INSTITUTO UNIVERSITARIO UNIEM
UNIVERSIDAD INTERCULTURAL EJECUTIVA DE MÉXICO
“ENSAYO TEMA LIBRE”
TEMA
EDUCACIÓN INCLUSIVA PARA PERSONAS SORDAS
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN
MATERIA
CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
ALUMNA
ERIKA VANESSA GONZÁLEZ DELGADO
PROFESOR
LIC. ARELY GONZÁLEZ MARTÍNEZ
Zinacantepec, México, octubre de 2021
INTRODUCCIÓN
La educación no debe verse limitada únicamente al ámbito escolar, sabemos que este
eslabón forma parte activa de todas las áreas relacionadas con el desarrollo del ser humano. Existen
grupos vulnerables que acceden en manera desigual a la educación, otorgada por el estado. Entre
estos grupos se encuentran las personas sordas, quienes enfrentan barreras comunicacionales que
dificultan el acceso a la información. Dada su vulnerabilidad, los sordos han de ser objeto de
especial atención, puesto que quedan relativamente en desventaja en cuanto al acceso de un
conocimiento formal e informal.
Dentro de este contexto, la educación juega un rol determinante, ya que permite orientar a
las personas hacia el conocimiento, en determinadas circunstancias que se le presenten. Desde
tiempo atrás, la comunidad sorda fue considerada como “enferma”. Durante siglos las personas
“normales” (como erróneamente se denominaba a los oyentes) protagonizaron un eterno debate
sobre lo que podían o no ser y hacer estos “seres extraños” que carecían del sentido del oído, y les
asignó diferentes calificativos: sordomudos, ausentes, agresivos, en un absurdo intento para
describir a un grupo de personas cuyas características reales eran desconocidas totalmente por el
resto de personas que les rodeaban (RUIZ, 2007).
DESARROLLO
La Declaración de Salamanca (UNESCO, 1994), documento político que defiende los
principios de una educación inclusiva, propone que todos los alumnos tienen el derecho a
desarrollarse de acuerdo a sus potencialidades y a desarrollar las competencias que les permitan
participar en sociedad. Para alcanzar este objetivo, el sistema escolar tiene la responsabilidad de
ofrecer una educación de calidad a todos los alumnos, deberá hacer efectivo el derecho a la
educación y garantizar que todos los niños, niñas y jóvenes tengan, en primer lugar, acceso a la
educación, pero no a cualquier educación sino a una de calidad con igualdad de oportunidades.
Avanzar hacia la inclusión supone, en consecuencia, reducir las barreras de distinto carácter
que impiden o dificultan el acceso, la participación y el aprendizaje de calidad, con especial
atención en los alumnos más vulnerables o desfavorecidos, por ser éstos los que están más
expuestos a situaciones de exclusión y los que más necesitan de la educación, pero no hablemos
solo de una educación superficial, sino de una buena educación, la cual ayude a su desarrollo
profesional.
La declaración de Salamanca, organizada por el gobierno español, en cooperación con la
UNESCO, en 1994 aprobó un marco de acción, inspirado por el principio de integración y por el
reconocimiento de la necesidad de actuar con intención a conseguir “Escuela para todos”, lo cual
nos dice; que todas aquellas instituciones que impartan educación a cualquier nivel, deberán
incluir a todo el mundo, respetando las diferencias y respondiendo a las necesidades de cada cual,
esta situación ha llevado a reformular las concepciones y atención a la diversidad.
La educación de la población sorda ha girado entonces en torno a una consideración muy
exacta, por un lado, es como se va a ofrecer a estos alumnos educación, se considera que la
respuesta educativa deberá ajustarse a sus necesidades específicas y por el otro lado, poder brindar
esta educación en un marco de un sistema educativo que implique ajustar sus proyectos educativos
institucionales, los currículos y los procesos de aprendizaje en las aulas. Los dos aspectos son muy
validos sobre todo cuando se toca el tema de la inclusión de los alumnos sordos en las instituciones
educativas, donde la mayoría son oyentes.
Una educación de calidad para los alumnos sordos debe propiciar el acceso a los
aprendizajes escolares en igualdad de condiciones a los compañeros oyentes. Eso significa ofrecer
el currículo ordinario (con adaptaciones precisas), posibilitaría que de verdad el alumno sordo
comprenda y participe de las situaciones dentro del aula (para lo cual será preciso implementar el
lenguaje de señas o signos), se deberán propiciar situaciones que posibiliten el aprendizaje de la
lengua oral y escrita de su entorno (con los recursos personales como materiales que necesiten) y
ofrecer situaciones, que favorezcan el establecimiento de relaciones de amistad con otros
compañeros sordos y oyentes, en donde se promueva el desarrollo armónico de su personalidad
ayudando a los alumnos a crecer en un entorno bicultural. El lenguaje de señas debe ocupar el
mismo lugar que tienen las lenguas orales.
El lenguaje de señas está adaptado para el lenguaje oral, se pueden expresar los
pensamientos más complejos y las ideas más abstractas, siendo adecuado para transmitir la
información y la enseñanza. Es tan complejo como el lenguaje oral, por lo cual, deberá de tomarse
como su lengua natural, ya que, forma parte de su patrimonio cultural y es tan rico y complejo en
gramática y vocabulario como cualquier lengua oral; se caracteriza por ser visual, gestual y
espacial, y como cualquier otra lengua, tiene su propio vocabulario, expresiones idiomáticas,
gramáticas y sintaxis diferentes del español.
Los elementos de esta lengua son las señas individuales, la configuración, la posición y la
orientación de las manos en relación con el cuerpo y con el individuo, la lengua también utiliza el
espacio, dirección y velocidad de movimientos, así como la expresión facial para ayudar a
transmitir el significado del mensaje, esta es una lengua viso gestual, y como cualquier otra lengua
puede ser utilizada por oyentes como una lengua adicional.
El lenguaje de señas, es la lengua natural de las personas sordas, y es el medio o canal a
través del cual este tipo de personas logran comunicarse entre sí, expresando sus sentimientos y
emociones, de igual manera que las personas oyentes lo hacen. El lenguaje de señas corporales o
lengua de signos es una lengua natural que se basa en movimientos y expresiones a través de las
manos, los ojos, el rostro, la boca y el cuerpo, gracias a esto, los sordos pueden establecer un canal
de comunicación con su entorno social ya sean personas sordas u oyentes.
Al respecto, afirma Skliar que aun cuando en numerosas investigaciones, la lengua de señas
cumplen con todas las funciones descritas para las lenguas naturales, como por ejemplo las
conversaciones cotidianas, los argumentos intelectuales, la poesía, se advierte todavía una
tendencia a su desvalorización, a juzgarla como una mezcla de parodia y de señales irónicas que
se expresan a través del movimiento de las manos o al considerarla un pidgin (no es una lengua
materna de ninguna comunidad, sino algo aprendido o adquirido como segunda lengua) primitivo
pero no un verdadero lenguaje (SKLIAR, 1996).
En la actualidad las instituciones educativas afrontan el desafío principal de incluir en su
propuesta educativa a todas y todos, bajo un modelo inclusivo, fundamentado en el respeto a la
diversidad y a la diferencia, debido a esto las instituciones deben desarrollar un conjunto articulado
y coherente de políticas que fortalezcan su quehacer diario y proyecten una visión integradora
orientada a atender debidamente la especificidad de cada alumno, esto se logra siempre y cuando
estos centros educativos cuenten con unas herramientas de planificación, en donde se definen los
lineamientos para el trabajo en la institución educativa a través de la unión de esfuerzos y recursos
para lograr un propósito común.
Por lo tanto, este es objeto de seguimiento y autoevaluación a través de la cual se recopila,
analiza y valora la información sobre el desarrollo de las acciones y resultados de los procesos
institucionales, principalmente en lo referente a la educación de los sordos. Las características
particulares de esta comunidad, implican obligatoriamente revaluar los modelos pedagógicos de
las instituciones educativas, aplicando instrumentos de evaluación e incluyendo en ellos tópicos y
elementos que garanticen la inclusión y el respeto a la diversidad, a la diferencia y sobre todo
aquellos que conlleven a que se les brinde una educación de calidad a todas las personas.
Las instituciones educativas tienen la autonomía para elaborar y ajustar el horizonte
institucional; desde el marco de la diversidad y reconocer al sordo como un sujeto con potencial
para desarrollarse en un ámbito social, cultural, cognitivo y afectivo. Al organizar la oferta, se debe
tener claridad sobre atención de la población sorda y responder a los objetivos de la educación
formal.
La educación de los alumnos sordos ha girado (y sigue girando) entorno al debate sobre
cuál es el modelo educativo más adecuado, tanto en lo que se refiere a la modalidad comunicativa
(debate acerca de la utilización o no de la lengua de signos) como al contexto educativo (centro
ordinario vs centro especial). La modalidad comunicativa más adecuada dependerá, entre otros
factores (concepción educativa, recursos disponibles, necesidades educativas particulares que cada
alumno), de si consideramos a las personas sordas básicamente como insuficientes para adquirir
la lengua mayoritaria de la comunidad oyente o, por el contrario, como competentes en el manejo
de una lengua minoritaria: la lengua de signos.
El aprendizaje de los conocimientos requiere de la interacción con los demás. Por tanto, los
estudiantes sordos no sólo necesitan un sistema de comunicación con el que comunicar y aprender
sino también interlocutores que compartan ese lenguaje y así establecer auténticas interacciones
comunicativas y realizar la construcción de conocimientos.
El aprendizaje de la lengua de señas por parte de los funcionarios-docentes y toda una
comunidad educativa, puede favorecer la comunicación directa, sin la mediación del intérprete, no
obstante, como las habilidades y destrezas en la lengua de señas dependen del contacto con los
usuarios nativos de la lengua y de inversión de tiempo, práctica y surgimiento cultural, para
garantizar pleno acceso a la información es recomendable que la persona sorda siempre este
acompañada de un intérprete, dedicado a esta labor, cuyo costo debe asumir el Estado.
La experiencia educativa nos enseña, pues, que los contextos educativos “específico” y
“regular” que han venido existiendo no ofrecen una educación de calidad a un buen número de
alumnos sordos. La cuestión no está en discutir si es más indicado que estos alumnos se escolaricen
en centros de integración o en centros especiales, sino, más bien, sobre cuáles son las
características que debe tener un determinado centro, sea este ordinario o específico, para
responder adecuadamente al reto educativo que plantean estos alumnos, extrayendo las ventajas
de cada uno de los contextos.
Ahora bien, dentro del aula, se considera importante que el docente adecúe sus estrategias
didácticas para poder llegar al estudiante sordo. Por ejemplo, es mucho más efectiva una clase con
gráficos, mapas mentales, mapas conceptuales, dibujos, esquemas en general, diapositivas, videos,
representaciones, actividades lúdicas, etc., que una clase donde el docente solo transmite un
mensaje en forma de monólogo o de manera tradicionalista, citando autores sin dar contexto o una
esquematización que permita un efectivo aprendizaje.
CONCLUSIÓN
Es necesario concebir a la persona sorda como aquella con una diferencia lingüística, capaz
de desarrollar procesos y habilidades como otro ser humano. (INSOR, 2003). Ubicándolo en un
espacio educativo con condiciones aptas para el aprendizaje, reconociendo su diferencia lingüística
y cultural. Se entiende que la persona sorda es totalmente capaz de desarrollar contenidos; siempre
y cuando se compartan en su lengua y se brinden las estrategias correctas para el aprendizaje; se
acepta a la persona sorda como aquella que utiliza una lengua viso-gestual para su comunicación.
Desde mi experiencia conviviendo con personas sordas, he logrado percibir que su
capacidad de aprendizaje es totalmente adecuada, para desarrollarse dentro de distintos espacios
educativos, deportivos, culturales y sociales, en los cuales han obtenido logros y reconocimientos
a nivel deportivo y profesional, por mencionar algunos. De aquí radica la importancia de
reconocer, apreciar y valorar la incalculable participación en la sociedad de las personas que
pertenecen a esta comunidad. Con el paso de los años están evolucionando y posicionándose dentro
de una sociedad que los tenía en el anonimato y en la imposibilidad de desarrollarse como seres
humanos con capacidades y talentos inesperados.
REFERENCIAS
• Ruiz A. 2007. Necesidad de asesoría y orientación detectadas en las personas con deficiencias
auditivas (Sordos) que cursaron curso introductorio en la UNA. Mérida: Universidad Nacional
Abierta [Trabajo Especial de Grado Magister en Educación Abierta y a Distancia], pp. 84.
• Instituto Nacional para sordos – INSOR. (2012). Los modelos Lingüísticos sordos en la
educación de estudiantes sordos. Bogotá, Colombia.
• Unesco (1994), Declaración de Salamanca y Marco de Acción. Sobre Necesidades Educativas
Especiales: Conferencia mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, Acceso y Calidad,
Salamanca, España.
• Skliar. C. (1996): “La historia de los sordos: una cronología de malos entendidos y de malas
intenciones”. Conferencia presentada al III Congreso Latinoamericano de Educación Bilingüe.
Mérida, Venezuela.