Artemisia Gentileschi, la pintora que fue
violada y que se vengó haciendo arte
feminista en el siglo XVII
FUENTE DE LA IMAGEN,ALLEN PHILLIPS/WADSWORTH ATHENEUM
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Artemisia Gentileschi fue una artista de excepcional talento.
"Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama,
inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla
entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo
que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la
garganta y en la boca para que no gritara (…). Yo le arañé el rostro y le tiré
del pelo".
Es el relato de una violación. De una agresión sexual que tuvo lugar hace más de
cuatro siglos, concretamente en el año 1611.
La mujer que la sufrió se llamaba Artemisia Gentileschi y fue una artista de
excepcional talento, como lo demuestra el hecho de que fuera la primera mujer en
conseguir entrar en la Academia de Bellas Artes de Florencia, la misma institución
por la que pasó Miguel Ángel.
Pero Artemisia no sólo fue violada, no sólo tuvo que aguantar ver como su agresor
no cumplía ni un solo día de cárcel y su testimonio sobre la agresión era puesto
abiertamente en duda. También padeció la indiferencia y el rechazo del mundo
artístico de su época por el hecho de ser mujer, pasó por la humillación de que
muchos de sus cuadros fueran atribuidos a su padre o a otros artistas
varones y durante siglos aguantó el ser considerada como una mera curiosidad,
como una rareza tan exótica como menor dentro de la historia del arte.
FUENTE DE LA IMAGEN,THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART
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Artemisia Gentileschi aprendió a pintar en el taller del padre.
Tuvo que pasar mucho tiempo para que su excepcional valía artística fuese
reconocida. Y en la década de 1970 se convirtió además en un símbolo del
feminismo.
En estos días, Roma le dedica una importante exposición en el Palacio Braschi.
"Artemisia y su tiempo" reúne casi un centenar de cuadros procedentes de
algunos de los más prestigiosos museos del mundo (desde el Museo de
Capodimonte al Metropolitan de Nueva York) a través de los cuales es posible
recorrer su vida y trabajo y compararlo con el de algunos de sus contemporáneos,
incluido su propio padre, y otros grandes pintores que pululaban por Roma en
aquel periodo de oro, como Guido Cagnacci, Simon Vouet o Giovanni Baglione.
Probar la violación
Nacida en Roma en 1593, Artemisia era la mayor y la única mujer (amén de la
más dotada artísticamente) de los cuatro hijos de un pintor de origen toscano
llamado Orazio Gentileschi.
Aprendió a pintar en el taller del padre, bebiendo a borbotones del naturalismo
típico de Caravaggio (dicen que ambos artistas llegaron incluso a conocerse en
persona) e impregnándose de su dramatismo y de sus fuertes contrastes
cromáticos.
FUENTE DE LA IMAGEN,MUSEO E REAL BOSCO DI CAPODIMONTE
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Artemisia Gentileschi tenía 18 años en el momento de la violación.
Roma era en aquellos tiempos de principios del siglo XVII un lugar vibrante, en
pleno proceso de cambio, donde se llevaban a cabo por doquier obras,
reestructuraciones, proyectos de mejora.
Todo eso atraía a la ciudad a numerosos artistas en busca de trabajo.
Fue el caso de Agostino Tassi, un pintor nacido a las afueras de Roma,
especializado en paisajes y perspectivas y con fama de pendenciero.
Junto a Orazio, el padre de Artemisia, fue contratado para realizar los frescos del
Casino de las Musas, en el Palacio Pallavicini Rospigliosi.
Se hicieron amigos, hasta el punto de que Orazio le abrió las puertas de su casa.
Tassi aprovechó esa confianza para violar a Artemisia.
La artista, que en el momento de la agresión tenía 18 años, tardó un año en
reunir las fuerzas suficientes para denunciarlo y llevarlo a juicio.
La opinión pública de la época miró con sospecha esa tardanza, concluyendo
muchos que en realidad no había habido violación y se había tratado de una
relación consentida por la propia joven.
Sin embargo, el 27 de Noviembre de 1612 Agostino Tassi fue declarado
culpable.
La pena que le cayó fue bastante blanda: el juez le dio a elegir entre cumplir cinco
años de trabajos forzados o el exilio de Roma. Tassi, obviamente, eligió el exilio.
Mirada de mujer
Después de la sentencia y de todo el escándalo suscitado con el proceso, Orazio
Gentileschi organizó un matrimonio para Artemisia que le permitiese recuperar a
ojos de la sociedad la dignidad perdida.
Así, el 29 de noviembre, sólo dos días después de la condena contra Tassi, la
joven se casó con el pintor florentino Pierantonio Stiattesi y juntos se
trasladaron a Florencia.
Para entonces Artemisia ya había comenzado a plasmar en sus lienzos a mujeres
fuertes y a sufridas, a heroínas, víctimas, suicidas, guerreras, a personajes
femeninos procedentes tanto de la Biblia como de la mitología. Y adoptando una
perspectiva nueva: la de una mujer.
Porque no le faltaba razón el filósofo francés Roland Barthes cuando sentenciaba
que la fuerza de Artemisia Gentileschi radica en su capacidad de dar la vuelta a
los papeles tradicionales, alentando "una nueva ideología que nosotros modernos
leemos claramente: la reivindicación femenina".
Sólo hay que ver cómo en 1610, con sólo 17 años, la artista ya había pintado por
ejemplo a "Susana y los viejos", un cuadro que se basa en el relato bíblico de la
casta Susana, quien se estaba dando tranquilamente un baño cuando dos viejos
le propusieron relaciones sexuales.
Ella los rechazó y estos, en venganza, la denunciaron por adulterio. La iban a
lapidar cuando el profeta Daniel descubrió el engaño y evitó la injusticia.
FUENTE DE LA IMAGEN,MINISTERO DEI BENI E DELLE ATTIVITÀ CULTURALI
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A pesar de su talento, padeció la indiferencia del mundo artístico de su época.
Aunque la mayoría de los lienzos que en la época recogían este tema mostraban a
Susana como una mujer frívola y coqueta que flirteaba abiertamente con los
viejos, Artemisia optó por pintarla como una joven vulnerable, asustada, que
rechazaba a esos dos hombres amenazantes.
Todo eso, un año antes de que la violaran. Después de ser agredida
sexualmente por Tassi, su visión en clave femenina aún se agudizó más.
"Venganza"
Ya en Florencia, pintó otra escena bíblica: "Judith decapitando a
Holofernes" (1612 - 1613).
Es sin duda su obra más famosa. Plasma el momento en el que la viuda Judith,
ayudada por su fiel doncella, decapita a Holofernes, el general asirio enemigo que
se había encaprichado con ella, aprovechando que está borracho y se ha quedado
dormido.
FUENTE DE LA IMAGEN,GABINETTO FOTOGRAFICO DELLE GALLERIE
DEGLI UFFIZI
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Su obra más famosa es "Judith decapitando a Holofernes" (1612 - 1613).
El episodio ya había sido llevado al lienzo por numerosos pintores desde el
Renacimiento y se consideraba una alegoría del triunfo de las mujeres sobre los
hombres.
Pero en manos de Artemisia adquiere nuevos matices, hasta el punto de que
varios estudiosos han descifrado en clave psicológica la violencia con que pinta la
famosa escena, interpretándola como un deseo de venganza tras la agresión
sexual que sufrió.
"Judith decapitando a Holofernes" fue un tema que Artemisia pintó en varias
ocasiones, realizando en total tres versiones, algo que también hizo con "Susana y
los viejos".
En vida pintó sin parar y llegó a gozar de cierta fama.
Pero tras su muerte en Nápoles en torno a 1654, Artemisia Gentileschi cayó en
un largo y profundo olvido que ha durado siglos.
Sólo en la segunda mitad del siglo XX su arte comenzó a ser de nuevo apreciado
por algunos críticos y su nombre, desenterrado.
Pero, sobre todo, fue a raíz de que en los años 70 el movimiento feminista
convirtiera a esta artista en un símbolo de la lucha de género que Artemisia
finalmente resucitó.
FUENTE DE LA IMAGEN,GABINETTO FOTOGRAFICO DELLE GALLERIE
DEGLI UFFIZI
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En la segunda mitad del siglo XX su arte comenzó a ser de nuevo apreciado por algunos
críticos.
Contextualización
- El Barroco cubre toda el área europea, especialmente Centro-Europa y Europa
Meridional, además de algunos países de la América colonial.
- Se originó en Italia, concretamente en Roma, a finales del siglo XVI.
- Los italianos seguían teniendo las misma cualidades y talento que en las centurias
anteriores, el país seguía siendo el centro de la vida cultural y de moda.
- Pero perdieron su posición excepcional, dejando de ser los únicos, pues había países
políticamente más fuertes y más ricos, que podían financiar su arte y los estudios sobre el
mismo.
- Aunque dichos países se inspiraron en la cultura artística italiana, ésta, una vez trasladada
a otros suelos, dio frutos diferentes, fundiéndose los elementos italianos con los españoles,
germánicos, flamencos o eslavos, según el caso.
5 obras mas importantes
“Autorretrato como mártir,” ca. 1615
En aras de la conveniencia, los principales movimientos de la historia del arte
suelen ser asociados con los pioneros y las figuras más destacadas. Por ejemplo,
el éxito del impresionismo a menudo se atribuye a Claude Monet, mientras que
Salvador Dalí suele ser visto como el único arquitecto del surrealismo. Sin
embargo, además de simplificar demasiado la complejidad de estos géneros, este
sistema de atribución tiene muchos problemas; entre ellos, que las mujeres
artistas rara vez son mencionadas.
Un excelente ejemplo de una pintora en las sombras es Artemisia Gentileschi.
Aunque nació en una familia de artistas exitosos e incluso fue aceptada en una
prestigiosa escuela de arte, históricamente ha sido pasada por alto en favor
de Caravaggio, un pintor contemporáneo al que se le atribuye el inicio del
movimiento barroco.
Por fortuna, hoy en día cada vez más museos, libros de historia y otras
instituciones culturales han comenzado a poner los reflectores sobre esta
subestimada figura y las poderosas historias detrás de sus pinturas más famosas.
SUSAN A Y LO S VIEJOS (1610)
“Susanna y los viejos”, c. 1610
Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1593. Su padre era el afamado pintor
toscano Orazio Gentileschi, por lo que la artista estuvo expuesta al arte desde
temprana edad. Como adolescente, trabajó al lado de su padre en su estudio de
arte, donde aprendió los fundamentos de la pintura y completó Susana y los
viejos, la pintura más antigua que se conoce de Gentileschi.
Creada cuando la artista solo tenía 17 años, esta pintura a gran escala representa
una escena bíblica. La obra muestra a Susana, una mujer hebrea casada, siendo
acosada y atacada por dos hombres mientras se bañaba. Después de negarse a
tener relaciones sexuales con los agresores, Susanna es chantajeada y juzgada
falsamente por adulterio. Sin embargo, su esposo, Daniel, señala la naturaleza
injusta de la acusación y, a su vez, los acusadores son interrogados. Después de
no encontrar consistencia en sus historia, los hombres son ejecutados.
Gentileschi creó esta escena en lo que se convertiría en su estilo característico: un
enfoque realista sobre la anatomía femenina, una paleta de colores profundos, y
un uso magistral de la luz y la sombra. Sin embargo, lo más prominente fue que
sentó las bases para el que eventualmente se convertiría en el tema preferido de
Gentileschi: figuras femeninas que sufren, pero son fuertes ante todo,
provenientes de la mitología, la Biblia y los relatos alegóricos.
JUD ITH D ECAPIT ANDO A HOLOFERNES (1614-1620)
“Judith decapitando a Holofernes”, 1614-1620
El enfoque a largo plazo de Gentileschi en sujetos femeninos fue moldeado por
un evento que ocurrió el mismo año en que completó Susana y los viejos. En
1610, su padre colaboró con Agostino Tassi, un artista italiano, en un proyecto en
Roma. Durante este tiempo, Tassi violó a la artista, que entonces tenía 17 años,
por lo que su padre presentó cargos. Si bien Tassi fue exiliado por su
comportamiento –que también incluyó cargos por robo e intento de asesinato–
nunca cumplió su sentencia.
Sin embargo, Gentileschi buscó su propia forma de venganza. En 1610,
pintó Judith decapitando a Holofernes, una pieza que retrata una historia del
Antiguo Testamento en la que una viuda y su sirvienta dominan, y eventualmente
decapitan, a un hombre lujurioso y amenazante. Dado el momento de la
finalización de la pintura, muchos creen que Gentileschi canalizó su propia
agresión sexual (y los sentimientos consecuentes hacia Tassi, representado por
Holofernes) al elaborar la composición.
En 1614, Gentileschi volvió a este tema, produciendo una segunda copia
de Judith decapitando a Holofernes. Con una paleta de colores más vívida y
mayores contrastes entre claro y oscuro, este trabajo posterior eventualmente
tipificaría toda su obra.
JUD ITH Y SU SIRVIENTA (1625)
“Judith y su sirvienta”, 1625
Entre 1623 y 1625, Gentileschi volvió una vez más a la historia de Judith.
En Judith y su sirvienta, captura el momento después del asesinato, cuando la
heroína y su criada colocan la cabeza decapitada de Holofernes en una bolsa.
Si bien Judith decapitando a Holofernes es reconocida predominantemente por
el enfoque radical de Gentileschi, Judith y su sirvienta es celebrada por su uso de
la luz y la sombra. Además de acentuar los tonos ricos que se encuentran en el
vestido dorado de Judith y las cortinas de terciopelo rojo, este uso de la luz
aumenta el drama de la escena y, en última instancia, muestra el dominio de
Gentileschi de una habilidad barroca por excelencia.
LUC RECIA (1625)
“Lucrecia”, 1625
Las representaciones de Gentileschi de Judith no fueron las únicas piezas en las
que la artista que exploró los efectos del acoso sexual y la violación en su trabajo.
En 1623 pintó Lucrecia, un trabajo que presenta una figura femenina al borde del
suicidio. Específicamente, muestra a Lucrecia, una mujer noble romana de la
vida real, que optó por quitarse la vida después de ser violada por Sexto
Tarquinius, el hijo de un rey etrusco.
Si bien muchos pintores han encontrado una musa en Lucrecia, la famosa
interpretación de Gentileschi (completada en 1625) es descrita por la famosa
historiador de arte Mary Garrard como “la variante más inusual y más radical del
tema en la pintura moderna temprana”. Esto se se debe principalmente a la
estrategia de Gentileschi de representar el momento justo antes de que Lucretia
decida suicidarse y no, como en el caso de muchas otras pinturas, el suicidio en
sí.
Aunque sin precedentes, esta decisión coincide con el enfoque de Gentileschi
sobre este tema, ya que Lucrecia, segura en sus convicciones, es descrita como
una “mujer fuerte, una heroína fuerte”.
AU TORRETRAT O COMO ALEGO RÍA D E LA PINTU RA (1638-1639)
“Autorretrato como alegoría de la pintura”, 1638-1639
La inclinación de Gentileschi por pintar mujeres no se limitaba a historias
bíblicas y relatos antiguos. De hecho, a veces encontró inspiración en una figura
contemporánea: ella misma.
En 1639, Gentileschi completó su autorretrato más célebre, Autorretrato como
alegoría de la pintura. En esta singular pintura, la artista se imagina como una
alegoría, un enfoque creativo que incorpora sutilmente sus puntos de vista
feministas. “Ella sostiene un pincel en una mano y una paleta en la otra”,
explica Royal Collection Trust, “identificándose hábilmente como la
personificación femenina de la pintura, algo que sus contemporáneos masculinos
nunca pudieron haber hecho”.
Enfoque
Jael y Sísara
Jael y Sísara uno de los pasajes más escabrosos del Antiguo Testamento
Jael (en hebreo Ya’el, יעל, es el nombre hebreo para el íbice de Nubia) es un
personaje del libro de los Jueces del Antiguo Testamento. Jael aparece como la
heroína que mata a Sísara para salvar a Israel de las tropas de Jabín rey de
Canaán. Jael era esposa de Heber el ceneo. (Juec. 5:23-27)
La historia de Jael y Sísara es uno de los pasajes más escabrosos del Antiguo
Testamento. Se narra por duplicado en el libro de los Jueces, en los capítulos 4 y
5, primero en prosa y después en verso.
Esta es la parte de la Canción de Débora 1 en la que se narra la muerte de Sísara:
«Maldecid á Meroz, dijo el ángel de Jehová: Maldecid severamente á sus
moradores, Porque no vinieron en socorro a Jehová, En socorro á Jehová contra
los fuertes. Bendita sea entre las mujeres Jael, Mujer de Heber Cineo; Sobre las
mujeres bendita sea en la tienda. El pidió agua, y dióle ella leche; En tazón de
nobles le presentó manteca. Su mano tendió á la estaca, Y su diestra al mazo de
trabajadores; Y majó á Sísara, hirió su cabeza, Llagó y atravesó sus sienes. Cayó
encorvado entre sus pies, quedó tendido: Entre sus pies cayó encorvado; Donde
se encorvó, allí cayó muerto.
Los expertos reconocen la Canción de Débora, basándose en evidencias
lingüísticas, como una de las partes más antiguas de la Biblia.2 Jael se puede
encontrar en el libro de Jueces, en el Antiguo Testamento de las Sagradas
Escrituras.
Nota: Es importante no confundir con el nombre Yoel que significa el Eterno es
el Poderoso, y que se ha tomado el nombre de Yael para usarlo en femenino con
el mismo significado. Sin embargo no son las mismas palabras. El nombre de
Yoel se escribe ( י ו א לizq-der: yud, vav, álef, lámed) pero para el nombre de
Yael י ע לcomo vimos son otras letras (izq-der: yud, áyin, lámed), por lo tanto no
son la misma palabra con el mismo significado sino dos distintas
Antes de hablar de las acciones de Yael veamos un poco de su origen. Sobre de
qué linaje venía no hay mucha certeza, la Escritura no lo menciona, sólo nos dice
de quién era esposa, lo cual ya nos ayuda mucho. El esposo de Yael dice la
Escritura que fue Heber ceneo, los ceneos, o más correctamente los Kanitas,
fueron una descendencia que viene de Abraham con Keturá la mujer que tomó
después de la muerte de Sarah (Génesis 25:1-6) De esos descendientes de Ketura,
específicamente de su hijo Madián viene el famoso Jetro suegro de Moisés, y se
tienen registros de que Jetro es el padre de los kenitas, de donde viene Jeber el
esposo de Yael…
Jueces 1:16 Y los hijos del ceneo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de
las palmeras con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está en el Neguev
cerca de Arad; y fueron y habitaron con el pueblo.
Jueces 4:11 Y Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se había
apartado de los ceneos, y había plantado sus tiendas en el valle de Zaanaim, que
está junto a Cedes.
Con esto tenemos dos posibilidades sobre Yael, una que haya sido una mujer
kenita descendiente de Abraham con Keturá, que estaba con su esposo y se
fueron a vivir a Zaanim en Kadesh de Neftalí, o bien que ahí haya sido tomada
Yael como esposa. La otra posibilidad es que Yael haya sido una mujer israelita
que se casó con un kenita. Recordemos que el momento en el que aparece
Débora como juez sobre Israel el pueblo se encontraba en un estado de
decadencia espiritual, en varias ocasiones en el libro de los jueces encontramos
ésta frase: Jueces 17:6 En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo
que bien le parecía. Así que sin dirección no era de extrañarse que algunos
hombres o mujeres ya no se casaran con personas de sus tribus, así si Yal era
israelita bien pudo haberse casado con un kenita.
Además en esos tiempos los kenitas vivían en paz entre los israelitas, y los
kenitas eran considerados parte de la descendencia de Abraham, por lo tanto no
estaba prohibido emparentar entre sí, muestra de ello tenemos a Moisés, quien
tomó una mujer descendiente de los kenitas, Tziporáh (Séfora), y ésta
descendencia no estaba entre los pueblos prohibidos como los cananeos, los
moabitas o amonitas.
Todo empieza con una recomendación de la profetisa Débora a Barac, capitán de
las tropas israelitas. El momento perfecto para plantar cara a los cananeos. Sin
embargo, Débora le advierte a Barac que no será él quien derrote al comandante
cananeo Sísara, sino una mujer. En este cuadro de Salomon de Bray podemos ver
a los tres «buenos» de la película: Jael con el clavo y el martillo, la anciana
Débora y el aguerrido Barac, con cara de susto.
“Sísara huyó a pie hasta la tienda de Yael, esposa de Jéber, el quenita, pues había
paz entre Yabín, rey de Jasor, y la casa de Jéber, el quenita. Yael salió al
encuentro de Sísara y le dijo: ‘Acércate, mi señor, acércate a mí, no temas’. Entró
en su tienda y ella lo tapó con una manta. Él le pidió: ‘Por favor, dame de beber
un poco de agua, pues tengo sed’. Ella abrió el odre de leche, le dio de beber y lo
tapó de nuevo. Él le dijo: ‘Ponte a la puerta de la tienda, y si viene alguno y te
pregunta: ¿hay alguien aquí?, le responderás: no hay nadie’.
Yael, esposa de Jéber, agarró una estaca de la tienda y tomó el martillo en su
mano, se le acercó sigilosamente y le clavó la estaca en la sien hasta que se
hundió en la tierra. Y él, que estaba profundamente dormido y exhausto, murió.
Entre tanto, Barac venía persiguiendo a Sísara. Yael salió a su encuentro y le
dijo: ‘Ven y mira al hombre que buscas’. Entró en la tienda: Sísara yacía muerto
con la estaca en la sien.”
[Jue 4: 17-22]
Judit decpitando a Holofernes
Artemisia Gentileschi era la niña prodigio del
primer barroco italiano. Excelente pintora, hija de artista, precursora
del feminismo al representar a mujeres fuertes sin el yugo masculino…
Su destino parecía claro.
El problema era que era niñ a, y las chicas no tenían cabida en el mundo
del arte de esa época, por lo que lo tuvo difícil para conseguir una
formació n académica.
Sin embargo, gracias a su padre, la artista consiguió al fin un profesor,
un individuo con el nombre de Agostino Tassi.
Un añ o antes de pintar este cuadro, Tassi violó a la artista, y el
hijoputa só lo fue castigado con unos pocos meses de cá rcel. Ademá s la
chica sufrió una tremenda humillació n en el juicio en el que fue
torturada con exá menes ginecoló gicos y pruebas de dolor a ver si decía
la verdad, viendo como su violador se marchaba de rositas
Gentileschi, agraviada, decidió seguir pintando a sus mujeres fuertes
e independientes del antiguo testamento, pero esta vez plasmó
sus fantasías de venganza con toda la violencia que pudo.
Ya sabemos que en el barroco, se llevaba mucho el gore… Cuanta má s
sangre mejor. Y fue Artemisia la má s violenta de todas, superando
incluso a la «Judit» de Caravaggio. Suponemos que fue una forma de
canalizar el trauma, cortá ndole virtualmente la cabeza a su agresor.
La sangre brotando en plan surtidor del cuello
de Holofernes, poniendo perdidas a Judit y a su criada; el enorme
tamañ o del general comparado con sus dos agresoras;
los claroscuros de moda en la época… Todo en el cuadro es
sorprendente y chocante y demostró a todos sus colegas que ella, con
só lo 23 años, podía pintar igual o mejor que todos ellos.
El episodio representado en la obra se encuentra en la Biblia y siempre ha tenido una gran
suerte en el arte. Judit, con la ayuda de una criada, mata a Holofernes, general enemigo,
después de haberle seducido.
La pintura representa la muerte de Holofernes de una manera realista y muy cruel. Las
dos mujeres pertenecen a diferentes clases sociales, como vemos en la ropa y sus actitudes:
Judit parece casi preocupada – mientras que decapita al hombre – de no ensuciarse con la
sangre, mientras que la criada muestra una expresión tranquila. Sin embargo, las dos
trabajan juntas para superar la fuerza física del hombre.
La interpretación tradicional de la obra es que representa el deseo de venganza y de justicia
de Artemisia contra el hombre que la violó
ANÁLISIS ICONOGRÁFICO
Estamos ante la que es considerada como su obra cumbre. La figura de Judit se presenta
como la de una heroína activa, que salva al pueblo de Israel de las manos de Holofernes.
Logra seducirle, y en su encuentro, Holofernes bebe hasta caer desmayado; Judit aprovecha
este momento para decapitarle.
En la obra vemos a Judit, a Holofernes y la criada. Quiere presentarse a la mujer como un
ser bello y fuerte, ejerciendo un papel totalmente activo en la acción. La presencia de la
criada contribuye a reforzar ese papel de la mujer venciendo al hombre ante un hecho
violento.
Se cree que la violación sufrida por la propia Artemisia ha influido de manera sustancial en
su pintura, mostrando así a mujeres fuertes y empoderadas. Otro tipo de obras tratarán de
denunciar la violencia y el acoso sufrido por las mujeres, como observamos en Susana y los
viejos (1610); la protagonista aparece totalmente aterrorizada, ante la imposibilidad de
defenderse de dicho ataque.
ANÁLISIS FORMAL
En obras como esta vemos la gran influencia de la pintura de Caravaggio, gran exponente
del Barroco, con la presencia de una luz tenebrosa y colores muy saturados, remarcando la
psicología del personaje, y creando escenas de gran intensidad.
En cuanto a la composición, observamos con claridad cómo los brazos de Judit nos dirigen
directamente al rostro desencajado de Holofernes, tratándose así de un eje unidireccional; la
violencia sólo se ejerce en un sentido. Si lo comparamos con la de Caravaggio, este eje no
está tan remarcado, y las expresiones de los rostros son totalmente diferentes,
presentándose a Holofernes casi como una víctima, y siendo la criada, ahora anciana, la
ideadora de toda la acción.