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La Salvación en la Antropología Humana

Este documento discute la salvación como una demanda antropológica. Define la antropología como el estudio del ser humano desde una perspectiva integral. Explica que la salvación es la liberación de un peligro o sufrimiento, y que en la Biblia a veces se refiere a liberación física temporal, mientras que casi siempre se refiere a liberación espiritual eterna. Argumenta que la salvación viene a través de la gracia de Dios y la unión con Cristo, quien a través de su encarnación, vida, muerte y resurre

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La Salvación en la Antropología Humana

Este documento discute la salvación como una demanda antropológica. Define la antropología como el estudio del ser humano desde una perspectiva integral. Explica que la salvación es la liberación de un peligro o sufrimiento, y que en la Biblia a veces se refiere a liberación física temporal, mientras que casi siempre se refiere a liberación espiritual eterna. Argumenta que la salvación viene a través de la gracia de Dios y la unión con Cristo, quien a través de su encarnación, vida, muerte y resurre

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La Salvación como demanda Antropológica

Antes de, debemos definir que es la Antropología, que no es más que la ciencia que
estudia al ser humano desde una perspectiva integral, es decir, centrándose en sus
características físicas, biológicas y culturales. En cambio, otros se centran en las diferentes
culturas, religiones, enfermedades, costumbres, lenguas, ciudades, etc.

Ahora bien, la Salvación es la liberación de un peligro o un sufrimiento. Salvar es


liberar o proteger. La palabra contiene la idea de victoria, salud, o preservación. Algunas
veces, la Biblia usa las palabras “salvo” o “salvación” para referirse a algo temporal,
liberación física, como la liberación de Pablo de la prisión (Filipenses 1:19).

Casi siempre, la palabra “salvación” se refiere a una eterna liberación espiritual.


Cuando Pablo le dijo al carcelero de Filipos lo que debía hacer para ser salvo, él se estaba
refiriendo al destino eterno del carcelero (Hechos 16:30-31). Jesús iguala el ser salvo con la
entrada al reino de Dios (Mateo 19:24-25).

La salvación, por tanto, no está en este individualismo desencarnado e insolidario


del poder, tener y poseer, de la conquista y dominación. Como nos enseña la filosofía
personalista, “soy amado luego existo”. La salvación viene por este Don (Gracia) del Amor
fraterno y solidario de Dios que, en la historia y mundo, nos libera integralmente. “Frente a
estas tendencias, la presente Carta desea reafirmar que la salvación consiste en nuestra
unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un
nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres. Y nos ha introducido en este
orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el
Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,
29)” (PD 4). La salvación desde la fe tiene su entraña en Jesús, el Dios Encarnado,
Salvador y Liberador que ha asumido solidariamente a toda la persona y a toda humanidad,
a toda la realidad e historia para salvarla y liberarla integralmente en todos sus aspectos.

El Jesús Histórico y el Cristo de la Fe


El Jesús histórico: es el Jesús que podemos re-construir a partir de los datos
bíblicos, utilizando todos los métodos histórico-críticos disponibles y los criterios de
historicidad. Este Jesús es históricamente existente, aunque no se identifique con el Jesús
real en su totalidad histórica. El Jesús histórico no es sólo una reconstrucción intelectual,
sino que lo encontramos efectivamente al interior del Jesús real. En la reconstrucción del
Jesús de la historia se acentúa fundamentalmente la plena humanidad de Jesús. El Jesús
histórico tiene realmente rostro humano, tiene conciencia humana, corazón y sentimientos
humanos. Hablamos históricamente de la fe de Jesús.
Además, se habla de preferencia del “movimiento de Jesús”, pues Jesús no es sólo
el, sino él con sus discípulos y discípulas. En la afirmación del Jesús histórico se combate
no tanto contra la herejía que niega la divinidad de Jesús, sino contra la herejía dominante
en toda la Iglesia actual que niega su humanidad. El problema actual no es el arrianismo,
sino el gnosticismo. Los exegetas de la tercera etapa sólo reconstruyen el Jesús histórico
antes de su muerte y dejan explícitamente de lado toda consideración de fe o teológica de la
Iglesia posterior a la muerte de Jesús.

El Jesús de la fe: es la respuesta de fe de los primeros discípulos a su encuentro con


el Jesús histórico. El Jesús de la fe es la aceptación del Jesús histórico en la práctica de fe
de los primeros cristianos. Esta vivencia de fe está ya en los mismos 4 evangelios. El
método histórico-crítico nos permite distinguir en el texto mismo de los 4 evangelios el
Jesús de la historia y el Jesús de la fe.

Jesús como paradigma y prototipo de la Humanidad


Un paradigma es un ejemplo. De un modo más restringido es un ejemplo ejemplar,
es decir un prototipo que es el ejemplo original o el primer molde, o también el ejemplar
más perfecto, que por serlo sirve de modelo, de causa ejemplar. Paradigma es, pues,
modelo, modelo ideal, en el doble sentido de la palabra: arquetipo que sirve de parámetro,
y, en ese sentido, ideal que inspira y norma; y modelo ideológico, bien sea en el sentido
idealista que equipara la esencia y el ser, bien en el sentido de estructura lógica o
matemática, o en el de modelo matemático ideal. En este último sentido hablamos de
paradigma newtoniano y paradigma einsteniano, aunque en la concepción de Descartes
había pretensión metafísica y así fue vivida por muchos esa concepción mecanicista, como
así asumen otros ahora la teoría de la relatividad.

Es sabido que para Platón el mundo ideal era paradigma de nuestro mundo en el
sentido de arquetipo eterno que le sirve de ejemplar; aunque se pueda discutir si en su
pensamiento son dos mundos, o si la relación entre sombra y realidad hay que
comprenderla no como dualidad de mundos sino como dialéctica del conocimiento de la
única realidad que tiene varios planos y que no resulta fácil desvelar, tanto porque existe
una falsa conciencia, la opinión, la ideología, como porque la realidad es sí misma
mistérica: "al ser le gusta esconderse".

Los Padres de la Iglesia aceptaron esta concepción platónica interpretando el mundo


de las ideas, como el pensamiento de Dios al crear al universo y a la humanidad. Esta idea
parece satisfactoria si no podemos comprender a la creación, como obra que es de Dios,
como un obrar sin sentido sino como un acto razonable, como una ejecución bien diseñada.
En este sentido se afirma en la versión sacerdotal de la creación que vio Dios lo que había
creado y le pareció que le había salido bien y se quedó satisfecho de su obra (Gen 1,31).
Utilizamos pues, el concepto de paradigma en el sentido fuerte de arquetipo que
sirve de parámetro. Y afirmamos que un personaje histórico, Jesús de Nazaret, es
paradigma absoluto de humanidad.

Todo ser humano revela algo de lo que es el ser humano, tanto de sus mejores como
de sus peores posibilidades. Nosotros no sabemos lo que somos hasta que lo vamos siendo.
Conforme la humanidad se va desplegando en la historia se va desvelando lo que ella es
capaz de ser. Esto es así por la condición histórica de la humanidad, que no significa sólo,
como la de los demás seres temporales, que requiere de espacio y tiempo para desarrollarse
sino, de un modo más preciso y radical, que se desarrolla a sí misma, que es sujeto y autor
de su desarrollo en el sentido más estricto de estas palabras: sujeto, no mero destinatario;
autor, no mero ejecutante de algo previamente diseñado y decidido. Sin embargo, no es
autor hasta el punto de ponerse así misma como sujeto de modo absoluto. El punto de
partida insoslayable, es decir anterior a su condición de autor, es su pertenencia a
un fylum dentro del reino animal en el sistema de sistemas que es la vida en la tierra y la
tierra como un todo. Éste es el sustrato y en ese sentido el sujeto sobre el que se ejercita su
condición de autor y de agente. Y sólo puede actuar sobre ello reconociéndolo, contando
con su legalidad, sea para adaptarse plenamente y actuar así todas sus posibilidades
latentes, sea para crear nuevas posibilidades, que siempre serán, sin embargo, posibilidades
de esa realidad fylética. Ahora bien, incluso el adaptarse, lo que los clásicos llamaban
imitar a la naturaleza, sólo lo puede hacer la humanidad creativamente. Es la cultura como
mundo típicamente humano.

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