1
LA LEYENDA DEL DORADO Y LA LAGUNA GUATAVITA
PRESENTADO POR: JABID VEGA SARABIA
PRESENTADO A: YANUSI FRIAS RAMOS
AREA: SOCIALES
INSTITUCION EDUCATIVA ELOY QUINTERO ARAUJO
GRADO: 601
NOVIEMBRE 2021
2
La leyenda de el Dorado y la Laguna Guatavita
Jabid Vega Sarabia
Noviembre 2021
Resumen:
La leyenda se origina en el siglo XVI, en Colombia, cuando los conquistadores españoles tienen noticias
de una ceremonia realizada al norte (en el actual altiplano cundiboyacense), donde un rey se cubría el
cuerpo con polvo de oro y realizaba ofrendas en una laguna sagrada.
Hoy en día se sabe que este pueblo era el Muisca y el sitio donde se realizaba la ceremonia habría sido
la laguna de Guatavita (Colombia).
Palabras Claves: El Dorado, Guatavita, Muiscas, Colombia.
3
La leyenda de el Dorado y La Laguna Guatavita
Jabid Vega Sarabia
Noviembre 2021
La leyenda de “El Dorado” nace durante los tiempos de la Conquista de América. Las nuevas tierras, las
fortunas halladas y los misterios de un continente desconocido aumentaban las fantasías de los
conquistadores por encontrar el tesoro más grande que hayan podido ver en sus vidas, ya que se
imaginaban que existía una ciudad hecha de oro. Detrás de Colón, vinieron al continente americano miles
de aventureros y guerreros, que a fuerza de sangre, caballo y espada iniciaron el saqueo más grande de un
continente que la Historia recuerde. Por toda América los conquistadores andaban en busca de riquezas.
Miles de toneladas de oro y plata que viajaron en galeones a España, Portugal e Inglaterra para enriquecer
al viejo continente. En plena fiebre de conquista, las historias circulaban entre los soldados europeos.
Eran historias alimentadas por la codicia que despertaban las joyas, las piedras preciosas y la imaginación
sedienta de más, por encontrar una ciudad de oro. La leyenda nació y circuló de boca en boca, la leyenda
la hicieron circular los indígenas. Unas versiones decían que, en una tribu oculta en medio de la selva, los
nativos solían enterrar a sus muertos en una laguna (se hablaba de la laguna de Guatavita, en Colombia).
Para esto cargaban en una canoa el cuerpo del difunto junto con una gran cantidad de joyas, y tesoros. Y
luego está canoa era hundida, y las riquezas se iban al fondo del lago, junto con los muertos, a la ciudad
de oro. También se contaba que, en ese mismo lago, una vez al año, se ofrecían sacrificios a los dioses en
los que se reunía un inmenso tesoro que era llevado al centro de lago por el sacerdote de la tribu, que iba
desnudo y que sólo estaba cubierto por una capa de polvo de oro. Era este “hombre dorado” el encargado
de arrojar el tesoro al agua. En ese lago estaban sepultados los más grandes tesoros que el hombre podía
imaginar. (Como si fuera la cueva de Ali Baba, pero bajo las aguas). Las versiones hablaban también de
que la ciudad resplandecía porque estaba hecha íntegramente de oro y plata. Con sus calles pavimentadas
de oro y sus edificios tan dorados que hasta resplandecían de noche. La leyenda de “El Dorado” fue
tomada como cierta por muchos conquistadores que emprendieron su búsqueda por distintos rumbos,
según sus propias ideas y que se adentraban en la selva. Muchos de ellos para no volver nunca más.
Algunos pocos para volver agotados, enfermos, locos y con las manos vacías. Ninguno para llegar hasta
la ciudad de oro. La leyenda de “El Dorado” nace durante los tiempos de la Conquista de América. Las
nuevas tierras, las fortunas halladas y los misterios de un continente desconocido aumentaban las
fantasías de los conquistadores por encontrar el tesoro más grande que hayan podido ver en sus vidas, ya
que se imaginaban que existía una ciudad hecha de oro. Detrás de Colón, vinieron al continente
americano miles de aventureros y guerreros, que a fuerza de sangre, caballo y espada iniciaron el saqueo
más grande de un continente que la Historia recuerde. Por toda América los conquistadores andaban en
busca de riquezas. Miles de toneladas de oro y plata que viajaron en galeones a España, Portugal e
Inglaterra para enriquecer al viejo continente. En plena fiebre de conquista, las historias circulaban entre
los soldados europeos. Eran historias alimentadas por la codicia que despertaban las joyas, las piedras
preciosas y la imaginación sedienta de más, por encontrar una ciudad de oro. La leyenda nació y circuló
de boca en boca, la leyenda la hicieron circular los indígenas. Unas versiones decían que, en una tribu
oculta en medio de la selva, los nativos solían enterrar a sus muertos en una laguna (se hablaba de la
laguna de Guatavita, en Colombia). Para esto cargaban en una canoa el cuerpo del difunto junto con una
gran cantidad de joyas, y tesoros. Y luego está canoa era hundida, y las riquezas se iban al fondo del lago,
4
junto con los muertos, a la ciudad de oro. También se contaba que, en ese mismo lago, una vez al año, se
ofrecían sacrificios a los dioses en los que se reunía un inmenso tesoro que era llevado al centro de lago
por el sacerdote de la tribu, que iba desnudo y que sólo estaba cubierto por una capa de polvo de oro. Era
este “hombre dorado” el encargado de arrojar el tesoro al agua. En ese lago estaban sepultados los más
grandes tesoros que el hombre podía imaginar. (Como si fuera la cueva de Ali Baba, pero bajo las aguas).
Las versiones hablaban también de que la ciudad resplandecía porque estaba hecha íntegramente de oro y
plata. Con sus calles pavimentadas de oro y sus edificios tan dorados que hasta resplandecían de noche.
La leyenda de “El Dorado” fue tomada como cierta por muchos conquistadores que emprendieron su
búsqueda por distintos rumbos, según sus propias ideas y que se adentraban en la selva. Muchos de ellos
para no volver nunca más. Algunos pocos para volver agotados, enfermos, locos y con las manos vacías.
Ninguno para llegar hasta la ciudad de oro.
La Laguna de Guatavita
La laguna fue una de las más sagradas para los Muiscas, puesto que allí se realizaba el ritual de
investidura del nuevo Zipa (era el título de nobleza dado por los muiscas al gobernante supremo
del Zipazgo, una de las divisiones administrativas más importantes de la Confederación Muisca.); según
cuenta la leyenda, éste iba en una balsa de juncos ricamente adornada; tenía el cuerpo cubierto
íntegramente con oro en polvo; a sus pies ponían una grande cantidad de oro y esmeraldas para que
ofreciera a los dioses y braseros encendidos para quemar una especie de sahumerio llamado moque; el
nuevo dignatario iba acompañado por cuatro caciques y cuando la balsa llegaba al centro de la laguna, el
pueblo que se encontraba en las orillas arrojaba objetos de oro y piedras preciosas al agua.
Este es uno de los orígenes de la leyenda de El Dorado. La famosa Balsa Muisca que se exhibe en
el Museo del Oro del Banco de la República de Colombia es evidencia de que este tipo de rituales se
celebraban en los lagos de la región.
Hubo varios intentos de drenar la laguna para hallar sus tesoros ocultos, entre los cuales los más
importantes fueron el del capitán Lázaro Fonte, quien pudo extraer varias piezas de oro fino, y el
de Antonio de Sepúlveda en el siglo XVI, quien también logró sacar esmeraldas y piezas de cerámica.
5
Conclusión
Al realizar este trabajo aprendí una de leyendas de nuestro país; los rituales que se celebraban en la región
de Cundinamarca (la laguna de Guatavita se encuentra en la cordillera oriental de Colombia, en el
municipio de Sesquilé, al norte de la cabecera municipal de Guatavita a una distancia de 63 km al norte
de Bogotá). Estos grupos de indígenas llamados los Muiscas (Pueblo indio, de la familia lingüística
chibcha, que habitaba en Colombia, en las altiplanicies de la Cordillera Oriental (Boyacá, Cundinamarca
y un extremo de Santander).) se caracterizaban por su ciudad de Oro, sus costumbres y sus creencias. Con
todo lo aprendido puedo tener un acercamiento de lo que se dice de la leyenda del dorado.
6
Anexos