Algunos autores usan el término nacionalsocialista en el contexto político y el
término nazi en el contexto ideológico, y sobre todo racista.34 Otras fuentes, sin
embargo, consideran ambos términos como sinónimos sin ninguna diferencia más allá
que el uso habitual y más común del término acortado.35
Nazismo y Hitler
Se ha sugerido que Adolf Hitler «es uno de esos pocos individuos de los cuales se
puede decir con absoluta certeza que: sin él, el curso de la historia habría sido
diferente»,36 o, que sin él, las cosas habrían sido muy diferentes.37
Hay poca duda que Hitler poseía un carisma y capacidad de oratoria, pero también
una ambición excepcional. Alguien que -con una falta de escrúpulos absoluta- estaba
dispuesto a sacrificar lo que fuera o considerara necesario en aras de sus
objetivos. Pero tampoco hay duda que tanto los objetivos como los medios eran
avalados por el Zeitgeist, y que Hitler encapsuló -voluntaria o accidentalmente- lo
peor de ese espíritu de su época.38 Si bien es posiblemente correcto que sin Hitler
el nazismo no habría sido lo que fue, no es menos cierto que sin ese zeitgeist
Hitler no habría sido lo que fue.
Retrato a lápiz de Adolf Hitler, 1923
Hitler conoció ese zeitgeist cuando vivió en Viena, entre 1908 y 1913, tratando de
ganarse la vida como pintor. La Viena que Hitler conoció no solo era la ciudad
culta y cosmopolita de la visión general sino también la que ha sido descrita como
un cloaca de antisemitismo, racismo y políticas corruptas, con un parlamento -que
Hitler visitó numerosas veces- paralizado por disensiones raciales y sectoriales
intransigentes. Es ahí -se ha aducido- que Hitler adquirió su desprecio por la
democracia, ahí donde vio por primera vez el saludo "Heil" —entre los seguidores
del pangermanista y antisemita radical Georg von Schönerer— y ahí a donde aprendió
acerca de la propuesta de la eugenesia.39
Después de la Gran Guerra Hitler permaneció en el ejército donde fue asignado a una
unidad especial, el Departamento de Educación y Propaganda, del Ejército de
Baviera, bajo el comando del capitán Karl Mayr. Una función importante de ese
departamento era dar a los soldados una razón aceptable —desde el punto de vista
del ejército— de su derrota en la guerra. Esa razón se encontró fácilmente, dado el
"espíritu de la época" y el del ejército, en "la traición de los judíos y
comunistas".
En julio de 1919, Hitler fue asignado a un "Comando de Inteligencia" y ordenado
espiar un pequeño grupo —autodenominado Partido de los Obreros Alemanes (DAP por
sus siglas en alemán)— bajo sospecha de ser marxista o, por lo menos, socialista.40
- Hitler se impresionó con la visión nacionalista y de solidaridad entre todos los
miembros de la sociedad —pero anticomunista y antisemita— de Anton Drexler,
fundador del grupo, quien a su vez, fue impresionado por la oratoria de Hitler:
cuando uno de los miembros sugirió separar Baviera de Alemania y unificarla con
Austria, Hitler pronunció un discurso oponiéndose y llamando en su lugar a
«engrandecer a Alemania». Consecuentemente Drexler le ofreció al espía que se
hiciera miembro de la organización, lo que Hitler hizo el 12 de diciembre de
1919,41 convirtiéndose en el 55.º individuo a ingresar.42 Al mismo tiempo se
integró al Comité Ejecutivo del Partido, como séptimo integrante.43 Años después
Hitler proclamó haber sido el séptimo en unirse al partido, afirmación que se ha
demostrado ser falsa.44
Copia (falsificada) del Carnet de Afiliación al Partido Obrero de Hitler. El número
real de su membresía era el 550 (55, el 500 era agregado para dar la impresión de
un grupo más grande) pero con posterioridad el número de Hitler fue reducido para
dar la impresión que Hitler fue uno de los fundadores del "partido".45
Hitler llegó a ser el protegido de Dietrich Eckart, otro de los fundadores y
miembro de la Sociedad Thule, quien —junto con el resto de esa sociedad— creían en
la llegada inminente de un "Mesías alemán".46 Eckart -con ambiciones de poeta-
había escrito acerca del "El Sin nombre", "El que todos sienten pero ninguno ha
visto" y en Hitler creyó encontrarlo,47 lo que se vio reforzado por su éxito como
orador, pero el resto de los directores "del partido" lo encontraban prepotente y
egoísta. Hitler reaccionó -julio de 1921- ofreciendo dimitir o ser nombrado jefe
del partido (reemplazando a Drexler) con poderes ilimitados. El asunto fue
finalmente puesto a una reunión general. La propuesta de Hitler fue aprobada por
543 votos a favor y uno en contra. En la reunión siguiente (29 de julio de 1921)
del recientemente renombrado Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, Hitler fue
introducido -por primera vez- como Führer.
Esa posición fue conveniente para Hitler y su personalidad o estilo, librándolo de
la obligación de tener que seguir cualquier programa o compromiso que no fuera
conveniente en el momento, incluyendo las propuestas por él mismo. Pero de nuevo,
no vemos la acción de un genio político, sino el resultado de, por un lado, el de
la ilusión de personajes tales como Eckart y, por el otro, de la propuesta de
sectores conservadores y nacionalista -tales como la de Forsthoff - que fueron
utilizadas para producir una situación tal que le permiten proclamar: "Yo soy el
partido".48
Así, los principales ideólogos del partido cuando este llega al poder - Walter
Darré, Dietrich Eckart, Hans Frank, Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Robert Ley,
Julius Streicher, Alfred Rosenberg, etc- muestran, entre los elementos que los
caracterizan, una fe ciega en un líder, Hitler, quien es concebido como encarnando
todas las calidades y Voluntad de poder o vida de "la nación" y -como tal, el único
que puede determinar qué es y qué no es correcto, aceptable o incluso ético. En las
palabras de un jerarca nazi: "Si el pueblo tiene confianza, y si la verdadera
dirección popular esta presente, el Führer será capaz de hacer lo que desee con la
nación... la gente le obedecerá ciegamente y ciegamente lo seguirán. El Führer
siempre tiene la razón. Cada uno y hasta el último ciudadano debe decirlo (...) Sí,
Uds. que nos llamaban sin dios, hemos encontrado nuestra fe en Adolf Hitler y a
través de él hemos encontrado a Dios una vez más. Esa es la grandeza de nuestro
día. Y esa es nuestra buena fortuna"49
El libro Mein Kampf.
Poseen también un enemigo mortal, responsable de todos los problemas que han
afectado a los arios a través de la historia: las razas inferiores o Untermensch -
(tales como los eslavos, los gitanos, y, especialmente, los judíos, responsables de
la Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional). Enemigos no solo mortales
pero ineludibles, no solo porque así lo determina las leyes biológicas mismas, sino
porque así lo determina el único que puede determinar esas cosas: Hitler, el Führer
que nunca se equivoca, en su Mein Kampf. Los arios, como Raza superior es de donde
viene el hombre creador, viril y guerrero. De esa raza proceden todos los triunfos
de la especie humana. Sin embargo, también creen, como Spengler, que las
civilizaciones creadas por los arios decaían y morían una vez sus elementos
representativos se mezclaban racialmente con miembros de esas otras razas: "El
resultado de todo cruce racial es, brevemente, siempre el siguiente: (a) descenso
de la raza más alta. (b) regresión física e intelectual y consecuentemente el
comienzo de una lenta pero inevitable enfermedad. Causar tal desarrollo es,
entonces, nada pero un pecado contra el creador eterno. Y como pecado será
tratado".-50
Una de las primeras medidas de Hitler como 'Führer' de los nazis fue organizar un
grupo selecto, las Grupos de Asalto o SA -bajo control de uno de sus
incondicionales, el exoficial de ejército Ernst Röhm - y ordenarles "confrontar"
socialistas en las calles. Esto llevó a un incremento en la popularidad del partido
nazi entre sectores más extremos en los bares y cantinas en los que los nazis
organizaban sus reuniones y de ahí, entre los "nacionalistas extremos" de la
población general.51 Entre las figuras que se unieron a los nazis se puede destacar
a Heinrich Himmler; Hermann Göring y Joseph Goebbels. Las SA crecieron rápidamente,
atrayendo miles de reclutas52 al punto que -en 1922- se hizo posible y necesario
crear una división para "novatos" de 14 a 18 años - la Jugendbund o Hermandad de
los jóvenes- que eventualmente se transformó en las Juventudes Hitlerianas.
Tras encabezar un fallido intento de golpe de Estado en 1923, contra la República
de Weimar, Hitler es condenado a prisión y recluido en un castillo. Una condena de
5 años, de la que finalmente solo cumplió once meses, le permitió escribir el libro
semiautobiográfico Mein Kampf '(Mi lucha)' que pronto se convierte en el elemento
que le faltaba al colectivo, un libro casi sagrado. En él declara firmemente su
antisemitismo y su anticomunismo y deja claro que los arios son una raza superior a
todas las demás.
En febrero de 1926 Hitler -en un discurso frente alrededor de sesenta de sus
seguidores más selectos, incluyendo los gauleiteres- repudió las posiciones
"socialistas" anteriores del partido, enfatizando que "el verdadero enemigo son los
judíos", y que tanto el socialismo como la URSS -como creaciones judías- debían ser
destruidas y que la propiedad privada debía ser respetada por los nazis.53 Esto
horrorizó a algunos de sus seguidores más cercanos y llevó al comienzo de una
ruptura con la facción de Gregor Strasser, pero posibilitaba un acuerdo con
sectores derechistas en el gobierno. Uno de los resultados inmediatos de ese vuelco
a la derecha fue que en 1927 Wilhelm Keppler -un empresario- se unió al partido
nazi. Y a través de él algunos otros -tales como Hjalmar Schacht (más tarde,
ministro de economía de los nazis), Fritz Thyssen y el banquero Kurt von Schroeder-
aceptaron financiar al partido.5455 Esto se vio facilitado por la llegada de la
crisis de 1929, lo que aumentó el caudal electoral nazi, llegando este a obtener el
37% del voto popular (abril de 1932), con un aumento en la membresía de 27 000 en
1925 a más de 800 000 en 1931.
El ascenso al poder del nazismo
El gobierno de la República de Weimar fue un gobierno en crisis constante,56 con
frecuentes divisiones de alianzas faccionales formadas alrededor de personalidades.
Desgraciadamente ni la mayoría de los políticos -con la excepción de los social
demócratas- ni los industrialistas, ni el ejército, ni el pequeño sector de clases
medias ni la aristocracia ni muchos sectores populares tenían interés en la
democracia.57 En las palabras de una declaración del Partido Conservador Alemán:
"Odiamos con todo nuestro corazón la presente forma del Estado Alemán porque nos
niega la esperanza de rescatar nuestra esclavizada patria, de purificar del pueblo
alemán la mentira de la guerra y de ganar el necesario Lebensraum en el Este".58
Una de las principales personalidades de la época -Franz von Papen- perdió posición
frente a la facción de Kurt von Schleicher, quien, nuevamente fue incapaz de
obtener apoyo mayoritario. Von Papen concibió reemplazarlo con "una cara nueva", la
de Hitler, que sería -en la opinión de Papen- fácil de manipular: el partido nazi
comenzaba a mostrar desgaste electoral, perdiendo -julio de 1932- 34 escaños,
reduciendo a 196 "diputados" sobre un total de 608. Adicionalmente, el partido se
estaba quedando sin fondos. Aparentemente el plan de von Papen era promover una
dictadura mediante un golpe de estado que -en su opinión59- sería inevitable
siguiendo el caos que el gobierno de Hitler produciría (dado que no solo una vez
más el gobierno sería incapaz de funcionar sino que el uso de confrontación y
violencia por "el incapaz" Hitler produciría una demanda popular por la
restauración del orden).6061 Como se ha observado "Estupideces de ese tamaño son
raras en cualquier país o época".62 Von Papen arregló una reunión con Hitler a
través de los buenos oficios del banquero von Schroeder, lo que se concretó -el 4
de enero de 1933 en la casa de este último, llegando a un acuerdo.63 Hitler fue
nombrado Canciller de Alemania el 30 de enero de 1933. (la fecha es conocida como
Machtergreifung). Sin embargo, la coalición que "apoyaba" al nuevo canciller era
minoritaria, contando con solo 247 escaños.
Memorial en Berlín. Cada una de las pizarras representa a los 96 miembros del
Reichstag asesinados por los nazis, tras el acceso de éstos al poder
Con posterioridad a su nombramiento Hitler pidió al anciano presidente Paul von
Hindenburg que disolviera el Reichstag, lo que fue aceptado y se fijaron elecciones
para el 5 de marzo de 1933. El 27 de febrero ocurrió el Incendio del Reichstag
-posiblemente bajo órdenes de Hitler.64 Al día siguiente Hitler declaró el estado
de emergencia65 y demandó que Hindenburg firmara el Decreto del Incendio del
Reichstag, aboliendo la mayoría de las disposiciones de derechos fundamentales de
la constitución de 1919 de la República de Weimar.
Siguiendo lo anterior las elecciones de marzo dieron a los nazis y sus aliados el
44% del voto. Todavía no una mayoría. La respuesta de Hitler fue demandar que el
Reichtag le concediera poderes plenos, en la forma de la Ley habilitante de 1933
-situación permitida por la Constitución de Weimar para darle al Canciller el poder
de pasar leyes a decretos, sin la intervención del Reichstag en casos
excepcionales- Los cálculos de von Papen parecía estar concretándose. Sin embargo,
si bien Hitler estaba a favor de una dictadura, no estaba dispuesto a implementarla
a favor de algún otro. El 23 de marzo de 1933 el parlamento se reunió a discutir la
cuestión. En una atmósfera de creciente intimidación los parlamentarios tuvieron
que ingresar cruzando un anillo de SA que gritaban: "Los poderes totales... o fuego
y muerte". Solo los social demócratas se opusieron (los comunistas habían sido
arrestados o asesinados en su totalidad). Otto Wels -presidente de los
socialdemócratas- proclamó: "Nosotros los socialdemócratas nos comprometemos en
esta hora histórica a los principios de humanidad y justicia, de libertad y
socialismo. Ninguna acta habilitante lo habilita a Ud a destruir ideas que son
eternas e indestructibles". Mirando directamente a Hitler, agregó: "Uds. pueden
quitarnos la libertad y la vida, pero no pueden privarnos de nuestro honor. Estamos
indefensos, pero no desgraciados".66- Hitler se enfureció y respondió gritando:
"Ustedes ya no son necesarios... la estrella de Alemania se alzará y la suya se
hundirá. La hora de su muerte ha sonado".67
Esa fue la última sesión de un Reichtag con oposición. Poco después, el partido
social demócrata fue prohibido y el resto (aparte de los nazis) se disolvieron. Von
Papen tuvo que contentarse con el puesto de vicecanciller, desde el cual había
esperado poder manipular a Hitler, pero con resultados de tan poca importancia que
fue encontrado inocente en los Juicios de Núremberg.68
De canciller alemán a Führer del «Reich de los mil años»
Sesión del Reichstag nazi presidida por Hermann Göring y con los diputados haciendo
el saludo fascista al Führer Adolf Hitler (julio de 1940).
El proceso empezó a culminar en la noche de los cuchillos largos (entre el 30 de
junio y el 2 de julio de 1934) cuando los últimos elementos que osaban dudar de la
infalibilidad de Hitler -aun implícitamente- fueron eliminados políticamente o
asesinados, incluyendo Kurt von Schleicher -a quien Hitler había reemplazado como
canciller- y asociados de von Papen -quien fue arrestado. También fueron asesinados
antiguos camaradas de Hitler, como Gregor Strasser; Gustav Ritter von Kahr y Ernst
Röhm (este último bajo sospecha de deslealtad y, en todo caso, ya no conveniente
para un Hitler en el poder).
Horas tras la muerte del presidente Hindenburg (2 de agosto de 1934), Hitler
publicó una ley (fechada el 1.º de agosto) que establece: `La posición de
Presidente del Reich será combinada con la del Canciller. La autoridad del
presidente será por lo tanto transferida al presente canciller y Führer, Adolf
Hitler. Él seleccionará su diputado. Esta ley es efectiva a partir de la muerte del
Presidente von Hindenburg".69 Comenzaba así el Tercer Reich, que la propaganda
afirmaba duraría mil años.
A continuación se anunció que tendría lugar un plebiscito, para dar la oportunidad
al pueblo alemán de expresar su aprobación. Este tomó lugar el 19 de agosto del
mismo año, y Hitler obtuvo un 90% de aprobación -38 millones de votos-. Al día
siguiente se introdujeron a través del Reich juramentos obligatorios de lealtad
personal no al estado o Alemania sino a Hitler, especialmente en las escuelas,
fábricas, servicio público y ejército. Así, la voluntad del Führer se transformaba
en la ley. La aplicación de este principio, que a partir de 1938 incluía a Austria,
resultó en formas totalitarias de control y represión, ya que cualquier oposición a
los designios del Führer era, por definición, antinacional.
Judíos forzados a limpiar la calle- Austria - marzo de 1938
El programa original del partido nazi70 –que existía desde su creación como Partido
Obrero Alemán– fue mantenido en principio, pero en realidad la percepción era que
"Hitler es el partido", lo que creó una situación más bien confusa en la práctica71
(ver especialmente Economía política de los nazis, más abajo). Ese programa
incluía: Abolición del Tratado de Versalles. Unificación en un territorio y bajo un
gobierno común a todos los alemanes con tierras y territorios (colonias)
suficientes como para mantener a los ciudadanos (La Gran Alemania). Solo los
miembros de "la raza" pueden ser ciudadanos. Expulsar de los territorios alemanes a
todos lo no alemanes que hayan llegado desde 1914 y mantención del resto solo con
permiso del gobierno y como huéspedes. Obligación del Estado de proveer la
oportunidad de buena vida para todos los ciudadanos. Obligación de los ciudadanos
de trabajar física y espiritualmente. Abolición de ingresos que no sean del
trabajo. Establecimiento y defensa de un "cristianismo positivo",72 gobierno en
beneficio del interés nacional sobre el particular, imponer el orden, etc.
"Origen de los repobladores" - Mapa mostrando planeado traslado de población polaca
a ser esclavizada.
El régimen que se implantó ejerció un fuerte control sobre cada aspecto de la
sociedad, mostrando especial interés en la educación de la juventud alemana. Desde
la infancia, se enseña a los niños a ser duros y a sufrir la lucha por ser el más
fuerte, seleccionando poco a poco a unos escogidos que irán conformando una nueva
élite de guerreros sagrados (la SS) a modo de una nueva Esparta naciente y
victoriosa. La ciencia tampoco escapa a la influencia de partido que la utiliza
para justificar sus ideas o para buscar nuevas armas para la guerra que se venía
preparando.
En relación a la Europa "no-occidental" o región en la cual "la raza" podría
expandirse, existen documentos que sugieren la intención era establecer formas de
gobierno subservientes al alemán y basadas sobre un sistema de castas, de acuerdo a
las cuales la función de la población (trabajador (esclavo/campesino/obrero)
-supervisor y amo (sacerdote-guerrero) se establecería de acuerdo a su “raza”, bajo
la dirección de las Schutzstaffel, o SS. (ver Generalplan Ost): los eslavos,
polacos, rusos, etc, serían exterminados en su mayoría, y quienes sobrevivieran
serían trasladados "al este" donde, tratados como esclavos (negándoseles toda
educación, tratamientos médicos, etc) eventualmente se extinguirían. Dado que no
había suficientes "arios", miembros de razas "intermedias" ( letones, estonios,
checos, ucranianos, etc) continuarían existiendo como campesinos y mano de obra con
algunas garantías, bajo control de amos y supervisores alemanes, especialmente
miembros de las SS, que recibirían tierras y esclavos en relación a sus "méritos".
En el caso de gitanos y judíos esos planes de largo plazo con "razas inferiores"
fueron puestos en ejecución incluso durante la guerra misma, en el llamado programa
de Solución Final.