CAPITULO PARACOCCIDIOIDOMICOSISVsFinal
CAPITULO PARACOCCIDIOIDOMICOSISVsFinal
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Profesor Titular, Escuela de Microbiología, Universidad de Antioquia, Medellín,
Colombia; Grupo de Investigación en Microbiología Básica y Aplicada
(MICROBA), Escuela de Microbiología, Universidad de Antioquia, Medellín,
Colombia.
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Docente Medicina Interna, Instituto Colombiano de Medicina Tropical,
Universidad CES, Medellín, Colombia.
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Investigador Senior, Medellín, Colombia
1. Introducción
La paracoccidioidomicosis (PCM) fue descrita por primera vez por Lutz en Brasil
en 1908 y su agente etiológico identificado y aislado en cultivo pocos años
después por Splendore [1,2], aunque inicialmente se lo confundió con
Coccidioides immitis, el hongo causante de la coccidioidomicosis, patología que
había sido previamente descrita en Argentina [3]. Transcurrieron dos décadas
hasta que de Almeida disipara este error y diferenciara – el que en este momento
– fuera el único agente etiológico de la enfermedad y lo denominara
Paracoccidioides brasiliensis [4]. Para esta época la micosis había sido
diagnosticada en otros países diferentes al Brasil por lo que se la llamó también
blastomicosis Sur-Americana, dada su peculiar restricción geográfica, así como
enfermedad de Lutz - Splendore - de Almeida en honor de los tres primeros
científicos que abordaran su estudio [5-7].
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Paracoccidioides lutzii [10]. Más recientemente, el uso de la taxonomía molecular
permitió reconocer 3 especies nuevas: P. americana (antes denominada PS2), P.
restrepiensis (antes PS3) y P. venezuelensis (antes PS4) [11]. En esta revisión,
sin embargo, ésta últimas especies no será consideradas en detalle.
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La paracoccidioidomicosis es una micosis sistémica y endémica que suele
manifestarse bajo dos formas clínicas principales, la subclínica usualmente
asintomática y la enfermedad que se manifiesta por lesiones internas y externas.
Ésta última forma, usualmente crónica, se caracteriza por compromiso primario del
pulmón con diseminación a otros órganos y sistemas tales como mucosas, piel,
adrenales y sistema linfático, entre otros. La enfermedad se presenta más
regularmente en adultos que en niños o jóvenes [7,13]. Es notorio, además, que la
enfermedad compromete más frecuentemente al hombre que a la mujer en una
proporción de 13 hombres por 1 mujer [16]. Adicionalmente, se anota que entre la
primo-infección y la aparición de lesiones orgánicas suelen transcurrir períodos
prolongados de latencia (promedio 14 años) durante los cuales no es posible
sospechar la ocurrencia de un contacto anterior con el hongo [17]. Lo anterior
señala que la primo-infección y el diagnóstico etiológico suelen ocurrir en sitios
geográficos bien diferentes como lo ilustra un caso referido en España [18].
2. El agente etiológico
Paracoccidioides spp. es un hongo dimórfico que a temperaturas entre 4ºC y 25°C
crece bajo la forma de un moho blanquecino que microscópicamente está
conformado por hifas delgadas, septadas, presencia de clamidosporas y escasas
microconidias (>5μm) (Fig. 1). Éstas últimas son las partículas infecciosas
capaces de responden al efecto de la temperatura para convertirse en levadura o
en moho [5,7,13]. A temperaturas entre 35ºC y 37ºC, por el contrario, las colonias
son de consistencia suave, ligeramente plegadas y constituidas por levaduras de
tamaño muy variable (6-40 µm), muchas de las cuales se reproducen por
gemación múltiple (Fig. 2). La estructura más distintiva es aquella compuesta por
una levadura “madre” central que se rodea de gemas múltiples (blastoconidias), la
primera de mayor tamaño que las demás y que, en conjunto semejan al timón de
un barco. Adicionalmente, se observa que la célula “madre” presenta una pared
gruesa, refractiva a la luz y que contiene en su interior prominentes vacuolas intra-
citoplasmáticas [5,7,13]. Esta estructura morfológica característica se observa por
igual en especímenes clínicos [5,7,13]. Como se indicara previamente, no se
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conoce la forma sexuada (anamorfo) de P. brasiliensis si bien técnicas de biología
molecular han revelado la presencia del locus de apareamiento [14,19]. Por otra
parte, el genoma completo de P. brasiliensis se dio a conocer en el 2009
[[Link]
En referencia al hábitat de P. brasiliensis, todo parece indicar que éste debería ser
exógeno a sus hospederos reconocidos, el hombre [20,21] y ciertas especies de
armadillos [22-24]. Son frecuentes los informes sobre la recuperación de P.
brasiliensis de órganos profundos del armadillo de nueve bandas Dasypus
novemcinctus y también de diversos animales [22,23,25]. Se ha detectado la
presencia de P. brasiliensis por métodos moleculares - ya que no por su
aislamiento – a partir de muestras de suelo recolectadas alrededor de cuevas de
armadillos [9]. Además, existen informes casuales pero intrigantes sobre
aislamientos de P. brasiliensis de animales tan diversos como perros, pingüinos,
roedores, cerdos, cabras y otros [25,26]. Al momento se reconocen solo al hombre
y a los armadillos como hospederos “naturales” propensos a desarrollar la
enfermedad. Por otra parte, el hábitat preciso de P. brasiliensis permanece sin
identificar [24,25].
Una de las consecuencias del anterior desconocimiento reside en que las etapas
iniciales del proceso infeccioso logran ser demostradas solo a través de estudios
en animales de experimentación. Se ha demostrado así que luego de la inhalación
de las partículas infecciosas producidas o derivadas del moho (microconidias o
fragmentos de micelio > 5 micras), éstas alcanzan los alvéolos pulmonares donde
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bajo la influencia de la temperatura más elevada en el pulmón, se convierten en
levaduras [22,27]. Es así como las estructuras infecciosas propias del moho -
presumiblemente existentes en el ambiente externo - se convierten en levaduras
dotadas de virulencia, expresada ésta en su capacidad de multiplicarse a la
temperatura propia del organismo humano [13,24,28].
3. Eco- epidemiología
En los países endémicos para esta micosis, incluida Colombia, la aplicación de
pruebas intradérmicas con extractos no estandarizados derivados del hongo
(paracoccidioidinas) y que, por consiguiente, son de índole muy diversa, ha
permitido determinar que en zonas de residencia de los pacientes con la micosis,
cerca de un 10% de la población normal reacciona positivamente, indicando así
contacto previo con Paracoccidioides spp. [32,33]. Al aplicar esta prueba
intradérmica en el Brasil, país donde la PCM es de la mayor importancia, la
incidencia de reacciones positivas fue más alta en las regiones del sureste y del
centro oeste [31,34]. Adicionalmente cuando se utilizó el antígeno purificado gp43
en pruebas intradérmicas, se obtuvieron cifras más altas (43%) de reactividad [35].
En forma global, la prevalencia de la PCM en América Latina es baja y oscilan
entre 0.33 a 3 casos por 100,000 habitantes [30,34]. En cuanto a mortalidad, las
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cifras para Brasil muestran que de todas las muertes informadas para el país, 3%
fueron atribuidas a la PCM [30,31,36].
Entre los factores de riesgo para adquirir esta micosis se encuentran no solo el
haber vivido y trabajado en áreas endémicas, de preferencia rurales si no también
la presencia de hechos que alteren la fisiología normal del individuo (malnutrición,
alcoholismo, tabaco). Para adquirir la infección no basta solo hacer contacto con
Paracoccidioides spp. en áreas rurales y zonas boscosas, por lo que deben
considerarse otras interacciones del hombre con el ambiente como, por ejemplo,
la deforestación de amplias zonas colindantes con pueblos y ciudades, la
agricultura extensa y continua, la migración a regiones casi inhabitadas o
inexploradas, así como el gran impacto ambiental que tienen las construcciones
de gran tamaño [30,31].
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Por otra parte, no ha sido demostrada una relación directa con aquellas factores
que deprimen las defensas inmunes, tales como la infección por el VIH, tal como
se desprende de una cohorte de más de mil pacientes con esta afección, cuyo
estudio reveló que solo 3.3% de las muertes ocurrieron en aquellos que padecían
a la vez PCM e infección por el VIH [37]. Otro informe señala que en pacientes
VIH+, la co-infección por P. brasiliensis suele ser baja, 1.4% [38].
En una región sureña del Brasil, se comprobó que la influencia del volumen del
agua acumulada en el suelo, la humedad absoluta del aire por encima de lo
normal y la presencia de una anomalía climática originada en el fenómeno del
Niño Oscilación Sur que ocurriera en el período 1982/1983, estuvieron asociados
con un clúster de casos de PCM diagnosticados todos en el lapso de los dos años
[39].
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4. Inmunopatogénesis
Una vez las partículas infectantes del hongo entran al hospedero, éstas
interactúan con diferentes tipos de células que incluyen las células epiteliales del
pulmón y los macrófagos alveolares [24,28]. Este patógeno intracelular facultativo
puede iniciar su transformación morfológica de conidia a levadura, proceso que es
mas efectivo y rápido a nivel intracelular; este dimorfismo fúngico es un proceso
especializado y regulado que se desencadena una vez el hongo reconoce y
responde al ambiente del hospedero, y es esencial para la patogenicidad del
hongo [12]. Este cambio morfológico es considerado un factor de virulencia, y
obligatorio para el establecimiento de la infección y el desarrollo de la enfermedad.
Para sobrevivir dentro del hospedero, el hongo ha desarrollado diferentes
mecanismos que evitan su eliminación por las células del hospedero. Entre los
diversos mecanismos, la expresión de adhesinas en la superficie del hongo le
permiten no solo adherirse al epitelio, a través del reconocimiento de proteínas de
matriz extracelular y receptores presentes en la superficie de las células epiteliales
y alveolares, incluyendo macrófagos y células dendríticas, sino también le
confieren la capacidad de invadir o diseminarse a otros órganos y tejidos [24].
Después de la interacción inicial de las células del hospedero con el hongo, a
través de receptores que incluyen el receptor para el complemento, receptor de
manosa, dectina-1, y receptores tipo toll (TLR)-2 y TLR-4, entre otros; los cuales a
su vez reconocen diferentes moléculas o componentes tales como polisacáridos,
proteínas y lípidos, presentes en la pared del hongo [40-44]; éstas células se
activan y producen quimioquinas y citoquinas pro-inflamatorias dando inicio al
proceso inflamatorio, en el que células fagocíticas como neutrófilos y macrófagos y
otras células del sistema inmunológico llegan al sitio donde se localiza la infección
[24,27]. Una vez activadas, éstas células fagocíticas producen moléculas
microbicidas como el óxido nítrico, lisozima y especies reactivas del oxígeno
(ROS) en un intento por eliminar el hongo [24,27]. No obstante, Paracoccidioides
spp. puede producir moléculas o factores de virulencia que le permiten
contrarrestar el efecto microbicida o protector ejercido por las células del
hospedero; entre éstas moléculas se encuentran proteínas de choque térmico,
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metaloproteinasas, fosfolipasas, oxidasas y otras moléculas con propiedades anti-
oxidantes [24]. Adicionalmente, este hongo produce melanina y tiene la capacidad
de formar biopelículas que le permiten resistir no solo a los mecanismos
microbicidas del hospedero, sino también a los antifúngicos más comúnmente
utilizados como terapia [45,46].
Los macrófagos, neutrófilos y eosinófilos son las principales células efectoras que
participan en la respuesta inmune innata. Se ha reportado que los neutrófilos y
macrófagos tienen un papel protector mientras que los eosinófilos parecen ser
perjudiciales [24,28,47]. Recientemente, se ha descrito que las células dendríticas
y los queratinocitos parecen jugar un papel importante tanto en la inmunidad
innata como en la adaptativa debido a su función como células presentadoras de
antígenos; no obstante, la internalización del hongo en los queratinocitos parece
representar un posible mecanismo de evasión [48]. Adicionalmente, se ha descrito
que Paracoccidioides spp. induce apoptosis cuando invade las células epiteliales o
fagocíticas, proceso que beneficia su supervivencia a nivel intracelular [49].
Durante el desarrollo de la respuesta inmune adaptativa o específica, se presenta
una dicotomía entre la respuesta inmune humoral y celular, en la que se observa
un aumento en la producción de anticuerpos asociado a una respuesta
hipoproliferativa de las células T, lo que sugiere el desarrollo de un patrón
inmunológico tipo Th2 [50]. En el caso de los pacientes con la forma severa de la
enfermedad se ha observado un incremento en la producción de citoquinas del
perfil Th2, principalmente interleuquinas (IL)-10, IL-4, e IL-5, y una disminución en
el perfil Th1 (principalmente IFN- e IL-2); lo que claramente sugiere que el perfil
Th1 ejerce una función protectora [28]. Estudios genéticos en los cuales se ha
llevado a cabo la disrupción de genes que codifican para citoquinas o la
neutralización de éstas utilizando anticuerpos monoclonales específicos, han
evidenciado el papel protector de citoquinas tales como la IL-12, el TNF- y el IFN-
, mientras que la IL-4 y la IL-18 parecen ser perjudiciales o juegan un papel dual
[28]. Recientemente, se ha descrito que el perfil Th17 parece ser perjudicial y se
asocia con el desarrollo de una exacerbada respuesta inflamatoria [51].
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Entre las diferentes subpoblaciones de linfocitos T, los LT CD8+ participan en el
control de la carga fúngica a través de mecanismos citotóxicos; los LT CD4+
participan en el desarrollo de una respuesta de hipersensibilidad retardada y
producción de anticuerpos específicos; los LT parecen participar en la activación
policlonal de LB, y las células T-reguladoras (CD4+-CD25+-FoxP3+) participan en
el desarrollo de una respuesta inmune local y sistémica. Por otro lado, los
linfocitos B, se activan y producen anticuerpos específicos tipo IgA, IgG e IgE
contra el hongo. Los anticuerpos IgA e IgG2 se encuentran aumentados en
pacientes con la forma crónica, mientras que los anticuerpos tipo IgG4 e IgE
predominan en los pacientes con la forma aguda de esta micosis [28].
Esta micosis generalmente se caracteriza por el desarrollo de una respuesta
inflamatoria crónica con la formación de granulomas; estas estructuras están
conformada por células epitelioides, células gigantes y células mononucleares que
rodean las levaduras del hongo, y es considerada una de las marcas histológicas
distintivas de la PCM (Fig. 3). Finalmente, este proceso inflamatorio crónico
termina con el desarrollo de fibrosis, considerada una de las secuelas más
importantes de esta micosis, como consecuencia de la activación y producción no
controlada de proteínas de matriz extracelular (principalmente colágeno) por
fibrocitos y macrófagos [28].
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con KOH, blanco de calcofluor o por métodos de inmunofluorescencia, se
observan levaduras con múltiples gemas que rodean la célula madre,
comúnmente denominada “célula en timón de barco”, son estructuras esféricas u
vales que varían en tamaño (6-40 m), con una pared gruesa, refringente y la
presencia de cuerpos lípidos intracitoplasmáticos (Fig. 2). Esta prueba establece el
diagnóstico en un 80 a un 90% de los casos [28].
5.2 Histopatología
Las evaluaciones histopatológicas de biopsias coloreadas con tinciones especiales
tales como la Hematoxilina-Eosina (HE), la plata metenamina (Gomori) y el ácido
peryódico Schiff (PAS), permiten la visualización de las levaduras características,
generalmente dentro de los granulomas (Fig. 3). El estudio histopatológico es
considerado una de las pruebas de laboratorio mas confiable, y permite el
diagnóstico en el 90 al 95% de los casos [28].
5.3 Cultivo
Para el aislamiento de Paracoccidioides spp. se utilizan varios medios de cultivo
que incluyen el agar Sabouraud suplementado con asparagina y tiamina, agar
Sabouraud con glucosa, agar Sabouraud modificado (Mycosel), agar extracto de
levadura, e infusión cerebro-corazón (BHI, por sus siglas en inglés) más glucosa;
la adición de antibióticos como la cicloheximida y el cloranfenicol, a éstos medios,
inhiben el crecimiento de otros mohos [13,28]. El cultivo se incuba a temperatura
ambiente (18oC – 24oC), y cuando es positivo se obtienen colonias blancas
pequeñas con textura algodonosa, adheridas al agar cubiertas de un micelio aéreo
corto. Al microscopio se observan hifas hialinas delgadas y septadas, en algunas
ocasiones con la presencia de clamidoconidias intercaladas; y en algunos casos,
en medios pobres en carbohidratos se puede observar la presencia de conidias,
estructuras consideradas las partículas infectantes con un tamaño que oscila entre
2 y 5m (Fig. 1). En la mayoría de los casos, el micelio es estéril y no
característico del hongo, por lo que se debe subcultivar a 36 oC para demostrar el
dimorfismo [13,28]. Las colonias de levaduras de Paracoccidioides spp. son de
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color crema, con una contextura suave y cerebriforme (arrugada) y al microscopio
se observan las levaduras multigemantes características del hongo (Fig. 2). Es
importante anotar que el aislamiento de este patógeno en estos medios de cultivo
puede tardar hasta 4 semanas, y es positivo en un 60 a 80% de los casos.
5.4 Inmunodiagnóstico
Las pruebas de inmunodiagnóstico incluyen la detección de anticuerpos
producidos por el hospedero y de antígenos del hongo, y permiten no solo el
diagnóstico sino también el seguimiento de la terapia en los pacientes en
tratamiento.
La detección de anticuerpos se realiza mediante diversas técnicas que incluyen la
fijación de complemento (FC), inmunodifusión en gel agar (ID),
contrainmunoelectroforésis (CIE), inmunofluorescencia indirecta (IFI), ensayo por
inmunoadsorción ligado a enzimas (ELISA, por sus siglas en inglés), Western
blotting (WB), Dot ELISA (DE) y látex (LA) [28,52,53]. Estas pruebas varían en
cuanto a su sensibilidad y especificidad con valores que oscilan entre un 65% y
100%, y los resultados dependen de la forma clínica de la enfermedad y del
estado inmune del hospedero, así como del antígeno utilizado. Es importante
anotar que los antígenos de P. brasiliensis, especialmente la glicoproteína gp43,
utilizada para la detección de anticuerpos, no son reconocidos o reaccionan
pobremente con los anticuerpos producidos en los pacientes infectados con P.
lutzii y viceversa, lo que indica que el uso de antígenos específicos, así como
conocer la epidemiología de la infección es importante a la hora de implementar
las pruebas de laboratorio [54].
La detección de antígenos del hongo en sangre (antigenemia) y en orina
(antigenuria) se basa en el uso de anticuerpos monoclonales o policlonales que
reconocen dichos antígenos, los que a su vez afectan su sensibilidad (84% - 94%)
y especificidad (70% - 98%), y su uso ofrece una ventaja sobre la detección de
anticuerpos, especialmente en pacientes inmunocomprometidos con baja
producción de anticuerpos [54].
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Uno de los principales problemas en las pruebas de inmunodiagnóstico es la
reacción cruzada, principalmente con otras micosis tales como la histoplasmosis.
No todas las pruebas de inmunodiagnóstico se encuentran ampliamente
disponibles, no están estandarizadas y no son comerciales.
6. Manifestaciones clínicas
El resultado de la infección por Paracoccidioides brasiliensis, puede dividirse en
cuatro categorías, una de ellas sin manifestación clínica y las otras tres
relacionadas directamente con la edad, el estado inmune del hospedero y la
severidad de la infección y sus secuelas.
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debilitantes del hospedero, como son, la infección por el VIH, trasplante de
órganos, cáncer y su tratamiento [56].
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de disnea. En forma característica de la entidad, la auscultación pulmonar revela
mínimos o aún ningún hallazgo, comparativamente con los hallazgos radiológicos,
con una clara disociación entre la clínica y la radiología [5,6]. La radiología del
tórax revela principalmente infiltrados intersticiales (64%), seguido por compromiso
mixto con infiltrado alveolar y nódulos que pueden confluir, frecuentemente
bilaterales, simétricos y localizados preferencialmente en campos medios y
basales [5,6,57]. Por tomografía de alta resolución del tórax se ha demostrado
alteraciones radiológicas en más del 90% de los pacientes, observándose
principalmente engrosamiento septal interlobular (88%), engrosamiento intersticial
peribroncovascular (78%), opacidades centrilobulares (63%), líneas intralobulares
(59%), opacidades en vidrio esmerilado (34%), cavidades (17%) y consolidación
del espacio aéreo (12%) (Fig. 4). Mediante Scan con Gallium-67 se ha observado
lesiones pulmonares en prácticamente todos los pacientes [58]. En autopsias, el
engrosamiento pleural sin derrame acompañando las lesiones pulmonares, es
relativamente frecuente (60%), pero el derrame pleural es inusual [59].
A momento del diagnóstico, una tercera parte de los pacientes, presentan
secuelas pulmonares representadas en fibrosis (32%), presencia de bulas (27%),
así como signos indirectos de hipertensión pulmonar con crecimiento ventricular
derecho y cor pulmonale [5,6,56].
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con tuberculosis, dado que el compromiso de mucosa oral es raro en TB (0.1-
0.4%) [38,62].
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6.5.6 Sistema nervioso central (SNC). El compromiso del SNC se presenta entre
el 9% y el 25% en forma de síntomas compatibles con un proceso expansivo
centro-encefálico o signos y síntomas por compromiso medular espinal con
espondilo-disquitis. Las lesiones son más frecuentes en los hemisferios cerebrales
(69%) y pueden observarse en la tomografía como lesiones densas únicas o
múltiples con halo de hipercaptación [13]. Frecuentemente hay edema perifocal y
efecto de masa. Otros órganos afectados son hígado, bazo y páncreas, simulando
lesiones neoplásicas y complicándose algunas veces con hipertensión portal [67].
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7. Tratamiento
Por la naturaleza sistémica de la enfermedad, en su manejo debe considerarse el
estado general del paciente, el compromiso de órganos o sistemas, la forma de
presentación clínica (aguda/subaguda o crónica) y las co-morbilidades existentes,
en especial TB, cáncer y Sida. El tratamiento debe incluir medidas generales de
soporte, recuperación nutricional, reposo en cama, corrección de la anemia,
suspensión del uso de tabaco y de la ingesta de alcohol [73,74].
La terapia antifúngica se realiza con medicamentos registrados en tres grupos:
sulfonamidas, anfotericina B y derivados azólicos [13].
Trimetoprim/Sulfametoxazol (160 - 240 mg/800 - 1.200 mg/d), con altas tasas de
respuesta, menor costo que los azoles, pero con alta tasa de recaída (20%). La
terapia debe prolongarse hasta por 2 años [75].
Anfotericina B (deoxicolato o liposomal). Administrada vía venosa, se requiere
para el inicio del tratamiento en pacientes con enfermedad grave o que no toleran
la vía oral, mujeres en el primer trimestre del embarazo y para pacientes con
aumento de pruebas hepáticas mayor a 4 veces el normal. Dosis: 0.6 - 1 mg/Kg
peso/día, dosis máxima acumulada 1 - 2 grs. Siempre debe continuarse con
terapia oral con sulfas o azoles para evitar recaídas [76].
Itraconazol 200 - 400 mg/d por 6 meses, es el tratamiento de elección para
pacientes con enfermedad leve y moderada, y terapia de mantenimiento en casos
graves luego del uso de anfotericina B. Las recaídas son más bajas que con otros
medicamentos (3-5%) [75].
Voriconazol 200 - 400 mg/d ha sido utilizado con éxito en pacientes con
neuroparacoccidioidomicosis debido a su mejor penetración al SNC que otros
medicamentos [77].
Otros azoles han sido evaluados incompletamente, pero con éxito en el
tratamiento: Posaconazol e Isavuconazol [78].
Las equinocandinas no han mostrado ser efectivas en el tratamiento de PCM.
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