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Elementos Fantásticos en ODISEA (Demaría)

El documento analiza los elementos fantásticos presentes en la Odisea de Homero, como mundos alternativos y encuentros con criaturas sobrenaturales que producen inquietud en el lector. Explora cómo la obra presenta características de los relatos fantásticos modernos como aventuras narradas en primera persona por el protagonista y la introducción de lo sobrenatural que genera incertidumbre.

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Elementos Fantásticos en ODISEA (Demaría)

El documento analiza los elementos fantásticos presentes en la Odisea de Homero, como mundos alternativos y encuentros con criaturas sobrenaturales que producen inquietud en el lector. Explora cómo la obra presenta características de los relatos fantásticos modernos como aventuras narradas en primera persona por el protagonista y la introducción de lo sobrenatural que genera incertidumbre.

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Tema: Elementos fantásticos presentes en Odisea de Homero

(Proyecto Secyt, U.N.C. 2012/2013)

Dra. Fabiana Demaría de Lissandrello

Resumen:

Analizar los elementos fantásticos en Odisea es el objetivo principal de este


trabajo en el marco de la estética de la recepción, haciendo una relectura de diferentes
pasajes que acercan este relato épico a lo fantástico. Para ello se tendrá en cuenta el
conflicto que se establece en el lector frente a la vacilación entre lo sobrenatural y lo
natural, al plantearse la posibilidad del encuentro del héroe con mundos alternativos,
inimaginables.

Palabras clave: relatos odiseicos - relectura – lo fantástico

Fabiana Andrea Demaría de Lissandrello es profesora, licenciada y doctora en letras


clásicas y se ha dedicado a los estudios comparatísticos. Desde el año 1996 es miembro
integrante de un equipo de investigación de la Facultad de Filosofía y Humanidades,
Proyecto de la SECyT (U.N.C.), bajo la dirección de los doctores Adriana Massa, Oscar
Caeiro, y ha participado en numerosos congresos y jornadas de la especialidad.
Desarrolla actividades docentes en el Profesorado en Lengua y Literatura del Instituto
Católico Superior y en el Instituto “León XIII”.

1. La Odisea: un antiguo “relato polifónico de una irisada modernidad”.

“Viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras”; así
comienza Adolfo Bioy Casares el prólogo de la Antología de la literatura fantástica
(Borges 1977: 4), expresando además, que fantasmas y aparecidos pueblan todas las
literaturas, pues se presentan ya en el Zendavesta, en la Biblia, en Homero, en Las mil y
una noches. Los relatos de viajes son propios de las obras de la antigüedad. Mundos
imaginarios, magias, razas nuevas, o simplemente ligeras variaciones sobre un mundo
conocido, se presentan ya en Odisea. Los relatos de viajes son propios de las obras de la
antigüedad. Deudora de su legado, la fantasía contemporánea no suele prescindir de
ellos.

1
El relato fantástico introduce un elemento sobrenatural, discordante con el orden
natural, que produce inquietud en el lector. El elemento sobrenatural no sólo sorprende
y atemoriza por ser desconocido, sino que abre una fisura en todo el sistema
epistemológico de su mundo, susceptible de dar cabida a toda clase de sucesos insólitos
y monstruosos. El crítico estructuralista Tzvetan Todorov en su ensayo Introducción a
la literatura fantástica expresa:

Lo fantástico ocupa el tiempo de esta incertidumbre; en cuanto se elige una


respuesta u otra, se abandona lo fantástico para entrar en un género vecino: lo extraño o
lo maravilloso. Lo fantástico es la vacilación que experimenta un ser que sólo conoce
las leyes naturales, ante un acontecimiento al parecer sobrenatural. (Todorov 2006: 24)

Rosemary Jackson planteó modificaciones a ciertas fallas del modelo propuesto por
Todorov. En Fanstasy: Literatura y subversión ella propone estudiar el fantasy no como
un género, tal y como lo hizo Todorov, sino como un modo literario. Esta perspectiva
permitiría entender cómo el fantasy adopta diferentes “disfraces” en relatos de cortes tan
disímiles.

Jackson propone el reemplazo de la noción de género que maneja Todorov por la de


modo. Lo fantástico “arranca al lector de la aparente comodidad y seguridad del mundo
conocido y cotidiano para meterlo en algo más extraño, en un mundo cuyas
improbabilidades están más cerca del ámbito normalmente asociado con lo maravilloso”
(Jackson 1986: 32).

Según Jackson, los orígenes del género podrían remontarse a los mitos clásicos y a
las leyendas (1986: 97). En Odisea aparecen numerosos episodios en los cuales
intervienen los dioses olímpicos con sus prodigiosos poderes, así como criaturas de
asombrosas habilidades. Otras obras de autores como Apuleyo (El asno de oro)1 o el
fabulista griego Esopo también se constituyen como prototipos de ficciones

1
Las Metamorfosis (Asinus aureus) de Apuleyo es la única novela latina completa hallada. Es una obra
imaginativa y entretenida, escrita en el siglo II d. C., que contiene las ridículas aventuras de Lucio, joven
viril obsesionado con la magia. Encontrándose en Tesalia, “cuna de la magia”, Lucio busca
fervientemente la oportunidad de ser testigo del uso de la magia. Su entusiasmo desmedido lo lleva a
verse transformado accidentalmente en asno. Bajo esta forma, Lucio, miembro de la aristocracia romana,
se ve forzado a ser testigo y víctima de las miserias de los esclavos y desposeídos, debido a la explotación
a manos de ricos terratenientes.

2
correspondientes al género de lo maravilloso por el tipo de elementos que se hallan en
su centro.

Además de las grandes composiciones poéticas, la innumerable cantidad de mitos y


leyendas circulantes en la cultura mesopotámica, griega y romana también presentan
constantes elementos metafísicos. Así, las criaturas a las que se enfrentaron los
héroes Jasón y Teseo o las metamorfosis, que luego describió Ovidio en su obra,
constituyen el muestrario de intrusiones de la magia y lo sobrenatural en lo relatos de
difusión oral.

Este tipo de literatura cumple la premisa de que tanto quien escribe como quien lee
sabe que los sucesos narrados son ficción. De este modo, muchos estudiosos aclaran que
aunque se encuentra literatura aparentemente de este tipo en obras como el poema de
Gilgamesh o también en Odisea, no se consideran fantasía épica sino épica, ya que los
elementos mitológicos, como por ejemplo Zeus , formaba parte de la religión. Sin
embargo estos relatos antiguos comparten con los de la fantasía contemporánea el tema
del viaje. Desde las epopeyas sumerias y griegas los viajes han constituido un elemento
indispensable para dotar de épica a las historias. Se trata de viajes fatigosos y
accidentados, a veces erráticos, que los personajes deben superar a modo de travesías
iniciáticas.

Carlos García Gual en su Introducción a Odisea (Ed. Gredos, 2006) ofrece una
nueva lectura de la obra homérica, como “un apasionante libro de aventuras”, un poema
del Nóstos de un marino errante, que cruza el mar, un Mediterráneo antiguo y fabuloso,
poblado de monstruos y prodigios, desafiando a gigantes y magas. Esto nos permite
construir un marco teórico para releer los relatos del antiguo héroe épico desde la
perspectiva de un lector moderno, inmerso en mundos fantásticos, alimentados hoy por
la ficción y todo lo que proveen las nuevas tecnologías.

¿Cuál sería una de las características propias de los relatos fantásticos que se
muestra ya en Odisea? El hecho de presentar relatos en primera persona, pues en el
centro del poema homérico (cantos VIII al XII) aparece el relato del propio Odiseo, al
modo de los relatos fantásticos puestos en boca del protagonista. García Gual explica
que el “relato en primera persona es un rasgo característico de los buenos cuentos
fantásticos. El viajero fabuloso es el más indicado para describir su propio viaje

3
increíble. Después de Ulises, Eneas, Luciano, Simbad, Dante, Cyrano, Gulliver, el
barón de Münchhausen, se esmeran en ese mismo artilugio fantástico” (Gual,
Introducción 2006: XIV). Por otra parte, el relato en primera persona es una estrategia
narrativa vinculada con el sostenimiento de la incertidumbre, la duda, la ruptura de las
certezas. El lector cuenta con la misma información que el protagonista, y podemos
decir, que logra transitar el recorrido narrativo con el mismo grado de incertidumbre y
certeza que el personaje.

Los avatares marinos, puestos en boca de este habilísimo narrador, lo sitúan ya no


en los escenarios del epos sino en un ambiente fantástico más próximo al mundo
maravilloso de los cuentos de misterio. Odiseo o Ulises resulta así un nuevo paradigma
heroico, un aventurero que con su habilidad e ingenio debió vencer al ogro Polifemo, un
monstruo gigante con un solo ojo; pudo también escuchar los cantos de las Sirenas,
seres fabulosos de extremada belleza; logró vencer con su astucia los hechizos de la
maga Circe y fue al Hades, donde se encontró con sombras fantasmagóricas, entre otros
episodios. “Seductor de magas y princesas, maestro en el manejo de las palabras,
disfrazado de mendigo cuando la ocasión lo requiere, es un personaje más complejo que
cualquier otro héroe antiguo”. García Gual comenta que “muchos estudiosos –como T.
Todorov o P. Pucci- han advertido la polifonía del texto odiseico, de sorprendentes
repliegues y reflejos” (XVI).

Nuevos encantos se suscitan cada vez que releemos las aventuras de aquel héroe
homérico, y nos preguntamos al igual que Borges “¿dónde está aquel hombre / que en
los días y noches del destierro / erraba por el mundo como un perro / y decía que Nadie
era su nombre?” (“Odisea, libro vigésimo tercero”, El otro, el mismo. 1964). Al
respecto García Gual, aludiendo a las palabras del escritor argentino, expresa: “En uno
de sus poemas últimos recordaba J. L. Borges ese libro que tanto apreció, con estas
palabras: “La Odisea/ que cambia como el mar. / Algo hay distinto cada vez que la
abrimos...” Y ciertamente, en cada relectura puede uno encontrar en sus páginas
renovados encantos.” (Gual, Introducción 2006: XVI).

Analizar la presencia de elementos fantásticos en Odisea es una de las propuestas de


este trabajo, y para ello se pretende realizar una relectura de diferentes pasajes que
acercan este relato épico a lo fantástico, desde una mirada más cercana al lector actual.
Esto se presenta en el marco de la estética de la recepción, desde una perspectiva

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moderna de relectura de textos antiguos, analizando de qué manera el lector
contemporáneo puede leer hoy estos episodios odiseicos, considerándolos bajo la óptica
de una novela de aventuras o como un relato fantástico. Para ello se tendrá en cuenta el
conflicto que se establece en el lector frente a la vacilación entre lo sobrenatural y lo
natural, al plantearse la posibilidad del encuentro del héroe con mundos alternativos,
inimaginables. Para ello será importante tener en cuenta la relación del poeta con la
realidad, tal como la presenta Ítalo Calvino en Seis propuestas para el próximo milenio
a partir del concepto de “levedad” que explica al tomar como ejemplo el mito de Perseo,
como una “alegoría de la relación del poeta con la realidad” y postula en consecuencia
en la literatura la “visión indirecta” de la realidad. (Calvino 2012: 20, 21).

El hecho de detenernos en algunos pasajes de Odisea, obra situada en los orígenes


de la literatura europea que presenta las aventuras de un héroe fecundo en recursos, nos
permite ingresar en ese mundo fantástico, poblado de seres mitológicos y nos devela la
actualidad de este relato que “se nos aparece como un relato polifónico de una irisada
modernidad”, tal como concluye García Gual (XXIV).

2. La Odisea: un poema de estructura sinfónica.

Los veinticuatro cantos de la Odisea pueden agruparse en seis unidades de cuatro


cantos cada una, unidas entre sí de forma coherente. Bajo esa estructura, aún
descubrimos las tres sagas que, convenientemente ensambladas entre sí, sin duda por
un poeta genial, muy probablemente Homero, están en la base de todo el
poema. No nos detendremos en ahondar en la cuestión homérica, pues esto implicaría
desviarnos de la temática que pretendemos desarrollar en estas páginas.
Al igual que muchos poemas épicos antiguos, comienza in medias res, en mitad de
la historia, contando los hechos anteriores a base de recuerdos o narraciones del propio
Odiseo. La Telemaquia, las aventuras de Odiseo y la venganza-matanza de los
pretendientes son las tres sagas centrales del relato odiseico.
Telémaco, hijo de Odiseo, es el protagonista de la Telemaquia. Esta saga, que
abarca los primeros libros de Odisea, considerada por algunos estudiosos como un
añadido posterior, presenta el recorrido del joven Telémaco por lugares geográficos
reales como Pilos, Esparta, Creta, en búsqueda de información sobre el paradero de su
padre. En la Telemaquia (cantos del I al IV) se describe la situación de Ítaca con la

5
ausencia de su rey, el sufrimiento de Telémaco y Penélope debido a los pretendientes, y
cómo el joven emprende un viaje en busca de su padre.
La saga más antigua y núcleo básico del poema son las aventuras de Odiseo, que
presenta semejanzas con otros relatos orales de pueblos orientales . La
geografía habla de seres y paisajes fantasiosos y exóticos, que se alternan con
descripciones ajustadas al mundo micénico. En el regreso de Odiseo (cantos del V
al XII) Odiseo llega a la corte del rey Alcínoo y narra todas sus aventuras desde que
salió de Troya.

En la venganza de Odiseo (cantos del XIII al XXIV), se describe el regreso a la isla,


el reconocimiento por alguno de sus esclavos y su hijo, y cómo Odiseo se venga de los
pretendientes matándolos a todos. Tras aquello, Odiseo es reconocido por su esposa
Penélope y recupera su reino. Por último, se firma la paz entre todos los itacenses. El
folclore popular conocía historias semejantes, en las que un héroe ausente tras una
serie de pruebas se da a conocer y resuelve una situación problemática de
forma favorable a sus intereses. El autor ha sabido ensamblar perfectamente este tema
con el de las aventuras de Odiseo, e incluso con la propia Telemaquia. A s í , m i e n t r a s
q u e l a I l í a d a m u e s t r a u n a estructura arquitectónica, la Odisea responde más
bien a una estructura sinfónica, aunque con matices; puede intercambiarse el orden de
los episodios dentro de cada saga o bloque temático, pero no el orden general del
poema; el hijo debe buscar al padre antes de que éste aparezca. A su vez, los sucesos de
los últimos doce cantos exigen que Odiseo haya desembarcado en Ítaca.

Pablo J. Rodríguez en su estudio sobre “Los viajes de Ulises. Geografía de la


Odisea” aclara que la Odisea, tal y como hoy la conocemos, fue compuesta a lo largo de
diversas épocas y logra establecer al menos cuatro "Odiseas" distintas: una "Odisea
antigua", que estaría formada por dos poemas originariamente independientes ("El viaje
de Odiseo" y "La matanza de los pretendientes"), sin duda bastante más reducidos que
los actuales; una "Odisea homérica", formada sobre todo por el marco narrativo de las
aventuras de Ulises y la estancia de éste entre los feacios (el autor o autores de esta
parte unieron con nuevos versos las dos partes primitivas originarias, con un estilo más
descriptivo que el anterior); una "Odisea reciente", a la que pertenecen el mencionado
episodio del descenso a los infiernos, las aventuras individuales de Telémaco y diversas
acciones paralelas e intervenciones divinas (las "costuras" son múltiples y a menudo
muy evidentes); y una "Odisea ampliada", formada por el canto XXIV, por

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descripciones superfluas, por mitologías añadidas y por abundantísimas repeticiones de
fórmulas métricas y numerosos versos intercalados por todo el Poema. A menudo no es
fácil detectar los numerosos elementos posteriores insertados por la propia transmisión
oral. En el conjunto del poema odiseico hay, por tanto, varias "geografías superpuestas",
y es ello precisamente lo que mejor puede explicar las aparentes contradicciones en los
datos geográficos.

En su investigación Pablo J. Rodríguez señala que la controversia sobre la realidad o


ficción del famoso viaje del héroe homérico Odiseo o Ulises es ya muy antigua.
Algunos historiadores y geógrafos griegos daban por hecho que la geografía mítica de
la Odisea aludía a lugares reales, aunque difícilmente localizables. Los eruditos,
incapaces de encontrar una explicación verosímil a unos datos míticos, simplemente
rechazan toda posibilidad de que ese viaje fuera real. Pero no faltan quienes creen que
es posible profundizar en el lenguaje del mito y traspasar racionalmente los límites de lo
simbólico, pues el hecho de que los relatos de la Odisea contengan abundantes
elementos míticos por la presencia de gigantes, sirenas, brujas, monstruos marinos,
entre otros, no representa ninguna objeción seria contra la posible realidad
geográfica del relato. Estos elementos mitológicos constituirían, en todo caso, el
necesario ropaje literario de la narración, por un lado para embellecerla de cara a los
profanos -ya que, si el relato hubiera sido una mera descripción geográfica, con el
tiempo hubiera perdido todo su interés incluso para los propios griegos-, y por otro lado
porque con ello se "disfrazaba" mejor la geografía real y se ocultaba aquello que más se
quería mantener en secreto: una ruta de navegación hacia las tierras de occidente. Hoy
sabemos, como precisa este investigador, que tanto las navegaciones de los griegos del
segundo milenio (los micénicos o aqueos) como las de los griegos del primer milenio
fueron bastante más amplias de lo que ellos mismos deseaban manifestar, pues las rutas
marítimas eran cuidadosamente mantenidas en secreto a causa de los inevitables
intereses comerciales y coloniales.

3. La presencia de elementos fantásticos.


Las seis unidades de cuatro cantos cada una, como se mencionó, están unidas entre
sí de forma coherente y conforman una estructura sinfónica:
- Cantos I a IV: preparación y desarrollo del viaje de Telémaco.

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- Cantos V al VIII: aventuras de Odiseo contadas en tercera persona.
- Cantos IX al XII: aventuras de Odiseo narradas en primera persona por él en el
país de los feacios.
- Cantos XIII al XVI: peripecias de Odiseo en Ítaca disfrazado de mendigo, en
compañía del porquerizo Eumeo.
- Cantos XVII al XX: episodios de Odiseo en Ítaca, infiltrado
y a e n t r e l o s pretendientes de Penélope.
- Cantos XX al XXIV: matanza de los pretendientes y consecuencias derivadas
de ella.

Algunos temas y elementos recurrentes que aparecen como constantes en los relatos
fantásticos son los siguientes: los mundos paralelos, las metamorfosis, los monstruos, el
mundo de los sueños, entre otros. Muchos de estos elementos están presentes ya en la
Odisea.
El disfraz o cambio de identidad se nos presenta desde el inicio, como una facultad
propia de la divinidad. Es el caso de Atenea quien bajo la apariencia de Méntor, viejo
amigo de Odiseo y responsable del cuidado de sus propiedades, se manifiesta en los
primeros cantos. Néstor será quien se percata de la presencia de la divinidad. La
epifanía de la diosa se manifiesta bajo este ropaje. Atenea es la divinidad que ayudará
permanentemente al héroe, buscando distintas estrategias y pidiendo colaboración a
diferentes personajes para auxiliar a Odiseo. Esto suele presentarse en el relato a través
de los sueños. El sueño aparece entonces como otra instancia para adelantar lo que va a
suceder y para comprender los hechos de la realidad. Con el poder que tiene esta
divinidad en los cantos finales le dará a Odiseo una apariencia de un viejo mendigo para
que éste pueda preparar su venganza, demorando así el ser reconocido en Ítaca. El
elemento fantástico, entonces, que puede ser percibido con naturalidad cuando es
facultad de los dioses, se traslada ahora al hombre, y rompe las leyes que gobiernan su
mundo.
Es recurrente el uso de elementos o instrumentos dotados de poder casi mágico que
también sirven para asistir al héroe en momentos de extrema dificultad, como por
ejemplo, el velo inmortal de Ino, la planta de loto, la vara y las pociones mágicas de la
hechicera Circe, la hierba moly como antídoto proporcionado por Hermes, el irresistible
canto embrujador de las Sirenas, el arco que sólo puede tensar el héroe, son algunas
menciones de estos recursos, muy comunes después en los relatos fantásticos. La

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presencia de razas diferentes, de seres fabulosos y de mundos paralelos también se
intercala en los episodios odiseicos. Gigantes como el cíclope Polifemo de un solo ojo,
los caníbales lestrigones y los monstruos marinos como Escila y Caribdis son algunos
ejemplos de estos seres que pertenecen a otros mundos. Seres fantasmagóricos como los
espectros del Hades, las sombras de los muertos también encuentran lugar en este
poema homérico. Al ingresar al mundo de los muertos podemos constatar la
coexistencia de mundos que responden a lógicas diferentes de funcionamiento, pues
tanto el ingreso como el modo de relacionarse con las sombras demandan una conducta
específica, que responde a ese mundo y no a otro, y todo esto no es posible en el mundo
real del lector.
Estos elementos serán presentados a continuación, enlazados con el argumento de
los cantos.

En la asamblea de los dioses griegos en el canto I, Atenea aboga por la vuelta del
héroe a su hogar, quien lleva muchos años en la isla de la ninfa Calipso. La misma
Atenea -tomando la figura de Méntor, rey de los tafios- aconseja a Telémaco que viaje
en busca de noticias de su padre, exhortándolo a actuar como un hombre.

En el canto II, gracias a la ayuda de Atenea, aparecida en forma de Méntor, el joven


convoca una asamblea en el ágora para expulsar a los soberbios pretendientes de su
hogar. Haliterses les vaticina el regreso de Odiseo y la matanza que de ellos hará. En el
ágora no le proporcionan el barco a Telémaco para ir en busca de noticias sobre su
padre, por lo que le pide ayuda a Atenea, quien en su disfraz de Méntor, le consigue un
barco con tripulación. Así Telémaco puede emprender viaje a Pilos, saliendo a
hurtadillas y de noche, en busca de noticias sobre su padre.

En el canto III, Atenea se desaparece milagrosamente. Impresionado que un joven


esté escoltado por una diosa, Néstor de Pilos arregla que su hijo Pisístrato acompañe a
Telémaco a Esparta. Los jóvenes son hospedados por el rey Menelao, quien les cuenta
cómo el dios Proteo, el viejo del mar, le reveló que Odiseo era cautivo de Calipso.
Mientras tanto, en Ítaca, los pretendientes se dan cuenta de que Telémaco zarpó y hacen
planes para emboscarlo y matarlo cuando regrese. Penélope se postra de terror al
enterarse de estos planes, pero Atenea la calma a través de un sueño. Estos episodios se
encuentran en el canto IV.

En un segundo concilio de los dioses, Atenea insiste en ayudar a Odiseo. Zeus le


pide a Hermes que le diga a la ninfa Calipso que lo libere, y vaticina que en veinte días
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llegará con los feacios, quienes lo ayudarán a llegar a Ítaca. Poseidón, enfadado con
Odiseo porque éste cegó a su hijo Polifemo, provoca una tempestad (canto V). Odiseo
es auxiliado por Ino Leucotea, ninfa marina, quien le da un velo inmortal con el que
debe taparse el pecho y nadar hasta la isla de los feacios. Se observa aquí la presencia
del elemento mágico que ayuda a sobrevivir al héroe.

El sueño es otro de los elementos característicos de los relatos fantásticos. En el


canto VI, Atenea visita, en un sueño, a la princesa Nausícaa, hija de Alcínoo, rey de
Esqueria, y la urge a tomar responsabilidades como mujer en edad de casarse, y será
quien ayudará a Odiseo.

Atenea disfrazada de una feacia (canto VII), conduce a Odiseo al palacio del rey
Alcínoo. Odiseo solicita la compasión de la reina Arete, quien nota que lleva puestos
ropas que hizo ella misma y le pide una explicación de su viaje y de cómo llegó a
Esqueria. Odiseo relata su cautiverio en la isla de Calipso, su reciente liberación, la
tormenta y la ayuda de Nausícaa. El rey Alcínoo se impresiona con este relato y le
ofrece a Odiseo la mano de su hija o si prefiere, la ayuda para llegar a su patria. Los
feacios todavía no saben el nombre de Odiseo.

En el canto IX, Odiseo revela su identidad y comienza a relatar sus tres años de
viaje, empezando desde la caída de Troya hasta que llegó a la isla de Calipso. Como un
aedo canta sus propias aventuras: los episodios con los cicones, los lotófagos, Polifemo
y los cíclopes. Primero cuenta cómo destruyeron la ciudad de Ísmaro, donde estaban los
cicones, perdiendo a varios de sus compañeros. Más tarde llegan a la isla de los
lotófagos. Allí, algunos de sus hombres cayeron en la tentación al comer el loto, y
perdieron el deseo de regresar, por lo que hubo de llevárselos a la fuerza.
Posteriormente, llegaron a la isla de los cíclopes. Odiseo les pide a sus compañeros que
lo esperen en los barcos mientras él iba junto con doce de sus mejores hombres a ver si
les ofrecerían hospitalidad. En una caverna se encuentran con Polifemo, hijo de
Poseidón, el gigante de un solo ojo, que se come a varios de sus compañeros. Quedan
atrapados en la cueva, pues estaba cerrada con una enorme piedra que les impedía salir.
Odiseo, con su astucia, emborracha con vino a Polifemo y manda afilar un palo con el
que ciegan al cíclope mientras éste dormía. Finalmente consiguen escapar ocultándose
bajo pieles de oveja. Polifemo implora venganza a su padre Poseidón.
El relato de Odiseo continúa en el canto X, donde se narra lo sucedido en la isla de
Eolia. El rey de los vientos, Eolo, hijo de Hípotes, le regala a Odiseo todos los vientos

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dentro de una bolsa, excepto el que los puede llevar a Ítaca. Mientras duerme, sus
hombres revisan la bolsa, pensando en los tesoros que podría tener, y liberan todos los
vientos. Llegan a la isla de los lestrigones, gigantes antropófagos, quienes matan y se
comen a la tripulación de once barcos. Odiseo y sus hombres huyen a la isla Eea, donde
fueron algunos hombres hechizados por Circe, hija del Sol, que los convierte en cerdos.
Ayudado por la hierba mágica dada por Hermes, llamada moly, Odiseo logra oponerse a
Circe y libera a sus compañeros. Al cumplirse un año, Odiseo le pide a Circe que lo deje
partir y lo ayude a llegar a su patria. A lo que Circe responde que primero debe ir al
Hades para consultar el alma del tebano Tiresias, adivino ciego, y lo instruye para llegar
sin tropiezos.

El encuentro con las almas del Hades, la “Nékuia” (evocación de los muertos), se
presenta en el canto XI. Tras llegar al país de los cimerios y realizar el sacrificio de
varias ovejas, Odiseo llega al Hades para consultar al adivino Tiresias. Todos los
espectros salen, pues quieren beber la sangre de los animales sacrificados.
El primero que aparece es su compañero Elpénor, quien suplica a Odiseo que lo entierre
y lo queme. Odiseo ofrece la sangre en primer lugar a Tiresias, luego a su madre
Anticlea, que había muerto esperando el regreso de su hijo a Ítaca, y también bebieron
la sangre algunos combatientes que habían muerto durante la guerra de Troya. El
adivino Tiresias le profetiza un difícil regreso a Ítaca. Anticlea lo pone al tanto de la
situación en Ítaca y cómo su fiel esposa Penélope es asediada por los pretendientes.
Odiseo cuenta al rey Alcínoo cómo se le acercó Agamemnón y le relató su muerte,
dándole consejos para que a él no le suceda lo mismo. Aquiles le pregunta sobre su hijo
Neoptólemo y sobre Peleo. Entre los combatientes ve también la sombra del fornido
Heracles.

El canto XII presenta los episodios con las peligrosas Caribdis y Escila, monstruos
marinos, y cómo la tripulación logra escapar de las Sirenas, cuyo canto hacía enloquecer
a quien las oyera. Para ello, siguiendo los consejos de Circe, Odiseo ordenó a sus
hombres taparse los oídos con cera exceptuándolo a él y manda ser atado al mástil.
Después de que huyeron de Caribdis y de Escila, llegaran a la isla del Sol. Mientras
Odiseo duerme, sus compañeros se comen las vacas prohibidas. Huyen de la isla pero
Zeus los castiga desatando una tormenta que hace que el barco se hunda. Odiseo es el
único que se salva y llega a la isla de Ogigia, donde Calipso lo retiene siete años.

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Alcínoo le da todos los presentes a Odiseo y se despide de él y de los hombres que
lo llevarán a Ítaca (canto XIII). Los feacios dejan en la playa a Odiseo, vencido por el
sueño, junto con los regalos. Cuando Odiseo se despierta, no reconoce su tierra. Atenea
disfrazada de un joven pastor le explica a Odiseo donde está; después se da a conocer y
lo ayuda a esconder los tesoros recibidos. Lo transforma en un viejo mendigo para que
nadie lo reconozca y pueda planear cómo deshacerse de los pretendientes.

En Lacedemonia Atenea se le aparece en un sueño a Telémaco (canto XV) y le


dice que debe de regresar de inmediato a Ítaca; también le advierte de la emboscada de
los pretendientes que desean su muerte.

En el canto XVI Telémaco llega con Eumeo y le pide que avise a su madre de la
llegada. Cuando Eumeo se va, Odiseo se transforma en él mismo y le dice a Telémaco
que él es su padre. Sólo ellos dos sabrán la verdad y prevén lo que van a hacer para
derrotar a los pretendientes.

En el canto XXI se presenta el certamen con el arco. Aparece Penélope con el


arco que Odiseo dejó en casa a su marcha a Troya. Promete a los pretendientes que se
casará con aquel que consiga hacer pasar la flecha por los ojos de doce hachas
alineadas. Uno tras otro, los pretendientes lo intentan, pero ni siquiera son capaces de
tensar el arco. Odiseo con el ropaje de mendigo pide participar en la prueba, pero los
pretendientes se lo deniegan. Tras la insistencia de Telémaco, le es permitido intentarlo.
Con suma facilidad, Odiseo tensa el arco y consigue hacer pasar la flecha por los ojos
de las hachas, ante el asombro de los presentes. A la señal de su padre, Telémaco se
arma, preparándose para la lucha final. Obsérvese que Odiseo era el único que podía
manejar este arco, que resulta así único y especial, siendo un instrumento que ayudará al
proceso de anagnórisis o reconocimiento del héroe.
Este reconocimiento se manifiesta en el canto XXIII, cuando Odiseo describe el
lecho conyugal del matrimonio, y cómo él mismo lo construyó con un olivo. Penélope,
convencida, abraza a su esposo, quien le narra sus aventuras, como por ejemplo el
enfrentamiento que tuvo con Polifemo, con el monstruo de Escila, y cómo Circe
convirtió en animales a todos sus marineros. Finalmente le cuenta que aún tendrá que
hacer otro viaje, antes de terminar su vida en una tranquila vejez.
En el último canto las almas de los pretendientes van al Hades, donde éstos le
relatan su suerte a Agamemnón y a Aquiles. Mientras tanto, Odiseo va a casa de Laertes
y lo encuentra triste y empobrecido. La noticia de la matanza se ha propagado y el padre

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de Antínoo llega a buscar venganza. Empieza una nueva batalla. Laertes mata a Eupites.
Atenea y Zeus, ayudan a hacer una tregua y hacen que haya un convenio de paz.

4. La Odisea, epopeya que evoca el fabuloso mundo del Mediterráneo.

La Odisea como primer gran relato de viajes de nuestra literatura es ya una


narración construida con una destreza poética singular, pues entreteje relatos vinculados
con tres mundos distintos: el de Ítaca, con el que se abre y cierra el relato; el de la
guerra de Troya, recordada en el viaje de Telémaco por Néstor, Menelao y Helena, y el
de esas aventuras marinas que el mismo Odiseo cuenta, en primera persona, en el
banquete ofrecido por los feacios. Esas fantásticas aventuras, que ocupan los cantos VIII
a XII, son la sección más famosa del poema y quedan en el centro de la narración. Ahí
están los cícones, los lotófagos, los lestrigones, Eolo, Polifemo, Circe, las Sirenas, el
tenebroso Hades, Escila y Caribdis, y la tentadora Calipso, evocados por Odiseo, ese
gran narrador-aedo, protagonista de fantásticas aventuras. Así comenta García Gual en
el artículo titulado "La epopeya odiseica evoca el mundo arriesgado y prodigioso de
Mediterráneo" de la Revista Mercurio (2009), quien se detiene nuevamente en el
escenario fabuloso del Mediterráneo, como marco prodigioso donde se desarrollan las
aventuras de Odiseo. Destaca cómo el mar fue para los griegos, gentes de islas y costas,
camino de aventuras, el sendero innumerable y tentador hacia un horizonte pródigo en
promesas y misterios. El relato odiseico (fines del siglo VIII a. C.) evoca el mundo
arriesgado y prodigioso del Mediterráneo, que algunos audaces navíos helénicos
comenzaban por entonces a recorrer y a explorar. Con sus islas y sus gentes diversas,
sus magas, sus ogros, sus lotófagos, sus tesoros y sus trampas mortales, esa epopeya
aventurera, envolvía con su encanto a sus oyentes, tanto como la narración del mismo
Odiseo en el palacio de Alcínoo logró seducir al hospitalario rey de los feacios.

A lo largo de estas páginas quisimos detenernos nuevamente en estas aventuras


para mostrar la actualidad de los poemas homéricos y, posicionados como lectores
modernos, mostrar la cercanía de esos antiguos relatos con aquellos característicos de
las novelas de aventuras o los de tipo fantásticos. Esto es producto de la vacilación
presentada entre lo sobrenatural y lo natural, ambigüedad que percibe el lector al
plantearse la posibilidad del encuentro del héroe con mundos alternativos,
inimaginables.

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Es interesante pensar en la función del elemento sobrenatural para poder apreciar
cómo la presencia de lo sobrenatural afecta y orienta las acciones del héroe. La
dimensión fantástica se nos manifiesta como un umbral que permite nombrar lo
desconocido y materializar el temor que genera. Las rutas marítimas que comienzan a
ser exploradas representan un vacío, es un territorio todavía no controlado ni conocido.
El miedo del hombre aparece cristalizado en la construcción de figuras y sucesos que no
son posibles en nuestro mundo, en el mundo controlado, explicado y recorrido.
Numerosos relatos fantásticos buscan, en algún punto, dotar de nombres y rostros el
universo de “lo extrañamente posible”. La posibilidad de conectar sueño y realidad, de
viajar en el tiempo y el espacio, de quebrar las reglas lógicas que suponemos gobiernan
nuestro mundo. Lo fantástico habilita la pregunta de si esto que conocemos es realmente
todo lo que existe.

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-González Álvarez, Cristóbal, “La intertextualidad literaria como metodología didáctica
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-Rodríguez, Pablo, “Los viajes de Ulises. Geografía de la Odisea”


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Aula de Estudios Clásicos Grecolatinos © 2012

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