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Francia 23

Los celtas, provenientes de regiones del Rin y el Danubio, expandieron su influencia en Galia entre el siglo VI y V a.C., transformando su estructura social y económica. La civilización gala floreció entre 290 a.C. y 52 a.C., destacándose por el surgimiento de ciudades fortificadas y la influencia romana creciente en la región. La guerra de las Galias culminó en 51 a.C. con la victoria de Julio César sobre los galos liderados por Vercingetórix, marcando el fin de la resistencia gala ante Roma.

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Francia 23

Los celtas, provenientes de regiones del Rin y el Danubio, expandieron su influencia en Galia entre el siglo VI y V a.C., transformando su estructura social y económica. La civilización gala floreció entre 290 a.C. y 52 a.C., destacándose por el surgimiento de ciudades fortificadas y la influencia romana creciente en la región. La guerra de las Galias culminó en 51 a.C. con la victoria de Julio César sobre los galos liderados por Vercingetórix, marcando el fin de la resistencia gala ante Roma.

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Los celtas provenientes de regiones del 

Rin, el Danubio o el Bosque Hercínico extendieron


su autoridad sobre el resto de la Galia a finales del siglo VI a.C. y principios del siglo V
a.C., en la época conocida como segunda edad del hierro o período de la cultura de La
Tène. Este nuevo período de expansión corresponde a transformaciones económicas y
sociales. Los guerreros aristócratas, poco numerosos, fueron remplazados por campesinos
soldados reagrupados en torno a un jefe de clan. El arado con reja de hierro remplazó al
arado de madera y permitió labrar los suelos pesados del centro y norte de la Francia actual.
Lo anterior explica en gran medida la colonización de tierras nuevas, el crecimiento
demográfico y las nuevas invasiones resultantes.
A inicios de 390 a.C., el jefe Breno llevó guerreros galos (senones, cenómanos, lingones,
entre otros) a Italia del norte, donde se unieron a otros pueblos celtas
(ínsubres, boyos y carnios). Roma fue tomada en 390 a.C. Los romanos contuvieron a estos
invasores a partir de finales de 349 a.C.
Los celtas comenzaron a comerciar con las colonias griegas del sur de la Galia desde
el siglo VII a.C., como Massalia (Marsella). Este comercio fue interrumpido durante las
invasiones del siglo V a.C., pero fueron retomadas vigorosamente a finales del siglo IV
a.C. Durante este período se encuentran monedas griegas en todo el valle del Ródano,
los Alpes e incluso en Lorena.
La civilización gala experimentó un período especialmente floreciente entre 290 a.C. y 52
a.C. Características de esta civilización son el surgimiento de verdaderas ciudades
fortificadas (oppida) de dimensiones mucho mayores que las fortalezas de períodos
anteriores y el uso de la moneda.
En el siglo II a.C. se establece una relativa hegemonía arverna caracterizada por un fuerte
poderío militar y una gran riqueza de sus jefes. Al mismo tiempo aumenta la influencia
romana en el sur de la Galia, que se manifiesta inicialmente en el ámbito comercial. Las
investigaciones arqueológicas muestran que en el transcurso del siglo II a.C.
las ánforas italianas remplazaron poco a poco las procedentes de Grecia en el comercio
marsellés. En varias ocasiones, Marsella acudió a Roma para que la defendiera de las
amenazas de las tribus celto-ligures y las presiones de los arvernos.

Vercingetórix depone las armas ante Julio César tras la batalla de Alesia.
El sureste de la Galia, en particular las regiones actuales del Languedoc y la Provenza, fue
conquistado por Roma antes del fin del siglo II a.C. y formó la provincia romana de Galia
Narbonense. Esta región, que iba de los Pirineos a los Alpes y atravesaba el valle del
Ródano, era un territorio estratégico para unir Italia con Hispania, la cual había sido
conquistada durante la segunda guerra púnica (finales del siglo III a.C.) La conquista de la
Narbonense se logró en 118 a.C. después de la derrota de los arvernos y alóbroges y la
alianza de Roma con los heduos. Tras la caída de la hegemonía arverna bajo la presión de
los romanos, los grandes pueblos de la Galia —en particular heduos y sécuanos—
rivalizaron fuertemente entre ellos.
En 58 a.C., Julio César utilizó la amenaza que representaban los pueblos germánicos para
los galos para intervenir en auxilio de los heduos, aliados de Roma. La guerra de las
Galias fue larga y en enero de 52 a.C., con el ascenso al poder de Vercingetórix, los
arvernos y sus aliados se rebelaron contra el ejército del procónsul. Julio César enfrentó la
determinación de los galos, cuyo levantamiento fue casi generalizado. La guerra, que
incluyó asedios, incendios de ciudades, tierra quemada, masacres y deportaciones en
esclavitud, terminó en 51 a.C. con la victoria romana frente al ímpetu desorganizado de los
galos.

Colonias griegas[editar]
Moneda de plata de Massalia con leyenda en griego (siglos V-III a.C.).
Hacia 600 a.C., griegos jonios procedentes de la ciudad de Focea fundaron la colonia de
Massalia (la Marsella actual) en la costa del mar Mediterráneo, lo que convierte a Marsella
en la ciudad más antigua de Francia. Al mismo tiempo, algunas tribus celtas penetraron las
partes orientales del territorio actual de Francia, pero esta ocupación se extendió por el
resto de Francia solo entre los siglos V y III a.C.
Massalia fue una ciudad próspera que fundó más ciudades en el Mediterráneo, como
Agathe (Agde), Nikaia (Niza) y Antipolis (Antibes). Piteas, originario de Massalia, exploró
el norte de Europa y llegó hasta el círculo polar ártico hacia 325 a.C. Las colonias griegas
mantuvieron un lucrativo comercio con los galos, como da cuenta la presencia de monedas
y ánforas griegas en diversas partes de la Galia. Las monedas griegas influyeron en el estilo
de las monedas galas, quienes utilizaron el alfabeto griego en las pocas evidencias que hay
de su escritura. Las colonias griegas fueron amenazadas constantemente por las tribus
galas, por lo que Massalia tuvo que recurrir a la alianza con Roma. La ciudad perdió su
independencia frente a los romanos en 49 a.c.

Galia romana

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